TEMA RAYCES SABADO 6 DE ABRIL
SIEMBRA Y COSECHA
Proyectaremos imágenes de:
1. La muralla China. 2. Catedral de Milán.
3. Alhambra España. 4. Basílica Sagrada Familia.
Les pediremos a los asistentes que nos digan el nombre del lugar a medida que vamos pasando las fotos. Al
finalizar les preguntaremos: ¿qué tienen en común las 4 edificaciones?
Respuesta: todas estas edificaciones tomaron más de 100 años en ser construidas. Eso quiere decir
que las personas que iniciaron el proyecto no lo vieron terminado ¿Qué piensan de participar en un
proyecto como este?
Con sus respuestas podremos ver su opinión frente a sembrar con fe, sin ver el resultado final.
Hoy en día suena ridículo vincularse a un proyecto tan grande el cual no veremos terminado. Nos
parece mucho esfuerzo para algo que no disfrutaremos. Pero así es sembrar, requiere de fe, no vemos
inmediatamente la cosecha, pero de a poco esta germinando la semilla. En nuestra vida debemos
cultivar la paciencia y la fe para aprender a sembrar y cosechar.
INTRODUCCIÓN
Gálatas 6:7 “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso
también segará.”
Es posible que sintamos en esta etapa de nuestra vida que no nos valoran como somos, que no somos
realmente apreciados en nuestro entorno. Tal vez consideramos que nuestra actual situación no
corresponde a nuestros esfuerzos, y merecemos más de lo que hemos alcanzado hasta ahora. Pero
culpar nuestro entorno es el camino cómodo, no desmayar es nuestro trabajo, seguir sembrando,
aunque mis ojos no vean fruto inmediato es la invitación de parte de Dios.
Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”
Dos cosas se necesitan para hacer florecer el desierto, fe y dar.
1. FE - Así como hombres y mujeres empezaron una de las obras que vimos al inicio sabiendo que
con sus ojos no la verían terminada, pero si con los ojos de la fe. Imaginaron el orgullo para su ciudad
o nación con semejante obra, imaginaron la imponencia de la obra terminada. Creyeron que otros
terminarían a perfección el trabajo que ellos iniciaron. La FE nos impulsa a seguir, a no detenernos en
nuestro estado actual, nos exige, desacomoda y empuja hacia la excelencia. Es tan importante la fe,
que sin ella es “imposible” agradar a Dios.
Hebreos 11:6 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a
Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
Es imposible cambiar nuestra condición actual con la queja, o el desánimo, iniciamos un cambio con Fe,
cambiamos al creer y cuando creemos no nos detenemos, seguimos sin desmayar.
ACTIVIDAD - Compartiremos la siguiente historia:
Un agricultor que cultivaba maíz año tras año ganaba el concurso de su región al mejor maíz. Ese
premio levantó gran curiosidad y fueron muchos los que quisieron saber el secreto detrás de esas
excelentes cosechas.
Un día, en una entrevista con un famoso periodista, el agricultor confesó que su éxito se debía a que compartía
con los vecinos sus mejores semillas y también sus continuos aprendizajes sobre el cultivo del maíz.
Pausa de la historia y pregunta al público
¿Cree que es verdadera o falsa la respuesta del agricultor?
¿Considera que brindando lo mejor de sí será posible ganar?
Pero esa respuesta dejó lleno de perplejidad al periodista quién preguntó:
- ¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz y sus conocimientos con sus vecinos, si ellos también
compiten en el mismo concurso año tras año?
- Verá usted, dijo el agricultor: El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembrado a otro. Si mis
vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la
calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz, necesito ayudar a que mi vecino también lo haga. Por
eso, comparto mis mejores semillas, intento atender mi sembrado lo mejor que sé y trato de aprender
cada día, de mis experiencias y de las de otros agricultores, nuevas y mejores formas de cultivar y
cosechar.
Conclusiones sobre la historia.
Es fácil pensar que en medio del desierto no se puede florecer, que para crecer hay que retener y no
dar. Pero Dar si es necesario para abundar.
2. DAR - Por naturaleza tendemos a retener, amarrar, aprisionar y nos cuesta dar.
Continuamente podemos ver a niños peleando por juguetes diciéndose uno a otro “mío” y tal vez no le
pertenece a ninguno. Dar es una actitud que debe nacer en nuestro corazón, aunque nuestro instinto
grite otra cosa. Por eso necesitamos de Dios para dar de corazón, porque solo el amor te impulsa a
dar sin esperar, solo unos padres dan lo que tienen por amor a sus hijos. Con amor seremos capaces
de dar como los siguientes personajes:
Abel: - Génesis 4:4 “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas.
Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;”
Sencillamente daba lo mejor. No porque otros lo vieran, no daba lo que le sobraba.
Simplemente quería agradar a Dios con su propia vida. Era tanto su amor que siempre procuraba dar
lo mejor. Su hermano por el contrario no daba lo mejor, no es que Caín no diera, él si daba algo. Pero
no era lo que daba sino su actitud. Caín nunca cultivo una actitud de dar, siempre prefirió culpar a
otros, culpar a su hermano por ser excelente, culpar a Dios de tratarlo injustamente. Abel por su parte
no necesito de nadie para hacer lo mejor, no vio el ejemplo en su hermano mayor, no vio una multitud
que lo incitara a dar. El mismo decidió dar lo mejor fruto del amor que fluía en su corazón, y hasta el
día de hoy es ejemplo para nosotros.
Moisés: - Éxodo 36:3-5 “Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían
traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda
voluntaria cada mañana4 Tanto, que vinieron todos los maestros que hacían toda la obra del santuario,
cada uno de la obra que hacía5 y hablaron a Moisés, diciendo: El pueblo trae mucho más de lo que se
necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga.”
Aquí vemos un pueblo entero decidido a dar, y como lograron grandes cosas al unirse. Cuando nos
unimos con generosidad podemos lograr grandes cosas, proyectos que trascenderán nuestros días.
Aún la gran comisión se cumple a través de personas que se deciden a dar y cada uno de nosotros
está invitado a dar.
FORMAS DE DAR
DIEZMO: corresponde al 10% de todos mis ingresos, es un principio en el cual le digo a Dios que dependo de
él, confío en su sustento y lo veo como mi proveedor. Al diezmar estoy reconociendo que dependo de Dios y
no de las circunstancias, empresas o jefes.
Deuteronomio 14:22-24 “Indefectiblemente (no puede dejar de hacer o de faltar) diezmarás todo el
producto del grano que rindiere tu campo cada año.”
OFRENDA: es ese acto voluntario de dar a parte del diezmo.
Éxodo 36:2-7 “Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído
para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria
cada mañana.”
PRIMICIA: Desde los primeros hombres como Abel vemos la primicia, en la cual entregaban y
confiaban a Dios lo primero para que él bendiga todo lo porvenir.
Éxodo 34:26 “las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios.”
LIMOSNA: Ver la necesidad a nuestro alrededor y dar de lo que tenemos que sirva de ayuda.
Deuteronomio 15:7-11 “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en
alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás
tu mano contra tu hermano pobre8 sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás
lo que necesite.”
LA SIEMBRA: Es dar antes de haber recibido como un acto de fe (semilla de fe) Gálatas 6:7 “No os engañéis;
Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”
Dar libera, anima y aumenta, todo lo que sembremos recogeremos. Dios ha puesto a nuestra
disposición varias herramientas para dar y ver como es Él quién sustenta y sostiene. Pero todo esto
es una decisión personal, debe hacerse con el corazón, por eso sabemos que es espiritual.
De una manera muy clara y contundente Dios siendo Dios pone a prueba su palabra ante nosotros
con el dar, piensa en que otro aspecto Dios ha dicho algo semejante.
Malaquías 3:10 “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora
en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre
vosotros bendición hasta que sobreabunde.”
¿Están dispuestos a probar a Dios como su proveedor y sustento en sus vidas?
En oración les guiaremos primero a dar el corazón, es necesario primero entregar mi mente, entender
que el dinero es un buen siervo, pero un pésimo amo. Podemos florecer en el desierto con la bendición
de Dios.
Para empezar a dar y aumentar la fe les invitaremos a dar primero de su tiempo. Es necesario dar de nuestro
tiempo durante la semana para buscar a Dios y acercarnos a él.
Siempre diremos que estamos ocupados y tenemos muchas cosas que hacer, pero cuando hay una
emergencia encontramos el tiempo para resolver la emergencia. Tomaremos 2 horas diarias para orar
y leer la palabra de Dios.
UNO RECOGE LO QUE SIEMBRA
Una mañana, una mujer bien vestida se paró frente a un hombre desamparado, quien lentamente levantó la vista y
miró claramente a la mujer que parecía acostumbrada a las cosas buenas de la vida. Su abrigo era nuevo. Parecía
que nunca se había perdido de una comida en su vida. Su primer pensamiento fue: “Solo se quiere burlar de mí,
como tantos otros lo habían hecho.
- Por favor, déjeme en paz. -gruñó el indigente-.
Para su sorpresa, la mujer siguió enfrente de él. Ella sonreía, sus dientes blancos mostraban destellos
deslumbrantes.
- ¿Tienes hambre?, preguntó ella.
- No, contestó sarcásticamente el indigente. Acabo de llegar de cenar con el presidente. Ahora vete.
La sonrisa de la mujer se hizo aún más grande. De pronto, el hombre sintió una mano suave bajo el brazo.
- ¿Qué hace usted, señora?. -preguntó el hombre enojado-. Le digo que me deje en paz.
Justo en ese momento, un policía se acercó:
- ¿Hay algún problema, señora?, -le preguntó el oficial-.
- No hay problema aquí, oficial, -contestó la mujer-. Sólo estoy tratando de ayudarle para que se ponga de pié. ¿Me
ayudaría?
El oficial se rascó la cabeza:
- Sí, el viejo Juan ha sido un estorbo por aquí en los últimos años. ¿Qué quiere usted con él?. -preguntó el oficial-.
- ¿Ve la cafetería de allí?, -preguntó ella-. Quiero darle algo de comer y sacarlo del frío.
- ¿Está loca, señora?, -el pobre desamparado se resistió-. Yo no quiero ir ahí.
Entonces sintió dos fuertes manos agarrándolo de los brazos que lo levantaron:
- Déjeme ir oficial, -yo no hice nada-.
- Vamos viejo, esta es una buena oportunidad para ti, -el oficial le susurró al oído-.
Finalmente, y con cierta dificultad, la mujer y el agente de policía llevaron al viejo Juan a la cafetería y lo sentaron
en una mesa en un rincón. Era casi mediodía y la mayoría de la gente ya había almorzado. El gerente de la
cafetería se acercó y les preguntó:
- ¿Qué está pasando aquí, oficial?, ¿qué es todo esto?, ¿Y este hombre, está en problemas?
- Esta señora lo trajo aquí para que coma algo, -respondió el policía-.
- ¡Oh no, aquí no!, -respondió el gerente airadamente-. Tener una persona como esta aquí, es malo para mi
negocio.
El viejo Juan esbozó una sonrisa con sus pocos dientes:
- Señora, se lo dije. ¿Ahora, si van a dejarme ir? Yo no quería venir aquí, se los dije desde un principio.
La mujer se dirigió al gerente de la cafetería y sonrió:
- Señor, ¿está usted familiarizado con Hernández y Asociados?. La firma bancaria que está a dos calles de aquí.
- Por supuesto que la conozco, -respondió el administrador con impaciencia-. Ellos tienen sus reuniones semanales
en una de mis salas de banquetes.
- Y ganan una buena cantidad de dinero con el consumo de alimentos y bebidas en estas reuniones semanales?, -
preguntó la señora-.
- ¿Y eso qué le importa a usted señora?
- Verá señor, mi nombre es Penélope Hernández, y yo soy la presidenta y dueña de la compañía.
- ¡Oh Perdón! -dijo el gerente-.
La mujer sonrió de nuevo y le dijo al policía:
- ¿Le gustaría tomar una taza de café con nosotros, o tal vez almorzar, oficial?
- No, gracias, señora, -replicó el oficial-. Estoy en servicio.
- ¿Entonces, una taza de café para llevar?
- Sí, señora. Eso estaría mejor.
El gerente de la cafetería contestó como si recibiera una orden:
- Voy a traer el café para usted de inmediato señor oficial.
El oficial lo vio alejarse, y opinó:
- Ciertamente lo ha puesto en su lugar señora.
- Esa no fue mi intención. -dijo la señora-. Lo crea o no, tengo una buena razón para todo esto.
La mujer se sentó a la mesa frente a su invitado a cenar y lo miró fijamente:
- Juan ¿te acuerdas de mí?
El viejo Juan con los ojos lagañosos miró su rostro:
- Creo que sí. Digo, se me hace familiar.
- Mira Juan, quizás estoy un poco mayor, pero mírame bien. -dijo la señora-. Tal vez me veo más llenita ahora, pero
cuando tú trabajabas aquí hace muchos años, vine aquí una vez, y entré por esa misma puerta, muerta de hambre
y frío.
Algunas lágrimas posaron sobre sus mejillas.
- ¿Señora, se encuentra usted bien?, -dijo el oficial-. No podía creer lo que estaba escuchando, ni siquiera llegar a
pensar que la mujer pudo haber sentido hambre alguna vez en su vida.
- Yo acababa de graduarme de la universidad en mi pueblo. -comentó la mujer-. Yo había llegado a la ciudad en
busca de un trabajo, pero no pude encontrar nada.
Con la voz quebrantada la mujer continuó:
- Pero cuando me quedaban mis últimos centavos y me habían corrido de mi apartamento, caminaba por las calles,
era febrero y hacía mucho frío y casi muerta de hambre, vi este lugar y entré, con muy poca posibilidad de poder
conseguir algo de comer.
Con lágrimas en sus ojos la mujer siguió platicando:
- Juan me recibió con una sonrisa.
- Ahora me acuerdo, -dijo Juan-. Yo estaba detrás del mostrador de servicio. Se acercó y me preguntó si podría
trabajar por algo de comer.
La mujer continuó:
- Entonces, tú me hiciste el sándwich de carne más grande que jamás había visto, me diste una taza de café, y me
fui a un rincón a disfrutar de mi comida. Tenía miedo de que te metieras en problemas, pero luego, cuando miré y te
vi poner el dinero de la comida en la caja registradora, supe entonces que todo iba a estar bien.
- ¿Así que usted comenzó su propio negocio?, -dijo el viejo Juan.
- Sí, encontré un trabajo esa misma tarde. Trabajé muy duro, y fui ascendiendo con la ayuda de Mi Padre Dios.
Eventualmente empecé mi propio negocio que, con la ayuda de Dios, prosperó. Ella abrió su bolso y sacó una
tarjeta. Cuando termines aquí, quiero que vayas a hacer una visita al señor Martínez. Él es el director de personal
de mi empresa. Iré a hablar con él y estoy segura de que encontrará algo para que puedas hacer algo en la oficina.
Sonrió nuevamente: creo que incluso podría darte un adelanto, lo suficiente para que puedas comprar algo de ropa
y conseguir un lugar para vivir hasta que te recuperes. Si alguna vez necesitas algo, mi puerta estará siempre
abierta para ti Juan.
Hubo lágrimas en los ojos del anciano:
- ¿Cómo voy a agradecer?, -preguntó-.
- No me des las gracias, -respondió la mujer-. Dale la gloria a nuestro Padre Dios. Él me trajo a ti.
Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron y antes de irse cada uno por su lado, la señora Hernández
le dijo al oficial:
- Gracias por su ayuda oficial.
- Al contrario, -dijo el oficial-. Gracias a usted. Hoy vi un milagro, algo que nunca voy a olvidar. Y muchas gracias
por el café.
Autor Desconocido