Influencia de los estereotipos relativos al
envejecimiento en la salud del adulto mayor
Antonio Bustillos
UNED
La viñeta anterior pone de manifiesto uno de los tópicos de investigación que
recientemente han despertado más interés dentro del área de la Psicología Social, la
relación entre el grado de salud que muestran los individuos pertenecientes a grupos
estigmatizados, en este caso adultos mayores, y los estereotipos que sobre este grupo
mantienen amplios sectores de población. Como señala Kirkwood (2005, citado en
Fernández-Ballesteros, 2011) conocemos la influencia de los factores genéticos sobre el
proceso de envejecimiento, y de los mecanismos celulares implicados, y cuáles son los
mecanismos ambientales y sociales que modulan, o incluso determinan, las distintas
trayectorias de envejecimiento. Pero, si bien un 25% de la longevidad está explicado por
la herencia genética, debemos recordar que el 75% restante lo estará por factores socio-
comportamentales.
En este capítulo se pondrá de manifiesto como la investigación ha ido
proporcionando evidencias de que los estereotipos sobre la edad y el proceso de
envejecimiento inciden, no sólo sobre la calidad de vida, sino sobre la propia
longevidad de las personas mayores. En este sentido, distintos organismos ya han
señalado la influencia negativa de los estereotipos sobre el envejecimiento, por ejemplo,
el II Plan Internacional de Acción sobre el Envejecimiento (ONU, 2002) en su
Dirección Prioritaria 3 establece como una acción necesaria la lucha contra las imágenes
negativas sobre la vejez y el envejecimiento, tanto entre las población como entre las
personas mayores y, desde luego, entre los profesionales de la salud, ya que como
miembros de una sociedad determinada comparten los mismos estereotipos que el resto.
Asimismo, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS, 1989, 2002) considera
que estas imágenes pueden convertirse en “profecías autocumplidas”, desarrollando un
efecto patogénico.
Efecto de los estereotipos sobre el comportamiento de los adultos mayores
Las definiciones más aceptadas de los estereotipos señalan el consenso social y
de opinión en los rasgos que se atribuyen a ciertos grupos, que pueden ser positivos o
negativos, creándose una imagen consensuada que se tiene sobre los grupos sociales, y
que es compartida por los miembros de una sociedad determinada. Sin embargo, mucho
más importante, es que esta misma visión compartida de los estereotipos tiene efectos
sobre los individuos que pertenecen a los grupos estereotipados. Numerosos estudios
han puesto de manifiesto que existen dos niveles diferenciados en los que los
estereotipos pueden afectar al comportamiento de los adultos mayores, en lo que se
denomina proceso de asimilación conductual al estereotipo. El primer nivel es
controlado o consciente, mientras que el segundo nivel tendrá una naturaleza no
consciente o automática.
En cuanto al primer nivel, el controlado o consciente, el corpus de investigación
se ha desarrollado bajo el paradigma que se denomina “amenaza del estereotipo”. La
amenaza del estereotipo se define como toda aquella situación en la que miembros de
grupos estereotipados muestran un rendimiento inferior al de otros individuos de otros
grupos. Esto se debe a que dentro del esquema estereotípico existen rasgos que denotan
un peor rendimiento en un área específica (Steele y Aronson, 1995). Este descenso en el
rendimiento se ha comprobado en distintos grupos como, por ejemplo, los
afroamericanos en tareas de habilidad intelectual, las mujeres en pruebas de
matemáticas o las personas mayores en pruebas de memoria; y en todos estos casos lo
que se produce es un proceso de asimilación conductual al estereotipo del grupo.
En el caso de los adultos mayores, la investigación muestra que en condiciones
de amenaza del estereotipo los individuos de este grupo de edad muestran descensos en
su rendimiento en diferentes aspectos del funcionamiento cognitivo, tanto en pruebas
generales (Abrams, Eller y Bryant, 2006), como en pruebas de memoria (Chasteen,
Bhathacharyya, Hohorta, Tam y Hasher, 2005; Hess, Auman, Colcombe y Rahal, 2003;
Hess, Hinson y Hodges, 2009), o pruebas de matemáticas (Abrams, Crisp, Marques,
Fagg, Bedford y Provias, 2008). El paradigma clásico consiste en comparar el
rendimiento en memoria de adultos mayores en una condición en que se les proporciona
una información negativa de su propio grupo, con otra condición de control en la que no
se les proporciona ninguna información. Por ejemplo, Hess y cols. (2003) realizaron
esta manipulación experimental indicando a los participantes que “la investigación
señalaba que los mayores mostraban una peor memoria que los jóvenes” (condición de
amenaza del estereotipo), o se les indicó que “jóvenes y adultos mayores mostraban un
rendimiento similar en pruebas de memoria” (condición contraria al estereotipo), y
finalmente se incluyó una condición de control donde no se les proporcionó ninguna
información. Sus resultados pusieron de manifiesto que en la condición de amenaza del
estereotipo, los participantes mostraron un recuerdo significativamente menor que en las
otras dos condiciones.
Los estudios de resonancia magnética han señalado que este descenso del
rendimiento se encuentra relacionado con la activación de zonas del córtex cingulado
ventral anterior. Esta área cerebral se encuentra implicada en el procesamiento
emocional y social, concretamente es muy sensible al rechazo social (Somerville,
Heatherton y Kelley, 2006). Krendl, Richeson, Kelley y Heatherton (2008), tras indicar
a un grupo de mujeres, estudiantes de Psicología, que “la investigación muestra que
existen diferencias de género en el rendimiento en matemáticas”, encuentran que no
existían diferencias en la activación de aquellas áreas relacionadas con el aprendizaje de
las matemáticas (principalmente la working memory). Sin embargo, las participantes de
la condición de amenaza del estereotipo mostraron un peor rendimiento en la prueba de
matemáticas, y durante la prueba mostraron una activación significativamente mayor
del córtex cingulado ventral anterior que las participantes del grupo de control.
En cuanto al segundo nivel de influencia de los estereotipos, la activación
automática o no consciente, la investigación ha puesto de manifiesto que la exposición
subliminal mediante técnicas de pre-activación (priming) afecta a distintos
comportamientos en los adultos mayores. El paradigma experimental básico consiste en
la exposición subliminal, siempre por debajo de 100 mseg., del contenido del
estereotipo negativo (por ejemplo, solitario, lento, etc). Los resultados ponen de
manifiesto que, una vez que se activa fuera del control consciente el estereotipo del
grupo, los adultos mayores caminan más despacio (Hausdorff, Levy y Wei, 1999),
muestran peor escritura (Levy, 2000), obtienen un peor rendimiento en pruebas de
memoria (Hess, y cols. al., 2004; Levy, 1996; Levy y Leifheit-Limson, 2009; Stein,
Blanchard-Fields y Hertzog, 2002), peor equilibrio físico (Levy y Leifheit-Limson,
2009), aumentan su respuesta psicológica ante el estrés (Levy, Hausdorff, Hencke, y
Wei, 2000), y aumentan su rechazo ante intervenciones que prolongan la vida
artificialmente (Levy, Ashman y Dror, 1999-2000). Es decir, la activación de los
estereotipos del propio grupo fuera del control consciente, también promueve efectos de
asimilación conductual a dicho estereotipo.
En definitiva, en este apartado se ha mostrado como miembros de grupos
estereotipados muestran efectos de asimilación al estereotipo de su grupo, tanto si la
activación del estereotipo es consciente, como automática, en una amplia variedad de
pruebas conductuales.
¿Puede la asimilación crónica al estereotipo limitar la esperanza de vida?
A partir de las investigaciones realizadas sobre este tema, cabe esperar que una
visión positiva del propio envejecimiento, que no sea congruente con el contenido del
estereotipo de persona mayor (dependiente, lento o con mala de memoria), debería tener
implicaciones positivas sobre la salud de las personas, y que lo contrario sucedería con
aquellos adultos mayores que poseen un estereotipo más negativo. Pues en este último
caso, a medida que vayan cumpliendo años asimilarán en mayor medida su
comportamiento a esta visión negativa. Precisamente, ésta era la hipótesis que
mantenían Levy, Slade, Kunkel, y Kasl, (2002), para ponerla a prueba, estos autores
analizaron un estudio poblacional realizado en EE.UU. en 1975 sobre 660 personas, con
edades comprendidas entre los 50 y los 94 años. Como medida de percepción de buen
envejecimiento (no asimilación crónica al estereotipo negativo), emplearon cinco ítems
de la escala de Satisfacción con la Vida (Philadelphia Geriatric Center Moral Scale:
PGCMS; Lawton, 1975, ie. A medida que me voy haciendo mayor las cosas se ponen
peor para mí, Soy tan feliz como cuando era joven, Tengo tanta energía como el año
pasado…).
El aspecto más innovador de esta investigación fue que relacionaron la medida
de la escala de Satisfacción con la Vida del estudio poblacional, realizado 22 años antes,
con las defunciones de esas personas a lo largo de los años, dato que fue obtenido a
partir de los censos de población publicados cada año. De esta forma, se comprobó que
las personas con percepciones más positivas de su propio envejecimiento tenían una
longevidad media superior a aquellas otras con percepciones más negativas de esa etapa
de su vida. Concretamente, aquellos individuos que no habían internalizado el
estereotipo negativo del grupo mostraron una esperanza de vida media 7.5 años superior
a que aquellos otros que habían internalizado el estereotipo negativo del grupo. Pero el
resultado más importante de esta investigación es que este hecho se producía
independientemente del género, etnia, nivel educativo, estatus socio-económico,
sensación de soledad o estado de salud funcional.
Estos resultados se pueden observar en la Figura 1, donde aparece el porcentaje
de defunciones de los participantes de la muestra original con el paso del tiempo. Como
se puede observar, aquellos participantes con mejores percepciones de su propio
envejecimiento muestran una mayor supervivencia.
Sin embargo, y yendo más allá, estos autores compararon sus resultados con
otros estudios donde se determinaba la influencia de otro tipo variables en la
supervivencia. De esta forma indican que una buena percepción de envejecimiento
mostró un mayor efecto en la longevidad que, por ejemplo, la presión arterial, que se
encuentra asociada con menos de cuatro años (Friedman, Tucker, Schwartz, Tomlinson-
Keasey y cols. 1995); un bajo índice de masa corporal, la realización de ejercicio físico
o una historia clínica de no-fumador, que han mostrado un aumento de la esperanza de
vida en torno a 1 y 3 años (Fraser y Shavlik, 2001). A pesar de que hay que tener en
consideración que tipo de estudios Levy y cols. (2002) comparan con el que ellos
realizan, ya que unos son de naturaleza poblacional, y otros realizados con muestras de
conveniencia, lo que sí pueden determinar es que la asimilación crónica del estereotipo
negativo se encuentra relacionado con la longevidad de los adultos mayores.
Figura 1: Proporción de personas supervivientes durante los 22 años posteriores tras la obtención
de la medida de percepción de envejecimiento (adaptado de Levy y cols. 2002)
1
0,9
0,8
0,7
0,6
0,5
0,4
0,3
0,2 Buena percepción de envejecemiento
0,1 Mala percepción de envejecimiento
0
0 5 10 15 20 25
Nota: la medida de percepción de envejecimiento fue categorizada a través de la mediana de sus
puntuaciones. De esta forma, individuos con puntuaciones superiores a la mediana fueron
categorizadas con buena percepción de envejecimiento, mientras que aquellos otros con
puntuaciones inferiores a la media fueron clasificados como con mala percepción de
envejecimiento.
Partiendo de estos resultados nuestro grupo de investigación desarrolló un
estudio experimental para determinar si una buena percepción de envejecimiento (no
asimilación crónica del estereotipo) protege al adulto mayor de los efectos negativos de
las situaciones de amenaza del estereotipo, o asimilación situacional (Fernández-
Ballesteros, Bustillos y Huici, 2013). Para este fin desarrollamos una investigación
experimental con una muestra 146 participantes pertenecientes a un programa
universitario para adultos mayores.
Se establecieron tres condiciones experimentales, en las que los participantes
leían la siguiente información. En la condición negativa (amenaza del estereotipo): la
investigación reciente indica que las personas mayores obtienen peores resultados en
pruebas de memoria si son comparadas con jóvenes. En la condición positiva: la
investigación reciente muestra que las personas mayores acostumbradas a tareas
cognitivas y se encuentran motivadas obtienen buenos resultados en tareas de memoria.
Mientras que en la condición de control no recibieron ninguna información. Tras la
manipulación experimental los participantes debían recordar el mayor número de
palabra s de un listado de que habían leído una sola vez, y finalmente completaban la
medida de autopercepción de envejecimiento empleada por Levy y cols. (2002).
Los resultados indicaron que existió un efecto principal del tratamiento
experimental (β = .31, t = 2.64, p < .01), y un efecto marginal de la medida
autopercepción de envejecimiento (β = .31, t = 1.92, p = .06). Ambos efectos se
encontraron explicados por un efecto de interacción entre la condición experimental y la
medida de percepción de envejecimiento (β = -.39, t = 2.12, p < .05). Concretamente se
observa que los participantes con una buena percepción de envejecimiento muestran un
rendimiento en la prueba de memoria similar en las tres condiciones experimentales (9
palabras). Sin embargo, los adultos mayores con una peor percepción de envejecimiento
recuerdan significativamente menos palabras en la condición negativa (6 palabras), que
en la condición positiva (9 palabras).
Los análisis de moderación nos indicaron que la medida de percepción de
envejecimiento mostró efectos significativos en la condición de amenaza del estereotipo
(β = .69, t = 2.77, p < .01), mientras que no se relacionó con el número de palabras
recordadas en la condición positiva. Para los participantes de la condición de control, se
encontró que muestra un efecto marginal sobre el número de palabras recordadas (β =
.31, t = 1.91, p = .06).
En definitiva, el principal resultado de nuestra investigación es que muestra
como aquellos adultos mayores con una menor asimilación crónica al estereotipo
negativo del grupo son inmunes a una situación de amenaza del estereotipo (asimilación
conductual situacional), ya que recuerdan un número similar de palabras tanto en la
condición en que se les indica un peor rendimiento de su grupo, como en la condición
positiva y control. Asimismo, responden a una cuestión no resuelta en la investigación
de Levy y cols. (2002), donde un factor más estable como es que la asimilación crónica
del estereotipo del grupo es la responsable de promover efectos situacionales de
asimilación conductual al estereotipo del grupo, ya que el rendimiento sólo se encuentra
negativamente afectado para aquellos adultos mayores que muestran una mayor
asimilación crónica del estereotipo negativo del grupo.
Figura 2: Número de palabras recordadas en función de la percepción de envejecimiento y
condición experimental (adaptado de Fernández-Ballesteros y cols., en prensa).
11 Positiva
Control
10
Negativa
9
5
Baja autopercepción de Alta autopercepción de
envejecimiento envejecimiento
Influencia de estereotipos sobre los profesionales de atención a adultos mayores
En los aparatados previos, principalmente, se ha tratado sobre la influencia de
los efectos de los estereotipos a través de procesos asimilación conductual en los adultos
mayores. Sin embargo, estos procesos también ocurren en el resto de la población, ya
que los estereotipos sobre los diferentes grupos sociales son compartidos por los
miembros de una sociedad determinada desde edades muy tempranas. Una de las
funciones que poseen los estereotipos es que facilitan los procesos de interacción social.
Es decir, nos dicen cómo comportarnos ante los miembros de otros grupos sociales. En
este sentido, Bargh, Chen y Burrows (1996) muestran como se producen procesos de
asimilación conductual al estereotipo de adulto mayor en una muestra de estudiantes de
Psicología. Concretamente estos autores activaron fuera del control consciente el
estereotipo negativo del adulto mayor, y como variable dependiente emplearon el
tiempo que tardaban los estudiantes en llegar a una sala contigua. Los resultados
mostraron que los individuos a los que se les había activado el estereotipo negativo del
adulto mayor mostraron una marcha al caminar más lenta, que los individuos de la
condición de control. Es decir, individuos de otros grupos edad se asimilaron al
estereotipo del adulto mayor. Esto se debe a que, como se ha señalado antes, los
estereotipos facilitan la interacción social, y por ello estos autores explican sus
resultados en función de que ante interacciones sociales con adultos mayores el
estereotipo se activa fuera del control consciente para hacer más adecuada el habla, la
marcha y el resto de procesos de interacción. Recuérdese que este mismo proceso se
produce con bebés, ante los que todos los individuos automáticamente mostramos un
habla más lenta y con un tono distinto, o habla paternalista.
Siguiendo esta línea de investigación desarrollamos un estudio en el estado de
Colima (México) para tratar de determinar en qué medida los estereotipos que
mantienen los profesionales de atención a mayores, inciden en el comportamiento que
muestran los profesionales de la salud, y que afectan consecuentemente al
comportamiento que exhiben los adultos mayores (Bustillos y Fernández-Ballesteros,
2013).
La investigación se desarrolló en dos fases sucesivas. La primera de ellas se
centró en comprobar si profesionales de la salud y cuidadores de mayores mantienen el
estereotipo del grupo que predice en el modelo del Contenido del Estereotipo de Fiske,
Cuddy, Glick y Xu (2002). Es decir, si los mayores son percibidos con bajos niveles
competencia y altos niveles de afabilidad, implicando un prejuicio paternalista hacia el
grupo; mientras que al grupo de jóvenes se les percibe como más competentes y menos
afables. El empleo de este modelo se debió a que se ha demostrado su carácter
transcultural. Cuddy, Norton y Fiske (2005) muestran que de la misma forma que
cuando en Estados Unidos se atribuyen menos rasgos de competencia y más de
afabilidad a los adultos mayores, este mismo resultado se obtenía en otros seis países
distintos (Bélgica, Costa Rica, Corea del Sur, Hong Kong, Japón e Israel, siendo
empleadas en este último una muestra judía y otra árabe). Asimismo, la mayor parte de
la investigación citada en los apartados anteriores indica que el proceso de asimilación
conductual implica una menor competencia en áreas específicas: peor memoria, peor
escritura, peor equilibro, etc.
En la segunda fase, realizada diez meses después, se intentó determinar si la
conducta que muestran estos profesionales es congruente con el estereotipo del grupo de
adultos mayores, y a su vez se relaciona con la conducta observable que desarrollan los
adultos mayores. Para este fin, un investigador que no conocía las puntuaciones en
competencia y afabilidad obtenidas en los distintos centros, evaluó la conducta
observable de los profesionales y los residentes empleando dos escalas de la Escala de
Valoración de Residencias de Ancianos del SERA (Fernández-Ballesteros, 1996).
Los análisis de correlación de Pearson nos indicaron que la conducta que
mostraban los adultos mayores se relacionaba con la conducta del personal de los
centros evaluados (r = .76, p < .01). Aunque mucho más importante fue comprobar que
las creencias estereotípicas evaluadas en los profesionales se encuentran relacionadas
con las conductas observadas en los profesionales y, lo que es más importante, con la
conducta que muestran los mayores en los centros evaluados (ver Tabla I).
Tabla I: Correlaciones de Pearson entre el funcionamiento de residentes, del personal y las
dimensiones de competencia y sociabilidad atribuidas a jóvenes y mayores
Funcionamiento del Funcionamiento de
personal residentes
Competencia atribuida a mayores .44** .69**
Sociabilidad atribuida a mayores .50** .59**
Competencia atribuida a jóvenes .08 -.08
Sociabilidad atribuida a jóvenes .21 .18
Nota: ** sig <.01
Posteriormente, se realizaron análisis de moderación para poder determinar cuál
de las dos dimensiones estereotípicas modula la influencia de la conducta de los
profesionales sobre la conducta de los adultos mayores.
Figura 3. Análisis de moderación de las dimensiones competencia y afabilidad entre la conducta de
los profesionales y residentes (adaptado de Bustillos y Fernández-Ballesteros, 2013).
Competencia β = .28**
β = .89**
atribuida a mayores
Conducta observada β = .73** Conducta observada
profesionales mayores
β = 1.09**
Sociabilidad atribuida β = .01
a mayores
Los análisis indicaron que los datos se ajustan satisfactoriamente al modelo
propuesto (R2 = .73, F = 41.64, p < .0001). La conducta exhibida por los profesionales
tiene un efecto significativo sobre la conducta observada en los mayores, β = .73, t =
6.29, p < .0001, sobre la dimensión de competencia, β = .88, t = 3.39, p < .001, y sobre
la dimensión de afabilidad, β = 1.09, t = 4.01, p < .0005. Con un efecto total sobre la
conducta observada en los mayores en el que se tienen en cuenta los efectos que se
transmiten a través de las variables mediadoras de β = .99, t = 8.09, p < .0001.
Sin embargo, como se puede observar en la Figura 3, mientras la dimensión de
competencia mostró un efecto significativo sobre la conducta que muestran los adultos
mayores, β = .28, t = 4.02, p < .000; el otro moderador, la dimensión de afabilidad, no
mostró efectos estadísticamente significativos sobre la conducta de los adultos mayores
una vez que se controlan los efectos de la competencia, β = .01, t = .15, p = .87.
Nuestros resultados indican, en primer lugar, que el tipo de conducta que
desarrollan los profesionales de atención a personas mayores tiene una influencia
directa en el repertorio conductual que desarrolla el adulto mayor en los centros
evaluados. Por otro lado, encontramos que los estereotipos de competencia que
mantienen los profesionales es la dimensión que afecta positivamente a la conducta del
adulto mayor. De esta forma, encontramos que los profesionales de atención a mayores
son una fuente de refuerzo de este estereotipo, y que adicionalmente, al poder ser
considerados como “expertos” en envejecimiento, el impacto de la transmisión de
estereotipos negativos (baja competencia), puede ser más potente. Concretamente,
encontramos en los centros en los que los profesionales indicaban una mayor percepción
de competencia, los adultos mayores residentes mostraban mayores tasas de interacción
entre ellos, mayores tasas de conductas de autocuidado, mayores tasas con los
profesionales de los centros evaluados, etc. En resumen: como se señalaba al principio
del capítulo los estereotipos parecen convertirse en una profecía que se cumplen a sí
misma, no sólo porque los adultos mayores alberguen estereotipos negativos sobre su
propio grupo, sino que el resto de la sociedad, y entre ellos los profesionales de la salud,
se los trasmiten.
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