Taifa de Denia S.xiii
Taifa de Denia S.xiii
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Por todo ello la documentación historiográfica es muy escasa y al
presente muy poco conocida, razón por la que invitamos desde aquí a los
arabistas todos que se ocupan de estos temas apuntados, a ahondar más
en la búsqueda de fuentes de procedencia musulmana, al par que noso-
tros lo hacemos en las restantes cristianas, con el objetivo único y común
de alcanzar mayor volumen de información documental sobre las postri-
merías de estos Reinos taifas, en su esfuerzo admirable de supervivencia,
frente al avance arrollador castellano-aragonés de la Reconquista penin-
sular.
Por cuanto a mí respecta en el caso presente voy a limitarme a ofrecer,
a modo de Ensayo, las vicisitudes por que pasó este REINO en tres etapas
sucesivas, la HUDITA (1229-1243), la CASTELLANA (1243-1244) y la ARA-
GONESA-VALENCIANA (1244-1304).
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Abd Alláh b. AbJSultán, reconocieron a IBN HUD ensawwál del año 626,
comienzos de septiembre de 1229. Y el gobernador de JATIVA, Ahmad b.
Isa Abü l-Husayn, lo hizo asimismo en aquel mes. La revolución de Ibn
Hüd había sido un éxito». En 7232 intentaría el rey de Murcia someter
también aZayyan de Valencia, pero en vano. Consiguió, empero, dominar
casi todo Al-Andalus y extender las fronteras del Reino hudita desde
Almería a Cádiz y desde Málaga a Alcira, protagonizando uno de los
momentos más significativos de AL-ANDALUS en el siglo XIII.
Pero estrella tan propicia iba a empezar a apagarse muy pronto. Y así el
año 1233, el movimiento impulsado por Alfonso IX de León al avance de la
Reconquista con la ocupación de Cáceres y Badajoz, encontró su mayor
continuador en Fernando III, quien logró por entonces acercarse en
marcha arrolladura a las propias puertas de Andújar, Córdoba y Jerez
(GONZÁLEZ, Julio, 1951, 1980, 1983; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1975; AR-
JONA CASTRO, 1980), amenazando con alcanzar el avance castellano el
medio y bajo Guadalquivir.
El propio Al-Andalus comenzó a resquebrajarse en su obediencia
unitaria a Ibn Hüd, surgiendo una vez más los brotes de independencia
taifal. Iniciará este movimiento un caudillo rebelde, Muhammad b. NASR
B. AL-AHMAR, en Arjona, arrastrando tras de sí a las ciudades de Jaén,
Porcuna y CÓRDOBA, convirtiéndose muy pronto (mayo 1237) en un
serio rival de Ibn Hud y en el poderoso monarca de la nueva dinastía nazarí
en el REINO DE GRANADA, (ARIÉ, R., 1973).
La gloria y majestad del rey hudita de Murcia, antes casi omnipotente
en Al-Andalus, estaba ya en declive, iniciándose una política de pronun-
ciamientos y autoproclamación de independencia a un ritmo tan cre-
ciente que vio discutida su autoridad, impotente para impedir la ocupa-
ción castellana de la ciudad de CÓRDOBA (1236), el desplazamiento del
Reino de NIEBLA, del Infante D. Alfonso (1235) y frenar el avance
aragonés de JAIME I hacia el sur, camino de la conquista de Valen-
cia (1237).
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mismo año 1238 (UBIETO, 1976 y 1979; GUICHARD, II, 1980; MOLINA
LÓPEZ, III, 1980), debiendo abandonar la ciudad del Turia y salir para
Alcira y DENIA finalmente, plaza que gobernaría por medio año escaso,
hasta acceder al trono del Reino hudita de Murcia (22 abril 1239), ha-
ciendo ejecutar a su titular, AZIZ B. JATTAB.
ZAYYAN se convertía así en el soberano musulmán más poderoso de
Al-Andalus, logrando reunir bajo su cetro tan vastas tierras, como las
enmarcadas entre el Almanzora y BAZA, por el sur, hasta elJUCARporel
norte, y las que se extienden desde el litoral alicantino hasta CHINCHI-
LLA, ¡unto ALBACETE, desde el Levante al Poniente. Solamente AL-AH-
MAR, rey de Granada, podía disputarle la soberanía. Los viejos Reinos de
MURCIA, ALCIRA-JATIVA y DENIA se hallaban de nuevo gobernados por
un solo hombre, el ex-rey de Valencia, ZAYYAN M. MARDANIS.
En su afán de alcanzar el poder marítimo que tuviera su predecesor en
el trono de DENIA, Abü l-Djaysh MUYAHID (1011-1044), al extenderlo a
Baleares, propuso en el verano del 1239 al rey aragonés, Jaime I, una
entrevista en el Castillo de BAIREN, con el propósito de negociar el canje
de MENORCA por la plaza fuerte de ALICANTE, a lo que no asintió el
Conquistador, por vedárselo, dijo, la letra de antiguos Tratados de fron-
teras con Castilla, aludiendo implícitamente, es claro, al firmado en CA-
ZOLA(1179), quefijabaa la Corona de Aragón la frontera de su expansión
territorial por el sur en la línea BIAR-JIJONA-RELLEU-CALPE (ESTAL,
1982 y 1984).
Pero su intrusismo violento en el trono de Murcia y la proyección
política de su reinado de acercamiento a los hafsíes de Túnez, cuyosultán
ABU ZAKARIYYA lo nombró su lugarteniente o Emir del SHARO AL-AN-
DALUS, de espaldas al Califato abbásida de Bagdad, le enajenó progresi-
vamente la sumisión y obediencia de numerosas ciudades: ORIHUELA,
DENIA, ALICANTE, JATIVA, LORCA, CARTAGENA, MOLINA, etc., reapa-
reciendo una vez más el atávico espíritu de autonomía e independencia
política y ANARQUÍA creciente. Ejemplo altamente elocuente de tal ma-
lestar fue la creación de la denominada WIZARA'ISAMIYYA o Consejo de
Ministros o Ministerio de 'Isam en Orihuela, que rechazó el gobierno de
Zayyan, propugnó iadependencia espiritual de Bagdad y unrenacimiento
literario de corte tan liberal, que convirtió aquella ciudad en un cenáculo
cultural renombrado en toda Al-Andalus, al que se acogían ilustres hom-
bres de letras, al abrigo de su proverbial hospitalidad (MOLINA LÓPEZ,
1979).
Ante la creciente hostilidad de sus subditos y proliferación de ARRÁE-
CES urbanos en rebeldía contra su gobierno, y la presión acelerada de
AL-AHMAR por el W y el avance arrollador de JAIME I por el N, resolvió
acercarse a Castilla y solicitar el apoyo y PROTECTORADO de Fernando
III, a cambio del vasallaje del Reino de Murcia (1239/40), pero sin éxito. Se
ignoran las razones del fracaso (MOLINA LÓPEZ, 1981, 1982). Tenía ya
perdida la causa.
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La colocación de las plazas fuertes más importantes del Reino de
Murcia, incluida la del Castillo de VELEZRUBIO, en el distrito granadino
de Baza, bajo la obediencia y jurisdicción del Sultán de Túnez, Abu
Zakahyya, junto a los abortados intentos de AUTOINFEUDACION del
mismo a la Corona de Castilla, acabó por retirarle el prestigio y toda
autoridad de los subditos, terminando depuesto por un descendiente de
la derrocada dinastía Hudita y tío del célebre y poderoso IBN HUD AL-MU-
TA WAKKIL, de nombre Muhammadb. HudBahá al-Dawla, el renombrado
ABENHUDIEL de las Crónicas castellanas, el 11 de julio de 1241 (MOLINA
LÓPEZ, 1981).
Se reinstauraba así la dinastía Hudita en el Reino de Murcia e inaugu-
raba el gobierno del último monarca, que lo gobernaría con autonomía
plena por espacio de apenas dos años, ya que, amenazado por el SW por
Al-Ahmar, rey de Granada y al N por el rey de Aragón, Jaime I, optaría por
acogerse pacíficamente al Protectorado de Castilla, reproduciendo el
conato infructuoso de su predecesor Zayyan, con la firma del célebre
PACTO DE ALCARAZ (primavera 1243). Murcia pasaba así a convertirse
formalmente en un Reino-feudatario de Castilla (PRETEL MARÍN, 1974;
TORRES FONTES, 1973, 1980; ESTAL, 1982, 1984 y 1985).
Con ello alcanzaba Castilla el sueño dorado de su salida al Mediterrá-
neo y ahora sí de forma definitiva, excepción hecha del breve espacio de
tiempo, los ocho años de hegemonía aragonesa de Jaime II (1296-1304).
Se inauguraba as; un nuevo período del SHARQ AL-ANDALUS bajo so-
beranía en su parte meridional castellana, hasta que por la letra de un
nuevo Tratado de fronteras, se delimitase una vez más la zona de influen-
cia y soberanía castellano-aragonesa dentro del antiguo Reino Hudita de
Murcia (Pacto de Almizra, 26 marzo 1244). El viejo reino taifa de DENIA,
incorporado al Reino Hudita de Murcia desde 1229, había pasado igual-
mente de jure al Protectorado castellano, en virtud del Pacto de Al-
caraz, si bien su ra'is, lo mismo que otros muchos de las más notables
ciudades de dicho reino, no estuvieran de acuerdo con la infeudación o
vasallaje del mismo a Castilla. Pero todos estos extremos son más bien
tema de la II Parte de esta Comunicación, en la que nos propusimos
estudiarlas vicisitudes por que pasó el antiguo REINO DE DENIA bajo la
hegemonía castellana, que abarca el tan breve espacio de tiempo, como
el que discurre entre la firma del Pacto de Alcaraz (abril 1243) y la celebra-
ción del Tratado de Almizra (26 marzo 1244), de apenas un año, o uno y
medio cuando mucho, si nos atenemos a la fecha en que el almirante del
monarca aragonés, CARROZ, conquistó DENIA el 1244, incorporándola a
su corona.
A raíz del Pacto de Alcaraz (1243) es claro quede jure el Reino Hudita
de Murcia pasaba en su integridad a la soberanía de Castilla. Y queremos
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recordar que los límites del mismo iban desde el castillo de VELEZ RUBIO
y el río Almanzora, al Sur, hasta el Júcar, Alcira, Játiva y DENIA al N, y-
desde el litoral murciano-alicantino, al E, hasta el Reino de Granada, y
Yeste, Peñas de San Pedro, CHINCHILLAy ALBACETE al poniente. Tierras
pertenecientes hoy, como se ve, por el litoral a Almería, MURCIA, ALI-
CANTE, Valencia, y por el interior: Granada, Jaén, ALBACETE y Cuenca
(MOLINA LÓPEZ, 1980). Hemos de añadir, sin embargo, que muchas de
las ciudades más importantes se habían rebelado contra la administra-
ción central hudita, y antes contra la de Zayyan, declarándose señoríos
independientes, nombrando sus propios ARRÁECES, de espaldas al go-
bierno central. Sobresalieron entre otros núcleos urbanos: ALCIRA, JÁ-
TIVA, DENIA, ALICANTE, ORIHUELA, MULA, CARTAGENA, MOLINA y
LORCA, por citar los más significativos. Todos ellos no aceptaron el
Acuerdo vasallático de Alcaraz y se opusieron en consecuencia a la
soberanía castellana. Lo que explica abiertamente la actitud rebelde con
que se enfrentaron los citados señoríos o ciudades al vasallaje de Castilla
y la lucha obligada, con que hubo de proceder el infante DON ALFONSO
para someterlas una a una por la fuerza de las armas (ESTAL, 1982 y 1984).
Y escribe así un historiador de aquella efemérides: «En efecto, la toma de
posesión del reino de Murcia no fue lo pacífica que se esperaba. Alfonso
se apoderó de los principales (?) castillos y fortalezas, pero no todos los
arráeces del anárquico territorio musulmán de Murcia prometieron obe-
decerle. Tales fueron los casos de LORCA, CARTAGENA y MULA; e in-
cluso algunos firmantes de Alcaraz no cumplieron el compromiso con-
traído, a veces por culpa del propio ra'is, en otras ocasiones porque la
población no quiso seguir sus órdenes y ofrecieron resistencia a la ocu-
pación castellana, como fue el caso de las ciudades de ALICANTE,
ORIHUELA, ALEDO y RICOTE, motivos por los que se hubo de recurrir a
las armas para asegurar el nuevo territorio castellano» (MOLINA LÓPEZ,
1980 y 1984).
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dio y contexto hist. del Cartulario de Alfonso X el Sabio a Alicante», edic.
facsímil EDILAN Madrid, 1984; Documentos inéditos de Alfonso X el Sabio,
Alicante, 1984).
De Orihuela sabemos también que se mantuvo rebelde a la domina-
ción castellana, conservando su independencia frente al poder central,
fiel a la política ya tradicional de la conocida Wizara 'Isamiyya, hasta
finales de la cuarta década del 1200. Escribe así un historiador de la
misma: «Orihuela continuó gozando de una independencia y autonomía
casi absolutas, por lo menos hasta losa/ios 1249/50, fechas en las que
todavía se tienen testimonios de actos públicos realizados por el Consejo
(de su Wizara Isamiyya), siendo Abü l-Hasan, hijo de Abü Isam, el nuevo
ra'is de Orihuela» (MOLINA LÓPEZ, 1981). Lo que se ajusta mejor igual-
mente a la documentación despachada por Alfonso el Sabio a favor de
esta villa, a la que no otorgó su FUERO hasta 7265 y a tenor del conferido
anteriormente a Alicante, iniciando entonces la colación de numerosas
franquezas y el propio REPARTIMIENTO, ya en prensa (ESTAL, 1982), así
como la constitución de su Concejo, a partir del año citado. Talesacfos de
orden por entero administrativos einstitucionales no tendrían fácil expli-
cación, de aceptarse como válida, pero sin documentar, la tesis de quie-
nes afirman gratuitamente (BALLESTEROS, 1943; GISBERT BALLESTE-
ROS, I, 1902; FONT RIUS, 1951 y 1956) que el Reino de Murcia pasó
íntegramente, a excepción de las pocas plazas expresamente citadas
(Primera Crónica Gral., II, 744, ed. MENENDEZ PIDAL): «Muía et Lorca et
Cartagena», a la soberanía de Castilla en \aprimavera del 1243, a raíz del
Pacto de Alcaraz. ALFONSO EL SABIO no se vio de verdad soberano
efectivo y real del entero Reino hudita de Murcia hasta los años 1249/50, y
no por la letra de un simple Acuerdo pactado, tan sólo, sino más bien y
sobre todo por la fuerza imperiosa de las armas (ESTAL, 1984).
ALCIRA: Fue sometida a finales del 1242 o principios del 1243 (DES-
CLOT, Crón. c. XIX).
JATIVA: Inició su asedio el 1243 y no capituló hasta junio de 1244 (Crón.
Jaime I, c. 339 s.).
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DENIA: En 1244 por obra del amirante CARROZ, a quien premiaría a m -
pliamente Jaime I con abundantes heredamientos dentro y fuera
de la c i u d a d , siendo a la sazón su arráez YHAVE ABU L-HUSEIN,
destacado literato y poeta (CHABAS, I, 192).
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nada a su Corona en el recién concluido TRATADO DE ALMIZRA ya
expuesto.
Como se desprende de cuanto queda dicho, DENIA quedaba enmar-
cada en la Corona de Aragón, dentro del REINO DE VALENCIA, inicián-
dose a partir de aquí, julio del 1244, el tercer capítulo de nuestra Comuni-
cación, concerniente a su historia bajo la soberanía ahora de Aragón,
dentro de la demarcación administrativa de \aPROCURACION Ultra Xu-
carum, entre el Júcar y Jijona-Villajoyosa.
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hasta la a b o l i c i ó n de los Fueros del Reino por el Decreto de Nueva Planta
del 1707 de Felipe V.
La historia de DENIA de esta época (1244-1304) hay que enmarcarla,
pues, dentro de \adivisión administrativa referida del REINO DE VALEN-
CIA ultra Xucarum.
Es lógico pensar que la NORMA INSTITUCIONAL SUPREMA otorgada
por JAIME I a las gentes de los núcleos urbanos de esfa demarcación
apuntada, entre los que hay que destacar los de ALCIRA, JATIVA y DENIA,
está plasmada en los FURS que hizo compilar para la ciudad y Reino de
Valencia, a raiz mismo de su conquista.
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CABRERA (ACÁ, REG. 253, fol. 3 r.; ESTAL, 1982, ¡b.), quienes habían de
servirse para su compilación de los FURS DE VALENCIA, 'muy buenos', y
de las COSTUMS o consutudines regionales del lugar, las que habrían de
respetarse en todo momento con máximo rigor.
Un año después sancionaba JAIME II el FUERO DE MURCIA, compi-
lado en un volumen de cuatro libros, imponiendo su fiel cumplimiento y
aplicación a partir de la fecha, el27ocf. 1297, conminando severas penas
a sus infractores y ordenando que se hagan copias abundantes de los
mismos, con destino a todas las villas y demás lugares del REINO DE
MURCIA, (ESTAL, Fueros al Reino de Murcia, (1984 pp. 123-125; 1985).
A partir, pues, de esta fecha (25 oct. 1297) tenía ya el REINO DE
MURCIA su FUERO propio, que pasaba a sustituir el viejo Fuero caste-
llano precedente de Alfonso el Sabio.
Pese a la importancia trascendental de este FUERO NUEVO mur-
ciano, aragonés, ha desaparecido, sin que se conozca la pista del mismo.
Esperemos que un buen día reaparezca, debido a las numerosas copias
que se ordenaron hacer del mismo. Faxit deus!
Sin embargo, poseemos afortunadamente un volumen tan considera-
ble de PRIVILEGIOS REALES de aquel monarca a la ciudad y Reino
entero de Murcia (ESTAL, Corpus Dtal. del Reino de Murcia bajo Aragón,
1296-1304 (1985), con más de 250 documentos inéditos) que pode-
mos todavía rastrear con garantía absoluta aquel FONDO INSTITUCIO-
NAL, que debía contener el perdido FUERO DE MURCIA y de todo su
REINO.
ANEXO DOCUMENTAL
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mente fue posterior al 19 de mayo de aquel año, día en que conquistó
Jaime II aquella capital. La confirmación real es escueta, con un simple
«plau al Sennyor Rey», salvo cuando excepcionalmente añade alguna
aclaración, precisión mayor, rectificación o reserva a la cuestión formu-
lada.
ACÁ, Cartas Reales Dipl., Jaime II, Caj. 2, N.° 289.
Publ. ESTAL, 1985, n° 141, pp. 256-260
Aquest ago es treslat de una Carta en que son escrits los Capitols de les
gragies e de les mergess, que el molt noble Seynor don Jayme por la gragia
de deu Rey/ Darago, de Mayorcas, de Valencia etc. al Consell de Murgia
segons que a fet scriure, la qual es sagellada ab lo son segell, etc/.
Aqüestes son les gragies e mergess que el Cosell de Murgia demana al
Senyor Rey/ (dividimos con numeración arábiga los 14 Capítulos y se-
paramos en su transcripción, a efectos de mayor claridad).
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7. ítem quels Jueus, e els Moros sien salues persones en tot lo seu/.
E Plau al Sennyor Rey/.
8. ítem que tots aquelles que aquesta auinenga se uolrran esser, que
putxen (?) anar salus quascuns ab tot lur moble, e si dins XXX
dies uolrran tornar a la merge del Rey, que no perden/ res de lur. E si
lur res (borrado: fo?) ab ells pres, remanga salu ab lur dret e que
(borrado: non minus?) sien entesses Jueus e Christians/ e si qual-
guns son fora de la térra (borrado: al temps que?) dará e dins XXX
dies pusque auran jurat al Sennyor Rey, uolrran uenir a merge del
Rey que (borrado: ne?) prenda (?) lo seu/.
E plau al Sennyor Rey del dret que buy (sic) y han/.
9. ítem que tots los vehins de Murgia que alguna cosa agen en qualque
lugar del Regne, quels sian salus/.
E plau al Sennyor Rey/.
10. ítem que tots los pleits qui son determenats e passats en cosa
juitgada, quant per Juy o per Caries deis Reys, que no pusquen esser
altra uegada retrotrats/.
E plau al Sennyor Rey/.
11. ítem que tots les caites publiques et les altres escriptures deis plets
(sic), ques fagen en uulgar (se confeccionen y redacten en romance)
per la part que les gens plus clarament o entenen/.
E plau al Sennyor Rey/.
12. ítem que (borrado: siempre que?) totes quantes donacions el Con-
sell auia fetes o atorgades a alguns de cases o de heredaments o de
rendes o de qualques altres coses a los/ uehins de Murgia e quels o
conferm axí com cascunes an possessio del Rey o en altra manera/.
E atorgao lo Sennyor Rey leuar aquells que dintre los XXX dies nol
auran regonegut per Sennyor/ (confirmación general a todos de los
bienes recibidos por donación real o de otra persona, a excepción
de aquéllos que se nieguen o resistan a acatarlo por soberano).
13. Sennyor, per que entenem que es uostre seruj e de la térra, clamam
uos merge, que pusgam traure del Regne pan e uin e tots altres
uiandes, f ranquesses e quantes coses/ a portar en tots parts, salu en
térra deis uostres enemics/. (Disfrute de franquicia de leuda y por-
tazgo por todas las tierras del Reino de cuantos productos de" pan y
vino y otras mercaderías precisen transportar.)
E plau al Sennyor Rey. Exceptat com lo Sennyor Rey fees uet general
per tot/. (Afirmativamente a todo, salvo a las «coses vedades» ya
conocidas.)
14. E atrossi, Sennyor, quens fagats merge en lexar nos pe.ndre les
rendes del Regne de Murgia tro que aiam pagats X Mili Solidos, quel
Consell a man leuar per adobar/ los Murs e les Torres de la Vila e que
prestaren a JOHAN SÁNCHEZ e ais castellans sobre estes rendes, les
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quales els tenjen e prenjen per manament/ e Cartes del Rey (Alfon-
so X y sucesores) e quens hi fagats aquella ajuda que tingáis per be/.
(Que les faculte retener los ingresos municipales hasta que puedan
amortizar la suma de 10.000 sueldos que por orden real hubieron de
entregar a Juan Sánchez, Adelantado del monarca de Castilla para
restaurar las murallas y torres defensivas de Murcia.)
E daquest Capítol parlara en Bernat de Sarria ab ell/. (Jaime II remitió
la solución del asunto en cuestión a la entrevista que en breve iba a
celebrar con el bayle general del Reino de Murcia, Bernat de Sarria,
para informarse previamente al detalle del estado de las cuentas y
prestaciones pecuniarias aludidas.)
(1) Día 29 de agosto de 1296. Es una Carta real de singular interés para la historia de la
conquista aragonesa de la ciudad de Murcia, por numerosas razones. Se nos confirma en ella
la existencia de unos fueros y libertades, que se remontaban a la hegemonía castellana,
pidiendo de todos su ratificación actual. Lo mismo ha de decirse del salvoconducto y guiaje de
que gozaban hasta la fecha los vecinos de Murcia, para poder moverse con entera seguridad y
libertad por las tierras del Reino, y de los que se ruega la confirmación real. De singular relieve
es el respeto que se exige para todas las personas y bienes de moros y judíos, igual quédelos
cristianos, sin discriminación de ningún tipo, claro exponente de la voluntad del monarca de
tratar a todos por un igual, con idénticos derechos y obligaciones. Es sintomática también la
disposición real de redactar las Actas judiciales y demás escrituras públicas en romance, al
objeto de hacerlas más inteligibles a toda la población. Y la presente copia o traslado de la
Carta real es ya un ejemplo elocuente, al ofrecerla en valenciano, en un Concejo que hasta
pocos días antes había estado bajo el gobierno de Castilla y todas sus disposiciones se habían
redactado en castellano, y el catalán les tenia que resultar una lengua extraña y desconocida.
Pues los catalanes asentados por Jaime I en Murcia en 1266, por numerosos que fueran en un
principio, treinta años después, de seguro que estaban en minoría frente a la población
castellana, llegada allí en las sucesivas repoblaciones llevadas a cabo por los monarcas
Alfonso X, su hijo Sancho IV y el propio Fernando IV, el Emplazado.
Finalmente, hay que subrayar la disposición benevolente de Jaime II a complacer en sus
demandas a los vecinos de la ciudad de Murcia, en primer lugar por estimarlas justas y
obligadas para una población heterogénea confesionalmente, pero que al ser todos subditos
suyos por un igual, no quiso discriminarlos en modo alguno, seguro de ser éste el mejor
camino para captarse desde el principio la simpatía y leal servicio de todos, consciente de que
la población mayoritaria seguían todavía integrándola en el Reino de Murcia los miembros de
las Aljamas tanto moras como judías, que pululaban con superioridad ciertamente desbor-
dante sobre los núcleos cristianos, asentados allí con posterioridad a la ocupación reciente del
año 1243 en adelante, por obra sucesiva de Castilla y a veces simultánea de Aragón, en 1266, al
menos, bajo la égida de Jaime el Conquistador.
Vid. ESTAL, J. M.del, «Confirmación de fueros a la ciudad y Reino de Murcia por Jaime II de
Aragón, 1296-1304», en Miscelánea Medieval Murciana, IX, 1982, pp. 244-247. Versión caste-
llana de la carta, original del autor, ibid., pp. 248-255, acompañada del correspondiente
comentario documental histórico.
ID., Conquista y anexión de las tierras de Alicante, Elche, Orihuela y Guardamar al Reino de
Valencia por Jaime II de Aragón (1296-1308), Alicante, 1982, pp. 359-363.
ID., El Reino de Murcia bajo Aragón (1296-1304/5), pp. 256-260 y passim.
62
FUEROS otorgados por JAIME II al REINO DE MURCIA (1296-1304)
63
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