3.2.
TECNICAS DE CONFINAMIENTO
Las técnicas de confinamiento, también llamadas de estabilización/solidificación, reducen
la movilidad de los contaminantes a través de procesos físicos y químicos, ya sea
convirtiéndolos en formas menos solubles y tóxicas (estabilización) o encapsulando el
material contaminado en una estructura sólida de gran integridad estructural (solidificación)
(Sulthersan. 1997). La mayoría de estas técnicas presentan limitaciones para tratar
substancias orgánicas y pesticidas, excepto la solidificación con asfalto y vitrificación (FRTR,
1999a).
3.2.1. Estabilización físico-química
Es una técnica ex situ que se aplica para reducir la movilidad de los contaminantes,
fundamentalmente inorgánicos como los metales pesados, mediante reacciones químicas
que reducen su solubilidad en el suelo y su lixiviado. El suelo contaminado se suele pre-
tratar para eliminar la fracción gruesa y luego se mezcla en tanques con agua (Smith et al.,
1995) y una serie de aditivos o agentes estabilizantes como cementos y fosfatos o álcalis,
que aumentan el pH y favorecen la precipitación e inmovilización de determinados metales
pesados. En función del éxito de cada tratamiento, el suelo tratado puede ser devuelto a
su localización para ser reutilizado o puede acabar en un vertedero controlado. Esta
técnica esta indicada para tratar compuestos inorgánicos, incluidos elementos
radioactivos, pero tiene limitada su eficacia para sustancias y pesticidas.
La reducción de la movilidad se lleva a cabo mezclando el suelo contaminado con los aditivos
adecuados de forma que la matriz resultante del tratamiento sea estable y presente mucha
menor lixiviación que el suelo original.
Los aditivos utilizados pueden ser orgánicos o inorgánicos. Los procesos genéricos que
comercialmente han alcanzado mayor desarrollo son los siguientes:
▪ Mezcla con cemento Portland o cemento puzolánico: estos
materiales reaccionan con el agua del suelo, dando lugar a una
matriz cementada. Además el incremento del pH favorece la
precipitación e inmovilización de algunos metales pesados.
▪ Bituminización: en este proceso los suelos (en la mayoría de los
Bituminizacion
casos en forma de fango) se mezclan con asfalto en caliente dentro
de un mezclador de paletas. La temperatura reduce el contenido de
humedad hasta un 0,5% aproximadamente. Cuando la mezcla se
enfría, el suelo contaminado queda encapsulado en el asfalto.
▪ Alcalinización: en este proceso se añaden al suelo fosfatos y/o álcalis
que aumentan el pH y facilitan la formación de moléculas complejas
de baja solubilidad. Al contrario que otros procesos de estabilización, Alcalinizacion
la matriz resultante de éste no es un sólido monolítico.
La mayoría de los sistemas de estabilización presentan un esquema básico de proceso
similar que, no obstante, es bastante flexible, permitiendo adaptaciones a las condiciones
específicas del suelo a tratar. Genéricamente, la aplicación de esta técnica conlleva los
siguientes pasos:
• Pretratamiento del suelo, que suele consistir
en un cribado para eliminar elementos
gruesos. Aunque puede variar de un caso a
otro, habitualmente no deben introducirse
en el proceso partículas de más de 60 mm.
• Mezcla de los aditivos (agentes
estabilizantes), agua y suelo a tratar en un
tanque. El proceso de mezcla puede tener
lugar en continuo o por tandas (batch).
• Almacenamiento, caracterización y gestión
del material resultante (suelo tratado).
En el primer caso, las proporciones de mezcla (en peso) están en torno a un 70% de
suelo contaminado, 20% de cemento y 10% de agua; algunas referencias citan las
ventajas de incluir otros aditivos aparte del cemento (silicato sódico, cenizas volantes,
etc.), en cuyo caso su dosificación se sitúa en órdenes de 1-2% en peso.
• Aditivos inorgánicos: los más comunes son cemento, mezcla de cal y cenizas o
puzolanas.
• Aditivos orgánicos: suelen ser sustancias bituminosas o asfálticas, polietileno o
parafinas. En este caso se produce una microencapsulación.
Campo de Aplicación
Esta técnica es apropiada para el tratamiento de suelos contaminados con compuestos
inorgánicos, principalmente metales pesados. En general, los compuestos orgánicos
volátiles no se pueden estabilizar y probablemente se emitirán a la atmósfera durante el
tratamiento. La elección del proceso adecuado de estabilización exige consideraciones de
posibles incompatibilidades de los aditivos con componentes mayoritarios o minoritarios
del suelo. El contenido de materia orgánica del suelo no debe ser superior a un 5-10%.
3.2.2. Inyección de solidificantes
Es una técnica semejante a la anterior, en la que los agentes estabilizantes, inorgánicos
como el cemento u orgánicos como las sustancias bituminosas, el polietileno o las
parafinas, son inyectados in situ en el suelo contaminado a través de pozos similares a los
utilizados en el sellado profundo (Mulligan et al., 2001 a) o mezclados con el suelo (Khan
et al., 2004), encapsulando físicamente a los contaminantes en una matriz estable
impermeable al agua. Se trata de una técnica apropiada para suelos contaminados con
sustancias inorgánicas, con limitada eficacia para compuestos orgánicos semivolátiles o
pesticidas.
Los aditivos que habitualmente se utilizan son de dos tipos:
▪ Aditivos inorgánicos: los más comunes son cemento, mezcla de cal y cenizas o puzolanas.
▪ Aditivos orgánicos: suelen ser sustancias bituminosas o asfálticas, polietileno o parafinas.
En este caso se produce una microencapsulación.
Campo de Aplicación
Esta técnica es apropiada para suelos contaminados con sustancias inorgánicas. Su efectividad
en suelos contaminados con compuestos semivolátiles o pesticidas es mucho menor. Los
contaminantes orgánicos pueden afectar al comportamiento del agente estabilizante, por lo
que siempre deben considerarse las posibles incompatibilidades.
La textura y heterogeneidad del suelo también condicionan su aplicación. En suelos de baja
permeabilidad (conductividad hidráulica inferior a 10-7 m/s, aproximadamente), la inyección
puede resultar difícil y de escasa efectividad. Generalmente, los suelos heterogéneos
requieren técnicas más caras y sofisticadas que los homogéneos. En todo caso, el contenido
de materia orgánica no debe ser superior al 5-10 %.
La inyección de solidificantes in situ no suele aplicarse a profundidades superiores a 5-6
metros.
3.2.3. Vitrificación
Es una técnica de estabilización térmica que se basa en el calentamiento del suelo
contaminado a alta temperatura para conseguir su fusión y transformación en un material
vítreo estable puede ser realizado ex situ o in situ. Esta técnica está especialmente
indicada para tratar contaminaciones poco profundas y a gran escala y se han conseguido
resultados excelentes para confinar tanto contaminantes orgánicos como inorgánicos,
reduciendo en gran medida su lixiviado del suelo.
▪ La vitrificación es una técnica que, mediante el calentamiento del suelo contaminado a
alta temperatura, transforma éste en un material cristalino y químicamente estable. Con
ello se consigue reducir la movilidad de los contaminantes inorgánicos y destruir los
compuestos orgánicos por reacciones de oxidación y/o pirólisis. La técnica opera
favoreciendo la fusión del suelo para lo cual es preciso que éste contenga (o, en su
defecto, hay que añadirlos) los minerales que permiten la formación de la masa vítrea
(óxidos de silicio, aluminio, fósforo y plomo) y los óxidos alcalinos (Na, Li, K) que le
confieren estabilidad y durabilidad.
▪ En su aplicación ex situ, el calentamiento del suelo se puede conseguir a través de
diversos sistemas (plasma, corriente eléctrica directa, combustión, inducción o
microondas), siendo la aplicación de una corriente eléctrica el más extendido. Una vez
separados los elementos gruesos del suelo y, en caso necesario, añadidos los agentes
vitrificantes, el suelo se introduce en un horno similar a los utilizados para la fabricación
de vidrio, sometiéndolo a una corriente eléctrica hasta alcanzar temperaturas de 1.100-
1.400°C. El vapor de agua y los gases generados en el tratamiento se captan y tratan
antes de su emisión a la atmósfera.
▪ En las aplicaciones in situ, la temperatura de tratamiento es mayor (de 1.600 a 2.000°C).
El proceso comienza depositando una capa de un material de alta conductividad eléctrica
(por ejemplo, grafito) sobre el terreno a tratar, la cual se calienta con electrodos hasta
conseguir su fusión y la del suelo subyacente. Este proceso se repite, incrementando
progresivamente la profundidad de suelo vitrificado. El vapor de agua y los productos
resultantes de la pirólisis se recogen en una campana que funciona en ligera depresión y
se conducen al sistema de tratamiento de gases para eliminar partículas y otros
contaminantes. Para un equipo medio (en torno a 50 t/día), la duración del proceso es de
unos 10 días, necesitándose varios meses para que el suelo tratado se enfríe.
Campo de Aplicación
▪ Esta técnica ha demostrado su efectividad en un amplio rango de contaminantes,
desde inorgánicos (principalmente mercurio, plomo, cadmio, arsénico, bario, cromo y
cianuros) hasta orgánicos volátiles y semivolátiles, pesticidas, PCBs y dioxinas. El tipo
de contaminación presente en el suelo (en particular, compuestos orgánicos y
sustancias volátiles) condiciona sobre todo el sistema de tratamiento de gases, más
que el equipo de vitrificación propiamente dicho. En todo caso, se recomienda que el
contenido en compuestos orgánicos no supere el 7-10% en peso (para no dificultar ni
dañar los equipos de tratamiento de gases) y el de metales sea inferior al 40% en
peso.
▪ El suelo vitrificado resultante del
tratamiento es un material resistente,
duradero y con un potencial de lixiviación
muy bajo. Es todavía una técnica de escasa
aplicación a escala real en Europa, debido
a su alto consumo energético y coste.