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ANTONIO
GADES
Nombre artístico de Antonio Esteve Ródenas, por iniciativa de Pilar
López. Elda (Alicante), 1936. Bailaor y bailarín de español y clásico.
Vivió desde muy joven en Madrid y alternó diversos trabajos con su
afición al toreo, actuando en novilladas económicas. Discípulo de La
Palitos y de Pilar López, en cuya compañía ingresó a mediados de
los años cincuenta, después de actuar en algunas salas de fiestas
españolas. Permaneció junto a Pilar López, como primer bailarín,
hasta 1961, recorriendo en numerosas giras los principales teatros
del mundo.
Formó seguidamente su propio elenco, tras intervenir como actor en
la obra teatral El hospital de los locos, de Alfredo Mañas, y en la
película cinematográfica Salomón Milán. Reaparece en Madrid, en
1964, en el Tablao El Corral de la Morería, con Curra Jiménez, Félix
Ordóñez, José de la Peña, Emilio de Diego y Calderas de
Salamanca. Este mismo año se casa con la tonadillera y actriz
Marujita Díaz, y actúa en el Pabellón de España en la Feria Mundial
de Nueva York y en Hollywood, imponiéndole, el entonces ministro
de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, la Medalla al
Mérito Turístico.
También actúa en Theater of Spanish Pavillon neoyorquino, en el
Coven Garden de Londres y en diversos escenarios de Argentina y
Chile, llevando en su grupo a Curra Jiménez, María Antonia, Josefa
Arcos, Félix Ordóñez, José de la Peña, José Salazar, Tomás de
Huelva, Emilio de Diego, Marote y Paco de Antequera. Vuelve a
actuar en Madrid, en la sala de fiesta Florida Park, en 1965, y
estrena la tragicomedia musical Don Juan de Alfredo Mañas y Antón
García Abril, para a continuación intervenir en un espectáculo
celebrado en el Symphony Wald de Washington, ante el presidente
norteamericano Johnson, y reaparece en Buenos Aires,
otorgándosele la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes
madrileño. Durante los primeros meses de 1966, actúa en varios
países de América, y de nuevo en España realiza una gira por
distintas provincias, entre ellas Galicia, León y Sevilla; reaparece en
Florida Park, en Madrid, y rueda la versión cinematográfica de El
amor brujo, de Rovira Beleta, y se le conceden los premios Vicente
Escudero y Carmen Amaya.
A lo largo de 1967, actúa en localidades turísticas españolas y
comienza su periplo por distintos continentes al frente de su ballet,
obteniendo en París, donde baila en el Teatro de Variedades, el
premio de la crítica al mejor espectáculo de la temporada 1968-69.
Rafael Alberti le dedica un poema en 1969, y lleva a cabo una serie
de funciones en el Teatro Moratín de Barcelona, incorporando a su
compañía al cantaor El Lebrijano. En 1970, presenta en el Teatro de
La Zarzuela de Madrid su espectáculo, llevando como pareja a
Cristina Hoyos y ganando el Premio Nacional de Teatro al mejor
ballet, también reaparece en Italia, en el Coliseo Malisso, dentro del
Festival Internacional de Spoleto. En su recorrido por los países
europeos, actúa en Finlandia, en 1972, para volver de nuevo a
América. A su regreso, en 1973, interpreta la película de Jaime
Camino titulada Noche en los jardines de España. Durante el III
Festival Internacional de Danza de Madrid, presenta en el Teatro de
La Zarzuela, su versión de Bodas de sangre, y en 1975, después de
otra gira por América y Europa, anuncia su retirada.
En 1979 es nombrado director del Ballet Nacional, siendo destituido
en 1980. Con dirección de Carlos Saura, interpreta las películas El
amor brujo y Carmen, que obtiene varios premios internacionales, y
vuelve a formar su ballet, con Cristina Hoyos, Luisa Aranda, José
Antonio, El Güito, Emilio de Diego, Antonio Solera, José Mercé y
Gómez de Jerez, actuando en el Festival Internacional de Danza, en
la Sala Olimpia de Madrid, en 1981, reanudando sus giras por
España y el extranjero, y participando en los principales festivales
internacionales, destacando en esta segunda parte de su vida
artística su reaparición en Nueva York, en el City Center, y sus
recientes representaciones de Carmen, en Japón, Rusia, Alemania,
Checoslovaquia, en el Festival de Spoleto, en 1984, donde mereció
el máximo galardón, así como sus reapariciones en Barcelona,
durante el IV Festival Flamenco, correspondiente a 1983; en Madrid,
en el Teatro Monumental, en 1984; y en Sevilla, dentro del V Festival
de Itálica, en 1986. Otras películas interpretadas por Antonio
Gades, son Con el viento solano y El último encuentro, y además de
los ya reseñados también le han sido concedidos los siguientes
premios: Premio Nacional de Teatro a la mejor interpretación
coreográfica de 1979, premio al Mejor espectáculo de Buenos
Aires en 1974, premio de la Sociedad General de Autores de
1982, y Premio Nacional de Bellas Artes de 1983. La personalidad
artística de Antonio Gades ha merecido la atención continua de los
críticos, e insertamos seguidamente una selección de juicios sobre
su arte:
Edgar Neville: "A Gades le conocimos desde que era un niño,
discípulo predilecto de Pilar, le contemplamos dar clase, serio,
reconcentrado, buscando la difícil perfección. Le vimos en sus
primeros solos, en sus pas ú deux, y no era de adivinos darse
cuenta de que estábamos ante una figura de nuestro baile. Así es
que cuando le vimos independizarse y formar espectáculo estuvimos
seguros de que le esperaba el éxito. Gades es un gran bailarín de
escuela de muchos recursos y con unas facultades extraordinarias
para bailar el flamenco que hoy se prefiere por esos mundos, un
flamenco con facultades de bailarín de ballet clásico. Su éxito nos
parece natural, y creemos que su espectáculo será acogido
triunfalmente allá donde se presente. Es un estilista, sus
coreografías, por lo pronto, son suyas, y su estupenda pareja,
bailaora flamenca de gran pureza, no hace sino subrayar aún más
ese depurado modo de ver el baile andaluz, en el que la actitud es a
veces la protagonista por encima del juego de pies, y otras,
respuesta sibilina. Gades tiene la visión de mantener ese alto nivel
coreográfico, de echarle, si se quiere, literatura al baile, es preciso
esa nota, ese capítulo para variar de la monotonía de lo perfecto y
de lo conocido".
Alfredo Mañas: "Cuando sale a la luz, cuando se presenta en
público, Antonio Gades provoca una especie de conmoción, un
alboroto. Su baile tiene la rara virtud de poner a todo el mundo de
acuerdo: intelectuales, pintores, artistas, gitanos, bailaores de tablao
y escenarios consideran su aparición como el acontecimiento más
importante del baile español en los últimos tiempos... Su verdadera
biografía la está contando en ese baile donde conviven, en mágico
equilibrio, el corazón y la inteligencia, la pasión sin límites del
flamenco con el rigor geométrico de la danza clásica, el gesto de
ave de rapiña al levantar los brazos con ese giro al relentú lleno de
delicadeza y el desplante final lleno de orgullo con la posterior
humildad popular".
J. M. Caballero Bonald: "Gades no se ha propuesto la búsqueda de
ninguna clase de innovaciones expresivas y adornos superfluos.
Tampoco ha caído en el común peligro de las falsas e
intelectualizadas estilizaciones. Su labor ha consistido exactamente
en trasplantar la raíz comunicativa del pueblo al lenguaje culto de la
danza. Gades debe saber que lo que él está realizando, con una
honestidad y un sentido artístico ejemplares, es despojar al baile
español de sus ficticios ornamentos y de sus postizas adherencias.
La simplicidad y la economía de recursos han sido su única arma
posible. Y, paradójicamente, los síntomas de modernidad de sus
interpretaciones son también las más eficaces muestras de su
inteligente aprovechamiento de la tradición. El aparato escénico ha
quedado reducido a lo estrictamente imprescindible: nada debe
turbar la esquemática y a la vez enriquecedora representación de un
determinado baile, es decir, de una determinada manifestación de la
intimidad del pueblo. Cada uno de los bailes montados por Antonio
Gades, dentro de la deliberada sobriedad de la coreografía, son
otros tantos valiosos -y ya insustituibles- experimentos encaminados
a la ordenación expresiva del ballet español. Por medio de la
supresión de artificios decorativos, Gades ha logrado algo muy
parecido a un conjunto de esquemas básicos para dar un engranaje
definido a sus claras ideas de bailarín y de coreógrafo. En la propia
desnuda integridad de sus planteamientos reside su innegable
grandeza. No ha hecho grandes movimientos ni especiales efectos
teatrales para que la danza narre, con absoluta lucidez, una patética
o alborozada historia popular. Pero todo ello, con ser ya un
convincente hallazgo, no hubiese sido bastante. El más verídico y
provechoso logro de Gades es el haber sabido incorporar a la
delicadeza expresiva de la danza de escuela la furia trágica del
flamenco. La elegancia del gesto, la concreta línea del braceo
clásico, se interfieren con el frenesí abstracto del zapateado gitano-
andaluz. En esta decisiva fusión de elementos cultos y populares
reside el extraordinario acierto de quien, siendo el más universal de
nuestros bailarines, es también el más íntegramente español de
nuestros bailaores".
José Monleón: "En Gades ha dominado siempre la inteligencia, la
técnica y la elegancia sobre el genio. Para bien y para regular. Para
bien, porque, por ejemplo, ha iluminado sus espectáculos con una
sensibilidad muy superior a la que generó las tradicionales
coreografías, sustituyendo el emperifollado decorativismo por una
grata austeridad; para bien porque le arrancó al baile español esa
mezcla de solemnidad y de cursilería feminoide en que otros lo
sumieron; para regular, porque el cerebralismo se convirtió a
menudo en un nuevo límite, en la disciplina que transforma la
creación en un trabajo de academia de baile".
Datos extraidos del Diccionario Flamenco
de Jose Blas Vega y Manuel Rios Ruiz
Cinterco - 1985.