Algunos de los eventos en la Biblia que la gente comúnmente utiliza para justificar
la afirmación de que Dios es duro incluye eventos en Génesis, como la caída del
hombre, el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Y luego proceden con
los cananeos, los egipcios, los benjamitas o hasta los inconversos en general2.
Entonces Génesis parece ser un buen lugar para comenzar.
https://answersingenesis.org/es/biblia/dios-en-el-antiguo-testamento/
¿Por qué Dios ordenó el exterminio / genocidio de los cananeos, incluidas mujeres
y niños?
Pregunta: "¿Por qué Dios ordenó el exterminio / genocidio de los cananeos,
incluidas mujeres y niños?"
Respuesta: En 1 Samuel 15:2-3, Dios ordenó a Saúl y a los Israelitas, “Así ha
dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al
oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, y hiere a Amalec, y
destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres,
niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”. Dios ordenó cosas
similares cuando los Israelitas estaban invadiendo la Tierra Prometida
(Deuteronomio 2:34; 3:6; 20:16-18). ¿Por qué haría Dios que los Israelitas
exterminaran un grupo completo de personas, incluidas mujeres y niños?
Esta es una cuestión difícil. No entendemos completamente por qué Dios
ordenaría semejante asunto, pero confiamos en Dios que es justo – y
reconocemos que nosotros somos incapaces de entender completamente a un
Dios soberano, infinito y eterno. Mientas vemos asuntos difíciles como éste,
debemos recordar que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos
y sus pensamientos más altos que nuestros pensamientos (Isaías 55:9; Romanos
11:33-36). Nosotros tenemos que estar dispuestos a confiar en Dios y a tener fe
en Él incluso cuando no entendemos sus caminos.
A diferencia de nosotros, Dios conoce el futuro. Dios sabía cuáles serían los
resultados si Israel no eliminaba completamente a los amalecitas. Si Israel no
llevaba a cabo las órdenes de Dios, los amalecitas volverían a perturbar a los
Israelitas en el futuro. Saúl afirmó haber matado a todos excepto al rey de
Amalec, Agag (1 Samuel 15:20). Obviamente, Saúl estaba mintiendo – solo un
par de décadas más tarde, hubo suficientes amalecitas para llevar cautivos a
David y a las familias de sus hombres cautivos (1 Samuel 30:1-2). Después que
David y sus hombres atacaron a los amalecitas y rescataron sus familias, 400
amalecitas escaparon. Si Saulo hubiera cumplido lo que Dios le había
encomendado, esto nunca habría ocurrido. Cientos de años después, un
descendiente de Agag, Amán, trató de exterminar al pueblo Judío en su totalidad
(véase el libro de Ester). Así, la obediencia incompleta de Saúl resultó casi en la
destrucción de Israel. Dios sabía que esto podría ocurrir, por lo tanto, Él ordenó
el exterminio de los amalecitas antes de tiempo.
En cuanto a los cananeos, Dios ordenó, “Pero de las ciudades de estos pueblos
que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino
que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo,
al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os
enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus
dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios” (Deuteronomio 20:16-18). Los
israelitas también fracasaron en ésta misión y sucedió exactamente lo que Dios
dijo que pasaría (Jueces 2:1-3; 1 Reyes 11:5; 14:24; 2 Reyes 16:3-4). Dios no
ordenó el exterminio de estas personas por ser cruel, sino para evitar incluso que
en el futuro se repitiera un mal aún más grande.
Probablemente la parte más difícil de estos mandatos de Dios es que Dios
también ordenó la muerte de niños y bebés. ¿Por qué Dios ordenaría la muerte
de niños inocentes? (1) Los niños no son inocentes (Salmo 51:5; 58:3). (2) Estos
niños posiblemente habrían crecido como ligados a las religiones perversas y a
las prácticas de sus padres. (3) Al poner fin a sus vidas como niños, Dios les
permitió tener la entrada al cielo. Creemos firmemente que todos los niños que
mueren son aceptados en el cielo por la gracia y la misericordia de Dios (2 Samuel
12:22-23; Marcos 10:14-15; Mateo 18:2-4).
Una vez más, esta respuesta no trata completamente todos los temas. Nuestra
atención debe centrarse en confiar en Dios aun cuando no entendamos sus
caminos. También debemos recordar que Dios mira las cosas desde una
perspectiva eterna y que sus caminos son más altos que nuestros caminos. Dios
es justo, recto, santo, amoroso, misericordioso y clemente. Cómo sus atributos
trabajan juntos puede ser un misterio para nosotros, pero eso no quiere decir
que Él no es quien la Biblia proclama lo que Él es.
https://www.gotquestions.org/Espanol/genocidio-cananeo.html
¿Por qué mandó Dios exterminar a los cananeos?
“Destruirás completamente a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los
ferezeos, a los heveos, y a los jebuseos. Este es el mandamiento del SEÑOR tu
Dios.” (DEUTERONOMIO 20:17, NUEVA BIBLIA AL DÍA)
“Sean pacíficos con todos los hombres.” (ROMANOS 12:18)
¿LE PARECEN contradictorios estos versículos? Muchas personas piensan que la
orden de Dios de destruir a los cananeos es incompatible con la instrucción bíblica
de que seamos pacíficos (Isaías 2:4; 2 Corintios 13:11).* Creen que ambas
posturas son irreconciliables.
Analicemos algunas de las preguntas que pueden plantearnos estos versículos,
así como las respuestas que Dios da en su Palabra.
1. ¿Por qué había que expulsar a los cananeos de la Tierra Prometida? Porque
no les pertenecía aquel territorio; eran lo que hoy llamaríamos ocupantes ilegales.
Unos cuatrocientos años antes, Dios les había prometido aquella tierra a su siervo
Abrahán y a sus descendientes (Génesis 15:18). Y cumplió su promesa al permitir
que los descendientes de Abrahán —la nación de Israel— ocuparan la región.
Quizás algunos objeten que los cananeos tenían derechos sobre la tierra porque
vivían allí antes que los israelitas. Pero ¿quién tiene la última palabra al decidir a
quién le pertenece un territorio? Está claro que Dios, pues es el Soberano del
universo (Hechos 17:26; 1 Corintios 10:26).
2. ¿Por qué no permitió Dios que ambas naciones compartieran la tierra? Con
respecto a los cananeos, Dios le advirtió a Israel: “No deben morar en tu tierra,
para que no te hagan pecar contra mí. En caso de que sirvieras a sus dioses, eso
llegaría a ser un lazo para ti” (Éxodo 23:33). Y tiempo después, Moisés le recordó
al pueblo: “Es por la iniquidad de estas naciones por lo que Jehová tu Dios las va
a expulsar de delante de ti” (Deuteronomio 9:5). Pero ¿de veras eran tan
malvados?
Los historiadores bíblicos han confirmado que en Canaán eran habituales la
inmoralidad sexual, el paganismo y el sacrificio de niños. Henry H. Halley, por
ejemplo, indica que los arqueólogos encontraron “gran cantidad de urnas que
contenían los restos de niños que habían sido sacrificados a Baal”, un importante
dios cananeo. Y añade: “El recinto entero resultó ser un cementerio de niños
recién nacidos. [...] Los cananeos, pues, adoraban cometiendo excesos inmorales
en presencia de sus dioses, y luego asesinando a sus hijos primogénitos como
sacrificio a estos mismos dioses. Parece que en gran parte, la tierra de Canaán
había llegado a ser una especie de Sodoma y Gomorra en escala nacional. [...]
Los arqueólogos que cavan en las ruinas de las ciudades cananeas se preguntan
por qué Dios no las destruyó mucho antes”.
3. ¿No había otras naciones malvadas en aquella época? ¿Por qué destruir a los
cananeos en particular? Esa no fue la única vez que Dios llevó a cabo una
ejecución selectiva. Cuando “la tierra se llenó de violencia” en los días de Noé,
Dios decidió acabar con todos los seres humanos mediante el Diluvio. Pero no
fue una ejecución indiscriminada, pues salvó a una familia: la de Noé (Génesis
6:11; 2 Pedro 2:5). También destruyó a los habitantes de Sodoma y Gomorra
cuando su maldad se volvió “muy grave” (Génesis 18:20; 2 Pedro 2:6). Otra
ciudad a la que condenó fue Nínive, la capital asiria, conocida como “la ciudad de
derramamiento de sangre”, aunque finalmente la perdonó cuando sus habitantes
se arrepintieron (Nahúm 3:1; Jonás 1:1, 2; 3:2, 5-10). En el caso de los cananeos,
Dios los destruyó para proteger a Israel, la nación de la que vendría el Mesías
siglos después (Salmo 132:11, 12).
4. ¿Puede ser Jehová un Dios de amor y al mismo tiempo aniquilar a una nación?
A primera vista pudiera parecer que no (1 Juan 4:8). Sin embargo, si se analiza
más de cerca la situación, uno se da cuenta de lo amoroso que fue Dios.
Hacía mucho tiempo que Dios veía que los cananeos iban por mal camino. Pero
en vez de exterminarlos de inmediato, esperó pacientemente durante
cuatrocientos años hasta que su maldad hubiera ‘quedado completa’ (Génesis
15:16).
En otras palabras, Jehová los destruyó cuando alcanzaron el colmo de la maldad
y no había posibilidad de que cambiaran. Aun así, no exterminó
indiscriminadamente a todos los cananeos. ¿Por qué? Porque no todos eran
incorregibles. Él les perdonó la vida a quienes estuvieron dispuestos a cambiar,
como Rahab y los gabaonitas (Josué 9:3-11, 16-27; Hebreos 11:31).
5. ¿Cómo puede un Dios de amor quitarle la vida a alguien? La pregunta es
comprensible, pues la idea de matar a alguien no resulta agradable. Sin embargo,
fue precisamente por amor que Dios tomó medidas tan drásticas. Imagínese a
una persona que sufre gangrena en una pierna. De seguro al médico no le atrae
la idea de amputársela, pero si no quiere que la infección se extienda, no le queda
otra alternativa. Por el bien del paciente, tiene que cortarle la pierna.
Algo parecido pasó con los cananeos. Jehová no deseaba destruirlos, pues él
mismo reconoce: “No me alegro con la muerte del malvado” (Ezequiel 33:11,
Nueva Versión Internacional). Pero Dios había dispuesto que el Mesías —de quien
dependía la salvación de todo el que tuviera fe— saliera de la nación de Israel
(Juan 3:16). Y dado que no podía permitir que las repugnantes prácticas de los
cananeos “infectaran” a Israel, tuvo que “cortarlos” de la tierra. Él realizó esa
desagradable tarea por el bien de sus siervos fieles. ¡Qué gran muestra de amor!
Lecciones para nosotros
¿Tiene algún valor práctico para nosotros lo que les sucedió a los cananeos? Por
supuesto. Como dice Romanos 15:4, “todas las cosas que fueron escritas en
tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante
nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”.
Pues bien, ¿qué nos enseña este relato? ¿Y cómo nos da esperanza?
Para empezar, vimos que Dios les perdonó la vida a Rahab y a los gabaonitas
cuando demostraron fe en él. Esto nos enseña que Dios acepta a las personas
que de verdad quieren hacer Su voluntad, más allá de cuál sea su pasado (Hechos
17:30).
Este relato también nos da esperanza, pues nos ilustra lo que Dios hará dentro
de poco. Él no permitirá que los malvados acaben con las personas buenas. En
la Biblia promete que muy pronto destruirá a todos los malvados y, a partir de
entonces, quienes de veras lo aman vivirán en un nuevo mundo justo (2 Pedro
2:9; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Ese día se cumplirán estas palabras:
“Espera en Jehová y guarda su camino, y él te ensalzará para tomar posesión de
la tierra. Cuando los inicuos sean cortados, tú lo verás” (Salmo 37:34).
[Nota]
En este artículo englobamos en el término cananeos a todas las naciones que los
israelitas debían expulsar de la Tierra Prometida.
[Recuadro de la página 14]
¿Cuenta alguna guerra con la aprobación divina?
Si Dios mandó a los israelitas que les declararan la guerra a los cananeos, ¿es
posible que él justifique alguna guerra actual? La Biblia muestra que no. A
continuación presentamos algunas de las razones que esta ofrece:
▪ Dios no favorece hoy a ninguna nación en particular. Al rechazar a Jesús como
Mesías, la nación de Israel dejó de actuar como representante de Dios y, por
tanto, de ejecutar sentencias en Su nombre (Mateo 21:42, 43). A partir de ese
momento, Israel pasó a ser una nación como otra cualquiera (Levítico 18:24-28).
Desde entonces, ninguna nación tiene derecho a afirmar que cuenta con el
respaldo divino en una guerra.
▪ Los siervos de Jehová ya no pertenecen a un único país o región geográfica.
Pertenecen a “todas las naciones y tribus” de la Tierra (Revelación 7:9; Hechos
10:34, 35).
▪ Jesús indicó claramente que sus seguidores no participarían en ninguna guerra.
De hecho, cuando advirtió a sus discípulos de que Jerusalén sería atacada, no les
mandó luchar, sino huir, y ellos obedecieron (Mateo 24:15, 16). Los verdaderos
cristianos no empuñan las armas, pues están convencidos de que el Reino de
Dios pronto erradicará la maldad de la Tierra (Daniel 2:44; Juan 18:36).
https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2010006