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La Dignidad y Composición del Hombre

El documento presenta una descripción detallada del cuerpo humano y argumenta que, a pesar de sus aparentes limitaciones, el ser humano es la criatura más admirable creada por Dios. Se señala que el cuerpo humano está diseñado de manera proporcionada y con una armonía que no se encuentra en otros animales, lo que demuestra que fue creado por una razón superior. Además, el documento resalta que Dios ama profundamente a la humanidad y la considera como su hija, por lo que el ser humano merece resp

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La Dignidad y Composición del Hombre

El documento presenta una descripción detallada del cuerpo humano y argumenta que, a pesar de sus aparentes limitaciones, el ser humano es la criatura más admirable creada por Dios. Se señala que el cuerpo humano está diseñado de manera proporcionada y con una armonía que no se encuentra en otros animales, lo que demuestra que fue creado por una razón superior. Además, el documento resalta que Dios ama profundamente a la humanidad y la considera como su hija, por lo que el ser humano merece resp

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Diálogo de la dignidad del hombre

1.
Nosotros estamos acá en la hez del mundo y su profundidad entre las bestias, cubiertos de
nieblas, hechos moradores de la tierra, do todas las cosas se truecan con breves mudanzas,
comprendidas en tan pequeño espacio, que sólo un punto parece comparada a todo el
mundo; y aún en ella no tenemos licencia para toda. Debajo las partes sobre que se rodea el
cielo, nos la defiende el frío, en muchas partes los ardores, las aguas en muchas más, y la
esterilidad también hace grandes soledades, y en otros lugares la destemplanza de los aires.
Así que de todo el mundo y su grandeza estamos nosotros retraídos en muy chico espacio,
en la más vil parte de él, donde nacemos desproveídos de todos los dones que a los otros
animales proveyó naturaleza. A unos cubrió de pelos, a otros de pluma, a otros de escama, y
otros nacen en conchas cerrados; mas el hombre tan desamparado, que el primer don natural
que en él hallan el frío y el calor, es la carne. Así sale al mundo, como quien da señal da las
miserias que viene a padecer. Los otros animales poco después de salidos del vientre de su
madre, luego como venidos a lugar propio y natural, andan los campos, pacen las yerbas, y
según su manera gozan del mundo, mas el hombre muchos días después de que nace, ni tiene
en sí poderío de moverse, ni sabe do buscar su mantenimiento, ni puede sufrir las mudanzas
del aire. Todo lo ha de alcanzar por luengo discurso y costumbre. […] Los brutos que la
naturaleza hizo mansos, viven de yerbas y simientes, y otras limpias viandas: el hombre vive
de sangre, hecho sepultura de los otros animales.

2.
Considerando, señores, la composición del hombre, de quien hoy he de decir, me parece que
tengo delante los ojos la más admirable obra de cuantas Dios ha hecho, donde veo no
solamente la excelencia de su saber más representada que en la gran fábrica del cielo, ni en la
fuerza de los elementos, ni en todo el orden que tiene el universo, mas veo también, como
en espejo claro, el mismo ser de Dios y los altos secretos de su Trinidad. Parte de esto vieron
los sabios antiguos, con la lumbre natural, pues que puestos en tal contemplación, dijo
Trimegisto que gran milagro era el hombre, do cosas grandes se veían; y Aristóteles creyó
que era el hombre el fin a quien todas las cosas acatan, y que el cielo tan excelente y las cosas
admirables que dentro de sí tiene, todas fueron reducidas a que el hombre tuviese vida, sin
el cual todas parecían inútiles y vanas. Sólo Epicuro se quejaba de la naturaleza humana, que
le parecía desierta de bien y afligida de muchos males […] Por lo cual le parecía que este
mundo universal se regía por fortuna, sin providencia que dentro de él anduviese a disponer
de sus cosas. Mas de cuánto valor sea la sentencia de Epicuro, ya él lo mostró cuando
antepuso el deleite a la virtud.

3.
[…] ¿Quién será osado de aborrecer al hombre, pues lo quiere Dios por hijo, y lo tiene tan
mirado? ¿Quién osará decir mal de la hermosura humana, de quien anda Dios tan enamorado
que por ningunos desvíos ni desdenes ha dejado de seguirla? […] El cuerpo humano […]
está hecho con tal arte y tal medida, que bien aparece que alguna grande cosa hizo Dios
cuando la compuso. La cara es igual a la palma de la mano, la palma es la novena parte de
toda la estatura, el pie es la sexta parte y el codo la cuarta […] Así que tal compostura y
proporción, cual no se halla en los otros animales, nos muestra ser el cuerpo humano
compuesto por razón más alta. Dios fue el artífice del hombre; y por eso si en la fábrica de
nuestro ser hubiese alguna falta, en él redundaría más señaladamente que de otra obra alguna,
pues nos hizo a su imagen, para representarlo a él.
Sueño de Escipión

4.
Los hombres han sido creados con el objeto de que obedezcan la ley que les ordena proteger
aquel globo que ves en el centro de este espacio sagrado y que recibe el nombre de Tierra; a
ellos se les ha dado un alma cuyo origen está en aquellos fuegos eternos a los que llamáis
constelaciones y estrellas, que tienen forma de globo, redondas y que, al ser sus almas mentes
divinas, dibujan sus órbitas circulares con una celeridad digna de admiración. Por ello, Publio,
tú y todos los hombres cumplidores del deber, debéis retener vuestra alma bajo la custodia
del cuerpo y no debéis abandonar esta vida humana sin que os lo ordene quien os hizo
donación del alma, no vaya a parecer que huis de la función que dios os había asignado como
hombres.

5.
Todo lo demás que podía contemplar desde ese lugar se me mostraba con una luminosidad
asombrosa. Había estrellas que nunca habíamos visto desde aquí, desde la Tierra, y de unas
dimensiones como nunca habíamos sospechado que fueran; la más pequeña de éstas, que era
la que estaba más alejada del cielo y más próxima a la Tierra, brillaba con luz ajena. El
volumen de las estrellas superaba con facilidad la magnitud de la Tierra. Tan pequeña me
pareció la Tierra que sentí una gran desilusión cuando vi que nuestro imperio no representaba
más que un punto de la misma.

6.
Ahí tienes a todo el Universo comprendido por nueve anillos o, mejor, esferas, de las que
una sola es la celeste, la más exterior, que rodea, incluyéndolas, a todas las demás; ella es la
divinidad suprema que encierra y contiene a todas las demás; en ella se encuentran trazados
los círculos orbitales que recorren las estrellas en su eterno ir y volver. Bajo ésta se encuentran
otras siete que giran en sentido contrario al del cielo. Una de estas esferas es ocupada por
aquella estrella a la que en la Tierra dan el nombre de Saturno. En segundo lugar, viene aquel
resplandor, tan próspero y saludable para el género humano, que recibe el nombre de Júpiter.
En seguida, ese astro rojizo que tanto horror causa a la Tierra y que llamáis Marte. Más abajo,
ocupando casi el medio, se encuentra el Sol, guía, jefe y moderador de todas las demás luces;
él es la mente reguladora del Universo y tiene una magnitud tal que con su sola luz ilumina y
abarca todo el Universo.

7.
Se trata del [sonido] producido por el impulso y movimiento de las propias esferas, que lo
hacen en intervalos desiguales, pero no obstante, proporcionales; al combinar los sonidos
graves con los agudos de manera equilibrada consiguen sinfonías distintas con regularidad.
En efecto, tan grandes movimientos no pueden efectuarse de forma silenciosa y es la
naturaleza la que hace que las esferas situadas en uno de los extremos emitan sonidos graves
y las del otro extremo sonidos agudos. […] La Tierra, la novena por posición, está inmóvil,
y permanece continuamente fija en el mismo sitio, ocupando el centro del Universo. En
cambio, aquellas ocho esferas, de las que dos tienen el mismo impulso, producen siete
sonidos diferenciados por intervalos, número éste, el siete, que es clave para casi todas las
cosas. Los hombres cultos, al imitar todo esto con sus instrumentos de cuerdas y con sus
cantos, consiguieron abrirse la puerta de retorno a este lugar, lo mismo que aquellos otros
que con sus portentosas inteligencias cultivaron durante su vida humana los estudios divinos.
Cuando los oídos humanos se llenaron de este sonido, ensordecieron.
Sueño de Polífilo (Hypnerotomachia Poliphili)

8.
Así que, a solas con los altos pensamientos del amor, consumiendo insomne la larga y tediosa
noche, desconsolado y suspirando a causa de mi estéril fortuna y mi adversa y mala estrella,
llorando por un importuno y desgraciado amor, recapacitaba sobre lo que representa un
amor no correspondido […]. Me nutría de un falaz y falso placer ocasionado justamente y
sin duda por un objeto no mortal, sino antes bien divino: Polia, cuya idea venerable vive
profundamente impresa en mí, íntimamente grabada como mi invasora. […] Entonces,
entrecerrados los húmedos ojos con los párpados enrojecidos, fluctuando entre la áspera
vida y la suave muerte, fue invadida y ocupada sin demora por el dulce sueño aquella parte
que no está unida con la mente ni con los espíritus amantes y despiertos ni es partícipe de
tan altas operaciones.

9.
Oh, Júpiter que resuenas desde lo alto, ¿cómo calificaré yo a esta inusitada visión, que no
encuentra en mí átomo que no tiemble y arda al meditar sobre ella? ¿Feliz, admirable o
aterradora? Me pareció estar en una amplia llanura que se presentaba muy adornada, toda
ella verdeante y pintada de diversos colores por muchas clases de flores. Y acariciada por
suaves brisas, reinaba en ella el silencio y ningún ruido ni voz alguna llegaba a mis atentísimos
oídos. […] Vagando por este lugar […] en aquellos herbosos lugares no veía ni pastores, ni
cabreros, ni boyeros, ni yegüerizos, tocando sus rústicas siringas de dos cañas y sus flautas
de corteza, ni vagaban por allí rebaños ni manadas.

10.
Había una máquina giratoria en forma de cupulilla fijada sobre un perno o eje que retenía la
imagen de una ninfa […], capaz de llenar de estupor a quien la miraba atentamente y con
mirada insistente. […] Su vestidura volante dejaba al descubierto parte de las carnosas
pantorrillas y dos alas abiertas estaban aplicadas entre sus hombros, figurando el acto de
volar. Su bellísima cara y su mirada benévola estaban vueltas hacia las alas. Tenía el cabello
situado en la frente, en trenzas que volaban libremente, y la parte del cráneo y la nuca calva
y sin pelo; […] En su mano derecha, según se la miraba, sostenía una artística cornucopia
llena de todos los bienes, vuelta hacia la tierra, y con la otra mano se apretaba el desnudo
pecho. Esta estatua giraba fácilmente de un lado a otro según soplaba la brisa, con tal chirrido
del roce de la vacía máquina metálica como nunca se oyó en el erario romano.

11.
Descansando sobre el costado derecho, tenía el brazo de este lado doblado y apoyaba
ociosamente en él la cabeza, con la mano bajo la mejilla; el otro brazo, libre y sin tarea, pendía
en el costado izquierdo y la mano abierta descansaba en la carnosa pierna. Por los pezones
de sus pechos (como si fueran pequeños caños) brotaban sendos hilos de agua fresquísima
del derecho e hirviente del izquierdo. Los dos caían en un vaso de pórfido que constaba de
dos recipientes unidos en una sola pieza, colocado a seis pies de la ninfa delante de la fuente
sobre un pavimento de piedra […]
El artífice realizó tan perfectamente esta notabilísima estatua, que verdaderamente dudo que
fuera semejante la Venus esculpida por Praxíteles: que para adquirirla (como quiere la fama)
Nicomedes, rey de los Gnidios, empeñó todo el haber de su pueblo; y tan hermosa la hizo
que los hombres, excitados por ella a una sacrílega concupiscencia, profanaron su imagen
con las manos.

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