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Misericordia: Centro del Mensaje Cristiano

Este documento explora la misericordia como un elemento central de la revelación cristiana y la teología. Explica que Dios se revela a sí mismo como misericordioso en la Biblia y en Jesús. Jesús muestra la misericordia del Padre y revela la naturaleza compasiva de Dios. Finalmente, la creación anhela la salvación y liberación misericordiosa de Dios en la escatología.

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Misericordia: Centro del Mensaje Cristiano

Este documento explora la misericordia como un elemento central de la revelación cristiana y la teología. Explica que Dios se revela a sí mismo como misericordioso en la Biblia y en Jesús. Jesús muestra la misericordia del Padre y revela la naturaleza compasiva de Dios. Finalmente, la creación anhela la salvación y liberación misericordiosa de Dios en la escatología.

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1.

INTRODUCCIÓN

En el cristianismo “La misericordia de Dios ocupa un puesto central en el mensaje cristiano. No


es uno más entre los rasgos de Dios revelados por Jesús: Dios es misericordia”1; por ello, es clave
del Evangelio y de la vida cristiana, y al mismo tiempo caracteriza la vocación misma de la Iglesia.

Previo al desarrollo del tema, veamos qué es la misericordia. Si acudimos a la Sagrada


Escritura, ésta utiliza un lenguaje analógico y algunas veces paradójico, ya que es la única manera
que tiene el hombre para hablar de Dios desde su humanidad; al traducir misericordia al hebreo,
utiliza la Escritura el término rahamin, que significa “entrañas”, ternura visceral materna, como
el afecto profundo del corazón de una madre o de un padre con su hijo (Is 49,15).

En esta monografía queremos que esté presente como fondo permanente el modo que tiene Dios
de auto-revelarse en la historia como Dios compasivo y misericordioso, manera propia que revela
una metodología de tres pasos, que aparecen claramente en el Éxodo 3,7-11: en primer lugar, Dios
ve y escucha la aflicción y el clamor de su pueblo; seguidamente se le conmueven las entrañas y
luego actúa, haciéndose cargo de su situación de opresión.

Esta misma metodología de la misericordia, la encontramos también expuesta por Jesús en su


parábola del buen samaritano en Lucas 10, 33-37: llegó junto a él, al verle tuvo compasión y
acercándose le vendó sus heridas (…) le llevó a una posada y cuidó de él. Jesús al final de la
parábola pregunta: “¿quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los
salteadores? y le responde: “el que practicó la misericordia con él”; Jesús dice entonces: “vete y
haz tú lo mismo”, da un programa de vida.

Esta es la manera que tiene Dios de auto-revelarse, dice lo que él es: un Dios compasivo y
misericordioso; ésta es la forma que tiene de transmitirnos cómo es posible hacer efectivo el amor
y la compasión: a través de la misericordia; y al mismo tiempo nos dice cómo hacer.

1
J. Mª URIARTE, Acoger y ofrecer la misericordia: Cuaresma 1995, Monte Casino, Zamora 1994, 9.

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2. DESARROLLO
2.1. LA MISERICORDIA CENTRO DE LA REVELACIÓN Y LA TEOLOGÍA CRISTIANA

Porque Dios se revela al hombre éste le puede encontrar. Dios se da a conocer, revelándose
a la humanidad: “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo” (DV 2).

El término revelación proviene del latín re-velatio, que significa descorrer un velo para
que llegue la luz a lo que hay oculto, des-velando así la verdad que hay detrás. C.M. Edsmann
va más allá, al decir que “la revelación pertenece a la auto-comprensión de toda religión que
siempre se considera a sí misma creación divina y no meramente humana”2.

Desde un punto de vista teológico, la revelación es la auto-comunicación del mismo Dios


Trinidad en Jesucristo y el don del Espíritu Santo, para la salvación del género humano en la
historia3. Revelación en teología, nombra e implica una experiencia de gracia, un don gratuito
de Dios, que permite a la persona que lo recibe rearticular y encausar su vida. El cristianismo
es la única religión “cuya revelación se encarna en una persona que se presenta como la
verdad viva y absoluta”4, y esto la diferencia de las demás religiones que se dicen reveladas.
En la revelación, al mismo tiempo que Dios se auto-comunica, transmitiendo su profunda
verdad, también revela su plan de salvación, que es un plan de misericordia, y lo hace a través
de su Hijo Jesucristo, mediador y plenitud de toda revelación.

Dios, habla y se comunica al hombre con el lenguaje de toda la creación: en efecto, “lo
invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, se ha hecho visible desde la creación del
mundo, a través de las cosas creadas” (Rom 1,20). Por lo tanto, el hombre, mediante el uso
de su razón y conocimiento, aunque de manera indirecta e imperfecta, por medio del don de
su entendimiento puede buscar las huellas de Dios en la creación visible que le rodea y de la
que él forma parte.

2
C.M. EDSMANN, Offenbarung I: RGG 4 (1960) 1597. Cf. P. RODRÍGUEZ PANIZO, “Teología fundamental”, en

A. CORDOVILLA PÉREZ (ed) La lógica de la Fe, Comillas, Madrid 2013, 51.

3
Cf. P. RODRÍGUEZ PANIZO, “Teología fundamental”, en A. CORDOVILLA PÉREZ (ed) La lógica de la Fe, op.cit,

4
R. LATOURELLE, “Revelación” en R. LATOURELLE- R. FISICHELLA (eds.), Diccionario de Teología

Fundamental, Ed. Paulinas, Madrid 1992, 1233.

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2.2. LA REVELACIÓN DEL DIOS DE LA MISERICORDIA

“Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de


su voluntad”5 ¿Quién sería capaz de afirmar con certeza algo del misterio de Dios, si no se
hubiera él adelantado a revelarse a sí mismo? La Dei Verbum en su capítulo primero aborda
esta pregunta, Dios es quien ha dado siempre el primer paso acercándose a la humanidad,
quien se ha humillado y descendido auto-revelándose6. Él ha sido quien amó primero, quien
manifestó su misericordia y su compasión a los hombres. El Dios revelado por Jesucristo hizo
todo por amor, de tal manera, que al hacerlo así revela a la vez su propia identidad y en él
todo se hace posible.

En Dios la misericordia debe ser considerada su principal atributo7. Dios no puede


revelarse de otro modo distinto a lo que él es: amor y misericordia. La misericordia en sí
misma, en cuanto perfección de Dios infinito, es también infinita. Tanto el amor como la
misericordia, no son solamente una manera de ser de Dios, son también su manera de actuar.
Él hace llegar su amor y misericordia con su sola presencia, aunque para ayudarnos utiliza
también las palabras. Dios al acompañar a su pueblo teje una historia de misericordias que
Israel reconocerá (Sal 135.137). Podemos afirmar que “la misericordia hace de la historia de
Dios con su pueblo una historia que le salva de la idolatría y la perdición”8.

La misericordia y la compasión de Dios corresponden con la verdad profunda del amor


que es Dios mismo y también “con la verdad interior del hombre y del mundo que es su patria
temporal”9. La misericordia como proviene y es Dios mismo no se agota y destaca en la
práctica por la prontitud de Dios Padre en abrazar a los hijos que retornan a él10. También es
infinita, la manera fácil, pronta y fuerte del perdón que brota de su corazón. En realidad, no
hay pecado humano que supere esta fuerza.

5
DV nº 2.
6
Cf. W. KASPER, La misericordia, op. cit., 52.
7
W. KASPER, La misericordia, op. cit., 92.

8
FRANCISCO, Misericordiae Vultus nº 7, op. cit.
9
JUAN PABLO II, Dives in misericordia nº13, op. cit.
10
JUAN PABLO II, Dives in misericordia nº13., op. cit.

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2.3. JESÚS NOS MUESTRA AL PADRE MISERICORDIOSO

El misterio de la fe cristiana ha encontrado su síntesis en la misericordia. Ésta se ha vuelto


viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret; él es el lugar concreto de la
revelación y es el rostro cercano de la misericordia del Padre11.

Nuestro Dios, después de haberse revelado a Moisés como un Dios compasivo y


misericordioso, lento a la ira y rico en piedad (cf. Éx 34,6), ha seguido dándose a conocer de
diferentes modos a través de la historia de la salvación y “cuando llegó la plenitud de los
tiempos, Dios envió a su propio Hijo, nacido de mujer” (Ga 4,4) para revelarnos de manera
definitiva su amor12. Dios enseñó a andar a su pueblo y lo acompañó en el camino que le
señalaba, aunque tuvo muchas veces Dios que reconocer: “no han comprendido que era yo
quien los cuidaba. Con cuerdas de ternura, con lazos de amor, los atraía; fui para ellos como
quien alza a un niño hasta sus mejillas y se inclina hasta él para darle de comer” (Os 11,3-4).

Es propio de Dios amar con misericordia y a través de esta actitud compasiva manifiesta
con claridad su omnipotencia; la misericordia no expresa debilidad, sino todo lo contrario, da
a conocer el poder y la grandeza de Dios13.

2.4. LA ESCATOLOGÍA DE LA MISERICODIA

La creación la concibe Dios con un dinamismo continuo de evolución y cambio, donde su


salvación misericordiosa está siempre actuante dentro de ella. Son conscientes de que desde
ellas no podrán nunca adquirir la salvación ni llegar a la plenitud de la perfección en Dios,
por ello gimen con sonidos inenarrables su liberación:

“Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el
presente. Pero no sólo ella; también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu,
gemimos en nuestro interior suspirando porque Dios nos haga sus hijos y libere nuestro
cuerpo. Porque ya estamos salvados, aunque sólo en esperanza; y es claro que la esperanza
que se ve no es propiamente esperanza”14.

11
FRANCISCO, Misericordiae vultus nº 1, op. cit.
12
FRANCISCO, Misericordiae vultus nº 1, op. cit.
13
TOMAS DE AQUINO, S.th.II-II,q.30, a. 4. Cf. FRANCISCO, Misericordiae vultus nº 6, op.cit.

14
Rom 8, 22-24.

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Su gesto de amor atraviesa la historia de la humanidad ofreciendo reconducirla a él y
llevarla a la plenitud, su meta al final de los tiempos. La referencia fundamental bíblica que
tenemos acerca del término escatología lo refleja la expresión que aparece en el AT: “en todas
tus acciones acuérdate del fin y nunca pecarás” (Eclo 7,36)15.

De alguna manera, según la idea que tengamos del fin de la existencia así será nuestra
manera de conducirnos en la vida. Por lo tanto, la concepción del fin es importante para la
existencia humana.

15
Cf. N. MARTÍNEZ-GAYOL FERNÁNDEZ, “Escatología” en La lógica de la fe, A. CORDOVILLA PÉREZ (ed),
op.cit.

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3. CONCLUSION

En toda la vida sacramental la misericordia se nos da en abundancia. Es muy relevante el hecho


de que la Iglesia haya querido mencionar explícitamente la misericordia en la fórmula de los dos
sacramentos llamados «de sanación», es decir, la Reconciliación y la Unción de los enfermos.

La fórmula de la absolución dice: «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al


mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de
los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz»16; y la de la Unción
reza: «Por esta santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del
Espíritu Santo»17.

La misericordia y la compasión del Señor para sus hijos realmente no tienen medida, como la
distancia entre el cielo y la tierra. Somos vasos de misericordia, vasos preparados por Él para
gloria. Él nos ha rodeado con su amor y compasión. Es rico en misericordia.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y


hallar gracia para el oportuno socorro”.

(Hebreos 4:16)

16
Ritual de la Penitencia, 102.
17
Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos, 143.

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4. BIBLIOGRAFÍA

BENEDICTO XVI, Caritas in veritate, Palabra, Madrid 2009. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, Palabra, Madrid
2005.

CATECISMO IGLESIA CATÓLICA, Asociación de Editores del Catecismo, Madrid 1992. COMISIÓN
TEOLÓGICA

INTERNACIONAL, Promoción humana y salvación cristiana, Introducción por

Lehmann K., Ediciones Vaticanas (1976).

CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Constituciones, decretos, declaraciones, BAC, Madrid 1993.

DENZINGER Heinrich – HÜNERMANN Peter , El Magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona 2006. FRANCISCO,
Evangelii gaudium, exhortación apostólica, San Pablo, Madrid 2013.

FRANCISCO, Lumen Fidei, Libreria Editrice Vaticana, Roma 2013.

FRANCISCO, Misericordiae vultus, Bula Jubileo de la Misericordia, San Pablo, Madrid 2015. JUAN XXIII, Mater
et Magistra, BAC, Madrid 1961.

JUAN PABLO II, Familiaris consortio, EDICEP, Valencia 1981.

LEÓN XIII, Rerum Novarum (1891) en DENZINGER Heinrich – HÜNERMANN Peter , El Magisterio de la Iglesia,
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