0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 248 vistas16 páginasLa Abuela
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
74
—Me niego —dijo la abuela—. Que
me lo cambien
—Primero espera —dijo Karli.
Los organizadores del concurso se ha-
bian dado prisa con el telegrama pero luego
pasaron muchos dias sin que volviera a
saberse de ellos. La abuela, que tenia un
verdadero miedo al premio, no pensaba en
otra cosa y cada vez que sonaba el timbre
salia corriendo hacia la puerta, Luego eran
el cartero o Ia vecina y la abuela se quedaba
muy decepcionada.
—Me parece que me han tomado el
pelo —decia.
—Tampoco pueden ir tan deprisa —le
explicé Karli—. Necesitarin tiempo para
encargar el pasaje.
—No lo quiero —dijo la abuela.
—Ellos no pueden saberlo —dijo Karli.
—jBobadas!
Ia abuela, cuando hablaba del premio,
se indignaba:
—Saben muy bien que a una sefiora
mayor no se le puede regalar un paseo en
avion.
Estaban cenando. Karli se refa. La
abuela le gritaba que no se repantigara en
Ja silla y que no pusiera los codos encima
de la mesa. Karli le pregunté:
—Oye, abuela, ti dices que saben
que eres vieja. ¢Tuviste que poner la edad?
75
La abuela se puso a cavilar. Karli la
sacé de su ensimismamiento:
—No hay que declararla, Por regla
general basta con decir que uno esté autori-
zado a firmar. :Tii lo estas, no?
—¢Te parece que ando mal de la
cabeza? —le grit6 la abuela.
—No —dijo Karli—, zqué tiene que
ver?
De camino hacia Ia escuela Karli estuvo
pensando cémo quitarle el miedo a la abuela
y decidié escribir a los organizadores del
concurso. Por la tarde, mientras la abucla
tepartia prospectos, redact6 la carta:
Karli encontrs un sello, lo pegé en el
sobre y lo eché al buz6n antes de que regresara
la abuela, Karli esperaba que los aconteci-
mientos se precipitaran pero se equivocé, No76
pas6 nada y la abuela siguié hecha un manojo
de nervios. Por fin, a las tres semanas, llegé
una carta de la casa patrocinadora. No iba
dirigida a la abuela sino a Karli y eso fue
lo que mas exasper6 a la abucla. Karli estaba
en la escuela y la abuela no tenia derecho
a abrir la carta. La culpa era de ella porque
le habia prometido a Karli no tocar jamas
su cortespondencia, igual que él tampoco
tocarfa la suya, Eran cosas que no estaban
bien y la abucla andaba en ascuas. Ese dia
Karli tenia seis horas de clase. La abuela por
poco se vuelve loca de curiosidad. Primero
puso la carta al trasluz para ver si podia
leetse el texto. Luego pensé en abritla al
vapor pero eso setfa hacerle trampas a Karli,
asi que esper6. Para que no se le hiciera
tan larga Ia espera se fue a la panaderia,
compré media barra de pan y estuvo charlando
un buen rato con el panadero, hasta que éste
se cans6 y le dijo:
—Ya es hora de que vuelva a la tras-
tienda, Frau Bittel.
A la abuela le supo mal haber entre-
tenido tanto tiempo al panadero pero es que
no sabia qué hacer entrétanto. Finalmente
oy6 a Karli en la puerta, se precipit6 a abrirle
y exclamé:
—iKatli, tienes carta de los del yuelo!
Karli asinti6 friamente, pas6 por delante
de cella sin hacerle caso y se metié en su
cuarto.
7
—js que no te interesa nada de nada?
—le grit6 la abuela.
—Si que me interesa, abuela. En segui-
da voy. Primero tengo que ordenar las cosas
de la escuela —dijo Karli.
—Eso pucdes hacerlo después —dijo
muy nerviosa la abuela.
—Luego te quejas de que soy incapaz
de tener las cosas en orden,
—jAhora, no!
—Claro que si. ‘Te quejas siempre.
—Hoy no.
Karli tard6 todavia un buen rato y la
abuela, esperindolo, media la cocina a zan-
cadas.
—iDios mio! jQué asco de niffo!
—gemia.
Ta abuela le trajo un cuchillo para que
abriera el sobre. Karli desplego la carta con
tuna lentitud exasperante y Ia sostuvo de modo
que la abuela no pudiera leerla. Karli asentia
a medida que iba leyendo, sonrié satisfecho
y plegé la carta.
:Qué hay? —pregunté la abuela.
Todo claro —dijo Karli.
—2Qué significa todo claro? ¢Como se
les ocurte escribirte a ti? La que ha ganado
he sido yo, no ti —exclamé la abuela
—Tai no querias el premio —dijo Karli.
los no podian saberlo —dijo la
abuela.
—En efecto, no podian —dijo Karli78
Karli se sentia pero que muy superior.
—He sido yo ef que les ha escrito.
—{T4? jEstés loco! jMe estas echando
a perder las relaciones comerciales! —le grité
la abuela.
Karli andaba cada vez més tranquilo.
—No te echo-a perder nada, abuela.
Lo tinico que hice fue arreglarlo —dijo.
—jAnda, explicate! —dijo la abuela.
—Voy a ser yo el que haga el viaje
—dijo Karli—. Me lo han cedido a mi porque
tii eres demasiado vieja.
La abuela se sent en el taburete de
la cocina como siempre que no era capaz de
tenerse en pie de nerviosa 0 enfadada y se lo
quedé mirando con los ojos muy abiertos.
—Me has tobado el premio, Karli.
Mi Ginico nieto me roba y, encima, se burla
de mi con esas cartas. jEspantoso! Tendré
que dar parte a la tutelar de menores —dijo.
te pones asi —dijo Karli— no te
hablo més. Ni te digo tampoco las otras cosas
que pone la carta,
—2Qué cosas?
A ti te toca también algo, abuela.
De consolaci6n.
—jlas sobras!
La abuela desisti6.
—Te invican a comer en el restaurante
del aeropuerto mientras yo vuelo —dijo
Karli—, Una sefiora comida,
79
—jAsi la consuelan Iuego a una!
—coment6 la abuela.
Ta solucién, cn el fondo, le gusté:
no se perdia el premio, y un buen almuerzo
no era tampoco mala cosa. A Ia abuela le
quedaba sin embargo el miedo de pensar que
Karli iba a andar dando vueltas por los aires.
—A partir de ahora mi correspondencia
comercial me la dejas en paz —dijo la abuela
para terminar—. jLa Gltima vez que te entro-
metes en mis cosas!
Me enfado con el chico cuando se inde-
pendixa y deberia alegrarme. Da lo mismo que
Karli se meta alguna que otra vex en mis
asuntos. No he sabido comportarme. Habria
de ayudarle més en estas cosas.a@La abuela y Karli visitan 4.
a una anciana en el asilo
—Hhace meses que le he prometido
a Frau Wendelin irla a ver un domingo —dijo
la abuela—. Y ti me acompafiaris, Karli.
De lo contrario no resisto tantos viejos.
— Donde vive Frau Wendelin? —pre-
gunt6 Karli
—En el asilo de ancianos de Ober-
menzing —le explicé la abuela
—Ni pensarlo —dijo Karli.
—Ta te vienes.
La abuela no admitia réplicas, Ese dia
se puso aquel extrafio vestido domingucro
que Hevaba s6lo cuando iba de viaje o se
asomaba a algiin negociado. A Karli le ordend
también que se vistiera de un modo decente
y se fueron los dos en travia a Obermenzing.
En el caser6n en que entraron debian
vivir, realmente, muchos viejos. El jardin que
lo rodeaba estaba Ileno de ellos.
Ia abuela not6 que Karli se asustaba
y le dijo, algo brusca:
—2Te crees ti, primavera, que vas a
ser eternamente joven?82
—Yo no —dijo Karli—, pero no voy a
set nunca tan viejo. ¥ si lo soy, entonces
como ta.
Ta abuela se 1i6.
—Si ti no me conocieras, Karli, y
estuvieras aqui de visita con cualquier otra
persona, yo seria una de tantas viejas.
Karli no dijo nada més.
Frau Wendelin los recibié en una sala
extrafiamente inhéspita, con muchas mesas
redondas y viejos sillones acolchados. Frau
Wendelin era una anciana diminuta cuya
cabeza no cesaba de temblar. La abuela, al
verla, pareci6 alegrarse de verdad y le present
orguilosa a Karli:
—Mi nieto. Ya sabré usted que vive
conmigo.
En la sala hacia demasiado calor. Olia
a moho y a aire viciado. Karli sudaba. Se
quité la chaqueta. Karli se di6 cuenta de que
la abuela también sudaba porque, al cabo de
un fato, se quité incluso el sombrero. Karli
no atendia a la conversacién de las dos viejas.
La abucla explicaba cosas de Karli, Frau
Wendelin hablaba de su Gnico hijo que era
aviador y habia muerto en la guerra.
—Muy joven —repetia—. Muy joven.
Karli observaba a los viejos y viejas de
las mesas tedondas. La mayorla se compor-
taba normalmente. Algunos, sin embargo,
sonrefan 0 sc refan bajito de una forma
extrafia. Hablaban consigo mismos. A otros
83
les tenia que ayudar a comer una monja,
Los habia sentados en sus sillas, inméviles,
como si ya estuvieran muertos. Karli no les
tenfa miedo. Pero era un mundo angustiante
y ajeno.
De regreso a casa apenas hablaron,
—Mala cosa, mala, vivir asf apifiados
—dijo la abuela—. Todos viejos, terriblemente
viejos.
A Karli le resultaba dificil explicarse:
—Ti eres también vieja, abuela, pero
no asi. Ta eres vieja de un modo’ muy
distinto.
—No es cierto —respondié la abuela—
Yo soy tan vieja como ellos. Lo que pasa es
que estoy sola y, ademés, contigo que etes
un nifio, La edad entonces cambia. La vejez,
Karli, se vuelve tettible cuando una, de tener
tantos viejos alrededor, deja de ver la vida.
Eso ¢s todo. El mundo tiene miedo de los
viejos, Karli. ¥ vi,
Karli volvié a pensar en el calor, la
peste y la estrechez que le angustiaron. Le
dio la raz6n 2 la abuela y le parecié que
era una mujer estupenda.
Me alegro de que Karli haya visto
c6mo son las cosas: viejos y mas viejos amon-
tonados en un asilo.
No me gustaria ir @ parar alli. Por nada84
del mundo. Y tampoco me encuentro tan
vieja.
La culpa, en realidad, es de Karli.
Si no tuviera que ocuparme de él andaria
@ cuestas con mis achagues, me quejaria,
les daria la lata a los vecinos. Karli es mi
medicina.
# Laabueladiscute
con el televisor
A principio Kati y la abuela solian
pelearse a la hora de elegir programa. Con
el tiempo el problema se fue solucionando
s6lo, puesto que la abuela se interesaba muy
poco por la television. La abuela preferia
coset o leer el periédico. Ademis, las peliculas
del oeste 0 las policiacas la aburrian sobe-
Tanamente, con gran sorpresa por parte de
Karli. La abuela solo queria ver peliculas que
ya conocia de antes. Y ahi si que no admitia
réplicas. Enviaba a Karli a la cama y le decia:
—Eio ti no lo entiendes porque eres
demasiado joven. Son cosas que pasaron
hace demasiado tiempo.
Karli habia visto con ella la mitad de
tuna de esas peliculas y a encontré sentimental
y aburrida, La abuela sin embargo loro a
lagrima viva.
Karli se despert6 una vez por la noche
y oy6 hablar a la abuela. Se asust6. La abuela
no le habia dicho que esperase gente, Karli
fue de puntillas hasta la puerta, la abrié sin
hacer ruido y se asomé al cuarto. La abucla86
estaba sola, sentada delante del televisor y
hablando con él. Parecia muy excitada.
‘Pacotilla! —exclamaba.
Karli se propuso recordar la palabra y
preguntarle a la abnela lo que significaba.
—Pacotilla y nada més que pacotilla
—tepetia la abuela—. Asi no vive nadie. Ni
siquiera los ricos. Yo no sé por qué se lo
inventan. Lo que hacen es tomarnos el pelo.
Eso no tiene nada que ver con nosottos. Son
cosas que en la vida real no existen. Y yo aqui
con Karli, la pensién y el subsidio de orfandad
que me dan por el chico. Eso no lo sacan
nunca. Esas cosas, no. ¢Por qué miro la televi-
sién entonces?
Karli volvi6 a cerrar despacito Ja puerta
porque le entraba la risa. Las rabietas de la
abuela a veces resultaban divertidas.. A la
mafiana siguiente le pregunté:
—Dime, abuela, zqué quiere decir
pacotilla?
La abuela dejé Ja taza, sorprendida.
—;Cémo se te ocurte, Karli? —le
pregunté.
Karli estaba un poco desconcertado
—Es que esta noche Ie has estado
gritando un buen rato al televisor y le has
dicho que todo es de pacotilla.
—jAh, claro! —respondié la abuela—.
Las cosas de’ pacotilla es que son mentira.
O tonterias.
|
I
i
|
I88
—,Qué pelicula era, abuela? —pre-
gunt6 Karli.
—Es eso que laman cine de tesis 0
algo asf. Se trata de una fiesta de cumpleafios
en Inglaterra o en Norteamérica, una cuadrilla
de insensatos que no trabajan, y en vez de
ricos resulta que son pobres, 'y estén locos
o hacen como si lo fueran, ;Vete a saber
ta por qué!
—Pues es divertido —dijo Karli—. En
las peliculas, que a ti te gustan la gente va
siempre de un lado a otto con esos trajes
antiguos y no paran de llorar y de abrazarse.
—Ta no lo comprendes —dijo la
abuela—. La vida antes era asi.
—No lo creo —dijo Karli. ;Cémo
en la pelicula esa de la seftorita en el tejado
que por poco se cae? Yo esas cosas no las he
visto nunca.
—Es que se trataba de una herencia
—dijo la abuela.
—Qué ¢3 una herencia? —pregunté
Karli.
—Cuando una persona se muere, el
dinero que le pertenecia, las casas o las fabicas
van a parar a otros que suelen ser los parientes
—traté de explicatle la abuela.
—Té no tienes mucho dinero, ni casas
ni fabricas —dijo Karli.
—Yo no —dijo la abuela—. Pero en
esa pelicula la gente tenia mucho dinero y se
89
Jo querian quitar con engafios a la chica a la
que le tocaba, Y eso es una cochinada.
—A mi me da lo mismo —dijo
Karli—. Esas peliculas son muy aburridas.
—A mi me aburren las del oeste. Y,
ademas, tampoco son verdad. Ti has visto
alguna vez a gente cabalgando y disparando
por la ciudad? —pregunt la abucla.
—Son cosas que pasan en América
—dijo Karli.
—Con todo y eso —dijo la abucla
que tenia ganas de pelea.
Karli, no. Karli se limit6 a decir:
—Pacotilla es una palabra que me gusta
mucho.
Siempre esti bien saber lo que significa
pacotilla pero que Karli me tome el pelo de
esa forma, por Worona, jeso si que no! No
tendria que consentirselo. Algo de razén Weva
cuando dice que esas peliculas s6lo sirven para
Vorar a gusto. Lo que pasa es que yo las
modernas ya no las entiendo. Quizds tuviera
que hablar un poco més de politica con Karli,
Mi marido nunca quiso. Aunque le fueran
siempre mal las cosas decia:
Yo en un partido ni hablar. ;A mi
en es0s megocios sucios que no me metan!
Y eso que hubiera podido luchar por
sus derechos. Cuando yo, después de laA
90
guerra, me incliné por la socialdemocracia
—entre otras cosas porque me gustaba Kurt
Schubmacher que era de verdad un politico
estupendo— Otto, mi marido, renegaba como ay
un cochero. Me parece mal, Karli, cuando sea |
mayor, no deberia descuidar esas cosas. |
2 La abuela cae enferma %.
—
Koarti no podfa imaginarse que la
abuela cayera enferma. No lo estuvo durante
mucho tiempo pero poco antes de que Karli
cumpliera los diez afios sucedi6 aquello que él
tanto teria en secreto. Durante varios dics la
abuela traté de ocultarlo, Se quedaba mas
tiempo que de costumbre-en la cama, le pedia
que se hiciera él mismo el desayuno, apenas
repartia prospectos,. enviaba a Karli a la pana-
deria —hacfa, en resumen, un montén de
cosas raras.
—{No te encuentras bien? —le pre-
gunté Karli,
—Claro que si —dijo Ia abuel—
Estoy s6lo un poco floja. Es-el cansancio ese
que me entra siempre en primavera.
No lo eta. Al quinto o sexto dia la
abucla Ileg6 a la conclusién de que tenia
i fiebre y de que habria probablemente que it
t a buscar al médico.
Karli se qued6 muy intranquilo y tuvo
que esforzarse porque la abuela no se lo
notara.92
—,Quiéres entonces que vaya a buscar
al médico? —Ie pregunt6.
—Si, hazlo —dijo la abuela.
Karli llamé al timbre del médico fuera
de las horas de visita. La enfermera del con-
sultorio le abrié la puerta. Parecia algo enfa-
dada:
—{No puedes venir a las horas de
consulta?
—La abuela esta enferma —dijo Karli.
La enfermera lo mir6 € hizo un gesto
de contrariedad con la cabeza
—;Frau Bittel? {No puede ser!
—Si que puede ser —dijo Karli—. Esta
enferma de verdad. Tiene fiebre y cuando la
abuela quiere que la vea el médico.
Karli estaba a punto de echarse a Horar.
—No te preocuptes, Karli, el doctor
Hinz iré en sepuida.
La sefiorita se mostraba mucho mas
amable
—Bucno —dijo Karli—. En seguida,
pero de verdad.
—Tan pronto como vuelva de la visita
—le prometié la enfermera.
El médico se present6 poco después,
efectivamente, y mand6 a Karli salir del cuarto
para reconocer a fondo a la abuela.
Karli, en su habitacién, no sabia qué
hacer y pensaba en el discurso que le habia
soltado la abuela el dia de su Gltimo cum-94
pleafios. Karli se imaginé lo que pasaria si
muriera la abuela y se dijo, bajito:
—ta abuela no puede morirse.
Karli se sentia como si tuviera cinco
afios.
Llamaron a su puerta, Era el médico
que venia a buscarle. Se sentaron junto a
la cama de la abuela.
—Oyeme bien, Karli —dijo el mé-
dico—. No tienes que preocupafte. La abuela
tiene unas anginas de cuidado pero esta muy
bien para su edad. ¢No es verdad, Frau
Bittel?
A [a abuela se le iluminé el rostro y
asintié..
—No me parece prudente dejarla aqui,
sin que la cuiden —sigui6 diciendo el doc-
tor—. Ta, Karli, no estis en condiciones de
hacerlo. La abuela deberfa ir a la clinica durante
una semana. Ya lo he hablado con ella. Le
diré a la vecina que te eche un vistazo de
cuando en cuando y se lo comunicaré también
a la asistente social.
—A é&a, no —dijo Karli.
—A &a, también —dijo el médico con
decisiin—. Las cosas, Karli, tienen que seguir
su curso otdinario, de Jo contrario intranqui-
lizarfas a tu abuela y no se pondria bien.
—Entonces, bueno —dijo Karli.
—Mafiana por la mafiana vendra una
ambulancia a recogerla. Ta t6mate un dia libre
en la escuela. Yo te escribiré una dispensa.
95
—Bueno —dijo Karli déndose cuenta
de que se tranquilizaba.
Ia situacién era grave y tenia que de-
mostrarle a la abuela que podia confiar en él.
‘A la mafiana siguiente, muy temprano,
se la llevaron.
Karli, después de cerrar la puerta, se
eché a Ilorar. Era temprano y hubiera podido
it todavia a la escuela. No lo hizo. Karli
empez6 a ordenar la casa como lo hacia la
abuela. Més tarde llamaron a la puerta y la
vecina le pregunté a qué hora queria que le
ttajera el almucrzo.
—Ahora no —dijo Karli.
“To tienes todo que tesplandece de
limpio —le dijo la vecina.
Karli se alegré. Por la tarde estuvo
jugando al fatbol y a las cinco fue a ver a
la abuela a la clinica. Iria todas las tardes,
aunque los dias de visita fueran sélo tres a la
semana. A Karli le habian dado un permiso
especial.
La abuela aparentaba mucho cansancio
y pregunté poco. Karli se senté junto a ella,
sin saber qué contarle, y le dié un poquito
de vergiienza. Hubiera tenido que pensar
antes como entretenerla.
Al dia siguiente, después de la escuela,
cuando estaba almorzando solo, recibié le
yisita de la asistente social. Era nueva. Se
presenté:96
—Soy Friulein Hauschild.
—Yo soy Karli Bittel —dijo Kadli
La asistente social se rid.
~Ya lo sé —dijo, Y le pregunté si
podia ayudarle en algo.
—Pues no —dijo Karli—. Ya me las
voy arreglando.
—Me parece estupendo —dijo la asis-
tente social—. Voy a pasar todos los dias,
por si acaso, y-si hay algo que no marcha me
lo dices. ¢La comida te la trae la vecina?
~Si —dijo Karli.
—Tampoco hace falta que seas tan
ordenado —le dijo la asistente social.
‘A Karli le gust6 mucho
Al dia siguiente, cuando quiso ir a ver
a la abuela, la enfermera se lo prohibio.
—Hay que dejarla tranquila. Esta débil
de ke fiebre
‘A Karli le entré miedo de-que fuera
a ocurtir lo inimaginable y pens6 que tenia
que prepararse
—Friulein Hauschild —le dijo. Sé
que la abuela va a morirse.
—jTonterias, Karli! —dijo Fraulein
Hauschild—, Acabo de preguntar qué tal esta.
—Se moriré —dijo Karli. Y me
Hevacn a un asilo de huérfanos.
—jBobadas!
Karli se dio cuenta de que Friulein
Hauschild no quetia seguir hablando.
97
La asistente social iba a verle codas las
rardes, se sentaba a veces con él junto al
televisor, le repasaba los deberes, conversaba
con la vecina. Era muy simpitica y no pre-
guntaba. Procuraba simplemente que todo
marchara bien,
Los dias siguientes pudo volver a visitar
ala abuela. Algunas veces la misma Fraulein
Hauschild lo Ilevaba a la clinica. La abuela
se recuperaba rapidamente. Karli no tenia
ya que inventarse nada; la abuela volvia a
contar cosas, preguntaba, ordenaba.
‘A las dos semanas justas regres6 a casa.
Karli limpié bien el piso y puso en la puerta
un letrero en el que habia escrito con lapiz
rojo:
«jBIENVENIDA!»
La abuela se permitié el lujo de Hegar
en taxi. Karli la oyé reir delante de la puerta.
El cartel la alegré. Esta vez no lo abraz6
la abucla a él sino él a la abuela. Era la
primera vez que lo hacia. La abuela recorrié,
el piso, lo examin6 todo detenidamente, le
pareci6 impecable y dijo, dandole un empujén:
—Bueno, ahora vamos a seguir, Karli.
La abuela iba a hacerse un café cuando
soné el timbre y la vecina le trajo un ramo
de flores, la abuela se lo agradeci6, volvié
a sonar, era la mujer del panadero con una
tarta. La abuela les explicé la enfermedad con
gran derroche de palabras, volvié a sonar el
timbre y se presenté Friulein Hauschild.98
Todos hablaban a la vez y se encontraron de
repente sentados en torno a la mesa redonda,
Karli también, la mar de alegre, y a todo el
mundo le parecié que la abuela tenfa muy
buen aspecto y que estaba ya repuesta.
—No esta mal eso de repuesta —dijo la
abuela,
Por la tarde, después de la fiesta —la
recepci6n se habia convertido al final en una
pequefia y estupenda fiesta— la abuela decidid
ise 2 acostar mds temprano que de costumbre.
—Tengo que cuidarme un poco por las
noches —dijo.
—Estar sin ti es terrible, abuela —dij
Karli,
—Lo ves —dijo la abuela—. Peto
tienes que aprender a estarlo.
Karli lo comprendi6, Luego pens6 en
el miedo que habia pasado, en la gente tam-
bién que le habia ayudado y en que no iba a
set siempre asi,
Karli oy6 como la abuela se encetraba
en su cuarto y se acostaba entre suspiros
Igual que tantas otras noches. jOjalé siguieran
ast las cosas!
—jBuenas noches, abuela! —exclamé.
Y la abuela le respondié:
—Que duermas bien, Karli, Mafiana
te despertaré.
—Esta bien, abuela,
Karli no tuvo que poner el despertador.
De eso volvia a encargarse la abuela.100
Esto se acaba, Erna Bittel, pensé. Y
cuando el muchacho se fue corriendo a buscar
al médico volvieron a desfilarme por la cabexa
todas esas cosas. ¢Qué iba a ser de él? ;Ouién
iba a recogerlo? ;Irta Karli a parar a un asilo?
Hubiera querido levantarme tan s6lo para que
nadie notara nada, pero me sentia ternble-
mente mal y pensaba en la muerte.
Ya pasé. Volvemos a estar juntos. Karli
me parece que se ha vuelto mas atento y
reflexivo. El susto le calé muy hondo. Seria
mejor que vivieran todavia sus padres. Para él,
claro. Para mi, no. No, para mi no. Aunque
@ veces, durante el dia, no pueda casi con
mis huesos. Karli es para mi, a pesar de todo,
una segunda vida. Y espero aguantar unos
ahos todavia.
|
a Karli cumple los diez %,
Cunndo Karli cumplio los diez
invité a todos sus amigos. La abuela se porté
perfectamente, sin quejarse en absoluto, tolerd
el ruido y jugé incluso con ellos. Ni siquiera
Je parecié mal que uno de los chicos derra-
mara zumo en la alfombra. Ese cumpleafios
fa abuela le explicé a Karli que las cosas no
iban a seguir asi eternamente.
Los chicos se marcharon. Karli andaba
todavia sofocado, con el precioso. «handal>
que le habia regalado la abuela. La abuela le
hizo sentar junto a ella en el sofa y, sin
mirarlo —tomando levemente la mano de
Karli en la suya— le solt6 todo un discurso:
Karli, a los diez afios una persona es
capaz ya de pensar, me parece a mi. Y tt
has visto muchas cosas. Puedo exigirte que
reflexiones, everdad? Yo, ahora, tengo mas de
setenta. Bueno, ya sé que no se me notan,
pero imaginatclo: sesenta afios més que ti.
@Eres capaz de imaginarcelo?
—No —dijo Karli asustado.
—Es lo que yo pensaba —sigui6 di-
ciendo la abuela—. Tienes que reflexionar——————————ESVO”~
102
sobre ello. Yo a los cien no lego. Y esa
enfermedad de hace poco...
sPongamos que me queden todavia
ocho afios y ya es mucho. TG tendras entonces
Gieciocho y- podsas arreglartelas solo. Pero
pongamos que me queden s6lo cuatro...
— {No lo creo! —la interrumpi6 Karli.
sta bien que no lo creas, Karli
Yo tampoco lo creo pero tienes que saberlo.
{Comprendes? Te queda esa tia de Bottrop.
S¢ me ha olvidado cl nombre. Nunca se
prcocups de ti, la hermana de tu madre.
Podrfa recogerte. © tendrias que ir a un
orfanato, Karli.
No —dijo Karli con decision
—No te quedaria mas remedio —dijo
Ja abuela.
—Me latgaria entonces. —respondié
Karli,
—Tonterias —dijo la abuela—. No
todos los asilos son malos.
— :Quieres decir con eso que vas a
morirte pronto, abuela? —pregunt6 Karli.
PYo me he propuesto vivir lo més
posible, Karli —dijo la abuela—. Pero no
Basta con proponérselo, aunque también
ayude.
La abuela lo atrajo hacia sf, cosa que
raramente hacia. La abuela olfa a cocina y a
patio viejo. Karli casi se echa a llorar de miedo
porque se dio cuenta también de que sabia
103
muy pocas c0sas de Ia abuela y, pese a todo,
Ja querfa muchisimo.
—Ya tendremos cuidado —dijo la
abuela—. Te lo he explicado y eso es lo
importante.= INDICE
De cémo Karli fue a parar a casa de
la abuela . :
La abuela es diferente »
Con la abuela en el Negociado ... .
Cuando la abuela se pone a contar
cosas
La abuela hace just
avergiienza de ella
Con la abuela de vaca
La asistente social va a ver a la abuela
ya Karli
Los miedos de la abuela
‘Ala abuela le gusta el faitbol .
De por qué Karli y la abuela
de vez en cuando .
Ta abuela gana un viaje
Ia abuela y Karli visitan a una
anciana en el Asilo......... a
La abuela discute con el televisor .
La abuela cae enferma.......
Karli cumple los diez... .
ia y Karl se
También podría gustarte
3-La Abuela
Aún no hay calificaciones
3-La Abuela
50 páginas
? La Abuela
Aún no hay calificaciones
? La Abuela
4 páginas
Abuela
Aún no hay calificaciones
Abuela
4 páginas
La Abuela
Aún no hay calificaciones
La Abuela
8 páginas
Lyna
Aún no hay calificaciones
Lyna
109 páginas
Guia Algebra
Aún no hay calificaciones
Guia Algebra
2 páginas