Universidad Tecnológica Intercontinental
FACULTAD DE TECNOLOGIA INFORMATICA
“La Universidad sin Fronteras”
Asignatura de Ética Profesional
TRABAJO PRÁCTICO
De Ejercicio profesional de manera idónea y integra
ALUMNOS:
Lourdes Jazmín Ávila Olmedo
Jesús Arturo Cousirat Pérez
DOCENTE:
Lic. Bienvenida Isabel Espinoza
Curso: 4to
Turno: Mañana
San Lorenzo – Paraguay
Abril - 2019
Introducción:
Nuestra sociedad hoy en dia se caracterizada por el uso generalizado de las
Tecnologías de la Información y la Comunicación en la mayoría de las actividades
realizadas por el ser humano y esto conlleva a los profesionales a capacitarse
constantemente, además que cabe destacar que un profesional debe de formarse
con integridad y excelencia para su desarrollo en la sociedad y poder contribuir a
ella de la mejor manera posible.
El ámbito de los permanentes y vertiginosos avances y cambios
de la tecnología
Hoy por hoy la sociedad, la nuestra, se caracterizada por el uso generalizado de
las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en todas las actividades
humanas y por una fuerte tendencia a la mundialización económica y cultural (ver
exige de todos los ciudadanos nuevas competencias personales, sociales y
profesionales para poder afrontar los continuos cambios que imponen en todos los
ámbitos los rápidos avances de la Ciencia y la nueva “economía global ” .
El impacto que conlleva el nuevo marco globalizado del mundo actual y sus
omnipresentes, imprescindibles y poderosas herramientas TIC, está induciendo
una profunda revolución en todos los ámbitos sociales que afecta también, y muy
especialmente, al mundo educativo. Estamos ante una nueva cultura que supone
nuevas formas de ver y entender el mundo que nos rodea, que ofrece nuevos
sistemas de comunicación interpersonal de alcance universal e informa de “todo”,
que proporciona medios para viajar con rapidez a cualquier lugar e instrumentos
tecnificados para realizar nuestros trabajos, y que presenta nuevos valores y
normas de comportamiento. Obviamente todo ello tiene una fuerte repercusión en
el ámbito educativo:
Ante la efervescente y cambiante sociedad actual, las necesidades de formación
de los ciudadanos se prolongan más allá de los primeros estudios
profesionalizados y se extienden a lo largo de toda su vida. La formación continua
resulta cada vez más imprescindible, tanto por las exigencias derivadas de los
cambios en los entornos laborales como también para hacer frente a los cambios
que se producen en los propios entornos domésticos y de ocio.
Crece la importancia de la educación informal a través de los medios de
comunicación social y muy especialmente Internet. Aunque los conocimientos
adquiridos ocasionalmente a través de estos medios muchas veces resultan
desestructurados y poco precisos, la cantidad de tiempo que las personas les
dedican y las infinitas posibilidades de acceso a atractivas informaciones
multimedia que proporcionan (periódicos y revistas, películas, programas TV,
informativos de actualidad, reportajes, todo tipo de páginas web, juegos…) hacen
de ellos una de las principales fuentes de información y formación de los
ciudadanos.
Todo se revisa, todo cambia: los objetivos y los programas de las instituciones
formativas (que entre otras cosas incluye la alfabetización digital), las
infraestructuras físicas y tecnológicas, la organización y gestión de los centros, los
materiales formativos y las metodologías que se utilizan… Se va perfilando un
nuevo modelo de escuela y de instituciones formativas en general (ver
(ver · Aparecen nuevos entornos formativos en el ciberespacio, que liberan a los
estudiantes y profesores de las exigencia de coincidencia en el tiempo y en el
espacio, y facilitan así el acceso a la formación en cualquier circunstancia a lo
largo de toda la vida. Los nuevos sistemas de formación on-line (aprovechando los
recursos informáticos y el ciberespacio) mejoran con mucho las prestaciones de la
enseñanza a distancia tradicional, que solamente disponía del correo, el teléfono y
la radiotelevisión como canales de comunicación y difusión de los recursos
didácticos audiovisuales y en papel.
¿Qué es Idoneidad?
Como idoneidad denominamos la cualidad de idóneo. Como tal, se refiere a la
aptitud, buena disposición o capacidad que algo o alguien tiene para un fin
determinado. La palabra proviene del latín idoneidad, idoneitātis.
Se habla también de idoneidad cuando se considera que alguien es adecuado,
apropiado o conveniente, para desempeñar determinados cargos o funciones
dentro de una organización.
La idoneidad física y moral son requisitos para que un individuo esté cualificado
para un puesto de trabajo, y, en algunos casos, la empresa exige la presentación
de un certificado de buena conducta moral y física, un “Certificado de idoneidad”.
También este certificado es requerido para otras cosas, como para la adopción,
para la solicitud de un préstamo o para los estudios, etc.
La excelencia es una virtud, un talento o cualidad, lo que resulta
extraordinariamente bueno y también lo que exalta las normas ordinarias. Es
también un objetivo para el estándar de rendimiento y algo perfecto.
Ejercicio de la profesión con idoneidad y excelencia profesional.
Un profesional es quien ejerce una profesión (un empleo o trabajo que requiere de
conocimientos formales y especializados). Para convertirse en profesional, una
persona debe cursar estudios (por lo general, terciarios o universitarios) y contar
con un diploma o título que avale los conocimientos adquiridos y la idoneidad para
el ejercicio de la profesión.
La calificación de profesional no sólo está vinculada a los conocimientos o al título
habilitante, sino que también puede hacer referencia al compromiso, la ética y la
excelencia en el desarrollo de las actividades laborales o de otro tipo. El adjetivo
profesional también hace referencia a la actividad que se lleva a cabo como
profesión (en el sentido de que implica una retribución económica), y no como
afición o pasatiempo. Esta diferencia puede apreciarse con claridad en el caso de
los deportes. Un hombre que juega al fútbol todas las semanas no es futbolista ni
jugador profesional, ya que sólo lo hace a modo recreativo. En cambio aquel que
juega todas las semanas a cambio de dinero es un profesional de este deporte.
Valorar lo ético como parte importante de la formación profesional ética y
formación profesional:
En el contexto mundial, la tendencia dominante en la formación profesional es la
propuesta de una formación integral que comprenda las capacidades y
competencias para acceder al mundo del trabajo, pero también los valores y las
actitudes que moldean la personalidad del sujeto y que contribuyen al logro de un
desempeño comprometido y eficaz de su profesión, así como a un ejercicio
responsable de la ciudadanía. Los pilares de la formación integral son dos: la
formación en competencias profesionales, y la formación ética que requieren
complementarse como dos dimensiones que se articulan para preparar al
profesional del nuevo milenio. En este marco, la ética profesional se ha situado
como un componente dinámico y sustantivo de la formación integral porque
asegura una práctica responsable y eficaz al normar el buen uso de las
capacidades profesionales, lo que resulta fundamental para enfrentar y resolver
los complejos problemas de la sociedad contemporánea. La ética profesional
puede cumplir esta función porque es:
La indagación sistemática acerca del modo de mejorar cualitativamente y elevar
el grado de humanización de la vida social e individual, mediante el ejercicio de la
profesión. Entendida como el correcto desempeño de la propia actividad en el
contexto social en el que se desarrolla, debería ofrecer las pautas concretas de
actuación y valores que habrían de ser potenciados. En el ejercicio de su profesión
es donde el hombre encuentra los medios con que contribuir a elevar el grado de
humanización de la vida personal y social.
Desde nuestra perspectiva, la ética profesional es la expresión de una conciencia
moral que posibilita el logro del bienestar social y contribuye a la realización plena
del profesionista. Esto es así porque esta ética recupera y antepone a cualquier
otro interés, el sentido social de la profesión que consiste en proporcionar a la
sociedad los bienes y servicios que requiere para satisfacer sus necesidades. La
ética profesional, como toma de conciencia moral, permite que el profesionista
asuma el compromiso y la responsabilidad de contribuir a través de su práctica
profesional a mejorar y elevar las condiciones de vida de una sociedad. En el
ejercicio de esa responsabilidad, el profesionista encuentra el camino para su
realización porque las aportaciones que hace a la sociedad implican el desarrollo
pleno de sus capacidades profesionales, la búsqueda y el logro de la excelencia y
de la calidad en la prestación de servicios y bienes. En este ámbito, la ética
contribuye a mejorar la condición profesional y humana de la persona. Es por ello,
que la ética va más allá del conjunto de prohibiciones y deberes que se adquieren
al formar parte de una comunidad profesional (códigos deontológicos) porque no
se reduce a reglamentar la conducta, sino que impulsa y guía la realización de
acciones que redunden en beneficio de la sociedad y del profesionista. Este
carácter práctico que tiene la ética en el quehacer profesional permite reconocer
que no forma parte del ámbito de las especulaciones filosóficas, sino que como
ética aplicada genera efectos y acciones positivas. En este marco, los
profesionistas que egresan de las instituciones de educación superior, al adquirir
un conjunto de conocimientos especializados y de competencias profesionales, no
sólo logran obtener el estatus y el poder de expertos especialistas en un área de
conocimientos o campo de acción, sino también contraen la responsabilidad moral
de hacer un buen uso de esas competencias profesionales porque la aplicación de
esos conocimientos especializados inciden de manera directa o indirecta en las
condiciones de vida y en el bienestar de la población. La ética recupera la
dimensión moral de las competencias profesionales al vincular su aplicación y uso
con la responsabilidad profesional. Para Hortal (2002, pp. 82,230) la
responsabilidad profesional involucra las siguientes dimensiones: a) Implica
responder a las necesidades y problemáticas de la sociedad, proporcionando los
bienes intrínsecos de la profesión como son la salud, la educación, la vivienda, la
justicia etc., para lo cual es 1Fernández y Hortal (1994, p.91), en Ana Hirsch,
“Ética profesional. Algunos elementos para su comprensión”, Revista Galega de
Encino, Universidad de Santiago de Compostela, 2004.
Necesario que el profesionista anteponga éstos a los bienes extrínsecos que se
refieren a la obtención de recompensas económicas, de poder, prestigio y de
estatus. b) En el marco de la prestación de los bienes intrínsecos, la
responsabilidad del profesionista se expresa también en realizar bien el servicio o
la tarea y función que le ha sido encomendada. Esto significa hacer uso de la
competencia especializada con el nivel de excelencia y de calidad que se esperan
del profesionista en tanto que experto o especialista, porque constituye la manera
en que aporta un beneficio a la sociedad. Estos aspectos que encierra la
responsabilidad muestran que la ética profesional fortalece y enriquece la
formación universitaria, ya que la formación en la responsabilidad profesional no
se limita a proporcionar principios y valores morales, sino que también involucra la
preparación rigurosa y de calidad en las competencias profesionales para que el
futuro profesionista pueda asumir esa responsabilidad hacia las demandas y
necesidades sociales con el nivel de capacitación adquirido. El principio de
responsabilidad de la ética profesional contribuye también a la realización práctica
profesional eficaz puesto que el compromiso de hacer bien las funciones y/o
prestar un servicio desarrollando al máximo las capacidades profesionales deviene
en el logro de los productos y/o resultados que la sociedad o el cliente esperaban
obtener con la intervención de un profesionista. La ética es también necesaria en
la formación profesional porque constituye un soporte del desarrollo de la
personalidad y del carácter del sujeto que actualmente se consideran
componentes estructurales de las capacidades profesionales. En la sociedad
contemporánea, la noción de calificación profesional como conjunto de
conocimientos y habilidades asociadas a un puesto de trabajo y a la realización de
tareas específicas está caducando, y en su lugar aparece una noción de
competencias profesionales que incluyen no sólo conocimientos y destrezas, sino
también el comportamiento, las actitudes, los valores y todas aquellas cualidades
personales que le permitan al profesionista actuar con capacidad de autonomía,
de juicio y de responsabilidad profesional y social. Este conjunto de cualidades,
que dependen en gran medida de la personalidad y del carácter del profesionista,
han adquirido el rango de calificaciones profesionales y son altamente valoradas
en el mundo del trabajo ya que tienen la misma importancia que el dominio de
conocimientos y habilidades. En este sentido, la ética coadyuva a moldear la
personalidad y el carácter del profesionista al dotarlo de principios y valores
morales que norman su comportamiento y que posibilitan un proceder ético en su
quehacer profesional. Asimismo, le proporciona el criterio y el juicio ético que
también contribuyen a fortalecer sus capacidades profesionales, puesto que tienen
un papel activo en la toma de decisiones.
Ana Hirsch señala las características que distinguen a la ética profesional para
complementar y enriquecer las capacidades profesionales. Tiene un doble
cometido: utiliza en la actividad profesional criterios y principios de la ética básica
y aporta criterios o principios específicos. Su objetivo es proporcionar los
elementos que se requieren para estructurar un proceder ético habitual en el
mundo del ejercicio profesional. Se alimenta de dos fuentes: ética de las
profesiones y criterios profesionales que aportan las disciplinas científicas. No le
incumbe propiamente solucionar casos concretos, sino diseñar los valores,
principios y procedimientos que los afectados deben tomar en cuenta en los
diversos casos. Se trata de un marco reflexivo para la toma de decisiones (Hirsch,
2003, p.1). Este marco reflexivo en el que se traduce la ética profesional refuerza
la capacidad de respuesta del profesionista al proporcionarle principios,
procedimientos y valores éticos que contribuyen a mejorar la elaboración de
criterios y juicios propios, así como la elección y toma de decisiones, puesto que
constituyen un referente necesario para discernir, valorar, ponderar y optar por
alternativas de respuesta o de solución a las problemáticas propias de su
profesión. El criterio y el juicio éticos como componentes de este marco reflexivo,
contribuyen en gran medida a orientar la práctica profesional hacia la búsqueda y
formulación de respuestas que sean posibles y viables de tener impacto en las
condiciones de vida de la sociedad. La formación profesional no debe perder de
vista que este marco reflexivo es expresión de una racionalidad que dota de
sentido el hacer profesional, sin el cual el ejercicio profesionales puede devenir en
una práctica estrecha y limitada que se oriente al desempeño en sí mismo y se
centre sólo en asegurar las acciones y ejecuciones. La ética profesional fortalece
las capacidades transformadoras del profesionista, pero esto requiere de la
integración de conocimientos, habilidades y destrezas, así como de actitudes y
valores éticos. La articulación de la ética con la formación profesional resulta un
reto, sin embargo, en el campo educativo se pueden reconocer diferentes
perspectivas desde las cuales lograr esta integración. Perspectivas para articular
ética y formación profesional a) La visión integral de los contenidos de enseñanza
Las actuales propuestas metodológicas de diseño curricular han integrado la
formación en competencias profesionales y la ética a través de una nueva visión
de los contenidos de enseñanza que recupera las tres dimensiones que
estructuran a la formación integral: a) la dimensión conceptual y cognitiva (saber),
la dimensión de aplicación y uso de los conocimientos (saber hacer), y la
dimensión valorativa y actitudinal (ser). La visión común y tradicional de los
contenidos de enseñanza que consideraba como sustancia de la misma sólo los
conocimientos científicos denominados teóricos y/o conceptuales, ha sido
desplazada por una visión que reconoce como contenidos de enseñanza “todo
aquello que el medio escolar ofrece al alumno como posibilidad de aprender”
(Bolívar Botía, 1993, p. 20). Esta concepción, si bien acepta que los contenidos
conceptuales son fundamentales en la formación, no constituye la totalidad de
aprendizajes, puesto que el alumno también adquiere habilidades y destrezas
cognitivas y manuales al igual que asimila valores y actitudes que, de manera
implícita o explícita, se transmiten en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Desde
esta perspectiva, los contenidos teóricos no se cancelan, simplemente no priman
ni dominan en el currículo. Asimismo, estos contenidos ya no se conciben como
un conjunto de conocimientos científicos ordenados sistemáticamente para su
asimilación y acumulación. De acuerdo con Bolívar Botía (1993), el significado
actual de estos contenidos es dinámico porque se conciben el ámbito de la
formación en el saber y, por ello, constituyen el soporte para el desarrollo de
competencias cognitivas como son: el razonamiento lógico, el análisis, la síntesis,
la inducción, la deducción, el pensamiento crítico etcétera. Las habilidades y
destrezas que tradicionalmente se transmitían colateralmente a los contenidos
teóricos de un modo informal o poco sistemático, han adquirido el estatus de
contenidos que deben tener una planeación didáctica y se les denomina
contenidos de procedimiento (Bolívar Botía, 1993). Estos contenidos se conciben
como pilares de la formación porque estructuran el ámbito del saber hacer donde
el alumno adquiere las habilidades y destrezas profesionales para la aplicación y
uso del conocimiento como son: resolución de problemas, estrategias,
diagnósticos, planeación, gestión, etcétera. El aspecto sustantivo de esta visión de
los contenidos es que rescata a los valores del ámbito de la ideología para
situarlos como contenidos de la enseñanza que tienen el mismo peso y nivel de
jerarquía que los contenidos teóricos y los de procedimiento. Con ello, se
reconoce que los valores, lejos de distorsionar la formación, coadyuvan a una
formación integral y adquieren un carácter sustantivo porque constituyen el ámbito
del desarrollo moral donde se estructura la formación ética de los sujetos. Esta
formación se asume desde distintas perspectivas que precisa Bolívar Botía (1993):
Educación moral en el sentido de orientación en principios, normas y criterios
morales desde patrones de universalidad (no de adoctrinamiento); desarrollo de la
capacidad de juicio y razonamiento sobre cuestiones y problemas morales;
“educación en valores” término también muy utilizado, se refiere, en sentido más
moralista a la enseñanza de valores sociales, cívico-políticos, religiosos o
estéticos. Por su parte, “la educación cívica”, en la tradición francesa, tiene el
sentido de comprensión y aceptación de las normas morales, reglas de vida social
y costumbres vigentes en una sociedad (internalización de normas y reglas)
(Bolívar Botia, 1993, p. 166).
En un proyecto de formación universitario es pertinente recuperar este espacio
curricular para la ética, poniendo a disposición, para su enseñanza, las dos
fuentes de las que se nutre: los criterios, valores y principios propios de la
profesión, así como los criterios y valores de las disciplinas científicas (Hirsch,
2003, p. 1). Este espacio curricular representa una oportunidad para formar a los
futuros profesionistas en principios fundamentales como la responsabilidad, la
beneficencia, la autonomía y la justicia que contribuyen a un desarrollo ético de la
profesión) La formación de competencias profesionales en el marco de la ética
profesional La visión integral de las competencias profesionales es una aportación
significativa para lograr la articulación de la ética con la otras dimensiones de la
formación (la conceptual y aplicativa) porque recupera los valores como un
componente de las capacidades que el profesionista aplica en su desempeño.
Desde “la visión holística o integrada toda competencia se plantea como un
complejo de atributos generales (conocimientos, actitudes, valores y habilidades)
requeridos para interpretar situaciones específicas y desempeñarse en ellas de
manera inteligente” (Rojas Moreno, 2000, pp. 47-48). Otro aspecto relevante de
esta visión es que enlaza a la ética con la eficacia, al reconocer que el desempeño
profesional eficiente no descansa sólo en competencias cognitivas y en las
habilidades, ya que la obtención de resultados implica también la puesta en
práctica de valores. Sin embargo, es común que la formación de las competencias
profesionales se oriente a la preparación técnica en las habilidades y destrezas
específicas que capaciten al sujeto para la acción y la transformación, con la
intención de que esa capacidad se concretice en un resultado y/o producto o en la
solución de problemas. Se parte de la idea de que la capacidad para obrar se
garantiza con una buena preparación en las destrezas de tipo manual o cognitiva
reduciendo con ello el saber hacer una actividad técnica, “quedando al margen de
los procedimientos el compromiso del sujeto, de su responsabilidad y el de la
utilización ética de los procedimientos” (Bixio, 2001, p. 31).
De esta forma, es en el ámbito de la enseñanza de las competencias donde se
establece la división tajante entre la ética y las capacidades profesionales al
desplazar los valores y actitudes que involucra el desempeño, y reducir la
responsabilidad profesional a la realización técnica de las tareas o funciones
profesionales. Es por ello que resulta pertinente rescatar la visión de Cecilia Bixio
(2001) sobre las competencias profesionales al señalar que la formación de las
mismas implica aprendizajes complejos porque comprende una preparación para
“usar y aplicar adecuada, responsable y éticamente los conocimientos adquiridos”
(Bixio, 2001, p. 34). En esta línea, la autora considera que la problemática esencial
en la enseñanza de los contenidos de procedimiento no reside tanto en la
capacitación en habilidades y destrezas, sino en la formación de criterios éticos
que contribuyan a la aplicación y uso de los conocimientos de manera
responsable. Para la formación de criterios éticos es preciso el marco reflexivo que
proporciona la ética profesional, en tanto que no sólo ofrece criterios, valores y
principios, sino también abre un horizonte que permite identificar las múltiples
dimensiones que encierra el problema al que se dirige la acción, así como el
contexto y/o características de la situación específica y, sobre todo, permite la
toma de conciencia de las repercusiones que acompañan a la acción.
Esto es así porque la ética profesional posibilita una visión integral de la realidad
que resulta fundamental para discernir o emitir juicios, y tomar decisiones. Pero
para que la ética profesional pueda cumplir esta función dinámica, es necesario
que se articule con los otros saberes de la formación para lo cual requiere de la
interdisciplinariedad. Esto lo precisa Hortal (2002): El reto que plantea la
enseñanza de una ética profesional en la universidad es ofrecer una verdadera
ética reflexiva y crítica sobre el saber y el quehacer profesional, una ética que
intente orientar las conductas profesionales pero entroncando con el pensamiento
ético actual e intentando establecer un diálogo interdisciplinar con los saberes
especializados en los que se basa el ejercicio de cada profesión (Hortal, 2002, p. 1
Este diálogo interdisciplinar no puede realizarse a través del modelo positivista de
la ciencia donde cada ciencia y área de conocimiento permanecen aisladas y
encapsuladas en sus dominios de conocimiento sin reconocer los vínculos
comunes y las relaciones que pueden establecer con otras disciplinas y saberes.
Por esta razón, en el campo educativo han surgido propuestas que cuestionan el
modelo de ciencia positivista que aún prevalece en las universidades, y plantean
alternativas importantes para lograr el vínculo de la ciencia con la ética. c) El
cambio de paradigma: la interdisciplinariedad François Vallaeys (2002, p. 6)
considera que la recuperación de la dimensión ética en la formación profesional
sólo puede ser resultado de un cambio de paradigma del saber y de la educación
que desplace la visión positivista de la ciencia en el que se sustenta el enfoque de
la racionalidad instrumental y técnica, que predomina en la producción y
transmisión del conocimiento en las universidades. De acuerdo con Curráis Porrúa
y Pérez Froiz (1994-1995), el paradigma positivista establece una separación
tajante entre ciencia y ética con base en la dicotonomía entre hechos y valores,
entre medios y fines, entre teoría y práctica que contribuyó al triunfo de la razón
instrumental y a relegar tanto a la ética como a la racionalidad axiológica al ámbito
de la subjetividad.
Conclusión:
Con este trabajo pudimos comprobar rápido crecimiento de la
tecnología en mucho ámbitos, como la educación que termina siendo
obsoleta frente a los avances existentes y a su rápida expansión. Así
también como la importancia de la eficiencia e idoneidad al ejercer una
profesión.
La ética forma una parte importante de la formación integral de todas
las personas y de la profesión que ejerzan, puesto que esto es muy
valorado en la sociedad.
Bibliografía:
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