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REVISTA PARA EL
ANÁLISIS DEL DERECHO
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Abstract
Cualquier tipo de deporte, al implicar ejercicio físico, siempre supone un riesgo para la integridad
física de quien lo practica, ya que tiene sus músculos en tensión y fuerza su cuerpo a desgastes
superiores a los habituales. La falta de hábito en la práctica deportiva incrementa las posibilidades de
lesión. En menor medida, también comporta un riesgo para quienes están a su alrededor, con quien
pueden tener cierta relación –árbitro– o ninguna –un tercero–, pues con frecuencia se utiliza para su
práctica algún tipo de pelota o balón de más o menos contundencia y, en ocasiones, se requiere el
manejo de algún instrumento adicional. Estos dos factores aumentan las posibilidades de causar un
daño a personas ajenas a la práctica del deporte o con una actitud pasiva en el mismo.
En el presente trabajo se analiza esta figura a partir de los requisitos establecidos por la doctrina para
su aplicación. En este sentido, se estudia a quién puede aplicarse la asunción del riesgo, bajo qué
requisitos y qué distinciones median en su aplicación entre los diferentes tipos de deporte. Todo ello,
a partir del estudio exhaustivo de las resoluciones judiciales sobre la materia.
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Sumario
2.3 Espectadores
4.1.1 Esquí
4.1.2 Equitación
4.2.1 Fútbol
5. Conclusiones
6. Tabla de sentencias
7. Bibliografía
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InDret 3/2005 José Piñeiro
La idea inicial que subyace en la práctica de los deportes es que existe un riesgo en la
mayoría de ellos, ya sea de sufrir un accidente entre deportistas, como en el fútbol o
baloncesto, o de sufrirlo solo, como en el esquí o en el ciclismo, y que éste es asumido de
forma voluntaria. Por tanto, la asunción del riesgo juega un papel muy importante en la
jurisprudencia deportiva, sobre todo en aquellos deportes cuyo desarrollo implica de forma
habitual caídas o golpes entre los participantes.
La asunción del riesgo es la regla más aplicada por los tribunales —en su mayoría civiles,
aunque también administrativos y penales— que resuelven supuestos de accidentes
deportivos. Así, de un total de 419 sentencias analizadas sobre responsabilidad
extracontractual en accidentes deportivos —114 SSTS, 36 SSTSJ y 269 SSAP—, 92 de ellas
aprecian asunción del riesgo —12 SSTS, 7 SSTSJ y 73 SSAP—.
Uno de los motivos de esta aplicación es que el leading case en materia de responsabilidad
civil deportiva, la STS, 1ª, 22.10.19922 (Ar. 8399) —MP: Rafael Casares Córdoba—, marcó
un punto de inflexión en esta materia, al ser la primera que reconoció la asunción del riesgo
por parte de los deportistas y además fijó una doctrina al respecto que, a partir de entonces,
ha sido seguida por la mayoría de la jurisprudencia tanto del Tribunal Supremo como de
las Audiencias Provinciales3. Los antecedentes de la sentencia son:
Durante un partido de pelota a pala José O.R. golpeó con su pala la pelota, que de rebote impactó en el
ojo izquierdo de Ricardo V.O., lo que le ocasionó su pérdida.
Ricardo V.O. demandó a José O.R. y a la “Compañía Nacional Hispánica Aseguradora, SA” y solicitó
una indemnización de 60.324,18 €.
1 Destacan por su tratamiento de la asunción del riesgo en el deporte las obras de MEDINA ALCOZ, María,
La asunción del riesgo por parte de la víctima. Riesgos taurinos y deportivos, Dykinson, Madrid, 2004, pp. 235 a
321, y de SOANE SPIEGELBERG, José Luis, “Responsabilidad civil en el deporte”, en La responsabilidad civil
profesional, Cuadernos de derecho judicial, CGPJ, Madrid, 2003, pp. 478 a 513.
2 Véanse, por todos, CAVANILLAS MÚGICA, Santiago, “Comentario a la STS de 22 de octubre de 1992:
Responsabilidad por daños ocasionados en juegos y deportes”, Cuadernos Civitas de Jurisprudencia Civil,
núm. 30, sept.—dic., 1992; GARCÍA CANTERO, Gabriel, que comenta esta sentencia en Anuario de Derecho
Civil, t. 47, fasc. 1, ene-mar., 1994, pp. 498 a 501; y SEOANE SPIEGELBERG, José Luis, “Deporte y
responsabilidad civil”, IV Congreso Nacional de la Asociación Española de abogados especializados en
responsabilidad civil y seguro, noviembre de 2004, la comenta en las pp. 5 a 14.
3 Así, lo señala la mayoría de la doctrina. Véase, por todos, ORTÍ VALLEJO, Antonio “Responsabilidad en la
explotación y práctica de actividades de riesgo”, Tratado de responsabilidad civil, coord. F Reglero, Cap. XVI,
2ª Ed., Aranzadi, 2003, pp. 1462, 1463 y 1471, donde afirma que la doctrina fijada por esta sentencia fue
“seguida invariablemente por el propio TS y por las Audiencias Provinciales”. Además, señala como precedente
remoto de la asunción del riesgo la STS, 1ª, 29.12.1984 (Ar. 6301) —MP: Mariano Martín-Granizo
Fernández—, que se limitaba a señalar el riesgo implícito a las actividades deportivas en un caso de
fallecimiento de un niño de 14 años mientras realizaba prácticas de piragüismo, que se ahogó al volcar la
piragua. Tanto las instancias previas como el propio TS condenaron al monitor y a la entidad organizadora
del curso por una negligencia clara, al no tener pala de reserva la piragua ni llevar salvavidas el menor.
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El JPI nº 1 de Bilbao estimó en parte la demanda y concedió al actor una indemnización de 12.243,21 €.
La AP de Bilbao desestimó el recurso de la demandada y estimó el de la actora, de forma que
incrementó la indemnización a 30.273,58 €.
En primer lugar, el Tribunal excluye la aplicación de la teoría del riesgo a esta actividad
deportiva aficionada, puesto que la misma se aplica a los titulares de actividades
peligrosas, que extraen un beneficio de su explotación.
En segundo lugar, afirma —y éste es el punto más relevante— que en un deporte los
participantes asumen el riesgo implícito al mismo, salvo que la conducta de los otros
participantes pueda calificarse de dolosa o culposa, hecho que no ocurre en esta sentencia,
puesto que José O.R. al golpear con la pala la pelota no podía pensar que el rebote de ésta
iba a lesionar a su compañero. En concreto, el FD 5º señala:
“Así centrada la cuestión y para comprobar si la tipificación realizada tanto por el Juzgador de instancia como el
de Apelación se acomoda a lo indicado, debe también señalarse que en materia de juegos o deportes de este tipo la
idea del riesgo que cada uno de ellos pueda implicar —roturas de ligamentos, fracturas óseas, etc.—, va ínsita en
los mismos y consiguientemente quienes a su ejercicio se dedican lo asumen, siempre claro es que las conductas
de los partícipes no se salgan de los límites normales ya que de ser así podría incluso entrar en el ámbito de las
conductas delictivas dolosas o culposas.
Lo que ha de imperar por tanto en este tipo de actividades son las reglas de prudencia que los jugadores deben
seguir, debiendo a su vez tenerse en cuenta que los actos de los deportistas en cada manifestación deportiva, aun
cuando dirigidos a lograr las más adecuadas jugadas no siempre producen el resultado perseguido, cual aquí ha
acontecido, ya que no puede extraerse la consecuencia de que en un juego como el de pelota a pala quien maneja
ésta quiera lesionar a su compañero de competición de la misma forma que tampoco se le puede exigir que la
pelota vaya siempre al lugar deseado.
Todas estas consideraciones conducen a estimar que al demandado y hoy recurrente don José O. R. no le es
imputable a título culposo o de negligencia el acto que originó la pérdida del ojo izquierdo a don Ricardo V. O.,
en cuanto tal evento no es en realidad otra cosa que una consecuencia, desgraciada y siempre sentida, de
cualquier tipo de juego, pero de responsabilidad inicialmente inimputable, lo que produce como consecuencia la
estimación del motivo y consiguientemente del presente recurso”.
Por tanto, el TS, por primera vez, aplica la asunción del riesgo y señala de forma detallada
los requisitos que deben concurrir para su apreciación4. Así entiende que quien practica un
deporte con riesgos inherentes debe asumir su concreción, siempre que el causante haya
actuado dentro de los límites normales del deporte concreto.
Un primer problema es que la asunción del riesgo linda con otras instituciones de derecho
civil, como son el caso fortuito o la culpa de la víctima. Así, el propio TS, tal como señala
BALLESTEROS5, en esta sentencia hace referencia de forma implícita al caso fortuito al
4 La STS, 3ª, 21.3.1986 (Ar. 2327) —MP: Manuel Garayo Sánchez— parece aplicar una suerte de asunción
de riesgo, al disponer que el jugador lesionado durante la celebración de un partido organizado por una
administración pública, no podía reclamar a ésta si el accidente era consecuencia de un lance del juego.
5 DÍEZ BALLESTEROS, Juan Alberto, “La asunción del riesgo por la víctima en la responsabilidad civil
extracontractual (Un estudio jurisprudencial)”, Actualidad Civil, nº 37, 9—15 de octubre de 2000, pág. 1347.
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afirmar que el accidente fue “una consecuencia, desgraciada y siempre sentida, de cualquier tipo
de juego, pero de responsabilidad inicialmente inimputable, lo que produce como consecuencia la
estimación del motivo y consiguientemente del presente recurso” (FD 5º).
En principio y pese a existir supuestos conflictivos, entre la asunción del riesgo y la culpa de la
víctima media una diferencia básica, como es la concurrencia o no de negligencia en el actuar de
la víctima6. Así, para que exista asunción del riesgo en ningún caso es necesario que la víctima
actúe de forma negligente, sino que bastará con que realice de forma voluntaria una actividad con
algún riesgo inherente y que éste se manifieste en el daño padecido. En cambio, los casos de culpa
de la víctima se caracterizan porque ésta ha actuado de forma negligente y ese comportamiento
ha sido el causante en todo o en parte del accidente7.
En mi opinión, los requisitos para la aplicación de esta regla son tres8: que la práctica
habitual del deporte comporte riesgos para la integridad física de los deportistas; que estos
riesgos sean conocidos por sus practicantes; y que se concrete el riesgo en una acción que
no exceda de los límites normales de la actividad.
Esta opinión no es más que una síntesis de los requisitos expuestos por BUSTO LAGO9 para apreciar
asunción del riesgo: participación real en la actividad en el curso de la cual se han causado los daños;
riesgo patente y de suficiente entidad como para exigir al dañado un acto de asunción o rechazo;
libertad de asumir el riesgo, es decir, el dañado debía conocer los riesgos y haberlos aceptado; y sólo
se asumen los riesgos normales de la actividad.
El primer requisito, como es obvio, es que la víctima haya participado en el deporte. Este
requisito parece no generar ningún problema, así BUSTO LAGO10 señala que la asunción del
riesgo sólo se puede oponer a quien ha tomado parte personalmente en la prueba
deportiva, de forma que no incluye “a un auxiliar de los organizadores —como un comisario de
carrera—, ni a un tercero que aporte una ayuda benévola, ni a fortiori, a un espectador, ni incluso a
un deportista que asista simplemente a un curso colectivo”. En parte esta opinión es acertada, ya
que la idea es que quienes conocen los riesgos de la actividad y los asumen libremente son
los deportistas, pero veremos como la jurisprudencia en la materia es conflictiva. Así,
analizaremos como han resuelto los tribunales los supuestos en que se ha planteado la
asunción del riesgo en los casos señalados por el citado autor.
6 Véase, en el mismo sentido, VERDERA SERVER, Rafael, “Una aproximación a los riesgos del deporte”,
InDret 1/2003, pp. 10 y 11.
7 Véase CAVANILLAS, ob. cit., pp. 955 y 956, en referencia a esta distinción.
el ámbito de la actividad deportiva”, Revista Jurídica del Deporte, nº 12, 2004, pp. 178 y 179, que entiende
que los requisitos son: participación en la actividad, riesgo patente y conocido por los jugadores, y riesgo
normal de la actividad.
9 BUSTO LAGO, José Manuel, La antijuridicidad del daño resarcible en la responsabilidad civil extracontractual,
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A mi entender, asumen los riesgos inherentes al deporte concreto, de igual forma que los
practicantes del mismo, es decir, bajo las mismas condiciones11. Así, también asumen los
riesgos patentes que el mencionado deporte implique para ellos, siempre que su concreción
se haya producido en los límites normales del deporte12.
Así, por ejemplo, el árbitro de fútbol que recibe un balonazo inintencionado de un jugador,
puesto que es conocedor que su función tiene implícitos algunos riesgos. No se entendería
en función de qué motivo cabría imputar responsabilidad al deportista que en un lance
normal del juego le causó una lesión, ni tampoco por qué se imputaría responsabilidad al
organizador del evento o al titular de la instalación, que poco pueden hacer para evitar esas
lesiones —el árbitro se pasa los 90 minutos del encuentro corriendo por el terreno de juego
entre los futbolistas—.
No obstante, no ha llegado a los tribunales ningún caso en que se haya apreciado asunción del riesgo
por parte de un auxiliar de organización, en principio, por dos motivos: el primero, es que las
probabilidades de lesión de un árbitro como consecuencia de un lance de juego son muy inferiores a la
de los jugadores, y, el segundo, que en mucha ocasiones los árbitros u otros auxiliares estarán
integrados en un colectivo o agrupación —en la mayoría de deportes, en el Comité nacional de
árbitros—, y tendrán suscrito un seguro que les cubrirá los posibles daños que sufran como
consecuencia de una lesión.
Los supuestos habituales en que los árbitros acudirán a los tribunales serán los de agresiones directas
por parte de jugadores o aficionados y lo harán ante la jurisdicción penal en reclamación de una
condena penal y de la correspondiente responsabilidad civil. Pero en estos casos ni se plantea en el
proceso la asunción del riesgo, debido a que ningún árbitro asume por el hecho de ejercer su profesión
el riesgo de ser agredido físicamente por otra persona.
En España, sólo existe un supuesto analizado por los tribunales, en el que se considera que
no existe asunción del riesgo. La SAP de León, Sección 1ª, 16.4.2001 (AC 2002\152) —MP:
Manuel García Prada— resolvió el supuesto de una cronometradora que fue arrollada por
un ciclista en la línea de meta. La AP confirma la SJPI, en el sentido de condenar a la
aseguradora del club organizador: no puede entenderse que la cronometradora asuma el
riesgo de ser atropellada por un ciclista, sino que existió negligencia del organizador por
colocarla sin ninguna protección en la zona de sprint , en la que los ciclistas desarrollaban
su máximo esfuerzo para alcanzar la meta.
asunción inculpable del riesgo impide imputar el daño tanto al causante material como al organizador de
la actividad.
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en este supuesto existió negligencia del organizador, que fue el responsable de ubicar a la
cronometradora en una zona peligrosa sin adoptar ninguna medida de protección tendente
a evitar el atropello, como, por ejemplo, colocarla detrás de una valla que evitara el
contacto con los ciclistas.
En primer lugar, no es clara la expresión utilizada por BUSTO LAGO, pero parece referirse a
los supuestos en que un deportista de forma altruista se ofrece a ayudar a otros o a
organizar un evento o a realizar labores de guía. Aquí son posibles dos supuestos
claramente diferenciados: por un lado, analizar si asume el voluntario de un evento
deportivo la posibilidad de sufrir un daño durante la realización de sus funciones, y, por
otro, qué sucede si alguien que está bajo el control del tercero sufre un daño.
Al igual que en el supuesto anterior, entiendo que, en el primer caso, los voluntarios
asumen el riesgo del mismo modo que los auxiliares de organización, si bien volvemos a
encontrarnos con una muy baja probabilidad de accidentes de este tipo. Así, en la
jurisprudencia española el único supuesto de accidente de un voluntario es el resuelto por
la STSJ Navarra, 10.6.199713 (RJ 4901) —MP: Jesús María Rodríguez Ferrero—, pero no se
aprecia asunción del riesgo, al existir una clara negligencia del club de montañismo
organizador de las labores de rescate.
José E.A. sufrió graves lesiones al caer a una sima durante el transcurso de una operación de rescate
de un montañero desaparecido días atrás en la Sierra de Aralar, organizada por el Club Aitzgorri
Mendizale Elkartea, de forma paralela a la búsqueda organizada de forma oficial por SOS Navarra. El
JPI nº 4 de Pamplona (27.2.1996) estima la demanda y concede a la tutora de José E.A. 300.506,05 € a
pagar por el mencionado club y por su aseguradora. El TSJ confirma la SJPI: existió una negligencia
manifiesta del club demandado, que organizó una batida por su cuenta y por los lugares de más difícil
acceso a la Sierra de Aralar, a la que convocó a socios de otras entidades deportivas sin entregarles
planos de la zona o poner a guías expertos que facilitaran las labores de rescate.
El segundo supuesto plantea mayores problemas, ya que debe analizarse hasta qué punto
asumen los riesgos de un posible accidente los deportistas que están bajo el control de un
tercero que de forma altruista ha asumido la función de guía del grupo. En estos casos, no
existe una solución unívoca, pues dependerá de las circunstancias del mismo y, sobre todo,
de las funciones asumidas por el tercero.
El supuesto típico aparece en el montañismo con la figura de los guías benévolos14, que son
los montañistas que asumen la dirección del grupo o cordada sin retribución, ya sea por su
experiencia o por elección entre los miembros. En principio, ellos tienen funciones de
organización y de dirección de la escalada, como son la elección de la ruta a seguir y el
13 Comentada por DÍAZ ROMERO, María del Rosario, “La responsabilidad civil extracontractual de los
deportistas”, Anuario de Derecho Civil, t. 53, fasc. 4, oct.—dic., 2000, pp. 1522 y 1523, al analizar la
responsabilidad de los organizadores sin ningún tipo de contrato deportivo con los participantes.
14 Véase al respecto, SEOANE, ob. cit., 2003, pp. 530—532, en que analiza esta figura y comenta la SAP
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Un buen ejemplo puede verse en la SAP Vizcaya, Sección 5ª, 15.3.199915 (AC 881) —MP:
Leonor Ángeles Cuenca García— sobre responsabilidad de montañero experto y federado
por accidente de otro participante que era la primera vez que escalaba16.
El experto que ha asumido funciones de guía responde del daño sufrido por alguno de los
que están a su cargo. La clave está en determinar en qué supuestos alguien asume
funciones de guía y, por tanto, también de salvaguardia del resto de miembros del grupo.
Un indicio es el de la retribución, aunque como hemos visto en el caso anterior, pese a no
existir compensación económica, también se entiende que tenía la función de velar por la
seguridad del resto y, por tanto, se le hace responder.
Un caso claro de deportista experto que acompañaba a un grupo de jinetes, pero sin asumir
funciones de guía lo ofrece la SAP Cantabria, Sección 4ª, 8.3.2001 (JUR 185119) —MP:
María José Arroyo García—.
Varias personas alquilaron en la Cuadra Furiol sendos caballos para dar un paseo, en el cuál fueron
acompañados por un jinete experto, que se ofreció a acompañarles para hacer un recorrido por el
monte y luego por la playa. Al terminar el paseo por el monte, dos jinetes se separaron del grupo y se
dirigieron a la playa a galope, donde cayó uno de ellos. El JPI nº 2 de Laredo estima en parte la
demanda y condena a los propietarios de la cuadra y al jinete experto al pago de 10.061,68 € aplicando
el art. 1905 CC. La AP estima los recursos de apelación de los condenados, revoca la SJPI y desestima
la demanda: la aplicación que realiza el JPI del art. 1905 CC es errónea, ya que esa responsabilidad va
15 Comentada por MORENO, Javier, “Estudio de la sentencia AP Bizkaia 15-3-1999”, Espeleolex, 16.12.1999,
que destaca la importancia de los equipos de rescate y de los peritos para determinar las causas de los
accidentes de montaña, de forma que se facilita la resolución de los juicios por parte de los tribunales.
16 ORTÍ, ob. cit., 2003, pág. 1469, deja entrever que la condena al montañero experto se debe en parte a la
existencia de un seguro, ya que será la aseguradora quien cargará con los costes del accidente.
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ligada a la efectiva posesión del animal y no a su mera propiedad, de forma que en el presente caso el
poseedor a los efectos de la aplicación del citado artículo era la propia víctima. Lo interesante del fallo
es que afirma la asunción del riesgo de montar a caballo por parte de la víctima y que no existe
ninguna responsabilidad del jinete experto, ya que no era guía de la cuadra, sino que sólo se prestó a
acompañarles, pero en ningún caso asumió las funciones de guía.
2.3 Espectadores
Los tribunales han analizado en diversas ocasiones hasta qué punto un espectador asume
riesgos al presenciar un evento deportivo. A mi parecer, lo lógico es que el espectador no
asuma ningún riesgo, puesto que quien acude a presenciar un deporte lo hace con la
confianza de que el organizador habrá adoptado las medidas de seguridad necesarias17. No
obstante, existe una importante matización a la regla general: como es obvio, si el
espectador es negligente y se coloca en un sitio prohibido o más peligroso, entonces será
posible apreciar culpa exclusiva de la víctima o concurrencia de culpas en función del caso.
Concurrencia de culpas: la citada STS, 1ª, 27.6.2001 (Ar. 5087) —MP: Ignacio Sierra Gil de la
Cuesta—, en un supuesto de atropello de dos espectadoras en un rally que se colocaron en una zona
peligrosa, pese a ser advertidas de dicho extremo por uno de los vigilantes de la prueba, pero que no
se lo impidió; y la STS, 1ª, 19.11.1999 (Ar. 8291) —MP: José Menéndez Hernández—, caída de un
espectador en el campo del Betis, que se había subido al muro que separa el graderío del foso. Tanto el
JPI nº 9 de Sevilla (24.5.1994) como la AP de Sevilla (Sección 5ª, 21.2.1995) desestiman la demanda
contra el “Real Betis Balompié, SAD” y la Real Federación Española de Fútbol. El TS revoca la SAP y
condena a los demandados ex arts. 63 y 69 de la Ley 10/1990, de 15 de octubre, del Deporte —en
adelante, LD— a pagar 24.040,48 €.
Culpa exclusiva de la víctima: la SAP Huesca, Sección Única, 18.1.1999 (AC 3044) —MP: Gonzalo
Gutiérrez Celma—, resolvió un caso en el que, en una prueba ciclista celebrada en un circuito urbano
en Monzón debidamente señalizado, un espectador entró en el mismo mientras se desarrollaba la
prueba para buscar a su sobrino y fue atropellado por un ciclista. Tanto el JPIeI de Monzón como la
AP desestiman la demanda, al apreciar culpa exclusiva de la víctima; y la SAP Guadalajara (Penal),
3.6.1996 (ARP 409) —MP: Víctor Manuel Sanz Pérez—, en un caso muy similar pero resuelto en vía
penal: triatlón celebrado en un circuito urbano en Guadalajara, que había sido precintado con una
doble cinta de plástico, y en el que una espectadora de 70 años de edad levantó las cintas de plástico
para cruzar la calle cuando pasaba un ciclista por la zona, de lo que fue avisado por otros vecinos,
pero no oyó las advertencias, y fue arrollada por el ciclista, causándole graves lesiones que le
provocaron la muerte pocos días después. El JI nº 1 de Guadalajara condena a los imputados y la AP
revoca la SJI, al entender que no existe una negligencia suficiente para una condena penal, pero prevé
la reserva de acciones civiles a los perjudicados.18.
17 Véanse, en el mismo sentido, SEOANE, ob. cit., 2003, pág. 501; MEDINA, ob. cit., pp 236 y 237; ORTÍ, ob. cit.,
2003, pp. 1474 y 1475; y DÍEZ, ob. cit., pág. 1358.
18 A mi entender, éste es un caso claro de culpa exclusiva del espectador, de forma que en sede civil
también sería desestimado, ya que el circuito estaba debidamente señalizado y la única causa del accidente
fue el comportamiento negligente de la víctima de entrar en el circuito mientras se desarrollaba la prueba
y sin percatarse de la presencia de un ciclista.
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No obstante, en la doctrina hay opiniones diversas, así DÍAZ19 entiende que normalmente
los espectadores asumen los riesgos derivados de presenciar un evento deportivo y que a
mayor peligrosidad del deporte mayor riesgo asumen20; pero, a su vez, matiza la anterior
expresión diciendo que en algunos casos se aplica la teoría del riesgo, de forma que quien
crea un riesgo con una actividad debe cargar con sus consecuencias.
Niño de 5 años que, mientras presenciaba una exhibición de taekwondo, recibió el impacto en el ojo
izquierdo de una astilla de un palo empleado por uno de los deportistas, lo que le comportó la
pérdida de visión de ese ojo. Los padres del menor demandan a Manuel B.M.—no se detalla si es el
organizador del evento o el titular de las instalaciones— y solicitan 54.595,94 € de indemnización. El JPI de
San Clemente desestima la demanda. La SAP de Cuenca (19.6.1993) estima el recurso, revoca la SJPI y
estima íntegramente la demanda. El TS confirma la SAP: no existe caso fortuito, puesto que el suceso
no era imprevisible ni inevitable, ya que lo que sucedió es que las medidas protectoras de los
espectadores eran insuficientes y que la resistencia de los palos tampoco era la necesaria para evitar
que se desprendieran trozos tras ser golpeados con violencia.
No obstante, esta sentencia merece una doble crítica21, ya que parece que aplique una
responsabilidad objetiva22 a Manuel B.M., al ser difícil concretar la negligencia afirmada
por el TS —¿qué medida de protección evitaría que una astilla pudiera llegar a los
aficionados? o ¿qué tipo de madera no desprende en ningún caso astillas tras ser golpeada
con fuerza?— y, además, afirma que el menor no estaba en las gradas del polideportivo,
sino en un lugar bastante más próximo a la pista, pero no analiza las consecuencias de este
19 Ob. cit., pp. 1487 a 1491. De una forma similar se pronuncia DÍEZ, ob. cit., pág. 1356, que afirma que “[S]e
puede cuestionar razonablemente, en los casos de asistencia a arriesgadas prácticas deportivas, si los espectadores han
asumido el riesgo de un posible perjuicio o no”.
20 En mi opinión, la peligrosidad del deporte no influye en la asunción del riesgo por parte de los
espectadores, sino en que se exponen a un mayor riesgo, es decir, tanto el espectador de una prueba
automovilística como el de un partido de fútbol no asumen ningún riesgo, si su comportamiento es
diligente, ya que ambos confían en que los organizadores hayan adoptado las medidas de seguridad
necesarias para evitar que sufran daños. De una forma similar, se pronunciaba ORTÍ, ob. cit., 2002, pág.
1373, nota 8; aunque cambió de opinión y, posteriormente, siguiendo a DÍEZ, afirmó que “la asistencia a
determinadas exhibiciones deportivas comporta un riesgo que se ha de suponer que lo acepta voluntariamente el
espectador” (ob. cit., 2003, pág. 1475).
21 Para DÍAZ, ob. cit., pp. 1490 y 1491 la resolución del caso es correcta, ya que el demandado fue negligente
al no adoptar las medidas de seguridad necesarias para evitar daño. A mi parecer, la citada autora se
equivoca al afirmar que se condena al “deportista”, ya que a pesar de que la sentencia omite qué rol ejerce
Manuel B.M., se deduce que es el encargado de velar por la seguridad de los espectadores. Me cuesta
entender que pudiera condenarse a un deportista, porque la madera que utilizó no era de la mejor calidad
y podían saltar astillas tras ser golpeada con fuerza.
22 MEDINA, ob. cit., pág. 311, considera que era aplicable un régimen de responsabilidad objetiva o la teoría
del riesgo al presente caso: al ser la actividad intrínsicamente peligrosa el organizador respondía de los
daños causados a los espectadores sin necesidad de apreciar culpa. De forma que se hubiera evitado
condenar al organizador por una negligencia inexistente.
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hecho23. Así, en función de las circunstancias del caso, podría haberse apreciado culpa de
los padres por haberle dejado ponerse ahí o del organizador por no controlar que todos los
espectadores estuvieran en la grada.
ORTÍ24 señala que, a pesar de que la sentencia condena con base en un criterio de culpa, realmente,
aplica un régimen cercano a la responsabilidad objetiva, ya que exige una diligencia muy elevada,
invierte la carga de la prueba y considera que el organizador de la competición creó un riesgo.
Esta falta de asunción del riesgo por parte de los espectadores también ha sido
ampliamente afirmada por las AAPP. Destacan los siguientes casos:
SAP Barcelona, Sección 4ª, 16.12.2004. —MP: Mireia Ríos Enrich—: espectadora de una exhibición
de karts en un circuito cerrado que fue atropellada por un kart que se salió de la pista. El JPI nº 1 de
Esplugues de Llobregat estima en parte la demanda y condena al club y a su aseguradora a pagar
20.898,31 €. La AP incrementa la indemnización a 33.368,8 €: la organización del evento debía adoptar
las medidas de seguridad oportunas para que los espectadores no sufrieran daños, hecho que no
realizó. Además, confirma la absolución del piloto, ya que en una celebración deportiva los
participantes no conducen de forma prudente, sino de forma arriesgada.
SAP Sevilla, Sección 5ª, 23.12.1999 (AC 2000\302) —MP: Conrado Gallardo Correa—: espectador
menor de edad que, mientras presenciaba un partido de fútbol del Sevilla FC en su estadio detrás de
una portería en una zona de localidades a pie, fue empujado y cayó al suelo al producirse una
avalancha tras marcar un gol el Sevilla. El JPI nº 15 de Sevilla (2.11.1998) condena al Sevilla Fútbol
Club, SAD y a su aseguradora a pagar 22.961,32 €. La AP incrementa la indemnización a 24.764,36 €:
“[L]o que es absolutamente inadmisible es la pretensión, un tanto insólita, de que quien adquiere una
determinada entrada para ver un partido de fútbol, asume el riesgo de verse lesionado por una avalancha de
público. Quien acude a ver ese espectáculo o cualquier otro lo hace en la lícita confianza de que los organizadores
del mismo garantizan su normal desarrollo y disfrute sin riesgo alguno para los espectadores que cumplen las
indicaciones del empresario y las normas que afectan al mismo” (FD 3º). En segundo lugar, afirma que la
responsabilidad del club deriva del art. 63 LD, ya que pese a que aún estaba en plazo para remodelar
la zona y poner todas las localidades con asiento, durante el transcurso de ese plazo debería haber
aumentado las precauciones para evitar las avalanchas, máxime cuando éstas eran habituales.
SAP Cantabria, Sección 2ª, 16.4.2003 (JUR 204185) –MP: Ernesto Saguillo Tejerina–: un defensa
despejó el balón con fuerza y éste impactó en Miguel Ángel, que presenciaba el encuentro. Tanto el JPI
nº 8 de Santander (19.10.2001) como la AP desestiman la pretensión del actor. Así, la AP señala que
“deben calificarse como mínimos los riesgos que asume un simple espectador que asiste a presenciar un
encuentro de fútbol; sin embargo, éstos no son totalmente inexistentes puesto que el balón sale con frecuencia del
campo por la línea de banda o de fondo, puede hacerlo con mayor o menor fuerza e impulsado desde la lejanía o
23 Sí lo hace DÍAZ, ob. cit. pág. 1491, pero en mi opinión sin examinar el verdadero problema, esto es, quién
era el responsable de que el menor no estuviera presenciando la exhibición desde las gradas. En opinión
de MEDINA, ob. cit., pág. 310, nota 228, al tratarse de una exhibición de taekwondo, el no estar en las gradas
no tiene relevancia para apreciar asunción culpable del riesgo —concurrencia de culpas—.
24 Ob. cit., 2002, pág. 1374.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
desde un punto cercano; ello es conocido por cualquier espectador que asume voluntariamente esos riesgos
derivados de la asistencia a un partido de fútbol” (FD 3º).
SAP Las Palmas, Sección 5ª, 21.1.2003 (JUR 238006) —MP: Manuel Novalvos Pérez—: un delantero
local golpeó el balón con fuerza y su lanzamiento salió desviado hacia el graderío, golpeando a una
aficionada de la Unión Deportiva Las Palmas, SAD. Tanto el JPI nº 7 de Las Palmas de Gran Canaria
(17.1.2002) como la AP desestiman la demanda. La AP afirma que “es un hecho notorio y conocido para
cualquier persona que alguna vez haya visto un partido de fútbol [...], que en numerosas ocasiones a lo largo de
un partido el balón vaya a parar a la grada (y por ende, al público que está en ella), normalmente sin ninguna
consecuencia para el que finalmente lo sufre, a consecuencia de un chut desviado o de cualquier otro lance del
juego. Y es conocido igualmente que ello se produce con mucha mayor frecuencia y con mucha mayor intensidad
en las localidades de las gradas sitas detrás de las porterías, pues esta es la dirección que llevan la mayor parte de
los desplazamientos de balón que con la intención de meter gol los equipos efectúan a lo largo de un partido. Por
lo tanto todo espectador que acude a un estadio de fútbol, y más los que se sientan detrás de las porterías asumen
el hecho de que el balón pueda ir a parar a la localidad desde la que contemplan el partido e incluso que pueda
llegar a impactarles con mayor o menor fuerza” (FD 3º).
Cfr. con SAP Madrid, Sección 11ª, 11.4.2003 (AC 1386) —MP: Fernando Delgado Rodríguez—: socio
del Real Madrid, CF con abono anual, que recibió un balonazo mientras presenciaba un encuentro. El
JPI nº 20 de Madrid (25.10.2001) desestima la demanda, pero la AP revoca la SJPI y concede una
indemnización de 18.120,09 €: a pesar de que el Real Madrid, CF cumplía la normativa y la
reglamentación vigente, que no exigían poner redes detrás de las porterías, su actuación fue
negligente, ya que no fue suficiente para evitar el daño. Aplica el art. 63 LD, que responsabiliza a los
organizadores y a los propietarios de instalaciones deportivas de los daños que se produzcan en los
recintos en que se desarrollan las competiciones.
Tal como se aprecia del conjunto de sentencias relativas a la asunción del riesgo por parte
de espectadores, esta materia reviste cierta complejidad. Dejando de lado los supuestos en
que pueda existir culpa exclusiva de la víctima y los de negligencia clara del organizador o
del titular de las instalaciones, no creo que pueda afirmarse ni que en todo caso los
espectadores asuman el riesgo de presenciar un evento deportivo ni lo contrario. No
obstante, sí que se pueden señalar aquellos criterios que se utilizan para adoptar una u otra
solución. De inicio, el espectador no negligente que presencia una actividad deportiva no
asume ningún riesgo25, pero dependerá de las circunstancias del caso:
• Es más habitual que un espectador asuma riesgos en acontecimientos gratuitos que en onerosos, pues
se entiende que si existe un organizador que se lucra de la actividad también tiene que velar con
mayor celo por la seguridad de los espectadores o, lo que es lo mismo, que la compra de la entrada
por parte del espectador es un contrato atípico de exhibición deportiva que obliga al organizador a
velar por la seguridad de los espectadores26.
• Cuanto más probable y conocido por los espectadores el riesgo, menor probabilidad de apreciar
asunción del mismo, puesto que implicará que ese riesgo también era conocido por el organizador y
que, por tanto, debería haber adoptado las medidas oportunas para evitarlo.
• Si el daño es causado por un deportista, es más fácil apreciar asunción del riesgo que si es generado
por otro espectador, ya que en el primer caso lo normal será una actuación diligente y en el segundo
negligente.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
Destaca el análisis dogmático realizado por MEDINA27 sobre los daños causados a un
espectador pasivo por un comportamiento diligente del deportista —v. gr. balón despejado
por un jugador que impacta en un espectador—, puesto que éste es el supuesto que genera
mayores conflictos: debe dirimirse si existe responsabilidad del causante —en mi opinión,
del organizador o titular del recinto— o el daño lo soporta el espectador. En su opinión28, la
solución depende del régimen de responsabilidad aplicable al caso, así si se aplica un
criterio de culpa, éste sería un supuesto de caso fortuito que debería soportar la víctima; en
cambio, si se aplica la teoría del riesgo, estaríamos ante una fuerza mayor intrínseca y
existiría responsabilidad civil29.
La idea me parece correcta, sin embargo, no comparto su conclusión para el caso en que se aplicara la
teoría del riesgo. MEDINA30 señala en este caso una triple solución para determinar al posible
responsable, sin pronunciarse a favor de ninguna de ellas31: el deportista —causante material—; el
organizador de la competición —club de pertenencia del jugador o conjunto de clubes, es decir, la
federación—; y ambos, deportista y organizador.
A mi entender, el deportista no responderá en ningún caso si ha actuado de forma diligente, sino que
quien deberá cargar con los costes del accidente será normalmente quien extrae un beneficio de esa
actividad, que variará en función del caso entre el organizador de la competición, el titular del recinto
y el club del jugador. Así, en el supuesto citado de balonazo de un jugador a un espectador en un
partido de una competición, no responde el club al que pertenezca aquél, sino el club titular del
estadio, por ser quien extrae el mayor beneficio del encuentro.
En relación con esta teoría, merece la pena destacar el análisis realizado por ORTÍ32, que
aboga en los casos de daños a espectadores o a terceros por aplicar un sistema de
responsabilidad objetivada mediante la teoría del riesgo, la presunción de culpa o la
inversión de la carga de la prueba.
31 Ibidem, aunque, posteriormente, afirma como mejor solución la de hacer responder al organizador y, en
33 Tal como señala ORTÍ, ob. cit., 2003, pág. 1475, pese a estar previstos para los daños producidos por la
violencia en eventos deportivos, su tenor literal permite incluir también los daños sufridos por los
espectadores como consecuencia del desarrollo normal del deporte.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
comportó que parte de la doctrina cambiara su opinión sobre cuál era el régimen previsto
por estos artículos34. Así, su redacción actual es la siguiente:
Art. 63.1 “Las personas físicas o jurídicas que organicen cualquier prueba, competición o espectáculo deportivo
de ámbito estatal o los eventos que constituyan o formen parte de dichas competiciones serán responsables de los
daños y desórdenes que pudiera producirse por su falta de diligencia o prevención35 todo ello de conformidad
y con el alcance que se prevé en los Convenios Internacionales sobre la violencia deportiva ratificados por
España. Esta responsabilidad es independiente de la que pudieran haber incurrido en el ámbito penal o en el
puramente deportivo como consecuencia de su comportamiento en la propia competición”.
Art. 69. 1. “Los organizadores y propietarios de las instalaciones deberán garantizar las necesarias medidas de
seguridad en los recintos deportivos, de acuerdo con lo legal y reglamentariamente establecido al efecto”. 2. “El
incumplimiento de las prescripciones y requisitos en esta materia dará lugar a la exigencia de responsabilidades
y, en su caso, a la adopción de las correspondientes medidas disciplinarias”.
Con anterioridad a la modificación por parte de la Ley 53/2002, ORTÍ36 señalaba que el art.
69 LD preveía una responsabilidad por negligencia, mientras que el art. 63 establecía una
responsabilidad objetiva, y esta contradicción podía salvarse entendiendo “que del daño que
sufre un espectador en un recinto deportivo o en una competición causado por la actividad deportiva
o por las instalaciones, responden el propietario de aquél, el organizador y los clubes participantes,
salvo culpa de la víctima. Estamos, por tanto, ante un supuesto de responsabilidad objetiva”. Sin
embargo, con posterioridad a la citada modificación, el mismo autor37 señala que el
régimen previsto por ambos artículos es el de culpa.
Tal como hemos visto, ORTÍ antes creía que el espectador tenía derecho a reclamar una
indemnización salvo en los casos de culpa exclusiva de la víctima, pero en la actualidad
afirma que debe soportar el accidente si no media culpa del organizador o titular. Sin
embargo, afirma38 que “[e]l carácter culposo de la responsabilidad resultante de la reforma de la
Ley del Deporte, claramente favorecedor de los organizadores de espectáculos deportivos, creemos
debe compensarse favoreciendo a las víctimas con la inversión de la carga de la prueba39, en el
sentido de que sean los organizadores y titulares de los recintos los que hayan de demostrar su no
culpa”.
34 MEDINA, ob. cit., pp. 302-306 analiza en detalle esta modificación y los cambios de opinión doctrinales
consiguientes.
35 Antes de ser modificado por la Ley 53/2002, el artículo extendía la responsabilidad a los clubes que
39 MEDINA, ob. cit., pág. 306, señala que los tribunales aplicarán la inversión de la carga de la prueba e,
incluso, la institución del agotamiento de la diligencia debida para apreciar responsabilidad de los
organizadores y titulares en estos casos.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
Por tanto, la opinión de este autor no ha variado tanto, puesto que respalda la aplicación de
la teoría del riesgo40, de forma que los organizadores y titulares se someterían a un régimen
más cercano al objetivo que al de culpa.
Comparto la opinión de ambos autores, de modo que en una competición organizada los
espectadores pasivos no deberían asumir ningún riesgo; no obstante, debe tenerse en
cuenta que, tal como se ha indicado, existen sentencias que entienden lo contrario —sin que
se tratara de espectadores de prácticas deportivas aficionadas—. De ahí, la utilidad de los
criterios antes señalados como indicadores de la probabilidad de que los tribunales
aprecien o no asunción del riesgo tanto para supuestos de práctica deportiva organizada
como aficionada.
Por último, señalar que si normalmente el espectador no asume riesgos, en ningún caso lo
hará el tercero ajeno a la práctica deportiva. Si la actividad del tercero ha sido pasiva y
diligente, deberá responder el causante del accidente o el organizador del evento o titular
del recinto, en función de si el motivo de aquél fue una negligencia del deportista o una
falta de medidas de seguridad.
Sólo en supuestos de práctica aficionada en que el deportista actúe de forma diligente, podrá llegar a
entenderse que el tercero debe cargar con los costes del accidente, aunque lo normal será que se
condene al causante con base en la falta de agotamiento de la diligencia debida.
STS, 1ª, 8.3.2002 (Ar. 1912) —MP: Jesús Corbal Fernández—: Patricia G.N. de 16 años, mientras
estaba sentada en un banco de un jardín municipal, recibió un fuerte golpe en la cara de un balón
golpeado por Mariano M.Q. de 17 años, que estaba jugando a fútbol con amigos. El impacto le
ocasionó la pérdida de visión casi total del ojo derecho. La SJPI nº 3 de Chiclana de la Frontera
(29.12.1995) desestima la demanda. La SAP de Cádiz (Sección 5ª, 10.7.1996) revoca la SJPI y condena al
menor y a sus padres a pagar 60.101,21 €. El TS confirma la SAP: la actuación del menor fue
negligente, tal como lo demuestra el hecho de que estaba jugando a fútbol con unos amigos en un
lugar poco idóneo, como era un jardín público, donde había cerca otras personas. Además, al tener 17
años tenía capacidad suficiente para conocer los riesgos derivados de su actuación.
También existen varios fallos de AAPP sobre la materia en que se condena a los titulares de las
instalaciones deportivas por actuación negligente: la SAP Madrid, Sección 18ª, 11.10.2000 (JUR
312989) —MP: Jesús Rueda López— condena a la entidad explotadora de un club de golf y a su
aseguradora por los daños sufridos por un menor de edad, que recibió el impacto de una pelota de
golf en su cabeza mientras estaba en las instalaciones del club; y la SAP Cádiz, Sección 2ª, 10.3.1998
(AC 6400) —MP: Lorenzo del Río Fernández— condena a Bowling, SL y a su aseguradora a pagar
10.766,96 € por los daños sufridos por un menor que, mientras jugaba a una máquina recreativa, fue
golpeado por un bolo que se había salido de la pista.
En cambio, se aprecia concurrencia de culpas si el tercero ha actuado de forma negligente. Así, lo hizo
la STS, 1ª, 27.5.1997 (Ar. 4142) —MP: Francisco Morales Morales—: menor, de 4 años, que estaba
40 Ibidem, comparte esta opinión y critica la modificación del art. 63 LD por haber establecido una
responsabilidad por culpa y no haber establecido el riesgo como factor de atribución de responsabilidad.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
junto a sus padres en una marisquería en la que había una pista de bolos y puso la cabeza sobre el
canalón por el que pasaba la bola, que le golpeó, causándole la pérdida del ojo izquierdo y la pérdida
funcional del 30% de la pierna y brazo derechos. La pista de bolos estaba protegida por una red de
nylon a lo largo de su extensión. La madre del menor demanda a los propietarios del local, al de la
pista de bolos y al jugador y solicita una indemnización de 206.864,47 €. Tanto el JPI de Aranjuez
como la AP de Madrid (Sección 12ª) y el TS condenan a los demandados, menos al jugador de bolos a
pagar 103.432,24 €, al apreciar concurrencia de culpas de los padres en un 50%, aunque discrepan en el
reparto del pago de la indemnización entre el propietario de la pista y los propietarios del local.
Supongo que en este apartado el profesor BUSTO LAGO señala la falta de asunción del
riesgo, porque sostiene que los alumnos de un curso deportivo están bajo la vigilancia del
profesor que debe velar por que no padezcan lesiones. No obstante, dependerá de las
circunstancias del caso y en la mayoría de ellos, si el deporte comporta un riesgo y el
profesor no ha incrementado éste durante la clase, se entenderá que los alumnos lo
asumen. Veamos algunos ejemplos en uno y otro sentido:
Existen muchos supuestos de accidentes durante la realización de clases en los que se aprecia
asunción del riesgo del alumno. Posiblemente, los dos deportes en que es más fecunda esta
jurisprudencia son la equitación y el esquí, cuyos cursos normalmente son de pequeños grupos o
individuales. No obstante, también existen casos de cursos colectivos en otros deportes en los que se
ha apreciado asunción del riesgo de algún participante.
En primer lugar, debe citarse la SAP Valladolid, 21.9.1994 (AC 1397) —MP: Jesús Manuel Sáez
Comba—, que fue la primera sentencia que apreció asunción del riesgo en un curso deportivo, en
concreto, en un curso de parapente en el que una alumna sufrió lesiones en el tobillo mientras
realizaba un ejercicio de tracción por poleas a unos metros del suelo. El accidente fue consecuencia de
un error de la alumna al realizar el ejercicio sin que existiera ningún tipo de negligencia ni del director
del club que realizaba el curso ni del organizador del mismo. Esta sentencia fue recurrida ante el TS,
que la confirmó mediante la STS, 1ª, 14.4.1999 (Ar. 3140) —MP: Jesús Marina Martínez-Pardo—.
En lo referente a accidentes en cursos de equitación, los tribunales entienden que existe asunción del
riesgo siempre que el organizador del curso o el profesor no incrementen el riesgo de caída y que el
caballo y su montura estén en perfectas condiciones. Algunos ejemplos son:
STS, 1ª, 24.11.2004 (Ar. 7248)—MP: Jesús Corbal Fernández—: alumna que sufrió una caída mientras
recibía clases de equitación junto a otro alumno y bajo la vigilancia de un monitor. En las tres
instancias —SJPI nº 35 de Barcelona (3.3.1997), SAP de Barcelona, Sección 14ª (30.6.19998) y TS— se
desestiman las pretensiones de la actora, ya que no eran aplicables los arts. 1902 y 1905 CC y no se
apreció responsabilidad del titular de las instalaciones, al ser adecuadas tanto las condiciones del
curso como las del caballo.
STSJ Castilla y León (Sala de lo contencioso administrativo, Sección Única) 16.10.2001 (JUR
2002\30719) —MP: Santos Honorio de Castro García—: durante un curso de equitación organizado
por una Escuela Municipal una amazona cayó al suelo al tropezar su caballo. Tanto la Comisión
Municipal de Gobierno de León (resolución de 1.7.1997) como el TSJ desestiman la solicitud de
indemnización, al entender que el daño no es antijurídico, pues la amazona asume los riesgos de
montar a caballo. La práctica de la hípica implica riesgos de daño por caída del jinete, que no originan
“acción indemnizatoria contra el dueño del animal, al tratarse de un riesgo asumido voluntariamente por quien
practica la actividad peligrosa, y ello siempre que no se haya producido una anormal intensificación del riesgo
típico por causas imputables a otros” (FD 5º).
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InDret 3/2005 José Piñeiro
SAP Zaragoza, Sección 5ª, 19.12.2000 (JUR 2001\54611) —MP: Juan Ignacio Medrano Sánchez—:
alumna que sufrió una caída durante la clase de equitación, que se realizaba bajo la vigilancia de un
monitor y consistía en dar vueltas en círculo en una instalación cerrada. La SJPI nº 15 de Zaragoza
(19.12.2000) condena al propietario de las instalaciones a pagar 3.173,34 €, pero la SAP revoca la SJPI y
desestima la demanda: no se acreditó ninguna negligencia ni del propietario del establecimiento ni del
monitor –salvo la de no llevar el casco obligatorio pero que no tuvo relevancia en el accidente–, ya que
el caballo era dócil y la clase se realizó en un lugar cerrado y bajo la vigilancia de un monitor.
SAP Alicante, Sección 4ª, 7.4.1998 (AC 4494) —MP: José Luis Ubeda Mulero—: alumno que cayó del
caballo durante una clase de equitación impartida por un monitor. Tanto el JPI nº 5 de Alicante
(10.11.1994) como la AP desestiman la demanda: el accidente se produjo sin mediar ninguna
negligencia del monitor ni existir ninguna anomalía en las condiciones del caballo.
Sin embargo, si el riesgo de caída se ha visto incrementado por la negligencia del profesor o por las
condiciones del caballo, los tribunales no dudan en condenar normalmente al titular de las
instalaciones o al arrendador del caballo
SAP Salamanca, 19.11.1998 (AC 2127)— MP: Fernando Nieto Nafria—: una de las primeras clases
para aprender a montar se realizó en campo abierto, con un caballo a galope poco adiestrado y sin
casco, lo que provocó que la alumna cayera y sufriera un traumatismo cráneo encefálico y otras
lesiones. El JPI nº 6 de Salamanca (22.6.1998) condena al propietario de la escuela y a su aseguradora a
pagar 104.518,24 €. La AP reduce la indemnización a 82.763,56 €: la responsabilidad del propietario de
la escuela de hípica era clara, ya que las condiciones de la clase a una alumna inexperta eran
manifiestamente inadecuadas, pero redujo la partida indemnizatoria concedida por secuelas y daños
morales y consideró que existía concurrencia de culpas de la víctima en un 10%41.
Por su parte, los accidentes en cursos de esquí destacan porque en tres de ellos fueron los tribunales
penales los que resolvieron el caso. Al igual que sucede en la equitación, si el profesor no ha
incrementado el riesgo de accidente, se entiende que el alumno asume el riesgo de caerse mientras
aprende esquiar. Así lo afirman la SAP Girona (Penal), Sección 3ª, 19.11.2004 (JUR 2005\12459) —
MP: Adolfo García Morales—: caída de menor sin que le saltara la fijación, lo que le provocó un
fuerte dolor de rodilla. El monitor hizo que intentara continuar y viendo que no podía lo bajó en
brazos hasta pie de pista sin avisar a los servicios médicos. Al día siguiente los padres llevaron al
menor al médico, que le diagnosticó rotura total del ligamento cruzado anterior de la rodilla
izquierda. La AP revocó la SJPIeI Único de Puigcerdà, que condenaba al monitor como autor de una
falta de lesiones, al no haberse acreditado una imprudencia exigible penalmente, sino sólo una culpa
levísima; la SAP Huesca (Penal), Sección Única, 9.4.2002 (JUR 153911) —MP: Gonzalo Gutiérrez
Celma—: caída de alumno tras perder el control mientras bajaba al lado del monitor, cuya actuación
fue diligente al elegir una pista adecuada a los conocimientos de la víctima; la SAP Granada (Penal),
Sección 2ª, 31.10.2001 (JUR 2002\34551) —MP: Eduardo Rodríguez Cano—: fallecimiento de menor
que estaba esquiando en una pista de principiantes junto a amigos bajo la supervisión de un monitor,
y se cambió a una pista de mayor desnivel, en la que perdió el control de los esquís y se estrelló fuera
de pistas con unas piedras; y la SAP Girona, Sección 2ª, 2.2.1996 (AC 440) —MP: José Isidro Rey
Huidobro—: fallecimiento de esquiadora en curso de perfeccionamiento en la estación de esquí de
Vallter 2000 al perder el equilibrio y golpearse la cabeza con la pista, que estaba en perfecto estado.
Por lo que respecta a cursos colectivos, los casos más destacados son:
41En mi opinión, tal como indica DÍEZ, ob. cit., pág. 1355, es un error claro la apreciación de concurrencia
de culpas, ya que en el presente supuesto existió una negligencia clara del propietario de la escuela de
hípica que incrementó el riesgo de caía, de forma que no podía apreciarse asunción del riesgo de la
víctima. El tribunal se limita a indicar “menos un 10% por la libre aceptación por la perjudicada del
manifiesto riesgo que implica siempre la actividad ejercida” (FD 6º).
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InDret 3/2005 José Piñeiro
STSJ Comunidad Valenciana (Sala de lo contencioso administrativo, Sección 3ª) 30.6.2004 (JUR
2005\1745) —MP: Luis Manglano Sada—: alumna que sufre una caída en un curso de aeróbic
organizado por el Ayuntamiento de Canals en el pabellón municipal. El día del accidente la pista
estaba húmeda al haberse limpiado poco antes, ante lo cual la monitora propuso acudir a otras
dependencias, pero el grupo insistió en quedarse en el pabellón, de forma que, tras esperar unos
minutos, comenzaron la actividad quedando aún una pequeña parte húmeda. Tanto el Ayuntamiento
de Canals (resolución de 13.11.2000) como el TSJ desestiman la solicitud de indemnización: la actora
sabía que la pista estaba un poco húmeda y a pesar de ello decidió practicar voluntariamente aeróbic
en ella; además, no se probó que su caída fuera consecuencia de la humedad.
SAP Barcelona, Sección 14ª, 22.1.2004 (AC 204) —MP: Rosa Mª Agulló Berenguer—: una
adolescente de 14 años de edad sufrió una caída durante unas clases de iniciación de defensa personal
y judo, en concreto, cuando estaba perfeccionando la práctica de la caída hacia delante, mientras el
profesor vigilaba a otros alumnos. El JPI nº 39 de Barcelona (3.10.2002) estima en parte la acción
directa y condena a la aseguradora a pagar 13.431,78 €, pero la AP revoca la SJPI y desestima la
demanda: la alumna había ejercitado la caída en otras ocasiones, puesto que estaba colocada con los
alumnos que ya tenían práctica en la misma y, por tanto, era lógico que el profesor no los vigilara de
forma individual para que así aprendieran por sí solos a realizar ese tipo de caída.
SAP Málaga, Sección 4ª, 5.12.1995 (AC 2285) —MP: Francisco Javier Arroyo Fiestas—: en una clase
de taekwondo una alumna con cinturón naranja y sin protecciones no supo esquivar una patada de la
profesora, campeona mundial y cinturón negro 4 Dan, que le causó lesiones en la mandíbula. El JPI nº
15 de Málaga (2.12.1994) condena a la profesora y al titular del gimnasio a pagar una indemnización
de 4.868,39 €. La AP confirma la SJPI: no puede aplicarse la teoría de la asunción del riesgo recíproca
de los contendientes, al tratarse de una enseñanza deportiva, en la que existe una relación jerárquica
entre profesora y alumna. Así, no puede admitirse la alegación de la profesora de que la alumna no
quiso colocarse las protecciones, ya que ella tiene la obligación de imponer a los alumnos los medios
de protección adecuados y, como consecuencia de esta negligencia, la actora sufrió las lesiones
descritas. No se aprecia concurrencia de culpas, puesto que es natural que una alumna de cinturón
naranja pueda equivocarse en la realización de un ejercicio y no esquivar el golpe.
SAP Jaén 29.11.1994 (AC 1932) —MP: Elena Arias-Salgado Robsy—: Rafael D.G. recibía clases de
Kung-Fu en un gimnasio, en el que estaba permitido que, una vez concluidas, los alumnos se
quedaran practicando sin estar presentes los monitores y en uno de esos combates Rafael D.G. recibió
una patada de un compañero en el antebrazo. El JPI nº 2 de Jaén desestima la demanda. La AP revoca
la SJPI y concede al actor una indemnización de 3.624,1 €., al apreciar concurrencia de culpas en un
50%: los propietarios del gimnasio, al obtener una retribución por las clases, eran responsables de los
daños que pudieran causarse durante las mismas y más aún en los combates que se celebraban
42 DÍEZ, ob. cit., pp. 1348 a 1350, parece llegar a una conclusión similar al comentar estas dos sentencias,
pese a que, en primer lugar, señala que “la idea de la asunción del riesgo por el perjudicado resulta inaplicable, en
cambio, cuando se trata del aprendizaje de una actividad deportiva y existe una relación jerárquica profesor—
alumno”, pero en el siguiente párrafo matiza su declaración, al decir que “este criterio general, sin embargo,
debe atemperarse en función de las particulares circunstancias de cada caso”; y un párrafo más allá concluye
afirmando que “en la hipótesis de daños producidos durante el aprendizaje de una práctica deportiva, la
jurisprudencia resulta aún vacilante”.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
después sin la presencia de monitores. Sin embargo, se aprecia concurrencia de culpas, ya que el actor
era mayor de edad y voluntariamente participó en un combate fuera del horario de clases.
43 En el mismo sentido, véanse SEOANE, ob. cit., 2003, pág 480, y, en referencia a deportes de riesgo,
MÉNDEZ SERRANO, María del Mar y GÁZQUEZ SERRANO, Laura, “Responsabilidad civil en los deportes de
riesgo”, Revista Española de Derecho Deportivo, nº. 13, 2001, pp. 9 y 10.
44 Véase, por todos, SEUBA TORREBLANCA, Joan Carles y RAMOS GONZÁLEZ, Sonia, “Derechos y obligaciones
afirma que “[p]odemos asegurar que uno de los aspectos cruciales de los futuros pleitos sobre responsabilidad civil
deportiva va a situarse justamente en la cuestión de la información facilitada al deportista por la entidad organizadora
o prestadora de servicios”. Tal como explicaré infra, no creo que éste problema alcance las cuotas de
importancia apuntadas por el citado autor, a lo sumo lo hará en deportes generadores de un alto riesgo
para sus practicantes.
46 Los requisitos para la existencia de consentimiento informado pueden resumirse en:
- Decisión libre, voluntaria y consciente del paciente —el art. 9.3 Ley 41/2002 regula el
consentimiento por representación para el caso de menores y señala que el consentimiento lo dará su
representante legal, que deberá escuchar la opinión del menor si tiene más de 12 años. En el caso de
menores emancipados o mayores de 16 años, no se permite el consentimiento por representación—
- Conocimiento previo de la información necesaria —finalidad y naturaleza de la intervención, sus
riesgos y sus consecuencias—.
- Consentimiento verbal del paciente, que deberá ser por escrito en los casos de intervención
quirúrgica o cualquier otra aplicación de procedimientos que supongan riesgos para su salud.
La virtualidad del consentimiento informado es que, si el paciente ha sido previamente informado del
riesgo de la intervención, el médico no es responsable de los daños que haya podido causar si ha actuado
conforme la lex artis.
20
InDret 3/2005 José Piñeiro
La idea general imperante en materia deportiva es que quien practica un deporte asume —
da su consentimiento implícito— los riesgos inherentes a la práctica habitual del mismo47. En
realidad, se cumplen los requisitos que establece la Ley 41/2002 para el consentimiento
informado en el ámbito médico, ya que el deportista participa de forma libre y voluntaria
en el deporte; es conocedor de que su práctica normal implica caídas o golpes; y da un
consentimiento tácito, al intervenir en el mismo.
Este criterio general, no obstante, plantea dudas en tres ámbitos: práctica deportiva por
parte de principiantes, por parte de menores y deportes recientes con riesgos elevados que
son desconocidos para la mayoría de sus practicantes.
A mi parecer, en los dos primeros supuestos este problema es más teórico que práctico. No
es necesario informar a los principiantes del peligro de la práctica del deporte, puesto que
debido a la gran trascendencia que tienen la mayoría de modalidades deportivas en
nuestra cultura, será conocido por toda la población, tal como sucede, entre otros, en el
fútbol, el esquí o la equitación.
Dos buenos ejemplos nos los ofrecen la SAP Ávila, Sección 1ª, 22.10.2003 (JUR 2004\49162) —MP:
Jesús García García— y la SAP Cantabria, Sección 1ª, 11.2.1999 (AC 3324) —MP: Javier de la Hoz de
la Escalera—, que aprecian asunción del riesgo en sendos casos de jinete inexperto que alquila un
caballo y sufre una caída durante el recorrido debido a su propia impericia.
Lo mismo sucede con los menores, ya que sus padres saben que si practican deporte
pueden sufrir alguna caída o golpe; así, en puridad, quien da el consentimiento o asume el
riesgo son los padres del menor, salvo que se trate de un menor cercano a la mayoría de
edad, en cuyo caso él mismo asume el riesgo.
Así lo dispone la STSJ La Rioja (Sala de lo contencioso administrativo) 9.1.2002 (JUR 70866) —MP:
José Luis Díaz Roldán— en el accidente sufrido por una niña de 8 años, que cayó al suelo cuando
otro niño le intentó quitar la pelota mientras jugaban a baloncesto en la clase de gimnasia del colegio.
El TSJ señala que “aunque es evidente que el deporte de baloncesto no constituye ninguna actividad peligrosa,
su práctica no excluye totalmente caídas o lesiones que son inherentes a cualquier actividad deportiva y estos
47 SEOANE, ob. cit., 2003, en cambio, destaca la importancia de la información previa que se dé sobre los
riesgos y del conocimiento de los mismos para poder apreciar asunción del riesgo. A mi entender, esta
relevancia del consentimiento informado sólo aparece en concretos deportes, generadores de riesgos
elevados y, sobre todo, poco conocidos.
21
InDret 3/2005 José Piñeiro
riesgos deben ser aceptados y asumidos por los padres de los niños de cualquier centro docente48,
quedando, por tanto, excluidos de ser indemnizados por la Administración responsable del Centro Educativo”
(FD 3º).
Este autor51 señala que “si el prestador de la actividad deportiva ha advertido al practicante de los
riesgos de su actividad (por ejemplo, el descenso de un río mediante «rafting»), no será responsable
del accidente que sufra el deportista que no exceda de las circunstancias del riesgo informado” y
pone como ejemplo la STS, 1ª, 17.10.2001 (Ar. 8639) —MP: Jesús Corbal Fernández—, en
la que un practicante de rafting falleció al caer de la embarcación y sufrir un traumatismo
craneoencefálico, pese a no existir ningún tipo de negligencia ni por parte del monitor ni de
la empresa organizadora. Del texto de la sentencia, se deduce que uno de los argumentos
del actor, padre del fallecido, era la ausencia de información sobre los riesgos de la
actividad, de forma que no existiría consentimiento informado ni, por tanto, asunción del
riesgo; pero el tribunal rechazó este alegato del siguiente modo:
“Se insiste mucho en la falta de instrucción adecuada, y al efecto se alega que no se dio a los participantes la
información debida acerca de los posibles riesgos que podría entrañar la práctica del «rafting» en ese río,
ciertamente peligroso, y que no se dieron explicaciones para afrontar emergencias y consejos mínimos para la
utilización de la ropa de seguridad y como evitar posibles imprevistos. Se añade que no se aconsejó sobre medidas
de seguridad a los ocupantes de la embarcación en la cual viajaba Luis A., ya que llegaron los últimos y con total
celeridad se les indicó que se colocaran el material de seguridad y se dispusieran a comenzar la prueba. El
planteamiento no puede ser acogido porque se contradice con la testifical valorada en la instancia, no concuerda
con el contenido de la posición novena del pliego de posiciones a formular al señor L. (f. 326 de autos), y, sobre
todo, en lo que se refiere a Luis A., éste no ignoraba todas las circunstancias expresadas pues no era la
primera vez que hacía «rafting»52 y además conocía el punto concreto del accidente” (FD 4º).
Merece especial atención en esta materia la SAP Huesca, Sección 1ª, 19.10.2004 (JUR
303035) —MP: José Tomás García Castillo—53, que resolvió un supuesto de lesiones en
48 Énfasis añadido.
49 El número de estos deportes es muy elevado; de ahí que, a título de ejemplo, se tome la enumeración
realizada por MÉNDEZ y GÁZQUEZ, ob. cit., pp. 6-9, puesto que la jurisprudencia ha examinado accidentes
ocurridos en la mayoría de los deportes citados: escalada deportiva, descenso de cañones o barrancos,
piragüismo o kayak, rafting, hydrospeed, parapente, ala delta, flysurf, caída libre, buceo, puenting,
helirappel, snowbike, y bungee o bungy jumping.
50 MALDONADO RAMOS, Jaime, “Responsabilidad por la práctica de deportes de riesgo”, Revista Jurídica del
52 Énfasis añadido.
53 Que sigue en su fundamentación a la SAP Huesca, 26.11.2002 (ED 65614) —MP: Gonzalo Gutiérrez
Celma—, que resolvía un supuesto prácticamente idéntico —lesiones a consecuencia de caer mal al agua al
dar un salto durante la práctica de barranquismo— y apreciaba asunción del riesgo del actor, al haber
22
InDret 3/2005 José Piñeiro
“Se alega como tercer motivo de recurso infracción de varias normas sustantivas, entre las que se mencionan en
primer lugar los arts. 7 y 10 del Decreto 146/2000 del Gobierno de Aragón. Hay que señalar a este respecto que,
insistiendo en que el monitor no carecía de titulación y disponía de los conocimientos suficientes para realizar su
actividad, al tiempo que informaba sobre la marcha a los participantes sobre la forma más idónea en que debían
realizar cada parte del recorrido, ha de considerarse que el más o menos estricto grado de cumplimiento de las dos
referidas normas, con independencia de las consecuencias de orden administrativo que pudieran seguirse, no
guarda en este caso relación causal con las lesiones sufridas por la recurrente, quien recibió unas indicaciones
antes de realizar el salto y lo hizo de forma libre y voluntaria [...].
Esta sentencia es importante porque, además de analizar en detalle la asunción del riesgo
de quien practica un deporte de aventura, introduce la nota de la normativa de las CCAA
sobre la materia, que en los últimos años ha proliferado54. Me centraré en el análisis de la
normativa de Cataluña —Decreto 56/2003, de 20 de febrero—; Asturias —Decreto 92/2002,
de 11 de julio—; Andalucía —Decreto 20/2002, de 29 de enero—; Galicia —Decreto
42/2001, de 1 de febrero—; y Aragón —Decreto 146/2000, de 26 de julio55— y sólo en el
requisito del consentimiento informado.
actuado de forma diligente tanto el monitor como la entidad contratada. Esta sentencia también destaca
por afirmar lo siguiente: “como si contratar a un guía fuera, en la tesis del actor, una suerte de seguro a todo riesgo
para ser indemnizado de cuantos perjuicios se desencadenaran durante la práctica de una actividad de riesgo libre y
voluntariamente elegida” (FD 2º).
54 Véanse, por todos, SEOANE, ob. cit., 2003, pp. 539-545, GÁZQUEZ y MÉNDEZ, ob. cit., pág. 13, que las
recogen junto a una breve explicación de las características más importantes de cada una, con un especial
énfasis en la normativa de Aragón.
55 Modificado por el Decreto 92/2001, de 8 de mayo.
23
InDret 3/2005 José Piñeiro
• Todos ellos requieren que la información se dé por escrito, salvo el art. 10 Decreto
56/2003, que no indica nada sobre el modo en que debe darse la información, y el art.
29 Decreto 20/2002, que señala la necesidad de dejar constancia escrita de que se ha
ofrecido la información a los usurarios, pero nada dice de si ésta ha de darse por escrito
o puede hacerse verbalmente.
Esta leve diferencia no tiene mayor importancia, puesto que al ser muy rigurosas estas normas con las
empresas de turismo activo, todas ellas otorgarán a los usuarios la información por escrito, debido a la
dificultad de probar que se ofreció verbalmente.
• La información debe versar, entre otros aspectos, sobre: trayecto a realizar; material que
debe utilizarse; riesgos que comporta la actividad; conocimientos requeridos o
requisitos físicos y, en su caso, patologías que desaconsejan la práctica;
comportamiento en caso de peligro; necesidad de seguir las instrucciones del monitor;
y existencia de un seguro de responsabilidad civil.
Por tanto, esta normativa instaura un sistema de consentimiento informado muy similar al previsto en
la Ley 41/2002, al exigir que el deportista asuma los riesgos de la actividad, una vez haya sido
informado previamente de los mismos por escrito.
A partir de las exigencias descritas por la normativa autonómica, las empresas del sector
deberían proceder del siguiente modo: antes de realizar la actividad, informar por escrito y
de forma detallada a los usuarios de, entre otros aspectos, los riesgos que implica el
deporte y los requisitos físicos mínimos para poder practicarlo. De esta forma, los
practicantes serían conocedores de los riesgos de la actividad y, por tanto, los asumirían en
caso de concreción, salvo que el accidente haya sido consecuencia de alguna negligencia
del monitor o de la empresa organizadora.
Así, tenía razón VERDERA58 sobre la importancia de la información previa dada a los practicantes en los
accidentes deportivos, pero dudo de su relevancia en los futuros pleitos, ya que al exigirse legalmente
a las empresas de turismo activo o deportes de aventura se cumplirá en la gran mayoría de casos.
56 Art. 10 Decreto 56/2003, art. 12 Decreto 92/2002, art. 29 Decreto 20/2002, art. 47 Decreto 42/2001, y art.
10 Decreto 146/2000.
57 Ob. cit., pp. 16 y 17.
24
InDret 3/2005 José Piñeiro
actividades que organizan, de forma que es relativamente sencillo para ellas indicar cuáles
son los riesgos que implican, el material a utilizar y los requisitos físicos o psíquicos para su
práctica. Así, una vez informado el usuario, si éste practica de forma voluntaria el deporte,
asume los riesgos del mismo, salvo que se incrementen de forma negligente por la empresa
o sus monitores.
El único requisito que puede plantear problemática es el de señalar las aptitudes necesarias para la
práctica del deporte por dos motivos:
- Primero, porque los riesgos derivados de las diferentes modalidades de deportes de aventura
varían enormemente y, por tanto, las condiciones exigidas no son las mismas —el rafting puede
practicarlo casi cualquier persona y, en principio, no implica grandes riesgos; en cambio, para
bucear hacen falta unas condiciones físicas determinadas y, en caso de actuar incorrectamente, el
practicante puede sufrir graves lesiones e, incluso, fallecer por asfixia—. Sin embargo, este
problema tiene fácil solución, como es indicar en la información suministrada a los usuarios, en
función de la modalidad deportiva, los concretos riesgos de cada actividad y las condiciones
físicas necesarias para su práctica, así como las patologías que la desaconsejan.
- Segundo y en relación con el anterior, debe controlarse que las personas con determinadas
patologías no practican los deportes que tienen desaconsejados. Si nos centramos en la práctica
esporádica de estos deportes —constituyen la mayoría de supuestos que llegan a los tribunales—,
en mi opinión59, será suficiente con que las empresas informen sobre las patologías que hacen
desaconsejable la práctica del deporte. Por tanto, no será necesario que las empresas se
comprometan a analizar si los clientes tienen las aptitudes necesarias, ya que ello implicaría la
necesidad de un examen médico a cada cliente con anterioridad a la realización del deporte, lo
cual carece de todo sentido.
Jesús R.V., de 56 años de edad y que padecía diabetes, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica por
infarto agudo de miocardio y sordera en el oído derecho, contrató con un gimnasio la realización de
clases de hapkido. Durante una de las clases, cayó al suelo y se golpeó la cabeza y el cuello, lo que le
ocasionó una serie de lesiones determinantes de gran invalidez. La víctima en ningún momento había
informado de su estado de salud a los propietarios del gimnasio ni éstos le habían indicado la
necesidad de realizar un examen médico o de aportar información sobre su estado de salud. El JPI nº 1
de Palencia (13.3.2000) aprecia concurrencia de culpas —en un 85% del actor y en un 15% de los
titulares del gimnasio— y la AP aumenta la participación del actor al 90% al afirmar que “si bien no
existe norma que imponga la práctica de tales exámenes médicos, así como la dispensa de
información de riesgos de la práctica deportiva, debe considerarse tal deber como implícito dentro del
contrato de arrendamiento de servicios [...]. Es el art. 1258 del Código Civil el que establece cómo los
contratos no obligan sólo a lo expresamente pactado, sino también a todas las consecuencias que según su
naturaleza, sean conformes a la buena fe, al uso y a la Ley, y en el presente caso, aunque en el contrato verbal que
en su día suscribiesen las partes no se hiciese referencia a la obligación aludida por parte de los arrendadores del
servicio, esto es de los titulares del gimnasio, no es menos cierto que debe considerarse su obligación, a la vista
del informe pericial, que además es perfectamente concordante con el sentido común, pues no es concebible que la
práctica de un deporte como el que nos ocupa, arte marcial, con el evidente riesgo que ello conlleva, no suponga
la adopción de ninguna precaución médica para su práctica” (FD 3º).
25
InDret 3/2005 José Piñeiro
Confrontar con la SAP Barcelona, Sección 17ª, 26.3.2003 (JUR 203270) —MP: Myriam Sambola
Cabrer—, que aprecia asunción del riesgo de quien se cae en un gimnasio durante una clase de
spinning y al afirmar la actuación diligente del gimnasio, entre otros motivos, indica que hizo un
examen médico al usuario al inscribirse.
Una vez analizados los tres ámbitos en que con mayor probabilidad pueden plantearse
problemas de consentimiento informado, debe concluirse afirmando, tal como se realizó al
inicio del apartado, que el requisito del conocimiento de los riesgos generados por la
actividad deportiva —consentimiento informado— es necesario en la práctica de cualquier
modalidad deportiva. Normalmente, no se alega la falta de información previa sobre los
riesgos, puesto que quien practica un determinado deporte conoce los riesgos inherentes a
su práctica, aunque en algunos casos sí que es invocada.
Un buen ejemplo de alegación de falta de información sobre los riesgos de un deporte, a pesar de ser
conocidos por cualquier practicante lo constituye la SAP Valencia, Sección 9ª, 24.11.2001 (JUR
2002\43052) —MP: María del Carmen Escrig Orenga—60: caída de patinadora en las instalaciones
propiedad de Alegría Sobre Hielo, SL. Tanto el JPI nº 17 de Valencia (22.6.2001) como la AP
desestiman las pretensiones de la actora, que basaba su demanda en la falta de aplicación de la
LGDCU y en la falta de información sobre la posibilidad de accidente y en la falta de medidas
protectoras de la integridad, como casco o rodilleras. Respecto a la primera alegación, la AP afirma
que “no puede acogerse pues la práctica del patinaje es conocida en general y lo era por la demandante en
particular, al igual que los riesgos que la misma entraña, y su desarrollo en la pista que no reviste ninguna
característica que aumente el riesgo básico, por lo que no cabe exigir una mayor información y por ello,
imputarse una omisión de la información necesaria para la práctica del deporte, como pretende la parte por
aplicación del artículo 13.1 de la Ley 26/1984, de 19 de julio” (FD 4º).
En sentido contrario, puede verse la STS, 1ª, 23.3.1988 (Ar. 2226) —MP: Antonio Sánchez Jáuregui—,
que confirma la SAT de Barcelona y condena por incumplimiento contractual a la estación de Baqueira
Beret a pagar 92.507,78 € a un esquiador que se cayó en una pista helada, a consecuencia de lo cual
sufrió una paraplejia. En concreto, la condena se basa en la falta de información proporcionada por la
estación sobre el estado de las pistas.
4. Riesgos concretados en una acción dentro de los límites normales del deporte
Este requisito fue señalado de forma clara por el leading case en materia de asunción de
riesgos, la STS de 22.10.1992, que dispuso que los deportistas asumen los riesgos inherentes
al deporte “siempre claro es que las conductas de los partícipes no se salgan de los límites normales
[...]. Lo que ha de imperar por tanto en este tipo de actividades son las reglas de prudencia que los
jugadores deben seguir, debiendo a su vez tenerse en cuenta que los actos de los deportistas en cada
manifestación deportiva, aun cuando dirigidos a lograr las más adecuadas jugadas no siempre
producen el resultado perseguido” (FD 5º extractado).
60Véase, en el mismo sentido, la SAP Baleares, 19.9.1995 (AC 1948) —MP: Julio López-Bermejo Muñoz—:
accidente de jinete que participaba en el “jaleo” de las fiestas de San Martín (Mercadal) a consecuencia de
realizar un movimiento brusco su caballo. Tanto el JPI de Ciutadella (15.3.1994) como la AP absuelven al
Ayuntamiento: el jinete conocía los riesgos de montar a caballo en el “jaleo” y los asumió voluntariamente.
26
InDret 3/2005 José Piñeiro
El problema es concretar qué se entiende por una acción que no sobrepase el desarrollo
normal del deporte. Deben diferenciarse los deportes de riesgo unilateral de los de riesgo
bilateral, ya que, por regla general, en los primeros los deportistas sólo asumen los riesgos
de posibles caídas o accidentes por sí solos, mientras en los segundos asumen el riesgo de
posibles choques o encontronazos entre los deportistas.
En estos deportes, en principio, sólo se asumen los riesgos de caída o accidentes del
deportista por sí solo, ya sean constitutivos de asunción del riesgo o de culpa exclusiva de
la víctima, en función de su comportamiento diligente o no. En ningún caso, el deportista
carga con los costes de un accidente causado por la negligencia de un tercero, es decir,
nunca se asume la negligencia ajena, ya sea de otro deportista, del organizador de la
actividad o del titular de la instalación.
Sin embargo, no todos los casos son tan claros, así en algunos existirá concurrencia de
culpas, pero el mayor problema se plantea en los accidentes causados por otro deportista,
cuyo comportamiento ha sido diligente.
4.1.1 Esquí
Tal como señala LAMARCA62, los accidentes de esquí pueden ser de cuatro tipos: caídas de
esquiadores solos; accidentes causados por el uso de remontes mecánicos; choques con
edificaciones y palos de señalización; y choques con otros esquiadores.
La jurisprudencia ha apreciado asunción del riesgo en todos ellos, pero como es obvio,
sobre todo, en caídas de esquiadores solos. Estos supuestos no plantean mayores
problemas siempre que el riesgo de caída asumido por el esquiador se concrete sin haberse
visto incrementado por parte del titular de la estación o de otro esquiador. Existen dos
tipos de supuestos analizados por la jurisprudencia:
En primer lugar, los accidentes sufridos por esquiadores que caen mientras practican esquí en una
pista balizada, que son la mayoría. Entre los que destacan:
61 Véase en esta materia, MEDINA, ob. cit., Capítulo V, pp. 272 a 286, que al analizar los daños sufridos por
los deportistas en supuestos de riesgo unilateral, dedica gran parte del capítulo a la asunción del riesgo.
62 LAMARCA i MARQUÈS, Albert, “Accidentes de esquí. Guía de jurisprudencia (2ª. Ed.)”, InDret 1/2004, que
realiza un análisis detallado de la jurisprudencia española sobre accidentes de esquí. También analizan
esta jurisprudencia OSSORIO SERRANO, Juan Miguel, “La responsabilidad civil derivada de los accidentes en
la práctica de los deportes de invierno. Algunas consideraciones generales y un análisis de la
jurisprudencia”, Revista práctica de derecho de daños (La Ley), nº 13, febrero de 2004; y SEOANE, ob. cit., 2003,
pp. 545 a 559.
27
InDret 3/2005 José Piñeiro
SAP Girona (Penal), Sección 3ª, 13.12.2001 (JUR 2002\67336) —MP: Joan Francesc Uría Martínez—:
asunción del riesgo del esquiador que pierde el control en una zona de “bams” y se golpea con una
piedras que estaban en el lateral izquierdo fuera de una de las pistas de la Molina. El actor alega la
falta de protección de las piedras, a lo cual responde el tribunal que si no se protegen los árboles
laterales, menor sentido tiene proteger las piedras, y que si se acolcharan todos los árboles y piedras
de la Molina, ésta sería una estación única en el mundo.
SAP Huesca (Penal), Sección Única, 31.7.1996 (ARP 909) —MP: Gonzalo Gutiérrez Celma—:
asunción del riesgo de la esquiadora que pierde el control de sus esquís y atraviesa una red de
protección, sufriendo graves lesiones. En palabras de la AP “la montaña está plagada, por su natural
condición, de rocas y barrancos más o menos pronunciados cuya neutralización absoluta, permitiendo el deporte
del esquí, difícilmente puede lograrse por los responsables y empleados de las estaciones, por lo que, teniendo en
cuenta el principio de intervención mínima que rige en este orden jurisdiccional, el siniestro debe reputarse
penalmente fortuito” (FD 2º).
SAP Huesca, Sección Única, 25.5.1996 (ED 13065) —MP: Santiago Serena Puig—: asunción del riesgo
del esquiador que se sale de una pista correctamente señalizada y con un desnivel leve y cae,
golpeándose con unas rocas que se hallaban fuera de la misma. Revoca la SJPI nº 2 de Jaca (20.7.1995)
que condenaba a la estación y a su aseguradora al pago de 24.040,48 €: afirma que “esta teoría [la del
actor] no ha de llevar a la exigencia de que todos los recorridos previamente señalizados como zona apta para la
práctica del deporte y acotados con esta finalidad hayan de estar vallados, y protegidos todos los puntos o lugares
naturales y las construcciones o instalaciones sin excepción, de forma tal que estén en condiciones de amortiguar
cualquier golpe o caída, por que, si así se exigiera, se llegaría al contrasentido de construir auténticos túneles de
redes, vallas y otros medios de protección por donde discurrir quienes practican el deporte” (FD 2º).
En segundo lugar, los accidentes sufridos por aquellos esquiadores que debido a su grado de
conocimiento del deporte asumen un riesgo mayor y esquían por una zona de nieve virgen o fuera de
pistas. Así la SAP Granada, Sección 4ª, 22.11.2004 (JUR 2005\51194) —MP: José Maldonado
Martínez— confirma la SJPI nº 12 de Granada (5.12.2002) y aprecia asunción del riesgo del esquiador
que en la estación de Sierra Nevada se cae en una zona fuera pistas.
En el mismo sentido se pronuncia la SAP Granada (Penal), Sección 2ª, 7.10.2002 (ARP 721) —MP:
Eduardo Rodríguez Cano—, que aprecia asunción del riesgo en un caso interesante: tres esquiadores
expertos contratan los servicios de una monitora en Sierra Nevada y le solicitan ir a zonas de mayor
dificultad técnica fuera pistas. Una vez allí, la monitora baja en primer lugar y espera al último
esquiador, mientras los otros dos le adelantan y descienden por otra zona, en la que hay bastante
hielo, lo que provoca que uno de los esquiadores pierda el control y se deslice hasta caer por un
cortado de varios metros, golpeándose contra el suelo helado, lo que le produjo una fractura-luxación
de las vértebras C-4 y C-5 y una posterior tetraplejia espástica. Las labores de rescate se demoraron
más de 30 minutos debido a la dificultad de acceso a la zona de la caída. El JP nº 2 de Granada
(29.5.2002) absuelve a los imputados y la AP confirma la SJP: los tres esquiadores eran expertos y
decidieron esquiar fuera de pistas, asumiendo por tanto el mayor riesgo que ello comportaba.
Además, el comportamiento de la monitora no influyó en nada en el accidente, ya que dos
esquiadores decidieron por su cuenta seguir una ruta más complicada; y, tampoco existe ninguna
negligencia del jefe de pistas, ya que las medidas para evitar el acceso a fuera pistas eran las usuales
en todas las estaciones —un cordón delimitaba las pistas balizadas— y que el equipo de rescate actuó
de forma diligente.
28
InDret 3/2005 José Piñeiro
En primer término, los tribunales han apreciado asunción del riesgo en algunos supuestos
de accidentes causados por la utilización de remontes mecánicos, siempre que éstos
funcionen de forma correcta y sus encargados sean diligentes.
SAP Huesca (Penal), Sección Única, 22.2.2001 (JUR 126454) —MP: Santiago Serena Puig—:
esquiador que sufrió graves lesiones en un accidente al intentar coger un telesilla en la estación de
Candanchú. El JI nº 2 de Jaca (28.7.2000) absuelve al encargado general de las instalaciones mecánicas
y al del telesilla de una falta de lesiones. La AP confirma la SJI: no se probó ninguna deficiencia en el
telesilla, sino sólo que el encargado del mismo no se hallaba en su lugar, al estar ayudando a unos
niños a bajarse, pero igualmente gritó al actor indicándole que tenía los esquís torcidos.
SAP Barcelona, Sección 16ª, 27.7.1999 (ED 30189) —MP: Jordi Seguí Puntas—: esquiador que al salir
de un telearrastre recibió un golpe del mismo en la espalda, cayendo al suelo. El JPI nº 50 de Barcelona
(23.7.1998) estima íntegramente la demanda y concede al actor una indemnización de 39.065,79 €, pero
la AP revoca la SJPI y desestima la demanda: no se acreditó el funcionamiento defectuoso del
telearrastre, ya que había nieve en la zona y su velocidad era la normal. Además, pese a no haber
empleados que ayudaran a coger el telearrastre y a salir de él, los esquiadores normalmente se suben y
bajan del mismo sin ninguna ayuda.
SAP Huesca, Sección Única, 16.9.1998 (ED 27652) —MP: Antonio Angós Ullate—: esquiadora que al
coger el telesilla en la estación de Cerler, teniendo las manos ocupadas llevando los esquís y los
bastones, sufrió una caída. En la zona del telesilla no había nieve, sino que se había colocado una
moqueta para que pudieran deslizarse los esquís. La AP confirma la sentencia desestimatoria del JPI:
la estación no tiene obligación de poner protecciones en todas las zonas del telesilla ni incluso en la
salida y, además, se desconoce qué podría haberse colocado para aminorar las consecuencias de la
caída y que a la vez permitiera el deslizamiento de los esquís.
STS, 1ª, 20.3.1996 (Ar. 2244) —MP: Antonio Gullón Ballesteros—: esquiadora que perdió el control
en una pista de nieve dura de Sierra Nevada y chocó contra un poste. El JPI nº 4 de Granada
(4.10.1990) estima en parte la demanda. La AP de Granada (Sección 3ª, 25.6.1992) revoca la SJPI y
desestima la demanda. El TS confirma la SAP: en el juicio se aportó un escrito de la Federación de
Deportes de Invierno, según el cual el balizamiento y señalización de Sierra Nevada era equiparable al
de cualquier estación europea.
SAP Huesca, Sección Única, 18.2.2002 (AC 793) —MP: José Tomás García Castillo—: esquiador que
sufrió un accidente en Candanchú, al salirse de la pista, chocar contra un poste y caer en una zona de
rocas situadas fuera de la pista. El JPI nº 1 de Jaca (12.2.2001) condena a la explotadora de la estación a
pagar 22.598,25 €. La AP revoca la SJPI y desestima la demanda: quedó probado que el recorrido de la
pista estaba señalizado por un poste, así que no existió ninguna negligencia de la estación en la salida
de pista del esquiador y en su posterior accidente.
Es criticable de estas dos sentencias la ausencia de información sobre el lugar en que estaba colocado
el poste y la existencia de acolchamiento o protección del mismo. Debe entenderse que en ambos casos
o el poste estaba muy alejado de la pista o se encontraba debidamente protegido, puesto que en caso
63Tal como afirma LAMARCA, ob. cit. pág. 7, esta jurisprudencia ha tenido un efecto preventivo claro en las
estaciones, que han acolchado todos los postes, cañones u otras construcciones cercanas a las pistas.
29
InDret 3/2005 José Piñeiro
contrario debería haberse apreciado negligencia de la estación. En la SAP se deduce que esta falta de
información se debe a que el daño fue consecuencia de caer en una zona de piedras fuera de pistas64.
SAP Huesca, Sección Única, 6.11.2001 (AC 2002\829) —MP: Gonzalo Gutiérrez Celma—: esquiadora
que sufrió una caída en la estación de esquí de Benasque y tras deslizarse varios metros fuera de la
pista impactó contra un tubo metálico hueco, que señalizaba la dificultad de la pista y que estaba
protegido por una línea de estacas atadas con una cuerda. La AP confirma la SJPIeI de Boltaña y
desestima la demanda. Transcribo el FD 2º extractado:
“[...]En nuestra sentencia de 22 de mayo de 1997 ya señalamos que el esquí es una actividad deportiva que, por
sí misma, entraña ciertos riesgos que conoce y debe asumir quien voluntaria y libremente decide practicarlo, y
debe ser consciente, asimismo, de que puede sufrir daños corporales o materiales sin necesidad de que se produzca
la acción de un tercero, sea otro practicante del esquí o bien la empresa que tiene a su favor la concesión para la
explotación de determinados parajes naturales instalando los remontes y balizando pistas. En esa misma
sentencia indicamos que no podía exigirse que absolutamente todos los recorridos previamente señalizados como
zona apta para la práctica del deporte del esquí y acotados con esta finalidad tuvieran que estar acolchadamente
vallados y protegidos en todos los puntos o lugares naturales y en las construcciones o instalaciones sin
excepción, de forma tal que las protecciones estuvieran en condiciones de amortiguar absolutamente cualquier
golpe o caída. Si así se exigiera, como pusimos de relieve en nuestra sentencia de 25 de mayo de 1996, se llegaría
al absurdo, imposible de realizar en amplias extensiones, de envolver en plástico la montaña, teniendo que
construir por toda la superficie esquiable auténticos túneles de redes, vallas, colchonetas y otros medios de
protección por donde discurrir quienes practican este deporte, que es un deporte de riesgo en el que también
cuenta la belleza del paisaje y de la propia montaña [...]. El esquiador en cuanto deja un remonte y se desliza por
las pistas, aunque éstas se encuentren debidamente pisadas y señalizadas, es quien decide esquiar por una u otra
pista, de más o menos dificultad y riesgo, y en todo caso, ponderando su propio nivel y el peligro que en cada caso
quiere asumir, es el único que puede controlar sus propias evoluciones, velocidad, trayectoria y, por supuesto, la
distancia de seguridad que guarda con otros esquiadores (a los que en ningún caso debe lesionar), con los límites
de la propia pista y con los muchos elementos agresivos que existen en la montaña, dentro y fuera, pero cerca, de
las misma pistas.[...]. Es cierto que en el caso la recurrente [...], tras caerse terminó con impactar con un
elemento artificial, pero no se trataba de la pilona de un remonte ubicado en medio de una pista, sino que, según
resulta de la testifical, era un tubo metálico hueco, no macizo, de seis o menos centímetros de diámetro, que
sustentaba una señal informativa con la denominación de la pista y que se encontraba plantado, según se relata
en la misma demanda, entre una línea de estacas de madera unidas con cuerda que, según la misma demanda,
eran fácilmente rompibles (si no lo fueran la apelante, muy probablemente, habría defendido que se trataba de
una instalación agresiva sin proteger) que tenían por misión separar físicamente dos pistas [...]. Teniendo todo
ello en cuenta creemos, como ya quedó anteriormente dicho, que la causa del siniestro es sólo la propia conducta
de la demandante quien, después de asumir los riesgos que la práctica del esquí conlleva, no supo ser dueña de
sus propias evoluciones dentro de la pista”.
Por último, veremos como los tribunales también han apreciado asunción del riesgo en
choques entre esquiadores, aunque no de forma expresa en la mayoría de los casos, sino a
través de desestimar la demanda por falta de pruebas de los hechos o de la negligencia del
causante.
Este supuesto plantea diversas dudas, ya que al tratarse de un deporte de riesgo unilateral,
se entiende que no es un riesgo inherente al deporte del esquí ser golpeado por otro
esquiador. La idea es que en este deporte las probabilidades de lesión por otro deportista
son mucho menores que en los deportes de riesgo bilateral o de contacto, por tanto, en caso
de accidente entre esquiadores, el causante debería indemnizar a la víctima. El problema
64DÍEZ, ob. cit., pág. 1352, nota 20, deduce que éste podría ser un caso de culpa exclusiva de la víctima, ya
que la AP en sus fundamentos afirma que el esquiador creó un riesgo de elevadísimo grado.
30
InDret 3/2005 José Piñeiro
vuelve a ser el mismo, ¿qué sucede si el causante del accidente fue diligente? La
jurisprudencia, como veremos a continuación, se ha pronunciado en diversos casos a favor
de la no responsabilidad del causante, al apreciar caso fortuito o asunción del riesgo.
A mi entender, debido a las dificultades de probar por parte de la víctima la negligencia del
causante, puede optarse por uno de estos dos sistemas: hacer responder al causante salvo
que pruebe realmente que el accidente se debió a algún hecho ajeno a él —SAP Alicante de
11.3.1999—; o exigir a la víctima que pruebe la negligencia del causante, lo que equivale a
que sólo responderá en los supuestos de negligencia clara, en los que no habrá dificultad
de prueba.
Creo que la segunda opción es mejor, debido a que en el deporte del esquí cualquier esquiador actúa
con una mínima negligencia, al pretender alcanzar nuevos retos: así, el experto intenta descender las
pistas más difíciles y hacerlo lo más rápido posible y el inexperto siempre prueba de bajar por pistas
de un nivel superior al suyo para así mejorar. De esta forma, aunque el esquí sea un deporte de riesgo
unilateral, a ningún esquiador le son ajenas las probabilidades de incidentes con otros esquiadores,
debido a la afluencia masiva que hoy en día existe en las pistas en la temporada de esquí; por tanto,
creo que puede entenderse como un riesgo asumido el accidente causado por otro esquiador, siempre
que su comportamiento no constituya una negligencia clara.
SAP Girona, Sección 3ª, 17.6.2002 (JUR 202401) —MP: José María Jiménez Burkhardt—: choque
entre esquiadora aficionada y monitor de esquí. Tanto el JPI nº 9 de Granada (11.6.2001) como la AP
desestiman la demanda: las versiones de los hechos del actor y el demandado eran contradictorias, ya
que ambos alegaban que el accidente era culpa del otro, por tanto, el actor no probó los hechos
fundamentadores de la demanda (art. 217 LEC).
SAP Alicante, Sección 5ª, 11.3.1999 (AC 4898) —MP: Andrés Sánchez-Medina y Medina—: en la
estación de Candanchú, una esquiadora golpeó a otro esquiador, que cayó y sufrió un esguince de
rodilla. El JPI nº 9 de Alicante (17.1.1997) desestima la demanda y la AP confirma la SJPI: se aprecia
caso fortuito o asunción del riesgo, ya que no ha habido ninguna actividad negligente de la
esquiadora, que perdió el control al pasar sobre una placa de hielo, se cayó y golpeó al otro esquiador.
SAP Orense 17.11.1995 (AC 2183) —MP: Abel Carvajales Santa Eufemia—: en la estación de Cabeza
de Manzaneda, un esquiador que estaba utilizando el telearrastre fue golpeado en su pierna izquierda
por otro, que prestaba servicios de socorrismo como guardia civil y que, tras perder el control de los
esquís, se había caído. Tanto el JPI como la AP desestiman la demanda: se entiende que el demandado
sufrió una caída mientras descendía por la pista y, al no haberse demostrado ninguna negligencia en
su forma de descender, se aprecia caso fortuito (art. 1105 CC).
SAP Girona (Penal), Sección 3ª, 6.9.2002 (JUR 2003\22709) —MP: Miguel Pérez Capella—:
esquiadora experta que durante el descenso de una pista roja de la estación de la Molina sufrió un
31
InDret 3/2005 José Piñeiro
accidente al chocar contra una monitora de una escuela de esquí. El JI nº 1 de Puigcerdà (20.3.2002)
absuelve a la monitora. La AP confirma la SJI: del examen de las pruebas ”todo lo mas que podría
discutirse al amparo del art. 1902 del [Link] es si la acusada absuelta pudo incurrir en culpa, aún levísima,
replanteándose la cuestión en dicho ámbito civil, con mas amplitud de pruebas que las propias de un juicio de
faltas, en los que la culpa ha de probarse y rige el principio de presunción de inocencia” (FD 2º).
SAP Huesca (Penal), Sección Única, 17.7.2001 (JUR 261919) —MP: Santiago Serena Puig—: durante
un curso de esquiadores noveles en la estación de Cerler dirigido por un monitor, una esquiadora fue
golpeada por otra. El JI de Boltaña absuelve a la esquiadora y al monitor. La AP confirma la SJI: el
accidente se produjo durante un curso de iniciación al esquí, de forma que “debe asumirse que puede
haber choques entre los compañeros y algún empujón esquiando, sin que ello signifique que pueda existir una
imprudencia penal” (FD 1º). La imprudencia de los imputados es levísima y no es punible penalmente.
SAP Granada (Penal), Sección 1ª, 6.2.2001 (JUR 123716) —MP: Domingo Bravo Gutiérrez—:
profesor de esquí que sufrió lesiones en la estación de Sierra Nevada al chocar con otro esquiador en
un tramo en que confluían las pistas por las que bajaba cada uno de ellos. El JI nº 8 de Granada
(10.7.2000) absuelve al esquiador y declara la reserva de acciones civiles. La AP confirma la SJI: al
existir dos versiones contradictorias, el juzgado absuelve al denunciado por falta de pruebas y en
virtud del principio de presunción de inocencia.
SAP Girona (Penal), Sección 3ª, 3.10.2000 (JUR 2001\42044) —MP: Adolfo García Morales—: José
María y Daniel estaban esquiando en la estación de la Molina en dos pistas paralelas que se unían al
final de las mismas. Justo antes de la unión de las pistas, Daniel se encontró con un desnivel de nieve
que le hizo perder el control y colisionar con José María. El JPIeI Único de Puigcerdà absuelve a
Daniel. La AP confirma la SJPIeI: “la existencia de una irregularidad en la pista unida a la súbita aparición
del recurrente en un lugar en que convergen dos pistas para aprovechar un solo remonte, situación natural y
corriente en las estaciones y conocida por todos los que se dedican a este deporte con más o menos intensidad,
hace que la conducta del acusado principalmente, por ser el responsable directo de la colisión, vea degradada su
eficacia a la de culpa levísima, supuesto que aunque en vía civil puede ser objeto de indemnización, no es objeto
de conducta típica del art. 621.3 del Código Pena” (FD 2º).
Sorprende el hecho de que en varios supuestos de este tipo, el abogado de la víctima sólo
ha interpuesto la acción contra la estación y su aseguradora65, se supone que en atención a
la solvencia de éstas a la hora de pagar la indemnización, pero sin percatarse de que hace
falta una negligencia concreta de la misma para que sea condenada.
SAP Huesca, Sección Única, 8.7.1999 (AC 1583) —MP: Antonio Angós Ullate—: esquiador que fue
arrollado por otro mientras esquiaba en la estación de Candanchú. El JPI nº 1 de Jaca (1.9.1998)
desestima la demanda contra la entidad explotadora de la estación y su aseguradora. La AP confirma
la SJPI: la víctima fue arrollada por otro esquiador y de este hecho no puede hacerse responder a la
estación, ya que “se trata de un peligro previsible, pero, desde luego, inevitable, pues no hay sistema alguno
que pueda garantizar la imposibilidad de colisión, dada la naturaleza del deporte practicado” (FD 2º). Además,
no se acreditó que la pista estuviera en malas condiciones.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
SAP Lleida, Sección 2ª, 10.3.1999 (AC 698) —MP: Mónica Céspedes Cano—: en la estación de
Baqueira Beret una esquiadora fue arrollada por otro esquiador que bajaba de forma descontrolada al
habérsele roto un esquí, a pesar de haberse colocado al lado de un cañón de nieve pensando que así
evitaría la colisión. El JPIeI de Viella (31.7.1998) desestima la demanda interpuesta contra Baqueira
Beret, SA y su aseguradora. La AP confirma la SJPIeI: no puede aceptarse la alegación de negligencia
de la estación por no controlar a un esquiador temerario, ya que el esquiador bajaba de forma
descontrolada porque se le había roto un esquí. Además, no puede exigirse que “se adjudique por la
estación explotadora una persona que vigile los movimientos de cada uno de ellos [los esquiadores]” (FD 4º).
4.1.2 Equitación
Estos supuestos plantean pocos problemas, ya que existe una clara y abundante línea
jurisprudencial relativa a los accidentes de jinetes aficionados que sufren una caída con un
caballo alquilado, que dispone lo siguiente:
Por tanto, siempre que no se incremente el riesgo, tal como se ha indicado, el tribunal
apreciará asunción del riesgo del jinete que sufra una caída mientras monta a caballo.
Pueden citarse, entre otras, las siguientes sentencias:
STS, 1ª, 16.10.1998 (Ar. 8070) —MP: Antonio Gullón Ballesteros—: accidente al caerse de caballo
alquilado. La SJPI nº 3 de Segovia (5.7.1993) desestima la demanda; la SAP de Segovia (18.4.1994)
confirma la SJPI; y el TS desestima el recurso de casación: “[m]ontar un caballo no crea un riesgo anormal
más que para el que lo monta sin saber equitación. La práctica de la equitación a través del alquiler del caballo
supone, como dicen acertadamente las sentencias de instancia, la aceptación por el jinete de los riesgos que
puedan sobrevenir, siempre y cuando dicho caballo se haya entregado al efecto en condiciones que no
intensifiquen el riesgo” (FD 1º).
SAP Ávila, Sección 1ª, 22.10.2003 (JUR 2004\49162) —MP: Jesús García García—: varios amigos
alquilaron caballos para hacer un recorrido predeterminado junto a un monitor. Al final del recorrido,
el caballo de uno de los jinetes comenzó a galopar, al igual que el de Olga, que no supo controlar su
montura y cayó al llegar a una curva. El JPIeI de Arenas de San Pedro (24.2.2003) desestima la
demanda y la AP confirma la SJPIeI: el monitor fue diligente y el caballo era dócil y aquerenciado, por
tanto, el accidente se debió a la falta de pericia de Olga. El tribunal afirma en su FD 2º que “[d]esde
luego la responsabilidad por riesgo que establece el art. 1905 del Código Civil no beneficia al jinete que alquila un
caballo, pues el animal deja de estar bajo la custodia o cuidado del arrendador, sometido hasta aquel momento a
su posesión real y efectiva, sino que es el poseedor quien se sirve de él [...]. La práctica de la equitación a través
del alquiler del caballo supone la aceptación por el jinete de los riesgos que puedan sobrevenir, siempre y cuando
dicho caballo se haya entregado al efecto en condiciones que no intensifiquen el riesgo”.
66“El poseedor de un animal, o el que se sirve de él, es responsable de los perjuicios que causare, aunque se le escape o
extravíe. Sólo cesará esta responsabilidad en el caso de que el daño proviniera de fuerza mayor o de culpa de que lo
hubiese sufrido”.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
SAP Girona, Sección 2ª, 27.9.2002 (JUR 2003\23091) —MP: José Isidro Rey Huidobro—: varias
amigas alquilaron sendos caballos para dar un paseo junto a un guía y durante el recorrido el caballo
de una de ellas, que era un doble-pony de escasa altura e ideal para jinetes inexpertos, comenzó a
trotar, lo que causó que la amazona se desequilibrara y cayera al suelo. El JPI nº 3 de Figueres
(21.1.2002) desestima la demanda. La AP confirma la SJPI: no existe responsabilidad de la hípica, ya
que no incurrió en ninguna negligencia. En palabras de la AP: “[n]o puede desconocer el peligro de caída
que existe, incluso para jinetes expertos, de manera que si quiere desarrollar esa actividad está obligado a aceptar
los riesgos, y no puede pretender quedar a cubierto de todos los que voluntariamente asumió al contratar el paseo
únicamente en el caso de producirse la caída por causas derivadas del mal funcionamiento de las instalaciones,
dejación de su labor por la guía o inadecuado cumplimiento de sus obligaciones, o entrega para su monta de un
animal de conocido carácter agresivo o nervioso y por tanto inadecuado al grado de capacidad de la amazona,
sería posible entender que el daño era previsible” (FD 6º).
De forma parecida, se pronuncian muchas otras. Así, la SAP Girona, Sección 2ª, 18.7.2002 (AC 1425)
—MP: Joaquim Miquel Fernández Font—: caída con caballo alquilado al trote en campo abierto; la
SAP Madrid, Sección 25ª, 6.3.2001 (JUR 142484) —MP: Carlos López-Muñiz Criado—: caída con
caballo alquilado en recorrido predeterminado y bajo la vigilancia de un monitor; la SAP Segovia,
Sección Única, 29.11.2000 (JUR 2001\32727) —MP: José Villalain Ruiz—: caída de jinete experto con
caballo alquilado, que deja el grupo en el que iba la monitora para ir más rápido y cae a consecuencia
de hacer un extraño el caballo; la SAP Huelva, Sección 2ª, 4.7.2000 (JUR 2001/2620) —MP: Mercedes
Izquierdo Beltrán—: caída con caballo alquilado a consecuencia de resbalar el animal; la SAP Teruel,
Sección Única, 28.6.2000 (AC 1580) —MP: Fermín Francisco Hernández Gironella—: caída de jinete
experto que alquila un caballo para dar un paseo sin monitor y durante el mismo pierde el control
sobre el caballo que lo tira al suelo.
Sin embargo, no todos los casos en que los tribunales han apreciado asunción del riesgo
son tan claros. Así, destaca la siguiente sentencia:
STSJ País Vasco (Sala de lo contencioso administrativo, Sección 3ª) 23.12.1999 (RJCA 4429) —MP:
Marcial Viñoly Palop—: alumno de un curso de equitación organizado por el Ayuntamiento de
Vitoria junto al Club de Equitación Armentia que recibe una coz de la yegua que iba delante suyo en
la rodilla y otra su caballo, que se desboca y lo tira al suelo. Tanto el Ayuntamiento de Vitoria
(resolución de 2.8.1996) como el TSJ deniegan la indemnización solicitada: el tribunal fundamenta su
fallo en la falta de prueba de las alegaciones de la actora relativas a la inadecuación de los caballos y a
la falta de la distancia de seguridad entre ellos.
Plantea ciertas dudas que quien se inscribe en un curso de equitación asuma el riesgo de
recibir una coz del caballo que va por delante de él. En mi opinión, los tribunales aplican en
exceso la teoría de la asunción del riesgo en esta materia, ya que demostrar la idoneidad
del caballo causante del accidente constituye prácticamente una prueba diabólica, puesto
que una cosa es el comportamiento del caballo en el momento del accidente y otra como
actúe a posteriori. Sólo en casos claros, se ha apreciado negligencia por ser inadecuado el
animal: la SAP Vizcaya, Sección 3ª, 24.9.2003 (JUR 243552) —MP: María Concepción
Marco Cacho—: alquiler de una yegua en situación de amamantar, que fue seguida por
varias crías parte del trayecto; y la SAP Álava, Sección 2ª, 28.9.1999 (AC 2113) —MP:
Mercedes Guerrero Romeo—: yegua que de desbocó durante una clase de equitación y
que requirió dos personas para ser controlada.
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InDret 3/2005 José Piñeiro
En principio, en los accidentes de riesgo bilateral la asunción de riesgos suele ser mayor
por parte de los deportistas que en los de riesgo unilateral, al existir en los primeros una
mayor probabilidad de contacto entre los participantes. No obstante, existen muchos tipos
de deportes de riesgo bilateral67 y en cada uno de ellos los riesgos asumidos varían.
El deportista asume la lesión que se cause en una acción permitida o habitual en el deporte.
El comportamiento del participante causante del daño no debe ser calificado como
negligente o doloso, puesto que en ese caso sería responsable ex art. 1902 CC, puesto que
nadie debe asumir la negligencia ajena. El problema es delimitar con exactitud aquellos
casos en que existirá asunción del riesgo por parte la víctima; pero para ello debe partirse
de que sólo se asumen los riesgos inherentes, típicos o habituales del deporte concreto68.
El mejor ejemplo de incumplimiento de normativa que no tiene como objetivo velar por la integridad
física del deportista es la ya comentada SAP Huesca, Sección 1ª, 19.10.2004 (JUR 303035) -MP: José
Tomás García Castillo-, aunque referida a un deporte de riesgo unilateral —barranquismo—. La
actora alegaba incumplimiento de los arts. 7 y 10 Decreto 146/2000 del Gobierno de Aragón, relativos
a la necesidad de informar de los riesgos de la actividad y de que el monitor esté titulado, sin embargo
ambas obligaciones se cumplieron, ya que el monitor era adecuado e iba informando a los integrantes
del grupo, de forma que el leve incumplimiento de la normativa administrativa sólo podía acarrear
una sanción del mismo tipo, pero en ningún caso responsabilidad civil.
SAP La Rioja (Penal), 8.3.2002 (JUR 138424) -MP: María de las Mercedes Oliver Albuerne-: en el
momento de sacarse una falta en un partido de fútbol, un delantero que estaba desmarcándose de un
defensa rival, situado detrás suyo, le golpeó con el codo en la boca. El delantero no fue expulsado y el
partido prosiguió hasta su finalización. El JI nº 4 de Logroño realiza la instrucción del caso por delito
de lesiones y la AP absuelve al procesado: el codazo se produjo en un lance del juego cuando se
intentaba desmarcar el acusado de su defensor y no concurrió intencionalidad en el mismo.
La mayoría de la doctrina opina que una infracción leve de la normativa no tiene porqué
implicar responsabilidad civil, ya que sólo se apreciará ésta en casos de negligencia grave o
dolo71. Otro forma de decirlo es entender que el nivel de diligencia exigido a los deportistas
67 Véase, en este sentido, la clasificación de ESER, Albin, “Las lesiones deportivas y el Derecho penal. En
especial, la responsabilidad del futbolista desde una perspectiva alemana”, La Ley, Madrid, 1990—2, pp.
1131 a 1135.
68 MEDINA, ob. cit., pág. 254.
71 Véanse, entre otros, ALCAÍN, ob. cit., pág. 179; SEOANE, ob. cit., 2003, pp. 483 a 486; DÍEZ, ob. cit., pág.
35
InDret 3/2005 José Piñeiro
es menor al habitual del buen padre de familia72 (art. 1104 CC) –el buen deportista73-, sobre
todo si la actividad es de riesgo bilateral, puesto que quienes la practican son conocedores
de la posibilidad de sufrir un daño y de que la actividad es competitiva, de forma que
permiten al resto de jugadores unos comportamientos, como empujones o patadas, que en
otro ámbito serían considerados constitutivos de negligencia74.
También debe tenerse en cuenta que en estos deportes, tal como indicó el Tribunal
Supremo en la ya comentada STS, 1ª, 22.10.1992 (FD 5º) “los actos de los deportistas en cada
manifestación deportiva, aun cuando dirigidos a lograr las más adecuadas jugadas no siempre
producen el resultado perseguido”.
En estos casos conflictivos no puede señalarse una línea imaginaria separadora de los
supuestos de responsabilidad de los de asunción del riesgo, pero sí que se pueden citar
unos parámetros75 a partir de los cuales podremos saber si la actuación es o no generadora
de responsabilidad:
• En primer lugar, para que pueda apreciarse asunción del riesgo el acto causante de la
lesión debe realizarse durante y a consecuencia de la realización del deporte.
Existe una nutrida jurisprudencia que aprecia responsabilidad de futbolistas por agresiones ajenas a la
dinámica deportiva. Véanse, por todas, la STS, 2ª, 30.4.2004 (Ar. 3040) -MP: Diego Antonio Ramos
Gancedo- y la STS, 2ª, 6.11.1986 (Ar. 6809) -MP: Fernando Cotta Márquez de Prado-, que condenan
penalmente a un jugador de fútbol por propinar una patada en la cara a otro jugador una vez
finalizado el encuentro y por agredir al árbitro, respectivamente.
72 Cfr. con SEOANE, ob. cit., 2003, pág. 490, que señala lo contrario respecto al grado de diligencia exigido al
deportista aficionado, aunque más adelante –pp. 494 y 495 -, afirma que en los deportes de riesgo bilateral
sólo se apreciará responsabilidad del deportista si concurre culpa grave o dolo. Así, es una idea aceptada
por la mayoría de la doctrina que el nivel de diligencia exigido al deportista es inferior al del buen padre
de familia.
73 Tal como indica MEDINA, ob. cit., pág. 248.
75 En este punto, sigo en gran parte a ESER, ob. cit., pp. 1134 a 1139, que cita tres: factor resultado, factor
36
InDret 3/2005 José Piñeiro
No obstante, debe tenerse en cuenta que a mayor sea la lesión más probabilidad de apreciar
responsabilidad los tribunales, ya que pese a que se considere un lance normal del deporte, al no
ser habitual un riesgo tan alto, los tribunales tenderán a apreciar responsabilidad, en parte bajo
criterios de justicia material.
Por tanto, cabe concluir que se apreciará asunción del riesgo siempre que el deportista
cumpla con la lex artis del deporte concreto, lo que sucedería siempre que el practicante
cumpliera la reglamentación deportiva y también en los casos de infracción leve de la
misma mediante comportamientos considerados como habituales y adecuados en la
correspondiente modalidad deportiva. Así, el futbolista que zancadillea a un rival al
intentar quitarle el balón infringe la normativa deportiva —puede ser sancionado con
tarjeta amarilla o roja—, pero en la mayoría de los casos se apreciará asunción del riesgo al
ser éste un comportamiento usual en el fútbol —conforme a la lex artis—, salvo que la
lesión al contrario haya sido dolosa o gravemente negligente.
77 Sin embargo, sí tiene importancia en el caso citado por VERDERA, ob. cit., pág. 13: el ex jugador del
Manchester United, Roy Keane, lesionó gravemente a un jugador rival (Alf Inge Haaland del Manchester
City) durante un encuentro de fútbol, sin ser sancionado por dicho comportamiento en el terreno de juego.
Pero más tarde afirmó en su autobiografía que la mencionada lesión fue intencionada, lo que propició que
la Federación Inglesa de Fútbol estudiara la posibilidad de sancionarle.
78 MONTERO MARTÍNEZ, Mariano, “El consentimiento en las lesiones deportivas”, en El consentimiento,
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InDret 3/2005 José Piñeiro
Los tribunales se han pronunciado sobre que se entiende por comportamientos normales o
habituales en una modalidad deportiva, sobre todo, en los accidentes en la práctica del
fútbol y en los deportes de combate.
4.2.1 Fútbol
En el fútbol los tribunales aprecian asunción del riesgo del jugador lesionado si consideran
que el acto causante del daño se ha producido en una lance de juego, que serían aquellos
comportamientos que, pese a infringir la reglamentación deportiva y causar una lesión, se
consideran como normales o aceptados en el fútbol, al haberse causado con una negligencia
leve, prácticamente inevitable en el ámbito de los deportes de contacto y por equipo —las
características propias de deportes como el fútbol, balonmano o baloncesto implican
choques frecuentes, que, además, se ven incrementados por el ímpetu y las ansias de ganar
de los jugadores80—.
En algunos supuestos, no existe ningún tipo de duda respecto a la asunción del riesgo, al ser el acto
del causante de la lesión diligente o, a lo sumo, constitutivo de culpa levísima.
STS, 3ª, 1.7.2002 (Ar. 6300) -MP: Enrique Lecumberri Martí-: durante un encuentro de fútbol
femenino organizado por el Ayuntamiento de Crevillente, una jugadora sufrió una fractura del radio
izquierdo en un lance del juego. Tanto el Ayuntamiento de Crevillente (9.5.1994) como el TSJ de la
Comunidad Valenciana (Sección 3ª, 20.1.1998) y el TS desestiman la solicitud de indemnización. Las
participantes del partido habían asumido voluntariamente los riesgos que éste conllevaba.
SAP La Rioja (Penal), Sección 1ª, 8.9.2004 (JUR 253275) -MP: María de las Mercedes Oliver
Albuerne-: en la disputa de un balón en el saque de una falta, dos jugadores rivales chocaron,
sufriendo uno de ellos fractura de nariz a consecuencia del golpe. El JI nº 6 de Logroño realiza la
instrucción del caso por delito de lesiones y la AP absuelve al imputado: quedó probado en la
instrucción que el accidente se produjo en un lance de juego y sin mediar intención de causar daño.
SAP Córdoba, Sección 1ª, 17.9.1999 (AC 8345) -MP: José Gonzalo Trujillo Crehuet-: lesión ocular de
una jugadora causada por una rival en un lance de juego. La AP revoca la SJPI de Baena (3.5.1999),
que había estimado en parte la demanda: la lesión se produjo en un lance de juego y sin mediar
ninguna acción antideportiva, de forma que era un riesgo asumido por la jugadora.
También existen algunos supuestos dudosos, en los que no queda claro si el comportamiento del
futbolista era merecedor de responsabilidad por ser gravemente negligente o debía apreciarse
asunción del riesgo al tratarse de un comportamiento conforme a la lex artis. En estos casos, el fallo del
tribunal en un sentido u otro dependerá de la prueba aportada por ambas partes.
SAP Sevilla, Sección 2ª, 12.5.2000 (AC 1174) -MP: Víctor Nieto Matas-: en un lance de juego, un
jugador golpeó con la mano a un rival, que perdió dos dientes. En el acta arbitral no consta nada sobre
la mencionada jugada. El JPI nº 4 de Dos Hermanas (4.5.2000) concede al actor una indemnización de
1.812,05 €. La AP revoca la SJPI y desestima la demanda: nos encontramos ante un lance de juego que
debe asumir el deportista lesionado, ya que ni del acta arbitral ni de las otras pruebas realizadas se
deduce que la conducta del demandado excediera de los límites normales del deporte, pudiéndola
considerar negligente.
Cfr. con SAP Navarra (Penal), Sección 2ª, 2.5.2002 (ARP 573) -MP: José Francisco Cobo Sáenz-: en el
saque de un corner, un delantero golpeó a un defensa rival con el puño o antebrazo, causándole
fractura de mandíbula. El JP nº 2 de Pamplona (17.10.2001) condena al agresor como autor de un
delito de lesiones y a pagar una indemnización de 9.540,14 €. La AP confirma la SJP: pese a existir
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InDret 3/2005 José Piñeiro
declaraciones contradictorias de los testigos de ambas partes, del análisis conjunto de las pruebas se
deduce que el golpe no se produjo en un lance de juego, sino que fue una agresión, ya que en el
momento del golpe no mediaba el balón.
Por último, los tribunales no dudan en apreciar responsabilidad penal en aquellas agresiones –dolosas
o gravemente negligentes- a jugadores rivales, que incumplen claramente la reglamentación
deportiva. Así, entre otras, la SAP Barcelona (Penal), 23.4.2002 (JUR 177137) -MP: Miguel Ángel
Gimeno Jubero- y la SAP Santa Cruz de Tenerife (Penal), 22.3.2002 (JUR 141493) -MP: Casimiro
Álvarez Álvarez— que condenan como autor de un delito de lesiones a un jugador de fútbol por
propinar un cabezazo a un rival: en el primer supuesto, sin mediar balón, y, en el segundo, tras haber
sido escupido por aquél; o la SAP Cádiz (Penal), Sección 7ª, 27.7.2001 (ARP 765) -MP: Manuel
Gutiérrez Luna-, que condena como autor de una falta de lesiones a un jugador que dio un codazo a
un rival sin estar el balón en juego, a consecuencia de lo cual fue expulsado del encuentro.
En estas modalidades deportivas, todos los casos enjuiciados por los tribunales han sido
consecuencia de un accidente en un combate entre aficionados durante la práctica de una
clase o de un simulacro de combate en una instalación deportiva. En todos los casos se ha
apreciado asunción del riesgo de la víctima, al no haber actuado el causante de forma
dolosa o gravemente negligente, salvo en dos supuestos, con unas características
excepcionales, en los que se ha apreciado responsabilidad del titular de las instalaciones y
del profesor81.
Así, en uno, la condena se basa en permitir combates fuera de horario de clases y sin vigilancia, de
forma que no hubiera existido responsabilidad de haberse producido el mismo accidente durante el
transcurso de una clase; y, en el otro, se fundamenta en la negligencia de la profesora al no imponer
llevar protecciones a los alumnos, de modo que si hubiera llevado casco la alumna, posiblemente no
hubieran existido lesiones o de haber existido, se hubieran considerado asumidas por la víctima.
SAP Sevilla, Sección 5ª, 17.1.2003 (AC 1268) -MP: Antonio Salinas Yanes-: después de una clase de
full contact realizaron una simulación de combate un alumno federado con el profesor, en el transcurso
del cual el monitor dio un fuerte golpe en la cara al alumno. Tanto el JPI nº 2 de Sevilla (20.6.2002)
81Fueron los resueltos por la SAP Jaén 29.11.1994 (AC 1932) -MP: Elena Arias-Salgado Robsy- y por la
SAP Málaga, Sección 4ª, 5.12.1995 (AC 2285) -MP: Francisco Javier Arroyo Fiestas-, ya comentadas en el
apartado 2.4 in fine.
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5. Conclusiones
II. La asunción del riesgo no sólo se aplica a deportistas strictu sensu sino también a árbitros
u otros auxiliares de la competición, a deportistas que están realizando un curso de
aprendizaje deportivo e, incluso en algunos supuestos, a espectadores.
III. El criterio del conocimiento de los riesgos inherentes al deporte sólo será objeto de
especial análisis en aquellas modalidades deportivas de aparición reciente o infrecuentes,
cuyos practicantes desconozcan las posibilidades de lesión derivadas de su práctica. Se ha
estudiado en detalle en relación con los deportes de aventura o riesgo, debido a su
novedad y a que los practicantes suelen desconocer la concreta modalidad deportiva, de
ahí que las normas autonómicas reguladoras del sector exijan a las empresas organizadoras
de estas actividades que informen por escrito de los riesgos de su práctica a los usuarios.
IV. El requisito cuya apreciación plantea mayores problemas es la concreción del riesgo en
una acción dentro de los límites normales del deporte, debido a la dificultad de determinar
con exactitud qué se entiende por actuación normal de cada concreta modalidad deportiva.
V. En los deportes de riesgo unilateral el deportista asume los posibles accidentes que sufra
por sí solo, siempre que el riesgo del mismo no se haya visto incrementado por el
organizador del evento, el titular de la instalación u otro deportista. Sin embargo, en
modalidades deportivas como el esquí, en las que los choques entre esquiadores no son
infrecuentes, puede llegar a entenderse que éstos asumen el riesgo de ser golpeado por otro
esquiador, siempre que su comportamiento no sea doloso o gravemente negligente.
VI. En los deportes de riesgo bilateral, si se respeta la normativa deportiva, en todo caso se
apreciará asunción del riesgo y, en cambio, no se apreciará tal, si el causante del accidente
ha actuado con dolo o negligencia grave. La problemática aparece en los supuestos
intermedios o dudosos.
VII. Las infracciones leves de la normativa deportiva consecuencia del ímpetu de los
deportistas se consideran como un comportamiento dentro de los límites del deporte, de
ahí que se señale que el grado de diligencia exigido a los deportistas es inferior al del buen
padre de familia y que podría calificarse como el del buen deportista.
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6. Tabla de sentencias
Tribunal Supremo
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Audiencias Provinciales
Civil
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SAP Vizcaya, Sección 5ª, 15.3.1999 AC 881 Leonor Ángeles Cuenca García
SAP Alicante, Sección 5ª, 11.3.1999 AC 4898 Andrés Sánchez-Medina y
Medina
SAP Lleida, Sección 2ª, 10.3.1999 AC 698 Mónica Céspedes Cano
SAP Cantabria, Sección 1ª, 11.2.1999 AC 3324 Javier de la Hoz de la Escalera
SAP Huesca, Sección Única, 18.1.1999 AC 3044 Gonzalo Gutiérrez Celma
SAP Salamanca, 19.11.1998 AC 2127 Fernando Nieto Nafria
SAP Huesca, Sección Única, 16.9.1998 ED 27652 Antonio Angós Ullate
SAP Alicante, Sección 4ª, 7.4.1998 AC 4494 José Luis Ubeda Mulero
SAP Cádiz, Sección 2ª, 10.3.1998 AC 6400 Lorenzo del Río Fernández
SAP Huesca, Sección Única, 25.5.1996 ED 13065 Santiago Serena Puig
SAP Girona, Sección 2ª, 2.2.1996 AC 440 José Isidro Rey Huidobro
SAP Málaga, Sección 4ª, 5.12.1995 AC 2285 Francisco Javier Arroyo Fiestas
SAP Orense 17.11.1995 AC 2183 Abel Carvajales Santa Eufemia
SAP Baleares, 19.9.1995 AC 1948 Julio López-Bermejo Muñoz
SAP Jaén 29.11.1994 AC 1932 Elena Arias-Salgado Robsy
SAP Valladolid 21.9.1994 AC 1397 Jesús Manuel Sáez Comba
Penal
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7. Bibliografía
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