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TEMA 4. DIFICULTADES DE DESARROLLO Y APRENDIZAJE ASOCIADAS A LA
DISCAPACIDAD MOTORA
1. Concepto de discapacidad física
2. Prevalencia
3. Aspectos evolutivos
4. Alteraciones de la función motora
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1. CONCEPTO DE DISCAPACIDAD FÍSICA
El concepto de discapacidad física ha sufrido variaciones a lo largo de la historia, pasándose de un
modelo puramente médico en el que únicamente se valoraban las limitaciones del individuo, a un
modelo psicosocial en el que se enfatiza la relevancia del ambiente y la atención a las capacidades
del sujeto para llevar a cabo actividades de la vida diaria, hasta llegar en la actualidad al modelo
centrado en la autonomía personal en el que la independencia y la igualdad de oportunidades son
pilares básicos.
El estudio de la discapacidad física se articula a través de los conocimientos alcanzados por diversas
disciplinas científicas (medicina, ingeniería, informática, o psicología) cada una de las cuales
establece su aportación para poder realizar una intervención multidisciplinar, necesaria para abarcar
todas las facetas de la vida del individuo.
Los descubrimientos médicos y los avances en el diseño de tecnología destinada al diagnóstico y
rehabilitación de las diferentes enfermedades han permitido que personas con déficits funcionales
severos puedan hoy participar como ciudadanos activos.
Sin embargo, si hay una característica indiscutible que pueda aplicarse al colectivo de personas con
discapacidad física es la de su heterogeneidad. Tradicionalmente el concepto de discapacidad física se
ha relacionado de forma unívoca con aquellas alteraciones de naturaleza motora, cuya etiología se
debe fundamentalmente a alteraciones del sistema nervioso, osteoarticular y muscular. Si bien es
cierto que estas son las causas que provocan discapacidad física en una mayor proporción, deben
incluirse en esta categoría otras alteraciones físicas de naturaleza no motórica, pero sí orgánica, como
son entre otras el asma, epilepsia, dolor crónico, hemofilia, diabetes, y enfermedad renal, que
provocan en las personas que la presentan -de forma transitoria o permanente- dificultades para
desarrollar actividades de la vida cotidiana.
La discapacidad motora podría definirse como la dificultad que presentan algunas personas para
participar en actividades propias de la vida cotidiana, que surge como consecuencia de la interacción
entre una dificultad específica para manipular objetos o acceder a diferentes espacios, lugares y
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actividades que realizan todas las personas, y las barreras presentes en el contexto en el que se
desenvuelve la persona (CIF, 2001).
Dentro de esta categoría existe una gran variedad de alteraciones tanto de naturaleza genética como
adquirida, entre las que podemos encontrar algunas que afectan a los miembros superiores e
inferiores, dificultades que afectan a la destreza manual o alteraciones en la coordinación de algún
miembro o estructura corporal.
Del mismo modo la discapacidad motora, puede presentarse de forma aislada o formar parte de un
cuadro más general en el que se engloban otro tipo de alteraciones de naturaleza cognitiva y/o
sensorial. En estos casos se habla de pluridiscapacidad, es decir, se presentan en una misma persona
una o más discapacidades asociadas sin que ello signifique que se produzca una suma de ellas. Por
ello es necesario q u e l a d e l i m i t a c i ó n d e e s t o s t r a s t o r n o s s e h a g a d e m a n e r a
i n d i v i d u a l y personalizada, según cada caso.
La discapacidad física presenta una gran heterogeneidad en relación a su etiología. A esta diversidad
de tipos de alteraciones y enfermedades posibles se le añade además la variabilidad existente dentro
de cada una de ellas, existiendo tantas posibilidades como sujetos la presentan. El grado de diversidad
funcional depende de un conjunto extenso de factores entre los que encontramos momento de
aparición, localización de la alteración, programas de intervención y rehabilitación empleados en cada
caso concreto, así como los recursos de apoyo con los que cuenta el afectado y la adaptación del
entorno en el que se desarrollan sus actividades de la vida diaria.
2. PREVALENCIA
La heterogeneidad que caracteriza al colectivo de personas con discapacidad física y la ausencia de
criterios de clasificación unánimemente aceptados, dificultan la obtención de estadísticas a nivel
internacional. Establecer datos estadísticos objetivos y fiables sobre la población con discapacidad es
un objetivo fundamental que aporta conocimientos sobre la situación de estas personas e
implicaciones de cara al desarrollo de programas políticos, médicos, sociales y sanitarios,
encaminados a mejorar la calidad de vida de este grupo de población.
La encuesta más reciente es la «Encuesta sobre Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de
Dependencia» (EDAD 2008). Esta encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE),
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pretende obtener un perfil socio-demográfico de las personas con discapacidad, basándose en datos
de diversa naturaleza como: cuántos son, cómo se distribuyen según sexo y edad, dónde viven, qué
limitaciones tienen; información sobre sus niveles de participación social y sobre su calidad de vida.
Siguiendo la EDAD, el 9% de la población española declara tener algún tipo de discapacidad. La
discapacidad motora es la más habitual con un 67.2% de personas con limitaciones para moverse o
trasladar objetos, el 55.3% tiene problemas relacionados con tares domésticas y el 48.4% presenta
problemas relacionados con el cuidado y la higiene personal. Como causa más frecuente de
discapacidad se señalan las deficiencias ostero-articulares (problemas de huesos y articulaciones).
En la franja de población de 0 a 5 años se estima que existe un total de 60.406 personas con alguna
limitación, lo que representa el 1,5% sobre el total de personas con discapacidad en hogares
españoles. De estos el 60,3% son niños y el 39,7% son niñas. Las deficiencias que originan un
mayor número de limitaciones en esta franja de edad son las deficiencias del sistema nervioso.
Atendiendo al momento de aparición de la discapacidad, se determina que la etiología perinatal está
en el origen del 32,6% del total de las deficiencias en este rango de edad, le sigue en importancia la
etiología congénita que origina el 27,5% en menores de 6 años.
La edad es un factor importante que influye en la etiología de la discapacidad. Mientras que en
edades inferiores las discapacidades están relacionadas con el área de la comunicación, aplicación
del conocimiento, aprendizaje y relaciones personales, en edades más avanzadas se asocian con
mayor frecuencia a alteraciones en la movilidad, autocuidado y vida doméstica, a menudo ligadas a
enfermedades y accidentes.
Estas deficiencias impactan en la vida de la persona que presenta discapacidad, no se debe olvidar
que más de 2,8 millones de personas tienen dificultades para realizar actividades básicas de la vida
diaria lo que representa el 6,7% de la población mayor de seis años. Al menos la mitad de las
personas con discapacidad declaran que existen barreras arquitectónicas y urbanísticas que dificultan
o impiden su desplazamiento por la calle.
3. ASPECTOS EVOLUTIVOS
Las discapacidades físicas en la primera infancia afectan a un número reducido de niños pero se
caracterizan por su heterogeneidad. En este periodo la mayor parte de las discapacidades físicas son
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deficiencias de tipo motor. Los niños con deficiencia motora presentan de manera transitoria o
permanente una alteración en su aparato motor debida a limitaciones en el funcionamiento del
sistema osteoarticular, muscular o nervioso, que da lugar a limitaciones en grados variables en
alguna de las actividades que pueden realizar la mayoría de personas de su misma edad. Estas
alteraciones pueden dar lugar a problemas en la postura, el desplazamiento, la coordinación, la
manipulación, y en ocasiones, se asocian a problemas en la comunicación, la visión, la audición, el
control de esfínteres, limitaciones en el funcionamiento intelectual o en la conducta adaptativa.
Debido a la importancia preventiva, la Atención Temprana se convierte en este periodo en un
servicio de máxima importancia. De ella se encargan los Centros Base y los Centros de Desarrollo
Infantil y Atención Temprana (CDIAT) de las distintas provincias españolas. Los servicios más
utilizados por la discapacidad física suelen ser los de estimulación precoz, logopedia y fisioterapia.
Durante el periodo escolar, las deficiencias motoras más frecuentes son la parálisis cerebral, la espina
bífida y las distrofias musculares. La mayor parte de este alumnado llega con un diagnóstico, pero
dada las diferentes características a nivel personal y evolutivo resulta esencial la realización de una
valoración integral e individualizada de las necesidades educativas especiales que pueda presentar.
Dicha evaluación es competencia de los Equipos de Orientación Educativa y los Equipos
Especializados en Discapacidad Motora, que deben orientar a los profesionales y familiares sobre las
adaptaciones curriculares individuales, los apoyos necesarios para lograr la inclusión educativa y
para fomentar su autonomía y calidad de vida.
Algunas de las adaptaciones curriculares más frecuentes entre el alumnado con discapacidad física
son:
a) En la movilidad y el desplazamiento (barras fijas de sujeción, sillas de ruedas, ascensores,
elevadores y rampas antideslizantes)
b) E n la postura (cuñas, colchonetas, planos inclinados, reposapiés, y férulas)
c) E n la manipulación (adaptadores en lápices y bolígrafos, ordenadores, tijeras adaptadas, hules
antideslizantes o tableros magnéticos)
d) E n comunicación (sistemas alternativos de comunicación como el SPS basado en
pictogramas o el Bliss que permite crear símbolos más complejos a partir de otros más
simples).
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Cuando se utiliza tecnología asistida es fundamental en esta etapa que los cuidadores principales
sean competentes en su uso para maximizar la participación y alcanzar los mejores aprendizajes.
Otras adaptaciones curriculares importantes son organizativas (por ejemplo de los horarios del
personal especializado), en los contenidos y objetivos (que se pueden adaptar o priorizar), en la
metodología (debe garantizar la participación activa del alumno, fomentar las experiencias
directas y aprovechar todos los canales sensoriales) y en las evaluaciones (adaptando tiempo y
formatos).
Asimismo resultan esenciales en este periodo las actitudes y el rol de los docentes en educación
infantil y primaria hacia la educación inclusiva. Las actitudes favorables en estos profesionales
dependen de una formación adecuada y continua, del apoyo de otros profesionales y de la
dirección del centro, y de la disponibilidad de recursos necesarios.
Los programas de intervención temprana suelen proporcionar atención individualizada por parte
de un equipo multidisciplinar al alumno y su familia. Igualmente no se debe olvidar por su gran
importancia en el desarrollo, la intervención en el juego y el ocio de manera que la escuela
ofrezca actividades que impliquen menos demandas motoras, con las adaptaciones necesarias y
con garantía de igualdad y equidad para facilitar la participación de estos alumnos.
4. ALTERACIONES DE LA FUNCIÓN MOTORA
4.1. Clasificación funcional de la discapacidad motora
Conocer la etiología de una determinada alteración, su localización y características es relevante de
cara a poder clasificarla. Una categorización clara permitirá establecer un programa de prevención,
intervención y rehabilitación adecuado a las necesidades detectadas en cada caso específico de
diversidad funcional. Es necesario establecer una serie de criterios que permitan la clasificación de
los diferentes tipos de discapacidad motora. Así, entre las más aceptadas por la comunidad científica
se encuentran las siguientes variables:
a) Fecha de aparición:
• Antes del nacimiento
• Desde el nacimiento
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• Después del nacimiento
• Adolescencia
• A lo largo de la vida
b) Etiopatologia
• Transmisión genética
• Accidentes
• Origen desconocido
c) Localización topográfica
• Monoplejia/monoparesia
• Hemiplejia/hemiparesia
• Tetraplejia/tetraparesia
• Diplejia
d) Origen de la deficiencia
• Cerebral
• Espinal
• Muscular
• Óseo-articular
4.2 Alteraciones del desarrollo motor
Aunque existen numerosos trastornos que afectan a la función motora, no pueden ser tratados todos
por su amplitud, por ello se han seleccionado aquellas alteraciones que provocan diversidad
funcional de carácter motor que presentan una mayor prevalencia.
4.2.1 Parálisis Cerebral
Es la causa más frecuente de discapacidad física en niños, presentando en los países en desarrollo
una mayor prevalencia. Siguiendo la definición aportada por Latorre y Bisetto (2011), la parálisis
cerebral se define como: «Cuadro o estado patológico en el que existe la secuela de una afectación
encefálica que se caracteriza primordialmente por un trastorno persistente, pero no invariable, del
tono, la postura y el movimiento, que aparece en la primea infancia, y que no sólo es directamente
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secundario a esta lesión no evolutiva del encéfalo sino que se debe también a la influencia que dicha
lesión ejerce en la maduración neurológica».
Así pues el termino Parálisis Cerebral se refiere a un grupo de trastornos que pueden diferir por su
etiología, tipos y gravedad de deficiencias que provocan. Los trastornos ocurren muy tempranamente
durante el desarrollo fetal o en la primera infancia. Se trata de una alteración del desarrollo y se
distingue de otros trastornos similares debidos a lesiones adquiridas cuando el desarrollo ya está bien
establecido.
Pese al carácter permanente de este trastorno ya que las células afectadas no se regeneran, se recoge
la capacidad de mejorar y por tanto no es invariable, elemento fundamental de cara a las actividades
de intervención y rehabilitación. Se trata de una lesión no progresiva, por tanto no presenta un
carácter evolutivo ni involutivo. Asimismo la parálisis cerebral es un trastorno que puede ir asociado
a otras alteraciones como son las de carácter cognitivo, del lenguaje, interacción y participación
social, afectivas, etc.
La Parálisis Cerebral puede ser clasificada atendiendo a distintos criterios:
Momento de aparición: puede clasificarse como prenatal, cuando se produce antes del nacimiento
durante la gestación (infarto placentario, causas genéticas, hemorragia materna, gemelaridad,
exposición a drogas y toxinas), perinatal cuando se produce como consecuencia de situaciones
relacionadas con el momento del parto (hiperbilirrubinemia, prematuridad, anoxia,...) y postnatales
cuando se producen tras el parto y hasta los 3 años de edad (encefalitis, meningitis, traumatismos,
neoplasias, ...).
Localización de la lesión: espástica localizada en el sistema piramidal se caracteriza por hipertonía
muscular, afecta a un 75% de los casos y se produce normalmente cuando las células de la capa
externa del cerebro o corteza no funcionan correctamente, atetósica localizada en el sistema
extrapiramidal con variaciones en el tono muscular que oscilan desde la hipo a la hipertonía, afecta a
un 10% de los casos, suele ser muy difícil entender su lenguaje debido a sus dificultades para
controlar la lengua, la respiración y las cuerdas vocales, atáxica que provoca problemas en la
estabilidad, por lo que presentan una marcha defectuosa, descoordinación motora tanto fina como
gruesa y mixta, la localización es múltiple en diversas áreas y estructuras del sistema nervioso
central. La combinación más frecuente es la de espasticidad y movimientos atetoides.
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Estructura corporal afectada: monoplejia o monoparesia cuando afecta a una extremidad,
hemiplejia o hemiparesia si afecta al miembro superior e inferior de un mismo lado, y los dos
miembros de un mismo lado, paraplejia o paraparesia si afecta a los dos miembros inferiores,
triplejia o triparesia si afecta a tres miembros indistintamente de su ubicación, tetraplejia cuando se
ven afectadas las cuatro extremidades y diplejia o diparesia si las piernas están más afectadas que los
brazos.
Dependiendo de la localización, la amplitud y tipo de lesión neurológica se pueden producir las
siguientes alteraciones:
Motoras
Este tipo de alteraciones afectan a todas las capacidades motoras de la persona provocando:
dificultades en la manipulación de objetos, falta de coordinación, imposibilidad de realización de
movimientos específicos, baja coordinación mano-ojo. Las consecuencias sobre el desarrollo del
individuo y su grado de desempeño son amplias, ya que el contacto con el entorno, la exploración y
la adquisición de información son, especialmente en los primeros años de la vida, una fuente
importantísima de construcción del conocimiento relativo tanto al entorno como a la posición del
individuo con respecto a este (lateralidad, esquema corporal, noción del tiempo, direccionalidad,
etc.). Asimismo aparecerán dificultades durante la escolarización fundamentalmente en las tareas
relacionadas con la escritura y actividades manuales (recortar, puntear, etc.).
Sensoriales y perceptivas
Los déficits sensoriales tanto de carácter visual como auditivos aparecen aproximadamente en el
40% de los casos. Las alteraciones visuales afectan tanto a la visión como a la movilidad ocular
(nistagmus, baja visión binocular, estrabismo) y las de carácter auditivo tienen origen central. En
cuanto a las alteraciones de naturaleza perceptiva afectan tanto a la propiocepción como a la
extereocepción destacando la agnosia, asterognosia, apraxia, asomatognosia. Todas ellas tanto las de
naturaleza sensorial como perceptiva, afectan a la capacidad de la persona para construir
conocimiento a partir del entorno que le rodea e incluso a partir de su propio cuerpo.
Cognitivas
Las personas con PC pueden poseer una capacidad intelectual normal pero en ocasiones pueden
presentar retraso mental leve, moderado, severo, profundo. Es necesario considerar que en este
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trastorno pueden aparecer otras disfunciones que afecten a los procesos cognitivos superiores tales
como atención, memoria, percepción, lenguaje, procesamiento de la información, etc. Estas
alteraciones provocarán que el sujeto no pueda llevar a cabo un proceso de aprendizaje normalizado
siendo necesarias las oportunas adaptaciones de acuerdo a sus capacidades, destrezas y habilidades.
Lingüísticas
Las alteraciones del lenguaje son las que se presentan con una mayor prevalencia junto con las de
origen motor, estando presentes hasta en un 70% de los casos. Las alteraciones lingüísticas afectan
tanto a su ejecución (habla, articulación y fonación de sonidos, etc.), como al aspecto semántico y
morfosintáctico (alteraciones en el orden, vocabulario pobre, dificultades en la lectoescritura). Están
asociadas tanto a la realización física por presencia de espasmos, rigidez muscular, cambios de tono,
alteraciones morfológicas, dificultades respiratorias, como a los procesos cognitivos superiores
ligados al lenguaje como son atención, memoria, procesamiento de la información El grado de
afectación de la capacidad comunicativa y lingüística dependerá del tipo de alteración que se
presente, de la intervención realizada, e incluso, de la motivación del sujeto a la hora de comunicarse
con el entorno que le rodea.
Socioafectivas
Los trastornos motores provocan ciertas dificultades para interaccionar tanto a nivel físico como
social. Como consecuencia de este tipo de alteraciones pueden aparecer ciertas conductas tanto
afectivas como emocionales que dificultan su adaptación al medio: baja autoestima, bajas
habilidades sociales, excesiva dependencia de terceros, ansiedad, depresión, etc.
El diagnóstico de parálisis cerebral requiere de la participación de profesionales relacionados con las
diferentes disciplinas como son la medicina y la psicología. Se analiza el desarrollo psicomotor ya
que además de considerarse los aspectos motores, deberán evaluarse los de naturaleza cognitiva por
tratarse de un trastorno que presenta una gran heterogeneidad de síntomas. El carácter no evolutivo
de este tipo de trastorno ayuda a los profesionales a distinguirlo de otros con sintomatología similar
pero con un pronóstico evolutivo y degenerativo.
El proceso de intervención en este tipo de trastorno pasa necesariamente por la colaboración
multiprofesional en la que participan médicos, fisioterapeutas, psicólogos, educadores, foniatras,
trabajadores sociales y, por supuesto, la familia. Las áreas de intervención abarcarán los siguientes
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ámbitos: fisioterapia, terapia del lenguaje, terapia conductual, medicación, recursos de apoyo
técnicos y tecnológicos para facilitar la deambulación, la comunicación, el aprendizaje, etc.
4.2.2 Espina Bífida
La Espina Bífida es una malformación de carácter congénito perteneciente al grupo de alteraciones
causadas por un defecto del tubo neural, en el que aparece un desarrollo anormal de los huesos de la
columna vertebral, de la médula espinal, del tejido nervioso circundante y del saco con líquido que
rodea a la médula espinal, dando lugar a espacios en las regiones lumbares o lumbosacra por los que
sale la médula espinal. Se presenta aproximadamente en uno de cada mil embarazos y existen
algunos factores de riesgo, entre los que destacan la historia familiar con defectos del tubo neural,
deficiencia de vitamina B-9, la ingesta de algunos medicamentos anticonvulsivos, diabetes, obesidad
e incluso incremento de temperatura corporal en las primeras semanas de embarazo.
La espina bífida se clasifica en diversos tipos dependiendo de cómo sea la lesión del tubo neural:
Espina bífida oculta: en este caso la médula espinal y el sistema nervioso no están afectados, no
existe fusión entre vértebras, sino un pequeño defecto en el desarrollo de las mismas en las que
pueden aparecer lipomas, manchas oscuras, vellosidad o protuberancias. No ocasiona normalmente
ninguna alteración de carácter motor. Es por tanto el tipo de espina bífida que presenta consecuencias
menos graves y que suele padecer entre un 10 y un 20% de la población aun sin saberlo.
Quística: se aprecia un abultamiento recubierto por tejido, formando un quiste que se denomina
lipomeningocele. En este caso están comprometidos los nervios lo que ocasiona alteraciones en el
control de esfínteres y la movilidad de las extremidades inferiores. Dependiendo de sus
características se puede hablar de:
• Meningocele: se caracteriza por la formación de un abultamiento o hernia llena de líquido
cefalorraquídeo en la región dorsal, causando dificultades en la movilidad y el control de
esfínteres. No contiene nervios espinales aunque sí meninges recubiertas de tejido que no
salen de su lugar habitual. Pueden aparecer en las regiones torácica, sacra y lumbosacra.
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• Mielomeningocele: El abultamiento contiene líquido cefalorraquídeo, médula espinal y raíces
raquídeas. Es el que puede producir un mayor grado de afectación a nivel motor, digestivo y
urinario. Requiere cirugía para evitar la degeneración de la médula y tejido nervioso. Se
localiza en la región lumbosacra.
Las consecuencias de una espina bífida son muy diversas dependiendo de la naturaleza, extensión y
la localización de la lesión, en general pueden aparecer entre otros los siguientes síntomas:
• Alteraciones en la movilidad de miembros inferiores que van desde una pérdida ligera de la
misma hasta la imposibilidad de realizar movimientos.
• Escoliosis.
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Gracias a estas pruebas realizadas durante el embarazo, el tratamiento de la espina bífida comienza
en las primeras 24 horas de vida. El tratamiento consiste en:
• Cirugía inmediata para liberar la médula espinal y evitar daños en el sistema nervioso.
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Distrofia muscular de Duchenne: Es la más frecuente y aparece entre los 2 y 6 años. Es un
trastorno hereditario recesivo de transmisión femenina y observable en el varón, ya que va ligado al
cromosoma X. Los síntomas suelen empezar a manifestarse entre los 3 y 5 años. Se caracteriza por
una degeneración progresiva de los músculos voluntarios, empezando la falta de fuerza por los
miembros inferiores. De este modo, el niño presenta dificultades para ponerse de pie y subir
escaleras. Dado su carácter progresivo, el sujeto no sobrevive más de 15 años una vez se presenta la
enfermedad.
Distrofia muscular de Becker: Es una forma más leve que aparece entre los 2 y los 16 años y se
centra en los varones por estar ligada al cromosoma X. La afección comienza por la pelvis, y la parte
superior de brazos y piernas. Las primeras manifestaciones suelen retrasarse hasta los once años e
incluso después. Su curso y avance es más lento y menos severo que en el tipo Duchenne.
Distrofia muscular de Landouzy-Déjerine: Afecta a ambos sexos y suele aparecer en la segunda
infancia o en la edad adulta. Se manifiesta fundamentalmente en los músculos de la cara, cuello,
hombros y miembros superiores. Su evolución y progresión es más lenta que en el caso anterior.
En general las distrofias musculares no tienen tratamiento médico eficaz. No obstante es útil y
conveniente que el sujeto se mantenga activo el tiempo que pueda. Los niños deben seguir asistiendo
a la escuela y realizando su vida escolar y social todo el tiempo que su incapacidad se lo permita. La
fisioterapia y las técnicas físicas son en general bastante útiles. Los ejercicios musculares que se
realicen deben ser suaves y distribuidos a lo largo del día durante breves períodos de tiempo, dado
que estos sujetos tienden a cansarse con facilidad. Cuando la progresión de la distrofia lleve al niño a
no poder andar, irá en silla de ruedas y siempre buscando que siga moviéndose en ella.
Desde una perspectiva psicológica, es posible entrenar al niño con técnicas de biofeedback para
facilitar el mantenimiento de la funcionalidad muscular. La intervención educativa debe mantenerse
dado que en estos sujetos al no haber afectación cerebral, no suelen observarse déficits intelectuales.
Por tanto seguirán su escolarización normal contando con los apoyos técnicos y educativos que el
caso requiera.
5. DETECCIÓN, EVALUACIÓN E INTERVENCIÓN EN DISCAPACIDAD MOTORA
5.1. Procedimientos de detección y evaluación
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Existen una serie de hitos en el desarrollo psicomotor normal, comunes a la mayoría de la población
que definen lo que puede ser considerado como un desarrollo alterado. Debe distinguirse entre un
retraso en el desarrollo psicomotor y una involución en el mismo, es decir, la pérdida de capacidades
ya adquiridas como consecuencia de un proceso neurológico degenerativo de carácter progresivo.
Dada la variedad de síntomas que acompañan a esta situación es fácil deducir que no existe un marco
universal para la detección de síntomas, siendo necesario valorar de manera individual la capacidad
funcional de la persona. Deben valorarse en la detección de discapacidad motora aspectos tanto
cuantitativos, expresables a través de una serie de parámetros, como cualitativos es decir, valorar el
aspecto motor de forma global como respuesta adaptativa a nivel social, comunicativo, de
aprendizaje, etc. Hay que tener en cuenta además que el desarrollo motor no se produce en un medio
aislado y de manera no intencional, sino que se aprenden y mejoran las destrezas motoras en función
de las tareas y estímulos disponibles en el entorno.
En las primeras etapas del desarrollo existen una serie de criterios que permiten sospechar la
presencia de una discapacidad de carácter motor. Entre estos signos de alerta podemos mencionar:
trastornos de succión, aducción del pulgar, asimetría de actividad con las manos, no muestra sostén
cefálico, pasividad excesiva, manos cerradas, presencia de hipertonía en miembros e hipotonía de
cuello y tronco, no mantiene sedestación con apoyo, no muestra desplazamiento autónomo, no
camina solo, no sube escaleras, no corre.
Los métodos para la evaluación del desarrollo psicomotor son numerosos incluyendo encuestas a los
padres, observación directa en el consultorio del pediatra, pruebas de screening y escalas del
desarrollo.
Cuestionarios para padres: Estos instrumentos intentan a través de la realización de preguntas a
los padres, detectar si existen aspectos del desarrollo psicomotor alterados en el niño (p.e. preguntas
relacionadas con el inicio de la marcha, el control de objetos, respuestas sociales, etc.). Entre estos
cuestionarios se encuentran:
Cuestionario de Edades y Etapas, (ASQ) (Briker, & Potter, 1997): Abarca el periodo de desarrollo
comprendido entre los 18 meses y los 6 años y evalúa motricidad gruesa, motricidad fina, lenguaje
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expresivo y comprensión del lenguaje, así como el desarrollo so la autonomía y el desarrollo en
general.
Inventarios del Desarrollo del Niño (CDls; Ireton, 1992; Ireton & Glascoe, 1995): Cubre un rango de
edad desde los 12 meses a los 5 años y seis meses valorando el desarrollo en comunicación,
motricidad gruesa y fina, lenguaje.
Escala de Desarrollo Infantil de Kent (EDIK): abarca los primeros 15 meses de la vida del niño y
evalúa el área cognitiva, motora, lingüística, autonomía, social.
Pruebas de screening: Estos instrumentos permiten detectar alteraciones en el desarrollo en general,
y contienen ítems específicos para valorar la presencia de alteraciones en el desarrollo psicomotor.
Permiten una aproximación a la situación de desarrollo del niño, pero no dan una puntuación, ni
definen un grado de retardo puesto que no son un instrumento de medida.
Algunos de los más conocidos y utilizados son los siguientes:
Denver II (Frankenburg et al., 1992): Método breve de detección de problemas del desarrollo
estandarizado. Analiza cuatro áreas: motricidad gruesa, lenguaje, motricidad fina- adaptativa y
personal-social.
La tabla de Haizea-Llevant: Fruto de dos programas, el Estudi Llevant y el Programa Haizea,
permite comprobar el nivel de desarrollo cognitivo, social y motor de niños y niñas de cero a cinco
años.
Cumanin cuestionario de madurez neuropsicológica infantil (Portellano et al., 2000): es una prueba
de screening sobre el nivel de madurez neuropsicológica para detectar dificultades del desarrollo en
niños de 3 a 6 años.
Escalas de desarrollo psicomotor: algunas de las escalas empleadas para la evaluación del
desarrollo psicomotor son:
Escala de desarrollo psicomotor de la primera infancia de Brunet-Lezine (Brunet y Lezine).
Individual. Edad: De 0 a 30 meses. Ampliada hasta los 6 años. Áreas de evaluación: Control
postural, Coordinación óculo -motriz, Lenguaje/Comunicación, Sociabilidad/Autonomía.
Escala de madurez mental de Columbia (CMMS) (Burgemeister, Blum y Lorge). Individual. Edad:
3 años y 6 meses y 9 años y 11 meses. Áreas de evaluación: la capacidad mental y del grado de
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madurez intelectiva, preferentemente en niños con deficiencias motoras, cerebrales o verbales.
Aprecia también posibles perturbaciones del pensamiento conceptual.
Inventario de Desarrollo Batelle (BDI) (Newborg, Stock y Wnek.) Individual. Edad: 0-8 años. Áreas
de evaluación: social, adaptativa, motora, comunicación y cognitiva.
Escalas Bayley de desarrollo infantil (BSIO) (Bayley). Individual. Edad: Niños de 2 a 30 meses.
Áreas de evaluación: desarrollo mental y psicomotor en edad temprana.
Guía Portage de la educación preescolar (Bluma, Shearer, Frohman y Hilliard). Individual. Edad: 0
a 6 años. Áreas de evaluación: socialización, lenguaje, auto ayuda, cognición y desarrollo motriz.
5.2 Intervención desde los diferentes ámbitos de la vida del sujeto
La intervención es un proceso complejo que debería iniciarse con la prevención, en la que se pueden
contemplar diversas estrategias a nivel prenatal (exámenes del feto, valoración del estado materno,
detección del consumo de sustancias toxicas) perinatal (anoxia, daños por manejo inadecuado de
material obstétrico) y postnatal (detección de enfermedades infecciosas o de situaciones peligrosas).
Una vez detectada la presencia de un factor que puede ocasionar una situación de discapacidad debe
procederse a planificar un programa de atención temprana y estimulación precoz, cuyo objetivo es,
basándose en la plasticidad que presenta el Sistema Nervioso Central en las primeras etapas del
desarrollo, implantar vías alternativas que compensen el funcionamiento alterado de estructuras y
funciones corporales (estableciendo nuevas conexiones neuronales, fortaleciendo musculatura,
coordinación, etc.), mejorando la calidad de vida de la persona con discapacidad y sus perspectivas
futuras.
Entre las técnicas de intervención aplicables al ámbito de la discapacidad motora destacan las
siguientes:
• Fisioterapia y sus diferentes aplicaciones electroterapia, talasoterapia, termoterapia,
crioterapia, fototerapia, ondas ultrasónicas, cinesiterapia, mecanoterapia. Existen métodos
específicos de rehabilitación física aplicables a distintos tipos de alteración de la función
motora (parálisis cerebral, distonías, atrofia muscular, etc.) como el Método Bobath.
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La intervención de carácter fisioterapéutico debe ser complementada en el entorno familiar y el
escolar para lo que será necesario desarrollar planes adaptados de educación física,
participación en actividades deportivas, etc.
• Tratamiento quirúrgico de carácter general, reconstructivo, estético. Cuando sea necesario
este tipo de tratamiento incluirá la implantación de prótesis destinadas a sustituir estructuras
corporales dañadas o inexistentes contribuyendo a aumentar el funcionamiento del individuo
con discapacidad motora.
• Utilización de ortesis y otro tipo de recursos de apoyo cuando sean necesarios para mejorar
cualquier aspecto del funcionamiento motor del individuo, deformidad, inmovilización, etc.
5.2.1. Intervención educativa en alumnos con discapacidad motora
La educación temprana tiene como objetivo compensar los posibles déficits existentes en el niño,
fortaleciendo aquellas capacidades y destrezas que se encuentran preservadas, para potenciar la
autonomía personal y estimular los procesos básicos como son memoria, atención, razonamiento, etc.
La mayoría de los alumnos con discapacidad motora pueden seguir un currículo ordinario (Hallahan
y Kauffman, 1991), aunque son necesarias algunas intervenciones para facilitar su interacción en el
medio escolar. Dichas intervenciones no deben estar limitadas por la calificación del grado de
minusvalía, por el contrario se debe seguir un criterio educativo en función de los recursos personales
y profesionales con los que se cuente en cada centro. Con carácter general, se resaltan las siguientes
intervenciones:
o Eliminación de barreras arquitectónicas y urbanísticas que impidan la libre
deambulación dentro del entorno educativo (escaleras, puertas estrechas que no
permiten el paso de silla de ruedas o dificulta el tránsito de personas con movilidad
reducida, condiciones inadecuadas de iluminación, mobiliario no adaptado, ausencia de
ascensores, ausencia de pasamanos...).
o Eliminación de barreras que impidan la adquisición de conocimientos e información
por la vía tradicional (materiales y diseños curriculares no adaptados, ausencia de
recursos de apoyo
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o para la enseñanza como carcasas para ordenadores, software educativo, teclado de
conceptos, etc.) y virtual de aprendizaje.
• Cuando sea necesario se deberá intervenir sobre aquellos aspectos del desarrollo asociados a
la discapacidad motora que se encuentren alterados, tales como comunicación y lenguaje
(comunicación alternativa y aumentativa, intervención logopédica, etc.), autonomía personal,
conductas afectivas y sociales, etc.
• Se debe diseñar un programa adecuado a las necesidades y capacidades del
alumno, estableciendo objetivos alcanzables, adquisición de conocimientos aplicables en la
vida real, establecimiento de ritmos de aprendizaje adecuados, utilización de estrategias de
aprendizaje que permitan mejorar sus capacidades básicas en áreas fundamentales del
procesamiento cognitivo (memoria, lenguaje, lectoescritura, cálculo, atención, etc.) y
autogestionar la adquisición de conocimientos (planificación, organización, selección de
información relevante, etc.).
• Se debe involucrar a la familia como un agente más en el proceso de intervención. La familia
puede ser en sí misma objeto de evaluación y posterior intervención, o ser agentes
colaboradores activos del proceso.
• El proceso de intervención debe englobar la mejora de aquellos aspectos psicológicos
negativos que puedan estar presentes en el niño (altos niveles de ansiedad, distorsión de la
imagen corporal, baja autoestima, depresión, conductas emocionales alteradas con inhibición,
agresividad, etc.).
• Desarrollo de programas destinados a cambiar las actitudes negativas, tanto en adultos como
en iguales, que puedan estar presentes en el entorno escolar, y dificulten el desarrollo del
individuo y sus posibilidades de interacción e integración con el entorno que le rodea
ocasionando exclusión social y marginación.
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BIBLIOGRAFIA
Latorre, A. y Bisetto, D. (2011). Trastornos del desarrollo psicomotor. Programas de intervención y
casos prácticos. Madrid: Pirámide.
Martín, D. (2008). Psicomotricidad e intervención educativa. Madrid: Pirámide.
Martín, J. (2007). Guía para la evaluación, orientación y atención a los alumnos discapacitados
motóricos en centros ordinarios. Madrid: EOS.
Martin, J. (2011). Parálisis cerebral y contexto escolar: del diagnóstico a la intervención. Madrid:
EOS.
Saneiro, M.M y del Campo, M.E. (2012) Diversidad funcional física. En M.E del Campo (Ed.)
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