Narradoras en Tránsito de Jesús Eloy Pérez Alonso
Narradoras en Tránsito de Jesús Eloy Pérez Alonso
RESUMEN
Las escritoras españolas nacidas en los 70 conforman una «cuarta ola» en la narrativa escrita por mujeres
ABSTRACT
Spanish women writers born in the 70´s form a «fourth wave» in the narrative written by women from
1939 until today. These authors are the first who grow at the dawn of the democracy and they lived
the development and opening of the last two decades of the 20th century. Their emergence on the
literary scene takes place in the first decade of the new century and their biographical and cultural
constraints strongly influence the themes, characters and approaches of their work, which is reflected in
several stylistic features, which show, on the one hand, a continuity (an diachronic axis characterized
by the tradition of storytellers in Spain) as well as a breakup (mainly regarding the influence of the
postmodernism), on the other hand. In this article we approach these writers trying to set the main
features of their narrative by analyzing a corpus of several of their works.
Keywords: Literature. Narrative. Women writers. Spain. 21st century
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SUMARIO
1.- Introducción. 2.- Contexto socio-cultural. 3.- Contexto literario. 4.- Características propias. 5.-
Conclusiones. 6.- Bibliografía
1. Introducción
NARRADORAS EN TRÁNSITO. VOCES PROPIAS DE ESCRITORAS NACIDAS EN LOS 70
siglo. Las escritoras que nos ocupan ya no sólo publican en democracia, sino que se han
educado en los años ochenta y primeros noventa llegando en su mayoría a finalizar estudios
de enseñanza superior y en muchos casos de doctorado. Son escritoras nacidas entre 1970
y 1979, sin embargo no son las recién llegadas, pues este panorama se completaría con las
«ultimísimas», autoras nacidas en la década de los 80 y que acaban de comenzar a publicar
recientemente1.
Pretendemos en este artículo ofrecer unos rasgos comunes que indaguen en cuáles son
las concomitancias y diferencias con otras narradoras anteriores, comprobando además en
qué medida están influidas por algunas notas características de la posmodernidad narrativa.
Para ello repasaremos, en primera instancia y forma somera, tanto el contexto histórico, social
y cultural en el que crecen estas autoras como el marco literario en el que están inmersas.
Por último, debemos puntualizar que estamos ante escritoras cuya trayectoria literaria
está dando sus primeros pasos, de ahí la etiqueta de «narradoras en tránsito». Por ello, se
antoja necesario subrayar que este artículo supone una aproximación inicial a un tema que,
debido a la juventud de estas autoras y al hecho de que tienen una obra en construcción,
resulta provisional, pues abarca el primer decenio de su producción.
1 Al respecto hay dos antologías que pueden dar pistas de algunas de las mujeres que, por el momento, despuntan en esta narrativa
ultimísima: Última temporada (Lengua de trapo, 2013) –en la que aparecen 10 mujeres de los 20 autores seleccionados: Paula Ci-
fuentes, Aixa de la Cruz, Jenn Díaz, Laura Fernández, María Folguera, Rebeca Le Rumeur, Cristina Morales, Aloma Rodríguez, Jimina
Sabadú y María Zaragoza– ; y Bajo treinta (Salto de página, 2013) –en la que hay 8 mujeres entre los 14 autores seleccionados–;
en ella repiten Aixa de la Cruz, Jenn Díaz, María Folguera, Cristina Morales y Aloma Rodríguez y se añaden Irene Cuevas, Marta
González Luque y Almudena Sánchez.
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2. Contexto socio-cultural
Nos encontramos ante unas autoras que han crecido y se han formado ya en la
democracia; desde el comienzo de su trayectoria literaria disfrutan de un horizonte libre
de censura y un renovado panorama editorial que, en apariencia, ofrece un acceso más
igualitario a las mujeres escritoras. Así pues, son la primera generación de narradoras que
no ha vivido la adaptación de España a un sistema democrático y plenamente capitalista,
sino que han crecido y se han educado en los años de la consolidación de la democracia,
superada ya la transición
Precisamente en la década de los 70, años de nacimiento y primera infancia de
nuestras autoras, la situación y el papel de la mujer en la sociedad española cambia de
forma muy acusada. Algunos hitos importantes en este sentido son las Primeras Jornadas de
Durante los años ochenta la presencia de mujeres en los poderes era nula, aunque un número
bastante significativo había formado parte de las organizaciones, plataformas, lugares de
agitación y encuentro de los que se nutrió la nueva élite política. Pero ellas no aparecían a la
hora del relevo2 (Valcárcel, 2008: 430).
Por otro lado, dos fechas resultan clave en esta década. En primer lugar, en 1982 la
victoria del PSOE en las urnas inaugura una «era del entusiasmo» que se caracteriza por una
2 Este fenómeno recibe el nombre de «techo de cristal», según el cual con parecida formación y similares destrezas, las mujeres
son sistemáticamente obviadas en las escalas más altas del sistema. Esta realidad reorganizó la agenda de las políticas de igualdad
buscando la paridad impulsada por la Declaración de Atenas (1992), primera cumbre europea bajo el lema «Mujeres al poder».
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política de apoyo y promoción del nuevo arte español, la profesionalización de este sector y
su inmersión en las corrientes internacionales. En segundo lugar, la entrada en la CEE el 1 de
enero de 1986 iguala a nuestro país en el contexto de las sociedades europeas.
La década de los noventa irrumpe con una España ya completamente inserta en el
contexto social y cultural europeo. El decenio comienza con la caída del muro de Berlín, lo
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del siglo XXI, las principales demandas feministas de las mujeres españolas «se concretan en
el empleo, la violencia y la imagen» (Valcárcel, 2008: 432).
3. Contexto literario
Salvo en el apartado «bolsillo» en el que son mujeres la mitad de los autores más vendidos y en
infantil/juvenil, en el que ellas son levemente mayoritarias, […] la proporción de libros escritos
por mujeres entre los más vendidos es de algo menos del 30% en narrativa, y casi inexistente
(5% o menos) en no ficción y en poesía5 (Freixas, 2009: 25).
3 Y ambas con bastantes matices, pues sólo sus primeras obras se englobarían en este movimiento: Amor, curiosidad, prozac y
dudas (1997) de Etxebarría y Veo Veo (1996) de Bustelo.
4 Ambos autores tenían menos de 25 años cuando recibieron estos galardones, aunque en años posteriores sus carreras literarias
se desarrollaron de forma divergente. Mañas optó por explotar el realismo sucio y sus novelas posteriores (Mensaka, Soy un escritor
frustrado o Ciudad rayada) fueron recibidas por crítica y público de forma muy desigual, mientras que Freire, que nunca perteneció a
la generación X, ha seguido una trayectoria más heterogénea cultivando el ensayo, la novela histórica, el microrrelato… en general,
con notable reconocimiento.
5 Y con una visión panorámica de quince años, en uno de sus últimos artículos al respecto, Freixas insiste en «Qué fue de las
mujeres escritoras» que a pesar del tan cacareado «triunfo de lo femenino», las autoras siguen relegadas. [Link]
elpais/2013/06/25/opinion/1372182616_612684.html
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membrete ha alcanzado notoriedad y ha impulsado las ventas y visibilidad de determinadas
escritoras y sus obras –también de muchos hombres escritores que escriben para un público
mayoritariamente femenino–. Así lo afirma Jordi Gracia al sostener que «el incremento de
autoras parece dar la razón a quienes aseguran que el mejor cliente de librerías y similares es
femenino y que, en gran medida, de ese lector (lectora) depende la fortuna comercial de un
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libro» (2000: 29). Sin embargo, las mujeres escritoras subrayan el perjuicio que les ocasiona a
la hora de considerarlas narradoras serias y el riesgo que tienen de ser desplazadas del canon
literario hacia un apartado específico y marginal bajo la etiqueta de «literatura femenina».
Otro aspecto notorio es la brecha y el distanciamiento entre el feminismo militante y las últimas
escritoras españolas, que consideran que esta denominación perjudica su labor de creación
literaria. Finalmente, el foco también está puesto en una crítica literaria eminentemente masculina
que suele minusvalorar a la mujer como creadora y como lectora. En términos literarios, una de
las primeras impresiones que se tiene ante la obra más reciente de las narradoras nacidas en
los setenta es que «la diversidad protagoniza el análisis del panorama de la narrativa actual
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escrita por mujeres en España» pues, en general, «encontramos una serie de características
–en cuanto a tramas, atmósferas, tono…– que diferencian a las autoras actuales de las de
generaciones anteriores»6 (Medel, 2005: 12). Tampoco parecen tener estas narradoras muchas
conexiones estéticas con la más reciente «generación Nocilla»7 o afterpop; así por ejemplo,
aunque Lolita Bosch y Mercedes Cebrián han sido adscritas a este grupo, ambas han mostrado
su desacuerdo al respecto.
4. Características propias
6 Así lo expresa Elena Medel en el prólogo a la antología de relatos eróticos escritos por mujeres titulada Todo un placer (Berenice,
2005), en el que hace un somero e interesante análisis del panorama de la narrativa femenina en el comienzo del nuevo siglo.
7 Nuria Azancot (2007) fijaba la nómina de autores en un artículo de El Cultural. Entre todos ellos sólo hay dos mujeres, Bosch y Ce-
brián. Además, asegura que entre sus características comunes estarían una voluntad de transgresión, su intensa actividad como blo-
geros y su firme voluntad de hibridar los géneros literarios. Accesible en: [Link]
La_generacion_Nocilla_y_el_afterpop_piden_paso/
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como los setenta habían sido» (2008: 432). El segundo es la tendencia de estas escritoras a
desmarcarse y negar su adscripción e incluso la existencia de una literatura escrita por mujeres
con unas características propias y diferenciadas. Parece obvio que existe una brecha entre
escritoras y feminismo militante, «una ruptura que se remonta a la década de los ochenta» y
que «es una de las notas más destacadas de la reflexión teórica sobre el concepto de literatura
femenina en nuestro país» (Navas Ocaña, 2009: 40, 43). Sin embargo, algunas de nuestras
escritoras «respecto de los valores feministas, aunque mantienen posiciones y comportamientos
que pueden incluirse totalmente dentro de los postulados del feminismo, formalmente no
necesariamente se identifican con ellos» (Folguera, 2008: 461). En muchas de las obras de
estas autoras no se incluyen de forma explícita estos contenidos. Incluso merece destacarse que
la transgresión de los roles tradicionales y del mandato de género resulta poco frecuente. Así,
por ejemplo, Lailja, la protagonista de La mujer calva de Cristina Cerrada, instala a su madre
8 Quizá una de las excepciones más visibles sea la de Lolita Bosch, muy comprometida en los últimos años con la denuncia y erra-
dicación de la violencia en México, su país de adopción
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• Una narrativa más concentrada, con preferencia por el cuento y la «nouvelle»
o en todo caso por novelas breves9. Así el cuento se ha convertido en un género en
igualdad de condiciones frente a la novela y se observa que la narración breve aparece
en su bibliografía con bastante asiduidad. Como afirma Valls:
•
Todo ello es señal de que está teniendo lugar un generoso relevo generacional, sobre
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todo si lo comparamos con las escasas autoras, de interés, que se dieron a conocer como
cuentistas durante los noventa, de las que perviven, casi como excepciones, Rosa Montero,
Almudena Grandes y Mercedes Abad (En Encinar y Valcárcel, 2009: 138).
su parte, Encinar y Valcárcel (2012: 13-14) fijan algunos rasgos de los cuentos escritos
por narradoras españolas en los últimos años que corresponden a distintas modulaciones
del realismo (psicológico e intimista; lírico; anclado en lo cotidiano; irónico; sarcástico y
grotesco; sórdido), a la metaficción literaria, a la reescritura de mitos y al microrrelato.
Asimismo, destacan que «el relato fantástico ha sido poco cultivado […] y el relato
policiaco tampoco ha gozado de excesiva atención» (2012: 14).
9 Algo que también han explicitado Gracia y Ródenas cuando señalan como uno de los rasgos de la narrativa de los jóvenes
autores del s. XXI la «atomización extrema de las tramas» (2011: 969).
10 No es una excepción en la narrativa actual escrita por autores jóvenes esta exploración autobiográfica a través de la autoficción
y siguiendo un rastro genealógico. Premiados ejemplos en este sentido son Bilbao-Nueva York-Bilbao de Kirmen Uribe (Premio Nacio-
nal de Narrativa 2009) o Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente (Premio Nacional de Narrativa 2011). Sus argumentos parten
de la muerte del padre, como en este libro de Lolita Bosch.
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donde vivió temporalmente la autora mientras escribió esta novela y ella misma aparece
contemplando la ciudad11.
11 Resulta muy llamativo que esta novela tenga un narrador en tercera persona y omnisciente pero con la inserción ocasional de
una voz narradora en primera persona narrativa, que se identifica con la propia autora: «Aquel era un viernes del 2006, el quinto
año de la guerra de Irak, mi primera primavera en Albuquerque» (Riestra, 2010: 59).
12 En esta novela Bosch guarda una relación personal de amor-odio con Barcelona, su ciudad natal, marcada por una acumulación
de recuerdos infantiles lejanos y distanciamiento durante la juventud; la narración recorrerá sus calles, bares, espacios, museos,
plazas, viviendas familiares…
13 Así ocurre con todas las novelas de su producción: La ciudad en invierno (Caballo de Troya, 2007), La ciudad feliz (Mondadori,
2009) y La trabajadora (Mondadori, 2014).
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D. La influencia de otras literaturas occidentales en la obra de estas narradoras,
con bastante más incidencia que la literatura escrita en lengua castellana de otras épocas o
de otras zonas como Latinoamérica, está muy presente. Así lo señala Medel cuando afirma
que «la querencia por lo extranjero es habitual entre nuestras autoras» (2005: 12) o Valls
al asegurar que en estas autoras «llaman la atención las escasas referencias a la tradición
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narrativa en castellano» (En Encinar y Valcárcel, 2009: 152). Este interés por otras literaturas
extranjeras resulta más acusado que en narradoras de décadas precedentes. Al respecto,
suele destacarse la influencia de las escritoras clásicas inglesas en la obra de Pilar Adón
o Espido Freire, sobre todo en los paisajes y la ambientación. Se observan también ecos
de la literatura norteamericana, principalmente de Raymond Carver en la obra de Cristina
Cerrada, en algunas narraciones de Blanca Riestra o en algunos de los relatos de Pilar
Adón. Además hay homenajes nada velados a diversas escritoras de habla no hispana:
la brasileña Clarice Lispector en Soy una caja de Carrero, la inglesa Virginia Woolf en
Una habitación impropia, también de Carrero o la estadounidense Djuna Barnes en La
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noche sucks de Riestra. Otras literaturas que dejan su impronta pero en menor medida son
la latinoamericana, sobre todo con reinterpretaciones del realismo mágico, y la francesa,
empleando un estilo de narración más lírico y cuajado de metáforas. Gracia y Ródenas sostienen
que el rasgo colectivo más notorio de los y las novelistas jóvenes españoles del s. XXI es:
14 Con reflexiones teóricas de Fernández Mallo, Fernández Porta, Vicente Luis Mora o Jorge Carrión sobre propuestas estéticas que
fusionan las nuevas tecnologías y elementos de la cultura popular con la literatura.
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Incluso escritoras como Natalia Sanmartín han comenzado a publicar sus obras a través de
un blog para finalmente aparecer en papel como un libro de narrativa15. Además, Fernando
Valls afirma que en algunos subgéneros narrativos, como en el caso del cuento, «la difusión
y el auge de esta nueva narrativa se está produciendo, sobre todo, en las bitácoras, donde
la aparición de textos de ficción, reseñas, entrevistas y debates es cada vez más abundante
y de calidad» (En Encinar y Valcárcel, 2009: 138).
F. Por otro lado, se observa en la obra de estas autoras que «los límites entre una
escritura realista y otra con mayor presencia de lo lírico vienen atenuándose» (Medel, 2005:
14). Y lo hacen hasta el punto de que no es extraña la combinación de narrativa y
poesía en una misma obra con la inserción de versos enmarcando relatos. Además muchas
de las escritoras que ocupan este trabajo simultanean y alternan su propia condición de
15 La fallera cósmica es el nombre de su blog que recibió el premio Revista de Letras a la mejor bitácora nacional de Creación
Literaria. Iniciado en agosto de 2009 está compuesto por pequeños textos experienciales, varios de los cuales se incluyeron en su
libro La fallera cósmica (Baile del sol, 2010). El blog puede consultarse en: [Link]
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G. Respecto a los subgéneros narrativos más habituales, frente a las narradoras
precedentes hay algunas acusadas diferencias encabezadas por el rechazo general
a la literatura de géneros por lo que es poco frecuente encontrar en estas autoras
novelas negras16 o novelas históricas17. Por otro lado, también parecen haberse alejado de la
narrativa erótica con la que muchas narradoras de la etapa anterior18 iniciaron sus carreras.
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equidistante de ambos polos. Por ello, su estilo suele ser sobrio, de sencillez retórica, alejado
de lo banal y con un velado rechazo hacia lo pop, así como a los productos literarios y a
la narrativa de género. Un aspecto interesante es que «los procedimientos cinematográficos
están asimilados en primer plano entre las escritoras más jóvenes» (Encinar y Valcárcel, 2012:
15) y bastantes de estas autoras, como Esteban Erlés o Cerrada, reconocen abiertamente la
influencia del cine en su obra. En muchas narraciones de nuestras autoras predominan los
finales anticlimáticos y abiertos, hay un uso generalizado de la elipsis y destaca el simbolismo
de los nombres de los personajes y de diferentes objetos que aparecen recurrentemente en
las narraciones (un herbario de Natalia en Irlanda, una caja de madera verde en La familia
de mi padre, los gatos en diversos relatos de Azul ruso, la música en los cuentos de Solos,
el espejo en el que se le aparece Lispector a Nadila en Soy una caja, las marionetas y
objetos del pasado en La nueva taxidermia, el viejo sofá paterno y el pelo de la protagonista
en La mujer calva…). Por otro lado, es habitual que las narraciones partan de situaciones
16 Que sí han cultivado con éxito escritoras como Alicia Giménez Bartlett (Almansa, 1951) o Marta Sanz (Madrid, 1967) y otras
escritoras nacidas en los sesenta como Cristina Fallarás, Rosa Ribas o Carolina Solé.
17 Sin duda, el subgénero estrella entre las narradoras nacidas en los sesenta y en décadas anteriores. Hay múltiples ejemplos de
autoras y obras: María Dueñas, Julia Navarro, las últimas novelas de Almudena Grandes… En nuestras narradoras, hasta el momen-
to, apenas Olalla García ha comenzado su trayectoria literaria en la novela histórica.
18 Casos de Almudena Grandes (Madrid, 1960) con Las edades de Lulú (1989), Mercedes Abad (Barcelona, 1961) con Ligeros
libertinajes sabáticos (1986) o Lucía Etxebarría (Valencia, 1966) con Beatriz y los cuerpos celestes (1998), por citar algunas de las
más conocidas.
19 Es el caso, por ejemplo, de Reyes Monforte y Noelia Amarillo, autoras que han escrito sobre todo novela romántica ambientada
en lugares exóticos.
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cotidianas cuyo desarrollo indaga en la psicología de los personajes y en sus conductas,
pero sin establecer apenas certezas y permitiendo que el lector intuya significaciones más
profundas. En general, sobre las tramas suele gravitar la incertidumbre del desconocimiento
de lo ocurrido antes y después de los instantes y secuencias narradas, lo que demanda una
interpretación, más intuitiva que racional, del lector.
J. Por otro lado, los temas no sufren grandes cambios y se centran en las relaciones
personales (de amor, amistad y familiares, especialmente), que se enriquecen
con la relación de las protagonistas consigo mismas. En este sentido, los ejemplos
son múltiples, como La mujer calva de Riestra (que gira en torno a Lailja, una mujer madura
frente a su entorno más íntimo y personal: el familiar y el sentimental) o en muchos relatos
de El mes más cruel de Adón que observan cómo «en las relaciones que se establecen entre
los personajes despuntan como argumentos principales la dependencia, la dominación y la
sumisión» (Encinar, 2012: 181). Con frecuencia los temas se ocupan también de la otredad
de las protagonistas, vinculándose con el espacio, alternando internos y externos, y con el
tiempo, a la hora de reconstruir el pasado y el recuerdo. En general, predomina el realismo,
en ocasiones distorsionado con la introducción de elementos y situaciones fantásticas dando
como resultado relatos que se deslizan hacia lo grotesco, así ocurre con casi todos los
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que conforman Solos de Santos; hacia lo excéntrico, con algunos de los20 de Azul ruso de
Esteban Erlés; hacia lo mágico (un buen ejemplo sería El infinito verde de Adón) o lo gótico
y paranormal, caso de Irlanda de Freire.
5. Conclusiones
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A lo largo de este artículo nos hemos aproximado a la obra de las narradoras españolas
nacidas en los años setenta. Son autoras que han crecido en los albores de la democracia
en nuestro país y han vivido el desarrollo y la apertura del mismo durante las dos últimas
décadas del XX, criándose en un contexto histórico alejado de la dictadura y más distante de
la lucha social. Asimismo, en su mayoría han completado una sólida formación superior que,
en la actualidad, las lleva a compaginar la escritura con la docencia, la crítica literaria o la
traducción. Su irrupción en el panorama cultural tiene lugar en el primer decenio del nuevo
siglo y conformaría una cuarta ola de narradoras. Respecto a su obra, en muchos sentidos
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resultan continuadoras de anteriores narradoras españolas, así por ejemplo siguen empleando
el personaje de la «chica rara», continúan optando por narradoras en primera persona y se
inclinan por tratamientos que tienden hacia el realismo más psicológico, en algunos casos
marcado por la irrupción de la fantasía en la vida cotidiana. Además las relaciones personales
y la exploración interior continúan siendo los temas más frecuentes en sus narraciones y
profundizan en la atomización de la narración con el cultivo de la «nouvelle», el relato y el
microrrelato.
Sin embargo, al contrario que muchas de las narradoras españolas anteriores, han
despojado a su obra de componentes ideológicos; también han suavizado la inocencia de
las protagonistas y el poso de «bildungsroman», más presente en el pasado. En un sentido
más amplio, han evitado el molde que proporcionan subgéneros narrativos como la novela
negra, la histórica, la romántica o la de suspense y apenas recurren a ellos, ni siquiera con
intención paródica. A su vez, en bastantes de las escritoras del corpus analizado, los rasgos
de la posmodernidad están presentes, especialmente en lo que se refiere a la autoficción y la
intertextualidad, aunque también a la alteridad y a la búsqueda de la identidad. En cambio,
el uso de la ironía y del humor es mucho más restringido y se limita puntualmente a algunas
autoras concretas.
Debemos puntualizar que las narradoras que protagonizan este artículo no son un
compartimento estanco pues existen otras de décadas inmediatamente anteriores y posteriores
20 Relatos como Piroquinesis, La chica del UHF, Criptonita o Color fin del mundo.
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con las que presentan afinidades estéticas y temáticas. Así, entre las nacidas a finales de los
sesenta incluiríamos a Marta Sanz, Berta Marsé, Carmen Amoraga o Silvia Uslé. Del mismo
modo, otras narradoras nacidas al comienzo de los ochenta, precoces y con una carrera
prometedora, presentan concomitancias con nuestras autoras; es el caso de Laura Fernández,
Aixa de la Cruz, Jenn Díaz o Jimina Sabadú.
Sin embargo, si nos centramos en las autoras nacidas en los setenta, y concretamente
en aquellas cuya trayectoria está más consolidada, encontramos dos grupos de escritoras:
Un primer grupo estaría formado por narradoras que optan por líneas más personales
y arriesgadas en su obra; en general tienen una trayectoria más selectra y reducida y han
obtenido premios literarios de menor visibilidad, pero sus propuestas narrativas suelen ser
contempladas con atención por la crítica. Entre ellas encontramos desde las que entroncan con
rasgos más posmodernos (Lolita Bosch, Patricia Esteban Erlés, Mercedes Cebrián o Natalia
Pese a ello, su irrupción e incipiente carrera literaria suponen un soplo de aire fresco en el
panorama literario de nuestro país y en muchas de ellas la calidad de su obra merecería una
mayor atención por parte de público y crítica. Finalmente, debemos incidir en la condición
de estas mujeres como «narradoras en tránsito», pues, como suele decirse, lo mejor de sus
carreras literarias está por llegar, ya que tienen por delante trayectorias prometedoras y en
construcción que, a buen seguro, nos depararán grandes obras en los próximos años.
6. Bibliografía
JESÚS ELOY PÉREZ ALONSO
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