Método de planificación rápida, de Tony
Robbins
By Guatabi On In Productividad Tagged Manejo del tiempo, Tony Robbins
Nota: Además de esta entrada, quizás le interese leer la entrada “Manejo del tiempo, según Tony
Robbins“.
En el vídeo que aparece al final de esta entrada, Tony Robbins habla de un método desarrollado por
él para lograr resultados: el método de planificación rápida, o “Rapid Planning Method” en inglés.
Este método consiste en tres pasos diseñados para tomar control de tu vida y negocios:
• Resultados: decidir cuál es el resultado que queremos en cualquier cosa que emprendamos
• Propósito: establecer con claridad cuál es el propósito de buscar los resultados que
queremos.
• Acciones masivas: establecer y ejecutar un plan de acciones masivas dirigidas a lograr los
resultados que deseamos y, de no tener éxito, cambiar de estrategia con más acciones
masivas hasta dar con el objetivo.
El método rápido de planificación es un método diseñado por Robbins para aprender a tomar
decisiones de forma rápida y óptima. Su nombre en inglés, “Rapid Planning Method” (RPM), se
basa, en parte, en un juego de palabras en el que las siglas sirven para varios propósitos. Las siglas
del nombre del método en inglés, RPM, tienen también la primera letra del concepto clave de los
tres pasos del método, siendo la R para resultados, la P para propósito, y siendo la m de “masive
action planning”, o planificación de acciones masivas en español. En pasado, Robbins le llamaba al
método OPA, que viene de “outcome” (resultado), “purpose” (propósito) y “action” (acción).
El enfoque: la importancia de la planificación
Como introducción debemos decir que el propósito de este método de planificación es ayudar a
dirigir nuestro foco o enfoque mental, con el fin de aumentar nuestra eficiencia y efectividad.
“Dónde va el enfoque, fluye la energía”, dice Robbins. Sobre esto, argumenta Robbins y con razón,
que un método de planificación quizás no es la cosa más impactante del mundo, pero es de lo más
valioso. La buena planificación nos da enfoque, pero no cualquier enfoque, sino un enfoque que
nosotros escogemos de acuerdo a lo que es importante para nosotros, y nuestras aspiraciones y
visión de vida. Sin planificación no controlamos nuestro enfoque, y otras personas o cosas podrán
arrebatárnoslo para sus propias agendas y no las nuestras, y, como dice Robbins, quien controla
nuestro enfoque controla nada menos que nuestra vida.
Robbins prosigue diciendo que vivimos en una batalla constante por nuestro enfoque. Vivimos
rodeados de publicidad que reclaman nuestro enfoque o atención, el teléfono suena cada rato, nos
llama, nos “textean”, recibimos docenas de notificaciones de aplicaciones de teléfono, en fin, todo
el mundo y todas las cosas reclaman nuestra atención o nuestro enfoque, y con ello nuestra vida. Es
con la planificación que podemos realmente ser dueños de nuestro enfoque mental, y por ende de
nuestro destino.
Por otro lado, no solo los estímulos externos podrían arrebatarnos nuestro enfoque. Si no tenemos
claro en qué realmente necesitamos y queremos enfocarnos, nuestros propios estímulos internos nos
traicionaran. La mente está constantemente buscando evitar el dolor y conseguir placer, pero si no
tenemos claro en que queremos enfocarnos, esta búsqueda de placer y evasión del dolor puede
traicionarnos. Por ejemplo, quizás queramos bajar de peso, pero no creamos la disciplina de
enfocarnos bien en esta meta, ante cualquier problema puede que nuestro cuerpo quiera escapar del
dolor con alcohol o drogas que vayan en contra de nuestro deseo de bajar de peso, o saltar al placer
de un postre gigante de chocolate repleto de calorías.
Dicho esto, ¿en qué consiste el método de planificación rápida de Rony Robbins? Veamos…
Primer paso: ¿Cuál es nuestro resultado deseado?
El primer paso de este método es determinar qué resultado queremos. Uno pensaría que es tonto que
alguien comenzara a hacer algo sin saber qué es lo que espera lograr. Sin embargo, todo el tiempo
cometemos este error. Por ejemplo, un joven podría pedirles consejo a sus padres sobre qué oficio o
profesión debe estudiar. Y los padres, automáticamente, empiecen a mencionarle oficios y
profesiones que, según su visión, son las ideales. Al final puede que la conversación termine sin
tocarse el punto más importante: qué es lo que quiere hacer el joven. Y con qué es lo que quiere
hacer el joven no me refiero a qué oficio o profesión específica quiere tener, sino qué intereses y
necesidades desea satisfacer el joven a través de un oficio o profesión. ¿Es de su interés que sea
fácil conseguir empleo en dicho oficio o profesión? ¿Es de su interés trabajar por su cuenta? ¿Es de
su interés trabajar en su pueblo o en el extranjero? ¿Es de su interés ganar mucho dinero? ¿o está
dispuesto a ganar menos con tal de obtener otras satisfacciones? Obviamente, es posible formular
una respuesta ideal universalmente aplicables a todo el mundo. Por ejemplo, todos desearíamos
trabajar cerca de nuestro pueblo, ganar mucho dinero, tener una profesión prestigiosa, trabajar por
nuestra cuenta, etc.. Sin embargo, quizás ganar mucho dinero sea una prioridad para mí, pero para
otros la satisfacción de ayudar al prójimo sea más importante. Quizás para alguien es importante
trabajar cerca de sus padres o al menos en el mismo país de sus padres, mientras otros no tengan
ningún problema en trabajar en el extranjero. Antes de recomendarle al joven una profesión u
oficio, primero deben preguntarle cuáles son sus intereses, cuál es el resultado que desea obtener a
través de una profesión y oficio.
Otro aspecto importante de este primer paso es tener claro que nuestro resultado deseado no es
realizar una actividad, sino lograr un resultado a través de dicha actividad. Es decir, el resultado no
es algo que “tenemos que hacer” sino lo que queremos. Por ejemplo, si necesitamos contactar a un
cliente para programar una cita para discutir personalmente un asunto importante, no ponemos en
nuestra lista de tareas por hacer “llamar al cliente”. Si nos conformamos con solo el esfuerzo de
ejecutar la actividad, tan pronto lo llamemos y nos salga el buzón de voz, como mucho le dejamos
un mensaje y marcamos nuestra tarea como completada, sin haber logrado el resultado deseado que
era programar una cita. Este ejemplo es aún más obvio si la tarea se la delegamos a un empleado o
asistente, quien si no le dejamos claro que no puede conformarse con hacer el intento de algo, sino
que tiene que lograr el resultado, puede desarrollar una lista inmensa de tareas realizadas que no
logran resultado alguno, y aún así sentir que cumplió con todo lo que se le pidió (y si lo que se le
pidió fue una actividad (llamar, escribir, buscar), y no un resultado, puede que hasta tenga razón).
En fin, “resultado” no es una actividad, sino el desenlace deseado producto de dicha actividad. La
pregunta no es qué quieres hacer (ejemplo: hace ejercicios), sino qué resultados quieres lograr
(ejemplo: bajar de peso). Entre más claros y específicos seamos con los resultados que queremos,
más nuestra mente trabajara en ello (ejemplo: en vez de solo ” bajar de peso”, decir “bajar 10 libras
de grasa corporal para antes del próximo Junio”).
Segundo paso: ¿cuál es nuestro propósito?
El segundo paso del RPM es el propósito. ¿Por qué haces lo que haces? Lograras lo que te propones
si tienes claridad en los resultados deseados, y tienes la fortaleza emocional para persistir cuando las
cosas no salgan como queremos. Para ello, hace falta tener también claridad, no solo en el resultado,
sino en tu propósito. Tu propósito te dará la energía para persistir. Es lo que Robbins llama “jugo
emocional”, o quizás mejor traducido como “combustible”.
Un propósito no es un mero objetivo, pues viene cargado de emoción para ser inspirador y motivar
cuando haga falta. Es la parte emocional que empuja a cumplir con la razón. Si la actividad es hacer
ejercicios y el resultado es bajar 10 libras de grasa para antes de junio, nuestro propósito podría ser
vernos mejor físicamente, y con ello tener más confianza, conseguir pareja, comenzar una familia,
etc., o quizás sentirnos con más energía y por ende ser más productivos y progresar en la vida.
“El 80% del éxito es el por qué. EL 20% es el cómo”, dice Robbins. Si sabes por qué quieres un
resultado, buscarás cómo hacerlo, o sea, la estrategia. Esto es interesante porque a veces
concentramos mucho esfuerzo de estudio y planificación en la estrategia (que nos dicen cómo lograr
un resultado) y muy poco en nuestro propósito, en el por qué hacemos lo que hacemos. Y el
resultado de esto puede ser un intelectual competente, pero sin motivación para tomar acción. Es
como la persona obesa experta en todas las dietas y ejercicios para bajar de peso: sabe todas las
estrategias para lograr bajar de peso, pero no sabe motivarse para tomar acción, es decir, no tiene un
propósito fuerte e inspirador que le de fuerza para pasar a la acción de forma consistente.
Tercer paso: emprender acciones masivas
El tercer paso es desarrollar un plan de acción masiva. Este plan es importante, pero no es esencial.
De hecho, puede que el plan no funcione. Ahora, el hecho de que un plan en específico no sea
importante no implica que este tercer y último paso no es importante. ¡Tomar acción es lo más
importante! No obstante, tu plan de acciones masivas puede fallar, y ¿y qué debes hacer? Formular
otro plan. Es decir, cambiar de estrategia. Y repetir este paso hasta que finalmente logres tu
cometido. Robbins pone de ejemplo a un bebé aprendiendo a caminar. ¿Cuántas veces cae un bebé
hasta que finalmente decida darse por vencido y no aprender a caminar nunca más? Eso no pasa. El
bebé cae y se levanta hasta que finalmente aprende a caminar. Lo mismo debemos hacer con cada
resultado que nos propongamos: si no funciona nuestra estrategia, la cambiamos. Y si la nueva
tampoco funciona, también la cambiamos, y así hasta que algo funcione.
Para leer más en detalle sobre como trabajar nuestro plan de acciones masivas, pueden ir a la
entrada “Manejo del tiempo, según Tony Robbins“.