Facultad de Teología
Diócesis de Vitoria
Tema 1: Espiritualidad sacerdotal hoy – Tema 2: La configuración con Cristo.
Profesor: D. Juan Carlos Elizalde Espinal
Alumno: Marcos Eduard Camayo Campo
Informe de lectura basado en el texto Plan de formación para los seminarios mayores de España.
III. Los fundamentos de la formación
Una ciencia que no se plantea interrogantes permanentes sobre sí misma es una ciencia que
no se actualiza y corre el riesgo de perder vigencia e incluso se puede ver expuesta a su
extinción, la ciencia teológica, en su esfuerzo de exponer de manera más prístina la fe, a lo
largo de la historia ha re-pensado el depósito de la fe para favorecer la salvación de las almas,
la dimensión sacerdotal dentro del cuerpo eclesial no es ajena a esta dinámica, como
consecuencia de los acelerados cambios de época, la formación de los sacerdotes es materia
permanente de estudio.
1. El fundamento de la formación: la identidad y espiritualidad prebiteral.
No existe ningún vocacionado a ser seminarista, nadie recibe un llamado a configurarse con
la vida de un formando, la vocación sacerdotal tiene un fin y es la asimilación en la
subjetividad del ministerio sacerdotal de Cristo. Así las cosas, el seminario mayor busca
formar “verdaderos pastores de almas a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, Maestro,
Sacerdote y Pastor”1, para ello, se esfuerza en transmitir una identidad sacramental a imagen
del Señor.
a. La identidad sacramental del presbítero: dentro de la Iglesia, Pueblo de Dios, los
presbíteros, reciben su formación en los seminarios, la cual debe cultivar la
espiritualidad que la fundamenta, encuentra su razón de ser en Dios y responde a la
voluntad salvífica de Él. Por tal motivo, la Iglesia se configura para ser sacramento
del Cristo, sacramento del Padre. “Lo sacramental nos habla de don que se recibe
como gracia y de encargo que compromete la existencia.” Hoy es urgente la
fundamentación de la conciencia sacerdotal, que recuerde que el sacerdote es
sacramento de Cristo, no es un oficio, es una visión muy servil del presbítero, “un
lápiz en manos de Jesús” (Santa madre Teresa de Calcuta). La vocación del presbítero
se realiza mediante un itinerario que inicia y consolida con la vocación se imprime
indeleblemente en la consagración y conlleva a la misión de anunciar el Evangelio.
b. La espiritualidad presbiteral derivada de su identidad sacramental: es la acción del
Espíritu santo en la vida del sacerdote diocesano, es una vocación a la santidad, la
cual se materializa por medio del ejercicio del ministerio, vinculados al obispo,
presbiterio y comunidad cristiana. El llamado de Dios a los sacerdotes es a imitar
plenamente el ministerio de Cristo, siguiendo su estilo.
c. Del “misterio al ministerio”2 presbiteral: el origen sacramental se prolonga en el
ejercicio ministerial. La institución del ministerio ordenado comporta el llamado, la
unción y el envío; materializan el misterio sacerdotal de Jesucristo: anuncian el Reino
de Dios, santifican, rigen y cuidan al pueblo de Dios.
1
OT 4:, Cfr. PDV 57.
2
PDV 74 f
Ministerio presbiteral de la Palabra:
o Consagrados a la Palabra, llevan al pueblo al conocimiento de la Verdad que es
Cristo.
o Maestros, educadores en la fe y catequistas enseñan la revelación de Dios a los
hombres para su salvación, no sus interpretaciones, sino que invitan a la
conversión y la santidad propuesta por el evangelio.
o Conlleva al diálogo con las culturas, los no creyentes y los que no conocen ni
aman a Jesucristo.
o Es necesario fomentar una familiaridad con la Palabra para que nutra la
espiritualidad, adquirida en el estudio y oración, acercándose con un corazón
dócil, de manera que, “crean lo que leen, enseñen lo que creen. Y practiquen lo
que enseñan”.
Ministerio presbiteral de la santificación y el culto.
o En la celebración de los sacramentos y la Liturgia de las horas.
o En la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección del Señor, allí donde se
edifica el Cuerpo de Cristo.
o Llamados a identificarse “con aquello que realizan y a imitar lo que
conmemoran”. Así, se entregan, junto con la Asamblea para ser transformados
por la fuerza sacramental.
o Son continuadores de la edificación del cuerpo eclesial al engendrar nuevos hijos
por medio del sacramento del bautismo, reconcilian por la penitencia a los que
por el pecado se han apartado de Dios.
o Introducen al pueblo de Dios en la santidad por la oración personal y oficial de
la Iglesia.
Ministerio presbiteral de la comunión eclesial.
o Reviven la autoridad y el servicio de Jesucristo como animadores y guías de la
comunidad, atentos y disponibles a cada persona y a las diversas vocaciones.
o Permanecen en comunión con el Obispo, puesto que son delegados por el mismo
para hacerle presente en las comunidades.
o Su ministerio no es un oficio de privilegios, antes bien, comporta asimilar sus
dolores personales y los de la comunidad con los dolores del Señor en la Cruz.
o Su ministerio busca constituir comunidades auténticas que participan de la misma
fe y viven en la caridad.
Conclusión:
Luego de compartir este texto y de recibir la conferencia de D. Gabriel Richi Alberti:
«La Parroquia, lugar de comunión eclesial», me parece que, el sacerdote diocesano tiene
un espacio propio de desarrollo de su ministerio: la parroquia. Es el lugar donde se
materializa la comunidad de cristianos, mediante su acción evangelizadora y la asamblea
litúrgica. Es lugar de comunión eclesial, el lugar donde la Iglesia universal se hacer
presente. No es un centro de servicios, como el presbítero no es un empleado con un
oficio, es una realidad relativa, puesto que es Cristo quien entra en relación con todos, el
presbítero, incluso, es sujeto y medio de esta relatividad del Evangelio.