Análisis del rombo filosófico de la Dra.
Renée Bédard, empleando como referencia el
documento: “Fundamentos del pensamiento y las prácticas Administrativas, el rombo
y las cuatro dimensiones filosóficas”
En el mundo de la administración, el modelo de integración de cuatro grandes ramas
filosóficas (la praxeología, la epistemología, la axiología y la ontología) de Renée Bédard,
han sido de gran ayuda para descifrar, analizar e interpretar grandes interrogantes de esta
ciencia social. Así mismo, esta autora fomenta que se contemple el rol central del ser humano
en la ciencia administrativa y en el proceso organizacional, considerando las tres funciones
de base de la empresa: Soberanía, Protección y Riqueza.
A través de su postulación crea un modelo filosófico, representado en un rombo, cuyo
provecho permite precisar la dimensión orgánica entre lo que no se ve y lo que se muestra,
como herramienta de análisis para el óptimo gerenciamiento organizacional. De igual modo,
integra en el desempeño organizacional o gerencial, los principios esenciales del ser humano:
1. Praxeología: Encuadra lo visible en el rombo, es decir, las competencias, prácticas
y conductas de ese capital humano.
2. Epistemología: Deslinda la validación, el proceso crítico, los procedimientos de
validación, la metodología, la teoría del conocimiento y la Verdad, como Ciencia de
las ciencias.
3. Axiología: Señala los valores individuales, sociales y culturales, fundamentados en
los pilares de la ética y la moral.
4. Ontología: Determina la manera de la persona de morar lo real, de orientarse en
medio de las cosas y de descubrir una salida en la búsqueda de sí.
Con respecto al primer componente del rombo filosófico, la praxeología que en
sentido estricto se refiere a la acción, es decir el actuar humano, incorpora la decisión, las
habilidades, el saber- hacer; la autora emplea el término en un sentido amplio que considera
todos aspectos de la actividad humana y sus diferentes realidades particulares; está
constituida por la realidad cotidiana fenomenológica, el mundo de los acontecimientos, los
hechos y los actos de las personas que realizan una actividad especializada. La base empírica
se caracteriza por lo particular, lo individual y lo contingente siendo el lugar por excelencia
de la vivencia, del presente, de lo subjetivo, de la sensibilidad, de lo existencial, “del gesto y
de la palabra”. La praxeología nos ofrece información de tipo fenomenológico, es decir que
el conocimiento está ligado a la sensibilidad, tan precisa y exhaustiva como pueda ser la
observación de los fenómenos concretos, esta visión corresponde a la parte visible y sensible
del iceberg, accesible a la vista y a los sentidos; y para aumentar la fiabilidad de la
información y avanzar hacia un grado de certidumbre más alto, debe franquearse una etapa
adicional que toca con la evaluación, la cual comprende dos aspectos diferentes, la validación
y la legitimación.
En relación a la epistemología que es la segunda dimensión filosófica del rombo, se
interesa tanto en la teoría de las ciencias en general, como el estudio de las ciencias
consideradas como las realidades que se observan, describen y analizan. Según Bédard, es
visualizada no como un territorio particular, es decir una disciplina o un campo especializado,
sino como una función general de vigilancia crítica que ejerce su autoridad sobre todos los
territorios especializados, siendo su mandato propio el de la investigación de la Verdad, pero
en el lenguaje científico actual, se prefiere hablar de validez más bien que de verdad.
En cuanto a la axiología, en el rombo de la doctora Bédard, designa el campo de los
valores individuales y colectivos, es decir los valores morales y culturales; la ética se interesa
por los principios generales de la conducta humana, la moral trata sobre las costumbres, los
hábitos y reglas de conductas en sociedad.
De acuerdo a la autora, mientras el elemento clave de la epistemología es el criterio
de validez, en la axiología, es el valor, el cual, juega un rol fundamental análogo, puesto que
es ella la que determina aquello que es valedero, es decir, aceptable, admisible, bien fundado,
digno de ser creído y ejecutado. La distinción entre válido y valedero permite ver bien la
complementariedad de la epistemología y de la axiología como funciones de vigilancia con
respecto a las prácticas. Mientras que una cosa es considerada válida cuando ha sido revestida
de todas las formalidades necesarias en el momento presente, una cosa es valedera en sí
misma con respecto al futuro y al efecto que de ella se derivará, por el hecho de ser admitida.
Así, un acto es válido cuando no hay nada que agregar para que tenga toda su fuerza, en
consecuencia, el acto es valedero de hecho hacia el futuro.
En el último cuadrante del rombo se encuentra la ontología, trata sobre los
fundamentos conceptuales de la realidad, es la matriz y la base sobre la cual todo el edificio
conceptual, ético, crítico y practico de cada persona es subsecuentemente construido, va más
allá del marco teórico de los fundamentos epistemológicos y axiológicos, que comprenden
las bases conceptuales y las condiciones de validación y de legitimación, por tanto, la
ontología determina, los principios generales fundadores y los grandes marcos de referencia
que orientan el pensamiento y la acción, representando una tentativa de comprensión
cualitativa de la realidad que se extiende a las grandes cuestiones que constituyen los núcleos
de la problematización propia de la cultura occidental.
Como conclusión, pienso que el rombo filosófico es una herramienta útil para analizar
temas concretos, la responsabilidad social empresarial, por ejemplo, como base de estrategia
competitiva, debido a que, a través de la observación de los fenómenos, por medio de este
esquema integrador, en virtud de que las cuatro dimensiones están íntimamente articuladas.