La cosmovisión católica de Guardini
La cosmovisión católica de Guardini
En primer lugar quisiera agradecer de todo corazón la invitación –que siento inmerecida– a
acompañaros hoy en este acto académico de inicio de curso. El poeta y novelista italiano
Cesare Pavese escribió en uno de sus diarios, publicados con el título de El oficio de vivir,
estas conocidas palabras: "La única alegría en el mundo es comenzar. Es hermoso vivir
porque vivir es comenzar, siempre, a cada instante"1 . Lo que no sabía Pavese es que sólo
hay Uno que nos permite comenzar siempre, cada mañana, cada instante, partiendo no de
cero, sino de la Misericordia. Por eso, comenzar un nuevo curso académico –y también
personal– es, para todos nosotros, una verdadera alegría.
Y lo es más aún estar entre maestros y amigos a los que nos une la apasionante aventura
cristiana. Hace años, estudiando en Roma a los Padres de la Iglesia, encontré esta frase
de San Agustín que me ha acompañado desde entonces y que no me resisto a citar en el
latín original por la belleza de su expresión: "Quid nos consolatur in hac humana societate
erroribus aerumnisque plenissima nisi fides non ficta et mutua dilectio verorum et bonorum
amicorum?"2. Que en lengua vernácula podríamos traducir así: "¿Qué podrá consolarnos
en esta sociedad humana, repleta de errores y tribulaciones, sino una fe no fingida [una fe
verdadera] y el afecto mutuo de los verdaderos y buenos amigos?" Creo que estaremos
de acuerdo en que las palabras del obispo de Hipona constituyen hoy para nosotros una
preciosa indicación de método para vivir.
ROMANO GUARDINI
Uno de estos amigos buenos y verdaderos, de fe auténtica, es el que hoy quiero convocar
a nuestra consideración. Hace apenas unos días, el pasado 1 de octubre, se han cumplido
cincuenta años de la muerte del que Max Scheler definió "el pedagogo cristiano alemán
por excelencia" y Hans Urs von Balthasar "el primer teólogo moderno"3: Romano Guardini.
Con ocasión de este aniversario son muchas las instituciones académicas y eclesiales que
han querido revisitar la vida y la obra de Guardini, con el deseo de profundizar aún más en
la originalidad de su pensamiento y también con la pregunta acerca de la actualidad de su
visión sobre la existencia cristiana para el momento presente. En el pasado mes de enero
1
se celebró en Berlín un congreso al que asistieron más de treinta especialistas en Guardini,
incluyendo algunos jóvenes profesores y doctorandos, cuyos estudios parecen prometer
una renovación de los estudios guardinianos.
Como es bien sabido, el gran divulgador de Guardini en España ha sido Alfonso López
Quintás5, quien tuvo ocasión de seguir sus clases en la Universidad de Munich y sus
predicaciones en la Iglesia universitaria de San Luis. Así describe López Quintás su
encuentro con Guardini: "Su figura humana e intelectual me interesó vivamente desde el
primer contacto. Desbordaba entusiasmo en la búsqueda de la verdad integral del
hombre. Se le veía plenamente consagrado a su labor sacerdotal, pero al mismo tiempo
sabía mirar la cultura no directamente religiosa –filosofía, arte, literatura, urbanismo...– con
ojos encendidos"6.
¿De dónde nace esta mirada encendida de Guardini? Os propongo recorrer, con cierto
detenimiento, su itinerario existencial, ya que todo su pensamiento y su obra nacen de la
vida, de su contacto permanente y dramático con la realidad. Alguien ha dicho
acertadamente que "las circunstancias por las que Dios nos hace pasar constituyen un
factor esencial de nuestra vocación, de la misión a la que nos llama"7. Así es, ciertamente,
en el caso de Guardini, que vivió una existencia no exenta de pruebas e incomprensiones,
a las que se unía su propio carácter, tímido y a veces escrupuloso, así como su frágil
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salud. Todos sus escritos, como veremos, nacen del deseo de comunicar el fruto de su
reflexión sobre la existencia cristiana, tanto en las lecciones universitarias, como en su
predicación o en el encuentro con los jóvenes.
Guardini fue siempre poco dado a hablar de sí mismo, pero tras la clausura de su cátedra
berlinesa se decidió a narrar algo de sí mismo, de su vida y sus motivaciones, en una obra
que quedó incompleta y que llamó Apuntes para una autobiografía8 , escrita entre 1943 y
1945. De ella nos servimos en lo que diremos a continuación.
Romano Guardini nace en Verona, Italia, en 1885, cerca del célebre teatro romano
conocido como "la Arena". Pero pronto la familia se traslada a Maguncia, en Alemania,
donde el padre se hará cargo del negocio de los abuelos y ejercerá como cónsul del recién
proclamado Reino de Italia. Esta doble condición, italiana y alemana, será importante en la
vida de Guardini, que escribe años más tarde: "Mientras en casa se hablaba y pensaba en
italiano, yo crecí espiritualmente en el ámbito de la lengua y cultura germanas". Los versos
de la Divina Comedia, recitados por su padre, marcarán la infancia de Guardini, que le
dedicará en 1937 su estudio El angel en la Divina Comedia de Dante9 . Sus visitas a Italia,
especialmente en los periodos estivales, marcarán también el alma de Guardini, hasta
llegar a sus célebres Cartas del Lago de Como10 , editadas en una revista alemana entre
1923 y 1925 y recopiladas en forma de libro en 1926. Estos escritos, en los que Guardini
reflexiona sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, el influjo creciente de la técnica
y la crisis de la cultura y el arte, ejercerían un enorme influjo en varias generaciones de
universitarios, hombres de cultura y artistas. Pero, aunque el ámbito familiar permanezca
opaco al mundo cultural alemán, el joven Guardini pronto comprenderá que ha de
insertarse en la tradición y la lengua germánicas. Es lo que le llevará en su juventud a
solicitar la nacionalidad alemana, imprescindible por otro lado para poder realizar una
carrera profesional. Pero no habrá para él contradición entre la herencia italiana y la cultura
alemana, sino una complementariedad que va a encontrar su ámbito unificador en la idea
y el sentimiento de Europa. Recordemos que en 1962, casi al final de su vida, Guardini
recibe en Bruselas el Premio Erasmo al mejor humanista europeo, ocasión en la que
pronuncia su célebre conferencia Europa: realidad y tarea11 , publicada ese mismo año en
Maguncia.
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Guardini tenía tres hermanos. Su familia era creyente, pero nuestro autor dice de su padre
que era un tanto escéptico, "como es frecuente entre los italianos". De su madre dice que
era piadosa, "en un sentido íntimo y árido". Y sobre él mismo confiesa: "Mi vida religiosa
fue más bien una carga hasta que estuve en la universidad".
Guardini realizó sus estudios primarios y secundarios en Maguncia. Estos primeros años
no fueron fáciles. No le era inmediato tejer relaciones sociales y, además, dice: "Siempre
fui un angustiado y, durante muchos años, muy escrupuloso. De aquí surgió una tendencia
a la melancolía que se agudizó después y que siempre me preocupó". Años más tarde, en
1935, Guardini escribe un ensayo titulado Sobre el sentido de la melancolía12 . En él señala
que "la melancolía es la inquietud del hombre ante la vecindad de lo Eterno. Dicha y
amenaza a la par". Es por tanto una realidad de orden espiritual.
HACIA EL SACERDOCIO
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buhardilla de la casa de sus padres, donde había estado hablando de estas cosas con su
amigo Karl Neundörfer. Y dice:
"Poco a poco me había ido quedando claro que existe una ley según la cual el
hombre, cuando 'conserva su alma', es decir, cuando permanece en sí mismo y
acepta como válido únicamente lo que le parece evidente a primera vista, pierde lo
esencial. Si por el contrario quiere alcanzar la verdad y en ella su auténtico yo,
debe darse […]. Yo me senté en mi mesa y seguí dando vueltas a la frase 'dar mi
alma', pero ¿a quién? ¿Quién puede pedírmela? ¿Pedírmela de tal modo que ya no
sea yo quien puede disponer de ella? No ‘Dios’ simplemente, ya que cuando el
hombre pretende arreglárselas solo con Dios, dice ‘Dios’ pero está pensando en sí
mismo. Por eso, tiene que existir una instancia objetiva que pueda sacar mi
respuesta de los recovecos de mi autoafirmación. Pero sólo existe una instancia
así: la Iglesia católica con su autoridad y precisión. La cuestión de conservar o
entregar el alma se decide, en último término, no ante Dios sino ante la Iglesia.
Entonces sentí como si todo –realmente ‘todo’ mi ser– estuviese en mis manos,
como en una balanza en equilibrio: Puedo hacerla inclinarse hacia la derecha o
hacia la izquierda. Puedo dar mi alma o conservarla… Y la hice inclinarse hacia la
derecha. El momento fue completamente silencioso; no consistió ni en una
sacudida, ni en una iluminación, ni en ningún tipo de experiencia extraordinaria.
Fue simplemente que llegué a una convicción: Es así, y después el movimiento
imperceptiblemente dócil: Así debe ser"14.
Este fue, sin duda, el momento decisivo en la vida de Guardini, que tuvo además la alegría
de compartir su conversión con la de su amigo Karl. Hay muchos tipos de conversión, casi
tantos como personas. Pensemos en el "hecho extraordinario" de García Morente o en las
sorprendentes y casi instantáneas conversiones de André Frossard o de Paul Claudel. La
de Guardini, ciertamente, no fue así, como acabamos de escuchar. En su caso, las dudas
y vacilaciones que lo habían atormentado desde su infancia encontraron su punto de
descanso en una constatación: podía entregar su vida por completo al Señor, porque
existía su Iglesia; podía abandonar el terreno pantanoso de su subjetividad para empezar
a vivir en el seno de la gran tradición y la gran comunión de la Iglesia.
14 Romano Guardini, Apuntes para una autobiografía, Encuentro, Madrid, 1992, pp. 98-100.
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En 1906 Guardini se trasladada a Friburgo, para concluir sus estudios anteriores y
comenzar los de Teología. Experimenta todavía miedo a entregarse y sufre aún momentos
de melancolía, pero un día, rezando el Rosario, se ve liberado: "Desde aquel momento ya
no tuve más dudas acerca de mi vocación sacerdotal". Guardini se vuelca en los estudios,
pero no logra asumir interiormente las doctrinas que le transmiten sus profesores. Decide
entonces un nuevo cambio: esta vez a Tubinga, donde en aquellos años se estaban
abordando las cuestiones teológicas de mayor actualidad. A partir del otoño de 1906
cursa tres intensos semestres, encontrando grandes maestros, uno de los cuales, el
teólogo dogmático Wilhelm Koch, se convertirá en su confesor, logrando liberarle de la
angustia de su conciencia escrupulosa. También, recuerda Guardini, le reveló "el valor vital
de los dogmas".
LA VERDAD ES POLIFÓNICA
En estos años la mente y el corazón de Guardini se van abriendo a las múltiples facetas de
la verdad. Quien es amante de la montaña sabe que a una cumbre puede accederse
desde diversas vías, desde variadas vertientes, todas ellas verdaderas, aunque algunas
más seguras o accesibles que otras. El joven estudiante lee muchísimo y se interesa por
todo lo que descubre. Escribe uno de sus amigos: "Encontraba la llave para abrirse a
todo. Me acuerdo de una conversación en la que, siendo estudiante, acuñó la maravillosa
frase que nunca olvidé... 'la verdad es polifónica'. Podría considerarse como el lema de
toda su obra". ¡Cómo no pensar aquí en la célebre expresión de Hans Urs von Balthasar,
"la verdad es sinfónica"! Recordemos que Von Balthasar escuchó las lecciones de
Guardini, pudiendo considerarse uno de sus discípulos. Que la verdad sea "polifónica"
significa que resuena con muchas voces, armónicas entre sí, lo cual exige grandeza de
espíritu y una gran apertura por parte de quien se acerca a ella. Este descubrimiento alejó
a Guardini de cualquier tipo de reducción o esquematismo, permitiéndole tener una gran
unidad de pensamiento sin traicionar la riqueza y el cromatismo de la verdad.
Merece la pena, llegados a este punto, leer un espléndido texto de Guardini, dirigido a los
jóvenes a los que tanto tiempo dedicó, y que sin duda puede resultar de gran utilidad para
nuestros estudiantes, que en estos tiempos de relativismo y confusión pueden sentir la
tentación de buscar seguridad en fórmulas simples y unívocas:
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responde sino a pereza, o a afán de simplificación arbitraria y violenta. Hablamos en
nuestra experiencia cotidiana de fenómenos poderosos y fenómenos sencillos. Así,
por ejemplo, decimos que un sonido de campana es algo puro, sencillo y al mismo
tiempo pleno, y en ello consiste su poder y su paz. Nada más cierto. Pero ¿de veras
es el sonido de campana algo sencillo? Los que tienen buen oído nos dicen que las
campanas más imponentes son precisamente aquellas cuyo sonido tiene más
tonos complementarios [armónicos]. Tal sonido, por consiguiente, no es sencillo; en
realidad, es más bien un acorde. Un sonido verdaderamente simple sonaría
estridente y vacío. Esto remite a algo muy importante, a saber, que las cosas del
mundo real son siempre –prosiguiendo el símil musical– polifónicas. Sólo las
artificiales que el hombre produce (...) son 'sencillas'. Las cosas vivientes surgen
siempre por la colaboración de fuerzas diversas. Son polifónicas, complejas. Y por
eso tienen poder y realidad. En ellas resuena de algún modo el todo".
ESTUDIOS Y SACERDOCIO
Entre 1913 y 1915 Guardini realiza los estudios de doctorado en Friburgo. Su tesis
doctoral es sobre la doctrina de la redención en San Buenaventura, texto que sería
publicado en 1921. Completados sus estudios regresa a Maguncia, donde no es requerido
como profesor del Seminario, aunque esta parecía la idea inicial. Durante cinco años
Guardini trabaja como asistente espiritual de los jóvenes católicos de las escuelas
superiores, agrupados en una asociación llamada "Juventus".
Pero estos años estarán marcados también por otra circunstancia importante: con la
entrada de Italia en la Gran Guerra, Guardini se ve obligado a ocuparse de los asuntos y
negocios familiares, ya que su padre ha de abandonar Alemania, instalándose en Suiza.
Además, el joven doctor en teología se verá obligado a cumplir el servicio militar, desde
otoño de 1916 a la primavera de 1918, como enfermero de guerra y en trabajos de oficina.
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Ese mismo año de 1918 Guardini publica, inaugurando la colección "Ecclesia Orans" de la
Abadía benedictina de Maria Laach, su obra Sobre el espíritu de la liturgia15 , importante
escrito que, a decir de Joseph Ratzinger, "puede considerarse, con toda razón, el punto
de partida del Movimiento Litúrgico en Alemania". La aportación litúrgica de Guardini es
tan esencial que Ratzinger, en 1999, quiso poner el mismo título a su obra El espíritu de la
liturgia, para intentar actualizar, tras los aciertos y sombras de la reforma litúrgica conciliar,
el espíritu del movimiento litúrgico del que Guardini formó parte. Recordemos que
Columba Marmión y Odo Casel también publicaban en esos mismos años sus obras sobre
la dimensión eclesial de la liturgia y los misterios cristianos. Y que Rudolf Otto había
publicado un año antes su célebre obra sobre Lo sagrado.
15 La obra fue publicada en España en 1933. La última edición es la del Centre de Pastoral
Litúrgica (CPL) de Barcelona, de 2017.
El término procede del alemán antiguo y significa "fuente que mana", "fuente de agua viva". El
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movimiento lo usaba en clara alusión al diálogo de Jesús con la samaritana en el pozo de Sicar.
17 El movimiento tenía dos revistas, una de carácter interno, llamada Quickborn, y otra pública,
llamada Die Schildgenossen –los "compañeros de escudo", aludiendo a los guerreros que hacían
frente a sus enemigos amparados en un mismo escudo–, que estuvo activa desde 1920 hasta
1941.
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expectantes de los demás. Cada pensamiento era la respuesta a una pregunta. Lo
que decía uno lo tomaba otro y lo proseguía (...) Y cuando, al final, se concluía con
una breve oración se redondeaba todo y recibía su última consagración. ¡Ah, esto
era muy bello! Cuán a menudo vuelvo allí en espíritu, y siempre están esas veladas
ante mí en espíritu con su luminosidad poderosa y cálida".
"Nos fascinaba oír lo que no habíamos oído nunca y que este hombre sabía
decirnos con una sencillez de expresión apenas creíble. Naturalmente,
encontrábamos también sobremanera colorista asistir a los coloquios vespertinos,
sentados en el suelo, en torno a un cirio ardiendo. Pero lo verdaderamente atractivo
era que, en estas largas conversaciones nocturnas, las palabras de Guardini, claras
y completamente sencillas, pese a todo el dinamismo que se adivinaba tras ellas,
nos abrían una dimensión del mundo que no habíamos sospechado hasta entonces
y que inmediatamente asumimos con ardor"20 .
18La revista Quickborn publicó a partir de 1921 una serie de artículos de Guardini sobre "La liturgia
en la vida cotidiana".
19 Romano Guardini, Los signos sagrados, Editorial Litúrgica Española, 1965.
20 La cita aparece en la biografía de Gerl-Falkovitz, p. 183 de la edición alemana.
21 Romano Guardini, Los sentidos y el conocimiento religioso, Cristiandad, Madrid, 1965.
22 Podemos encontrar el texto en el primer volumen de las obras de Guardini publicado por
Cristiandad en 1981.
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La formación de los jóvenes en este movimiento no se limitaba a los coloquios y a las
catequesis, sino que incluía juegos y bailes, excursiones, el canto en común, visitas
culturales y la vivencia de la liturgia, incluyendo el rezo del Rosario y el Via Crucis. En uno
de los periodos estivales, por ejemplo, algunos jóvenes de Rothenfels recitaron textos
litúrgicos relacionados con el Adviento que el propio Guardini había traducido, mientras el
coro entonaba pasajes de una de las Pasiones de Heinrich Schütz.
Chicos y chicas participaban juntos en estas convivencias, lo que no era práctica común
en la época, y se comprometían a no fumar ni beber, y a vivir la castidad, como recuerda el
proprio Guardini, que pretendía "entreverar la independencia juvenil con el espíritu de
obediencia, la espontaneidad en el trato con el otro sexo con el espíritu de pureza y una
relación originaria respecto a la naturaleza y las cosas, con el espíritu de la pobreza de
Cristo". Guardini daba, además, gran importancia al silencio. Proponía a los jóvenes que
asistían a las jornadas en Rothenfels que custodiaran lo que vivían cada día, haciendo
silencio desde la oración de la noche hasta el día siguiente. Les decía: "Callar es más que
no hablar. Callar es plenitud, hace que pueda haber plenitud. Guardar silencio es para la
vida del hombre lo que es la caja de resonancia para una cuerda que vibra". Es hermosa
esta cita y un excelente criterio educativo que yo he podido comprobar tanto en mi vida
personal como en el trabajo con jóvenes.
En 1920 Guardini había pedido permiso para ampliar sus estudios con la intención de
presentarse al examen estatal que le habilitaría para enseñar en la Universidad. Lo hace en
23 En 1930 Guardini publicó un texto, muy leído por los jóvenes de Rothenfels, sobre esta
dimensión comunitaria de la experiencia de fe: Posibilidad y límites de la comunidad. Creo que la
traducción española se encuentra en el volumen de Escritos políticos publicado por Palabra en
2011.
24El texto fue publicado en español en 1955 por la editorial Dinor, pero existen varias ediciones
posteriores.
10
Bonn, cuyo rector era un amigo del abad Herwegen, de la abadía de Maria Laach. Guardini
conoce en este periodo a grandes intelectuales, como Martin Buber o Herman Platz, un
estudioso de Pascal.
En enero de 1922 tiene lugar el acto de habilitación de Guardini con un nuevo estudio
sobre San Buenaventura y una lección magistral sobre el principio "credo ut intelligam" de
San Anselmo. Guardini comienza también una intensa colaboración con la revista de
estudios litúrgicos editada por Odo Casel –monje de Maria Laach– que durará sólo dos
años, debido a las diferencias de concepción acerca de la vida litúrgica de la Iglesia, en la
que Guardini creía que debía incluirse la oración personal y las formas de oración popular,
como el Rosario25 o el Via Crucis26 , a los que dedicó sendas obras. La certeza de que la
famosa escena del cuadro de Millet, que muestra a unos campesinos rezando el Angelus
en medio de la jornada, constituía un acto litúrgico, en sentido amplio, no era compartida
por Odo Casel o el abad Herwegen.
25 Romano Guardini, Orar con el Rosario de Nuestra Señora, Desclée de Brouwer, 2010.
26 Romano Guardini, Vía Crucis, Rialp, 1956. Existe edición reciente en Desclée de Brouwer, 2010.
27 Romano Guardini, El sentido de la Iglesia, Dinor, 1958.
28Existe edición reciente de ambas obras: Romano Guardini, El sentido de la Iglesia. La Iglesia de
Cristo, Edibesa, 2011.
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Universidad de Berlín. El ministro de cultura alemán, Carl H. Becker, acababa de crear en
las universidades alemanas cátedras de Weltanschauung, con la intención de formular las
diversas visiones del mundo, entre ellas la católica. Guardini –que gozaba ya de prestigio
en el ámbito de las organizaciones católicas– fue elegido para dirigir esta cátedra en
Berlín, una universidad protestante y laicista que no veía con buenos ojos esta presencia
católica en sus aulas. Además, la cátedra estaba adscrita a un centro externo, la facultad
de teología católica de Breslau, por lo que Guardini era considerado por algunos como un
elemento extraño a la universidad, un propagandista católico. De hecho, recibió esta
advertencia al hacerse cargo de las clases: "Estamos convencidos de que no durará
mucho". Adolf von Harnack, el famoso teólogo luterano, dijo por su parte: "Dejad venir al
señor Guardini. Si tiene algo que decir, lo dirá; y si no, fracasará sin que nosotros
tengamos que hacer nada".
Sin embargo, Guardini hizo algunas buenas amistades al llegar, en la primavera de 1923, a
la universidad de Berlín. Entre otros, el prestigioso pensador Werner Jaeger, quien le
dedicó su obra Paideia: los ideales de la cultura griega. La cátedra tenía el título de
"Filosofía de la religión y cosmovisión católica", pero su contenido no estaba aún definido.
Guardini no quería ofrecer simplemente un curso de apologética, sino una auténtica
"cosmovisión" católica, que él definió con estas palabras: "La mirada sobre la realidad del
mundo que se hace posible a partir de la fe". O también: "El encuentro constante,
metódico, entre la fe y el mundo, la cultura y sus manifestaciones, la historia, la vida
social..." Es interesante señalar la circularidad del planteamiento de Guardini: la fe que
nace de la Revelación permite mirar y comprender el mundo de una forma que sería
imposible sin ella, pero, al mismo tiempo, la mirada al mundo y a la historia desafía a la fe
revelada, descubriendo contenidos que de otro modo permanecerían ocultos. Se trataba
de cultivar un pensamiento de frontera, en esos "frentes" –por usar la expresión de Péguy–
en los que se encuentra y se juega la verdad del mundo y la verdad del hombre. En ayuda
de Guardini vino otro eminente profesor, Max Scheler, quien le aconsejó: "Usted debería
hacer lo que implica la palabra 'cosmovisión': contemplar el mundo, las cosas, los
hombres, las obras, pero hacerlo como cristiano consciente de su responsabilidad y decir,
con nivel científico, lo que usted ve. Investigue, por ejemplo, las novelas de Dostoievski y
tome partido desde su perspectiva cristiana a fin de esclarecer, por una parte, la obra
analizada y, por otra, el punto de partida mismo".
Guardini siguió este consejo, que coincidía con su propio temperamento intelectual y
abordó en sus lecciones, con éxito creciente de alumnos e incluso de algún profesor, a
autores como Agustín de Hipona, Dante, Pascal, Kierkegaard, Hölderlin, Rilke o
Dostoievsky. Algunas de las obras más interesantes de Guardini nacen de estas lecciones,
en las que nuestro autor, alejado de un academicismo erudito, pretendía aplicar el método
fenomenológico desarrollado por Husserl, partiendo de lo visible y fácilmente accesible
12
para llegar a lo más profundo. Con palabras de López Quintás, aspiraba a "encontrar la
verdad como se encuentra a una persona, abriéndose a sus diversas vertientes". Si, por
una parte, esta búsqueda de la verdadera realidad la aprendió Guardini en sus estudios
sobre autores medievales como San Buenaventura o San Anselmo, también es mérito
suyo haber reconocido y señalado a toda la Iglesia "que 'el retorno a las cosas mismas'
postulado por el fundador de la Fenomenología, Husserl, se da de forma eminente en el
catolicismo"29. El mismo Erich Przywara elogió este esfuerzo de Guardini por integrar el
retorno a una sana objetividad –finalidad de la Fenomenología– con el movimiento
litúrgico, que señalaba la orientación total de la vida a Dios, y el movimiento juvenil, que
proponía la integración activa del individuo en la vida de la comunidad.
Quien quiera conocer mejor cuál era el planteamiento de Guardini en sus lecciones en la
cátedra de Weltanschauung, puede leer su obra La esencia de la concepción católica del
mundo30 , que recoge sus primeras lecciones en Berlín. Es interesante el testimonio que
sus contemporáneos dan sobre el modo de preparar las clases de Guardini. Era tan
responsable y concienzudo que en algún caso llegó a suspender o aplazar una clase por
no haber logrado prepararla como él consideraba que debía hacerlo. Aunque inicialmente
tuvo pocos alumnos, poco a poco sus clases fueron siendo frecuentadas por un número
creciente de jóvenes, trescientos o más, de modo que incluso el aula magna de la
universidad llegó a quedarse pequeña. A los estudiantes católicos se sumaban también
algunos alumnos protestantes de diversas facultades, así como jóvenes de fuera de la
universidad, e incluso colegas docentes. La filósofa Hanna Arendt asistió a algunas de sus
primeras lecciones, despertándose en ella, por el influjo de Guardini, el deseo de estudiar
teología. Y, años más tarde, en Munich, volvió a escuchar a Guardini, en una clase "con
casi mil doscientos asistentes, sentados, de pie, tumbados, amontonados".
López Quintás nos ofrece el método de Guardini: "No pretendía persuadir, conmover [...]
ponía todo su empeño en hacer patente la verdad, bien seguro de que ésta tiene un poder
inmenso de atracción". Es muy interesante esta confianza en la verdad, este modo libre y
sin pretensiones de acercarse a ella. Guardini recuerda:
"Entre 1920 y 1943 desarrollé una intensa actividad como predicador y he de decir
que pocas cosas recuerdo con tanto cariño como ésta. A medida que pasaba el
tiempo cada vez me importaba menos el efecto inmediato. Lo que desde un
principio pretendía, primero por instinto y luego cada vez más conscientemente,
era hacer resplandecer la verdad. La verdad es una fuerza, pero sólo cuando no se
exige de ella ningún efecto inmediato, sino que se tiene paciencia y se da tiempo al
29 Alfonso López Quintás, Romano Guardini, maestro de vida, Palabra, Madrid, 1998, p. 49.
30 Romano Guardini, La esencia de la concepción católica del mundo, UNAM, México, 1957.
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tiempo; mejor aún, cuando no se piensa en los efectos, sino que se quiere mostrar
la verdad por sí misma, por amor a su grandeza sagrada y divina"31.
Es célebre la expresión de Hans Urs von Balthasar, que al hablar de la teología de los
Padres de la Iglesia y de los grandes autores medievales escribió: "En tanto fue una
teología de santos, la teología fue una teología orante, arrodillada". Y añadía: "Hubo algún
momento en que se pasó de la teología arrodillada a la teología sentada"32. En Guardini
encontramos ya una expresión semejante, al menos en el contenido: "Tenemos que volver
a aprender que no es sólo el corazón el que debe rezar, sino también la mente. El mismo
conocimiento ha de convertirse en oración, en cuanto la verdad se hace amor".
En 1925 Guardini publicó una importante obra, El contraste. Ensayo de una filosofía de lo
viviente-concreto33, en la que exponía su "teoría de la oposición polar" o "del contraste",
en la que llevaba trabajando desde 1905. Se trata de una obra compleja, de la que
únicamente destacamos su aportación a una fenomenología de la realidad, a la que
Guardini quería ser dócil, y que no podía encasillarse en los esquemas de un racionalismo
cartesiano. Guardini reclamaba el valor de la intuición en el uso de la razón aplicada a las
realidades vivientes y recordaba que los conceptos, siempre necesarios, son ventanas
abiertas a una realidad sin límites. Nuestro autor había aprendido, en sus estudios sobre
pensadores medievales, una forma orgánica de pensar, en la que concepto e imagen,
pensamiento y visión intuitiva no se hallaban contrapuestos. En toda su acción pastoral
Guardini intentó mostrar siempre la complementariedad de muchos binomios o
polaridades, como libertad y autoridad, individuo y comunidad, interioridad y
exterioridad...
En 1937 aparece una de las obras más importantes de Guardini y, sin duda, la que todo
estudiante de teología debería leer y con la que podría rezar con fruto: El Señor.
Meditaciones sobre la persona y la vida de Jesucristo34 . Este grueso volumen recoge una
parte importante de las homilías pronunciadas por Guardini en la iglesia berlinesa de San
Benito desde 1928 hasta 1943. Guardini pronunció estas mismas homilías también en el
castillo de Rothenfels a partir de 1932 y fueron publicadas en cuadernos mensuales con el
título De la vida del Señor. Un año antes, en 1936, Guardini había publicado La imagen de
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Jesús, el Cristo, en el Nuevo Testamento35. Y seguirá predicando y escribiendo sobre el
Señor, de modo que en 1957 aparece su obra Jesucristo. Palabras espirituales36, y en
1958 La realidad humana del Señor37. En El Señor Guardini no ofrece una biografía de
Jesús de carácter histórico, ni tampoco pretende realizar una exégesis bíblica con rigor
académico. Se trata, más bien, de ponerse ante Jesús, tal como aparece en los relatos
evangélicos, "sabiendo detenerse ante un suceso, una palabra, una acción, escuchando
atentamente, dejándose aleccionar, adorando y obedeciendo", teniendo en cuenta que
estamos ante una Persona viva, ya que somos "contemporáneos del Señor Resucitado"38.
Igual que hace en su obra sobre La Madre del Señor39, Guardini se pregunta: "¿Cómo se
relaciona con las personas, con las cosas, con su propia época y con la historia en
general? ¿Cómo enseña, cómo sufre, cómo reza? ¿Cuáles son sus motivaciones? ¿De
qué modo se relaciona con 'Dios'? [...] Todo esto debe ser cuidadosamente investigado;
por supuesto, conforme al sentir de la Iglesia, que es el único ámbito adecuado para ver
con toda fidelidad la quintaesencia de la figura de Cristo". ¿No nos hacen pensar estas
palabras de Guardini en el regalo que nos hizo Benedicto XVI con su trilogía sobre Jesús
de Nazaret? También en estos libros de madurez del teólogo Ratzinger encontramos como
criterio una "exégesis canónica" que nos acerca al Señor desde la tradición espiritual y
litúrgica de la Iglesia.
"Antes de Pentecostés, Cristo se hallaba respecto a los suyos 'ante' ellos. Entre Él
y ellos había un abismo. No le habían comprendido. No lo habían 'interiorizado'
aún. Con el acontecimiento de Pentecostés se cambia esta relación. Cristo, su
persona, su vida y su acción redentora se convierten para los hombres en algo
'interior' y 'manifiesto'. Ahora comienzan a ser 'cristianos'. Pentecostés es la hora
15
en que nace la fe cristiana, vista como un modo de ser en Cristo; no por una mera
'vivencia religiosa', sino por obra del Espíritu Santo. El concepto del 'en' cristiano
es la categoría pneumática fundamental".
16
observaciones autobiográficas con el título original de Conmemoraciones y recuerdos, y
en 1980 aparecerían algunas notas de un diario, escrito entre 1942 y 1964, con el título
Verdad de pensamiento y verdad de la acción.
En este periodo muniqués Guardini siguió impartiendo lecciones sobre diversos temas y
autores. Sus clases sobre Ética verían la luz postumamente, en un volumen que en España
recibió el título de Una ética para nuestro tiempo44. En el invierno de 1947 Guardini había
comenzado un ciclo de conferencias que completaría al año siguiente en Munich. El texto
apareció en 1950 con el título El fin de la modernidad, publicado en español como El
ocaso de la Edad Moderna45, una de las obras más leídas de Guardini, ya que en ella
nuestro autor adelantó más de treinta años la tesis del agotamiento y fin de la modernidad.
Era, sin duda, un texto profético aunque desconcertante para muchos, que movidos por
un optimismo ingenuo vislumbraban tras la guerra un renacimiento de la modernidad, el
amanecer de un nuevo humanismo. Guardini les decía: "No se trata de un renacimiento,
sino solo de una ilusoria reacción a los éxitos negativos de una modernidad que ha
concluido sin remedio su ciclo. Por lo tanto es necesario analizar la época que termina
43 El texto ha sido publicado por Palabra en 2011, en el volumen antes citado de Escritos políticos.
44 Publicada en España por Cristiandad en 1974. Hay ediciones más recientes.
45 La editorial Cristiandad publicó la traducción española en 1958.
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para vislumbrar los tiempos postmodernos que la siguen y que todavía no tienen nombre".
Guardini denunciaba que los totalitarismos del siglo XX no eran sino frutos póstumos de la
lógica misma de la modernidad, que renegando de la tradición cristiana había acabado
dotando de elementos "religiosos" a ideologías devastadoras. Recordemos al respecto lo
que Henri de Lubac había escrito en 1944 en su imprescindible obra El drama del
humanismo ateo: "No es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo algunas veces, no
pueda organizar la tierra sin Dios. Lo cierto es que sin Dios no puede, en fin de cuentas,
más que organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo
inhumano"46.
Ese mismo año de 1965 la Universidad de Munich organizó una celebración académica
en su honor, cuyo discurso principal fue pronunciado por Karl Rahner, continuador de la
cátedra de Guardini tras su jubilación. Además la Universidad le ofreció un volumen de
homenaje, con el título Interpretación del mundo, en el que colaboraron, entre muchos
otros, Balthasar, Daniélou, Marcel, Pieper, Ricoeur o Schmaus. Poco después Guardini
tuvo que ser hospitalizado durante varios meses debido a un colapso cardíaco.
Guardini haría aún un último viaje a Italia en agosto de 1968, como si quisiera despedirse
de su tierra natal, pues murió, como recordábamos al inicio, el 1 de octubre de 1968,
siendo enterrado en el pequeño cementerio sacerdotal del Oratorio de San Felipe Neri en
la parroquia de San Lorenzo de Munich. Posteriormente sus restos serían trasladados a
una capilla de la Iglesia universitaria de San Luis, donde tantas veces predicó y donde
puede verse una placa conmemorativa en bronce con la frase: "La verdad tiene un poder
brillante y sereno. En mi trabajo pastoral tuve un solo objetivo: ayudar por medio de la
verdad".
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próximos años la Iglesia nos propondrá a Romano Guardini no sólo como maestro, sino
también –y es lo más importante– como discípulo de Jesucristo, como siervo de Dios en
quien contemplar la acción de la gracia. Por eso, deseo concluir esta intervención con la
oración que la Iglesia alemana ha propuesto para orar en esta primera fase del
discernimiento de la santidad de Guardini. Reza así:
"Señor Jesucristo,
Muchas gracias.
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