Llamamos edificios verdes a aquellas construcciones sostenibles que utilizan materiales
naturales, que reducen y optimizan al máximo su consumo de energía y agua y que se integran
en su entorno, ya sea natural o urbano, causando el menor impacto medioambiental posible.
Existen diferentes instituciones, organismos e incluso entidades independientes que se
encargan de fomentar la arquitectura y la construcción sostenibles a través de la puesta en
marcha de procesos de certificación que se encargarán de evaluar el grado de sostenibilidad
de las edificaciones.
El cambio climático ha llamado la atención de presidentes, organizaciones no
gubernamentales y distintos grupos de la sociedad civil. No es un problema del futuro, está
sucediendo y cada día sentimos las consecuencias.
Además, existe un beneficio financiero. Si bien el diseño y ejecución de la construcción de
un edificio verde puede costar más que un edificio regular, existe un ahorro significativo por
el aprovechamiento de los recursos naturales a lo largo de toda la vida útil del inmueble.
Los edificios sustentables configuran una serie de prácticas para reducir –e idealmente–
eliminar el impacto de los edificios sobre el medio ambiente. Una de ellas es el uso de pasivos
solares, que dispuestos en ventanas, paredes y pisos, permiten almacenar y distribuir la
energía solar, para proveer calor en el invierno y rechazarlo en el verano.
En Europa se estima que el 40-45% del consumo total de la energía se utiliza en los edificios
y el sector de la construcción, situación que puede hacerse extensible a otras regiones del
mundo. Esta energía es utilizada para garantizar unas condiciones de confort y
funcionamiento mediante instalaciones de iluminación, ventilación, climatización,
equipos… Por otra parte los edificios y la construcción también consumen recursos naturales
(agua, materias primas para fabricación de materiales…)
“Las cifras citadas demuestran que no se trata de una moda sino de una cuestión de
supervivencia”,