Una guía para padres
No hay nadie que ponga en duda las enormes ventajas que las TIC han
supuesto en el día a día de todos nosotros:
Tienes acceso a cualquier tipo de información de forma inmediata y,
prácticamente sin ningún coste.
Puedes estar permanentemente en contacto con muchas personas,
aunque estén en la otra parte del mundo y a cualquier hora del día
Puedes contarle a todo el mundo tus opiniones sobre cualquier cosa.
Puedes encontrar grupos de personas con tus mismas inquietudes
de cualquier parte del mundo sin «salir de casa»
Puedes oir música, ver películas o practicar tus juegos preferidos en
cualquier parte.
Puedes comprar artículos que se venden en cualquier parte del
mundo.
…
Han llegado a convertirse en algo
insustituible en nuestras vidas
diarias
Pérdida de privacidad.
Suplantación de identidades
Acceso a contenidos inapropiados
Virus y malware
Fraudes en la red
Uso malicioso de equipos de terceros
Ciberacoso
Grooming
Sexting
Comunidades virtuales de contenido nocivo
Tecnoadiciones
Vamos a centrarnos en estas últimas.
Realmente, hay muchas definiciones y muchos términos similares
(adicción a las nuevas tecnologías, desorden de adicción a internet,
Síndrome de adicción a internet, etc…).
“La tecnoadicción es el tecnoestrés específico debido a la
incontrolable compulsión a utilizar TIC (tecnologías de la
Información y la Comunicación) en „todo momento y en todo lugar‟,
y utilizarlas durante largos períodos de tiempo. Los tecnoadictos son
aquellas personas que quieren estar al día de los últimos avances
tecnológicos y acaban siendo „dependientes‟ de la tecnología, siendo
el eje sobre el cual se estructuran sus vidas ” (Salanova, 2003)
Pero, como en cualquier adicción, existen tres características principales:
• Cada vez necesita pasar más tiempo conectado
Tolerancia para estar satisfecho.
Abstinencia • No poder estar conectado le provoca malestar
• Desarrolla una conducta alrededor de «estar
Dependencia conectado» que afecta a sus relaciones
familiares y sociales
Ahora vamos a hacer una reflexión y un debate sobre este tema.
Para ello, debéis contestar a estas preguntas. Si vuestros hijos…
Se quedan sin batería en el móvil, ¿están inquietos y no dejan de
preguntarse si alguien les estarán escribiendo o llamando?.
Algunos de sus amigos les mandan fotos de lo que están haciendo, ¿se
sienten mal porque piensan que se están perdiendo algo?
Están charlando con vosotros y les llega una notificación al móvil, ¿dejan
de haceros caso para centrarse en su móvil?
¿Google se ha convertido en el sitio en el que buscan todo tipo de
información, incluso la que ya saben?
¿Van andando por la calle y tienen la sensación de que el móvil suena o
vibra? Si no es así, ¿se sienten decepcionados?
Creéis que es algo exagerado o que
nunca les pasará a vuestros hijos
El 70% de los jóvenes españoles no tiene control horario sobre el uso
del ordenador o el móvil
•(Estudio de la Fundación Alia2)
El 71% de los jóvenes españoles se conecta por las noches perdiendo
horas de sueño
•(Estudio de la Fundación Alia2)
Cerca del 30% de los adolescentes españoles utiliza internet hasta el
punto de descuidar sus actividades
(Estudio de la Fundación Alia2)
España es el país europeo con mayor cantidad de jóvenes en riesgo de
desarrollar este tipo de conductas adictivas
• (Proyecto de investigación EU-NET-ADB)
Veamos un caso real:
Lucía, 12 años de edad:
“Siempre he sido muy nerviosa e inquieta. Cuando tenía tan sólo cuatro años, mis padres
me dejaban sus móviles para entretenerme en las viajes largos, en las comidas para
intentar que comiera rápidamente, en los momentos antes de ir a la cama para que me
calmase, todo ello con la finalidad de que estuviera quieta y molestara lo menos posible,
ya que mis profesores comentaron a mis padres que, en el futuro, podría ser una niña
hiperactiva por la impulsividad que me caracterizaba. De este modo, mis padres veían con
el uso del móvil que yo estaba entretenida y creyeron que era la mejor forma de
educarme.
A los siete años y medio, como regalo de cumpleaños, recibí un smartphone de última
generación con acceso a Internet, el cual tenía siempre disponible. Al principio no le
prestaba demasiada atención, pero sobre los once años, recuerdo que me lo llevaba al
instituto en la mochila y, en el recreo, mis amigas y yo lo usábamos en los baños hasta
que la sirena nos alertaba de la vuelta a clase. Era la más popular porque era la única que
disponía de un teléfono de última generación.
Unos meses después, para regalo de reyes, recibí un ordenador portátil rosa precioso, el
cual estaba ubicado en el escritorio de mi habitación. Me pasaba las horas sentada
enfrente de él, con mi móvil al lado, hasta el punto de que se me olvidaba comer. Pasados
dos meses dejé de tener contacto con mis amigas del instituto porque los chats de
amistad en los que estaba inscrita, cubrían mis necesidades de comunicación.
También chateaba con chicos que me gustaban, intercambiábamos fotos, poníamos la
web para vernos las caras, etc. Los fines de semana no salía a la calle para nada y si mis
amigas venían a buscarme a casa, fingía estar mala para seguir chateando e indagando en
Internet. A partir de ahí me quedé sin amigas. En segundo de la Educación Secundaria
Obligatoria, empecé a faltar a clase porque sentía un deseo incontrolable de conectarme.
Cuando mi padre me llevaba al instituto, en lugar de entrar a clase, entraba directamente
al baño o me iba a la biblioteca cuando no había nadie vigilando….
Un día tuve que ir al hospital a que me hicieran un análisis de sangre. Había perdido
mucho peso, me sentía sin fuerzas, temblaba y sufría cuando no estaba en contacto con
Internet y mis chats. Me derivaron a un psiquiatra y me diagnosticaron anorexia y
trastorno de la ansiedad. Posteriormente, me llevaron a un psicólogo para que analizara
más profundamente que me pasaba y trabajara conmigo. Yo me negué. Mi madre, entre
lágrimas gritaba que era una mala madre, que no me había sabido educar, que no tenía
ganas de vivir. Así que, al verla así, cedí a asistir al psicólogo. Después de hacerme
muchas preguntas, en la siguiente sesión me dijo que padecía “adicción a Internet”. Me
explicó en qué consiste, qué causas y consecuencias existen y el posible tratamiento que
necesitaría llevar a cabo. Al principio estaba indecisa y ahora estoy trabajando duro para
intentar recuperar mi vida”.
Monográfico sobre Tecnoadicciones, Capacitación en materia de seguridad TIC
para padres, madres y educadores de menores de edad. [Link]
Veamos otro caso real:
Jesús, 16 años de edad:
“Con catorce años empezó todo. Hasta el momento era un chaval normal. Me encantaba
jugar al fútbol, ir a ver partidos con mi padre y mi hermano y salir con mi pandilla de
amigos los fines de semana. Durante la semana asistía a clases de inglés, entrenaba y, al
finalizar los deberes, me conectaba alrededor de una hora y media al ordenador. Leía el
periódico deportivo y me metía en Facebook para ver las actualizaciones de la gente.
Siempre había jugado a videojuegos y tenía videoconsola en mi cuarto. Un fin de semana
me quedé a dormir en casa de uno de mis mejores amigos y me propuso jugar a un juego
de rol. En dicho juego, las personas desempeñan un papel o personalidad determinada. La
mía era muy autoritaria, agresiva y siempre llevaba armas encima. En estos juegos, te
tienes que “meter en el papel”, como su propio nombre indica. Sinceramente nos picamos
a jugar, tanto mi amigo como yo. Quedábamos para jugar todos los días, en su casa o en
la mía, renunciando a ciertas actividades como el deporte, que tanto nos gustaba. Cuando
mi amigo se iba de mi casa o yo me iba de la suya, sentía la necesidad imperiosa de seguir
jugando, de seguir con esa personalidad, que me hacía sentir único y hacerme respetar.
Obviamente si alguien en el juego no me hacía caso, lo mataba. Poco a poco me fui
volviendo más agresivo con la gente de mí alrededor, menos tolerante, más exigente y
rígido. Había perdido el control de mi persona por completo. No me gustaba mi vida, me
gustaba la del personaje que representaba pero, en ese momento, yo no era consciente de
ello. En ocasiones, me costaba discernir entre realidad y ficción.
En ocasiones, me costaba discernir entre realidad y ficción. Llevaba tantas horas seguidas
jugando, que cuando salía a la calle la mente me pedía que actuase como en el juego. Se
había convertido en una terrible obsesión. Un día, decidí quedar con una serie de chavales
con los que compartía partida. Nos vimos a las afueras de la ciudad y yo me llevé un
cuchillo y una pistola de bolas, armas que a veces seleccionaba en el juego. Cuando
llegamos allí, trazamos las líneas de acción. Los papeles serían los mismos que en el
videojuego. Cuando, en una ocasión uno de ellos fue a por mí, me puse tan nervioso que
le asesté una enorme paliza. Saqué el cuchillo, le pinché la mano y con la pistola de bolas
le disparé sin parar a los ojos y a los testículos. Vinieron a separarme porque no tenía
control de mí mismo, no podía parar de pegarle. Me había convertido al cien por cien en
mi jugador del videojuego, olvidando qué era ficción y qué realidad. Si no me hubiesen
parado, lo hubiese matado.
El chico que agredí me denunció, por lo que toda mi familia se enteró de donde estaba
metido. La noticia salió en los medios de comunicación. Mi padre me dijo que se
avergonzaba enormemente de mí. Era incapaz de entenderme. Mi madre, más
comprensiva, me dijo que teníamos que buscar ayuda y que saldríamos de ésta. He
logrado, gracias al tratamiento, salir de ese bucle, aunque, si soy sincero, en ocasiones
siento necesidad de volver hacerlo. Es muy difícil encender el ordenador y no sucumbir a
los millones de anuncios que llaman tu atención ¡Juega online al mejor juego de rol!,
¡Descárgate gratis tu historia y elige tu papel!...
Espero nunca volver a cambiar mi vida por un videojuego.
Monográfico sobre Tecnoadicciones, Capacitación en materia de seguridad TIC
para padres, madres y educadores de menores de edad. [Link]
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el uso que hacen de las TIC es
normal y no conducirá a una tecnoadicción.
Pero, como cualquier adicción, se trata de un proceso en el que es muy
importante detectar las primeras señales:
Cada vez pasa más tiempo conectado
Está nervioso, triste o enfadado y sólo se le pasa si se conecta
Pasa todo el tiempo pensando en cuando conectarse
No controla el tiempo que pasa conectado y llega a mentir
Ha dejado sus actividades favoritas por estar conectado
Prefiere relacionarse por internet que en persona
Un pequeño cuestionario que os ayudará a detectarlo:
El principal problema que nos vamos a encontrar es que nuestros hijos
van a negar la existencia del problema
«Nos dirán que tienen que estar conectados para hacer los deberes,
quedar con los amigos, entretenerse o que todos sus amigos lo
hacen…»
Debemos mostrarnos firmes en nuestra idea de ayudarles ante
este problema
Enseñar uno uso controlado y seguro de las TIC
Sustituir hábitos
Establecer normas y Somos su ejemplo a
inadecuados por otros
límites claros en su seguir. Nosotros
mejores que les
uso. Fomentando la también debemos
permitan aprovechar
práctica de otras tener unos hábitos
las enormes ventajas
actividades saludables
de las TIC
Si creemos que no somos capaces o que hemos perdido el control
Consultar con especialistas
Lo mejor es desarrollar una buena «Salud Digital», para ello veamos algunas
recomendaciones:
Limitar el tiempo que dedican: estableciendo lugares y momentos.
Que las TIC no supongan una barrera entre padres e hijos.
Usar las TIC para algo concreto: evitar que sea para pasar el rato.
El uso de las TIC debe ser supervisado, dependiendo de la edad con mayor o
menor intensidad.
Estar al día de estas herramientas para poder orientarles en su uso.
Usarlas cuando hayan cumplido sus responsabilidades.
Comparta con sus hijos el tiempo de uso de las TIC
Explicar claramente los riesgos de ponerse en contacto con desconocidos
Enseñar a proteger su privacidad.
Utilizar los sistemas de control parental
Y, lo más importante de todo, no olvide que usted es un ejemplo a seguir
Tecnoadicciones. Guia para familias. Fundación Mapfre
Monográfico sobre Tecnoadicciones, Capacitación en materia de
seguridad TIC para padres, madres y educadores de menores de
edad. [Link]
[Link]
5159121_214029.html
[Link]
5222559_337110.html
Escala para cuestionario:
[Link]
v28_n3/pdf/[Link]