Julio Ramón Ribeyro y la narrativa
urbana en el Perú
Julio Ramón Ribeyro (1929, Lima – 1994, Lima) no tiene el
reconocimiento que se merece. En efecto, es una de las cabezas
del cuento hispánico moderno al mismo nivel que Borges o
Cortázar. Su obra cuentista – que no fue su única producción
literaria – debe ser leída por su innovación literaria, su palabra
tan aguda y su temática universal.
Una presentación del mayor cuentista peruano
Julio Ramón Ribeyro (1929, Lima – 1994, Lima) no tiene el reconocimiento que
se merece. En efecto, es una de las cabezas del cuento hispánico moderno al
mismo nivel que Borges o Cortázar. Su obra cuentista – que no fue su única
producción literaria – debe ser leída por su innovación literaria, su palabra tan
aguda y su temática universal.
Por lo tanto, pretendemos con el presente artículo ubicar a Julio Ramón Ribeyro
dentro de su época literaria nacional e internacional presentando unas de las
características principales de sus cuentos.
Julio Ramón Ribeyro nació en Lima en 1929 en una familia de clase media alta.
Desarrolló un gusto por la literatura desde muy joven. Después de sus estudios
de Letras y Derecho, obtuvo una beca y estudió Periodismo en Madrid a partir
del año 1952. Empezó entonces a escribir. Después de terminar sus cursos,
Ribeyro se quedó a vivir en Europa por más de 40 años, alternando entre
estadías en París – principalmente – y otras ciudades del Viejo Continente, y
estadías en Perú. Fue, por ejemplo, profesor y director de extensión cultural en
la Universidad de Huamanga en Ayacucho, pero luego Embajador del Perú ante
la UNESCO en París entre 1986 y 1990.
En los últimos años de su vida, ganó dos premios literarios importantes: el
Premio Nacional de Literatura y Cultura en Perú (1993) y el Premio Juan Rulfo
(1994).
Se ha publicado la totalidad de sus cuentos y relatos breves en dos ediciones
importantes:
- Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1994 (las citas de cuentos están
extraídas de esta edición)
- La palabra del mudo, Milla Batres Editores, Lima, en cuatro volúmenes
publicados entre 1973 y 1992
Contexto literario del Perú
La innovación del cuentista peruano no es experimental en la forma, sus
cuentos son más bien de un realismo bastante tradicional, lo que lo aleja de los
demás autores del boom hispanoamericano. Sin embargo, renueva la literatura
desde la perspectiva temática ya que es uno de los primeros autores en centrar
la mayoría de sus textos en la ciudad, en particular en Lima, para denunciar los
efectos de la modernización.
Este movimiento se inscribe en un movimiento generalizado en Hispanoamérica
que algunos críticos trataron de explicar según varios factores: el desarrollo
importante de las ciudades y los cambios socioeconómicos que viven todos los
países del continente, la ambigua relación que tienen esos países con las
guerras mundiales, la influencia del existencialismo de Sartre y Camus, el
desarrollo de la literatura de protesta encabezada por Roberto Arlt y con César
Vallejo como mayor representante peruano, la influencia del surrealismo, y
muchos más factores. En conclusión, la crisis es mundial y los autores
hispanoamericanos reciben una fuerte influencia europea.
Julio Ramón Ribeyro se inscribe en la llamada “Generación del 50” en Perú.
Después del golpe de Estado del general Odría en 1950, el Perú sufre un
cambio socioeconómico fuerte que se hace de manera rápida y desorganizada.
Se abre el mercado y se incrementan las inversiones privadas e internacionales.
El país, que era mayormente rural con el 75% de su población en el campo,
sufre su mayor éxodo rural hacia Lima. Así la ciudad crece de forma
espectacular, desarrollándose en los cerros que la bordean, donde se crean los
suburbios más pobres en los arenales. Salazar Bondy la describe entonces
como “Lima la horrible”. Y la Generación del 50 se crea como el primer grupo
que pretende fijar literariamente el espacio de la Lima moderna en la literatura
nacional. Los principales representantes de este movimiento literario son
Enrique Congrains, Oswaldo Reynoso, Eleodoro Vargas Vicuña, Sebastián
Salazar Bondy, Carlos Eduardo Zavaleta y Julio Ramón Ribeyro. Además de
ofrecer una visión nueva de la temática literaria describiendo las consecuencias
del modernismo como el éxodo rural y el desarrollo de la clase media – parte de
la población que recién se convierte en protagonista literaria – esta generación
pretende también profesionalizar la actividad literaria y renovar la expresión
literaria. No son innovadores internacionales – por lo cual no son tan conocidos
como otros autores del boom – pero crean una tradición narrativa en Perú
abandonando la perspectiva nacionalista y ruralista anterior.
En efecto, la tradición literaria peruana anterior era muy diferente. Se trataba de
una literatura indigenista con José María Arguedas y Ciro Alegría como mayores
representantes. La narrativa indigenista comenzó en los años 1930, su meta era
nacionalizar e universalizar la identidad indígena, dar a conocer a este pueblo
que recién se integra a la sociedad peruana. Es una literatura entre dos
mundos, característica de la situación de los indígenas en Perú que viven entre
la cultura criolla hablando español y la cultura inca hablando quechua. Por lo
tanto, los textos de José María Arguedas y Ciro Alegría mezclan las dos
lenguas, aunque estén escritos en español, se encuentran palabras quechuas
en los discursos. Además, se incorporan los mitos y tradiciones de este pueblo.
El ámbito principal es, evidentemente, la sierra, donde vive este pueblo.
Julio Ramón Ribeyro, junto con otros autores de la Generación del 50,
representa así la transición de una narrativa indígena a una narrativa urbana.
Cabe precisar que no todos los autores de esta generación siguieron este
cambio, sino que este movimiento literario se separa en dos grupos: los autores
del realismo urbano – a los cuales pertenece Julio Ramón Ribeyro – y los
autores del neoindigenismo que es un movimiento que sigue las huellas de José
María Arguedas y Ciro Alegría – con autores como Manuel Scorza –. Ambos
presentan una realidad nacional y es interesante leerlo todo porque estas
realidades son muy distintas pero conviven en el mismo país.
En este trabajo nos centramos únicamente en el realismo urbano que es el que
desarrolló el cuentista, Julio Ramón Ribeyro, en un clima de escepticismo,
fatalismo y pesimismo que desarrollaremos a continuación. Es interesante
precisar que una de las razones por la cual Ribeyro fue poco conocido también
es porque su obra de mayor importancia son los cuentos y que se le dio al inicio
poca importancia a este género literario dentro del boom. Pero luego,
felizmente, críticos como Julio Ortega resaltaron el trabajo de los cuentistas
demostrando que ellos también escribían una literatura que presentaba la
evolución de la sociedad. El cuento en Perú es un género importante, que tiene
una larga tradición con las famosas Tradiciones del autor Ricardo Palma que
son relatos cortos que presentan el folclore de los pueblos peruanos. Julio
Ramón Ribeyro usa este género literario porque dice que la tarea de escribir
una novela lo agobia y lo llena de frustración – logra sin embargo escribir tres de
ellas – mientras que el relato corto lo fascina desde niño y llega a escribir un
decálogo personal del género a la manera de Poe y Quiroga – que se encuentra
en el prólogo del tomo 1 de La palabra del mudo - del cual solo citaremos un
punto para describir su estilo:
El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin ornamentos ni digresiones.
Dejemos eso para la poesía o la novela.
La modernización
Como ya lo evocamos, el tema principal de la obra de Ribeyro es la
modernización que se presenta en la ciudad. A través de sus cuentos busca dar
a conocer las consecuencias de tal proceso, consecuencias mayormente
negativas según él.
Así, propone una exploración de la realidad que transcribe en una literatura de
realismo crítico con fuertes influencias de autores como Maupassant, Stendhal y
Chejov. Ese realismo se encuentra desprovisto de sentimentalidad aunque los
hechos sean inhumanos y los actores puedan ser niños inocentes. Tal es el
caso con el cuento más famoso de Ribeyro: “Los gallinazos sin plumas” que
relata la historia de Efraín y Enrique, dos niños que viven con su abuelo,
anciano cruel que los explota mandándoles buscar basura para dar de comer a
su cerdo. La visión de la ciudad de Lima es terrible, se presenta como un
espacio inhospitalario, gris, caótico y deshumanizado que parece tener una
influencia directa en sus habitantes pues ellos se vuelven crueles, hasta el más
inocente de todos – el niño – que termina actuando con crueldad también. En
este cuento se relatan hechos muy inhumanos de la forma más directa y
sencilla posible, sin sentimentalidad como lo precisamos primero.
A veces, Ribeyro hace uso también de la ironía para resaltar lo tan poco heroico
que son los actos que describe. Esta ironía le permite también proponer una
crítica social y política de la sociedad peruana, por ejemplo en el cuento “El
banquete”. Este cuento corto denuncia, a fuerza de ironía, el dinero que se
gasta en las fiestas de la clase alta que reúne la gente del poder (“ministros,
parlamentarios, diplomáticos, hombres de negocio, hombres inteligentes” como
lo describe en el cuento, e incluso el Presidente), como lo pueden apreciar en la
siguiente cita :
Como dentro del programa estaba previsto un concierto en el jardín, fue
necesario construir un jardín (p.87)
La situación es absurda. Por otro lado, en este cuento se hace una sátira
política-militar presentando la ridícula inestabilidad política del país que de un
día a otro puede sufrir un cambio brutal de gobierno.
Nos parece interesante revelar que Julio Ramón Ribeyro escribió la mayoría de
sus cuentos sobre Lima desde Europa ya que, como ya lo mencionamos en
introducción, él vivió varios años haciendo el vaivén entre Francia y Perú. Por lo
tanto, sus descripciones de la capital peruana y de su sociedad están de
acuerdo con las imágenes que le quedaron en memoria al momento de volver a
su tierra natal. Se trata entonces de una literatura del recuerdo, por lo cual, la
realidad presentada no es siempre exacta y suele ser a veces nostálgica de la
antigua Lima, la que él conoció mejor. Ribeyro denuncia la modernización en el
sentido, también, de ser una destrucción de lo existente y del patrimonio del
país – así como la destrucción de edificios antiguos –. Por otra parte, como él
vive en Europa, escribe también acerca de las ciudades europeas,
principalmente de París, donde pasa más tiempo, y su visión de la capital
francesa es, también, ambigua: pues, en algunos cuentos describe la belleza de
la ciudad, enumerando las calles – como en “Papeles pintados”, tenemos la
impresión de estar dando un recorrido por la ciudad a través de su escritura -;
mientras que en otros, denuncia una vez más los efectos de la modernización
como en “La estación del diablo amarillo” donde relata la experiencia de los
jóvenes artistas que van a París pensando realizar sus sueños y terminan
matándose con trabajos físicos para ganarse la vida.
En fin, lo que podemos resaltar de todos sus cuentos como conclusión de su
reflexión sobre la modernización es que todos esos cambios socio-económicos
llevan a la mayoría de la gente a sufrir una crisis de identidad. En efecto, ya no
se reconocen en la sociedad y no encuentran su lugar. Además, la gente se ve
botada de lo que consideraba su lugar porque no está de acuerdo con las leyes
de la modernización, como en el cuento “Al pie del alcantilado” donde el
personaje principal y narrador construye su casa y alcanza cierto nivel de vida
que le permite estar tranquilo hasta que llega una persona que representa el
gobierno ordenándole que se vaya porque esta tierra no es su propiedad, y
llegan las máquinas a destruir la casa de sus vecinos y luego la suya. Este
cuento muestra cómo la población no se reconoce con los avances modernos,
con la idea de propiedad que no va con su cultura, con la idea de sociedad de la
cual ellos se ven excluidos.
Los personajes marginalizados
Así, la mayoría de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro están protagonizados
por las personas al margen de la sociedad, los olvidados de la sociedad,
olvidados de la literatura también, las personas expulsadas del festín de la vida.
La vida moderna que pretende llevar a tener una vida mejor, con ocios y gozo,
no es para todos, algunos sufren para obtener el mínimo de los recursos vitales.
La meta de la Generación del 50 es, justamente, dar la palabra a los personajes
que no se suelen ver en la literatura: se conocieron muchos relatos acerca de la
burguesía y de la clase alta, luego se escribió acerca de la clase baja de la parte
pobre del país – con la literatura indigenista – pero los autores del realismo
urbano quieren presentar a la clase media, que no tiene nada extraordinario y
también a los marginalizados. Son los nuevos protagonistas literarios, los que
no tienen nada que decir, los antihéroes.
En los cuentos de Ribeyro, estos personajes pueden ser idiotas, locos, niños,
moribundos, frustrados, antiguos aristócratas que llegaron a la ruina; los que
sufren vejez, deterioros, frustraciones, perecimiento. Y se cuentan experiencias
subjetivas negativas, como gran consecuencia de la modernización de la
sociedad, personajes con o sin esperanza pero cuya vida es un fracaso.
Uno de los cuentos más representativos de los marginales es “Silvio en el
rosedal” en el cual Silvio, el personaje principal, es un exiliado física y
existencialmente: después de la muerte de su padre, se ve obligado a mudarse
al campo a cuidar la finca que su genitor acababa de comprar, está aislado de
todos, no tiene profesión y su único don es la música pero no tiene la ambición
para llevar este proyecto a cabo. Así se queda solo en su finca, y de estar solo
se vuelve medio loco, a punto de creer que alguien dejó un mensaje escondido
en su rosedal, ve las letras R, E, y S dibujadas con las rosas. Dedica entonces
sus días a descubrir el significado de esas letras, tarea que resulta inútil. El
cuentista lleva la locura tan lejos que crea escenas inverosímiles que
desorientan al lector con humor: Silvio pasa días enteros creando palabras con
las letras, inventando expresiones sin sentido. Lo que lleva a marginalizarlo aún
más. Vuelve a la cordura cuando llega su sobrina, de la cual se enamora y por
quien regresa a la realidad, tratándola como una princesa, hasta que se dé
cuenta de que la joven se irá un día con un galán y que él se quedará solo con
su prima tiránica. Es un cuento del fracaso de una vida entera, la presentación
de una vida vacía, que se aleja del nihilismo y del pesimismo gracias a la ironía
que permite salir del fatalismo.
La locura no es la única forma de marginalización, Ribeyro nos presenta otras
como la pobreza, la juventud, la vejez – en “Los gallinazos sin plumas”, se
presentan esos tres criterios ya que son dos niños y un anciano que viven en la
pobreza extrema – pero el punto común entre todos esos personajes es que no
tienen otra voz para hablar de ellos que la de Julio Ramón Ribeyro. Es por esta
razón que el conjunto de sus cuentos se titula La palabra del mudo: porque da
voz a los mudos del mundo moderno. El autor peruano se pone en el mismo
nivel que sus personajes, se considera él también como marginalizado, por lo
cual varios de sus cuentos son autobiográficos como “Sólo para fumadores”.
Por esta razón, el narrador es muy importante en los cuentos ribeyrianos porque
este narrador también es un fracasado. Usa mucho el narrador en primera
persona y ese narrador no llega a darnos las claves de la historia de los
personajes. Nos propone una visión personal, subjetiva y no una visión de
conjunto. Y esto se debe a que Ribeyro es también un existencialista que
cuestiona la vida sin tener la respuesta.
Julio Ramón Ribeyro, el mayor cuentista peruano, no es un fatalista como se ha
dicho. Si bien es cierto que sus personajes se encuentran en escenas de
fracaso y que sus escenarios son muy grises e inhóspitos, él suele tratar el tema
con ironía; con situaciones mayormente absurdas. Por esta razón, sus cuentos
son entretenidos y precisos: relatan una realidad de la forma más justa posible,
pero denuncian los males de la sociedad moderna de forma irónica. Lo que es
seguro es que el lector está impactado con cada texto que lee – por más corto
que sea – porque Julio Ramón Ribeyro domina el género del cuento a la
perfección.
Bibliografía/Sitiografía
Julio RAMÓN RIBEYRO, Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1994
- La palabra del mudo, Milla Batres Editor, Lima, Tomos I a IV, 1972-1993
- Cuentos (Antología), Espasa, Madrid, 1998
Javier de NAVASCUÉS, Los refugios de la memoria (Un estudio espacial sobre
Julio Ramón Ribeyro, Iberoamericana, Madrid, 2004
Peter ELMORE, El perfil de la palabra (La obra de Julio Ramón Ribeyro), Fondo
Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2002
Antonio CORNEJO POLAR, Historia de la literatura del Perú republicano, Lluvia
editores, Lima, 1981
Biografía de Julio Ramón Ribeyro
Artículo homenaje a Julio Ramón Ribeyro en El País