CON MARÍA, CONSTRUYAMOS UNA CULTURA EUCARÍSTICA
Querida Familia:
Hoy toda la Iglesia celebra la Solemnidad de Corpus Christi y estando en el
contexto del Centenario de los pastorcitos de Fátima, he querido escribir hoy
la carta que proclama el lema y logo de nuestro año en la Familia de los
Corazones Traspasados de Jesús y María: CON MARÍA, ¡CONSTRUYAMOS
UNA CULTURA EUCARÍSTICA! He esperado a este día en que recordamos con
inmensa gratitud, que Jesús en la última Cena, en esa noche de pasión, de
oscuridad y gran batalla, su Corazón nos donara grandes regalos inmerecidos
de su Amor, por que como dice San Juan en el capitulo 13 de su Evangelio:
“llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los
suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” Sí, Jesús nos
donó, en la noche oscura de la incomprensión, de la indiferencia, de la
traición, de la falta de escucha, de la sordera de la terquedad y de la ceguera
de la falta de contemplación de todo lo visto y oído, el don de dones, el amor
de los amores, su propio Ser, instituyendo el Sacramento del Amor: La
Eucaristía. Este Sacramento que es su presencia Real y total, es su Cuerpo y
Su Sangre, Su alma, divinidad, Su Corazón, Su voluntad, la totalidad de su
Naturaleza Divina y Humana, escondida en la humildad de la apariencia de las especies de pan y vino. Si, Jesús,
quiso por voluntad libre, no dejarnos solos en este peregrinar por los caminos de la vida terrena, sino que más
bien, instituye un Sacramento en el cual su Presencia Real estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos. Que
potente momento tuvo que ser para los apóstoles escuchar, que después que los envía al mundo entero a
evangelizar, Jesús les asegura que no están solos y quiere que estén convencidos que su presencia no será
únicamente espiritual, sino que será Sacramental, Real, Total, Plena, y les dice: “sepan que yo estaré con ustedes
todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28,16
¡Cuanto amor fluye del Sagrado Corazón en ese Jueves Santo! si en la Cruz, después de muerto fue traspasado por
una lanza y fluye Sangre y Agua, para darnos dos grandes Sacramentos, estoy convencida, que en la ultima Cena
de forma mística, ya su Corazón estaba siendo traspasado con grandes dolores interiores que le abrieron una llaga
interior de la que fluyeron los dones de: la enseñanza del servicio incondicional como modelo del verdadero
discípulo, el inmenso don del Sacramento del Sacerdocio, en donde Cristo mismo se hace presente en los hombres
elegidos por El mismo, para continuar a través de ellos, realizando su obra salvífica y su misión redentora a través
de la historia. De sus manos, en comunión plena con el Cuerpo Místico que es la Iglesia, y el poder del Espíritu
Santo, ellos harían posible el milagro de los Milagros: que el pan se convirtiera en Su Cuerpo y el vino en Su Sangre.
Y así, cumplía y cumpliría su promesa, de estar con nosotros hasta el fin de los tiempos.
En esta Solemnidad Jesús tiene tanto que decirnos. Primero, que confiemos plenamente en sus promesas pues
todas se han cumplido y se cumplirán. Segundo, que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Cantares 8), ni la
muerte pudo robarle el poder de dar vida y dar vida en abundancia, que cuando todo parecía terminado, El no
solo resucita, sino que después de subir al Cielo, nos deja Su Cuerpo y Su Sangre como alimento imperecedero,
como vida del mundo, luz de las naciones, como modelo vivo del verdadero significado del amor. Tercero, que
Jesús Eucarístico se queda con nosotros para fortalecernos en la debilidad, para santificar y elevar nuestra
tendencia al pecado, para comunicarnos sabiduría en los grandes dilemas de la vida, para
estar cerca, tocarnos y sanarnos el corazón, el alma, el cuerpo; para seguir sentándose
con nosotros y enseñarnos lo bello, lo bueno y lo verdadero del mensaje Evangélico. Se
queda con nosotros en la Eucaristía para revelarnos con gran luminosidad lo que es el
Amor y para enseñarnos a amar como El ama.
Esta con nosotros, está en el centro de la vida eclesial, en el centro de nuestras
parroquias, nuestras capillas, nuestros movimientos, porque la Iglesia vive de la
Eucaristía, y todo en la Iglesia vive de la Eucaristía. “La Eucaristía, presencia salvadora de
Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es de lo más precioso que la
Iglesia puede tener en su caminar por la historia¨(EE,9). El, Jesús Eucarístico es el Corazón de la vida de la Iglesia,
y hoy late fuertemente donando en cada latido su amor transformante, para cambiar el corazón humano y para
cambiar la civilización moderna. ¡Nuestra cultura, nuestra civilización se ha olvidado del amor! Al alejarse de Dios
se aleja del amor, pues Dios es amor. Y al alejarse de Dios y de la belleza de su amor, tarde o temprano, empieza
a alejarse de sus hermanos, empieza a enfriarse en el amor, empieza a vivir para si mismo, en un sistema
encerrado en su auto referencialidad, que lo aísla de la bondad, de la solidaridad y del llamado esencial de amar
y ser amado. La persona humana que empieza a dejar de amar y vive más para sí mismo volviéndose egoísta, en
realidad está renunciando a la grandeza de su humanidad. Ya por ello, nos decía San Juan Pablo II, en su profético
libro “Amor y responsabilidad”, que el ser humano debía reconciliarse con su propia grandeza. ¿Cuál es esa
grandeza de la cual nos hemos olvidado e incluso hemos renunciado a ella? Es la grandeza de nuestra capacidad
de amar verdaderamente, con amor sincero, oblativo, donado y entregado por los demás, un amor tan fuerte que
su fruto es una gran fecundidad. Un amor que todo lo puede, todo lo espera, todo lo
dona… Un amor esencialmente Eucarístico. ¡La Eucaristía es Cristo amándonos de esta
manera! Por esto los santos se sentaban en la Escuela Eucarística del amor, para
aprender a amar de verdad. San Maximiliano Kolbe no llegó a donar su vida en el campo
de concentración por un impulso bueno o emotivo, sino por una vida de diariamente
dejarse formar por la Inmaculada en otro Cristo, y de sentarse constantemente durante
el día ante Cristo Eucarístico para encarnar en su propio ser la verdad del amor cristiano,
que lo contemplaba tan vivamente en la Eucaristía. No podremos elegir el amor a
menos que lo conozcamos, lo experimentos, lo contemplemos y lo hagamos vida…. No
podremos en los momentos de oscuridad y cruz, optar por el bien, por los caminos de
las bienaventuranzas, a menos que hemos pasado mucho tiempo con Jesús en la Eucaristía.
San Maximiliano, como San Francisco Marto, el Siervo de Dios Carlo Acutis y tantos Santos, como San Juan Pablo
II, fueron almas formadas por la Virgen Santísima en ser totalmente Eucarísticos. Si es Nuestra Madre la que nos
lleva a Jesús, a Jesús que nació de su vientre Virginal, que sostuvo en sus brazos, que alimentó, que educó, que
protegió, que siguió fielmente hasta la Cruz, y que es el mismo que hoy está con nosotros en la Eucaristía. ¿Como
no será Ella el camino más seguro para ser grandes almas Eucarísticas? Ella sabe que solo la Eucaristía puede
transformar el corazón humano, y también sabe, que solo los corazones Eucarísticos, pueden transformar la
cultura en un espacio, en un lugar de valores, de principios y de forma de ser, que cultive en el ser humano, la
potencia del amor, su verdadera grandeza. Si la Eucaristía está en el centro de nuestras vidas, de nuestras
familias, de nuestras comunidades, parroquias, de la Iglesia, y reconocemos que es un don inmenso tener a Jesús
entre nosotros, ¿cómo no cambiaremos? ¿Como no haremos que los efectos de su presencia Eucarística a la que
hemos estado expuestos, no se conviertan en rayos de luz, que llegan al mundo a través nuestro? ¿Como
contemplar tanto amor, no irrumpirá en nuestro interior y nos retará a amar? ¿Cómo Su libre elección de quedarse
presente entre nosotros para continuar haciendo el bien no va a cuestionarnos nuestra falta de presencia ante el
Sagrario o ante Jesús expuesto para adoración Eucarística?
La cultura Eucarística es fruto de la Adoración Eucarística. Nos dijo San Juan Pablo II en su última Encíclica sobre
la Eucaristía n. 10, que “la adoración del Santísimo Sacramento donde tiene cotidianamente una importancia
destacada, se convierte en fuente inagotable de santidad ”. Donde crece el amor
Eucarístico, crece el deseo de santidad, de ser el amor de Dios en medio de un
mundo sin amor, de ser luz en medio de las sombras, de ser esperanza en medio de
la desesperación, de ser generosidad en medio del egoísmo, de ser orantes en
medio de un mundo sin fe, de ser servidores incondicionales en un mundo de placer
y confort. Hay que levantar muy en alto, a Jesús Eucarístico, debemos querida
Familia, responder a ese llamado que recibimos hace 19 años ante el milagro
Eucarístico de Lanciano: ¨Levanten muy en alto mi Corazón Eucarístico. El mundo
necesita de Mí, de recibir mi presencia y mi amor. Ustedes deben levantarme para
que todos vean que Yo estoy con la humanidad siempre, en cada momento de su
historia. Solo mi amor Eucarístico sanará a la humanidad, por eso Mi Madre recorre
el mundo despertando el amor hacia la Eucaristía. Ella va por los caminos del mundo
llevando como Sagrario viviente mi presencia Eucarística y llamando a todos a
adorarme y a dejarse tocar por mi presencia y mi amor Eucarístico. La Eucaristía es fuerza que disipa las tinieblas
y el error, que aparta las fuerzas infernales y trae orden y paz a la humanidad y a cada corazón”.
Luego, me hizo contemplar, la custodia, el milagro Eucarístico contenido dentro de ella, y la base que sostenía
a la Custodia. En ese momento, por una luz interior, entendí que Nuestro Señor pedía, que para levantar muy en
alto su amor Eucarístico, la Custodia tenia que estar representada en las hermanas, que, con nuestro carisma
mariano, nosotras seamos como Nuestra Madre, custodias vivientes que llevamos muy dentro de nosotras a Jesús
Eucarístico y que, impulsadas por su amor materno, saliéramos de prisa a través de las montañas a llevarlo a
muchas almas. “La Custodia debe ser grande y hermosa, alta y llena de virtudes (me mostró perlas) para
embellecer y ensalzar al Corazón Eucarístico”. Esto me causó una inmensa emoción pues desde nuestro origen
fundacional, la Eucaristía era nuestro centro y nuestro todo, incluso junto con la Consagración Mariana, el otro
ministerio que empezamos cuando recibimos la primera aprobación, fueron los cenáculos Eucarísticos. Ya van
tantos años de llevar a miles y miles de personas por todo el mundo, al Corazón Inmaculado y Materno de María
a través de la Consagración, y en Ella, con Ella y a través de Ella, al Corazón Eucarístico de Jesús por medio de los
cenáculos y los ministerios Eucarísticos en los lugares de predicación. Los Dos Corazones en estas grandes
expresiones eran no solo pilares de nuestro carisma, sino nuestro primer ministerio como Comunidad religiosa.
Es por ello que tanto la Consagración Mariana como los Cenáculos Eucarísticos, vividos con espíritu carismático y
en plena comunión con el corazón de la Iglesia, son dos pilares y a la vez, dos ministerios que amamos
profundamente a pesar de todos los sacrificios que se haga para salir a levantar muy en alto el Corazón Eucarístico
con corazones marianos, como custodias. La base, el Señor me hizo entender que debía ser fuerte y sólida, para
sostener una custodia tan grande, esta base serían los que, de las diferentes ramas seglares, con compromiso
serio pudiesen de verdad sostener y levantar la custodia. Me hablaba de la rama seglar y de otras ramas, que la
fuerza de su compromiso y dedicación a esta obra, les haría ser como esos ángeles que sostienen como una base
firme a la Custodia y al Corazón Eucarístico. ¡Cuanto espera el Señor de nosotros! ¡Cada uno responderá según
sea su amor!
Si, más que nunca debemos levantar muy en alto al Corazón
Eucarístico, como la Virgen quien es la Custodia viviente de su
Presencia. Jesús es la luz del mundo, luz que las tinieblas no pueden
apagar. Jesús es la respuesta más elocuente a todas las preguntas del
corazón humano, solo ante El, la vida adquiere su verdadero valor y
toda pregunta encuentra su fundamental respuesta. Jesús es el único
que puede saciar el hambre y sed de amor que posee el alma humana,
ante Su amor derramado en la Eucaristía, quien no saldrá totalmente
saciado? Jesús es el perdón y la misericordia encarnada, el único que
sana las heridas del corazón humano, ante El, quien no sentirá su
ternura, su mirada, su abrazo y su palabra no de condenación, pero si
de dirección clara: ¡vete en paz y no peques más! Jesús Eucarístico es
nuestra paz, nuestra sanación, nuestra liberación, nuestra guía segura
y la Palabra hecha carne que continúa morando entre nosotros, para
enseñarnos a vivir según el Reino de los Cielos.
Con María, mujer Eucarística en toda su vida, nosotros debemos crecer en el amor hacia la Eucaristía. Con Ella,
debemos adorarle, repararle, consolarle, contemplarle, escucharle y disponernos a ser una familia en salida,
llevando a Cristo a todas partes.
En nuestra Familia, con corazones marianos, todo se centra en la Eucaristía, para realmente descubrir que la
Eucaristía no es solo nuestra vida, sino que también es nuestra misión. Por ello, todo lo que hacemos comienza y
termina en la Eucaristía. Hay que crecer como dijo San Juan Pablo, en “el asombro Eucarístico”, reconociendo que
tenerlo es un don inmerecido, que tener sacerdotes en la familia es un don inmerecido. Cuanto debemos
agradecer tener custodias vivientes en las hermanas que están atentas en todos los detalles, sin importarles los
sacrificios que conlleve que todo lo que se obtiene o se hace que está en relación al Altar y a la Eucaristía, sea
digno de Él, para que así vivamos dignamente nuestro carisma Eucarístico. Por la Eucaristía y todo lo que tiene
que ver con ella, nunca en esta Familia debe haber límites, ni mediocridades. Se le da todo, aunque eso signifique
sacrificios y negaciones.
En este año les exhorto de todo corazón, a adorar a Jesús Eucarístico, por lo menos una hora semanalmente Al
menos una vez a la semana, sino más, debemos ir a una capilla, especialmente si tenemos capillas en un centro
nuestro, o donde la Familia ha sido encargada de la Adoración en una Iglesia, sino ir a cualquier Iglesia o capilla
donde Jesús esté Expuesto en espíritu de:
Adoración Reparación ante tantos ultrajes e indiferencia Consolación ante su soledad y olvidos
contemplación del amor revelado en la Eucaristía a escuchar su voz interior y su Palabra llenarme de El
para salir a darlo a los demás.
Les pido que sean Testigos ardientes de la Eucaristía, propagando amor y reverencia a ella, enseñando la belleza
de este don tan inmenso, llevando personas a la Santa Misa, y de manera singular, una vez más, les pido, que se
hagan presentes en los cenáculos Eucarísticos. Esta misión continúa y continuará cada vez con mas fuerza, porque
Nuestra Madre así lo necesita, muchos se benefician y beneficiaran de este don de los cenáculos, no los tomen a
la ligera o no se acostumbren a ellos. Los dones recibidos en nuestro carisma deben ser acogidos primero y con
gratitud y responsabilidad por los propios miembros. En cada cenáculo Eucarístico,
vemos la potencia sorpresiva de la presencia real de Cristo. Cuantas sanaciones
interiores, corporales, cuanta luz en las mentes, cuantos errores transformados en
verdades, cuanto egoísmo transformado en generosidad…. y tanto, tanto más. Pero lo
que mas me asombra es que cada viernes por mas de 27 años, Jesús nos da una escuela
formativa diferente. Nunca se ha repetido una palabra, El mismo nos explica el
Evangelio y lo aplica a nuestras vidas efectuando, encarnando esa Palabra ahí mismo
esa noche en cada uno de los presentes. Cuanto se construye la cultura Eucarística en
los Cenáculos…. Cuanto se ve con claridad lo que significa ser Eucarísticos y Marianos,
como se siente y percibe el espíritu de los Santuarios Marianos en nuestros conventos,
centros, plazas, lugares de misión que pertenecen a nuestra Familia…. En cada uno, el
centro es la Eucaristía y la presencia mística de la Virgen, que con su vientre guarda esa
presencia y la maximiza para nosotros, es asombrosa. Como se construye cada viernes la cultura de la solidaridad
que es fruto de la cultura Eucarística, cuando oramos por los enfermos tanto presentes como los que están en
comunión con nosotros por medio de las redes sociales, como mostramos que no hay limites al amor Eucarístico,
y que El que pasó haciendo el bien, continúa haciéndolo hoy con el poder de la Eucaristía en los presentes y en los
que están físicamente lejos, pero tan cerquita a través de una cámara de video que les trasmite esa presencia.
Para la Eucaristía no hay límites….
También, debemos ser mas ardorosos en nuestras misiones para proveer por custodias misioneras, cuidar que los
lugares pobres y áreas de misión tengan lo necesario para celebrar la Santa Misa y tener adoración. Los que son
ministros extraordinarios de la Eucaristía asegúrense que los enfermos en sus casas reciban el pan de vida, la
fuerza del amor de Cristo. Sean como la Virgen portadores de la presencia de Cristo a una persona en necesidad.
¿Que nos tendrá el Señor preparado para este año? Se que inicia una etapa de elevar mas en alto el Corazón
Eucarístico y por lo tanto, elevará de alguna forma a la Custodia. De cierto modo, esto lo vemos en el crecimiento
espiritual y misionero de las Siervas, las Custodias, que debemos ir como Nuestra Madre, por donde Ella nos pida,
llevando como custodias vivientes la presencia de Jesús a muchos corazones y a un mundo en necesidad. Luego
lo vemos en la semillita que el Señor ha sembrado y que veremos en todo lo que se convertirá, con el inicio del
noviciado de Fr. Joseph para la vida religiosa-sacerdotal, y el inicio del postulantado de un joven, que ha sido
llamado a la vida religiosa. Al mismo tiempo, se van expandiendo misiones en las ramas seglares que nos van
permitiendo no solo crear una cultura de amor por todo el bien que se está haciendo como fruto de la vida
Eucarística, sino que se van abriendo lugares, capillas, en donde la Eucaristía va siendo el centro y culmen de ese
lugar. Tenemos proyectos en los cuales en cada uno se abrirá un espacio más a un altar, a un sagrario, incluso
empezaremos con tantos jóvenes de diferentes áreas que están viniendo a nuestras misiones, una noche mensual
dedicada a ellos, de adoración, breve formación, y fraternidad. Se que este año, daremos retiros que de diferentes
ángulos nos lleven a comprender mejor el plan que tiene la Virgen Santísima llamándonos a creer, adorar, esperar
y amar a Jesús Eucarístico en nombre de la humanidad. Como también, profundizaremos en nuestra formación
mensual en temas Eucarísticos desde la mirada materna de María.
¿Quién mejor que Ella nos podrá hablar de la Eucaristía? ¿Quién mejor que Aquella que aprendió a vivir la fe
Eucarística junto a San Juan en Éfeso podrá hablarnos del asombro Eucarístico? Haremos memoria de la Encíclica
de nuestro amado San Juan Pablo II, ECCLESIA DE EUCHARISTIA, su última encíclica que escribió durante el Año
del Santo Rosario, uniendo así y como siempre lo hizo, a María Santísima y a la Eucaristía. San Juan Pablo que
muere durante el Año de la Eucaristía, San Francisco Marto en cuyo centenario nos encontramos, San Maximiliano
Kolbe, Santa Clara de Asís, Carlo Acutis y todos los santos que de manera particular nos han mostrado el poder de
la Eucaristía para transformar el mundo y la civilización, nos acompañen este año en nuestra propia jornada
espiritual hacia el Corazón Eucarístico de la mano y a través del Corazón de María; que ellos nos enseñen a tener
celo por proclamar la grandeza del amor de Cristo en la Eucaristía y nos hagan misioneros ardientes del amor
Eucarístico. Que este año, sea para nosotros uno en el cual podamos
decir que, como María, somos hombres y mujeres Eucarísticos con y
en toda nuestra vida.
Que contemplemos los misterios de la Eucaristía, que ponderemos
este don del Sacramento del Amor y que hagamos muchas obras
donde levantemos muy en alto la luz de Cristo Eucarístico, apoyando
con todo nuestro ser y compromiso, la Custodia, y así la base, los
ángeles que la sostienen, ayudarán a que juntos cumplamos la misión
de proclamar: ¡Viva la Eucaristía! ¡La Eucaristía es nuestra vida! ¡Viva
la Madre de la Eucaristía!
Promovamos todo lo que lleve a muchos a adorar a Jesús y conocer que esta vivo en la Eucaristía. Mostremos de
muchas formas nuestra gratitud a la Eucaristía, sobre todo dejándonos transformar en Eucaristías vivientes que
cambiemos la cultura, en una civilización de amor.