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Historia Local: Identidad y Enseñanza

El documento discute la importancia de incorporar la historia local en la enseñanza. Presenta tres razones para esto: 1) los ambientes locales son más democráticos, 2) hay una diferencia entre los conocimientos a escala local versus global, y 3) permite que los estudiantes construyan historia desde su propio entorno. También analiza cómo la historia local puede utilizar enfoques como la microhistoria para estudiar objetos específicos y revelar las densas redes de relaciones que configuran las acciones humanas a nivel local.
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Historia Local: Identidad y Enseñanza

El documento discute la importancia de incorporar la historia local en la enseñanza. Presenta tres razones para esto: 1) los ambientes locales son más democráticos, 2) hay una diferencia entre los conocimientos a escala local versus global, y 3) permite que los estudiantes construyan historia desde su propio entorno. También analiza cómo la historia local puede utilizar enfoques como la microhistoria para estudiar objetos específicos y revelar las densas redes de relaciones que configuran las acciones humanas a nivel local.
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SÍNTESIS DE HISTORIA LOCAL

La historia local debe incorporarse al aula porque los espacios locales pueden ser
estudiados para salir del enfoque positivista de la Historia y para empezar a interactuar
con el método que usa el historiador.

Presenta tres motivos para que sea trabaja en el ámbito áulico: los ambientes locales son
más democráticos, una diferencia clara en el contenido de los conocimientos a escala
local y escala general: lo local es la historia auténtica protagonizada por actores antes
negados, la posibilidad de elegir contenidos “locales” a partir de experiencias. La historia
local permite pensar que estamos construyendo historia porque “la historia es la que está
a nuestro alrededor.” Las historias locales pueden ponerle fin a la perspectiva globalizante
pero deben tener los requisitos de un trabajo académico, es una consideración
fundamental para llevar a cabo la enseñanza de la historia local teniendo en cuenta que la
mayoría de las historias de la Provincia de Buenos Aires fueron escritas por eruditos
locales (no historiadores) con muchas limitaciones para construir unidades didácticas.

Por lo tanto, la historia local se debe incorporar al aula mediante unidades didácticas que
usen fuentes o documentos históricos locales para formar al alumno en el método
histórico.

Historia Local es una reflexión que usa lo local como objeto. Según Juan Serna y Anaclet
Pons, debemos reflexionar y concientizar sobre el concepto historia local. “Local” es un
concepto que lo identificamos con nuestro entorno más cercano. ¿Es clara esa relación?
Cuando decimos “nuestro entorno” tenemos para discutir e indagar ¿a quién se refiere el
término “nuestro”? “Entorno” lo definició Abraham Moles como una realidad
psicológica. Lo próximo o lo lejano son conceptos variables. Lo próximo no tiene
fronteras determinadas. Espacio delimitado es cuando establecemos un “punto aquí” y
ahí cae nuestra visión del mundo.

Hay otra forma que el hombre usa para señalar físicamente lo lejano y lo cercano: una
montaña, un rio, una pared, una frontera, etc., demarca lo que está dentro y afuera. Por
ende, se puede definir a parir de fronteras visibles y universales: aquí entran en juego la
delimitación psicológica, la física y natural, lo local se da cuando hay una frontera de este
tipo que es un espacio delimitado con rasgos propios.

pág. 1
Siempre lo externo influyó sobre lo interno: nunca las ciudades amuralladas están
aisladas. Hay dos ejemplos muy claros: el carnaval (tradición festiva en donde cualquier
comunidad celebraba sus fiestas y sus habitantes fueron a ferias de localidades vecinas)
y el molinero de Menocchio (campesino italiano que estaba en contacto con diversas
fuentes culturales). Ahí vemos que lo local si tiene frontera, la relación dentro/fuera es
constante. ¿Hay otras formas que delimite el espacio? Debemos ser conscientes de cómo
se elabora un referente espacial para vincularlo con la percepción que tenían nuestros
antepasados de ese espacio.

Hacer depender a la historia local de la historia general es un grave error. Evitar el


localismo es importante porque si no convierte los objetos en incomparables y los hace
interesantes para los habitantes del lugar. A raíz de esto, deberíamos entender y
comprender la historia local como una investigación que interese a quien le importa el
espacio local que delimita el objeto. Estudiar “EN” es confirmar procesos generales. De
ahí que no aceptemos la afirmación de que lo local es un reflejo de procesos amplios. Si
estudiamos y analizamos un objeto puntual en cualquier comunidad es porque tiene algo
irrepetible que lo hace específico.

La historia local suprimió jerarquías de la historia tradicional. Introdujo lo periférico, lo


marginal o lo descentrado en el discurso histórico. Esto llevo a que muchos historiadores
consideren como irrelevante la historia local. Los autores le atribuyen a los hechos un
valor cognoscitivo: las ideas de Lutero influyen más que las de Menocchio, pero eso no
significa que analizar la vida de este último nos lleve a la irrelevancia.

La microhistoria se la vincula con la historia local porque parece que se ocupa de objetos
acotados. Es muy habitual vincularla con la metáfora del microscopio. ¿Hay una sola
concepción de la microhistoria? Si tomamos esto como conclusión, esos caminos se
multiplican y hace que la relación entre microhistoria e historia local no sea evidente
como se creía que lo era. Hay dos formas de entender la microhistoria: la que representa
Edoardo Grendi, y la que representa Carlo Ginzburg. El primero analizaba las relaciones
sociales en pequeñas dimensiones. Remarcaba la importancia del contexto a la manera de
E.P Thompson; el segundo proponía estudiar las formas culturales y resumirlas en sujetos
o grupos. Para él, la noción de contexto tenía perfiles menos evidentes: un hecho o
producto cultural podía ponerse en relación con otro distanciado espacialmente o
temporalmente.

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Como mucho, podemos hablar de diferentes practicas microhistóricas. No hay una
definición de microhistoria. Los trabajos de microhistoria tienen la característica en
común de reducir la perspectiva con la que observan los objetos.

Una metáfora típica es la del microscopio; otra es la de la escala: es un concepto muy


amplio; es una reproducción donde se puede mantener o variar las dimensiones. Son
representaciones siempre parciales.

Las ideas en torno a la escala se ejemplifican con la red. Cuando estamos construyendo
una investigación y seleccionamos la información optamos por una determinada escala
porque se cree que dará resultados importantes. Ambos autores, proponen que la historia
local es usar una red densa para capturar todo y no dejar nada afuera. En este punto se
aproxima a una perspectiva microanalítica. El microanálisis en historia se propone reducir
la escala de observación de los objetos para revelar la densa red de relaciones que
configurar la acción humana. El espacio local puede ser un lugar privilegiado para el
microanálisis histórico, también es un ámbito propicio para proponer explicaciones de la
acción humana. Los microhistoriadores pretenden restituir una realidad histórica
recurriendo al contexto. Según Serna y Pons, el contexto podemos entenderlo como la
reconstrucción del espacio local en el que están las vidas de los sujetos.

Concluyen preguntando “¿Por qué Local?” “Porque la vida real siempre tiene un locus
concreto dentro del cual los individuos emprenden sus acciones. Es por eso mismo por lo
que (…) nuestro conocimiento siempre es local, al menos en el sentido de las
informaciones que nos permiten explicar las acciones de los sujetos.”1

Mariana Canedo, en su trabajo titulado “Relatos identitarios e historia local. Desafíos para
la historiografía y la enseñanza de la historia” analiza aspectos de la historia local clásica
como relato identitario que la vincula con las historias nacionales. Los cambios en los
enfoques historiográficos cambia esta situación en relación con la producción de
conocimiento. Pero la subsistencia de las finalidades relacionadas con la identidad en el
sistema educativo parece complejizar el escenario y producen desafíos.

Los estudios sobre localidad, como contenido de enseñanza escolar y como enfoque,
constituyeron un consenso basado en argumentos de diversa índole. En el siglo XXI, las
discusiones sobre la globalización y las categorías de las Ciencias Sociales pensadas

1
Serna, Juan y Pons, Anaclet (2003). En su lugar. Una reflexión sobre la historia local y el microanálisis.
Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México. pp.49

pág. 3
desde los estados nacionales, han actualizado la atribución a lo local como anclaje
identitario. Los espacios locales son privilegiados para la formación de la identidad, y es
desde esta perspectiva que la historia local fue puesta en el centro de la escena tanto en el
ámbito de la producción del conocimiento como en el de su trasposición didáctica.

En base a esto, Canedo se centrará en un aspecto clave de los estudios sobre localidades:
la posibilidad de generar relatos identitarios desde la historia local. Para eso, desarrollará
tres ejes: a) la historia local como relato identitario que la vincula a las historias
nacionales, b) los relatos identitarios como un desafío para la historiografía, c) los relatos
identitarios como un desafío para la enseñanza.

En el primer eje, la autora utiliza un testimonio de Eric Hobsbawm para reflejar el carácter
identitario de lo local, y que aparece articulado por el complemento que hay entre el
conocimiento de las anécdotas recibidas y las salidas realizadas y los “acontecimientos
de la historia convencional” de Viena y sus alrededores. Ese pensamiento, admite el
complemento de las historias del lugar con las historias nacional. Un complemento que
permite, por ejemplo, enriquecer los distintos significados que la ciudad de Aspern tenía
para los contemporáneos.

Desde fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX, las historias locales y las nacionales
de diferentes países articularon dentro de una cadena de relaciones que une la historia
local, provincial, con la nacional. Cada una tratando de adquirir particularidad en el
Estado Nacional. Los vínculos de la historia local con lo nacional se reflejan con las
periodizaciones que se usan para organizar los capítulos, y con la presencia de figuras
destacadas que nacieron, vivieron o murieron en la localidad. La relación de la persona
famosa con el lugar es relativo, por ejemplo ¿dónde está el vínculo de Alejandro Posadas
con Saladillo?

¿Cómo aparecen los estudios sobre la localidad en el siglo XXI? ¿Mantienen su carácter
identitario con las posibilidades de conocimientos que hay en diferentes medios? La
autora menciona un estudio que se hizo de Barcelona sobre la importancia de los lugares
cercanos y lejanos que construyen los alumnos. El resultado que obtuvieron fue que la
escala mundial tiene poca importancia, en cambio la escala local tiene una fundamental e
intensiva relevancia. Por lo tanto, lo local sin lo global genera un conocimiento
ensimismado, y lo global sin lo local produce un conocimiento sin raíces.

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En el siguiente eje, llamado “los relatos identitarios como desafíos para la historiografía”
se centra en la crítica al anacronismo histórico y la deconstrucción de mitos políticos o
sociales. A su vez, encuentra limitaciones en los historiadores como destructores de
mitos, porque la fuerza de su crítica es negativa, un mito puede destruirlo siempre y
cuando se apoye en proposiciones cuyo carácter erróneo pueda demostrarse, es impotente
contra quienes optan por creer los mitos históricos en especial si se trata de gente que
tiene poder político, lo cual entraña el control de lo que sigue siendo el cauce mas
importante para impartir información histórica: las escuelas.

Luego, de estas consideraciones, empieza a desglosar las trayectorias historiográficas que


originaron y sostienen a cada mito: es interesante ver cómo y por qué cada mito fue
construido, sus objetivos, sus ambiciones y límites. Un ejemplo que coloca es el cuadro
que presenta a Juan de Garay fundando Buenos Aires en 1580 y a Rodolfo González
Lebrero, en su obra “La pequeña aldea. Sociedad y Economía en Buenos Aires 1580 –
1640”, como el que reconstruyó el clima contribuyendo a construir una imagen como el
origen de nuestra historia. Claramente, dice Canedo, esto está relacionado con una
historiografía que enfoca la conquista española en el cuadro, y las rupturas que fueron
generas futuras investigaciones: la de Assadourian que habilitó a ubicar el proceso
histórico en un marco más abarcativo, entre otros.

En esta misma línea, están las conformaciones de los pueblos rurales durante el siglo
XVIII que fue estudiado mediante historias locales. Vale aclarar que la
institucionalización de la historia en Argentina ayudó a poner las bases para que las
historias locales, como prácticas historiográficas, logren continuidad. Esto fue fruto del
esfuerzo de la generación de historiadores llamada Nueva Escuela Histórica que marcó
un cambio radical en la práctica del historiador. Así, surgen producciones provinciales
como reacción a la historia nacional porteña: para el caso de la Provincia de Buenos Aires,
el impacto historiográfico más fuerte fueron los volúmenes dirigidos por Ricardo Levene
llamados “Historia de la Provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos”. En
todos, el esquema organizativo es muy similar, pero es en el “origen”, es decir en cómo
se narra la formación de los pueblos en la campaña bonaerense, el aspecto que más tratan.
La formación de los pueblos en la campaña fue asociada con el accionar del Estado
Nacional con la construcción de fuertes, fortines o guardias, también se hizo hincapié en
la iniciativa de “terratenientes” que incentivaron la formación del pueblo donando una
porción de tierra. A este modelo de parroquias, fuertes y “terratenientes” se le agregan las

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reducciones de indios, un puerto y postas. Los procesos de formación no son actos en sí,
autónomos de procesos mayores. Son poblados que se gestan de forma paulatina, sin
fecha de inicio. En varios relatos se incorpora alguna fecha que responde a la lógica de
pensar mediante acontecimientos. Los relatos le dan antigüedad a cada pueblo, se busca
dar idea de un proceso que se inicia en “tiempos inmemoriales.” Es evidente lo limitado
que es el enfoque centrado en el pueblo o en un partido. Constituye un recorte territorial
anacrónico para los procesos históricos. Lo político administrativo definiendo un marco
de estudio común para todas las dimensiones genera una identificación, un nosotros y
ellos, que se antepone a los estudios.

En los hitos identitarios que menciona el trabajo de Canedo, se vinculan la historia local
con la historia nacional y provincial, por ejemplo: en los campos de Navarro ocurrió el 9
de Diciembre de 1828 la batalla de Navarro en donde las fuerzas de Lavalle vencen a
Dorrego, quién fue ejecutado.

En los relatos de la historia local hay otros Nosotros/Ellos: al buscar un pasado remoto,
un origen vinculado a Garay es un nosotros vinculado a otra ciudad fundada por la cruz,
la espada y la justicia europea, a la civilización, y el ellos es todo lo que no entra en el
nosotros: los malones indígenas, grupos sociales y étnicos olvidados, mujeres (salvo
excepciones), etc. El nosotros/ellos forma parte de las decisiones historiográficas que se
anteponen a los trabajos realizados.

Como cierre, desarrolla el tercer y último eje “los relatos identitarios como desafíos para
la enseñanza.” Los relatos identitarios tienen un lugar clave en el rol asignado a la
enseñanza de la historia en los sistemas educativos. La autora considera que las
concepciones de historia local, provincial y nacional presentan limitaciones para la
investigación y para la docencia.

La historia local, como relato identitario, está vinculada a la historia nacional, sus hitos
buscan insertarse en ella contribuyendo desde una singularidad a un nosotros compartido.
Un nosotros que en los pueblos de la Provincia de Buenos Aires está relacionado a mitos
de origen o referencias a la iglesia, los fuertes o los terratenientes.

Hay un desplazamiento en el objeto de estudio no menor y es lo que permite profundizar


los análisis: los pueblos de la campaña ahora son objeto de estudio en las relaciones de
poder, en los intercambios mercantiles, en el accionar de las elites, en conflictos sociales.
Esta heterogeneidad de prácticas historiográficas contrasta con el predominio de la

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historia de los pueblos vinculada a la historia local. ¿En qué posibilidad pueden tensionar
el impacto de la difusión y del anclaje identitario en el ámbito educativo de la historia
local? ¿Pueden entrar las visiones sobre el aspecto formativo de la historia en el sistema
escolar? No hay que tratar de formar a los estudiantes como historiadores, pero puede
contribuir a formar ciudadanos críticos. En este marco, la historia de las localidades puede
servir como casos para indagar, profundizar y comparar con otros, y de hipótesis para
orientar el conocimiento.

El artículo “La incorporación de la historia local a la enseñanza formal de la historia:


desafíos y oportunidades” de la autoría de Mauricio Donoso, reflexiona sobre la
incorporación de la historia local en la enseñanza de la Historia. Para ello, explora los
antecedentes de dicha disciplina, resumiendo su desarrollo e identificando sus
singularidades teóricas y metodológicas. Por último, identifica los desafíos que representa
su incorporación a los desafíos curriculares de la escuela, y la importancia que puede
tener para renovar la enseñanza de la historia.

La historia que ha predominado es la historiografía tradicional de inspiración positivista


y estilo enciclopédico. Una enseñanza basada en esta concepción genera en los
estudiantes una sensación de estar ajenos a la historia y que les resulta inútil. Entonces
con esto, es difícil establecer un lazo de identificación con los alumnos porque están
memorizando el contenido. ¿Qué solución hay al respecto? Una alternativa que propone
el autor es la Historia Local, una corriente que genera desconfianza entre estudiantes y
docentes más conservadores. Es lo opuesto a la Historia Universal, ya que interactúa con
la memoria de la comunidad y de los sujetos comunes que la componen. A tal punto, es
vital la historia local que el Ministerio de Educación propuso introducir en el curriculum
escolar el espacio local como objeto de enseñanza y aprendizaje. Con esta incorporación
se genera una nueva forma de hacer historia que trabaja a una escala pequeña y que
implica renovar las formas de enseñanza, replantear qué historia enseñar, cómo y para
qué.

El siguiente punto que desarrolla Donoso, es rastrear el origen de la historia local en Chile.
Según él, hay dos referentes importantes: la historia social popular que ha rescatado, junto
con instituciones durante la dictadura, historia locales en los sectores populares. La otra,
es una propuesta teórica desarrollada por Gabriel Salazar quien sostiene que los propios
procesos de cambio histórico que vivimos son los que les plantean a la Educación y, en

pág. 7
particular, a la Historia, el desafío de asumir responsabilidades formativas, tarea en la
cual, la historia local, es fundamental.

El primer referente indica el desarrollo de la historia local gracias al trabajo que hicieron
ONGs que trabajaban en sectores populares durante la dictadura. Desplegaron un
programa que consistía en hacer que estas personas compartieran sus recuerdos en torno
a la historia del movimiento obrero. Se dieron cuenta que no tenía sentido, y que sería
mejor juntarlos a conversar sobre sus vidas. Así surgió la reconstrucción de las historias
locales, la cual no quedó restringida en las ONGs porque se expandieron a varias ciudades
de Chile y a campos formales del conocimiento. En diez años la historia local tiene
reconocimiento y legitimación en el mundo de la enseñanza de la historia.

El autor considera algunas razones por las cuales las historias locales son tan particulares:
primero, estas experiencias tienen una orientación crítica y reivindicadora respecto de la
historia tradicional y oficializada. Son un mecanismo para democratizar la Historia, es
decir, dejar que entren todos los sectores sociales y no solo las elites, con todo lo que ellos
implica (devolverle la memoria y la identidad a la gente que menos tiene). Así, las
historias locales asumen una función militante: buscan conseguir que los protagonistas de
estas historias se sientan involucrados en ella para que se reconozcan como depositarios
de un patrimonio histórico.

En cuanto a lo metodológico, estas historias fueron escritas por historiadores no


profesionales, por lo tanto no tienen el rigor de un trabajo académico. Estas historias no
pretenden conseguir el reconocimiento de intelectuales tradicionales, son de consumo
interno. Son relatos que casi siempre están escritos de acuerdo a estructuras y estilo
personales.

Son una vía para recuperar la subjetividad de la historia, y aquí radica su singularidad y
su gran valor. La historia local nos dice menos sobre los acontecimientos que sobre su
significado, esto viene gracias a las entrevistas (el método para construir estas historias).

Las historias locales son historias abiertas: primero porque no monopolizan la verdad ni
intentan hacerlo. Son memoria y oralidad y como tal son un producto mutable. Son
abiertas porque también aspiran a reinsertarse en el proceso histórico contemporáneo que
se vive en cada localidad. Son herramientas para la producción de historias.

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El segundo referente fue desarrollado por Gabriel Salazar quien logró adosar un
argumento teórico al ejercicio práctico y espontáneo de las historias locales. La propuesta
salazariana está apoyada en el discurso que sostiene la existencia de un horizonte post, es
decir, el advenimiento de un cambio histórico. Se plantea que la historia local es la mejor
respuesta que la ciencia histórica pudo dar.

Durante los años que se anunció el fin de la historia, algunas tendencias de fisura se
pueden evidenciar. Problemas como la pobreza, entre otros, refleja que estamos en una
nueva etapa histórica, es decir: la historia continúa. Se seguirán gestando procesos de
cambio social que llevaron a un nuevo orden histórico.

En Chile, es claro que “lo local” es una incógnita teórica y política que se refleja como
apatía política.

Ahora, ¿cuánto de esta perspectiva se puede integrar al diseño curricular escolar? La


historia local es una alternativa a la enseñanza tradicional de la historia. Aceptarla
implicaba tres preguntas: ¿Qué historia enseñar? ¿Cómo hacerlo? ¿Para qué hacerlo? La
historia local es la respuesta a esos tres interrogantes. Tenemos que ser muy radicales y
asumirla en un sentido profundo.

Plantear un aprendizaje constructivista de la Historia es una invitación para que el


estudiante construya su conocimiento histórico y olviden el proceso de memorización. La
única historia que vale conocer es la que el estudiante reconstruye mentalmente. Un
conocimiento histórico (autoconstruido) debe referirse a la propia historia del alumno,
como individuo, miembro de la familia a parte del barrio al que pertenece. El mundo
experiencial de cada persona es su propio recorrido vital, la historia de su propia vida; esa
es la historia donde encontrará los significados del devenir histórico y encontrar
respuestas a los problemas (históricos) con los que convive cada día.

Donoso, por último, hace un breve desarrollo sobre las tres preguntas fundamentales que
nacen una vez adoptada la historia local. Según él, introducir la historia local significa
introducir cambios en el orden de los aprendizajes y los procesos de aprendizaje. Cambiar
el orden de aprendizaje, quiere decir que se debe empezar por lo que es más cercano al
alumno (su persona, su comunidad, su localidad, su región) al que se le pueden agregar
eslabones hasta llegar la historia universal. Ese es el objetivo del diseño curricular de
Historia y Ciencias Sociales que incorpora la realidad vivida por el estudiante. Cambiar
los procesos de enseñanza aprendizaje es respetar el principio constructivista que sostiene

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que el desarrollo cognitivo es un proceso de autoconstrucción que se favorece y no un
proceso de llenar un espacio vacío (la mente del alumno). El enfoque constructivista
obliga a dar un rol activo al estudiante.

Como estrategia para iniciar a los alumnos en el proceso de autoconstrucción, la didáctica


del rescate de historias locales, de historias de vida, es un campo muy fértil.

Cuando el autor considera “¿Qué enseñar?” nos está diciendo que la historia local es una
nueva concepción de la historia ya que es lo contrario a los principios clásicos de la
ciencia histórica, ya que se basa en la memoria. El material de trabajo es la memoria y el
mecanismo es la oralidad, por ende hay que apegarnos a la subjetividad debido a que el
testimonio oral está lleno de subjetividad. Entonces, si se adopta la historia local, la
historia que enseña no es la que narra los acontecimientos del pasado tal cual ocurrieron,
sino una historia de los significados totalmente subjetivos.

El último ítem “¿Para qué enseñar Historia?” el historiador chileno sostiene que la historia
(local) sirve para formar sujetos históricos que hagan historia desde el espacio local.
Dicha disciplina marca una diferencia considerable en lo que son los objetivos de la
enseñanza de la historia.

A su vez, tiene un rol: reinsertarse en la propia Historia. Desde su perspectiva, el


conocimiento histórico se puede unir con los sujetos, productos y productores de historia;
se convierte en el motor de la historia.

BIBLIOGRAFÍA:

Donoso, Mauricio (1999) “La incorporación de la historia local a la enseñanza formal de


la historia: desafíos y oportunidades” Revista enfoques educacionales Vol. 2. N°2.
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Canedo, Mariana (2012) “Relatos identitarios e historia local. Desafíos para historiografía
y la enseñanza de la historia” PÁGINAS. Revista Digital de la escuela de historia – Unr,
Rosario.

“Historia local y patrimonio cultural. Nuevos desafíos en la enseñanza de las Ciencias


Sociales”

Serna, Juan y Pons, Anaclet (2003) “En su lugar. Una reflexión sobre la historia local y
el microanálisis” Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México.

pág. 10

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