El interés que reside en la presente propuesta investigativa que gira en torno al Punk,
como movimiento contracultural, estético lirico - literario y musical, subyace de dos
causas personales a través de mi trayectoria de vida. Siendo enfático en que ambas han
estado circundadas o en el mejor de los casos atravesada por la escuela. Ese espacio o
institución en crisis en la modernidad, lugar en el cual se derrocha el tiempo y se castran
sueños y oportunidades de vida en banalidades más que inútiles, de carácter perverso y
sistemático totalitario, instauradas bajo modelos y políticas neoliberales, garantes de
derechos y deberes, que se podrían traducir en prácticas de producción de individuos
competitivos, obedientes, consumistas y chatos de critica…
Mi primer encuentro con el punk fue cuando tenía 15 años y cursaba grado decimo; en
un colegio distrital de “ciudad gris”, la cual tiene fama de cloaca, no solo por la suciedad
que esgrime y cubre todo a modo de coraza corrosiva. Se encargó acoger huérfanos de
todas partes de esta republiqueta, en dónde los “beneficiados – inmigrantes o
desplazados” en su mayoría - dejan claro que Bogotá la metrópoli del rebusque, la
oportunidad, la necesidad, la miseria, la pobreza, la marginación y por qué no la sospecha.
Ciudad de todos y de nadie, que es protegida por esbirros públicos de uniforme,
encargados de preservar la ley y el orden, de cuidar al pillo – delincuente y someter al
ciudadano, ciudad que sacia sus fauces putrefactas de extranjeros o migrantes internos de
un país que desconoce en la modernidad el “desplazamiento forzado” consecuencia de un
conflicto armado que azota esta nación desde hace más de medio siglo, dejando atrás
claro está, los choques bélicos producidos en la colonia y la búsqueda de una falsa
independencia, que cumple a propósito más de doscientos años y de la cual se jactan
líderes políticos, alcaldes y presidentes en sus discursos de posesión o campañas
electorales; “proezas” que reposan en un sin número de anaqueles y libros de historia.
Fue así como “ciudad gris” fue alcahueta y testigo de la irrupción del punk en mi vida.
En una tarde abril, de 2006 en la que al despache escolar se le suma el sin sentido y el
letargo de una tarde soleada, impregnada de monotonía y desocupe no solo por los deberes
impuestos en la escuela y el hogar, sino por la mínima intención de llevarlos a cabo.
Sergio Chaparro – “Checho” un mansito un año menor que yo cayó a la casa en compañía
de mi hermana, - vale la pena aclarar que ella no llama la atención el punk, ni mucho
menos el rock- no sé cómo, ni donde se conocieron, lo único que sé estaba oyendo un
compilado de punk que había encontrado en una tienda clandestina del centro una semana
antes; el man mostró interés y me recomendó más bandas, entre esas Desarme y ZD.
Debo confesar que antes de la llegada de Checho ese mi tercer intento u oportunidad de
entablar cierto agrado a dicho álbum, sin embargo, no hallaba mayor gusto o interés
estítico – musical por fuera de los márgenes musicales comerciales. Sus letras eran
toxicas, envenenadas de realidad, crudeza y sátiras. Su ritmo era demasiado simple, a
destiempo con guitarras estridentes, veloces y agresivas como un felino en plena casería,
y los tones, redoblante y platillos incitaban una convulsión infalible, de querer saltar,
codear, escupir, gritar, acabar hasta con el mismísimo nido de la perra, como dice mi
mama. NI PUTA MIERDA - PUNK SAMPLER se titula el primer CD de punk que tuve,
después de escuchar sus 28 tracks, algo cambió en mí, este tipo de música se convirtió
por decirlo así, mi primer amor, una novia fea, una - “Tamara” como dice Eskorbuto -
estéticamente hablando de la cual me enamoré, y de la cual hoy en día lo sigo estando.
Mi primer acercamiento con el punk creo que no fue como en la mayoría de historias, por
conocer a un mansito, hembra o un parche y dejarse impregnar las conductas, ideas,
gustos, estética de estos. Llegue al punk sin buscarlo, fue como en las historias románticas
una casualidad quizas - “buscando lo que no se me había perdido” como lo dicta el adagio
popular - en los anaqueles improvisados por cajas de cartón envueltas en cinta en un
sótano del centro de Bogotá, cerca la carrea séptima con avenida diecinueve. Creo que es
necesario precisar que ya escuchaba algo de rock comercial y la nueva tendencia de
postpunk o neo punk como: Nirvana, Metallica, Guns and Roses, ACDC, Slipknot, Korn,
Blink 182, Sum 41, Linkin Park, etc. Fue en un chuzo de esos en los que encontré oro,
cuando estaba buscado cobre, una metáfora muy en boga de todos por estos tiempos.
En cuanto a la segunda causa, fue exactamente en el momento en que empecé a parchar
con Checho, a pesar de que no estábamos en el mismo colegio, asistíamos a diferentes
espacios, encuentros, tokes, conciertos, foros, etc. Organizados en su gran mayoría por
colectivos independientes – antisistema. Muchos de estos con tendencias anarquistas y
comunistas. Y de los cuales pude entender otras dinámicas y espacios en los cuales se
moviliza, construye e idealiza el punk y sus manifestaciones político – sociales. A través
de la ejecución proyectos colectivos y con miras a propiciar un impacto comunitario,
ambiental, animal,
punk irrumpió en la escena y forma de vida o existencia. Estado en el cual todo estaba en
calma, las cosas m archaban bien, sin mayores p`reociupaciones o contratiempos, se
podría decir que estaba aislado o mejor que mi vida oscilaba entre en la monotonía y el
aburrimiento de la desazón de estar atrapado en la cotidianidad.
Asi, siendo un gusano de 14 años, pensaba que todo estaba ya programado, que la vida
consistía en agregar los ingredientes a tiempo, tener un buen o aceptable comportamiento
relación con el mundo, su gente, profesores, y los demás engrendros llamados
compañeros de clase, de los cuales, muchos de ellos sumidos en mundos chatos de
pensamiento y critica hundidos y consumidos en su nerditud tragaban y regurgitaban
conceptos, teorías, formulas, leyes, normas, teoremas, manuales, instrucciones, deberes,
entelequias que no dejaban mayor efecto a bordo de un memoria programada,
eyacualdores precoses de conceptos vacíos, innocuos y viles en su estructura y parloteo
pregonado por estos ineptos y sus lideres maestros, estos últimos se jactaban con
palabrerías, sobre el futro, el progreso, un proyecto de vida otros perezosos y brutos,
otros cerrados del pensamiento mucho más que los y otros como yo a quien le interesaba
andar con rectitud y en algunos casos salirse del camino, sin perder el rastro de como
rregresar a este. Un proceso vital que estaba fundamentado en cumplir, obedecer, cumplir,
señalar, saludar, entregar, entediendo
Mi primer encuentro con el punk fue cuando tenia 15 años, fue por
es decir se pretende dar a conocer en primer lugar, las trayectorias histórico – sociales
que tuvo que afrontar el movimiento punk en la década de los ochentas para llegar a
asentarse y ser reconocido como un acontecimiento que provocó rupturas en las
representaciones hegemónicas políticas, económicas, sociales y culturales establecidas;
principalmente en los sectores marginales de las grandes ciudades colombianas - Bogotá,
Cali y Medellín – de igual manera pretende dar a conocer como el movimiento punk se
encargó de convertirse en “estandarte” y / o alternativa de vida para un sector de la
juventud, quienes se encargaron de “militar” dentro de éste como un mecanismo de
expresión y lucha, prácticas contraculturales en donde se enmarca identidad política y de
resistencia.