VALET PARKING
Autor: Julio Chávez (Adaptación).
Personajes
OSVALDO, aproximadamente 27 años.
TITO, aproximadamente 33 años.
ACTO ÚNICO
ESCENA
El espacio representa el cuarto de máquinas del subsuelo del Hotel Alvear. Una puerta y un pequeño banco, este último junto a
una columna. Al iniciarse la acción el espacio aparece vacío durante un tiempo. Se escuchan los pasos de Osvaldo y Tito que
corren hasta entrar al cuarto y se agazapan juntos detrás de unas enormes cañerías, que están al costado izquierdo del
proscenio.
Ambos están transpirados. Tito lleva puesto un traje de etiqueta de conserje hotelero, el pelo engominado, todo él muy pulcro.
Osvaldo lleva un traje de valet parking, uno o dos números diferentes a su talla. Es un hombrecito ojeroso y con aspecto de
persona con problemas mentales, sumamente atento a satisfacer las necesidades de su hermano Tito, al que admira. Es ingenuo,
inocente y su único interés es el de comprender que es lo que hizo de mal y que su hermano comprenda cuales fueron los móviles
de su accionar.
Osvaldo acaba de tener un episodio psicótico. Esto es algo que Tito no puede ver, debido a su característica fascista. Ambos
están siendo perseguidos por personal de seguridad del hotel.
OSVALDO: (Escondido detrás de Tito, lleva en una mano un pedazo de torta y en la otra un bolsito.) Perdoname. (Susurrándole
a Tito en el oído.)
TITO: No te perdono nada.
OSVALDO: (Llorando.) No lo hice a propósito.
TITO: Callate, atorrante. (Advierte que Osvaldo está apoyando la torta en su hombro.) Me estás manchando el saco con la torta.
OSVALDO: ¿Y qué querés que haga si la torta tiene oporto y gotea?
TITO: Dejá de comer torta, querido. (Le saca la torta y la tira al lado derecho de proscenio, donde también hay unas cañerías.)
OSVALDO: (Que corre en busca de su torta y que ahora queda agazapado frente a Tito.) No fue a propósito.
TITO: ¡Callate!
OSVALDO: (Advierte que le sangra la nariz.) Prestame el pañuelo que se me mezcla la sangre con la torta.
TITO: No te presto un comino.
(Se ve a través de la puerta la luz de una linterna. La puerta se abre y una persona de seguridad se asoma al cuarto de máquinas
y desde la puerta lo inspecciona con la linterna. Osvaldo y Tito se mantienen tiesos en su lugar; Osvaldo intenta contener una
pequeña risa nerviosa. El hombre de seguridad, al no verlos, sale cerrando la puerta. Tito lentamente se dirige hacia la salida
para comprobar, apoyando la oreja en la puerta, que el de seguridad se fue.)
TITO: (Junto a la puerta.) ¿De qué te reías?
OSVALDO: (Que lentamente va caminando hacia el banco y se sienta.) ¿Qué?
TITO: ¿Qué de qué te reías?
OSVALDO: (Buscando en su bolso un pañuelo con que limpiarse.) Sabés que cuando me pongo nervioso, me río.
TITO: (Sin mirarlo.) Dame las llaves del auto.
(Osvaldo saca un manojo de llaves y busca la de su auto.)
TITO: ¿Qué haces con tantas llaves?
OSVALDO: Son de otros autos.
TITO: Sí, ya sé que son de otros autos, pero ¿por qué las tenés encima?
OSVALDO: Fui juntando de a poco para que la gente no tenga que esperar, algunas las fui colgando en el tablero y otras no tuve
tiempo…
TITO: (Que se aparta de la puerta y se acerca a su hermano.) ¿Vos me estás cargando a mí? En este hotel, hay un reglamento
desde hace 72 años y vos no lo vas a cambiar. ¿Vos me querés sonar la vida a mí? Te estoy preguntando, ¿vos me querés sonar a
mí?
OSVALDO: (Con dificultad) No, Tito.
TITO: (Arrancándole la llave de la mano.) Menos mal. (Vuelve hacia la puerta.) ¿No se te dijo que cuando llega un pasajero
tomás las llaves, no respirás y las colgás? Y después, si querés, respirás, te comes un plato, un clavo, o te matás. Depravado. Sí,
claro que se te explicó. Acá las cosas se hacen de una manera, acá hay un reglamento, irresponsable, y se te explicó muy bien este
trabajo. (Pausa. En un arranque violento.) Vos no me vas a sonar la vida.
OSVALDO: (Por lo bajo.) Yo no te quiero sonar la vida.
TITO: (Gira hacia su hermano.) ¿Qué dijiste?
OSVALDO: Que yo no te quiero sonar la vida, Tito.
TITO: (Que vuelve hacia la puerta. Su ocupación es la de ver cómo hacer para salir del hotel sin ser atrapados.) ¿Dónde dejaste
el auto?
OSVALDO: En el garaje.
TITO: ¿En qué garaje?
OSVALDO: En el garaje del hotel.
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TITO: (Agarrándose la cabeza.) ¿Dónde te dije que dejaras el auto?
OSVALDO: En Alvear o Posadas.
TITO: El garaje es para 40 autos exclusivos, no para tu chatarra.
OSVALDO: Pensé que iba a estar más seguro.
TITO: ¿Seguro de qué?... Si te lo rompen, te jorobás.
OSVALDO: (Asustado.) Pero Tito, si había lugar…
TITO: Así este vacío no lo pones, porque el garaje no es para vos. Hay órdenes, y cuando hay órdenes las tenés que cumplir,
depravado. (Pausa) ¡Lo que hiciste hoy en esa fiesta no se hace!
OSVALDO: ¿Por qué no se hace? Si todos estaban bailando.
TITO: Pero eran invitados, y vos no sos invitado, estaban bailando porque tenían que bailar, los in-vi-ta-dos.
OSVALDO: ¿Pero entonces por qué el otro muchacho me dijo: “Quedate acá que voy a ver cómo está la fiesta”?
TITO: No te compares, el otro tiene una conducta intachable en el hotel; y por eso tiene el derecho a observar a través de la puerta
de vidrio cómo los invitados se divierten. Alonso, no es ningún muchacho, es una persona respetable que acepta los reglamentos
del hotel. (Con ironía.) ¿Vos terminaste el secundario?
OSVALDO: Y, no, Tito…
TITO: Entonces callate la boca y no te compares, cuando vos tengas el secundario aprobado te podés empezar a comparar con
Alonso, ahora no. (Pausa. Vuelve a interrogar a su hermano como lo haría un policía.) ¿Cómo te atreviste a hacer lo que hiciste?
Quiero escuchar algo lógico. ¿Cómo te atreviste?
OSVALDO: Una señora con bastón bajó de un coche y me pidió que por favor la acompañara hasta el salón.
TITO: ¿A vos te parece que este hotel, que tiene cuatro personas en recepción encargadas de eso, que este hotel está pagando a
cuatro personas que conocen su trabajo para que vos te metas? ¡No! ¿Y sabés por qué? Porque no estás autorizado, porque no
tenés modales. ¿Te parece que el señor Falac le paga a las señoritas para que lleven a los invitados al salón, para que finalmente
vos termines haciendo ese trabajo?
OSVALDO: ¿Pero a vos no te parece una falta de respeto dejar a la señora…?
TITO: Vos sos una falta de respeto, querido.
OSVALDO: (Intentando imponerse con dificultad.) Tito, si la señora me eligió a mí, ¿Por qué no lo iba a hacer yo?
TITO: Porque vos estás para abrir la puerta de los autos y nada más. Este hotel es un 5 estrellas, acá hay gente idónea y respetuosa
que estudió Protocolo y Ceremonial, dos cosas que vos ni siquiera sabés escribir. (Pausa) ¿Cómo te atreviste a entrar al salón?
OSVALDO: Tito, te prometo que pensaba dejar a la señora en la puerta y retirarme; le abrí la puerta porque la señora no la podía
abrir sola, pobrecita, pero como había un escalón me pidió que la ayudase a bajarlo, después me pidió que la acompañe hasta la
mesa; justo, justo…tenía la mesas pegada a la pista de baile y estaban todos haciendo un trencito y cuando me estaba por ir, te
juro, Tito, que alguien me agarró y me metió en el trencito… ¡yo no me quería quedar!
TITO: Hubieras dado la vuelta en el trencito, agradecías y te ibas.
OSVALDO: Di una vuelta, pero tuve la mala suerte que cuando me iba del trencito escuché decir a los mozos que iban a traer la
torta de la que iba a salir ella, y…
TITO: (Mirando al hermano anonadado.) ¿Y?
OSVALDO: ¿Y qué?
TITO: ¿Y qué tiene que ver? ¿Por qué no te fuiste?
OSVALDO: (Obligado a responder una obviedad.) Y yo la quería ver, todos la querían ver, camarógrafos, fotógrafos, estaban
todos ahí. Yo solamente quería ver cómo la iban a filmar, como le iban a sacar las fotos cuando ella saliese de la torta. Nada más,
yo la quería ver en persona, yo nunca la vi.
TITO: (Actuando entendimiento.) ¡Ah…! Ahora me queda todo más claro, vos te quedaste dentro del salón porque la querías ver a
ella, ¿no?
OSVALDO: (Contento al ser comprendido.) Y sí.
TITO: Y decime una cosa, a este hotel con 209 habitaciones, con un Royal Presidencial y una suite Nupcial, ¿Por qué le tiene que
importar lo que vos querías? (Interrumpiendo a Osvaldo que intenta responder.) ¡Un comino le importa! A este hotel lo único que
le importa es lo que la gente quiere, no lo que vos querés. Acá la gente pone plata, de 400 a 3000 pesos por habitación, y quiere
servicio, y dentro del servicio había una mosca fea y negra… ¡Vos!
OSVALDO: Yo no soy una mosca.
TITO: ¿Cómo que no? Cuando dabas vuelta en el trencito no te dabas cuenta de que eras una pulga en medio de un perro de raza,
que desentonabas, que eras la locomotora negra de ese tren… ¿No te dabas cuenta? (Haciendo un descubrimiento.) ¿Sabés lo que
pasa Osvaldo? Que vos no te das cuenta como olés, ni como transpiras. (Le pega sorpresivamente un cachetazo.) Vos te tendrías
que haber ido, y no me hables de fotógrafos o camarógrafos, porque son gente profesional. ¿Vos sos camarógrafo?
OSVALDO: (Sorprendido) No.
TITO: ¿Sos fotógrafo?
OSVALDO: No.
TITO: Entonces no podés estar ahí.
OSVALDO: ¿Por qué no podía estar ahí un minuto nada más? La veía y me iba.
TITO: Porque no tenés derecho.
OSVALDO: ¿Por qué?
TITO: Porque si lo tuvieras serías un invitado y no un valet parking.
OSVALDO: (Haciendo un enorme esfuerzo por articular sus pensamientos.) Tito, entendeme, cuando se abrió la tapa de la torta y
salió ella, todas las luces la enfocaron. ¿Qué querés que haga, que no mire? Y aunque hubiese querido, la fuerza de la gente que
me empujaba iba hacia la torta, no hacia la puerta. ¡Hasta los mozos se quedaron viendo! Y es lógico. ¿Qué se puede hacer con
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una torta que gira como una calesita? Yo nunca vi algo así. Y de pronto la torta se empezó a abrir en gajos, parecía una nave
espacial. Y apareció una escalera toda enmarcada con bombitas amarillas y aparece ella revoleando los rulos, haciendo ochos con
las caderas, y las manos las movía que parecían dos pulpos chiquitos… (Con emoción.) Yo no sé si por las luces o porque me
ardían los ojos se la veía toda… toda plateada, después empezó a bajar las escaleras, ahí le vi las botas grandes, le hacían las
piernas como de aluminio y fue cuando la gente se le empezó a acercar, la besaban, la saludaban, le sacaban fotos, la abrazaban,
entonces yo fui y la saludé también. Entonces ella dijo con un micrófono que tenía pegado en la mejilla, más chiquito que una
cucaracha: (Imitando el acento centroamericano.) “Agradezco a toda la gente que está aquí por recibirme”, entonces pusieron su
último disco, “Corazón Carioca”, y nos invitó a todos los que estábamos ahí a bailar y dijo: (Nuevamente con acento.) “Todo el
mundo”, y yo escuché bien, Tito, no dijo “Los valet parking no”, entonces empezó a sonar la música y me puse a bailar.
TITO: Pero vos no pertenecés al mundo, eso es lo que vos no entendés. (Acusándolo como un fiscal a un asesino.) Vos, sucio, te
aprovechaste de que estaba oscuro, que no se te podía ver y te mechaste como se mecha una feta de salame berreta en cien gramos
de jamón crudo de primera. No te lo voy a perdonar.
OSVALDO: No, Tito, si yo hubiese sido una feta de salame berreta ella no me hubiese elegido para bailar.
TITO: ¡No te vio, querido!
OSVALDO: (Defendiéndose.) Si me vio, me vio, te lo juro por la abuela Angélica. Y cuando me vio, hizo así (Mueve el dedo
como invitando a alguien a bailar.) y me acerqué y nos pusimos a bailar, así, ¿ves? (Haciendo un movimiento con sus manos
como si estuviese bailando.) Manito contra manito, y era como si estuviésemos… ella y yo nada más. No nos podíamos despegar.
Y en un momento se dio vuelta (Imitando el movimiento de ella.), arqueó la espalda y me dijo: “Tócame..., tesoro” y yo no sé…
mis manos fueron solas como el clavo al imán, te lo juro, Tito.
TITO: ¿Pero te parece que Shakira te va a decir a vos “tócame…, tesoro”? Vos no estás bien de la cabeza.
OSVALDO: ¿Y por qué no, Tito?
TITO: Porque vos, Osvaldo Bisotto, no podés tocar a Shakira, yo voy a creer que vos sos tontito. ¡No podés estar hablando en
serio! ¿A vos te parece que Shakira llega al país directamente desde Miami Beach a presentar su nuevo CD, que elige el hotel
Alvear, que en los años 60 y 70 albergó a todos los presidentes del mundo, a vos te parece que eligió este hotel para hacer su
fiesta, donde hay tantas celebridades, para que vos la toques, vos que estás alimentado a polenta?
OSVALDO: ¿Y por qué no?
TITO: Porque vos no sos nada.
OSVALDO: Pero si yo no fuese nada, no hubiera bailado conmigo.
TITO: ¡Callate la boca! Cuando estaba esa avalancha te tendrías que haber tirado en el piso y dejar que todos te pisen, pero te
hiciste el sonso. Y de última, si Shakira se acercó para bailar, vos tendrías que haber agachado la cabeza, hubieses tenido que
bailar tímidamente, ponerte colorado y que se te escape una lágrima de agradecimiento, banco de ladilla.
OSVALDO: Pero Tito, no entendiste, la tenía a veinte centímetros de mi mano.
TITO: La corona de Inglaterra o la cartera de la señora Mirtha Legrand también pueden estar a tres centímetros, pero antes de
tocarlas te cortás las manos, ¿sabés cuantas cosas la gente que trabaja acá tiene a tres centímetros y sin embargo nadie toca nada?
(Va hacia Osvaldo y le quita el bolso que tiene a sus pies y vuelve a agazaparse detrás de las cañerías para cambiarse.) Yo no
me siento hermano tuyo, siento vergüenza de vos.
OSVALDO: ¿Por qué?
TITO: Porque creo en el progreso, porque hace diez años que trabajo en este hotel y aprendí lo que se puede y lo que no se puede,
y siempre tuve una conducta intachable y no puedo creer que vos, mi hermano, te hayas atrevido a destruir el orden de este lugar.
OSVALDO: Pero ¿qué hice?
TITO: Te olvidaste de todos los reglamentos, le tocaste la cola a la invitada de lujo de este hotel, eso no se lo perdono a nadie, y
menos a vos.
OSVALDO: Tito…Tito, ¿que hacés con mi ropa?
TITO: (A medida que se va vistiendo con la ropa de calle de su hermano, comienza a guardar su uniforme en el bolso.) ¿Qué te
pensás, que me voy a quedar acá, para que nos encuentren los guardaespaldas de Shakira y nos linchen? No, querido, yo me voy,
pagá vos tus platos rotos.
OSVALDO: ¿Y yo?
TITO: Y vos, aguantate los golpes y rogá que no te maten, y que te puedas restablecer en terapia intensiva, y quiero que pienses
que por cada dos golpes que te dan, uno te lo estoy dando yo, y ojalá te dejen paralítico.
OSVALDO: (Asustado.) Tito, no tienen por qué dejarme paralítico, yo no lo hice a propósito.
TITO: (Yendo hacia la puerta.) Bueno, ahora cuando vienen los de seguridad, les explicas eso, que no lo hiciste a propósito, que
hubo una atracción mutua entre vos y ella. Pero te advierto, si llegas a salir de esta, a casa no vuelvas.
OSVALDO: ¿Por qué?
TITO: ¿Por qué? Porque se llega a enterar mamá de lo hiciste le agarra un infarto, y, si le agarra un infarto a mamá, yo te juro que
te mato con mis propias manos.
OSVALDO: Pero si no voy a casa, ¿adónde voy a ir?
TITO: No sé, andá a un hotel, tirate en la 9 de Julio…
OSVALDO: Tito, Tito, yo no sé como salir de acá, no me dejes.
TITO: Si Shakira te concedió permisos, que Shakira te diga cómo salir. (Sale cerrando la puerta.)
OSVALDO: (Se queda un segundo en silencio. Gira hacia el público y mirándolo, como quien mira a un jurado en un juicio,
dice:) Señores, yo no lo hice a propósito, yo sé que soy valet parking, pero yo la quería ver, yo nunca la vi a ella en persona, yo
quería ver cómo bailaba, cómo cantaba, yo nunca la vi a ella y les juro que ella insistió, se los juro, se los juro…
FIN