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El Apego

El documento describe la teoría del apego desarrollada por John Bowlby, la cual establece que las primeras relaciones que se forman con los cuidadores principales (generalmente los padres) son fundamentales para el desarrollo de la personalidad. Estas primeras relaciones afectivas generan sentimientos de seguridad u inseguridad en el individuo. Además, la teoría identifica diferentes estilos de apego como seguro, inseguro-evitativo e inseguro-ansioso, dependiendo de la disponibilidad y respuesta de los cuidadores. Final
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El Apego

El documento describe la teoría del apego desarrollada por John Bowlby, la cual establece que las primeras relaciones que se forman con los cuidadores principales (generalmente los padres) son fundamentales para el desarrollo de la personalidad. Estas primeras relaciones afectivas generan sentimientos de seguridad u inseguridad en el individuo. Además, la teoría identifica diferentes estilos de apego como seguro, inseguro-evitativo e inseguro-ansioso, dependiendo de la disponibilidad y respuesta de los cuidadores. Final
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EL APEGO

En el proceso de construcción de la personalidad intervienen muchas variables estudiadas


profundamente; la predisposición genética, el temperamento, la familia, la educación, el
proceso de socialización, el ambiente, los acontecimientos vitales y otras. Todas ellas nos
parecen entidades importantes, pero existe una, a nuestro entender, que junto a la
predisposición genética creemos que ha de ser destacada. Son las primeras relaciones que
se establecen con el cuidador principal (madre, padre u otros).

Estos lazos o vínculos afectivos que se establecen y perduran en el tiempo hacen sentir al
individuo los primeros sentimientos positivos (seguridad, afecto, confianza) y negativos
(inseguridad, abandono, miedo)

Así, la respuesta de temor suscitada ante la inaccesibilidad de la madre, es una reacción de


adaptación básica que en el curso de la evolución se ha convertido en una respuesta
esencial para la contribución de la supervivencia de la especie (Bowlby, 1990).

Sobre la vinculación afectiva o apego y su posterior relevancia, Musitu y Cava (2001) dicen
que existen dos aspectos del ámbito familiar que se han relacionado sistemáticamente con
la autoestima en los hijos; una, la importancia del apego con el cuidador principal y dos, los
estilos de socialización parental. Esta necesidad humana universal para formar vínculos
afectivos estrechos está recogida en la Teoría del Apego desarrollada por John Bowlby
(1980, 1973, 1969). En el núcleo de esta teoría se encuentra la necesidad recíproca de las
relaciones tempranas, lo que para Hofer (1995) es ya una precondición normal
probablemente en todos los mamíferos, incluyendo los humanos.

El primero en desarrollar una teoría de apego a partir de los conceptos que aportara la
psicología del desarrollo, con el objeto de describir y explicar porqué los niños se
convierten en personas emocionalmente apegadas a sus primeros cuidadores, así como los
efectos emocionales que resultan de la separación, fue John Bowlby, quien intentó mezclar
los conceptos provenientes de la etología, del psicoanálisis y de la teoría general de los
sistemas (Fonagy, 2004; Oliva, 2004; Girón, Rodríguez y Sánchez, 2003) para explicar el
lazo emocional del hijo con la madre ( Aizpuru, 1994)

Teniendo en cuenta esta premisa y apoyándose en las investigaciones sobre plasticidad


cerebral, que han puesto en evidencia que durante los MARCO TEÓRICO 16 primeros
años de vida tiene lugar un proceso de desarrollo muy importante, Botella (2005) cita unos
principios básicos:

 Todos los animales, incluidos los de la especie humana, buscan la protección y


cuidado de sus padres cuando experimentan peligros y amenazas.
 Esta búsqueda de protección tiene un papel evolutivo de supervivencia fundamental
(Hofer, 1995).
 En general, la figura de apego es la madre y rápidamente se genera una clara
preferencia hacia ella (Fonagy, 2004; Del Barrio 2002; Belsky, 1999).
 En los bebés, el malestar que conduce a la búsqueda de apego también puede ser
provocado por el hambre, la sed y/o el dolor físico.
 El sistema conductual de apego no es único, sino que forma parte de un conjunto en
el que figuran también la exploración, el cuidado y el apareamiento (Aizpuru,
1994).
 El sistema de apego tiene una función homeostática al contribuir a mantener el
equilibrio entre las conductas exploratorias y las de proximidad.

Girón, Rodríguez y Sánchez (2003) añaden lo siguiente: cuando se desarrolla una


relación de apego saludable, se satisfacen las necesidades físicas y psíquicas del niño y
éste desarrolla un sentimiento de seguridad. La experiencia de que la figura de apego (el
cuidador) es accesible y responderá si se le pide ayuda, suministra un sentimiento de
confianza que facilita la exploración tanto del mundo físico como del social (Bowlby,
1990).

En esta misma línea, entendemos que un sistema de apego alcanza el objetivo cuando
ofrece seguridad al niño. Por tanto desde esta perspectiva, la respuesta sensible del
cuidador es ya un primer organizador psíquico e implica dos operaciones: conseguir
acceso al estado mental del niño y atribuir significado a ese estado mental (Girón,
2003).

Las investigaciones sobre plasticidad cerebral (Wylie y Simon, 2004; Cozolino, 2002)
han puesto en evidencia que durante los primeros años tiene lugar un proceso de
desarrollo cerebral único por su magnitud. Este proceso resulta sumamente sensible a
las condiciones ambientales y en particular a las que dependen de la interconexión entre
el niño y las figuras de apego (Botella, 2005).

Una vez interiorizados por el niño los modelos representacionales de su relación con las
figuras de apego, estos mismos modelos le van a servir de guía para el establecimiento
de otras relaciones significativas a lo largo de su vida (Bowlby, 1989).

Con este modelo representacional como base, niños y niñas y, posteriormente


adolescentes, se enfrentarán al resto de relaciones interpersonales que establezcan
constituyendo un buen predictor de la conducta y competencia futura (Lafuente, 2000

ESTILOS DE APEGO VINCULACIÓN AFECTIVA.

En los primeros estudios naturalistas de Mary Ainsworth (1963) de los Ganda en


Uganda, encontró una información muy rica para el estudio de las diferencias en la
calidad de la relación madre-hijo y su influencia sobre la formación del apego (citado
en Oliva, 2004 y Del Barrio, 2002). Esta información le llevó a identificar unos estilos
de apego en la interacción madrehijo, que reflejan las normas que determinan nuestras
respuestas ante situaciones que nos trastornan emocionalmente, es decir, nuestra forma
primordial de autorregulación emocional (Botella, 2005). Otro trabajo realizado
posteriormente confirmó estos datos (Bell y Ainsworth, 1972).

En el apego inseguro-evitativo, la observación fue interpretada como si el niño no


tuviera confianza en la disponibilidad de la madre o cuidador principal, mostrando poca
ansiedad durante la separación y un claro desinterés en el posterior reencuentro con la
madre o cuidador. Incluso si la madre buscaba el contacto, ellos rechazaban el
acercamiento (Fonagy, 2004; Oliva, 2004). En la situación extraña los niños con estilo
de apego evitativo no lloran al separarse de la madre, sin embargo, hay evidencia de
que se dan cambios en su sistema nervioso notables en la aceleración del ritmo cardíaco
y otras alteraciones (Botella, 2005). Debido a su conducta independiente en la Situación
del Extraño y su reacción carente de emociones ante la madre, podría interpretarse
como una conducta saludable.

Según Bowlby, el estilo de apego refleja la interacción entre la personalidad del niño, la
familia y el entorno más amplio, por lo que no debe resultarnos extraño que exista una
influencia conjunta entre las variables propias del cuidador y el temperamento infantil.
Sobre la calidad del apego, un estudio llevado a cabo en niños españoles muestra cómo
la calidad del apego está más fuertemente ligada al temperamento del niño que a los
rasgos de personalidad de la madre (Martínez-Fuentes y cols., 2000), lo que apunta a un
mayor protagonismo del niño en la constitución del vínculo.

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