A Su Manera
Luis Palau
“El camino de Dios hacia la cumbre”
Contenido
Prefacio
1) El oportunista
2) El rey de los ventajeros
3) El maquinador incorregible
4) La mejor terapia
5) El clímax de la liberación
Prefacio de la segunda parte
6) Listo para huir
7) Preparado para la prueba
8) Dispuesto a olvidar
9) Llamado a ser la figura de Cristo
Epílogo
Dios se reveló a Jacob y a José cuando ambos eran muy jóvenes. Ambos
tuvieron grandes oportunidades en la vida. Ambos soñaron grandes
sueños y planearon grandes planes pero uno de ellos decidió triunfar
confiando implícitamente en la dirección de Dios sin embargo El otro
prefirió hacerlo a su propia manera.
Ambos triunfaron en la vida pero ¿A que precio?
Este libro te ayudará a evaluar cuidadosamente el pasado, reconsiderar el
presente y avanzar exitosamente hacia el futuro con la mirada firme en el
señor y haciéndolo todo a su manera, que es la mejor alternativa para
nosotros.
Prefacio
Un gran número de los personajes bíblicos que tuvieron un rotundo éxito
en su vida, fueron elegidos directamente por Dios cuando eran muy
jóvenes.
Tomemos el caso muy particular del profeta Samuel. Dios le habló
audiblemente a sus oídos, lo llamó y comenzó a obrar de manera
sobrenatural en su tierna vida, cuando solo contaba con 5 ò 6 años de
edad (1 Samuel 3). Moisés fue separado por Dios para realizar una
tarea muy especial cuando era un bebé. David fue rey cuando
apenas era un adolescente. Daniel era un jovencito de unos 12
años de edad probablemente cuando Dios permitió que fuese
llevado en esclavitud. En el evangelio según San Juan 15:16
leemos las palabras inmortales del señor Jesucristo y en el salmo
139 vemos que Dios mismo planeó cada día de nuestra vida aún
mucho antes que nosotros naciéramos.
En A Su Manera quisiera mostrarte a otros dos hombres a quienes
Dios tocó en su juventud: Jacob y José desde temprana edad las
vidas de Jacob y José, padre e hijo evidencian o demuestran varias
similitudes. Ambos fueron favoritos de sus padres, quienes temían a
Dios pero eran débiles e inmaduros en muchos aspectos. Ambos
tuvieron problemas de rivalidades entre sus propios hermanos. Dios
Dios se reveló a Jacob y a José cuando eran jóvenes y les otorgó
amplias oportunidades para tener una vida plena y productiva, una
vida que dignificará o glorificará el nombre de Dios.
Ambos tuvieron sueños y visiones pero allí terminan las similitudes,
uno respondió efectivamente a Dios y El otro no. Uno decidió seguir
las pautas o directrices divinas esto significa seguir confiando
fielmente en las promesas de Dios sin embargo el otro prefirió
seguir sus propios designios o seguir los dictados de su mente,
tratando de llevar a cabo lo que El creyó era que era la voluntad de
Dios para su vida pero haciéndolo a su manera , no a la manera de
Dios y los resultados o efectos fueron desastrosos.
Tal vez en las vidas de estos hombres encuentres aspectos con los
cuales te identifiques ¿Has sido tentado a hacer cosas a tu manera,
siguiendo tus propias estrategias? ¿Has luchado espiritualmente
con Dios en alguna cuestión?.
Y en estas páginas también descubrirás algo del carácter de Dios
¿Estas buscando respuestas y la guía divina en algún asunto en
particular? ¿Cuestionas la forma en que Dios hace las cosas?
Quizás necesites saber más del plan eterno de Dios.
Nuestro Dios se revela a sí mismo. Su delicia esta en hablar a su
pueblo. No le basta con estar sentado en su trono mientras nosotros
vivimos enloquecidos haciendo las cosas a nuestra manera. El se
ha revelado en las escrituras. El se ha revelado en su hijo
Jesucristo. Él se revela en la naturaleza y se revela en nuestro ser
por la presencia del Espíritu Santo que vive dentro de nosotros.
Mi oración es que estas páginas te ayuden a encontrar a Dios y que
El te muestre su carácter en contraste con el tuyo aunque pueda
doler un poco. Y pido a El que te revelé cómo su carácter puede
convertirse en tu carácter si le permites que obre ampliamente en tu
vida.
Capitulo Uno
El oportunista
Lo hizo con Jacob. Le llevó cerca de 100 años, pero lo hizo. Y
también con todo aquel que pertenece a Cristo. Dios ha comenzado
una obra muy especial en tu vida y la va a concluir. ¿Te entusiasma la
idea tanto como a mí? Cuando Dios obra en la vida de una persona,
no lo hace parcialmente o de una forma inconclusa. Dios actúa con
determinación y concluye todo aquello que inicia. No hay vuelta de
hoja, es un hecho innegable y concreto. El apóstol Pablo afirmó
(Filipenses 1:6).
El deseo incesante de Dios es hacerme y hacerte semejante a Cristo.
El desea moldear en nosotros el carácter de su Hijo. Ese es su
legítimo propósito en nuestra vida. Leemos en la Biblia (Gálatas 4:16).
Lo que Dios hizo con Jacob, también trata de hacer con nosotros. El
Señor trataba de moldear a Jacob hasta convertirlo que el hombre
que El deseaba. Quería imprimir o estampar su carácter en Jacob y
hacer de él una persona completa y sumisa. ¡Extraordinaria tarea! Y
Jacob resultó ser uno de los hombres más obstinado y rebelde que
haya existido.
El Antiguo Testamento fue escrito para enseñarnos, para que
tomemos ejemplo (1 corintios 10:11) y por ello, nos vemos reflejados
en sus páginas. Cuando advertimos lo que el Señor hizo en las vidas
de los personajes del Antiguo Testamento, comenzamos a tener una
idea más completa o acabada de lo que Dios procura hacer
constantemente en nuestra vida y en las vidas de nuestras familias.
No importa cuánto se haya esforzado tu esposa para cambiarte
mientras te resistías, ya que eres obstinado y te sientes muy seguro
de ti mismo. No importa la tenacidad con que Dios haya tratado de
hablarte a través de un individuo o por medio de su palabra,
mientras rehusabas escuchar. Dios habrá de cumplir su propósito
divino en tu vida. Al margen de nuestra propia terquedad, (1
Tesalonicense 5:24).El Señor tiene bastante que hacer en nuestras
vidas, ¿verdad?. El Señor es Señor además es Rey. Dios obra en
naciones y en individuos. Es fascinante saber que siempre, al menos,
en líneas generales, El ha de revelarnos lo que quiere hacer. Esto fue
lo que ocurrió, precisamente aun antes del nacimiento de Jacob
(Génesis 25:20-26).
Descubriremos que Jacob se parece bastante a nosotros. Es como
quienes trepan la escalera del éxito. Hay otros trepadores delante de
él y con razón se le llamó “Jacob” que literalmente significa “tomará
del tobillo”. Tanto los que iban en pos de él como también quienes
lo seguían debían andarse con mucho cuidado ya que era un
oportunista.
Pero la vida de Jacob no está en la biblia para hacernos decir que
divertido “Jacob ¿Que hiciste hombre?” Y tampoco está simplemente
para demostrar que una persona cosecha lo que siembra en la vida.
Vemos también el carácter de Dios revelándose progresivamente en
la vida de este peculiar hombre. ¿Quieres conocer a Dios tal como
es? Puedes descubrirlo leyendo un libro de teología que hable de los
atributos divinos o puedes leer la Biblia y verlo obrar en las vidas de
hombres como Jacob y José. Esta es la manera en que El prefiere
revelarse a nosotros. ¿Estas dispuesto a ver a Dios tal como El se
revela a sí mismo? Es una pregunta crucial. ¿Quieres descubrir al
Señor tal como El es? El dice (Oseas 11:9). Si en verdad deseas
conocer a Dios tal como es, permítele que te hable a través de las
vidas de Jacob y José. Esta en ti decidir si quieres escucharlo y
hacerlo Señor de tu vida.
Quizás digas “Esta bien que estudiemos el carácter de Dios, pero
sucede que estoy casi en la bancarrota y tengo problemas con mi
esposa” O tal vez sea “Mi marido esta por dejarme, así que ¿Que
tiene que ver mi situación con el carácter de Dios? ¿Por que no habla
sobre los problemas de la familia en vez de ser tan teórico? Creo que
a medida que consideremos la vida de Jacob y los suyos y la manera
en que Dios provocó tantas tensiones familiares, aprenderemos
mucho en cuanto a nuestras propias familias. Dios puede obrar en la
gente a todo nivel. Puede obrar en una sola nación o en varías al
mismo tiempo. Puede obrar en la vida del presidente de un país, en
cada uno de sus individuos o bien en todos al mismo tiempo. Dios es
Dios.
Nuestro mundo actualmente esta atravesando tiempos muy difíciles,
no sé exactamente qué es lo que Dios trata de decirnos, pero al leer
los diarios y periódicos nos damos cuenta de que Dios esta tratando
de comunicarnos algo importante. Aunque nos preguntemos
continuamente ¿Que significa todo esto? Podemos tener seguridad
de que la situación no está fuera de su control. En realidad Dios tiene
el control. En el Antiguo Testamento vemos que el Señor se revelaba
a sí mismo y revelaba sus propósitos y comprendemos que Dios es
soberano sobre los reinos de este mundo. Es emocionante saberlo
con exactitud todo esto.
El Señor le digo a Rebeca (Génesis 25:23). Los dos hijos aún no
habían nacido, y Dios declara enfáticamente lo que sucedería en sus
vidas. Es la omnisciencia de Dios en acción. El conoce tanto el
comienzo como el final de las cosas. El vio los dos niños de Isaac y
Rebeca cuando fueron concebidos y determinó lo que ocurriría con
ellos. Yendo contra todas las reglas y tradiciones, el menor dominaría
al mayor. Dios nos conoce aun antes de nuestro nacimiento
(Jeremías 1:5) ¡Pensar que antes que yo naciese allá por 1934, Dios
me conocía a mí. ¡A Luis Palau! De entre tantos millones y millones
me conocía a mí. ¡Que magnífico! Y planeó que yo predicaría el
evangelio. Desde el principio Dios me conocía. Y el Señor también
dice “Antes que nacieses, te santifique, te separé”. Cuando aún
estábamos en el vientre de nuestra madre, Dios forjó un plan
extraordinario para nuestra vida. Y eso era exactamente lo que Dios
estaba haciendo según leemos en Génesis. Tenía planes para Jacob y
Esaú. Antes que ellos naciesen, sabía perfectamente lo que ocurriría.
Y año tras año llevó a cabo sus planes en estas dos vidas, tal como lo
hace en la tuya.
Dios se deleita en que seamos parte de su plan
Vemos que Dios deseaba cumplir sus propósitos en Jacob, y lo
deseaba hacer a su divina manera. Jacob también anhelaba que en
su vida se cumpliera los propósitos, pero quería hacerlo todo a su
modo humano. Este fue su problema durante casi 100 años. Cuando
su vida casi había llegado al final, su hijo José lo llevó ante el Faraón
de Egipto quien preguntó al patriarca “¿Cuántos años tienes?” y la
respuesta de Jacob fue ( Génesis 47:7-9). ¡Que manera más triste de
terminar la vida! Un hombre llega a los 130 años y cuando le
preguntan la edad, tiene que decir” Pocos y malos han sido los días
de los años de mi vida” Parecían pocos porque los había
desperdiciado y malgastado. Había muy poco que pudiera recordar
con alegría; los recuerdos de victorias eran contados, por ello digo lo
que digo.
Al Señor le agrada revelar sus propósitos. No son un secreto. Si
alguien alega “He buscado a Dios y no puedo encontrarlo” es porque
ese alguien ha buscado mal. Dios se ha revelado a sí mismo; su
deseo es conocernos y que le conozcamos. Dios había conocido a
los dos niños cuando todavía estaban dentro del vientre de su madre
Rebeca. Dios advirtió que los hermanos serían enemigos. De manera
que cuando Rebeca se desesperó por los dos niños que peleaban
dentro de su vientre; y le preguntó a Dios qué sucedía, Dios le reveló
el futuro de ambos. A Dios le encantaría revelar sus propósitos al
mundo entero; si el mundo tan sólo lo escuchara. Todos los
cristianos tenemos el privilegio de hablar con Dios; de pasar tiempo
con El; y escuchar su voz---quizás no de manera audible (aunque
Dios podría hacerlo) sino a través de la Biblia y del Espíritu Santo que
vive en nosotros. Dios le encanta guiar a los suyos.
En el salmo 32:8-9 Dios nos dice—Escúchame, yo quiero aconsejarte.
Quiero guiarte. Quiero cuidar de ti, de tu familia y de toda tu vida.
No seas como el caballo o como la mula, que solo obedecen si se les
dirige a la fuerza, si me quieres escuchar y obedecer, te enseñaré y te
guiaré siempre. Si sientes como si Dios nunca te hablará, tomate
tiempo y permítele que hable a tu corazón a través de la Biblia. El
tiene un propósito para tu vida, y para cada persona en la tierra---
hombres, mujeres, niños y especialmente jóvenes. En casi todos los
casos que vemos en la Biblia, Dios comenzó a obrar de manera
evidente o palpable en hombres y mujeres durante la juventud de
ellos--- y en el caso de Samuel que solo tenía 6 ó 7 años (1 Samuel
2:19—4:1). Todo parece indicar que Dios se goza de una manera
tremenda cuando escoge a una persona a temprana edad, para
luego guiarla toda la vida. ¿Eres un candidato para que esa sea tu
experiencia?
¿Y qué del libre albedrío?
Sin embargo, junto con la soberanía de Dios—quien siempre lleva a
cabo sus propósitos---está el hombre como responsable directo.
Vemos que Esaú tuvo libre albedrío (Génesis 25:27-34) cuando Esaú
despreció su primogenitura, no hizo sino confirmar lo que Dios había
predicho. El rubricó o selló la profecía, pero actuó ejercitando
plenamente su libre albedrío. Dios había anunciado de antemano
que esto sucedería, pero sin dar detalles adicionales. Y en un
momento de pasión desequilibrada Esaú arruinó su gran
oportunidad simplemente porque prefirió llenar su estómago. ¡Que
decisión más trascendental y equivocada! Ten cuidado con esos
impulsos desesperado en tu vida pues podrían marcar
negativamente el resto de tus días.
Ahora bien, cuando hablamos de la soberanía de Dios y del libre
albedrío del hombre, siempre está la pregunta “¿Dónde comienza la
soberanía de Dios y termina la libertad del hombre?” ¿Cuál es la
respuesta? La soberanía de Dios nunca termina. El siempre ha de ser
soberano. Y el libre albedrío del hombre comienza donde Dios
decide que puede comenzar y termina donde Dios quiere que
termine. Dios es Dios. El pone límites. Por supuesto que lo hace con
su perfecta sabiduría, así que no tienes por que temer, Dios siempre
es bueno, y es siempre Dios (Salmo 34:8-9).
Supongamos que el patio de mi casa haya hormigas, las hormigas
van todos lados, comen las plantas que mi esposa ha cuidado con
tanta dedicación y esmero, construyen su hormiguero y guardan
comida para el invierno. Ellas se creen las dueñas del mundo por que
son libres. No obstante son libres en el patio de mi casa, entretanto
yo las dejo ser libres. Tienen libertad de acción, mientras yo les
permito comerse las plantas de mi esposa, almacenar su comida y
hacer lo que les plazca.
No obstante en el momento en que yo digo” Bueno, se terminó” y
decido deshacerme de ellas, será el fin de las hormigas. Yo soy
soberano en mi casa. Yo la compré, no ellas. Les doy libertad durante
el tiempo que quiero. Esta es una pequeña comparación de la obra
que Dios hace en nuestra vida. El nunca deja de ser soberano. Nos
dice” Escucha, dentro de estos límites, eres libre para elegir” Nuestra
responsabilidad comienza donde El dice que comienza. Y termina
cuando el dice “Bueno, es suficiente”. Dios permitió que Jacob
engañara a su hermano en una transacción comercial. Por supuesto
que no estaba a favor de ello, simplemente lo permitió. Luego El
arreglaría las cosas con Jacob y el engaño que éste cometió.
Otro ejemplo, Dios odia profundamente el divorcio, en la Biblia no lo
podría haber dicho de manera más clara y sin embargo lo permite,
es su voluntad permisiva. Odia el divorcio con santa ira, pero lo
permite en razón de la pecaminosidad de la raza humana (Mateo
19:8-9) Tal fue el caso del engaño de Jacob. Además siempre nos
perseguirán las consecuencias de haber quebrantado la voluntad
revelada de Dios. El apóstol Pablo nos amonesta: (Gálatas 6:7-8).
Isaac y Rebeca--- ¡Que ejemplos!
Los padres de Esaú dieron un muy mal ejemplo a sus hijos. Ni Isaac,
ni Rebeca fueron dignos de admiración. Quizás el matrimonio haya
comenzado mal en vista de la manera en que Rebeca fue elegida
para ser la esposa de Isaac. Después de todo, enviar a un siervo para
que encontrase mujer para Isaac, tal vez no haya sido la mejor idea.
Isaac y Rebeca fueron forzados al matrimonio sin siquiera haberse
visto una vez. Y ni siquiera Abraham conoció a la muchacha antes del
casamiento, el hogar de Labán seguramente produjo su efecto en
Rebeca, ya que más tarde en la vida tanto ella como su hermano
engañaron. Es evidente que en este hogar había gran tensión, y con
seguridad podemos afirmar que este matrimonio distaba de ser
ideal. Isaac amaba mucho a su hijo Esaú, en especial por que
cocinaba comidas sabrosas que le agradaban (Genesis 25:28).
Esto muestra el grado de madurez de Isaac….Y Rebeca prefería a
Jacob, probablemente por que su esposo tenía a Esaú como favorito,
no se dan razones específicas, pero era obvio que no estaban de
acuerdo entre sí. Debemos ayudarnos unos a otros, a fin de no caer
en favoritismo. Es un rasgo peligroso en la familia. En el caso de Isaac
y Rebeca tuvo consecuencias desastrosas. Isaac era pusilánime, débil
de carácter, además era un amante de la buena comida, hasta el
punto de tomar actitudes extremas. Amaba a su hijo por sus
habilidades atléticas y sus aptitudes culinarias—razones insuficientes
para un amar a un hijo. Y Esaú
El preferido, quien consideró que su hambre estaba por encima de
su primogenitura siguió el doloroso ejemplo de su padre Isaac. El
resultado fue que, humanamente hablando, el favoritismo mostrado
por Isaac y Rebeca resultó en grandes problemas y conflictos con los
hijos.
Los padres no tienen toda la culpa
A pesar de todo, el mayor peso de responsabilidad cae sobre los
hombros de Esaú, no de sus padres.
Aunque tengas un padre débil, fanático de la cocina “gourmet” o tal
vez dado a la bebida o una madre con mal carácter, Dios no
permitirá que le eches la culpa por tus propios errores. La Biblia pone
responsabilidad sobre Esaú. Cada individuo es responsable ante Dios
y los hombres. Hoy día muchos buscan consejo no bíblico, traspasan
a los padres gran parte de la responsabilidad por las malas acciones
cometidas, cuando en realidad el culpable es quien cometió tal o
cual acción “ El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará
el pecado del hijo” ( Ezequiel 18:20).
Yo he cometido muchos errores, pero no osaría echar la culpa a mis
padres. No es culpa de ellos. Es triste cuando alguien quiere culpar a
sus padres, por sus propias debilidades o sus pecados. Tal persona
no arreglará sus problemas ni hallará soluciones. Un psicólogo
cristiano afirma que existe la tendencia de afirmar que la
homosexualidad es el resultado de una madre débil de carácter y un
padre fuerte. Hay cientos de excusas para justificar la
homosexualidad y otras aberraciones en la conducta humana. Hay
quienes alegan que son homosexuales por que el padre tenía un
carácter muy fuerte y dominante o tal vez demasiado débil y
fluctuante. Otros dicen que la madre era muy dominante, o débil por
demás. Siempre hay excusas. Pero la Biblia pone responsabilidad
directa en el pecador no en sus padres. El énfasis bíblico siempre
radica en la responsabilidad individual (Ezequiel 18:14).
Esaú tenía grandes sueños, pero los echó a perder en un momento
de pasión incontrolable, tenía hambre, olió buena comida, y
desprecio todo lo que Dios le ofrecía, y le hubiera dado. Y en cuanto
a Jacob, Dios habría encontrado la manera de llevar a cabo sus
propósitos. Hay infinidad de jóvenes y no tan jóvenes que en un
instante de pasión incontenible arruinaron todo lo que Dios les tenía
deparado o preparado. Podría ser gula, una pasión sexual no
satisfecha, una oportunidad de obtener mucho dinero sin sacrificarse
mucho lo que fuere.
¡Cuantos hay que, habiendo sido criados en hogares modelos, en un
rapto de desenfreno arruinan sus vidas ¡ Eso precisamente le ocurrió
a Esaú un capricho no satisfecho cambio drásticamente su destino.
El primer pecado deja marcas
También Jacob había iniciado su largo y triste camino cuesta abajo.
Su primera maldad lo marcó de por vida. Si pudieras recordar el
primer pecado que cometiste cuando aún eras niño, caerías a la
cuenta de que probablemente es el pecado con el que has tenido
problema toda tu vida. Ahora mismo debieras solucionarlo en forma
radical.
Jacob no lo hizo, no buscó soluciones. Pero sí trató de continuar
fomentando los propósitos de Dios a su propia manera, (Comercial y
oportunista). Comenzó a mostrar las características que tanto
mostramos en los negocios y en la vida diaria, el fraude y el engaño.
Era un hombre maquinador, manipulador, astuto, artero y tramposo.
Era el “suplantador” un nombre muy apropiado por cierto para él.
Jacob ansiaba el éxito rotundo en la vida, no se había propuesto
pecar y sin embargo falló de una forma terrible. ¿Por qué? Jacob no
era un pecador empedernido sino una persona buena y agradable.
Aparentemente nunca cometió inmoralidad. ¿Por qué? Nunca pensó
en abandonar a su esposa. La amaba intensamente. Pero sin
embargo fue un fracaso. ¿Por qué? Por que trató de llevar adelante
los planes de Dios a su manera (Humana) y no a la manera de Dios.
Este es el problema de toda su vida. Cuánto mejor hubiera sido que
Jacob orara a Dios con Jeremías (Jeremías 10:23-24).
Un muy buen trato
El descenso de Jacob empezó cuando vio que su hermano estaba
hambriento y se dijo “Los negocios son los negocios. Esta es mi
oportunidad”. El oportunista había hallado la oportunidad de su vida.
Y por que era un “niño de mamá” posiblemente haya regresado
diciendo—Mamá, lo hice. Fue un momento de debilidad. Pero fue
trato justo. Esaú me vendió voluntariamente su progenitura. Nadie
puede acusarme de negocios oscuro. Todo fue muy claro. Fue trato
limpio.
Pero en verdad no fue honesto. No era la forma en que Dios
deseaba darle autoridad y prosperidad que él tanto deseaba.
Cuando jóvenes, las vidas de muchos prometían maravillas, pero en
20 años después seguimos siendo nada para Dios. ¿Por qué? Por
que hemos vivido utilizando tácticas humanas. Nuestro yo por
naturaleza trata de hacer las cosas a su manera. Y en las Escrituras
leemos
(Romanos 8:8) extorsionar, sacar partido con engaño y embaucar a la
gente, esa es la manera humana para llevar a cabo los planes divinos.
No vale la pena, no trates de hacerlo ya que desperdiciarás tu vida y
no tienes derecho a ello.
Eso fue lo que el pobre Jacob trató de hacer. Su hijo José debió de
haberlo observado atentamente a medida que crecía. Debe de haber
aprendido lecciones de los errores de su padre, ya que nunca en su
vida intentó fomentar los propósitos de Dios con tácticas de la carne.
Y llegar a ser grande. No así su padre.
No trates de forzar a Dios
Dios tiene mucha paciencia (Romanos 15:5). Cuando Jacob cometió
esa ilegal transacción comercial tan deshonesta, Dios no envió un
rayo del cielo para exterminarlo. Tampoco envió un automóvil ni un
camello para que lo atropellara. Dios tiene mucho tiempo a su
disposición. Existía antes que nosotros naciéramos y existirá cuando
ya no estemos en la tierra. Quienes no estamos en condiciones de
perder tiempo, somos tu y yo. Pero Dios tiene todo el tiempo del
mundo y declara enfáticamente en (Jeremías 31:3).
Cuando creemos que Dios, nos ha mostrado el camino a seguir,
corremos en riesgo de tratar de implementarlo con métodos
carnales. Por el testimonio interno del Espíritu Santo y por las
afirmaciones de respetables y confiables miembros del cuerpo de
Cristo, desde mi juventud supe que Dios me había llamado al
evangelismo masivo a través de la radio, televisión, películas,
literatura y campañas unidas de evangelización.
Por la gracia de Dios, mucho se ha llevado a cabo, millones de
personas han escuchado el evangelio y cientos de millares han
venido a los pies de Cristo. Empezamos en América Latina y desde
hace varios años hemos ido extendiendo por Europa, Oceanía, Asia y
todo el mundo y yo siempre estoy apurado. Cuando me parece que
Dios va más lentamente de lo que yo deseara , algo que sucede a
menudo ya que soy bastante agresivo e impaciente, corro el riesgo
de tratar de torcer el brazo de Dios, para que las cosas se muevan
más aprisa y corro el riesgo de llevarme por delante a la gente y
herirla. Y todo por tratar de apurar el plan del Señor en mi vida. Es
una tentación muy sutil ¡Pero Dios me libre de ella! La manera de
Dios es la apacible manera descrita por el sabio en el libro de
Proverbio 3: 5-7.
¡Qué distinto habría sido si Jacob hubiera aprendido esta verdad!
Vamos cayendo en nuestras propias redes. Para Jacob fue un poco
de guiso de lentejas ¿Y para ti que podría ser? No tenemos por qué
llegar a ese extremo. Hay que confiar en el Señor con todo el
corazón y no apoyarte en uno mismo. Hay que reconocerlo en toda
nuestra vida y Él enderezará nuestros caminos. No tenemos que
tratar de forzar su voluntad. El bien puede llevar a cabo sus
propósitos sin nuestra “ayuda” (Salmo 34:8) Dios puede hacer en un
solo día lo que a ti te llevará cientos de años ¡Que necios somos,
entonces cuando creemos poder apresurar los propósitos de Dios
con nuestra hábil inteligencia! No está en nosotros hacerlo. En este
momento las palabras del poeta se vuelven una realidad inobjetable:
Es Señor, es Señor
El murió y resucitó
Y hoy es Señor…
Toda lengua se doblará
Y toda lengua confesará
Que Jesucristo es Señor…
¿Es Jesucristo el Señor de mis sueños y ambiciones personales? ¡Si
Jacob se hubiera hecho esta pregunta antes de actuar….!
Capitulo Dos
El rey de los ventajeros
Un pecado conduce normalmente a otro. Todos lo sabemos. Primero
fue la oscura transacción de Jacob para obtener la primogenitura.
Luego, madre e hijo procedieron a engañar al patriarca Isaac.
Aunque la evidencia en sí no podría haber condenado a Jacob por el
“negocio” con Esaú, el incidente precipitó las cosas de tal manera
que Jacob y su madre se vieron forzados a hacer algo peor. Y ese
segundo escalón descendente es, sin lugar a dudas, condenable. La
peligrosa realidad es que un pecado sin resolver lleva al próximo.
Rebeca oye la conversación en que Isaac hace los arreglos para
impartir su bendición a Esaú y se dice “No puedo permitir que esto
suceda” De modo que apresuradamente va en busca de Jacob
(Génesis 27:5-13). Y así lo hicieron y consiguieron lo que deseaban.
Con pieles de cabritos y con el guiso engañaron a Isaac, quien cayó
en la trampa y dio a Jacob, el hijo menor, la bendición que estaba
reservada para Esaú, el mayor.
Me instigaron a hacerlo
Jacob no es menos culpable por que su madre le haya dado
instrucciones para el engaño. En el día del juicio no podrá decir al
Señor “No fui yo, mi Mamá, me instigó, yo no tuve la culpa” En
ultima instancia, él era totalmente responsable de sus actos. Hay un
punto en que no se les puede obedecer a los padres, ese punto es el
momento en que ellos nos piden que mintamos, engañemos o
hagamos algo incorrecto. De acuerdo a la palabra de Dios en tal
ocasión (Hechos 5:29).
Sin embargo, aparentemente Jacob estuvo de acuerdo con Rebeca--
-Mamá tiene razón. Si no nos apuramos en este asunto, Esaú
regresará con la carne del venado y la guisará como le gusta a mi
padre. Luego Papá comerá, beberá y dará a Esaú su bendición. Si eso
sucede, se arruinarán los planes de Dios tenía para mí. Debemos de
darle una mano a Dios. En vista de sus acciones, eso es exactamente
lo que dijo.
Quizás hasta se haya dicho---Si no obtengo esa bendición, los
planes de Dios no podrá llevarse a cabo. Tal vez incluso el nombre
del Señor sea deshonrado y eso sería terrible. Así que debemos
hacer lo que está a nuestro alcance para eso no suceda. En este caso
el fin justifica los medios. Muchos nos encontrado en la encrucijada o
en el dilema de decidir hasta dónde es correcto obedecer a otros.
Recuerdo cuando yo era un muchacho y trabajaba en un banco en la
ciudad de Córdoba, en Argentina. Yo estaba en el departamento de
divisas, dónde debíamos realizar transacciones con moneda
extranjera. Ese departamento es ideal para ganar dinero de manera
fraudulenta y aunque sea triste admitirlo, tanto gerentes como
empleados diariamente hacían trampitas a los clientes. Supongamos
que los funcionarios de la administración estatal hubieran comprado
en el extranjero por un valor total de tres millones de dólares. Ellos
tenían que pagar en moneda nacional. Supongamos que el cambio
oficial de ese día fuera de 42 pesos el dólar, el banco diría a los
funcionarios “Hoy el dólar está a 45” Eso significaría que por cada
dólar, el banco ganaba tres pesos de manera deshonesta, sumado
ello al 1% de comisión por la transacción. Si eso se multiplica por 3
millones de dólares la ganancia era millonaria en la media hora que
demoraba el negocio. Cuando comencé, a trabajar siempre
preguntaba a mi gerente--- ¿Cuál es la tasa de cambio hoy? El
pensaría un momento y contestaría, por ejemplo—Di que 45.
Yo no hacía pregunta, pero con el tiempo empecé a darme cuenta
de que las cosas no se hacían con honestidad. Los funcionarios de
gobierno no podían hacer nada ya que confiaban en el banco. El
hecho era que todos los meses engañábamos y quedábamos con
millones de pesos. Cuando por fin tuve toda su confianza, el gerente
me explicó todo el sistema y la estrategia que utilizaban. Recuerdo
que un domingo por la tarde estaba predicando el evangelio en una
reunión al aire libre. Si vienes a Cristo, El llenará tu corazón—decía
yo---Si vienes a Cristo el te dará poder su poder. Serás limpio.
Podrás vencer la tentación. Serás limpio. Podrás vivir una vida
maravillosa, sin nada que esconder…
De pronto una dulce vocecita dentro de mi corazón me dijo: Luis,
suena bonito. En verdad estás predicando el evangelio. Pero
¿recuerdas que la semana pasada aquél hombre fue al banco a
comprar dólares? Le dijiste que el cambio estaba a 47,50. Cuando en
realidad estaba a 45. ¿Cómo puedes conciliar ese incidente con el
hermoso mensaje de esta reunión?
Continúe predicando e hice la invitación. Pero cuando regresé a mi
casa, el recuerdo de lo sucedido me perseguía. Finalmente un día
junté coraje y hablé con el gerente. ¿Siempre tendremos que
engañar de esta manera? ¿Será con deshonestidad? Le pregunté.
¿Qué quiere decir con eso de engañar? Me preguntó exasperado,
con el rostro rojo por la indignación. Lo que hacemos con la gente
no está bien—contesté---Los estamos engañando.
Traté de ser humilde, pero a pesar de lo nervioso que estaba,
comencé a sentir bien interiormente.
Escuche, Palau—Me advirtió—Yo hago lo que hago porque me
vienen órdenes de “arriba”. Usted lo hace porque yo se lo ordeno yo.
Usted está sólo para obedeciendo mis órdenes. En realidad no
puedo continuar haciéndolo, señor—respondí. No puedo mentir a la
gente aun cuando esas órdenes vengan de “arriba”. Y allí comenzó la
discusión. El banco me había estado entrenando para ocupar un
buen puesto. Vea Palau, lo hemos estado entrenando. Tenemos
grandes planes para usted. ¿Y ahora usted me sale con que somos
unos mentirosos? ¿Me está acusando de engañar a la gente?
No señor, le estoy diciendo que yo no puedo hacerlo. Bueno, si no
puede hacerlo, esto se acabó.
Las cosas no se han de cambiar, porque usted quiera. Usted no
pertenece al Directorio, es simplemente un empleado. No creo que
los clientes necesiten saber quién toma las decisiones. Me di cuenta
de que tenía que renunciar al banco. Parecía una tragedia ya que
debía mantener a una madre viuda y a cinco hermanos. Pero de
todos modos renuncié. No obstante, el Señor me había abierto una
puerta. El ministerio de evangelización. De manera que lo que en
apariencia era una tragedia y además estaba la tentación de
continuar en la situación comprometida en el banco un tiempo más
en razón de las dificultades económicas. El Señor lo utilizó para
alejarme del banco y ponerme a trabajar en su obra que El tenía en
vista para mí. Y cuándo lo alabo porque lo hizo de esa manera—su
manera.
El miedo persigue al tramposo
Probablemente Jacob haya tenido la misma tentación sin embargo
nunca hay resultados positivos cuando nos valemos de medios
incorrectos para lograr fines correctos. Notarás que inmediatamente
después del engaño, que apareció el temor. Cuando engañas o
cuando mientes, el alma empieza a tener miedo—un sentimiento
que no desaparece a menos que arregles las cuentas pendientes que
tú tienes. Alguien dijo que nada está arreglado hasta tanto está bien
arreglado. Si una persona se vale del engaño y las trampas ya sea
que suceda entre los esposos, en la vida comercial o donde fuere tal
persona, aunque lo niegue, ha de tener temor y sentimiento de culpa
por el resto de su vida o hasta que arregle sus cuentas con Dios y los
hombres. Rebeca fue la primera en sentir un terrible pánico. En
cuanto se enteró de que Esaú planeaba matar o aniquilar o ajusticiar
a su adorado hijo, llamó a Jacob. Y seguidamente ambos tuvieron
una tercera actitud turbia. Un pecado conduce al siguiente. Le habían
mentido a Isaac. Entonces utilizando la excusa de que Jacob nunca
encontraría esposa decente en ese lugar, Rebeca preparó el camino
para que Jacob partiese en busca de esposa. Pero en realidad estaba
huyendo.
Muchos presentan graves cuadros nerviosos, a decir verdad están
tratando de escapar de algo oculto, de algo que tratan de esconder
en lugar de solucionar.
Profesionales que conozco a menudo han citado ejemplos tras
ejemplos de personas que permanecen alojadas en las instituciones
mentales porque no quieren enfrentarse con la realidad innegable
que se encuentra alrededor de sus vidas.
¡No te preocupes! Dios es Dios
Toma nota de cómo funciona el obrar soberano de Dios.
1) Isaac, el padre obtuvo su merecido. Era débil de carácter que
parecía amar a su hijo por sus habilidades culinarias. En cierto
sentido, merecía ser engañado. Fue la consecuencia lógica de
su inmaduro favoritismo.
2) Esaú “se lo buscó” y obtuvo su merecido por haber rechazado
los privilegios que legítimamente le correspondían.
3) Jacob pagó un precio muy elevado por su engaño—el
resultado fue que desperdicio los mejores 20 años de su vida.
No valía la pena ¿verdad?
4) Y por último Rebeca, la madre, no volvió a ver a su hijo
favorito. Ella murió antes que el tramposo que apañó regresara
con sus ganancias mal habidas.
Así es como funciona la soberanía de Dios.
A menudo pareciera que la situación estuviese
Fuera de control en tu familia, en la iglesia o en el mundo en
general. Pero no es así, Dios está en control de todo y de
todos. El reina sobre el universo de tal manera que todos
reciben su merecido, sea bueno o malo. Dios es Dios, así que
no te preocupes. El sabe cómo manejar las distintas
situaciones. A primera vista parecía como si Jacob se hubiera
salido con la suya con sus trampas descaradas. Pero no fueron
así las cosas. Nunca pudo disfrutar de los beneficios de su
oscuro obrar. Fue una total pérdida de tiempo, una vida joven
tristemente malgastada.
No vayas, Pablo
¿Por qué será que intentamos llevar a cabo los planes de Dios
a nuestra propia manera? Es un error, generalizado también
fue el caso del apóstol Pablo, quien tuvo que pagar un precio
muy alto por su comportamiento. A veces no deseamos
mencionar los aspectos negativos de la vida de este
excepcional hombre, pero él también cometió equivocaciones
cruciales. Después de todo era humano.
En hechos 21:4 leemos y el relato continua (versículos 10-14). En
realidad tendrían que haber dicho” Hágase la voluntad de
Saulo de Tarso”. Dios por profecía le había dicho “Pablo, no
vayas” Y luego había enviado a otro profeta quien de manera
muy dramática le dio una lección objetiva por medio de ayuda
visuales. El hombre tomó el cinto de Pablo y se ató, diciendo
que eso sucedería con Pablo si iba a Jerusalén. No obstante en
un momento en que sobrevaloró la confianza que tenía de sí
mismo.
Pablo exclamó—A ustedes les falta coraje. Me decepciona. Yo
estoy dispuesto a ir a Jerusalén y también estoy dispuesto a
morir por el Señor.
Ahora bien, Dios usó el error de Pablo y siempre cumplirá sus
propósitos divinos a pesar de nuestros propios desaciertos,
pecados o de una desobediencia persistente. Cuando Dios dice
que hará algo, siempre lo hace. Pero por otro lado, nosotros
cosecharemos las equivocaciones que cometemos. Pablo pagó
sus errores, aunque por otra parte Dios usó todo para bien ya
que ésta es su manera de actuar. Leemos en Romanos 8:28, lo
cual no quiere decir que tales errores hayan sido el ideal de
Dios para nuestra vida.
Cara a cara con Dios
Hemos visto el tercer escalón descendente en la triste vida de
Jacob. El y su madre maquinaron y conspiraron, sin confiar en
el plan de Dios para sus vidas. Y es entonces cuando el Dios
Todopoderoso conduce a Jacob al lugar donde por primera
vez él se encuentra con el Señor cara a cara. Porque a pesar de
todo Dios amaba a este joven. Así lo declaró cuando dijo “Amé
a Jacob” (Malaquías 1:3).
Ahora leamos en (Génesis 28:10-15) ¿No es una afirmación
magnífica de parte de Dios? Revela la fidelidad del carácter
divino (Juan 15:14-15, Efesios 2:10, Hebreos 13:5-6). Estoy
convencido de que Dios desea hacer lo mismo con cada uno
de nosotros. Si somos solteros, si somos casados, nos habla
como familia. En ese momento Jacob no era casado, pero Dios
le habla de sus descendientes—Su familia. Si confías en El
como soltero, cuando estés preparado para casarte El traerá a
tu vida a alguien a quien ya habrá mostrado la misma dirección
que te ha mostrado a ti. Lo que habría hecho con Jacob si él
hubiera descansado en Jehová en lugar de confiar en su propia
estrategia.
Habla la Escritura
El Espíritu Santo utiliza la Escritura para hablar directamente al
corazón. El Espíritu nos dice con claridad “Quiero hacer esto,
eso y aquello en tu vida”. Y lo haré. Así lo he prometido. Si me
permites obrar, no habrá límites a lo que pueda hacer a través
de tu vida”.
¿Qué es lo que Dios te ha prometido? ¿Has pasado suficiente
tiempo en su presencia? Solo o como pareja, ¿estás
permitiendo en el Señor te hable? Deja que a través del Espíritu
Santo y la Biblia, a través de ciertas circunstancias o por medio
de algún otro miembro del cuerpo de Cristo. Dios te muestre
su plan para contigo. Dice el salmista (Salmos 27:14) y haz del
Salmo 62 tu propia experiencia. Dios tuvo un encuentro con
Jacob, se le reveló—nos relata la Biblia—y le hizo promesas
similares también a otros, antes y después de Jacob, pero ésta
era la hora de Jacob. Jacob a solas con Dios. ¿Has tenido tal
encuentro con Dios?
Nunca es demasiado tarde
Hace tiempo el Señor me habló a través de un versículo en
Isaías 48:18.
¿Acaso no esto lo que todos desean en su vida diaria? Paz
interior, paz como un río refrescante que fluye con
tranquilidad. Hay algo especial en la paz de un río. ¡Oh, si
hubieras atendido mis mandamientos… dice el Señor con una
expresión de profunda tristeza divina! Pensar que le dado a
este pueblo un Libro repleto de instrucciones, promesas y
tremendas verdades divinas. Tiempo atrás tuve una
conversación con un joven, quien decidió mostrarse muy
sincero conmigo. Comenzó a contarme su historia, que
literalmente me partió el corazón. Bien podría haber sucedido
lo mismo con uno de mis hijos. Era una muy triste. Sus sueños
se habían hecho pedazos. Es lamentable ver a un joven
sufriendo, en especial cuando ha malgastado años que no se
pueden recuperar. Lloramos y oramos juntos. Sin embargo él
había perdido años que jamás volverían. Las palabras más
dolorosa que se pueden decir son “Lo que podría haber sido”.
Recuerdo una canción de hace varios años atrás, cuyo tema
eran los sueños no cumplidos de un grupo de adolescentes.
Cuando después de varios años los jóvenes se encontraban en
una reunión, todos eran piltrafas humanas. Los sueños y
esperanzas, que habían tenido cuando terminaron el colegio
secundario, en la mayoría no se había cumplido ¡Qué triste!
Pero no tiene por qué suceder lo mismo contigo. Hay
esperanza. Eso es, lo maravilloso del evangelio. Hay esperanza
aun cuando tus padres se divorciaron, aunque sus amigos te
traicionen, aunque tus sueños de éxito no se cumplan.
El señor dijo ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos.
Sería tu paz como un río! En realidad lo que está diciendo es--
¿Por qué eres tan ciego? Te he mostrado el camino a seguir y
no has hecho caso, pensando que te has de salir con la tuya.
¿Cómo puedes ser tan terco?. Hay millones y millones que
crecieron leyendo la Biblia y asistiendo a la escuela dominical
cada semana y hoy están pagando muy caro por los años que
desperdiciaron y esos años nunca podrán recuperarse a pesar
de las lágrimas, las confesiones y los consejos. Todos tenemos
familiares o amigos que luego de años y años de alcoholismo,
inmoralidad o algún otro hábito pecaminoso, se dan cuenta de
que han malgastado los mejores años de su vida. Quizás
terminen por venir a Cristo, quebrantados y arrepentidos en
verdad. Espiritualmente hablando, son nuevas criaturas, pero
física, mental y psicológicamente, tanto ellos como sus familias
tienen cicatrices muy difíciles de borrar.
Nunca olvidaré cuando estuve junto a la cama de un
muchacho que había sufrido un accidente fatal. Por lo que
sabemos, jamás había recibido a Cristo como su Salvador. Su
padre, quien había desperdiciado largos años en prácticas
pecaminosas y egoístas, se hallaba junto a mí, y con humildad
repetía una y otra vez—Luis, es imposible volver atrás. No se
puede regresar, el tiempo perdido, perdido está. Sin embargo,
para quienes aún vivimos nunca es demasiado tarde para
volver al Señor, nunca es demasiado tarde para comenzar. El
Señor dice en Romanos 2:4.
El Señor puede dejar que andes, un largo trecho. Tal vez
parezca que está dando total libertad de acción, pero desea
que por ti mismo reconozcas tu equivocación. Te ama mucho y
desea que te arrepientas. Así que ven al Señor si has estado
alejado de El. No dejes pasar otro día más sin regresar a tu
Padre que está en los cielos. El está llamándote.
Jacob trata de sacar ventajas de Dios
Génesis 28:18-22 ¡Qué promesa! Pero ¿Quién le había pedido
que hiciera tal voto? “Si Dios está conmigo y si me guarda en el
camino y si me da pan para comer y vestido con que vestirme
y si puedo volver en paz a casa de mis padres Entonces el
Señor será mi Dios! Y para probar que era una excelente
persona, nuestro amigo Jacob construiría una casa en el sitio
donde había derramado aceite. Y además prometió el diezmo
de todas sus ganancias.
¡Qué desfachatez! Jacob tuvo la audacia de decir a Dios: Señor
hagamos un trato. Es una maravilla de contrato entre Tú y Yo.
Son sólo cincos puntos básicos. Es muy claro y sencillo. No son
cientos de hojas. Son sencillamente cinco condiciones, Señor y
entonces no te imaginas qué siervo fiel tendrás en tus manos.
Estarás muy orgulloso de mí. Mucha gente juega con Dios de
esta manera. Si el Señor me prospera, si obtengo buenas
calificaciones en mis estudios, si este negocio me sale bien, si
las cosas van como yo quiero un día de estos volveré a la
iglesia. Como si eso alegrará al Señor. ¿Acaso Jacob no parecía
ser “superespiritual”?”¿Acaso no hizo una promesa fantástica?
La cuestión es que nadie le pidió tal promesa. Debemos tener
muy claro quién es Dios. Todo lo que Jacob tenía en mente en
su trato con Dios (trato que resultó ser una pérdida de tiempo),
fue la comida, el vestido, la protección y un lugar para vivir. Ni
siquiera menciona el propósito de Dios para su vida. Ni
siquiera en su mente. Jacob sólo pensaba en sí mismo cuando
intenta hace este trato con Dios.
Años más tarde, cuando Dios hablaba con Saúl—otro
ventajero—en una ocasión similar el Señor declaró 1 Samuel
15:22-23. Cuando cubres un pecado, empieza la confusión.
Jacob no tenía las cosas claras en su mente. Olvidó a quien le
estaba hablando. El pecado no resuelto siempre nos hace
ciegos a las cosas de Dios. ¿Qué es lo que estás
encubriendo?”¿Éstas tratando de llegar a un “arreglo” con
Dios? Pierdes el tiempo. Sin darte cuenta quizás te halles
aturdido y confundido y tal vez hasta se haya convertido en
algo habitual. ¡Qué contraste tremendo con el Hijo de Dios,
quien afirmó Hebreos 10:7 y del mismo Jesús leemos en las
Escrituras (Filipenses 2:7-9).
Jacob y Rebeca intentaron encubrir sus pecados con una serie
de planes excelentes e ideas absurdas. “Jacob, ve a la casa de
tu tío y cásate con una buena muchacha” ¿Por qué habría de
casarse con una buena muchacha? Después de todo era él era
un verdadero sinvergüenza. ¿Qué joven doncella se interesaría
en él? Pues Jacob era un mafioso que trataba de ocultar su
oscuro pasado “casándose” con una buena muchacha. No
podemos hacer tratos con Dios. El es quien los inicia. Sus
planes son mejores, mucho mejores que los nuestros. Sus
planes son perfectos. Pero nosotros somos obstinados hasta el
cansancio. No malgastes los mejores años de tu vida. Si Dios
tiene su mano sobre ti, no te abandonará (Filipenses 1:6). Por
cierto que lo hará. Ahora bien ¿Qué sucede si eres terco y no
sigues los deseos de Dios? Sucede que aun así cumplirá sus
planes, pero habrás que pagar un precio muy alto por tu
terquedad. Con Dios no se juega. El no puede ser burlado. Si
embargo hay una maravillosa oportunidad (1 Juan 1:9). Esto es
muestra de la paciencia de Dios y de su provisión divina para
los pecados de sus hijos, después de todo, como lo indica vez
tras vez, El es “Dios de Jacob”.
No intentes hacer convenios con Dios
Muchos han leído esta verdad escritural (Colosenses 2:9-10) Y a
pesar de que estas palabras les son familiares, muchos siguen
buscando afanosamente algo que ya tienen. En vez de decir
“Gracias, Padre, que en Jesucristo está la plenitud de la deidad
de Dios, y porque Cristo es Dios ciento por ciento, y porque
Cristo vive dentro de mi, yo estoy completo en El” vemos
millares y millares van por todos lados en busca de alguna
“bendición especial”. Eso es insultar a Dios. En Cristo tenemos
todo lo que Dios ha planeado para nuestra vida. De manera
que si tratamos de encontrar una experiencia diferente, una
experiencia cuyos lineamientos generales le indicamos a Dios,
eso en realidad es un insulto blasfemo hacia Dios. Es
compórtate como Jacob mostrarte sin reverencia alguna. Es
mostrar un convenio, diciendo “Señor, si me das esto y aquello,
o sí permites esto y aquello otro y si me siento así o asá y si
hablo de tal o cual manera Entonces testificaré de mi fe en ti y
te serviré y te seré fiel. Formaremos un equipo ideal, hazlo
Señor, ahora”. Eso es hacer negocios con Dios. La Escritura
afirma “En Cristo, hallamos la plenitud de Dios, y teniendo a
Cristo, lo tenemos todo y estamos llenos de El”. Todo lo que
necesitamos, lo tenemos inmediatamente en Cristo. Si vas de
un lado a otro buscando experiencias nuevas, es como sí
dijeras a Dios—En realidad no me importa cuál sea tu pacto.
Yo quiero el mío propio. Millares de cristianos viven vidas
vacías e insatisfechas porque han rechazado lo que el Señor les
ofrece, a pesar de que es maravilloso, perfecto y completo. Y
esos millares siguen tratando de formular un contrato en sus
propios términos. ¿Es tu caso? Sí lo es, confiésalo al Señor, y
dile “Perdóname, Señor. Me he comportado como un niño. He
actuado en la carne, como Jacob. Pero quiero cambiar. Y
quiero agradecerte que en tu Hijo viva en mí. En El tengo todo
lo que pueda desear en esta vida. Gracias. ¿Has descubierto
que Cristo vive en ti? No me refiero a la verdad doctrinal sino a
la realidad práctica. ¿Le has agradecido por que vive en ti? ¿Le
has dado gracias porque todo lo que El es te pertenece? Y más
aún, déjame retroceder un paso y preguntarte: ¿Le has recibido
en tu corazón como tu salvador personal? Puedes saber
mucho de doctrina, y sin embargo no haberle recibido en tu
vida. Si no lo has hecho, esa es la razón por la que en tu vida
hay vacío y confusión. Ábrele tu corazón. Confía en El haciendo
una sencilla oración de fe. Pero si has recibido a Cristo, termina
con tu desesperada búsqueda de algo que en realidad ya
posees. Agradécele por lo que El ha hecho.
Capitulo Tres
El maquinador incorregible
El Dios de Jacob—el Dios que nosotros conocemos, el que nos
fue revelado por Cristo—no es sólo un Dios soberano, fiel,
paciente y en control de todas las cosas, sino también un Dios
que ha de dictar sentencia. Dios es juez, un juez muy estricto y
recto. No se le puede sobornar. Es un juez que hará justicia en
todas las circunstancia. Es un Dios de amor, pero también un
Dios de juicio. Este hecho es evidente ahora que comienza a
actuar con mano fuerte en Jacob. Pareciera que Dios dio a
Jacob la libertad de vivir como quiso, hasta llegamos a
preguntarnos dónde estaba Dios todo ese tiempo. Bueno
ahora, es el turno de Dios, quien decidió transformar a “Jacob”
y para usar las palabras del Nuevo Testamento (Romanos 8:29).
Jacob apuró el paso y pronto llegó a casa de su tío Labán,
quien lo recibió con los brazos abiertos y lo trató como a uno
de su familia. Una vez que Jacob hubo estado allí alrededor de
un mes, el astuto tío Labán que sabía cuando alguien o algo
valía la pena, le ofreció un buen negocio que en apariencia
permitía a Jacob imponer las condiciones (Génesis 29:15-30).
El mismo Jacob de siempre
La autosuficiencia de Jacob parecía no tener límites. Creía que
con su boca y su habilidad podría conseguir cualquier cosa. Por
otra parte, Jacob cada vez se hundía más en el terreno
espiritual, aunque no se daba cuenta porque su peligrosa
autosuficiencia lo enceguecía. Ceguera y autosuficiencia eran
directamente proporcionales. Jacob hubiera sido un gran
objeto de estudio para los seguidores del positivismo. Muchos
actuamos de la misma manera. Cuando yo dejé Argentina, el
Señor tuvo que corregirme con mano fuerte y usó para ello a
un gran hombre de Dios. No fue el último golpe que habría de
recibir, pero si fue un gran paso hacia adelante. En mi pasado
había un asunto que requería solución inmediata. Nos
sentamos en la oficina de este hombre, quien me dijo que yo
debía arreglar la cuestión de inmediato. Sin embargo le
respondí con tenacidad y autosuficiencia----No se preocupe.
Escribiré una carta. Luego, cuando regrese a la Argentina,
hablaré con todos. No será ningún problema. Lo arreglaré.
Mientras tanto puedo continuar mi vida aquí. Mi amigo puso
su mano sobre mi hombro y dijo con suavidad—Luis, te parece
que puedes zafarte de cualquier lío, ¿verdad? Con esa gran
boca que tienes uno de estos días te harás un pozo, caerás en
él, te enterrará y nadie podrá sacarte, ni siquiera Dios. ¿Era
para tanto? Este hombre continuó, aún rodeándome con su
brazo. ¿Sabes algo, Luis? Eres engreído y orgulloso. No te das
cuenta, pero sale por los poros. La primera vez que te vi aquí
tenias traje negro y corbata al tono—para probar tu
espiritualidad. Te crees superior a los demás ¿No es cierto?.
Uno de los favoritos de Dios
Jacob era un favorito, un favorito cegado por su confianza de sí
mismo y sus habilidades naturales. Pero a pesar de su
confianza que te tengas, el juicio de Dios ha de seguir su curso.
No puedes jugar con Dios, tal vez pienses que sí---nos pasa a
todos, hasta que Dios nos toca y nos quebranta. Creemos ser
hijos favoritos que podemos salirnos con la nuestra, y
pensamos que gozamos de privilegios que otros no tienen. Es
el diablo quien nos mueve a pensar esto, susurrando a nuestro
oído: Está bien, después de todo eres favorito de Dios. No hay
por qué preocuparse demasiado. El permitirá que sigas con tu
negligencia, tus pecaditos o cosas por el estilo. Durante años lo
has hecho, y nada ha sucedido. Ningún automóvil te atropelló,
aún tienes dinero, de manera que puedes seguir viviendo de la
misma manera. Todo está bien.
Las consecuencias tardaron en llegar en Jacob, por lo cual
olvidó que Dios es un Dios de juicio. Quizás estés jugando a
Dios en cierta área de tu vida y pareciera que Dios no se
inmuta. Voy a salirme con la mía—te dices continuamente—
siempre lo he hecho. Ten cuidado, tarde o temprano has de
vértelas con Dios (Gálatas 6:7-8).
Jesús te ama, es verdad, pero también te juzga. Y no sólo será
juez en el tribunal de Cristo, también es juez ahora. Está
obrando en nuestras vidas, juzgándonos en disciplina y
corrigiéndonos para que crezcamos y seamos moldeados “a la
imagen de su Hijo”. Cuando yo era muchacho tenía un amigo
muy querido. Cuando teníamos 17 años comenzamos a servir
al Señor juntos y nos bautizamos más o menos en la misma
época. El fue quien me enseñó a predicar en las calles, a
ganarme la atención de la gente en las reuniones al aire libre.
En ese entonces yo era un pésimo orador, y si ahora la gente
me escucha, en gran medida se lo debo a mi amigo. Tenía una
personalidad encantadora. Animaba todas reuniones sociales.
Podía vender Biblia mejor que cualquier persona que conozco,
me enseño muchísimas cosas. Pero un día cuando cumplió los
21 años, fue a vivir a otra ciudad. Tenía un problema físico y
consultó a un médico, quien le dijo que su problema se debía
en parte, a que había practicado la castidad. El doctor el
aseguró a mi amigo que el mejor remedio era una experiencia
sexual. Mi amigo, a pesar de que sabía perfectamente lo que
dice la Escritura en cuanto a tales actos, siguió el consejo del
médico y cometió inmoralidad. Yo no estaba al tanto de lo que
había ocurrido. Un día lo encontré en la calle y noté una
expresión diferente en su rostro. Cuando una persona comete
inmoralidad, algo sucede, algo se pierde y ese algo no vuelve a
recuperarse. En la mirada ya no está el brillo de la pureza y
además quedan heridas incurables. Yo me di cuenta enseguida
de eso. ¿Qué te pasó? Estás distinto… comenté. Me contó toda
la historia y concluyó, diciendo: No te aflijas, voy a
recuperarme. Se me va a pasar. Me voy a levantar temprano
para estudiar la Biblia y orar como solíamos hacerlo en los
viejos tiempos, ¿Te acuerdas? Y todo va a cambiar, ya vas a ver
que sí, no te preocupes por mí, Luis. Eso sucedió hace muchos
años, y su vida cristiana todavía no es lo fue en un principio.
¡Qué desperdicio! También recuerdo el caso de un hombre, a
quien he conocido por muchos años, un pastor, graduado de
una de las mejores universidades y de uno de los mejores
seminarios de más renombre. Incluso había asistido a
importantes cursos de perfeccionamiento y había pastoreado
pujantes iglesias, sin embargo, hace poco este pastor obtuvo el
divorcio. El divorcio no es algo que suceda de la noche a la
mañana. Una persona no va al juez, diciendo: Me llevo de
maravillas con mi esposa Cristina, pero me voy a divorciar de
ella mañana. El divorcio es un proceso que toma tiempo. La
mayoría de las veces va acompañada de inmoralidad o
infidelidad. Estoy convencido de ello, porque he sido consejero
de centenares de personas en todo el mundo. Realmente no
sé, cuándo, ni cómo comenzó el problema con ese pastor.
Quizás pensó que podría salirse con la suya, porque
precisamente, era pastor. Tampoco sé si ha renunciado a su
trabajo en la iglesia pero es evidente que él o su esposa
pensaron que no tendrían que pagar las consecuencias. Pero el
pecado no es algo que Dios pase por alto o intente ignorar. No
podemos burlarnos de Dios. Un nuevo lenguaje superficial está
inundando nuestras vidas e iglesias: Sólo deseamos hablar de
lo positivo y el pecado es algo negativo. Como consecuencia,
cerramos los ojos a la tragedia que nos rodea. Y cuando la
vemos, nos preguntamos el por qué de la misma. ¿Por qué
tanto caos? Porque alguien está tapando el pecado, por eso.
Además, intentando ser “positivos” ni siquiera llamamos al
pecado por su nombre.
Jacob encuentra la horma de su zapato
Eso es exactamente lo que estaba haciendo Jacob. Trataba de
comenzar como si nada hubiera ocurrido. Pero Dios permitió
que Jacob encontrara a su igual, la horma de su zapato,
alguien tramposo como él—Su tío Labán. Dios las cría y ellos
se juntan. Y habría que tirar suerte para decidir cuál era el más
tramposo de los dos. Dieron vueltas y vueltas sobre asuntos
básicos. Uno fue el casamiento. Labán quería asegurarse de
que las dos hijas estuvieran bien cuidadas y vio que este joven
sabio y emprendedor era un excelente candidato. Así que halló
la manera de entregarles a las dos muchachas. Además
trataron de aventajarse en negocios importantes (Génesis
30:25-439). Cada uno trataba de ser más que el otro. Hasta
resulta gracioso leerlo. Te recomiendo que leas la historia
completa (capítulos 29 y 30 de Génesis). Y lo triste de la historia
es que Jacob hizo ese viaje no sólo huyendo de Esaú, sino
también pensando en se casaría con una buena muchacha.
Pero como se había alejado de Dios, se casó con una joven
bonita, aunque a decir verdad no era una buena muchacha. El
padre de la muchacha estaba en prácticas espiritista y dijo a
Jacob: Génesis 30:27.
Ese padre o era espiritista o un mentiroso. Y además el padre
como las hijas—incluyendo a la amada Raquel—eran idólatras
(Génesis 31:19-20). Y el relato prosigue (Génesis 31:34-35)
Raquel es claramente culpable de engañar a su padre, quien
estaba buscando su dios favorito, habían peleado por los
ídolos y Raquel consiguió robarlos. Jacob no se casó con una
buena muchacha sino con una espiritista devota que adora
ídolos. En esta historia hallamos buenas enseñanzas que a
veces deberíamos enfatizar más. El libro de Proverbios dice
(Proverbios 13:15,4:19) ¿Acaso no es verdad).
Recuerdo a dos profesores universitarios que vinieron en busca
de consejos durante una de nuestras cruzadas, en distinta
ocasiones también han venido profesionales, empresarios y
gente importante. Continuamente tropezaban y a menudo no
se daban cuenta con qué. El camino de los transgresores es
duro y difícil de recorrer. Al pobre Jacob lo defraudaban por
los cuatros costados. Fue engañado en el matrimonio, en los
negocios y en todo aspecto posible. Desperdició 20 años de su
vida porque rehusó sujetarse a Dios.
Tantas maquinaciones--¿para qué?
Jacob aceptó las reglas de Labán. Aún creía que debía cumplir
los propósitos de Dios con esfuerzo propio. Además de los
tejes y manejes de un matrimonio, Jacob comenzó con los
tejes, manejes y especulaciones de los grandes negocios.
Trataban de aprovecharse, el uno del otro. ¿Quién se quedaría
con los corderos? ¿Quién se quedaría con las vacas? ¿Y las
ovejas? Todo. Pelearon y discutieron y ambos terminaron por
enriquecerse. En realidad el Señor manejó las cosas de tal
manera que ambos poseían cantidades iguales. En una pena
que Jacob cometiera tantos engaños y se valiera de métodos
turbios en las transacciones comerciales con su tío, porque
poco a tiempo después perdió todo. Hubo hambre en la tierra,
y todo lo que Jacob poseía se perdió. Deseando comodidades,
posesiones y riquezas, podemos inconscientemente deslizarnos
hacia negocios no del todo limpios y transparentes. No tiene
por qué ser algo grande. Cuánto mejor si deseáramos
comunión más íntima con el Señor
(Salmo 34:8). Jacob habría sido un hombre más feliz si se
hubiera refugiado en Dios, diciendo—Señor, Labán puede
quedarse con todas las ovejas, cabras, vacas y caballos. Yo
vuelvo a mi hogar. Señor, provee tú. Dios al final debe juzgar a
Jacob, quien termina por cosechar lo que sembró. Había
engañado a su hermano Esaú, y ahora su tío Labán lo
engañaba a él. Y para colmo de los males, debía regresar a su
casa y encontrarse con Esaú nuevamente.
Capitulo cuatro
La mejor terapia
¡Aquí viene! Jacob debe prepararse para enfrentarse con quien
había sido su primer “enemigo”. Se ve forzado a arreglar las
cuentas de una vez por todas (Génesis 32: 1-6). Esto es lo que
podríamos llamar “terapia de la realidad” y por cierto fue
eficaz. Nuestro amigo Jacob debería enfrentarse con la realidad
y tenía temor (Génesis 32:7-8). Aún vemos estrategias
engañosas. Aún vemos al mismo Jacob de siempre. Y para
colmo de males ahora está a punto de cometer un acto de
traición. Para salvar a su propio pellejo, está dispuesto no sólo
a sacrificar a sus siervos sino también parte de su propia
familia. ¿Hasta qué extremo puede llegar el hombre para
ocultar su pecado? Pues Jacob estaba exponiendo la vida de
personas inocentes para encubrir su antiguo engaño. No hay
que sorprenderse demasiado, ya que esto es lo sucede cuando
un hombre se aleja de Dios. Podrá llegar al extremo de su
maldad de poner en peligro su propia familia y hacerlo sin
remordimiento alguno. Jacob trata de esconderse con
desesperación. Y para lograr ese propósito no vacila en que,
llegado el caso, sus propios hijos, sus esposas Lea y Raquel y
muchos otros del grupo sean atacados y cuando él se salve
(Génesis 32:9-14).
Es más que suficiente, Jacob
Jacob está en el punto más bajo en su alejamiento de Dios. De
aquí en adelante comenzará el ascenso. Habrá pequeños
bajones aquí y allá. Pero desde este punto en más el Señor
obrará de manera visible en la vida de Jacob. Pareciera que el
Señor dice: Bueno, Jacob, ya es más que suficiente. Te di la
libertad de acción, y cada vez te fuiste hundiendo más. Es hora
de que yo empiece a actuar en tu vida. El primer paso--
continúa diciendo Dios—es volver a cambiar a caminar en la
luz. Para ello, primero debes solucionar ese pecado que
empezó a alejarte de mi camino hace años atrás, tendrás que
vértelas con Esaú.
¿Has estado caminado lejos de Dios? ¿Cuánto tiempo hace?
¿Un año? ¿Diez? ¿Treinta? Lo recuerdas perfectamente, ya que
es algo que no se olvida jamás. Te has alejado de la voluntad
de Dios, y desde ese momento sólo encontraste problema. Te
apartaste del Señor, te enfriaste espiritualmente, y sin embargo
te preguntas y preguntas a los demás ¿Por qué el Señor
permite esto o aquello? Cuando en realidad bien sabes por
qué lo permite. El Espíritu Santo no dejará que lo olvides. El
Señor te dice: Mira, si quieres volver a caminar en la luz,
primero debes enfrentarte con aquel primer pecado que
cometiste. Debes sacarlo a la luz y resolverlo, a la iglesia de
Efeso dijo el Señor Jesús (Apocalipsis 2:5). Debemos recordar
que Dios juzga y nos conduce al arrepentimiento, por razones
válidas---en primer lugar, para vindicar su nombre, en segundo
lugar para nuestro bienestar. En Hebreos 12:11, por otra parte
en las Escritura también leemos en 1 Juan 1:7. Enfréntate con
ese pecado, confiésalo. Luego entonces la sangre de Cristo
puede limpiarte para que continúes caminando en la luz. Es
entonces cuando Dios comenzará a cumplir sus propósitos en
tu vida. Y para que Dios llevara a cabo los propósitos que años
antes había declarado en y a través de Jacob, éste tendría que
resolver su pecado.
Sus planes se harán realidad
Isaías 46:9-11 cuando Dios decide hacer algo a través de tu
vida, sin duda alguna llevará a cabo su plan y recuerda que su
propósito es hacer algo a través de la vida de cada cristiano.
Mientras más nos resistamos, tanto más largo será el camino a
volver atrás hasta llegar al lugar donde nos desviamos de su
voluntad.
Estoy contigo
En su gracia Dios dice a Jacob—Mira, Jacob, tienes que
enfrentarte con tu pecado, debes aclarar las cosas con tu
hermano. El sabe que le has hecho mal. Tienes que obtener su
perdón. Pero escúchame, tengo todo un ejército a tu lado. No
tengas miedo. Yo estoy contigo, incluso en este momento de
arrepentimiento, te estoy rodeando con un ejército de ángeles.
El Señor por así decirlo, abrió los ojos espirituales de Jacob, de
la misma manera en que años más tarde lo haría con otro
profeta. Le dice a Jacob. Sé que te has apartado de mí, pero
quiero que regreses, así que tengo a tu lado todo un ejército
para protegerte, guárdate y ayudarte. No te preocupes.
Dios anhelaba ese día de arrepentimiento y limpieza. Después
de todo, ese instante marca un nuevo comienzo para este
hombre a quien el Señor tanto amaba. Jacob se maravilla y con
temor exclama—Este ejército es de Dios. Dios vive aquí. Tal vez
Dios te esté señalando algo que debes arreglar, algo que te
hace temblar cada vez que lo recuerdas, --No puedo hacerlo, -
---dices espantado--; no puedo enfrentarme con eso.
Recuerda que Dios es tu Padre. El está de tu lado. Mira de qué
manera anima a Jacob:-- Por cierto es peligroso enfrentarte a
tu hermano. Es natural que tengas miedo. Lo engañaste. Pero
todo mi ejército va contigo, así que sigue adelante con
confianza. Ten presente la hermosa promesa que hallamos en
los Salmos 34:7. Y ten presente lo dice el apóstol (Hebreos
34:7). ¿Cuál es ese gran paso que debes dar? ¿Es algo que con
sólo recordarlo te produce escalofríos? ¿No te deja dormir?
Escucha, todo lo que Dios tiene está a tu disposición porque
Dios te ama con amor de padre (Jeremías 31:3).
Todo su ejército está contigo para ayudarte, fortalecerte y
protegerte. Vuelve al lugar donde se inició el descenso y
enfréntate con aquel primer enemigo. El Señor está contigo. El
quiere ayudarte a resolver el problema y hacer que vuelvas a la
luz. No obstante debes confesar en público sólo lo que le
concierne al público. Confiesa a tu “Esaú” aquello que lo ha
herido. Cuando nadie conoce tu pecado sino sólo tú, pero tu
cuerpo, tu vida y tu futuro están afectado, confiésalo sólo a
Dios. La confesión innecesaria a veces puede llegar a herir más
el pecado mismo (Isaías 41:10. ¡Pobre Jacob! Veinte años atrás
había huido porque Esaú había hecho una terrible y severa
amenaza “Voy a encontrar a mi hermano y lo voy a matar” y
esas palabras aún resonaban en los oídos de Jacob, de modo
que estaba aterrorizado al pensar en enfrentarse con Esaú.
Nosotros también tenemos temor cuando debemos enfrentar
las responsabilidades por pecados que hemos cometido.
Sucede con cualquier persona normal. Yo también tuve miedo.
Hace años había varias cosas bastante importantes que debía
resolver, pero era una experiencia aterradora. Sin embargo sé
que si no hubiera arreglado la situación, en mi vida hoy
carecería de valor y Dios nunca hubiera podido volver a
usarme. Gracias a El que me dio las fuerzas e hice lo que
correspondía. Ahora entonces puedo vivir libremente sin culpa
y temores.
Sí, Señor, veo tu ejército –Pero tengo este plan
Es extraño que aunque Dios reveló a Jacob que sus ejército
estaban junto a él, el viejo tramposo, aún seguía con sus planes
(Génesis 32:7). En el versículo 2 vimos que Jacob llamó aquel
lugar “Manahaim” que en realidad quiere decir “dos
campamento”, Jacob se dio cuenta de que por cierto había dos
ejércitos, dos campamentos—el suyo propio, pequeño y por el
otro lado el de Dios, que sí era importante. ¿Cuál es la lección
importante aquí? La autosuficiencia hace que estemos ciegos a
la provisión de Dios, Jacob podía confiar en el Señor, así que
dividió en dos a su propio ejército. Aunque el viejo tramposo
tuvo una revelación divina de que sería protegido, no puede
confiar en Dios—y no quiere hacerlo.
¿Acaso tú y yo no hemos también hecho lo mismo en
momento determinado en nuestra vida? El problema que
tenemos es real y lo llevamos a los pies del Señor. Oramos y
sin embargo, después de orar empezamos a planear
estrategias para hacer todo a nuestra manera. Comenzamos a
argumentar y a tratar de hallar maneras de resolver el
problema en la carne, con nuestro hombre natural. Por fin
entonces, y por primera vez, Jacob ora humildemente. En todo
el pasaje esta es la primera vez que ora, y es una oración llena
de humildad. Pero sin embargo hasta ese momento empieza a
exagerar, e inicia una serie de excusas para tratar de llegar a un
acuerdo con el Señor. Dice el versículo 11—Está tratando de
convencer al Señor para que lo proteja: Señor, viene para
matarnos a todos. Es un criminal. Tú lo conoces y lo sabes muy
bien, Señor. Y no solamente me persigue a mí sino también a
mis esposas y a mis hijos. Por cierto que exagera en gran
manera. ¿Por qué? Por que se siente tan culpable que se
protege exagerando su condición. Es lo que normalmente
sucede. Y Jacob está acostumbrado a la exageración y a los
argumentos extremos para probar lo que quiere decir. Veamos
lo que sucede y lo que el Señor hace con Jacob (Génesis 33:1-
3). Como medida de precaución, Jacob colocó a las mujeres y a
los niños (incluso a Raquel y a José sus favoritos) al frente de
todo su ejército. La Escritura dice que pasó delante de ellos y
de inclinó a tierra siete veces, pero que se aseguró de tener
cerca de sí a sus esposas y a sus hijos, una actitud repelente.
Está junto a ellos sí, pero les asigna el primer lugar en la
caravana sabiendo que tal posición lo beneficiaría en caso de
que su hermano Esaú intentara una represalia. En su oración
había una súplica “ Señor, Esaú viene para tomar a las mujeres
y a los niños” y a pesar de ello, cuando llega el momento de la
acción es escuda tras estas mismas mujeres y niños por
quienes profesaba tanta preocupación y cariño. Aún anda con
trampas. Ha orado, se ha encontrado con Dios, pero es un
maquinador incorregible. El hábito es tan parte de sí mismo,
que cuando llega la crisis recurre a su vieja costumbre. A mí me
encanta la ironía del Señor, en este punto. Después de tantos
días y noches que Jacob pasó en angustia—la preocupación,
las maquinaciones, los planes, la organización- que gran
pérdida de tiempo (Génesis 33:4-10). Hay dos cosas que
podemos destacar. En primer lugar, Jacob estaba alimentado el
ego de Esaú. En segundo lugar, dice una terrible verdad “Yo
tenía tanto temor como si me estuviera acercando a Dios”
(Génesis 33:10). La gente a quien hemos hecho mal, siempre
nos parece que son Dios, a menos que y hasta tanto
arreglemos nuestras cuestiones pendientes. Ver el rostro de la
persona a quien había hecho mal, produjo tanto temor en
Jacob que fue como si estuviese enfrentando el juicio del
mismo Dios, sin embargo causa gracia pensar en todo tiempo
perdido, en la energía, en las noches sin dormir, en los planes y
su desesperación para hallar la manera de apaciguar a un Esaú
que no necesitaba ser apaciguado. Cuando se encontraron,
Esaú corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. ¿Cuántos días
has desperdiciado con maquinaciones necias, y planes en la
carne? ¿Cuántos años has malgastado? Regresa al Señor y dile
simplemente—Señor, qué necio he sido—como Jacob. Y no
valió la pena. Quiero dejar de una vez y para siempre todos los
manejos, las maquinaciones y las estrategias humanas. Por
favor límpiame con la sangre de mi Señor Jesucristo, y
permíteme que vuelva a caminar en la luz. (Al llegar a este
punto te recomiendo que leas y medites en 1 Juan 1, en el
Nuevo Testamento). Dios aquí se revela como Padre. Algo
maravilloso. El transformó el corazón de Esaú para que cuando
se encontrara con Jacob, en vez de querer vengarse y matarlo,
simplemente le diera un abrazo. ¿Por qué no permites que
Dios sea un Padre en tu vida y actué como tal? El Señor
declaró: “Vuestro Padre celestial sabe” (Mateo 6:32). El señor
preparará el camino para ti como lo hizo con Jacob. Lo hace
conmigo constantemente, y anhela hacerlo con cada uno de
sus hijos. Si hoy preguntásemos a Jacob si valieron la pena
todas sus maquinaciones y estrategias. ¿Sabes qué contestaría?
Respondería, como ya lo he hemos mencionado anteriormente
(Génesis 47:9). ¡Qué final tan triste! No tiene por qué ser
también tu caso, ya que Dios es un amante Padre celestial. El te
juzga y te disciplina para que vuelvas a caminar en la luz. El
quiere amarte y cuidar de ti como un legítimo Padre. Deja de
jugar con la sangre de Cristo, y comienza a caminar en la luz. Si
lo haces, serás una persona libre; libre para que Dios te utilice
en sus propósitos aquí en la tierra.
Capitulo Cinco
El clímax de la liberación
¿Cuál es tu razón para vivir? Si sientes que la vida es
simplemente ir a trabajar por la mañana y aburrirse en la casa
por las noche, estás equivocado. Vivimos para ser instrumentos
que cumplen los propósitos de Dios. Esto da a la vida un
significado superlativamente grande. Considera tu trabajo—ya
sea una tarea cristiana, una actividad secular o quehaceres
domésticos---como parte del propósito de Dios en tu vida, en
tu familia y aun en el mundo. De esa manera podrás ver cuál es
tu parte, tu granito de arena, en todo el plan de Dios. Antes
que Jacob hubiera sido formado en el vientre de su madre,
Dios ya tenía su mano sobre él. Luego le habló y se le reveló
cuando Jacob era un joven. Pero Jacob, como muchos de
nosotros, era un muchacho rebelde. Y más tarde fue un adulto
rebelde. A los 50 años había sido obstinado y se había resistido
tenazmente a la voluntad soberana de Dios, quien estaba
llevando a Jacob hacia un clímax o un desenlace final que
acabaría con ese comportamiento, Jacob empezaría una nueva
vida, esta vez bajo en absoluto control de Dios.
El momento de la verdad
Desafortunadamente, para Jacob la vida había sido una lucha
interminable marcada por el dolor y la decepción hasta ese
momento. En realidad, había sido una lucha de la cual él
mismo era artífice o arquitecto. El la había provocado y había
quedado entre la espada y la pared. Recuerda en qué
condiciones se hallaba cuando dejó a su tío después de robarle
ovejas y mercancías. Corría; se alejaba de todo. Y de pronto
una noche, antes de encontrarse con Esaú, se da cuenta de
que la mañana siguiente sería el momento de la verdad. La
terapia de la realidad está por explotar en sus propias narices.
Está terriblemente asustado, convencido de que ha llegado a
su fin. Jacob--¡estás acabado!—se dice—Eres hombre muerto.
Todas tus estrategias y maquinaciones se han reducido a nada.
Mañana te enfrentas con Esaú. Llega la noche, y Jacob está
solo en la oscuridad del desierto (Génesis 32:22-32).
Tal vez preguntes qué tiene que ver todo este asunto conmigo
de muslo y tendones con el bienestar de tu alma. Los
siguientes cuatros puntos han de declararlo.
En primer lugar, Jacob perdió todas sus esperanzas y su
confianza en sí mismo. Esto sucede la noche anterior al
encuentro con Esaú.
Está seguro de que su hermano va a matarlo, de manera que
solo, acostado en la oscuridad, se dice a sí mismo:”Soy hombre
muerto” En este momento tiene la abrumadora sensación de
que sus horas están contadas. Todos hemos llegado a este
punto en un momento determinado de nuestra vida cristiana.
Si le ocurrió al mismo San Pablo, cuánto más a ti y a mí. Si
queremos conocer el poder de Dios en nuestras vidas, si
deseamos experimentar el poder de Jesucristo que vive dentro
de nosotros por el Espíritu Santo, debe llegar el momento en
que pasemos por una circunstancia crítica. Debe llegar el
momento en que ya no se nos da sólo por arreglar algunos
asuntos aislados, sino que dejamos totalmente la vieja manera
de vivir y nos abocamos a la nueva. Así lo expresó el apóstol
Pablo (2 Corintios 1:8-10).
Mi esposa me confesó que este momento de decisión en su
vida llegó un verano cuando estaba trabajando como
consejera en un campamento cristiano. Una de las razones
para ello era encontrar un muchacho con quien casarse. Pues
estar como consejera era algo adicional, una buena excusa.
Patricia tenía una gran lucha en su interior. Camino al
campamento visitó a un joven, creyendo que sería un buen
candidato pero las cosas no funcionaron. Durante todo el
verano, mientras trabajaba como consejera, tenía las antenas
paradas, buscando sin cesar. No funcionó. Y en su corazón
Patricia sabía que debía terminar todos sus planes y
estrategias. Decidió abandonar esa actitud infantil, dejando de
forzar la mano de Dios ya que todo podría terminar en un fatal
error que potencialmente podía destruir el resto de su vida. De
manera que decidió estudiar en un instituto bíblico en vista de
que quería ser misionera y deseaba dejar todo el asunto en
manos de Dios. Ese mes de noviembre nos conocimos. Dios
tenía un plan para nosotros dos. Y yo le estoy tan agradecido
al Señor por ello. Es una decisión muy difícil. Cuántos hombres
y mujeres han forzado la mano de Dios y se han casado con la
persona equivocada, y algunos años después vieron las
consecuencias: un corazón destrozado! Somos tan necios!.
Quebrantamiento radical
Gálatas 2:20 ha sido uno de los versículos claves en mi
vida. Estoy crucificado con Cristo. ¿Has decidido
aceptar el hecho inobjetable de que estás crucificado
con Cristo? ¿O aún tratas de vivir la vida cristiana en tus
propias esfuerzas? ¿Todavía tratas de disfrutar de la
vida a tu manera y por tus propios medios? ¿Intentas
resolver por tus propias cuentas tus dificultades
matrimoniales?. Dios quiere hacer algo nuevo y
magnífico en tu vida. Hay quienes creen que un
matrimonio feliz es un matrimonio sin problemas.
Totalmente irreal. Todos los matrimonios tienen sus
momentos de turbulencia. El secreto es éste; si Cristo
está en control y vivimos obedeciendo las Escrituras en
el poder del Espíritu Santo, podemos vencer, amarnos
y resolver los problemas con su poder (2 Corintios
5:14-15).
Luchando con Dios
En segundo lugar, Dios viene a pelear con Jacob hasta que él
se rinda. Nota que Jacob estaba solo esa noche. Cada uno
debe arreglar cuentas con Dios, a solas, de manera personal. Si
eres rebelde, también tienes que vértelas con Dios… a solas. El
lugar donde Jacob se rindió se llama Peniel, que significa “el
rostro de Dios”. Jacob se encuentra cara a cara con Dios esa
noche. También tú y todos nosotros cuanto más pronto, será
mejor. El problema es tuyo, y debes solucionarlo. A solas con
Dios”—Oh, Señor no puedo continuar de esta manera. Como
dijo Jacob: A menos que me bendigas, no dejaré que te vayas”.
Tal vez sientas que en tu interior estás luchando con Dios.
Quizás te sientas destrozado. Y eso es bueno, es necesario.
Todos debemos llegar al punto en que nos sentimos
exactamente como Jacob se sintió aquella noche. No puedo
más. Me siento que me muero. He llegado al final de mis
fuerzas. O me suicido… o me divorcio… tomaré alguna acción
drástica. No puedo aguantar más. Ese es el fin del esfuerzo
propio. Hay quienes experimentan neurastenia o gran
depresión. De vez en cuando, cuando la situación está
particularmente tensa, digo en forma de broma a uno de mis
compañeros de Equipo” Voy a tomar un avión y durante el
viaje me voy a dar el gusto de tener un ataque nervioso”. A
veces la tensión es aguda y es común que hagamos esa
broma. Pero para muchas personas, no es broma. Acuden a
psiquiatras cuando en realidad la respuesta es….rendirse,
entregarse. Según mi forma de ver las cosas, el propósito de la
lucha es derribar al contrincante, sujetándolo hasta que diga
rotundamente “Me rindo”. Hace tiempo uno de los miembros
de nuestro Equipo era un peso pesado que había sido
campeón de lucha en su universidad. Este aspecto de él no me
entusiasmaba demasiado por cierto. Durante las cruzadas,
cuando tratábamos de descansar a la hora de la siesta, él venía
corriendo y dando gritos se arrojaba con todo su peso sobre
alguno de nosotros. Creía que todavía estaba en el ring,
luchando. Trataba de sacarnos de la cama para luchar. Y como
si eso fuera poco, pesaba 50 kilos más que yo. De modo que
no me gustaba compartir mi habitación con él. Ahora bien, al
margen de mis gustos, el objetivo de un luchador es tomar por
la fuerza a su oponente hasta tirarlo al piso con la técnica
adecuada y sujetarlo hasta que no pueda moverse y diga:”Me
rindo” y se rinda. En una palabra la lucha acaba. Lo notable
aquí es que Dios mismo vino a luchar con Jacob! Qué
espectáculo en esa noche solitaria en el desierto! Otro aspecto
interesante es que Jacob era un rebelde persistente. Luchó con
Dios toda la noche. Una lucha asombrosa. Por último, cuando
el sol comenzaba a salir en el horizonte, Dios dice a Jacob---
Bueno Jacob, terminemos. Ya sale el sol.
Dios versus el ego
¿Pero qué tiene que ver esto con la vida de un cristiano
victorioso? Jacob nos muestra los extremos de su rebelión con
Dios. Si te encontrases con Dios esta noche y él quisiera luchar
contigo hasta dominarte y derribarte, ¿acaso le dirás”Señor haz
de mí lo que quieras”?. No fue lo que hizo Jacob, ni tampoco lo
que haríamos muchos de nosotros. Hay quienes luchan con
Dios toda la vida. Hay quienes creen que “luchar con Dios” es
una señal de sensibilidad del espíritu y profunda espiritualidad,
pero a decir verdad, es una señal de autentica de rebelión y
obstinación hacia Dios. Seguramente habrás escuchado
decir”Estoy teniendo una contienda con Dios sobre tal tema de
mi vida”. Y quien lo dice está convencido de que eso es ser
verdaderamente espiritual. ¡Una batalla con Dios! Eso es señal
de un tremendo ego. Una vez le pregunté a un predicador y
consejero espiritual amigo mío, cómo hacía para ver más allá
de las cortinas de humo, de las máscaras que se pone la gente
incluso cuando atraviesan gran turbación.--¿Cómo haces para
llegar al meollo del asunto y descubrir el problema? Luis—me
contestó—En la vida sólo hay un problema real. Todos los
otros son consecuencia del primero, una pantalla de humo. El
problema número uno es el ego. Trata de encontrar qué o
quién está en control del ego, y sabrás la causa de todo lo
demás. Eso es, precisamente lo que hecho en mis programas
de televisión. Algunos críticos dicen—Palau no escucha,
empieza a dar solución a los problemas antes que la gente
haya terminado de darle detalles importantes del asunto. Es
verdad, pero sucede que sigo ese principio. Todos los
problemas que puedan tener una persona son el resultado de
un ego no controlado por Jesucristo. Mirando a través de las
pantallas de humo, las máscaras, y utilizando tu discernimiento
para advertir las trampas de que se vale la gente para tratar de
impresionarte, descubrirás que su problema tiene origen en un
ego egoísta. Es mi caso, y el caso de todos los seres humanos.
Debes comenzar a cojear
Jacob no se da por vencido. Luchó con Dios toda la noche. Y
de pronto “cuando el varón vio que no podía ganar la lucha,
tocó a Jacob en la cadera y se la dislocó” (Génesis 32:25). Un
solo toque de Dios lo puso fuera de combate. Dios sabía que
éste era el remedio, y tenía que enseñar una importante
lección al rebelde. Tocó a Jacob en la cadera y se la dislocó. La
lucha había terminado. El músculo de la cadera es
probablemente el más fuerte de nuestro cuerpo. Y en tercer
lugar, entonces, vemos aquí una figura del punto de mayor
fuerza física en Jacob, lo que él siempre creyó su apoyo y
confianza en tiempos de dificultades. Después de todo, ¿Qué
hacía Jacob cuando estaba en aprietos? Corría y escapaba. Esa
era la solución a todos sus problemas, correr inmediatamente.
Debe de haber tenido una fuerza tremenda en sus piernas. Si
viviera en este tiempo con mucha seguridad hubiera sido un
gran corredor olímpico. De modo que el Señor seguramente
dijo “Jacob, piensa que cuando se encuentre con Esaú, quizás
en un momento de increíble fuerza humana podrá correr y
escapar. Pero yo voy a tocarlo de manera que no pueda correr
más”. Todos tenemos algún aspecto en el nos creemos muy
fuerte. Sin embargo Pablo dijo: (2 Corintios 12:10). No nos
gusta esa verdad. Dios tiene que permitir que lleguemos a
callejón sin salida. Y en ese momento, cuando no podemos
correr, ni huir, nos toca. A partir de ese momento Jacob
empieza a cojear, y cojearía por el resto de su vida. Nunca
podría volver a caminar correctamente. No podría escapar de
las situaciones apremiantes huyendo sin demora alguna. Y eso
lo acercó al Señor. Tuvo que mirar hacia arriba y confiar en
Dios. ¿Cuál es el aspecto en que por naturaleza te sientes
fuerte? Ríndelo a Dios, ahora mismo. Llégate a El, diciendo
“Señor, esto es algo de lo cual siempre me glorío”—ya sea
secretamente o ante los demás. ¿Cuál es tu caso particular?
Para algunos es su ingenio y rapidez mental. Son mejores que
todos los demás hermanos de la iglesia. Para otros puede ser
una lengua hábil. Si hay problemas, ellos los pueden
solucionar. ¿Eres la clase de persona que puede convencer a
los demás, hablándoles? Quizás digas: No te preocupes, yo me
ocuparé…Convenceré a mi esposa… Ha de ser sencillo. Quizás
sepas manejar comisiones “Déjame que organice una comisión
y el asunto se resuelve” Y hablas con cada uno en forma
individual, preparas el camino, y las cosas se hacen a su
manera. Cuando es tiempo de que se reúna la comisión, ya los
ha convencido individualmente, y la votación se hace de la
manera en que lo habías determinado. Así que regresas a casa,
diciendo entre dientes “Siempre puedo lograrlo. Siempre” ¿Es
ese tu punto fuerte?. Hay otros que se glorían en sus
emociones. Pasan un maravilloso tiempo adorando a Dios, y se
glorían. Pero he visto incontables casos de quienes cayeron en
inmoralidad a pesar de que un momento se gloriaban de algo
superlativo que llamaban “adoración”. Sucede que estas
mismas personas están convencidas de que algarabía, emoción
y entusiasmo son sinónimo de adoración. Se concentran en
eso, y cuando son tentados, esa misma emoción les tiende una
trampa que los hace rodar cuesta abajo. ¿Cuál es el punto
fuerte en el que te apoyas cada vez que tienes un problema?
También están los grandes pensadores. Cristianos consagrados
“Escribo poesía y buena música, y paso tiempo meditando. No
hablo demasiado pero pienso”
Sin embargo cuando llegan las dificultades se cierran como
ostras. Quieren solucionar sus problemas no hablando sobre
los mismos, pensando que allí radica la fuerza que los lleva a la
victoria. Cualquiera que sea tu punto fuerte. Dios ha de tocarlo
(como lo hizo con la cadera de Jacob). Debe hacerlo porque
no estás descansado en su poder, sino en tus habilidades
naturales. Y Dios no puede usarte de esa manera. El Señor nos
dice: (2 Corintios 12:9). ¿Estás llegando al límite de tus fuerzas?
Tal vez te digas:”Tengo que liberarme de este peso. No podré
aguantar otra semana, ni siquiera otro día”. Quizás sea un
problema familiar, y estés diciendo”Quiero empezar todo de
nuevo”. ¿Acaso es una tentación sexual que te persigue?
¿Crees estar a punto de caer? No es suficiente confesarlo,
tienes que comenzar un nuevo estilo de vida. Debes empezar a
“cojear” en tu vida espiritual. Necesitas darte cuenta de que no
pones lo que se requiere para vivir la vida cristiana. Sólo
Jesucristo, tiene lo necesario, lo que tú necesitas. Cada uno de
nosotros debe llegar al punto de crucificar el yo y orar a Dios
“Señor, no quiero seguir los caminos de la carne. Quiero ser un
hombre o una mujer de Dios”. Quiero vivir en santidad y en
pureza. Es preciso que haya un quebranto radical y completo.
El mal olor indica que hay basura
No es suficiente arreglar la cuestión matrimonial, la tentación
sexual o el problema particular. Tu vida toda debe cambiar la
premisa “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas
2:20). Esa es la clave. No es cuestión de rendirle al Señor la
tentación sexual, luego el problema de la mentira, luego las
luchas, y así sucesivamente. No, debes rendirte a Cristo
diciendo: Señor, tócame en el área de mi vida en que lo
necesito para que yo no sea yo tratando de vivir la vida
cristiana, no ya yo intentando de vencer la tentación, sino Tú,
Señor Jesús. Tú viviendo en mí, cumpliendo Tú voluntad en mi
vida, mi hogar, mi ministerio y mi trabajo. Vivimos en tiempos
particularmente difíciles, en especial en cuanto a la situación en
el hogar y a las tentaciones sexuales. Si estás acostumbrado a
leer libros y revistas que te estimulan sexualmente, hay que
modificar por completo esa costumbre. Ese hábito puede llegar
a arruinar la vida de una persona, incluso a su hogar. Yo no me
creo un santurrón; tampoco un tonto ni un ciego, pero casi
todas las revistas hoy día tienen al menos un artículo con claras
sugerencias sexuales---a veces más que simples sugerencias
¡basura peligrosa!. No es preciso subirse a un camión de
basura y revolcarse en la inmundicia para saber que está lleno
de basura, el olor indica claramente. Sin embargo hay
cristianos convencidos de que con este tipo de lectura se
mantienen al día con lo que sucede en el mundo, y se
familiarizan con la suciedad. Un juego muy arriesgado. Ten
cuidado. Es una mentira satánica. He hablado con muchas
parejas que atraviesan por dificultades que se iniciaron cuando
el esposo o la esposa comenzaron a llenarse la mente con esa
clase de corrupción espiritual, sexual y moral. Sus mentes se
infiltraron e intoxicaron con literatura sugestiva y barata. En
uno u otro momento la mayoría hemos leído las exageraciones
que pintan el sexo 20 veces más grande de lo que es o pudiera
llegar a ser. Lees acerca de esos supermachos que pueden
hacer en una noche lo que a un esposo le llevaría un mes. El
resultado es que los hombres que leen esto creen que en su
matrimonio, algo no va bien; creen que les falta algo. Y en
realidad, todo no es más que una estratagema satánica.
Quienes publican esos artículos quieren tu dinero y es el medio
que Satanás utiliza para destruir tu hogar. Quizás alguien
alegue que este es un tema de mal gusto entre cristianos
decentes, pero te aseguro que puede hacer pedazos tu hogar.
Tal vez provengas de un hogar que ha sufrido separación.
Hasta podría darse el caso de que tu padre haya dejado a tu
madre, y que todo comenzó cuando él empezó a leer literatura
viciada. Yo debo viajar en avión constantemente, y he llegado a
la conclusión de que no hay tacho de basura más grande en el
mundo que los quioscos de revistas y libros de bolsillos en los
aeropuertos. He visto hombres adultos, ejecutivos de todo tipo,
examinando con atención las estanterías. Compran uno, lo
llevan consigo en el avión, y mientras lo leen no dejan que los
demás vean la cubierta por que es un libro sucio y barato.
Cuando llegan a su destino lo tiran a la basura, ya que no
quieren que nadie los descubra leyendo tales bajezas, pero sus
mentes ya están impregnadas de impurezas. Por otra parte,
existe la filosofía tan de moda de que en la vida de soltero se
goza de una maravillosa libertad. Y las cosas se pintan como
un gran picnic, una gran fiesta sin límites. Si pudieras ver lo
íntimo del corazón de quienes sostienen tal filosofía, caerías en
la cuenta de que las personas son miserables, solitarias, vacías
y egoístas del mundo. No obstante los demás se tragan la
historieta, creen las mentiras y están a punto de destrozar su
hogar. ¿Rehúsas someterte a Dios y a Jesucristo? ¿Crees en
serio que hallarás libertad una vez que dejes a tu esposa?
Nunca serás libre. No olvides que Dios tolera el divorcio sólo
cuando hay adulterio de por medio. Y luego también otro
peligro. Son los jueguitos de la gente, como se suele decir en
estos días. Me refiero al flirteo, aún en los así llamados círculos
cristianos. Hombres que hacen insinuaciones amorosas a
esposas ajenas. Mujeres que lo permiten. Esto termina por
destruir el espíritu.
No debes permitirlo en ti ni en la otra persona. Si un hombre
flirtea con tu esposa, no vuelvas a recibirlo en tu casa. No es tu
amigo sino tu enemigo. En ciertos círculos se ha puesto de
moda—dicen está permitido. No es así. Dios nos exhorta (1
Pedro 1:16), (Mateo 5:8) y (Hebreos 12:14). Sin santidad no
hemos de ver al Señor. Esto tiene dos significados 1) Sin
nuestro manto de santidad indicando que estamos en Cristo
Jesús, nadie puede entrar en la presencia del Dios de Justicia,
2) Sin santidad en nuestra vida, perdemos la comunión diaria e
íntima con nuestro amante Señor. Lo entristecemos. Perdemos
el gozo de la salvación y su presencia en nuestra vida. Dejamos
de disfrutar de su compañía constante. Nuestra relación con El
cambia. Cuando lo aceptamos como salvador, como creyentes
estamos eternamente en El. Pero sin embargo si no vivimos
vidas santas, perderemos el gozo real de nuestra salvación. Por
otro lado hay que mencionar la vestimenta femenina. Creo que
hay mujeres cristianas que deben tener cuidado con la forma
en que se visten. ¿Me llaman anticuado? Pues no lo soy.
Recuerdo que hace tiempo estábamos con mi esposa y mis
hijos en un supermercado. En diarios y periódicos leemos
continuamente noticias sobre violaciones. No me sorprende
que muchos hombres con mentes torcidas violen a mujeres,
teniendo en cuenta cómo visten algunas, particularmente en el
verano. Pareciera que estuviesen pidiendo que los hombres se
aprovechen de ellas. Hay mujeres que con su manera de vestir
hacen una invitación deliberada al pecador. ¿Creen que acaso
eso no tienta a los hombres?. Yo me pregunto dónde está el
esposo de esa mujer. Cuando un hombre camina con su
esposa que tiene medio cuerpo al descubierto, lo más seguro
es que él mismo esté escondiendo algo. Creo que dicho
marido expone a su mujer a la mirada codiciosa de otros
hombres para acallar su propia conciencia. No me
malinterpreten. Las mujeres pueden ser hermosa, atractivas, y
una delicia para los ojos, pero sin llegar a provocar a otros
hombres. Hace unos años conversaba con un joven que me
dijo: Luis, las mujeres me vuelven loco. No sé, cómo vencer la
tentación. Tiempo después este mismo muchacho vino a
decirme
“¿Sabe una cosa?” En los últimos dos años he tenido victoria
total sobre este problema, y le quiero agradecer por decirme
cómo hacerlo”.
El primer paso hacia la victoria (y no simplemente para los
problemas sexuales sino también para infinidad de otros
aspecto) es decidir en lo profundo de tu corazón que
cambiarás tus hábitos “Dios, quiero ser santo. Sé que no seré
perfecto, pero puedo ser santo y lo seré”. Y quiero que Señor
Jesús, el Hijo de Dios que vive en mí, me transforme en la
persona santa que tú quieres que yo sea. “Señor, con tu control
podré vencer la tentación y así dejaré atrás mi vieja manera de
vivir. Señor Jesús, voy a vivir a un nivel completamente distinto
porque tendrás control de mi vida”. De manera que Dios tocó a
Jacob allí en el punto donde Jacob se creía fuerte y lo dejó en
una condición vulnerable por el resto de su vida. Pero desde
ese momento Jacob se convirtió en un instrumento muy
valioso en las manos de Dios. Dios cambió su nombre y ya no
se llamó Jacob—el usurpador—sino Israel—el que prevalece
con Dios (Génesis 35:9-10). La noche en que luchó con el Señor
fue el comienzo de una nueva vida para Jacob. Así también
sucedió en mi vida, aunque yo no luché con el Señor como lo
hizo Jacob. Dios tuvo un encuentro conmigo en el instituto
bíblico donde estaba estudiando, y comprendí que la clave era
no yo sino Cristo viviendo en mí. Todos debemos llegar a ese
momento de rendición total, tal como ocurrió con Jacob.
En cuarto lugar, después de este incidente, Jacob tuvo
altibajos, pero la suya fue una vida totalmente nueva. Fue una
bendición para sus hijos. Fue una bendición para Faraón. Dio
fruto, y se multiplicó; y a través de José todo el mundo fue
bendecido en gran manera. Jacob experimentó una
transformación total. No fue un mero cambio de doctrina sino
un cambio de vida. Desde ese momento ya no confió en su
astucia de siempre ni en sus fuerzas, sino que puso su
confianza en Dios. Su vida y todo su futuro fueron cambiados
(Génesis 35:11-15).
Hay una hermosa imagen de Jacob cuando era anciano. José
viene a él con sus dos niños, los nietos de Jacob. José se inclina
con el rostro en tierra ante su padre, y el pide que bendiga a
sus hijos. Y el anciano Jacob, ya al final de su vida, pone las
manos sobre las cabezas de estos dos nietecitos y les da una
magnífica bendición de Dios. Pensemos en José, postrado
sobre su rostro (a pesar de ser el jefe del imperio Egipcio y del
mundo entero), porque respetaba profundamente a su padre,
porque su padre era un poderoso hombre de Dios. Pero Jacob
nunca hubiera sido esa clase de persona en su ancianidad si
Dios no lo hubiera tocado, quebrantado, y se hubiese
convertido en el Señor de su vida. Si en tu alma has estado en
pugna con Dios, luchando con el Señor, ruego en oración que
te detengas y digas: “Oh, Dios, no puedo más. Quiero morir a
mi vieja manera de vivir. En verdad estoy crucificado con Cristo.
Y no soy que vivo sino Cristo que vive en mí. De ahora en
adelante, oh Señor, la vida que vivo en la carne la viviré
confiando en el Hijo de Dios quien me amó y se dio a sí mismo
por mí”.
Prefacio de la segunda parte
Pues bien, tal fue la vida de Jacob—130 años y la mayoría del
tiempo sus propios planes. Es triste cuando pensamos en lo
diferente que podría haber sido. Sin embargo, al estudiar la
vida de su hijo José, veremos que fueron quizás los errores y
experiencias de Jacob los que hicieron de José un hombre
sensible a la voz divina. Y comenzó a obrar en la vida de este
muchacho a temprana edad. ¿El resultado? José respondió de
inmediato ¡Qué diferencia con su padre Jacob, que se resistía a
la voluntad del Señor a cada paso del camino!. Dios comenzó a
revelarse a José a través de esquemáticas pero vívidas
imágenes de lo que sería su futuro. Por medio de sueños y
visiones, José comenzó su ministerio que Dios tenía para él.
Creo que Dios le encanta hablarnos a través de las Escrituras, a
través de un pastor o por medio de un amigo a quien
respetamos mucho. Su propósito es darnos ciertas pautas de
los planes que tiene para ti y para mí. Que hemos aceptado al
Señor Jesús como salvador, ahora somos hijos de Dios y
tenemos el poder del Cristo viviente en nuestra vida. Dios eligió
a José, y José lo sabía, de modo que no hizo otra cosa que
responder a Dios. Y al responderle, su vida fue coronada de
éxito rotundo para gloria de Dios. ¿Has respondido al Señor? El
te eligió y te llamó. José tuvo que enfrentarse con grandes
crisis que afectaron su vida. La primera, y tal vez la más
dramática fue haber sido arrojado a una cisterna por sus
hermanos, y luego vendido como esclavo por sólo 20 piezas
de plata. Y a pesar de ello, este hombre admirable al final de
sus días pudo mirar atrás y refiriéndose precisamente a ese
acto perverso decirles a sus hermanos (Génesis 50:20). Sí, Dios
había elegido a José. José lo sabía, y vivió en victoria porque
confió en el Dios viviente, en el Dios que es Dios, para usar las
palabras de Deuteronomio 7:9. La vida de José fue una vida de
triunfo constante porque no vivió a su manera, según su propia
voluntad, sino a la manera de Dios. Cuando Dios llama a un
hombre o una mujer, es porque tiene un plan específico.
Cuando El te llamó, te eligió te salvó, había dispuesto un plan
que llevaría a cabo. Es emocionante. El mismo Señor te llamó y
te recibió como hijo, desea hablarte y recordarte una antigua
promesa, o quizás tenga un mensaje personal para ti.
Considera entonces la vida de José, y pide a Dios que te ayude
a oír su voz hablándote directamente al corazón, revelándote
más de su maravillosa persona, y mostrándote ahora mismo
parte del plan para tu vida.
Capitulo Seis
Listo para huir
Cuesta abajo
La historia de José comienza con una pendiente cuesta abajo.
Debido al favoritismo de Jacob, que en esencia daba a José
derechos de primogenitura, el hijo de Raquel es envidiado y
odiado por sus hermanos. Cuando se presenta la primera
oportunidad, éstos planean una venganza. La Biblia relata el
inicio del drama de esta manera (Génesis 37:23-28). Sin
embargo este complot desesperado toma un extraño rumbo
cuando José llega a Egipto (Génesis 39:2-6). Vemos que los
propósitos de Dios se llevaron a cabo aun cuando hubo
detalles muy intrincados en la vida de José. Dios en su eterna
soberanía tomó control de la vida del joven—José—dijo Dios—
tengo grandes planes para contigo. Eres sólo un muchacho,
pero escúchame. Te resultará difícil creer cuando te diga la
manera en que voy a usarte. José—continuó Dios—por
generaciones la gente hablará de ti y aprenderá de tu ejemplo.
Si caminas conmigo como tus padres, Abraham, Isaac y aun
Jacob (porque a pesar de sus errores, tu papá camina
conmigo), no te imaginas todo lo que haré en tu vida. Otros
podrán verte como simple adolecente; tus hermanos podrán
reírse y llamarte “soñador” pero yo voy a usarte. Dios había
permitido que José fuese vendido en esclavitud por 20 piezas
de plata, que en realidad era un precio absurdo porque el
precio legítimo de un esclavo era de 30 piezas de plata
prácticamente lo regalaron. Pero la mano de Dios estaba sobre
él. En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo repite esta idea de
forma extraordinaria (1 Corintios 2:9). Es maravilloso ver a Dios
actuando en una forma tan activa en la vida de este joven.
Dios en todos los niveles
Había muchas cosas de las que Dios debía hacerse cargo, por
ejemplo el imperio egipcio y su pueblo elegido; y aun así su
corazón estaba en este muchacho José de manera muy
especial. Uno de los muchos valores del Antiguo Testamento
es que en relatos sencillos vemos cómo Dios se mueve y
actúa en varios niveles al mismo tiempo del modo más natural
y conveniente. Puede estar obrando con Faraón al más alto
nivel político, con el viejo Jacob en otro nivel, con los hijos de
Jacob por un lado y con José por el otro. No hay restricciones
para Dios. El es omnisciente, omnipotente y omnipresente.
Estos atributos divinos constituyen lo que los teólogos llaman”
el gobierno de Dios” detrás del telón El claramente gobierna
los hilos de la historia de la humanidad. En nuestros días su
forma de actuar es la misma. Hace su obra con los distintos
presidentes y con las potencias mundiales, al mismo tiempo
obra individualmente contigo y conmigo. Es emocionante leer
el Antiguo Testamento y comenzar a entender por qué y cómo
Dios puede operar en esos distintos niveles en forma
simultánea y aun así llevar a cabo su objetivo. A pesar del
torcido comportamiento humano e incluso hasta utilizando tal
comportamiento sea la persona un adolecente o el mismo
Faraón—Dios cumplen su propósito usando todas
circunstancia para su gloria. Cuando una persona es rebelde
en su corazón, rebelde contra Dios y rebelde contra la
autoridad de la Biblia como Palabra de Dios, pondrá excusas
como: No puedo entender cómo en el Antiguo Testamento
Dios pudo haber ordenado a los israelitas que masacraran a
tantos hombres, mujeres y niños… Es espantoso y aterrador.
¿Cómo Dios pudo haber hecho tal cosa? No puedo aceptarlo.
Cuando alguien habla de esta manera demuestra inmadurez
espiritual. Quien resiste a Dios no quiere considerar la
revelación como un todo para ver que Dios es Dios. La
respuesta es que Dios permitió que toda esa gente fuese
matada. El sabe por qué lo hizo. Entre otras razones, esos
pueblos probablemente tenían enfermedades venéreas.
Además eran idólatras incorregible y criminales. Dios sabe lo
que se hace. Cuando Dios actúa y opera en distinto niveles,
podemos poner en El toda nuestra confianza. Nunca debemos
cuestionar con incredulidad lo que Dios hace o permite que
suceda en la historia o en nuestras vidas. Trata de indagar, de
manera de entender sus caminos. Eso está bien. Pero la
incredulidad que tiene en menos la sabiduría de Dios ya es
terreno peligroso. Necesitamos examinar nuestra actitud para
con los propósitos divinos. Debemos decir” Creo y confío en
Ti, Señor. Ayúdame a entender tus caminos”. Pero nunca
digamos” No puedo creer ni entender, así que dime porqué
hiciste esto”.
El señor estaba con él
José era un esclavo próspero (Génesis 39:2). La mayoría de
los eruditos bíblicos concuerdan en que el amo de José era
probablemente la mano derecha de Faraón, tal vez el jefe de
su guardia personal—siempre un puesto de gran jerarquía, en
especial en aquel tiempo. De manera que el joven José, a
pesar de ser esclavo, ostentaba una posición de autoridad
cerca de uno de los más altos dignatarios del gobierno Egipcio
y le iba muy bien. ¿Cuál era el secreto? Muy simple: Una
persona que tiene a Dios en el centro de su vida, siempre es
una persona próspera. En este capítulo ocho veces se
reafirma la presencia de Dios en la vida de José. ¿Quién de
nosotros no desea tener éxito y prosperidad en todos los
ámbitos de nuestra vida? Yo sí. Y por la gracia de Dios
también puede ser una realidad en tu vida porque el Señor
está contigo. Y lo mismo es cierto en cuanto a todos los
creyentes. No es un privilegio limitado a unos pocos. Tú
puedes triunfar y prosperar al margen de las circunstancias
difíciles que estés atravesando. Nunca olvides. En ese
momento José era sólo un esclavo, pero un esclavo que
conoció el éxito. Si quieres triunfar y tener prosperidad, el
secreto está en la presencia del Dios viviente actuando en tu
vida cada día. ¿Está el Señor obrando en tu vida, o acaso
estás dominado por la carne? Es una pregunta crucial. José
prosperaba porque “Dios estaba con él”. Alguien podría
alegar—Bueno, pero el Señor está con cada creyente. Es
verdad, pero en este pasaje esas palabras significan más que
el hecho de que el Señor está con todos nosotros en un
sentido general. Significan que Dios estaba con José de una
manera muy particular porqué José caminaba con el Señor
(Juan 15:5). Aquí hay un principio íntimamente relacionado
que es fundamental en acción. Debe haber algo recíproco. El
Señor está contigo y tú le respondes. Es sólo entonces que
podrá afirmarse:”El Señor está actuando en la vida de esa
persona”. Dios prosperaba al joven José en las más altas
esferas de la vida egipcia. El Señor lo estaba entrenando y
preparando para el gran trabajo que le encomendaría más de
diez años después. José era un esclavo en tierra extranjera,
no conocía el idioma y bien podría haber sido tratado como un
perro. Pero no fue el caso. Llegó a la cumbre con todo éxito
imaginable (Isaías 41:10). Estas palabras no habían sido
escritas aún en los días de José, pero me agrada pensar que
el Señor susurró estas mismas palabras al corazón del
muchacho. No sé cuál es tu situación particular. Tal vez estés
pasando por un momento turbulento inesperado. Recuerdo
hace años atrás que uno de los miembros de nuestro Equipo
dejó su trabajo por nosotros, no porque hubiera un problema
sino porque fue tiempo de Dios para esa importante decisión.
Era un músico que nos ayudaba en las cruzadas. A medida
que se acercaba el tiempo de su partida, en mí interior yo me
sentía desesperado. No podía imaginarme sentado en la
plataforma sin tener en nosotros a ese hombre de Dios, que
era un gran amigo. Me parecía el fin del ministerio. Recuerdo
que estábamos en Guatemala, y yo me sentía inquieto y
angustiado. Llegué a pensar que estábamos terminados como
Equipo. Esa semana, mientras hacía memorización bíblica
tuve que aprender Isaías 41:10. Debí repetírmelo ciento de
veces y al final tuve paz. Y Dios ha bendecido a nuestro
Equipo de una manera tremenda, utilizándonos en pueblos,
ciudades, países, y ahora en continentes enteros. Tal vez
estés atravesando una situación similar a la del joven José.
Quizás a los ojos de otros no sea un asunto de vida o muerte,
pero a ti te parece insuperable. El Señor te promete”No
temas, porque yo estoy contigo”.
Privilegio puesto a prueba
Ese era el secreto del éxito de José: La presencia de Dios
prometida y real, y la bendición divina en tu vida. Cuando José
empezó a prosperar, pudo haber pensado: Por fin he triunfado
ampliamente en esta cuestión de la esclavitud. Ahora estoy a
cargo de este lugar, y voy a perseverar en este puesto. Soy
administrador de las propiedades y bienes de uno de los
hombres más importante del país. Actuaré con mucha cautela
y aquí me quedaré. Mis hermanos creyeron que me habían
hecho mal, pero mírenme ahora. El Señor ha honrado mi fe. Y
de pronto, cuando todo parecía ir de maravillas para José,
aparece una tremenda tentación, la tentación de la esposa de
su amo
(Génesis 39:6-19). José era “de hermoso semblante y bella
presencia”. Un muchacho bien parecido. Todos somos “de
hermoso semblante y bella presencia”—para alguien. Pero Dios
fue fiel y libró a José de esta tentación y de la misma manera
podemos confiar en que El nos dará el medio para escapar de
la tentación. La divina promesa dada hace 2000 años aún tiene
vigencia (1 Corintios 10:13). En cuanto a la mujer de su amo
hallamos varias características sobresalientes que condenan su
forma de actuar:
Codiciosa:
En primer lugar: “puso sus ojos” en José (v.7) comenzó a
codiciarlo. Aunque la codicia empieza en el corazón, vez tras
vez en la Biblia el Señor enfatiza la importancia de la mirada.
Para muchos la codicia se inicia precisamente allí. La tentación
tiene su origen en nuestro ser interior, pero lo primero que se
advierte es algo que llama la atención a nuestros ojos.
Desvergonzada:
En segundo lugar, la mujer era una desvergonzada. Dijo a José:
“Duerme conmigo” (v.7). No fue sutil. La pasión, en contraste
con el amor, es desvergonzada. Puede parecer amor, pero
fuera del matrimonio no tiene cabida.
Persistente-sagaz:
En tercer lugar, la mujer fue persistente. Día a día acosaba a
José con sus demandas. En cuarto lugar, era sagaz. Leemos
que llamó a José “para acostarse al lado de ella, para estar con
ella” (v.7). Comprendía que José no iba a caer en una tentación
sexual directa. De manera que su salida fue decirle “Y bueno, si
es que eres tan exagerado y moralista, estemos juntos mientras
mi esposo está de viaje. Eso no puede ser malo”. Recuerdo
haber visto un libro titulado
“Juegos que juega la gente”. Hace tiempo en una revista leí un
artículo titulado “Juegos inocente que juega la gente”. Sin
embargo, los jueguitos allí descrito no tenían nada de
inocentes. Eran juegos sucios, muy comunes hoy día en nuestra
sociedad. Todos los flirteos que vemos en las fiestas y
reuniones sociales---las insinuaciones indiscretas, los roces
“casuales”—se aceptan como normales. Y esto no sólo sucede
a nivel secular, sino también está contaminando los encuentros
entre cristianos. Hombres en la iglesia hacen proposiciones
deshonesta a las mujeres de la iglesia, aunque en apariencia la
proposición parezca inocente. Cosas tales como: ¿La puedo
acompañar hasta su casa? ¿Tomamos un café?. En este asunto
de la inmoralidad, hay dos viejos trucos que los hombres usan
con las mujeres. Con muchachas jóvenes, el viejo engaño es
cuando el novio le pregunta: ¿Me quieres?—si ella contesta.
Entonces el pide que se lo demuestre. Miles de jóvenes
ingenuas han caído en la inmoralidad siguiendo ese
razonamiento. Y sigue sucediendo vez tras vez. Incluso en
nuestra era de sofisticación las mujeres siguen cayendo en la
misma trampa. Y por otro lado está el engañoso truco al que
sucumben muchas mujeres casadas en un momento de
debilidad. Se encuentran con el viejo amigo de la juventud,
quien galantemente dice “Cristina, qué alegría y qué sorpresa.
Estás espléndida. No has cambiado en absoluto desde que te
vi por última vez en la secundaria” ¿Es una broma? ¿Quién
puede creer semejante cosa después de veinte años y cuatros
hijos?. Pero quién tiene motivos adicionales a una simple
galantería, sabe que esta treta funciona a las mil maravillas. Es
un comentario que hace bien a la vanidad femenina, y muchas
mujeres creen estas mentiras baratas. Algo muy dentro de
nosotros ansía creer mentira de Satanás tales como: “Hace
años que tu esposo no te dice una palabra en cuanto a lo
hermosa que estás, Cristina. Y sin embargo este viejo amigo es
lo primero que menciona luego de veinte años. ¿Acaso no
podría ser el verdadero amor que has estado buscando por
tanto tiempo?.
Maquinadora:
Y en quinto lugar, la esposa de Potifar era maquinadora.
Después de haber esperado meses quizás, por fin encontró el
momento perfecto (Génesis 39:11-12). Tal vez haya planeado
todo de manera que en la casa sólo estuvieran ellos dos. Así
que fue a José, lo tomó de las ropas y lo abrazó—una mujer
desesperadamente apasionada y egoísta. No era amor, aun
cuando incluso hoy a la pasión se le llama “amor”. Es por eso
que hasta hogares cristianos se están haciendo pedazos.
¿Cuáles son los razones? Muchas, pero a menudo una pasión
maquinadora tiene mucho que ver, y en repetidas ocasiones es
el último golpe, el golpe de gracia.
Amor: Hoy sí, mañana no.
José resistió la prueba, que en realidad le ayudó a convertirse
en el joven triunfante que Dios deseaba que fuera. Hay que
tener sumo cuidado con las artimañas y mentiras del diablo
que nos hacen creer que pasión es equivalente a amor; que
porque te pones nervioso, inquieto y te entusiasmas al conocer
a una persona, eso es señal de amor, y que porque “es amor”
existe el derecho a la intimidad sexual. No es amor, y tal
derecho no existe. Aquí tenemos la prueba de ello: En el
momento en que José rechaza a la mujer, el así llamado
“amor” se convierte en profundo odio. La pasión se transforma
en un desesperado deseo de destruir a José. En muchas
ocasiones la pasión es precisamente odio o un tremendo
egoísmo disfrazado de amor, usando la palabra “Amor” como
excusa.
Las defensas de José
José se protegió de la tentación de varias maneras, y la
Escritura revela cuáles fueron. En el versículo 8 leemos “él no
quiso” En esencia José estaba diciendo:”Mi espíritu hace que
me niegue” En el Nuevo Testamento se nos recuerda (Gálatas
2:20).
Rechazo:
“Estoy crucificado” Cuando nos enfrentamos a estas cuestiones
de tentación sexual y flirteo, creo que como José debemos
llevar todo a los pies de la cruz de Cristo diciendo: “Señor
Jesús, aquí te presento este problema. Sería hipócrita y necio si
lo negara. Soy tentado. A veces me asalta la tentación, y está
es una de esas veces. Pero quiero arreglar este asunto en mi
interior, Señor. Quiero rechazar tanto mental como físicamente
todo lo relacionado con jueguitos sexuales, y hasta el flirteo a
distancia. Quiero solucionar esta cuestión de manera radical”.
Todos tenemos que ocuparnos de resolver esta tentación, y
cuanto más pronto lo hagamos, tanto mejor será. Una vez que
el asunto está arreglado, una vez que ha tenido lugar la
crucifixión del yo, no significa que nunca más has de ser
tentado. Pero cuando la tentación vuelva, la decisión íntima
que hicimos al pie de la cruz hará las cosas más fáciles. Aunque
la tentación se nos presente en la forma más atractiva y
llamativa, puedes considerar que ya está resuelta a la sombra
de la cruz.
Lealtad:
En segundo lugar, lo que dice José en otras palabras es “Estaría
siendo desleal” (vv.8-9)
“Mi amo confía en mí en todo lo relacionado con su hacienda;
él me ha dado toda su autoridad. No me ha prohibido ninguna
cosa, salvo tú porque eres su esposa”.
Sentido común:
En tercer lugar, José dice a la mujer” No me perteneces. Eres su
mujer, no la mía”. Ahora bien, un joven tal vez podría
argumentar “No, claro que no es mi esposa, pero tampoco es
la esposa de ningún otro hombre, es soltera”. El Señor tiene
una persona para ti, y ésa es la única persona que te
pertenece. Y tú perteneces a esa persona. De manera que este
razonamiento de José también es válido para dos personas
solteras. José solucionó el problema en forma intelectual,
utilizando el sentido común. Dios nos ayuda a vencer la
tentación sexual haciendo claro el problema en nuestra mente.
Es cierto que no estamos exentos del deseo, y la tentación
pero según la Biblia podemos manejar la cuestión
intelectualmente “Ella (o él) no me pertenece”. Por lo tanto es
asunto terminado.
Honestidad:
José exclama con respecto a su amo “¿Cómo podría yo hacerle
una maldad tan grande como ésta?” (v.9). Un mensaje muy
claro. Maldad. Las relaciones sexuales fuera de los límites del
matrimonio constituyen sin duda alguna una gran maldad, es
decir pecado. No son jueguitos sin importancia. Este es, sin
duda, uno de los motivos que ésta causando la destrucción de
nuestra sociedad. Si piensas que tales aventuras amorosas no
tienen trascendencia, considera los efectos que está teniendo
en el mundo. La mayoría de los países son pobres y cuentan
con un elevado porcentaje de población ilegítima (en algunos
casos hasta el 70%). Como resultado de la inmoralidad sexual,
hay un terrible sentido de insatisfacción y vacío en la estructura
social. No hay excepción a esta regla. Al margen de la
educación, desarrollo cultural, poder económico e influencia
religiosa de una sociedad, habrá sufrimiento indecible e
infinidad de problemas en razón de la inmoralidad sexual. No
podemos cerrar los ojos a la realidad, diciendo: Es una cuestión
secundaria. Comes, tomas una copa, lo haces y lo olvidas. No,
no te olvidas. La inmoralidad constituye un grave pecado. José
reconoció el hecho de que era pecado contra Dios. Con toda
seguridad que José fue poderosamente tentado como
cualquier otro en la misma circunstancia. Pero arregló la
situación de manera espiritual y a la vez con su razonamiento
intelectual. Solucionó las cosas con el Señor: Está mal. Es
pecado. No me perteneces. No quiero hacerlo. Olvídalo mujer.
Apuntar a lo mejor
Por otra parte, José también fue práctico. Cuando se dio
cuenta de que esta mujer haría todo lo que estuviera a su
alcance para atraparlo, estuvo listo para huir y huyó. La Biblia
nos advierte (2 Timoteo 2:22). Si hay alguien por quien te
sientes tentado—amigo, conocido, sea quien fuere---aléjate de
esa persona de una vez y para siempre. No basta con decir—
Lo comentaré con mi esposo. Voy a orar. Pero ¿Qué otra cosa
puedo hacer?. Recuerdo haber aconsejado a una dama
cristiana, una persona muy capaz y activa en una iglesia
cristiana evangélica. Había comenzado a trabajar en una
escuela donde uno de sus colegas empezó a hacerle
insinuaciones amorosas. Ella se sorprendió, le comentó a su
esposo y ambos oraron por el asunto. Su esposo le dijo que
cuando él era tentado, simplemente sacaba una fotografía de
ella y los niños, y se decía:”Soy casado”. Amo a mi esposa. Hay
que desechar la tentación. El colega hizo otra insinuación y la
mujer contestó: Le he contado a mi esposo. Esto te puede
crear dificultades, así que termina de una vez. Cuando el
hombre insistió por tercera vez, ella cedió y cometió
inmoralidad, no una sola vez sino dos. Luego ella me confesó:
No me siento culpable por lo ocurrido. Sé que está mal. Pero
no tengo remordimiento, y eso me preocupa. No fue suficiente
con decirle al esposo. En mi opinión ella debió haber dejado el
trabajo y huido, como hizo José. Si permaneces donde sabes
que hay una tentación latente alrededor de ti, donde sabes que
te enfrentas a debilidades, corres demasiado riesgos. José dejó
todo y huyó.
Hay esperanza
Dios nos exhorta: (Filipenses 4:8). Todo comienza en la mente,
con nuestro pensamiento. De manera que si nuestros
pensamientos son limpios, es mucho más difícil que Satanás o
las tentaciones ganen terreno “Todo lo puro… en esto pensad”.
Hoy es fácil tener acceso a revistas o libros sucios y baratos. La
literatura corrupta está al alcance de la mano. Muchas
publicaciones femeninas están llenas de material provocativo y
sugerente. Lo mismo sucede con los programas de televisión.
Hasta las revistas informativas están inundadas de corrupción.
Por lo tanto creo que todos los que amamos al Señor
necesitamos que la mente de Cristo esté en acción en nuestra
vida.
La Biblia afirma: “Nosotros tenemos la mente de Cristo” (1
Corintios 2:16). La mente de Cristo es una mente pura. Si nos
mantenemos apartados de influencias que dañan y corrompen,
no hay necesidad de temer ni preocuparse de que hemos de
tropezar o caer en tentación. Y no sólo tenemos la mente de
Cristo sino que también contamos con el poder de Cristo.
Cuando la mente y el poder de Cristo se activan y están
obrando en nosotros, tenemos la victoria segura sobre la
tentación de manera constante. Es una promesa incuestionable
(Filipenses 4:13). Si por otro lado permitimos que nuestras
mentes se suturen de pensamientos impuros, si llenamos
nuestras mentes con basura, no sólo comenzaremos a
fantasear sino que haremos flaquear nuestra voluntad.
Lentamente, casi sin darnos cuenta, iremos debilitando en esta
área crucial. No es fácil referirse al tema, pero siento una gran
carga en mi corazón por aquellos que caen en pecado y luego
se divorcian. Ocurre continuamente a nuestro alrededor. Por lo
tanto, los pasos que dio José son los mismos pasos que
debemos dar nosotros: 1) en nuestro espíritu—estamos
crucificados en la presencia del Señor; 2) en nuestro intelecto--
-solucionamos el problema de una vez por todas, recordando
que nadie me pertenece con excepción mi cónyuge; y 3) en
nuestra voluntad—huimos con determinación firme. Es
entonces que obtendremos la victoria.
Capitulo Siete
Preparado para la prueba
Norman Grubb, un escritor a quien respeto mucho muchísimos
dice en uno de sus libros que todos los personajes bíblicos en
algún momento de sus vidas tuvieron que ser probados por el
Señor, tanto en su cuerpo, en su alma como en su espíritu. Una
vez que la persona pasaba la prueba en cada una de esas
áreas, entonces estaba realmente lista para ser un poderoso
instrumento en las manos de Dios. José fue probado en el
cuerpo y triunfó. Venció la tentación con el poder de la
presencia de Dios en él. Cuando la esposa de su amo se
entregó a él e hizo tan fácil las circunstancias para que
cometiese inmoralidad, José pudo decir NO al pecado. Venció
porque Dios estaba con él y todo el poder de Dios estaba
obrando en su vida. Luego vemos que José es sometido a
prueba tanto en su fe como en su intelecto—es decir en su
alma. Su intelecto, sus emociones y su voluntad tenían que
pasar por la prueba. Iba a ser usado poderosamente por Dios
para impartir “ríos de bendiciones” sobre l pueblo de Israel,
sobre Egipto y sobre el mundo entero. Cuando Dios eligió a
José, tenía en mente un plan de alcance mundial, pero antes
de usar a José debía probarlo al máximo, de manera que su fe
se hiciera más sólida e indestructible. Todos nosotros,
particularmente los que tuvimos la bendición y el privilegio de
ser alcanzados por el Señor cuando éramos niños, tenemos
que atravesar por distintas pruebas que Dios nos envía. No
nos gusta. No creo que a un ser humano normal le agrade
pasar por pruebas. La Biblia declara enfáticamente (Hebreos
12:11). No hay alternativas. El Señor debe colocarnos a
prueba. Años más tarde, al meditar cautelosamente en lo
ocurrido en nuestra vida, podremos contar maravillosas
experiencia de las grandes obras de Dios a nuestro favor.
Pero mientras estamos siendo probados, se nos hace difícil
razonar con inteligencia sobre los tratos de Dios para con
nuestra vida. Le sucedió hasta el mismo Jesús. “! Aun Jesús,
el Hijo de Dios, tuvo que aprender por experiencia lo que es
obedecer cuando la obediencia implica sufrimiento!” (Hebreos
5:8).
En los salmos encontramos referencias a José (Salmos
105:12-22).
El favorito otra vez prisionero
La mujer de su amo se convirtió en su enemiga ya que se sintió
insultada por José cuando éste la rechazó. Ella decidió tomar
venganza y el joven terminó en la cárcel (Génesis 39:19-23).
¿No es maravilloso? El Señor prosperaba a José hasta en la
cárcel. Dios le hace increíble revelaciones, le otorga
responsabilidades fuera de lo común, y luego permite que
pase por pruebas tremendas. Todo comienza con los sueños
de gloria y poderío; pero inmediatamente es vendido como
esclavo. ¡Qué contraste! Luego se convierte en el administrador
de la casa del asistente del Faraón, pero recibe falsas
acusaciones. Además vence la tentación en el poder de Dios, y
¿Cuál es el resultado? Una prisión inmunda. Después, como
veremos más adelante, interpreta los sueños de su compañero
de prisión, un importante siervo de Faraón, pero en cuanto el
hombre sale de prisión, se olvida de José.
¿No podrías elegir a otro para variar?
A este joven le debe haber resultado terriblemente difícil lo que
Dios estaba tratando de hacer en su vida. En la obra EL
VIOLINISTA EN EL TEJADO, el protagonista principal, al hablar
sobre los judíos que eran tan maltratados, mira hacia el cielo y
dice:--Señor, yo sé que somos tu pueblo elegido.
Y luego considerando todos los problemas y persecuciones
agrega con su ruego:--¿No podrías elegir a otro, para variar?.
A veces los hijos de Dios atraviesan pruebas y tribulaciones. Y
tal vez se sientan tentados a decir:--Si soy uno de los elegidos,
¿cómo sería entonces si no lo fuera? ¿Por qué tengo que
atravesar por todo esto?. Ahora bien, mientras gozamos de
buena salud y todo va bien, no se nos ocurre pensar tal cosa.
Pero cuando debemos enfrentar la muerte o una grave
enfermedad en nosotros o nuestros seres queridos, o cuando
quedamos en la bancarrota, pareciera que de inmediato
perdiéramos el gozo. Olvidamos las promesas y enseguida
miramos al cielo, preguntando:--¿Y, Señor?
¿Qué ha sucedido con todas tus promesas?.
No debemos olvidar los atributos de Dios. Dios es un Dios que
está en control del universo. Dios gobierna el mundo. A veces
no lo pareciera, pero es un hecho inobjetable. Y cuando
prevalecen las guerras y la persecución, tal vez nos
preguntemos si Dios sigue siendo soberano. Tengamos la
seguridad de que El está en control de las cosas. No hay fuerza
opositora que pueda interponerse con los planes divinos. El es
supremo y nada ni nadie puede contra El. La envidia, el odio, el
exilio y la esclavitud sólo contribuyeron a que se cumpliesen los
propósitos de Dios en la vida de José. Los hermanos de José
pensaron:--Si, acá viene el soñador. Librémonos de él y
veamos qué pasa con sus sueños de grandeza. En sus mentes
carnales se dijeron:--Vamos a destruir los planes que Dios tiene
para él.
Extraño camino al trono
La esclavitud llevó a José un paso más cerca del trono de
Egipto. Fue una extraña manera de llegar a la eminencia, pero
fue el plan de Dios para José. El Señor tenía un propósito muy
especial, una experiencia inigualable.
Y Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Así bien lo
expresa Bill Bright, de Cruzada Estudiantil y Profesional para
Cristo, en las CUATROS LEYES ESPIRITUALES: “Dios te ama y
tiene un plan maravilloso para tu vida”. Para cada uno de
nosotros—hombre, mujer, joven, niño—Dios tiene algo
especial, una tarea, un ministerio que será lo mejor para
nosotros si caminamos cerca del Señor y estamos atentos a su
voz. Dice Dios (Jeremías 29:11). Podemos tener la certeza de
que Dios tiene un plan singular para cada uno. El así lo
promete. En Génesis capítulo 15, el Señor había profetizado a
Abraham y a sus descendientes que serían esclavos en un país
extranjero, y que después de 400 años El los sacaría de allí con
riquezas. De manera que a través de José Dios estaba llevando
a cabo detalles del pacto hecho con Abraham décadas atrás.
Estaba comenzando a cumplir sus propósitos, permitiendo que
este adolescente fuese vendido como esclavo y llevado a
Egipto. Si somos honestos, la mayoría debemos admitir que
cuando éramos más jóvenes soñábamos con llegar a la
cumbre. Mis hijos soñaban con ser grandes jugadores de
fútbol. Yo sinceramente nunca creí que sucedería, pero ellos
seguían soñando. Luego cambiaron su meta y decidieron que
ser convertirían en músicos cristianos famosos, deseaban
cantar para el Señor. Después modificaron sus metas. El hecho
es que siempre soñaron grandes sueños. Yo creo que es
propio que soñemos porque Dios el Señor tiene para cada uno
una experiencia cumbre, un ministerio que quiere llevar a cabo
por nuestro intermedio.
Un lugar para todos
Conocemos una pareja que vive en un pequeño pueblo de
unos 1000 habitantes, y Dios ha usado a este matrimonio para
alcanzar a muchísima gente. Hemos oído testimonios de
drogadictos que fueron liberados de la droga a través del
ministerio de estos amigos míos. Recuerdo el caso de una
pareja que todos los domingos viajaban 80 kilómetros para
poder asistir a las reuniones en esta pequeña iglesia
pueblerina. La vida de estos amigos siempre ha sido un
tremendo ejemplo para mí, recordándome cómo Dios puede
usar vidas que están totalmente consagradas a El. En un
pequeño pueblo ellos están cumpliendo con el cometido que
Dios les señaló, y es asombroso ver lo que sucede en este sitio
para la gloria de Dios. El Señor tiene un lugar y una tarea
especial para casa uno de nosotros. Cuando descubrimos cuál
es el lugar y cuál es la tarea, El empieza a obrar a través de
nosotros (Santiago 4:6-10). José tuvo grandes sueños que el
Señor le dio—no sueños carnales sino dados por el Señor. Sin
embargo, Dios lo envió en esclavitud. Seguramente fue muy
difícil para José, tanto intelectual como espiritualmente, aceptar
las circunstancias, ser acusado por una mujer apasionada y
lasciva, y luego sentenciado a prisión. Pero el Señor estaba con
José, quien se humilló ante Dios y a su debido tiempo fue
exaltado por Dios. Tale vez hace tiempo el Señor te haya dado
una visión, y no obstante pareciera que esa visión nunca ha de
cristalizarse en tu vida. Tal vez José se repitiera lo mismo vez
tras vez. Fueron largos meses en la cárcel. El tiempo pasaba y
nada sucedía. La tentación hubiera sido decir: Señor, ¿qué es lo
que pasa? Mis hermanos me odian. Me vendieron como
esclavo. ¿Y los sueños me que distes? ¿Fueron simplemente
promesas que imaginé?. Sin embargo Dios gobierna el mundo.
Dios es supremo (Salmos 2:4), y acerca de El se ha escrito
(Salmos 76:10). Y en cuanto a nuestros enemigos y a las
situaciones que parecieran estar en contra de los designios de
divinos, Dios puede utilizar todo para cumplir su voluntad. Dios
sentado en su trono sonríe al contemplar cuán frenético es el
vivir de sus enemigos. El Señor no se inmuta ni se confunde
por los enemigos de su causa; tampoco se intimida cuando
nosotros debemos pasar por pruebas, tribulación y oposición
de parte de sus enemigos. En realidad El se ríe de sus
enemigos. Las Escrituras señalan que hasta la ira del hombre
resulta en alabanza a Dios. El puede tomar la obra de sus
enemigos, y transformarla completamente para su gloria. Es
maravilloso.
¿Es necesario todo esto?
Pero qué confusión para José. ¿Puedes imaginarte lo que
cruzaba por su mente cuando era un esclavo, y luego en
prisión?--- ¿Y, Señor? ¿Adónde han ido todos aquellos
maravillosos sueños? ¿Qué sucedió? Aquí estoy, en esta sucia
cárcel, y me habías dicho que todos se postrarían ante mí. Me
dijiste que hasta las estrellas, el sol y la luna se inclinarían ante
mí. ¿Qué estoy haciendo, entonces, en esta prisión?.
Seguramente fue muy duro para él y también a nosotros nos
resulta difícil cuando las cosas no van como creemos que
debieran ir. Hace varios años estábamos haciendo preparativos
para ministrar en España. La situación era desalentadora. No
había dinero. Tuve que ir a España sin los compañeros del
Equipo a quienes tanto necesitaba para las reuniones. No
pudimos comprar parte del material indispensable ni tampoco
pudimos pagar ciertos gastos que creíamos que debían correr
por nuestra cuenta en España. A pesar de todo, cuando
llegamos nos dimos cuenta de que el Señor había permitido las
cosas. Al margen de que las circunstancias no sucedieron de la
manera en que nosotros pensábamos, fuimos testigos de un
gran triunfo para su gloria en España. Una vez allí comprendí
que haber llevado al director de canto hubiera sido una
pérdida de dinero ya que en el teatro no se nos permitía
cantar. Y de otras muchas maneras Dios mostró que El estaba
actuando y tenía control sobre las situaciones. Nos dio una
tremenda victoria. Para sorpresa, miembros del parlamento
español vinieron a la cruzada. Importantes funcionarios del
gobierno asistieron y escucharon el mensaje del evangelio. En
resumen, fui a España con una carga en el corazón, solo y
desalentado. Pero el Señor lo sabía todo y era soberano sobre
todo. De la misma manera, también tú puedes experimentar
esta realidad. Las pruebas del joven José en la cárcel tenían
como objetivos convertirlo en un hombre. El había sido el
favorito de su padre, siempre tratado de manera especial. Tal
vez José fuera un tanto indisciplinado y hasta consentido.
Aunque el potencial estaba latente, el Señor tuvo que permitir
que fuera a prisión para que saliera de allí no un niño
consentido sino un hombre maduro y responsable.
Se necesitan hombres con temple de acero
Hoy día necesitamos cristianos fuertes en el cuerpo de Cristo.
La Biblia exhorta (1 Corintios 16:13). La iglesia de Cristo necesita
hombres de verdad. Todos debemos ser convertidos en
hombres y mujeres de Dios fuertes, y para ello debemos pasar
por problemas, tribulaciones y experimentar esperanzas que se
demoran. Y Dios, quien es fiel, permitirá que atravesemos por
experiencias que han de transformarnos en verdadero adultos
y no en niños grandulones.
Por naturaleza yo soy una persona activa. Me gusta hacer las
cosas rápidamente y a mi manera. Me resulta insoportable
cuando la gente---quienquiera que sea---se interpone en mi
camino. Si alguien lo hace, tengo la tendencia a exasperarme
sobremanera y asustar a las personas, hasta que al fin digan
“Dejen el camino libre a Luis para que pueda actuar” No es fácil
para mí entender que el tiempo de Dios es mejor que el mío y
que la voluntad del Señor, es mejor que la mía. Pero lo cierto
es que el Señor es plenamente capaz de llevar a cabo sus
propósitos sin ayuda de mis esfuerzos carnales. En nuestra
época ésta es una reacción muy normal. Por su parte, tal vez
José haya tenido esta tendencia. Pero Dios sabía que se
acercaban años de hambre, de manera que tuvo que hacer de
José un hombre con temple de acero. El Señor es omnisciente
y sabe cosas que nosotros ignoramos (Salmos 105:18 y 19). Dios
estaba moldeando a José, convirtiéndolo en un hombre de
acero. Según una antigua versión inglesa, en la cárcel “el hierro
candente se abrió paso hasta el alma”.
José tenía que convertirse en un hombre fuerte y resistente
antes que Dios en verdad pudiera usarlo.
Comencemos de una vez
Para una persona activa, no puede haber nada más frustrante
que la demora. No podemos simplemente quedarnos sentados
cuando las cosas se retrasan. Nos frustramos. Y sin embargo
(Romanos 8:28). Creo que citamos este versículo con
demasiada ligereza. Sin embargo, es una de las verdades más
poderosa de toda la Biblia. Todas las cosas resultan a bien para
aquellos que aman a Dios y confían en El. Lo admirable en José
es que no trató de forzar ni manipular las cosas. Todo lo
contrario. Hizo lo apropiado, allí en el lugar dónde estaba, en
el momento adecuado. Y eso tiene una importancia crucial. Su
padre Jacob trató de manejar las circunstancias y terminó
desperdiciando su vida. Muchos otros han intentado manipular
las situaciones de manera carnal, y el Señor ha debido hacerlos
a un lado hasta que abandonaran sus propios intentos de
forzar la mano de Dios a través de personas y situaciones,
queriendo hacerlo todo a su manera. No fue el caso de José. El
sencillamente hizo lo adecuado allí donde estaba. En la biblia
hay un hermoso pasaje bíblico muy apropiado para este tema
tan interesante (Proverbios 3:5-6). José permaneció en la
cárcel, hizo lo que debía hacer, y nuevamente llegó a la
cumbre. En realidad el carcelero nada tuvo que ver en todo el
asunto ya que era Dios quien estaba en acción, cumpliendo sus
propósitos a través de la vida de José.
Fiel en las cosas pequeñas
Viene a mi mente el caso de un joven que acudió a dos
cristianos maduro en busca de consejo. Deseaba casarse y
estudiar en un instituto bíblico, pero debía una considerable
suma de dinero. La respuesta podría haber sido
“ Confía en Dios y comienza a estudiar en el seminario” pero
sin embargo el sabio consejo bíblico que recibió fue: No debes
considerar el matrimonio ni los estudios hasta tanto hayas
pagado todo lo que debes. Ante todo debes hacer lo que es
correcto, y dejar de soñar con cosas “superespirituales”.
Muchos soñamos con grandes logros espirituales pero no
queremos ocuparnos de los pequeños detalles aunque
importantes detalles de la vida diaria. Creo que ésta es la razón
por la que Dios nunca usa a muchos cristianos. Jesucristo dijo
(Lucas 16:10). En mi opinión, una de las características de un
líder es que es fiel en las cosas pequeñas. La persona que
ahora está a pagar todas sus cuentas, a mantener su casa en
orden y hacer lo apropiado, ha de ser honrado por Dios.
Es culpa de los demás
Otro de los aspectos sobresalientes en la vida de José es que
no sintió amargura ni resentimiento en su corazón ni para
quienes lo trataron injustamente (Génesis 40:15). Es interesante
notar la expresión que utiliza José:
“Fui hurtado de la tierra de los hebreos”. No dice
“Mis hermanos cobardes me traicionaron, me pusieron en una
cisterna, y me vendieron por 20 piezas de plata”. Esa era la
realidad, y sin embargo José dice: “Fui hurtado”. No
encontramos ningún rastro de amargura. ¿Por qué? Porque
veía la mano de Dios obrar en su vida y confiaba en El. La
mayoría de nosotros—y por supuesto me incluyo—cuando
hallamos dificultades u obstáculos en el camino, tratamos de
culpar a los demás. Si la gente no se interpusiera, podría
evangelizar a 250 millones de personas, luego jubilarme y
pasar el resto de mi vida tranquilo con mi esposa Patricia. Pero
no puedo acabar el trabajo que Dios me ha encomendado
porque los demás apenas me impiden el camino. No ofrendan
suficiente dinero y obstruyen mi camino. El Señor está tratando
de enseñarme algo en este aspecto. Conozco la verdad en
teoría, y sin embargo debo aplicarla a mi vida. Una cosa en
conocer un principio intelectualmente, y otra muy distinta es
dejar que Dios cumpla su voluntad en nosotros cuando
atravesamos dificultades. Un pastor muy amigo mío suele
decir:”Ay del hombre que debe aprender principios y verdades
en tiempos de crisis”. Un principios es una doctrina o verdad
fundamental, una regla prefijada de acción o de conducta. Hay
que aprender principios bíblicos sólidos ahora, porque la crisis
ha de venir y las pruebas han de llegar, de eso no caben
dudas. Pero si conoces y pones en práctica los principios de la
Palabra de Dios ahora, en el momento de la prueba tendrás la
estabilidad de Cristo para estar firme, pasar por ella, aprender
la lección y salir triunfante, lleno del Espíritu Santo para gloria
de Dios.
El yugo no es fácil
Dios puso su pesado yugo sobre José, pero ese yugo fue lo
precisamente produjo fruto. A los 17 ó 18 años, bastante
tiempo después que mi padre muriera, yo era un joven
rebelde. Me preguntaba “¿Por qué las cosas son tan difíciles
para nosotros?”. Muchas veces me quejaba—generalmente al
Señor, pero una vez me quejé a un predicador. El compartió
conmigo un pasaje bíblico en el libro de Lamentaciones. En ese
momento me fastidió, pero jamás lo he olvidado
(Lamentaciones 3:27). A través de los años he recordado esas
palabras. Si llevas su yugo desde tu juventud, es porque el
Señor tiene algo muy especial para ti y debes estar preparado
(Mateo 11:28-30). El yugo no parece fácil ni cómodo a quienes
están atravesando dificultades. El yugo es pesado.
Lamentablemente, muchos predicadores hablan de la vida
cristiana, diciendo:--La vida cristiana es difícil. Es duro seguir al
Señor. No crean que es fácil ser un discípulo de Jesucristo, es
muy difícil. Pero quiero advertirte que es mucho más difícil aun
si no perteneces a Cristo. El yugo de Cristo es un yugo cómodo
porque El lo lleva con nosotros. Cuando dos bueyes están
unidos en el arado, el yugo los une. Jesucristo nos dijo: Yo llevo
el yugo con ustedes. Si prueban mi yugo, verán que es
cómodo y liviano. Los que en realidad tienen problema son
quienes no están bajo el yugo del Señor. ¿Quién les ayuda a
sobrellevar las cargas?. A quienes estamos bajo el yugo de
Cristo nos resulta más sencillo porque el Señor Jesús lo lleva
con nosotros. El apóstol Pablo presenta esta idea en un
hermoso pasaje bíblico (Gálatas 2:20). José no había escuchado
las palabras de Gálatas 2:20, pero conocía la experiencia de
llevar el yugo del Señor. El Señor en todo momento estaba con
él dándole ánimo. Dios estuvo con él hasta en la cárcel. José
pasó por problemas, tribulaciones y angustias, pero venció. El
Señor lo sacó súbitamente de la cárcel y en unos pocos días
estuvo al lado del mismo Faraón. Era el héroe nacional. ¿Por
qué? Porque estaba unido en yugo al Dios viviente. No importa
la dificultad ni el problema que enfrentes, el gran secreto de la
victoria es sencillo: humillarse “bajo la poderosa mano de Dios”
de esa manera, “El a su debido tiempo los ensalzará” (1 Pedro
5:6).
Capitulo Ocho
Dispuesto a olvidar
Otra vez hacia arriba
Mientras José aún estaba en la cárcel, interpretó los sueños del
Faraón y el panadero de Faraón. En aquel tiempo, el jefe de
los coperos no simplemente servía el vino sino que era uno de
los asistentes personales de Faraón. Poco tiempo después el
jefe de los panaderos fue ahorcado y el jefe de los coperos
liberado.
Una noche el Faraón tuvo un sueño sobre siete vacas gordas y
siete vacas flacas. José interpretó el sueño como siete años de
abundancia y siete años de hambre en la tierra, y hasta sugirió
a Faraón un plan de acción para que su pueblo no muriese de
hambre (Génesis 41:37-46). ¡Qué gran responsabilidad para un
joven de 30 años!. Pero para que José se convirtiese en el
segundo hombre del imperio más grande del mundo a los 30
años, desde los 17 tuvo que caminar con Dios en pureza y
sumisión. Esto dice claramente que si deseas ser un hombre o
una mujer de Dios a los 30, es mejor que hayas vivido para
Dios desde los 17.
Y el relato continúa (Génesis 41:46-52). Estas dos cosas, olvidar
y fructificar, deben ir en ese orden. Si quieres llevar fruto, debes
olvidar. Y una vez que olvides, Dios puede hacerte fructificar.
Aquí vienen los hermanos
(Génesis 42:1-6) Encontramos una escena increíble. Al fin los
sueños de José se estaban convirtiendo en realidad. Esto
muestra la ironía de Dios. Estos diez hombres no se
imaginaban que estaban besando los pies de su hermano José.
Y allí los tenemos, con sus rostros en el suelo e inclinándose
ante él (Génesis 42:7-24).
Años más tarde cuando Jacob, el padre de José, estaba a
punto de morir, pronunció una profecía sobre cada uno de sus
doce hijos. La profecía para José fue la siguiente (Génesis
49:22-26). Jesucristo afirmó (Juan 15:16).
Cómo llevar fruto
La voluntad de Dios para todos los hombres y mujeres es que
sean fructíferos en su tarea de ganar a otros para Cristo. El
sueño de cada cristiano verdadero es producir fruto. No hay
nada más triste que un cristiano improductivo. Ahora bien,
Dios no desea fruto que haya sido conseguido con la energía
de la carne. El no quiere frutos que resulten en jactancia u
orgullo, sino fruto que provenga de Dios mismo, como
resultado de la vida de Cristo en nosotros. José—juntamente
con muchos otros personajes bíblicos y con cristianos de
nuestros días—sufrió de un modo indecible. Fue traicionado,
acusado falsamente, olvidado de una manera casi criminal. Y
sin embargo, no vemos en él ni una pizca de amargura. Vio la
mano de Dios sobre su vida y en sus problemas, y se negó el
derecho de culpar a otros por lo que le sucedía. Fue así que se
convirtió en un hombre útil para el Señor. Tuvo dos hijos,
Manasés y Efraín. Los nombres no podrían haber más
apropiado. Manasés significa “olvidar”. Cuando nació su primer
hijo, José lo llamó Manasés, dando a entender que “Dios le
había hecho olvidar la angustia de su juventud y la pérdida del
hogar de su padre”. Cuando nació su segundo hijo, lo llamó
Efraín que significa” fructífero”, declarando
“Dios me hizo fructificar en la tierra de mi esclavitud” (Génesis
41:51-52). En realidad, es muy sencillo ser un cristiano con fruto.
Dios está en ti. Dios vive dentro de ti. Cristo vive en nosotros.
¿Por qué, entonces, hay tantos cristianos improductivos? ¿Por
qué no producen fruto que honren el nombre del Señor? Creo
que una de las razones es que no han aprendido a olvidar.
Revive constantemente su pasado, vuelven a vivir recuerdo de
viejas ofensas y agravios, y están llenos de resentimientos. A
menos que olvides el pasado, perdones lo que quedó atrás y
pongas tu mirada en el ahora en Cristo, nunca habrás de
producir fruto.
José tenía derecho al resentimiento
José tenía razones suficientes para dar lugar a la amargura, y
tal vez también sea tu caso. Después de una de nuestras
reuniones evangelísticas, una conocida de mi esposa se acercó
mí y a ella. Parecía desesperada. Su esposo, con quien había
estado casada por 27 años, la había abandonado. La mujer lo
acusaba de ser el más grande hipócrita del mundo. Ambos
rondaban los 50 años en ese entonces. En su desesperación, la
mujer había intentado quitarse la vida. ¡Qué triste!. Y sin
embargo es difícil echarle por ello. Aparentemente, esta mujer
tenía todo el derecho de estar llena de amargura. Pero si
continúa con esa actitud, nunca más podrá volver a ser una
cristiana con frutos para el Señor. Hay mujeres con esposos
infieles, y lo más natural sería resentirse. Tal vez uno que se
llamaba “hermano” te haya engañado en los negocios.
También habrá jóvenes que comprometidos con quien de
pronto dijo: “Esto se acabó”. Ya no te quiero”. Y ante tantas
situaciones dolorosas, pareciera que tenemos todo el derecho
a la amargura. Era el caso de José, pero él perdonó a sus
hermanos de todo corazón. El apóstol Pablo nos exhorta
(Efesios 4:32) y (Romanos 12:19).
Venganza
Es fácil querer tomar venganza en la carne. Por naturaleza soy
colérico. Se dice que los coléricos son vengativos y por
naturaleza yo lo soy. Mi papa falleció cuando yo tenía 10 años.
Nos dejó algunas propiedades y dinero. Sin embargo a mi
madre no le jugaron limpio, y en tres años quedamos en la
pobreza total. Estábamos llenos de deudas porque una
persona cercana a la familia aparentemente quiso tomar
ventaja de nuestra situación. A medida que fuimos creciendo y
comprendimos lo que había sucedido, mis hermanas y yo
tratamos de convencer a mi madre para que se vengase,
contratara a un abogado e hiciera juicio. Pasaban los años, y mí
amargura aumentaba. Soñaba con vengarme de quienes nos
habían hecho mal. Pero la Biblia es clara cuando dice que la
venganza es de Dios. El es quien hace justicia, lo cual no
significa que permite a la gente salirse con la suya. Sí, en
cambio significa que la venganza no nos corresponde. Dios
mismo quiere llevar a cabo el juicio, tal vez ahora, tal vez en el
futuro pero El lo hará. Mama siempre citaba versículos acerca
de no acudir a los tribunales de justicia, y perdonó el incidente.
Pero nos llevó 20 años terminar de pagar todas las deudas. Yo
nunca comprendí por qué mí madre no quiso llevar el asunto
ante los oficiales de la ley. Sin embargo, hasta el día de hoy
recuerdo la lección que nos enseñó mamá con su actitud.
Varias décadas después sigo refiriéndome a lo ocurrido. Ella
simplemente rehusó tomar el asunto por sus propias manos y
olvidó lo que le hicieron. Esta gente tiene ahora mucho más
dinero que nosotros, pero ¿qué importa? Dios nos ha colmado
de bendiciones, nuestra conciencia está limpia y tenemos
oportunidades para llevar fruto… para servirle…para vivir en
plenitud.
José perdonó y olvidó. Primero tuvo que perdonar. Ahora bien,
quizás alguien argumente: “Luis, usted no entiende. Yo soy una
persona muy sensible. No puedo olvidar el asunto así como
así”. Tal vez digas” Lo que sucede, Luis es que usted tiene
metas y objetivos y puede olvidar porque se concentra en
dichas metas, pero yo soy muy sensible”. En realidad, lo que
esa persona está diciendo es que no está dispuesta a perdonar.
Es fácil encubrir un espíritu no perdonador llamándolo
“sensible” ya que suena mejor. Hay además otro aspecto digno
de mencionar en el caso de José. El no sólo perdonó y olvidó
sino que también, como hombre de autoridad, era responsable
de hacer algo con la conciencia de sus hermanos. En realidad
porque ya los había perdonado, pudo entonces guiarlos a que
se arrepintiera. Si no los hubiera perdonado, Dios nunca lo
habría podido usar para restaurar a los hermanos. Pero hubo
perdón de su parte, y Dios lo utilizó para causar
arrepentimiento y restauración. En lo personal los había
perdonado por completo, pero como hombre en el poder se
vio en la obligación de tratar con ellos al nivel del gran pecado
que habían cometido. Quienes de una u otra manera están en
posición de autoridad, deben aprender este principio—aunque
no es sencillo distinguir la diferencia entre ambos aspectos. Si
has sido herido, debes perdonar. Pero como persona
responsable por otros, tal vez tengas que ayudar a que el
ofensor regrese al Señor. Y El nos ayudará a hacerlo, a pesar de
lo difícil que nos resulte dar ese paso.
Saca los trapos al sol
¿Notaste que cuando José trató con dureza a sus hermanos,
éstos inmediatamente recordaron sus pecados como si los
hubieran cometido el día anterior? Habían transcurrido 22
años, y no lo parecía. Además como pensaron que José no
podía entender lo que ellos conversaban, se dijeron unos a
otros (Génesis 42:21). ¿No es interesante? Una conciencia turbia
tiene una memoria increíble y los recuerdos persiguen a la
persona año tras año. Quizás varios trapos que debas sacar al
sol, cosas que durante mucho tiempo has pretendido ignorar.
Tal vez sea un pequeño incidente, algo que alguna vez hayas
hecho pero nunca solucionado. Hasta tanto arregles las cosas
no será posible que lleves fruto para Dios. Los hermanos de
José no solamente recordaron lo ocurrido, sino que
nuevamente comenzaron a acusarse unos a otros. Rubén
levanta el dedo acusador: ---¿No les dije?. Allí todos estaban
discutiendo como si estuvieran junto en la cisterna veintidós
años atrás:--¿No les dije que no debíamos pecar contra el
muchacho?—dice Rubén airado—Pero ustedes
no me quisieron hacer caso. Ahora vamos a morir por haberlo
matado. Puedo imaginar a José mirando con compasión a sus
hermanos y escuchándolos discutir el uno con el otro. Eran
niños espirituales. Cuando José los oye discutir, se conmueve
de tal manera que sale del lugar y se va a llorar a solas. Una
imagen hermosa. Quien perdona a otro, llora; no por el daño
que ha sufrido por la necia inmadurez de la otra persona. Si me
pongo en lugar de José, sé lo que humanamente hablando
hubiera hecho yo. Me hubiera puesto de pie, y hubiera
exclamado: traidores, ¿saben quién soy? Soy José, el hermano
que ustedes hicieron tanto mal. Ahora soy importante, tengo
poder sobre ustedes, y les voy a dar su merecido. Pero no fue
lo que hizo José. Y en su proceder hallamos una lección
admirable. José no hace reproches ni recriminaciones porque
es un hombre de Dios. No obstante desea tratar con las
conciencias de los hermanos, de manera que se retira de la
sala pues no puede contener el llanto. La Biblia dice:” Si tu
enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de
beber” (Romanos 12:20). ¿Recuerdas lo que sucedió cuando los
hermanos se preparaban para regresar a Canaán? José había
ordenado a sus criados que pusieran trigo en las bolsas y
devolvieran el dinero que cada uno había pagado. Así que
cuando abrieron los sacos y de dieron cuenta de que también
el dinero les había sido devuelto, sus conciencias culpables
malinterpretaron estos regalos. En vez de decir”Gloria a Dios.
No sabemos por qué lo hizo, pero nos devolvió el dinero”. Sus
conciencias sucias preguntaban “¿Por qué habrá hecho esto?
¿Está tratando de librarse de nosotros?. Una conciencia
culpable malinterpreta las mejores intenciones.
Yo soy José
Y finalmente llegamos al clímax del relato (Génesis 44:16-18).
Aquí vemos al pobre Judá totalmente quebrantado, convertido
en vocero de sus hermanos. Al final todos están quebrantados
por sus pecados. Al fin se dan cuenta de que el pecado de
haber vendido a José años atrás—figura de toda su
pecaminosidad—se había descubierto. Están arrepentidos.
Tienen miedo. Caen en la cuenta de que han arruinado sus
vidas. Están plenamente humillados ante José, quien entonces
les revela su identidad. El verdadero arrepentimiento va
acompañado de completa revelación por parte de José.
Cuando se arrepienten de corazón, José les dice: “Yo soy José,
hermanos de ustedes. No tengan miedo. ¿Está bien mi padre?.
Jesucristo dijo (Mateo 5:8). La culpa en nuestra conciencia
oscurece nuestra visión de Dios. Cada vez que en nuestra
conciencia hay cosas que no han sido solucionadas o
confesadas, nuestra visión de Dios se desvanece o se
distorsiona. José pudo revelarse a sus hermanos abierta y
honestamente porque había sido capaz de perdonarlo.
Recordemos que los dos hijos que tuvo, Manasés (olvidar) y
Efraín (lleno de fruto). Una vez que José perdonó, estuvo en
condiciones de olvidar. Sólo después de olvidar se puede
producir fruto para gloria de Dios. Si continúas recordando
incidentes y tratas de culpar a los demás todo el tiempo, debo
hacerte una seria advertencia. Si el pasado no tiene solución,
entiérralo en el olvido. De otra manera, no sólo te apagarás
espiritualmente por el resto de tu vida, sino que además serás
un cristiano improductivo y estéril, sin frutos para el Señor. Y
también recuerda que debes perdonarte a ti mismo. Hay
muchos que a pesar de que Dios, los ha perdonado, llevan
sobre sí una culpa innecesaria. Sucede que no pueden aceptar
el perdón divino. Esa no es la voluntad de Dios para tu vida. El
quiere que lleves frutos abundantes. De manera que ante todo,
perdona al ofensor en el poder del Señor, como Dios te ha
perdonado en Cristo, y luego olvida. El apóstol Pablo declaró:
(Filipenses 3:13-14). Olvida y pon tu mirada en el plan de Dios
para tu vida. En la Biblia también la siguiente exhortación
(Hebreos 12:15). Si permites que aparezcan raíces de amargura
en tu vida, no sólo causarás problemas serios, sino que
también dañarás la vida espiritual de muchos, contaminándolos
con tus actitudes y tus acciones. Ahora bien, tal vez digas:--
Luis, puede ser fácil para usted eso porque todo le va bien. Te
aseguro que no siempre las cosas van bien. Pero eso no viene
al caso. Lo que importa es el mandamiento del mismo Señor”
Que no haya raíz de amargura”. José olvidó todo y como
resultado llegó a ser una tremenda y fructífera bendición al
resto del pueblo. Todos sin excepción pasamos por
experiencias potencialmente devastadoras en la vida. Una raíz
de amargura puede resultar en generaciones de desdicha y no
vale la pena. Como tampoco vale la pena la angustia mental
que se amargo resentimiento ha de producir. Recuerdo a una
mujer cristiana, ya mayor, madre de cuatros hijos que había
tenido éxito en muchos aspectos. Ella jamás podía mantener
una conversación sin hacer mención de su infeliz niñez. Su
madre había muerto y su padre se había vuelto a casar. Ella
nunca pudo perdonarlo por eso, y en su mente había
constante recuerdos de incidentes tristes y dolorosos en
cuanto a la ya fallecida madrasta. Es interesante, aunque al
mismo tiempo muy triste, observar cómo en esta familia se
cumple la advertencia bíblica de que muchos pueden ser
contaminados. La segunda generación, cuatro hijos que han
formado sus propios hogares, tiene la misma tendencia de
recordar de manera constante injusticias pasadas, y esos cuatro
hogares lejos están de ser el ideal de Dios. Hay plantas muy
pequeñas pero con raíces muy profundas. José vio que la
mano de Dios, soberana y misecordiosa, estaba obrando en la
historia. Su respuesta a la situación fue: “Ustedes intentaron un
mal, pero Dios lo transformó en bendición”. Por esa razón
pudo perdonar e ignorar las circunstancias humanas y poner su
mira en el Dios que controlaba todo. ¿El resultado? José tuvo
paz. Pudo ver y confiar en la mano de Dios que actuaba detrás
del escenario. Dios declara: (Hebreos 10:17). Una vez escuché
decir una gran verdad:”El Dios que lo sabe todo puede
perdonar todo y olvidar todo”. Es maravilloso. Y ese mismo
Dios puede ayudarte y ayudarme a olvidar y mirar hacia
adelante. ¿Por qué no olvidas el pasado y te conviertes en un
cristiano con fruto? Esa es la clave para que los propósitos de
Dios se cumplan en tu vida. No olvides las palabras de Jesús
(Juan 15:16).
Capitulo Nueve
Llamado a ser figura de Cristo
Dios aún tiene control
Hemos estado considerando cómo Dios obró en la vida de
José. En primer lugar, vimos la soberanía de Dios, el Dios
todopoderoso poniendo su mano en el muchacho José,
dándole un sueño, eligiéndolo, llamándolo y revelándole a él.
Le digo “José, tengo un gran plan para tu vida, y voy a
mostrarte parte de de lo que vendrá”. Así que cuando José
tenía 17 años, le da un sueño, y más tarde otro más.
Luego vemos la mano de Dios obrando en la vida de José,
mostrando la autoridad y el dominio divino. Dios en control de
cada circunstancia—Dios supremo, reinando y sometiendo a
los enemigos que trataban de interponerse en el camino del
éxito de José. También vimos la voluntad permisiva de Dios,
permitiendo que José fuera vendido como esclavo, dejando
que José fuese tentado por la mujer, permitiendo que fuera
puesto en la cárcel, permitiendo que José fuese olvidado allí en
la prisión. Vimos la fidelidad de Dios obrando para que José se
convirtiera en el principal en la casa de Potifar, y luego
permitiendo que “fuese al descenso” nuevamente, vimos un
Dios de promesas. Vimos a José actuando en el Espíritu de
Dios cuando perdonó a sus hermanos. Los perdonó de
corazón y no quedó en el ni una huella de amargura. Ni una
sola vez les recriminó su proceder. Ni siquiera una vez actuó
como si fuera a tomar venganza. Para nada. He allí la mano de
Dios sobre José.
Predica a la conciencia
Años atrás, cuando empecé a estudiar la Biblia y a prepararme
para predicar, leí libros de Juan Darby, el gran predicador del
siglo pasado. Darby dijo”Cada vez que prediques, predica ala
conciencia”. Ese es en verdad el deber de todo predicador. Si
queremos ayudar a la gente, debemos llegar a la conciencia---
no de una manera acusadora sino ministrando en el Espíritu
para que la conciencia despierte. La conciencia de los
hermanos de José, estaba bien despierta. Después de 22 años
recordaban con exactitud lo que había hecho José y lo que
José había dicho cuando lo arrojaron a la cisterna. Y la
conciencia los indujo a discutir otra vez y a pelearse. El extraño
método de José para con ellos hace que la conciencia quede al
descubierto. Hasta parecería cruel la forma en que actuó con
los hermanos, particularmente con Benjamín. ¿Por qué lo hizo?
¿Por qué puso José su copa preferida en la alforja de
Benjamín?. Una vez que los hermanos hubieron dejado la
ciudad, envió guardias, diciendo “Deténgase. Alguien ha
robado la copa de nuestro señor”. En realidad no había sido
robada. Había sido colocada en la alforja de Benjamín en forma
intencional. Los guardias buscaron con diligencia y la
encontraron. Entonces los hermanos debieron regresar, y
presentarse otra vez ante José (Génesis 44:1-13).
La actitud es lo importante
¿Por qué José decidió que el centro del ataque sería Benjamín,
el hermano a quien tanto amaba? Planea las cosas de manera
que tuviesen que regresar a Egipto, y sigue simulando que no
sabe quiénes son, todo porque quería tratar el asunto a nivel
de conciencia. Había dos actitudes que quería examinar y
corregir en sus hermanos. La primera era actitud que tenían
hacia padre. Habían sido crueles con Jacob. En Siquem habían
mostrado ser hombres de violencia (Génesis 34). José sabía
que ellos habían tenido que mentir al padre y le habían
destrozado el corazón al tratar de explicar la desaparición del
mismo José. Así que quería saber si se habían humillado y
arrepentido. En segundo lugar, José quería saber cuál era la
actitud que tenían para con Benjamín. Benjamín era el único
hermano directo de José. Jacob había comenzado a tratarlo
como solía a tratar a José, de modo que José deseaba saber si
los hermanos habían modificado la actitud hacia Benjamín,
quien, por así decirlo, era figura de José. Por consiguiente,
manejó las cosas haciendo aparentar que todos los problemas
radicaban en Benjamín. Y como ellos no sabían, quien era José,
no sabían que podía entender su idioma, con toda seguridad
sus sentimientos los traicionarían. Lo que hizo podría parecer
muy cruel, pero a veces la conciencia necesita que se le trate
con dureza. Estos eran hombres duros. No se darían por
vencidos fácilmente, y José lo sabía. De modo que los hizo
llegar al límite hasta que por fin se humillaron—no tanto ante
él sino ante Dios. Judá, el vocero de los demás, se postra ante
José (Génesis 44:16).
Al fin hubo, quebrantamiento. Entonces José dice en su interior
“Ahora sí puedo darme a conocer”.
Sustitución y restitución
Quizás te resulte difícil aceptar que tus pecados, son
perdonados y tus culpas borradas. Una vez me dijeron “Para mí
es más fácil aceptar que Dios me ha perdonado que
perdonarme a mí mismo”. Es más sencillo aceptar que tu
esposa te perdona por lo que has hecho que perdonarte a ti
mismo. Si encuentras trabas para creer y aceptar que Dios y
los demás te han perdonado de manera que puedas tener paz
con El—te insto a que recuerdes dos palabras: sustitución y
restitución. Sustitución: significa que no sólo debes creer en la
obra de la cruz y en que Dios puso tus pecados en Jesucristo,
sino que además tú, por la fe, dejas tus pecados a los pies de la
cruz. Esto es, precisamente lo que enseña la Escritura. Que
Jesucristo tomó sobre sí el pecado por el que no puedes
perdonarte tú también. Pero creo que en tu corazón debes
tomar el simple paso de fe por el que el dejas toda tu carga en
el Señor. Eso fue lo que el Padre hizo en la cruz. Y hay otro
paso aun, la restitución: que señala el motivo por el cual
muchos no pueden perdonarse ni vivir en la sinceridad de Dios.
Es preciso que vayas a la persona que hayas ofendido o
lastimado y arregles cuentas con ella. Tal vez sea tu novia a
quien tiempo atrás hiciste sufrir, y el recuerdo te persigue—ve
y soluciona las cosas. Tal vez sea un negocio deshonesto, y
estés consciente de que hiciste mal. Aunque nadie más lo sepa,
y aunque la ley no pueda condenarte, ve y arregla las cosas. Lo
que hermanos habían hecho a José, había tenido lugar hacía
22 años. José no tenía sed de venganza. En realidad no le
importaba. Estaba en la posición más alta que hombre alguno
pudiera desear. Además, en su corazón había perdón
completo. Pero los hermanos debían arreglar la cuestión. Y
hasta que tú saldes tus cuentas, no tendrás plena paz ni podrás
ser un cristiano con fruto para el Señor. Y todo podría tener
origen en una cuestión pequeña, aparentemente sin
demasiada importancia.
Una caja de lápices de colores
Recuerdo que cuando era niño, un día en el colegio robé una
caja de lápices a un amigo mío
(que hoy es un hombre llamado Juan Payne). Esa caja de
lápices siguió en mi conciencia durante años. Recuerdo que en
oración arreglé mis cuentas con Dios. Tiempo después me
bauticé, me consagré a Dios y dije que le quería servir. Pero en
muchas ocasiones cuando me arrodillaba para hablar con el
Señor, sentía una voz en mi interior, la voz del Espíritu Santo,
me decía: “Está bien, Luis, yo te he perdonado, pero un día
tendrás que confesar y devolver a Juan esa caja de lápices que
le robaste hace tanto tantos años”. Todo eso se volvió una
pesada carga en mi conciencia. Pasaron los años, y cuando
cumplía los 25, un día llegué de visita a otro país. Allí me
dijeron: “Luis, hay un pastor de una iglesia que quiere que
vayas a comer con él. Su nombre es Juan Payne”. Yo me
preguntaba si podría ser mi viejo amigo de la escuela. Fui a la
comida y resultó ser el Juan que yo conocía. Después de
charlar un rato, le dije—Juan, tengo que hacerte una confesión
muy seria, y te ruego que me escuches y me perdones porque
tengo la conciencia transparente. Han pasado ya muchos años
y llevo esta carga en mi corazón. ¿Qué puede ser?—contesto
Juan—Yo no recuerdo ningún mal que le haya hecho. Entonces
le conté lo de la caja de lápices, y se rió de buena gana. Por
supuesto, Luis---contestó--, claro que te perdono. Mira, te
quiero regalar diez cajas de lápices—repliqué yo. Por favor,
acéptalas. No quiero ni siquiera una—me contestó--- ¿Para
qué las necesito?. Lo que yo necesitaba era el perdón de Juan,
y luego de la confesión tuve el deseo de reponer lo que había
robado a mi amigo. Desde ese momento tuve una profunda
paz en cuanto a ese incidente. Es maravilloso cuando Dios te
ayuda a limpiar la conciencia. Quienes con su consejo ayudan a
la gente en este aspecto, tienen un ministerio incomparable.
José puede haber parecido cruel. Pero por lo general, el
pecado produce culpa también es cruel. Por cierto, que la
restitución puede ser muy difícil, y pudiera parecernos cruel
que Dios nos pida que arreglemos las cuentas. Pero piensa en
lo crueles que fuimos nosotros, en muchas maneras, cuando
hicimos el mal.
¿Se extienden tus ramas sobre el muro?
José se convirtió en una persona fructífera.
(Génesis 49:22-26) ¿Eres cristiano que lleva fruto? ¿Se
extienden tus ramas sobre el muro? ¿Eres bendición para los
demás? ¿O eres como esos cristianos despreciables que se
pasan la vida buscando bendición y solicitando consejo?. Por
cierto que todos necesitamos consejo cuando atravesamos
dificultades, pero están aquellos quienes el pedir consejo se ha
transformado en un hábito extremo. Se aferran a otras “ramas
de Dios” como si fueran monos espirituales, y son totalmente
improductivos. Jamás son bendición espiritual a los demás.
Dios quiere que tú y yo seamos ramas fructíferas. Hay muchas
personas desesperadas que necesitan de nosotros. Hay mucho
que hacer. De modo que deja de asirte de las ramas y
conviértete en una. El Señor quiere que produzcamos fruto. La
Escritura dice (Juan 15:5)
(Juan 15:16).
Dios hizo que José produjera frutos desde su juventud
Cuando una persona comienza a servir a Dios en su
adolescencia, puede llevar fruto desde el comienzo. No hay,
razón para esperar hasta la adultez. Lo que esperan son
desdichados. Pero quienes empiezan desde temprano son
bendecidos y producen desde su juventud, como José.
Consideremos esos frutos. En primer lugar; tuvo sueños que se
hicieron realidad. En segundo lugar, revelaba a Dios en su vida.
Recordemos que hasta Faraón, un pagano, admitió: “Qué otro
hombre tiene el Espíritu de Dios como este hombre”. En tercer
lugar, se convirtió en la segunda persona más importante, ya
que Faraón era sólo una figura decorativa. En cuarto lugar,
evitó el hambre y la destrucción en Egipto y en toda la tierra.
En quinto lugar, vemos el fruto de una familia feliz. Dios le dio
una esposa y dos hijos, imagen de una familia fructífera. No me
cabe duda de que la vida de José hizo que su esposa pagana
se convirtiera a la fe del Dios viviente. En sexto lugar, José
produjo fruto al proteger del hambre a su padre y hermanos.
En séptimo lugar, fue un instrumento de los propósitos de Dios
para que Israel fuese a Egipto, a fin de que se cumplieran las
promesas de Dios. En octavo lugar, buscó la bendición de su
padre para sus hijos, y fue la alegría y el gozo de Jacob. En
noveno lugar, era una de las tribus de Israel, y se convirtió en
dos. Doble bendición de Dios y doble fruto. Todas las demás
tribus permanecieron con el nombre original, pero Dios
subdividió a José y utilizó a sus hijos para multiplicar la
influencia de José. ¿Recuerdas cuando el anciano Jacob
dijo:”Que el pueblo de Israel use el siguiente dicho como
bendición “Dios te haga próspero como Efraín y Manasés”.
Jacob estaba por terminar sus días en Egipto. Está por morir y
José y sus dos hijos piden una audiencia (Génesis 48:8-12).
En ese momento José era el segundo en importancia en todo
el mundo. Cuando oyó que su padre estaba a punto de morir,
vino con sus hijos y solicitó una entrevista con el anciano. Aun
cuando era el principal hombre del país, ante quien todos se
inclinaban respetuosamente, José va a su padre con toda
humildad. Nadie más estaba en la habitación, cierra la puerta,
retira a sus hijitos de las rodillas de Jacob, y se inclina a tierra.
Jacob da su bendición
Allí vemos a José, el líder mundial, y también vemos al
anciano—encorvado, ciego y lleno de achaques. Pero era su
padre, el hombre por quien sentía un profundo respeto. A
pesar de todas sus debilidades, Jacob era un hombre de Dios.
Y José, era un grande entre los grandes del mundo, se inclina
ante su padre con el rostro en tierra. ¿Por qué? Porque le pide
que bendiga a sus hijos. Es una escena emocionante (Génesis
48:13-16). En aquel tiempo la bendición del padre, en especial
de un patriarca, era de importancia suprema. No se trataba
simplemente de que quien recibía la bendición recibiría la
herencia, como hoy sucedería en parte, con un testamento. En
ese entonces, había también una dimensión espiritual. Cuando
el padre o el abuelo daban una bendición con la mano
derecha, era como un toque de Dios. Era un hecho crucial. La
idea era que el primogénito recibiría el doble o la bendición
especial que lo convertiría en líder indiscutido de la familia. Sin
embargo, muchas veces en la Biblia hallamos que las manos se
entrecruzan antes de impartir la bendición: “A Jacob amé, a
Esaú aborrecí” (Jacob era el menor y Esaú el mayor). Ahora
José trata de maniobrar la situación. Pensó: “Papá no puede
ver. Si va a poner su mano derecha donde corresponde, es
decir sobre el mayor, será mejor que lo coloque a su derecha”.
Pero el anciano cruzó sus manos, y estaba a punto de bendecir
al menor más que al mayor.
Bendiciones en nuestro tiempo
Aunque los occidentales nos resistimos a admitirlo, creo que
algo en el alma de cada ser humano nos hace desear la
bendición de un hombre mayor. Tal vez lo deseemos
secretamente. Seré honesto; es lo que yo deseo en mi corazón.
Creo que a todos nos encantaría, aunque parezca un signo de
debilidad. En el Antiguo Testamento era algo de suma
importancia. El gran interrogante de la vida era: “¿Quién va a
poner su mano de bendición sobre el niño?”. Estoy convencido
de que quienes vamos avanzando en edad, debemos tomar en
serio el asunto de ser “padres en Cristo”. En las Escrituras
leemos acerca de “hijitos, jóvenes, padres” (1 Juan 2). Me
encantaría ser esa clase de padre espiritual y cuanto más
pronto mejor. Recuerdo a un niño de unos 10 años que cierta
vez se me acercó. Yo puse mi mano sobre su cabeza. No le di
mi bendición, pero me hizo pensar. Hay algo solemne en el
hecho de que un hombre que ama a Dios y camina con Dios
ponga su mano sobre su cabeza diciendo” Creo que Dios va a
utilizarte”. Es algo que jamás se olvida. Recuerdo a un
respetable anciano de una iglesia que cuando yo cumplí los 25
años me dijo: Luis, creo que el Señor va a usarte para que
millones vengan a Jesucristo. Y espero vivir para verlo con mis
propios ojos. Para mí esas palabras fueron como del mismo
Señor. Jamás las olvidé. Y se han cumplido en gran manera. La
bendición de un pastor dejó huellas imborrables en los
profundo de mi alma. No creo que se deba practicar
livianamente, pero sí creo que hay momentos en que
deberíamos hacerlo en el nombre del Señor. Cuando Carlos
Spurgeon, el famoso predicador británico del siglo pasado,
tenía 6 años, un predicador fue a la casa de su abuelo. Una
mañana durante el desayuno este predicador tomó a Carlitos,
lo sentó sobre sus rodillas, y le dijo: “Creo que esté niño será
un instrumento de Dios para predicar el Evangelio en toda
Inglaterra y para ganar miles de almas para Jesucristo”. El niño
sólo tenía 6 años, pero nunca lo olvidó. A los 16 años comenzó
a predicar, y a los 20 estaba predicando a multitudes de
20,000. Después de aquel desayuno, el predicador llevó al niño
al jardín, lo sentó junto a él, y durante dos horas le dio
consejos. Extraordinario, ¿verdad?. Nuestra reacción para con
niño de 6 años hubiera sido—Déjame tranquilo y vete a jugar.
Pero este predicador notó algo en Spurgeon, le dio consejos,
le dio su bendición, y el niño Spurgeon se convirtió en uno de
los más grandes predicadores de todo los tiempos.
Bebés espirituales
Creo que debemos de dejar de ser bebés espirituales y
convertirnos en padres espirituales. El mundo lo necesita de
una manera tremenda. Lamentablemente hay que reconocer
que muchos de nosotros no somos sino bebés espirituales.
¡Qué tragedia! Dios quiere que seamos padres. A mí me
resulta emocionante y conmovedor ver a José, con su rostro
en tierra presentando a sus hijitos al abuelo, diciendo: “Padre,
bendícelos”. No prestamos demasiada atención a los niños,
adolescentes y jóvenes que nos admiran más de lo que
podemos imaginar. Se acercan a nosotros, y nos saludan o
nos sonríen. A decir verdad, últimadamente estoy más
consciente de esto. Cuando un niño pasa a mi lado corriendo,
y me dice:”! Hola, Luis!” y se aleja de inmediato, trato de
averiguar cómo se llama y de hablarle luego, porque estoy
convencido de que el Señor puso en la criatura el deseo de
saludarme. Todos tenemos una autoridad espiritual que nunca
usamos, o con la que simplemente jugamos. Y sin embargo
podríamos ser de gran bendición a otros, como lo han sido
para nosotros. Mi papá falleció cuando yo tenía 10 años, así
que yo siempre transferí a mí madre el concepto de autoridad.
Si mamá aprueba algo, no me interesa lo que diga el resto del
mundo. Si ella dice” Alabado sea el Señor”, no me importa
que otros critiquen.
¡Ella es mi madre!. Cada uno tiene responsabilidad para con
las viudas y los huérfanos; responsabilidad para con las
mujeres que se han divorciado, y responsabilidad para con los
hijos de padres divorciados. Nuestra responsabilidad es ser
para padres en el Señor Jesús. Como hombres y mujeres de
Dios debemos impartir la bendición que un padre infiel no dio
a sus hijos.
Ser como Cristo
Primero tuvo que perdonar, luego olvidar, después hubo que
fructificar y entonces fue llamado a ser figura de Cristo. Esta
fue la gloria suprema de José. José fue figura de nuestro
Señor Jesús. Se dice que si estudiamos las Escrituras, hemos
de hallar cientos de paralelos entre la vida de José y la vida
de Jesucristo. Nuestro Dios es un Dios que transforma, un
Dios que se deleita transformando el carácter de la gente. Le
encanta entrar en tu vida, y en la mía, y hacernos personas
plenas, como Jesucristo. El quiere convertirnos en hombres y
mujeres de Dios. Mi continua oración es que, a medida que
pase el tiempo, mi esposa, mis hijos, los miembros de mi
equipo y la gente que yo amo, vean en mí más y más las
características de Jesucristo. Cada cristiano debiera tener el
mismo deseo en lo íntimo de su corazón. San Pablo expresó
ese deseo para con los demás cuando dijo (Gálatas 4:19).
Estemos llenos de Cristo, que El sea formado en nosotros. Tal
es el deseo de Cristo. Y es también Pablo quien exhorta (2
Corintios 3:18). Cuando nos quitamos la máscara, cuando
dejamos de mostrar lo que en realidad no somos, cuando
caminamos con Dios en transparencia, cuando miramos cara
a cara descubierta, somos transformado de gloria en gloria y
cada vez nos vamos pareciendo más a El.
¿Pero cómo?
La respuesta es sencilla (1 Tesalonicense 5:24). El Señor lo
hará. El te llamó, y El mismo lo hará. Tenlo por seguro. Con
algunos tomará más tiempo que otros porque algunos somos
más obstinado. Pero el Señor ha de hacerlo si cooperamos
con El y le permitimos que obre en nuestra vida. Y cuanto más
pronto, tanto mejor. José, figura de Cristo. ¿De qué manera?.
En primer lugar, al comparar la vida de José con la de
Jesucristo, notamos que José fue amado tiernamente por su
padre y honrado por sobre los demás. Del mismo modo,
Jesús, fue honrado por Padre celestial. En segundo lugar,
José fue odiado por sus hermanos y vendido por 20 piezas de
plata. Sin embargo, recibió honra de algunos gentiles. La
Biblia dice, refiriéndose al Señor Jesús (Juan 1:11-12). En
tercer lugar, José fue acusado falsamente, pero no respondió
a las acusaciones y fue puesto en prisión. Así también el
Señor Jesús fue falsamente acusado, no respondió y fue
llevado a la cruz. En cuarto lugar, José fue puesto en la cárcel
con otros dos que habían quebrantado la ley. Uno de ellos fue
condenado y el otro liberado. Esto nos recuerda al Señor
Jesús en la cruz con un ladrón a cada lado. Uno de ellos
condenado, y el otro salvado. En quinto lugar, José
aparentemente fue enterrado y olvidado. El Señor Jesús fue
sepultado y sus enemigos pensaron que se habían liberado
de él, pero al tercer día resucitó. En sexto lugar, José fue
elevado al lugar de más prominencia. Cuando el Faraón le
hacía recorrer las calles, los líderes de la nación iban delante
de él diciendo:”Doblen sus rodillas ante José”, y cada egipcio
debía inclinarse ante el joven José. Y en la Palabra de Dios
leemos (Filipense 2:10). En último lugar, quiero mencionar
que José salvó del hambre a millones, y pudo traer a los
suyos a una tierra de abundancia, donde les dio un lugar
especial. El Señor Jesús ha salvado a millones de la eterna
condenación y ha dado un lugar especial al pueblo judío.
Estos son sólo algunos ejemplos, paralelos limitados, que nos
recuerda que José fue una hermosa figura del Señor
Jesucristo. ¡ Y qué inmenso privilegio parecerse en muchos
aspecto al Señor Jesús!. El secreto radica en la cara
descubierta (2 Corintios 3:18).