ANÓNIMUS LLB
20-12-16
REVISIÓN 1º
Revisión del texto SIMILOPATÍA, HOMEOPATÍA E
IDENTICOPATÍA II
(Tomado de: [Link]
HOMEOPATI%CC%81A-E-IDENTICOPATI%CC%[Link])
Escrito por: Leyder Lasprilla
“El verdadero intelectual
es aquel que tiene como proyecto
de vida la búsqueda
de la verdad”.
Karl. R. Popper
INTRODUCCIÓN
El presente escrito tiene como objetivo presentar diáfanamente algunos puntos en desacuerdo con lo expresado
por el profesor Eduardo Elías Lasprilla en su texto, en formato pdf, SIMILOPATÍA, HOMEOPATÍA E
IDENTICOPATÍA que aparece en el blog de su página oficial ([Link]), por cuanto que
presenta errores en los niveles ético, gnoseológico y lingüístico. Y, como dice el mismo escritor en dicho
trabajo: “…ante el error no se debe contemporizar, cuando el propósito es la indagación de la verdad” (p. 1,
2016).
I
De acuerdo con Lasprilla, E. (2016), “la piedra angular del trabajo de Hahnemann está constituida por tres
factores: la relación de semejanza semiológica, la dosis infinitesimal y el remedio único. Si faltare alguno de
ellos, colapsaría dicho trabajo” (p. 1). No obstante, en virtud de su “concienzudo” uso de la lengua cervantina,
salta a la vista el que no vea problema alguno en el adjetivo que acompaña al vocablo dosis, por cuanto que es
un término que está teñido de una severa inconsistencia semántica, como hace 70 años lo dejó muy claramente
expresado René Guénon en su libro Principios del cálculo infinitesimal (1946).
Se dice que es infinitesimal aquella cantidad que es ‘infinitamente pequeña’, dándose a entender con ello que en
la práctica no se diferencia mucho del cero (o ausencia de cantidad) por lo pequeña que es (Lozano, M., 2007).
Sin embargo, hace notar Guénon que, si bien estas cantidades son muy pequeñas, no por ello su condición debe
igualarse a la expresión “infinitamente pequeñas” que implica infinitesimal, pues, 1) el cero es la
representación de la ausencia de cantidad, y la poca cantidad, así sea mínima, es presencia de cantidad -no
ausencia de la misma, se itera- y 2) una cantidad es una determinación y, esta, no es más que una limitación;
por lo tanto, es totalmente contradictorio decir que hay limitaciones que son infinitas en su condición. Es
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decir, si ya es un error confundir lo muy pequeño (la presencia) con la ausencia (cero), es todavía más grave ver
en lo finito o limitado una condición infinita o ilimitada. Esto constituye una escueta violación al principio
ontológico de identidad expresado por Parménides (Stewart, M., 2002), retomado por Sócrates y Platón
(Carpio, 2004), y popularizado por Aristóteles en la lógica. Dicho principio puede expresarse, para el caso de
marras, así: A = A y No (A) = No (A), pero A ≠No (A). Reemplazando se tiene: FINITO = FINITO e
INFINITO = INFINITO, pero FINITO ≠ INFINITO1.
Con el objetivo de hacerle frente a este entuerto en el concepto de infinitésimo, Guenon, R. (1946) retoma el
concepto de indefinido cartesiano. Para René Descartes, indefinido era aquello cuyos límites no eran
perceptibles por la consciencia ordinaria, por ser demasiado pequeños o demasiado grandes para la misma.
De esta manera, para seguir la línea cartesiana retomada por Guenón, es preferible decir cantidad
indefinitesimal que cantidad infinitesimal, para evitar la contradicción que el segundo concepto encierra. De
esta forma, al hablar de cantidad indefinitesimal se da a entender con ello una magnitud que es tan pequeña que
por ello es muy difícil, en la práctica, diferenciarla rápidamente de la ausencia de cantidad (cero), sin que por
ello sea igual a esta última.
Por esto, para corregir la expresión, es preferible hablar de dosis indefinitesimal, pues así habrá un ajuste con la
realidad conocida, cual es la de que en el remedio hay soluto, pero en cantidades tan pequeñas que parecen
imperceptibles, en tanto no se estén manejando dinamizaciones altas (ya sean centesimales, decimales o
cincuentamilesimales): donde ya no hay soluto, químicamente hablando. Esto lleva a redefinir lo entendido
por dosis infinitesimal, no solamente por las inconsistencias de lo infinitesimal, sino por implicar más
realidades que no le son afines. Así, en la medicina hahnemanniana no solo hay dinamizaciones en las que el
soluto está presente en pequeñísimas cantidades (como en la 10 centesimal), sino que también hay
dinamizaciones en las que ya no hay soluto presente químicamente hablando (como la 6.000 centesimal) y no
deben ser confundidas con las indefinitesimales. Por el momento, dichas dinamizaciones se pueden denominar
dinamizaciones sin soluto.
Resumiendo: el escritor falla en el adjetivo que utiliza para dosis y no hace la diferenciación pertinente sobre lo
que encierra realmente la totalidad de la expresión (dosis infinitesimal)2, y de acuerdo con Korzybski (sin fecha;
tomado de Lasprilla, E., 2012): “Una estructura de lenguaje que perpetúa identificaciones anarónicas nos
mantiene en el nivel de formas de evaluación primitivas, remarcando la semejanzas y pasando por alto las
diferencias, entre objetos o sucesos que no son idénticos” (p. 48). Infinitesimal es la cantidad infinitamente
pequeña (lo que es contradictorio) y no es lo mismo que la cantidad que es tan pequeña como para diferenciarla,
en la práctica, de cero, que es la definición de la cantidad indefinitesimal; por ello, es incorrecto decir dosis
infinitesimal tanto para aludir a las dosis cuya dinamización contiene soluto en cantidades casi imperceptibles 3
como para referirse a las dosis cuya dinamización lleva a la desaparición química del soluto. Lo que debe
1
Podría objetarse que la realidad no se reduce solo a la organización que de la misma hace la lógica formal, planteando las
presencias de la lógica dialéctica o taoísta (Herrman, 1987) y la alogicidad (Ramírez, D., 2014). Pero, aunque eso es una verdad
infalible, no por ello debe usarse para justificar como válido algo cuyas inconsistencias fueron hace décadas corregidas en
matemática. Hay problemas que sí requieren un enfoque lógicoformal, otros que no. Pero este, sí.
2
En su libro Tratado de medicina centaurica (atavismo mineral, elementos) Tomo II, el autor dice: “Cuando uno lee la obra de un
sabio, lo primero que salta a la vista es que llama las cosas por sus nombres. Cuando leemos a un escritor de pacotilla, lo primero
que nos abruma es la supina ignorancia que de la lengua tiene, haciendo un uso abusivo, torpe y arbitrario de ella” (2013, p. 209). Si
esto es así, ¿cómo se calificaría el mismo al no llamar las cosas por sus nombres apropiados? o ¿cómo se autodenominaría por no
hacer las respectivas diferenciaciones que ameritan los referentes reales?
3
“Casi” porque las tecnologías postmodernas de la química y la física sí lo permiten en condiciones muy controladas.
2
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decirse es: 1) dosis indefinitesimal y 2) dosis con dinamizaciones sin soluto o dosis sin soluto, para simplificar
[por el momento].
II
En abierta oposición al pluralismo metodológico integral (Wilber, 2007), que promueve la liberación de
paradigmas tomando de ellos lo que supera las pruebas de validez dentro de su propio dominio promulgado,
con el objetivo de llegar a metaparadigmas (Wilber, 2003), el autor descalifica totalmente, sin la debida
revisión (en ninguno de sus escritos), la homotoxicología de Reckeweg, olvidando que el protocolo de la misma
no es más que un organicismo4 a bajas dinamizaciones que resulta totalmente funcional en la práctica clínica
cuando, en su propio dominio fenomenológico, ha sido requerida (sobre todo, cuando no hay a la mano la
posibilidad del unicismo, por falta de medicamento). Leamos sus propias palabras: “De las limitaciones de su
vitalismo han salido todas las corrientes posthahnemannianas que yo he dado en llamar espurias y no vacilo un
instante en citarlas… Estas vertientes son: las constituciones de Demarque, los cinco miasmas de Vannier, el
psicologismo pascheriano, el citologismo procecista, la homotoxicología de Reckeweg, la homeopatía
predictiva de Prafull…” (p. 1, 2016).
Los paradigmas, en la medida en que superen sus propias pruebas de validez en los respectivos dominios de
distinciones (Varela, 2002) que generan, deben ser tomados en consideración si se quiere operar desde un alto
nivel cognoscitivo y un alto nivel moral, como lo plantea el principio de abrazamiento wilberiano (Newberry,
E., 2016). Rechazar de plano lo que tiene validez en su propio espacio del mundo es un contrasentido si lo que
se busca es una metodología cada vez más integral, como pretende el autor con su errado término
holoparadigma.
Resumiendo: negarle espacio a Reckeweg en el mundo curativo no es trascendencia, sino negación; no es
integración, sino disociación. Y esto habla más del disociador/negador que del paradigma mismo que se
pretende negar/disociar.
III
El autor escribe: “Ahora bien, la revisión de la Homeopatía que vengo enseñando desde hace más de 20 años,
está fundamentada en tres pasos: el teorético, el teórico y el clínico. Si el primero varía, los otros dos
igualmente lo harían, en razón de la unidimensionalidad discursiva de todo enfoque paradigmático” (p. 1,
2016). Sin embargo, aquí pueden señalarse dos faltas: una ética y otra gnoseosemántica. La primera se
evidencia en el hecho de que solo en su primer tomo de Tratado de medicina centáurica (2013) plantea por
primera vez los términos similopatía e identicopatía, entre otros, redefiniendo, en el segundo nivel de Federico
Fisch, la homeopatía, lo que permitiría suponer que, máximo uno o dos años antes, viniese expresando
oralmente dicha revisión, pues en sus otras obras (como Semiología homeopática y nuevos aportes a la doctrina
(2007), Semántica disensual (2009), Psico-filosofía para la transformación del Ser (2011), De la filosofía a la
sabiduría (2012)) y en las grabaciones de sus clases, brillan por su ausencia dichas reconceptualizaciones5.
4
Entiéndase por organicismo la prescripción de varias sustancias en un solo medicamento.
5
La reconceptualización que ya estaba presente en el año 2007, era la de llamar identicum al remedio que manda a la latencia la
psora primaria en las patologías crónicas, mas no las de identicopatía, similopatía y la reubicación de la homeopatía. Para
corroborar esto, se cita al mismo autor (2007), en su libro Semiología homeopática y nuevos aportes a la doctrina: “¿Qué es digno de
tratarse homeopáticamente? Muchos tipos de afecciones: indisposiciones, traumatismos, intoxicaciones, exacerbaciones,
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La segunda falta aparece cuando escribe “…la unidimensionalidad discursiva de todo enfoque paradigmático”,
pues aquí, sí se lee entre líneas, se puede ver que asocia discurso con paradigma6, cuando lo indicado es
asociar discurso con hipótesis o teoría y no con paradigma, pues el paradigma es el método a través del cual se
pone de manifiesto una realidad, en tanto que la hipótesis y la teoría son cartografías que “dibujan” esa realidad.
Los paradigmas promulgan realidades; las ideas y palabras son fotografías simbolicoconceptuales y lingüísticas
de la realidad promulgada. En palabras de Wilber, K. (2003): “Un paradigma es un modo de producción o
generación de fenómenos, una práctica social que promulga o produce su propio mundo fenomenológico, y las
teorías son estructuras después del hecho que intentan explicar o elucidar el mundo recientemente descubierto”
(p. 2). La unidimensionalidad discursiva es una característica de los modelos conceptuales (Feyerabend,
1989), ya sean tentativos (hipótesis) o corroborados (teorías), como diría Popper (Pérez, R., 1990); no de los
paradigmas, pues ellos se caracterizan por la unidimensionalidad metodológica.
Resumiendo: el autor miente sobre el tiempo que lleva calificando a la medicina hahnemanniana como
similopática, homeopática e identicopática, entre otros planteamientos (como sus perfiles atávicos) y peca
gravemente al confundir paradigma con modelo conceptual.
IV
En la parte final del texto, el autor escribe: “Así pues que del maestro de Meissen tenemos como legado las
dosis infinitesimales; la concepción del remedio único y la patología de origen dinámico; de Kent, la
invariabilidad del medicamento y su repertorio homeopático; de Masi su gran giro gnoseo-epistémico, de
la semejanza semiológica a la identidad pecaminosa y el uso de la simbología clínica como recurso
anamnésico. De scholten, su gran aporte sobre el estudio grupal de los medicamentos y de Sankaran, su
muy original enfoque anamnésico. Todo esto, integrado lógico-reticularmente en mi holoparadigmática,
sobre los fundamentos gnoseológicos de la psico-filosofía perenne, con los aportes de las ciencias de la
complejidad y con la invaluable ayuda lingüística de mi semántica disensual…” (p. 5, 2016). Vinculado
con el entuerto gnoseosemántico antes presentado, es muy fácil aquí –si conocen muy bien los temas aludidos-
ver nuevamente cómo el autor confunde paradigma con teoría en tanto que plantea, más que una integración de
métodos, una integración de conceptos. Y, si se lee lo que escribió sobre la definición de holoparadigma en su
libro Semántica disensual (2009), más fácilmente se verá: “[Holoparadigma] es la tematización omniinclusiva y
coherente de la totalidad de la existencia, con base en la operatividad gnoseológica de la estructura de
consciencia dialéctico-vivencial” (p. 94). Teniendo presente la aclaración que hace Ken Wilber sobre lo que es
un paradigma, un holoparadigma sería el conjunto omniinclusivo de métodos para promulgar los diferentes
aspectos de la realidad, pues el vocablo griego ὅ significa total, íntegro. Su término correspondiente con la
definición que da de holoparadigma debe ser holoteoría, al estilo, pero (jamás) sin sus alcances, de Una teoría
de todo (2004), de Ken Wilber (como lo pudiese ver cualquier individuo que estudie sesudamente a cada uno).
Por otra parte, destaca mucho, por la presencia en otros de sus escritos (como Tratado de medicina centáurica
Tomo III), la expresión lógica reticular, por cuanto que en ninguno de sus escritos conocidos define y explica
los principios o patrones abstractos de dicha lógica. Parece ser que solo hay nombre pero no referente real
enfermedades agudas, enfermedades crónicas y congénitas” (p. 211). Como se observa, la homeopatía abarcaba todo y no se ven
por ninguna parte la similopatía y la identicopatía.
6
La palabra paradigma viene del griego άque significa modelo o ejemplo a seguir. Fue acuñada por Platón para
denominar sus Ideas en tanto y en cuanto que eran moldes para los referentes reales fisiosféricos. Pero fue Ludwig Wittgenstein
quien la introdujo en la epistemología durante la primera mitad del siglo XX (Pérez, A.,1997)
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que nombrar; hay mapa pero no hay territorio que cartografiar. Este vicio medieval era conocido en el
Renacimiento como verbalismo: la creación de términos sin la previa promulgación de realidades para
resolver problemas intelectuales.
Mientras no defina dichos patrones abstractos para esa lógica, esta seguirá siendo un mero nombre que no
enriquece en nada el mapa sobre la realidad promulgada hasta el presente por la vanguardia (literaria, artística,
científica, tecnológica, filosófica y espiritual)
Resumiendo: el autor confunde holoparadigma con holoteoría y cae en el verbalismo (defecto medieval) de
resolver problemas solo nombrando y no promulgando realidades a través de paradigmas, lo que no es más que
un proceder perimido desde hace siglos.
V
Hay una parte del texto en la que el autor dice haber descubierto, apalancado en su semántica disensual, la
identicopatía. En sus palabras: “Yo, convencido como estaba de lo correcto que era la trascendencia y no el
desarrollismo de la obra de Hahnemann, con la ayuda de mi semántica disensual, llegué a puerto seguro,
descubriendo la Identicopatía…” (p. 4, 2016). No obstante, en el mismo párrafo, pero antes, escribe: “Gracias
a Dios, Masi, con su valioso giro gnoseo-epistémico, inició la trascendencia de la Homeopatía, con la desgracia
de que le ocurrió algo parecido a Colón, quien descubrió América y pensó haber llegado a las Indias
Occidentales. Masi, con la invariabilidad del remedio de Kent y la identidad de pecado y patogenesia, de su
autoría, cambió el rumbo de las cosas, pero se atascó en el camino… Dio el paso crucial para un nuevo
descubrimiento…” (pp. 3 -4, 2016). Si se tiene en cuenta que la revolución teoricoparadigmática inicial la dio
Alfonso Masi Elizalde y por ello pudo ver lo que otros no veían (al estilo de los científicos que generan las
revoluciones científicas tratadas por Thomas Samuel Kuhn), conectando en la práctica clínica la teología con
la medicina, entonces es innegable que el descubridor no fue el autor del texto, sino Elizalde. Es decir, que
quien llegó a “otro continente” no fue el creador del artículo aquí revisado, sino que lo hizo su predecesor
(Elizalde). La labor del autor ha consistido en pulir la teoría y optimizar el paradigma (al estilo de los
científicos de la ciencia normal tratada por T. S. Kuhn), no en promulgar nuevas realidades, ya que se
descubre lo nuevo y se pule lo ya hecho.
Si bien es cierto, el término identicopatía (mapa) le pertenece, lo que dicho término implica en la práctica
clínica (territorio) no fue su descubrimiento. Elizalde promulgó el abordaje curativo que conecta
monoposiblemente un medicamento con la psora primaria de un sujeto y esto lo convierte en el descubridor.
Los méritos de Lasprilla están en el ajuste lingüístico de lo descubierto por Elizalde y en la optimización del
paradigma a seguir para ver la psora primaria de un remedio y su correlativa posibilidad de prescribirlo a un
paciente. No es lo mismo ser un creador de paradigmas que un pionero de paradigmas (Barker, J. 1996). El
primero ve lo que nadie antes de él ha visto; el segundo sigue el camino puesto de manifiesto por el primero.
Sin embargo, es menester resaltar que, muy a pesar de continuar con la terminología (que mucho influye en la
percepción), Elizalde logró trascender la homeopatía. Es decir, que con todo lo que implica el escollo
lingüístico, pudo llegar a un nuevo mundo. Esto es encomiable.
Antes de finalizar esta sección, es pertinente observar que en la siguiente cita: “Masi, con la invariabilidad del
remedio de Kent y la identidad de pecado y patogenesia, de su autoría, cambió el rumbo de las cosas, pero se
atascó en el camino… Dio el paso crucial para un nuevo descubrimiento…” (el subrayado no es del original),
ya presentada antes, escogió mal la palabra para designar el nuevo rumbo de las cosas. El cambio es la
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modificación horizontal de un ente y, cómo él mismo expresa, Masi trascendió la homeopatía. Trascender es
‘ir más allá de’ (verticalmente hablando) y a la trascendencia le es correlativa la transformación, no el
cambio. Confundir cambio con trasformación es mucho peor que confundir las abscisas con las ordenadas en un
plano cartesiano.
Resumiendo: quien introdujo el neologismo identicopatía no fue quien descubrió el referente real clínico
práctico al que este alude, de la misma forma en la que porque Colón no supo que llegó a nueva tierra,
debemos decir que el descubrimiento lo hizo Américo Vespucio. Igualmente, lo que Elizalde hizo fue
transformar el proceder terapéutico, no cambiarlo.
VI
Ken Wilber, desde su Postmetafísica integral (2003, 2007) es superlativamente claro respecto del estatus
ontológico interobjetivo, en su matriz OCON, del abordaje que lleva a cabo la TGS (teoría general de
sistemas) de Ludwig von Bertalanfy, precedida por la tectología de Alexander Bogdanov (Capra, 1999). Hace
más de 10 años que este autor mostró por qué este abordaje no podía ser integral: pues todo lo que toca es de
pluralidad fisiosférica, hasta el punto de que su concepto base, el de sistema, toca solo aspectos como la
conducta grupal, los códigos lingüísticos, la entalpía, la neguentropía, la condición abierta o cerrada de los
mismos, etc. (Wilber, 1996). Por lo tanto, cuando el autor dice que la homeopaticidad es correlativa a
semejanza semiológico-sistémica7, parece que olvidara que en la anamnesis se recoge información
noosférica y biosférica del paciente, lo que para nada es de naturaleza interobjetiva. Esto es llamado por Ken
Wilber confusión en la dirección kósmica de los referentes reales. Es algo así como ubicar en el mundo físico
la naturaleza de los números ordinales o considerar que los conceptos son de naturaleza emocional.
Resumiendo: el autor en su descripción del concepto de homeopaticidad pierde la dirección kósmica o estatus
ontológico de realidad.
CONCLUSIÓN
Si se tiene presente que el escritor del trabajo aquí tratado es un “vehemente” defensor del uso correcto de las
palabras para encarnar la precisión semántica y no caer en confusiones gnoseológicas (como lo propone en su
libro Semántica disensual), no se puede entender cómo es posible que cometa los errores aquí señalados. Esto
da la impresión de un predicar sin aplicar, lo que desde el punto de vista ético es supremamente grave. Si el
mismo creador de la semántica disensual la atropella, no puede exigir a los demás que la respeten. Por ello, en
la vida, es virtuoso sobresalir por el automejoramiento continuo (kaizen), pero es vicioso sobresalir por la
destrucción de la imagen de otros, ya que en cualquier momento uno mismo puede caer en error. Yogananda,
P. (2012) escribió: “…El amor a la verdad debe estar siempre atemperado por el amor que se orienta a evitar
herir a los demás. Difamar a otras personas en nombre de la propagación de la verdad o en beneficio propio, es
signo de egoísmo y de debilidad interior, un deseo de aparentar ser más alto a base de cortarles la cabeza a los
demás” (p. 287). Esto no significa que hay que hacer caso omiso de los errores ajenos, pues se puede señalar la
falta ajena con ánimos constructivos, como lo hace el verdadero crítico. Lo que es antiético (tóxico) es
utilizar la falta ajena para cortar la cabeza del prójimo.
7
Las palabras textuales del escritor son: “Homeopaticidad, que es la relación de semejanza semiológico-sistémica entre enfermo y
patogenesia” (p. 3).
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REFERENCIAS
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HOMEOPATI%CC%81A-E-IDENTICOPATI%CC%[Link].
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23. Wilber, K. (2004) Una Teoría de Todo. Madrid: Kairós.
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Argentina: Self-Realization Fellowship.
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26. Lasprilla, L. & Ramírez, D. A. (2014): Pilares del razonamiento matemático (conceptualización,
operatividades lógicoformal y alógica). Memorias del X encuentro internacional de matemáticas (desde
el 30 de septiembre hasta el 3 de octubre). Universidad del Atlántico. Conferencia internacional.