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Filosofía y su Impacto en la Educación

El documento presenta una introducción a la filosofía griega. Se divide en tres períodos: presocrático, clásico y helenístico-neoplatónico. El período presocrático incluye las primeras escuelas jónicas que buscaban explicar el mundo a través de principios materiales como el agua o el fuego. El período clásico se inicia con los sofistas y Sócrates, y alcanza su cima con Platón y Aristóteles. El período helenístico-neoplatónico

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Filosofía y su Impacto en la Educación

El documento presenta una introducción a la filosofía griega. Se divide en tres períodos: presocrático, clásico y helenístico-neoplatónico. El período presocrático incluye las primeras escuelas jónicas que buscaban explicar el mundo a través de principios materiales como el agua o el fuego. El período clásico se inicia con los sofistas y Sócrates, y alcanza su cima con Platón y Aristóteles. El período helenístico-neoplatónico

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Introducción

El presente texto está dirigido a alumnos universitarios y aquellos que cursan el Tercero
y Cuarto año de Enseñanza Media, los contenidos desarrollados en este volumen están
de acuerdo a la Reforma Educacional Chilena.

El objetivo de la elaboración de este texto es que el alumno pueda tener ideas claras y
nítidas, como pedía Descartes, y sea un vehículo de comunicación y discusión entre los
jóvenes.

La cultura occidental tomó la modernidad tan en serio que perdió la dimensión


trascendente y se hizo esclava del tiempo mundano, devenir y finitud acotan cada vez
más el que hacer, restándole substancia y horizonte.

Ahora las ideas deben ser, además de claras y nítidas, útiles y por ende de factura
urgente.

No hay paciencia actualmente para pensar de corte escolástico, y lo pragmático ha


adquirido supremacía sobre lo supuestamente verdadero. Uno de los símbolos claves de
esta evolución es el vocablo "vigencia". Estamos por proclamar que lo carente de
vigencia tampoco tiene existencia.

Difícil es hoy en día exigirle claridad, nitidez, utilidad e inmediatez al discurso que tiene
como referencia los derechos humanos, la dimensión de persona, pues son muchas las
disciplinas que reclaman la jurisdicción sobre la materia: la política no menor que el
derecho, la moral y diversos ámbitos de la filosofía.

La escolástica acuñara la definición de persona como substancia individual de la


naturaleza intelectual. El siglo XX agregará que la conciencia de sí presupone la
conciencia del otro.

Si soy persona, es porque reconozco serlo entre otras personas, si tengo conciencia de
actuar es un concierto de agentes, y si sé que me motivan determinados intereses, es el
entendido que hay otros seres que también tienen intereses porque actúan, porque
fundamentan mi conciencia de ser persona, porque son personas.

El hombre es el forjador de su propio destino, la existencia muda de toda almendra


esencial, el relativismo que nos dio la física y que sólo supimos transformar en timidez
intelectual y en tibieza moral, todo ello y mucho más le ha producido a la humanidad una
escisión profunda y al parecer definitiva, entre los seres humanos que son competentes
y los que no lo son.

Más que siendo, la existencia se plasma pudiendo desde esta perspectiva cobra vigor la
definición de persona como "individuo expuesto al universo y abierto al mundo con un
plan privado existencial" (García Bacca).

La exposición del ser humano al universo es un suceso biológico, la apertura al mundo


un desarrollo educacional, el plan existencial es la transformación de potencialidades en
actualidades o, si se prefiere, de deseos en intenciones de acción.

De manera que la persona, es el producto de una gestación una evolución y una


realización, y desgastarse o ser cohibido, dando lugar a seres humanos expósitos al
universo pero incapaces de hacerse un mundo menos aún de plasmar su propia
existencia.

En síntesis el ser humano de origen y constitución dual creado "con aliento y vida"
(Gen.2.7). Es cuerpo, alma y razón. Aparece Dios como persona, es decir como ser-en-
sí.

Ser del ser que se predica lo excelso, ser que amalgama existencia y esencia. Así, la
persona, de gran importancia en este mundo es como substancia individual de naturaleza
intelectual.

Es de esperar que la apertura a la ventana del siglo XXI, recobre la paciencia para no
perder para siempre la dimensión trascendental y se amplíe el horizonte del hombre para
llegar a lograr la felicidad anhelada, que todo hombre persigue desde siempre.
Importancia de la Filosofía

La Filosofía es el amor por la sabiduría, tal y como la entendían los antiguos griegos, que
se preguntaban acerca de materias tan fundamentales como la existencia, el
conocimiento, la verdad, o la moral. Cuestiones universales tan primordiales que atañen
al ser humano desde su base como ser con conciencia de su propia existencia en el
mundo. Este amor por la sabiduría fue el primer peldaño que aportó las primeras
nociones de conocimiento para el mundo Occidental y que hoy suponen la base de la
Ciencia, tal y como hoy en día la conocemos.

Por eso podemos encontrar la importancia de la Filosofía en su propia existencia como


disciplina que ha servido como constituyente sobre el que se han construido el resto de
Ciencias de estudio. La filosofía ha creado la cultura, que son los ojos mediante los que
la sociedad occidental comprende el mundo que le rodea, y por eso no sólo es
importante, sino que constituye la piedra angular sobre la que se cierne la existencia de
los valores actuales que manejamos a diario, sin que seamos conscientes de ello.
A pesar de que en la actualidad la valoramos muy poco, o casi nada, esta ciencia es la
primera que ha fomentado el avance y los progresos del ser humano en casi todas las
demás disciplinas científicas, políticas y sociales a través de la pregunta, pero sobretodo,
mediante el razonamiento intelectual. Esto es lo que sitúa a hombres y mujeres por
encima del resto de seres vivos que pueblan el planeta, ya que mediante la práctica de
la Virtud se dirigen hacia la búsqueda da la Verdad. Estos son los axiomas principales
para la Filosofía.

Y así la Filosofía ha alimentado durante siglos la curiosidad de los hombres y mujeres,


lo que les ha llevado a analizar y reflexionar sobre el mundo que les rodea, llegando a
profundizar en el conocimiento desde un punto de vista objetivo. En consecuencia, la
Filosofía se puede considerar como la madre del pensamiento científico, mediante el que
se llega a conclusiones a través de la creación de hipótesis que respondan a las
preguntas; ¿qué es?, ¿cómo?, ¿por qué?.

Estas son las preguntas gracias a las que podremos entender la realidad, o al menos, si
no fuera posible, acercarnos a ella, siempre gracias a la Filosofía. Porque nos enseña el
pensamiento crítico, estudiando el razonamiento lógico, y estableciendo las principales
diferencias entre la teoría y la puesta en práctica de la misma. En definitiva, la Filosofía
nos lleva a cuestionarnos el mundo, para entenderlo, para establecer nuevos objetivos,
con el propósito de mejorarlo.
Períodos de la filosofía griega

Período presocrático

La historia de la filosofía griega puede ser periodizada entre los filósofos que buscaron
una interpretación del mundo en términos físicos y los que subrayaron la importancia de
las formas inmateriales. Sus primeros representantes, denominados en conjunto
presocráticos, estuvieron ligados geográficamente a las colonias griegas de Asia Menor
y a la Magna Grecia.

La primera escuela importante de la filosofía griega, la jónica o milesia, era en gran parte
materialista. Fundada por Tales de Mileto (finales siglo VII y primera mitad del siglo VI a.
de. ne) partió de la creencia de éste en una sustancia primigenia, el agua, de la que
procedería toda la materia.

Anaximandro ofreció una idea más elaborada y mantuvo que la base de toda materia es
una sustancia eterna que se transforma en todas las formas materiales conocidas. Esas
formas, a su vez, cambian y se funden en otras de acuerdo con la regla de la justicia, es
decir, una especie de equilibrio y proporción. Heráclito consideraba que el fuego es la
fuente primordial de la materia, pero creía que el mundo entero está en constante cambio
o flujo y que la mayoría de los objetos y sustancias se producen por la unión de principios
opuestos.

Consideraba el alma, por ejemplo, como una mezcla de fuego y agua. El concepto de
nous (pensamiento o razón), sustancia infinita e inmutable que penetra y controla cada
objeto viviente, fue elaborado por Anaxágoras, que también pensaba que la materia
consistía en pequeñas partículas o átomos. Compendió la filosofía de la escuela jónica
al proponer un principio no físico director, junto a una base materialista de la existencia.

Período clásico

El periodo clásico de la antigua filosofía griega, cuyo centro principal radicó en Atenas,
se inició con la aparición de los sofistas (siglos V y IV a. de. ne) y del pensamiento
socrático, y tuvo sus momentos de mayor auge con los sistemas de Platón y Aristóteles.
Sofistas

El materialismo aplicado a la vida diaria inspiró la filosofía de un grupo cuyos miembros


eran denominados sofistas, que surgió en el siglo V a. de. ne. Haciendo hincapié en la
importancia de la percepción humana, los sofistas como Protágoras dudaban que la
humanidad pudiera ser capaz de alcanzar la verdad objetiva a través de la razón, y
defendían que el éxito material, en lugar de la verdad, debía ser el propósito de la vida.
La corriente filosófica de los sofistas es heterogénea. El rasgo característico de sus
seguidores es la tesis que atribuye relatividad a todas las nociones, reglas éticas y
valoraciones humanas. Protágoras el más notable de los sofistas, la expresó con los
siguientes términos: “El hombre es la medida de todas las cosas; de las que son en
cuanto son y de las que no son en cuanto no son”.

Sócrates
En contraste con las opiniones de los sofistas, se mostraban las ideas de Sócrates, con
quien la filosofía griega alcanzó su cima. Su objetivo reconocido fue “cumplir la misión
del filósofo de buscar dentro de mí mismo y de los demás hombres”. El método socrático
era dialéctico: después de plantear una proposición, hacía una serie de preguntas
destinadas a analizar y depurar la proposición examinando sus consecuencias y
comprobando si coincidía con los hechos conocidos.
Sócrates describió el alma no en términos de misticismo, sino como “aquello en virtud de
lo cual se nos califica de sabio o de loco, bueno o malo”. En otras palabras, Sócrates
consideraba el alma como una combinación de la inteligencia y el carácter de un
individuo.

Período helenístico y neoplatónico

En la postrimería del siglo IV a. de. ne se acentuaron los indicios de la crisis de la


democracia esclavista griega. Atenas pierde la independencia política y se integra al
imperio de Alejandro Magno. La rápida disgregación de este dilatado imperio a la muerte
de su fundador no puede detener la crisis, que tiene profundas raíces en las relaciones
sociales esclavistas, y que en su desarrollo da lugar a cambios esenciales en la vida
espiritual de la sociedad helénica e intensifica el carácter contemplativo de la filosofía.
En este período aparecen tres corrientes principales de la filosofía helenística: el
escepticismo, el epicureismo y el estoicismo.

La filosofía griega en este período, se preocupó menos por la naturaleza del mundo que
por los problemas individuales. Muchas de estas escuelas plantearon cuestiones
originales y, en especial el neoplatonismo de Plotino, ejercieron una notable influencia
en la filosofía medieval islámica y cristiana.

Extraño a la ideología del cristianismo contemporánea a él, tiene el neoplatonismo una


base común con el cristianismo: la crisis espiritual de la sociedad esclavista antigua. De
ahí que comparta algunos rasgos de cristianismo, aunque influyera a su vez sobre las
doctrinas filosóficas del mismo.
Punto de partida del neoplatonismo fue la llamada teología negativa, según la cual Dios
es un ente acerca de cuya naturaleza es imposible todo juicio afirmativo y todo saber
positivo. Plotino es el mejor neoplatónico mejor dotado, Porfirio es el lógico y Proclo, el
sistematizador y comentarista: expuso la doctrina plotiniana en forma de diálogo.
Leyes de la dialéctica

El materialismo dialéctico propone, pues, una interpretación de la realidad concebida


como un proceso material en el que se suceden una variedad infinita de fenómenos, a
partir de otros anteriormente existentes. Esta sucesión, no obstante, no se produce al
azar o arbitrariamente, ni se encamina hacia la nada o el absurdo: todo el proceso está
regulado por leyes que determinan su evolución desde las formas más simples a las más
complejas, y que afectan a toda la realidad, natural y humana (histórica).

Las leyes según las cuales la materia se mueve y se transforma son leyes dialécticas. Al
igual que ocurre con la dialéctica hegeliana, que es simultáneamente un método y la
expresión misma del dinamismo de la realidad, la dialéctica de Marx y Engels encerrará
ese doble significado. No se puede convertir, sin embargo, la dialéctica en un proceso
mecánico, en el que se suceden los tres momentos del movimiento (tesis, antítesis y
síntesis), como se hace a menudo con Hegel, en un esquema mecánico sin contenido
alguno. "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y
la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento", dice Engels en el
Anti-Dühring.

La dialéctica nos ofrece, pues, leyes generales, no la particularidad de cada proceso.


Que son leyes generales quiere decir que son el fundamento de toda explicación de la
realidad, pero también que afectan a toda la realidad (naturaleza, sociedad,
pensamiento) y que son objetivas, independientes de la naturaleza humana. Marx y
Engels enunciarán las siguientes tres leyes de la dialéctica:

Ley de la unidad y lucha de contrarios

Siguiendo los pasos de Heráclito y Hegel, Marx y Engels consideran que la realidad es
esencialmente contradictoria. Todos los fenómenos que ocurren en la Naturaleza son el
resultado de la lucha de elementos contrarios, que se hallan unidos en el mismo ser o
fenómeno, siendo la causa de todo movimiento y cambio en la Naturaleza, en la sociedad
y en el pensamiento. Con esta ley se explica, pues, el origen del movimiento.

Entre los argumentos que se aportan para justificar esta explicación predominan los
procedentes de las ciencias (Física, Ciencias naturales, Matemáticas, Economía), pero
también de la Historia y de la filosofía. Entre las parejas de contrarios puestas como
ejemplos podemos citar: atracción y repulsión, movimiento y reposo, propiedades
corpusculares y ondulatorias, herencia y adaptación, excitación e inhibición, lucha de
clases, materia y forma, cantidad y cualidad, sustancia y accidentes.
Ley de transición de la cantidad a la cualidad

Hablamos de cambio cualitativo cuando una cosa se transforma en otra que es


esencialmente distinta. ¿Por qué unas cosas se transforman en otras que tienen
propiedades diferentes a las de las cosas de las que proceden? Según la ley de transición
de la cantidad a la cualidad, el aumento o disminución de la cantidad de materia influye
en la transformación de una cosa en otra distinta. La acumulación o disminución de la
materia es progresiva, mientras que el cambio de cualidad supone una modificación
radical de la cosa, una revolución. Con esta ley se explica el desarrollo de los seres y los
fenómenos naturales, sociales, etc.

Todos los objetos de la Naturaleza poseen características mensurables, por lo que su


esencia, su cualidad, es inseparable de los aspectos cuantitativos. Cuando una cosa
pasa de poseer una cualidad a poseer otra hablamos de "salto cualitativo". Como todo
movimiento es el resultado de la lucha de elementos contrarios, el salto cualitativo
supone la resolución de una contradicción, que da lugar a una nueva realidad, que
representa un avance en el desarrollo de la Naturaleza. El salto cualitativo no supone el
mero cambio de una cualidad por otra, sino por otra que supera, de alguna manera, a la
anterior.

Ley de negación de la negación

La ley de negación de la negación completa la anterior, explicando el modo en que se


resuelve la contradicción, dando paso a una realidad nueva que contiene los aspectos
positivos de lo negado. El primer momento del movimiento dialéctico, el de la afirmación,
supone la mera existencia de una realidad; el segundo momento, el de la negación,
supone la acción del elemento contrario que, en oposición con el primer momento, lo
niega. El tercer momento, negando al segundo, que era ya, a su vez, la negación del
primero, se presenta como el momento de la reconciliación, de la síntesis, recogiendo lo
positivo de los dos momentos anteriores.

Una vez alcanzado este estadio del movimiento nos encontramos ante una nueva
realidad que entrará de nuevo en otro ciclo de transformación dialéctica, dando lugar,
así, al desarrollo progresivo de la Naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento.
Un desarrollo que se dirige hacia formas más completas, más perfectas, más
integradoras, de la realidad.
Conclusión

A modo de conclusión, podemos decir que, al estudiar los diferentes tipos de


conocimiento, así como el mitológico, practico, religioso y mágico, es posible deducir
que, desde sus orígenes, el ser humano ha sido una especie ávida de conocimiento, que
siempre buscó una explicación para lo que lo rodeaba y la manera más fácil y efectiva
para realizar sus tareas diarias, aunque no tuviera los medios para hacerlo
científicamente. Poco a poco, basado en un inicio por puras suposiciones y mitos, el
hombre fue abriéndose paso al camino del conocimiento y la realización espiritual Este
afán de adquirir conocimiento nos revela algunas de las características más específicas
y propias del ser humano: Su curiosidad, su sentido de auto superación y sobre todo; su
amor a la sabiduría. Siendo esta última característica del humano la concreta definición
de filosofía, podemos afirmar que esta es parte inherente del alma humana, es decir, que
la filosofía es parte de todos y de todas y que está impregnada en nuestra mente de
manera natural, lo llevamos como especie es algo inevitable y necesario para nuestra
supervivencia. Sin percatarnos, nosotros filosofamos todos los días para buscar
soluciones a nuestros problemas al analizar las situaciones que se nos cruzan en nuestro
diario vivir. Interrogarnos sobre nuestros orígenes, nuestro propósito, el origen de nuestro
mundo. Son preguntas que tal vez nunca seremos capaces de responder, pero como
humanos, siempre buscaremos la verdad.

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