El líder de ciegos
En esta actividad, el objetivo es comprobar cómo el liderazgo funciona
mejor cuando recae sobre una sola persona en lugar de muchas y
percibir la importancia de la comunicación en la relación entre jefes y
colaboradores.
Para llevarla a cabo, dividimos la clase en dos grupos. En el primer
grupo se designa un líder y al resto se le vendan los ojos, mientras
que en el segundo equipo, solo uno de los integrantes llevará los
ojos tapados. El objetivo del juego es realizar una tarea: recorrer un
laberinto, llenar vasos de agua, traer y llevar objetivos de un sitio a otro,
etc.
Tras finalizar la prueba, llega el momento de análisis, en el que los
alumnos comprenderán por qué les ha resultado más fácil alcanzar el
objetivo cuando era una única persona la que estaba dando
instrucciones, mientras que el que recibía órdenes del resto de su
equipo cometía más fallos.
Juegos de rol
La interacción con el resto de compañeros, a partir de unos roles previamente asignados,
contribuye a que los alumnos se enfrenten a posibles situaciones que pueden surgir en el trabajo.
La dinámica de esta actividad es sencilla: se trata de distribuir diferentes papeles entre los
participantes (el pesimista, el experto, el proactivo…) y dejar que interactúen representando a
cada personaje. Gracias a este juego, durante el taller de liderazgo se pueden abordar infinidad de
escenarios. ¿Sabrías resolver un problema de desmotivación por parte de los empleados? ¿Cómo
presentarías unos resultados negativos ante la junta de accionistas? ¿Cuál sería tu
comportamiento en una reunión con potenciales clientes o partners?
Tras la representación en sí, es importante que, como alumnos, analicemos los fallos y aciertos
que se han cometido durante el juego de rol y volvamos a repetir la simulación aplicando estas
sugerencias.