INTRODUCCION
La carta de Pablo a los Gálatas fue escrita con bastante pasión y frustración a varias iglesias en la
región de Galacia, a dónde Pablo había ido en uno de sus viajes misioneros.
Aunque el cristianismo nació como un movimiento dentro de Israel, su mensaje era para toda la
humanidad. Así que, al esparcirse rápidamente más allá de Israel, muchos no judíos creyeron el
evangelio y esto desató un gran debate entre muchas personas.
Cartas a los Gálatas
Galacia era una región interior de Asia Menor que se corresponde con la planicie de la
parte central de la actual Turquía. En su primer viaje apostólico (años 45-49) Pablo había
entrado en contacto con los habitantes de Galacia, al evangelizar el sur de la provincia.
Pero fue sobre todo en su segundo viaje años 50-53), cuando predicó directamente entre
ellos, tal vez porque una enfermedad le obligó a detenerse allí algún tiempo. La acogida
fue sumamente cordial y entrañable. El mismo Apóstol estuvo allí de nuevo el año 53 o
54.
Sin embargo, también llegaron allí algunos judeocristianos aferrados a sus tradiciones
nacionales y religiosas, que querían poner el fundamento de la salvación del hombre en
el cumplimiento de las obras de la Ley de Moisés. Es probable que algunos de esos «falsos
hermanos» quisieran corregir la doctrina de San Pablo en las comunidades cristianas
fundadas por él en su segundo viaje apostólico, como ya habían hecho antes del Concilio
de Jerusalén. No sabemos exactamente quiénes eran. Lo cierto es que constituían una
amenaza constante y que presionaban a los mismos Apóstoles, pues en Antioquía habían
inducido a la simulación al mismo Simón Pedro.
Al enterarse del peligro de los judaizantes, Pablo escribe a los gálatas esta carta que ha
sido definida justamente como un grito de amor y de dolor. Fue escrita muy
probablemente en Efeso hacia el año 54/55, y resulta ser el mejor comentario a las
conclusiones del Concilio de Jerusalén, donde se había decidido que los cristianos
procedentes de la gentilidad no estaban obligados a vivir las prescripciones judaicas.
El tema principal de la carta es la doctrina de la libertad de los cristianos respecto al
cumplimiento de las complejas prescripciones de la Ley mosaica y de los complementos
añadidos por la tradición de los escribas. Pablo proclama que sólo Cristo tiene poder para
justificar y salvar, y que, por tanto, quien predique otro evangelio, transformando el
Evangelio de Cristo, debe ser considerado anatema. Para los judaizantes la identidad
cristiana, la pertenencia al verdadero Israel, requería la circuncisión. San Pablo reacciona
con fuerza contra tal concepción, casi con vehemencia: el hombre -viene a decir- es justo
para Dios sólo por la fe en Jesucristo. La identidad cristiana radica en ser hijos de Dios por
la fe en Cristo Jesús. La obra de la salvación ha consistido en que «al llegar la plenitud de
los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los
que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois
hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: iAbbá, Padre!».
Ahí radica la libertad cristiana, la libertad de los hijos de Dios, pues «para esta libertad,
Cristo nos ha liberado». La ida cristiana se desarrolla en la libertad, sobre el fundamento
de la filiación divina y la fe en Jesucristo muerto y resucitado. Los cristianos vivimos según
el Espíritu, y actuamos también según el Espíritu, que produce en nosotros sus frutos.
Realizado: Miriam Barrios Guardiola