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Herejías y Crisis Doctrinal en la Iglesia

Este documento discute las principales formas en que la Iglesia está siendo atacada actualmente. Señala que la difusión de herejías dentro de la propia Iglesia es el medio más eficaz para debilitarla y eventualmente destruirla, minando la roca de la fe católica con numerosos escándalos doctrinales. También menciona otros medios como la persecución sangrienta y el silenciamiento de las grandes verdades de la fe. El autor argumenta que es necesaria una reforma en la Iglesia que re

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Herejías y Crisis Doctrinal en la Iglesia

Este documento discute las principales formas en que la Iglesia está siendo atacada actualmente. Señala que la difusión de herejías dentro de la propia Iglesia es el medio más eficaz para debilitarla y eventualmente destruirla, minando la roca de la fe católica con numerosos escándalos doctrinales. También menciona otros medios como la persecución sangrienta y el silenciamiento de las grandes verdades de la fe. El autor argumenta que es necesaria una reforma en la Iglesia que re

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José María Iraburu

JOSE MARIA IRABURU

Mala
doctrina
Del blog Reforma o apostasía (39-55, 60-2, 76-79)
en www.infocatolica.com (2009-2010)

Fundación GRATIS DATE


Apartado 2154 – 31080 Pamplona
ISBN 84-87903-84-3, Depósito legal NA 2473-2011
Gráficas Lizarra, S. L., Ctra. de Tafalla, km. 1 – 31132 Villatuerta, Navarra

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José María Iraburu

Introducción

Cuando se piensa en las reformas que la Iglesia necesita el diagnóstico se va fácilmen-


te hacia las obras que habría que corregir o que acrecentar. Pero ya se comprende que la
reforma más urgente es aquella que se refiere a las doctrinas vigentes en filosofía y
teología, en pastoral, disicplina y liturgia. Todas las desviaciones prácticas, todas las esca-
seces –como la de las vocaciones, quizá la más grave y decisiva–, todos los abusos y las
infecundidades que afectan hoy a la vida de la Iglesia, proceden de errores doctrinales
que en ella se han difundido ampliamente sobre todo a partir del Concilio Vaticano II,
aunque sin relación causal alguna con los documentos conciliares.
Poco antes de ser elegido Papa, el Cardenal Ratzinger, sustituyendo a Juan Pablo II, ya
muy enfermo, presidió el Via Crucis celebrado en el Coliseo de Roma el Viernes santo
(2005). Transcribo sus meditación y su oración en la IXª estación:
«Meditación. ¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos
hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un
secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia
Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de
corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él!
¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas
palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar
completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el
sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas!
También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su
Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No
nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf. Mt 8,25).
«Oración. Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace
aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su
atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros somos quienes te
traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu
Iglesia».
Si tantas veces «vemos más cizaña que trigo» en el campo del Señor, ¿a qué debemos
atribuirlo? A que «mientras todos dormían, vino su enemigo [el diablo, el Padre de la men-
tira] y sembró cizaña entre el trigo... Eso es obra del enemigo» (Mt 13,25.28). La reforma
hoy más urgente en la Iglesia es la reafirmación de la doctrina católica y al rechazo
eficaz de las malas doctrinas que en ella se han difundido muy ampliamente en los últi-
mos decenios. Todos los males vienen de la mala doctrina. Y todos los bienes, de la
reafirmación de «la sana doctrina» (2Tim 4,3).

José María Iraburu


Santiago Apóstol, 25 julio 2011

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José María Iraburu
ejemplo, en el libro de Antonio Socci, I nuovi perseguitati,
de 2002, donde calcula el autor que 70 millones de cristia-
nos han muerto mártires en la historia de la Iglesia, y que
de ellos 45 millones y medio, el 65%, han sido mártires del
siglo XX. En todo caso, parece un dato cierto que nunca
el Enemigo ha perseguido tan fuertemente a la Iglesia como
en nuestro tiempo. Sin embargo, tanto el Príncipe de este
–I– mundo como los Principales anti-cristos que le sirven, en-
tienden que no es ésa, de ningún modo, la manera más
eficaz de acabar con Cristo en el mundo.
Combate muy débil –El silenciamiento de las grandes verdades de la
fe es una vía bastante más eficaz que la persecución san-
de las doctrinas falsas grienta para debilitar a la Iglesia y acabar con ella progre-
sivamente. A este tema dediqué la última serie de los artí-
culos de mi blog:
Las verdades silenciadas de la fe (23-24) implican, sin duda,
herejías, que hoy no son suficientemente rechazadas, pues es
frecuente un lenguaje católico oscuro y débil (24). Por el con-
trario, para afirmar la verdad revelada y vencer los errores con-
trarios, y al mismo tiempo para llamar a conversión, es decir,
(39) para predicar el Evangelio, hemos de emplear el lenguaje de
Cristo, claro y fuerte (25), el lenguaje de San Pablo (26) y el de
1. Innumerables herejías actuales tantos otros predicadores y defensores de la fe católica:
Castellani (27), San Francisco Javier (28), San Juan Crisóstomo
–¿Y esto ya interesará a los lectores? (29), San Ignacio de Loyola (30-31), San Juan de Ávila (32), el
Cardenal Pie, Obispo de Poitiers (33-36).
–Ya sé que otros temas podrían atraer a mi blog a más lecto-
res, que van a pasar de largo al ver este artículo. ¿Pero ese –Por último, la difusión de herejías dentro de la mis-
pasotismo de tantos cristianos ante la multiplicación de las he- ma Iglesia es sin duda el medio más eficaz para acabar
rejías en la Iglesia no está exigiendo urgentemente la existencia con ella, al menos en ciertas regiones del mundo. La Igle-
de mi blog? Reforma o apostasía. sia del Dios vivo, «columna y fundamento de la verdad»
En los últimos tiempos la Bestia diabólica ataca a la Igle- (1Tim 3,15), está edificada sobre la roca de la fe. Puede
sia con especial fuerza. Y lo hace por medios muy di- el pueblo cristiano conservar la fe, puede proseguir el flu-
versos que se refuerzan entre sí. Señalo algunos jo de las vocaciones sacerdotes y religiosas, pueden man-
principales. tener las familias la vida cristiana, aunque se den, por ejem-
plo, graves escándalos morales en los altos dignatarios
–La persecución sangrienta hasta el martirio. Se- de la Iglesia. Lo hemos comprobado en no pocos momen-
gún se informó en un Symposium sobre «los testigos de la tos de la historia de la Iglesia. Pero si el Enemigo, con sus
fe en el siglo XX», celebrado en Roma con ocasión del secuaces, logra minar la roca de la fe católica con innume-
Jubileo del año 2000, de los 40 millones de mártires habi- rables escándalos doctrinales, la Iglesia entonces nece-
dos en los veinte siglos de la Iglesia, cerca de 27 millones sariamente se va arruinando y puede llegar en un lugar a
murieron mártires en el siglo XX. Obviamente, es muy derrumbarse.
difícil hacer ese cálculo numérico. Otros datos se dan, por
Pongo solamente un ejemplo: si se elimina práctica-
mente la soteriología –salvación o condenación–, ce-
san las vocaciones sacerdotales, y van apagándose
los fuegos de la Eucaristía en el mundo. Los sacerdo-
tes que al predicar en un funeral dan automáticamente
por salvado al difunto, suprimen el purgatorio, elimi-
nan la soteriología evangélica, y difundiendo eficaz-
mente estas herejías, colaboran más eficazmente al aca-
bamiento de la Iglesia que las persecuciones sangrien-
tas que producen mártires.
Pues bien, si la proliferación actual de la here-
jías es un tema que a algunos lectores no les inte-
resa, pueden pasar de largo, y buscarse otras lec-
turas más interesantes. Yo no puedo evitarlo; solo
lamentarlo.
La multiplicación de las herejías en la Igle-
sia actual es un hecho evidente. Hay muchos
buenos cristianos que son testigos muy dolidos, y
a veces desconcertados y escandalizados, a cau-
sa de esa realidad. Ya traté al tema en Infidelida-
des en la Iglesia. Pero quiero reafirmar aquí que
la proliferación de herejías dentro de la Iglesia
actual es atestiguada por personas altamente fi-
dedignas, cuyos testimonios debemos recordar.
3
José María Iraburu
–Pablo VI (+1978) sufrió mucho al ver difundirse tan- ríodo en el que todo tipo de desviación herética parece agol-
tos errores, herejías y abusos en el tiempo posterior al parse a las puertas de la auténtica fe católica» (114). Entre los
Concilio Vaticano II, sin tener a éste, por supuesto, como errores más graves y frecuentes, en efecto, pueden señalarse
causa. Sus más graves diagnósticos de situación comen- temas como el pecado original y sus consecuencias (87-89, 160-
zaron a producirse con ocasión de los rechazos, incluso 161), la visión arriana de Cristo (85), el eclipse de la teología de
la Virgen (113), los errores sobre la Iglesia (53-54, 60-61), la nega-
episcopales, de su encíclica Humanæ vitæ, de 1968. La ción del demonio (149-158), la devaluación de la redención (89),
«revolución del 68» también se produjo, a su modo, en el y tantos otros errores relacionados necesariamente con éstos.
mundo cristiano. «La Iglesia se encuentra en una hora
inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemoli- Actualmente dentro del campo de la Iglesia corren otras
ción… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí muchas herejías sobre temas de suma importancia: la di-
misma» (7-XII-1968). «Por alguna rendija se ha introdu- vinidad de Jesucristo, la condición sacrificial y expiatoria
cido el humo de Satanás en el templo de Dios» (29-VI- de su muerte, la historicidad de sus milagros y de su resu-
1972; cf., meses después, el amplio discurso sobre el de- rrección, la virginidad de María, el purgatorio, los ángeles,
monio y su acción, 15-XI-1972). Es lamentable «la divi- el infierno, la Presencia eucarística, la Providencia divina,
sión, la disgregación que, por desgracia, se encuentra en la necesidad de la gracia, de la Iglesia, de los sacramen-
no pocos sectores de la Iglesia» (30-VIII-1973). «La aper- tos, el matrimonio, la vida religiosa, el Magisterio, etc.
tura al mundo fue una verdadera invasión del pensa- Puede decirse que las herejías teológicas actuales han
miento mundano en la Iglesia» (23-XI-1973). impugnado prácticamente todas las verdades de la fe
católica. Y aunque los errores más ruidosos son aquellos
Según escribe el historiador Ricardo de la Cierva, «la concien- referidos a cuestiones morales –aceptación de la anticon-
cia de la crisis ya no abandonó a Pablo VI hasta su muerte. Se
atribuía una seria responsabilidad personal y pastoral en ella,
cepción, del aborto, de la homosexualidad activa, del nue-
que minaba su salud y le hacía envejecer prematuramente. Ante vo «matrimonio» de los divorciados, etc.–, ciertamente los
su confidente Jean Guitton hizo, poco antes de morir, esta con- errores más graves son los doctrinales, los que más di-
fesión dramática: “Hay una gran turbación en este momento de rectamente lesionan la roca de la fe sobre la que se alza la
la Iglesia y lo que se cuestiona es la fe. Lo que me turba cuando Iglesia.
considero al mundo católico es que dentro del catolicismo pa- –Benedicto XVI, en un importante discurso dirigido a
rece a veces que pueda dominar un pensamiento de tipo no ca- los más altos responsables de la Curia Romana (22-XII-
tólico, y puede suceder que este pensamiento no católico den-
tro del catolicismo se convierta mañana en el más fuerte. Pero
2005), se preguntaba «¿por qué la recepción del Concilio,
nunca representará el pensamiento de la Iglesia. Es necesario en grandes zonas de la Iglesia, se ha realizado hasta aho-
que subsista una pequeña grey, por muy pequeña que sea”. ra de un modo tan difícil?». Y en su condición de Papa
Años después Guitton comentaba: “Pablo VI tenía razón. Y hoy teólogo señalaba con exacto diagnóstico la causa general
nos damos cuenta. Estamos viviendo una crisis sin preceden- de los múltiples errores y abusos de la Iglesia en nuestro
tes. La Iglesia, es más, la historia del mundo, nunca ha conoci- tiempo. «Existe por una parte una interpretación [del Con-
do crisis semejante… Podemos decir, que por primera vez en su cilio] que se podría llamar “hermenéutica de la disconti-
larga historia, la humanidad en su conjunto es a-teológica, no nuidad y de la ruptura”, que con frecuencia ha contado
posee de manera clara, pero diría que tampoco de manera confu- con la simpatía de los medios de comunicación y también
sa, el sentido de eso que llamamos el misterio de Dios”» (La hoz de una parte de la teología moderna. Por otra parte, está
y la cruz, Ed. Fénix 1996, pg.84). la “hermenéutica de la reforma”, de la renovación den-
–Juan Pablo II (+2005), en un discurso a misioneros tro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor
populares (6-2-1981), afirmaba hace ya tres décadas que nos ha dado: es un sujeto que crece en el tiempo y se de-
la Iglesia católica sufre en su interior falsificaciones doc- sarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único su-
trinales muy frecuentes, y éstas no han disminuido en los jeto del pueblo de Dios en camino… La hermenéutica de
años más recientes: la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura
«Es necesario admitir con realismo, y con profunda y ator- entre la Iglesia preconciliar y la Iglesia posconciliar. Afir-
mentada sensibilidad, que los cristianos de hoy, en gran parte, ma que los textos del Concilio como tales no serían la
se sienten extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilu- verdadera expresión del espíritu del Concilio… Sería pre-
sionados. Se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes ciso seguir no los textos del Concilio, sino su espíritu. De
con la verdad revelada y enseñada desde siempre. Se han pro- ese modo, como es obvio, se deja espacio a cualquier ar-
palado verdaderas y propias herejías en el campo dogmático bitrariedad».
y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones. Se ha mani-
pulado incluso la liturgia. Inmersos en el relativismo intelectual Nunca la Iglesia ha tenido tantas luces de verdad,
y moral, y por tanto en el permisivismo, los cristianos se ven y nunca ha sufrido una invasión de herejías seme-
tentados por el ateísmo, el agnosticismo, el iluminismo vaga- jante. Las dos frases son verdaderas, aunque parezcan
mente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas contradictorias. Pero entonces, si es verdad que hay en la
definidos y sin moral objetiva». Iglesia actual tanta y tan luminosa doctrina, ¿cómo se
–El Cardenal Ratzinger, en su Informe sobre la fe, explica que sufra hoy el pueblo cristiano tan generaliza-
de 1984, señalaba esa misma proliferación innumera- das confusiones y errores en temas de fe? Trataré, con el
ble de doctrinas falsas, tanto en temas dogmáticos como favor de Dios, de esta grave cuestión con todo cuidado.
morales (BAC, Madrid 1985).
«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto
que hace teología no es el estudioso individual, sino la comuni-
dad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del
trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo
teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivis-
mo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la
tradición común» (80)… Así se ha producido un «confuso pe-

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José María Iraburu
Primera cuestión: ¿cómo ha podido suceder esto?
Si hay campos en la Iglesia en los que la cizaña de los
errores abunda más que el trigo de la fe católica verdade-
ra, debe surgir entre nosotros –debe– aquella pregun-
ta de los apóstoles: «“Señor, ¿no sembraste buena semi-
(40) lla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” Él les con-
testó: “un enemigo ha hecho esto”» (Mt 13,28). Ese Ene-
2. La Autoridad apostólica debilitada –I migo es el diablo, el Padre de la mentira, por medio de
hombres e instituciones más o menos sujetos a su influjo.
–En 1959, hace justamente medio siglo, dirigió François Pero ¿cómo ha podido suceder esto? Esa pregunta, en
Truffaut una película de gran éxito, Les quatre cents coups, Los cierto modo, tiene una respuesta única:
cuatrocientos golpes. Y en esto que digo, por favor, no vea Nunca la Autoridad apostólica ha tolerado en la
alusión alguna a su blog. Iglesia tantos errores doctrinales y tantos abusos
–Si los cuatrocientos golpes que puedan darse en este blog disciplinares y litúrgicos. Si abunda la cizaña en el cam-
afirman cuatrocientas verdades católicas, muchas de ellas si- po de trigo del Señor, eso es debido a los sembradores
lenciadas, bendeciré al Señor de todo corazón, por mucho que malos, colaboradores del diablo, y a los vigilantes negli-
usted rezongue. gentes, que no solo de noche, «mientras dormían» (Mt
Nunca la Iglesia ha tenido tantas luces de verdad, 13,25), sino también de día, les permitieron actuar durante
y nunca ha sufrido una invasión de herejías seme- varios decenios. No puede darse otra explicación. Es ob-
jante. Las dos afirmaciones son verdaderas, aunque pa- vio que herejías, cismas y sacrilegios se han dado y se
rezcan contradictorias entre sí. darán siempre en la Iglesia, pero sólamente duran dentro
Nunca la Iglesia docente ha tenido tanta luz como de ella en la medida en que son tolerados por los Pastores
ahora, nunca ha tenido un cuerpo doctrinal tan amplio, sagrados, es decir, en la medida en que quedan impunes.
coherente y perfecto sobre cuestiones bíblicas, dogmáti- Habrá que afirmar, por tanto, que si durante el último medio
cas, morales, litúrgicas, sociales, sobre sacerdocio, laicado, siglo han podido «esparcirse a manos llenas verdaderas
vida religiosa, sobre tantas cuestiones diversas. Ésa es la herejías», haciendo que «los cristianos de hoy, en gran
verdad. parte, se sientan extraviados, confusos, perplejos», esto
es debido a la acción de herejes, cismáticos y sacrílegos,
Pensemos, por ejemplo, en la doctrina actual de la Iglesia so-
bre el sacerdocio, dada en tantas encíclicas, en documentos del y a la omisión de un ejercicio suficiente de la Autoridad
Vaticano II… Hasta hace cien años en la Iglesia solo había so- apostólica.
bre el sacerdocio una serie de cánones disciplinares formulados La génesis histórica de la debilitación de la Auto-
en Concilios regionales o ecuménicos, los Seis libros del sacer- ridad apostólica en tantos sagrados Pastores católicos
docio de San Juan Crisóstomo, la Regula pastoralis de San exigiría un estudio que aquí es imposible y del que no sería
Gregorio Magno, algunas obras espirituales modernas y, al me- yo capaz. Pero, aunque sea un atrevimiento, señalaré cier-
tos datos importantes; solo dos.
–El concilio Vaticano II reafirma con toda
fuerza la autoridad apostólica, ejercitada en
el triplex munus o tria munera –enseñanza
de la doctrina, santificación sacramental y
gobierno pastoral–. Esa apostólica autoridad
sagrada la ha comunicado Cristo por el Or-
den sacerdotal al Papa, a los Obispos y a los
sacerdotes y diáconos (cf. por ejemplo, LG
24-27; CD 4,11-16; PO 1-5). Esto queda afir-
mado en el Vaticano II con absoluta firmeza
y claridad. Hay, sin embargo, en el Concilio
alguna expresión –lo que es inevitable en toda
palabra humana–, que considerada sin rela-
ción a otros textos conciliares fundamenta-
les, podría devaluar la Autoridad apostólica,
nos al alcance de los sacerdotes, no mucho más. No nos damos es decir, podría ser mal entendida, en un sentido contrario
cuenta quizá de la inmensa luminosidad de la Iglesia actual. al Vaticano II.
Realmente «el Espíritu de la verdad nos guía hacia la verdad
plena» (cf. Jn 16,13). Y sin embargo… Por ejemplo, si el principio de que «la verdad no se impone de
otra manera que por la fuerza de la misma verdad, que penetra
No se conoce ninguna época de la Iglesia en que los suave y a la vez fuertemente en las almas» (DH 1), se entendiera
errores y las dudas en la fe hayan proliferado en el pue- en el sentido de que la Autoridad apostólica no debe ser ejerci-
blo católico de forma tan generalizada como hoy, sobre tada en cuanto tal al enseñar las verdades católicas, ni al recha-
todo en las Iglesias de los países ricos de Occidente. Ya zar los errores que las niegan, tal principio sería inconciliable
cité una declaración de Juan Pablo II: «los cristianos de con la enseñanza y el ejemplo de Cristo, de los Apóstoles y de la
hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, per- Iglesia, y con la misma enseñanza del Vaticano II. Es evidente
plejos, e incluso desilusionados. Se han esparcido a ma- que Cristo, afirmando verdades y negando errores, «hablaba
nos llenas ideas contrarias a la verdad revelada y enseña- con autoridad» (Lc 4,32), no como los letrados. Y la Iglesia ha-
bla al mundo con la misma autoridad de Cristo, lo que el mundo
da desde siempre. Se han propalado verdaderas y propias no aguanta (cf. posts 25 y 26 sobre el lenguaje de Cristo y de
herejías en el campo dogmático y moral» (6-2-1981). San Pablo). Es decir, ese principio es mal entendido, cuando se

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José María Iraburu
opone a la doctrina católica. Y de hecho, durante los decenios caciones, visitas a enfermos, solemnes actus litúrgicos,
postconciliares, son muchos quienes lo han malentendido, to- peregrinaciones, visitas a una comunidad religiosa que
lerando así que en tantos ambientes católicos predominaran los celebra su centenario, reuniones pastorales, etc., son acti-
errores sobre la verdad. vidades que pueden ser realizadas sin especiales sufri-
–En el pontificado de Pablo VI (1963-1978), en los pri- mientos, incluso hallando en ellas no pocas gratificaciones
meros años postconciliares, a partir sobre todo de la Huma- sensibles.
næ vitæ, 1968, parece debilitarse el gobierno pastoral de Es el munus regendi el que suele implicar más cruz, y
la Autoridad apostólica suprema. Y esa debilitación se di- por eso tantas veces se omite, sobre todo en ciertas cues-
funde en alguna medida, lógicamente, a toda la Iglesia: tiones. Concretamente, es imposible que sin cruz un Obis-
Obispos, sacerdotes, teólogos, superiores religiosos, pa- po pueda obedecer aquello del Apóstol: «oportuna e impor-
dres de familia, catequistas, etc. El mismo Papa Pablo VI, tunamente, corrige, reprende, exhorta, con toda paciencia
de santa memoria, que en la enseñanza de la verdad y en y doctrina… Cumple tu ministerio» (cf. 2Tim 4,1-5). Aque-
la refutación de los errores afirma, en ocasiones con tes- llos Obispos que, aunque tengan báculo, no toman la cruz,
timonio heroico y martirial, su Autoridad apostólica do- son completamente impotentes.
cente (Mysterium fidei, Sacerdotalis coelibatus, Humanæ
vitæ, Credo del Pueblo de Dios, etc.), cohibe en buena La Autoridad apostólica, sin «perder la propia vida», es impo-
tente para retirar del Seminario a un profesor prestigioso, que
parte, por el contrario, su autoridad suprema de gobierno lleva años enseñando barbaridades y que se obstina en sus
pastoral, a la hora de atajar a los heréticos y cismáticos errores; es incapaz de suspender a divinis a un párroco que con
que actúan abiertamente dentro de la Iglesia. En palabras pertinacia realiza en la liturgia más sacrilegios que sacramentos;
de Juan Pablo II: «se han propalado verdaderas herejías etc. Esas acciones de la Autoridad pastoral llevan consigo cru-
en el campo dogmático y moral, dejando a muchos cristia- ces muy grandes, y es fácil caer en la tentación de evitarlas. Por
nos de hoy extraviados, confusos, perplejos». En otras el contrario, celebrar un magno «evento» diocesano, p. ej., glo-
palabras: innumerables lobos sueltos han hecho y hacen rificador de la familia cristiana no ofrece especiales dificultades:
estragos en el rebaño de Cristo. Y esto durante muchos siempre habrá un centenar o unas docenas de matrimonios que
años, no en una incursión breve. asistan sin falta, y seguramente la celebración será un éxito.
Vengan los fotógrafos. Pero otra cosa mucho más ardua –y mu-
Siempre Pablo VI persevera en la norma de 1.-ense- cho más necesaria– es, p. ej., que el Obispo se empeñe a fondo
ñar la verdad, 2.-y reprobar los errores, pero 3.-no san- en enderezar unos cursillos prematrimoniales heréticos, que
cionar a quienes dentro de la Iglesia mantienen actitudes durante decenios legitiman, e incluso aconsejan, la anticoncep-
disidentes y rebeldes, fuera de casos absolutamente ex- ción. Eso no puede hacerse sin gran cruz. Y eso es justamente lo
cepcionales. Sólo Dios sabe si aplicar esa norma era lo que tantas veces se omite, y no se intenta siquiera. La Autori-
más prudente en aquellos agitados años. Quizá esperaba dad apostólica debilitada…
el Papa que en años más serenos, pasadas las crisis post- Continuará, con el favor de Dios.
conciliares –hasta cierto punto normales, después de un
gran Concilio–, se darían circunstancias favorables para
ejercitar con más fuerza la potestad apostólica de corre-
gir y sancionar.
Algunos de sus biógrafos atribuyen en parte esta actitud a su
carácter personal. Y el mismo Pablo VI parece reconocerlo. Des-
pués de las grandes tormentas de la Humanæ vitaæ y del Cate-
cismo Holandés, expresaba en confidencia al Colegio de Carde-
nales: «quizá el Señor me ha llamado a este servicio no porque
yo tenga aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia en las
presentes dificultades, sino para que yo sufra algo por la Igle-
sia, y aparezca claro que es Él, y no otros, quien la guía y la
salva» (22-VI-1972).
Sucede, en todo caso, que en el servicio de Cristo un (41)
Pastor apostólico ha de sufrir siempre; sufre si gobierna, 3. La Autoridad apostólica debilitada –y II
porque gobierna; y sufre si no gobierna, porque impera el
desgobierno. Y éste es un sufrimiento bastante mayor; y
más amargo. –O sea que lo que usted quiere es que los Obispos en vez de
Segunda cuestión. ¿Y por qué se ha producido esa báculo pastoral tengan una buena estaca.
debilitación del ejercicio de la Autoridad pastoral? –Lo que yo quiero, como cualquier cristiano ortodoxo, es que
He respondido antes a la primera pregunta. Pero ahora es los Obispos in persona Christi enseñen, santifiquen y gobier-
obligado que nos hagamos esta segunda pregunta, que a nen pastoralmente al pueblo que les ha sido confiado. Debo
mi entender halla su respuesta principalmente en cuatro quererlo. Y usted también.
causas: 1.-horror a la cruz. 2.- influjo protestante. 3.-in- Decía en el anterior artículo que la debilitación de la
flujo del liberalismo. 4.-incumplimiento de las leyes canó- Autoridad apostólica parece tener principalmente cuatro
nicas. causas: 1.-horror a la cruz. 2.- influjo protestante. 3.-in-
1.– El horror a la cruz inhibe el ejercicio de la Autori- flujo del liberalismo. 4.-e incumplimiento de las leyes ca-
dad apostólica. El munus docendi, al menos cuando se nónicas. Ya traté de la primera.
evita afirmar ciertas verdades ingratas o rechazar deter- 2.– El influjo protestante, como es sabido, es hoy
minados errores, y el munus sanctificandi no traen con- muy fuerte en el campo católico. Los sacerdotes, más
sigo, de suyo, para Obispos y sacerdotes grandes cruces. que sacerdotes son pastores. No hay, propiamente, sacer-
Todo trabajo, todo lo bueno que ellos hagan implica su docio cristiano; ni la Misa es un sacrificio, sino una cena.
cruz, pero en principio se puede decir que piadosas predi- Por eso en ella la liturgia de la Palabra es muy larga, y la
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José María Iraburu
liturgia sacrificial mínima. Aversión a la ley eclesiástica – las conclusiones de su congreso que los poderes eclesiales
una judaización del Evangelio–. Apertura al nuevo «ma- «han llevado a cabo una inversión de los valores hasta hacer irre-
trimonio» de divorciados. Aceptación de la anticoncepción. conocible el mensaje y la praxis de Jesús de Nazaret. La jerarquía
Secularización laica de la figura del sacerdote y del reli- ha sustituido el Evangelio por los dogmas» (Asociación de teó-
gioso. Los teólogos por encima de los Obispos –bueno, y logos y teólogas Juan XXIII), etc. No merece la pena que multi-
plique los ejemplos. Bien saben los lectores que tesis heréticas
cualquier cristiano: libre examen–. Los Obispos no son y cismáticas como éstas abundan hoy en ciertos ambientes ca-
sucesores sacramentales de los apóstoles. Derecho de tólicos como los mosquitos en un pantano insalubre.
cada cristiano a disentir en conciencia de la doctrina o
disciplina de la Iglesia. Etc. Todo esto es ya muy conoci- Pareciera, pues, que no pocas Iglesias locales católicas
do, y ha sido bien estudiado, por ejemplo, por el P. Horacio aceptan en la práctica configurarse al modo protestan-
Bojorge, S. J. (Proceso de protestantización del Cato- te. En la Iglesia Católica, allí donde la confusión y la divi-
licismo). sión se generalizan entre los fieles, es evidente que se ha
degradado la Iglesia en clave de protestantización. Si «los
Pues bien, la protestantización debilita notablemen- cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados,
te el ejercicio de la Autoridad apostólica. Afirmando confusos, perplejos e incluso desilusionados» (Juan Pablo
Lutero, y el protestantismo con él, el libre examen y ne- II, 6-2-1981), ¿no se debe a que numerosas actitudes he-
gando la Sucesión apostólica –la autoridad de Papa, réticas, cismáticas y sacrílegas permanecen tantas veces
Obispos y Concilios–, es lógico que en las comunidades impunes durante decenios dentro de la Iglesia, como es
protestantes los teólogos sean más importantes que los normal en las comunidades protestantes?
pastores, elegidos por la comunidad y revocables. Como
también es lógico y previsible que no haya unidad doctri- En la reciente constitución apostólica Anglicanorum
nal en las confesiones protestantes, y que se dividan fre- coetibus (4-XI-2009) se dispone, al señalar las condicio-
cuentemente por partenogénesis. Confusión y división son nes necesarias para recibir en la Iglesia a la Comunión
congénitas al protestantismo. Pero lo más terrible es que Anglicana Tradicional, que «el Catecismo de la Iglesia
esto suceda a veces «dentro» de la Iglesia Católica, una, Católica es la expresión auténtica de la fe católica profe-
santa y apostólica. sada por los miembros del Ordinariato» (I, § 5). ¿A aque-
llos católicos que difieren públicamente en forma escan-
Ya se va considerando como normal que el binomio protes- dalosa del Catecismo de la Iglesia en graves cuestiones
tante confusión-división esté generalizado dentro del campo
católico. Ya parece darse como un hecho admitido y admisible
habría de exigirse lo que se va a exigir, lógicamente, a
los anglicanos vueltos a la Iglesia católica? Si así fuera,
mientras unos entran en la Iglesia, otros tendrán que salir
de ella.
3.– El influjo del liberalismo vigente cohibe también
en no pocos Obispos el ejercicio pleno de su autoridad
de enseñanza y sobre todo de gobierno pastoral. La
Sagrada Escritura enseña siempre que toda autoridad vie-
ne de Dios: él es el Señor, el Auctor del cielo y de la tierra,
de quien dimana toda verdadera auctoritas, sea familiar
o política, docente o religiosa. «Toda autoridad viene de
Dios» (cf. Rom 13,1-7; 1Tim 2,1-1; Tit 3,1-3; 1Pe 2,13-
17). Y por supuesto Obispos, presbíteros y diáconos reci-
ben directamente de Cristo toda autoridad para enseñar,
santificar y regir al pueblo que le es confiado (CD 2; PO
4-6). Éstas son verdades evidentes para cualquier cre-
yente.
Por otra parte, toda autoridad es una fuerza acrecen-
tadora y unitiva (auctor-augere, acrecentar), que esti-
mula el crecimiento de personas, familias, comunidades,
sociedades, manteniéndolas en la unidad por la obedien-
cia, y facilitando así grandemente la comunión del amor
fraterno. Por eso, donde la autoridad se debilita, viene ne-
cesariamente el decrecimiento y la división.
Pues bien, como ya vimos (36), el alma misma del libe-
ralismo es la negación de la Autoridad divina. El Señor
no es Dios, el Señor es el hombre. La autoridad no viene
que, sin que haya posteriormente excomuniones o suspensio- de Dios, viene del hombre, del pueblo. La voluntad huma-
nes a divinis, se difundan públicamente dentro de la Iglesia na se afirma en sí misma de forma absoluta y autónoma,
grandes herejías. Un autor afirma que «la Iglesia es un gran rechazando toda Voluntad divina que le obligue. La liber-
obstáculo para entender el Evangelio» (J. M. Castillo, ex S. J.); tad del hombre es total, y no está obligada ni a Dios, ni a la
otro afirma que Jesús –el Jesús histórico, se entiende– nunca naturaleza, ni a la tradición. Estas convicciones diabólicas
pensó en fundar una Iglesia (J. A. Pagola); otra se reconoce con
derecho a disentir públicamente del Magisterio apostólico (Sor
han venido a ser la misma forma mental y espiritual del
Teresa Forcades); otro reconoce que la Humanæ vitæ fue un mundo moderno. Son errores satánicos que, aunque sea
error, muy perjudicial para la Iglesia (Card. Martini); no faltan en formas diversas de liberalismo, más o menos radicales,
quienes apoyan una ley que facilita más el aborto (J. Masiá, S. están permanentemente afirmados en todos los ámbitos
J., Instituto de Bioética Borja), o que se muestran favorables al de la sociedad. Por tanto, el influjo de la cultura liberal
ejercicio normalizado de la homosexualidad; otros afirman en ha de debilitar necesariamente toda autoridad, también
7
José María Iraburu
la Autoridad apostólica, si ésta, acomodándose más o en ese canon, sin que jamás se les haya aplicado sanción
menos al mundo secular, no se afirma suficientemente en alguna –si bien es cierto que tampoco han sido amonesta-
la fe para ejercitar su autoridad al servicio del pueblo cris- dos en la mayoría de los casos–. Muchos de ellos ocupan
tiano. La profunda debilitación que tantas veces hoy se cargos principales en no pocas Iglesias. Por tanto, ha de
aprecia en el ejercicio de la Autoridad apostólica ha de afirmarse como verdad evidente que la suspensión habi-
explicarse, pues, en clave de liberalismo. tual de esta norma canónica durante medio siglo ha hecho
Todas las encíclicas anti-liberales de la segunda mitad del posible en el campo católico que, impunemente, miles de
siglo XIX y primera del XX aseguran con insistencia que al des- filósofos, teólogos, historiadores, liturgistas, moralistas,
vincular de la Autoridad divina las autoridades humanas, és- predicadores, escritores, párrocos, catequistas, «hayan es-
tas van a quedar trágicamente devaluadas, perdiendo su dig- parcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad reve-
nidad y su fuerza, para daño y dolor de familias, sociedades, lada… verdaderas y propias herejías en el campo dogmá-
naciones, y también, por supuesto, diócesis, parroquias, semi- tico y moral» (cf. Juan Pablo II, 6-2-1981).
narios, librerías religiosas, facultades de teología, universida-
des católicas, comunidades de vida consagrada, etc. La historia Y notemos que el canon dice debe castigarse con pena
ha confirmado ampliamente el pronóstico. Todos los horrores justa; no dice puede.
del mundo moderno, en todos los ámbitos de la sociedad huma- La verdad siempre es alegre. No quiero seguir ade-
na, proceden de la soberbia liberal. Como digo, ésta es una en- lante sin hacer un alto para dejar bien clara otra verdad
señanza central en todas las encíclicas anti-liberales. Recordaré importante. Los diagnósticos precedentes pueden pare-
solo, a modo de ejemplo, aquellas palabras de León XIII: «negar cer tristes y pesimistas, pero no lo son, porque son verda-
que Dios es la fuente y el origen de toda autoridad política [o de
cualquier otra índole] es despojar a ésta de toda su dignidad y deros. Y nunca la verdad es negativa, triste y agobian-
de toda su fuerza» (enc. Diuturnum illud, 1881, n.17). te. La verdad es siempre luminosa, alegre, santificante,
buena para una mayor unión con Dios y con el próji-
Es, pues, perfectamente normal que hoy en las Iglesias mo, medicinal, liberadora: «la verdad os hará libres»
más afectadas por el liberalismo mundano vigente la lu- (Jn 8,32). Quienes arruinan, entristecen, confunden, divi-
cha contra el herejías y sacrilegios sea hoy muy insufi- den y debilitan a la Iglesia son aquellos que difunden el
ciente. De hecho –aunque se conserve la convicción teó- error y la mentira por la palabra o el silenciamiento culpa-
rica contraria–, viene a estimarse que «es preciso respe- ble. Y son tantos.
tar todas las ideas», y que «la libertad de expresión es una
prioridad absoluta», a la que ha de sujetarse la misma or- La Iglesia es y será siempre «la columna y el fun-
todoxia. Entonces, la Autoridad apostólica, en la medida damento de la verdad» (1Tim 3,9). Hay Iglesias católi-
en que se mundaniza, espera la paz y el bien común no cas locales agonizantes, debido a la abundancia del error.
tanto de la verdad, de la obediencia al Creador y al orden Esto es una verdad evidente. Pero la Iglesia universal es
por él establecido en el mundo creado, sino de una tole- indefectible en la verdad, y las fuerzas infernales de la
rancia universal, que todo lo admite, menos las afirma- mentira nunca podrán vencerla. De hecho es hoy, como
ciones dogmáticas. En suma: es normal que si una Iglesia siempre, la Iglesia Católica, dirigida por el Papa y los
local se encuadra en las coordenadas protestantes y li- Obispos, la que mantiene encendida en medio de la
berales, venga a despreciar la autoridad, la obediencia, la oscuridad del mundo la verdadera luz de Cristo: la
disciplina eclesial, el Magisterio apostólico, los dogmas, la divinidad de Jesús, la plenitud del culto litúrgico, los siete
ortopraxis moral y litúrgica. sacramentos, la vida religiosa, las misiones, la monogamia,
el horror del aborto y de la anticoncepción, la Autoridad
4.– La ley canónica, sobre todo la ley penal, con divina como fuente de toda autoridad, la fe en la razón y
frecuencia no se aplica, lo que debilita gravemente la en la libertad del hombre… ¡Es la Iglesia Católica el sa-
Autoridad apostólica. Aunque también podría aplicarse cramento universal de salvación, y es ella la que florece
aquí el principio de la causalidad recíproca, diciendo que también hoy en santos, en grandes santos!
la debilitación de la Autoridad apostólica trae consigo
la inaplicación de las normas canónicas penales. Causæ Más aún. Solo la Iglesia Católica está plenamente asis-
ad invicem sunt causæ: son causas que se causan mutua- tida por el Espíritu Santo, que la conduce hacia la verdad
mente. En ciertas Iglesias locales, donde hace ya muchos completa (Jn 16,13). Por eso, a diferencia de otras co-
años se difunden herejías innumerables y se cometen sa- munidades cristianas, el error no puede arraigarse
crilegios impunemente, especialmente en las celebracio- durablemente en la Iglesia. Nestorianos, monofisitas,
nes litúrgicas, puede decirse que la ley canónica penal ha luteranos pueden perseverar en los mismos errores doc-
caído en desuso: de hecho, no está vigente –fuera de ca- trinales durantes siglos. Pero eso no puede darse en la
sos absolutamente excepcionales–. Por tanto, podría de- Iglesia universal. Y tampoco puede darse en una Iglesia
cirse, aunque parezca increíble, que en esa Iglesia local local católica, porque o se reintegra en la verdad de la
se estima que, al menos en cuestión de herejías y sacrile- Iglesia, o deja de ser católica.
gios, es mejor para el bien común del pueblo cristiano
no aplicar la ley canónica que aplicarla, porque su apli-
cación traería males mayores. Pondré solo el ejemplo de
una norma canónica habitualmente ignorada:
«Debe ser castigado con una pena justa 1º, quien enseña una
doctrina condenada por el Romano Pontífice o por un Concilio
Ecuménico o rechaza pertinazmente la doctrina descrita en el c.
752 [sobre el magisterio auténtico en fe y costumbres], y, amo-
nestado por la Sede Apostólica o por el Ordinario, no se retrac-
ta» (c. 1371).
Podría hacerse un listado de cientos, de miles de cristia-
nos docentes y rectores que están directamente incursos
8
José María Iraburu
verdad, pero que no se atreven a denunciar y a refutar
abiertamente los errores contrarios.
Entre los teólogos ortodoxos, hoy la mayoría son
débiles para combatir el error. Y es que negar los erro-
res exige ciertamente un valor martirial aún mayor que
afirmar la verdad.
(42) La afirmación de la verdad divina entre los hombres
4. Teólogos católicos, ortodoxos, requiere sin duda una fuerza sobre-humana. La «locu-
ra de la predicación» ha de parecer a los hombres «es-
pero no combatientes cándalo y locura» (1Cor 1,21-23), porque propone unos
«pensamientos y caminos de Dios» que distan de ellos
–Ya ha citado ese tremendo discurso de Juan Pablo II, en más que el cielo de la tierra (Is 55,8-9). No puede comu-
1981, media docena de veces. nicarse, pues, la Revelación divina sino con una gran parre-
–Tenga paciencia, pues espero seguir recordándolo. sía y fuerza de cruz.
La misión de los teólogos en la Iglesia es de suma Pero la negación de los errores requiere una fuerza
importancia, y ha de realizarse siempre a la luz de la espiritual aún mayor. De hecho, la historia de Cristo y
Biblia y de la Tradición, bajo la dirección del Magiste- de la Iglesia nos asegura que la refutación de los errores
rio de la Iglesia, teniendo también en cuenta el sensus presentes es mucho más peligrosa que la afirmación de
fidei del pueblo cristiano (Vaticano II, DV 10; OT 16; lla- las verdades que les son contrarias. Los mártires, en efecto,
mo «teólogos» a los profesores de teología, acomodándo- sufren persecución y muerte no tanto por afirmar las ver-
me a la impropia costumbre actual). Ahora bien, de he- dades divinas, sino por decir a los hombres que sus pensa-
cho, entre los teólogos católicos –unos son ortodoxos, mientos son falsos y que sus caminos llevan a perdición
que defienden la fe de los errores contrarios; –otros son temporal y eterna. Ya comprobamos esto al estudiar el
heterodoxos, que silencian o falsifican más o menos la lenguaje de Cristo y el de San Pablo (25-26), la parresía
doctrina católica; y –otros son teólogos católicos orto- de San Francisco Javier (28), etc.
doxos, pero que no combaten los errores contrarios a la No basta, por ejemplo, predicar a un grupo de matrimonios la
verdad católica. De éstos trataré ahora. castidad conyugal –no basta, ¡aunque eso es ya mucho!–. Es
Varios documentos del Magisterio apostólico tratan de los preciso decir además que la anticoncepción, que desvincula
teólogos: –Congregación de la Fe, instrucción Donum veritatis, amor y posible fertilidad, es intrínseca y gravemente pecamino-
sobre la vocación eclesial del teólogo, (24-V-90); –Juan Pablo sa, y que su empleo –a no ser que venga exigido por un fin
II, disc. Teología y Magisterio, (24-XI-1995); –Juan Pablo II, terapéutico– no puede ser justificado por ninguna intención o
carta apostólica, Ad tuendam fidei (18-V-1998). circunstancia. En ciertos ambientes, la predicación positiva de
Los teólogos que afirman la verdad, pero que no nie- la castidad conyugal quizá suscite reticencia o rechazo. Pero lo
que dará lugar a persecuciones, descalificaciones y marginacio-
gan los errores, no cumplen fielmente su ministerio. nes, lo que vendrá a ser ocasión de martirio, es decir, de testimo-
La plena afirmación de la verdad divina exige la nega- nio doloroso de la verdad de Cristo, es la reprobación firme de
ción de los errores contrarios. De otro modo «el testimo- los anticonceptivos. Y eso explica que en tantas Iglesias locales
nio de la verdad» no es total, ni llega a expresarse de un sea hoy tan rara la predicación completa –afirmando y negan-
modo plenamente inteligible. No pocas veces se llega al do– de la verdadera espiritualidad conyugal católica.
conocimiento de la verdad cuando se vencen persuasiva- Allí, por ejemplo, donde las absoluciones colectivas se han
mente los errores contrarios. Los profetas no se limitan a generalizado casi completamente, hará falta un gran valor para
afirmar la realidad de un Dios único, sino que denuncian afirmar la verdad, asegurando que la confesión individual es el
la falsedad de los dioses múltiples y de los ídolos, llegando modo ordinario en que debe celebrarse el sacramento de la peni-
a ridiculizarlos y a reirse de su vanidad. Cristo afirma la tencia. Pero mucho más valor hará falta para condenar la prácti-
primacía de la interioridad religiosa, pero al mismo tiempo ca generalizada de las absoluciones colectivas, que vienen a ser
rechaza con fuerza el ritualismo exterior de fariseos y le- un sacrilegio, es decir, un abuso grave en materias sacramentales.
trados. Afirma y niega. Y la misma norma siguen los Após- Eso es, en efecto, el sacrilegio: «tratar indignamente los sacra-
toles al predicar. mentos y las demás acciones litúrgicas», y es «un pecado gra-
ve» (Catecismo 2120).
Los Santos Padres enseñan en preciosas exposiciones
las verdades de la fe, pero escriben también muchas obras Los teólogos católicos fieles han combatido siem-
Adversus hæreses. Saben que de otro modo no afirma- pre las herejías y todos los errores que surgían entre sus
rían del todo la verdad cristiana. Por eso el género litera- contemporáneos. Es un dato continuo de la Tradición ca-
rio Adversus o Contra… sean herejías (contra pelagianos, tólica. A modo de ejemplo, recordaré solo un caso históri-
contra arrianos, contra maniqueos), o sean autores heréti- co. Cuando a comienzos del siglo XIII nacen las Ordenes
cos contemporáneos, citados por su nombre (contra Faus- Mendicantes, no pocos teólogos, por razones e intereses
tum, contra Secundinum), es muy frecuente en sus escri- diversos, impugnan la licitud de esta forma de vida de po-
tos. Santo Tomás, en cada artículo de la Summa sigue esa breza. Concretamente Gerardo de Abbeville, maestro pari-
misma norma docente: indica al principio un cierto núme- siense, escribe un libelo Contra adversarium perfectio-
ro de enseñanzas erróneas sobre un tema; da en el cuer- nis christianæ et prælatorum et facultatum Ecclesiæ,
po del artículo la doctrina verdadera; y termina respon- arremetiendo contra la pobreza en general y la de los frai-
diendo a los errores señalados al principio. En todas las les Mendicantes en particular.
culturas se ha seguido siempre esa misma pedagogía, que San Buenaventura (1221-1274), en esos años Minis-
responde a la naturaleza del entendimiento humano. Se- tro general de los franciscanos, entra en la polémica con
gún eso no cumplen plenamente con su ministerio aque- su obra Apologia pauperum; contra calumniatorem. En
llos Obispos, teólogos o predicadores que solo afirman la esta obra el Doctor seráfico no solo enseña la pobreza
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José María Iraburu
evangélica, sino que combate con gran vehemencia los vergüenza. Las Notificaciones reprobatorias, p. ej., de la Con-
errores de quien la impugna. Algunas frases del prólogo gregación de la Fe –recuerdo algunas: Hans Küng, 1975, 1979;
pueden dar una idea del tono que emplea: Jacques Pohier, 1979; Edward Schillebeecks, 1979, 1980, 1984,
1986; Leonardo Boff, 1985; Anthony De Mello, 1998; Jacques
«En estos últimos días, cuando con más evidente claridad Dupuys, 2001; Marciano Vidal, 2001; Jon Sobrino, 2006, etc–
brillaba el fulgor de la verdad evangélica –no podemos referirlo pocas veces fueron precedidas de reprobaciones fuertes y nu-
sin derramar abundantes lágrimas–, hemos visto propagarse y merosas de Obispos y teólogos. En muchas ocasiones, por el
consignarse por escrito cierta doctrina, la cual, a modo de negro contrario, éstos guardaron hacia esos autores un silencio res-
y horroroso humo que sale impetuoso del pozo del abismo e petuoso, cuando no una actitud favorable. Y aún se ha dado el
intercepta los esplendorosos rayos del Sol de justicia, tiende a caso de que, tras la intervención de Roma, hayan continuado
obscurecer el hemisferio de las mentes cristianas. Por donde, a sus apoyos hacia los notificados.
fin de que tan perniciosa peste no cunda disimulada, con ofen-
sa de Dios y peligro de las almas, máxime a causa de cierta Los silencios respetuosos y cómplices son demasia-
piedad aparente que, con serpentina astucia, ofrece a la vista, do numerosos. Sin duda que ha habido en nuestro tiem-
es necesario quede desenmascarada, de suerte que, descubier- po teólogos ortodoxos y valientes, que exponiéndose a
to claramente el foso, pueda evitarse cautamente la ruina. Y descalificaciones, marginaciones, silenciamientos y ver-
puesto que este artífice de errores, siendo como es viador toda- daderos linchamientos intelectuales, no solo han enseña-
vía, puede corregirse, según se espera, por la divina clemencia, do fielmente la verdad católica, sino que también han refu-
han de elevarse en favor suyo ardientes plegarias a Cristo, a fin tado públicamente a los autores contemporáneos que di-
de que, acordándose de aquella compasión con que en otro tiem- funden actitudes heréticas, cismáticas y sacrílegas. Pero
po miró a Saulo, se digne usar de la eficacia de su palabra y de la
luz de su sabiduría, atemorizando al insolente, humillando al debemos confesar con realismo que han sido y son muy
soberbio y buscando, corrigiendo y reduciendo al descarriado». pocos.
Tras esta introducción, poderosa en la fuerza profética Lo mismo hay que decir de institutos y movimientos religio-
sos, de facultades y universidades, de editoriales y librerías reli-
del Espíritu Santo, desarrolla Buenaventura su argumen- giosas, de revistas católicas, por lo demás a veces de excelente
tación favorable a la pobreza con gran rigor persuasivo. ortodoxia. Todos los aludidos parecen no sentirse llamados al
Sí, es cierto que los modos de esta disputación teológica combate de la fe cuando es preciso luchar contra contemporá-
están en gran medida marcados por un estilo de época, neos. Es como si no se sintieran vocacionados al martirio, a
que hoy no convendría usar en una controversia teológi- aquel testimonio de la verdad católica que trae consigo cruz. Es
ca, porque se faltaría con ello a la caridad. Pero queda, posible que manteniendo esa actitud esperen «no romper la
sin embargo, como dato unánime de la tradición de la Igle- unidad» de la comunidad cristiana (!), «no alterar la paz» de la
sia, tanto en Oriente como en Occidente, que en cada si- Iglesia (!). Pero ya esa lamentable actitud, en sí misma, es un in-
glo los teólogos de la ortodoxia han combatido con fuerza, menso error. Nada tiene que ver con la enseñanza y el ejemplo
claridad y caridad a los teólogos de la heterodoxia. de Cristo, de los Apóstoles y de toda la mejor tradición cristiana.
Son muy pocos, por el contrario, los teólogos cató- Y sin embargo hoy es muy fácil combatir a los he-
licos que han atacado abiertamente los errores con- rejes y cismáticos, pues nunca la Iglesia ha gozado
temporáneos. A eso se debe en gran medida que «se de un cuerpo doctrinal tan amplio y coherente. La Es-
han esparcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad critura, la Tradición, los Concilios, los grandes documen-
revelada, y se han propalado verdaderas herejías en el tos pontificios modernos, el concilio Vaticano II, el propio
campo dogmático y moral» (Juan Pablo II, 6-II-1981). La Catecismo de la Iglesia Católica, dan a cualquier teólogo
explicación de esta actitud pasiva de tantos teólogos ya la –no hace falta que sea un genio– armas poderosísimas
di al hablar de la Autoridad apostólica debilitada (40- para refutar, más aún, si es preciso, para ridiculizar las
41). Toda infidelidad para dar testimonio de la verdad y barbaridades que se han venido difundiendo en los últimos
para combatir el error procede principalmente de cuatro decenios. No escasean, ciertamente, las armas: faltan
causas: 1.-horror a la cruz, 2.- influjo protestante, 3.-influ- combatientes que las esgriman, con peligro, eso sí, de «per-
jo del liberalismo, 4.-e incumplimiento de las leyes canóni- der su vida».
cas. Una última observación. En los últimos años –creo que
De este modo, rompiendo una tradición que se mantuvo no me equivoco– vienen siendo algunos portales católi-
viva hasta mitades del siglo XX, muchos de los teólogos cos de la web quienes más vigor apologético están mos-
modernos, por graves que sean los errores que se difun- trando en el ámbito de la Iglesia Católica. Aquí tienen us-
dan a su al rededor, «no se espantan de nada», no entran tedes, sin ir más lejos, InfoCatólica.com.
a «combatir el buen combate de la fe» (1Tim 6,12; cf. 2Tim Y, con perdón, Reforma o apostasía.
4,7), y como si apreciaran aún más la libertad de expre-
sión que la ortodoxia, y por influjo protestante y liberal,
estiman que «toda opinión merece respeto», aunque no se
comparta. En todo caso, la gran mayoría estima «acadé-
micamente incorrecto» escribir en forma apologética con-
tra la enseñanza de un autor contemporáneo para defen-
der una verdad de la fe y para preservar al pueblo de una
herejía. De este modo los Obispos quedan sin la conforta-
ción que necesitarían y que tanto les ayudaría para ejer-
cer libremente su munus docendi y su munus regendi. Y
«los cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extravia-
dos, confusos, perplejos e incluso desilusionados» (Juan
Pablo II, ib.).
En el último medio siglo, muchas veces Roma se ha visto casi
sola para señalar y condenar graves errores. Y eso es una
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José María Iraburu
Recordemos en esto que el papa Juan Pablo II, al presentar el
Catecismo de la Iglesia Católica, publicó una constitución apos-
tólica, Fidei depositum, que se iniciaba con las siguientes pala-
bras: «Guardar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió
a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo» (11-X-1992).
Pues bien, si la Iglesia, como dice el Vaticano II, funda-
menta su Magisterio siempre en la Biblia y en la Tradición
(43) (DV 7-10), ha de observar y observa fielmente esta nor-
5. Confesores de la fe, ma tradicional. El Papa y los obispos, los sacerdotes y
que combaten los errores de su tiempo teólogos, todos los fieles, cada uno en su modo y medida,
han de confesar la fe católica y han de combatir los errores
contrarios.
–¿O sea que seguimos combatiendo?
Han de ser combatidos de modo especial «los erro-
–Hasta la Parusía, hasta el fin del mundo, pues siempre ha de res contemporáneos» . Es cierto que también las here-
haber herejes, cismáticos y sacrílegos. jías del pasado, al menos las principales, mantienen siem-
Los santos Padres y los Concilios afirman la ver- pre alguna vigencia o peligro, y deben ser rechazadas.
dad católica y combaten los errores contrarios. Ésa Pero, sin duda, la mayor virulencia del error suele darse
es la norma tanto en Oriente como en Occidente. A veces en cada época en los errores presentes, en buena parte a
cumplen las dos funciones en una misma obra. Lo hacen causa de su fascinante novedad. Los errores, cuando se
en otras ocasiones, por ejemplo, San Atanasio, en libros hacen viejos, pierden mucho de su peligroso atractivo. Por
distintos: De Incarnatione, uno, Contra Arianos, otro. eso, todos los fieles, y muy especialmente Obispos, teólo-
De este modo el mismo misterio de la fe es considerado gos y párrocos, han de estar vigilantes para apagar cuan-
en positivo y en negativo. to antes el fuego herético que pueda encenderse en algún
La historia nos muestra que muchos Concilios se re- lado, para evitar que se extienda y haga un gran incendio.
unieron para condenar herejías o reprobar herejes. El I Si dejan que el fuego se extienda y se haga cada vez más
Concilio de Constantinopla, ecuménico (381), en su canon fuerte, puede llegar un momento en que ya el incendio no
1º, «anatematiza toda herejía, y en particular la de euno- pueda ser combatido, y solo termine y se apague por sí
mianos o anomeos, la de arrianos o eudoxianos, la de semi- mismo, cuando todo haya sido arrasado y no quede ya
nada por consumir.
Podemos recordar el ejemplo de San Agustín (354-
430). El santo Doctor, Obispo de Hipona –una pequeña
diócesis del norte de África–, combatió con todas sus fuer-
zas los errores que en sus años amenazaban la verdad ca-
tólica. En una época en que las noticias se difundían mu-
cho más lentamente que hoy, él combatió, por ejemplo,
muy duramente contra los errores que estaba difundien-
do, especialmente en Roma, el monje irlandés Pelagio,
estrictamente contemporáneo suyo (354-427).
Y así lo hizo, asistido por Dios, para bien de la Iglesia, aunque
aquellos errores sobre el pecado original y la necesidad de la
gracia sobrenatural fueran en un principio aprobados por el
Obispo de Jerusalén, por el de Cesarea, por el sínodo de Diós-
polis (415), e incluso en primera instancia por el papa Zósimo,
engañado por una confesión falsa hecha por Pelagio; aunque le
condenó después. Todos éstos, mal informados, no habían des-
cubierto todavía la gravísima malicia del pelagianismo, cuando,
por otra parte, la Iglesia no había formulado aún una doctrina
dogmática clara y precisa sobre esos temas. Y ejemplos como
éste podrían multiplicarse indefinidamente. La impugnación de
los errores presentes es un dato unánime de la Tradición católica.
Todos los santos combatieron los errores de su
tiempo, al menos aquellos que por su misión dentro de la
arrianos o pneumatómacos, la de sabelinos, marcelianos, Iglesia estaban especialmente comprometidos a librar esa
fotinianos y apolinaristas». Se trataba de herejías enton- lucha. Todos combatieron los errores y las desviaciones
ces activas. morales de su tiempo, atrayendo frecuentemente sobre sí
muy graves penalidades, persecuciones, exilios, cárcel,
Es además tan frecuente en los Concilios reiterar las conde-
naciones de las herejías pasadas, que el papa Gelasio I (492-496)
muerte. Fueron, pues, mártires de Cristo, ya que dieron
prohibe esa costumbre: «¿Acaso nos es lícito desatar lo que fue en el mundo y en la Iglesia «el testimonio de la verdad»
ya condenado por los venerables Padres y volver a tratar los con todas sus fuerzas: sin «guardar su vida» cautelosa-
criminales dogmas por ellos arrancados?» (Cta. al Ob. Honorio). mente; sin tener a veces el apoyo de los demás Obispos;
En todo caso, como las herejías siguen produciéndose al paso sin esperar la declaración de un Concilio –aunque ellos lo
de los siglos, aunque a veces solo sean reformulaciones de an- promovían cuando era preciso–; faltos en ocasiones de la
tiguos errores, una y otra vez los Papas y los Concilios han de misma confortación del Obispo de Roma.
pronunciarse contra Orígenes, contra Prisciliano, contra los erro-
res de beguardos y beguinas, etc. Simplemente: el número de En el año 359, después de los conciliábulos de Rímini y
condenaciones es igual al número de herejías. Seleucia, escribe espantado San Jerónimo: «ingemuit totus
11
José María Iraburu
orbis et arianum se esse miratus est» (Adv. Lucif.). En (+444; 27-VI, obispo y doctor de la Iglesia, «combatió con ener-
ese tiempo, efectivamente, el arrianismo, negando la divi- gía las enseñanzas de Nestorio y fue la figura principal del Con-
nidad de Jesucristo, había invadido gran parte de la Igle- cilio de Éfeso». –San León Magno (+461; 10-XI), obispo y doc-
sia. Y en aquella crisis, una de las más graves de la histo- tor de la Iglesia, «combatió valientemente por la libertad de la
ria de la Iglesia, fue decisivo el testimonio de la fe católica Iglesia, sufriendo dos veces el destierro».
dado por unos pocos, como el Obispo de Poitiers, San –San Hermenegildo (+586; 13-IV) «es el gran defensor de la
Hilario (315-368) y San Atanasio (295-373), Obispo de fe católica de España contra los durísimos ataques de la herejía
Alejandría (328-373), que cinco veces se vió expulsado arriana… Su verdadera gloria consiste en haber padecido el
de su sede por los arrianos (335-337, 339-346, 356-363, martirio por negarse a recibir la comunión arriana y en ser, de
hecho, el primer pilar de la unidad religiosa de la nación». –San
363, 365-366), habiendo de sufrir destierro, violencias, ca- Martín I (+656; 13-III), Papa y mártir, «celebró un concilio en el
lumnias, desprestigios y toda clase de sufrimientos físicos que fue condenado el error monotelita. Detenido por el empera-
y morales. Fueron fieles discípulos del Maestro crucifica- dor Constante el año 653 y deportado a Constantinopla, sufrió
do y de los Apóstoles mártires. No se vieron frenados en lo indecible; por último fué trasladado al Quersoneso, donde
su celo pastoral ni por personalidades fascinantes, ni por murió». –San Ildefonso (+667; 23-I), obispo de Toledo, hizo «una
Centros teológicos prestigiosos, ni por príncipes o empe- gran labor catequética defendiendo la virginidad de María y ex-
radores, ni por levantamientos populares. Y gracias a su poniendo la verdadera doctrina sobre el bautismo». –San Juan
martirio –gracias a Dios, que los sostuvo– la Iglesia Cató- Damasceno (+mediados VIII; 4-XII), doctor de la Iglesia, «escri-
lica permanece en la fe católica. bió numerosas obras teológicas, sobre todo contra los icono-
clastas».
El Oficio de lectura de la Liturgia de las Horas, en
el Propio de los Santos, da una mínima biografía de –San Romualdo (+1027; 19-VI), abad, «luchó denodadamen-
te contra la relajación de costumbres de los monjes de su tiem-
cada uno. Y merece la pena señalar que, cuando trata po». –San Gregorio VII (+1085; 25-V), Papa, trabajó «en la obra
sobre todo de santos pastores o teólogos, casi siempre re- de reforma eclesiástica… con gran denuedo… Su principal ad-
cuerda, como mérito destacado, que «combatieron los versario fue el emperador Enrique IV. Murió desterrado en
errores de su tiempo». Los cito abreviadamente, y compa- Salerno». –San Anselmo (+1109; 21-IV), obispo y doctor de la
deciéndome de los lectores, 1º-divido el texto en cuatro Iglesia, «combatió valientemente por la libertad de la Iglesia,
cómodos párrafos, que abarcan cada uno cinco siglos y sufriendo dos veces el destierro». –Santo Tomás Becket (+1170;
2º-declaro no obligatoria su lectura. (Y todavía habrá al- 29-XII), obispo y mártir, «defendió valientemente los derechos
guno que se queje). de la Iglesia contra el rey Enrique II, lo cual le valió el destierro
a Francia durante seis años. Vuelto a la patria, hubo de sufrir
San Justino (+165; 1-VI), «escribió diversas obras en defensa todavía numerosas dificultades, hasta que los esbirros del rey
del cristianismo… Abrió en Roma una escuela donde sostenía lo asesinaron». –San Estanislao (+1079; 11-IV), obispo y mártir,
discusiones públicas. Fue martirizado». –San Ireneo (+200; 28- «fue asesinado por el rey Boleslao, a quien había increpado por
VI), obispo y mártir, autor de Adversus hæreses, «escribió en su mala conducta». –Santo Domingo de Guzmán (+1221; 8-
defensa de la fe católica contra los errores de los gnósticos». – VIII), fundador de la Orden de Predicadores, «con su predica-
San Calixto I (+222; 14-X), antiguo esclavo, Papa y mártir, «com- ción y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albi-
batió a los herejes adopcionistas y modalistas». –San Antonio gense». –San Antonio de Padua (+1231; 13-VI), doctor de la
Abad (+356; 17-I), padre de los monjes, apoyó «a San Atanasio Iglesia, se dedicó a la predicación, «convirtiendo muchos here-
en sus luchas contra los arrianos». –San Hilario (+367; 13-I), jes». –San Vicente Ferrer (+1419; 5-IV), «como predicador reco-
obispo y doctor de la Iglesia, «luchó con valentía contra los rrió muchas comarcas con gran fruto, tanto en la defensa de la
arrianos y fue desterrado por el emperador Constancio». –San verdadera fe como en la reforma de costumbres». –San Juan de
Atanasio (+373; 2-V), obispo y doctor de la Iglesia, «peleó vale- Capistrano (+1456; 23-X), sacerdote de los Frailes Menores, hi-
rosamente contra los arrianos, lo que le acarreó incontables zo su apostolado por toda Europa, «trabajando en la reforma de
sufrimientos, entre ellos varias penas de destierro». –San Efrén costumbres y en la lucha contra las herejías». –San Casimiro
(+373; 9-VI), diácono y doctor de la Iglesia, fue «autor de impor- (+1484; 4-III), hijo del rey de Polonia, fue «gran defensor de la fe».
tantes obras, destinadas a la refutación de los errores de su
tiempo». –San Basilio (+379; 2-II), obispo y doctor de la Iglesia, –San Juan Fisher (+1535; 22-VI), obispo y mártir, «escribió
«combatió a los arrianos». –San Cirilo de Jerusalén (+386; 18- diversas obras contra los errores de su tiempo». –Santo Tomás
III), obispo y doctor de la Iglesia, «por su actitud en la contro- Moro (+1535; 22-VI), «escribió varias obras sobre el arte de
versia arriana, se vio más de una vez condenado al destierro… gobernar y en defensa de la religión». Igual que San Juan Fisher,
[pues] explicaba a los fieles la doctrina ortodoxa, la Sagrada por oponerse a los errores y abusos del rey Enrique VIII, fue
Escritura y la Tradición». –San Eusebio de Vercelli (+371; 2- decapitado en 1535. –San Pedro Canisio (+1597; 21-XII), doc-
VIII), obispo, «sufrió muchos sinsabores por la defensa de la fe, tor de la Iglesia, «destinado a Alemania, desarrolló una valiente
siendo desterrado por el emperador Constancio. Al regresar a labor de defensa de la fe católica con sus escritos y predica-
su patria, trabajó asiduamente por la restauración de la fe, con- ción». –San Roberto Belarmino (+1621; 17-IX), obispo y doc-
tra los arrianos». –San Dámaso (+384; 11-XII), Papa, «hubo de tor de la Iglesia, «sostuvo célebres disputas en defensa de la fe
reunir frecuentes sínodos contra los cismáticos y herejes». – católica [frente a los protestantes] y enseñó teología en el Cole-
San Ambrosio (+397; 7-XII), obispo y doctor de la Iglesia, «de- gio Romano». –San Fidel de Sigmaringa (+1622; 24-IV): «la
fendió valientemente los derechos de la Iglesia y, con sus escri- Congregación de la Propagación de la Fe le encargó fortalecer la
tos y su actividad, ilustró la doctrina verdadera, combatida por recta doctrina en Suiza. Perseguido de muerte por los herejes,
los arrianos». –San Juan Crisóstomo (+407; 13-IX), obispo y sufrió el martirio». –San Pedro Chanel (+1841; 28-IV), misione-
doctor de la Iglesia, en Constantinopla, se esforzó «por llevar a ro: «en medio de dificultades de toda clase, consiguió convertir
cabo una estricta reforma de las costumbres del clero y de los a algunos paganos, lo que le granjeó el odio de unos sicarios
fieles. La oposición de la corte imperial y de los envidiosos lo que le dieron muerte». –San Pío X (+1914; 21-VIII), «tuvo que
llevó por dos veces al destierro. Acabado por tantas miserias, luchar contra los errores doctrinales que en ella [la Iglesia] se
murió [desterrado] en Comana, en el Ponto». –San Agustín infiltraban». Y a esta desmesurada lista aún habría que añadir
(+430; 28-VIII), obispo y doctor de la Iglesia, «por medio de sus muchísimos nombres, como el de –San Francisco de Sales
sermones y de sus numerosos escritos contribuyó en gran ma- (+1622), y sus «Controversias» con los calvinistas, el nombre
nera a una mayor profundización de la fe cristiana contra los de –Bto. Pío IX (+1878), autor del Syllabus, «o colección de
errores doctrinales de su tiempo». –San Cirilo de Alejandría errores modernos».

12
José María Iraburu
Por tanto, es una vergüenza que haya católicos hoy «Tras varios avisos, el arzobispo local, el cardenal Patrick
que se avergüencen de los defensores de la fe. Aque- O’Boyle, sancionó a diecinueve sacerdotes. Las penas impues-
llos círculos de la Iglesia de nuestro tiempo, sean teológicos, tas por el cardenal O’Boyle variaron de sacerdote a sacerdote,
populares o episcopales, que sistemáticamente descalifi- pero incluían la suspensión del ministerio en varios casos». Los
can y persiguen a los maestros católicos que hoy defien- sacerdotes apelaron a Roma, y la Congregación del Clero, en
abril de 1971, recomendó «urgentemente» al arzobispo de Was-
den la fe de la Iglesia y que combaten abiertamente las hington que levantara las aludidas sanciones, sin exigir de los
herejías, deben enterarse de que se sitúan fuera de la tra- sancionados una previa retractación o adhesión pública a la
dición católica y contra ella. Deben saber que en la gue- doctrina católica enseñada por la encíclica. Esta decisión, inme-
rra que hay entre la verdad y la mentira, aunque no lo diatamente aplicada, fue precedida de largas negociaciones en-
pretendan conscientemente, ellos, muy moderados, se tre el Cardenal O’Boyle y la Congregación romana.
ponen del lado de la mentira y son los adversarios peo- «Según los recuerdos de algunos testigos presenciales –si-
res de los defensores de la verdad, pues dejan a éstos gue Weigel–, todos los implicados [en la negociación] enten-
como si fueran fanáticos. Incluso cuando esos mismos dían que Pablo VI quería que el “caso Washington” se zanjase
moderados, en el mejor supuesto, estén entre quienes pre- sin retractación pública de los disidentes, pues el papa temía
dican la verdad, también hacen daño, porque no impugnan que insistir en ese punto llevara al cisma, a una fractura formal
públicamente los errores. en la Iglesia de Washington, y quizá en todo Estados Unidos. El
papa, evidentemente, estaba dispuesto a tolerar la disidencia
También hoy, sin embargo, la Iglesia tiene hijos que sobre un tema respecto al que había hecho unas declaraciones
confiesan la fe y combaten las herejías y todas las des- solemnes y autorizadas, con la esperanza de que llegase el día
viaciones cismáticas o sacrílegas. Aunque sea en forma en que, en una atmósfera cultural y eclesiástica más calmada, la
muy aleatoria e incompleta, me vienen a la memoria ejem- verdadera enseñanza pudiera ser apreciada».
plos muy valiosos. En primer lugar, siempre los Papas: Pío Primero fue la disidencia tolerada. Casos como éste,
XII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI; pero tam- y muchos otros análogos producidos sobre otros temas en
bién Obispos como el Card. Siri (Getsemaní), Ratzinger la Iglesia Católica, enseñaron a los Obispos, a los Recto-
(Informe sobre la fe); teólogos como Cornelio Fabro, Ba- res de seminarios y de Facultades teológicas, así como a
ttista Mondin, Alfredo Sáenz, Horacio Bojorge, José An- los Superiores religiosos, que en la nueva situación creada
tonio Sayés; historiadores como Jean Dumont, Ricardo no era necesario aplicar las sanciones previstas en la ley
de la Cierva; laicos muy cultos y valientes, como Dietrich canónica a quienes en docencia, predicación o catequesis
von Hildebrand (El Caballo de Troya), Romano Amerio se opusieran al Magisterio apostólico de la Iglesia (Códi-
(Iota unum), Francisco Canals, Alberto Caturelli, Vittorio go de Derecho Canónico c.1371). Más aún, todos enten-
Messori, George Weigel (El coraje de ser católico), Michael dieron que era positivamente inconveniente defender
O’Brien (El Padre Elías)… Es el Espíritu Santo quien los del error al pueblo cristiano, aplicando estas sanciones,
ha iluminado y fortalecido en la fe verdadera y en la cari- pues ello ocasionaría escándalos o al menos tensiones y
dad eclesial, para que den al mundo el testimonio de la conflictos en la convivencia eclesial.
verdad.
También los teólogos aprendieron con estos aconteci-
mientos que era posible impugnar públicamente temas
graves de la doctrina católica sin que ello trajera ninguna
consecuencia negativa. La presunta licitud de la disiden-
cia corrió por los ambientes universitarios y pastorales de
la Iglesia como una buena nueva.
Yo conocí personalmente en ese tiempo el caso de un profe-
sor de teología moral que, al publicarse la encíclica Humanæ vi-
tæ, resolvió en conciencia abandonar la enseñanza en su Facul-
tad de Teología. Pero poco más tarde decidió continuar en la do-
cencia, al comprobar que estaba permitido disentir públicamen-
(44) te de la doctrina de la Iglesia.
Poco después vino la disidencia privilegiada. Al
6. Teólogos disidentes y ambiguos menos dentro de ciertos límites, la disidencia teológica pasa
muy pronto de ser tolerada a ser privilegiada en mu-
–Es usted implacable. chos medios eclesiales. En ellos es difícil que un teólogo
–Si un cristiano no defiende la fe católica con todas sus fuer- sea prestigioso si no disiente más o menos, siquiera en
zas, pudiendo hacerlo, es que no tiene vergüenza. algo, de «la doctrina oficial» de la Iglesia. El teólogo fiel a
la doctrina de la Iglesia es allí estimado como seguidor de
La disidencia teológica posterior al Vaticano II se
una teología caduca, superada, meramente repetitiva, inin-
inaugura sobre todo después de la Humanæ vitæ
teligible para el hombre de hoy, creyente o incrédulo. Por
(1968). No voy a describir aquí la crisis de la Humanæ
el contrario, el haber tenido «conflictos con la Congrega-
vitæ, ni tampoco quiero recordar la posición lamentable
ción de la Fe, el antiguo Santo Oficio», marca en el cu-
que mantuvieron entonces algunas Conferencias episco-
rriculum de los autores un punto de excelencia.
pales. Solo traeré como ejemplo un caso, el de Washing-
ton, especialmente significativo. George Weigel, famoso El P. Häring (1912-1998), por citar el ejemplo de un disidente
por su biografía de Juan Pablo II, cuenta detalladamente próspero, se jubiló como profesor de la Academia Alfonsiana en
1987. Todavía en 1989, exigía que la doctrina católica sobre la
cómo se vivió la crisis en esa archidiócesis de Estatos anticoncepción se pusiera a consulta en la Iglesia, pues acerca
Unidos, y concretamente en su Catholic University of de la misma «se encuentran en los polos opuestos dos modelos
America, donde, ya antes de publicarse la encíclica, se de pensamiento fundamentalmente diversos» (Ecclesia 1989,
había centrado la impugnación habitual del Magisterio (El 440-443). Y aún tuvo ánimo, en edad tan avanzada, para arreme-
coraje de ser católico, Planeta, Barcelona 2003,73-77). ter con todas sus fuerzas contra la encíclica Veritatis splendor
13
José María Iraburu
(1993), especialmente en lo que ésta se refiere a la regulación de ejemplo, el calvario inacabable que en algunas Diócesis pasan
la natalidad: «no hay nada […] que pueda hacer pensar que se ciertos grupos de laicos que pretenden difundir, según es vo-
ha dejado a Pedro la misión de instruir a sus hermanos a propó- luntad de la Iglesia, los medios lícitos para regular la natalidad,
sito de una norma absoluta que prohibe en todo caso cualquier excede nuestro ánimo. Se ven duramente resistidos, margina-
tipo de contracepción» (The Tablet 23-X-1993). En la conmove- dos, calumniados. Mientras otras obras, quizá mediocres y a
dora página-web que la Academia Alfonsiana dedica a Bernard veces malas, son potenciadas, ellos están desasistidos y apa-
Häring como memorial honorífico, mientras se escucha el ca- rentemente ignorados por quienes más tendrían que apoyarles.
non de Pachelbel, puede conocerse que a este profesor «le llo- Es norma fija: donde se valora la disidencia, se persigue la
vieron honores y premios» de todas partes, y que «es conside- ortodoxia.
rado por muchos como el mayor teólogo moralista católico del Existe hoy una teología que no es teológica. Puede
siglo XX».
un profesor de teología –se dicente «teólogo»– discurrir
Otro caso notable de disidente próspero es el de E. Schille- sobre temas teológicos, escribir y hablar de ellos con eru-
beeckx, que, después de ser amonestado por la Congregación dición y con terminología teológica y, sin embargo, no ha-
de la Fe en varias ocasiones (1979, 1980, 1986), publica años cer realmente teología. En efecto, la teología es obra que
más tarde una antología de sus errores en el libro Soy un teólo-
go feliz (Sociedad Educación Atenas, Madrid 1994). la razón produce a la luz de la fe (ratio fide illustrata), y
que «se apoya, como fundamento perdurable, en la Escri-
Y donde se permite la disidencia, se persigue la tura unida a la Tradición» (Vat.II, Dei Verbum 24). Y «la
ortodoxia. Ésta es una norma que no falla: la vemos apli- Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia están
cada siempre. Tiempos recios en la historia de la Iglesia, unidos de tal modo que ninguno puede subsistir sin los
en los que «teólogos» dura y largamente enfrentados con otros» (ib. 10). Eso significa que no es propiamente teo-
el Magisterio apostólico son considerados por muchos co- logía aquella «teología» que desarrolla su pensamiento
mo los mejores del siglo. Tiempos recios, en los que la fi- al margen o en contra de Escritura, Tradición y Magiste-
delidad estricta a la doctrina católica puede llegar a ser rio apostólico. Podrá ser teodicea, teología protestante –
una condición desfavorable o excluyente para enseñar en el libre examen luterano– o simplemente ideología. Y es
un Seminario o en una Facultad del Occidente ilustrado. posible, incluso, que la palabra gnosis sea la más indicada
«Tiempos recios», en la expresión de Santa Teresa. para referirse a ella.
Ambigüedades y eufemismos. La disidencia actual
respecto a la doctrina de la Iglesia algunas veces es pa-
tente, pero con más frecuencia la disidencia se expresa
en modos ambiguos, eufemísticos, indirectos, implíci-
tos. Los ejemplos podrían multiplicarse. En una Asam-
blea católica del más alto nivel, el Grupo B declara: «El
Grupo se adhiere sin reservas a la Humanæ vitæ, pero
cree que haría falta superar la dicotomía entre la rigidez
de la ley y la ductilidad de la pastoral». Traducido: el Gru-
po no se adhiere a la encíclica aludida, o se adhiere con
hartas reservas, y aconseja o exige que se ponga fin a la
dura intransigencia de la doctrina conyugal católica.
Una cosa es lo que se dice, y otra lo que se quiere decir,
que es lo que de hecho va a ser entendido por el oyente o
lector. Pondré otro ejemplo, esta vez sobre el tema delica-
dísimo de la historicidad de los Evangelios. Un eminente
exegeta, dice en una entrevista: «Llegué a la conclusión
de que, si bien los Evangelios no son históricos en el sen-
tido moderno de la historia, sin embargo resulta imposible,
sin ignorar una serie de evidencias, contradecir la verdad
histórica del mensaje de Cristo».
Que el sentido de la historia no es el mismo en Jenofonte y en
¿Cómo está la Iglesia católica allí donde servir a la Toynbee, pongamos por caso, es una afirmación obvia. Ha de
verdad de la fe y defenderla es para los teólogos suma- suponerse, pues, que lo que quiere decir este eclesiástico emi-
mente arduo y peligroso, mientras que callar discretamente nente no va por ahí. ¿No interpretarán los lectores, según eso,
que a su entender los Evangelios no son históricos, aunque su
ante errores y abusos es condición para «guardar la pro- mensaje sí lo es? Es decir, ¿no estará diciendo que no son histó-
pia vida» académica en la paz y la estima general? Un ricos los hechos que los Evangelios narran, o buena parte de
cierto grado de disidencia o al menos de tolerancia activa ellos, sino el mensaje que por ellos se transmite?… El tal exegeta
o pasiva hacia teologías disidentes ha sido durante decenios no tendrá, pues, razón para enojarse si muchos interpretan de
un pasaporte absolutamente exigido en muchos medios este modo sus palabras, que serían ciertamente contrarias a la
académicos. Y por supuesto, en las Iglesias enfermas de doctrina de la Iglesia, pues ésta «ha defendido siempre la
disidencia liberal, sufren ese mismo calvario los Obispos, historicidad de los Evangelios» (Vaticano II, Dei Verbum 19;
presbíteros, los religiosos y los laicos, que son fieles a la Catecismo 126; 514-515). No podrá alegar que sus palabras han
ortodoxia católica. sido objeto de una interpretación temeraria o abusiva.
¿Cómo está la Iglesia allí donde un grupo de laicos que crea En la antigüedad cristiana los errores se proponen
en la doctrina católica sobre Jesucristo, la Virgen, los ángeles, la con ingenua claridad. No existiendo todavía un cuerpo
Providencia, la anticoncepción, el Diablo, etc., y se atreva inclu- doctrinal católico bien definido, hay una correspondencia
so a «defender» estas verdades agredidas por otros, sea margi- patente entre lo que dicen quienes los difunden y lo que
nado, perseguido y tenido por integrista?… Describir aquí, por piensan. A medida, por el contrario, que la doctrina cató-
14
José María Iraburu
lica se va definiendo más y más, aquellos que contrarían gran difusión? Según eso, ¿habremos de temer que los
la doctrina de la Iglesia –como los jansenistas o los mo- errores hoy más dañinos sólo serán públicamente repro-
dernistas– se ven obligados a expresar su pensamiento bados en la Iglesia dentro de bastantes años?
con palabras mucho más cautelosas y encubiertas. Hoy, En esta cuestión conviene distinguir entre la condena
pues, los errores rara vez son expresados en forma pa- de una obra y la reprobación de su autor. Son dos cues-
tente. Casi siempre se difunden a través de un lenguaje tiones muy diversas, que lamentablemente hoy suelen ir
deliberadamente impreciso, ambiguo y eufemístico, en el unidas.
que quizá podría ser aceptable lo que se dice, pero no lo
que se quiere decir, que es lo que realmente se dice. La proscripción de una obra debe ser lo más rápi-
da posible. Cuando se publican obras contrarias a la fe
No es, por lo demás, ninguna novedad que los lobos se católica deben ser retiradas o proscritas en cuanto la Au-
vistan «con piel de oveja» (Mt 7,15). Pero el Señor y sus toridad pastoral, con los asesoramientos debidos, entiende
Apóstoles nos tienen ya muy avisados: «son falsos após- con certeza moral su condición nociva para el pueblo. De
toles, que proceden con engaño, haciéndose pasar por modo semejante, los responsables de la Sanidad pública
apóstoles de Cristo. Su táctica no debe sorprendernos, retiran de las farmacias inmediatamente una medicina –
porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2Cor como la talidomida– en cuanto comprueban que está pro-
11,13-14). duciendo efectos secundarios muy dañinos. Y lo hacen
antes, por supuesto, de que se inicien y terminen los posi-
bles procedimientos judiciales que la fabricación de esa
mala medicina haya podido suscitar.
El documento Teología y secularización. A los cuarenta años
de la clausura del Concilio Vaticano II, publicado por la Con-
ferencia Episcopal Española, es uno de los más excelentes do-
cumentos episcopales posteriores al Concilio. Sólamente, con
perdón, puede señalarse en él una deficiencia: que fue publica-
do el 30 de marzo de 2006, cuando los autores reprobados en el
texto –citados nominalmente en una primera redacción, y supri-
midos sus nombres en la redacción definitiva– llevaban varios
(45) decenios difundiendo sus errores en las principales cátedras
teológicas y editoriales religiosas de España. Se trata, pues, de
7. Reprobaciones tardías de graves errores –I unas reprobaciones sumamente tardías. Ya para esas fechas se
había difundido una epidemia espiritual que afecta a innumera-
–Cristo no quiere lo que usted pretende: separar la cizaña del bles pastores y fieles, y que normalmente llevará muchos años
trigo ya ahora. sanar.
–Cristo quiere que los Pastores impidan a los lobos hacer Los Obispos deben asumir individualmente esa res-
estragos en su rebaño. ponsabilidad de vigilancia, sin remitir habitualmente el
problema a instancias más altas, como la Comisión epis-
Los confesores de la fe combaten los errores de su
copal de la Doctrina de la Fe, aunque ésta, por supuesto,
tiempo, como lo comprobamos en un artículo reciente (43).
habrá de cumplir su misión propia. El Obispo, vigilante,
Hay, en cambio, Teólogos católicos, ortodoxos, pero
tiene misión pastoral para proteger eficazmente al pueblo
no combatientes de las herejías contemporáneas (42),
que le ha sido confiado de todos los errores que en fe y
pues no consideran hoy académicamente correcto ese com-
costumbres pueden extraviarlo. Y esta solicitud pastoral,
bate. Pues bien, es preciso que tengamos aquí también en
como enseña la tradición, ha de ejercitarla en la predica-
cuenta otra deficiencia muy grave:
ción, en cartas pastorales, en normas para las Librerías
La Autoridad apostólica reprueba a veces tardía- religiosas de la diócesis, en Sínodos periódicos diocesanos,
mente las doctrinas falsas. Los efectos nocivos de esta y por otros medios, sobre todo cuando prevé que más al-
tardanza entre los católicos –sacerdotes, profesores de tas instancias de la Iglesia –Comisión Episcopal de la
teología, religiosos, laicos– son muy graves. Ha sido así Doctrina de la Fe, Congregación romana de la Fe– van a
posible que durante decenios, impunemente, se hayan «es- demorar bastante tiempo en pronunciarse.
parcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad reve- Cuando la obra, p. ej., de José Antonio Pagola, Jesús. Una
lada», y que «se hayan propalado verdaderas y propias aproximación histórica, se difundió muy aceleradamente en
herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, ocho ediciones sucesivas desde septiembre de 2007 a los pri-
confusiones, rebeliones» (Juan Pablo II, 6-II-1981). meros meses de 2008, un Obispo, ya en las Navidades de 2007,
¿Por qué esas reprobaciones tan tardías? ¿Cómo es publicó para sus diocesanos una nota en la que advertía El
posible que durante tantos años hayan podido difundirse libro de Pagola hará daño. Esta acción pastoral se inscribe en
en la Iglesia Católica obras tan perniciosas, tan contrarias la mejor tradición de los Obispos católicos más celosos del bien
de su pueblo.
al Magisterio apostólico, sin que se haya detenido a tiem-
po su difusión? ¿Cómo podrá ahora remediarse el daño Cuando en 1863 publica Renan su obra La vida de Jesús, en
tan grande y extenso que esas obras han causado? ¿No ese mismo año el Obispo de Poitiers, Mons. Pie, condena la
obra con ocasión de un Sínodo diocesano (Oratio sino-dalis,
conocían quienes vigilan el agua que beben los fieles que qua condemnatur liber cui titulos: Vita Iesu, auctore Ernest
aquellas fuentes estaban infectadas y que iban a causar Renan, etc., IX Sínodo diocesano, 1863). El Obispo de Pasto,
muchas y graves enfermedades? Es impensable, tratán- San Ezequiel Moreno, sin esperar a declaraciones colectivas del
dose de personas atentas y eruditas. ¿Por qué entonces Episcopado colombiano, escribía notas y cartas para alertar a
diferían su reprobación diez, veinte o treinta años? ¿Qué sus diocesanos frente a ciertas obras y periódicos que, con sus
ventaja puede haber en retrasar tanto la reprobación de errores y mentiras, podían hacer mucho daño al pueblo católico
doctrinas erróneas, cuando se sabe que están teniendo (Cartas pastorales, Circulares y otros escritos, Madrid 1908).

15
José María Iraburu
La reprobación de un autor católico, llegado el caso, a la bondad infinita de Dios, van directamente al cielo.
requiere evidentemente unos procedimientos mucho más Más aún; algunos sacerdotes hay que incluso se animan a
lentos, que den al autor oportunidad de defender su obra, afirmar: «nuestro hermano ya ha resucitado». Muerte y
que eviten toda precipitación en el juicio de las doctrinas, resurrección simultáneas, y salvación asegurada. No se
que salvaguarden en todo lo posible el honor personal y la puede pedir más. Es decir, no se puede pedir más herejías
paz de la comunidad cristiana. Pero un excesivo «garan- en tan pocas palabras.
Este error tiene terribles consecuencias, entre
otras: no habrá conversiones, ni vocaciones, ni vida
cristiana recta, etc. Pues bien, si este error es graví-
simo ¿cuándo será públicamente reprobado por la
Autoridad apostólica, amenazando si es preciso a
los sacerdotes que persistan en la herejía con la sus-
pensio a divinis? ¿Cuándo se recuperará en tan
grave tema la verdad católica, en diez, en veinte
años? No antes, ciertamente, de que ese error sea
condenado por la Autoridad apostólica con clari-
dad y fuerza contundente.
La tardanza nociva en la reprobación de los
errores procede entre otras causas de la dic-
tadura del relativismo –denunciada por Benedicto
XVI con tanta fuerza–, del horror a la cruz, del in-
flujo protestante y liberal, de la indecible devalua-
ción de la verdad, y concretamente de la verdad
tismo» en favor del teólogo no debe ser tal que venga en revelada, de la supresión de la soteriología… Este último
grave perjuicio para el pueblo creyente. El protocolo de tema es de especial importancia. Cuando los cristianos, y
procedimiento para juzgar la obra de un teólogo debe su- especialmente los Pastores sagrados y los predicadores,
jetarse, como siempre lo ha hecho el mejor derecho, por no acaban de creer que los hombres en la vida temporal
ejemplo, tanto el romano como el canónico, al principio se juegan una vida eterna de felicidad o de condenación,
salus populi lex suprema. no se toman entonces muy en serio la obligación de com-
batir los errores, que es una función tan penosa y peligro-
Parece claro que el autor católico que, habiendo difun- sa. Dejan que corran, y miran a otro lado. No quieren dar
dido doctrinas contrarias a la fe católica, ha causado gra- una visión «negativa» de sí mismos o del cristianismo; pre-
ves daños en el pueblo cristiano debe recibir el castigo fieren afirmar la verdad –en el mejor de los casos– solo
que merece (cf. canon 1371), o al menos ha de ver de en forma «positiva», pero dejando impunes las herejías y
algún modo limitadas sus funciones de pública docencia los herejes, y renunciando así a las guerras teológicas,
en cátedras, publicaciones, conferencias. Vemos hoy, sin que consideran propias de tiempos ya «superados».
embargo, que en ocasiones una Notificación reprobatoria
de la más alta autoridad apostólica, finalmente, deja en la Reforma o apostasía.
práctica impune al autor reprobado, que, sin haberse re-
tractado de sus errores, sigue más o menos su vida do-
cente como antes. Esa práctica ocasiona con frecuencia
confusión, escándalo y graves daños.
Parece también conveniente, y acorde con la tradición,
que al menos en algunos casos el maestro de un error se
retracte públicamente, firmando un elenco de aquellas
verdades de la fe católica que había negado en su ense-
ñanza y escritos. Un teólogo sacerdote, por ejemplo, que (46)
ha negado en sus escritos el carácter sacrificial de la Euca- 8. Reprobaciones tardías –II.
ristía y la realidad de la transubstanciación ¿puede seguir
enseñando y puede continuar celebrando la Misa sin ha- Marciano Vidal
berse retractado primero públicamente de sus anteriores
herejías? El Denzinger recoge un buen número de retrac- –Me sospecho que sus críticas, una vez ya señaladas las
tationes que a lo largo de su historia la Iglesia ha exigido generalidades, van a ir centrándose en autores católicos con-
firmar a ciertos herejes antes de reintegrarlos a la comu- cretos.
nión de la fe católica. –Usted es el más fiel de mis lectores, y su intuición acierta
Hay, en fin, reprobaciones de errores tan tardías… plenamente.
que todavía no se producen. Pongo un ejemplo. En no El profesor de teología P. Marciano Vidal (1937-),
pocas diócesis, en la mayor parte de los funerales el sa- redentorista, nacido en un pueblo de León, España, se
cerdote proclama acerca del difunto que «nuestro herma- doctora en teología moral, ejerce su docencia en las Uni-
no goza ya de Dios en el cielo». Con lo cual afirma dos versidades Pontificias de Salamanca (1964ss) y Comillas
herejías –dos al menos–: que no hay posibilidad soterio- (1971ss), en el Instituto Superior de Ciencias Morales
lógica de salvación/condenación, ya que la salvación es (1971ss), del que fue Director. Ejerce también como pro-
automática y segura para todos los difuntos; y segunda, fesor invitado en la romana Academia Alfonsiana y difun-
que no existe el purgatorio, pues los que mueren, gracias de ampliamente su enseñanza no solo a través de sus in-

16
José María Iraburu
numerables publicaciones, sino también dando conferen- gregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos
cias en España, Europa y América. Su bibliografía incluye escritos del P. Marciano Vidal, 15-V-2001).
un conjunto amplísimo de libros y artículos. Puede decirse La Notificación afirma que a las obras analizadas del
que su doctrina moral, al menos en el campo católico de P. Vidal les falta «el uso de una metodología teológica co-
habla hispana –es decir, en la mitad de la Iglesia Cató- rrecta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de
lica–, ha sido sin duda predominante durante un cuarto las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de
de siglo. El daño de este modo realizado en la conciencia argumentaciones completas». Por otra parte,
moral de tantos profesores de teología, párrocos y cate-
–«su intento de fundamentación cristológica no consigue
quistas, religiosos y laicos, es gravísimo. conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en
En su tiempo, al amparo en cierto modo de su enseñanza, no Cristo»; –es «“una ética influida por la fe”, pero se trata de un
censurada por la Autoridad apostólica y próxima en no pocas influjo débil, porque se yuxtapone de hecho a una racionalidad
cuestiones a la de Bernard Häring, también redentorista, y a la secularizada enteramente proyectada sobre un plano horizon-
de otros autores extranjeros de Occidente, prolifera en lengua tal. En Moral de Actitudes no se resalta suficientemente la di-
hispana una manga innumerable de teólogos moralistas, que se mensión vertical ascendente de la vida moral cristiana»; –«y
atreven a enseñar errores semejantes a los suyos, aunque no grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia,
siempre tengan de él una dependencia directa: E. López Azpitarte, las virtudes teologales, la oración, la bienaventuranzas, la resu-
A. Hortelano, B. Forcano, V. Ayala, J. M. Vigil, equipo redentorista rrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presen-
CESPLAM, etc. tes, no tienen casi influjo en la presentación de los contenidos
La obra «Moral de actitudes», publicada en tres to- morales». –Atribuye el profesor Vidal «un papel insuficiente a
mos a partir de 1974 es, sin duda, la obra principal de Mar- la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia […] En el comen-
ciano Vidal. Al ser censurada por Roma, el diario El Mun- tario a la encíclica Veritatis splendor, de modo particular, se
nota la concepción deficiente de la competencia moral del Ma-
do (16-V-2001) comenta que «ha sido el santo y seña de gisterio eclesiástico. Aun informando a los lectores acerca de la
generaciones de seminaristas y curas de España y del ex- doctrina eclesial, el autor se separa críticamente de ella al propo-
tranjero desde los años 70. Está traducida a infinidad de ner una solución a los diversos problemas de ética especial». –
lenguas, incluso al coreano». Esta obra, en efecto, es muy También se debe señalar «la tendencia a utilizar el método del
pronto traducida en varias lenguas, alcanzando así una conflicto de valores o de bienes en el estudiode los diversos
enorme difusión. La edición portuguesa se inicia en 1975; problemas éticos». –Y «en el plano práctico, no se acepta la
la italiana, en 1976. Una edición italiana de 1994ss, por doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y
ejemplo, traduce la 8ª edición española. sobre el valor absoluto de las normas que prohiben esas accio-
nes».
Es de notar que son muy escasas las críticas recibi-
das por Marciano Vidal durante este cuarto de siglo, Estos principios generales falsos, lógicamente, lle-
el último del siglo XX. Si exploramos la producción de los van en cuestiones particulares a graves errores, que la
teólogos moralistas de este tiempo, incluso de aquellos más Notificación va describiendo acerca, por ejemplo, de los
netamente católicos, si buscamos las recensiones de libros métodos interceptivos y anticonceptivos, la esterilización,
publicadas en Revistas católicas, también de aquellas más la homosexualidad, la masturbación, la fecundación in vitro
ortodoxas, si revisamos los Boletines diocesanos con car- homóloga, la inseminación artificial, el aborto y la legaliza-
tas pastorales de los Obispos, y las ponencias de Congre- ción del mismo.
sos de teología moral, etc. (tarea que ciertamente no es- La Notificación crítica se produce muy tardíamen-
toy dispuesto a realizar), se podría comprobar que fueron te, cuando, concretamente, la Moral de Actitudes lleva
rarísimas en este tiempo las impugnaciones frontales re- siendo durante 25 años, en muchas lenguas, uno de los
feridas a este autor y a sus tesis principales. manuales de moral más frecuentes en Facultades, Semi-
Una vez más fue el Papa, el Obispo de Roma, Juan Pablo II, narios y Librerías religiosas. Es cierto que los mismos erro-
quien con más claridad y valentía defendió la verdad moral ca- res u otros semejantes son también enseñados por otros
tólica de aquellos errores que se iban generalizando en temas moralistas católicos en gran parte de la Iglesia. Pero pue-
como el pecado individual y social, mortal y venial, la opción de decirse que en la mitad de la Iglesia Católica, que es de
fundamental, el conflicto de valores, el teleologismo y otros (cf. habla hispana, durante un cuarto de siglo, la mayor parte
exhortación apostólica Reconciliatio et pænitentia, 1984, nn.16- de los estudiantes de teología han tenido como principal
17; y sobre todo, la encíclica Veritatis splendor, 1993, especial- referencia los textos de Marciano Vidal –y de otros auto-
mente nn. 54-97). res afines–, esos textos que en el año 2001 se dice «no
La Santa Sede emitió por fin en 2001 una Notifica- pueden ser utiliza-
ción reprobatoria de tres principales obras del P. Mar- dos para la forma-
ciano Vidal, culminando así un lento proceso de análisis, ción teológica».
sólamente iniciado en diciembre de 1997. La Congrega- Por tanto, muchos
ción para la Doctrina de la Fe (22-II-2001), después de de los profesores
analizar tres de sus obras –Moral de actitudes, el Dic- de moral formados
cionario de ética teológica y La propuesta moral de en el último cuarto
Juan Pablo II–, estima necesario advertir que estos tex- del siglo XX reci-
tos «no pueden ser utilizados para la formación teoló- ben esas doctrinas
gica, y que el autor debe reelaborar especialmente Mo- falsas y las difun-
ral de Actitudes, bajo la supervisión de la Comisión Doc- den después am-
trinal de la Conferencia Episcopal Española». Esta Comi- pliamente. Eso ex-
sión episcopal, que nunca se había pronunciado sobre la plica que la Notifi-
obra de Marciano Vidal, hizo pública su adhesión al dicta- cación aludida, de
men de la Congregación romana poco después de la No- hecho, haya sido re-
tificación (A propósito de la Notificación de la Con- sistida, silenciada e
17
José María Iraburu
incluso ignorada en muchas regiones de la Iglesia, donde eran muy antiguos en el campo del protestantismo liberal
ha sido ocultada de modo casi total. y del modernismo, así como en otros moralistas católicos.
El daño producido por éste y otros autores afines en la La novedad de las tesis erróneas de Vidal en muchos ca-
conciencia moral del pueblo católico, muy especialmente sos afectaba más bien a ciertas formas verbales, y al he-
en los temas referentes a la castidad, es muy grande. Pero cho de que, no siendo católicas, fueran enseñadas en el
todavía más grave es la deformación producida de los campo católico.
mismos principios de la moral católica en muchos fieles. Por otra parte, los errores de su moral fundamental eran
La nueva Moral propuesta, partiendo de una antropología tan graves, y tan pésimas sus consecuencias doctrinales con-
de pésima base filosófica, se mantiene –como señala la cretas, que de su tolerancia no cabía esperar ninguna «ade-
Notificación referida al P. Vidal– alejada de la Biblia, cuación gradual» al patrimonio doctrinal de la Iglesia, sino
rompe con la Tradición de la moral católica, y contraría más bien una radicalización creciente en su error, como
con frecuencia las enseñanzas del Magisterio apostólico. efectivamente sucedió.
Costará decenios, con la ayuda del Espíritu Santo, restau- La Notificación crítica se produce muy débilmente. –
rar en gran parte de la Iglesia la verdadera conciencia La Congregación declara únicamente que esos tres tex-
moral católica. tos analizados, y concretamente la Moral de Actitudes,
Se dieron excusas acerca de la tardanza en la Noti- «no pueden ser utilizados para la formación teológica», se
ficación. Un artículo publicado en L’Osservatore Roma- entiende, como manuales. ¿Pero admiten una difusión nor-
no con tres asteriscos, A propósito de la Notificación so- mal en el pueblo cristiano? –La Notificación dice que «con-
bre algunos escritos del P. Marciano Vidal (18-V-2001) fía en que, mediante su colaboración [la del profesor Vidal]
parece salir al encuentro de estas objeciones, pues para con la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Es-
excusar la tardanza de la Nota, insiste en la necesidad pañola, se llegue a un manual apto para la formación de
que la Iglesia tiene del paso del tiempo para llegar en cier- los estudiantes de teología moral». Tarea manifiestamen-
tas doctrinas teológicas a discernimientos prudentes: te imposible –así lo entendimos muchos–, que nunca se
«Cabría recordar, en la historia reciente de la Iglesia, las ten- pudo cumplir.
siones que existieron entre algunos teólogos y el Magisterio en Es lógico. Su obra era absolutamente irrecuperable. No se
la década de 1950. Esas tensiones –como ha reconocido el mis- trataba de modificar en ella unos cuantos párrafos contrarios a
mo Magisterio– revelaron su fecundidad sucesivamente hasta la doctrina católica. Tendría Vidal que reconstruir todo el edifi-
el punto de convertirse en estímulo para el concilio Vaticano II. cio mental de su teología moral, desde sus cimientos filosófi-
Admitir las tensiones no significa descuido e indiferencia. Se cos, antropológicos, bíblicos, teológicos y su relación al Magis-
trata más bien de “la paciencia en la maduración” (Juan Pablo II, terio. Tarea que para él era imposible. Y ad impossibilia nemo
Donum veritatis 11), que la tierra requiere para permitir que la tenetur. Nadie está obligado a hacer lo que no puede. De hecho,
semilla germine y produzca nuevos frutos. un año más tarde, después de haber dialogado con la citada
Comisión, Marciano Vidal declaraba: «Se me pedía que si quería
hacer una nueva edición de Moral de Actitudes tendría que po-
nerme en relación con la Comisión de la Doctrina de la Fe de la
Conferencia Episcopal Española. Mantenido ese diálogo, he
decidido no hacer nueva edición».
–La Congregación proscribe en la Notificación tres de
las obras principales del profesor Vidal, aunque no obliga
a retirarlas del mercado, ni aparta al autor de su enseñan-
za en Comillas. Nada dice tampoco de las otras treinta o
cincuenta obras más que el mismo autor, antes y después de
dicha Notificación, publica y difunde ampliamente. En
ellas se aplican a temas más concretos –frecuentemente
a la moral de la sexualidad– los principios gravemente
erróneos de esa moral fundamental reprobada.
La revista Católicos (21-V-2001), de grata memoria, informaba
que el P. Marciano Vidal, días después de la Notificación, se
había confirmado en sus posiciones en dos conferencias dadas
en Madrid, organizadas por un departamento de la CONFER
«Dejando de lado la metáfora, se reconoce la necesidad de (Conferencia Española de Religiosos). Y acompañaba la noticia
permitir que las nuevas ideas se adecúen gradualmente al patri- con un artículo de su director, Santiago Martín, titulada con
monio doctrinal de la Iglesia, para abrirlo después a las riquezas toda razón ¿Tomadura de pelo?…
insospechables que contenía dentro de sí. El Magisterio adopta
prudentemente esta actitud y le concede particular relieve, por- Esto nos hace recordar aquello del P. Castellani sobre
que sabe que de ese modo se alcanzan las comprensiones más Teilhard de Chardin (27): Nos toman por memos.
profundas de la verdad para el mayor bien de los fieles. Es la
actitud de Juan Pablo II cuando, en la encíclica citada, se abstie-
ne de “imponer a los fieles ningún sistema teológico particular”
(Veritatis splendor 29). Llegará la hora de la poda y del discerni-
miento, pero nunca antes de que surja y se abra lo que está
germinando».
A estas consideraciones, que sin duda tienen mucho de
verdad, cabe, sin embargo, responder que los errores de
Marciano Vidal no eran tan nuevos como para que nece-
sitaran largo tiempo de discernimiento, pues en realidad

18
José María Iraburu
Un elenco de graves errores, con numerosas ci-
tas textuales del P. De Mello, es desarrollado seguida-
mente por la Nota ilustrativa. Extracto aquí algunas fra-
ses, siguiendo el orden del texto.
–«Ya en este volumen [Sàdhana] desarrolla su teoría de la
contemplación como autoconciencia… Así se llega a la conclu-
(47) sión “aparentemente desconcertante, de que la concentración
en nuestra respiración o en nuestras sensaciones corporales es
9. Reprobaciones tardías –y III. una óptima contemplación, en el sentido estricto de la pala-
bra”». –«El P. De Mello en repetidas ocasiones hace afirmacio-
Anthony De Mello nes sobre Dios que ignoran, si no niegan explícitamente, su
carácter personal y lo reducen a una vaga realidad cósmica
–¿Pero este señor, cuando murió, no era más budista que cris- omnipresente». –«Se critica e ironiza con frecuencia sobre todo
tiano? intento de lenguaje sobre Dios, con el fundamento de un
apofatismo unilateral y exagerado, consecuente con la concep-
–Pues quién sabe. De todos modos sus restos descansan en ción de la divinidad a que nos acabamos de referir». –«No se ve
Bandra, India, en el cementario de la iglesia de San Pedro, donde cómo entra aquí la mediación de Cristo para el conocimiento del
fue bautizado. Dios lo reciba en su gloria. Padre. “Dios no tiene nada que ver con la idea que tenéis de él…
El padre Anthony De Mello, S. J. (1931-1987), naci- Lo único que podemos saber de Él es que es incognoscible”». –
do en Bombay y fallecido a los cincuenta y cinco años de «Las escrituras, incluida claramente la Biblia, no nos dan a co-
un ataque cardíaco en Nueva York, difunde ampliamente nocer tampoco a Dios, son sólo como la señal indicadora que
en el campo católico, a través de publicaciones, conferen- no me dice nada sobre la ciudad a la que me dirijo… “En la Biblia
cias y grabaciones, sus doctrinas espirituales, inconciliables se nos señala solamente el camino, como ocurre con las escritu-
ras musulmanas, budistas, etc.”» –«Se proclama por tanto un
con la fe católica. Dios impersonal que está por encima de todas las religiones, a la
La Notificación sobre los escritos del Padre Antho- vez que se ataca el anuncio cristiano acerca del Dios amor, que
ny De Mello, S. J., publicada por la Congregación para sería incompatible con la necesidad de la Iglesia para la
la Doctrina de la Fe (24-VI-1998), hace una amplia des- salvación…“Entra en la Iglesia o te arriesgas a condenarte eter-
cripción y una firme condena de los graves errores de su namente… Una vez llegado a casa le dije a Dios: ¿Cómo sopor-
doctrina espiritual. Advierte que este autor «es muy cono- tas este género de cosas, Señor? ¿No ves que desde hace siglos
te están dando mala fa-ma? Dios respondió: yo no he organiza-
cido debido a sus numerosas publicaciones, las cuales, tra- do esta feria. Me avergonzaría incluso de visitarla”». –En con-
ducidas a diversas lenguas, han alcanzado una notable di- secuencia, «to-da religión concreta es un impedimento para lle-
fusión en muchos países». La Nota breve de la Notifica- gar a la verdad».
ción puede verse en la web del Vaticano, y el texto ínte- –«La filiación divina de Jesús se diluye en la filiación divina
gro de la Nota ilustrativa, bastante más amplio, en otros de los hombres … Jesús es mencionado como un maestro de
lugares de internet, aunque ya no, lamentablemente, en la tantos: “Lao Tze y Sócrates, Buda y Jesús, Zaratustra y
web vaticana. Mahoma”… “Lo más bonito de Jesús es que se encontraba a
En la Nota breve de la Congregación se dice entre otras co- gusto entre los pecadores, porque entendía que no era en nada
sas: «Ya en ciertos pasajes de estas primeras obras, y cada vez mejor que ellos… la única diferencia entre Jesús y los pecado-
más en publicaciones sucesivas, se advierte [en el P. De Mello] res era que él estaba despierto y ellos no”». –«La vida del hom-
un alejamiento progresivo de los contenidos esenciales de la fe bre parece llamada a una disolución… “La idea que la gente
cristiana. El Autor sustituye la revelación tiene de la eternidad es estúpida. Pien-
acontecida en Cristo con una intuición de sa que dura para siempre porque está
Dios sin forma ni imágenes, hasta llegar a fuera del tiempo. La vida eterna es aho-
hablar de Dios como de un vacío puro. ra, está aquí”». –«El mal no es más que
Para ver a Dios haría solamente falta mirar una ignorancia, falta de iluminación…
directamente al mundo. Nada podría de- “En realidad no existe ni el bien ni el mal
cirse sobre Dios… Este apofatismo radi- en los hombres o en la naturaleza. Exis-
cal lleva también a negar que la Biblia con- te solamente una valoración mental im-
tenga afirmaciones válidas sobre Dios… puesta a ésta o a aquella realidad”…
Las religiones, incluido el Cristianismo, “No hay razón para el arrepentimiento
serían uno de los principales obstáculos de los pecados, ya que de lo único de
para el descubrimiento de la verdad… El que se trata es de despertarse al cono-
P. De Mello muestra estima por Jesús, del cimiento de la realidad”».
que se declara “discípulo”. Pero lo consi- Son numerosos los autores que,
dera un maestro al lado de los demás… como Ignacio Ibáñez Rivero, han
Cualquier credo o profesión de fe en Dios demostrado la clara afinidad exis-
o en Cristo impedirían el acceso personal tente entre las doctrinas del padre
a la verdad. La Iglesia, haciendo de la pa- De Mello y la confusa ideología
labra de Dios en la Escritura un ídolo, ha-
bría terminado por expulsar a Dios del tem- panteísta y naturalista de la New
plo. En consecuencia, la Iglesia habría per- Age.
dido la autoridad para enseñar en nombre El padre De Mello, en vísperas
de Cristo. Con la presente Notificación, de su muerte, acaecida súbitamen-
esta Congregación, a fin de tutelar el bien te el mismo día de su llegada a Nue-
de los fieles, considera obligado declarar va York –sea en la Universidad de
que las posiciones arriba expuestas son Fordham (S. J.), sea en un hotel–,
incompatibles con la fe católica y pueden
causar grave daño». escribió a un íntimo amigo una larga

19
José María Iraburu
carta. Haciendo un resumen de su vida, desde sus prime- que de Andrés Torres Queiruga, en el que cita a Hegel,
ras experiencias, afirmaba: Heidegger, Ricoeur, aunque olvida mencionar, ni siquiera
«Todo ello parece pertenecer a otra época y a otro mundo. de paso, la Notificación romana de 1998. Y hoy todavía
Creo que actualmente todo mi interés se centra en otra cosa: “en las obras de Anthony De Mello, sin mayores problemas ni
el mundo del espíritu”, y todo lo demás me resulta verdadera- contiendas, se hallan en gran parte de las librerías religio-
mente insignificante y sin importancia. Lo que ahora absorbe sas católicas, incluidas las diocesanas.
todo mi interés son las cosas como las de Achaan Chah, el Mostrar estos horrores que se han dado y hoy se
maestro budista, y estoy perdiendo el gusto por otras cosas.
No sé si todo esto es una ilusión; lo que sí sé es que nunca en dan realmente en el campo católico resulta muy pe-
mi vida me había sentido tan feliz y tan libre». Ajahn Chah noso, pero estimo que el único modo de superarlos co-
Subhatto (1918-1992), monje tailandés, fue gran maestro del mienza necesariamente por denunciarlos y condenarlos
budismo Therevada, y atrajo especialmente a muchos occiden- con fuerza y claridad. Todo lo que he descrito es para la
tales. Fundó su primer monasterio europeo en Sussex, Inglate- Iglesia un grave daño y una gran vergüenza.
rra (1979), y hoy existen otros en Europa, Australia y Nueva El Código de Derecho Canónico establece que los fieles «tie-
Zelanda. nen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio
Once años después de la muerte de Anthony De conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pas-
Mello una Notificación de la Congregación de la Doc- tores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien
trina de la Fe pone en guardia a los católicos sobre sus de la Iglesia» (art. 212,3).
enormes errores. Once años. Parece realmente increíble Y es evidente que pertenece al bien de la Iglesia «com-
que la Iglesia tardara tanto en denunciar y condenar erro- batir el buen combate de la fe» (1Tim 6,12), luchando con
res tan graves contra la fe católica. Si una pauta de con- todas las fuerzas que Dios nos dé contra herejías, herejes
ducta semejante llegara a establecerse en la Iglesia, ha- y sus consentidores activos o pasivos.
bría razón para temer que los errores hoy más graves Reforma o apostasía.
serían reprobados públicamente por la Autoridad apostólica
dentro de quince o treinta años, cuando ya muchos millones
de católicos estarían inficcionados por ellos.
Es preciso insistir en que las obras de Anthony De Me-
llo han tenido gran difusión, en muchas lenguas y durante
varios decenios, en el campo católico. Han sido un best
seller «católico» para innumerables laicos, Seminarios, No-
viciados, catequesis parroquiales, clases de religión, co-
munidades de religiosos y de religiosas, librerías católicas,
Casas de Ejercicios, etc. El árbol de la santa Iglesia ha
sido regado abundamentemente con esa lejía espiritual –o
con otras semejantes–. Y todavía hay algunos que no en-
tienden cómo ese árbol, sobre todo en no pocos lugares
del Occidente descristianizado, apenas da frutos o se ha
secado casi completamente.
Los provinciales de la Compañía de Jesús en la
India publicaron contra la aludida Notificación una
protesta, firmada por el provincial Lisbert D’Souza, S.
J., presidente allí de la Conferencia de Provinciales. Y su
declaración fue avalada por los Superiores Mayores de la
Iglesia en Asia Meridional.
Según ella, Anthony De Mello «fue un pionero en la integra-
ción de la espiritualidad y métodos de oración asiática y cristia-
nos» y «ha ayudado a miles de personas en Asia Meridional y
en el resto del mundo». Estiman que «falta aprecio de las dife-
rencias y los procedimientos cuando las decisiones [las de la
Congregación romana de la Fe] se toman unilateralmente sin
diálogo con las Iglesias asiáticas», y consideran que «tales in-
tervenciones resultan dañinas para la vida de la Iglesia, la causa
del Evangelio y la tarea de interpretar la Palabra a los que no
pertenecen a la tradición cultural occidental». Uniendo la causa
del padre De Mello, S. J., con la del padre Jacques Dupuis,
también S. J. –objeto más tarde de una Notificación de la Con-
gregación de la Fe por su libro sobre el pluralismo religioso (24-
I-2001)–, manifiestan «su aprecio, apoyo y estímulo por su la-
bor a nuestros teólogos y a cuantos construyen la Iglesia local
en la India y deseamos que vayan más allá y más hondo, en
fidelidad a Cristo y a la misión que nos ha confiado la Iglesia»
(Vida nueva 24-IV-1999).
La Editorial Sal Terræ de los jesuitas ha seguido di-
fundiendo las obras de Anthony De Mello, y en 2003 pu-
blicó su Obra completa en dos elegantes tomos, de 1603
páginas, con un extenso prólogo hagiográfico nada menos
20
José María Iraburu
Es significativo que entre las intervenciones reprobatorias
que la Congregación de la Doctrina de la Fe ha publicado en los
últimos años quizá las más numerosas son aquellas que, con
una u otra perspectiva, tratan de frenar y superar estos males.
Las Notificaciones sobre Anthony De Mello, S. J. (1998), el
pluralismo religioso de P. Jacques Dupuis, S. J., las dos Instruc-
ciones de la Congregación sobre la teología de la liberación
(1984 y 1986) y la Notificación al P. Ion Sobrino, S. J. (2006; por
cierto, doctor honoris causa en 2009 por la Universidad Católi-
ca S. J. de Deusto, España), vienen a reprobar ciertas deforma-
–II– ciones de la fe católica, que se presentan, sin embargo, como
expresiones legítimas de un pueblo o como exigencias de una
religiosidad antigua.
El Magisterio apostólico ha enfrentado siempre en es-
Las malas doctrinas tos años las desviaciones principales que en forma de incul-
turación exacerbada, de nacionalismos religiosos o de
indigenismos desviados, han venido a lesionar la unidad
y armonía de la verdad católica.Y en este tema el docu-
mento pontificio más valioso ha sido, sin duda, el de la Con-
(48) gregación de la Fe, Dominus Iesus; declaración sobre
la unicidad y universalidad salvífica de Jesucristo y
1. Indigenismo teológico desviado –I. de la Iglesia (6-VIII-2000).
un libro sobre Guadalupe Voy a tratar aquí de este amplio y complejo tema, pero
limitando mucho mi intento: solo analizaré un libro mexi-
cano muy notable sobre la Virgen de Guadalupe.
–Precisamente hoy, el 12 de diciembre, Nuestra Señora de
Guadalupe. El libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y
Juan Diego es quizá el estudio más valioso que sobre los
–Reina de México, Patrona de América, dulcísima Virgen de
Guadalupe, Madre y Señora nuestra. diversos aspectos de este tema se ha escrito (Ed. Porrúa,
México 2001, ed. 4ª, 608 págs.; la ed. 1ª es de 1999). No
El indigenismo, el nacionalismo religioso, el plu- tenía yo conocimiento de este gran libro cuando escribí
ralismo de religiones, son tendencias relacionadas en- los Hechos de los apóstoles de América (Fundación
tre sí, que se han ido acentuando en la Iglesia Católica en GRATIS DATE, Pamplona 1992; 2003, ed. 3ª, 557 págs.),
los últimos decenios. Los aspectos más negativos de la obra en la que traté con especial atención la evangeliza-
Teología de la liberación se conectan también con esas ción de México, y dediqué un capítulo a San Juan Diego
tendencias. Suele haber en el transfondo de ellas una exal- y Guadalupe.
tación de las religiones naturales y auctóctonas pre-cris-
El origen del libro que analizo ahora es el siguiente. En
tianas, que devalúa gravemente a Cristo y a la Iglesia,
1998, la Congregación para las Causas de los Santos, pre-
como «sacramento universal de salvación». Ën ocasio-
parando la beatificación y canonización del indio Juan
nes, la unión sincretista de esas religiosidades naturales –
Diego, nombró una comisión de historiadores para que
hindúes, budistas, aztecas, incaicas, etc.– con el Evange-
documentaran en cuanto fuera posible la veracidad del
lio conduce a una falsificación profunda de la fe católica.
Acontecimiento Guadalupano y la santidad del indio vi-
dente. Fue nombrado presidente de la Comisión Histórica
el Dr. P. Fidel González Fernández, catedrático de his-
toria eclesiástica en la Urbaniana de Roma y profesor en
la Gregoriana. También fueron nombrados otros expertos
auxiliares, entre los que destacaban el Dr. P. Eduardo
Chávez Sánchez y el Lic. P. José Luis Guerrero Rosa-
do. Son éstos los tres autores que firman el libro que aho-
ra comento. Esta gran obra es un monumento de carácter
principalmente histórico, y en esa condición estriba su
valor fundamental. Pero también ofrece con bastante fre-
cuencia consideraciones teológicas, muchas veces ati-
nadas, pero en bastantes casos inadmisibles.
Y precisamente porque el libro es muy importante y de gran
valor conviene señalar esos errores. Yo lo hice en primera ins-
tancia enviando un informe amplio al Arzobispado de México,
que lo pasó a la consideración de los tres autores; y en segunda
instancia, acudiendo a la Congregación de la Doctrina de la Fe.
Estos intentos fueron amablemente recibidos, pero no produje-
ron resultado alguno. Transcribo, pues, ahora algunos textos
entresecados del libro aludido, destacando yo en cursiva algu-
nas frases erróneas más significativas.
Excelsa era la religión azteca, y sublime su Dios úni-
co. Con gran frecuencia afirman los tres autores de esta
obra que los misioneros que llegaron a México no enten-
dieron en absoluto la religiosidad de los mexicanos. Pen-
21
José María Iraburu
saron de ellos que eran politeístas e idólatras, sujetos al La humanidad y el cosmos tenían, según la excel-
influjo del Diablo. Una visión extremadamente negativa y sa religiosidad azteca, una necesidad absoluta de la
errónea, que vendría causada por el ambiente doctrinal de sangre humana sacrificada a los dioses. Según nues-
la época. No llegaron a conocer los misioneros que el con- tros tres autores, esto obligaba a los aztecas a guerrear
cepto que aquellos indios tenían de Dios «era tan definido, incansablemente con los pueblos vecinos, con el fin de
tan depurado y tan rico en su sentido ontológico que po- capturar prisioneros, que serían luego ofrecidos a los dio-
dría equipararse –y superar– al pensamiento euro- ses en sacrificios. Y por eso, «en la sociedad mexicana,
peo de su época» (155); es decir, al pensamiento cristia- por su continuo guerrear, había muchas más mujeres que
no sobre Dios. hombres» (206). Los aztecas, en efecto, vivían «en una
Por otra parte, la religiosidad náhuatl, siguen afirmando, sociedad poligámica porque las continuas guerras
no era propiamente politeísta. Es cierto que daba nom- diezmaban su población masculina provocando que
bres y cultos diversos a varios dioses, pero con ello solo hubiese mucho más mujeres que varones, y que las au-
venía a personalizar atributos diversos de Dios. En reali- sencias de estos fuesen no solo largas y sistemáticas, sino
dad creía en un solo Dios y Señor. Y ese monismo inte- con desoladora frecuencia definitivas» (534).
grador de diversos aspectos de la divinidad «contradice Se nos asegura, pues, que en la visión religiosa mexica-
tanto y tan poco al principio monoteístico como la na, «ni el Politeísmo era tal, ni los sacrificios humanos
Trinidad cristiana» (156). un culto diabólico incompatible con la rectitud moral.
El nombre que daban aquellos mexicanos a Dios como Uno y otros eran expresiones, todo lo erradas que se quie-
Tlayocoyani, el que se crea a sí mismo, era un «nombre ra, pero coherentes y válidas en su buena fe, de su
pasmoso, más rico que nuestra palabra Creador, que de- incondicional entrega a Dios, que fue eso: absoluta, in-
muestra que los tlamatinime [los antiguos sabios religio- condicional, desbordante, quizá el caso más completo
sos] alcanzaron las máximas alturas a que ha podido que conoce la historia de un pueblo todo entero que
llegar la mente humana en su reflexión sobre Dios» se entrega tan por entero al servicio de Dios» (523).
(159). Más aún, «su idea de Dios era tan o más cristia- Alguna rara vez, no obstante, los tres autores señalan en su
na que la de sus evangelizadores» (518). libro ciertos errores graves de la religiosidad azteca, pero lo
hacen sin dejar por eso de considerarla absolutamente excelsa y
«Tan sublime altura de pensamiento no va, de cierto, muy de
sublime. Así, por ejemplo, cuando escriben: …«por más que
acuerdo con el estereotipo de una religión embrutecida y
admiremos el excelso concepto que motivaba los sacrificios
embrutecedera que los españoles acusaron a los indios de pro-
humanos, éstos eran un innegable atentado contra la propia
fesar, y más sorprendente aún es comprobar que eso [ese pen-
especie, que ya tenían a esa nobilísima religiosidad mística en
samiento altísimo de Dios] no era patrimonio de unos pocos,
un tris de desbocarse en un incontrolable fanatismo patológico
sino que, con sus más y sus menos, así lo entendían todos»
y ciego que hubiese terminado devorándose a sí mismo» (215).
(159).
Los sacrificios humanos eran graves errores, pero La buena fe de los aztecas era total, y en modo al-
también eran expresiones sublimes de la religiosi- guno estaban bajo el influjo del Diablo. Los misione-
dad azteca. El indio mexicano, nos explican, según sus ros, se nos dice en esta obra, veían en la religiosidad de
ideas religiosas míticas, era perfectamente consciente de los aztecas una idolatría cruel que, bajo el poder del Dia-
que ni él, ni la vida, ni el orden cósmico podían subsis- blo, les llevaba a reiterar y añadir, en frase de fray Geró-
tir sin los sacrificios sangrientos humanos. nimo Mendieta, «pecados a pecados». Pero para aquellos
indios, arguyen nuestros autores, en su historia precristiana,
«La sangre, por tanto, el “Agua Divina”, era una necesidad tan «no había, ni podía haber, añadiduras de “pecados a peca-
imprescindible como el alimento y el aire, y debía procurarla a los dos” por la irrebatible razón moral
dioses por un doble motivo», el agrade-
cimiento y la propia conveniencia (522).
de que no puede pecar quien actúa
«Detrás de esos mitos había una lógica de buena fe. Todo esto era y es ob-
impecable […] Era lógico, pues, que no vio, pero Mendieta no lo podía ver en-
viesen el sacrificio como un asesinato, tonces, ni lo pudo ver jamás; ni hasta
sino como un privilegio: un favor de par- antes del Vaticano II lo pudimos ver
te de quien lo ejecutaba, que venía sien- nosotros» (518).
do por ello un bienhechor insigne, y una Ninguno de aquellos misioneros, si-
gracia para quien lo recibía» (523). guen diciendo, «ni aún Las Casas, po-
En cierta ocasión, pidieron al Tlatoani día aceptar que fuera “inculpable” el
de Culhuacán que les entregase a su desconocimiento de algo tan elemental
hija «para convertirla en diosa de la gue- como el derecho a la vida» (123). Misio-
rra. El Tlatoani accedió, sin imaginarse neros y cronistas –Motolinía, Mendieta,
cuan literal era el designio de los azte- Sepúlveda, Sahagún, Durán, López de
cas, quienes, con fiel apego a lo decla- Gómara–, todos pensaban más o me-
rado, la sacrificaron, convirtiéndola así nos lo mismo (524-525): que detrás de
en diosa, y no contentos con eso, traje- tales aberraciones colectivas tenía que
ron a su padre para que viniera a adorar estar la acción de Satanás, padre de la
al sacerdote que se había revestido de mentira, que tenía engañados a aque-
su piel desollada» (74). En este caso se llos indios. Y así, por ejemplo, a media-
trata de un sa-crificio individual. Pero en dos del siglo XVI, fray Francisco de
realidad, como veremos más adelante, Aguilar, en su Relación breve de la
eran muchos miles los sacrificios huma- Conquista de la Nueva España, decía
nos que anualmente habían de ser ofreci- que habiendo estudiado los ritos de
dos a los dioses, y más numerosos aún antiguas religiones de distintos países,
habían de ser en cada acontecimiento ex- «en ninguna de estas he leído ni visto
traordinario. tan abominable modo y manera de ser-
22
José María Iraburu
vicio y adoración como era la que estos hacían al demonio, y De este modo prodigioso, el acontecimiento guadalupano,
para mí tengo que no hubo reino en el mundo donde Dios con la Virgen mestiza, aparecida en la morada de la antigua diosa
nuestro Señor fuese tan deservido, y a donde más se le ofendie- Coatlícue Tonatzin, en la misma cuna de Huitzilopochtli, venía
se que en esta tierra, y adonde el demonio fuese más reveren- a significar para los indios una «plena aceptación de su heroi-
ciado y honrado» (123). co pasado y aliento y esperanza de un condigno futuro» (192).
La ceguera de los misioneros, que veían por todas Podían, pues, seguir con la Regla de Vida de sus antepasados
«¡y no cambiándola, sino dándole plenitud! (Mt 5,17)» (195).
partes influjos diabólicos en la religión mexicana, es La relación entre la religiosidad mexicana y el cristianismo ven-
denunciada una y otra vez por nuestros tres autores. Aque- dría a ser, pues, como la existente entre el Antiguo Testamento
llos frailes sufrían inevitablemente el error de la Iglesia de de Israel y el Nuevo Testamento de la Iglesia.
su tiempo, un error que no sería superado hasta llegar al
concilio Vaticano II (cf. 162). Todos los misioneros de Nunca en la historia de la humanidad hubo un pue-
entonces, todos, incurrían en esta ceguera. Ni «el mismo blo tan fiel a Dios como el azteca. Antes de las precio-
comprensivo y tolerante P. Acosta, S. J.», en su Historia sas apariciones de la Virgen de Guadalupe el desconcier-
natural y moral de las Indias, escapa a esa visión, y en to de aquellos indios era absoluto cuando los misioneros
el capítulo 11 expone: «De cómo el demonio ha procurado les hablaban de su venerada religión como de un culto
asemejarse a Dios en el modo de sacrificios y religión y falso, abominable y diabólico. «Sin embargo, aunque ya
sacramentos»… «Y ante esto [el P. Acosta] considera no no pensemos así y estemos seguros de que tales héroes
que Dios viera con paternal complacencia esa entre- del pensamiento y cumplimiento religioso se salvaron
ga en total buena fe, sino que, efectivamente, el Demo- todos [así lo aseguran los tres autores], todavía podemos
nio conseguía subyugar a maravilla a sus víctimas» (137). preguntarnos: ¿Cómo es posible que, aunque no haya sido
sino a nivel temporal, haya podido Dios corresponder a la
La evangelización, en estos planteamientos de los mi- máxima fidelidad que en toda la historia le ha tenido
sioneros, se presentaba, pues, a juicio de estos tres auto- pueblo alguno, bien que a través del error, entregándolo
res, como una misión imposible, «pues se trataba de dos [en la conquista y evangelización del XVI] a la muerte, a
pueblos [el de los cristianos europeos y el de los mexica- la destrucción y a la esclavitud?» (163).
nos] totalmente en buena fe y decididos a ser fieles a
sus principios hasta la muerte; sin embargo, ese problema Esta angustiosa pregunta solamente es respondida de
no era el peor; el peor era que los mexicanos estaban, si forma convincente en el maravilloso acontecimiento de
cabe, aun más convencidos de su verdad que los es- Guadalupe. Al evangelizar a los mexicanos, Dios premia
pañoles de la suya»… (526). su absoluta entrega y fidelidad religiosas: «Ometéotl tomó
la iniciativa de venir Él al indio, reconocer y magnificar
Con el favor de Dios, continuaré. su fidelidad heroica y ofrecerle premiársela con las
más apoteótica de las coronas: ¡Convidarle a ser hijo de
su propia Madre!» (164).
El ayate de Juan Diego es el testimonio más fide-
digno de la perfecta continuidad entre la religiosi-
dad azteca y la cristiana. La imagen de la Virgen de
Guadalupe aparecida en la tilma (poncho) de Juan Diego,
se nos dice en este libro, era para los indios un códice picto-
gráfico portador de una mensaje nuevo y maravilloso
(189ss). Pero «hubieron de pasar más de cuatro siglos
para que cayéramos en la cuenta de eso, de que la ima-
(49) gen de la Señora del Cielo era un mensaje, un “Códice”
indígena» (194). «Quizá nunca podamos “traducir” todo
2. Indigenismo teológico desviado –II. ese “Evangelio pictográfico” que de inmediato ganó a la
un libro sobre Guadalupe Fe al Anáhuac entero» (195).
La tarea de traducir el lenguaje pictográfico del mila-
–¿Y qué hacemos, padrecito, con las enormidades que nos groso ayate de Juan Diego es ciertamente una tarea muy
dicen estos expertos? difícil, pero nuestros tres autores, ayudándose de exper-
–Ignorarlas, m’hijito, ignorarlas. No darles crédito. Y rezar mu- tos, la intentan animosamente. Y la traducción de la tilma
cho. no la ofrecen como una hipótesis, sino como un dato cier-
Continúo transcribiendo algunos textos del libro El en- to, científico, indiscutible. Veamos: ¿qué significaba real-
cuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, es- mente para los indios la imagen bellísima de la Virgen
crito por tres eminentes historiadores, ya citados. Y sigo de Guadalupe? Abrevio mucho:
señalando en cursiva los errores más graves. El manto lleva a los indios a pensar en Huitzilopochtli. Las
La heroica y excelsa religiosidad azteca fue reco- estrellas, el cielo azul oscuro y estrellado es… otro de los atribu-
nocida y premiada por el Evangelio. Cuando Juan Diego tos de Ometéotl (cf. 197)… El toque más indio del cuadro es el
ángel que sostiene a la Señora, que para un europeo no signifi-
recibe la maravillosa aparición de la Virgen de Guadalupe, caría más que un querubín decorativo, mofletudo y sonrosado;
«en ese instante captó que no existía oposición ninguna en- pero «si hacemos el intento de observarlo con mente india… lo
tre su religión y cultura ancestrales y su fe cristiana, antes primero espontáneamente que asociaríamos con su calidad de
culminación entre su antigua fe, la de “los antiguos, nuestros ser emplumado sería, por supuesto, a la “Serpiente Emplumada”,
antepasados, nuestros abuelos” y lo que como cristiano está a Quetzalcóatl» (198-199). La túnica rosada de la Virgen era el
recibiendo en ese momento… Aquí Juan Diego capta en segui- color de Huitzilopochtli… Que el ángel sea un joven de adusta
da lo que luego le dirá la Virgen Santísima: que no hay contra- expresión de anciano «hace evocar a Telpochtli: “El Mancebo”,
dicción, antes culminación, entre su antigua fe» y el cristianis- una de las advocaciones nada menos que de Tezcatlipoca, el
mo (176, nota). más “diabólico” de los dioses mexicanos y enemigo de Quet-
23
José María Iraburu
zalcóatl. Y es imposible rehusar su identificación, puesto que», Iglesia, recordando la antigua enseñanza de los Padres,
etc. (200). no rechaza nada de cuanto en las diversas religiones hay
Los dioses mexicanos son, pues, los padrinos pre- de verdadero y noble. Sabe que son “las semillas del Ver-
sentadores de la Virgen y del Evangelio para el pue- bo”, “las semillas de la verdad”, presentes y operantes en
blo. Fijémonos por último, siguen diciendo los tres auto- todos los pueblos, como reflejos de la luz de Cristo, que
res, en esas alas, que son también puñales rojos y blancos, “ilumina a todo hombre”» (Jn 1,9; cf. Vat. II, Ad gentes
y advertimos que 11; Lumen gentium 17).
«se trata de Itzpapálotl: “La Mariposa de Obsidiana”, deidad Causa admiración profunda comprobar, por ejemplo, que
del sacrificio y de la penitencia, cuya misión era subir hasta los el salmo bíblico 103 contempla a Dios en la creación de
dioses los corazones y el chalchíhuatl humanos que se les un modo casi idéntico a aquel himno al Dios-Sol del tiem-
ofrendaban. O sea que la máxima expresión de la piedad indí- po del faraón Akenaton (s. XIV a.Cto.). Es sorprendente
gena, que los frailes denostaban como nada más que crímenes que Aristóteles (s.IV a.Cto.) alcance a ver a Dios como
y oprobio, ¡figura aquí también [en la tilma sagrada de San el Ser supremo, único, eterno, espiritual, transcendente,
Juan Diego] como introductora de la Reina del Cielo!» (200).
«No era, pues, poca la audacia de ese misterioso y genial Tlacuilo
omnipotente, acto puro, causa y motor inmóvil de todo el
[escriba] al poner a los principales dioses mexicanos como universo, vivificador de todos los vivientes… Son intuicio-
padrinos de la Madre de Ometéotl. San Pablo hubiera estado nes religiosas o filosóficas de asombrosa pureza y altura.
de acuerdo, conforme a lo que dijo a los atenienses… Mas esa También nos maravillan en el mundo religioso de México
apertura de criterio se había perdido en la Iglesia, hasta que no algunas creencias sobre Dios, ciertas oraciones bellísimas,
la rescató el Vaticano II» (201). no pocos aspectos de la educación moral, familiar y social
«Reuniendo, pues, todos esos cabos sueltos y “tradu- (Iraburu, Hechos de los apóstoles de América 75-77).
ciendo” el mensaje completo, nos encontramos con algo Pero afirmar que la religiosidad azteca alcanza «las
casi imposible de admitir, pero aún más imposible de ne- máximas alturas a que ha podido llegar la mente
gar […] Que su antigua religión había sido buena, humana en su reflexión sobre Dios» es, más que una
que había nacido de Dios y los había elevado a mere- exageración enorme, una enorme falsedad. Un Dios que
cer su amor y su premio, que era lo que ahora preci- necesita continuamente el sacrificio de miles y miles de
samente recibían, promoviéndolos a algo sin compara- hombres, para sostener con sangre humana la vida y el
ción superior: “¡Bien, siervo bueno y fiel!, en lo poco fuis- orden cósmico, queda muy por debajo del «dios» de Aris-
te fiel, a lo mucho te elevaré: ¡Entra en el gozo de tu Se- tóteles y de tantos otros «dioses» paganos.
ñor!” (Mt 25,21)» (201-202). «¡Y eso había sucedido! Eso También es inadmisible decir que el pensamiento azteca
les decía la imagen de la Señora del Cielo, y eso había sobre Dios «podría equipararse –y superar– al pensamiento
sido mérito de ellos y de sus antepasados, por su fide- europeo de su época», pues éste que traían y predicaban
lidad absoluta, aún a través de máscaras y sueños» (203). los misioneros del XVI no era otro que el de nuestro Se-
Hasta aquí los textos de nuestros tres autores. ñor Jesucristo, el de Juan y Pablo, el de Agustín, Bernar-
Las semillas del Verbo preceden al Evangelio en la do, Tomás y Francisco de Asís, el del concilio de Trento,
historia religiosa de los pueblos. Esto lo supo la Igle- el del Catecismo de San Pío V. No puede decirse, pues,
sia desde el principio. San Pedro dice de Dios que, «en de los aztecas que «su idea de Dios era tan o más cristia-
cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia na que la de sus evangelizadores». Y también nos parece
es agradable a él» (Hch 10,35). Y como afirmaba Juan un grueso error afirmar que el monismo múltiple del Dios
Pablo II en una catequesis (9-IX-1998), «la doctrina de la mexicano «contradice tanto y tan poco al principio mono-
teístico como la Trinidad cristiana». Todos éstos son ex-
cesos verbales y doctrinales inadmisibles.
Tampoco podemos creer que aquellos sacrificios
humanos eran gratos a Dios. No estaban equivocados
los misioneros, pensando que aquello solo podía ser enga-
ño del demonio. Enseña Jesucristo a los judíos: «vosotros
tenéis por padre al diablo, y queréis hacer los deseos de
vuestro padre. Él es homicida desde el principio… Cuan-
do dice mentiras, habla de lo suyo propio, porque él es
mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,43-44). Los que se
equivocan completamente son los historiadores y teólo-
gos que exacerban el indigenismo llevándolo al extremo
de graves errores.
No podemos menos de recordar aquí las descripcio-
nes alucinantes que de esos ritos sangrientos hacen
los primeros misioneros de México. El franciscano Moto-
linía, que tanto quería a aquellos indios y a quienes entre-
gó toda su vida, describe el navajón que abría el pecho de
las víctimas, la extracción del corazón, los cuerpos rodan-
do hacia abajo por las gradas del teocali, las comidas fes-
tivas de las carnes victimadas (canibalismo religioso), el
desollamiento de los sacrificados, las danzas rituales de
los que se revestían de sus pieles, sangre y más sangre
por todos lados… (Historia de los Indios de Nueva Es-
paña I,6). Y también los soldados de Cortés, como Bernal
24
José María Iraburu
Díaz del Casti- bajaba la cabeza de la muerta a propósito del baile». En el 18º, en
llo, quedan ho- fin, «no mataban a nadie, pero el año del bisiesto que era de
rrorizados al ver cuatro en cuatro años, mataban cautivos y esclavos». Los ri-
tanta sangre en tuales concretos –vestidos, danzas, ceremoniales, modos de
el gran teocali matar– estaban exactamente determinados para cada fiesta, así
como las deidades que en cada solemnidad se honraban (Histo-
de Tenochtitlán – ria general de las cosas de la Nueva España, lib.II). Es de notar
la gran pirámide que no había ningún mes que reservara el supremo honor del
truncada de la sacrificio ritual a los nobles y ricos aztecas.
actual ciudad de
Por otra parte, con ocasión de acontecimientos nota-
México–, viendo
bles, se multiplicaba grandemente la cifra de las víctimas
todo «tan bañado
ofrecidas. Por ejemplo, al inaugurarse el Calendario Az-
y negro de cos-
teca, esa notable piedra circular, se sacrificaron 700 vícti-
tras de sangre,
mas. Y en la inauguración del gran teocali de Tenochtitlán,
que todo hedía
solo un poco antes de la llegada de los españoles, unas
muy malamente»
20.000 personas fueron sacrificadas, según narra el Có-
(Historia verda-
dice Telleriano. Da otra cifra el noble mestizo Alva Ixtlil-
dera de la con-
xochitl, pues estima en su crónica que fueron más de
quista de la Nue-
100.000 las víctimas ofrecidas a lo largo del año (Histo-
va España 92).
ria de la nación chichimeca cp. 60).
Los sacrifi-
Continuaré, si Dios quiere.
cios humanos
de los aztecas eran numerosísimos. El calendario li-
túrgico habitual de su religión exigía grandes matanzas de
hombres cada año. El primer Obispo de México, fray Juan
de Zumárraga, en carta de 1531 al Capítulo franciscano
reunido en Tolosa, informa que los indios «tenían por cos-
tumbre en esta ciudad de México cada año sacrificar a
sus ídolos más de 20.000 corazones humanos» (cf. fray
Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana
V,30). Fray Bernardino de Sahagún, franciscano, llegado
a México en 1529, se dedicó durante medio siglo a cono-
cer y a poner por escrito, con minuciosidad de antropólogo
admirable, todas las cosas del mundo azteca, también las (50)
religiosas, informándose de cada una con la ayuda de sa-
cerdotes y eruditos mexicanos, describe detalladamente 3. Indigenismo teológico desviado –y III.
el curso de los diversos sacrificios rituales en cada uno de un libro sobre Guadalupe
los 18 meses del año, de 20 días cada uno.
En el mes 1º «mataban muchos niños»; en el 2º «mataban y
desollaban muchos esclavos y cautivos»; en el 3º, «mataban –¿Y ha habido por parte de la Autoridad apostólica alguna
muchos niños», y «se desnudaban los que traían vestidos los reprobación de este libro?
pellejos de los muertos, que habían desollado el mes pasado»; –Que yo sepa, no. Eso es lo más grave.
en el 4º, como venían haciendo desde el mes primero, seguían Sacrificios humanos espantosos y diabólicos. –Es-
matando niños, «comprándolos a sus madres», hasta que ve- pantosos. El capitán Andrés Tapia, visitando con un com-
nían las lluvias; en el 5º, «mataban un mancebo escogido»; en el pañero el interior del teocali de Tenochtitlán, se espanta al
6º, «muchos cautivos y otros esclavos»…
ver innumerables palos, cada uno con calaveras ensarta-
Y así un mes tras otro. En el 10º «echaban en el fuego vivos das por las sienes. Contando las hileras de palos y multi-
muchos esclavos, atados de pies y manos; y antes que acabasen plicando, calcularon «haber 136.000 cabezas»: un mundo
de morir los sacaban arrastrando del fuego, para sacar el cora-
zón delante de
de calaveras innumerable y aterrador (Relación… sobre
la imagen de la conquista de México). El museo de Camboya des-
este dios»… En pués de Pol Pot. –Diabólicos. Ya recordé la enseñanza
el 17º mataban de Cristo: el diablo, padre de la mentira, ataca al hombre
una mujer, sa- principalmente con el arma sutil del engaño; y es homici-
cándole el cora- da desde el principio (Jn 8,43-44). Es ésta la verdad que
zón y decapi- iluminó la interpretación que dieron los misioneros a los
tándola, y el que espantosos homicidios rituales que conocieron en el mun-
iba delante del do azteca. Así, por ejemplo, el bendito fraile, misionero y
areito [canto y antropólogo, padre Bernardino de Sahagún, tras escuchar
danza], toman- a tantos informantes indios durante medio siglo, comenta
do la cabeza
«por los cabe- espantado:
llos con la mano «No creo que haya corazón tan duro que oyendo una cruel-
derecha, llevá- dad tan inhumana, y más que bestial y endiablada, como la que
bala colgando e arriba queda puesta, no se enternezca y mueva a lágrimas y
iba bailando horror y espanto; y ciertamente es cosa lamentable y horrible
con los demás, ver que nuestra humana naturaleza haya venido a tanta bajeza y
y levantaba y oprobio que los padres, por sugestión del demonio, maten y
25
José María Iraburu
Dios es la verdad, y «santifica en la verdad» (Jn 17,17). Por el
contrario, el Diablo es «el padre de la mentira, y es homicida
desde el principio» (cf. Jn 8,44-45). Verdad y vida, mentira y
muerte, son binomios inseparables. No es éste el lugar para
analizar largamente el tema. Juan Pablo II,en la encíclica Veritatis
splendor, afirma con singular claridad el vínculo profundo que
ha de unir siempre «conciencia y verdad» (cp. II,II).
Los aztecas, como todos los hombres, estaban mar-
cados por el pecado original, que les inclinaba a mu-
chos errores y crímenes. Todos los pueblos han estado
firmemente adheridos a las creencias de su cultura reli-
giosa, en la que tantas veces se prescribían enormes abe-
rraciones: sacrificios humanos, prostitución sagrada, poli-
gamia, abortos por eugenesia, etc. Y cuando dice San Pablo
que «todos pecaron y todos están privados de la gloria de
Dios» (Rm 3,23), no se refiere solo a los ro-manos, griegos y
coman a sus hijos, sin pensar que en ello hacían ofensa alguna, judíos, que tiene ante sí; está hablando del género humano en
mas antes con pensar que en ello hacían gran servicio a sus general. Sin conocerlos, está hablando de los celtas, de los
dioses. La culpa de esta tan cruel ceguedad, que en estos des- hindúes, mongoles y japoneses y, evidentemente, de los me-
dichados niños se ejecutaba, no se debe tanto imputar a la xicanos. «Todos habían pecado» (5,12).
crueldad de los padres, los cuales derramaban muchas lágri- «Vosotros [todos] estabais muertos por vuestros delitos y pe-
mas y con gran dolor de sus corazones la ejercitaban, cuanto al cados», sujetos al demonio, a la carne y al mundo; «pero Dios,
crudelísimo odio de nuestro enemigo antiquísimo Satanás, el que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y
cual con malignísima astucia los persuadió a tan infernal haza- estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dió vida
ña. ¡Oh Señor Dios, haced justicia de este cruel enemigo, que por Cristo: por gracia habéis sido salvados» (Ef 2,1-5). El Após-
tanto mal nos hace y nos desea hacer! ¡Quitadle, Señor, todo el tol habla del pecado original, de sus terribles efectos, habla de
poder de empecer!» (Historia general de las cosas de la Nueva la naturaleza humana caída, que en el pecado del mundo vive,
España, lib.II, cp.20). crece y forma su cultura. Y como enseña Trento, el pecado ori-
Dios no se complace en los innumerables sacrificios ginal hace perder al hombre la primera santidad y justicia en que
humanos rituales, seguidos de canibalismo también fue creado, lo pone en enemistad con Dios, y lo sujeta «bajo el
ritual. Por lo demás, casi todas las religiones primitivas poder de aquel “que tiene el imperio de la muerte, es decir, del
han practicado estos mismos ritos antes de recibir la luz diablo” (Heb 2,14)», de tal modo que toda la persona, en cuerpo
de Cristo, mientras «permanecían sentados en las tinie- y alma, queda mudada en peor (Sesión 5ª,1).
blas y sombras de muerte» (Lc 1,79), y pensaban agradar También los mexicanos tenían el pecado original y,
a sus dioses realizando esos horrores. Pero los tres auto- como todos los hombres, sufrían personal y colectivamente,
res de la obra que comento se niegan a ver en los sacrifi- también en su vida religiosa, sus consecuencias terribles.
cios humanos aztecas «un culto diabólico incompatible con Y estaban absolutamente necesitados de una salvación
la rectitud moral». Más bien los consideran «expresiones, por gracia divina. Como dice el Catecismo de la Iglesia
todo lo erradas que se quiera, pero coherentes y válidas Católica, «la Escritura y la Tradición de la Iglesia no ce-
en su buena fe, de su incondicional entrega a Dios». Y así san de recordar la presencia y la universalidad del pe-
«admiran el excelso concepto que motivaba los sacrifi- cado en la historia del hombre» (401; cf. 396-409).
cios humanos», que estaban inspirados en una «nobilísima Por tanto, los misioneros de México entendían la mi-
religiosidad mística». Más aún, estiman que «Dios veía sión evangelizadora del mismo modo que Cristo y Pa-
con paternal complacencia esa entrega en total buena fe». blo, como Martín de Tours, Bonifacio o Javier. La enten-
Pero no; no es ésa la verdad. Esa dicotomía entre bon- dían a la luz de las enseñanzas del mismo Señor nuestro
dad y verdad es incompatible con la doctrina católica. Jesucristo, que cuando envía a Pablo en misión le dice:
La buena intención no hace bueno y admirable lo que «Yo te envío para que les abras los ojos, se conviertan de
es malo y horrible. El principio que nuestros tres autores las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, y reci-
consideran obvio, «no puede pecar quien actúa de buena ban el perdón de los peca-
fe», es sumamente ambiguo, y exige siempre no pocas dos y parte en la herencia
precisiones. Difícilmente admitimos, por ejemplo, que los de los consagrados» (Hch
nazis «obraban en total buena fe» cuando pretendían en- 26,18). Por eso, cuando los
noblecer la humanidad purificándola de las razas inferio- misioneros veían a los azte-
res –judíos, gitanos, etc.–, para afirmar así la absoluta pri- cas «en continuas guerras»,
macía de la raza aria. La doctrina católica siempre ha multiplicando incesante-
reconocido el eximente de «la ignorancia inculpable», mente los sacrificios huma-
pero nunca ha visto en los grandes crímenes obras meri- nos, viviendo en uniones
torias, gratas a Dios, que Él ve con complacencia. Y la poligámicas, porque las mu-
doctrina de la ignorancia invencible no nos exime, por su- jeres era muchas más que
puesto, del empeño para librar del error a los equivoca- los hombres, etc., atribuían
dos, y para evitar los crímenes que en ese error cometen: al influjo del Diablo aque-
purificar la humanidad mediante genocidios, acudir al abor- llas enormes miserias. Se-
to «por caridad», para no disgustar al cónyuge o para no gún la enseñanza de Cris-
perjudicar a los hijos ya nacidos, etc. Evangelizar es eso to, el árbol de la religiosi-
precisamente, llevar la luz de la verdad a los hombres y dad azteca debe ser juzga-
pueblos que están en tinieblas. do por sus frutos.
26
José María Iraburu
Podrá alegarse que también la religiosidad azteca producía ellos todos venían del maligno» (263). Y efectivamente,
frutos de gran calidad moral. Y eso lo aceptamos sin vacilar un esa misma visión es la que se afirma en el I y el II Conci-
instante. Romanos 8, 28. Como lo aceptamos del hinduísmo, del lio Provincial Mexicano (1555 y 1565), y también en el
budismo, etc. Pero considerando en sí misma la religiosidad III (1585), de los que, al parecer, se distancian notable-
azteca tenemos que atenernos al antiguo principio: «bonum ex mente nuestros doctos autores.
integra causa, malum ex quocumque defectu». Una tarta de pos-
tre, por ejemplo, puede estar hecha con harina, huevos, azúcar,
etc. de excelente calidad; pero si contiene también una cierta
cantidad de arsénico, nos vemos obligados a declarar –sin pe-
car por eso de pesimistas– que ése es un alimento venenoso,
malo, pésimo, y que debe ser retirado inmediatamente.
Ni la Virgen de Guadalupe ni San Juan Diego pen-
saron que «no existía oposición ninguna entre su
religión ancestral y su fe cristiana». Ésa es una enor-
me falsedad. El mensaje divino del Tepeyac de ningún
modo expresa una «plena aceptación del heroico pasado»
religioso de los mexicanos. Nadie debe pensar de aque-
llos indios –como no debe pensarlo de los celtas, hindúes,
budistas, sintoistas, cínicos, estoicos, etc.– que «tales hé-
roes del pensamiento y cumplimiento religioso se salva-
ron todos». Nadie debe ver la evangelización de los mexi-
canos como si a través de ella Dios «reconoce y magnifica
su fidelidad heroica, premiándola» con la gracia de Cris-
to. «El hombre [también el azteca] no se justifica por las
obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo» (Gál 2,16).
Todo hombre que llega a la salvación, también el azteca,
se salva «por una elección graciosa. Pero si es por gracia,
ya no es por las obras, que entonces la gracia ya no sería
gracia» (Rm 11,5-6).
Nunca el Evangelio de la gracia se ha dado a un pueblo para
«premiar» la fidelidad que ha guardado a sus leyes religiosas
ancestrales. Por el contrario, todos los pueblos que han recibi-
do la gratuita salvación de Cristo, Sol de justicia, también el
pueblo judío, el pueblo elegido, y también el pueblo mexicano, Los padres de este III Concilio insisten en que «se ha de
todos estaban absolutamente necesitados de una salvación por evitar con suma diligencia que no quede en ellos [en los indios]
gracia, por gracia gratuita, no merecida por las obras. impreso vestigio alguno de su antigua impiedad, del cual tomen
Aunque ignoramos por completo el lenguaje de los códi- ocasión, y engañados por la astucia diabólica, vuelvan otra vez
ces pictográficos aztecas, estamos ciertos de que la Vir- como perros al vómito de la idolatría». Por eso los Obispos dis-
gen María de ningún modo le dice a Juan Diego que «su ponen que «sean destruidos sus ídolos y templos… no sea que
antigua religión había sido buena, que había nacido de Dios, el enemigo del género humano, que siempre busca modo de
y que los había elevado a merecer su amor y su premio, dañar, encuentre algunas imágenes de la antigua impiedad, con
las cuales tienda de nuevo el lazo a los recién convertidos del
que era lo que ahora precisamente recibían, por mérito de gentilismo» (349).
ellos y de sus antepasados, por su fidelidad absoluta». Nada
de eso dijo la santísima Virgen, y no lo dijo porque es men- A propósito de destrucciones. Recordaré, para ter-
tira, y la Virgen no miente. Son afirmaciones inconciliables minar, una frase de los tres autores. En ella contraponen
con la fe. Y nos negamos en absoluto a ver en la imagen el modo arrasador que los españoles tenían de ven-
sagrada de Guadalupe «a los principales dioses mexica- cer, y el modo tan distinto de los mexicanos: «los anti-
nos como padrinos de la Madre de Ometéotl». guos jamás destruían a los vencidos»; en cambio los espa-
ñoles los sometían, «destruyéndoles hasta su historia»
La evangelización produce siempre efectos devas- (153). Pero esto es falso. En realidad los aztecas «des-
tadores contra el Diablo, neutralizando su imperio so- truían a los vencidos»: concretamente, los reducían a es-
bre hombres, pueblos y culturas. Así lo entiende Jesucris- clavitud, los aplastaban con impuestos, los sacrificaban a
to, como se ve en tantos lugares del Evangelio, por ejem- sus dioses, los desollaban, se los comían, se revestían de
plo, cuando recibe a los 72 discípulos que había enviado a sus cueros, y como los demás pueblos de la zona, recubrían
predicar. Ellos volvían felices, «diciendo: “Señor, hasta los las pirámides cultuales de los pueblos vencidos con otras
demonios se nos someten en tu nombre”. El les dijo: “yo sobrepuestas, destruyendo así todos los signos pictográficos
veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he de su religión. Cualquier turista, por un módico precio, pue-
dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y de hoy comprobar esta costumbre visitando, por ejemplo,
sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer cierta gran pirámide de Cholula, compuesta de siete pirá-
daño”» (Lc 10,17-19). mides superpuestas.
Según refieren peyorativamente los autores de la obra La peligrosidad del nacionalismo exacerbado es muy
que comentamos, los primeros misioneros franciscanos, grande. En lo político lleva fácilmente a la guerra. Y
«desde su contexto español», estaban empeñados en «im- en lo religioso, a la apostasía. Los Papas lo han adver-
pedir que ninguna idolatría entrara en el corazón de sus tido ya muchas veces. El nacionalismo extremo lleva a
hijos espirituales; y [sentían] el deber de salvarlos y libe- la apostasía, y la apostasía lleva al nacionalismo extre-
rarlos de las garras de las idolatrías ancestrales, que para mo. Son dos causas que se causan y potencian mutua-
27
José María Iraburu
mente. Y es que toda exaltación de la propia historia, del La Cristología citada es un manual muy amplio –seis-
indigenismo autóctono, de la propia raza, de la propia reli- cientas páginas–, lleno de erudición, y con no pocos desa-
gión pre-cristiana ancestral, de la misma condición huma- rrollos valiosos. Hay, sin embargo, en su libro tesis muy
na en general, apesta a pelagianismo, y por el camino dudosas, e incluso otras que algunos estimamos erróneas.
de la soberbia conduce a la pérdida del Evangelio. Pero conviene advertir antes de nada que el lenguaje de
«Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza. Ben- este profesor, a veces más literario que filosófico y teoló-
dito el hombre que confía en el Señor, y en Él pone su confian- gico, resulta con frecuencia impreciso. No siempre es fá-
za» (Jer 17,5). cil saber qué es lo que dice; y resulta aún más difícil adi-
vinar qué es lo que quiere decir.
La unión hipostática de la naturaleza divina y la hu-
mana en Cristo no queda clara. González de Cardedal
expone unas veces esta cuestión en sentido católico indu-
dable; pero otras, siguiendo a Rahner, considera en térmi-
nos muy ambiguos que «la cristología es la antropología
consumada». En el Jesús de Nazaret (1975) que he cita-
do la divinidad de Cristo sería «la forma concreta en que
existe un hombre cuando es distendido hasta el borde má-
(51) ximo permisible a su finitud» (316). En la Cristología (2001)
que ahora comento dice que «la naturaleza humana tiene
4. Olegario González de Cardedal –I. capacidad receptiva obediencial para dar ese salto al lími-
cristología te y recibir ese salto del límite» (456). Unas páginas an-
tes, este doctor, después de recordar ocho modos de en-
–¿Y ahora contra quién se va a meter? tender qué es la persona, se pregunta «cómo Cristo es
persona», y nos advierte en primer lugar que «para com-
–Por favor, modere un poco más sus expresiones, porque de prender la respuesta tenemos que excluir varios ma-
lo contrario, con perdón, voy a tener que eliminarlo. Eliminarlo
del blog, se entiende. Y me daría pena.
lentendidos previos» (449).
Hay en la Iglesia una disidencia moderada –en rea- –«Malentendido por exclusión. Se afirma que Cristo
lidad no tan moderada, según veremos–, que por su es persona divina por sustracción de la real humanidad
aparente respetabilidad, puede a veces ser más peligrosa que nos caracteriza a todos los demás humanos […] Al
que la disidencia abierta, la de un González Faus, To- pensar que Cristo no es una persona humana, está di-
rres-Queiruga, Castillo, Tamayo, Forcano, Marciano Vidal, ciendo que le falta lo esencial, lo que de verdad constituye
Sobrino y otros, por citar solo autores españoles; algunos al hombre en cuanto tal. Queda, en consecuencia, [Cris-
de los cuales, incluso, han sido objeto en la Iglesia de repro- to] equiparado a un fantasma, ángel o mediador pertene-
baciones públicas. Comienzo, pues, mi análisis crítico so- ciente a otro mundo»… (449).
bre algunas obras no reprobadas que, sin embargo, ex- Según esto, parece que González de Cardedal estima
ponen ciertas cuestiones con una teología que algunos que hay en Cristo una persona humana, grave error
estimamos dudosa o errónea. muchas veces condenado desde antiguo por la Iglesia.
No parece, pues, aceptable esa tesis. Si así fuera, habría
La colección Sapientia fidei fue promovida por la
que deducir que la Virgen María es madre de la persona
Conferencia Episcopal Española como un conjunto
humana de Cristo, pero no propiamente Madre de Dios. Y
de manuales de teología. Esta colección, publicada por
por supuesto, que es solamente la persona humana de Cristo
la editorial Biblioteca de Autores Cristianos, de Madrid,
la que muere por
una de las principales editoriales católicas de lengua his-
nosotros en la
pana, incluye obras de buena calidad, pero también algu-
cruz, quedando
nas que, en su momento, fueron censuradas públicamente
así su sacrificio de
por algunos autores, muy pocos.
expiación com-
La Cristología de Olegario González de Cardedal pletamente deva-
es uno de los manuales que estimo inadmisible. Este pro- luado.
fesor de teología, nacido en un pueblo de Ávila (1934-), «La herejía nes-
«no necesita presentación». Docente muchos años en la toriana veía en Cris-
Universidad Pontificia de Salamanca, miembro de la Co- to una persona hu-
misión Teológica Internacional (1969-1974, 1974-1980), mana junto a la per-
miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Po- sona divina del
líticas, director de la Escuela de Teología de la Universi- Hijo de Dios. Fren-
dad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander, etc., te a ella, San Cirilo
es sobradamente conocido. A él se encomendó elaborar de Alejandría y el
el manual de Cristología de la colección Sapientia fidei tercer Concilio Ecu-
(BAC, manuales, nº 24, Madrid 2001, 601 pgs.). ménico reunido en
Éfeso, en el año 431,
Antes había escrito Jesús de Nazaret (BAC 1975), y después confesaron que “el
publicó Fundamentos de cristología, 2 grandes volúmenes Verbo, al unirse en
(2005, I: El camino, 832 pgs.; y 2006, II: Meta y misterio, 1104 su persona a una
pgs.). Yo analizo aquí únicamente el manual de teología que, carne animada por
con el aval –más teórico, por supuesto, que real– del Episcopa- un alma racional, se
do español, fue difundido por una mitad de la Iglesia Católica, la hizo hombre” [Den-
de habla hispana. zinger 250]. La hu-
28
José María Iraburu
manidad de Cristo no tiene más sujeto que la persona divina del dos por otros textos suyos del mismo libro, en los que afirma lo
Hijo de Dios, que la ha asumido y hecho suya desde su concep- que enseña la fe católica. Sin embargo, la ambigüedad de los
ción. Por eso el Concilio de Éfeso proclamó en el año 431 que textos aludidos y de otros semejantes, en materia tan grave, es
María llegó a ser con toda verdad Madre de Dios mediante la de suyo inadmisible, y más en un manual de teología católica. Y,
concepción humana del Hijo de Dios en su seno» (Ca-tecismo por otra parte, son ambigüedades especialmente reprobables
n. 466). en los tiempos actuales de Iglesia, cuando precisamente la ten-
Esta fe católica, así expresada en Éfeso, en Calcedo- tación arriana, nestoriana, adopcionista, es la que en temas cris-
tológicos ofrece sin duda el mayor peligro.
nia, en toda la tradición católica posterior, no lleva a creer
en una humanidad de Cristo fantasmagórica o ultra-mun- La muerte de Cristo tampoco parece ser entendi-
dana, sino que afirma con toda claridad que el Verbo divi- da al modo católico por el doctor González de Cardedal. Él
no posee ontológica e íntegramente la naturaleza humana afirma, al parecer, que la pasión de Cristo no es el cum-
que ha asumido. Pero vengamos al otro malentendido po- plimiento de un plan divino, anunciado por los profetas y
sible señalado por este profesor: por Él mismo. De la pasión de Jesús él dice así:
–«Malentendido por excepción. Se parte del hecho «Esa muerte no fue casual, ni fruto de una previa mala
de que Cristo es la gran excepción, el gran milagro o enig- voluntad de los hombres, ni un destino ciego, ni siquiera
ma de lo humano, [y] que por tanto habría que pensarlo un designio de Dios, que la quisiera por sí misma, al
con otras categorías al margen de como pensamos la margen de la condición de los humanos y de su situación
relación de Dios con cada hombre y la relación del hom- bajo el pecado. La muerte de Jesús es un acontecimiento
bre con Dios» (450). histórico, que tiene que ser entendido desde dentro de las
Con textos como éste, no podrá ofenderse González de situaciones, instituciones y personas en medio de las que
Cardedal si alguno entiende su cristología en clave adop- él vivió… […] Menos todavía fue […] considerada des-
cionista. La fe católica sobre la relación de Jesús con Dios, de el principio como inherente a la misión que tenía que
evidentemente, hay que pensarla con «categorías distin- realizar en el mundo […] Su muerte fue resultado de unas
tas de las que nos valen para afirmar la relación de Dios libertades y decisiones humanas en largo proceso de ges-
con cada hombre y la relación de cada hombre con Dios». tación, que le permitieron a él percibirla como posible, co-
De otro modo, parece imposible llegar a la verdad católi- lumbrarla como inevitable, aceptarla como condición de su
ca de la unión hipostática, sino sólo a una unión de fidelidad ante las actitudes que iban tomando los hombres
gracia que, por muy única y perfecta que sea, no es con- ante él y, finalmente, integrarla como expresión suprema
ciliable con la fe de la Iglesia. de su condición de mensajero del Reino»… (94-95).
La conciencia divina del hombre Cristo tampoco Y añade: «En los últimos siglos ha tenido lugar una per-
queda nada clara. Cuando Jesús pregunta en el Evange- versión del lenguaje en la soteriología cristiana […] El
lio a sus discípulos: «¿quién creéis vosotros que soy yo?», proyecto de Dios está condicionado y modelado por la reac-
sitúa el misterio de su identidad personal en un plano ción de los hombres. Dios no envía su Hijo a la muerte,
ontológico, referido al ser, y no lo limita a un nivel mera- no la quiere, ni menos la exige: tal horror no ha pasado
mente relacional: «¿cómo creéis vosotros que es mi re- jamás por ninguna mente religiosa» (517; cf. ss).
lación con Dios?». González de Cardedal, por el contra- La Escritura, en cambio, dice con gran frecuencia lo
rio, hace prevalecer la perspectiva relacional en sus re- contrario de lo que afirma el Dr. Olegario en estas expo-
flexiones cristológicas –muy largas, complejas y matiza- siciones. Afirma claramente que judíos y romanos, cau-
das– acerca de la conciencia filial de Jesús. sando la pasión de Cristo, realizan «el plan» que la autori-
Pero tampoco en este tema, tan delicado e importante, dad de Dios «había de antemano determinado» (Hch 4,27-
es fácil captar con seguridad la posición de este doctor. 28); de modo que judíos y romanos, «al condenarlo, cum-
Parece, en todo caso, estimar que es la comunidad cris- plieron las profecías» (13,27). En efecto, «era necesario
tiana post-pascual la que asigna a Cristo el título de «Hijo», que el Mesías padeciera» y diera así cumplimiento a lo
partiendo del uso que el mismo Jesús hizo del término Abba, anunciado por Moisés y todos los profetas (Lc 24,26-27).
Padre: «Para expresar el valor de Jesús y la relación que Un cierto terrorismo verbal pseudo-teológico está
tiene con Dios […] los discípulos pensaron en la cate- hoy atacando el lenguaje bíblico y tradicional de la
goría de Hijo» (372; cf. 373-374; 402-403). fe católica, especialmente en temas soteriológicos.
Por el contrario, son numerosos los datos evangélicos En esa misma clave verbal que he recordado en la Escri-
según los cuales Cristo tuvo clara conciencia de su con- tura (cf. Mt 26,39; Jn 4,34; 12,27; 14,31; 18,11; Flp 2,6-8;
dición de Hijo único del Padre, como aparece en va- Heb 5,7-9), el lenguaje de los Padres, de los Concilios
rios lugares de San Juan y también de los sinópticos (Mt y de las diversas Liturgias, hasta el día de hoy, es uná-
11,25-26; Mc 12,1-12; 13,32; Lc 2,49), y como siempre lo nime en la Iglesia: «quiso Dios que su Hijo muriese
ha entendido la Tradición católica. Es imposible imaginar en la cruz», para así declararnos Su amor en forma su-
que Cristo, el hombre más perfecto de la historia humana, prema, para expiar en forma sacrificial y dolorosa por el
no sabía quién era, o que se fue enterando poco a poco. pecado del mundo, y para otros fines que recordaremos.
Por otra parte, si el mismo Jesucristo no hubiera conocido Renunciar a este lenguaje de la fe, y estimarlo como in-
y enseñado a sus discípulos la eternidad y unicidad de su ducente a error, es algo inadmisible en la teología católica,
filiación divina, jamás la comunidad cristiana primera, pro- porque es contra-decir el lenguaje de la Revelación y de
cedente del monoteísmo judaico, hubiera podido pensar la Tradición. ¿Qué teología es aquella que contra-dice lo
en un Hijo divino unido al Padre celeste, pero personal- que la Revelación y la Tradición dicen tantas veces?
mente «distinto» de él. Claro está que no quiso Dios la muerte de Cristo «por sí mis-
Es necesario reconocer que los errores que el profesor González ma, al margen de la condición de los humanos y de su situación
de Cardedal parece exponer sobre «La unión hipostática» y «La bajo el pecado». Eso es obvio, y nunca en la Iglesia ha dicho
conciencia divina del hombre Cristo» pueden verse neutraliza- nadie cosa semejante. ¿Cómo va a establecer la Voluntad divina
29
José María Iraburu
providente plan alguno en la historia de la salvación ignorando La muerte de Cristo, entendida como sacrificio de
el juego histórico pecaminoso de las libertades humanas? Na- expiación y reparación, es considerada por el doctor
die ha entendido en la Iglesia que en el plan de la Providencia González de Cardedal como una expresión verdadera, pero
divina se «asigna la muerte de Cristo a un Dios violento y maso- hoy prácticamente inutilizable. Los términos «sustitución,
quista» (517). No cabe ni siquiera sugerirlo. satisfacción, expiación, sacrificio», utilizados para expre-
Continuaré, con el favor de Dios. sar el misterio de la redención, son palabras sagradas y
primordiales, pero hoy están puestas bajo sospecha. Si
esas palabras, dice, han sido degradadas o manchadas, lo
que debemos hacer es «levantarlas del suelo» y lavarlas,
para que «podamos admirar su valor y ver el mundo en su
luz» (535).
Este propósito es justo y prudente, pero él hace precisa-
mente lo contrario. El mundo católico tradicional ha teni-
do siempre una recta inteligencia de esos términos, que
hoy González de Cardedal estima tan equívocos. Ha con-
templado y vivido siempre con gran amor, también hoy, la
(52) pasión de Cristo como sacrificio de expiación por el peca-
do de los hombres. Por el contrario, la descripción que hace
5. Olegario González de Cardedal –y II. González de Cardedal de la peligrosidad, al parecer insupe-
cristología rable, que hay en el uso de esos términos, más que purifi-
carlos de posibles sentidos impropios, lo que hace es de-
–Después de lo que me dijo en el anterior artículo, ya no me jarlos inservibles. De este modo transfiere al campo cató-
atrevo ni a hablar. lico las graves alergias que esos términos producen en el
–Mejor así. El Señor le hará pasar en su día del silencio peni- protestantismo liberal y en el modernismo. Veamos, por
tente al hablar prudente. ejemplo, cómo habla nada menos que del término «sacri-
ficio»:
Continúo comentando la Cristología del profesor Ole-
gario González de Cardedal, publicada en la BAC, en la co- «Sacrificio. Esta palabra suscita en muchos [¿en muchos ca-
lección de manuales de teología Sapientia Fidei, nº 24, tólicos?] el mismo rechazo que las anteriores [sustitución, ex-
Madrid 2001, 601 págs. piación, satisfacción]. Afirmar que Dios necesita sacrificios o
que Dios exigió el sacrificio de su Hijo sería ignorar la condición
La perversión del lenguaje teológico causa graves divina de Dios, aplicarle una comprensión antropomorfa y pen-
daños a la fe. Esas expresiones enormes –la humanidad sar que padece hambre material o que tiene sentimientos de
de Jesús se hace «fantasmagórica» sin la persona huma- crueldad. La idea de sacrificio llevaría consigo inconscientemen-
na; la muerte de Cristo «no la quiso Dios», no era «inhe- te la idea de venganza, linchamiento […] Ese Dios no necesita
rente a su misión», pues no es Dios «un Dios violento y de sus criaturas: no es un ídolo que en la noche se alimenta de
masoquista», etc.– indican una teología intelectual y ver- las carnes preparadas por sus servidores» (540-541).
balmente precaria. Hablando así en escritos de teología, Con un lenguaje semejante no se aclara nada. Y de he-
se oscurece aquella ratio fide illustrata que ha de inves- cho, en la práctica, se impugna el lenguaje de la fe cató-
tigar y expresar, con mucha paz y exactitud, los grandes lica. González de Cardedal, al exponer el sentido de los
misterios de la fe. términos «sustitución, satisfacción, expiación, sacrificio»,
La crítica, además, que González de Cardedal realiza del len- no se ocupa tanto en iluminar su sentido católico tradicio-
guaje soteriológico no afecta solo, como dice, al usado «en los nal –pacíficamente vivido ayer y hoy–, sino en enfatizar
últimos tiempos» (517), lo que no sería tan grave. En realidad su su posible acepción errónea. Para ello, da de esos térmi-
crítica afecta al lenguaje del misterio de la salvación tal como nos la interpretación más inadmisible, la más tosca posi-
lo expresa la Revelación: los profetas de Israel, los evangelis- ble, aquella que, a su juicio, ocasiona «en muchos» unas
tas, San Pablo, la Carta a los Hebreos y el Apocalipsis, tal como dificultades casi insuperables para penetrar rectamente el
lo han manifestado los santos Padres, las diversas Liturgias, los misterio de la muerte de Cristo.
escritos de los santos, los Concilios, las encíclicas. Atenta, pues,
contra «la norma de hablar que la Iglesia, con un prolongado De este modo, esas sagradas palabras, tan fundamen-
trabajo de siglos, no sin ayuda del Espíritu Santo, ha estableci- tales para la fe y la espiritualidad de la Iglesia, no son pu-
do, confirmándola con la autoridad de los Concilios» (cf. Pablo rificadas, sino dejadas a un lado como inutilizables. De
VI, tratando de la Eucaristía, enc. Mysterium fidei 1965, n. 10). hecho hoy, en la predicación y en la catequesis, palabras
El lenguaje de la fe es perfectamente entendido como «sacerdote, pecado, expiación, sacrificio, alma», han
por los fieles cristianos, porque goza en la Iglesia de sido sistemáticamente eliminadas por muchos sacerdotes
una continuidad homogénea y universal. En cambio, y laicos ilustrados.
las fórmulas teológicas que algunos discurren o hacen su- «Ciertos términos han cambiado tanto su sentido originario
yas, ésas son las que el pueblo creyente no entiende o en- que casi resultan impronunciables. Donde esto ocurra, el sen-
tiende mal, porque es un lenguaje incomparablemente más tido común exige que se los traduzca en sus equivalentes reales
equívoco. Claro está que el lenguaje bíblico y tradicional so- […] Quizá la categoría soteriológica más objetiva y cercana a la
bre la pasión de Cristo puede ser mal entendido. Pero para conciencia actual sea la de “reconciliación”» (543).
evitar los errores no habrá que suprimir ese lenguaje, sino Hay alergias verbales que llevan a negar verdades
explicarlo bien. Y además hay que señalar que es impo- de la fe católica. Cuando se suscitan alergias ideológicas
sible asimilar ese nuevo lenguaje sin renunciar al mismo a ciertas palabras netamente cristianas, bíblicas, tradi-
tiempo a otras muchas expresiones de la Revelación: «obe- cionales, litúrgicas, hay un peligro real de suscitar al mis-
diente [al Padre] hasta la muerte», «no se haga mi voluntad, mo tiempo alergias muy graves a las realidades que esas
sino la tuya», «para que se cumplan las Escrituras», etc. palabras designan.
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José María Iraburu
Isaías dice que el Siervo de Yavé, como un cordero, que quieren explicitar estos artículos del Credo. No son hechos
«ofrece su vida en sacrificio expiatorio» por el pecado. nuevos, que haya que fijar en un lugar y en un tiempo […] Por
Jesús, Él mismo, dice que «entrega su cuerpo y derrama tanto, en realidad, no hay nuevos episodios o fases en el destino
su sangre por muchos (upér pollon), para el perdón de de Jesús, que predicó, murió y resucitó. Carece de sentido plan-
sus pecados». Eso mismo es lo que una y otra vez dice la tear las cuestiones de tiempo y de lugar, preguntando cuándo
subió a los cielos y cuándo bajó a los infiernos, lo mismo que
Carta a los Hebreos –el primer tratado de Cristología com- calcularlos con topografías y cronologías, tanto antiguas como
puesto en la Iglesia–. Y eso mismo es lo que dicen los modernas. Los artículos del Credo que hacen referencia al Des-
Papas, como Pablo VI, en la encíclica Mysterium fidei censo, Ascensión y Parusía de Cristo son, sin embargo, esen-
(1965, n.4) o Juan Pablo II, en la Ecclesia de Eucharistía ciales. Sería herético descartarlos. Ellos nos dicen la eficacia,
(2003, nn. 11-13): con gran frecuencia emplean la palabra concreción y repercusión del Cristo muerto y resucitado para
sacrificio, presentándola como la clave fundamental del nosotros, que somos mundo y tiempo» (171-173).
Misterio eucarístico. Pero todos, por lo visto, aunque di- Con estas palabras, aparentemente tan moderadas, aun-
cen la verdad, se expresan en un lenguaje equívoco, muy que sin viabilidad lógica ni práctica alguna, niega González
inadecuado, al menos para el hombre de hoy. de Cardedal la historicidad de los acontecimientos post-
Por eso este profesor, para mejor expresar el misterio pascuales. Los relatos neotestamentarios y la tradición
inefable de la salvación humana, prefiere sus modos per- de la Iglesia han hablado siempre de la Resurrección, las
sonales de expresión a los modos elegidos por el mis- Apariciones, la Ascensión y la Parusía como de hechos
mo Dios en la Revelación, y guardados y desarrollados históricos distintos, y como acontecimientos sucesivos en
por la Iglesia «no sin la ayuda del Espíritu Santo», a lo el desarrollo del misterio de Cristo. Han señalado sus tiem-
largo de una tradición continua y universal. pos y lugares, y por supuesto han hablado de la Parusía
Resurrección, Apariciones, Ascensión y Parusía de como de un hecho todavía no acontecido.
Cristo, quedan también oscurecidas. Considerando Gon- La Iglesia, fundamentándose en las sagradas Escritu-
ález de Cardedal que más allá de la muerte ya no puede ras, ha hablado siempre de la Resurrección, de las Apari-
hablarse propiamente de «tiempos y lugares» –entendi- ciones, de la Ascensión y de la Venida última de Cristo al
dos éstos, por supuesto, a nuestro modo presente–, llega a final de los tiempos con expresiones «topográficas y crono-
la conclusión de que no puede hablarse propiamente de la lógicas» claramente diferenciadas. Y nosotros no debe-
Ascensión y de la Parusía de Cristo en términos de «he- mos ver esas expresiones como antropomorfismos des-
chos nuevos», distintos de su Resurrección. La verdadera afortunados, solo admisibles por mentalidades primitivas.
escatología impediría, pues, reconocer un sentido objetivo Y menos podemos permitirse poner en duda la historicidad
e histórico a esos acontecimientos, aunque los confesa- objetiva de los acontecimientos salvíficos postpascuales
mos en el Credo. atestiguados «cronológica y topográficamente» por los
«Esa condición escatológica y esa significación universal, Apóstoles y evangelistas en numerosos textos.
tanto de la muerte como de la resurrección de Jesús, es lo último Doctrinas ininteligibles. Según enseña González de
Cardedal, «sería herético descartar» en el Credo los artí-
culos que hacen referencia al Descenso, Ascensión y Pa-
rusía de Cristo. Podemos, pues, seguir confesándolos; pero
siempre que tengamos claro que los «hechos» que profe-
samos en el Credo no expresan «hechos nuevos», no
son «acontecimientos» reales, que puedan ser situados
en «un lugar y tiempo» de la historia…
¿Y así cree este doctor que hace más inteligible el misterio
de la fe? ¿Quién va a entender al predicador que afirma la ver-
dad de unos hechos, si al mismo tiempo advierte que no han
acontecido realmente? El hombre de antes y el de ahora, el cre-
yente y el incrédulo, entienden incomparablemente mejor el len-
guaje tradicional del Catecismo, que afirma con toda claridad la
historicidad de aquellos hechos salvíficos, cumplidos por Cris-
to en el tiempo que va de su Resurrección a su Ascensión (n.
659). La Iglesia habla de «el carácter velado de la gloria del Re-
sucitado durante este tiempo […] Esto indica una diferencia de
manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo
exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez his-
tórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de
una a otra» (n. 660).
Todos los acontecimientos históricos, por supuesto,
han acontecido en lugares y tiempos determinados. Y
aquellos que no tienen ninguna connotación «topográfica
y cronológica» no han existido jamás. No habría, pues,
por qué incluirlos en el Credo. En conclusión:
La Cristología del profesor Olegario González de Car-
dedal es inadmisible, ya que contiene varias enseñanzas
muy dudosas y algunos graves errores. Y aún es más in-
aceptable como texto integrado en una serie de Manua-
les de Teología católica.

31
José María Iraburu
ción del sujeto, sino como una realidad antropológica y re-
lacional, estrechamente vinculada a la percepción humana. Pan
y vino deben ser considerados no tanto en su ser-en-sí cuanto
en su perspectiva relacional. El determinante de la esencia de
los seres no es otra cosa que su contexto relacional. La rela-
cionalidad constituye el núcleo de la realidad material, el en-sí
de las cosas» (307). Sic. Qué espanto.

(53)
6. Dionisio Borobio –Eucaristía

–¿Al menos respetará la presencia real eucarística, no?


–No, hijo, no. La explica de modo inconciliable con la doctrina
de la Iglesia.
Comento ahora el libro de Dionisio Borobio, Eucaristía,
publicado en la BAC, en la colección de manuales de teo-
logía Sapientia Fidei, nº 23, Madrid 2000, 425 páginas,
promovida por la Conferencia Episcopal Española.
El profesor Dionisio Borobio nace en Soria el año
1938. Formado en el Seminario de Bilbao, es sacerdote
diocesano de Bilbao desde su ordenación en 1965. Con qué razón decía San Pablo de ciertos falsos docto-
Estudia en la Universidad Gregoriana, se doctora en liturgia
res: «en realidad no saben lo que dicen, ni entienden lo
en el Pontificio Ateneo San Anselmo, y es licenciado en filoso- que dogmatizan» (1Tim 1,7). Apoyándose, pues, el autor
fía por la Universidad Complutense. Ha sido profesor de la Uni- en esta pésima metafísica, explica de muy mala manera
versidad de Deusto, Bilbao, y hasta noviembre de 2009, cate- la transubstanciación del pan y del vino, y la presencia
drático de Liturgia y Sacramentos en la Facultad de Teología de real de Cristo en la Eucaristía. Intenta convencernos de que
la Universidad Pontificia de Salamanca. Es autor de una abun- en la transubstanciación «las cosas de la tierra, sin perder
dante bibliografía. su consistencia y su autonomía, devienen signo de esa
El manual Eucaristía del profesor Borobio contiene presencia permanente», sin perder «nada de su riqueza
no pocas páginas que son valiosas en la consideración creatural y humana» (266). O sea que el pan y el vino
bíblica, litúrgica y teológica de algunos temas. Pero tam- siguen siendo pan y vino, no pierden su realidad creatural,
bién contiene errores graves. En forma alguna, pues, debe pero puede hablarse de transubstanciación, porque en la
difundirse, y menos ofrecerse como un manual de teolo- Eucaristía han cambiado decisivamente su finalidad y sig-
gía católica. nificado.
La transubstanciación. Para el profesor Borobio la Esta explicación filosófica-teológica no es con-
explicación de la presencia sacramental de Cristo «per ciliable con la fe de la Iglesia tal como la expresa, por
modum substantiæ» es un concepto que, aunque contribu- ejemplo, Pablo VI en la encíclica Mysterium fidei (1965).
yó sin duda a clarificar el misterio de la presencia del Se- El Papa dedica precisamente su encíclica a rechazar és-
ñor en la eucaristía, «condujo a una interpretación cosista tos y otros errores:
y poco personalista de esta presencia» (286). «Cristo se hace presente en este Sacramento por la conver-
sión de toda la substancia del pan en su cuerpo, y de toda la
En la «concepción actual» de sustancia [¿cuántas concepcio-
substancia del vino en su sangre; conversión admirable y sin-
nes actuales habrá de substancia?], en aquella que, al parecer,
gular, que la Iglesia católica justamente y con propiedad llama
Borobio estima verdadera, «pan y vino no son sustancias, puesto
transubstanciación […] Realizada la transubstanciación, las
que les falta homogeneidad e inmutabilidad. Son aglomerados
especies de pan y de vino adquieren sin duda un nuevo signifi-
de moléculas y unidades accidentales. Sin embargo, pan y vino
cado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la
sí tienen una sustancia en cuanto compuestos de factores natu-
ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada. Pero ad-
rales y materiales, y del sentido y finalidad que el hombre les
quieren un nuevo significado y un nuevo fin en tanto en cuanto
atribuye: “Hay que considerar como factores de la esencia tan-
contienen una “realidad” que con razón denominamos ontoló-
to el elemento material dado como el destino y la finalidad que
gica. Porque bajo dichas especies ya no existe lo que había
les da el mismo hombre” (J. Betz)» (285).
antes, sino una cosa completamente diversa, y esto no única-
Paupérrima filosofía. Si se parte de una filosofía de la mente por el juicio de fe de la Iglesia, sino por la realidad objeti-
substancia tan errónea y precaria, parece evidente que un va, puesto que, convertida la substancia o naturaleza del pan y
cambio que afecte al destino y a la finalidad del pan y del del vino en el cuerpo y en la sangre de Cristo, no queda ya nada
vino en la Eucaristía (transfinalización-transignifica- del pan y del vino, sino las solas especies. Bajo ellas, Cristo,
ción) equivale a una transubstanciación. todo entero, está presente en su “realidad” física, aun corpo-
ralmente, aunque no del mismo modo como los cuerpos están
«Para los autores que defienden esta postura (v. gr. Schille- en un lugar» (nn. 26-27).
beeckx) es preciso admitir un cambio ontológico en el pan y el
vino. Pero este cambio no tiene por qué explicarse en categorías ¿Cómo conciliar la explicación de Borobio sobre la
aristotélico-tomistas (sustancia-accidente), sometidas a crisis transubstanciación con la fe de la Iglesia católica? No
por las aportaciones de la física moderna, y reinterpretables se esfuercen: es imposible, no hay modo. O aceptan uste-
desde la fenomenología existencial con su concepción sobre el des en la fe la doctrina eucarística de la Iglesia, o siguen
símbolo. Según esta concepción, la realidad material debe en- la del doctor Borobio y la de algunos otros «teólogos» com-
tenderse no como realidad objetiva independiente de la percep- pañeros suyos: hay muchos. La especulación filosófica-
32
José María Iraburu
teológica que propone el autor sobre la presencia de Cris- santísima Providencia divina, tal como ha sido revelada y
to en la Eucaristía no prescinde sólamente de la explica- anunciada desde antiguo.
ción aristotélico-tomista de ese misterio, como él dice, sino Hoy la Iglesia, concretamente en su nuevo Catecismo,
que contradice abiertamente la doctrina católica, la de siem- enseña como siempre, sin reticencias ni concesiones dimi-
pre, la que han vuelto a exponer la Mysterium fidei y el nutivas, el carácter expiatorio de la pasión de Cristo y de
Catecismo de la Iglesia Católica (nn.1373-1377); la mis- la Eucaristía. Toda la Escritura –mucho más que «Pablo
ma que, por ejemplo, ya en el siglo IV exponía, casi con y Hebreos»–, así lo revela y así los expresa. Y los mismos
iguales términos, San Cirilo de Jerusalén, que no emplea- Evangelios sobre la Cena afirman de modo patente ese
ba las categorías aristotélico-tomistas. sentido expiatorio –«el cuerpo que se entrega, la sangre
La Eucaristía como sacrificio de expiación. Reco- que se derrama por muchos, para remisión de los peca-
noce Borobio «el sentido sacrificial de la vida y muerte de dos» (cf. Catecismo n. 610). En efecto,
Cristo», un sentido que viene afirmado «en el Nuevo Tes- «Jesús, por su obediencia hasta la muerte, llevó a cabo la
tamento, al menos en Pablo y Hebreos» (245). Y enseña, sustitución del Siervo doliente, que “se dio a sí mismo en ex-
por tanto, el carácter sacrificial de la Eucaristía. Pero… piación”, “cuando llevó el pecado de muchos”, a quienes “jus-
«en todo caso, hay que entender este carácter sacrificial de la tificará y cuyas culpas soportará” (Is 53,10-12). Jesús repara
cena a la luz del sentido sacrificial salvífico que Jesús dio a toda por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados
su vida, es decir, como un acto de servicio último y de entrega (cf. Trento: Denzinger 1529)» (Catecismo 615; cf. 616).
total en favor de la humanidad, y no tanto en sentido expiato- Eucaristía y penitencia. Otros temas del libro Euca-
rio» (244-245). «La tendencia más amplia hoy es a reconocer un ristía del profesor Borobio son discutibles, como el que
cierto carácter expiatorio en la muerte de Cristo, pero supe- dedica al perdón de los pecados en La Eucaristía, gra-
rando una interpretación victimista, como castigo o venganza cia de reconciliación (356-374). Pero, obviamente, no
de un Dios cruel, como pena impuesta por un Dios justiciero
capaz de castigar a su propio Hijo con la muerte…, lo que co-
conviene enseñar opiniones discutibles en un manual de
rrespondería más bien a una imagen arcaica y megalómana de teología. No discutiré aquí las autoridades aducidas en este
Dios» (268). tema por el autor –Santo Tomás, Trento, Vaticano II, etc.–,
lo que obligaría a análisis muy prolijos; pero sí señalo la
Ya estamos otra vez con el terrorismo verbal y el notable inoportunidad de estas páginas. Cuando es sabido
lenguaje deliberadamente ambiguo: «la concepción que en tantas Iglesias locales los fieles hace ya años co-
actual de sustancia», «no tanto», «un cierto», «superan- mulgan, pero no confiesan, poner hoy el énfasis en un
do»… Aquí habría de denunciar, como ya lo hice en el manual de teología en el poder de la Eucaristía para per-
artículo anterior (52), la perversión del lenguaje teológico, donar los pecados, y no insistir en la necesidad del sacra-
la calidad conceptual y verbal sumamente precaria de estas mento de la Penitencia, es una grave imprudencia.
exposiciones pseudoteológicas, la inutilización del lengua-
je de la fe católica, suscitando contra él en sacerdotes y En conclusión. Las ambigüedades y errores de esta
pueblo alergias que nunca antes se habían sufrido. ¿Cómo obra la distancian de la doctrina católica, y hacen que sea
es posible hablar seriamente de «un cierto carácter expia- inaceptable como manual de teología católica sobre La
torio» en la muerte de Cristo, siempre, claro está, que no Eucaristía.
implique considerarle como «víctima» ofrecida para nuestra Ahí tienen ustedes la doctrina eucarística que se pre-
salvación? ¿A qué viene hablar de «un Dios cruel, capaz tende, o se pretendía, inculcar en seminaristas, sacerdo-
de castigar a su propio Hijo con la muerte», cuando se tes, religiosos, catequistas y pueblo cristiano de habla his-
está hablando de un Padre infinitamente bondadoso, que pana. Y que ha sido asimilada y difundida por muchos…
tanto amó al mundo que nos entregó a su Hijo único, pri- «Quousque tandem abutere, N. N., patientia nostra?»…
mero en Belén y finalmente en el Calvario?…
Reforma o apostasía.
La Iglesia Ca-
tólica, sencilla-
mente, cree y
confiesa con un
lenguaje secular
bien claro que la
pasión de Cristo,
y por tanto la Eu-
caristía que la ac-
tualiza, es –es–
un sacrificio de
expiación por el (54)
pecado, y que
Cristo es en él la 7. José Román Flecha –I. Teología moral
víctima pascual
sagrada, entrega- –¿Y no se cansa y se entristece denunciando tantos errores
da por el Padre que corren en la Iglesia?
con un amor infi- –Limpiar las ventanas sucias de una iglesia, y ver que se llena
nito. Y que ésta de la luz del Sol, es una gran alegría para mí y para muchos. El
ha sido la admi- trabajo sí es un tanto penoso, y es incluso peligroso, sobre
rable economía todo cuando se limpian las ventanas que están más altas.
de la gracia que El doctor José Román Flecha Andrés (León, 1941-),
ha querido la catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,
33
José María Iraburu
fue vicerrector de la Universidad Pontificia de Salamanca ni intenta superarlas, sino que más bien, parece renunciar
(1989-1990) y decano de la Facultad de Teología (1990- a esa línea de fundamentación, considerándola inviable.
1993), (2002-2005). Ha publicado un gran número de La Sagrada Escritura, los mandamientos. También
obras. halla Flecha grandes dificultades para fundamentar la moral
Sus manuales de teología moral, que ahora comen- en la Sagrada Escritura, el Decálogo y demás manda-
to, son la Teología moral fundamental (BAC, manuales mientos de la Ley divina revelada: «Los preceptos mora-
Sapientia fidei, nº 8, Madrid 1997, 367 págs.) y la Moral les que encontramos en la Biblia –todos o algunos de ellos–
de la persona (ib., nº 28, 2002, 304 págs.). parecen depender de la cultura del tiempo y el espacio en
La fundamentación casi imposible de la moral. En que nacieron» (77). Por tanto, si quizá todos los precep-
el primer volumen las dificultades del profesor Flecha para tos morales bíblicos dependen de la cultura de la época en
fundamentar la Teología Moral son tan grandes que no lo- que nacieron, no podrán servir de fundamento a una mo-
gra superarlas. Vamos por partes. ral objetiva y universal. Eso es evidente. La sagrada Es-
critura no nos vale, pues, para fundamentar la moral.
Dios y el alma. La Iglesia enseña que la moral católica ¿Una ética cívica universal? ¿Dónde, pues, habrá que
ha de fundamentarse en Dios y en la naturaleza de su poner el fundamento de la moral? ¿Será posible funda-
imagen, el hombre, que es unidad de un cuerpo y de un mentarla en el consenso de una ética civil? «En esa situa-
alma, inmediatamente infundida por Dios (cf. Catecismo ción, la “ética civil” constituye la apelación a lo más valio-
355-366). La Congregación de la Doctrina de la Fe, a es- so, libre y liberador de las conciencias ciudadanas» (141).
te propósito, recuerda que Y afirma así (141), citando a Marciano Vidal:
«la Iglesia emplea la palabra alma, consagrada por el uso «La ética civil pretende realizar el viejo sueño de una moral
de la Sagrada Escritura y de la tradición. Aunque ella no ignora común para toda la humanidad. En la época sacral y jusnaturalista
que este término tiene en la Biblia diversas acepciones, opina del pensamiento occidental, ese sueño cobró realidad mediante
sin embargo que no se da razón alguna válida para rechazarlo, y la teoría de la “ley natural”. Con el advenimiento de la secularidad
considera al mismo tiempo que un término verbal es absoluta- y teniendo en cuenta las críticas hechas al jusnaturalismo, se ha
mente indispensable para sostener la fe de los cristianos» (17- buscado suplir la categoría ética de la ley natural con la de ética
V-1979; cf. Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios 1968, 8). civil. Ésta es, por definición, una categoría moral secular» (Re-
Flecha no emplea en su obra el término «alma». Lo re- tos morales en la sociedad y en la Iglesia, Estella 1992, 60; cf.
huye, puede decirse, en forma sistemática. Y si trata bre- Moral de actitudes, I, Madrid 19815, 135-75). Y dice Flecha: «Si
vemente del hombre como imagen de Dios, no lo hace por ética civil se entiende un mínimo axiológico consensuado y
para fundamentar en ello la moral (149-150). regulado por la legislación, para que la sociedad plural pueda
funcionar de forma no sólo pragmática sino humana, la fe cris-
La ley natural. La Iglesia siempre ha fundamentado la tiana no puede ni debe mostrar reticencias a su llegada» (140).
moral en las leyes naturales (Vaticano II, Dignitatis hu- La fe cristiana, por el contrario, puede y debe mostrar
manæ 3; Juan Pablo II, Veritatis Splendor 1993, 43-53). su rechazo a fundamentar la moral en una ética civil de
Pero tampoco esta fundamentación, según parece, le vale consenso, que ignore la Revelación divina y que prescin-
al profesor Flecha para establecer su Teología Moral da incluso de la ley natural, que a un tiempo expresa la
Fundamental. Más bien él estima que se ha hecho un naturaleza de las criaturas y la ley del Creador impresa en
mal uso de la ley natural, en sus diversos modelos históri- ellas. Por eso el mismo profesor Flecha, citando una en-
cos, concretamente en sus modelos principales, cosmo- señanza de la Conferencia Episcopal Española, se ve obli-
céntrico y biologicista (244-245). gado a dar «un toque de atención ante un uso mini malista
«Se ha olvidado con frecuencia la circunstancia concreta de de esa apelación» a la conciencia ciudadana de una ética
la persona y las formulaciones morales se han encarnado así en civil (139-140).
principios abstractos únicos, objetivados e inmutables» (247). La conciencia. ¿Cómo, pues, y dónde podrán las con-
El error principal radica, a su juicio, en que esta moral apela «a ciencias personales fundamentar la moral? ¿Ajustando
una “naturaleza” humana, común e invariable, como base para
el encuentro ético. Se trata con frecuencia de una naturaleza previamente esas conciencias a alguna Ley divina o natu-
entrevista a través de filtros reduccionistas. O bien es demasia- ral?… El profesor Flecha no entiende la función primaria
do hipostasiada y ahistórica, demasiado objetivada como para de la conciencia como la aplicación al caso concreto de
tener en cuenta la densidad subjetiva y circunstancial del senti- una norma moral objetiva y universal. Por eso mismo, in-
do, la intención y la vivencia personal que constituyen las coor- siste poco en la necesidad de formarla adecuadamente en
denadas inevitables del comportamiento humano. O bien la na- la verdad y la rectitud. Más bien estima que
turaleza humana es vista de una forma tan “naturalista” que «habrá que subrayar la autonomía de la conciencia moral,
parece referirse más al campo de la etología que al de la ética. O su carácter humanizador, y reivindicar para ella un cierto espon-
bien hace pasar por datos normativos, en cuanto naturales, los taneísmo que, desde el discernimiento de los valores que en-
que son datos puramente culturales» (134ss). tran en conflicto en una determinada situación, supere el rígido
La naturaleza, pues, da una base en la práctica muy esquema intelectualista que fue habitual hasta este siglo» (288-
ambigua para fundamentar la moral, porque las maneras 289). Esto recuerda aquello de Schillebeeckx sobre la moral de
de entender esa naturaleza «se encuentran ineludiblemente situación: «Tenemos que poner hoy el acento en la importancia
sujetas al ritmo de la historia y de la cultura», e incluso «la de las normas objetivas tanto como en la necesidad de la crea-
tividad de la conciencia y del sentido de las responsabilidades
misma aproximación hermenéutica a los contenidos personales» (Dios y el hombre, Sígueme, Salamanca 1968, cp. 7,
noéticos de la fe varía notablemente de un momento a C,II, pg. 357).
otro de la historia» (138).
La expresión «creatividad de la conciencia» es falsa.
Flecha, pues, a la hora de elaborar una Teología moral La conciencia no crea leyes o valores, sino que interpreta
fundamental, denuncia el mal uso hecho de la ley natural, y aplica al caso concreto una norma moral divina, natural,
«en sus diversos modelos históricos». Pero él, una vez preexistente. En todo caso, nunca la ley moral puede ser
señaladas esas desviaciones reales o presuntas, no logra, creada por la conciencia (cf. Veritatis splendor 55).
34
José María Iraburu
Los valores. ¿Pero, entonces, esa «ética civil», basa-
da en el testimonio de «las conciencias», no adolecerá
inevitablemente de relativismo y de subjetivismo arbitra-
rio, así como de contradicciones íntimas y de frecuentes
cambios históricos? ¿No será necesario que la conciencia
se sujete a la orientación de ciertos valores estables?
Flecha pretende, por supuesto, escapar de esas dificul- (55)
tades obvias. Él pretende alcanzar una objetividad para la
moral. Pero no queda claro en absoluto qué fundamentos 8. José Román Flecha –y II. Teología moral
válidos propone para ello. Apela a la majestad de ciertos
valores éticos (213), pero no hay modo de alcanzar esa –Perdone, pero a mí esas esas enseñanzas morales me que-
«majestad» de valores si éstos no son fundamentados en dan muy oscuras.
Dios, en Cristo, en la Palabra divina, en el alma, en la na- –Es normal. Aparte de que usted tiene pocas luces, de suyo
turaleza. Flecha afirma, en la misma página, que se trata son exposiciones muy obscuras.
de valores objetivos (233), pero reconoce también que en
su aspecto epistemológico son variables (233), «tienen un Confusiones y contradicciones. Hay en esta obra una
carácter histórico y cambiante» (234). ¿Entonces?… cierta ambigüedad congénita. La posición subjetivista del
profesor Flecha, aunque él se esfuerza en no declararla
Conflictos de valores. Así las cosas, cómo no, serán abiertamente e incluso en combatirla, se capta inevitable-
inevitables los conflictos de valores, que la conciencia mente en sus exposiciones confusas y desconcertantes.
del hombre habrá de resolver. Y la clave para la solución No es fácil, por ejemplo, entender cómo pueda conciliarse
de estos dilemas posibles, previsibles y en cierto modo lo que el autor enseña sobre la autonomía de la conciencia
necesarios habrá de darse en la búsqueda de la felici- y lo que la Iglesia enseña sobre los «actos intrínsecamen-
dad: «es precisamente en relación al anhelo humano de te malos», doctrina que él mismo se ve obligado a recor-
felicidad donde adquiere su final consistencia la ape- dar en otro lugar (198-200).
lación a los valores de la ética» (235)… Absolutamen-
te decepcionante. Tampoco podríamos asegurar qué es lo que realmente
Densa y compleja oscuridad. Este manual del profe- enseña sobre «la especificidad de la ética cristiana» (135-
sor Flecha sobre Moral fundamental es sumamente com- 138), es decir, cómo entiende «la relación entre la ética
plejo y oscuro de pensamiento. Y en más de 350 páginas, cristiana y las éticas seculares» (145). Pues, por una par-
dando continua- te, dice que «afirmar que el cristianismo no aporta un
mente «una de contenido moral categorial distinto del que ellas ofre-
cal y otra de cen –o pueden ofrecer–… es afirmar la sana autonomía
arena», no con- de lo creado y la posibilidad de la razón natural para acce-
sigue funda- der a la bondad» (145).
mentar con cla- Esas palabras, si no las entendemos mal, hacen pensar
ridad y firmeza que, a juicio de Flecha, «el cristianismo no aporta un con-
un orden moral tenido categorial distinto» al que las éticas naturales ofre-
a la luz de la ra- cen o pueden ofrecer. Pero según eso, se pone en duda la
zón y de la fe. novedad del Evangelio, por el que se revelan mensajes
Siguiendo el morales que en modo alguno el hombre adámico podría
curso de ese conocer por sí solo. Se devalúa así la luminosidad de la fe,
pensamiento que se alza muy por encima de las luces de la razón, y que
oscilante, pue- por eso mismo es una «obediencia» intelectual. El Evan-
de decirse que gelio (la fe sobre-natural) va mucho más allá del Decálo-
casi todas las go (la razón natural). Y «el justo vive de la fe» (Rm 1,17).
afirmaciones ambiguas o erróneas del texto podrían ser Por eso Flecha se ve obligado a reconocer también que
salvadas leyéndolas con una mente muy bien formada, el cristianismo sí aporta nuevas revelaciones sobre la
con muy buena voluntad y con mucha paciencia. En efec- verdad moral: «Junto a la identidad categorial y la diversi-
to, rara será en este libro la afirmación ambigua o falsa dad transcendental, es necesario subrayar la novedad de
que el autor no pueda justificar alegando sobre el mismo la confessio christologica […En efecto] Jesús, el Cristo,
tema otra afirmación verdadera hecha en distinto lugar. Palabra e icono de Dios, es también revelación e imagen,
Densa y compleja oscuridad. No es ésa la moral cris- histórica pero definitiva, del verdadero esse y del auténtico
tiana. Todo lo contrario, porque en ella el camino del hom- operari del hombre» (136). ¿En qué quedamos?…
bre es Cristo mismo: «Yo soy la Luz del mundo, y el que Una Moral escasamente cristiana. La Teología
me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» moral fundamental que propone Flecha es una ética poco
(Jn 8,12). cristiana. No es una moral claramente fundamentada en
Con el favor de Dios, continuaré el examen de estas la fe. Pero el fundamento de toda Moral cristiana es pre-
dos obras. cisamente la fe: «el justo vive de la fe» (Rm 1,17; cf.
Hab 2,4; Gál 3,11; Heb 10,35)… ¿Será, quizá, que Flecha
no pretende propiamente en su obra una Teología moral
fundamental, sino sólo una Filosofía moral fundamen-
tal, una Ética? A veces parece que por ahí va su pensa-
miento. Pero no es éste el título de su libro, ni lo que se es-
pera en una serie de manuales de teología católica.
35
José María Iraburu
El capítulo tercero, Orientaciones bíblicas para la Teo- lución armónica de la personalidad puede existir un pro-
logía Moral, es relativamente breve (75-114) y, sobre todo, ceso de gradualidad, como en todos los ámbitos de la res-
queda aislado dentro del conjunto de su obra (360 pgs.), ponsabilidad moral. En éste, como en tantos otros proble-
sin que la Revelación bíblica influya en ella de manera mas, no se puede hacer una valoración abstracta de
determinante. El contraste de esta obra con otras, por ejem- la masturbación» (198).
plo, la grandiosa del P. Ceslas Spicq, O. P., Teología mo- ¿Qué querrá decir el autor con la última frase? Por su-
ral del Nuevo Testamento, es muy notable. La vida mo- puesto que sobre la masturbación, o sobre cualquier otro
ral cristiana ha de ser considerada siempre en sus coor- tema de moral –el robo, el adulterio, el homicidio, la men-
denadas más importantes: la participación en el misterio tira, la injusticia–, se pueden, se deben establecer y se
pascual de Cristo, en su cruz y en su resurrección, la filia- establecen valoraciones abstractas, normas morales ob-
ción divina regeneradora, la oración de súplica, la expia- jetivas y estables, que, por supuesto también, habrán de
ción por el pecado, la necesidad absoluta de la gracia, la ser aplicadas al caso concreto del modo que la moral ca-
imitación filial de Dios, la configuración a Jesucristo, la tólica enseña. ¿Pero por qué el autor hace esa considera-
vida litúrgica y sacramental, etc. Por el contrario, en la ción al iniciar el estudio moral de la masturbación? No
obra del doctor Flecha, aunque estos temas sean aludidos parece un juicio temerario estimar, o sospechar al menos,
al paso en algún momento, no logran, ni siquiera intentan que el autor no ve tanto la masturbación como un pecado,
fundamentar de ningún modo una Teología Moral real- sino como un retraso en la maduración psicológica de la
mente cristiana. persona. Y una perspectiva semejante parece prevalecer
Religión y ética. Según parece, Flecha presenta la re- en él cuando trata de otros desórdenes morales de la
lación entre la Religión y la Ética como algo de suyo pro- sexualidad.
blemático. Si dice que en ocasiones «la Religión invade el
La homosexualidad. ¿Qué enseña el profesor Flecha
campo de la Ética», también afirma que «es la Ética la
de la homosexualidad? Enseña que no es justificable el
que parece sustituir a la confesión religiosa» (125). Una
comportamiento homosexual (216-218). Ya con eso que-
vez más, después de haber presentado un problema, éste
da clara la doctrina. Pero… pero también aquí hay que
en concreto, no alcanza en su obra a resolverlo adecua-
decir que «la persona ha de tender al ideal moral»; y eso
damente, armonizando Religión y Ética (125-128). Ni lo
exige un proceso gradual. «A la persona que se ve im-
intenta.
plicada en una actividad homosexual habrá que recordar-
Una Teología moral no fundamentada. Son tantas, le, por ejemplo, que en su condición, la fidelidad a una pa-
en fin, las dificultades que halla Flecha para fundamentar reja estable implica un mal menor que la relación pro-
teológicamente la Moral en la naturaleza y en la Palabra miscua, indiscriminada y ajena a todo compromiso afecti-
revelada, es decir, en la razón y en la fe, que finalmente vo. Será preciso subrayar, también aquí, las posibilidades
no consigue superarlas. Ya me dirán ustedes si una obra y exigencias de la ley de la gradualidad» (218).
así puede servir de manual de teología moral funda-
mental para seminaristas, religiosos y laicos estudiosos.
El segundo volumen de esta obra, derivado de esta moral
fundamental, llevará en la consideración de la moral per-
sonal las mismas graves deficiencias del volumen prime-
ro. No podría ser de otro modo. El propio autor advierte
que «ambos tratados se relacionan e implican tanto en la
metodología como en los contenidos» (p. XVII).
El manual Moral de la persona, del profesor Flecha –
ya di su referencia al principio de (54)–, después de una
Introducción de veintinueve páginas sobre la persona,
dedica todo el resto de la obra a temas morales de la sexua-
lidad. El libro, pues, debería titularse Moral de la sexua-
lidad. No se entiende por qué causa el autor, siendo tan
variadas e importantes las dimensiones morales de la per-
sona, circunscribe su estudio al tema de la sexualidad.
Por otra parte, y esta deficiencia es aún más grave, la
doctrina del profesor Flecha sobre la moral cristiana de la
sexualidad se desvía con frecuencia en temas importan-
tes de la enseñanza de la Iglesia. Nada tiene de extraño,
dada su previa Teología moral fundamental. Ahora bien,
para que ese desvío sea poco escandaloso, el procedi-
miento que sigue el autor suele ser siempre el mismo. Pri-
mero expone y afirma la doctrina de la Iglesia. Y en se-
guida admite excepciones, males menores, gradualidades,
conflictos de valores, exigencias personales de la concien-
cia y otros principios de evaluación moral que, en la prác-
tica, vienen a anular lo que en teoría enseña la Iglesia
católica.
La masturbación se opone, ciertamente, a la verdad
del sexo (197-198); la cosa es clara. Pero –ya estamos
con la rebaja– «sin embargo, en esa frustración de la evo-

36
José María Iraburu
Las relaciones prematrimoniales son consideradas la fuerza de una motivación potente y nueva. Este paso de la
reprobables por el autor. Pero ya al iniciar su «juicio éti- adicción cautiva a la libertad personal, en decisión intensa rea-
co» se apresura a advertir –en el primer párrafo, concre- lizada en un momento, no exige propiamente un milagro, sino
tamente– que ha de distinguirse «la moralidad objetiva de una motivación suficiente. A fortiori, con la ayuda sobre-natu-
las mismas y la eventual responsabilidad y culpabilidad de ral de la gracia, pueden y deben realizarse prontamente las con-
versiones. Es cierto que algunos vicios, sobre todo los que han
las personas implicadas» (236). Las circunstancias y las creado profundos hábitos psico-somáticos, con relativa fre-
actitudes de las personas implicadas pueden ser en esto cuencia solo serán
muy diversas y exigen, por tanto, «una diferente evalua- superados tras no
ción moral» (239). pocas recaídas, que
«En éste, como en muchos otros casos, podría ser aplicable la a veces, cuando el
“ley de la gradualidad” (cf. Familiaris consortio 34), que no es converso está lu-
reducible a una “gradualidad de la ley”»… Por tanto, «será ne- chando con todas
cesario subrayar que la madurez de la pareja se alcanza de forma sus fuerzas –ora-
progresiva y gradual» (239). Por otra parte, la culpabilidad au- ción, sacramentos,
menta si en esas uniones no hay amor real. «Por el contrario, alejamiento de las
puede haber personas que vivan una experiencia de amor úni- ocasiones próxi-
co, definitivo que no puede ser formalizado públicamente. Esas mas, etc– serán qui-
situaciones-límite habrán de ser tratadas con la metodología zá más compulsivas
tradicional de la Teología Moral Fundamental […] escapan a la que libremente que-
normalidad de las situaciones» (240). ridas. La madre Igle-
sia entonces, mani-
Nos interesaría mucho conocer, respecto a las relacio- festando la bondad
nes prematrimoniales arraigadas en un amor estable, cuá- de Dios misericordioso, sabrá perdonar setenta veces siete, y
les son esas normas de «la metodología tradicional», se- animará sin cansarse al pecador para que, con la ayuda de la
gún las cuales, dice el autor, «habrán de ser tratadas esas gracia, siga adelante hacia la perfecta libertad de Cristo, hasta la
situaciones-límite». En su Moral fundamental no las ex- victoria plena sobre el pecado. Pero, por el contrario, la insisten-
pone, y no sabemos bien a cuáles se refiere. ¿Qué deberá cia de algunos moralistas católicos en ciertas gradualidades en
hacerse, entonces?… Por otra parte, aunque afirma que la lucha contra el pecado no acaba de ser conforme con la verdad.
se trata de «situaciones-límite», que «escapan a la norma- La gradualidad de unos indios caníbales. Me viene
lidad de las situaciones», en realidad hoy se dan con una aquí a la memoria un caso que narraba Alejandro Hum-
frecuencia tan grande, que prácticamente son situaciones boldt (+1835), transcribiendo el informe de unos misione-
normales, en el sentido estadístico de la palabra. ros:
La anticoncepción. Las frecuentes alusiones del au- «Dicen nuestros Indios del río Caura [afluente del Orinoco,
tor en esta cuestión tan grave al conflicto de valores (250), en Venezuela] cuando se confiesan que ya entienden que es
al mal mayor o menor (260), a la distinción entre lo natural pecado comer carne humana; pero piden que se les permita des-
y lo antinatural (261), a la diferencia entre métodos natu- acostumbrarse poco a poco. Quieren comer la carne humana
rales y artificiales (261-262), al principio de totalidad (263), una vez al mes, después cada tres meses, hasta que sin sentirlo
nos sitúan una vez más en la posición de los moralistas pierdan la costumbre» (Essai politique sur le royaume de la
Nouvelle Espagne, 1811; cit. por Salvador Madariaga, El auge
que en los últimos decenios no se deciden a aceptar la doc- y el ocaso del Imperio español en América, Espasa-Calpe, Ma-
trina de la Iglesia católica sobre el tema. «El juicio sobre drid 1986, 3ª ed., 385). Los frailes misioneros no accedieron a la
las actitudes ha de preceder al juicio sobre los medios» petición.
(262). Ahí queda esa norma.
Conclusión. Los errores de la obra del profesor Fle-
La ley de la gradualidad en cuestiones morales. A cha, aunque tienen habitualmente una expresión muy cau-
un cristiano rico y gravemente injusto le exhortamos a telosa, quedan suficientemente expresados. Cualquier lec-
que se convierta al Evangelio, y que realice los cambios tor, medianamente avisado, sabe a qué atenerse. Su Teo-
pertinentes en su vida y en sus negocios cuanto antes logía Moral Fundamental es inaceptable. Menos aún
pueda. Así fue como Zaqueo cambió su vida rápidamen- es admisible en una serie de Manuales de Teología ca-
te, en cuanto entró en la amistad de Cristo (Lc 19,1-10). tólica. Y lo mismo ha de decirse de la Moral de la per-
De la cárcel de una situación objetivamente pecaminosa sona.
hay que salir cuanto antes, para no seguir ofendiendo a
Dios, y por el bien propio y el ajeno.
Sería un grave error pensar que las conversiones brus-
cas son imposibles o insanas para una naturaleza habi-
tuada a un cierto vicio. Sería un error muy dañoso dar
por supuesto que el paso del vicio a la virtud implica nece-
sariamente un proceso gradual de desarrollo personal, que
exige tiempo. Con la gracia de Dios, la súbita conversión
de Zaqueo no es propiamente un milagro: está en la natu-
raleza humana la posibilidad de cambios rápidos. Y cono-
cemos por experiencia que muchos conversos, por obra
del Espíritu Santo, han dado a su vida un giro muy notable
en un tiempo relativamente corto.
Lo muestro con un ejemplo tomado de la misma vida natural:
un hombre adicto al tabaco, que durante años ha luchado con-
tra su vicio sin vencerlo, viendo la muerte de un hermano suyo,
muerto a causa del tabaquismo, deja de fumar para siempre, con
37
José María Iraburu
reprobatoria: El libro de Pagola hará daño, y un cierto
número de autores publicamos también poco después ar-
tículos en el mismo sentido. La Comisión Episcopal para
la Doctrina de la Fe, con la autorización de la Comisión
Permanente de la Conferencia Episcopal Española, hizo
también graves objeciones a la obra (18-VI-2008) en una
(76) Nota de clarificación sobre el libro de José Antonio
Pagola, «Jesús. Aproximación histórica». Posterior-
9. José Antonio Pagola –I. Jesús histórico mente, en septiembre de 2009, con el nihil obstat de Mons.
Uriarte, se publicó en PPC una «9ª edición renovada»;
pero poco después la misma Editorial mandó retirarla de
–¿Los Evangelios, concretamente, son históricos?
las librerías. Los comentarios míos que siguen remiten a
–Contesta el Vaticano II: «La santa madre Iglesia ha manteni- la edición 4ª, de 2007.
do y mantiene con firmeza que los cuatro Evangelios, cuya his-
toricidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo Un método histórico y exegético inaceptable. La
de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó hasta el día aproximación histórica a Jesús implica necesariamente
de la ascensión» (DV 19). una exégesis bíblica, ya que los datos fundamentales que
Reforma o apostasía. Este blog viene señalando en el el investigador tiene sobre Jesús están en la Sagrada Es-
edificio de la Santa Iglesia los lugares afectados por aque- critura. Ahora bien, como no sea de la mano de la Iglesia,
llas ruinas más peligrosas, que con más urgencia exigen no es posible entrar en el jardín de las Escrituras sin piso-
remedio. Por eso he tratado con especial insistencia de tear las flores. Por eso el Concilio Vaticano II afirma un
los errores doctrinales, porque son los más ruinosos para principio fundamental para la interpretación verdadera de
la Iglesia, ya que afectan a su propio fundamento. la Sagrada Escritura: Tradición, Escritura y Magisterio
«están unidos y vinculados, de tal modo que ninguno pue-
De los 75 artículos publicados hasta éste en mi blog, más de de subsistir sin los otros» (DV 10). Pagola, por el contra-
30, los últimos, han tratado de los errores doctrinales más difun-
didos hoy en la Iglesia: teólogos disidentes y teólogos orto-
rio, prescindiendo del marco tradicional y eclesial, busca a
doxos no combatientes (42-44), reprobaciones tardías (45-47), Jesús ateniéndose al historicismo racionalista y a una cierta
indigenismo teológico desviado (48-50), errores en cristología, exégesis crítica, que se quedan al servicio de su propia
liturgia y moral (Olegario, Borobio, Flecha, 51-55), grandes reba- ideología teológica. La Nota de la Comisión de la Fe se-
jas arrianas y pelagianas del cristianismo (Schillebeeckx, moder- ñala en esta mala metodología
nistas, etc. 57-60), voluntarismos pelagianos o semipelagianos «a) la ruptura que, de hecho, se establece entre la fe y la
(61-65), luteranismo y quietismo (66). Es necesario reafirmar hoy historia [él hace con frecuencia que la historia niegue lo que la
la verdad católica sobre gracia-libertad (67-71), como lo hace fe afirma]; b) la desconfianza respecto a la historicidad de los
Sta. Teresa del Niño Jesús (72-75). Sin embargo, por algunas evangelios [la niega siempre que afirman algo que él quiere
consideraciones prudenciales, he ido demorando hasta ahora negar]; y, c) la lectura de la historia de Jesús desde unos presu-
un tema que de suyo habría que haber examinado al principio: puestos [ideológicos] que acaban tergiversándola» (nº 3). Es,
las falsas interpretaciones de la Sagrada Escritura. pues, un libro, según Mons. Demetrio Fernández, «que presen-
Analizaré, pues, ahora como ejemplo la obra de Pagola ta a un Jesús vaciado y rellenado, según la técnica de la des-
sobre Jesús. Pero aviso desde el principio que sus errores mitologización promovida por R. Bultmann, y que otros autores
no son propiamente suyos, personales. Los hallamos ya han seguido en las últimas décadas: E. Schillebeeckx, J. Sobri-
formulados de modo casi igual en sectores liberales pro- no, etc., cada uno a su manera… Por ese camino podemos pre-
sentarnos un Jesús a nuestra medida y a nuestro gusto, según
testantes del siglo XIX y en algunos modernistas. Los en-
contramos también en González Faus, S. J., Jon Sobrino,
S. J., Torres Queiruga y en un gran número de teólogos
actuales españoles y extranjeros. Son errores ampliamente
difundidos en parroquias, catequesis, comunidades de re-
ligiosos o de laicos. El «caso Pagola», por tanto, es sólo
una anécdota en esa selva de innumerables errores. Y
únicamente elijo analizarlo por la extraordinaria difusión
de su obra.
Don José Antonio Pagola (Añorga, Guipúzcoa, 1937),
sacerdote diocesano de la Diócesis de San Sebastián, ha
sido profesor en la Facultad de Teología del Norte de Es-
paña, sede de Vitoria. Durante el episcopado de Mons.
José María Setién en su diócesis, hasta el 2000, fue mu-
chos años Vicario General, y algunos, Rector del Semina-
rio. Siendo Obispo de la diócesis Mons. Juan María Uriarte,
Pagola ha sido director del Instituto de Teología y Pasto-
ral. Ha publicado un gran número de obras, y sus escritos
tienen una amplísima difusión en diversos diarios y revis-
tas, así como en internet.
Jesús. Aproximación histórica (Editorial PPC, Ma-
drid septiembre 2007, 542 páginas) ha sido sin duda la
obra más notable de Pagola, y tuvo en pocos meses ocho
ediciones. Ya en diciembre de 2007, Mons. Demetrio
Fernández, entonces obispo de Tarazona, publicó una nota
38
José María Iraburu
la moda del momento, y hacerlo además con argumentos de con la fe católica. Sus errores, pues, no se circunscriben a
crítica histórica… Es como si la Iglesia hubiera adulterado el la cristología. Lo iremos comprobando en seguida.
mensaje y tuviéramos que acudir a las fuentes más puras para
reencontrar al Jesús perdido, y todo ello so pretexto de Jesús nunca pensó en fundar la Iglesia. Lo afirma
historicidad. Esto me suena a prejuicio de A. Harnack, historia- Pagola como si fuera una verdad científica, históricamen-
dor protestante liberal [1851-1930], maestro de R. Bultmann te demostrable. «Jesús no dejó detrás de sí una “escuela”,
[1884-1976]». al estilo de los filósofos griegos, para seguir ahondando en
Benedicto XVI, en el prólogo de su libro Jesús de Na- la verdad última de la realidad. Tampoco pensó en una
zaret, después de valorar debidamente el método exegé- institución dedicada a garantizar en el mundo la verdade-
tico histórico-crítico, advierte que las «reconstrucciones ra religión. Jesús puso en marcha un movimiento de “se-
de Jesús» que se intentan a veces ateniéndose a tal méto- guidores” que se encargaran de anunciar y promover su
do, sin otros apoyos mayores, son falsas. «Quien lee una proyecto del “reino de Dios”» (467). «Jesús no preten-
tras otra algunas de estas reconstrucciones puede com- dió nunca romper con el judaísmo ni fundar una ins-
probar enseguida que son más una fotografía de sus auto- titución propia frente a Israel. Aparece siempre convo-
res y de sus propios ideales que un poner al descubierto cando a su pueblo para entrar en el reino de Dios» (474-
un icono que se había desdibujado». Así sucede en este 475). Menos aún pensó en establecer una comunidad con
caso. La aproximación histórica del libro que ahora exami- autoridades sagradas propias.
namos no nos muestra el verdadero rostro de Jesús, sino «En el movimiento de Jesús desaparece toda autoridad pa-
el rostro de don José Antonio Pagola. triarcal y emerge Dios, el Padre cercano que hace a todos herma-
nos y hermanas. Nadie está sobre los demás. Nadie es señor de
Los Apóstoles dan testimonio de lo que han «vis- nadie. No hay rangos ni clases. No hay sacerdotes, levitas y
to y oído» (Jn 19,35; 1Jn 1,1-3; Hch 2,22; 4,20; 5,32; pueblo. No hay lugar para los intermediarios. Todos y todas
Catecismo 126 y 515)). Pagola, por el contrario, estima tienen acceso directo e inmediato a Jesús y a Dios, el Padre de
que si se busca la verdad histórica de Jesús, es preci- todos […] Sus seguidores, hombres y mujeres, se sientan en
so prescindir de todo testimonio de la fe. Es por tanto corro alrededor suyo; nadie se coloca en un rango superior a
necesario ignorar la luz que da sobre Jesús la Iglesia, to- los demás; todos escuchan su palabra y todos juntos buscan la
davía indivisa, en los siete primeros Concilios ecuménicos. voluntad de Dios» (291). «Por eso en ninguna de las tradiciones
Antes, es preciso ignorar todo lo que sobre Él dicen los evangélicas se presenta a alguien desempeñando algún tipo de
profetas del Antiguo Testamento. Y más aún, ni siquiera función jerárquica dentro del grupo de discípulos. Jesús no ve
a los Doce actuando como “sacerdotes” con respecto a los
hay que tener en cuenta lo que dicen de Jesús en el Nue- demás» (292).
vo Testamento aquellos que convivieron con él durante
años, como Pedro, Juan y Mateo. Pagola contra-dice sus Omite Pagola que Jesús, de entre todos sus discípu-
testimonios siempre que no encajan en su personal los, constituyó mediante elecciones personales el gru-
cristología. Si los Apóstoles, por ejemplo, afirman que «vie- po de los Doce, encabezados por Pedro, dándoles una
ron», que «tocaron» a Jesús, y que «comieron» con él especial autoridad de «atar y desatar» (Mt 16,19;
después de su resurrección, él no tiene ningún inconve- 18,18). Ese dato, por lo visto, no tiene para él fuentes his-
niente en negar la veracidad de esas afirmaciones apos- tóricas fidedignas que lo acrediten. Sin embargo, es un
tólicas. Todo eso no sucedió porque no pudo suceder. dato que no sólo es cierto en la Escritura, sino que tam-
bién está confirmado por el hecho de que hallamos ya al
Y es que estima que estos modos de hablar de Cristo, al pro-
ceder de creyentes, no son neutrales, no dan, pues, la verdad
principio iglesias locales regidas por Obispos, presbíteros
histórica de Jesús, sino que, desde el punto de vista estricta- y diáconos. Por eso, de ser cierto lo que Pagola afirma,
mente científico, están ya contaminados por la fe católica, que habría que concluir que Pedro, Pablo, Clemente romano,
se fue desarrollando en los primeros discípulos después de la Ignacio de Antioquía, o veinte siglos más tarde, el Vicario
resurrección. Una investigación rigurosa de la figura histórica General de San Sebastián, malentendieron o traicionaron
de Jesús exige no tenerlos en cuenta. «el proyecto de Jesús», ostentando abusivamente en la
Pagola intenta, pues, a veinte siglos de distancia, una comunidad cristiana una autoridad espiritual falsa.
«aproximación histórica» a Jesús, que emplea únicamen- Consta, en efecto, que ellos presidieron y gobernaron pasto-
te el método histórico-crítico y otros métodos complemen- ralmente sus Iglesias, que afirmaron su autoridad apostólica
tarios –el acercamiento sociológico, la antropología cultu- (2Cor 10,1-11), y que llegaron a excomulgar en casos extremos
ral, algunas claves de la teología de la liberación y del (1Cor 5,1-5), cumpliendo lo dispuesto por Jesús (Mt 18,15-18).
feminismo–. Solo deja que le acompañen en su tarea un Desde el mismo inicio de la Iglesia, rompieron, pues, «el corro»
igualitario proyectado por Jesús, estableciendo una Jerarquía
cierto número de exegetas de su elección y algunos teólo- apostólica (hier-archia, sagrada-autoridad; del griego, hieros,
gos progresistas. No ignora «el testimonio neutral de los sagrado, y arkhomai, yo mando).
escritores romanos» (485), como Flavio Josefo y Tácito,
que hacia el año 100 hablan de Jesús. Y también tiene en Por el contrario, en la visión de Pagola, no es Cristo el
cuenta los Evangelios apócrifos. Pero preserva escrupu- fundador verdadero de esa gran institución sagrada que
losamente el carácter científico de su investigación his- es la Iglesia, «sacramento universal de salvación» (Vat II:
tórica, protegiéndola de todo testimonio de la fe, aunque LG 48; AG 1). Él nunca pensó en fundarla. La Iglesia
éste proceda de los propios compañeros de Jesús, como nació de los hombres, de ciertas necesidades históricas
Juan o Mateo, o de discípulos directos de los Apóstoles, concretas. Por eso Pagola omite el acontecimiento de Pen-
como Clemente Romano o Ignacio de Antioquía, o casi tecostés, contrario a su tesis:
directos, como Justino o Ireneo. «Jesús ni pudo ni quiso poner en marcha una institución
fuerte y bien organizada, sino un movimiento curador que fue-
Por otra parte, tengamos claro desde el principio que ra transformando el mundo en una actitud de servicio y amor»
Pagola une a esta «aproximación histórica» a Jesús la (292). «Nunca pensó en un grupo cerrado y excluyente. No que-
exposición de muchas doctrinas de teología dogmáti- ría formar con ellos una comunidad de “elegidos” de Dios»
ca y moral, que con bastante frecuencia son inconciliables (293). «Lo que más le interesa a Dios no es la religión, sino un
39
José María Iraburu
mundo más humano y amable» (465). «Pertenecer a la Iglesia es pascuales, sin valor alguno cierto para un historiador cien-
comprometerse por un mundo más justo» (466). «Seguir a Jesús tífico que estudie a Jesús. Es gravísimo.
pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad de secta. Es gravísimo, porque Pagola de este modo elimina el
No excluir ni excomulgar» (467).
fundamento histórico-bíblico del centro de la fe cristia-
Jesús «no quiso, ni pudo» impulsar una fuerte insti- na: creo en Jesucristo, el Unigénito de Dios, que «nació
tución, una Iglesia… Pero resulta que muy pronto una por obra del Espíritu Santo de María virgen». Esa ver-
Iglesia, cada vez más fuerte y extendida, se formó de dad, esa historia –la parte central del Credo es una his-
hecho en gran parte del entorno mediterráneo.Ya ven us- toria, antes de ser una doctrina–, con esas mismas pala-
tedes: quienes excusan el Jesús de Pagola, alegando que bras, está tomada precisamente de los Evangelios de la
un estudio histórico es algo muy distinto de un tratado infancia que Pagola desecha (Mt 1,20; Lc 1,34-35). El
teológico, tendrían que comenzar por reconocer que su Catecismo de la Iglesia, por el contrario, cree en la his-
aproximación a Jesús no es histórica, sino que es en gran toricidad de esos relatos (496).
medida arbitraria. Está al servicio de unas doctrinas teo- El testimonio de René Laurentin. En un artículo
lógicas y morales falsas. Dios mediante, lo seguiremos sobre el Jesús de Pagola, reproduce Luis Fernando Pérez
comprobando. Bustamente la siguiente declaración de Laurentin, teólo-
go especializado en mariología:
«Me he pasado medio siglo estudiando los Evangelios de la
infancia (Mt 1-2 y Lc 1-2, y el resto). Siempre he entrevisto la
riqueza de estos Evangelios, nutridos de todo el A. T. … Y, sin
embargo, seguía yo seducido por la actitud iconoclasta cultural
del ambiente, una actitud procedente del racionalismo liberal:
estos primeros capítulos eran leyendas tardías, theologumena,
es decir, relatos ficticios fabricados para expresar ideas teológi-
cas entrañables a los creyentes, se repetía. Mis primeros traba-
jos, que manifestaban la riqueza bíblica de estos Evangelios,
consiguieron una amplia estima en el mundo exegético a escala
(77) ecuménica. Caracterizaba yo estos Evangelios como midrashim.
De ahí se inducía que yo los tenía por fábulas, lo que se ponía
10. José Antonio Pagola –II. Jesús histórico en mi activo de progresista. De hecho, yo no me atrevía dema-
siado a plantear el problema de la historicidad, ampliamente
–Bueno, a ver si me voy enterando de quién es este Jesús de puesto en duda… Fue en 1980 cuando me atreví a abordar el
Nazaret. estudio específicamente histórico de estos Evangelios. Con él
se disiparon las dudas nocivas… Este retorno a la evidencia
–Con el libro de Pagola le va a ser muy difícil. Permítame que ha sido un perjuicio para mi reputación. Me encontré etiqueta-
le recomiende el Catecismo de la Iglesia Católica. do de fundamentalista: como autor a desaconsejar».
El nacimiento de Jesús. Pagola, en su «aproximación Desde hace treinta años, no apoya Laurentin la descali-
histórica» a Jesús, nada nos dice acerca de su nacimiento, ficación histórica de los Evangelios de la infancia, sino
como si el tema no tuviera importancia o como si la Igle- todo lo contrario.
sia no tuviera documentos históricos ciertos sobre el mis-
La Virgen María. En las ocho primeras ediciones de
mo. Él deja a un lado los evangelios de la infancia, pues
su libro sobre Jesús niega Pagola la virginidad de María.
no los considera información histórica válida, y se aproxi-
«Los evangelios nos informan de que Jesús tiene cuatro
ma a Jesús a partir de su bautismo en el Jordán.
hermanos que se llaman Santiago, José, Judas y Simón, y
«Tanto el evangelio de Mateo como el de Lucas ofrecen en también algunas hermanas»… Y añade en nota: «Meier,
sus dos primeros capítulos un conjunto de relatos en torno a la
concepción, nacimiento e infancia de Jesús. Son conocidos tra-
tal vez el investigador católico de mayor prestigio en estos
dicionalmente como “evangelios de la infancia”. Ambos ofre- momentos, después de un estudio exhaustivo concluye que
cen notables diferencias entre sí en cuanto al contenido, estruc- “la opinión más probable es que los hermanos y hermanas
tura general, redacción literaria y centros de interés. El análisis de Jesús lo fueron realmente”» (43).
de los procedimientos literarios utilizados muestra que más que En la edición 9ª, vuelve a citar «los estudios de Meier y otros
relatos de carácter biográfico son composiciones cristianas exegetas», que descartan hoy la interpretación más divulgada
elaboradas a la luz de la fe en Cristo resucitado… De ahí que hasta nuestros días, que habla de «primos o parientes cerca-
la mayoría de los investigadores sobre Jesús comiencen su es- nos». Pero añade: «Estas conclusiones hay que situarlas en el
tudio a partir del bautismo en el Jordán» (39). Cita a Holzmann, contexto de una cultura patriarcal basada en la agnatio (des-
Benoit, Vögtle, Trilling, Rigaux, Laurentin, Muñoz Iglesias y cendencia trazada a través de los varones): en esta cultura, lo
Brown. En seguida vuelvo sobre Laurentin. único que se afirma cuando se dice que dos personas son “her-
Del nacimiento de Jesús no sabemos, pues, nada manos” es que tienen el mismo padre. La Iglesia católica siem-
cierto. No le valen a Pagola los testimonios de Mateo y pre ha entendido que estos pasajes no se refieren a otros hijos
Lucas, ni le dice nada el prólogo del evangelio de Juan: «el de la Virgen María» (53). Así podemos comprobarlo en lo que
Verbo se hizo carne». Más aún, eliminando los Evange- el Catecismo dice de la siempre virgen María (499-501).
lios de la infancia, suprime la Anunciación del Señor, la Según Pagola, María se mantiene distanciada de Je-
Llena-de-gracia, el fiat de la Esclava del Señor, la condi- sús durante su ministerio evangelizador. «Llama la aten-
ción virginal de María, José, Zacarías, Isabel, el Ave Ma- ción ver que ninguno de los familiares de Jesús fue segui-
ría, el Benedictus, el Magnificat y el Nunc dimittis, la dor suyo. Solamente después de su muerte, su madre y
Visitación de María, la Natividad de Juan Bautista, la sus hermanos se unieron a los discípulos (Hch 1,14)» (279).
Natividad de Jesús, la Presentación en el Templo, la ma- Más aún, él estima que María pensó que su hijo Jesús
tanza de los Inocentes, la Epifanía, los Reyes magos, la estaba loco, y que lo más conveniente era hacerle aban-
huída a Egipto… Fuera. «Composiciones cristianas» post- donar su ministerio público, y volverse a casa.

40
José María Iraburu
Acerca de aquella escena que narra Marcos 3,20-21.31-35, «Jesús no solo acogió el proyecto de Juan, sino que se adhi-
escribe: «de pronto avisan a Jesús de que han llegado su madre rió a este grupo de discípulos y colaboradores» (76). «Jesús co-
y sus hermanos con la intención de llevárselo, pues piensan menzó a verlo todo desde un horizonte nuevo» (78). Vuelto a
que está loco. Se quedan “fuera”, tal vez para no mezclarse con Nazaret, sorprende a todos su cambio. «Aquel Jesús no era el
ese grupo extraño que rodea a su pariente». Y añade en nota: que habían conocido» (279).
«El episodio ha sido retocado en la comunidad cristiana, pero Benedicto XVI, en su Jesús de Nazaret, advierte que
conserva sustancialmente su núcleo histórico. Después de Pas-
cua, ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar que Jesús
«una amplia corriente de la teología liberal» afirma este
había sido tenido por loco por su propia madre» (226). Pero cambio profundo y brusco de Jesús en el Jordán. Y añade:
Pagola, al parecer, se queda con la apreciación primitiva del epi- «pero nada de esto se encuentra en los textos. Por mucha
sodio, la todavía «no rotocada por la comunidad cristiana», erudición con que se quiera presentar esta tesis, corres-
pues sigue diciendo más adelante: «En un determinado momen- ponde más al género de las novelas sobre Jesús que a la
to, su madre y sus hermanos vinieron para llevárselo a casa, verdadera interpretación de los textos» (46-47).
pues pensaban que estaba loco» (282). La divinidad de Jesús. Pagola rehuye sistemáti-
El Vaticano II afirma, por el contrario, que «la unión de camente aquellos textos del Nuevo Testamento que más
la Madre con el Hijo en la obra de la salvación» se mani- claramente expresan la divinidad de Jesús. No le inte-
fiesta continuamente (LG 57). Y desde el nacimiento, hasta resa saber que Jesús se dice «anterior a Abraham», «Se-
la Cruz y Pentecostés, pasando por Caná, el Concilio va ñor del sábado», capaz de «perdonar los pecados» y de ali-
contemplando esa unión profunda en los diversos miste- mentar a los hombres como «pan vivo bajado del cielo».
rios de la vida del Salvador (55-59). No recoge la palabra de Cristo cuando dice que Él es
Jesús, buscador de Dios, discípulo del Bautista. En «venido del Padre», y que el Padre y Él son «una sola
su aproximación histórica, no alcanza Pagola a discernir cosa», o cuando afirma «Yo soy». Podemos apreciar jus-
en Jesús la divinidad que confiesa la fe católica. Jesús es tamente el rigor metodológico de Pagola si consideramos,
un hombre, muy perfectamente unido a Dios por el amor por ejemplo, cómo se autoriza a ignorar los anuncios
y la fidelidad, pero un hombre. El título del capítulo 3 es que Jesús hizo de su pasión.
bien expresivo: «Buscador de Dios». Él mismo advierte en el Anexo 4 de su libro que entre los va-
«Jesús vivió un período de búsqueda antes de encontrarse rios criterios de historicidad tienen especial fuerza el «criterio
con el Bautista» (63). «Todo lleva a pensar que busca a Dios de testimonio múltiple» y el «criterio de dificultad». Pues bien,
como “fuerza de salvación” para su pueblo… Jesús no tiene to- en los tres anuncios que hace Cristo de su pasión, primero (Mc
davía un proyecto propio cuando se encuentra con el Bautista. 8,31-33; Mt 16,21-23; Lc 9,22), segundo (Mc 9,30-32; Mt 17,22-
Inmediatamente queda seducido por este profeta del desier- 23; Lc 9,43-45) y tercero (Mc 10,32-34; Mt 20,17-19; 18,31-34), se
to… Es sin duda, el hombre que marcará como nadie la trayecto- da el criterio histórico del testimonio múltiple y coincidente.
ria de Jesús» (64). En ese encuentro del Jordán se producirá «la Pero además, en segundo lugar, se da también el criterio de di-
“conversión” de Jesús… Para Jesús es un momento decisivo, ficultad, ya que es impensable que los evangelistas, conocien-
pues significa un giro total en su vida» (73-74). «Jesús quiere do la suma veneración que los cristianos primeros tenían por
los Apóstoles, se atrevieran a inventar unos relatos, no aconte-
cidos, que los dejan en una posición tan lamentable: ellos «no
entendieron nada de lo que Él decía, y no se atrevían a pregun-
tarle». Y Simón Pedro, el más prestigioso, recibe de Cristo estas
palabras durísimas: «¡apártate de mí, Satanás! Tú piensas se-
gún los hombres, no según Dios».
Estas escenas, pues, tienen una garantía absoluta de
historicidad. Pero Pagola no lo estima así, y en su aproxi-
mación histórica a Jesús ignora por completo esos tres
anuncios de la pasión. Sencillamente, no encajan en su
ideología sobre Jesús, pues si mostrase que Él pre-co-
nocía su muerte y que la anunciaba con toda seguridad a
sus discípulos, haría con eso demasiado manifiesta la rea-
lidad de su personalidad divina. Consiguientemente, esos
textos no son históricamente válidos. Los omite, pues,
tranquilamente, para poder darnos en cambio una des-
cripción muy diversa del estado de ánimo de Jesús ante la
proximidad de su muerte, como en seguida veremos.
concretar su “conversión”, y lo hace tomando una primera de- Omite Pagola igualmente, como ya sabemos, todos los
terminación: en adelante se dedicará a colaborar con el Bau- más altos textos del Nuevo Testamento sobre la majestad
tista en su servicio al pueblo» (75). divina de Cristo. Ignora, por ejemplo, el prólogo de San
Pero si nada cierto sabe Pagola acerca de Jesús antes Juan: «el Verbo era Dios, Él estaba desde el principio en
de su bautismo, ¿cómo puede afirmar que Él experimentó Dios, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.
«un giro total en su vida» al encontrarse con Juan? ¿Co- Hemos visto la gloria del Unigénito del Padre. Dios Uni-
noce, acaso, Pagola qué pensaba y qué quería Jesús an- génito, que está en el seno del Padre, ése nos lo ha dado a
tes de ese encuentro?… Sería bueno que nos comunicara conocer». El rigor científico de su estudio histórico sobre
las fuentes históricas que le permiten darnos esa informa- Jesús no le permite tampoco conocer y reconocer los gran-
ción. Tampoco alcanzamos a saber cómo Pagola, en su diosos himnos cristológico-litúrgicos de San Pablo, de me-
«aproximación histórica» a Jesús, llega a conocer que se diados del siglo I, como los de Filipenses, Colosenses, Efe-
hizo discípulo de Juan el Bautista. No podemos menos de sios; o el comienzo sobrecogedor de la carta a los He-
sospechar que ambas afirmaciones son «creaciones» ideo- breos.
lógicas suyas, sin base histórica alguna:
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José María Iraburu
Jesús es «Buscador de Dios» (cp. 3), es «Creyen- Pero debe ser rechazado totalmente por los católicos,
te fiel» (cp. 11). Habla Pagola muchas veces de Jesús que confesamos a Jesús, proclamándolo «un solo Señor
como de un creyente fiel, pues «también él tiene que vivir Jesucristo, nacido del Padre antes de todos los siglos, por
de la fe» (456). Sin embargo, por mucho que investigue- quien todo fue hecho, que por obra del Espíritu Santo se
mos en las fuentes históricas sobre Jesús no hallamos nunca encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre».
texto alguno en el que se afirme que Jesús «creía» en
Dios. Hallaremos, por el contrario, afirmaciones de que
Jesús ve al Padre y da testimonio de lo que ve (Jn 1,18;
3,11; 6,46). Más aún, encontraremos que Cristo exige fe
en su propia persona: «creéis en Dios, creed también en
mí» (Jn 14,1). Él se aplica incluso las palabras que Dios
dice de sí mismo: «Yo soy» (Jn 8,24.28.58), y llega a afir-
mar: «si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros peca-
dos» (Jn 10,33). Por eso los judíos, que no eran tontos, en-
tendían bien en qué sentido hablaba de sí mismo Jesús, y
por eso pretendían matarlo: «tú, siendo hombre, te haces (78)
a ti mismo Dios» (Jn 10,33).
Pagola, hablando de Jesús, del «creyente fiel», alude 11. José Antonio Pagola –III. Jesús histórico
con mucha frecuencia a «su profunda experiencia de Dios»
(473). Y como advierte al tratar de la condena a muerte –Y entonces ¿qué es lo que en realidad quiso hacer Jesús en
del Señor, «en ningún momento manifiesta pretensión este mundo?
alguna de ser Dios» (379). –Ahora se lo explico, afirmando lo contrario de lo que dice
En la edición 9ª, retira Pagola esa frase, pero deja escrito que Pagola.
«Jesús nunca se pronunció abiertamente sobre su persona» El proyecto de Jesús. Se acerca Pagola a los Evan-
(391). Y sigue afirmando que «aunque, según el relato, Jesús es gelios –¿a dónde si no?– y buscando buscando qué es lo
condenado por “blasfemo” al haberse proclamado Mesías, Hijo que Jesús de Nazaret intenta cuando emprende su misión
de Dios e Hijo del hombre, la composición de estos tres grandes pública en Israel, halla lo que sigue:
títulos cristológicos que constituían el núcleo de la fe en Jesús,
expresada en el lenguaje cristiano de los años sesenta, nos está «Dios tiene un gran proyecto. Hay que ir construyendo una
indicando que estamos ante una escena que difícilmente pue- tierra nueva, tal como la quiere él. Se ha de orientar todo hacia
de ser histórica. Jesús no es condenado por nada de esto» una vida más humana, empezando por aquellos para los que la
(391). vida no es vida. Dios quiere que rían los que lloran y que coman
los que tienen hambre: que todos puedan vivir.
Ateniéndonos a Pagola, tendremos, pues, que dejar a un
«Si algo desea el ser humano es vivir, y vivir bien. Y si algo
lado los intentos homicidas de los judíos contra Cristo, busca Dios es que ese deseo se haga realidad. Cuanto mejor vi-
porque «decía a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios» ve la gente, mejor se realiza el reino de Dios […] Cualquier otra
(Jn 5,18). Y habremos de renunciar también a la histo- idea de un Dios interesado en recibir de los hombres honor y
ricidad de aquellas terribles frases: «Ha blasfemado. Voso- gloria, olvidando el bien y la dicha de sus hijos e hijas, no es de
tros habéis oído su blasfemia. Y ellos dijeron: es reo de Jesús» (324).
muerte» (Mt 26,65-66). En fin, el libro de Pagola tiene En esa última frase tenemos un ejemplo de la dialécti-
542 páginas; y es cierto que en algunas pocas dice que ca de los contrarios, muy frecuente en todo el libro de
«Jesús es la encarnación de Dios», el «hombre en el Pagola. Según ella, para mejor conocer la verdad, hay que
que Dios se ha encarnado» (7). También afirma que en-frentar extremos aparentemente contrapuestos, para
«Para los cristianos, Jesús no es un “dios griego”. Proclamar- optar por uno, rechazando el otro. No es el et-et, sino el
lo “Hijo de Dios” no es una apoteosis como la que se cultiva en aut-aut. A Dios no le interesa que los hombres le glorifi-
torno a la figura del emperador. Es intuir y confesar el misterio quen o que los hombres se salven del pecado y vivan san-
de Dios encarnado en este hombre entregado a la muerte solo tamente. Lo que realmente quiere es que los hombres,
por amor. Jesús es verdadero hombre; en él ha aparecido lo que fraternalmente unidos, haciéndose unos el bien a otros,
es realmente ser humano: solidario, compasivo, liberador, servi-
dor de los últimos, buscador del reino de Dios y su justicia… Es
vivan todos felices. Y ése es el Reino que Jesús de Nazaret
verdadero Dios; en él se hace presente el verdadero Dios, el pretende establecer en la humanidad.
Dios de las víctimas y los crucificados, el Dios Amor, el Dios La doxología –la glorificación de Dios– apenas es
que solo busca la vida y la dicha plena para todos sus hijos e afirmada por el Jesús de Pagola. Y cuando éste lo hace
hijas, empezando siempre por los crucificados» (460). de paso, como lo vimos hace un momento, es siempre en
Sin embargo, son tantas las páginas en las que omite o formas reticentes. Sin embargo, Jesús dice al Padre, «yo
niega Pagola los fundamentos bíblicos histórico-textuales te he glorificado sobre la tierra, cumpliendo la obra que
en los que se apoya la enseñanza de la Iglesia sobre la me encomendaste realizar» (Jn 17,4).
divinidad de Jesucristo, que esas pocas frases no logran Y el Apóstol entiende que todos los males de la humanidad
hacernos creer que su presentación de Jesús sea confor- proceden precisamente de que los hombres «no glorificaron» a
me con la genuina fe católica. El Jesús que muestra Pagola Dios, y «sirvieron a la criatura en lugar de al Creador» (Rm 1).
en su extenso libro, el «discípulo del Bautista», «buscador Toda la Biblia nos asegura que el mundo fue creado primera-
de Dios», «creyente fiel», el hombre que tiene «profunda mente para la gloria de Dios. Por eso en ella doxología y sote-
experiencia de Dios», y en el que está presente Dios de riología son inseparables y se potencian mutuamente. La norma
es clara: «hacedlo todo para gloria de Dios» (1Cor 10,31). Sin
modo muy especial, podría ser aceptado sin dificultades embargo, como digo, las pocas veces que Pagola toca el tema
mayores por los arrianos (s. IV), por los nestorianos (s. de la glorificación de Dios es en forma diminutiva, y contrapo-
V) o por los adopcionistas (s. IX). niéndole el empeño por hacer el bien temporal a los hombres.

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José María Iraburu
La soteriología –la salvación de los pecadores– tam- Evidentemente, esta doctrina es puramente una «crea-
poco es intención central de Cristo. En el extenso libro ción» ideológica de Pagola –y de tantos predecesores y
de Pagola apenas se menciona el pecado y el poder del compañeros suyos de camino teológico–. No sólo se opo-
Demonio sobre el mundo. No viene Jesús del cielo para ne frontalmente a la doctrina dogmática de la Iglesia,
«quitar el pecado del mundo» y para «vencer al Demo- sino que carece de todo fundamento en las fuentes his-
nio», sino para aliviar a la humanidad de tantos sufrimien- tóricas documentales que hacen posible la aproximación
tos que la oprimen. Describe Pagola detenidamente los histórica a Jesús.
muchos males temporales que oprimían al pueblo judío, y Jesús llama a conversión y al perdón. Las fuentes
una y otra vez declara que «lo que le preocupa a Dios es históricas que tenemos sobre Jesús afirman ciertamente
liberar a las gentes de cuanto les deshumaniza y les hace lo contrario. En los Evangelios y en todo el Nuevo Testa-
sufrir» (96). Dice también Pagola que hay una profunda mento se afirma una y otra vez que el nacido de María
diferencia de perspectiva entre el Bautista y Cristo. El será llamado «Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus
mensaje de Juan era duro, y exigía la conversión de los pecados» (Mt 1,21); se asegura que Él ha sido enviado
pecados para llegar a la reconciliación con Dios. En cam- para «llamar a conversión a los pecadores», haciendo po-
bio, el Evangelio que Jesús trae al pueblo es completa- sible esa conversión por su gracia. Y Él mismo advierte,
mente diferente: «Jesús abandona el lenguaje duro del de- con tanto amor como fuerza: «si no os convertís, todos
sierto [el de Juan]. El pueblo debe escuchar ahora la Bue- moriréis igualmente» (Lc 13,3). Ya expuse anteriormente
na Noticia. Su palabra se hace poesía. Invita a la gente a (08 y 09) cómo en los Evangelios, en las parábolas y pre-
mirar la vida de manera nueva. Comienza a contar pará- dicaciones de Jesús hay siempre una fuerte tensión sote-
bolas que el Bautista jamás hubiera imaginado. El pueblo riológica. Urge la conversión, advirtiendo a los que siguen
queda seducido» (80). el camino ancho del mundo y de la carne, que llevan ca-
Jesús perdona a los pecadores sin condiciones. Los mino de condenación, y que están conducidos por el Pa-
acoge, simplemente, en su amistad. Una y otra vez afirma dre de la mentira, el Diablo.
Pagola que Dios perdona «sin condiciones», que «no ex- El hijo pródigo
cluye a nadie», que «acoge a todos». Como dice la Nota vuelve a su casa
de la Comisión episcopal de la Fe, «Jesús habría prac- arrepentido: «pa-
ticado un “perdón-acogida”, pero no un “perdón-absolu- dre, pequé contra
ción” […y de este modo] hace irrelevante la respuesta el cielo y contra
libre del hombre» (n. 16). ti; no merezco ser
llamado hijo tu-
«A estos pecadores que se sientan a su mesa, Jesús les ofre- yo» (Lc 15,21).
ce el perdón envuelto en acogida amistosa. No hay ninguna Jesús manda a la
declaración; no les absuelve de sus pecados; sencillamente los pecadora: «vete y
acoge como amigos» (205). «Ofrece el perdón sin exigir previa- no peques más»
mente un cambio. No pone a los pecadores ante las tablas de la (Jn 8,11). Y la pre-
ley, sino ante el amor y la ternura de Dios […] Este perdón que dicación de los
ofrece Jesús no tiene condiciones […] solo quedan excluidos Apóstoles, desde
quienes no se acogen a su misericordia» (208). «Este no es el el principio, con-
Dios vigilante de la ley, atento a las ofensas de sus hijos, que le tinúa la de Cristo.
da a cada uno su merecido y no concede el perdón si antes no Así San Pedro en
se han cumplido escrupulosamente unas condiciones. Este es el día de Pente-
el Dios del perdón y de la vida; no hemos de humillarnos o auto- costés: «conver-
degradarnos en su presencia» (323). tíos y bautizaos
Según esto, el arrepentimiento y la confesión de las cul- todos en el nom-
pas, lo mismo que el propósito de la enmienda, no solo son bre de Jesucris-
en el pecador actos superfluos para llegar a la amistad to, para que se os
con Dios, sino que son auto-degradantes. Lutero ya ha- perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo» (Hch 2,38).
bía enseñado que al pecador le basta para la justificación A San Pablo le encomienda el mismo Jesús su misión apostólica
poner su fe fiducial en Jesús. Sin otras condiciones. Pagola en estos términos: «Yo te envío para que les abras los ojos, se
conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a
va más lejos: no solo es innecesaria la conversión para Dios, y reciben el perdón de los pecados y parte en la herencia
conseguir el perdón de los pecados; más aún, ni siquiera de los consagrados» (Hch 26,18). Los mensajes que a fines del
es necesaria para la salvación la fe en Cristo, ni la reli- siglo I envía el Resucitado glorioso a las siete iglesias de Asia,
gión. Pagola, por ejemplo, cuando recuerda el Juicio final por medio de su discípulo Juan (Apoc 2-3) son fortísimas llama-
(Mt 25,31-46), explica que el hombre se salva haciendo das a la conversión, que van siempre unidas a grandes ofreci-
obras buenas, no por gracia, no por don gratuito de Dios. mientos de gracia y salvación: «Considera de dónde has caído,
Es decir, se salva él mismo. Al menos esto es lo que él y arrepiéntete… Yo les he dado tiempo para que se arrepintie-
descubre en su «aproximación histórica» a Jesús: sen, pero no quieren arrepentirse de su fornicación… Someteré
a sus compañeros de adulterio a una prueba terrible, si no se
«Los que son declarados “benditos del Padre” no han actua- arrepienten de sus obras, y a sus hijos los haré morir, y conoce-
do por motivos religiosos, sino por compasión. No es su reli- rán todas las iglesias que yo soy el que escudriña los corazones
gión ni la adhesión explícita a Jesús [por la fe] lo que los condu- y que os daré a cada uno según sus obras… Estoy para vomitarte
ce al reino de Dios, sino su ayuda a los necesitados. El camino de mi boca… Mira, que estoy a la puerta y llamo. Si alguno es-
que conduce a Dios no pasa necesariamente por la religión, el cucha mi voz y me abre la puerta, yo entraré a él y cenaré con él
culto o la confesión de fe, sino por la compasión hacia los “her- y él conmigo».
manos pequeños”» (193). Por eso Dios no excluye a nadie: «es
el Padre de todos, sin discriminación ni exclusión alguna. No La verdad histórica del Nuevo Testamento y la fe cató-
pertenece a un pueblo privilegiado. No es propiedad de una lica, en perfecta unidad, enseñan que Jesús da a los pe-
religión. Todos lo pueden invocar como Padre» (328). cadores la gracia de la conversión y la gracia del per-
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José María Iraburu
dón. Enseñan que si un pecador rechaza la gracia de la fuerza para regenerar a la persona desde sus raíces, su capaci-
conversión, negándose al arrepentimiento y obstinándose dad para contagiar su fe en la bondad de Dios. Su poder para
deliberadamente en sus pecados, rechaza también la gra- despertar energías desconocidas en el ser humano creaba las
cia del perdón gratuito de Dios. Ésta es la fe de la Iglesia condiciones que hacían posible la recuperación de la salud»
católica, perfectamente fundamentada en los testimonios (165).
históricos documentales de la enseñanza de Cristo y de Ya me dirán ustedes cómo esa terapia del Jesús de
sus Apóstoles. Solo negando la historicidad de esos testi- Pagola puede dar la vista a un ciego de nacimiento, cómo
monios, puede Pagola atreverse a dar su doctrina sobre es capaz de sanar a distancia a un moribundo, o de resu-
la relación de Cristo con los pecadores. citar a Lázaro, un muerto de cuatro días, que ya olía mal.
Los milagros. Jesús hizo durante su ministerio pú- Hay que reconocer que, si se cree, aunque sólo sea un
blico formidables milagros para suscitar la fe en Él y poquito, en la historicidad de los Evangelios, no hay modo
por compasión a los hombres (Mc 6,556; Mt 14,35-36). Él de eliminar la diferencia absoluta que en ellos se mani-
mismo dice en varias ocasiones a los judíos que, viendo fiesta entre sanaciones de enfermedades y exorcismos
las obras que el Padre le da hacer, deben creer en Él (Jn de posesos: son acciones de Jesús patentamente diver-
5,36). Y los Apóstoles predican a Jesús alegando sus mi- sas. Y de hecho Él, durante su ministerio público, envía a
lagros: «Jesús de Nazaret, varón acreditado por Dios en- los apóstoles a predicar la conversión, a sanar enfermos
tre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios y a expulsar demonios (Mc 6,12-13; Mt 10,1). Pero to-
hizo por él en medio de vosotros, como vosotros mismos das estas dificultades, obviamente, se superan sin proble-
sabéis» (Hc 2,22; cf. 10,37-39). En realidad, los Evange- ma alguno negando la historicidad de los textos evangéli-
lios se componen de palabras y de milagros de Cristo, cos aludidos.
que muchas veces, sobre todo en San Juan, se explican y
autorizan mutuamente. Sin embargo, Pagola ignora prác-
ticamente esos milagros que son centrales en la revela-
ción del Enviado de Dios.
–Los grandes milagros obrados por Jesús sobre la
naturaleza, multiplicar los panes, calmar la tempestad,
resucitar muertos, dar la vista a un ciego de nacimiento,
etc., son prácticamente ignorados por Pagola. No se mo-
lesta en referirlos, quizá pensando que ya el propio lector,
habiendo asimilado su «aproximación histórica» a Jesús,
se dará perfecta cuenta de que se trata de ficciones lite- (79)
rarias postpascuales, que expresan una teología primitiva.
–Los milagros de Cristo fueron innumerables. Sus 12. José Antonio Pagola –IV. Jesús histórico
mismos enemigos lo reconocen: «¿qué hacemos con este
hombre, que hace muchos milagros?» (Jn 11,47). Realizó, –Perdone, padre, pero es que «una cosa es un estudio histó-
por supuesto, muchos más milagros que los referidos en rico y otra un tratado teológico».
los Evangelios (Jn 20,30). En el Evangelio de San Mar- –Tu quoque fili mi?… Casi ochenta artículos conmigo, y aho-
cos, de 666 versículos, 209 (un 31 %) se refieren a mila- ra me sale con eso… ¿O lo dice en broma?
gros; y esta proporción aumenta (47%) si miramos solo La última cena ni es pascual, ni instituye la Eucaris-
sus diez primeros capítulos, antes de llegar al ciclo de la tía. Cuando Jesús se reúne al final de su vida con sus
pasión. Sin embargo, cuando Pagola se aproxima históri- apóstoles, según Pagola, no celebra una Pascua renova-
camente a Jesús, elude todo lo que puede los milagros de da, ni instituye una Alianza Nueva sellada en su sangre, ni
Cristo. Descubre, por ejemplo, que «Jesús solo realizó un un sacrificio expiatorio para la remisión del pecado del
puñado de curaciones y exorcismos» (175), en los cuales, mundo, ni tampoco establece un acto litúrgico que, como
por cierto, él al parecer no cree, ya que la Pascua judía, ha de ser actualizado siempre, en memo-
–los exorcismos de Cristo no expulsaban demonios ria suya, hasta su vuelta al final de los tiempos. «Lo que
de los hombres: hace es organizar una cena especial de despedida con sus
«…practicó exorcismos liberando de su mal a personas consi- amigos y amigas más cercanos… Al parecer, no se trata
deradas en aquella cultura como poseídas por espíritus malig- de una cena pascual» (363). «Probablemente no es una
nos» (474). «En general, los exegetas tienden a ver en la “pose- cena de Pascua» (364).
sión diabólica” una enfermedad» (169), aunque los campesinos Esta falsificación enorme que hace Pagola de la Euca-
de Galilea no lo entendían así. «Probablemente es más acertado ristía dista años luz de la fe católica. La Eucaristía, «el
ver en el fenómeno de la posesión una compleja estrategia utili-
zada de manera enfermiza por personas oprimidas para defen-
centro y el culmen» de toda la vida de la Iglesia, según
derse de una situación insoportable» (170). Hay que entender fórmula feliz del Vaticano II, en el Jesús de Pagola queda
los exorcismos, por lo que se ve, en el marco de la teología de la prácticamente nadificada. Lo que sí es cierto es que «Je-
liberación. Por otra parte, Pagola no puede creer realmente en sús vivía las comidas y cenas que hacía en Galilea como
los exorcismos, pues para él Satán es sólamente «el símbolo del símbolo y anticipación del banquete final en el reino de
mal»… «la personificación de ese mundo hostil que trabaja con- Dios» (364). Algo es algo.
tra Dios y contra el ser humano» (98). Cristo no pre-conoce su muerte, ni la entiende como
–La sanación de los enfermos tampoco es descrita un sacrificio de expiación. No quiere Pagola reconocer
propiamente por Pagola como un «milagro»: que Jesús avanza hacia su muerte libremente, con un do-
«Lo decisivo es el encuentro con el curador. La terapia que minio sobrehumano, y que la anuncia varias veces a sus
Jesús pone en marcha es su propia persona: su amor apasiona- discípulos. No admite estos anuncios de su muerte, aun-
do a la vida, su acogida entrañable a cada enfermo o enferma, su que consten, según lo comprobamos, por el testimonio
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José María Iraburu
unánime de los evangelistas sinópticos (77). Y también 5,8; etc.). Y que se sigue predicando hoy (Catecismo 599-
por el testimonio de San Juan: «nadie me quita la vida; soy 623).
yo quien la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y Los relatos evangélicos de la pasión no son históri-
poder para volver a tomarla» (Jn 10,17-18). El anuncio cos, según Pagola, prácticamente en nada.
exacto de su muerte es demasiado divino, y por eso no es
histórico, es pura creación literaria de apóstoles y evan- «Las noticias de Marcos y de Juan, que presentan a los fari-
seos buscando la muerte de Jesús, no son creíbles histórica-
gelistas. mente» (338). «En realidad, todo hace pensar que esta compare-
«Era inevitable que, en su conciencia, se despertaran no po- cencia de Jesús ante el Sanedrín nunca tuvo lugar» (377).
cas preguntas: ¿cómo podía Dios llamarlo a proclamar la llegada «¿Hubo realmente un proceso ante el prefecto romano?… el
decisiva de su reinado, para dejar luego que esta misión acabara episodio legendario de Barrabás…». Hay que «sospechar que
en un fracaso? ¿Es que Dios se podía contradecir? ¿Era posible nos encontramos ante una composición cristiana y no ante una
conciliar su muerte con su misión?» (349). «Al parecer, Jesús no información histórica» (384). Tampoco las comparecencias de
elaboró ninguna teoría Jesús ante Caifás y ante el pretorio, «probablemente, tal como
sobre su muerte, no hi- están descritas, ninguna de estas dos escenas goza de rigor
zo teología sobre su cru- histórico» (393)… Más aún:
cifixión… Jesús no in-
terpretó su muerte des- La causa de la muerte de Cristo tampoco es la que dicen los
de una perspectiva sa- Evangelios. El Sanedrín no condena a muerte a Jesús «por blas-
crificial. No la entendió femo» (Mt 26,65; Mc 14,64), por declararse «el Hijo de Dios» (Lc
como un sacrificio de 22,70): «estamos ante una escena que difícilmente puede ser
expiación ofrecido al Pa- histórica. Jesús no es condenado por nada de esto» (379). Je-
dre. No era su lenguaje» sús no es condenado por blasfemo, sino por revolucionario, y
(350). Son los primeros más concretamente, por enfrentarse con el régimen sacerdotal
cristianos los que, para del Templo. «De hecho, esta intervención en el templo es lo que
explicar la cruz, se la re- desencadena su detención y rápida ejecución» (358). En fin,
presentan como «sacri- «aunque se ha dicho con frecuencia que la presencia [junto a la
ficio de expiación», co- Cruz] de estas mujeres [María, su madre, y otras] ha podido
mo una «alianza nue- reconfortar a Jesús, el hecho es poco probable» (404). Tampoco
va», establecida en el son históricos los diálogos del Crucificado con su Madre, con
«siervo sufriente» (442). San Juan o con los dos malhechores (405).
La descripción que hace Pagola de Jesús, en su aproxi- Cristo muere turbado y angustiado: «Tú lo puedes todo. Yo
mación a la muerte, nada tiene que ver con la que hace el no quiero morir. Pero estoy dispuesto a lo que tú quieras…
Evangelio. Es contraria. Podríamos traer tantos discursos Quiero vivir» (401-402). Pagola añade en nota: «Esta imagen de
un Jesús turbado y angustiado, caído en tierra para implorar a
y parábolas de Jesús que contradicen su composición ideo- Dios que lo libere de su destino, contrasta fuertemente con la
lógica –los anuncios de su pasión, el asesinato del herede- muerte de Sócrates descrita por Platón. Obligado a tomar vene-
ro de la Viña, «Jerusalén, que matas a los profetas», el no, Sócrates acepta su muerte sin lágrimas ni súplicas patéticas,
Pastor bueno que da su vida por las ovejas, «éste es mi con la certeza de dirigirse al mundo de la verdad, de la belleza y
cuerpo que se entrega, mi sangre que se derrama», etc.–. la bondad perfectas» (401)… Sócrates, según esto, tuvo otra al-
Pero todo sería inútil, si niega la historicidad de los textos tura, otra serenidad ante la muerte que se le impuso.
que podamos aducir. Tampoco son históricos los relatos de la resurrec-
La muerte de Cristo no es voluntad de Dios pro- ción de Cristo, el sepulcro vacío y las apariciones del Re-
vidente. Lo afirma Pagola con insistencia, y argumen- sucitado a sus discípulos.
tándolo de muchos modos. No podemos ni pensar que el
–En cuanto al sepulcro vacío, Pagola estima que
Padre «quisiera» la muerte de Cristo, ni que dispusiera li-
bremente reconciliarse con la humanidad por el sacrificio …«se trata de un relato tardío… No es fácil saber si las cosas
de la sangre de un inocente. En la cruz no hay ofrenda ni sucedieron tal como se describen en los evangelios» (429)…
sacrificio expiatorio que cumpla un plan divino, sino la «Para muchos investigadores, tampoco queda del todo claro si
las mujeres encontraron vacío el sepulcro de Jesús» (431). «Más
muerte cruel que sufre Jesús por mantenerse a toda costa que información histórica, lo que encontramos en estos relatos
fiel a su misión profética (440-441). es predicación de los primeros cristianos sobre la resurrección
Todo esto es contrario tanto a la historia de la Escritu- de Jesús… Todo hace pensar que no fue un sepulcro vacío lo
ra sagrada como a la fe de la Iglesia. Anuncia Jesús su que generó la fe en Cristo resucitado, sino el “encuentro” que
muerte varias veces a sus discípulos: «se lo decía con vivieron los seguidores, que lo experimentaron lleno de vida
toda claridad» (Mt 8,31). Rechaza violentamente a Simón después de su muerte» (432). «Es más fácil pensar que el relato
Pedro cuando éste se escandaliza de la cruz: «piensas nació en ambientes populares donde se entendía la resurrec-
como los hombres, no según Dios» (Mt 16,22-23). Impide ción corporal de Jesús de manera material y física, como con-
que sus discípulos, llegada la hora, le defiendan: «¿cómo tinuidad de su cuerpo terreno» (433). Evidentemente, «Jesús
tiene un “cuerpo glorioso”, pero esto no parece implicar nece-
entonces se cumplirían las Escrituras, según las cuales sariamente la revivificación del cuerpo que tenía en el momento
debe suceder así?» (Mt 26,54). En Getsemaní hace suya de morir… Para esta transformación radical no parece que el
la voluntad del Padre, «obediente hasta la muerte, y muerte Creador necesite de la sustancia bioquímica del despojo [se
de cruz» (Flp 2,89); obediente a la voluntad del Padre; ¿a refiere el cadáver] depositado en el sepulcro» (433).
la de quién si no?… Reprocha a los discípulos de Emáus: Por otra parte, la permanencia del cuerpo de Cristo en el se-
«¡hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer pulcro durante «tres días» no es un dato cronológico: simple-
todo lo que vaticinaron los profetas! ¿No era necesario mente «significa el “día decisivo”» (414-415). De hecho, en Je-
que el Mesías padeciera?» (Lc 24,25-27). Por lo demás, sús muerte y resurrección son simultáneas: «En el mismo mo-
éste es el Evangelio que, exactamente en esos mismos mento en que Jesús siente que todo su ser se pierde definitiva-
términos, fue predicado desde el principio como mensaje mente siguiendo el triste destino de todos los humanos, Dios
central de la Buena Noticia (Hch 3,18; 1Pe 1,19-20; Rm interviene para regalarle su propia vida» (418). «Dios estaba
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José María Iraburu
con Jesús. Por eso, al morir, se ha encontrado resucitado en sus la “ascensión” de Jesús al cielo… La “ascensión” es una
brazos» (442). composición literaria imaginada por Lucas con una inten-
Pagola, pues, niega la identidad entre el cuerpo muer- ción teológica muy clara» (428-429, nota).
to de Jesús y su cuerpo resucitado, contra los múltiples El acontecimiento de Pentecostés es aún menos
testimonios de los evangelistas (Lc 24, por ejemplo) y con- histórico. Se supone. Hasta el punto que Pagola ni si-
tra la fe profesada por la Iglesia siempre y en todo lugar. quiera se toma la molestia de considerar. Termino ya mi
Los últimos Papas han defendido esta fe con especial em- análisis de la obra.
peño frente a los errores de los últimos tiempos, al ver que El Jesús de Pagola
éstos entraban en el campo católico (Pablo VI, 4-IV-1979; –no es una «aproximación histórica» a Jesús, ya que
Benedicto XVI, 12-IV-2008). Es la fe que Juan Pablo II ignora todas las principales fuentes históricas que ha-
afirma con gran fuerza en su Catecismo: «El misterio de cen objetivamente posible esa aproximación. El Concilio
la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que Vaticano II declara que «la Santa Madre Iglesia firme y
tuvo manifestaciones históricamente comprobadas, como constantemente ha creído y cree que los cuatro Evange-
lo atestigua el Nuevo Testamento» (639), concretamente lios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fiel-
en el «sepulcro vacío» (640) y más aún en «las aparicio- mente lo que Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hom-
nes del Resucitado» (641-644). bres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos,
–Tampoco son históricas las apariciones del Re- hasta el día que fue levantado al cielo» (Dei Verbum 19).
sucitado, que Pagola reduce a meras «experiencias» espi- Pero Pagola niega lo que la Iglesia afirma, y como he-
rituales: mos ido comprobando, niega la historicidad de casi todo el
Los evangelistas «no pretenden ofrecernos información para Evangelio:
que podamos reconstruir los hechos tal como sucedieron, a Niega Pagola la historicidad de todos los relatos sobre la in-
partir del tercer día después de la crucifixión. Son “catequesis” fancia de Jesús, y de todos los grandes milagros –tempestad
deliciosas que evocan las primeras experiencias para ahondar calmada, multiplicación de los panes, ciego de nacimiento, resu-
más en la fe en Cristo resucitado» (417, en nota). Más aún, «los rrección de muertos–. Ignora aquella palabras de Cristo–«ante-
relatos evangélicos sobre las “apariciones” pueden crear en rior a Abraham», «Yo soy», «creed en mí»– y aquellos momen-
nosotros cierta confusión. Según los evangelistas, Jesús pue- tos –como la transfiguración en el monte– que más revelan su
de ser visto y tocado, puede comer, subir al cielo hasta quedar divinidad. Niega la historicidad del ciclo evangélico de la pa-
ocultado por una nube» (417). sión, la cena, los juicios religiosos y civiles sucesivos, la causa
Los cristianos, por lo visto, hemos de recibir con no poca real de su condena, la Virgen y las mujeres al pie de la cruz. Nie-
desconfianza el testimonio de apóstoles y evangelistas so- ga igualmente el ciclo evangélico de la resurrección: el sepulcro
bre Jesús. Eran personas bienintencionadas, sin duda, pero vacío, todas y cada una de las apariciones, y por supuesto la
Ascensión y Pentecostés. Toma, pues, Pagola los Evangelios
incultas; y que, por supuesto, no habían sido iluminados en sus manos y, negando su historicidad, va eliminando casi
por las luces del señor don Manuel Kant, autor de La todas sus páginas. Se queda, pues, con un cinco o un diez por
Religión dentro de los límites de la sola razón (1793). No ciento de ellas. Y muy arrugadas. No más.
incurramos, pues, en «cierta confusión» que Pagola nos Desconfía Pagola de la mayor parte del Evangelio y del
quiere evitar: no hay propiamente apariciones del Resu- resto del Nuevo Testamento, que tantas noticias históri-
citado, sino experiencias interiores de los cristianos pri- cas da sobre el Señor. No está, pues, en condiciones de
meros, que después de la muerte de Jesús, captan su pre- hacer un estudio histórico sobre Jesús, ya que rechaza
sencia viva. Por otra parte, casi todas las principales fuentes históricas documenta-
«el esquema de Lucas limitando las manifestaciones del resu- les: el testimonio de los apóstoles, que vivieron durante
citado a cuarenta días es meramente convencional» (420, nota). años con Él como compañeros, y el de los discípulos di-
«En algún momento caen en la cuenta de que Dios les está rectos de los apóstoles.
revelando al crucificado lleno de vida» (423). «Hemos de apren-
der a leer correctamente estos textos viendo en esas escenas –No es tampoco una «cristología», un estudio teoló-
tan gráficas no descripciones concretas sobre lo ocurrido, sino gico, ni lo pretende. Para ser teología, al menos para ser
procedimientos narrativos que tratan de evocar, de alguna ma- teología católica, tendría que fundamentar su estudio en
nera, la experiencia de Cristo resucitado» (425, nota). No vaya- Tradición, Escritura y Magisterio, que «de tal modo están
mos, pues, a creer que los Evangelios nos dan el testimonio de unidos entre sí, que ninguno puede subsistir sin los otros»
lo que apóstoles y evangelistas habían «visto y oído». (Dei Verbum 10).
Por tanto, las apariciones y diálogos de Cristo con Ma- –El Jesús de Pagola es, pues, una composición ideo-
ría Magdalena, con los de Emaús, con Pedro y con los lógica, que desfigura a Cristo y al cristianismo. Partiendo
Doce, con «más de quinientos hermanos, de los cuales casi siempre de otros autores precedentes –protestantes
muchos viven todavía» (1Cor 15,5-6), son siempre com- liberales, modernistas, exegetas racionalistas, progresis-
posiciones literarias y catequéticas, creadas por quie- tas, liberacionistas, etc.–, enseña una ideología arbitraria
nes «llevan ya cuarenta o cincuenta años viviendo de la fe sobre Cristo, la Iglesia, la Virgen, la Eucaristía, la conver-
en Cristo resucitado» (424). [Nota: la 1Cor es del año 54- sión, el perdón, el sacerdocio ministerial, el sacrificio ex-
57]. No proporcionan, pues, datos válidos para fundamen- piatorio de la Nueva Alianza, las normas morales, la nece-
tar una «aproximación histórica» a Jesús. De esto modo sidad de la fe y de los sacramentos, etc., claramente in-
Pagola, sin esforzarse demasiado, niega todo lo que la conciliable con la fe católica.
Iglesia, con especial empeño en los últimos años, afirma Conclusión. Hago mía la que formula la Nota de la Co-
acerca de las apariciones del Resucitado. Véase la afir- misión Episcopal de la Doctrina de la Fe al final de su
mación fortísima que hace el Catecismo de la Iglesia so- estudio sobre el Jesús de Pagola, donde dice entre otras
bre la autenticidad histórica de las apariciones (641-644). cosas:
La Ascensión del Señor a los cielos, por supuesto, «El Autor parece dar a entender que, para mostrar la historia
no es histórica: «Lucas es el único evangelista que narra se debe dejar de lado la fe, logrando como resultado una histo-
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José María Iraburu
ria que es incompatible con la fe»… Este mal resultado proce- Zeitung hace un año el 4 de febrero de 2011, y hace unos
de también de «reconstruir una historia, a partir de un uso arbi- días difundido ampliamente, quizá con motivo de la próxi-
trario de los evangelios, que resulta incompatible con la fe. Si el ma visita del Papa a Alemania, para ir preparando el am-
“Jesús histórico” que muestra el Autor es incompatible con el biente.
Jesús de la Iglesia, no es porque ésta haya inventado, con el
pasar del tiempo, a un Jesús diferente del que aconteció, sino El escrito, aprovechando que el río Pisuerga pasa por
porque la “historia” que se propone es una historia falseada, Valladolid, parte de «los abusos sexuales a niños y jóve-
aunque ésa, ciertamente, no sea su intención» (n. 20). nes cometidos en el Colegio Canisio de Berlín por sacerdo-
Ocho ediciones de esta obra se difundieron rápidamen- tes y miembros de órdenes religiosas». Aquel horror ha
te (2007-2008), y la novena, «renovada» (2008), casi idén- sumido desde hace un año a la Iglesia Católica en Alema-
tica a las anteriores, con el nihil obstat del Obispo de San nia «en una crisis sin precedentes», ocasionando en mu-
Sebastián, Mons. Uriarte, fue «retirada» de las librerías chos cristianos el convencimiento de que «son necesarias
por la propia Editorial, aunque de hecho se siguió vendien- reformas profundas». Como «no se vislumbran apenas re-
do en no pocas librerías. Posteriormente ese nihil obstat formas que miren al futuro», éstas que los firmantes propo-
fue anulado por la Congregación romana de la Fe. nen son tan necesarias y urgentes que, si no fueran acogi-
das, «un silencio sepulcral echaría por tierra las últimas
esperanzas», y «no significaría más que la calma de la tum-
ba». Tremenda situación.
¿Y cuáles son esas reformas «profundas» tan urgen-
tes? ¿Reafirmar la divinidad de Jesucristo, su condición
única de Salvador, la virginidad de María, la fe en la Igle-
sia como «sacramento universal de salvación», la distin-
ción real entre sacerdocio ministerial y común? ¿O se in-
tenta recuperar la misa dominical, la oración y los sacra-
mentos, especialmente el de la penitencia, casi extingui-
do? Etc.
(60-2)
No. La salvación de la Iglesia exige absoluta y urgente-
13. Son teólogos que han perdido la fe mente «la renovación de las estructuras eclesiales». Es
imprescindible que haya «más estructuras sinodales en
todos los niveles de la Iglesia». Es absolutamente necesa-
–O sea que ahora intercala usted aquí el (60 -2). Lo que falta- rio afirmar con más fuerza la libertad de conciencia, la
ba. ¿No convendría que le vieran?
opción por la justicia y los pobres, la participación de los
–Una serie de artículos puede ordenarse por la cronología, fieles en la elección de Obispos y párrocos, el reconoci-
por su orden numérico o por los temas tratados, como lo hago miento de que «la Iglesia necesita también sacerdotes
yo esta vez. ¿Pasa algo?
casados y mujeres en dignidades eclesiásticas», la no ex-
He examinado hasta aquí a unos pocos teólogos de ha- clusión (se entiende, de la Eucaristía) de las parejas adúl-
bla hispana, como ejemplos de disidencia moderada, aun- teras o de las parejas homosexuales. Todo metido en un
que a veces no tan moderada, dentro del campo teológico mismo saco.
de la Iglesia católica. Pero en ese campo se dan también Manifiestos como éste ha habido docenas desde hace medio
con relativa frecuencia teólogos que han perdido la fe siglo. La Kirche 2011 es una continuación de la Declaración de
católica. Voy a tratar brevemente del tema partiendo de Colonia, firmada en 1989 por 220 «teólogos» y con-firmada en-
una anécdota reciente. tonces por 62 «teólogos» de España, que también se han adhe-
«Kirche 2011. Ein notwendiger Aufbruch» (Igle- rido a este manifiesto de 2011. Continúa también la iniciativa
sia 2011. Una salida necesaria) es un manifiesto –uno Somos Iglesia de 1995, y está en la línea de otras muchas. Por
falta de Declaraciones y abajofirmantes no queda. En España, la
más– firmado por unos 150 profesores de teología de Ale- Asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII las producen
mania, Suiza y Austria, publicado en el diario Süddeutsche anualmente.
Y es notable que los apologistas que hoy
salen al frente de los errores anti-católicos y
de estos manifiestos-basura suelen ser mu-
chas veces laicos. En tiempos eran algunos
Obispos y teólogos –Ireneo, Agustín, Bellar-
mino– quienes con más fuerza y autoridad sa-
lían a defender públicamente la fe y la disciplina
de la Iglesia. Hoy cumple esa misión el Papa,
pero más bien suelen con él ser laicos, como
Messori, Caturelli, Weigel, Michael O’Brien,
quienes con más fuerza «combaten los buenos
combates por la fe» (1Tim 6,13). Son excepcio-
nes poco frecuentes escritos como aquel de
Mons. Demetrio Fernández, actual Obispo de
Córdoba, sobre el Jesús de Pagola, o artículos
como el de Mons. Schneider, Obispo auxiliar de
Karaganda, Necesitamos un nuevo Syllabus.
En InfoCatólica, concretamente, la Kirche 2011
ha sido enérgicamente rechazada por los laicos Luis
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José María Iraburu
Fernando Pérez Bustamante y por Bruno Moreno, éste prime- Santo Tomás de Aquino enseña que para caer en la
ro en clave jocosa, y después en serio. También ha sido muy herejía basta con negar una sola de las verdades de la
fuerte la crítica del escritor alemán Peter Seewald, el entrevista- fe católica (STh II-II,5, 3). Ateniéndose a la tradición pa-
dor del Cardenal Ratzinger y del Papa Benedicto XVI. Considera trística, lo argumenta así:
a los firmantes «ramas podridas» del árbol de la Iglesia, y ve en
este nuevo bodrio teológico «una acción concertada de fuerzas «El hereje que rechaza un artículo de fe no tiene el hábito
neoliberales que hacen presión para conseguir transformacio- [la virtud] de la fe, ni formada ni informe… El objeto formal de
nes que tendrían por resultado despojar a la Iglesia Católica de la fe es la Verdad primera, manifestada en las sagradas Escritu-
su mismo ser, y por tanto de su espíritu y de su fuerza». Pide ras y en la doctrina de la Iglesia. Por lo tanto, quien no se con-
finalmente la dimisión del portavoz de la Conferencia Episcopal forma ni se adhiere, como a regla infalible y divina, a la doc-
alemana, P. Hans Langendörfe, S. J., que acogió el documento trina de la Iglesia, que procede de la Verdad primera, manifesta-
como una contribución positiva de los firmantes al diálogo con da en las Escrituras, no posee el hábito de la fe, sino que las
los Obispos. cosas de fe las retiene por otro medio diferente». Puede un hom-
bre que no tiene fe reconocer, p. ej., a Dios como Creador único,
Han perdido la fe. No son católicos… En su crítica sin llegar a ese conocimiento por la fe, sino por la sola razón (cf.
llega Bruno Moreno a una conclusión terrible: «muestran Rom 1). No tiene fe, aunque afirma una verdad de fe.
claramente que no tienen fe. Les da igual la doctrina de «Por eso es evidente que quien presta su adhesión a la doctri-
la Iglesia. Es triste decirlo, pero no son católicos»… Esta na de la Iglesia, como regla infalible, asiente a todo lo que ella
afirmación puede parecer excesiva, pero si consideramos, enseña. Por el contrario, si de las cosas que sostiene la Iglesia
aunque sea brevemente, la doctrina católica, se hace ne- admite unas y rechaza otras libremente, entonces no da su
cesario reconocer que es una afirmación exacta. adhesión a la doctrina de la Iglesia como a regla infalible, sino a
–La Escritura afirma que la Esposa de Cristo, «la Igle- su propia voluntad» y juicio.
sia de Dios vivo, es el fundamento y la columna de la «El hereje, pues, que pertinazmente rechaza un artículo [de la
verdad» (1Tim 3,15). Es la Iglesia la que con Dios genera fe] no se halla dispuesto para seguir en todo la doctrina de la
las Escrituras y la única que tiene autoridad infalible para Iglesia –aunque no sería hereje, sino solo un equivocado, si no
interpretarla. Creemos en los cuatro Evangelios canóni- lo hiciera con pertinacia–. Consiguientemente, queda manifies-
cos, y no en los apócrifos, porque la Iglesia así lo enseña. to que el hereje que niega un solo artículo no tiene “fe” de los
otros artículos, sino únicamente “opinión” según su propia
Creemos luego en una y otra verdad revelada en los Evan-
gelios porque así lo entiende la Iglesia, no según el
parecer individual de cada uno. El Vaticano II en-
seña que «Tradición, Escritura y Magisterio de la
Iglesia, según el plan prudente de Dios, están uni-
dos de tal modo que ninguno puede subsistir sin los
otros» (DV 10).
–Los Padres de la Iglesia enseñaban que los
herejes solamente de nombre son cristianos, por-
que no reconociendo la infalibilidad docente de la
Iglesia, no teniéndola por Madre y Maestra, acep-
tando unas verdades y rechazando otras, no tienen
la fe teologal. San Agustín decía que «los que en el
Evangelio creéis lo que queréis, creéis más que en
el Evangelio en vosotros mismos» (Contra Faus-
tum 17,3).
–La teología enseña igualmente que quien no
acepta todas las verdades de fe enseñadas por la
Iglesia es un hereje, pues deja de creer en su auto-
ridad docente apostólica e infalible, y al apartarse
del credo in Ecclesiam, destruye en sí mismo la virtud voluntad». Por el libre examen se abandona la fe teologal y se
teologal de la fe. Y en este sentido, para caer en la herejía pasa a la opinión personal.
viene a ser lo mismo negar una o muchas de las verdades Y en el Ad secundum del mismo lugar: «a todos los artículos
de la fe católica. revelados asiente la fe por un único medio, cual es la Verdad
Podrá, sin duda, haber herejes –protestantes, por ejem- primera, como se nos propone en las Escrituras interpretadas
según la sana doctrina de la Iglesia. Por tanto, quien se aparta
plo– en absoluta buena fe, que por error invencible, cre- de este medio [la autoridad docente de la Iglesia] pierde total-
yendo sinceramente que no es necesaria la mediación de mente la fe (totaliter fide caret)».
la Iglesia para poder prestar adhesión plena a la Escritura
revelada, incurren así en herejía no formal, sino puramen- Es un error grave y muy difundido estimar que alguien
te material, y llegan a tener fe divina, aunque no fe divina es ortodoxo y tiene la fe católica «en casi todo su pen-
católica. Pero resulta casi imposible admitir que tan grave samiento», aunque se desvíe «en unas pocas cuestio-
error pueda ser invencible en católicos especialmente for- nes» de fe y costumbres. En realidad, no tiene la fe cató-
mados. Si el Catecismo de la Iglesia Católica confiesa, lica si no admite toda la doctrina de la Iglesia.
por ejemplo, que la existencia de los ángeles «es una ver- Así es como la Iglesia entiende la naturaleza de la
dad de fe» (328), son ciertamente herejes el párroco, el teó- herejía y del cisma: «Se llama herejía la negación per-
logo o el catequista que niegan esa existencia o la ponen en tinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad (una)
duda. ¿Qué ganamos con silenciar esta verdad? Son cató- que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda per-
licos que han perdido la fe. Y que, con el fervor de conver- tinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la
sos, hacen todo lo posible para que también otros la pierdan. fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pon-
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José María Iraburu
tífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él –Son muchos los que han enseñado y siguen ense-
sometidos» (Código Dº Canónico 751; Catecismo 2089). ñando impunemente durante decenios dentro de la Igle-
Y «el apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren sia verdaderas herejías. Esto lo sabe cualquier católico
en excomunión “latæ sententiæ”» (Código 1364,1). medianamente enterado. No se les aplica la norma esta-
Según esto, muchos teólogos católicos actuales blecida por la Ley de la Iglesia: «debe ser castigado con
son herejes y están excomulgados, pues niegan con una pena justa: 1.-quien enseña una doctrina condenada
pertinacia una o más verdades de la fe católica, como, por el Romano Pontífice o por un Concilio ecuménico… y
por ejemplo, la intrínseca y grave maldad del adulterio o amonestado por la Sede Apostólica o por el Ordinario, no
de la unión estable homosexual. Son muchos, como digo, se retracta» (Código 1371,1). Más aún, algunos de ellos
los teólogos católicos que niegan alguna, varias o todas han sido promovidos a altas funciones eclesiásticas.
las verdades que refiero ahora a modo de ejemplo: la pre- Orate, fratres. Oremos, hermanos, por la conversión
existencia divina del Verbo, la historicidad objetiva de los de los herejes, especialmente por aquellos que se conside-
Evangelios, y concretamente de la resurrección de Jesús, ran y son tenidos por católicos. Corruptio optimi pessi-
la condición única de Cristo como Salvador de los hom- ma. Oremos al Señor para que nuestra propia conversión
bres, la virginidad perpetua de María, la realidad verdade- ayude a la de ellos. Oremos por el pueblo cristiano y fiel,
ra de la Presencia eucarística, la naturaleza y transmisión para que las herejías internas, que tantas veces lo con-
del pecado original, la existencia del purgatorio, de los án- funden y desvían, sean superadas en la Iglesia de Cristo,
geles, de los demonios, la posibilidad de una condenación «fundamento y columna de la verdad», por la doctrina
eterna, la necesidad del sacramento de la penitencia, la con- ortodoxa.
dición sacrílega e inválida de una «Eucaristía» celebrada
por fieles no ordenados, la necesidad de la fe y de las
misiones, y como éstas, otras muchas verdades de la fe.
–No son católicos, sino solo de nombre. Han perdi-
do la fe, y trabajan cuanto pueden para que otros cristia-
nos, cuantos más mejor, también la pierdan. Hoy yo que-
rría para los predicadores apostólicos el celo que mues-
tran los predicadores anti-apostólicos.
–Están excomulgados, aunque no se haya dictado por
parte de la autoridad de la Iglesia ninguna sentencia de
excomunión: incurren en ella latæ sententiæ. Y si son sa-
cerdotes y, estando excomulgados, celebran la Eucaristía
y los sacramentos cometen sacrilegios.
–En aquellos casos en que ciertos teólogos son «here-
jes» es una vergüenza hablar de ellos como teólogos
«disidentes». Los eufemismos no son cristianos, nada tie-
nen que ver con el modo de hablar de Cristo y de los
Apóstoles, como ya vimos (24-26). Solamente valen para
expresar una realidad horrible con unas palabras débiles,
suavizantes, que les quitan gravedad. Solo consiguen re-
vestir una realidad pésima con una apariencia respetable,
impidiendo así su corrección y sanación. El lenguaje eufe-
místico desde hace medio siglo hace estragos en la orto-
doxia eclesial, y especialmente en el campo del ecume-
nismo.
–Muchos teólogos, siendo herejes y excomulgados, han
enseñado y están enseñando durante varios decenios
en Seminarios y Facultades católicas de teología, en novi-
ciados y parroquias, en catequesis y ciclos de conferen-
cias, y a través también de numerosas publicaciones, am-
pliamente difundidas por Librerías católicas, algunas
de ellas diocesanas. Todo esto son hechos innegables.
Cuando la Conferencia Episcopal Española, en la formidable
instrucción pastoral Teología y secularización (30-III-2006),
aprobada en su LXXXVI Asamblea Plenaria, en el 40º aniversa-
rio de la clausura del Concilio Vaticano II, expone y refuta un
amplio elenco de graves errores contra la fe y la moral, expone y
refuta lo que se ha estado enseñando durante 40 años, y en
buena parte se sigue enseñando, en muchos de los centros y
lugares que acabo de aludir. José Ortega y Gasset solía decir
que no es infrecuente el predicador que «desde el púlpito, finge
un maniqueo absurdo para darse el gusto de refutar al mani-
queo». En este caso la Conferencia Episcopal no fingía errores
y herejías, sino que hacía un exacto retrato del natural.

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José María Iraburu
6. Teólogos disidentes y ambiguos (44), 13.
–La disidencia posterior al Vaticano II se inaugura so-
bre todo después de la Humanæ vitæ (1968). –Primero
Índice fue la disidencia tolerada. –Poco después vino la disiden-
cia privilegiada. –Donde se permite la disidencia, se per-
sigue la ortodoxia. –Existe hoy una teología que no es
Introducción, 2. teológica. –Ambigüedades y eufemismos. –En la antigüe-
dad cristiana los errores se proponen con ingenua clari-
dad.
I. Combate muy débil 7. Reprobaciones tardías de graves errores –I (45),
de las doctrinas falsas 15.
–La Autoridad apostólica reprueba a veces tardíamente
Innumerables herejías actuales (39), 3. las doctrinas falsas. –La proscripción de una obra debe
–En los últimos tiempos la Bestia diabólica ataca a la ser lo más rápida posible. –Los Obispos deben asumir
Iglesia con especial fuerza. –La multiplicación de las he- individualmente esa responsabilidad de vigilancia. –La re-
rejías en la Iglesia actual es un hecho evidente. –Pablo VI probación de un autor católico requiere procedimientos
(+1978) –Juan Pablo II (+2005). –El Cardenal Ratzinger. más lentos. –Hay, en fin, reprobaciones de errores tan
–Benedicto XVI. –Nunca la Iglesia ha tenido tantas luces tardías… que todavía no se producen. –La tardanza noci-
de verdad, y nunca ha sufrido una invasión de herejías va en la reprobación de los errores procede entre otras
semejante. causas de la dictadura del relativismo, del horror a la cruz,
del influjo protestante y liberal, de la devaluación de la
2. La Autoridad apostólica debilitada –I (40), 5. verdad, de la supresión de la soteriología.
–Nunca la Iglesia ha tenido tantas luces de verdad, y 8. Reprobaciones tardías –II. profesor Marciano
nunca ha sufrido una invasión de herejías semejante. – Vidal (46), 16.
Primera cuestión: ¿cómo ha podido suceder esto? –Nun-
ca la Autoridad apostólica ha tolerado en la Iglesia tantos –El profesor de teología P. Marciano Vidal. –La obra
errores doctrinales y tantos abusos disciplinares y litúrgicos. «Moral de actitudes». –La Santa Sede emitió por fin en
–La génesis histórica de la debilitación de la Autoridad 2001 una Notificación reprobatoria. –Esta Notificación se
apostólica. –Segunda cuestión. ¿Y por qué se ha produci- produce muy tardíamente. –Excusas de la tardanza. –La
do esa debilitación del ejercicio de la Autoridad pastoral? Notificación se produce muy débilmente.
1.– El horror a la cruz. 9. Reprobaciones tardías –y III. Anthony De Me-
3. La Autoridad apostólica debilitada –y II (41), 6. llo (47), 19.
2.– El influjo protestante 3.–El influjo del liberalismo vi- –El P. Anthony De Mello, S. J. –La Notificación sobre
gente 4.–La ley canónica, sobre todo la ley penal, con los escritos del P. Anthony De Mello, S. J. en 1998. –Un
frecuencia no se aplica. –La verdad siempre es alegre. – elenco de graves errores, con numerosas citas textuales
La Iglesia es y será siempre «la columna y el fundamento del P. De Mello. –El P. De Mello, en vísperas de su muer-
de la verdad» (1Tim 3,9). te, escribe una carta en la que se manifiesta más próximo
al budismo. –Once años después de su muerte se publica
4. Teólogos católicos, ortodoxos, pero no combatien- una Notificación de la Congregación de la Doctrina de la
tes (42), 9. Fe. –Los Provinciales de la Compañía de Jesús en la In-
–La misión de los teólogos en la Iglesia es de suma im- dia publicaron contra la Notificación una protesta. –La
portancia. –Los teólogos que afirman la verdad, pero que Editorial Sal Terræ de los jesuitas publica en 2003 sus
no niegan los errores, no cumplen fielmente su ministerio. Obras completas. –Mostrar estos errores que se han dado
–Entre los teólogos ortodoxos, hoy la mayoría son débiles y hoy se dan realmente en el campo católico es penoso,
para combatir el error. –Los teólogos católicos fieles han pero necesario.
combatido siempre las herejías. –San Buenaventura (1221-
1274). –Son muy pocos hoy, por el contrario, los teólogos
católicos que han atacado abiertamente los errores con- II. Las malas doctrinas
temporáneos. –Los silencios respetuosos y cómplices son
demasiado numerosos. –Y sin embargo hoy es muy fácil
combatir a los herejes y cismáticos. 1. Indigenismo teológico desviado. Un libro sobre
5. Confesores de la fe, que combaten los errores de Guadalupe –I (48), 21.
su tiempo (43), 11. –Indigenismo, nacionalismo religioso, pluralismo de reli-
–Los santos Padres y los Concilios afirman la verdad giones, teología de la liberación. –El libro «El encuentro
católica y combaten los errores contrarios. –Han de ser de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego». –Excelsa era
combatidos de modo especial «los errores contemporá- la religión azteca, y sublime su Dios único. –Los sacrifi-
neos». –Podemos recordar el ejemplo de San Agustín (354- cios humanos eran graves errores, pero también eran ex-
430). –Todos los santos combatieron los errores de su presiones sublimes de la religiosidad azteca. –La humani-
tiempo. –El Oficio de lectura de la Liturgia de las Horas, dad y el cosmos tenían, según la excelsa religiosidad azte-
en el Propio de los Santos, da una mínima biografía de ca, una necesidad absoluta de la sangre humana sacrifi-
cada uno. –Por tanto, es una vergüenza que haya católi- cada a los dioses. –La buena fe de los aztecas era total, y
cos hoy que se avergüencen de los defensores de la fe. – en modo alguno estaban bajo el influjo del diablo. –La
También hoy, sin embargo, la Iglesia tiene hijos que con- ceguera de los misioneros, que veían por todas partes in-
fiesan la fe y combaten las herejías. flujos diabólicos en la religión mexicana.
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José María Iraburu
2. Indigenismo teológico desviado. Un libro sobre 7. José Román Flecha. Teología moral –I (54), 33.
Guadalupe –II (49), 23. –El doctor José Román Flecha Andrés. –Sus manuales
–La heroica y excelsa religiosidad azteca fue reconoci- de teología moral. –La fundamentación casi imposible de
da y premiada por el Evangelio. –Nunca en la historia de la moral. –Dios y el alma. –La ley natural. –La Sagrada
la humanidad hubo un pueblo tan fiel a Dios como el azte- Escritura, los mandamientos. –¿Una ética cívica univer-
ca. –El ayate de Juan Diego es el testimonio más fidedig- sal? –La conciencia. –Los valores. –Conflicto de valo-
no de la perfecta continuidad entre la religiosidad azteca y res. –Densa y compleja oscuridad.
la cristiana. –Los dioses mexicanos son, pues, los padri- 8. José Román Flecha. Teología moral –y II (55),
nos presentadores de la Virgen y del Evangelio para el 35.
pueblo. –Hasta aquí los autores del libro. –Las semillas
–Confusiones y contradicciones (55). –Una Moral es-
del Verbo preceden al Evangelio en la historia religiosa de
casamente cristiana. –Religión y ética. –Una Teología
los pueblos. –Pero afirmar que la religiosidad azteca al-
moral sin fundamento. –El manual Moral de la persona. –
canza «las máximas alturas a que ha podido llegar la men-
La masturbación. –La homosexualidad. –Las relaciones
te humana en su reflexión sobre Dios» es falso. –Tampo-
prematrimoniales. –La anticoncepción. –La ley de la
co podemos creer que aquellos sacrificios humanos eran
gradualidad en estas cuestiones morales. –La gradualidad
gratos a Dios. –Los sacrificios humanos de los aztecas
de unos indios caníbales. –Conclusión.
eran numerosísimos.
9. José Antonio Pagola. Jesús histórico –I (76), 38.
3. Indigenismo teológico desviado. Un libro sobre
Guadalupe –y III (50), 25. –Reforma o Apostasía. –Don José Antonio Pagola. –
Jesús. Aproximación histórica. –Un método histórico y
–Los sacrificios humanos aztecas eran espantosos y exegético inaceptable. –Los Apóstoles dan testimonio de
diabólicos. –Dios no se complace en los innumerables sa- lo que han «visto y oído». –Jesús nunca pensó en fundar
crificios humanos rituales. –La buena intención no hace la Iglesia.
bueno y admirable lo que es malo y horrible. –Los azte-
cas, como todos los hombres, estaban marcados por el 10. José Antonio Pagola. Jesús histórico –II (77),
pecado original, que les inclinaba a muchos errores y crí- 40.
menes. –Ni la Virgen de Guadalupe ni Juan Diego pensa- –El nacimiento de Jesús. –El testimonio de René
ron que «no existía oposición ninguna entre su religión Laurentín. –La Virgen María. –Jesús, discípulo del Bau-
ancestral y su fe cristiana». –La evangelización produce tista. –La divinidad de Jesús. –Jesús es «Buscador de
siempre efectos devastadores contra el diablo. –A propó- Dios», es «Creyente fiel».
sito de destrucciones. 11. José Antonio Pagola. Jesús histórico –III (78),
4. Olegario González de Cardedal. Cristología –I 42.
(51), 28. –El proyecto de Jesús. –La doxología, la glorificación
–Hay en la Iglesia una disidencia moderada. –La colec- de Dios, apenas es afirmada por el Jesús de Pagola. –La
ción Sapientia Fidei. –La Cristología de Olegario González soteriología, la salvación de los pecadores, tampoco es
de Cardedal. –La unión hipostática de la naturaleza divina intención central de Cristo. –Jesús perdona a los pecado-
y la humana en Cristo no queda clara. –La conciencia res sin condiciones. –Jesús llama a conversión y al per-
divina del hombre Cristo tampoco queda nada clara. –La dón. –Milagros.
muerte de Cristo tampoco parece ser entendida al modo 12. José Antonio Pagola. Jesús histórico –IV (79),
católico. –Un cierto terrorismo verbal pseudo-teológico 44.
está hoy atacando el lenguaje bíblico y tradicional de la fe –La última cena ni es pascual, ni instituye la Eucaristía.
católica, especialmente en temas soteriológicos. –Cristo no pre-conoce su muerte, ni la entiende como un
5. Olegario González de Cardedal. Cristología –y sacrificio de expiación. –La muerte de Cristo no es volun-
II (52), 30. tad de Dios providente. –Los relatos evangélicos de la
pasión no son históricos. –Tampoco son históricos los re-
–La perversión del lenguaje teológico causa graves da- latos de la resurrección de Cristo: en cuanto al sepulcro
ños a la fe. El terrorismo verbal. –El lenguaje de la fe es vacío; en cuanto a las apariciones del Resucitado. –La
perfectamente entendido por los fieles cristianos. –La Ascensión del Señor a los cielos no es histórica. –El acon-
muerte de Cristo, entendida como sacrificio de expiación tecimiento de Pentecostés tampoco. –El Jesús de Pagola:
y reparación, es considerada deficientemente. –Hay aler- no es una «aproximación histórica» a Jesús; no es tampo-
gias verbales que llevan a negar verdades de la fe católi- co una «cristología», un estudio teológico. –El Jesús de
ca. –Resurrección, Apariciones, Ascensión y Parusía de Pagola es, pues, una composición ideológica. –Conclu-
Cristo, quedan también oscurecidas. –Se contra-dice el sión.
lenguaje de la Biblia, la Tradición y el Magisterio. Doctri-
nas ininteligibles. –Un manual de Cristología inaceptable. 13. Son teólogos que han perdido la fe (60-2), 47.
6. Dionisio Borobio. Eucaristía (53), 32. –Kirche 2011. Ein notwendiger Aufbruch. –Manifies-
tos como éste ha habido docenas desde hace medio siglo.
–El profesor Dionisio Borobio. –El manual Eucaristía. – –Y es notable que los apologistas católicos que hoy salen
La transubs-tanciación. –Paupérrima filosofía. –Esta ex- al frente de los errores anti-católicos y de estos manifies-
plicación filosófica-teológica no es conciliable con la fe de tos-basura suelen ser muchas veces laicos. –Han perdido
la Iglesia. –La Eucaristía como sacrificio de expiación. – la fe. No son católicos… –Santo Tomás enseña que para
Ya estamos con el terrorismo verbal y con el lenguaje caer en la herejía basta con negar una sola de las verda-
deliberadamente ambiguo. –Eucaristía y penitencia. –En des de la fe católica. –Según esto, muchos teólogos cató-
conclusión. licos actuales son herejes y están excomulgados. –Orate,
fratres
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José María Iraburu

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del apóstol según San Pablo (2ª ed.); Éxodo (2ª ed.); Historia de la salvación (2ª ed.); Isaías 40-55 (2ª ed.); Iglesia
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