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Biografía de Juan Montalvo

Juan Montalvo fue un escritor ecuatoriano nacido en 1832 en Ambato. Escribió obras criticando las dictaduras de García Moreno y Veintemilla, lo que lo obligó a exiliarse. Vivió en Colombia y Francia donde escribió la mayor parte de su obra, incluyendo libros como Las Catilinarias. Murió en París en 1889 a causa de una pleuresía. Fue un destacado intelectual liberal que influyó en la política ecuatoriana a través de su literatura.
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Biografía de Juan Montalvo

Juan Montalvo fue un escritor ecuatoriano nacido en 1832 en Ambato. Escribió obras criticando las dictaduras de García Moreno y Veintemilla, lo que lo obligó a exiliarse. Vivió en Colombia y Francia donde escribió la mayor parte de su obra, incluyendo libros como Las Catilinarias. Murió en París en 1889 a causa de una pleuresía. Fue un destacado intelectual liberal que influyó en la política ecuatoriana a través de su literatura.
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Biografía de Juan

Montalvo

Usuario

UNIDAD EDUCATIVA “AMBATO”


Johanna Llaglla
Lengua y Literatura
Catalina Zurita
2015 - 2016
Juan María Montalvo Fiallos (Ambato, Ecuador, 13 de
abril de 1832 – París, Francia, 17 de enero de 1889)
fue un ensayista y novelista ecuatoriano. Su
pensamiento liberal estaba fuertemente marcado por
el anticlericalismo y la oposición a los
dictadores Gabriel García Moreno e Ignacio de
Veintemilla. Luego de la publicación de la revista El
Cosmopolita, en la que criticaba a la dictadura de
García Moreno, Montalvo viajó a Colombia, donde
escribió gran parte del resto de su obra. Uno de sus
libros más conocidos es Las Catilinarias, publicado
en1880. Entre sus ensayos destacan Siete
tratados (1882) y Geometría Moral (póstumo, 1902).
También escribió una secuela de Don Quijote de la Mancha, llamada Capítulos que se
le olvidaron a Cervantes. Murió a causa de una pleuresía en París. Su cuerpo fue
embalsamado y se expone en un mausoleo en Ambato.

Biografía
» Infancia y formación
Su padre, don Marcos Montalvo, hijo de un inmigrante andaluz, se dedicaba a los
negocios ambulantes. En Quinchicoto, cerca de Ambato, conoció a doña Josefa Fiallos
Villacrés, con quien se casó el 20 de enero de 1811.1 La pareja tras un tiempo se
domicilió en Ambato, ciudad en la que don Marcos llegó a destacarse.2 Fallecidos ya
algunos hermanos en la edad de la infancia, Juan se convirtió en el menor de los
varones, y sus padres le procuraron mimos y cuidados.
Tuvo siete hermanos: Francisco, Francisco Javier, Mariano, Alegría, Rosa, Juana e
Isabel. Su niñez transcurrió no sólo en su casa, sino también en la cercana quinta de
Ficoa. En 1836sufrió de viruelas y quedó con el rostro marcado. A los siete años fue a
la escuela, una humilde casa de aldea, de una sola planta, pobremente administrada y
sostenida.3 En 1843, cuando tenía once años, su hermano fue arrestado, encarcelado
y desterrado por enfrentarse políticamente a la dictadura de Juan José Flores. Según
el escritor Galo René Pérez, el destierro de su hermano le "dejó una lesión moral de la
que no se recuperó jamás", llevándolo a odiar a las dictaduras.4 El 17 de febrero de
1857, durante el gobierno de Francisco Robles, Montalvo fue nombrado adjunto civil a
la legación ecuatoriana en Roma, mientras que Francisco Javier Salazar fue nombrado
secretario de la misma.
En 1845, su hermano regresó de su destierro en Perú, y lo llevó consigo a Quito a
continuar sus estudios. Sus dos hermanos mayores, Francisco y Francisco Javier, le
orientaban e influenciaban en su gusto por las letras, aparte de haberle creado, cada
uno con su prestigio, un ambiente favorable en el mundo de sus
estudios.5 Entre 1846 y 1848 empezó a estudiar gramática latina en el colegio San
Fernando. Posteriormente estudió filosofía en el seminario San Luis, donde recibió el
grado de maestro,6 y después ingresó a la Quito para estudiar Derecho, no porque
quisiera ser abogado, sino porque entre las profesiones de entonces (medicina, leyes
y teología) ésta le era la menos desagradable.7
En Quito se hizo amigo del poeta y político liberal Julio Zaldumbide, con quien se
reunía de continuo. En su casa a veces asistían practicantes de letras, destinados a
convertirse en conocidos escritores: Agustín Yerovi, José Modesto Espinosa y Miguel
Riofrío. Juntos comentaban a los grandes autores románticos europeos. En 1853 el
presidente Urbina decretó la libertad de estudios en colegios y universidades. Por las
nuevas regulaciones, Montalvo se vio privado de su cargo de secretario en el colegio
San Fernando y además fue impulsado a abandonar su carrera de Derecho tras haber
aprobado solamente el segundo curso. Así, decidió volver a Ambato.
En el ambiente melancólico de su casa (sus padres y su hermano mayor para
entonces habían fallecido)8 se concentró en el enriquecimiento de su formación
de autodidacta, acostumbrado a tomar notas de sus lecturas en cuadernos que se
conservan.9 Estudiaba gramática española y tratados de carácter idiomático.
» Primer viaje a Europa
El 17 de febrero de 1857, durante el gobierno de Francisco Robles, Montalvo fue
nombrado adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma, mientras que Francisco
Javier Salazar fue nombrado secretario de la misma. En buena medida este
nombramiento se dio gracias a las diligencias de su influyente hermano, el doctor
Francisco Javier Montalvo.11 A mediados de julio llegó a Francia. Aunque el asiento de
sus funciones de adjunto civil era Roma, Montalvo se quedó seis meses en París, por
causas ajenas a su voluntad. Ahí conoció a don Pedro Moncayo, diplomático
ecuatoriano, quien le brindó facilidades para su estímulo intelectual, y a celebridades
francesas tales como Lamartine y Proudhon.12 Desde enero hasta agosto de 1858,
mantuvo correspondencia con su hermano Francisco Javier destinada a su publicación
en el semanario quiteño La democracia, que este último dirigía. Estos escritos, que
conformaron una porción muy importante de su futura revista El Cosmopolita, no
fueron bien recibidos en el Ecuador.12 Durante esta etapa en París, Montalvo se volvió
melancólico, pues extrañaba su provincia. En Los proscritos, ensayo aparecido en El
Cosmopolita, escribió:
La nostalgia consiste en un amor indecible por la patria y un profundo disgusto del país
en que se está..., es un deseo de llorar a gritos al mismo tiempo que eso es
imposible.13

También se acentuó su misantropía, inclinación que tuvo desde sus años de infancia,
por hallarse en un medio extraño e indiferente.14 Su permanencia en París duró tres
años, durante los cuales se dedicó a sus estudios, los contactos con personalidades,
los paseos urbanos de observación provechosa, la elaboración de páginas literarias,
varias aventuras amorosas y breves tareas de oficina.15 Asimismo, durante este
tiempo se le manifestó un agudo reumatismo, cuyos efectos le acompañaron durante
el resto de su vida.
Dejó Francia y en enero de 1858 ya se hallaba en Italia. Visitó Roma, disfrutó mucho
su visita a Florencia, e igualmente memorables le resultaron sus impresiones
de Nápoles, Sorrento, Pompeya y Venecia. De Italia viajó a España, y especialmente
le agradó Andalucía; visitó Granada y Córdoba, disfrutando de
la arquitectura musulmana de la Alhambra y el Generalife16 De Granada regresó a
París, atravesando La Mancha, donde constató la miseria en que se hallaba la región
en ese entonces.
» Retorno al Ecuador y exilio
Tuvo que regresar al Ecuador no sólo por la inestabilidad de los gobiernos y la
agitación política, sino también por la artritis que lo aquejaba. Cuando llegó, en 1859,
el país era gobernado por García Moreno. Lo primero que hizo fue escribirle al
presidente una larga carta, un tanto discursiva, pero cargada de admoniciones y
amenazas, que según parece, no lo irritó del todo.17 A finales de 1861 colaboró en la
revista literaria El Iris de Quito. En 1865 comenzaron sus amores con María Adelaida
Guzmán, con quien contrajo finalmente matrimonio en Ambato el 17 de
octubre de 1868 y tuvo dos hijos.18
El 3 de enero de 1866, después del primer período presidencial de García Moreno,
publicó El Cosmopolita, revista de carácter político-literario editada en Quito en 40
páginas, cuyas siguientes entregas siguieron apareciendo hasta enero de 1869, y
sostuvo una acalorada polémica con José Modesto Espinosa, que le salió al paso.
En 1867 editó El Precursor del Cosmopolita y al año siguiente comenzó a cartearse
con Eloy Alfaro y polemizó con Juan León Mera, publicando en su contra dos
folletos: El Masonismo Negro y Bailar Sobre las Ruinas.18En 1869, cuando García
Moreno impulsó la llamada "Carta Negra", Montalvo decidió expatriarse, temiendo por
su vida. Acudió a la embajada de Colombia, y ni bien recibió su pasaporte para
abandonar el país, partió la mañana del 17 de enero de 1869 rumbo a Ipiales junto a
otros dos exiliados: Mariano Mestanza y Manuel Semblantes.
La familia Arellano del Hierro, de Tulcán, recomendó a Montalvo ante el doctor Ramón
Rosero, de Ipiales, para que le acogiera en su hogar;19 por su parte, Mestanza y
Semblantes continuaron su viaje hacia la costa, para navegar a Panamá y desde allí
hacia Europa. Durante su estadía en Ipiales, Montalvo recibió la primera carta de Eloy
Alfaro desde Panamá, invitándolo a acompañarlo. Pronto fraternizaron y Alfaro le
instaló cómodamente; le compró pasaje para Francia, le dio una suma de dinero para
las primeras semanas de permanencia en aquel país y le prometió extenderle las
ayudas que en lo posterior llegara a solicitarle. Llegado a la capital francesa, su interés
inmediato fue establecer conexiones con las personas que quizás se hallaban en
disposición de ayudarle, pues desde su destierro cayó en una situación de apremio;
había salido del Ecuador con pocas pertenencias y le era imposible obtener ingresos
seguros y periódicos.20 Regresó a Panamá, rumbo a Ipiales.
Una vez en Ipiales decidió continuar hacia Perú, donde se encontró con José María
Urbina, desterrado por García Moreno. Ahí buscó fomentar la oposición contra el
gobierno de su país, y quizá una revolución.22 Pero no tuvo éxito, y frustrado, regresó
a Ipiales. Durante su destierro redactó varios libros, tales como El bárbaro de América
en los pueblos civilizados de Europa, El libro de las pasiones, Diario de un loco, De las
virtudes y los vicios y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. En 1872 falleció su
hijo Carlos Alfonso, de cinco años y ocho meses; se le comunicó la noticia desde
Ambato.23
En octubre de 1874, mediante diligencia personal de Alfaro, fue publicado su libelo La
dictadura perpetua, pero no comenzó a circular en Ecuador antes de mayo de 1875.
De todos modos, La dictadura perpetua inspiró a un grupo de jóvenes liberales
(Roberto Andrade, Manuel Cornejo, Abelardo Moncayo y Manuel Polanco) a asesinar
a García Moreno, el 6 de agosto. Sin embargo, el más notorio autor del magnicidio fue
un hombre ajeno a los conjurados, el mercenario colombiano Faustino Lemos Rayo,
quien incluso ocupó algunos puestos públicos en los gobiernos garcianos, por lo cual
el presidente no sospechaba de él. Al enterarse de la noticia, Montalvo afirmó: "no ha
sido el machete de Rayo, sino mi pluma quien le ha matado".24 Poco después publicó
el ensayo El último de los tiranos.
Dejó transitoriamente la ciudad para descansar en una propiedad de sus hermanos,
cercana a Baños. Pero pronto fue llamado por Eloy Alfaro, quien había llegado
a Guayaquil a preparar un pronunciamiento contra el gobierno de Borrero. Así, el 6 de
septiembre del mismo año Montalvo llegó a Guayaquil y fue recibido por una
entusiasta multitud. Fue incapaz de hablar en público, y más bien prometió un
agradecimiento a su modo, mediante la palabra impresa, que en efecto circuló entre
los guayaquileños al día siguiente.26 Y aunque Montalvo ese día había conseguido
verse lisonjeado públicamente, su alegría no duró mucho, pues Ignacio de
Veintemilla se proclamó dictador el 8 de septiembre. Sus amigos le prevenían del
riesgo que corría bajo el nuevo gobierno, pero Montalvo no podía exiliarse, pues no
contaba con suficientes recursos económicos.
En los comicios de 1877 fue electo diputado por la provincia de Esmeraldas, pero no
asistió nunca a las Cámaras.27 Tras un tiempo, finalmente partió hacia Ipiales, donde
vivió preocupado y pendiente de su seguridad.28 En poco más de un mes viajó a
Panamá, con la intención de publicar Las Catilinarias. Cuando después de 3 meses
regresó a Ipiales, de inmediato se empeñó en acciones concretas de agitación popular
y de levantamiento armado contra la dictadura de
Veintemilla.29 Dejó de nuevo Ipiales, y el 30 de
julio de 1881 estaba ya en Barbacoas(Nariño); ahí
se detuvo más de doce días, antes de
encaminarse a Tumaco y de ahí a Panamá, donde
permanecería por un tiempo indefinido.30 Para
este entonces, la relación que tenía con su esposa
se quebrantó por completo por el estilo de vida
que Montalvo llevaba y por su desentendimiento
en las obligaciones familiares.31 Eloy Alfaro le
había anunciado únicamente que su viaje a
Europa no admitía ya dudas; junto con José
Miguel Macay, su próspero socio financiero, se
comprometió a ayudarle económicamente y a
vigilar la edición de sus folletos. Finalmente
Montalvo viajó a París con el deseo de editar su
obra Siete tratados.
» Segundo viaje a Europa
Estaba orgulloso de sus Siete tratados y deseaba publicarlos de la forma más lujosa
posible. Pero no logró reunir el dinero que demandaba el proyecto, hasta que
consiguió el auspicio del empresario José Joaquín de la ciudad de Besançon. Cuando
fueron publicados sus Siete tratados, Montalvo fue reconocido y elogiado por varios
críticos europeos, aunque sólo en el ámbito de la cultura hispana (mantenida por
emigrantes españoles e hispanoamericanos por medio de publicaciones)
o hispanistas de París.32 En consecuencia, Montalvo se apresuró a promocionar sus
tratados en España.

Sin embargo, los Siete tratados no fueron bien recibidos por todos; la Iglesia en el
Ecuador, a través del arzobispo de Quito monseñor José Ignacio Ordóñez, mostró su
descontento con la obra. El 19 de febrero de 1884 el arzobispo reprobó y condenó
los Siete tratados por medio de una carta pastoral. Pronto Montalvo respondió al
clérigo por medio de su libro Mercurial eclesiástica, escrito con pasmosa fuerza de
improvisación y lleno de ataques violentos contra Ordóñez y la Iglesia. Por ese motivo,
el arzobispo Ordóñez viajó a Roma con la intención de conseguir del Papa la
prohibición de su lectura, y en poco tiempo León XIII incluyó a los Siete tratados en
el Índice de libros prohibidos.36
Más tarde, en 1886, Montalvo empezó la publicación de El Espectador, libro
compuesto de tres volúmenes, cada uno de los cuales contenía diecisiete, diecinueve
y nueve ensayos cada uno. Su salud se deterioró de manera brusca debido al mal
clima: un fuerte aguacero lo sorprendió mientras regresaba de la casa editorial donde
había corregido ciertos detalles del tercer volumen de El Espectador, y
contrajo neumonía.
» Últimos días
En los días siguientes los síntomas de su enfermedad fueron empeorando y Montalvo
cayó prácticamente en la indigencia. Durante ese largo tiempo de padecimientos
frecuentemente le visitaron Agustín L. Yerovi y Clemente Ballén. Los médicos que
habían atendido a Montalvo los primeros días de su enfermedad no se dieron cuenta
que la neumonía inicial que lo aquejaba se había convertido en un derrame pleural,
como determinó el médico León Labbeé, quien lo sometió a un tratamiento que,
aunque lo mejoró durante un tiempo, no pudo detener sus cada vez más intensos
padecimientos. Cuando Labbeé se dio cuenta, tras un nuevo examen del líquido
pleural, de que se había presentado un peligroso foco de supuración, indicó la
conveniencia de practicar una operación inmediata, harto difícil, a la que Montalvo
aceptó someterse.37
Cuando llegó el día de la operación, en el momento de decir si concedía su permiso
para la anestesia, para sorpresa de todos contestó diciendo: "En ninguna ocasión de
mi vida he perdido la conciencia de mis actos. No tema, doctor, que me mueva.
Operará usted como si su cuchilla no produjera dolor".
La condición de Montalvo cada vez era peor, y el 15 de enero de 1889 hizo aproximar
al doctor Agustín L. Yerovi para manifestarle sus últimos deseos (entre ellos el ser
enterrado en París);41 el 16 de enero comenzó a agonizar, el 17 de enero pidió a su
ama de llaves que lo vistiera con su traje negro y con frac y le pidió que tratara de
comprar un puñado de claveles para su féretro. Fueron sus últimas palabras.42
La colonia ecuatoriana costeó sus funerales que fueron solemnes y en la iglesia de
San Francisco de Sales. Durante el régimen liberal se repatriaron sus
restos embalsamados a Guayaquil, y el 12 de julio de 1889 fueron enterrados en el
cementerio de la ciudad, donde permaneció hasta el 10 de abril de 1932. Al día
siguiente de su exhumación se trasladaron a Ambato, a donde llegaron el 12, para
reposar desde entonces en su mausoleo. En 1895 se publicó de manera póstuma en
Francia Capítulos que se le olvidaron a Cervantes; y en 1902,Geometría Moral.

Obra
» Influencia
o Antigüedad clásica
Montalvo leyó todo cuanto entonces se podía leer acerca de Historia, Filosofía y
Literaturas Helénicas,43 y citó en sus obras de manera directa o glosada a bastantes
griegos de laantigüedad.44 Del mismo modo, aunque en menor grado, sentía
admiración por la antigua Roma. El teatro romano de Terencio, Plauto y Séneca sirvió,
si no de inspiración, de modelo, a los cinco dramas que escribió y que fueron
recopilados en su Libro de las pasiones: La Leprosa, Jara, El
descomulgado, Granja y El dictador. En definitiva, lo grecolatino llegó al escalón más
alto de su saber, siendo el cimiento sólido de su formación y el arma que esgrimió en
sus enconadas polémicas.45 Admiraba de Grecia a Sócrates, y de Roma a Julio César,
como ejemplo del soldado, y a Cicerón, por su oratoria.
o Literatura española
Conocía buena parte de la literatura española, desde los romances hasta
el romanticismo. En más de una ocasión hizo críticas a varias obras literarias
españolas y dedicó su ensayo El buscapié a exaltarlas. Sentía especial admiración y
respeto por Cervantes y consideraba a su Don Quijote de la Mancha como lo más
acabado en el mundo de las letras, al mismo tiempo que despreciaba la continuación
escrita por Avellaneda. Por otro lado, Montalvo consideraba a las letras españolas
contemporáneas a él (segunda mitad del siglo XIX) como vagas e improductivas,
impugnado especialmente las malas traducciones de textos, aunque supo apreciar a
los intelectuales españoles de la época.46
o Literatura francesa
Las letras francesas, antes y después de las guerras de la Independencia, tuvieron
decisiva influencia sobre los escritores hispanoamericanos. El romanticismo tanto
español como hispanoamericano tuvo sus simientes en Francia, y en América brotó
primero y duró más. Montalvo fue un ideólogo romántico del liberalismo; sus modelos
fueron Chateaubriand, Rousseau y Victor Hugo, mientras que por Lamartine sentía un
profundo aprecio. Asimismo admiraba a Montaigne y Montesquieu, quienes junto a
Rousseau inspiraron su pensamiento político. De Montaigne tomó no sólo la exaltación
del hombre en su estado natural, sino varios temas y la técnica literaria que usaba en
sus ensayos. Muchas de las ideas de Montalvo, sin ser necesariamente copiadas, son
eco de El espíritu de las leyes de Montesquieu, y Rousseau tuvo su influencia en el
escritor ecuatoriano por sus ideas sobre educación, gobierno, Estado, ciudadanía etc.,
expresadas en Emilio y El Contrato Social.
o Otras influencias
En cuanto a la literatura en inglés, admiraba mucho a Byron y a Milton, y
probablemente sus ensayos fueron también inspirados por Bacon.50 Su revista El
Espectador se inspiró en The Spectator de Addison. La literatura estadounidense
también fue citada por Montalvo, aunque sin juicios críticos. Conocía las grandes
obras literarias publicadas en italiano, aunque no se dejó influir, al parecer, por el
estilo, los temas y las ideas de los maestros italianos. En cuanto a la literatura en
alemán, estudió los clásicos del siglo XVIII, aunque no conocía el idioma. Sentía
admiración por Goethe; sobre él, Schiller y Klopstock dijo que eran "ingenios de primer
orden, de esas antorchas altísimas que se hallan a la vista de todas las naciones”. De
Hispanoamérica conocío la prosa de Bolívar, la poesía y especialmente la Gramática
de Andrés Bello, la poesía de Olmedo y los argentinos precursores del romanticismo.
» Géneros
Si se comprende al ensayo como un género, y al periodismo una rama del ensayo,
toda la obra de Montalvo sería ensayística, con la excepción de su Libro de las
pasiones, compuesto de cinco dramas, y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes,
que es una novela. Según el profesor Antonio Acoto Salamea, el ensayo es el "género
en el cual como tapiz Montalvo copia la cruenta lucha política de una época, nos da
conceptos de la cultura y la barbarie, pone de relieve los males que corrompen una
sociedad y denuncia inmisericorde los elementos causantes de
esta estagnación".53 Hay que notar, sin embargo, que en la composición de sus
ensayos son frecuentes las digresiones54
En cuanto a lo poético, no publicó ningún libro de poesías, pero sí hay algunas
poesías sueltas a través de sus escritos. Su poesía ha sido considerada como fría y
llena de reminiscencias y desde el punto de vista temático, carente de originalidad.
Respecto a los dramas que escribió, sólo se conocen cinco, publicados después de su
muerte bajo el título de El libro de las pasiones. No fueron creaciones para ser
representadas, aunque bien pudieran montarse en escena; su preocupación más bien
fue didáctica, pues sus obras teatrales tenían un fondo moralista.56
» Temas frecuentes

o Civilización y Barbarie
En el ensayo hispanoamericano de la época se consideró que la barbarie era el
obstáculo para el avance de la civilización, la propagación de la cultura. Montalvo de
acuerdo con esta idea, calificó como barbarie, entre otras cosas, el uso de la fuerza
bruta, los actos de opresión imperialista, el despotismo de los gobiernos, y
el fanatismo religioso.
o Política
Montalvo era un idealista y le desagradaba la realidad política del Ecuador. Fiaba de
la moral y de los principios como base del funcionamiento de la nación, y le
preocupaba mucho destacar la importancia de las dotes morales de los políticos,
cuando en realidad tanto los conservadores como los liberales tenían defectos. Por
eso el profesor Louis Arquier afirmó que “Cada vez que habla de política el articulista
se enfrenta con una contradicción, el tema le atrae y le repele a la vez”.58
Montalvo era muy respetuoso de las leyes, pero le molestaba el hecho de que algunas
fueran injustas
También despreciaba la tiranía, a la que se refería, entre otras formas, como "el abuso
triunfante, soberbio, inquebrantable"60 En su opinión, para que haya tiranía
necesariamente debía haber un pueblo dispuesto a soportarla, ya sea por timidez o
apatía; así, el pueblo era tan culpable del establecimiento de una tiranía como el
mismo tirano. Su posición liberal le llevó a oponerse a cualquier régimen que no haya
sido elegido por sufragio, aunque llegó a oponerse al voto popular si el país no gozaba
de sus libertades.
Respecto a los derechos de las personas, defendió en varias ocasiones los derechos
de la mujer. También defendió los derechos de los indígenas y los negros, más por su
idea de igualdad de todos los hombres ante Dios que por simpatía hacia ellos, pues
probablemente tenía prejuicios raciales.
o Anticlericalismo
Montalvo deseaba la separación de Iglesia y Estado, y en sus escritos no pretendía
hablar a sus lectores de religión y fe sino del Ecuador y de su gobierno. Atacaba o
defendía al clero según su situación política. En más de una ocasión, buscando en
vano su apoyo político, escribió para elogiar las cualidades del buen clero,64 pero en la
mayoría de las veces sus escritos eran anticlericales. En El Cosmopolita atacó al clero
porque era un miembro fuerte e influyente del Partido Conservador que dominaba
entonces el poder; también por interesarse más en los bienes terrenales que en los
celestiales, por simoníaco. Cuando escribió esta obra, en 1866, el clero era muy
poderoso en Ecuador, y no sólo no admitía el menor indicio de oposición sino que la
consideraba como herejía
Montalvo se oponía a la dominación clerical, como a cualquier otra, y cuestionaba el
“mito de una Iglesia perfecta hasta el más mínimo detalle y autorizada así a sancionar
cualquier asomo de crítica”. En definitiva, su posición frente al clero obedecía a la
política en primer lugar, luego a su filiación liberal anti teocrática y a experiencias
vividas ante el clero, a pesar de lo cual no dejó de ser religioso.

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