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Apología de los Valores Arios

Este documento defiende la recuperación de los "valores eternos" del hombre ario como alternativa para destruir el "reinado sionista demoníaco". Describe la batalla final de Berlín en 1945 como ejemplo del espíritu indomable del ario que peleaba por algo más que la vida o la muerte. Concluye que aunque el Tercer Reich cayó, sus mejores soldados ganaron el Valhalla y esperan el regreso para destruir este mundo degenerado.
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Apología de los Valores Arios

Este documento defiende la recuperación de los "valores eternos" del hombre ario como alternativa para destruir el "reinado sionista demoníaco". Describe la batalla final de Berlín en 1945 como ejemplo del espíritu indomable del ario que peleaba por algo más que la vida o la muerte. Concluye que aunque el Tercer Reich cayó, sus mejores soldados ganaron el Valhalla y esperan el regreso para destruir este mundo degenerado.
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Valores eternos

Luis García
Valores eternos
Luis García

Artículo publicado en el sitio web Blog Informativo


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Valores eternos
“Meine Ehre heißt Treue” (“Mi honor se llama lealtad”)

“Yo te juro, Adolf Hitler, Führer y canciller del Reich, fidelidad y valor.
Prometo obediencia hasta la muerte a ti y a los superiores por ti designados.
Que Dios me ayude.”

Tras la victoria de 1945 por parte de las fuerzas demoníacas (comunismo y capitalismo)
sobre las fuerzas de la luz e Hiperbórea encarnadas en el Tercer Reich y el futuro reino
del espíritu europeo, los arcontes satánicos que dirigen el tablero de ajedrez mundial,
éstos son, el judaísmo y la masonería dirigidos por el plan mesiánico del nuevo orden
mundial y el reino de Jehová-Satanás, sobre todas las naciones de la Tierra han estado y
están corrompiendo al ario y exterminando sus naciones para subvertir las fuerzas de la
naturaleza y de la Creación para así imponer su tiranía planetaria.
El otrora hombre europeo o ario (palabra prohibida por la neolengua que impera y que
será un pilar básico del nuevo orden que vendrá), un ser forjado en la espada y el espíritu,
una raza de conquistadores y guerreros de origen cósmico, está siendo destruido por parte
de las fuerzas satánicas mediante todo tipo de manipulación mental, mensajes
subliminales y propaganda hipnótica, perpetrada a instancias por el enemigo de la
humanidad.
Tras el triunfo del judaísmo mundial en la Segunda Guerra Mundial, el sionismo ha
costeado todo tipo de herramientas para subvertir y destruir la sociedad tradicional (cine,
televisión, radio, prensa, sistema escolar, El diario de Ana Frank o películas de
Hollywood sobre el Holocausto de obligada lectura y visión para los estudiantes, portales
de internet, etc.) Se trata de una doctrina malévola enseñada desde la cuna que consiste
en que la libertad se trata de poder satisfacer todas tus necesidades, vicios y forma de
vida hedonista y que cuanto más te degeneras más libre, moderno y democrático
eres. Pero hay una estirpe indómita e inflexible al azote del látigo de Jehova-Satanás
que será el último batallón que salvará el planeta.
Tras comprender como vivimos en un presente marcado y sentenciado a morir, no
podemos, es más, debemos, mirar hacia el pasado y comprender como la alternativa y
verdadera forma de destruir este reinado sionista demoníaco es recuperar los valores
eternos que ha tenido siempre el hombre ario.
Ejemplos sobran, podríamos citar las guerras Médicas donde se incluyen las
Termópilas, Etruria contra Roma y el suicidio de Lucrecia, la Segunda Guerra Púnica de
Roma contra Cartago, el sitio de Numancia, la caída del Tercer Reich… en definitiva,
sólo gana el Valhalla o los Campos Elíseos quien vence a la muerte…
En las Termópilas de 1945, en abril de 1945, el ejército de Estados Unidos había
decidido entregar Berlín en bandeja a las fuerzas comunistas del ejército rojo
(seguramente por petición de la masonería o del Sanedrín de Israel) y habían sitiado
Berlín, el último bastión de la europeidad y los valores eternos.
Los soviéticos rodearon Berlín con más de un millón y medio de soldados fanatizados,
con el odio en sus ojos, eslavos o asiáticos con un odio infinito hacia las fuerzas del
Reich, en definitiva, engañados, manipulados, fanatizados por las fuerzas de la
sinarquía.
Según las palabras del ministro de Propaganda, Ehrenburg, judío que alentaba
al ejército rojo, formado en su mayoría por eslavos de raza aria; “Alemania es una puta.

-1-
Estamos en Alemania. Las ciudades arden y me siento feliz. Los alemanes no tienen
alma. Levantaremos cadalsos en Berlín. El terror empuja a los alemanes y a sus
hembras hacia el oeste. Alemania puedes dar cuantas vueltas quieras y arder y aullar en
tu mortal agonía. ¡La hora de la venganza ha sonado!”
En el final de Europa, muerta en 1945, se reflejó ese espíritu indomable del ario, pues
se peleaba por algo más que un ideal político, se peleaba por algo más grande que la vida
y la muerte, no había rendición, era vencer o morir, “Victoria o Siberia” (“Sieg oder
Sibirien”), como adornaban los muros de todas las calles de Berlín.
Muchachos, jóvenes, voluntarios extranjeros, lanzándose ante los tanques soviéticos al
grito de “¡Heil Hitler!” y volando por los aires, peleando hasta el último cartucho de
munición entre las trincheras o en edificios bombardeados en llamas, a punto de colapsar
y derrumbarse. Soldados de la SS y de la Wehrmacht llevando hasta el final su “Heiliger
Eid”, el juramento sagrado de lealtad hasta la muerte. Éstos fueron los últimos defensores
de los valores eternos frente a la tiranía del dinero de los hijos de Satanás.
Hundido el Tercer Reich con él partieron sus mejores soldados hacia la patria polar
de Hiperbórea y se ganaron el Valhalla, donde esperan el regreso y la batalla final que
destruirá este mundo degenerado y perverso.
Pero en el final, nos esperará la victoria, porque nuestro honor se llama lealtad.

-2-
“Tras comprender como vivimos en
un presente marcado y sentenciado a
morir, no podemos, es más, debemos,
mirar hacia el pasado y comprender
como la alternativa y verdadera
forma de destruir este reinado
sionista demoníaco es recuperar
los valores eternos que ha tenido
siempre el hombre ario.”
(Luis García)

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