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Menezes 2015

Este artículo analiza las relaciones entre la legislación arqueológica, la cultura material y las comunidades locales. Discute cómo las leyes patrimoniales se apoderan de los artefactos arqueológicos, categorizándolos como patrimonio nacional o universal y despojándolos de su significado para las comunidades. También examina cómo prácticas arqueológicas alternativas como la arqueología comunitaria abordan esta problemática reconociendo los vínculos entre las comunidades y su cultura material. Finalmente, critica

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Este artículo analiza las relaciones entre la legislación arqueológica, la cultura material y las comunidades locales. Discute cómo las leyes patrimoniales se apoderan de los artefactos arqueológicos, categorizándolos como patrimonio nacional o universal y despojándolos de su significado para las comunidades. También examina cómo prácticas arqueológicas alternativas como la arqueología comunitaria abordan esta problemática reconociendo los vínculos entre las comunidades y su cultura material. Finalmente, critica

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Las cosas están vivas: relaciones entre cultura material,

comunidades y legislación arqueológica

These things are alive: relationships between material culture,


communities, and archaeological legislation

Lucio Menezes
Departamento de Antropología y Arqueología
Universidad Federal de Pelotas. Rio Grande do Sul, Brasil
Investigador del CNPq
luciomenezes@[Link]; [Link]@[Link]

Recibido: 10-12-2014
Aceptado:11-03-2015

Resumen
Este artículo analiza las relaciones entre legislación arqueológica, cultura material y comunidades. Presenta un pano-
rama histórico de las legislaciones sobre patrimonio cultural en el Occidente y sus usos contemporáneos. Posterior-
mente, discute la manera en que prácticas arqueológicas alternativas, como la Arqueología comunitaria, examinan
dicho problema. Esta discusión general, que será hecha en la última parte del artículo, es muy relevante actualmente,
especialmente en Brasil, país que se encuentra abrumado por la Arqueología empresarial.

Palabras clave: legislación arqueológica, comunidades, cultura material, arqueología empresarial.

Abstract
This paper deals with the relationship between different sets of archaeological legislation, material culture and commu-
nities. First it presents a historical sketch of the heritage legislation in the West and its contemporary uses. Secondly,
it shows how alternative archaeological agencies, such as community archaeology, deal with these problems. The dis-
cussion is especially relevant in Brazil, where contract archaeology is presently overwhelming, and the issue is raised
in the last part of the paper.

Key words: Archaeological legislation, communities, material culture, contract archaeology.

Complutum, 2015, Vol. 26 (1): 37-48 37 ISSN: 1131-6993


[Link]
Lucio Menezes Las cosas están vivas: relaciones entre cultura material...

“Lo que une a los individuos no es cemento” internacionales. Generalmente, cosas arqueológi-
(Norbert Elias. La sociedad de los individuos, cas y comunidades se incluyen en la retórica pe-
1939) dagógica de los nacionalismos, la cual disemina
a la Nación entre cada uno de sus miembros (Dis-
semiNation, conforme el creativo neologismo de
Introducción Homi Bhabha 1990). Ambas están atadas por el
ligamento pegajoso de la “comunidad imagina-
La relación entre cultura material y comunida- da” (Andersen 1983): ningún individuo de una
des permite múltiples aproximaciones, a partir nación, por pequeña que ella sea, conoce todas
de áreas disciplinares muy diversas. Una de las las cosas arqueológicas con las que se compone
cuestiones centrales, puntualizada bajo diferen- su identidad nacional.
tes matices en el libro organizado por el antropó- Las legislaciones arqueológicas tienen el po-
logo Arjun Appadurai (1988), se refiere a cómo der de nombrar las cosas que definen identidades
las cosas tienen vida social y se enraízan en las nacionales, a despecho, casi siempre, de los de-
cosmologías de las comunidades. Los estudios seos y deliberaciones de las comunidades loca-
sobre materialidad discuten los modos en que di- les. Aquel sitio y todas sus cosas están ahí, en la
chas cosas y sociedades se co-producen y cómo comunidad; la comunidad puede pisarlo, mani-
la cultura material sirvió y aún sirve, como punto pular las cosas que forman el “registro arqueoló-
de apoyo para el gobierno, nacional o colonial, gico”; usarlo como fuente de recurso alimenticio
de las comunidades (Buchli 2007; Gosden 2004: o como materialización de lo sagrado (Fourmile
Thomas 1991; Given 2004). Otra aproximación 1989). Sin embargo, la legislación, del lado de
significativa es la del sociólogo Bruno Latour. los arqueólogos y arqueólogas, puede otorgarles
Rompiendo el dualismo sujeto-objeto, propone valor nacional o universal. Y, por más que tanto
una interpretación simétrica entre humanos y arqueólogas como arqueólogos puedan consultar
no humanos y además enfatiza la acción social a las comunidades y considerar sus demandas, la
de las cosas sobre ambos (Latour 2008). En re- legislación, como expresión de poder de sobera-
sumen, en los últimos años descubrimos que la nía de una nación o del estatuto de lo universal,
cultura material está animada. Está viva y palpi- dice a las comunidades que, en efecto, aquellas
ta. Las cosas tienen alma, están estructuradas e cosas están allí, aunque pareciera que no estuvie-
influyen en nuestros comportamientos (Gosden sen. No son, en definitiva, de nadie, sino de todos
2005). Circunscriben memorias sociales, fijan los que viven en una nación o de toda la huma-
calendarios, inspiran celebraciones (Jones 2007). nidad; pertenecen a todos “nosotros”, incluso a
Comunidades y cosas se encuentran enredadas aquellos que nunca las vieron y jamás las verán.
(Olsen 2010; Hodder 2012). Los estudios contemporáneos sobre cultura
Sin embargo, hay una clase de cosas que no material, con sus enunciados acerca de la vida
pertenece plenamente a las comunidades. Conti- social y estructurante de las cosas, raramente se
núa ejerciendo acción social sobre ellas, pero no detienen en esa ambivalencia fundamental de las
les pertenece completamente. Es decir, las cosas legislaciones arqueológicas. Es habitual que es-
están ahí y las comunidades les dan uso, mas tos estudios de cultura material analicen las cosas
reina sobre ellas una ambivalencia fundamental. como significantes; disciernan sobre sus re-se-
Las cosas están en el lugar. Todos las ven. Las mantizaciones, siguiendo los significados cam-
comunidades pueden tocarlas. Pueden darles sig- biantes que adquieren en sus desplazamientos
nificados, asociarlas afectivamente con la memo- por diferentes contextos institucionales, cultura-
ria ancestral, convertirlas en marcos del derecho les y políticos. Describen la larga biografía de las
a la posesión de la tierra y, por consiguiente, de cosas: su renacimiento durante las excavaciones
la lucha por la ciudadanía. No obstante, incluso (hasta entonces estaban enterradas y muertas), su
estando en el lugar, esa clase de cosas gravita en trayectoria en laboratorios, su afiliación a un ta-
lo global, en la categoría difusa de lo universal, xón y su disposición en una colección, hasta su
de lo que pertenece a la nación o a toda la huma- posterior aprisionamiento en las vitrinas de los
nidad. museos.
Me refiero con esto a la clase de cosas que En este sentido, el primer cautiverio de las co-
denominamos arqueológicas. Recaen sobre ellas sas lo decretan las legislaciones arqueológicas.
sanciones legislativas variadas, que abarcan des- Ellas se adueñan de las cosas, modelándolas en
de los niveles municipales hasta los nacionales e una suerte de categorías nacionales y universales.

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Es cierto, igualmente, que las comunidades pre- integrar las comunidades tradicionales el Estado
sionan a legisladores, arqueólogos y gestores del moderno inventó el patrimonio cultural, proscri-
patrimonio cultural para descentralizar la gestión, biendo o adueñándose de los símbolos antiguos.
la salvaguardia y el uso de la cultura material; se Los métodos sangrientos de creación de los Esta-
puede indicar, en las últimas décadas, una serie dos modernos, a partir del Renacimiento, fueron
de cambios en las legislaciones patrimoniales y acompañados por la definición del buen gusto, de
códigos de ética de investigación arqueológica la elección de los estilos que debían ser transmi-
gracias a la acción combativa de movimientos tidos: el reconocimiento de un canon de maestros
civiles (Schofield y Johnson 2006). A pesar de y la delimitación de un corpus artístico que debía
esto, tal como argumentaré más adelante, todas preservarse. Se instituyeron, sobre todo en los na-
estas transformaciones han acabado cooptadas en cientes Estados de la península itálica, legislacio-
favor, principalmente, de la mercantilización de nes de protección y conservación del patrimonio.
la cultura material, de la vía libre para obras de Una de las más célebres es el decreto de 1601,
ingeniería y el turismo globalizado. La Arqueo- por medio del cual el gran duque Fernando de
logía empresarial, aquí, tiene un papel bastante Médici promulgó una lista de dieciocho pintores
marcado: es una “realidad de transacción” (Fou- del pasado cuyas obras no podrían venderse en el
cault 2008) entre las cosas y el mundo liberal, exterior (Gombrich 1992).
una estrategia en los juegos de poder que permi- Se inició así en Occidente, el proceso histórico
ten la neo-colonización de las cosas por medio que transformó al patrimonio en una categoría de
del mercado. Esta arqueología posibilita que el pensamiento y acción social. Al elegir un canon,
mercado, a su vez, se justifique mediante el len- se concebía una manera de comprender el mundo
guaje patrimonial. De modo que hoy, las cosas y actuar en él. De ahí la mezcla entre Estado y ca-
arqueológicas aparecen revestidas no sólo por las non, entre las formas jurídicas de gobernabilidad
tintas del nacionalismo o por los colores del es- y el arte. Se pensaba y se constituía el Estado no
tatuto de lo universal; son, también, fuentes de sólo por la fuerza del Derecho y la conquista, sino
legitimación del mercado. también, como obra de arte, resultado de la crea-
Por esta razón, mí objetivo en este artículo es ción consciente basada en manifiestos y técnicas
discutir el tema de las relaciones entre cultura (Burckhardt 2012). Así, el vocabulario político
material, comunidades y legislaciones arqueoló- de la Modernidad se codificó, desde su inicio, en
gicas. Inicialmente, haré un esbozo histórico de prescripciones sobre los usos del pasado (Skinner
las legislaciones sobre patrimonio cultural en Oc- 1996). Se pasó a seleccionar e institucionalizar
cidente y detallaré sus efectos contemporáneos; la herencia que los muertos legaron a los vivos
luego describiré la forma en la que determinadas (¡una de las manifestaciones filosóficas de esto es
prácticas arqueológicas, por ejemplo la Arqueo- el espanto de Comte con la superpoblación de los
logía comunitaria, lidian con dicha problemática. cementerios!).
Toda esta discusión es bastante pertinente para el En Occidente las sociedades del presente dis-
momento actual, especialmente en el caso brasi- pusieron las reglas del culto al pasado (todas las
leño, que se encuentra abrumado por la Arqueo- sociedades, bien en forma de mito o bien en for-
logía empresarial. Trataré este caso en la última ma de historia, crean sus reglas de culto al pasa-
parte del capítulo, a modo de conclusión. do). El estudio del pasado, inicialmente por me-
dio de la Filología, la Arqueología y la Historia
(por lo menos desde Vico), se vuelve epistemo-
Las cosas en las redes de la legislación lógico, índice de la organización política del pre-
arqueológica sente y germen de la imaginación utópica, de las
proyecciones futuras de la sociedad (Horkheimer
La relación entre cosas y legislación arqueológi- 1970). Dicho giro epistemológico se radicalizó
ca en Occidente tiene una larga historia de genea- en el siglo XVIII, el “siglo de las revoluciones”:
logías y apropiaciones articuladas con el proceso se interroga la actualidad a través del filtro del
de formación de la idea de patrimonio cultural. pasado, del que se seleccionan porciones para
Cuando emergió en la Modernidad, el patrimo- circunscribir la singularidad de una trayectoria
nio cultural fue, sobre todo, creación de las ins- histórica, un “nosotros” que remitiría a una confi-
tituciones jurídicas del Estado. Parafraseando al guración cultural singular (Foucault 1996).
antropólogo Victor Turner (2005), el patrimonio Se acabó entendiendo que la noción de ciuda-
cultural surgió como un momento de paso: al des- danía se encontraba atada inquebrantablemente a

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la Historia, a las cosas, al territorio y a la lengua. De ahí que las cosas arqueológicas se vean
Es decir, desde el siglo XVIII, en un proceso que cercadas por la retórica legislativa de preserva-
no hizo más que acentuarse progresivamente a ción. Pero, ¿cuál es realmente el tono que carac-
partir del siglo XIX, el individuo, el ciudadano teriza esta imaginación legislativa? Tomemos el
del mundo liberal, se volvió impensable fuera de ejemplo de la UNESCO. El lenguaje patrimonial
la red social que lo liga a las tradiciones nacio- de la institución, pese a la incorporación de la no-
nales dictadas por el Estado (Elias 1994). De ahí ción de diversidad cultural, refuerza claramente
la proliferación de leyes que aseguran un destino valores predominantemente occidentales. Eso se
específico a las cosas arqueológicas: estas cosas se observa en la idea de herencia cultural mundial
restauran, preservan, exhiben en los museos y en y universal: reconfigura y se apropia de antiguos
las plazas públicas. La legislación patrimonial – proyectos coloniales al conformar territorios
como praxis en la constitución histórica moderna delimitados por fronteras nacionales (Meskell
de la jurisprudencia – se apoya, de este modo, en 2002). Es innegable, sin embargo, que muchas
un conjunto de conocimientos expertos y ciencias: comunidades, fortalecidas mediante movimien-
se convoca a museólogos, antropólogos, arqueó- tos civiles, han impulsado la reformulación de
logos, historiadores, conservadores y arquitectos las legislaciones arqueológicas. Es el caso, por
para sancionar el veredicto patrimonial. ejemplo, de los aborígenes australianos y de los
Nada de esto nos resulta extraño. En nuestras indígenas norteamericanos, quienes, junto a ar-
sociedades, las prácticas jurídicas, en colaboración queólogas y arqueólogos, garantizan el derecho
con varias ciencias, instituyeron la indagación y el de gestión de su propio patrimonio y de repatria-
examen como forma de llegar a la verdad y crear ción arqueológica (Simpson 2001; Colley 2002;
una técnica de gestión, una modalidad de adminis- Ferreira 2009a). De modo que podemos afirmar
tración estatal de la economía y de la política (Fou- que sin los movimientos civiles no habría crítica
cault 2002). Lo que llamamos patrimonio cultural al canon occidental y al logocentrismo de la retó-
no escapó a esos procedimientos del examen y la rica patrimonial, las legislaciones arqueológicas
indagación: se recurrió a las ciencias para fundar y los códigos de ética de investigación permane-
una razón jurídica sobre el pasado, administrar el cerían estancados y varias disciplinas, como la
legado cultural y decir a los individuos cuáles son, Arqueología de la esclavitud, no habrían emergi-
y cuáles no, sus filiaciones identitarias. En nuestras do (Ferreira 2009b).
sociedades existe, aún hoy, un estatuto jurídico de Partiendo de esto, me pregunto si a estas altu-
las identidades sociales, para cuyo funcionamiento ras de los acontecimientos mundiales, el mercado
se activa la patrimonialización de las cosas. Para y las prácticas nacionalistas no se están apropian-
decirlo con un juego de palabras: desde el siglo do constantemente de dichas legislaciones y có-
XVIII, ningún gobierno gobierna sin patrimonio digos de ética. Cosas y monumentos, en varias
cultural (Ferreira 2009a). regiones del mundo, se ven progresivamente
De modo que, pasada más de una década de atrapadas en las redes de los “nuevos” y “viejos”
siglo XXI, disponemos de una abundancia legis- nacionalismos, tanto en el Este de Europa como
lativa que regula las cosas arqueológicas. Interna- en el Oriente Medio, Japón y China (Kohl et al
mente, en Brasil, tenemos los “Planos Directores”, 2007). En esto proceso, incluso el discurso del
vinculados a las Secretarías de Cultura de los mu- multiculturalismo resulta apetecible, especial-
nicipios; asimismo, a nivel federal, las resolucio- mente en América Latina. Aunque las diversas
nes del Instituto del Patrimonio Histórico y Artís- legislaciones arqueológicas, modelos de gestión
tico Nacional, concretamente la Ordenanza nº. 230 del patrimonio e, incluso, las constituciones mo-
(de 17 de diciembre de 2002), que regula las fases dernas, incorporen el concepto de multiculturalis-
de obtención de permisos ambientales para las mo, lo hacen para homogeneizar las diferencias
obras de ingeniería que impactan o destruyen el e impedirles el diálogo; lo evocan para recrear
patrimonio arqueológico; finalmente, en la esfera narrativas nacionalistas y colonialistas (Guthrie
transnacional, tenemos la actuación, entre otros 2010; Armstrong-Fumero 2009; Gnecco 2009).
organismos, de la UNESCO y, también, varias El problema es que nuestras sociedades, incluso
Cartas Internacionales, emanadas de convencio- admitiendo y celebrando sus culturas plurales,
nes a partir de las cuales se publican documentos no han abandonado la “tiranía burocrática”, con
que guían los procedimientos técnicos y éticos su principio de autoridad centralizada en la Ley
para la investigación, conservación y protección para regir a los individuos y sus identidades (De
de las cosas arqueológicas. Certeau 1993).

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Al encargarse de las cosas, las legislaciones des, invocadas bajo el signo de la multivocalidad
arqueológicas y su reciente apelativo multicul- y del multiculturalismo, asegura la autenticidad
tural, parecen haber confeccionado “mordazas de la industria turística.
sonoras” (Sartre 1979) para grupos subalternos. En el contexto en que trabajo, América del
Las legislaciones arqueológicas han sido hábiles Sur, las cosas arqueológicas, como espectáculos
para actuar como aparatos de captura (Deleuze del turismo global, se conjugan con los procesos
y Guattari 1980), absorbiendo el habla de los de expropiación de tierras para favorecer hote-
grupos subalternos para burocratizarla y darle un les, multinacionales y redes de servicios (Belli y
pretendido tono democrático. Conjugan los ver- Slavutsky 2010; Rivolta et al. 2010). Las comu-
bos del reparto de las cosas, de su gestión comu- nidades se quedan, casi siempre, con las sobras
nitaria, pero solamente para administrarlas mejor de la economía turística; la venta de artesanías y
y retener la diversidad cultural que ellas compo- empleos subalternos, pero nunca con la gestión
nen. ¿Dónde resultan más visibles esas artima- comunitaria de los negocios y, tampoco con la
ñas? Precisamente, en la exégesis de los juristas dirección efectiva de los llamados proyectos de
ingleses del patrimonio, aquellos que, en la línea desarrollo auto-sostenible. Se reconfiguran, de
de John Henry Merryman (2000), John Carman ese modo, las herencias del colonialismo en sus
(2005) y Derek Gillman (2010), tratan el patri- aspectos más evidentes: la apropiación de las his-
monio arqueológico como herencia de toda la hu- torias nativas y la expropiación de tierras.
manidad, como “recurso cultural” que debe ad- El turismo arqueológico está marcado, ade-
ministrarse en foros internacionales y explotarse más, por una paradoja. El turista se sumerge en
como dividendo turístico. Vacían así la pluralidad la ambivalencia de las políticas de representación
de representaciones que las comunidades confie- y gestión del patrimonio cultural. Por un lado,
ren a las cosas, amalgamándolas en solo concep- se encuentra sometido a las retóricas locales del
to. Es significativo que esta vertiente jurídica de patrimonio arqueológico, con sus nociones de
análisis se incluya en los intereses del mercado identidad regional y nacional. Está sometido, por
turístico: lo que interesa del turismo nacional e lo tanto, a la idea de patrimonio como lugar, es
internacional que alimenta tarjetas de crédito, re- decir, a la identidad en tanto que sinónimo de
des de hoteles y compañías aéreas, es, obviamen- territorio compartido, aunque, para el gusto del
te, el consumo. Y el pretexto del consumo es el turista, tal identidad pueda tener un toque exó-
disfrute del llamado patrimonio universal. tico (y, para las industrias turísticas, mucho me-
La relación entre Turismo y Arqueología sur- jor es que lo tenga). Por otro lado, siguiendo los
gió a lo largo de los siglos XIX y XX, junto con enunciados del antropólogo Marc Augé (2007),
la industrialización, el colonialismo y la cons- el turismo arqueológico, con su retórica de lo uni-
trucción de identidades nacionales (Chambers versal, de la identidad compartida por las realiza-
2000). Sin embargo, desde finales del siglo XX, ciones culturales de toda la humanidad, se articu-
la importancia del turismo arqueológico (es ob- la como no-lugar. Como en los supermercados,
vio que no sólo el arqueológico) ha aumentado terminales, centros comerciales y aeropuertos, el
considerablemente como industria global, con- turismo arqueológico intenta uniformizar prácti-
virtiéndose en una excusa para el desarrollo eco- cas culturales. Al turista se le presenta lo mismo,
nómico en todo el mundo. Se reitera en este pro- lo reconocible, y el turismo arqueológico se des-
ceso, lo que ya se había hecho en el siglo XIX: el pliega como espectáculo de consumo del mundo
uso y abuso de las cosas arqueológicas para es- globalizado.
tructurar identidades nacionales y ahora neocolo-
niales. Se introdujo, entretanto, una innovación:
la participación de las comunidades locales en las Esbozando el problema
excavaciones arqueológicas y en la gestión del
patrimonio (Baram 2007). La mercantilización Las redes de las prácticas nacionalistas y del turis-
de las cosas arqueológicas para el turismo, apar- mo global acaban así atrapando las cosas. Dicho
te de reinscribir las identidades nacionales en los proceso se incrementó a partir de los años 90, con
nuevos registros proporcionados por los viajes el avance del neoliberalismo y el recrudecimien-
internacionales, acomoda confortablemente las to de las guerras a escala global. No es casualidad
interpretaciones y cosmologías de las comunida- que al final de los años 90 una obra apuntase a
des. Como Silverman (2002) demuestra para el que la arqueología estaba “bajo el fuego” (Mes-
caso del Perú, la participación de las comunida- kell 1998). No obstante, las comunidades están

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combatiendo el uso de las cosas arqueológicas así, tiene fundamento simultáneamente político
como alegoría nacionalista y mercantilización. y epistemológico. Lleva a pensar la diversidad
Cada vez más, en las sociedades contemporáneas, cultural como una relación inseparable entre el
las comunidades se embarcan en movimientos de presente y el pasado y, también, a considerar las
descolonización de la Arqueología en sus territo- tecnologías de gobierno promovidas por la acti-
rios (Smith y Wobst 2005). De modo que en las vación del patrimonio cultural.
últimas dos décadas, han ido emergiendo áreas El segundo elemento metodológico común en
disciplinares que reconfiguran el trabajo arqueo- estos temas arqueológicos es la integración de las
lógico junto a las comunidades. En general, se comunidades en todas las etapas de investigación
conceptualiza como Arqueología pública (Merri- arqueológica: desde la formulación del proyec-
man 2004), Arqueología colaborativa (Colwell- to de investigación, elaborado en consonancia
Chanthaphonh y Ferguson 2008; Macdavid 2004) con las demandas de las comunidades, hasta la
y Arqueología comunitaria (Marshall 2002; Tully proyección, exploración, excavación de sitios ar-
2007). Se entienden como democratización del queológicos, conservación y análisis de la cultura
conocimiento arqueológico (Shackel 2001; Hol- material en el laboratorio. Se trata de dotar a las
torf 2006) y una “arqueología vista desde abajo” comunidades con instrumentos útiles para el ma-
(archaeology from below) (Faulkner 2000); se nejo de su patrimonio arqueológico. Las políticas
describen, además, como teorizaciones novedo- de representación del patrimonio arqueológico,
sas sobre las relaciones entre presente y pasado, sus formas de difusión, exploración y adminis-
la investigación arqueológica y el público (Simp- tración, son decididas, conjuntamente, entre las
son y William 2008). comunidades y los arqueólogos. Las comunida-
No hay una ontología propiamente dicha que des, en este sentido, ya no tienen la función de
una las propiedades de estos campos. Pero se “informantes”, guías locales para la búsqueda de
puede hablar de dos elementos metodológicos sitios o “peones” en las excavaciones. Lo que se
comunes, muy presentes en la bibliografía. El pretende es nivelar las relaciones de poder entre
primero es la etnografía arqueológica. Son tres arqueólogos y comunidades y descentralizar la
los objetivos de la etnografía arqueológica: en- autoridad de la institución arqueológica.
tender las cosmologías y representaciones de las El arqueólogo se convierte en colaborador de
comunidades sobre las cosas arqueológicas y sus la comunidad. Busca disfumar, en este cuadro
narrativas sobre el pasado; analizar las políticas metodológico, su imagen tradicional: el extran-
de negociación de identidades y los conflictos jero, aliado de la administración colonial o del
que caracterizan a las comunidades; y promover Estado nacional, que se apropia de las cosas ar-
un espacio intercultural, de diálogo permanente queológicas locales y define, de forma monolíti-
entre el equipo arqueológico y la comunidad, ca, la “diversidad cultural de la humanidad”. Al
abriéndose así oportunidades para la educa- contrario, aquí, como en cualquier otra reflexión
ción mutua y también para el establecimiento antropológica, la cosmología del arqueólogo se
de comparaciones entre los discursos arqueoló- contrasta con la cosmología de la comunidad; el
gicos y locales (Hamilakis y Anagnostopoulos arqueólogo, en este punto, no sólo se re-inventa
2009). culturalmente, sino que descubre la pluralidad de
No se trata, entonces, de educación patrimo- significados que poseen los artefactos, los monu-
nial, del modo como esta viene siendo realizada mentos y el paisaje.
sobre todo en Brasil (Ferreira 2010a; Ferreira y
Sanches 2011). En la etnografía arqueológica,
al primero que se debe educar es al arqueólogo De vuelta a las redes
mismo. Se busca, pues, crear un contrapeso en
la asimetría de poder entre los arqueólogos y las Esos campos arqueológicos, por lo tanto, apun-
comunidades. El arqueólogo no educa unilateral- tan hacia la gestión e interpretación compartida
mente a la comunidad, sino que aprende con ella: de las cosas arqueológicas y hacia la promoción
en el trabajo etnográfico, dialoga acerca de las de la diversidad cultural. Sin embargo, quizás,
búsquedas identitárias de la comunidad; descu- estas prácticas están hoy en día simplemente co-
bre (descubrir en la doble acepción de inventariar menzando a esbozar el problema, al menos en
e inventar) la pluralidad de significados que las la mayor parte de los casos. Como ya señalé,
comunidades atribuyen a los artefactos y sitios las legislaciones arqueológicas continúan cap-
arqueológicos. La etnografía arqueológica, vista turando las cosas en sus redes y salvaguardando

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el nacionalismo y el turismo global (Appadurai Se observa entonces, en este país y en otros


2002). Al apuntar esto no estoy afirmando que el lugares, que las cosas arqueológicas bajo el be-
trabajo arqueológico con las comunidades, bien neplácito y el ordenamiento de la legislación
como la activación de las diversas legislaciones patrimonial, legitiman los llamados planes de
arqueológicas, sea parte de un plan maquiavéli- crecimiento económico o proyectos de desarro-
co, sobre el cual existe un acuerdo consensuado llo. La práctica contemporánea que engendra tal
por parte de élites, gobiernos y el mercado tu- legitimación es la Arqueología empresarial que
rístico global. Tampoco estoy defendiendo que surgió, históricamente, como realidad de tran-
las arqueólogas y los arqueólogos sean agentes sacción entre las cosas arqueológicas y el libe-
acríticos e ingenuos ante la mercantilización, ralismo. Y hoy la Arqueología empresarial viene
nacionalización y colonización de las cosas ar- haciendo un uso muy particular de la Arqueolo-
queológicas. Finalmente, no estoy minimizando gía pública. Se vale de la disciplina, en una cla-
la actuación incisiva de los movimientos civiles ra distorsión de su epistemología y objetivos,
que han promovido todas las transformaciones como estrategia de marketing, como publicidad.
que, al menos desde los años 60, tuvieron lugar Los proyectos de desarrollo pueden destruir los
en las legislaciones arqueológicas, en los códi- sitios, pero la Arqueología empresarial, aliada a
gos de ética de las investigaciones, la instaura- esa versión furtiva de la Arqueología pública, nos
ción del punto de vista nativo en la Historia y la dice: “¡Aquí estamos nosotros para preservar el
descolonización metodológica de la Arqueolo- pasado para el futuro y educar a la comunidad!”.
gía y de la Antropología, entre otras transforma- De este modo las empresas y gobiernos conju-
ciones cruciales y decisivas. gan ahora destrucción desarrollista con preserva-
No obstante, me parece que existe hoy una ción del pasado. Cuando no actúan cínicamente,
acentuada tendencia a que el trabajo arqueo- viendo a la Arqueología como algo que se debe
lógico con las comunidades o la Arqueología tolerar, o pura y simplemente como un obstáculo
pública (terminología bajo la cual se englo- para el calendario de realización de las obras (¡no
ban, equivocadamente, diferentes disciplinas se puede parar la obra por culpa de estas lascas!).
arqueológicas, como Arqueología comunitaria Pero la tónica general, con rarísimas excepcio-
y la Arqueología colaborativa), no se opongan nes, es la que dictamina la propaganda.
claramente al nacionalismo, el colonialismo o Supongo que todos hemos visto, en nuestro
el mercado. De nuevo aclaro mi argumento de propios países o en el exterior, folletos de pro-
modo antitético. Sin lugar a dudas, la Arqueo- paganda (cuando no artículos y congresos cien-
logía puede traer beneficios públicos (Little tíficos) donde se presenta a la Arqueología em-
2002). Y, en efecto, se trata de un “giro episte- presarial como Arqueología pública. En Brasil,
mológico” cuando, como si fuera en el teatro de especialmente, lo que se solía llamar educación
Augusto Boal, el público se transforma en poeta patrimonial, ahora se acostumbra a clasificar
y protagonista de la obra, y la mano de obra anó- como Arqueología pública, como si ésta se limi-
nima que empuña los instrumentos de excava- tase a la pedagogía patrimonial. Detengámonos
ción no es únicamente negra (Sheperd 2009). En en los códigos de dicho marketing académico. En
Brasil, por ejemplo, dar protagonismo a las co- primer lugar, en los manuales, cartillas, folletos y
munidades y visibilizar la institucionalización propuestas de “Arqueología pública” se colocan
de proyectos de Arqueología colaborativa sería los logos de las empresas e instituciones guberna-
fundamental ante el actual contexto de lucha de mentales que pagaron por el trabajo arqueológico.
las comunidades indígenas y afro-descendientes Es algo similar a la propaganda de las empresas
por la tierra. Lamentablemente, son pocos, en “ecológicas” de cosméticos, como Natura: explo-
Brasil, los trabajos enfocados en esa línea (Cf. temos ampliamente los recursos naturales, pues,
p. ej: Silva 2011; Eremites de Oliveira y Perei- al final, “trabajamos por la conciencia de sosteni-
ra 2012; Bezerra 2012; Funari y Bezerra 2012; bilidad y tenemos, actualmente, veinte proyectos
Funari y Carvalho 2012), mientras latifundistas, para mejorar la educación brasileña” (Cf. el sitio
vinculados o no a los escaños del Congreso Na- Natura Ekos e Instituto Natura). Los logos de la
cional brasileño, se organizan (cuando no están propaganda ilustran, en segundo lugar, la empre-
actuando violentamente) contra la demarcación sa de Arqueología empresarial que ganó la licita-
de tierras indígenas y de afro-descendientes, tal ción para ejecutar el trabajo. Se vende el produc-
como vemos cotidianamente en las ciudades de to, muchas veces, exhibiendo orgullosamente fo-
Brasil. tos que representan la “ciencia en acción”, donde

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los principios metodológicos de la Arqueología proyectos capitalistas de desarrollo. Sin embar-


comunitaria son puestos en la escena: se muestra go, en esa preocupación no descansa solamente
a la comunidad trabajando en todas las etapas de la buena conciencia romántica de preservación o
la investigación arqueológica, pero la realidad es el llamado público ilustrado para la conservación
que no se consulta previamente a la comunidad a de los “recursos culturales”. Al contrario. Rá-
la hora de elaborar el “proyecto de investigación” pidamente la CRM y la Arqueología pública se
y tampoco se delibera con ella sobre los impactos colocaron al servicio de las empresas capitalistas
económicos y ambientales que dichas obras de y del gobierno, viabilizando obras de ingeniería
ingeniería podrán ocasionar. En resumen, se con- y negocios turísticos. Aquí nació, bien nutrida y
tinúa tranquilamente con la “mejor” tradición vigorosa, la Arqueología empresarial y su alianza
autocrática del Estado brasileño: la imposición con la Arqueología pública.
de proyectos sin consultar a la sociedad civil. Ciertamente, la Arqueología procesual, que
Leyendas y textos de las fotos hablan de des- emergió en ese mismo contexto, se benefició
pertar vocaciones arqueológicas y patrimonia- enormemente con recursos destinados para la in-
les, en la garantía del derecho a la cultura y a la vestigación. No obstante, tal como recientemente
memoria (¡como si las comunidades no tuviesen argumentó Patty Jo Watson (2008), una de las le-
cultura y memoria!), en la educación de jóvenes gítimas representantes de la Arqueología proce-
y adultos, en el “empoderamiento”, en formar a sual, más del 90% de la Arqueología practicada
los profesores locales en los temas arqueológi- en los Estados Unidos hoy se hace por contrato,
cos (casi siempre reducidos a la Prehistoria), en vinculándose a la CRM y a la Arqueología pú-
fomentar la artesanía local con motivos arqueo- blica. Trigger (1984), en un artículo clásico, ar-
lógicos, y así sucesivamente. De lo que no se gumentaba, a mediados de los años 1980, que el
habla es de que los miembros de la comunidad procesualismo, con su búsqueda de regularidades
vuelven a ser los antiguos “peones” de los traba- transculturales y sujeción de las culturas a los
jos arqueológicos. Tal vez en una escala todavía sistemas, era expresión del imperialismo y nacio-
más explotadora, porque las comunidades, casi nalismo de los Estados Unidos. El núcleo de la
siempre, solo reciben dietas, y no disfrutan de los argumentación de Trigger es que la Arqueología
derechos comunes de los trabajadores en Brasil: se ubica en el centro del sistema mundial, en la
vacaciones remuneradas, pagas extraordinarias, acepción de Immanuel Wallerstein. Equivale esto
etc. Es casi el don del contacto colonial: “deme a decir que durante la guerra fría, una parte de la
sus cosas y paisajes, le doy a cambio educación, Arqueología mundial se estaba institucionalizan-
cultura arqueológica, re-significación de su me- do dentro de la esfera del liberalismo.
moria y desarrollo”. Así, la ironía del arqueólogo Así pues, ese vínculo contemporáneo entre Ar-
social latinoamericano Felipe Bate sobre la Ar- queología empresarial y “Arqueología pública”
queología pública es perfectamente plausible: se hace que se identifiquen íntimamente con el mer-
la puede entender como un discurso “altamente cado, reproduciendo desigualdades sociales con
progresista y democrático, sumado a un paterna- retóricas patrimoniales. La cuestión no es sólo
lismo conmovedor” (Bate 1998: 12). permitir las obras desarrollistas, en la medida en
Como ya apuntó Chris Gosden (2001), la Ar- que es fundamental para el funcionamiento del
queología se institucionalizó, en la Modernidad, mercado. Se trata, igualmente, de acoger a las co-
como producto de la Filosofía liberal. Y no nos munidades y todas sus cosas arqueológicas, cual
hemos liberado completamente de ese proceso. piezas publicitarias. Se trata, aún más, de trasmi-
Eso es evidente en la propia aparición, en los Es- tir la imagen de que la destrucción también cons-
tados Unidos, de la conjugación entre Arqueolo- truye. Destruye, pero preserva la pluralidad cul-
gía empresarial y Arqueología pública. El térmi- tural. Devasta positivamente, inventariando pai-
no Arqueología pública aparece acuñado, por pri- sajes, costumbres y cosas en los archivos, donde
mera vez, en la obra homónima de Charles Mc- se podrán realizar posteriormente consultas sobre
Gimsey (1972). Lo que lo llevó a escribirla fue la la diversidad que nos caracteriza históricamente.
legislación patrimonial que surgió en los Estados En esos archivos, el pasado estará registrado para
Unidos en los años 60, designada como Cultu- beneficio del futuro.
ral Resource Management (CRM). McGimsey Es este punto, las cosas arqueológicas se mer-
estaba preocupado, como tantos otros arqueólo- cantilizan y actúan en el mundo liberal. Se enre-
gos y arqueólogas, por la destrucción acelerada dan en las tramas del discurso liberal acerca de la
de sitios arqueológicos, llevada a cabo por los pluralidad cultural, el cual, desde 1989, usurpa las

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diferencias y la diversidad con su idea de indivi- la Arqueología empresarial, antes del INRAP, no
duo y libertad (Bauman 1998). Aun hay más. Los conocíamos ese número de sitios arqueológicos.
lazos entre Arqueología empresarial y “Arqueo- Cabe preguntarnos si los datos numéricos sobre
logía pública” rejuvenecen viejos nacionalismos la cantidad creciente de sitios arqueológicos re-
y colonialismos. En este sentido, me gustaría na- gistrados y excavados redundan, verdaderamen-
rrar una experiencia personal. En mayo de 2012 te, en conocimiento científico. A mi parecer, tal
tuve la oportunidad de participar, como invita- procedimiento evidencia que la legislación ar-
do, en el congreso Archéologie de l’esclavage queológica, al encargarse de las cosas, las reu-
colonial, en el Musée du quai Branly, en París. bica, a través de la asociación entre Arqueología
Dicho congreso lo organizó el Institut National empresarial y esa modalidad desvirtuada de Ar-
de Recherches Archéologiques Préventives (IN- queología pública, en las redes de los discursos
RAP), vinculado al Ministerio de la Cultura y nacionalistas y colonialistas, aparte de asegurar
Comunicación de Francia. Ese instituto es res- los intereses del mercado y las políticas liberales.
ponsable de la Arqueología empresarial que se En Brasil, según datos recientes, el 98%
hace en dicho país. de las autorizaciones emitidas por el Instituto
El INRAP, por lo tanto, centraliza, a través del do Patrimônio Histórico e Artístico Nacional
Estado, los trabajos en Arqueología empresarial. (IPHAN) son destinadas a la Arqueología em-
Se refiere a una forma de gestión y ejecución de presarial (Zanettini 2009; Wichers 2010; Tega
Arqueología empresarial muy distinta a lo que 2012). En Argentina, así como en otros países
se ha denominado el “modelo brasileño” (para suramericanos, la Arqueología empresarial se
otros ejemplos, Cf. Ferreira y Sanches 2011), está posicionando firmemente en el escenario
muy cercano al del “hombre cordial” descrito académico. La justificación para invasión em-
por Sérgio Buarque de Holanda, esto es, propen- presarial, particularmente en Brasil, se asemeja
so a no discernir y a mezclar las áreas de actua- al tercer eslogan del INRAP. En nuestro caso,
ción de lo público y de lo privado. Pues bien, disociada, para bien o para mal, de los usos na-
me sorprendió poder constatar, en los folletos de cionalistas. Pero, en estos momentos en que la
propaganda del INRAP, tres eslóganes. El pri- economía brasileña ha crecido exponencialmen-
mero: nosotros excavamos su historia; entiendo te, la Arqueología empresarial, que se presenta
que, ante tal evidencia, no se necesitan mayo- ahora como “Arqueología pública”, se apropia
res comentarios sobre el fondo nacionalista de de las cosas arqueológicas y reproduce el colo-
dicho slogan. El segundo se relacionaba con la nialismo interno accionado por la Arqueología
Guinea francesa, cuyo tono era más o menos la brasileña del siglo XIX y comienzos del XX
siguiente: descubrimientos del pasado francés (Ferreira 2010b): aliena las historias nativas y
en Guinea. El fondo colonialista de este eslogan legitima la expropiación de las tierras.
es también bastante evidente, pero me atrevo a Concluyo recordando lo que dijo David
decir que, en esta época, cuando tantos arqueólo- Lowenthal (2005) en un debate con Henry Me-
gos y arqueólogas se esmeran en refinar las apro- rryman: las leyes patrimoniales raramente fun-
ximaciones postcoloniales y hablan de descoloni- cionan, pues la cultura material, además de es-
zación de la Arqueología, no deja de ser tremendo tructurante, se cobra vida de acuerdo con los
leer una frase tan colonialista como esta. contextos y las cosmologías de las comunidades.
El tercer eslogan, a su vez, es bastante recu- Es verdad. Sin embargo, se debe tener en cuenta,
rrente en la Arqueología empresarial que se hace en las investigaciones que hacemos sobre la ca-
fuera. Decía algo de este género: el creciente nú- pacidad de acción de la cultura material, que las
mero de sitios excavados por el INRAP en Fran- legislaciones arqueológicas ayudan a encasillar
cia. Acompañaban dicho slogan datos cuantita- las cosas; y hoy día, se convierten crecientemente
tivos y se representaban, en mapas de distribu- en alegorías, emblemas de banderas nacionalistas
ción, el número vertiginoso de sitios excavados y colonialistas, atracciones del turismo global y
por el INRAP. Moraleja de la historia: antes de soportes del mercado liberal.

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