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Análisis Literario de Frankenstein

Mary Shelley fue una autora romántica que escribió en la época de la Ilustración. Su obra más famosa fue Frankenstein, publicada en 1818, la cual trata sobre un científico llamado Víctor Frankenstein que crea una criatura pero luego la rechaza por su apariencia monstruosa. Este fragmento describe el momento en que la criatura cobra vida por primera vez y el horror que siente Frankenstein hacia su creación.

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Análisis Literario de Frankenstein

Mary Shelley fue una autora romántica que escribió en la época de la Ilustración. Su obra más famosa fue Frankenstein, publicada en 1818, la cual trata sobre un científico llamado Víctor Frankenstein que crea una criatura pero luego la rechaza por su apariencia monstruosa. Este fragmento describe el momento en que la criatura cobra vida por primera vez y el horror que siente Frankenstein hacia su creación.

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Elabora un COMENTARIO LITERARIO en el que atienda a las siguientes

cuestiones. Se valorará la precisión y claridad así como una argumentación bien


estructurada (6 puntos):
3.1 Contexto histórico y sociocultural de Mary Shelley: la autora y su época
(1 punto)
3.2 Haga una breve exposición sobre la autora y su producción literaria,
atendiendo a la obra seleccionada (1 punto)
3.3 Exponga el tema de este fragmento. Sitúalo y relaciónalo con otros
aspectos importantes de la obra. (2 puntos)
3.4 Analiza las características formales del texto seleccionado y de la obra
en su totalidad (1,5 puntos)
3.5 Haga una valoración personal y crítica, primero, de la selección de este
fragmento y después, de la propia obra, Frankenstein. (0.5 puntos)

Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad
rayana en la agonía, coloqué a mí alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir
un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la
lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la
mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados.
Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo.
¿Cómo expresar mi sensación ante esta catástrofe, o describir el engendro que con tanto
esfuerzo e infinito trabajo había creado? Sus miembros estaban bien proporcionados y
había seleccionado sus rasgos por hermosos. ¡Hermosos!: ¡santo cielo! Su piel amarillenta
apenas si ocultaba el entramado de músculos y arterias; tenía el pelo negro, largo y
lustroso, los dientes blanquísimos; pero todo ello no hacía más que resaltar el horrible
contraste con sus ojos acuosos, que parecían casi del mismo color que las pálidas órbitas en
las que se hundían, el rostro arrugado, y los finos y negruzcos labios.
(…)
A la pálida y amarillenta luz de la luna que se filtraba por entre las contraventanas, vi al
engendro, al monstruo miserable que había creado. Tenía levantada la cortina de la cama, y
sus ojos, si así podían llamarse, me miraban fijamente. Entreabrió la mandíbula y murmuró
unos sonidos ininteligibles, a la vez que una mueca arrugaba sus mejillas. Puede que hablara,
pero no lo oí. Tendía hacia mí una mano, como si intentara detenerme, pero esquivándola me
precipité escaleras abajo. Me refugié en el patio de la casa, donde permanecí el resto de la
noche, paseando arriba y abajo, profundamente agitado, escuchando con atención, temiendo
cada ruido como si fuera a anunciarme la llegada del cadáver demoníaco al que tan
fatalmente había dado vida.
¡Ay!, Ningún mortal podría soportar el horror que inspiraba aquel rostro. Ni una momia
reanimada podría ser tan espantosa como aquel engendro. Lo había observado cuando aún
estaba incompleto, y ya entonces era repugnante; pero cuando sus músculos y articulaciones
tuvieron movimiento, se convirtió en algo que ni siquiera Dante hubiera podido concebir.

(Mary Shelley, Frankenstein o el Moderno Prometeo)


3.1. Autora romántica por excelencia, aunque de breve trayectoria, su inspiración sirvió
para traer a este mundo a una de las criaturas más inquietantes en el universo del terror.
Precursora de la ciencia ficción y una de las iniciadoras de la novela gótica, vaticinó en
alguna de sus obras desastres y calamidades para la raza humana en este siglo XXI,
mientras que la tragedia familiar se iba adueñando de su romántico espíritu.
Mary Godwin (su nombre de soltera) nace en Londres, hija de un polémico filósofo,
William Godwin, y de una activista del naciente feminismo, Mary Wollstonecraft., que
murió durante el parto de su hija, un hecho traumático para la familia, en especial para
Mary que se culparía siempre de la muerte de esa madre que nunca conoció. Parte de la
tragedia de su “Criatura” (nos referimos a su novela Frankenstein o el Moderno Prometeo)
gira en torno al desvalimiento de esta pues su “nacimiento” provoca la “desaparición” de su
creador, al igual que la madre de Mary, murió/desapareció durante su alumbramiento.
A Mary le tocará vivir la fascinante época romántica, contradictoria y rebelde, plena de
cambios y de un lirismo no exento de pasión y tragedia como trágica y apasionada fue la
peripecia vital de esta autora: una fuga adolescente y escandalosa con su gran amor, el
bohemio y “maldito” Shelley, uno de los grandes poetas del panteón romántico inglés; el
“hado fatal” que la perseguirá a lo largo de su vida, materializado en la ingente acumulación
de muertes familiares –padres, hermana, hijos, amigos…- a las que hay que sumar la
tragedia de la pérdida de su marido, el siempre atormentado Shelley, ahogado en aguas
italianas. Tanta desgracia y tanto dolor debieron forjar un carácter excepcional en una
visionaria anticipadora cuya escasa producción literaria –además de Frankenstein, sólo
escribió cuatro novelas más, de menor éxito- hay que relacionarla con su dedicación a velar
y conservar para la posteridad la memoria y obra de su esposo. Toda una declaración de
intenciones de una romántica de raza.

3.2. Ya hemos comentado en párrafos anteriores, que Mary Shelley es autora conocida
por una sola obra primeriza, pero una obra que la ha hecho pasar a la historia de la
literatura, por la puerta grande, con apenas veinte años.
Sin embargo, y aunque las desgracias familiares y, posiblemente, un cierto derrotismo
ante el aluvión implacable de la crítica cortaron prematuramente su producción, cabe
mencionarla la novela El último hombre, inquietante título aparecido en 1826, donde se
narraba la extinción de la raza humana a causa de un virus desconocido que asola la vida en
pleno siglo XXI.
Pero, no cabe duda alguna, que Frankenstein o el Moderno Prometeo es su obra maestra,
cuya curiosa génesis bien merece un comentario.
Tras su huida con Shelley, la pareja deambuló por Europa y terminaron pasando el verano
de 1816 cerca de Ginebra, en casa del célebre Lord Byron quien, por entonces, escribía el
tercer canto de La peregrinación de Childe Harold. Como ayudante tenía a un joven médico
llamado John William Polidori.
Fue aquel un verano lluvioso que les obligaba a permanecer en casa y a Byron se le ocurrió
que lo mejor para pasar el tiempo era que cada uno de los amigos discurriese una pavorosa
historia de terror y que ésta quedara plasmada en papel. Byron y Percy Shelley, en su
condición de poetas, parece que no tardaron en aburrirse con la prosa; sin embargo, los
bisoños Polidori y Mary se descubrieron como autores tremendamente imaginativos.
Polidori concibió un relato que pasaría a ser uno de los precursores directos de la literatura
gótica con El vampiro. Pero fue la novela de la joven Mary la absoluta triunfadora pues esta
ideó uno de los relatos más apasionantes del terror universal, tras, según contó ella misma,
sufrir una infernal pesadilla una madrugada. Su obra tenía como tema principal uno de los
mitos esenciales de nuestra cultura europea, esto es, la posibilidad de convertirnos en
dioses creadores de vida…y sus consecuencias….

3.3. El tema del fragmento seleccionado es el absoluto horror y rechazo que


despierta la Criatura en Víctor Frankenstein, es decir, el ser que ha confeccionado con
despojos humanos y ha logrado dar vida.
Es este momento uno de los clímax de la novela pues todo el entusiasmo y esperanzas que
el joven Frankenstein ha depositado en su creación, por la que piensa que le “alabará la
Humanidad como benefactor” se derrumba bruscamente, dando paso a una sensación de
impotencia y desesperación que marcarán la tragedia personal de ambos personajes, Víctor
y la Criatura, unidos por un destino cruel e implacable.
En este primer momento de vida, la Criatura todavía no es consciente del abandono de su
“padre”: Víctor rechaza el contacto con su “hijo” y huye despavorido, espantado de su
propia actuación en la generación de un ser que tilda de “cadáver demoníaco” y
“repugnante”. Es este el aspecto que la crítica ha querido vincular con la torturada
biografía de la autora que, a través de una alegoría, descubriría su autodesprecio por haber
sido “abandonada” por su madre –muerta, como ya hemos señalado. A este sentimiento
habría que sumar la actitud fría y distante del padre, algo que Mary siempre relacionó con
las circunstancias de su nacimiento-.
Pero, combinada con esos aspectos de tinte autobiográfico, la obra se nos muestra como
una alegoría, una advertencia antimodernidad pues nos alerta sobre intentar penetrar en
campos del conocimiento fuera de nuestras capacidades. Si Prometeo, el titán, fue
horriblemente castigado por desafiar a los dioses y crear y proteger a los hombres…¿qué
no pasará con un científico ambicioso que cree que “sus acciones no tendrán un alto precio”?

3.4. Aunque de enorme originalidad, la obra de Mary Shelley tiene dos fuentex
principales de inspiración: la tragedia clásica, Prometeo encadenado, de Esquilo y El
Paraíso Perdido, poema narrativo de John Milton (finales del s. XVII).
La novela presenta diversos puntos de vista a través de un juego múltiple de narradores
con los que se logra una visión compleja de los hechos narrados, pues son presentados
desde perspectivas diversas y todas legitimadas, ya sea como protagonistas de los hechos o
como testigo de los mismos.
En Frankenstein se reconocen rasgos como un sentimiento extremo de lamento y agonía,
profundos contrastes, temas como el debate sobre la moral científica y la relación de la
humanidad con el ser creador…
Esta novela que participa de la ambientación romántica (mente arrinconada en
profundidades insondables, lamento pueril ante lo inevitable, lobreguez de los parajes,
perfidia de los hechos consumados) e incluso ejemplifica la ficción gótica (novela de
terror, caracterizada por paisajes sombríos, bosques tenebrosos, la muerte, ruinas
medievales, lo lúgubre –sótanos, criptas, pasadizos, cementerios-), se considera la
iniciadora de un subgénero: la ciencia ficción con varios rasgos:
-Introduce la referencia a la ciencia y a sus avances en la literatura.
-Es una reflexión moral sobre la ética científica: interacción hombre/dios creador y sus
responsabilidades sobre la obra creada.
-Plantea un debate sobre el bien/el mal por naturaleza o inducido por la sociedad y su
comportamiento.
-Con respecto a la técnica, utiliza un juego de opuestos en el diseño de los personajes.
(Similar a Drácula de Bram Stoker o El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr. Hyde, de R. L
Stevenson). Así lo vemos, por ejemplo, en el diseño del personaje de Elisabeth (virtud-
bondad)//monstruo (aparente maldad absoluta desde la perspectiva de V. Frankenstein).

Frankenstein, pues, representa una alegoría de la perversión a que puede llegar el


desarrollo científico, pues realmente se busca el poder divino, a través de su poder
supremo que es dar la vida. En este sentido, parte de la crítica ha visto en la novela una
crítica simbólica del capitalismo naciente que no respeta la dignidad básica del ser
humano. La rebelión de la criatura se entendería como un castigo derivado del uso
irresponsable de la tecnología.
Respecto al texto que se nos presenta, la narración de Víctor Frankenstein se
corresponde al más puro estilo romántico: escena nocturna y tormentosa, descriptiva,
plagada de intensidad, de interrogaciones retóricas y exclamaciones de horror y asombro.

3.5. Pocos momentos de Frankenstein son más expresivos y marcan un antes y un


después en la trama que este que acabamos de comentar. Es aquí donde Víctor adquiere
tintes de “ángel caído” (también lo hará la Criatura, en otros momentos) y donde la
expresividad y el sentimiento se nos muestran desbordantes. El horror se transmite al
lector pero también cierta carga de piedad por el ser deforme rechazado.
Frankenstein puede constituir una lección de vida todavía ahora pues, si bien puede que
Mary Shelley pecara de temerosa ante las fuerzas de la naturaleza, no es menos cierto que
todo el imparable avance científico de nuestra época nos ha traído felicidad –avances
médicos, logros que consiguen prolongar la vida o hacerla viable en condiciones extremas,
transplantes…- pero también viene cargado de un siniestro “lado oscuro” –contaminación,
superpoblación, manipulación genética incontrolada…- cuyas implicaciones todavía están por
ver. Ay, si Mary levantara la cabeza…

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