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Prometeo: El Defensor de la Humanidad

El documento resume la leyenda de Prometeo en la mitología griega. Prometeo era un titán que le dio el fuego a la humanidad desafiando a Zeus, por lo que fue castigado siendo encadenado a una roca. La leyenda de Prometeo inspiró varias obras literarias que exploraron el conflicto entre el poder divino y la condición humana.
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Prometeo: El Defensor de la Humanidad

El documento resume la leyenda de Prometeo en la mitología griega. Prometeo era un titán que le dio el fuego a la humanidad desafiando a Zeus, por lo que fue castigado siendo encadenado a una roca. La leyenda de Prometeo inspiró varias obras literarias que exploraron el conflicto entre el poder divino y la condición humana.
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Esquilo-creador de la tragedia, Gilbert Murray

Para empezar por la primera característica, podemos fijarnos en el Prometeo encadenado y considerar de qué materia prima disponía cuando empezó
a componer dicha tragedia. Principalmente, encontró su material en el culto ateniense de una deidad menor llamada Prometeo, patrón de los alfareros y
los herreros. Sabemos que se lo adoraba junto a Hefesto

El elemento principal de su culto era una carrera de antorchas en la fiesta llamada Promethía o Hephaistía.

Así pues, tenemos (i) que Prometeo es un dios del fuego local, patrón de ciertos oficios; (2) que

Así pues, tenemos (i) que Prometeo es un dios del fuego local, patrón de ciertos oficios; (2) que era «más antiguo», esto es, más primitivo, que Hefesto,
pero que, por lo demás, ambos estaban estrechamente relacionados. Los dos, por ejemplo, según se dice, fueron los fundadores

de la cultura humana y ayudaron a Atenea a nacer de la cabeza de Zeus.

Prometeo, como Hefesto, fue uno de los Cabiros, deidades fálicas primitivas y generalmente enanos.

Prometeo, como Hefesto, fue uno de los Cabiros, deidades fálicas primitivas y generalmente enanos. Estaban relacionados con los «misterios»,

un dios de la dinastía más antigua vencida por Zeus,

un titán, es decir, un dios de la dinastía más antigua vencida por Zeus,

un titán, es decir, un dios de la dinastía más antigua vencida por Zeus, y del que cabe imaginar, por tanto, que le espera alguna especie de castigo.

Prometeo como parte de su castigo. Pero, por otro lado, si es castigado, tiene que haber cometido algún delito. La misma pregunta se plantea
a propósito de Sísifo,

Prometeo como parte de su castigo. Pero, por otro lado, si es castigado, tiene que haber cometido algún delito. La misma pregunta se plantea
a propósito de Sísifo, Tántalo, Salmoneo y otros pecadores célebres. Tuvieron

Una hipótesis se basa en una leyenda según la cual Prometeo ocultó el fuego en el hueco de una cañaheja y se lo entregó a los hombres.

Una hipótesis se basa en una leyenda según la cual Prometeo ocultó el fuego en el hueco de una cañaheja y se lo entregó a los hombres. Es decir,
enseñó a los hombres a hacer fuego haciendo girar rápidamente una rama dura contra la parte interior de un junco o caña blanda.

Prometeo es un derivado griego correcto del sánscrito Pramantha, que significa «palo de fuego».

palabra sufrió una violenta transformación hasta que pareció «el que piensa antes», o «el previsor», al

que se le dio un hermano, Epimeteo, «el que piensa después».) Ahora

Como alfarero que era, había moldeado al hombre con arcilla y quería insuflarle el fuego de la vida:

hacerlo «igual a un dios, conocedor del bien y el mal»; y, por supuesto, Zeus no iba a consentirlo.

carne. Pues bien, en Grecia esa clase de sacrificios se regían por un acuerdo bien peculiar. Los dioses recibían los huesos y la grasa superflua,
mientras que los adoradores eran los que se comían la carne.

Prometeo quien lo engañó. ¿Qué otra cosa cabía esperar de un enano del fuego que se caracterizaba por su astucia? Y por eso, claro está, Zeus lo
castigó.

Hesíodo contó la historia de Prometeo de forma más o menos canónica. Si

Ocurrió que cuando dioses y hombres mortales se separaron en Mecona, Prometeo presentó un enorme buey que había dividido con ánimo resuelto,
pensando engañar la inteligencia de Zeus. Puso, de un lado, en la piel, la carne y ricas visceras con la grasa, ocultándolas en el vientre del buey. De
otro, recogiendo los blancos huesos del buey con falaz astucia, los disimuló cubriéndolos de brillante grasa.

Y al punto, a cambio del fuego, preparó un mal para los hombres

La historia de Pandora se cuenta con más detalle en Los trabajos y los días.21 Prometeo robó el fuego y se lo dio al hombre.

Yo a cambio del fuego les daré un mal con el que todos se alegren de corazón acariciando con cariño su propia desgracia».

Así dijo y rompió en carcajadas el padre de hombres y dioses; ordenó al muy ilustre Hefesto mezclar cuanto antes tierra con agua, infundirle voz y vida
humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella semejante en rostro a las diosas inmortales.

Así, la leyenda existente antes de Esquilo relata una competición de inteligencias entre Zeus y el antiguo genio inventor del fuego,

Prometeo engaña a Zeus en la división de las ofrendas de carne. Zeus dice que no habrá más sacrificios y arrebata el fuego al hombre. Prometeo roba
el fuego para entregárselo al hombre «en una cañaheja hueca»; es decir, cuando ya no se ve ningún fuego en todo el mundo, sabe que en realidad
este está oculto en la blanda madera de una caña, de donde se puede obtener friccionándola con un palo de fuego. Entonces Zeus dice: «Tú has dado
el fuego a los hom-

bres, yo les daré algo peor que el fuego»,


El motivo fundamental del conflicto es que Prometeo dio el fuego al hombre, y pronto descubrimos que no se trataba de un fuego corriente, sino del
fuego del cielo.

Prometeo, sin embargo, era diferente del resto: era el que pensaba las cosas antes de que sucedieran. Previo que Zeus iba a vencer gracias

En ese momento yo decidí convencer a los Titanes, a los hijos de Urano y de Tierra, pero no pude.

Prometeo renunció a su intento y apoyó a Zeus en la gran guerra. Al término del conflicto, cuando Zeus

había pasado cuentas con sus enemigos divinos, miró a su alrededor y vio con desagrado la raza humana, tan ciega, tan sufriente y vana, y decidió
aniquilarla. Prometeo amaba a los seres humanos y decidió salvarlos.

Para ello, robó el fuego del cielo y se lo entregó al hombre: el fuego en el exterior proporcionó al hombre el dominio de todas las artes y oficios, y el
fuego en el interior le dio un alma.

El hombre, por así decirlo, comió del árbol del conocimiento y se le abrió un camino hacia el cielo.

lo que en otro lugar he llamado «el patrón trágico»: la vida lleva a la muerte, el orgullo a la caída, o el pecado a la pena. La secuencia es a veces una
secuencia moral de transgresión y castigo; otras es una mera secuencia física que, si llega a explicarse en términos teológicos, puede atribuirse
aproximadamente a la supuesta envidia de Dios.

Así, Esquilo llega a la concepción de un tirano supremo, enemigo del hombre, que gobierna el mundo, y de un defensor de la humanidad que se alza
ante él.

El único aliado de Prometeo es el propio Hombre, la criatura efímera, totalmente desvalida, semejante a un sueño, incapaz de ofrecer más ayuda que
su afecto y

Las verdaderas fuentes de fuerza con que cuenta Prometeo son su inmortalidad y su voluntad indomable.

Antes hemos visto la hostilidad de Zeus contra la humanidad, y la crucifixión del Amigo del hombre. Aquí tenemos la sympatheia o el sufrimiento que
toda la creación comparte con Prometeo, y el total desvalimiento del hombre y su defensor contra el Dios tirano. Esa es la situación en el Prometheus
Desmotes'. ese es el conflicto.

escandalizado por el comportamiento del mundo exterior. Es el esclavo de ese mundo exterior, que no se preocupa por él en absoluto, regido como
está por unos valores que nada tienen que ver con los humanos. Cuanto más piensa el hombre en el mundo como en un ser vivo que actúa según una
voluntad consciente, cuasi-humana, más profundamente se escandaliza. Los incendios, las inundaciones, las hambrunas, las grandes miserias
inevitables de la naturaleza, no son cosas que a ningún hombre de bien se le ocurriría causar contra sus peores enemigos, o permitir siquiera que
ocurrieran, si tuviera control sobre ellas.

escandalizado por el comportamiento del mundo exterior. Es el esclavo de ese mundo exterior, que no se preocupa por él en absoluto, regido como
está por unos valores que nada tienen que ver con los humanos. Cuanto más piensa el hombre en el mundo como en un ser vivo que actúa según una
voluntad consciente, cuasi-humana, más profundamente se escandaliza. Los incendios, las inundaciones, las hambrunas, las grandes miserias
inevitables de la naturaleza, no son cosas que a ningún hombre de bien se le ocurriría causar contra sus peores enemigos, o permitir siquiera que
ocurrieran, si tuviera control sobre ellas. La rebelión de ciertas religiones contra el Gobernante del Mundo, en la medida en que el curso normal de los
acontecimientos revela su carácter e intenciones, es una rebelión del sentido moral no exactamente contra la realidad, sino contra la afirmación de que
la realidad, por el mero hecho de serlo, tiene que ser buena.

Por tanto, Job está cometiendo un grave pecado al declarar su inocencia y juzgar, de esta manera, la justicia de Dios. «¿Crees que eso es juicioso,
piensas ser más justo que Dios [...]?».

Si Platón y Aristóteles hubieran estado presentes en este debate creo que se hubieran sentido tan indignados como Elihú el buzita, pero por razones
distintas. Habrían señalado que Jehová no estaba respondiendo a la pregunta real. Nadie había dudado del poder de Dios, era Su justicia lo que se
había puesto en entredicho; y Su única respuesta había consistido en reafirmar una y otra vez Su poder en una tempestad de magnífica retórica y en
preguntar cómo era posible que un gusano como Job se atreviese a hacerle siquiera una

que afirma es que El está, según la expresión de Nietzsche, Más allá del bien y el mal, y que las insignificantes normas con arreglo a las cuales
el hombre juzga el bien y el mal simplemente no son aplicables al poder que gobierna el universo.

Si el gobierno de Dios está reñido con la moral humana, es porque la moral humana es muy limitada y no es válida más allá de ciertas regiones del
tiempo y el espacio. Es una impertinencia del hombre esperar que Dios sea «justo». Esta

Goethe empezó en su juventud una obra muy notable titulada Prometeo.

Por supuesto, para los lectores ingleses el poema más famoso sobre este tema es el Prometeo liberado de Shelley.

Esquilo había tomado una leyenda popular sobre la lucha entre un astuto dios menor y un excelso dios poderoso, y la convirtió en la lucha entre el
Amigo del Hombre y el Gobernante Supremo que desprecia al hombre.

El gobierno no humano del mundo no ha sido derrocado y no hay signos de que sea probable derrocarlo.

Zeus caerá a menos que Prometeo revele el secreto que lo salvará, y Prometeo no lo revelará salvo con sus propias condiciones. Ninguna amenaza de
tortura lo inmutará. Su presente castigo no es suficiente, y es precipitado en el Tártaro. Ese es el estado de cosas al final del Prometeo encadenado,
que era la primera parte de una trilogía trágica. La segunda se titulaba npopr]0£i)g Auópevog, no Prometeo liberado, sino La
una idea de su argumento. Había un Coro de Titanes que se apiadaba de Prometeo, como las Oceánides en el Prometeo encadenado. Entre

parece sumamente probable que venga para que Prometeo la autorice a revelárselo a Zeus.

El secreto es que el hijo de Tetis será más grande que su padre. Zeus había estado a punto de desposarla, pero al oír este oráculo se la entrega a un
pretendiente mortal, Peleo. De este modo Zeus se salva:

sus dignidades y funda en su honor la fiesta de la Promethía. Parece que este festival era el tema de la tercera parte,

Más que Prometeo, es Zeus quien se arrepiente.

La prueba de que esto es así la encontramos en otras obras, no en los fragmentos del Prometeo. En el Agamenón veremos que, a diferencia de todos
los gobernantes anteriores del Cielo, Zeus tiene una facultad nueva y extraordinaria: la capacidad de pensar y aprender mediante el sufrimiento.

llamaban ^úveoig o «entendimiento».

Zeus llegó algo nuevo: lo que los griegos llamaban ^úveoig o «entendimiento». Zeus entendía.

Lo que Zeus enseñó al hombre lo había hecho primero él mismo. Llegó a su trono por medio de la lucha y la batalla. Venció y encarceló a sus
adversarios; y luego, con «una pena dolorosa de recordar», aprendió algo: algo que lo llevó a liberar a sus enemigos, los titanes, a perdonar a
pecadores como Ixión y Orestes, a conceder por fin la paz a lo. Zeus mismo es el Salvador.

Primero, Zeus tiene la facultad del pensamiento, la facultad de aprender con la experiencia, lo cual lo distingue a él y a su gobierno de todo lo que ha
existido anteriormente. También ha guiado a los hombres por el camino del pensamiento. Aprende y se corrige. Esto nos da una teoría interesante: no,
como en Shelley, la de la perfectibilidad del hombre, sino la de la perfectibilidad de Dios. La doctrina se repite de un modo ligeramente distinto, si no lo
recuerdo mal, en Von Hartmann, el famoso filósofo pesimista que insta a sus discípulos a «trabajar con Dios para redimir a Dios».

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