Psicología Jurídica
Psicología Jurídica
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Francisco J. Ferrer Arroyo - Buenos Aires, 2015.
Obra de tapa de Antonio Seguí
Se permite la generación de obras derivadas de la presente siempre que no se haga con fines
comerciales. Tampoco se puede utilizar la obra original con fines comerciales.
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Licencia Creative Commons
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Sobre el autor:
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Nacional de La Plata (UNLP). Profesor Adjunto en la Facultad de Derecho de la Universidad de
Buenos Aires (UBA) de la materia Psicología Social del Derecho y Metodología de la
Investigación Social, cátedra Felipe Fucito; y Jefe de Trabajos Prácticos de la materia Sociología
del Derecho en la misma cátedra y universidad. Profesor titular de la materia Psicología Social
en el Instituto de Formación Terciaria N°6 del GCBA. Pasante de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) en el año 2013. Funcionario judicial en el Ministerio Público Fiscal
de la Ciudad de Buenos Aires. Miembro de la Fundación de Estudios para la Justicia
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(FUNDEJUS). ). Profesor invitado en cursos de posgrado en Sociología Organizacional en las
Facultades de Derecho de la UBA y UNLP.
Publicó diversas obras sobre la temática jurídica desde la perspectiva social: Imaginario
jurídico contenido en las cumbias villeras; Manual de Metodología de la Investigación Social del
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Derecho, el Cibercomunismo, una mirada no comunista del comunismo de internet; Visión
sociológica en la obra de Lombroso, La Persuasión judicial, Introducción a la Psicología del
Derecho, muchas de estas obras han sido divulgadas gratuitamente por internet.
Obtuvo diversos premios. Entre ellos cabe señalar: 1er. Premio y medalla de oro en el
concurso organizado por el Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires en el año
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2005, por su trabajo “Diagnóstico y propuestas para elevar la calidad del servicio de justicia”;
1er. Premio en el concurso organizado por el Ministerio Público Fiscal de la CABA por su
trabajo “El debido proceso desde la perspectiva de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos”; 1er. Premio y medalla de oro en el concurso organizado por el Consejo de la
Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires, en el año 2011/12 por su trabajo “La formación
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INDICE
LICENCIA CREATIVE COMMONS
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El campo de estudio de la psicología jurídica: una definición aproximada 20
Aplicaciones prácticas de la psicología jurídica 22
Diferencia entre la psicología forense y la psicología jurídica 24
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La psicología social y su rigor científico. Conocimientos vs creencias
La ciencia avanza gracias a las hipótesis
Socialización: del animal humano al ser social
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Los factores de influencia: sociales, físicos y biológicos 34
El pensamiento psicosocial a través de los años 37
1) Etapa de la filosofía social: especulando sobre el ser humano 37
2) La etapa del empirismo social: midiendo lo que existe 41
3) Etapa del análisis social: buscando las causas de lo observado 42
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II. Psicología del testimonio 76
El proceso de recordar 76
Las variables exactitud-credibilidad 77
III. Factores que influyen sobre la exactitud y credibilidad del testimonio 77
III.1. Reconocimiento de personas (recordando caras) 78
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III.2. Declaraciones testimoniales (reconstruyendo hechos)
III.2.c. La entrevista cognitiva
Evaluando la validez del testimonio
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Control final de la entrevista 89
Un caso judicial 93
Una explicación de la implantación de memorias falsas 94
II. Detección del engaño por medio de los canales no-verbales 95
Algunos indicadores no-verbales del engaño 97
La técnica aplicada al servicio de justicia 98
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Estudiando al receptor del mensaje (desde las Teorías cognitivas) 121
Duración de la persuasión 122
Sesgos en la persuasión 122
II. La reactancia 123
III. Complacencia 124
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CAPÍTULO 10 PERSUASIÓN JUDICIAL
I. Abogacía y persuasión
127
127
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II. Persuasión y construcción de la “verdad” jurídica 128
III. Psicología de la persuasión 129
III.1. Persuasión judicial desde las Teorías del Aprendizaje 130
El abogado preparando su campo de acción 130
Estudiando al emisor del mensaje persuasivo 131
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CAPÍTULO 12 PSICOPATOLOGÍA FORENSE 157
I. Introducción 157
II. Anormalidad y trastornos mentales 158
Trastornos mentales 159
III.A. Trastornos emocionales o neurosis 162
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A.1. Trastornos de ansiedad 163
A.2. Trastornos del estado de ánimo 167
A.3. Trastornos disociativos 169
Los Trastornos Emocionales esquemáticamente expuestos 171
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Los trastornos emocionales en los tribunales 172
III.B. Trastornos de la personalidad 173
B.1. Trastornos de la personalidad sufrientes 174
B.2. Trastornos de la personalidad perturbadores 177
B.3. Trastornos de la personalidad sexuales 178
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Pensando desde el prejuicio 222
Racionalización del prejuicio 223
Pensamiento causal ¿quién fue? 223
La ley del menor esfuerzo 224
Personalidad prejuiciosa vs tolerante 225
Prejuicio y pre-juicio 226
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El prejuicio en la sociedad 226
III. Repercusión social del prejuicio 228
Categorías sociales sobre las que recae el prejuicio 228
Niveles de prejuicio 229
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IV. Prejuicios y factores sociales 231
La influencia de los factores económicos 231
Prejuicio y lenguaje 232
V.- Casos judiciales vinculados al prejuicio etnico 232
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Sykes y Matza: Las técnicas de neutralización de la culpa 263
II. Teorías de la reacción social 264
La teoría del etiquetamiento de Becker (labelling approach) 264
La criminalización mediática (Zaffaroni) 267
En conclusión 268
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CAPÍTULO 17 VIOLENCIA DOMÉSTICA 271
I. Qué entendemos por violencia doméstica 271
¿Qué es la violencia doméstica? 272
Invisibilidad y naturalización 273
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II. Teorías explicativas 274
II.1 Teorías psicológicas 275
Perfiles psicológicos 275
Perfiles o trastornos mentales que facilitan la violencia 276
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BIBLIOGRAFÍA 295
Capítulo 1
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Psicología jurídica
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Temas del capítulo
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Vínculos entre el derecho y las disciplinas psicosociales y diferencias.
La evolución de la psicología jurídica y su objeto de estudio
Diferencia entre la psicología jurídica de la psicología Forense
Algunos campos jurídicos de aplicación de los conocimientos de la psicología jurídica
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El derecho y la psicología siempre han tenido vínculos cercanos, pues para comprender
la existencia del dolo, por ejemplo, es necesario comprender qué es la voluntad y la intención,
lo que claramente es indagar o inferir procesos mentales en la psiquis del otro; o bien, para
declarar la inimputabilidad de un detenido, un profesional de la salud debe revisar su
Asimismo, una rama de la psicología que también se ha vinculado en los últimos con el
derecho es la psicología social. Su finalidad es el estudio del comportamiento humano,
explicado a partir de variables individuales y sociales o culturales. Esta perspectiva
complementa a la psicología clásica al aportarle el factor social a la explicación del
comportamiento. Otras disciplinas que también indagan sobre la conducta del ser humano en
sociedad son la sociología, la antropología, etc., razón por la cual incluiremos a todas estas
ramas bajo el rótulo de disciplinas psicosociales, y continuaremos avanzando señalando el
vínculo de estos conocimientos con el derecho.
Si comenzamos nuestro análisis del vínculo entre las disciplinas psicosociales y el
derecho a partir de las leyes, advertiremos que, históricamente, estas siempre han sido creadas
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en nombre de alguna instancia superior al mero voluntarismo del monarca o del legislador.
Inicialmente se dictaban en nombre de Dios (judaísmo, medioevo cristiano en Europeo, etc.) o
los dioses (griegos, pueblos originarios, etc.), años más tarde en la Razón (Ilustración europea,
Latinoamérica, etc.), y en los tiempos presentes se funda en la voluntad democrática de la
mayoría. Sin embargo, todas legitimidades pueden ocultar injusticias. Piénsese por ejemplo en
las costumbres de aquellas regiones donde aún se mantiene una denigrante e irracional
segregación hacia la mujer o se conculcan los derechos fundamentales a determinadas
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minorías (pueblos originarios, afrodescendientes, etc.). En efecto, estas legitimidades de las
leyes no siempre aseguran la justicia o su racionalidad, sino que pueden plasmar justamente
valores contrarios. Asimismo, tampoco lo garantiza un sabio del derecho iluminado que
determine lo justo o injusto, o cuáles son los derechos fundamentales y cuáles no, y que sobre
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la base de ello se perpetúen para todas las generaciones venideras. Imagínese lo que sería si el
derecho de los amos a la esclavitud no hubiera sido cuestionado por la evolución histórica de
las sociedades. Lo dicho nos permite concluir que ni la voluntad popular exacerbada ni el
filósofo del derecho desde su torre de marfil son fuentes confiables de leyes racionales, o al
menos, no son tan racionales como podría serlo el asesoramiento que podría aportar una
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no siempre ocurre, pues muchas veces el legislador suele partir de una concepción de la
naturaleza humana que le es propia (todos creemos que sabemos cómo piensa y siente el ser
humano), y a partir de estas prenociones, que pueden ser erradas o esconder prejuicios aun a
nivel inconsciente, elabora las leyes. Ejemplos de ello son conocidos. Si se advierte un
incremento del delito, quintuplica las penas; si aumenta la pobreza, incrementa los subsidios; si
el Estado necesita recursos, aumenta los impuestos hasta hacerlos confiscatorios, etc. Pero
actuar sin conocimientos científicos del comportamiento humano, hacer que se opere en el
vacío, y por eso, muchas buenas intenciones suelen acarrear resultados inesperados o
ineficientes.
Profundicemos en el ejemplo de las leyes que elevan exponencialmente las sanciones
penales como mecanismo disuasorio del comportamiento delictivo. Si bien la psicología
también comparte el postulado según el cual el castigo disuade, lo cierto es que los avances y
descubrimientos en este campo dan cuenta de que quienes cometen delitos como actividad
cotidiana no se sienten disuadidos por el aumento de las penas, pues en su psiquis juzgan que a
ellos no los apresarán (Korobkin otros, 2000). De manera que la idea de que el aumento del
castigo asusta al delincuente y lo inhibe, es solo una falsa percepción o una medida
empíricamente demostrada que no es efectiva. En rigor, el castigo severo, si asusta a alguien,
será al ciudadano honrado quien posiblemente nunca delinquirá.
Otro caso que ilustra este punto podría ser el hecho de considerar que el castigo es la
única estrategia de resocialización. Ello también sería pasar por alto innumerables estudios que
indican la mayor eficiencia que poseen los procesos de aprendizaje no violento para modificar
conductas en lugar de la coacción. Sin embargo, como en muchos otros campos, sigue
circulando en el imaginario jurídico de la sociedad y de los legisladores la concepción del
castigo como herramienta básica para la resocialización, y si es brutal, mejor.
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Finalmente, otro ejemplo del vínculo necesario entre psicología y derecho lo
encontramos en el establecimiento de la edad de imputabilidad o de capacidad para la vida
civil. La pregunta aquí es cómo puede saber el legislador cuáles son las etapas del desarrollo
moral si no consulta los estudios que sobre la cuestión ha hecho la psicología de los últimos
años. Evidentemente, si no los consulta y a apela a su criterio autónomo, puede plasmar en la
ley su visión del mundo, sus prejuicios o su ideología, sin tomar en cuenta la realidad de la
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población cuyas conductas debe ayudar a regular por medio de la ley. Señalábamos que los
estudios deben ser actualizados, pues siendo la sociedad y sus integrantes cuerpos dinámicos,
muy posiblemente no será lo mismo una niña de 15 años de 1920, que una joven de esa misma
edad en el siglo XXI. Pero no hay que suponerlo, sino indagarlo en los estudios de quienes se
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dedican a investigar este campo. De manera que no basta con tomar la bibliografía freudiana
para comprender al ciudadano actual, sino que debe agregársele los estudios contemporáneos.
Lo dicho hasta aquí no significa que las disciplinas psicosociales deban legislar, sino que
el dictado de las leyes en las sociedades modernas puede y debe beneficiarse del desarrollo
científico. El legislador debería acudir al saber científico psicosocial para comprender el mundo
social, y legislar en consecuencia. Al hacerlo la psicología, la antropología, la sociología, le
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pueden brindar fundamentos racionales y empíricos para elaborar las leyes que pretendan
regular el comportamiento humano en sociedad. Claro que tampoco se propone convertir al
derecho en una ciencia, pues no lo es, sino que se trata de una técnica que ayuda a la
coexistencia pacífica de las personas en sociedad (Supiot, 2007), pero como técnica que es,
debe ser aplicada desde el saber científico en lugar de hacerlo desde los saberes populares o de
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sentido común, que si bien estos fuentes importantes de conocimiento, pueden esconder
privilegios o injusticias desapercibidos aun para las personas que los emplean de buena fe.
Otro punto de contacto entre derecho y ciencias psicosociales se debe a que una vez que
la ley es promulgada, la intención legislativa es que se cumpla y que logre su cometido, y aquí
las ciencias psicosociales pueden brindar una importante ayuda, tanto para la difusión o
publicidad real de la nueva ley (no la ficción de que es conocidos por todos por ser publicada en
el Boletín Oficial), como así también, para el relevamiento posterior de su aplicación. Esto
último suele ser llevado a cabo por medio de investigaciones empíricas que arrojen resultados
sobre su efectividad, o bien, que permitan comprender las razones por las cuales las personas
no ajustan su comportamiento a ella. También pueden aportar herramientas de trabajo para su
implementación, y señalarle los errores en que pueden incurrir sus operadores (jueces,
abogados, fiscales, policías, etc.) en su uso y aplicación, por ejemplo, demostrando casos
históricos de detenciones o condenas fundadas en desaciertos judiciales o policiales, ya sea por
declaraciones falsas, o por prejuicios de una determinada época (por ejemplo, sobre jóvenes de
clase baja o el lombrosianismo a principios del siglo XX).
No es novedoso que los operadores jurídicos son seres humanos con diversas
concepciones del mundo, prejuicios, sentimientos de clase, militancia, etc. En consecuencia, la
idea de una Justicia perfecta no es posible, pues quienes aplican el derecho tampoco lo son, son
tan solo individuos con sentimientos y nociones propias de cómo debe ser el mundo social en el
que viven y en el que deben actuar aplicando la ley. Es así que la psicología puede explicar
mucho mejor que la dogmática penal porque dos jueces ante hechos idénticos ([Link]. consumo
personal de marihuana) uno aplica una condena y otro absuelve. Lo que los diferencia no es la
ley, sino sus esquemas mentales de interpretación del mundo, y lo mismo puede aplicarse para
comprender por qué dos ciudadanos que viven en un mismo barrio, uno delinque y el otro no; y
es que cada uno tiene una concepción del mundo social que lo hace sentir, pensar y actuar de
maneras diversas.
Asimismo, la psicología aporta al derecho elementos de análisis para las declaraciones
testimoniales de testigo y de víctimas, permitiendo descubrir indicios de errores en la
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reconstrucción del recuerdo, implantación de falsas memorias, como así también, comprender
la diferencia entre un recuerdo olvidado y uno reprimido.
En definitiva, advertimos que la psicología y las demás disciplinas psicosociales en
mayor o menor medida complementan al derecho, ya sea brindándole herramientas para dictar
leyes, como así también para aplicar. Asimismo, serán útiles para comprender el móvil de un
crimen y la conducta ajustada a derecho de los ciudadanos, que de algún modo, también ayuda
a comprender qué variables influyen en que algunas personas no las cumplan. Pero en todos
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los casos, aportarán a los operadores jurídicos que se interesen por ellas instrumentos de
análisis de la realidad social e individual con la que deben tratar diariamente. Si bien el derecho
durante mucho tiempo juzgó innecesaria la interdisciplinariedad para la creación o aplicación
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de las leyes —quizás porque los regímenes autoritarios del siglo XX vedaban toda posibilidad
de crítica a la legislación y en general a los sistemas de control social imperantes—, los actuales
tiempos de apertura democrática y participación de la ciudadanía en la cosa pública permiten
que se asista a una apertura del mundo jurídico a otras disciplinas que posibilitan a sus
operadores (legisladores, jueces, abogados, fiscales, etc.) ejercer su profesión y brindar a la
sociedad un instrumento de prevención y resolución conflictos más eficaz para la vida
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armónica en sociedad.
basta con comprobar que el sujeto obró con intención para hacerlo responsable de sus actos, o
inimputable en caso contrario. Si se toma cualquier código civil, penal, comercial o laboral, se
advertirá que el derecho considera que el comportamiento humano se basa en el libre albedrío
y, por lo tanto, si existe discernimiento, intención y libertad, habrá responsabilidad o
imputabilidad. En cambio, la psicología pone ciertos reparos acerca de la libertad del obrar de
una persona, pues no tener grilletes de esclavo en los tobillos no siempre es signo de libertad,
ya que metafóricamente hay grilletes internos que pueden limitar el comportamiento aún más
que cualquier instancia de control externa.
Imaginemos un individuo que haya vivido toda su infancia y juventud en una familia
violenta. Llegado a la adultez se casa, y en su vínculo de pareja resuelve sus conflictos del único
modo que aprendió en su casa paterna, es decir, violentamente. Para el derecho, en principio,
no habría dudas acerca de que el sujeto que agrede a su pareja obra voluntariamente y, por lo
tanto, es imputable, pues es libre de obrar de otro modo y no lo hace. En cambio, para la
psicología, el sujeto no posee esa voluntad libre que predica el derecho, pues no puede
perderse de vista que esta persona ha sido condicionada durante todo el proceso de
socialización familiar en un modelo de interacción violento, y por lo tanto, el margen de
libertad para obrar de otro modo si bien existe, es al menos algo acotado.
Ya Lacan refería a esta situación bajo el concepto de elección forzada, según la cual, las
personas son libres de elegir siempre que elijan correctamente, de modo que lo único que
pueden hacer es creer que eligen libremente aquello que les viene impuesto. En consecuencia,
para la psicología, el libre albedrío que postula el derecho como la piedra fundante de toda la
teoría de la responsabilidad es un hecho que no opera de manera igual en todos los seres
humanos, y por lo tanto, debe ponderarse en cada caso en particular.
Cabe señalar que los tribunales tienen en cuenta esta cuestión cada vez más, a pesar de
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las críticas que reciben de la opinión pública. En definitiva, lo que diferencia a estas dos
disciplinas sería la perspectiva de análisis, pues frente a un determinado hecho jurídico, ambas
miran hacia el pasado, solo que el derecho lo hace para imputar responsabilidad sobre la
conducta juzgada, y la psicología para plantearse diversas hipótesis que permitan comprender
por qué la persona obró del modo en que lo hizo, buscando revelar las variables personales y
sociales que intervinieron en ello, y en algunos casos, procurando ayudar a la modificación de
conductas.
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Otra diferencia entre psicología y derecho es que el trato que dispensa este último a los
ciudadanos es distinto al que les brinda la psicología, pues mientras que para el derecho todas
las personas son iguales ante la ley, la psicología no puede dejar pasar por alto que cada
persona debe ser tratada de acuerdo a su grupo de pertenencia, su condición sociocultural,
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económica, religiosa y sus condiciones particulares. No se trata de discriminar, sino de
entender al otro desde la situación existencial en la que vive y actúa, desde la constitución de su
individualidad. Se parte de la premisa según la cual todo comportamiento debe explicarse a
partir de factores personales y situacionales, lo que conlleva distintos tratamientos a los
distintos sujetos y la comprensión de los motivos de la conducta por más aberrante que sea.
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En psicología no tiene ninguna vigencia las ficciones jurídicas del conocimiento de la ley
por todos, o que nadie puede alegar su propia torpeza. Para la psicología claro que puede
hacerlo, pues los errores de la vida cotidiana son manifestaciones del inconsciente, o
mecanismos de defensa que está más allá del sujeto poder controlar. En derecho es sabido que
la costumbre no puede fundar derecho, pero para la psicología, el respeto de una costumbre
puede ser más importante para un sujeto que cumplir con la propia ley positiva. En definitiva,
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muchos de los supuestos básicos del derecho, que sirven para sostener el sistema jurídico, no
resultan compatibles con la psicología y las explicaciones que esta puede aportar.
Además de que derecho y la psicología miran hacia el pasado, de que tratan de modo
diferente al sujeto y de que los principios fundantes del derecho no le son aplicables a ambas
disciplinas, otra particularidad del derecho es que arriba a veredictos (del latín, verus dictus,
“verdad dicha”) que se fundan en certezas generadas a partir de las pruebas que se producen
en la causa. Es decir, brinda a las partes y a la sociedad a una “verdad oficial” de lo ocurrido, y
estemos o no de acuerdo con ella, hace cosa juzgada sobre los hechos debatidos. En cambio, la
psicología y las diversas disciplinas psicosociales si bien también buscan comprender los
sucesos y arribar a conclusiones, sus resultados siempre estarán sujetos a revisión por
eventuales investigaciones posteriores que las refuten o las complementen. Hablamos aquí
especialmente de las conclusiones de investigaciones psicosociales que expliquen
comportamientos en un lugar y tiempo determinado (y no de pericias que se produzcan en una
causa, las cuales también pasarán a ser cosa juzgada). Por ejemplo, piénsese en las teorías
psicológicas de principios de siglo XX que explicaban la homosexualidad como una patología, y
cómo el progreso científico fue descartando esas conclusiones, perfeccionando el saber
científico hasta nuestros días.
A diferencia de la ciencia, en el mundo jurídico, las sentencias explican los hechos con
vocación de perpetuidad, pues solo así se brinda seguridad jurídica a una sociedad. Pero el
instituto de la cosa juzgada no existe en el campo científico. Aquí todos los conocimientos y
descubrimientos están sujetos a ser revisados por nuevas investigaciones que los refuten, pues
la ciencia avanza gracias a esto. De manera que, siguiendo la metodología popperiana, en
ciencia no hay seguridades ni certezas absolutas, sino niveles de probabilidad, que pueden ser
muy altos, como los de toda teoría aceptada por la comunidad científica, pero aun así,
potencialmente refutable en el futuro.
En cuanto al concepto de “justicia”, el derecho y las disciplinas psicosociales también se
diferencian. En efecto, el derecho entendido dogmáticamente se desentiende de una idea
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trascendental de Justicia, pues le basta con que las normas se adecuen al ordenamiento y no
colisionen entre ellas para que esta legalidad formal sea la medida de la justicia. Los estudios
de la psicología jurídica, en cambio, analizan el valor justicia, sabiendo que no es inmutable,
sino dependiente de los lugares y de las épocas. Así, a pesar de que una ley promulgada por la
voluntad popular establezca restricciones sobre un grupo o brinde privilegios sobre otros, las
disciplinas psicosociales serán las encargadas de hacer los señalamientos externos al derecho
que denuncien los errores en que pueden incurrir las democracias exaltadas por las pasiones
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(mano dura, disminución de la edad de inimputabilidad, deportación de extranjeros,
incremento de impuestos, etc.), o de señalar la incapacidad psicológica de criticar al derecho
que tienen aquellas sociedades que lo han mitificado como algo incuestionable (Bonina-Diana,
2009).
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Las sociedades cambian, y lo que se considera justo en un tiempo puede dejar de serlo
en otro. Pero a pesar de esta regularidad histórica, todo cambio social siempre conlleva luchas
y resistencias, pues los cambios pueden ser muy intranquilizadores e implicar grandes
pérdidas. No obstante, es inevitable que ocurran, pues son el motor de la historia, y en cada
época el derecho tratará de reflejar la vocación por ese cambio (períodos revolucionarios) o el
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miedo a ese cambio (períodos conservadores). Hacia mediados del siglo XX, gran parte del
derecho latinoamericano civil abandonó el paradigma liberal, y se enroló bajo la corriente de la
solidaridad, en especial, en lo que hacía a la reparación de los daños y la ponderación del daño
moral como una de las fuentes indeminizatorias. Pero no todos estuvieron de acuerdo con este
cambio.
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solemos vivir (…) no hay que desaprovecharlo intentando convertir ese dolor en un título de
enriquecimiento patrimonial. Pues en ese afán hay una especie de prostitución del dolor”
(Llambías, 1967:305).
Los cambios se suscitan continuamente en las sociedades, y las concepciones acerca de
lo que es justo cambia de una época a otra (y de un país a otro también), pero lo que no cambia
es la necesidad de una representación común de la justicia en un país y en una época dada
(Supiot, 2007). La cita de Llambías cumplía esta función, era fuente de interpretación del
derecho del siglo pasado, fundamento de legislación y sentencias. Pero en la actualidad, ha sido
abandonada, y como queda dicho, “algo” debe ocupar su lugar. En este sentido, es misión de las
disciplinas psicosociales aplicadas al derecho es informar al operador la concepción que tiene
la población sobre lo que es justo y lo que no lo es. ¿Son justas las trabas que imponen las obras
sociales para la fecundación asistida?, ¿es legítima la prisión por consumo de marihuana?, ¿es
necesario que la salud pública asista a quienes no pagan impuestos? Todas preguntas cuyas
respuestas están en la gente, y –en tanto no se investigue–, sus respuestas solo pueden ser
especulación.
Las disciplinas psicosociales no son las únicas en hacer críticas al sistema jurídico, sino
que los juristas también las hacen, solo que en algunos casos, pueden incurrir en errores
metodológicos que afecten la cientificidad de sus conclusiones. En efecto, juristas, jueces y
abogados en ejercicio, por su propia formación, muchas veces no tienen consciencia de las
dificultades que conlleva intentar acercarse a la neutralidad valorativa, pues su tarea cotidiana
suele llevarlos a argumentar hacia determinados fines y, también, a afirmar sus apreciaciones
en valores locales llevados a la categoría de universales, lo cual suele estar muy lejos de la
señalada neutralidad.
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Por este motivo, al investigar sin una metodología científica se puede caer presa de los
propios prejuicios y sesgos, percibiendo desde allí el fenómeno jurídico-social que se investiga
y, por lo tanto, influyendo en las conclusiones que arrojan las investigaciones. Un ejemplo de
error metodológico puede ser intentar relevar el imaginario jurídico de los jueces de una
determinada jurisdicción escogiendo discrecionalmente a quiénes entrevistar, en lugar de
realizar la elección por medio del azar u otro método probabilístico que garantice que no se
producirán sesgos en la composición de la muestra de la población bajo estudio (Fucito, 2013).
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Otro típico error suele ser estudiar sistemas jurídicos alternativos, como los de los pueblos
originarios analizando sus prácticas y rituales por medio de la comparación, por similitud o
contraste con las de los sistemas coloniales. Obrando así, si bien se hacen familiares las
prácticas que parecen exóticas, se hace al recio de contaminar y corromper la observación de
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los objetos analizados. Cuando se opera de este modo, las conclusiones casi siempre suelen
terminar caricaturizando al objeto de estudio como lo expone Moreira en un trabajo de
antropología jurídica sobre la comunidad Guaraní (Moreira, 2009).
No significa que las disciplinas psicosociales, como la psicología jurídica, estén libres de
la ideología de su tiempo, ni de cometer sesgos ni de errores metodológicos. Sin embargo, la
diferencia es que el analista psicosocial sabe que no está libre de prejuicios y que puede sesgar
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su propia investigación, por lo tanto, emplea las técnicas de investigación necesarias para
prevenirse de contaminar su trabajo (por ejemplo, intentando reconstruir las normas que se
infieren de las prácticas observadas abandonando las prenociones; tomando muestras
aleatorias de la población a estudiar; discutiendo con los pares las hipótesis a demostrar; y
fundamentalmente, sometiendo a la crítica de la comunidad científica la metodología empleada
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y las conclusiones que arroja su investigación). Solo de este modo puede estar seguro de estar
haciendo ciencia y no política (consciente o inconscientemente).
Si las críticas que formula al derecho las hace desde una militancia, es lógico que sus
conclusiones encuentren resistencia en el mundo jurídico, pues históricamente el derecho ha
sido “poder” y el poder juzga sin admitir ser juzgado. Solo que cuando la evidencia científica le
hace notar que está errado, aun el poder debe ceder para no perder legitimidad, y es por esa vía
científica crítica que las disciplinas psicosociales deben realizar su trabajo. Ello no implica
neutralidad cómplice con sistemas jurídicos injustos, pues cuando sus conocimientos son
aplicados por los operadores jurídicos, redunda en mayor eficiencia del servicio de justicia, y
eso también es una forma de hacer del sistema jurídico un sistema más eficiente, y, en
definitiva, un mundo mejor.
En este sentido, no es la militancia lo que debe impulsar el trabajo en ciencia
psicojurídica, sino el deseo de perfeccionar los sistemas de resolución de conflictos de las
personas en sociedad, para lo cual una tarea inicial de la psicología jurídica es ser aceptada y
consultada por el mundo jurídico. Adelantando temas que veremos más adelante, digamos que
–tal como ocurren en una terapia– la psicología jurídica no debería intentar combatir al
derecho, sino ayudarlo a darse cuenta de sus propios defectos, y de las inconsistencias con la
realidad social, para que sea este mismo quien encuentre los caminos para “curarse” y cumplir
La psicología jurídica
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Breve historia de la construcción de la psicología jurídica
Desde hace muchos años, la aplicación de los métodos de la sociología al campo jurídico
dieron lugar a la sociología del derecho. Según los distintos autores que acuñaron este saber en
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la Argentina, se trata de una disciplina que estudia la interacción humana tomando como
referencia positiva o negativa las normas jurídicas (Fucito, 2003); también se ha dicho que
estudia la conducta social basada en expectativas informales y formales del sistema socio-
jurídico (Gerlero, 2006, 2008); o bien, que indaga sobre la dinámica de las interacciones
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sociales con relación al derecho (Lista, 2000). Estas definiciones, como otras tantas que se
pueden encontrar, dan cuenta de un campo del saber socio-jurídico que estudia la interacción
humana y la influencia que en ella puede tener, o no, las normas jurídicas y las normas
informales (usos, costumbres, ideología, etc.) que rigen los comportamientos de los individuos
en la sociedad y también sobre la conducta de quienes son los encargados de crear, emplear y
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aplicaban o no, y si las personas las acataban o no; y en todos los supuestos el objetivo central
era comprender por qué ocurría.
Contrariamente, para el positivismo jurídico no existe más derecho que el positivo, pues
es una disciplina formal, y no tiene otro propósito que describir conductas a las cuales se les
aplica una sanción. Por eso, no tiene sentido criticarle su metodología y ceguera hacia el campo
de la realidad. Su origen tiene una explicación histórica, ya que fue un método superador de los
sistemas jurídicos anteriores donde los jueces aplicaban la ley desde sus interpretaciones
ideológicas brindando protección corporativa a los miembros de su clase —lo que llevó, entre
otras cosas, a la Revolución Francesa—, más que con un imperativo de Justicia. Por esa razón, la
insistencia de Kelsen con la “puridad”, es decir, la no interpretación personal de las normas
jurídicas, sino su simple aplicación tal cómo fueron válidamente promulgadas.
Para Kelsen el derecho debía entenderse como un conjunto organizado de normas,
cuya expresión en la realidad debía ser la coacción, y nada más. Desde esta perspectiva,
ilustraba su punto señalando que: "Si un individuo se abstiene —contra su impulso instintivo—
del homicidio, el adulterio o el robo, porque cree en Dios y se siente ligado por los Diez
Mandamientos, y no porque tema el castigo que ciertas normas jurídicas enlazan a esos delitos,
las normas jurídicas resultan —por lo que a él toca— completamente superfluas (…) el
comportamiento de tal individuo no sería un fenómeno jurídico, sino religioso” y estudiado por
la sociología de la religión (Kelsen, 1958: 30). Kelsen señala así que el derecho debe ser
entendido como una técnica de regulación de la conducta humana que lo hace por medio de
una técnica específica que es la coacción estatal, y concluye que si se ignora este elemento
específico del derecho, se pierde la posibilidad de diferenciarlo de otros fenómenos sociales de
control social, como son la religión, la moral, las costumbres, etc.
Como hemos dicho, el punto de vista de las ciencias sociales y psicosociales que
estudian al derecho es distinto que el de la teoría pura, pues parten de la premisa según la cual
ningún juez puede evitar su propia cultura, pues todos somos miembros sociales condicionados
por nuestra socialización, de manera que la pureza que predica el positivismo jurídico es un
ideal prácticamente inalcanzable. De hecho, las investigaciones sobre los jueces que realizara
Fucito dan cuenta de que muchos magistrados expresan su descreimiento sobre el sistema
OM
penal como regulador de conductas por medio del sobreseimiento sistemáticos o por la por
imposición de penas mínimas. De este modo, trasuntan en sus sentencias su ideología con
respecto a la inutilidad de la pena como reguladora de conductas. Asimismo, algunos jueces
revelaron al investigador en las entrevistas su conflicto interno de tener que sancionar a
delincuentes de poca monta, cuando los grandes infractores de cuello blanco no son alcanzados
por el sistema judicial (Fucito, 2003).
.C
La sociología jurídica se opuso de este modo al positivismo señalando por diversas vías
el quiebre de la pureza y del entendimiento del derecho como un sistema de lógica formal. El
derecho es lo que lo jueces y la sociedad hace de él. Así, muchos investigadores se volcaron a
construir una sociología jurídica para comprender mejor el derecho, brindando
DD
importantísimos aportes en áreas vinculadas a perfiles de jueces y abogados, sectores
excluidos, pluralismo jurídico, discriminación, violencia domestica, identidad de género, etc. La
sociología jurídica abarcó la mayoría de las áreas de estudio sociales e, incluso, llegó a abordar
cuestiones propias de la psicología social, como señala Munné (1980). Paulatinamente, cada
vez más investigadores focalizaron sus estudios sobre la interacción humana vinculada al
derecho desde la psicología social y la psicología general, por considerar que la sociología
LA
estudiaba a los grupos humanos y las sociedades, en tanto que la interacción es un fenómeno
que se produce a una escala menor y, por ende, la perspectiva de análisis debía ser otra, no solo
social, sino psicosocial.
El vínculo de psicología y derecho se hizo cada vez más claro, pues es una evidencia
empírica clarísima que todo derecho se vincula con una conducta social, ya se trate del
FI
comportamiento de los contratantes, el de los litigantes, los jueces, los legisladores, los
delincuentes, etc. En todos los supuestos, siempre se está ante una acción en interacción con
otros, estén o no presentes, pues si la conducta no afecta a un tercero, queda dentro del ámbito
de la privacidad y por ende ajena al derecho. En definitiva, visto así, la conducta jurídica es una
conducta cuya plataforma básica es la interacción (Munné, 1980), y a partir de este postulado
es que se fue consolidando una nueva disciplina denominada psicología jurídica, cuyo objeto
sería estudiar esta interacción teniendo en cuenta la influencia que el derecho podría ejercer
sobre ella.
Otros antecedentes tan importantes como la sociología jurídica lo hallamos en los
trabajos de los psicólogos que hacia principios del siglo XX aportaron al derecho conclusiones
de experimentos llevados a cabo en el campo de la percepción y la memoria, en particular, con
testigos. Mckeen Cattell, psicólogo de la Universidad de Columbia, realizó en 1895 uno de los
primeros experimentos sobre psicología del testimonio midiendo los niveles de recuerdo de las
personas. Notó que existen muchos errores en el proceso de recordar, por lo que advirtió a los
jueces que debían tener en cuenta estas fallas naturales de la memoria en la mayoría de las
personas a la hora de ponderar los testimonios. Años más tarde, el psicólogo germano-
estadounidense Hugo Münsterberg, de la Universidad de Harvard, en su libro On the witness
stand (1908) (En el banquillo de los testigos) postulaba que los recuerdos están influidos por la
inteligencia, las emociones y los afectos, y por errores propios del proceso de percepción (de la
vista, oído, tacto, etc.) que muchas veces detecta lo que el sujeto desea encontrar. Estos
descubrimientos lo llevaron a plantear la necesidad de la psicología en los juicios porque el
sentido común y la sana crítica no son suficientes. Recuérdese que para ese entonces, los
psicólogos no eran reconocidos ni como profesionales ni mucho menos como peritos en los
juicios. Otro autor es el francés Alfred Binet, quien en su libro La Sugestión (1900) señaló la
influencia del medio externo en las personas por medio de la sugestión, y acunó una frase
memorable para nuestro campo de estudio según la cual percibir es mucho más que ver o
sentir, pues incluye la interpretación y la sugestión de terceros. Estos autores sentaron las
bases de un campo de la psicología jurídica que es la psicología del testimonio, cuyos avances
OM
han llegado a nuestros días aportando importantes conocimientos para la detección del
engaño, sesgos y errores perceptuales, falsos reconocimientos en ruedas, etc.
Hacia mediados del siglo XX se inicia una etapa caracterizada por el estudio de los
aspectos concretos de los procesos judiciales y en especial sobre los juicios por jurados. Poco a
poco se va consolidando en Europa y Estados Unidos una suerte de confianza de los operadores
jurídicos para con los aportes de la psicología, y con las ciencias sociales en general. Aunque el
vínculo entre derecho y psicología en Latinoamérica no se hallaba del todo consolidado, los
.C
investigadores de la historia de la psicología jurídica advierten que si existía un gran caudal de
investigaciones en torno a las decisiones judiciales (Del Popolo, 1997; Escaff, 2002),
seguramente de la mano de la sociología jurídica que durante mucho tiempo se interesó por
analizar las cuestiones psicosociales que se producían en el campo del derecho debido a la
DD
inexistencia de una psicología jurídica.
En la actualidad, los temas que investiga la psicología jurídica no se agotan en la
psicología del testimonio, sino que se analizan los imaginarios y representaciones jurídicas
sobre diversos temas, el cumplimiento o no de las normas, la explicación de las conductas
desviadas, los perfiles de los operadores jurídicos, los niños en el ámbito judicial, etc. Un
LA
repaso no exhaustivo de los autores contemporáneos que han contribuido a esta disciplina
encontramos Munné-Bayés-Muñoz (1980); Fernández Dols (1993); Sobral, Arce y Prieto
(1994); Clemente (1997); Oceja y Jimenez (2001); Hoyo Sierra (2004); Garrido, Masip y
Herrero (2006); Sarmiento, Varela, Puhl, Izcurdia (2005); Rubio (2010); Arce y Fariña (2006);
Kapardis (1997); Kassin (2001); Haney (2002); Carson y Bull (2003); Kovera (2004).
FI
psicología social del derecho, y psicología jurídica. Es claro que aquí se entremezclan
perspectivas psicológicas de tipo forense, es decir, de peritos dictaminando en un caso en
particular, con perspectivas psicosociales, que posiblemente se deba a que, como señalaba
Kuhn (1982), el comienzo de una ciencia siempre suele ser confuso, y de allí que la definición
del campo de estudio presente los mismos inconvenientes. Sin embargo, de todas estas
definiciones enunciadas, nosotros tomaremos de la psicología jurídica, pretendiendo englobar
en ella el estudio totalizador de las variables internas y externas que operan en el sujeto que
vive en sociedad sometido a normas sociales y jurídicas.
OM
la disciplina estudiaba la influencia que ejerce el derecho sobre las personas y los grupos
sociales, como así también el estudio de la evolución y mutación del derecho (Clemente, 1997;
Munné, 1980). Claramente con estas últimas definiciones ya se había sembrado la semilla de lo
que la disciplina sería en la actualidad. Pero antes, cabe señalar que lo que todas estas
definiciones dejaban en claro es que la psicología jurídica no es sinónimo de psicología forense
(disciplina encargada de realizar pericias en los juicios), sino que extiende sus estudios al
.C
fenómeno jurídico en sentido amplio, sin sujeción a un caso en particular y sin necesidad de ser
psicólogo para desenvolverse en este campo. Es decir, se trata de una rama no colegida ni
regulada que solo exige en quien pretenda desarrollarla respeto y apego al método científico
para la obtención de conclusiones, razón por la cual algunos autores contemporáneos también
DD
la han definido como un saber que aplica métodos y descubrimientos de la psicología social al
campo del derecho (Hoyos, 2004), y otros agregan que lo hace estudiando los supuestos
psicológicos en que se fundamentan las leyes y quienes las aplican (Garrido, Massip y Herrero,
2006).
Si bien todas estas definiciones aportan metas hacia las cuales debe dirigirse la
investigación psicojurídica, no debería caerse en el extremismo de considerar que toda
LA
conducta es regida por el derecho (una charla de pareja no lo es, una salida con amigos
tampoco, etc.), o que todo accionar humano puede pensarse en términos jurídicos, pues tal
exceso sería caer en una perspectiva panjurídica donde toda la vida social se percibe desde el
derecho (Carbonnier, 1974). Lo que debe tenerse como criterio de análisis es que algunos de
los comportamientos humanos en sociedad incumben al derecho, y en esos supuestos, su
FI
social, al estudio de la actividad humana que se vincula con el derecho. En particular, una
disciplina que estudia la influencia del medio físico y sociocultural en el surgimiento,
mantenimiento y cambio de recuerdos, sentimientos, pensamientos y comportamientos que
posean relevancia jurídica.
Veamos un ejemplo para ilustrar nuestra definición. Una charla entre un hijo y un padre
es una interacción humana que podría interesar a la psicología general o social, pero mientras
ello no derive en un fenómeno vinculado con lo legal, para la psicología jurídica no tendría
ninguna importancia. En cambio, si de esa charla surge una discusión que culmina con algún
daño para alguna de las partes y es denunciado, ahí tenemos una situación que por haberse
convertido en jurídica, tiene interés para la psicología jurídica. En este ejemplo, lo que le
interesará analizar serán las variables intervinientes en el suceso, ya sean las personales de los
individuos que lo protagonizaron (celos, stress, inmadurez, etc.) como así también los factores
socioculturales (tolerancia social hacia la violencia doméstica, aprendizaje, recurrencia
generacional, asilamiento, etc.). Asimismo, también podrá ponderarse el medio físico donde se
produjo el hecho, tal como lo sería una situación de hacinamiento, lo cual incrementa los
niveles de stress y agresividad. Finalmente, se interesará por las emociones en juego, los
recuerdos que el hecho pudiera producir en el niño, la afectación de su declaración testimonial,
etc.
De este modo, la psicología jurídica se interesa por los conflictos intersubjetivos que se
repiten en la sociedad con relevancia jurídica, y lo hace a partir de investigar las variables
socioculturales en las que se enmarca el fenómeno, pues parte del supuesto de que toda
conducta debe estudiarse con relación a las personas que las desarrollan, pero sin ignorar las
influencias externas, tanto de otros individuos como así también de los factores culturales
OM
dentro de los cuales las normas jurídicas y sociales tienen un peso fundamental. En el ejemplo
del padre y el hijo, la pregunta es por qué no se respeta la norma jurídica que veda el
comportamiento violento, y la hipótesis que la responde es que, posiblemente, porque existe
una norma cultural que tolera o fomenta esta conducta. Solo así puede arribarse a una
comprensión totalizadora del comportamiento que pueda no solo explicarlo, sino también,
predecirlo, y eventualmente desarrollar estrategias para desarticularlo en el futuro.
La psicología jurídica también opera como una disciplina crítica al sistema jurídico, al
.C
señalarle inconsistencias de las leyes con los nuevos valores sociales (matrimonio igualitario,
legalización de la marihuana, vientre subrogado, etc.) y colabora con la interpretación de las
normas jurídicas por parte de los magistrados y abogados que se interesen en aplicar los
DD
conocimientos y metodologías psicosociales en la atención de sus causas, pues siempre será
más convincente argumentos sobre la base de determinadas investigaciones científicas que en
función del “sentido común” que muchas veces sirve para disimular el pensamiento propio de
quien opina o decide.
No está de más señalar que para el estudio de todas estas cuestiones la psicología
jurídica formula sus hipótesis explicativas a partir del marco teórico que le provee la psicología
LA
social y siguiendo el método científico, es decir, recogiendo sus datos por medio diseños
experimentales, observacionales, encuestas, entrevistas, etc., a fin de que sus afirmaciones
carezcan de dogmatismo y resulten teorías de alcance medio, empíricamente comprobables. En
este sentido, sobre metodología de la investigación aplicada al derecho pude consultarse,
Cardinaux-Kunz (2004), Gerlero (2008), Ferrer Arroyo (2012), Fucito (2013), Gastron (2013).
FI
OM
preocupado por estudiar al grado de cumplimiento o conducencia de las normas y los motivos
por los que resulten incumplidas.
Persuasión judicial: al ser la profesión jurídica un oficio en el que el abogado debe
convencer que la razón está de su lado –y no de la contraparte–, la psicología jurídica le ha
aportado innumerables técnicas y conocimientos a los letrados para el ejercicio más eficiente
de su profesión. Aquí se encuentran estudios que indican la importancia de las variables
periféricas (irracionales) en la exposición de las defensas, acusaciones e interrogatorios, tales
.C
como los estilos discursivos más persuasivos, la influencia de la apariencia del acusado en el
momento de un juicio por jurados, la importancia de las palabras empleadas a la hora de hacer
los alegatos, la influencia del orden de los temas para que queden más tiempo en la memoria
del jurado o sentenciante, etc.
DD
Proceso de toma de decisiones de los jurados: fundamentalmente en los Estados Unidos
se ha desarrollado una amplia literatura sobre esta cuestión debido al sistema jurídico allí
imperante. Los resultados han dado cuenta de las posibilidades ciertas de manipulación de los
jurados, como así también, de los errores que pueden cometerse a la hora de realizar el trámite
de selección de jurados. La implementación de juicios por jurados en Latinoamérica ha hecho
LA
OM
La psicología forense es una rama de la psicología que se vincula con el derecho, pero lo
hace desde el campo pericial. La palabra “perito” proviene del latín (peritus) y significa “docto,
experimentado”. Es quien posee determinados conocimientos científicos, artísticos o
simplemente prácticos, y que por esa razón, es llamado por la Justicia para dictaminar sobre
hechos cuya apreciación no puede ser llevaba a cabo sino por aquel que, como él, es poseedor
.C
de tales nociones muy especializadas (Varela, Álvarez y Sarmiento, 2011). Es así que, mientras
en psicología forense un psicólogo matriculado es llamado por un juez para expedirse en una
causa judicial particular ([Link]. sobre el estado emocional de una persona que mata a otra; o
DD
sobre el daño psicológico que le produjo a una víctima un accidente; etc.), la psicología jurídica
es una disciplina que no exige ser psicólogo para investigar en su campo, sino que basta con un
serio interés de indagar en esta área de contacto entre el derecho y la interacción humana, y
hacerlo desde una metodología científica, es decir, ajena a especulaciones y sujeta al método
científico de planteo de hipótesis sujetas a contrastación empírica ([Link]. estudiando los
imaginarios jurídicos, los sesgos de percepción típicos de los testigos, el fenómeno de la
LA
hijos, violencia familiar, adopción, nulidad de matrimonio, testamento, etc. En la justicia laboral
donde dictaminan sobre trastornos o patologías que el empleado argumente haber sufrido
como consecuencia de su trabajo (stress, ataques de pánico, depresión, etc.). En la justicia
penal, el perito psicólogo podrá ser convocado para que realice una evaluación del imputado
aportando elementos de su psiquis que permitan al juez apreciar si ha existido un atenuante
(por ejemplo, una emoción violenta), o un agravante (abuso sexual gravemente ultrajante),
para esto último, el perito deberá evaluar los mecanismos conductuales predominantes del
imputado, como así también el tipo de vínculo que el sujeto entabla con el entorno de acuerdo
con su personalidad (por ejemplo, si posee una personalidad con rasgos psicopáticos).
Asimismo, también debe evaluar la posible existencia de causales de inimputabilidad
(art. 34, inc. 1, Código Penal) para lo cual deberá reunir los elementos necesarios a efectos de
arribar a una conclusión que exponga si la persona pudo comprender la criminalidad del acto y
dirigir las acciones conforme a esa comprensión o no. Otro punto que suele requerirse al
psicólogo forense en sede penal es que se expida acerca de la peligrosidad del imputado, es
decir, sobre la probabilidad de que pueda cometer nuevos delitos en el futuro o reincidir en el
mismo tipo de delito. Finalmente, no debemos olvidar el papel del psicólogo en el
acompañamiento de las víctimas, tanto para contención primaria (por ejemplo en la Oficina de
Violencia Doméstica de la CSJN), como así también, en las causas judiciales, para responder a
los puntos de pericia que las partes o los magistrados que les soliciten.
En casos de delitos sexuales, se requiere al psicólogo la evaluación de la víctima, y de ser
posible, del posible victimario, si ha sido detenido. Se debe tener en cuenta que muy
frecuentemente las víctimas son menores de edad, y que a partir de la ley 25.852, los únicos
autorizados a tomar entrevistas a menores son los psicólogos especialistas en niños y/o
adolescentes.
En el campo de la justicia penal de menores, donde jóvenes de menos de 18 años son
imputados por delitos, las leyes establecen que el Estado deberá tutelar al joven detenido
cuando se encuentre en situación de abandono material o moral, y/o peligro moral o material.
OM
Frente a estas situaciones, la función del psicólogo será realizar un informe al juez que
interviene en la causa, brindándole una descripción de la personalidad del menor y de sus
vínculos familiares, indicando las estrategias a seguir, priorizando lo más conveniente para que
logre un desarrollo óptimo, dentro de las condiciones posibles, respetando su idiosincrasia y
contexto sociocultural.
Finalmente, en el ámbito penitenciario el psicólogo actuará en dos campos: el
criminológico y en el del tratamiento. El informe criminológico que presentará ante el juez,
.C
deberá dar cuenta de la motivación de la conducta punible, perfil psicológico, tratamiento
psiquiátricos o psicológicos aplicados, sus resultados, y el pronóstico sobre las posibilidades de
reinserción social. En cuanto a la tarea de tratamiento psicológico del interno, es importante
señalar que, debido a que este no se encuentra allí voluntariamente ni desea una terapia –en
DD
parte por no creerla necesaria o por resistencia hacia todo lo institucional–, se plantea el
dilema al profesional de cómo lograr crear una interacción que haga surgir en el recluso la
necesidad del tratamiento para que más tarde surja algún interrogante respecto al delito
cometido.
En definitiva, la psicología forense se ocupa de temas que interesan a la psicología
LA
qué tipo de variables psicosociales influyen en que un abogado sea más persuasivo que otro;
cómo influye e hacinamiento y el calor en los motines y las peleas carcelarias; etc. Es decir, es
una disciplina que intenta arribar a conocimientos generales sobre el comportamiento humano
vinculado al mundo jurídico, cuyas conclusiones pueden ser empleadas por los peritos
OM
.C
DD
LA
FI
CAPÍTULO 2
OM
Elementos básicos de
Psicología social
.C
Temas del capítulo
DD
Objeto de estudio de la psicología social y su utilidad.
Requisitos científicos que deben reunir sus teorías.
Influencia de factores sociales
Evolución del pensamiento social.
LA
El campo de estudio
FI
(en adelante, PS) debemos comprender que estamos frente a una rama de ciencia que, si bien
ha sido de reciente surgimiento, ha tomado conocimientos de dos ciencias de larga data como
lo son la psicología clásica y la sociología.
De la sociología tomó sus descubrimientos
sobre la influencia de los grupos sociales
en el individuo (por ejemplo: por qué
surgen los prejuicios y cómo se mantienen
en la sociedad; por qué el aislamiento
social puede generar sentimientos de sociología psicología
angustia que lleven al suicido; por qué la
adolescencia se extendió hasta los 25
años; etc.). Por su parte, de la psicología
clásica tomó los conocimientos sobre
OM
Esta definición pretende dar cuenta de una ciencia que, si bien toma algunos
conocimientos de la sociología y la psicología, no depende de ninguna de estas dos, ni es una
rama de ellas, sino que se trata de una perspectiva independiente, de allí el carácter de
autónoma que refiere la definición. Su meta es indagar cómo influye el medio externo en el
surgimiento de sentimientos (odio, amor, desprecio, ira, miedo, tristeza, etc.) o pensamientos,
como así también en la motivación de los actos y omisiones que se realizan. Pero no solo le
.C
interesa la génesis de estos fenómenos psicológicos, sino que también se encarga de estudiar
los motivos por los cuales estos se mantienen en el tiempo, o bien, cambian, ya sea
profundizándose o desapareciendo.
Tomemos un ejemplo cotidiano para ilustrar esta definición. Imaginemos que una
DD
persona va en colectivo (autobús, metro, etc.) en la hora pico, y que en cada parada sube más y
más gente. Quizás, aunque sea una persona muy tranquila, es posible que al viajar muy
acalorado, ser apretado y empujado por los demás pasajeros (todos estos son los factores físicos
que menta la definición) vaya perdiendo la paciencia y elevando sus niveles de irritabilidad e
intolerancia hacia los demás, aun contra aquellos que lo empujan sin querer. Seguramente lo
mismo le ocurrirá al resto de los que viajan en el autobús, y por eso, es muy común que se
LA
produzcan conflictos verbales y hasta físicos en esos espacios. Pero lo más interesante es que
muchas de las personas que se enojan, posiblemente, también sean tranquilas en otros ámbitos.
Toda esta escena nos permitiría inferir, por hipótesis, que ha sido la situación en la que se
encontraban todos los pasajes la que motivó que surgieran y se mantuvieran sentimientos de
ira, o que estos se manifestara por medio de agresiones verbales, resoplidos, miradas de enojo
FI
o agresiones corporales tales como empujones, codazos (comportamientos). Luego, al bajar del
transporte público, es posible que todos los pasajeros vuelvan a su equilibrio emocional
habitual (aquí operaría el cambio del sentimiento y del comportamiento del que habla la
definición). Pero este análisis ilustrativo sería incompleto si no tomáramos en cuenta también
el factor social, que en este caso estaría representado por la costumbre de la gente de viajar de
castigado por su madre por querer cruzar la calle sin darle la mano, pensará dos veces antes de
intentar cruzar solo la próxima esquina. Con el tiempo, tanto habrá internalizado la conducta
deseada e inculcada por su madre, que aun en ausencia de ella, es probable que al llegar a la
esquina le dé la mano a cualquier adulto con el que esté caminando (tío, hermano mayor,
maestra, etc.). En este caso, el recuerdo del castigo habrá operado como un elemento disuasorio
de su comportamiento que con el tiempo quedará incorporado a su personalidad, hasta que
llegada cierta edad, lo cambie, y comience a cruzar solo (aunque siempre recordando tener
cuidado al hacerlo). En un sentido similar suelen operar, en la mayoría de las personas, las
leyes que castigan el delito, y es por eso, que los individuos se ven inhibidos, por ejemplo, de
hurtarse mercaderías en el supermercado. Es que se ha “aprendido” a no hacerlo, a temer al
castigo, a la vergüenza, y demás variables sociales que actúan sobre las personas para realizar o
OM
no determinadas conductas.
En definitiva, la psicología social se interesa por estudiar la influencia de todos los
entornos, tanto físicos como sociales que pudieran operar sobre el individuo a fin de
comprenderlo. Con este conocimiento, su misión es ayudar a las personas para superar los
problemas de la vida en sociedad (depresiones, ansiedad, culpa, stress, etc.) desde una
perspectiva psico-social; como así también a las instituciones (empresas, organismos públicos,
.C
asociaciones, etc.) a fin de lograr trabajar más eficientemente cuando intentan hacerlo con
personas, grupo y comunidades. En este último sentido, la psicología social también aporta al
derecho importantes conocimientos que deben ser tenidos en cuenta cuando se intenta regular
el comportamiento humano por medio de leyes, y es allí donde se constituye la psicología social
DD
del derecho o psicología jurídica. Pero antes de continuar avanzando, veamos qué diferencia los
conocimientos que aporta la ciencia psicológica de aquellos que aporta el sentido común y las
creencias.
Cuando las personas dialogan en un bar, pueden conversar de lo que quieran sin
necesidad de fundamentar científicamente cada una de sus afirmaciones. Por eso, se suelen
escucharse frases que son compartidas como verdades absolutas sobre determinadas
cuestiones de la vida, cuestiones que no son problematizadas porque “todo el mundo sabe que
FI
son así”. Por ejemplo, es común escuchar la frase de que “En la Argentina hay siete mujeres por
cada hombre”, y a partir de ello, las personas hablan, discuten y hasta explican su soltería. Sin
embargo, las pruebas empíricas del Censo 2010 de la Argentina, demostraron que la población
se divide en partes iguales entre hombres y mujeres, es decir, hay un hombre por cada mujer
aproximadamente, y no como sostiene el mito urbano (Censo 2010, por cada 100 mujeres hay
95,4 hombres).
Este ejemplo sirve para señalar que en psicología social, al tratarse de una ciencia, no
pueden hacerse afirmaciones infundadas, sino que lo que se afirme debe estar siempre
respaldado por pruebas empíricas que lo corroboren (experimentos, investigaciones, etc.), y
por lo tanto, no se aceptan las especulaciones o creencias infundadas para explicar los
fenómenos que se observan. Por ejemplo, un estudiante de derecho de la Universidad de
Buenos Aires puede sostener que estudian más mujeres que hombres la carrera de derecho.
Esta sería su hipótesis surgida a partir de la observación. Luego, para verificarla –o refutarla-
podría requerir los libros de registro de alumnos y contrastarla. Si lo hace, advertiría que su
corazonada tenía razón, pues como hemos podido comprobar al relevar el Censo de
Estudiantes realizado por la Universidad de Buenos Aires, efectivamente, la población
femenina asciende al 63% (Censo Estudiantes, UBA, 2004:69). Por lo tanto, se asiste a un
conocimiento científico según el cual, en la Facultad de derecho de la UBA asisten más mujeres
que hombres.
La investigación que se emprendió para arribar a este conocimiento se trató de una
investigación cuantitativa, pues verificaron datos estadísticos de la realidad (cantidad de
población, edad, número de hijos, etc.). Este conocimiento nos podría llevar a nuevas preguntas
y nueva hipótesis de respuesta. Por ejemplo ¿por qué ha disminuido la cantidad de varones que
estudian derecho?, o bien ¿por qué ha aumentado la cantidad de mujeres? Seguramente la
respuesta a este interrogante no podrá sacarse de los libros de registro de alumnos, sino que
será necesario una investigación más profunda, llevada a cabo por medio de encuestas o
entrevistas a alumnos, para conocer las razones por las que se inscribieron en la carrera. Pero
OM
no bastaría, sino que también deberá tenerse en cuenta el cambio cultural, económico y social
dentro del cual se incluye el fenómeno bajo estudio (incremento de mujeres en la matrícula de
derecho). Este tipo de investigación será de tipo cualitativo, pues no nos interesa saber
“cuántos” alumnos estudian, ni “cuántos” son mujeres, sino que deseamos obtener una
explicación de “por qué” en el siglo XXI existe un mayor interés del género femenino que el
masculino por estudiar derecho. Es decir, se trata de encontrar las razones que expliquen “por
qué la gente hace lo que hace”, para lo cual, también podrán generarse hipótesis sujetas a
.C
contrastación con la realidad, que darán nuevos conocimientos haciendo avanzar el saber y la
ciencia.
DD
La ciencia avanza gracias a las hipótesis
HIPÓTESIS
SE PRUEBA LA HIPÓTESIS
NUEVO CONOCIMIENTO
nuevas hipótesis
Como vemos, el hecho de tener que probar las hipótesis para sostener válidamente una
afirmación científica en psicología social no debe llevarnos a una parálisis que nos impida
especular sobre las causas y efectos de los diversos fenómenos psico-sociales que vemos. Lo
que se intenta transmitir es que las ideas que surgen como explicación de un fenómeno social,
al principio son siempre especulaciones que brindan una explicación tentativa, y que solo serán
una teoría científica si se las somete a experimentación y quedan confirmadas empíricamente.
Esta característica diferencia a la psicología social de la filosofía, la cual, durante
muchos años, basó sus afirmaciones sobre cómo es el ser humano, en lo dicho por algún
filósofo indiscutido (p. ej. Aristóteles, Santo Tomás, Hegel, etc.). El derecho también tiene
mucho de esta tradición que se conoce como “criterio de autoridad” y que no es otra cosa que
una forma histórica de fundamentar las afirmaciones acudiendo a la autoridad en lugar de a la
razón o la evidencia empírica. Por ejemplo, Aristóteles afirmaba que existían dos categorías de
seres humanos, los que habían nacido para ser Amos y los que habían venido al mundo para ser
Esclavos. Esta afirmación era una mera especulación intelectual que nunca había sido probada
empíricamente, es decir, nadie determinó qué dato genético o biológico era el que diferenciaba
a una Amo de un Esclavo. Pero nadie cuestionaba la teoría y creían en ella porque así lo había
dicho el Maestro; con lo cual, la situación social en la que unos individuos se consideraban
superiores a otros por Naturaleza se perpetuaba.
Para la psicología social actual, esta afirmación -al carecer de corroboración empírica-
no es más que una mera creencia, es decir, una opinión infundada, y de ninguna manera un
conocimiento científico. En el pasado mucho del conocimiento popular provenía de la tradición
o de las fuentes autorizadas (Iglesia, filósofos, etc.). Pero con el surgimiento de la Ciencia (hacia
OM
1600-1700d.c.) se abandonó la especulación sobre la vida social y comenzó a estudiársela
científicamente, donde el relevamiento y contrastación de datos empíricos fue la única forma
de probar las hipótesis que se hacían sobre el mundo social. En este sentido, y siguiendo con el
ejemplo de la naturaleza innata del Esclavo y el Amo de Aristóteles, a la psicología social no le
espantaría esta afirmación, sino que tan solo la manejaría como una hipótesis sujeta a
contrastación empírica. Idearía algún experimento para ponerla a prueba y analizaría si se
.C
verifica o no.
Hoy ya sabemos que todos los seres humanos poseemos la misma naturaleza, por lo que
seguramente la psicología social sugeriría algunas otras hipótesis para explicar esta diferencia
que era tan visible para los griegos. Tal vez una que dijera que no se nace con una personalidad
DD
de esclavo o de amo, sino que el desarrollo de la personalidad depende en gran medida de
diversos factores sociales, tales como la posición social de la familia de origen; el afecto
recibido de niño; la educación; las relaciones sociales; etc. Todos estos factores serán los que
determinarán el tipo de personalidad resultante de un individuo, y no una presunta naturaleza
de esclavo o de amo con la que se viene al mundo. Y finalmente, a ello habría que sumar el
factor socio-cultural de la Grecia clásica, donde se toleraba la esclavitud y se la naturalizaba
LA
Una segunda cuestión que debe quedar en claro cuando se estudia psicología social es
que es muy poco lo que el ser humano trae innato en términos sociales. La mayoría de lo que
hacemos, pensamos o sentimos, es aprendido del medio en el que nos criamos a través del
proceso de socialización.
Esta socialización es la introyección de las normas sociales en el individuo, y se explica a
partir del hecho de que cada sociedad posee un conjunto normas sociales que le permiten a sus
miembros coexistir con cierto grado de paz y armonía, y garantizar su subsistencia y la de las
generaciones venideras. Por ejemplo, dar el asiento a una embaraza y respetar a los mayores
son normas sociales; saludar con un beso o dando la mano, también; tener una religión y
respetar sus mandatos es otro ejemplo. Sin embargo, las normas no vienen en los genes, y por
ende, difícilmente un niño cumpla con estos mandatos si no es educado (socializado, diremos
nosotros) para ello. Pero socializar no siempre es un proceso sencillo, basta recordar lo que
cuesta enseñarle a un niño a saludar con un beso a los parientes o a decir “gracias” para
confirmar este punto; y lo mismo ocurre con los adultos cuando deben incorporar nuevas
normas de los ámbitos de interacción que la vida impone (las normas de un nuevo empleo; no
tirar basura en la calle; usar el cinturón de seguridad; respetar la luz roja; etc.). Además de
aprender las normas porque alguien nos las transmite, las personas también las incorporan por
imitación del entorno, fundamentalmente de personas de referencia positiva, y así van
conformando una personalidad para coexistir con los demás.
Ahora bien, una vez incorporada la norma social, es necesario que existan sanciones
OM
para casos de incumplimiento, pues de lo contrario perderían su obligatoriedad. Piénsese qué
ocurriría si en un trabajo nadie controlara el horario de ingreso/egreso; o si la policía
comenzara a ignorar a los conductores que cruzan un semáforo en rojo por considerarlo una
falta mínima. Seguramente, la norma dejaría de cumplirse y con el tiempo desaparecería, tal
como ocurre con las normas sociales (o jurídicas, desuetudo) que dejan de ser respetadas y a
nadie molesta. De allí la necesidad de sanciones, tanto formales como informales para
mantener su obligatoriedad.
.C
Ahora bien, dicho todo lo anterior, cabe concluir que las normas sociales que se van
incorporando por socialización no son otra cosa que modelos de conducta a seguir que se
imponen a los individuos, cuyo apartamiento ocasiona algún tipo de sanción. El reto de un
DD
padre puede ser un ejemplo de sanción, pero también lo será el despido en el trabajo, la cárcel
o cualquier castigo formal o informal; y aun, las sanciones internas del propio sujeto, tales
como el sentimiento de culpa o de vergüenza. De este modo, las normas dan guías para
comportarse en sociedad, y en cada ámbito social existirán normas a las cuales ajustarse para
ser aceptado. De allí la necesidad de conocerlas para poder interactuar con el otro sin parecer
un extraño. Claro que no serán las mismas normas las que se manejan en la mafia que las que
LA
se utilizan en el trabajo, ni estas serán las mismas que las que se emplea en la familia, pues cada
ámbito tiene sus normas propias, sin perjuicio de que como sociedad todos compartimos un
gran conjunto de normas generales, tales como el uso del lenguaje, circular por la calle con ropa
puesta, reglas de cortesía, no matar, etc. El hecho de que no todas las personas cumplan con
normas como la de “no matar” no significa que la mayoría de las personas se adapten a ella,
FI
puesto que si no fuera así, la vida en comunidad sería imposible, o al menos, extremadamente
violenta.
Si bien todos los grupos sociales y sociedades poseen normas, no todos poseen las
mismas. Es sabido que en las sociedades occidentales eructar después de comer es una señal de
mala educación, pero no ocurre lo mismo en medio-oriente, donde se lo considera una señal de
beneplácito por la comida. Otro ejemplo nos dirá que comer carne vacuna en la Latinoamérica
es una costumbre, pero para alguien de la India, sería un acto de afrenta a los dioses, pues para
los indios las vacas son animales sagrados. Asimismo, aun dentro de la propia sociedad, pueden
existir distintos valores alrededor de los cuales se socializan las personas conformando
subculturas. Por ejemplo, los hippies, las comunidades religiosas, swingers, bandas delictivas,
etc., donde se bien se comparte la mayoría de las normas culturales (lenguaje, circular vestidos,
etc.) tienen algunas particularidades que los diferencian del resto (tipo de vestimenta, conducta
sexual, actividad económica, etc.)
En definitiva, la socialización comprende el aprendizaje de las normas sociales que
convierten al animal humano en ser social, y es la vía por la cual la sociedad incorpora en el
nuevo miembro conocimientos, creencias, normas y valores, es decir, la cultura. Esta
socialización no solo transmite normas, sino también una forma de ver el mundo, una
perspectiva que por lo general, será similar a la de sus padres y a la de los demás miembros de
la comunidad.
Lo interesante de este proceso es rápidamente se olvida que son imposiciones sociales
que se van incorporando a la personalidad del individuo, y así, todos terminamos por
considerar que la forma de comportarnos en sociedad que nos transmitieron son
absolutamente naturales o innatas. Por ello nos parecen “raros” quienes no las respetan,
comparten o practican, tal como sucede cuando nos burlamos de otras culturas que tienen
otras formas de comportarse, lo que hasta puede ser considerado como incivilizado o
antinatural. Veamos algunos ejemplos de ello. El hecho de comer es natural, pero hacerlo con
palitos como hacen los orientales, no; de hecho, hacerlo con cuchillo y tenedor, tampoco; pero
cada cultura considerará que la forma apropiada de comer es la que practica. Otro ejemplo: Las
OM
relaciones sexuales son naturales, pero las miles de poses del Kama Sutra no, esas son
creaciones sociales. De hecho, durante mucho tiempo fueron vistas por Europa como
perversiones, aunque hoy se han popularizado y aceptado su uso (y agregado unas cuantas
más). Podríamos seguir con más ejemplos que demostrarían que cada civilización o cultura
tiene sus normas que dicen cómo hacer las cosas, y dan una visión de “cómo deben ser las
cosas”, es decir, lo que está bien y lo que está mal.
.C
La psicología social no toma partido por ninguna cultura como mejor o peor, sino que
parte del relativismo cultural lo que le permite comprender que cada sociedad tiene normas
distintas según su proceso histórico y necesidades sociales del grupo; como así también que
dentro de una misma sociedad las personas, si bien comparten la mayoría de las normas,
DD
existirán algunas propias de su grupo de pertenencia (hippies, adolescentes, swingers, etc).
Entender el mundo desde el relativismo cultural nos permitirá advertir que, para comprender a
una persona, es importantísimo conocer las distintas normas en las que se encuentra inmersa,
y para ello, puede resultar muy útil conocer su lugar en la sociedad (clase social a la que
pertenece, su edad, el grado de estudios alcanzados, su estado civil, etc.). Ello se debe a que a
pesar de que cada persona es única e irrepetible, siempre debemos partir del principio general
LA
de que las personas que pertenecen a un mismo grupo, suelen ser influenciadas por normas
similares y, por ende, suelen comportarse de manera parecida.
Si no fuera así, no podría predecirse el comportamiento humano como lo hacen las
ciencias sociales. Por ejemplo, los jóvenes de clase media de la Ciudad de Buenos Aires tienden
a seguir carreras universitarias. Quizás ellos consideran que obedece a su propia vocación y
FI
voluntad—y es probable que en algún caso así lo sea—, sin embargo, lo cierto es que el lugar en
el mundo donde les ha tocado socializarse (familia de clase media, en la mayoría de los casos)
tiene una influencia mucho más importante de lo pensado en su motivación para ser
profesionales y en su capacidad de estudio. Si sus padres son profesionales, ese hecho operará
como poderosa referencia a la hora de proyectar un futuro en el joven. También lo harán los
compañeros del colegio o la pareja al elegir sus carreras y estimular de ese modo a hacer algo
como lo que hacen los demás. Los parientes preguntando en la Navidad “¿qué carrera vas a
seguir?” también operan como acicate para que el joven de clase media se vea compelido a
tener que estudiar. Asimismo, no tener padres profesionales también puede ser una motivación
para ser el primer profesional de la familia. En definitiva, todos estos estímulos que recibe el
joven —y muchos otros más que el lector puede imaginar— le imponen casi sin darse cuenta la
obligación de seguir una carrera (también la de casarse, tener hijos, etc.). De este modo, el
ámbito de libertad que le queda al joven es elegir “cuál carrera elegir”, pero de ninguna manera,
está la opción estudiar o no-estudiar.
Enfoques similares emplea la psicología social para indagar sobre algunos fenómenos
que le interesan al derecho, tal como la violencia familiar, la delincuencia, la corrupción, el
casamiento, etc. En cada caso, se analiza la cuestión desde una perspectiva psico-social, en la
cual se toma en cuenta, no solo lo que la persona siente o hace, sino también los condicionantes
externos (familia, amigos, clase social, religión, etc.) que lo llevan a actuar o sentir de una
determinada manera. Los resultados de estas investigaciones, si bien no sirven como eximentes
de responsabilidad por conductas ilícitas, bien pueden permitir al sistema judicial comprender
los móviles individuales y sociales que llevaron a la persona a actuar del modo que lo hizo, es
decir, el escaso margen de libertad real que tuvo en su obrar y la influencia de lo social.
OM
Hemos dicho que la psicología social intenta comprender al ser humano teniendo en
cuenta los diversos factores que pueden influenciarlo en su forma de sentir, pensar y actuar. Si
bien hay infinitos factores que pueden afectarlo, estos han sido clasificados en una tipología
que incluye a los cinco más representativos, pudiéndose encuadrar dentro de ellos la amplia
gama de circunstancias que rodean la vida cotidiana de una persona. Estos cinco factores son:
las acciones y características de los otros, las reacciones del propio individuo, el factor cultural, los
factores biológicos y el entorno físico. Analizados cada uno por separado obtenemos el siguiente
esquema:
a)
.C
Las acciones y las características de los otros: Las personas suelen ser
afectadas por el comportamiento o la presencia de otras personas. Para demostrarlo, basta con
pensar en que una mirada puede inhibirnos de hacer algo, como así también, motivarnos para
DD
hacerlo. Los niños suelen mirar a sus madres cuando están por hacer algo de lo que no están
seguros, y si obtienen su aprobación, lo hacen. A veces también, antes de hacer algo prohibido,
miran a su madre y cuando advierten que están siendo vistos ¡lo hacen! Otros ejemplos pueden
tomar de la presencia policial en una esquina que inhiben a las personas de violar los
semáforos, asaltar un banco, etc. En todos casos, vemos como la mirada del Otro influye sobre
LA
hace que nos sintamos cómodos y seguros para hablar, mientras que otras, son tan tóxicas y
nos inhiben de tal manera que hasta pueden llegar a bloquear nuestra forma de pensar.
En el campo del derecho, es sabido que la declaración testimonial ante un juez o fiscal
suele poner nerviosas a las personas; y además, un juez o fiscal al tomar declaración a alguien
se ve influenciado por las características del sujeto a interrogar. La objetividad es difícil en la
interacción humana, aún en la ciega Justicia, y por ende, un magistrado podría tener prejuicios
desfavorables o favorables hacia la categoría social del individuo que está declarando (ya sea
porque es rico, pobre, hombre, mujer, cristiano, judío, gay, político, etc.) lo que operará en sus
procesos mentales haciéndole tener alguna posición tomada al respecto como veremos más
adelante (Fucito, 2002).
b) Nuestras reacciones: El modo en que reaccionamos ante los estímulos del
entorno también es algo que afecta nuestra forma de estar en el mundo. Una mala noticia, por
ejemplo, puede ser procesada por nosotros de diversas maneras (enojo, tristeza, apatía, etc.) y
ello repercutirá en los demás, pues nuestra forma de reaccionar puede proyectarse sobre el
prójimo (en la ira, por ejemplo) creando situaciones de interacciones hostiles donde no las
había.
Nuestras reacciones también están afectadas por nuestros recuerdos sobre el
comportamiento de las personas con quienes interactuamos en el pasado y también por
diversos sucesos que hayamos vivimos. Por ejemplo, si sabemos que cierto amigo siempre llega
tarde cuando organizamos una cena, el día que organicemos irnos de vacaciones juntos —u
otro evento importante—, es posible que lo citemos una hora antes para no perder el avión. Es
decir, los recuerdos del pasado, hacen que obremos de una determinada manera en el presente.
También se sabe que muchas fobias que sufren las personas (miedo a volar, miedo a lugares
cerrados, miedo a las palomas, etc.) tienen que ver con traumas sufridos en el pasado, y que si
bien pueden haber sido olvidados, la fobia sigue manifestándose porque el miedo permanece
en la persona a nivel inconsciente y se activa como reacción ante determinados estímulos
exteriores.
Un ejemplo jurídico de la cuestión puede verse en el “juramento de decir verdad” que se
le toma a los testigos antes de que expongan. Si bien podríamos pensar que es un ritualismo
OM
inútil, un práctica tradicional y sin sentido, lo cierto es que se ha estudiado que cuando las
personas efectúan este tipo de juramentos, se sienten más inhibidos para mentir o afirmar
hechos de los que no están seguros, que aquellos que no pasaron por esta formalidad
juramental. Es decir, el juramento afecta nuestras reacciones porque en el pasado hemos
aprendido que cuando se “jura” se debe decir la verdad, y alterar este mandato es posible, pero
exige cierto esfuerzo que no todas las personas son capaces de realizar o superar.
c)
abarrotamiento de seres humanos que altera la psiquis de los reclusos haciéndolos interpretar
cualquier gesto del otro como un signo de agresión, y respondiendo en consecuencia
(Lawrence y Andrew, 2004, en Hogg-Vaugh, 2010).
d) El factor cultural: La cultura, entendida como el conjunto de conocimientos,
creencias y valores que un grupo social comparte y transmite por medio del lenguaje, es el
FI
reservorio de donde surgen los valores y las normas sociales que imponen las guías de
conducta a seguir. A estas normas los individuos deben ajustarse para evitar ser sancionados
por la familia, los amigos, los jefes, la policía, etc., y por lo tanto, es claro que la cultura
condiciona los comportamientos. Ejemplos de estas normas serían la costumbre de saludar,
asearse diariamente, no decir malas palabras, respetar la propiedad privada, etc. Si una
persona se presenta a un puesto de trabajo muy mal vestido y mal aseado, y además usa malas
palabras para comunicarse, por muchas capacidades intelectuales que posea para el puesto, la
violación de todas las normas sociales que ha consumado hará que posiblemente no lo llamen.
El sistema político que rige a una sociedad también es un factor cultural determinante
de comportamientos, puesto que no serán las mismas normas las que rijan a los miembros de
una sociedad capitalista que los de una socialista. Ni tampoco se podrá comparar una sociedad
secular con una religiosa. En cada caso, habrá valores distintos por los cuales valdrá la pena
esforzarse, y normas que regulen el comportamiento diario. En algunas será ganar la mayor
cantidad de dinero posible (capitalismo); en otras, será la ayuda mutua de sus miembros
(comunismo o socialismo); y en otras lo importante será agradar a dios o los dioses que allí se
adoren (religiosas).
El derecho también es un producto cultural que puede afectar al individuo, pues es
sabido que las leyes persiguen proteger lo que se considera valioso (la vida, la propiedad, etc.)
y en este sentido el derecho influye en las conductas de las personas para inhibirlas de
determinados comportamientos (robar, estafar, dañar) o estimulándolas (pagar la cuota
alimentaria o las deudas en general). Claro que con el tiempo las sociedades cambian, y por
ende, el conjunto de valores y creencias que las personas comparten también lo hacen
exigiéndole al derecho que se adapte a las nuevas realidades (por ejemplo, ley de divorcio,
matrimonio igualitario, despenalización del consumo, etc.), y como el derecho es un producto
cultural, es decir, que depende de la comunidad de la que surge, debe adaptarse a las nuevas
realidades para coexistir con ella.
e) Factores biológicos: Finalmente, los nuevos descubrimientos de la
neurobiología han dado lugar a considerar que muchas de nuestras reacciones emocionales
OM
están afectadas por nuestra biología. Se sostiene que nuestro cerebro está preparado para
obrar solidariamente con los demás y a comunicarnos empáticamente con los otros. A esta
facultad se la denomina inteligencia social y explicaría las razones que nos llevan a interactuar
con los demás, lo que nos ha permitido superar como especie a las restantes (Goleman, 2006).
Se denomina inteligencia social puesto que a mayor capacidad de comunicación eficiente con el
otro, se logra mejor arribar a fines grupales (cazar un mamut, en el principio de los tiempo, y
armar una computadora o una nave espacial en el presente). Se supone que ha sido esta
.C
inteligencia la que permitió a los primeros seres humanos trabajar en grupo para lograr
sobrevivir, y evolucionar como especie hasta el presente. De manera que nuestra biología
estaría influyendo en nuestro comportamiento pro-social para con el entorno, como así
también los demás con nosotros.
DD
Otra corriente de psicología biológica es la psicología social evolutiva, la cual se funda
en las premisas darwinianas, según las cuales el comportamiento está afectado por la teoría de
la selección natural. Esta teoría postula que los individuos mejor adaptados son los que
mayores posibilidades tienen de reproducirse y perpetuar sus genes. De manera que las
conductas de los individuos son explicadas como formas de adaptación a la supervivencia y la
LA
reproducción de la especie. Un ejemplo de ello sería la investigación que demostró que las
mujeres se sienten más atraídas por hombres dominantes y de elevado estatus social debido a
la seguridad que estos podrían reportarles a ellas y su descendencia; en tanto que los hombres
preferirían a las mujeres jóvenes, no tanto por su belleza, sino porque la juventud es señal de
fertilidad (Kenrick, 1994, en Baron-Byrne, 1998).
FI
Debemos recordar que si bien los factores biológicos aquí descriptos afectan al ser
humano, su estudio incumbe a ciencias que en principio son ajenas a la psicología social, y que
solo muy recientemente han comenzado a realizarse trabajos interdisciplinarios que
permitirán en el futuro ampliar el campo de conocimientos de la psicología social; pero por
ahora, continúan siendo materia de la
selectivo y elige a las personas que la sociedad ya consideró culpables de todos los males ([Link].
los jóvenes de clase baja de los barrios marginales; lo afrodescendientes del Bronx; los judíos
de los guetos en Alemania de 1930; etc.).
OM
Los primeros pensamientos sobre el hombre en sociedad son tan antiguos como el
pensamiento mismo, pero para poner un punto de partida a este recorrido histórico, podemos
situarnos en la Grecia clásica del siglo III A.C. Lo que caracteriza a este período es que las
conclusiones sobre la naturaleza del hombre son producto de la simple observación y
especulación filosófica, y no de observaciones sistemáticas y objetivas (es decir, científicas),
.C
por lo que muchas de las teorías del pasado se basaban en prejuicios, tal como aquella que
vimos de Aristóteles que sostenía que los hombres nacían para ser amos o esclavos de acuerdo a
su naturaleza. Con ella se justificaba la explotación de unos individuos sobre otros, todo lo cual
era justificado en virtud de la autoridad del filósofo que había “imaginado” o “inventado” esta
DD
teoría. Otros autores, tan importantes como él, sostenían lo contrario. En efecto, Platón
postulaba que cada persona podía aprender a ser amo o esclavo, puesto que todo dependía de
la instrucción que recibiera desde su infancia, y así ideó un sistema político en su libro La
República.
Así vemos que desde tiempos pasados uno de los temas que más ha dividido a los
autores que han estudiado el comportamiento humano fue la importancia que cada autor le ha
LA
la comunidad cuando fueran adultos. Algunos serían educados como trabajadores, otros como
guerreros y otros como gobernantes. Todos serían felices con el lugar que les había tocado en la
vida, por lo cual nadie querría cambiar su profesión u oficio, y serían perfectos en su trabajo
pues toda su vida habría sido un camino de perfeccionamiento. La resultante sería una
República perfecta. Esta ingeniería social daba cuenta de que Platón consideraba que la
naturaleza humana era semejante en todas las personas, sin perjuicio de que la educación y el
aprendizaje de distintas tareas serían las que consolidarían las distintas personalidades e
identidades sociales de los individuos. Cabe señalar que esta idea nunca arribó a los resultados
esperados, pues cada vez que un grupo humano quiso convertirse en “perfecto” como
intentaron hacer los espartanos (y muchos siglos después los nazis), los resultados fueron
catastróficos para los demás y para sí mismos, desapareciendo como grupo.
El debate de lo innato vs lo adquirido no quedó anclado en Grecia sino que viajó a
Europa, y así, en el siglo XVII, se alinearon los grandes filósofos de cada lado de los argumentos.
Claro que lo que importaba aquí no era tanto si la gente había nacido para ser amo o esclavo,
sino si en su naturaleza estaba ser malvada o bondadosa. Algunos sostenían que las personas
eran malvadas por naturaleza y otros afirmaban que el individuo es naturalmente bondadoso y
que la sociedad lo corrompía.
Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVI, señalaba que cuando los hombres no viven
en una sociedad regulada por un soberano (una monarquía o un estado), viven una vida
solitaria, con interacciones violentas y breves, ya que las discusiones suelen culminar en peleas
que acarrean la muerte de alguno de los contendientes. Es un mundo donde rige la ley del más
fuerte, donde aún los más fuertes corren el peligro de que los débiles se junten y les den muerte
(mientras duermen, por ejemplo). De allí que para Hobbes surgió la necesidad de crear un
pacto entre todos los ciudadanos de respeto mutuo, y para controlar su cumplimiento, la
necesaria presencia de un soberano que fuera más fuerte que todos los hombres para evitar
que estos incumplan el pacto y se matasen entre sí.
Contrariamente a ello, el filósofo francés Jean Jacques Rousseau consideraba que el
OM
hombre era bueno por naturaleza pero que se corrompía al vivir en sociedad, pues en las
ciudades solo sobrevive el suspicaz; al bueno lo estafan y se aprovechan de su ingenuidad y
altruismo. De ahí que para sobrevivir el hombre bueno debe aprender a ser malvado y
desconfiado, y esa enseñanza se ha ido transmitiendo de generación en generación, hasta
conformar la sociedad corrupta actual, sostenía Rousseau.
Surge, entonces, la pregunta ¿quién tiene razón en esta discusión?, ¿la naturaleza
humana es mala o buena? El punto ha sido muy difícil de resolver; en primer lugar, porque no
.C
es tarea simple acordar qué es la bondad y qué la maldad. Sin embargo, si la bondad es todo
aquello que favorece a la vida, y la maldad lo que la destruye, la historia de la Humanidad ha
dado pruebas de increíble solidaridad como, así también, su cara contraria, de macabra
DD
crueldad. Si miramos la sociedad desde un punto de vista optimista, su propia existencia revela
una naturaleza humana caracterizada por la cooperación y la confianza; de lo contrario, se
hubiera extinguido hace tiempo. Pero desde un punto de vista pesimista, también se nos revela
que la especie humana es la única que realiza esfuerzos organizados para matar y dañar a sus
propios miembros mediante guerras y limpiezas étnicas. Pareciera que la Humanidad es capaz
de obrar en ambas direcciones, y todo dependerá, no tanto de una naturaleza buena o mala del
LA
ser humano, sino de las situaciones que inclinen a las personas a comportarse de una manera o
de otra.
El autor que coronó la discusión entre lo innato vs lo adquirido fue el francés Augusto
Comte al sostener que el ser humano tiene componentes innatos y otros aprendidos. Comte
consideraba que las sociedades se componen de individuos guiados por dos instintos básicos,
FI
el egoísmo y el altruismo, y debido a que el instinto altruista es el más débil, la sociedad debía
construirse de manera tal que su estructura apoyara la solidaridad y reprimiera las tendencias
egoístas. Su propuesta era que la represión estuviera en mano de las instituciones estatales,
tales como el derecho, mientras que la estimulación del altruismo quedaría en cabeza de las
familias, que por medio de la educación de sus miembros permitirían conformar una sociedad
pacífica y ordenada.
De este modo, para Comte, el ser humano viene al mundo con un instinto egoísta, pero
es inmediatamente modelado por la sociedad en la que nace, y cuando crece, puede modelar la
sociedad a la que pertenece. Con esta perspectiva se unificaban las posiciones en debate. Así, lo
innato y lo adquirido quedaba unificado en el ser humano mediante una interacción continua
entre ser humano y la sociedad. Reconoce que existe una base biológica del comportamiento
que tiende a la autopreservación (egoísmo) que no es rígida e inamovible, sino que puede ser
modelada socialmente, ya sea por la familia, como así también por otras instituciones sociales
(la escuela, la religión, la prisión, etc.); y a su vez, estas instituciones sociales que transmiten
normas sociales son creaciones humanas que tampoco son rígidas, sino que pueden variar y
transmitir violencia o solidaridad. En definitiva, el ser humano es modelado por la sociedad en
la que vive, y a su vez, este es capaz de modelarla a ella. Sobre esta base de pensamiento es que
se irá desarrollando la sociología, y también la psicología social, considerando que toda
explicación que se pretenda dar sobre una conducta humana deberá estudiar los aspectos
individuales del sujeto y el medio en el que actúa.
Al igual que los demás autores de esta etapa de la denominada filosofía social, Comte
hacía sus afirmaciones desde el plano especulativo, es decir, no empleaba métodos científicos
de contrastación para someter a prueba sus afirmaciones, sino que postulaba como esencia del
ser humano lo que él creía que era. Para Comte, un egoísta (pero no en sentido peyorativo), en
tanto que para Rousseau era una buena persona corrompida por la sociedad, y para Hobbes, un
ser maldito, y a partir de allí continuaban elaborando sus teorías.
En similar estilo de pensamiento se inspira la obra de Sigmund Freud, la cual parte del
supuesto de que lo esencial el ser humano son dos instintos el sexual y la agresividad. En su
OM
obra El malestar en la cultura (1930), señalaba el conflicto entre las demandas de los dos
instintos básicos del ser humano (sexuales y agresivos) en colisión con las exigencias de la
civilización (orden y paz). Por ello, desde su perspectiva, el papel de la sociedad era ejercer
control y represión de las pasiones humanas para posibilitar la vida pacífica y ordenada. Para
lograrlo, Freud sostenía que la represión social de los impulsos sexuales se lograba por medio
del establecimiento de la monogamia como pauta aceptada de interacción sexual y con la
prohibición del incesto (prohibición de mantener relaciones sexuales con padres y hermanos).
.C
En tanto que el control de la agresividad, si bien debía garantizarse por medio del control social
de la población (policía), lo fundamental era que este control fuera llevado a cabo
autónomamente por los propios individuos mediante la represión o autocensura.
Lo que Freud pronto advirtió es que estas inhibiciones de los instintos, si bien ayudaban
DD
a lograr una vida armónica en sociedad, lo hacían al costo de que los instintos reprimidos se
convertían en un malestar, en un sentimiento de angustia generalizado que no se sabía su
causa. Este descubrimiento le permitió a Freud afirmar que el sentimiento de angustia y
malestar, que sentían las personas que vivían en las ciudades de la Europa del siglo XIX, se
trataba del precio que debían pagar por su desarrollo cultural de su sociedad y la represión de
sus instintos. Fue por ello que elaboró una forma de ayudar a las personas que sufrían esta
LA
angustia de una manera excesiva, ideando una técnica que consistía en fortalecer su identidad
(su yo) por medio de la indagación —conjuntamente con el paciente—sobre las causas de la
angustia, para que una vez identificada la persona pudiera liberarse de ella. Como es sabido, a
esta técnica la denominó psicoanálisis.
Para comprender este fortalecimiento del yo, primero debemos explicar algunas de las
FI
parte que contrarresta al ello, pues representa los mandatos morales, los deberes y las
obligaciones sociales que son inculcados generalmente por los padres y demás autoridades
(respetar al otro, decir gracias, trabajar, abstenerse o postergar la satisfacción de los deseos).
Finalmente, el yo es el que permanece mediando entre los deseos del ello y las prohibiciones
del superyó, es decir, entre nuestras demandas primitivas y nuestras creencias éticas y
morales. Es quien negocia con los acuciantes deseos del ello y las represiones que impone el
superyó, para finalmente ponernos en marcha y actuar (o no hacerlo).
La mayoría de las veces el yo logra acuerdos equilibrados entre el ello y el superyó, por
ejemplo, si tenemos sueño en clase es posible que entornemos los ojos y cabeceemos. Este sería
un comportamiento equilibrado entre un ello que quisiera que nos desparramaremos sobre el
pupitre y un superyó que nos quiere mantener despiertos y mirando la clase tal como nos
enseñaron que debemos hacer. Otras veces, en estas luchas internas que se dan en todos los
individuos, algunas veces el superyó es vencido, y así surgen comportamientos egoístas o
antisociales que procuran obtener la satisfacción del deseo, y en otras vence el deseo. Pero
OM
del niño con su madre entre los 3 y los 6 años. En varios aspectos comienza a conducirse como
un amante, desarrollando su sentido de protección hacia la madre y muchos llegan a decir que,
cuando sean grandes, se casarán con ella. Cuando el niño se da cuenta de que su padre es un
obstáculo para realizar sus deseos con la madre, comienza a mostrarse hostil hacia este
(aunque ambivalentemente pues a la par que lo odia, también lo ama). La agresividad que el
niño siente hacia su padre la proyecta sobre este, y la imagen paterna comienza a serle
peligrosa y tan agresiva como es la intensidad de la agresión que el mismo niño siente y
.C
proyecta hacia su padre. Es entonces cuando comienza a temerle. Sin embargo, desea tener su
fuerza y potencia para vencerlo, por lo que generalmente dirige su agresividad hacia los
órganos genitales de su progenitor. Como contrapartida, comienza a temer que su padre le
DD
lesione o le quite sus genitales. Al ocurrir esto, empieza a actuar el complejo de castración, y
cuando, por lo general, se resuelve el Edipo, pues el niño comienza a imaginar que podrá ser
castrado por su padre si persevera en el amor hacia su madre. El pánico que le provoca esta
situación lo hace abandonar su objeto de deseo (la madre) transformando su interés sexual por
la madre en una norma socialmente más aceptable: el cariño. Finalmente, el ciclo se cierra con
un proceso de identificación del niño con la autoridad de la figura paterna a quien se teme y se
LA
respeta. Es el temor el que hace del niño un ser obediente que procurará imitar a ese padre
para congraciarse y no ser castigado. Así, el niño incorpora a su personalidad la idea de límites
(la figura paterna se caracteriza por eso) y la prohibición del incesto. Todo esto conformará el
nódulo del superyó que luego irá incorporando otras reglas sociales que inhiban los deseos del
ello. A las niñas les ocurre algo similar, pero fortaleciendo su identificación con la madre por
FI
hacia la madre, que se resolverá con la represión de los deseos de la niña hacia el padre y la
identificación con su madre.
A partir del concepto de identificación, Freud postuló en su libro Psicología de las masas
que las identificaciones posteriores a la niñez que hacen los adultos con figuras a las que
consideran respetables por alguna razón (líderes políticos, por ejemplo) siguen el mismo
patrón que el mecanismo que en la infancia diera lugar al superyó. Otra conclusión es que a
medida que los miembros de la masa utilizan al líder como padre, comienzan a sentirse
hermanados o iguales a los otros seguidores, y así surge el instinto de la horda, el cual limita la
autonomía de los individuos al imponerles una dependencia hacia la voluntad del líder y el
respeto de las normas del grupo (odio hacia los que no pertenecen al grupo, por ejemplo). Con
estas teorías muchos investigadores, años después, indagaron sobre el comportamiento de las
masas y de las personas incluidas en ellas que pierden su identidad y obran de modos
brutalmente insospechados (barras bravas, por ejemplo).
Como todos los autores de esta etapa del pensamiento social a Freud también puede
criticársele su falta de empirismo y su vocación por la especulación. Sin embargo, ello no le
quita la grandeza y la agudeza de sus observaciones sobre el inconsciente humano que dieron
el puntapié a una de las escuelas de psicología más importantes de los siglos posteriores como
lo ha sido el psicoanálisis.
Una segunda etapa surge con los estudios estadísticos que comenzaron a ser llevados a
OM
cabo hacia mediados del siglo XIX, en los cuales se relevaban datos empíricos, tales como tasas
de nacimientos, muertes, delitos, etc. y se podía afirmar empíricamente (es decir, con datos
ciertos y concretos) si cierto fenómeno crecía o decrecía de un año a otro (el homicidio, por
ejemplo), como así también, determinar en qué zonas se producían con mayor cantidad, etc.
Un ejemplo de ello lo encontramos en Quetelet, quien se dio cuenta de que había
crímenes que se daban con regularidad y de manera periódica, por lo que analizó las
.C
estadísticas referentes a todos los asesinatos que se cometieron en Francia entre 1826 y 1831 y
concluyó que, más allá de que el delito es un hecho aberrante:
a) El delito es un hecho normal desde un punto de vista estadístico. Es decir, el delito es
un fenómeno social inevitable, necesario y constante de toda sociedad, y ocurre con la misma
DD
naturalidad que los nacimientos y las defunciones. Es parte integrante de toda sociedad.
b) El delito se da en la sociedad de un modo sorprendentemente constante, pues se
repite con una precisión mecánica año tras año la misma cantidad, y por lo tanto, se rige por
leyes sociales que el investigador debe descubrir y analizar.
Con estos estudios estadísticos se asistía a un mayor rigor en el estudio de la sociedad y
LA
Hacia 1890, Alfred Binet inició en Francia sus primeras investigaciones para hallar una
media de la inteligencia humana, que le permitiera describir y medir los defectos mentales. Su
investigación se basó en la confección de los primeros test que probaban la inteligencia de las
personas, y que más tarde será conocido como CI (cociente intelectual). Lo que Binet no advirtió
es que en el desarrollo de la inteligencia tiene mucha importancia el entorno social, ya que un
bebé que se lo deja todo el día en la cuna, por ejemplo, se la pasará mirando literalmente el
techo. Ello se diferenciará de otro que sea tenido por su madre en brazos muchas veces al día.
Este último será más inteligente, no tanto por el mayor cariño de su madre, sino porque al
pasearlo por distintos lugares, el cerebro del bebé recibe continuamente nuevos estímulos que
lo ejercitan y desarrolla. Lo opuesto le pasará al bebé que mira el techo todo el día. Sin perjuicio
de ello, los estudios de Binet constituyeron un hito en el empirismo social, atento a las pruebas
experimentales (los test) en las que basaba sus conclusiones.
Otro trabajo interesante es el de los norteamericanos Kelly y Norsworthy, quienes
propusieron tareas sensoriales y motoras a niños débiles mentales y a niños con aptitudes
medias. Descubrieron que a pesar de que los niños débiles mentales poseían un rendimiento
menor, se observaba una transición bastante regular entre los puntajes más bajos y más altos
entre ambos grupos. Es decir, que los débiles mentales no forman una “especie”; ya que no era
posible distinguir claramente a los débiles mentales de mayor inteligencia, de los “normales”
menos inteligentes.
Estos trabajos empíricos iniciales tuvieron suma importancia tanto para la ciencia,
como para la sociedad, pues revelaron que no existen dos grupos humanos diferentes, unos
superiores y otros inferiores, sino que la especie está compuesta por individuos de distintas
inteligencias. Además, el uso generalizado de los test también permitió comprobar que en
todas las clases sociales o niveles de la escala socioeconómica existen abundantes recursos
intelectuales.
Sin embargo, como explicamos en el caso de Binet —que no detectó la influencia del
entorno en el desarrollo de la inteligencia— todos los estudios de esta etapa eran descriptivos,
es decir, no se avocaban a comprender las causas de por qué ocurrían las cosas, sino que se
limitaban a registrarlas y medirlas, aunque esto es un salto cualitativo frente a la etapa
OM
especulativa anterior, pues recuérdese que antes se consideraba la inteligencia como producto
de cierta raza o determinada clase social. Las mediciones y registros que comenzaron a hacer
los estudios demostraban que eso no era así.
.C
El conductismo de Watson
DD
Recién hacia principios del siglo XX, se asiste a un análisis científico de los datos
empíricos que no solo describa fenómenos, sino que también los explique en términos
científicos. Uno de los primeros psicólogos experimentales fue Albert Watson (1878-1958),
quien contrariamente a Freud, juzgó que no existía el inconsciente, ni la consciencia, pues no se
podían ver, tocar, ni medir científicamente. Para Watson lo único que podemos ver es la
conducta del ser humano, y por ende, fundó una que se conoce con el nombre de conductismo,
LA
cuyo interés central está en estudiar la conducta visible (y no los procesos invisibles como los
que se producen a nivel inconsciente). Su tesis central era que, salvo los reflejos involuntarios,
toda conducta humana es aprendida en interacción con otras personas, y la forma de hacerlo
era por medio de premios y castigos. De este modo, los premios y los castigos operan como
estímulos para hacer o no ciertas cosas (agredir, estudiar, reír, ser amable, etc.), y sobre esa
FI
a prueba esta hipótesis, Watson experimentó con un niño de nueve meses –el pequeño Albert– a
quien se le mostraba un pequeño ratón blanco y simultáneamente se hacía sonar detrás de él
un estruendoso ruido que lo hacía llorar del susto. La experiencia se reiteraba varias veces, y
poco a poco, cualquier objeto blanco que se le acercaba al niño lo hacía entrar en pánico; es
más, ya no era necesario el ruido para provocar su llanto, pues se había generado una respuesta
condicionada entre el objeto blanco y el miedo. Por ello, el niño incorporó a su personalidad
una asociación de miedo a cualquier objeto blanco que se le acercara: una paloma, un perro, un
ovillo de lana, un abrigo, etc. Es decir, incorporó una fobia.
OM
premia. Fundamentalmente con el juego aprende a desempeñar roles (policía o ladrón; las visitas; la
mamá y el papá; delantero, defensor o arquero, etc. Jugando, fundamentalmente también aprende a
predecir los comportamientos de sus compañeros de acuerdo a su rol o posición en el juego. A este
conjunto organizado de actitudes sociales de los otros, Mead lo llamó el otro generalizado, es decir
el conjunto de roles sociales que existen en un grupo o una sociedad.
La importancia del otro generalizado, es que permite al niño comprender que en el mundo
social deben respetarse diversas normas, por lo que debe adaptarse a ellas, como así también conocer
conductas.
.C
las normas que guían los comportamientos de los demás para poder predecir y comprender sus
Ahora bien, una vez que el niño configura su identidad (self), y conocen los roles sociales (el
DD
otro generalizado), surge el “Mi” que es la fuerza que impulsa a la persona a actuar de acuerdo a las
pautas sociales, a cumplir con los deberes sociales, una suerte de Superyó freudiano. Pero contra esta
coacción, se yergue el “Yo”, representado por los deseos particulares. En consecuencia, el resultado
de esta tensión será lo que constituya la personalidad del individuo.
Mead consideraba que las reacciones de los individuos no siempre se deben a
fenómenos externos reales del momento, sino que también influyen los fenómenos simbólicos
LA
Otro de los autores que incluiremos dentro de esta etapa es el psicólogo germano
estadounidense Kurt Lewin (1890-1947), quien creara una nueva escuela de pensamiento que
da absoluta importancia a los factores sociales en la explicación de la conducta individual: la
psicología social. Es decir, que la conducta de las personas se explica no solo analizando su
psiquis, sino también, ponderando el lugar en el que se encuentran y por las personas que las
rodean presencialmente (o están en su recuerdo). A esta teoría la denominó teoría del campo, y
establece que en todo análisis del comportamiento humano deben tener en cuenta dos factores:
individuales y situacionales. Los primeros se relacionan con la personalidad del individuo
(introvertido, extrovertido, agresivo, solidario, etc.), pero ellos deben ser analizados
conjuntamente con el campo o situación social en la que se encuentra la persona (con los
amigos, en el trabajo, en el tránsito, etc.), pues el campo social influye en los individuos
manifestándose en sus estados psicológicos individuales.
Pero como hemos dicho, la psicología social no basa sus afirmaciones en especulaciones,
sino en corroboración empírica, por lo que Lewin ideó un experimento que utilizó para probar
esta influencia del campo social sobre el individuo. Tomó a un conjunto de niños y los dividió
en tres grupos. A cada grupo se le asignó un docente que ejercería el liderazgo, y organizaría
diversas tareas con los niños. A cada docente se le asignó un modo en que debería comportarse
con los niños. A uno se le dijo que fuera democrático; a otro, autoritario, y el tercero, permisivo.
Las conclusiones arrojaron que el liderazgo autoritario determinó una adaptación sumisa de
los niños al líder, pero fue acompañada por una considerable carga de agresividad hacia los
otros miembros del grupo, en especial cuando el líder no estaba presente. Una consecuencia
directa de este tipo de liderazgo fue que, para mantener el orden, debió imponerse severos
castigos y frenos a los niños para inhibirlos de cometer bromas y travesuras a sus pares. En el
grupo democrático, el líder guiaba al grupo y lo motivaba a participar en la toma de decisiones,
obteniendo resultados satisfactorios tanto para el líder como para el grupo. Finalmente, el
grupo cuyo líder era permisivo mostró una carencia de objetivos e insatisfacción (lo cual no se
daba en los democráticos).
Lo que la investigación permite inferir es que tanto la conducta individual como la
OM
grupal dependen de la situación que se produce en el campo de interacción, ya que cada estilo de
liderazgo llevó a que niños, relativamente similares, se comportasen de manera distinta.
Este tipo de investigaciones, también, permitieron recrear diversos “sistemas sociales a
escala”, concluyendo empíricamente que el sistema democrático reportaba mayores beneficios
para los individuos que el totalitario y el permisivo. Aunque también el experimento dejó otra
enseñanza, y es que no importa el tipo de individuos que integraban el grupo, su
funcionamiento dependió exclusivamente del comportamiento del líder. Es decir, que se
.C
demostró que la conducta individual puede ser sencillamente manipulada por factores
externos. Ello permitió a Lewin indagar sobre “dinámicas de grupo” y comprender la influencia
que tienen los grupos sobre las personas en sus pensamientos y comportamientos, forjando así
DD
los pilares de lo que luego daría paso a las terapias grupales.
En efecto, Lewin entendía al grupo, no solamente como un conjunto de personas, sino
que lo que realmente constituye a un grupo como tal, son las relaciones de interdependencia de
sus miembros. Es decir, juntar a varias personas en un lugar no conforma per se un grupo, sino
que este se comienza a configurar a partir de las interacción de sus miembros, la asunción de
roles; la construcción y respeto de las normas sociales, la participación en fines comunes, etc.
LA
Por ejemplo, una clase de estudiantes que recién se conocen no son un grupo; para que se
conforme, será necesario que se conozcan, que se junten a estudiar, que vaya cada uno
adoptando su posición en el grupo (ya sea de líder, seguidor, estudioso, vago, etc.).
Finalmente, en un grupo establecido no existe una separación clara entre las metas del
grupo y los propósitos de sus integrantes, puesto que todos comparten los mismos intereses.
FI
En el ejemplo de los alumnos que se juntan a estudiar en la casa de uno de ellos, todos quieren
aprobar la materia, pero también, quieren que todos los integrantes del grupo aprueben. El
fracaso del otro se comparte como un fracaso del grupo. Asimismo, la pertenencia al grupo hará
que cada integrante se esfuerce en estudiar para estar a la par de los demás, y no defraudar las
expectativas del resto o desentonar. Es por esta razón que resulta generalmente más fácil
inducir cambios de hábitos de una persona (educativos, alimenticios, laborales, adictivos, etc.)
por medio de trabajos grupales que a través de terapias individuales, pues a la propia voluntad
se suma el apoyo y la contención del grupo.
Asimismo, cuando lo que se quiere cambiar no es ya la conducta de un individuo, sino
ciertos comportamientos del grupo, será mucho más fácil si los cambios son a partir de
decisiones tomadas por los propios miembros, que si son vistas como imposiciones desde
afuera.
Con Kurt Lewin se sentaban las bases de la psicología social tal como la conocemos en la
actualidad, pues su teoría del campo daba cuenta de la importancia de las circunstancias que
rodean a una persona, para explicar y/o predecir sus conductas, pensamientos y sentimientos.
OM
para justificar sus comportamientos. Por ejemplo, un militante ambientalista, que aceptara un
importante cargo en una papelera que contamina los ríos, sentirá que traiciona sus ideales y
valores por un jugoso salario. Sin embargo, para luchar contra esa incomodidad interior, su
mente creará algún tipo de justificación, por ejemplo, quizás el sujeto se diga a sí mismo y al
resto: “Si yo no acepto el puesto lo tomará alguien más, y con menos consciencia ambiental que
yo”. De lo que se trata es de encontrar una excusa que permita al sujeto convivir consigo
mismo, luego de actuar de una manera contraria a sus ideas. De este modo, cambiando la forma
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de ver el mundo, se solucionan las discordancias entre lo que se piensa y lo que se hace, de
manera que se adaptan la escala de valores a las circunstancias.
Hacia los años 60 la psicología social se consolidó definitivamente como ciencia y el
número de profesionales aumentó significativamente. La disciplina se avocó al estudio de cada
DD
aspecto imaginable de la interacción social. Las líneas de investigación más fértiles fueron: la
atracción interpersonal y el amor romántico; la formación de impresiones que se hacen las
personas sobre los demás; y, otros aspectos de la percepción social. También se investigaron los
efectos del entorno físico/geográfico sobre el comportamiento, y, se profundizó sobre la
influencia social sobre el comportamiento, con estudios sobre la tendencia de la obediencia a la
LA
participante que indicara cuál de las líneas etiquetadas coincidía con la línea mostrada en la
primera tarjeta. Al principio, el participante se sentía muy confiado, en la medida que daba
respuestas correctas junto a los otros participantes. Pero luego, los otros "participantes",
ubicados en frente del sujeto, empezarían a dar en conjunto una respuesta errónea. Solomon
Asch pensaba que la mayoría de las personas no se conformaría con algo obviamente erróneo,
pero los resultados mostraron que un alto número de participantes dieron la respuesta
incorrecta.
Los resultados de este experimento llevaron a otro psicólogo (Stanley Milgram) a
analizar cuál era influencia, no ya de pares, sino de figuras de “autoridad” en el
comportamiento humano. Su experimento fue llevado a cabo en la Universidad de Yale en
1961, y demostró que las personas —bajo determinadas circunstancias— son capaces de
infringir torturas a otro ciudadano si reciben la orden de hacerlo de parte de alguien a quien
considera con la autoridad para ordenarlo. El resultado del experimento arrojó que 2 de cada 3
individuos podría llegar hasta matar a su prójimo por “obediencia a la autoridad”. El propio
investigador sostuvo en su libro Los peligros de la obediencia: “Monté un simple experimento en
la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra
persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad
se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y,
con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad
subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi
cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del
estudio”.
Otros experimentos psicosociales que cabe mencionar de esta época son el de “La cárcel
de Stanford” en la cual el psicólogo Zimbardo pidió a un grupo de estudiantes universitarios
que participaran como guardia cárceles o detenidos en una prisión construida a tal efecto en
los sótanos de la universidad. El experimento demostró que, personas comunes, cuando se les
otorga poder ilimitado y las circunstancias son propicias pueden adoptar conductas
profundamente autoritarias y sádicas.
Hacia los años 70 se aceleró el ritmo de crecimiento de la disciplina, y muchas de las
OM
líneas de investigación iniciadas en los 60 se extendieron hacia el tratamiento de nuevos temas.
Entre ellos el proceso de atribución (proceso por el cual nuestra psiquis intenta comprender las
causas del comportamiento de los otros, atribuyéndole algún sentido o razón); las cuestiones de
género y discriminación sexual; y la psicología ambiental (estudia los efectos del entorno físico –
ruido, calor, aire contaminado– sobre el comportamiento social).
Durante los últimos años se brindó mayor importancia a estudiar los procesos
.C
cognitivos de las personas, estudiando cómo se forjan las actitudes, creencias y valores, y cómo
estas influyen en los comportamientos. Así, la explicación sobre el prejuicio tomó en cuenta que
las personas tienen la tendencia a recordar solo información negativa de los estereotipos de los
grupos sociales y a olvidar los positivos. Este mecanismo psicológico, que actúa de manera
DD
involuntaria, explicaría en parte el prejuicio. Asimismo, los investigadores se han inclinado a
poner mayor énfasis en la aplicación práctica de sus conocimientos, y con ello, muchos
psicólogos sociales han centrado su atención en mejorar la salud de las personas o las
comunidades; la improductividad en los lugares de trabajo y colaborar en los procesos
judiciales.
Esta última línea de investigación es la que permitió el surgimiento de la psicología
LA
jurídica (con sus diversos nombres, tales como psicología social del derecho, psicología del
derecho, etc.), la cual se avocó a estudiar los procesos psicosociales que se producen en los
estrados judiciales, contribuyendo en la detección de mentiras en las declaraciones
testimoniales, problemas de percepción en los testigos, relevamiento de perfiles de jueces
según su personalidad, elección de jurados, estilos efectivos de comunicación del abogado en
FI
las audiencias, estudio de los móviles de los delitos, etc. Se trata de una disciplina reciente, que
cada vez más va logrando ser aceptada por el mundo judicial, gracias a los aportes científicos
que permiten a los operadores jurídicos cumplir más eficientemente su labor.
Capítulo 3
OM
El proceso de percepción
.C
Temas del capítulo
DD
Características del proceso de percepción
La influencia de la cultura y el estado de ánimo en nuestra percepción
Errores típicos al evaluar el comportamiento del otro y los propios
LA
La percepción
Tenemos cinco sentidos y todos nos sirven para orientarnos
FI
OM
probable que nos asustemos y tratemos de hallar alguna información que nos explique lo que
está pasando (miraremos por la ventana, encenderemos la televisión para ver si dice algo,
llamaremos por teléfono a alguien, etc.) y no estaremos tranquilos hasta comprender el suceso.
En cambio, si escuchamos la misma explosión en la noche del 31 de diciembre, percibiremos el
suceso como normal, pues en esa fecha se suele festejar fin de año con pirotecnia. Claro que
para que esto ocurra, habrá que conocer algo del medio social o cultural en el que nos
desenvolvemos. En este caso, saber que el año nuevo se festeja con petardos. Este conocimiento
.C
lo hemos incorporado por socialización en nuestro medio cultural y ello nos permite estar
tranquilos porque sabemos qué es lo que ocurrirá. Lo mismo sucede con el caso del ejemplo
introductorio del suicida, donde a nuestra percepción le resultará fácil interpretar lo que
estamos viendo gracias a que alguna vez vimos un suceso similar, ya sea en vivo, por televisión
DD
o en una película y aprendimos de qué se trataba.
Pero puede ocurrir que percibamos algo que
nunca antes habíamos visto, oído, tocado, etc. En estos •Toma de consciencia de un
Sensación
casos, solemos categorizar lo percibido comparándolo estímulo
comprensible lo que veían (Hollander 1968:107). En igual sentido, cuando Colón llegó a
América, los habitantes originarios que veían las carabelas acercarse desde el mar las
percibieron como “montañas flotantes”, pues al ser algo extraño para ellos, su sistema de
percepción necesitaba categorizarlo en algo que conocieran, y lo que más se le asemejaba,
parece ser que eran las montañas.
sus predicciones, ya que, a veces, las personas que nos rodean —o que nos encontramos
ocasionalmente— pueden querer disimular sus estados de ánimos o sus intenciones, lo que
confunde nuestras percepciones. Sin embargo, contar con este mecanismo perceptivo nos
brinda importante ayuda, pues nos permite advertir y juzgar en un instante si una situación o
una persona pueden representar un peligro para nuestra integridad.
Ahora bien, la percepción no es un mecanismo biológico innato, lo que es innato es la
capacidad de sentir. Como se aprecia en el cuadro, la percepción se construye socialmente
(Percepción= Sensación + Experiencia cultural), pero desarrollemos un poco más este punto.
Cuando un bebé nace, solo siente, no percibe —en los términos sociales que aquí
empleamos—, pues percibir significa darle un sentido a los estímulos externos, y ello se
OM
aprende poco a poco por interacción con el medio (la gente, los animales, las cosas, el medio
ambiente, etc.). En un primer momento será en la familia donde el niño irá incorporando
significados. Allí aprenderá que una cara seria, por ejemplo, se relaciona con algo que no le
reporta consecuencias agradables (no recibe mimos, por ejemplo), mientras que la risa del otro
es pronóstico de bienestar (mimos, atención, juegos, etc.). Así, aprenderá a asociar “seriedad”
con algo negativo y “sonrisa” con algo positivo, de manera que el día de mañana, cuando
perciba ese tipo de caras, sabrá qué esperar del otro. Además, la propia cultura en la que se
.C
nace determina el tipo de percepción que se tiene, por ejemplo, una misma comida puede ser
percibida como un manjar en una sociedad, o una inmundicia en otra (comer chinchulines o
riñones, por ejemplo, puede ser insoportable para comunidades que no tengan predilección por
comer órganos vacunos como la nuestra). Lo mismo ocurre con los gestos y los sonidos, donde
DD
cada pueblo determina su significado y, por lo tanto, un mismo gesto puede ser una señal de
aprobación en una cultura o un insulto en otra (el gesto del “Ok”, haciendo un círculo con el
índice y el pulgar en Italia es un tremendo insulto).
De allí que será fácil comprender que el proceso de la percepción se va adquiriendo por
aprendizaje en el entorno familiar, y luego se perfeccionará y ampliará con la práctica cotidiana
en otros ámbitos. A nuestros familiares y amigos, vamos aprendiendo a conocerlos, y ello
LA
significa que vamos aprendiendo a conocer sus gestos, sus tonos de voz, su mirada, su forma de
andar, y a asociar cada una de estas señales con una emoción determinada. Así, nuestra
percepción de ellos se va haciendo cada día más refinada; tanto que, llegado cierto momento,
será muy difícil para ellos ocultarnos sus emociones de enojo, alegría, tristeza, etc. Este proceso
que vamos practicando inadvertidamente desde el nacimiento, es el que nos ha permitido
FI
después interactuar más allá de los familiares, es decir, con personas desconocidas, y poder
inferir sus sentimientos o intenciones, lo cual resulta imprescindible para la vida en sociedad.
saludemos, nos confirmarán nuestra inferencia contándonos lo bien que están y sus proyectos.
Pero también puede ocurrir que la gente no quiera confesarnos sus estados de ánimo. Por
ejemplo, si nos encontramos en la calle con un ex compañero de trabajo y lo vemos ojeroso,
despeinado y con un andar encorvado, seguramente nos haremos una idea de su estado de
ánimo: está mal; y por más que cuente que está bien —pues está en su derecho a pretender
ocultar su mal pasar—, percibiremos que ello no es así. De manera que la percepción no es un
mecanismo bobo de registro del entorno, sino un mecanismo suspicaz que no se deja engañar
tan fácilmente.
Pero las señales no verbales que percibimos no nos explican las causas de los estados de
ánimo que percibimos en los demás o de sus comportamientos. Son tan solo indicadores de la
OM
existencia de cierto estado de ánimo. Para inferir las causas, nuestro cerebro pasa a la segunda
fase, y recurre a lo que denominaremos proceso de atribución de causas. En esta etapa, a
partir de alguna información básica que percibimos del otro, imaginamos las razones de sus
comportamientos, estados de ánimo y sentimientos. En el caso visto del ex compañero de
trabajo, podríamos inferir que sigue sin encontrar un nuevo empleo, y por eso se lo ve
deprimido. Como ya hemos dicho, nuestra mente siempre que ve algo, necesita hacerlo
comprensible, y acude a nuestra experiencia pasada para interpretar lo que observa, y en caso
.C
de que algo no pueda ser explicado por falta de información, no es poco común que la invente
para llenar los huecos y hacer comprensible la realidad (recordar el caso de los indígenas y las
carabelas de Colón).
DD
A) Las señales no verbales
al recibir un regalo, podemos tener cara de sorpresa abriendo grandes los ojos, mezclada con la
sonrisa propia de la alegría.
Los gestos informan a los demás sobre la existencia de una emoción en el interior del
sujeto que emite el mensaje, y si bien cada cultura tiene sus formas de hacer las cosas, las
investigaciones han demostrado que los gestos faciales de las expresiones básicas son
universales. Es decir, todos los seres humanos manifiestan su ira, asco, alegría, etc., de un modo
similar. Así, en todas las culturas la alegría conlleva el gesto de la sonrisa; el asco fruncimiento
de la nariz; la sorpresa la apertura de ojos, etc. (Ekman y Friesen, 1989).
Otros investigadores demostraron empíricamente que las emociones están
directamente conectadas con los gestos faciales, y por lo tanto, poner cara de enojo o de miedo
OM
afectaba emocionalmente al individuo, lo que hacía que este viera afectado su ritmo cardíaco, la
presión y la sudoración. Pero el mejor descubrimiento fue que este fenómeno también opera en
sentido contrario, es decir, al poner cara de alegría disminuían estas reacciones corporales
(Cacioppo y cols, 1988), con lo cual, una forma de hacerle creer al cuerpo de que se está feliz, es
reírse, aunque sea sin ganas, y de hecho existen terapias que apelan a la risas como parte de su
terapéutica, por lo beneficios que ser feliz trae a todo el aparato inmunológico del cuerpo
humano.
.C
Contacto visual: Se dice que los ojos son la ventana del alma, y algo de razón hay en ello.
Los ojos (los párpados, su brillo, su movimiento, etc.) suelen dejar ver las emociones de las
personas. Es claro que alguien triste tendrá los párpados apesadumbrados y su mirada
DD
transmitirá angustia.
Pero los ojos también cumplen una tarea fundamental para comunicarse y hacer fluir
una interacción, pues por su intermedio, cuando dos personas están charlando pueden notar en
la mirada del otro si son comprendidas sus palabras. Recuérdese la cara de cualquier
extranjero cuando que no entiende lo que se le dice; son sus ojos los que denuncian esa
LA
incomprensión, y de hecho, aunque nos diga que comprendió, a veces podemos darnos cuenta
que no ha sido así, pues sus ojos no nos transmiten esa información.
Otra característica a tener en cuenta sobre la mirada es que, al interpretar una mirada,
debe tenerse en cuenta el contexto donde se produce. En efecto, una mirada a los ojos pude
interpretarse como cariño y simpatía en el caso de una pareja cenando, o enfado y hostilidad en
FI
una discusión de dos personas. Por otro lado, la evitación del contacto visual también puede
interpretarse dependiendo de la situación, ya sea como antipatía en aquellos casos de personas
conocidas que por alguna razón se cruzan por la calle y evitan mirarse, o de timidez, en los
supuestos de individuos que recién se conocen.
cultura a la otra, pero lo que se repite es que en todas ellas, indefectiblemente, existen gestos
para ciertos eventos sociales típicos tales como: el saludo, las despedidas, los insultos, etc.
Finalmente, los movimientos corporales son otra forma de expresión. Pueden tratarse de
movimientos en los que una parte del cuerpo hace algo a otra parte: rascarse, tocarse, rebotar la
pierna, etc. Estos ejemplos revelan intranquilidad en quien los realiza. O bien, aquellos que se
efectúan con todo el cuerpo, como por ejemplo, cuando un jefe se enoja con un empleado y lo
reta, no solo son las palabras las que están en juego, sino que el cuerpo también acompaña esas
palabras.
Parece obvio que los movimientos corporales transmiten información al otro, y que esta
puede afectarlo. Pero para demostrarlo, unos investigadores idearon un experimento en el que
OM
solicitaban a los mozos de un restaurante que cuando tomaran los pedidos de sus clientes,
algunos lo hicieran permaneciendo con la espalda erguida, y a otros, se les requirió que lo
hicieran inclinándose hacia los comensales. Los investigadores predijeron que el inclinarse
sería interpretado como señal de simpatía, pues habría más contacto visual y estarían
físicamente más cerca de ellos. Los resultados de la investigación confirmaron las predicciones,
pues revelaron que los mozos recibían mayores propinas cuando hacían movimientos de
inclinación que cuando no lo hacían (Lynn y Mynier, 1993).
.C
El contacto físico: Este es tal vez el indicador no verbal más íntimo que existe, y
depende de varios factores externos, puesto que no será lo mismo que nos toque un amigo que
DD
un desconocido; una persona del mismo sexo, que del opuesto; ni tampoco será lo mismo una
palmada que una caricia; ni el lugar del cuerpo donde se la practique. En definitiva, el contacto
puede significar muchas cosas en función de los diversos factores que intervengan (quién,
cómo, dónde y cuándo) Así, un mismo contacto podrá ser una señal de cariño, interés sexual,
dominación, atención o incluso agresión, pero todo dependerá de las circunstancias.
LA
Los resultados fueron claros: tanto el roce de la mano como el contacto prolongado en el
hombro aumentaron significativamente la propina en comparación a cuando no tocaban a los
clientes, por lo que se concluyó que el contacto inocuo y casual genera reacciones positivas. No
obstante lo dicho, debe tenerse en cuenta el lugar en el que se llevó a cabo la investigación,
pues en otro ambiente –una reunión de trabajo, por ejemplo–, seguramente no conllevaría una
reacción positiva el hecho de tocar el hombro del gerente o del presidente de la compañía, pues
en ese ámbito podría ser interpretado como un juego de status o poder.
A los seres humanos no nos basta con observar los estados de ánimo y el
comportamiento de nuestros prójimos, sino que, además, también nos interesa inferir qué tipo
de personalidad tienen para saber a qué atenernos. Por ejemplo, si estamos sentados en el
colectivo y el pasajero del asiento de al lado comienza a hablar solo, es posible que, al menos en
un primer momento, pensemos que está loco, y nos pongamos nerviosos porque no sabemos
cómo puede reaccionar. Pero si prestamos más atención, tal vez notemos que está hablando
por celular, con lo cual, nos tranquilizaremos, porque habremos comprendido lo que pasaba.
Pero la cuestión no suele quedar ahí. Posiblemente no podamos resistir la tentación de
escuchar su conversación y hasta de juzgar en nuestro fuero interno lo que dice, o bien, si está
hablando en tono muy alto, puede ser que lo juzguemos un mal educado o un desconsiderado.
A este doble proceso por el cual buscamos conocer las causas de los comportamientos
de los individuos y el tipo de personalidad que tienen se lo denomina proceso de atribución de
causas.
Esta suerte de radar social para comprender al otro con el que contamos se trata de un
proceso automático que hace la psiquis, y para explicarlo, podemos dividirlo en tres etapas: la
OM
categorización, la caracterización y la corrección. En la primera se encuadra la situación que se
percibe en algún caso ya conocido, es decir, categorizamos lo que observamos (oímos, olemos,
etc.) en alguna experiencia ya conocida. La segunda es la caracterización de los sujetos
intervinientes atribuyéndoles cierta personalidad a partir de lo que hacen (dice, huelen, etc.) y,
finalmente, si prestamos más atención, puede ser que corrijamos (o no) nuestra inferencia a la
luz de los nuevos datos obtenidos tras prestar más atención a la situación (Jones y Davis, 1965).
Por ejemplo: imaginemos que pasamos con el colectivo por una iglesia y vemos que hay
.C
algunas personas paradas en la puerta. Separada de ellos, hay una a una mujer llorando
desconsoladamente. Al ver la situación, lo primero que hacemos es categorizar la conducta que
observamos en alguna de la que ya conocemos. En este caso, con los datos obtenidos sería:
“mujer emocionada por una boda”. Un segundo paso será la caracterización, donde inferiremos
DD
la personalidad de la mujer a partir de lo que vimos. Supondremos que es una persona muy
sensible conmovida por el casamiento. Finalmente viene la tercera etapa, en la cual, a partir de
más información llegamos a una interpretación definitiva de lo visto. En este caso, continuamos
mirando y vemos que, en lugar de salir de la iglesia una novia de blanco, sale un ataúd. Con esta
última información nos damos cuenta de que la mujer estaba llorando por el dolor ante la
pérdida de un ser querido; y con estos datos, corregimos la inferencia, y damos un sentido a lo
LA
que vemos.
En resumen, categorizamos lo que vemos para darle un marco de referencia a lo
observado; luego caracterizamos a las personas que actúan para asignarles determinada
personalidad, y finalmente, con más información podemos hacer algunas correcciones a
nuestras inferencias o confirmarlas. Si en el ejemplo anterior hubiera salido efectivamente una
FI
novia de la iglesia, nos hubiéramos ido con la primera percepción que tuvimos de la mujer
sensible. Pero claro que también puede ocurrir que por falta de tiempo u otras razones, no
lleguemos a percibir alguna información útil (por ejemplo, porque el colectivo arrancó y no
llegamos a ver la salida del ataúd) con lo cual, nos quedaremos con la inferencia de las dos
primeras etapas y nos iremos pensando que la mujer lloraba por la boda. Esto nos permite
concluir que si nos falta información, es probable que no tengamos suficientes recursos para
corregir nuestras apreciaciones iniciales, y en consecuencia, podemos cometer errores en
nuestra percepción, tal como suele ocurrir cuando sacamos conclusiones apresuradas sobre
personas o situaciones, que luego los hechos nos demuestran lo errados que estuvimos en
nuestros juicios.
romper platos y gritar como loca. En este caso, posiblemente, lo que haríamos sería llamar al
manicomio.
Como vemos, no respondemos a los estímulos siempre del mismo modo, y ello se debe a
que en nuestros procesos de atribución de causas de lo que percibimos, aprendemos a inferir si
las razones de las conductas que percibimos son producto de la personalidad del sujeto (es
decir, causas internas) o de la situación en la que se encuentra (causas externas). Al distinguir
causas internas de externas, podemos comprender mejor al otro, pues, muchas veces, las
personas son llevadas a decir/hacer cosas debido a las circunstancias, y otras, porque es parte
de su personalidad actuar de ese modo.
Veamos otro ejemplo. Imaginemos que nuestra amiga María ríe mientras ve una
OM
película. Frente a ello tenemos dos elecciones a la hora de decidir qué causó su risa:
(1) podría estar causada por la propia personalidad de María, que tiene un gran sentido
del humor y se ríe por todo
(2) podría estar provocada por la propia situación (la película es tan divertida que
cualquiera que la viera se reiría).
Es decir, podemos dar al menos dos interpretaciones de la conducta de María:
.C
podríamos atribuir su risa a causas internas (su personalidad) o causa externas (la película
cómica), y por lo tanto, la pregunta es ¿cómo hace nuestra mente para dirimir esta cuestión?
Afortunadamente, lo hace sin que tomemos mucha consciencia de ello, y –para decirlo
DD
metafóricamente– se hace preguntas tales como esta: ¿María responde así frente a todas las
comedias o exclusivamente frente a esta? Si la respuesta es que no suele reír mucho en el cine,
concluirá (y nos hará concluir) que la causa es externa, es decir, la película en sí motiva su
conducta. En cambio, si María ríe con cualquier comedia que ve, diremos que la causa es
interna, es decir, su propia personalidad es la causa de sus risas.
Con más información, podríamos afinar más o corregir nuestro conocimiento de la
LA
situación. Por ejemplo, si la mayoría de la gente que ha visto esa comedia reacciona igual que
María, podríamos confirmar que la película ha sido la causa de las risas de María; mientras que
si solo a ella le ha parecido graciosa, podremos confirmar que María tiene un gran sentido del
humor, o ingresar en otra serie de inferencias, y pensar que tiene un “humor particular” (ácido,
negro, naif, etc.). Lo importante es que de una u otra manera, llegamos a una interpretación del
FI
comportamiento nuestra amiga, y nuestra mente puede ahora estar tranquila porque
comprende lo que ve.
Hemos dicho antes que nuestros procesos de atribución de causas pueden llevarnos a
conclusiones apresuradas que nos hagan cometer errores en la interpretación del entorno o de
los otros y que ello se debe a no contar con toda la información necesaria para comprender
acabadamente lo que vemos. Pero también existen algunos errores en los que se incurre debido
a que cada uno percibe el mundo desde su perspectiva y con sesgos particulares. En este
sentido, todos estamos expuestos, en mayor o menor medida, a incurrir en alguno de los
errores de percepción que a continuación veremos:
Error fundamental de atribución: Es el más común, y se refiere a la tendencia de
explicar el comportamiento de los demás en términos de causas internas, ignorando las
externas. Por ejemplo, podría ser considerar que las personas de bajos recursos no prosperan
económicamente porque son haraganes (causa interna del sujeto) es olvidar o ignorar que
carecen de las mismas oportunidades que las personas de sectores sociales más acomodados,
tales como el acceso a una mejor alimentación, contención familiar y educación en su infancia
(causas externas).
Pero, cuidado, se cae en el mismo error cuando a una persona exitosa se le atribuye
todo el mérito de sus logros a ella misma (causas internas), olvidando todo el contexto que
contribuyó para ello (familia de origen, contactos, oportunidades, etc.).
En la Facultad de Derecho de la UBA se pudo determinar que el perfil individualista del
alumno no obedece a causas internas sino externas. En efecto, es la propia estructura de la
carrera (pocas horas de cursada, escasos trabajos grupales, dificultad para anotarse en las
mismas materias con los mismos compañeros, corte por promedio, etc.) la que influye en la
OM
configuración de su forma de ser en la facultad.
En ambos casos, el error se produce porque tendemos a percibir que los demás actúan
como lo hacen porque “son ese tipo de persona”, y omitimos ponderar muchos otros factores
que pueden influir en su comportamiento. Cuando observamos el comportamiento de una
persona, nos concentramos en su conducta como si fuera un primer plano, mientras que el
contexto se desvanece como un fondo, y por ende, no lo tomamos en cuenta.
En el campo del derecho, cuando una sentencia afirma que el acusado es autor material
.C
y responsable de los hechos que se le imputan, es evidente que la ley está formulada en
términos tales que se entiende que el sujeto es la causa fundamental de sus actos. Pero, por lo
visto hasta aquí, podríamos decir que la ley está sesgada hacia el determinismo intrínseco de la
conducta cometiendo el error fundamental de atribución de causas. Quizás parte de la
DD
explicación se deba que todos hemos sido socializados a percibir y atribuir la causalidad
interna del delito, más que a la causalidad externa proveniente de los factores contextuales. Las
consecuencias de operar a partir de un sesgo cognitivo como este redunda en que se atribuye al
condenado una culpabilidad intrínseca, lo que indefectiblemente va asociado a atribuirle
maldad y anormalidad como esencia de su persona, de manera que en muchos imaginarios, la
LA
de atribución de causas, tanto las penales que intentan regular la conducta, como así también
las asistenciales que crean programas sociales de ayuda económica, por ejemplo. En todas ellas,
se considera al individuo como un ser que actúa en el mundo desde un deseo consciente y
voluntario y, por lo tanto, absoluto y único responsable de lo que hace y lo que le ocurre. Si bien
es cierto, desde una perspectiva psicológica no puede perderse de vista que la conducta
humana está determinada en parte por las circunstancias y el aprendizaje. Es decir, el joven
que se cría en un ambiente delictivo tiene más probabilidades de violar la ley que quien se
socializa en un ámbito de respeto a la ley; del mismo modo que el que se cría en un ambiente de
padres universitarios tiene más probabilidades de hacer una carrera. En ambos casos la
voluntad de actuar es del sujeto, pero sería una mirada acotada no evaluar la influencia del
entorno en la toma de decisiones del comportamiento.
Efecto actor-observador: Es una tendencia bastante común que nos lleva a explicar los
comportamientos de los otros a partir de causas internas, mientras que los propios se explican
a partir de causa externas. Es parecido al anterior solo que cuando nos ocurren las cosas, le
echamos la culpa al otro o al entorno. Por ejemplo, si vemos a alguien tropezar con un pozo en
la vereda, lo atribuimos que es un distraído, mientras que si nos ocurre a nosotros, culparemos
al mal estado de las aceras o al jefe de gobierno; es decir, externalizamos la causa.
Hipótesis del mundo justo: Solemos pensar que las cosas malas les suceden a las
personas que son malas, justificando de este modo los hechos y atribuyéndole cierto rasgo de
personalidad al otro (su maldad, por ejemplo). Si le ocurrió una calamidad a alguien debe ser
porque es malo, y queda demostrado que es malo, porque le ocurrió dicha calamidad. El mismo
error de atribución puede tener signo contrario, es decir, pensar que las cosas malas no les
sucederán a las personas buenas. Como nuestra mente suele caer en este error sin darse
cuenta, nos cuesta comprender por qué a personas que consideramos buenas les ocurren
tragedias, grandes pérdidas, etc. Lo que pasa es que este error nos impide percibir que, en
realidad, las fatalidades ocurren, con independencia de la ética del individuo (o de la
comunidad) sobre el que recaen. Otros ejemplos de este sesgo, pueden señalar que las personas
OM
que creen en un mundo justo tendrían más probabilidad de creer que las víctimas de abusos
sexuales han debido comportarse de manera seductora, las mujeres maltratadas tuvieron que
merecer los golpes, que las personas enfermas se han causado su enfermedad con sus actos o que
los pobres se han buscado su pobreza, todo porque el mundo es justo y pone a cada uno en su
sitio.
Efecto amor propio: Otra tendencia muy común es atribuir causas internas a nuestros
resultados positivos, y externas a los negativos. El ejemplo típico será el de aquel estudiante
.C
que al reprobar un examen busca atribuir su fracaso a la dificultad de las preguntas o a la mala
suerte; mientras que si lo aprueba, difícilmente diría que se sacó buena nota porque el examen
era muy fácil o porque tuvo buena suerte; por lo general, se atribuirá todo el mérito. Los
psicólogos sociales han investigado por qué tenemos esta tendencia, y han descubierto que se
DD
debe a que ella cumple una función de protección de nuestra autoestima, y satisface nuestro
deseo de parecer buenos ante los demás y ante nosotros mismos.
Efecto halo: Es la tendencia a considerar que una persona es buena en determinada
actividad es normalmente considerada, que también lo será en otras actividades, incluso si los
dos tópicos no están relacionados. Muchas marcas comerciales y políticos usan personas
famosas para lograr esta transferencia de virtudes de un campo a otro, por medio del efecto
LA
halo.
OM
Otro principio gestáltico que se vincula con la percepción es
el de límite. En el mundo real existen límites reales, pero también límites que crea nuestra
mente para completar imágenes que observa. Por ejemplo, en la figura supuestamente
triangular del comienzo podemos apreciar cómo completamos las aristas del triángulo
faltantes en nuestra mente. Se trata de la Ley de cierre, y explica que tendemos a completar las
formas incompletas para hacerlas comprensibles a nuestra percepción.
Finalmente La Ilusión Ponzo de la derecha nos muestra una
.C
imagen que semeja a una vía de tren. Si le preguntaran cuál de las
líneas horizontales es más corta ¿qué diría? La respuesta parece obvia,
la inferior. Sin embargo, las dos miden lo mismo. Lo que ha ocurrido es
que nuestra mente, al ver este dibujo que se parece a una vía de tren,
DD
ha interpretado que: dado que las dos líneas negras horizontales
parecen iguales, y que la de arriba estaría más lejos (por ilusión
óptica), solo puede ocurrir debido a que esta debe ser más grande, y
así nos lo hace ver (o creer).
En definitiva, lo que demuestran todos estos ejemplos es que
LA
información para que los sucesos se adecuen a nuestra forma de ver el mundo.
OM
.C
DD
LA
FI
Capítulo 4
OM
Cognición social
.C
Temas del capítulo
Cómo influyen nuestros esquemas mentales en nuestra percepción del mundo.
Cómo procesamos, almacenamos y recordamos la información que recibimos.
DD
Cómo influyen nuestras emociones en el conocimiento del mundo.
LA
I. La cognición social
El mundo que nos rodea es de una absoluta complejidad; si fuéramos computadoras,
deberíamos procesar una cantidad de información tan grande que colapsaríamos. Sin embargo,
FI
nuestro cerebro lo hace bastante bien y sin sucumbir; de hecho, procesa 400.000 millones de
bites de información por segundo, pero afortunadamente solo somos conscientes de unos 2000,
es decir, percibimos un 0,0000005% de la realidad, y con eso vivimos, interactuamos con los
demás, los comprendemos y nos hacemos entender.
Queda claro, entonces, que el mundo que nos rodea bombardea a nuestros sentidos, y
por ende, algo tan sencillo como que nos presenten a alguien exige que nuestra mente escoja
determinadas partes de información y descarte otras. La presencia del otro suministra mucha
información (la ropa, el aseo, su forma de mirar, de hablar, su oficio, etc.) y nuestro sistema
perceptivo se encarga de filtrar aquella información que resulta más relevante; luego, esta
información es ordenada, introduciendo lo más importante en la memoria y descartando el
resto. Por ejemplo, es posible que si nos presentan a un biólogo marino, recordemos su
nombre, su aspecto y su profesión, pero que olvidemos de qué color eran sus zapatos.
Asimismo, cuando volvamos a ver a esta persona, no necesitaremos que nos digan nuevamente
quién es, sino que lo recordaremos, conjuntamente con otra información que también
habremos asociado durante el primer encuentro (su simpatía, mal carácter, conversación
interesante, etc.), y así podremos predecir sus comportamientos.
Todas estas tareas las hace nuestra mente sin que tengamos mucha consciencia, y lo
logra por medio de diversos procesos mentales que se encargan de procesar, recordar y utilizar
la información sobre el mundo social. A este tipo de procesos los llamaremos procesos
cognitivos, y en este capítulo nos dedicaremos a estudiar la manera en que la gente procesa
la información social, en particular cómo la almacena en la memoria y la usa para
desenvolverse en diversas situaciones sociales.
Por ejemplo, si nos preguntamos ¿en qué autobús puedo llegar al Obelisco de Buenos
Aires? Y pensamos en la respuesta, se debe a que nuestra mente ha realizado un proceso
cognitivo, el cual vinculó la información que alguna vez incorporamos a nuestra memoria sobre
el recorrido de diversos colectivos, tratando de identificar aquellos que pasan por el Obelisco, y
también, evaluando cuál de estos está más cerca del lugar donde estamos parados haciéndonos
la pregunta.
OM
Claro que también puede ocurrir que nuestra memoria no tenga el recuerdo de los
colectivos que van al Obelisco, y por ende, la respuesta será un interrogante, una duda. Sin
embargo, otro proceso cognitivo interior vinculará información para ayudarnos a resolver
nuestro interrogante o necesidad, y surgirá en nosotros el recuerdo de que en casos como este
se le puede preguntar a la gente cómo llegar a tal lugar. En definitiva, los procesos cognitivos
son todos los procesos que lleva a cabo nuestra mente con la información que vamos
incorporando durante nuestra vida, ya sean números de colectivos, leyes, experiencias,
.C
técnicas, etc. En particular, nos interesará estudiar la cognición social, es decir, la manera en
que la gente procesa la información social, ya sea cómo almacena la información en su
memoria, como así también los diversos mecanismos mentales que tienen la psiquis para que
DD
las personas nos conduzcamos en este mundo de continuas interacciones sociales.
II. La memoria
La memoria es una función cerebral que nos ayuda a vivir en sociedad. Nos permite
LA
recordar los nombres de personas, sus direcciones, los peligros y las oportunidades, etc. Se
alimenta de lo que vamos viviendo a diario, y resulta un elemento fundamental de todo
aprendizaje, razón por la cual en la educación primaria se insiste tanto con estimularla. Pero,
como hemos dicho, el mundo cotidiano que nos rodea nos bombardea con información y
nuestra mente debe filtrar la realidad permitiendo ser consciente y guardando solo de una
FI
parte. Por ello nuestra atención se focaliza en lo que, de alguna manera, se vincule con nuestros
intereses o que resulten extraños, ya sean temas que nos llamen la atención por su
particularidad o situaciones de peligro, donde el principal interés es la subsistencia. De todo lo
que percibimos, no almacenamos todo en nuestra memoria, sino que aquí se produce un
segundo proceso de selección. Nuestra mente evalúa qué cosas son importantes recordar para
algún uso futuro y cuáles no. Finalmente, cuando queremos recordar la información
almacenada, acudimos a proceso memorísticos para traer a la consciencia los recuerdos
almacenados y utilizarlos.
Vista así, la memoria es una función cerebral que nos permite almacenar y recuperar la
información que nos ha llamado la atención para utilizarla en el futuro. La atención no es una
función de la memoria sino del sistema perceptual, pero es fundamental para la incorporación
de información del entorno. Con ella nos referimos a lo que captamos de la realidad que nos ha
llamado la atención, y lo hacemos por medio de los sentidos, y por lo general, solemos prestar
mayor atención a las cosas de nuestro entorno cercano, como así también a características y
comportamiento de las personas de acuerdo a nuestros intereses. Por ejemplo, suele ocurrir
que cuando en una pareja, la mujer queda embarazada, ambos miembros comienzan a ver por
la calle que hay muchas mujeres embarazadas, y hasta llegan a creer que se ha incrementado la
tasa de natalidad. Pero lo que en realidad ocurrió es que se ha incrementado su nivel de
atención hacia cuestiones vinculadas con el embarazo, que antes les pasaban desapercibidas
por no ser una cuestión que les suscitase interés. Otro ejemplo podría ser presenciar un hecho
extraño de camino al trabajo, la ruptura de la cotidianeidad hará que ese hecho quede
registrado en la memoria porque habrá captado nuestra atención.
El segundo paso será la codificación de la información percibida. Se refiere a una etapa
en que la información es preparada para almacenarse, y esta preparación consiste en que el
cerebro identifica qué tipo de información es (un sonido, una imagen, un concepto, etc.), y con
ello, la memoria codifica (ordena) a cada estímulo según categorías y luego lo almacena en el
área correspondiente.
Finalmente, la recuperación.
OM
Se trata de los procesos por medio
de los cuales recordamos las cosas. ATENCIÓN
Lo que ocurre en el entorno
Muchas veces una palabra nos puede llamar —o no—
CODIFICACIÓN
La información que se capta
puede hacer recordar una canción, nuestra atención.
Ello dependerá de varios
es organizada según su
fuente (imagenes,
o bien algo que vemos durante el factores, tal como nuestros sonidos,hechos, etc)
intereses, lo novedoso de lo
día nos recuerda el sueño que que vemos, etc.
tuvimos anoche. La recuperación es
la
.C
encargada de hacernos
conscientes los recuerdos, y actúa
por medio de estímulos externos y
también por esfuerzos propios que
DD
hace el sujeto por recordar lo
pasado (estímulo interno). RECUPERACIÓN
procesa específicamente la
información en nuestro cerebro.
La memoria no es algo etéreo o fantasmal, sino un complejo sistema de interconexión
de neuronas que trabajan en nuestro cerebro. Las neuronas son las encargadas tanto de
almacenar como de recuperar la información guardada por medio de contactos llamados
FI
sinapsis. Se sabe que trabajan en red, es decir, que todo se encuentra interconectado con todo,
y por lo tanto, lo que entendemos por memoria no se encuentra en un lugar específico del
cerebro, sino que está diseminada por distintas localizaciones especializadas. Así, mientras que
en algunas regiones del córtex temporal están almacenados los recuerdos de la infancia, en el
hemisferio derecho se guardan los significados de las palabras, mientras que los datos del
aprendizaje se almacenan en el córtex pareto-temporal. Por su parte, los lóbulos frontales se
dedican a organizar la percepción y el pensamiento, y finalmente, muchos de nuestros
comportamientos automáticos, como el mantener el equilibrio, caminar, etc., están
almacenados en el cerebelo.
Siguiendo el modelo explicativo de la memoria de Atkinson y Shiffrin (Ruiz Vargas,
1991) suele distinguirse al menos tres tipos de memoria, la sensorial, la de corto plazo y la de
largo plazo.
La memoria sensorial es la que recibe los estímulos del entorno y se almacenan en un
primer momento en el registro sensorial. Se trata de un almacenaje muy breve; es sólo una
impresión o copia muy fiel de lo percibido que inmediatamente se desvanece se no es
almacenada por la memoria de corto plazo. Por ejemplo, si estamos percibiendo este libro y
cerramos los ojos, la imagen no se desvanece inmediatamente sino que podemos reproducirla
un instante y luego, si, se irá disipando. Lo mismo podría ocurrir con un sonido. En definitiva, la
memoria sensorial es la vía de acceso de la información del entorno que se retiene sin
vincularla con otros elementos otros elementos de la psique (recuerdos, emociones, etc). Se
trata de un proceso fundamentalmente biológico donde la información se diluye rápidamente a
no ser que sea procesada en la memoria a corto plazo.
Las otras dos memorias con que cuenta el aparato psíquico se diferencian por su
capacidad: memoria de corto plazo y de largo plazo. La primera es la que empleamos
cotidianamente para recordar datos, nombres, lecciones, rostros y demás información
necesaria para la interacción cotidiana. Se trata de una memoria de corto plazo, porque como
no es información que se juzga relevante de conservar y solemos emplearla pocas veces, al
poco tiempo de usarla, se la olvida para dejar espacio libre para obtener y utilizar nuevos datos.
OM
¿Recuerda el número de aula en la que cursó su primera materia de la Universidad?
Seguramente en el momento de cursar sí lo recordaba, pero en la actualidad es probable que
no, pues salvo que por alguna circunstancia particular haya quedado plasmado en la memoria
dicho número, en la mayoría de los casos, esa información seguramente desapareció.
Contrariamente a ella, la memoria de largo plazo es mucho más duradera ya que
almacena prácticamente durante toda nuestra vida los recuerdos de experiencias pasadas. La
existencia de estos dos tipos de memoria ha sido fácilmente comprobada con el hecho de
.C
personas ancianas que, si bien pueden recordar nombres, fechas y sucesos de su infancia a la
perfección, tal vez no puedan recordar el apellido del médico que los atendió hace media hora.
Lo que suele fallar en estos casos no es la memoria en sí, sino la memoria de corto plazo, la de
DD
largo plazo funciona prácticamente toda la vida.
pues sirve para operar e interactuar en el mundo inmediato. Tiene una capacidad limitada: solo
puede memorar entre 2 y 7 elementos (palabras, objetos, sonidos, etc.) que se retendrán con
una duración de entre 10 a 20 10 segundos si no se ve reforzados para ser recordados. Si ello
no ocurre, se diluirá el contenido paulatinamente hasta desaparecer por completo. El refuerzo
al que nos referimos puede ser que el sujeto se esfuerce en intentar mantener la información
FI
([Link]. repetir hacia adentro una dirección o un nombre que no desea). En este caso, el refuerzo
hace que la información de la memoria de corto plazo permanezca por más tiempo, y
eventualmente, que el cerebro interprete que la información es importante, y la guarde en la
memoria de largo plazo, pudiendo ser recuperada en otro momento más lejano en el tiempo.
Pero si no hay refuerzo o voluntad de retener, y la información no parece ser importante o
impactante, indefectiblemente desaparecerá para dejar lugar a nueva información que el sujeto
necesite almacenar más adelante en sus nuevas necesidades sociales.
OM
diferencia de estas memorias explica por qué una persona con amnesia puede recordar cómo
hablar, aunque no episodios pasados.
Como es de esperar, la memoria semántica es más objetiva, pues un triángulo es una
figura geométrica que todas las personas saben lo que es, ya que ya que todas almacenan
definiciones similares en su memoria (figura de tres lados, por ejemplo). Sin embargo, no
ocurre lo mismo con un hecho que pudieran haber presenciado varias personas y que se
almacena en la memoria episódica. En efecto, tal como lo sabe la psicología jurídica, dos
.C
personas que vieron un mismo acontecimiento, tal vez, describan lo ocurrido de maneras
distintas, ya sea porque prestaron atención a cosas diversas, y por lo tanto, registraron en su
memoria el suceso de un modo particular, o bien porque en la reconstrucción del recuerdo
agregaron inconscientemente elementos que en la escena original no existían, se vieron
DD
influenciadas por el entorno, cambiaron de lugar objetos o personas, etc. De ahí la subjetividad
de esta memoria episódica, y como veremos, el punto es sumamente importante en el ámbito
judicial donde suele apelarse a estar memoria de víctimas y testigos.
Finalmente, otra diferencia entre memoria episódica y semántica es que los recuerdos
contenidos en la memoria episódica son organizados de acuerdo con parámetros espacio-
LA
temporales, es decir, los sucesos que se recuerdan representan los momentos y lugares donde
ocurrieron. En cambio, la memoria semántica organiza y recupera la información de un modo
distinto, dado que el recuerdo semántico se elabora a partir de relaciones entre los conceptos
que se encuentran almacenados en función de su significado. Por ejemplo, si le preguntan ¿una
tenaza es una herramienta o un instrumento musical? Seguramente dirá que una herramienta,
y para ello no debe haberle sido necesario acudir a ningún recuerdo de la experiencia, sino que,
FI
procedimental es una suerte de sistema de ejecución de prácticas cotidianas que han sido
aprendidas en el pasado y que luego se activan de modo automático ante una situación
determinada (escribir, conducir un auto, hacer un cálculo mental, etc.). El aprendizaje de estas
habilidades depende de la cantidad de tiempo empleado en aprenderlas y practicarlas. Cuando
el individuo las domina por completo, pueden convertirse en automáticas. Pero para que ello
ocurra, se requiere que se haya logrado llevarlas a cabo de un modo tan natural que no
demanden demasiados recursos cognitivos, de manera que la atención pueda emplearse en
otras tareas ([Link]. caminar se lleva a cabo tan naturalmente que nos permite ir mirando
vidrieras o hablando por teléfono; conducir, en algunas personas también; etc.). En definitiva,
solo cuando una tarea se juzga que se desarrolla sin necesidad de mayores atenciones, se
produce un relajamiento en el control de la ejecución lo que permite que surja la automaticidad
casi inconsciente. De allí su nombre de memoria implícita, puesto que cuando dominamos una
tarea, casi no somos conscientes de cómo hacemos para hacerla, nos sale sola, y hasta es difícil
explicarle a otro cómo lo hacemos.
Cabe señalar que muchos accidentes, circulando a pie o en automóvil, o trabajando con
máquinas peligrosas, se producen por esta confianza que no siempre es bien evaluada por
nuestro aparato cognitivo que abandona la atención juzgando que la habilidad se encuentra
dominada automáticamente.
Si bien olvidar las cosas es algo que a muchas personas les preocupa y les genera
problemas, en realidad, el olvido no es otra cosa que una función más de la memoria. Sin él, el
OM
sistema de la memoria a corto plazo colapsaría, de manera que en algún sentido se trata de una
función de depuración del almacén de memoria, donde se elimina la información que se ha
juzgado que no es relevante mantener como, así también, un sistema de protección de
recuerdos traumáticos almacenados en la memoria de largo plazo.
El olvido suele presentarse en, al menos, tres situaciones:
Caducidad: la información almacenada puede ir diluyéndose con el paso del tiempo,
.C
sobre todo en la de corto plazo, que es la que menor capacidad de retención y acumulación
posee, se satura pronto, y solo sirve para la cotidianeidad. Lo que no es admisible que ocurra es
que se diluyan los recuerdos almacenados en la memoria a largo plazo, debido a que su
capacidad es prácticamente ilimitada. No en vano se afirma que los recuerdos se conservan de
DD
por vida (de hecho los ancianos dan cuenta de ello), y lo que falla es el modo de acceder a ellos.
Problemas de acceso: la dificultad de acceder a los recuerdos o a cualquier tipo de
información almacenada en la memoria puede deberse a trastornos mentales como la amnesia,
pero es mucho más frecuente que os problemas de memoria se produzcan al atravesar alguna
situación de estrés (laboral, doméstico, maternidad, etc.), ya que bajo presión, el cuerpo
LA
supuestos encontraremos:
Atribuciones erróneas: por ejemplo, confundir a una persona con otra o acusar a un
inocente bajo la firme creencia de que esa persona ha sido quien cometió el delito investigado;
invertir las cosas en el recuerdo, inventar información para completar la escena, etc.
La sugestión: puesto que los recuerdos son reconstrucciones que hace la mente a partir
de los diversos almacenes de memoria, en esa tarea de elaboración del recuerdo, los terceros,
aun sin darse cuenta, pueden influir aportando alguna sugerencia o comentario que la persona
puede incorporar a su recuerdo con la misma seguridad que tienen sobre otras partes de su
relato. El ejemplo típico es cuando un grupo de personas fue víctima de un asalto, y luego del
atraco, cuando las víctimas hablan entre ellas, una afirma que el atacante tenía campera gris
(cuando en realidad era verde, por ejemplo). Es posible que esto, escuchado por los demás,
arme en su recuerdo este color de campera, y que en la declaración policial todos confirmen
este dato. Lo mismo puede pasar con la etnia o la edad del atacante. Las investigaciones
demuestran que este error es uno de los más comunes en psicología del testimonio.
Los sesgos: se producen cuando el recuerdo se ve influido por el estado de ánimo
actual, la ideología, los prejuicios, etc. que hacen recordar algunas cosas y otras no. De este
modo, las personas fanáticas de un partido político pueden recordar solo lo bueno de la gestión
de su partido, olvidando (sinceramente) los malos momentos. Lo mismo ocurre con algunos
hinchas de un equipo de fútbol. Son sesgos del recuerdo que solo recuerda lo que no afecta a la
autoestima, de manera que cumplen una función de protección.
OM
información social
Nuestra memoria es un almacén de recuerdos que nos permiten conducirnos
adaptadamente en el mundo social, y es gracia a ello que en la vida cotidiana, solemos
darnos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor bastante rápido, y sin necesidad de que
.C
nadie nos lo explique. En la mayoría de las veces comprendemos lo que ocurre y cómo debemos
actuar en cada caso ya que hay algo en nosotros que sabe cómo hacerlo. Por ejemplo, si
estamos viajando en colectivo (autobús) y sube una mujer embarazada, sabemos que debemos
cederle el asiento. También sabemos que los hombres deben “dar el asiento” antes que las
DD
mujeres, y los hombres jóvenes antes que los ancianos. Y aunque algunas personas se hagan las
distraídas, todos sabemos que ese es el comportamiento esperado. Por ello, en la mayoría de
los casos, la decisión de ceder el asiento es algo que se hace de manera automática. Actuar de
este modo se explica porque muchas normas sociales las hemos aprendido en el hogar y la
escuela, como así también, por haber vivido situaciones anteriores en las que se pudo ver como
se comportaba la gente. Estas circunstancias de nuestra biografía son las que han construido en
LA
nuestra psiquis una suerte de esquema mental que nos permite, no solo comprender las
diversas situaciones de la vida diaria, sino también, saber cómo actuar en cada una de ellas.
Todos contamos con diversos esquemas mentales que nos ayudan a interpretar lo que
ocurre en diversas situaciones de la vida cotidiana y nos indican cómo debemos comportarnos
en ellas. Cuando estos esquemas se activan, son los que nos permiten decidir rápidamente y sin
FI
esfuerzo como actuar. En el ejemplo anterior, diríamos que se habría activado en cuanto vimos
subir al colectivo a la mujer embarazada, y el esquema mental fue el encargado de que, sin
pensarlo mucho, hubiéramos tomado la decisión del levantarnos del asiento; con lo cual —y
esto es muy importante— también nos protegió de pasar un mal momento de ser señalados
como unos maleducados o insensibles por el resto de los pasajeros.
Vemos así como los esquemas mentales son procesos cognitivos que vinculan
información obrante en nuestra mente para permitirnos actuar en nuestro medio de la manera
más adecuada de acuerdo a nuestros intereses, ya sea por no pasar papelones en el colectivo,
pero también, para saber cómo comportarnos en una reunión de trabajo, durante un asalto,
una fiesta y demás ámbitos de interacción social.
A grandes rasgos, diremos que los seres humanos poseemos tres tipos de esquemas
mentales a los cuales acudimos para guiarnos en el mundo: (a) esquemas de personas, (b)
esquemas de rol y (c) esquemas de situaciones. Veamos en qué circunstancias se suelen activar
cada uno de ellos.
Hemos dicho en ejemplos anteriores que cuando vemos o interactuamos con una
persona, no solo escuchamos lo que nos dice, sino que también percibimos la información que
transmite su vestimenta, su corte de pelo, su forma de andar y de hablar, etc. Ahora bien, aquí
agregaremos que en función de esta información, la catalogaremos dentro de alguno de
nuestros esquemas mentales de personas, y a partir de ahí, interpretaremos sus palabras y
comportamientos. Por ejemplo, si nos presentan a un individuo que continuamente habla de su
equipo de fútbol, que discute agresivamente cualquier punto que ataque a su club y que
justifica la muerte de hinchas del equipo contrario, es posible que rápidamente comprendamos
que estamos ante un fanático, y al caracterizar su personalidad bajo este rótulo, asociemos a él
muchas conductas que esperamos de los fanáticos. Por eso, no nos sorprenderá cuando nos
OM
diga que se fue un fin de semana a Brasil solo a ver a su equipo, o que el primer regalo que le
hizo a su hijo fue asociarlo al club. Lo que sí nos hubiera sorprendido es que nos dijera que le
parecía mejor dejar que su hijo eligiera libremente el club de sus amores cuando sea grande.
También interpretamos el mundo social a partir de nuestros esquemas de rol. Estos se
forman a partir de incorporar la información correspondiente acerca de cómo las personas
generalmente realizan sus roles sociales. Por ejemplo, el esquema de rol de profesores está
asociado a que esperemos de ellos que sean correctos en sus modales, se paren frente al aula al
.C
dar su clase y que tomen examen. No se espera que pidan dinero a sus alumnos ni que den
discursos políticos en el aula. De igual modo, los docentes tienen expectativas sobre el
comportamiento de los alumnos, las cuales generalmente incumben que estos permanezcan
sentados durante la clase, que no insulten al profesor y que no hablen por teléfono en el salón.
DD
Los esquemas mentales de rol nos simplifican la vida al reducir al otro a un miembro de una
categoría, y asociarle diversas expectativas. Esperaremos que los médicos pediatras sean
simpáticos, que los contadores sean puntillosos y que los abogados quieran siempre tener
razón, etc. Es cierto que las personas no siempre se corresponden con los estereotipos que
pesan sobre ellas, pero nuestros esquemas de roles operan desde esta perspectiva
LA
simplificadora, sin perjuicio de que una profundización de la relación con las personas antes
mencionadas, por ejemplo, podría permitirnos conocer al individuo detrás del rol social que
ejerce. Aunque en este caso, nuestro esquema mental se desactivaría, y surgiría otro esquema
mental para ayudarnos a formar una relación de amistad.
El tercer tipo es el esquema de situaciones o guiones, se refieren a actos o secuencias de
FI
actos e indican lo que se espera que pase en una situación determinada. Por ejemplo, al
ingresar a un comercio, esperamos que la vendedora se acerque y nos atienda; luego, que nos
traiga la prenda que le solicitamos; y si nos gusta cómo nos queda, se espera que lo compremos
pagando por ella. Allí suele ingresar otro personaje en escena: la cajera; quien también
cumplirá su parte del guión, y nos preguntará si lo abonaremos con tarjeta o en efectivo.
Finalmente nos entregarán la compra, indicándonos que guardemos la boleta por cualquier
cambio dentro de los treinta días.
En conclusión, todos los esquemas mentales tienen como finalidad darnos seguridad
sobre mundo donde actuamos, al permitirnos saber —casi de manera intuitiva— qué esperar
de los demás, y saber cómo debemos comportarnos ante diferentes personas o situaciones. De
allí también se explique la incomodidad que sentimos cuando estamos en un lugar el cual no
sabemos cómo actuar, o ante personas antes las cuales no sabemos cómo comportarnos.
Al comenzar este apartado, mencionamos que existía una relación entre los esquemas
mentales y los procesos de cognición social. Ahora aclaremos por qué.
Hemos dicho que nuestros intereses hacen que prestemos más atención a unas cosas
más que a otras; pero también, solemos prestar mayor atención a aquellos acontecimientos o
información que resulta inconsistente o chocante con nuestros esquemas existentes. Por
ejemplo, tenemos un esquema sobre los políticos, y si de pronto vemos a uno de ellos viajar en
colectivo, nos resultará inconsistente y atraerá fuertemente nuestra atención. El hecho puede
resultarnos tan raro que posiblemente los recordaremos durante varios años. Es lógico, puesto
que los esquemas nos dicen qué debemos esperar, y los casos que no se adecuan, o son
inesperados, justamente por su inadecuación llamarán poderosamente más nuestra atención, y
luego se fijarán con mayor intensidad en nuestra memoria.
OM
En cuanto a la codificación, se sabe que una vez formado el esquema mental, la
información nueva que se relacione con él será más fácil de almacenar en la memoria que
aquella que no lo es. Esto es fácil de comprender, por ejemplo, cuanto más vaya aprendiendo el
lector de psicología social, mayor será su a facilidad para codificar los nuevos conocimientos, al
poder vincularlos con los anteriores.
Finalmente, en cuanto a la recuperación, es decir, el recuerdo de lo almacenado, las
.C
investigaciones han demostrado que cuando nos hallamos en situaciones en las que nos
regimos por nuestros esquemas mentales, es decir, cuando estos están activados, la
información que nos viene a la mente está determinada por ellos o al menos es relativa a ellos.
Por ello, es probable que en nuestro trabajo, tengamos activados diversos esquemas que nos
DD
ayudan a recordar más fácilmente las cosas atinentes a nuestra labor que si intentamos
recordarlas en una playa del Caribe. En las vacaciones estos esquemas estarán desactivados –
no en vano se dice “me tomé unos días para desenchufarme”–, pero se activan otros,
posiblemente relacionados con situaciones de disfrute y relajación. Con esto es claro que las
personas que quienes no pueden relajarse ni en vacaciones, es porque van a la playa con el
esquema mental incorrecto.
LA
Existe un principio básico de la cognición social, según el cual los seres humanos
tendemos a gastar la menor cantidad de energía posible para manejarnos en el mundo
(comprender el entorno material y social). No por vagancia ni indiferencia hacia los demás,
sino porque tenemos recursos cognitivos limitados y pretendemos optimizarlos para
manejarnos lo mejor posible en el mundo con el menor consumo de energía. Una forma de
hacerlo es acudiendo a ciertas estrategias mentales que empleamos para tomar decisiones
rápidas, en las cuales tomamos decisiones sobre la base de atajos mentales denominados
heurísticas (Tversky y Kahneman, 1984).
Por ejemplo, si tenemos que comprar un libro sobre derecho ambiental y no sabemos
nada sobre el tema, es probable que compremos aquel libro cuyo autor alguna vez escuchamos
que se dedicaba a esta rama del derecho; y nos inclinaremos por este aunque el anaquel ofrezca
muchos otros. En la elección de este autor conocido, muy probablemente, nos ha ayudado una
heurística, en este caso, sería que habremos considerado “lo conocido es mejor que lo
desconocido”, aunque solo sea el nombre. Sin embargo, las heurísticas son estrategias mentales
de economía de recursos, por lo tanto, si bien en general muchas personas las comparten, no
son iguales en todos los individuos. Por ejemplo, en el mismo caso anterior, alguien puede
inclinarse por escoger otro autor, motivado por el elevado precio del libro; si actúa así, es
porque se ha dicho para sus adentros “si es más caro debe ser mejor”, y fue mediante este atajo
que decidió su compra.
En ambos ejemplos, vemos que tomamos decisiones rápidas que, sin dejar de ser
racionales, en realidad, se fundan en argumentos secundarios (familiaridad de un nombre,
previo, bella tapa, etc.). Las heurísticas operan casi como corazonadas, pero a diferencia de
estas, tienen algún grado de racionalidad, pues es cierto que las cosas buenas suelen ser caras y
que los autores que al menos escuchamos que se vinculan con el tema que nos interesa no
deben ser novatos en la materia. Pero lo cierto es de ello no tenemos la seguridad, sino que
suponemos que decidimos correctamente en función de las heurísticas empleadas.
Otras heurísticas bastantes conocidas mediante las cuales tomamos decisiones
OM
rápidamente sobre cosas y personas: "si un alimento está en una tienda de comida sana, deber
ser sano", "si A es amigo de B, y A es buena persona, entonces B también debe serlo", etc. Debe
quedar en claro que las heurísticas no son “frases” sino formas económicas de pensamiento.
Las frases que citamos aquí son meros ejemplos de cómo nuestra mente realiza juicios de valor
sobre el entorno sin mayor profundización. En el campo jurídico, también puede notarse el uso
de las heurísticas en los jurados, quienes, cuando deben inclinarse por dirimir si el alegato de
un abogado es convincente o no, pueden incurrir en una heurística que los lleve a pensar que
inocente”.
.C
“si el abogado habla con tanta seguridad, debe ser porque tiene razón y su defendido es
Sin perjuicio de que hemos dicho que cada persona tiene sus propios atajos mentales
DD
(heurísticas), lo cierto es que estas pueden clasificarse tal como veremos a continuación.
La psicología social se ha encargado de estudiar qué móviles internos son los que
producen la mayoría de las heurísticas y han hallado que se vinculan con dos variables: a) los
recuerdos que más fácil vienen a la memoria; y b) conclusiones que se toman por analogía o
asociación. Veamos algunas de ellas.
Tomemos un ejemplo. Cuando alguien tiene que tomar una decisión sobre la compra de
un producto y el vendedor le ofrece dos marcas, un consumidor con tiempo y conocimientos
FI
sobre el producto puede evaluar técnicamente ambos. Pero si no tiene mucho tiempo o no tiene
demasiado conocimiento sobre el producto, tomará la decisión basado en aquel cuya marca
más resuene en su memoria. Al obrar así, habría empleado una heurística de la
disponibilidad, la cual señala que cuanto más fácil de recordar sea algo, es decir, cuanto más
nuestros puntos de vista o decisiones, solo que se callan o simplemente adhieren a lo decidido
porque la decisión ya está tomada. Esta heurística que hace que una persona tome decisiones
sin dar demasiadas vueltas creyendo representar lo que piensan los otros se llama heurística
del falso consenso. Se relaciona fundamentalmente con nuestra tendencia a suponer que las
otras personas comparten nuestros puntos de vista o preferencias en mayor grado de lo que de
hecho ocurre en realidad.
Diversas investigaciones citadas por Hogg y Vaughan (2010) demostraron que los
estudiantes sobrevaloran el porcentaje de estudiantes que comparten sus actitudes sobre las
drogas, el aborto y la política; creen que “todos” los jóvenes piensan lo mismo sobre estas
cuestiones, cuando la realidad es otra. Quienes explican las razones de esta tendencia
argumentan que las personas quieren creer que los otros están de acuerdo con ellos porque
OM
esto intensifica su confianza en sus propios juicios; acciones o estilos de vida. Pero hay que
señalar que este falso consenso no opera sobre características destacadas del sujeto, es decir, la
gente que está orgullosa de alguna característica propia no considera que el resto también la
posea, sino que en ese aspecto se considera única.
La heurística de representatividades otro atajo mental por el cual evaluamos a las
personas y las cosas por su pertenencia a la categoría a la que pertenece, juzgando que posee
.C
las características de esta. Esta heurística es la responsable de que hagamos una evaluación
rápida de una persona o un objeto basándonos en una cantidad de información bastante baja.
Un ejemplo ya sugerido es la relación entre precios y la calidad. Habitualmente asociamos por
costumbre que si un producto tiene un precio muy elevado, es porque su calidad es
DD
excepcionalmente buena y su precio refleja eso. Ello proviene de que, habitualmente, lo bueno
es caro, pero no siempre es así.
Finalmente, trataremos la imprimación, e implica cualquier estímulo que haga
aumentar la disponibilidad de información a la que accede la mente para comprender el
entorno. Por ejemplo, suele ocurrirles a los estudiantes de medicina que cuando comienzan a
cursar su carrera, empiezan a sospechar que ellos, sus amigos o sus parientes están sufriendo
LA
algún tipo de enfermedad de las que estudiaron en la Facultad. Así, es probable que un simple
dolor de cabeza los lleve a suponer que tienen un tumor cerebral o un posible ACV. A esto se lo
conoce como “síndrome del estudiante de medicina”, y se produce porque en sus materias, los
alumnos se encuentran continuamente recibiendo información sobre enfermedades, con lo que
ante la mínima dolencia, ésa es la información que mayor disponibilidad llevan a la mente. Otro
FI
ejemplo de imprimación es el estímulo que provoca en las personas ver películas de terror, ya
que después de verla, la información sobre asesinos y demonios está muy disponible para ser
empleada, por lo que cualquier sombra o ruido que se produzca en la casa –y que antes hubiera
pasado inadvertido– ahora se convierte en una fuente de pánico y terror que lleva a prender
todas las luces.
En conclusión, vemos es que las heurísticas mentales son estrategias prácticas que
emplea nuestra mente para ayudarnos a resolver cuestiones cotidianas de manera veloz, y que
la mayoría de las veces son efectivas. Sin embargo, también son las causantes de sesgos en
nuestra percepción, que nos llevan, como vimos, a considerar que un resfrío es un cáncer de
pulmón; que todas las personas comparten nuestros valores; o que lo que más presente está en
nuestra memoria es lo verdadero, importante o mejor. Existen innumerables ejemplos que
podrían contradecir las conclusiones a las que nos llevan emplear estas heurísticas, pero ello
no refuta su utilidad práctica en la vida cotidiana.
Pascal decía que el corazón tiene razones que la razón no comprende, y algo de cierto hay
en esa frase. Nuestra forma de entender el mundo social suele llevarse a cabo a partir de dos
formas distintas de pensamiento: el pensamiento intuitivo y el pensamiento racional. El
pensamiento racional es utilizado en situaciones en las cuales debemos resolver problemas
analíticos (por ejemplo, controlar un vuelto, calcular el tiempo de viaje para llegar a un lugar,
etc.), mientras que el pensamiento intuitivo lo utilizamos en muchas otras situaciones, sobre
todo, en las interacciones sociales cotidianas. De hecho, cuando intentamos comprender el
OM
comportamiento de los otros, tendemos a recurrir a lo intuitivo, debido a que es la forma más
cómoda, rápida y familiar de comprenderlos. Por eso, solemos acudir mucho más a esta forma
de pensamiento que a la racional. Las investigaciones al respecto han permitido corroborar que
solemos confiar más en lo que creemos, que en aquello que racionalmente deberíamos saber.
Un estudio que se hizo al respecto consistía en colocar en una bolsa 9 botones blancos y 1
rojo; y en otra bolsa, 90 botones blancos y 10 rojos y se le pidiera al lector que escoja una de
las dos bolsas para intentar capturar con los ojos vendados un botón rojo ¿cuál escogería, la
.C
primera, la segunda o le resultaría indistinto? En la investigación, la mayoría de la gente se
inclinó por la segunda opción (donde había 90 botones blancos y 10 rojos). Sin embargo, por
estadística la probabilidad de meter la mano y sacar un botón rojo es igual en ambas opciones
(si, exactamente igual), por lo que la respuesta más racional hubiera sido elegir la opción
DD
“indistinta”. No obstante, la gente prefería la segunda bolsa, y de hecho, los sujetos bajo estudio
llegaron a decir que estaban dispuestos a pagar dinero por garantizarse esta opción
(Kirkpatrick y Epstein, 1992).
Con ello queda claro que la mayoría de las personas no procesamos la información de
una manera totalmente racional, y por ello, a pesar de que los filósofos del pasado definieron al
LA
hombre como un ser racional, la psicología social da cuenta de que el componente irracional en
nuestras elecciones diarias (el tipo de amigos que elegimos, los lugares a donde vamos, la
forma en que nos vestimos, etc.) distan de ser decisiones tomadas sobre bases racionales, sino
que el componente intuitivo y emocional juega un papel muy importante.
FI
expectativas, que la información que es esperada o consistente. Antes habíamos dicho que
recordaríamos por mucho tiempo si vemos a un político viajando en colectivo. Ahora
explicaremos las razones, y diremos que ello se debe a que como nos resulta más difícil de
comprender la situación no es la esperada, ello nos exige prestar una mayor atención, y ese
mayor gasto de energías psíquicas ocasiona que la información tenga mayor probabilidad de
ser incorporada a la memoria, posiblemente porque lo habremos juzgado como un hecho
importante de recordar. Luego, esa información que hemos incorporado a nuestra mente podrá
ser utilizada en el futuro, siguiendo la lógica de los procesos cognitivos que ya vimos. Por
ejemplo, quizás el día de las elecciones o en fecha cercana recordemos la experiencia, y
decidamos votarlo.
Pero si bien la información que nos sorprende se guarda mejor en la memoria, y por eso
es más fácil recuperarla o recordarla luego, ocurre que cuando la información es demasiado
inconsistente con nuestras perspectivas del mundo, solemos restarle importancia o incluso
descartarla. Por ejemplo, si un diario sensacionalista titulara “OVNI secuestra a toda una
familia” esa información difícilmente pueda influir seriamente en nuestros juicios y, salvo como
chiste, será pronto olvidada por nuestra memoria.
En general, cuando observamos a los demás, nuestro procesos cognitivos nos hacen que
prestamos más atención a la información negativa que proyectan que a la positiva. Por ejemplo,
OM
si un compañero de trabajo que suele ser simpático con nosotros, un día nos frunce el ceño,
aunque lo haya hecho tan solo una vez y de manera poco perceptible, es muy probable que
inmediatamente captemos ese gesto. También ocurre que si un amigo nos cuenta las
características de otra persona, es muy posible que recordemos mucho más lo negativo que lo
positivo.
¿A qué se debe que captemos siempre lo malo? ¿Es que somos unos pesimistas y solo
vemos el vaso medio vacío? No, para nada; se trata de un mecanismo histórico de defensa que
.C
poseemos desde los tiempos de las cavernas y que la psicología social denomina vigilancia
automática. Se trata de una tendencia cuya finalidad es protegernos, pues la información
negativa proveniente del entorno puede alertarnos de posibles peligros y es crucial que la
DD
reconozcamos y respondamos a ellas lo más rápidamente posible.
La vigilancia automática es una tendencia muy fuerte, tal como lo demuestra el
experimento “efecto del rostro en la multitud”. Tal como habrá ocurrido al lector al mirar la
imagen de los smiles sonriendo, en el estudio se concluyó que somos especialmente sensibles a
las expresiones faciales negativas de los otros, tan sensibles que podemos encontrar muy
rápidamente una cara enfadada entre una multitud de personas con rostros con expresiones
LA
neutrales o felices. Asimismo, también se demostró que somos algo lentos en identificar una
cara feliz entre una multitud de caras enfadadas (Hansen y Hansen, 1988). Este mecanismo es
consistente con los antes dicho, puesto que las personas enfadadas representan una mayor
amenaza a nuestra seguridad o supervivencia que las personas felices, y por eso, nuestro
cerebro está preparado para detectarlas inmediatamente.
FI
Esto no quiere decir que el pensamiento racional nos entorpezca, ya que lo cierto es que
ha sido y es necesario para muchos progresos de la humanidad, pero a veces, en la vida diaria o
cotidiana, suele ser demasiado lógico y entorpece nuestros sentidos. Una investigación
demostró este punto proponiéndole a estudiantes universitarios que degustaran y valoraran
distintas mermeladas de frutilla. A unos se les pidió que simplemente dijeran cuál les gustaba
más, y a otros, que analizaran (racionalmente) sus sensaciones y explicaran por qué les gustó
más una mermelada que otra. Los resultados fueron que los participantes que eligieron
espontáneamente las mermeladas fueron los que más de acuerdo estuvieron con las opiniones
de los expertos en mermeladas.
Con estas conclusiones se advierte que en algunas ocasiones, pensar demasiado, nos
OM
puede acarrear confusión y frustración en lugar de en lugar de permitirnos arribar a
conclusiones mejores y más precisas. De manera que en algunos casos lo mejor es actuar; y en
otros, pensar, pero en definitiva la cuestión es qué decisión tomar.
.C
Una vez que hemos tomado una decisión, suele ocurrir que nos decimos a nosotros
mismos ¿no habría sido mejor tomar otro tipo de decisión? ¿No habría sido mejor no hacer
DD
nada? A esto se le llama pensamiento contrafáctico y es una tendencia bastante común de las
personas, de evaluar las situaciones presentes, pensando en alternativas a ellas. ¿Cómo sería mi
vida hoy si no me hubiera casado? ¿Cuál sería mi sueldo actual si no hubiera renunciado a la
empresa? ¿Dónde estaría hoy si no me hubieran encarcelado? Se trata un modo de pensar
contrafáctico, mediante el cual, llevamos a cabo una simulación mental de lo que hubiera
pasado si las cosas hubieran sido distintas.
LA
Solemos arrepentirnos tanto de las cosas que no hemos hecho que si se hace una lista de
los mayores remordimientos, es posible que la mayoría de ellos se relacionaran con cosas no
hechas, más que con las hechas. Una investigación en este campo demostró que la mayoría de
los remordimientos obedecieron a: dejar pasar un amor, rechazar un trabajo, dice el dicho: “lo
hecho, hecho está”; pero lo no hecho… ¿hasta dónde nos podría haber llevado…? (Gilovich y
FI
Medve, 1994, citado por Hogg y Vaughan, 2010. Luego, investigaron las razones de estos
remordimientos, y descubrieron que si bien las cosas que efectivamente hemos hecho pueden
generar más pensamientos contrafácticos, lo cierto es que nos solemos lamentar más por las
cosas que no hicimos, pues los escenarios posibles que ello nos deja como incertidumbre es
mucho mayor.
En este fenómeno de lamentarse por lo que pudo haber sido si hubiéramos obrado de
otro modo, también tiene mucha influencia el paso del tiempo. Sucede que habitualmente
solemos dejar pasar oportunidades por miedo o falta de confianza, y después de pasado un
tiempo, al mirar hacia atrás, podemos sentir que estos miedos no fueron justificados y que
deberíamos haber actuado. Un experimento quiso demostrar esta influencia del paso del
tiempo, y solicitó a unos individuos que hicieran una lista de sus mayores remordimientos. Los
resultados —como era de esperar— indicaron que la gran mayoría comunicaba
remordimientos por cosas no hechas (84%); y solo un pequeño grupo puso en la lista
remordimientos sobre acciones pasadas. Sin embargo, cuando les pidieron que indicaran la
acción o inacción de mayor remordimiento de la semana pasada –es decir, hechos cercanos en
el tiempo–, los resultados fueron bastante parejos para ambas categorías. Con lo cual, se
demostró que el paso del tiempo tiende a incrementar la sensación de remordimientos por las
oportunidades perdidas más que a aplacarlas, seguramente porque se puede acumular más
información para darse cuenta de todo lo que se perdió al dejar pasar aquella oportunidad.
OM
.C
DD
LA
FI
OM
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DD
LA
FI
Capítulo 5
OM
Psicología del testimonio
.C
Temas del capítulo
La importancia y el desarrollo histórico de la psicología del testimonio
DD
Los factores de influencia en las identificaciones y las declaraciones testimoniales
Algunos indicadores del engaño
El testimonio infantil
LA
I. Introducción
La mayoría de los conflictos que deben resolver los sistemas de justicia se refieren a
FI
hechos que ocurrieron en el pasado, cuya existencia llega a oídos del juez por el relato de los
damnificados y los testigos, y si bien suele creerse que si una persona ha presenciado un suceso
será capaz de relatar tal y cómo sucedió, la experiencia forense demuestra lo contrario. Todo
recuerdo se basa, por una parte, en la capacidad de la memoria que tenga la persona que
declara, y, por otra –mucho más importante aún–, por una serie de factores psicosociales
intervinientes en el momento del hecho y a posteriori, que pueden, tanto ayudar como
perjudicar la recuperación de lo vivido. Es por ello que tanto víctimas como testigos pueden
equivocarse al recordar los hechos, las circunstancias en que se produjeron, los rostros, las
particularidades de los victimarios, etc., y por ende, dejar crímenes impunes como, así también,
acusar a personas inocentes.
Es común que todas las personas cometamos errores al reconstruir el pasado —pues
ningún humano registra el entorno como si fuera una cámara de video—, y por lo tanto,
podemos no recordar a alguien que nos presentaron, la ubicación de un restaurant, o una
situación específica. Pero esto no conlleva demasiados problemas. En cambio, en el ámbito
judicial, cuando un testigo se equivoca, puede acabar con libertad, el patrimonio y la honra de
una persona. Las investigaciones dan cuenta de que el 85% de los casos que absuelven a
personas condenadas por errores judiciales, el error provino de que uno o más testigos habían
identificado erróneamente al individuo (Wells, 1998). En el mismo sentido, veinte años
después, la fundación Proyecto Inocencia ha documentado más de 150 casos en los cuales en el
75%, el error se produjo por falsas identificaciones que hicieron las víctimas o testigos
([Link], 2014). A similares resultados llegaron los estudios del Centro de
Condenas Erróneas (Center on Wrongful Convictions) de la Universidad Northwestern
([Link]), que además advierten de los peligros de las confesiones falsas o
forzadas, la inconducta de las agencias policiales, la defensa jurídica insuficiente, el testimonio
incentivado y las identificaciones erróneas por parte de testigos. Pero insistimos en que, aun en
los casos de testigos que acusan a individuos que luego se revelan inocentes, no se lo debe
interpretar como una mala intención del testigo, sino que –como veremos en este capítulo– las
investigaciones de campo demuestran que los reconocimientos o declaraciones testimoniales,
aun errados, son hechos por personas que afirman sinceramente estar muy seguras de que su
OM
decisión es correcta (Garrioch y Brimacombe, 2001). De allí la importancia de que el derecho
tome en cuenta los conocimientos provenientes de la psicología, y en especial, de la psicología
social aplicada al derecho, para dar cuenta de los factores internos que intervienen en el
proceso de recordar, tales como: atención, sensación, emoción, inteligencia, etc.; como así
también, los externos, por ejemplo: las características del hecho y las del otro, los prejuicios y
estereotipos sociales, las preguntas sesgadas que pueden contaminar la declaración, las
condiciones socioambientales en que se efectúa la declaración, etc.
.C
II. Psicología del testimonio
DD
El proceso de recordar
información existente sino solo aquella que nuestro cerebro juzga importante y que es capaz de
procesar. En particular, esta selección dependerá de diversos factores tales como: las
características del estímulo (color, tamaño, intensidad, movimiento, etc.), de la situación
(violenta, rápida, confusa, etc.), del lugar (luminosidad, distancia, distractores, etc.), como así
también de las características del propio sujeto que percibe (edad, motivación, conocimiento
codificaciones (poca luz, velocidad del hecho, etc.) o a dificultades de acceso a la recuperación
(edad, stress post-traumático, etc.), pero también a reconstrucciones o elaboraciones que
modifican la información original haciéndola más compatible con nuestros conocimientos
previos, expectativas o prejuicios, tal como ocurre cuando completamos la información que nos
falta de algo que sucedió a partir de nuestras experiencias anteriores.
OM
tener en cuenta es que a la hora de analizar una declaración dada en sede policial o judicial dos
son las variables fundamentales: la exactitud y la credibilidad.
La exactitud vincula con el análisis de los factores que pueden incidir sobre la fidelidad
o exactitud entre lo que realmente ocurrió y lo que el testigo relata, por lo que aquí se
desarrollan estrategias que puedan garantizar o mejorar este proceso. En tanto que la
credibilidad trata de analizar el grado de confianza que se le atribuye a la declaración del
testigo, indagándose las razones por las cuales la declaración de un testigo puede errar, ya sea
.C
por fallas de su memoria, como así también aquellos que lo hacen intencionalmente con el
ánimo de engañar.
Ejemplificando estas premisas, podríamos decir que la declaración de un testigo puede
ser muy exacta, pero poco creíble, tal como sería el caso de una persona que relate los hechos
DD
de un modo tan perfecto, detallista y ordenado que suscite sospecha en quien lo escucha.
Contrariamente, un relato se nos puede presentar como muy creíble, pero ser muy inexacto, tal
como ocurriría si alguien afirmara haber sido víctima de un robo en el colectivo sin poder
identificar con exactitud al delincuente ni el modo en que actuó. Estos son ejemplos extremos,
pero toda declaración se mueve dentro de estos márgenes de exactitud y credibilidad, de
LA
manera que un testigo confiable será aquel en quien este binomio correlacione a niveles altos,
es decir, alguien que recuerde bien los hechos y logre persuadir a quienes lo escuchan que no
son obra de su imaginación o fantasía.
Sin embargo, la cotidianeidad judicial demuestra que muchas veces esta correlación no
suele ser alta. En efecto, la gente recuerda mal, confunde la secuencia de los hechos, el tiempo
FI
que duró el suceso, la violencia de lo ocurrido, tampoco logran convencer a las autoridades
acerca de cómo ocurrieron los hechos o sobre su propia capacidad para recordar lo vivido o
presenciado. Frente a este escenario, las disciplinas psicosociales se interesaron, no solo por
estudiar a los testigos poco confiables, sino en especial, a los testigos muy confiables, de
manera de tratar de identificar cuáles eran las variables que intervenían para que el binomio
de ruedas de reconocimiento), en cambio, en las otras sedes, se usan con mayor frecuencia los
testimonios que reconstruyen hechos ([Link]. ¿cómo fue un accidente?, ¿cómo fue despedido el
empleado por el dueño?, etc.). En cada una de estas categorías la memoria acude a procesos
cognitivos distintos y, por lo tanto, sería un error analizar todos estos testimonios con las
mismas metodologías. En efecto, cuando se pide a una persona que relate hechos en los que se
vio implicada, esta empleará fundamentalmente en la reconstrucción del pasado el recuerdo
verbal, mientras que cuando se le requiera que identifique a una persona, lo que estará en juego
serán sus procesos visuales de reconocimiento. Para advertir la diferencia entre un supuesto y
otro, basta señalar, por ejemplo, que la curva del olvido de un rostro es distinta a la de un
hecho; en tanto que el recuerdo de un lugar, se reconstruye de modo distinto al de un rostro.
OM
Por estas razones, primero expondremos algunos de los factores que intervienen en la
exactitud y credibilidad de los reconocimientos que pueden hacer víctimas y testigos en las
ruedas de reconocimiento, y luego, estudiaremos los que afectan a las declaraciones
testimoniales que narran hechos.
persigue. En todos estos supuestos, la tarea del testigo está lejos de ser sencilla, pues si bien
todos podemos recordar los rostros de las personas con las que interactuamos, no suele ser la
situación cuando se presencia un delito en el cual se ve al autor una única vez, sin estar
preparado, bajo condiciones estresantes y durante escaso tiempo. Todo eso acarrea que, por lo
general, el recuerdo sea escaso, borroso o confuso. De hecho, el reconocimiento de rostros en
FI
estos conocimientos, se advierte la importancia de determinar qué variables influyen para que
la memoria recuerde o se confunda en el reconocimiento de rostros. Quienes han sintetizado
muchos resultados al respecto (Ibabe, 2000a) señalan fundamentalmente la influencia de
factores vinculados al hecho/autor y a la influencia de los otros sobre el testigo, tal como
detallaremos a continuación.
Etnia del autor: uno de los hallazgos más concluyentes fue que el reconocimiento de
personas de otras etnias es peor que el de los rostros de la propia (Meissner y Brigham, 2001).
El fenómeno se lo conoce como efecto cruzado de la etnia, y explica por qué las personas que
pertenecen a una misma etnia ven a los de otras como “todos iguales…”; es decir, no advierten
las diferencias y particularidades de los rostros; pues la mente para economizar recursos
tiende a generalizar y ver a todos como similares. Así se explica, por ejemplo, que los
occidentales piensen que todos los orientales son iguales entre sí. En consecuencia, cuando el
testigo no pertenece a la misma etnia del autor del delito, decrecen las posibilidades de
exactitud y confianza en su identificació[Link] consecuencias de este fenómeno es que los
testigos de la misma etnia del sospechoso tendrán mayor capacidad de reconocimiento, en
tanto que quienes no lo sean, será indefectiblemente más proclives a cometer errores.
Es interesante señalar también que lo niños pueden reconocer mejor a otros niños que a
un adulto. Es claro que aquí no es el factor étnico sino etario (edad, generacional) el que influye
en este mecanismo perceptivo de igualación de lo distinto
Peculiaridad del autor: un rostro que por alguna razón tenga ciertas características
OM
que lo hagan diferente al resto (tatuado, cicatriz, calvicie, etc.) influye en la cantidad de
atención y codificación que utiliza nuestro cerebro al estar en su presencia, y por ende, facilita
la recuperación posterior al momento de intentar el reconocimiento. La regla cognitiva en este
campo es que todo lo atípico se recuerda más fácilmente pues sale de lo rutinario, y al acaparar
más atención, la mente juzga que es importante guardar esa información, por lo que queda más
accesible en la memoria, incrementando la exactitud y confianza del recuerdo (Vokey y Read,
1992).
.C
Estereotipos y prejuicios: aunque nos moleste aceptarlo, las investigaciones
demuestran que tendemos a atribuir la realización de conductas anormales a personas con
fisonomía y vestimenta anormal y a ser más condescendiente con personas físicamente
atractivas y pulcras. De manera que asociamos características morales de potencial bondad o
DD
maldad a las personas según sus cara y su forma de vestir (Ibabe 2000b). Si bien algunas
personas luchan contra este modo de pensar, lo cierto es que este mecanismo prejuicioso
puede contaminar la percepción de los hechos cuando un individuo que tiene preconceptos
muy fuertes sobre determinada categoría social debe declarar. Si alguien juzga que todos los
jóvenes de los sectores populares son delincuentes, es probable que si había alguno de ellos en
la escena del crimen, sobre él caerá la sospecha del testigo. Debe tenerse en cuenta que los
LA
prejuicios no siempre son negativos, tal como ocurre con el caso del atractivo físico que hace
presuponer que quien lo ostenta posee también otros rasgos socialmente deseables, y por lo
tanto, en el imaginario, suele parecer difícil que una persona bella sea capaz de cometer un
delito atroz (Ovejero, 1998), lo cual –como es evidente– puede sesgar la percepción y la
declaración.
FI
llaman la atención de cada género también redundarán en lo que recuerda una u otra persona
recuerde a tenor de esta variable. Por ejemplo, es más probable que un testigo hombre
recuerde marca y modelo del auto que se dio a la fuga, toda vez que socialmente los hombres
conocen más de autos que las mujeres.
Condiciones de codificación y recuperación: El grado de exactitud de la declaración
se refuerza cuando las condiciones de codificación son buenas –por ejemplo, cuando el testigo
tiene la posibilidad de observar de cerca al autor del hecho, o cuando el tiempo de exposición
de este es prolongado– que cuando son malas (por ejemplo, iluminación insuficiente, existencia
de varios culpables, obstáculos, escasa duración del suceso). Generalmente durante el trascurso
de un delito no suelen presentarse las mejores condiciones para su posterior recuperación, ya
que el tiempo de exposición suele ser corto, la situación con frecuencia es sumamente
estresante para los testigos, y si el hecho ocurrió en la calle a la noche, se sabe que la luz
monocromática de los faroles atenta contra una buena percepción de rostros y detalles. Esto
OM
recordar luego el modelo del auto que se dio a la fuga en un accidente, mientras que para
alguien no interesado en los autos, a pesar de haber estado expuesto el mismo tiempo, la
reconstrucción del modelo del auto puede ser más dificultosa, y aquí es donde pueden
producirse los errores al tratar de reconstruir el recuerdo inventando información.
Otro problema vinculado con el tiempo es que no basta con preguntarle a la víctima o
testigo cuánto duró el suceso para evaluar su temporalidad, pues estas personas suelen
sobrestimar su duración (Loftus y otros, 1992), y por lo tanto, aunque un testigo esté muy
.C
seguro de poder identificar al agresor porque afirma haberlo visto largo rato, su percepción de
la duración del evento no debe llevarnos a pensar que su identificación es correcta por ello
(Manzanero, 2006). Un estudio al respecto llevó a cabo un experimento donde un grupo de
DD
personas presenciaba un robo, luego se les consultaba sobre la duración del hecho, y estos
estimaron que fue de algo más de dos minutos (152 segundos), cuando en realidad, había sido
de 32 segundos (Loftus y otros, 1986). A iguales resultados arriban las declaraciones
testimoniales de las víctimas de crímenes de lesa humanidad que fueron secuestradas por el
terrorismo de estado, y trasladadas a los centros de detención. En efecto, para algunos el viaje
duró una hora mientras que para otros, media hora o algunos minutos.
LA
Las conclusiones son claras y advierten sobre los problemas de percepción del tiempo
en el que pueden incurrir las declaraciones, lo que también redunda al momento de intentar
reconstruir temporalmente los hechos.
Violencia: el sentido común suele indicar que cuanto más violento es un hecho, mayor
será el impacto sobre los testigos y, por lo tanto, mejor lo recordarán. Sin embargo, no es una
FI
regla, y de hecho, pareciera que ocurre al contrario; es decir, los delitos que implican un mayor
grado de violencia se recuerdan peor que los más neutros. La explicación de esta supuesta
paradoja es que ante un hecho atroz, se incrementan los niveles de estrés y ansiedad,
bloqueando los recursos de la memoria (Mira y Diges, 1991). En estudios citados por Juárez
López (2006), se tomaron dos grupos experimentales para que vieran una escena en la cual
aparecía una mujer caminando; luego se introduce una variación para cada grupo; en el
primero, la escena da un giro absolutamente violento, y en el segundo la escena se establece en
una situación pacífica. Los resultados arrojaron que la precisión del testimonio es peor en la
situación violenta que en la situación pacífica. En la pacífica percepción puede ir apreciando el
suceso, sus matices y sus detalles, cosa que se torna extremadamente dificultosa en el primer
caso, cuando la violencia domina la escena y eclipsa a todo el resto.
Estrés y ansiedad: las dificultades que encuentran las personas para relatar hechos
traumáticos se debe a que los niveles altos de ansiedad tienden a reducir nuestros recursos
cognitivos, provocando un estrechamiento del foco de atención en el momento del delito, de
modo que la capacidad para atender a diferentes estímulos se reduce considerablemente
(Ovejero Bernal, 2008). Además, el estrés y la ansiedad también pueden proyectarse después
del hecho por medio de trastornos post-traumáticos, dificultando los procesos de recuperación
de la memoria, incurriendo en descripciones de poca calidad o inexactas.
Sin perjuicio de lo dicho, debe tenerse en cuenta que el factor que realmente afecta la
capacidad de recuerdo de un testigo o víctima no es el hecho estresante en sí, sino el estrés
experimentado frente a él; es decir, el nivel de alteración emocional realmente vivido. Por este
motivo, cabe concluir que no existirían estresores universales, sino que dependen de la
experiencia individual de cada.
Paso del tiempo: partiendo del hecho de que una persona vista una única vez durante
un corto espacio de tiempo ([Link]. 20 y 40 segundos) suele olvidarse en menos de un año,
Shepherd (1983) demostró que cuando la identificación se realizaba entre una semana y tres
meses después del hecho la tasa de aciertos era de un 50%, en cambio, cuando se dejaban pasar
once meses, disminuía drásticamente a 10%. Por lo tanto, el paso del tiempo, como era de
esperar atenta contra el reconocimiento, y de allí la necesidad de que los reconocimientos se
OM
efectúan con la mayor cercanía temporal al hecho.
Efecto de la focalización en el arma: cuando ocurre un delito en el cual el autor
emplea un arma (cuchillo, revólver, etc.), la atención de los testigos y las víctimas su focalizará
sobre este objeto en lugar de la cara del agresor, por lo que luego, al intentar identificarlo en
una rueda de reconocimiento, las personas pueden darse cuenta que no repararon en su rostro.
En consecuencia, el efecto de la focalización en el arma es un fenómeno bastante común que
.C
señala que la presencia de un arma en la escena del crimen perjudica la habilidad del testigo
para identificar el rostro del sospechoso (Sáiz Roca-Bacqués Cardona-Sáiz Roca, 2006). El
fenómeno se produce porque la atención se focaliza en el arma debido a su peligrosidad real, lo
que hace que la mente considere que lo único realmente importante es no perderla de vista,
DD
quedando en segundo lugar todos los otros detalles de la escena, incluso la identidad del
agresor.
También existen otras variables que pueden afectar el testimonio, pero que no se
vinculan con el momento de la percepción del hecho, sino con los momentos posteriores y al
tiempo de su recuperación. En particular, veremos cómo el recuerdo puede verse afectado por
las influencias del entorno. En este sentido, las variables más importantes a tener en cuenta
serán:
FI
a) El investigador que “cree saber” quién fue el autor del delito: cuando el
encargado de una rueda de reconocimiento sabe —o creer saber— quién es el culpable, se
incrementan las posibilidades de que muestre involuntariamente indicios a los testigos,
generalmente por medio de mensajes no verbales de asentimiento con identificaciones
compatibles con su juicio, tales como gestos, miradas, actitud corporal, etc. El estudio que
demostró esta tendencia,señaló que los testigos emparejados con encargados que tenían
información sobre el autor del hecho expresaron más confianza en su declaración que quienes
habían sido emparejados con encargados que carecían de dicha información policiales (Wells,
Olson y Charman, 2003). El punto de la confianza es importante, pues la certidumbre del
testigo en su identificación y la rapidez con que reconoce un rostro, redunda en la credibilidad
de su testimonio para las autoridades. El problema es que, en definitiva, el encargado de la
rueda manipula, aun sin intención, la identificación. Por lo tanto, una forma de evitar este sesgo
es que el responsable sea alguien ajeno al caso, es decir, alguien a quien se lo pueda mantener
“ciego” al resultado esperado (Sporer, McQuiston-Surrett e Ibabe, 2006).
b) El otro y sus comentarios: Los comentarios de los otros (testigos, policías, medios
de comunicación, familia, etc.) pueden influir sobre la confianza del testigo en su propia
declaración. Por ejemplo, escuchar que los demás percibieron lo mismo incrementa la
confianza en la propia declaración, pero cuando los demás tienen una historia distinta o
señalan detalles que el testigo no vio, este puede incorporar esta información, a modo casi
inconsciente, y considerarlo parte de su relato al emitir su declaración. Para demostrarlo Wells
(1998) –referencia obligada en la materia de psicología del testimonio– llevó a cabo un
experimento con testigos. A uno se le dijo que otro testigo había realizado la misma elección; a
otro testigo se le dijo que había identificado a una persona distinta que el resto y a un tercero
no se le dijo nada. Los resultados indicaron que el nivel de confianza que experimentaba el
testigo en su identificación aumentaba cuando los testigos pensaban que su identificación era
consistente con la de otros testigos, y decrecía cuando pensaban que su elección era diferente a
la de los demás. Si bien este descubrimiento parece obvio, nos permite tomar consciencia de la
importancia de evitar que se le informe al testigo sobre los otros reconocimientos, como así
OM
también—en la medida de lo posible—que los testigos hablen entre ellos, pues allí también
puede ocurrir que se construya por consenso tácito quién es el autor del hecho, como veremos
a continuación. En definitiva, debe tenerse presente que el testimonio sobre un suceso,
frecuentemente, refleja no solo lo que se vio, sino también información que se ha añadido
posteriormente, muchas veces de manera imperceptible para el testigo.
c) Información post-suceso: luego de que se produce un hecho delictivo, los testigos
conversan con los otros testigos, hablan con la policía y pueden llegar a ver la noticia por
.C
televisión. Todos los comentarios que provienen de estas diversas fuentes pueden ir alterando
el contenido de sus recuerdos, ya sea por omisiones o distorsiones, ya que la información
nueva que reciben no solo complementa el recuerdo, sino que puede alterarlo, transformarlo o
desplazarlo. Por ejemplo, basta que tras un robo un testigo diga “¡el ladrón tenía tonada de
DD
extranjero!” para que aquellos que no prestaron atención a ese detalle lo incorporen a su
historia, y tal vez lo vinculen con otras informaciones (reales o imaginarias) de la persona,
distorsionándose finalmente la declaración. Debido a que los recuerdos son construcciones
personales que se realizan por procesos automáticos e inconscientes, una vez incorporada la
información de este sutil modo, las personas pueden defender su versión con la absoluta
LA
convicción de que las cosas ocurrieron tal como las relatan sin advertir las influencias del
entorno (Manzanero, 2004). En efecto, muchas veces la propia declaración o la propia
identificación —inconscientemente sesgada— pueden quedar más grabadas en la memoria que
el propio suceso.
Pero lo dicho no debe llevarnos a pensar que todo recuerdo es susceptible de verse
FI
afectado por la información post-suceso, sino que se debe diferenciar entre recuerdos
inferenciales y recuerdos sensoriales. Los primeros proceden de conjeturas o estimaciones que
los testigos realizan basándose en diversos aspectos de lo que perciben ([Link]. la edad del
agresor, altura, peso, estado mental, etc.). Estos son muy susceptibles de verse afectados por la
información post-suceso, pero en cambio, los recuerdos sensoriales, es decir, aquellos que se
relacionan con lo concretamente percibido por los sentidos y que no deja demasiado lugar a
interpretación, son mucho más difíciles de alterar ([Link]. si el agresor usaba arito, si tenía
anteojos, si tenía una cicatriz en el rostro, etc.). Estos son menos susceptibles a la sugestión,
porque estas características no son cuestión de grado o de apreciación, sino que se han visto o
no (Manzanero, 2004).
d) Transferencia inconsciente: se trata de un extraño fenómeno psicológico causante
de graves consecuencias para personas inocentes. Se refiere a la posibilidad de que los testigos
o víctimas identifiquen erradamente como autor del hecho a una persona que han visto en otro
lugar; o en el momento inmediatamente posterior al hecho; o bien, dentro del mismo suceso.
Manzanero (2006) relata la historia del investigador Donald Thomson quien fue invitado a un
programa en vivo de televisión para hablar sobre sus investigaciones. Unos días después la
policía se presentó en su casa para arrestarlo como principal sospechoso de una violación. Lo
que había ocurrido es que la víctima mientras era abusada veía y oía —tangencialmente— a
Thompson en la televisión. Lo que ocurrió luego fue que su mente, por transferencia
inconsciente, asoció el rostro que recordaba con el abuso. Otro experimento que demostró este
fenómeno se llevó a cabo ante la presencia de 141 estudiantes, ante quienes un profesor sufría
una agresión en la universidad. Siete semanas después, los alumnos fueron interrogados sobre
el incidente y se les pidió que intentaran identificar al agresor en una serie de seis fotografías.
Los resultados arrojaron que solamente el 40% de los alumnos lo identificaron correctamente;
el otro 60% realizó una identificación incorrecta. Lo más relevante del caso fue que muchos de
los alumnos señalaron como culpable a una persona inocente que habían visto en la escena del
crimen y que era tan solo un espectador como ellos, con lo cual, se verificaba una vez más la
transferencia inconsciente (Buckhout, 1974, en Garrido-Masip-Herrero, 2006).
OM
III.2. Declaraciones testimoniales (reconstruyendo
hechos)
Hasta aquí hemos visto las variables que intervienen en el reconocimiento de personas
que cometen o participan en un delito, señalando aquellas características del individuo y la
.C
situación que facilitan su identificación, como así también, aquellas otras que la dificultan o
llevan al testigo a efectuar identificaciones erradas (también denominados falsos positivos).
En esta segunda parte, nos centraremos en los procesos mentales que llevan a cabo los
DD
testigos al momento de exponer sus testimonios sobre hechos o situaciones que percibieron en
el pasado ([Link]. ¿cómo fue el accidente? ¿cómo ocurrió el robo? etc.), por lo cual, a diferencia de
las ruedas de identificaciones en las que la respuesta del testigo solo puede ser correcta o
incorrecta, aquí las declaraciones son extensas, llenas de detalles, justificaciones y comentarios,
por lo que variarán en cantidad y calidad, y será a partir de la ponderación de estos niveles que
se juzgará su exactitud y credibilidad.
LA
Al igual que en el apartado anterior aquí también partimos del presupuesto de que
recordar es un proceso mental de construcción del pasado, en el cual, la cantidad y calidad de
información que se almacena de un suceso no será siempre la misma, sino que dependerá del
interés y atención prestada por la persona, la distancia a la que el observador presencia el
hecho, el tiempo de observación, si es de día o de noche, etc. Si bien estos son conocimientos
FI
que muchos magistrados y abogados poseen por oficio e intuición, las conclusiones de las
investigaciones psicosociales que veremos a continuación demuestran empíricamente algunas
intuiciones, y revelan algunos aspectos desconocidos del oficio. Comenzaremos por los estudios
que indagan sobre el interrogatorio, ya sea en sede policial o judicial, ya que este ámbito es en
donde el testigo/víctima tiene su primer contacto con el servicio de justicia, y donde también,
amistoso, o bien, confrontativo y agresivo (también conocida como “el policía bueno o el policía
malo”).
Con respecto a la primera dimensión, una investigación llevada a cabo sobre la fuerza
policial británica reveló que, si bien muchos buenos agentes llevan a cabo los interrogatorios
para descubrir la verdad material, la mitad de ellos seguían orientados a arrancar confesiones,
lo que puede lograrse por medios coactivos, pero también por formas más sutiles (Willamson,
1993 citado por Baron-Byrne, 1998). En efecto, como la forma violenta de obtener confesiones
origina muchas nulidades procesales —siempre y cuando la defensa lo plantee o el magistrado
lo note—, muchos agentes han adquirido formas más sofisticadas de obtener los mismos
resultados por medio de sutiles preguntas conductoras. Se trata de preguntas formuladas de
OM
una manera tal que sugieren cuál debe ser la respuesta. Tomemos un ejemplo: un modo
imparcial de preguntar en un interrogatorio de un caso de homicidio sería: ¿Podría describir el
aspecto del Sr. Fernández al llegar al salir de su casa en la noche del asesinato de su mujer? En
cambio, una pregunta conductora diría: ¿Cuánta sangre vio en las ropas del Sr. Fernández al salir
de su casa la noche del asesinato de su mujer? Planteada de este último modo, se incrementan
las probabilidades de introducir en la construcción de recuerdos del testigo la existencia de
sangre en la ropa del sospechoso, y de que su memoria “recuerde” esas manchas, aunque tal
.C
vez nunca las haya visto. El fenómeno se produce porque la memoria reconstruye el pasado por
medio de procesos cognitivos complejos, que no dan siempre resultados perfectos, y pueden
tomar elementos del medio externo para completar recuerdos, en este caso, la información de
la existencia de sangre en la ropa del Sr. Fernández contenida implícitamente en la pregunta.
DD
Además de la influencia que tiene el modo de preguntar, no debe perderse de vista la
influencia del ámbito donde se efectúa la declaración: habitualmente una comisaría, una fiscalía
o un tribunal, por parte de personas investidas con autoridad. Toda esta puesta en escena
influye poderosamente sobre la personalidad del testigo en lo que se pueden considerar dos
extremos. Uno, donde la experiencia afecta a sus nervios, lo que redunda en que efectúe
LA
declaraciones defectuosas, incompletas o erróneas; pero, por otro lado, este contexto
judicial/policial también puede generar en el testigo el deseo de agradar a las autoridades y
con ello, a exponer un testimonio que se acerque a lo que el testigo infiere que los
investigadores están esperando oír. La explicación de ello se debe a la presión hacia la
conformidad que padecen muchos seres humanos, mediante la cual, al enfrentarse con
FI
conocimiento detallado sobre el caso, y si esa autoridad dice que el sospechoso iba
ensangrentado —como en el ejemplo anterior—, así debe haber sido (aunque el testigo no lo
recuerde exactamente).
En definitiva, lo dicho hasta aquí da cuenta de que el recuerdo de los hechos es algo que
puede manipularse sutilmente desde el interrogatorio, pero no todo interrogado confunde la
versión de sus dichos por las sugerencias o comentarios que le haga el interrogador, sino que
existen determinadas circunstancias en el declarante que son las que propician que ocurra este
fenómeno:
a) padece cierta indecisión sobre cuál es la respuesta correcta
b) tiene cierto grado de confianza en quien formula la pregunta
c) mantiene una expectativa tácita de que este conoce la respuesta
Bajo estas circunstancias, una persona que es consultada sobre un hecho, y que en su
fuero íntimo no lo recuerda exactamente, se inclinará por aceptar las sugerencias de un
interrogador que parece conocer el caso y le inspira confianza. Es decir, existen altas
posibilidades de que en vez de contestar “no sé”, “no me acuerdo”, “me parece que…”, brindará
cuanto mínimo una respuesta tentativa o provisional. Luego, e independientemente del
carácter provisional con el que la persona haya sentido que emitió la respuesta, se inclinará a
creer lo que acaba de decir, especialmente si el interrogador muestra aprobación (afirma con la
cabeza, por ejemplo). Así, los testigos incorporan rápidamente todo aquello que han declarado
y que el interrogador refuerza, reconstruyendo la historia a la medida de lo que el interrogador,
sutilmente va queriendo. Este interesante fenómeno comunicacional resulta tan convincente
que hasta sujetos sospechosos de un delito que no han cometido, al ser interrogados de este
OM
modo, acaban por creer que son culpables de los cargos en su contra, internalizan la culpa y
hasta confabulan detalles en su memoria consistentes con esa creencia, tal como lo
demostraron con sujetos en condiciones experimentales Kassin y Kiechel (1996).
Asimismo, producido el testimonio en sede policial, luego el testigo deberá repetirlo al
fiscal, a los peritos, y más tarde al juez o jurado, todas estas reiteraciones de la historia irán
consolidándola, y haciendo que el testigo la relate cada vez más convencido. Por lo tanto,
.C
aunque sean recuerdos errados, transmitirá un alto grado de credibilidad que se traducirá en
un mayor poder de convicción sobre las personas que deban evaluar su declaración y juzgar el
caso en el que testimonio interviene. La repetición del relato en diversos ámbitos actúa como
una suerte de heurística de disponibilidad, pues al estar más accesible en su memoria, la
DD
historia se convierte en cada vez más segura y real. Pero debe quedar en claro que si hay
contaminación o errores en el recuerdo, al repasar la historia una y otra vez, esta se consolida
en la memoria incorporando el error o las sugerencias como si fueran parte de lo realmente
ocurridos.
Paralelamente a los estudios sobre la influencia del contenido de las preguntas que
hacen los interrogadores, otros estudios revelaron que el modo en que se formulan las
preguntas también puede influir en la exactitud del testimonio. Por ejemplo, un conocimiento
FI
OM
la forma de tomar la declaración debe ser llevada a cabo siguiendo los lineamientos de lo que
Geiselman y Fisher definieron como “entrevista cognitiva” y que veremos a continuación.
.C
Las etapas de la entrevista cognitiva
Debido a que una incorrecta forma de interrogar puede afectar o dificultar la obtención
DD
del testimonio, y que esta variable es posible de manejar para lograr incidir en la exactitud del
testigo, los psicólogos se han centrado en los últimos años en perfeccionar instrumentos para la
toma de declaraciones testimoniales de víctimas y testigos. Fue así que surgió la entrevista
cognitiva (Geiselman y Fisher, 1994). Se trata de un tipo particular de entrevista basado en los
conocimientos de la psicología cognitiva, cuya finalidad es ayudar al testigo o víctima a
incrementar sus recuerdos por medio diversas estrategias en las que se estimula la
LA
reconstrucción mental de la vivencia, tanto en el plano externo (contexto del hecho) como
interno (sentimientos, pensamientos, sensaciones, etc.). Se parte del supuesto de que si el
entrevistado logra recrear mentalmente el hecho mientras relata lo vivenciado, será más
probable que el recuerdo sea más exacto y completo. Su empleo está previsto para casos en los
que la persona tiene voluntad de declarar (habitualmente la mayoría de las víctimas y testigos,
FI
y en una menor medida los sospechosos). En estos casos, la eficiencia de su empleo ha sido
documentada por diversas investigaciones que han demostrado que su uso aumenta la
cantidad de información correcta recordada por el testigo cooperativo sin que, a su vez,
aumente significativamente la cantidad de información incorrecta (Fisher, Milne y Bull, 2011).
La entrevista cognitiva consta de cuatro partes que se articulan de manera secuencia. Se
mentalmente cómo era el lugar, el clima, los olores, los sonidos y demás circunstancias donde
se produjo el hecho…” y también “trate de recordar qué sentía…”.
2) Tratar de recordarlo todo (o compleción): una vez que la persona logró situase
mentalmente en el pasado, se le pedirá que relate todo lo que recuerda, indicándole la
importancia de que no elimine nada de su testimonio: “Cuénteme todo lo que venga a su
recuerdo, aun esas cosas que le parezcan que son sin importancia o triviales”. La importancia
de que el testigo cuente hasta detalles que no parecen relevantes proviene de que la memoria
trabaja por asociación, por lo que, a veces, recordar un detalle irrelevante puede disparar el
recuerdo de otra información que sí puede ser importante.
3) Cambiar de perspectiva: cuando se logró un relato total de los hechos, se pide a la
OM
persona que “adopte la perspectiva de otra persona que estaba presente durante el incidente”.
Esta técnica permite aumentar la cantidad de información en la declaración, especialmente
información contextual del hecho (p. ej., sobre los lugares donde estaban ubicados otros
testigos).
4) Recordar en diferente orden: finalmente, se pide a la persona que narre la historia
en un orden inverso, con lo cual, no solo se logra descubrir falsas declaraciones intencionales,
sino en especial, que el testigo recuerde algún detalle pasado por alto al contar el suceso en
.C
orden cronológico, mejorando también la exactitud global de la declaración. Puede requerírsele
en estos términos “intentemos contar la historia en un orden diverso…, por ejemplo, empiece
contando lo que lo impresionó del hecho, y luego, a partir de allí cuenta la historia hacia atrás”.
DD
Evaluando la validez del testimonio
Partiendo del supuesto de que una declaración sobre algo percibido es cualitativamente
diferente de una declaración inventada, una vez que se cuenta con la declaración íntegra del
LA
puntos:
1. Estructura lógica: este criterio estará presente cuando no se advierta
inconsistencias o contradicciones palmarias en el relato, es decir, que no existan incoherencias
lógicas entre los distintos episodios o segmentos del testimonio.
diarias de la persona. Podría ser el caso de la persona que describe que “todavía era de día
cuando nos chocó el auto, porque yo salía del trabajo y serían las seis de la tarde; como yo no
camino bien siempre me siento en los primeros asientos del micro, por eso pude ver cómo el
coche se nos vino encima por la contramano y nos chocó”.
5. Descripciones de las interacciones: se cumple este criterio cuando la declaración
contiene información sobre interacciones que involucran al menos al delincuente y al testigo.
Así: “Yo le dije que no me robara la billetera porque que tenía todos mis documentos ahí, pero
el tipo me insultó, me la arrancó de las manos y me dijo que siguiera caminando; entonces yo
seguí caminando mientras me temblaban las piernas”.
6. Reproducción de las conversaciones: este criterio estará presente cuando se
OM
reproduce parte de la conversación que tuvo lugar en su forma original y puede reconocerse en
ella a los distintos interlocutores en los diálogos y reproducirlos. Por ejemplo, “Yo le dije: ‘por
favor, cumplí con el régimen de visitas porque tu hijo te extraña y me pregunta por vos!’ y él me
contestó que no me metiera en su forma de cómo ser padre…”. Este diálogo reproducido
satisface el criterio, mientras que esto no: “entonces hablamos sobre las visitas del nene…”.
7. Sucesos inesperados durante el incidente: este criterio se cumple cuando hay
.C
elementos que son incorporados a la narración del acontecimiento de una manera inesperada,
como cuando el testigo menciona que el autor del robo tuvo problemas para encender su auto.
8. Detalles poco usuales: se encontrará presente este criterio cuando haya detalles de
personas, objetos o acontecimientos que son infrecuentes o únicos, pero que tienen sentido
DD
dentro del contexto del suceso. Por ejemplo, el testigo describe que el asaltante tartamudeaba.
9. Detalles superfluos: este criterio se cumple cuando el testigo enumera detalles en
relación a aspectos que no son esenciales para la acusación. Por ejemplo, que diga que sentía
que estaba empezando a llover mientras que lo asaltaban.
10. Relación precisa de los detalles mal interpretados: este criterio estará presente
LA
cuando el testigo menciona detalles que están más allá de su comprensión. Por ejemplo, el caso
de un niño que describa el comportamiento sexual de un adulto, pero que lo atribuya a que
“respiraba raro porque estaba resfriado”.
11. Asociaciones externas relacionadas: este criterio se cumple cuando el testigo
explica acontecimientos que no forman parte de lo denunciado, pero que podrían estar
FI
relacionados con un mismo tipo de delito, como por ejemplo cuando el entrevistado indica que
los asaltantes hablaban del asalto que habían cometido un momento antes de llevar a cabo ese.
12. Explicación de estados mentales subjetivos: el entrevistado describe
sentimientos o pensamientos acontecidos durante el evento, tales como que estaba muy
asustado o que se sintió muy aliviado cuando al final todo terminó.
13. Atribución del estado mental del delincuente: este criterio se cumple cuando el
entrevistado describe el estado emocional del victimario Por ejemplo: “Él también estaba
nervioso, le temblaba el revólver cuando nos apuntaba”.
14. Correcciones y agregados espontáneos: este criterio estará presente cuando se
producen correcciones espontáneas durante la declaración, como así también, cuando
espontáneamente el declarante añade más información al material que ya se ha dado.
15. Admisiones de falta de memoria: se cumple este criterio cuando el testigo
reconoce espontáneamente su falta de memoria, como cuando dice: “No me acuerdo
exactamente” o “No… de eso no me acuerdo”.
16. Levantar dudas sobre el propio testimonio: estará presente este criterio cuando
el testigo expresa su preocupación por el hecho de que alguna parte de su declaración pueda
parecer incorrecta o difícil de ser creída.
OM
Una vez que se efectuó el análisis de la declaración a partir del relevamiento de la
presencia/ausencia de estos 19 criterios, en función del número de criterios presentes y de la
ponderación de su relevancia en relación con determinadas variables (edad del testigo, tipo de
delito, si se ha declarado en varias ocasiones sobre el mismo acontecimiento, etc.), se puede
determinar el grado de credibilidad de la declaración. Pero para evitar falsas declaraciones –ya
.C
sean malintencionadas o no– es que la técnica aquí descripta culmina con un control final. En
esta última etapa se determinarán aspectos tales como:
a) si el lenguaje y los conocimientos expuestos son inapropiados para el testigo, tal
DD
como ocurriría en el caso de un niño que utilizara un lenguaje y mostrara conocimientos que
están por encima de su capacidad.
b) se ponderará si la emoción que expresa el testigo es adecuada al hecho que relata,
por ejemplo, si después de una ofensa sexual no se evidencian señales de crisis emocional,
dicha ausencia resultará sugestiva.
c) otro elemento a evaluar será la posible existencia de presiones sobre el testigo para
LA
OM
.C
DD
LA
FI
Capítulo 6
OM
Problemas de la memoria
y detección del engaño
.C
DD
Temas del capítulo
Recuerdos reprimidos, recuperados e implantados
Casos judiciales de implantación de memorias
Indicadores verbales y no verbales de potenciales engaños
LA
Todos sabemos qué es la memoria y qué función cumple: recordarnos las cosas. Pero la
memoria también cumple una función de protección haciéndonos olvidar algunos sucesos
traumáticos para evitar quedar paralizados por estos recuerdos y poder continuar con nuestras
vidas. Sin embargo, tal como lo descubrió Freud esta solución de los problemas que adopta
nuestra psiquis no es perfecta, pues cuando se reprimen recuerdos, estos dejan de ser
conscientes, pero no por ello desaparecen, sino que permanecen en nosotros, actuando desde
las profundidades del inconsciente, y manifestándose por medio de diversos síntomas
(histerias, fobias, obsesiones, histeria, etc.) afectando la salud psico-social del individuo. Por
ello, para curar estos síntomas, Freud proponía recobrar los recuerdos reprimidos por medio
de técnicas que los hicieran conscientes, entre ellas, la hipnosis, la interpretación de los sueños,
los actos fallidos, la libre asociación. Con ello se buscaba ayudar a que el paciente reconstruyera
sus recuerdos traumáticos del pasado, los hiciera conscientes, los resignificará, y de ese modo,
liberarse del síntoma físico en que se había convertido el recuerdo.
Bajo este marco teórico, muchos psicoanalistas comenzaron a tratar los cuadros
psicológicos de sus pacientes, interpretándolos como resultados de sucesos traumáticos
vividos en el pasado y convenientemente reprimidos. La técnica era útil, pues en muchos casos,
los síntomas desaparecían al recuperar los recuerdos (memorias recobradas) y trabajar sobre
ellos. Pero también existía el peligro de que en la interpretación del pasado que ayudaba a
hacer el psicoanalista, se deslizaran sus propias ideas sobre el paciente de cómo habían sido los
hechos, y que ello terminara constituyéndose en una verdad para éste. Un caso judicial citado
por Garrido, Masip y Herrero (2006) nos aclarará este punto.
En el año 1986, una mujer, de nombre Nadean Cool, inició una terapia para superar una
situación emocional que afectaba su vida. Durante el tratamiento, su psiquiatra empleó la
hipnosis y otras técnicas sugestivas para buscar recuerdos olvidados, con la finalidad de
hacerlos conscientes, y lograr que la paciente superara su crisis. En este buceo por su pasado, la
mujer llegó a convencerse de que había reprimido en su inconsciente haber participado en
cultos satánicos, comerse un bebé, ser violada, practicar sexo con animales y ser forzada a
presenciar el asesinato de uno de sus amigos. Sin embargo, la verdad es que nada de ello había
OM
ocurrido, sino que estos recuerdos habían sido implantados por su terapeuta por medio de
sugerencias o interpretaciones perversas que éste hacía cuando la señora Cool contaba sus
recuerdos. Cuando Cool se dio cuenta de que estaba siendo víctima de estos manejos, demandó
a su psiquiatra por negligencia obteniendo en marzo de 1997 una sentencia favorable y una
indemnización de 2,4 millones de dólares.
Este caso nos demuestra que el pasado que almacena nuestra memoria no es
inamovible, sino que puede estar sujeta a modificaciones, no tanto por yerros cognitivos (mala
.C
memoria o enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer), sino por la injerencia de
terceros, que con buena o mala intención, pueden implantar memorias falsas en nuestras
mentes.
DD
La importancia de la cuestión para la Psicología Social del Derecho, proviene de que
muchas personas afirman ante los tribunales haber recobrado con la ayuda de la terapia,
memorias traumáticas generalmente de índole sexual (abuso infantil, seducción, acoso laboral,
etc.), y muchos jueces han creído estas historias tanto como para condenar a varias personas
inocentes a penas privativas de la libertad.
De hecho hacia principios de los años 1990 se disparó el debate sobre la memoria de los
LA
niños que habían sufrido abuso sexual, y cuyo aparato psíquico se había encargado de olvidar
como mecanismo de defensa. Fue a partir de aquí que se acuñó el concepto de memorias
recobradas, para señalar que cualquier hecho significativo en la vida de un individuo puede ser
olvidado y recuperado más tarde por diversas técnicas psicológicas. Para la época, el 80% de
los artículos que se escribían sobre abuso sexual infantil incluían recuerdos e historias de diván
FI
del 90, el 80% de los artículos se centraron en falsas acusaciones de abuso (Ovejero, 2008, con
remisión a la investigación de Sivers, Schooler y Freyd sobre estos guarismos).
Fue así que surgió la dicotomía de resolver si las memorias recobradas debían ser
consideradas reales o falsas, concluyéndose que hay auténticas memorias recobradas, pero
también hay memorias falsas creadas por sugestión de un tercero o imaginación del individuo
que afectan la vida del individuo (y de los demás) tanto como los recuerdos reales.
Debe quedar claro que cuando hablamos de memorias recobradas nos referimos a
información almacenada en la memoria se convierte en inaccesible por un período de tiempo
(generalmente por represión), después del cual, se recupera de forma intacta por medio de
terapia y ayudan a superar síntomas y patologías psicológicas. Por ejemplo, el estrés
traumático que provoca vivir una situación altamente estresante (guerra, secuestro, violación,
etc.) hace que la persona olvide lo ocurrido al precio de vivir con fobias, manías, etc. De allí que
recobrar estas memorias puede ser una fuente útil de información, ya sea tanto para curar
patologías psicológicas, como así también, para iniciar procesos judiciales por hechos
olvidados.
Pero como vimos, no siempre la memoria es perfecta en su tarea de reproducción del
pasado. A veces nuestros recuerdos pueden fallar, porque olvidamos o distorsionemos ciertas
partes de lo que vivimos, tal como ocurre cuando incurrimos en fracasos en la recuperación (no
recordar el nombre de una calle), errores de omisión del recuerdo (omitir la presencia de
OM
alguien en un relato) y fracasos de reconocimiento (no reconocer el rostro de una persona que
se vio con anterioridad). Pero otras veces, nuestra memoria falla porque agregamos cosas,
personas o hechos que no han sucedido jamás. Esto último puede ser que lo hagamos sin un
deseo consciente de engañar al otro, sino porque creemos firmemente que las cosas ocurrieron
del modo en que nuestra mente nos dice que ocurrieron. A estos falsos recuerdos los hemos
denominado memorias falsas, e insistamos en que no se trata de mentiras, pues no se emplean
.C
con la intención de engañar al resto, sino que son el resultado de errores en la interpretación
del pasado, surgidas a partir de ideaciones propias o por influencia de terceros.
Una regla para diferenciar entre un error de la memoria y una memoria falsa es que por
lo general, los errores de la memoria obedecen a la omisión (de algo/alguien), en cambio, las
DD
memorias falsas implican la adición de información que nunca aconteció o que no aconteció de
la forma recordada.
Un caso judicial
LA
Hemos visto que en el marco de una terapia, un psicoanalista perverso puede conducir a
una persona a interpretar de un modo descabellado su pasado. Pero el consultorio no es el
único lugar donde se pueden implantar memorias falsas, sino que cualquier persona con alguna
capacidad de persuasión puede hacerlo sobre alguien que esté en una situación de
vulnerabilidad, y tal situación, suele presentarse con las personas que son sometidas a
FI
policía siendo señalado como culpable; el deseo de notoriedad; el deseo de proteger a alguien;
y una falla para distinguir entre realidad y fantasía, que se produce cuando el entorno afirma
que algo ocurrió de cierto modo y el sujeto terminar por creerlo. Esto fue lo que ocurrió en este
caso, en donde a partir de información engañosa, una persona culminó aceptando el relato que
escuchaba por sobre su recuerdo de lo sucedido (Kassin y Gudjonsson, 2004).
Este fenómeno provocado por medio de información engañosa que brinda una fuente
de autoridad, se conoce como “Efecto de la información engañosa”, y señala que si a una persona
se le brinda información falsa que afirme que ha hecho algo, es posible que, si las condiciones
son las propicias, termine creyéndolo. El fenómeno se genera en tres etapas. Las primera es la
presentación de un hecho, luego, la introducción de información falsa sobre el suceso (lo cual
OM
puede ocurrir en un interrogatorio, pero también, por comentarios de otras personas), y
finalmente, el ciclo concluye cuando se le hace “recordar” al individuo el suceso implantado, por
medio de preguntas, en cuyas respuestas el individuo recordará la memoria falsa implantada, y
también puede idear por sí mismo relaciones entre sucesos pasados para hacer más coherente
el relato.
Pero la implantación de una memoria falsa en el ámbito judicial no solo puede provenir
de la información engañosa con la que se enfrenta al sospechoso de un delito o un testigo, sino
.C
también de modos mucho más sutiles, casi imperceptibles. En efecto, la forma en que se hacen
las preguntas a una persona pueden conducirla a desarrollar memorias falsas. Por ejemplo,
cuando se le pregunta alguien ¿de qué color era la campera que llevaba el hombre atropellado?
DD
(cuando en realidad, no llevaba ninguna campera). Esta pregunta (con información falsa) hace
que las personas —si no tienen un recuerdo muy nítido del pasado—, incorporen la
información que la pregunta sugiere, en este caso que el hombre llevaba campera, y se animen
a contestar (inventando) el color de la misma, la forma, etc.
Este tipo de supuestos es más común de lo pensado, pues la rutina hace que muchos
miembros de las fuerzas de seguridad y la justicia, tengan ideas preconcebidas acerca de cómo
LA
son las cosas (cómo es generalmente cometido el delito pasional, cómo se hacen las estafas, las
violaciones, los abusos, etc.). Ello provoca un sesgo confirmatorio, que hace que busquen, no ya
“la verdad” de lo ocurrido, sino lo que ellos suponen que ha ocurrido. Ello podría llevarlos a
formular preguntas sugestivas, que tiendan a comprobar su hipótesis. El punto es clave, pues
las expectativas del otro, afectan el tipo de preguntas que realiza, y como sabemos, ello podría
FI
creados en nuestro interior, es decir, entre los que imaginamos y lo que realmente ocurre.
Tanto la percepción de los estímulos externos, como la de los propios pensamientos, producen
información que se memoriza, y para una persona, los recuerdos generados por estímulos
internos, son tan reales como los recuerdos generados por los estímulos externos. De manera
que aún las fantasías pueden convertirse en hechos considerados absolutamente reales por una
persona.
Para probar este punto, los investigadores examinaron a personas que tenían memorias
traumáticas que muy posiblemente fueran falsas. Se contactaron con personas que afirmaban
“haber sido secuestrados por extraterrestres” (lo que es altamente probable que fuera una
memoria falsa) y les solicitaron que contaran su historia. Los resultados indicaron que estas
personas al recordar la experiencia, presentaban una elevada respuesta fisiológica (sudoración,
OM
angustia, temblores, llantos, etc.) similar a la de las personas expuestas a situaciones de guerra
y otros sucesos traumáticos reales. Es decir, creían realmente lo que su imaginación habría
creado, tanto es así que sus cuerpos reaccionaban ante este recuerdo falso tal como lo harían
con un recuerdo verdadero. Este estudio, si bien no pudo revelar cómo diferenciar recuerdos
falsos de verdaderos, señaló la complejidad de la cuestión.
Lo que sí pudo determinarse es que cuando las personas relatan recuerdos reales
.C
(probados empíricamente por otras fuentes, lo que garantiza la certeza) su discurso emplea
más más información del contexto y mayor detalle sensorial, es decir, relatan con más
detenimiento el ámbito donde sucedieron las cosas, las personas que estaban y las sensaciones
que se tuvo durante el suceso; mientras que las falsas memorias poseen informaciones
DD
idiosincráticas de la persona, señalándose particularidades, y son más subjetivas, apelando a
adjetivación y juicios sobre los individuos.
Para mayor profundización del tema pueden relevarse diversos trabajos en el Journal of
Association for Psycological Science ([Link] en la página del profesor del
Williams College, Saúl Kassin ([Link] y en [Link] entre
otros.
LA
verbales, con el fin de crear o mantener en otras personas una creencia que el propio
comunicador considera falsa (Massip, Garrido y Herrero, 2004: 479). En este sentido, nos
abocaremos a exponer los descubrimientos que la psicología social ha hecho sobre la cuestión,
y las aplicaremos al campo del derecho, en especial, en el estudio de declaraciones que hacen
las personas en sede judicial.
Lo que intentaremos llevar a cabo por medio de la ciencia es algo que ha develado la
mente de los juristas y de todo aquel que ha tenido que resolver contiendas entre personas, es
decir, ¿cómo discernir si el sospechoso de un delito miente?, o bien ¿cómo saber si quien acusa
dice la verdad?
Históricamente, podríamos citar la famosa sentencia del rey Salomón en el episodio de
las dos madres. Ocurrió que en sus tierras, había dos mujeres que habían dado a luz el mismo
día, pero uno de los niños había nacido muerto; y en la confusión, las dos se peleaban por la
maternidad del niño vivo. No pudiéndose poner de acuerdo entre ambas, fue así que el caso
llegó a presencia del rey. Escuchados los argumentos de ambas madres, y no pudiendo
encontrar pruebas que le permitieran dirimir quién era la verdadera madre, el rey ordenó que
partieran al niño al medio y dieran una mitad a cada mujer. Una de ellas estuvo de acuerdo, sin
embargo, cuando se estaba por dar cumplimiento a la orden, una de las mujeres se adelantó y
rogó al rey que si esa era su decisión, prefería que dieran el niño a la otra. Frente a ello,
Salomón supo quién decía la verdad, y dijo: Entregad el niño a esta mujer, y no lo matéis; porque
ella es su madre.
En la Edad Media, se creía que Dios no solo había creado el mundo y se había echado a
descansar, sino que continuaba interviniendo diariamente en los problemas de los hombres, ya
sea para ayudarlos o condenarlos. Por eso, cuando un acusado era llevado ante la justicia, la
OM
forma de comprobar si había cometido el delito que se le imputaba (descubrir la verdad) era
someterlo a peligrosas pruebas denominadas “ordalías”. En ellas, por ejemplo, se hacía caminar
al reo por brasas ardientes, y si salía sin quemaduras, era prueba de que era inocente, pues
había ocurrido una intervención divina (Tomás y Valiente 1979: 135). También la tortura
ocupó un lugar destacado en la historia de la búsqueda de la verdad, ya que se la ha empleado
desde la antigua Grecia (Rinaldi 1986), pasando por la Inquisición de la Edad Media (Lea, 1983)
y aunque en la mayoría de los países de occidente fue abolida formalmente durante el siglo
.C
XVIII, sigue siendo un modo empleado de obtener testimonios y confesiones (Amnesty
International, 2000). Basta con pensar en las dictaduras latinoamericanas de finales del siglo
XX, o las declaraciones testimoniales obtenidas para lograr la captura de Osama Bin Laden a
cargo de los Estados Unidos a comienzos del siglo XXI (ver las películas “La noche más oscura”,
DD
“Guantanamo”).
Este deseo y ansia por conocer la verdad, llevó a que algunas personas buscaran en la
ciencia el descubrimiento de métodos que, sin vulnerar la dignidad humana, pudieran dirimir si
un relato era verdadero o producto de la imaginación. De allí que el campo de estudio se centró
en el estudio de los testimonios falsos, es decir, aquellos que eran producto de una deliberada
LA
Ahora bien, por lo general, mentir es ocultar, tergiversar o inventar información, y ello
habitualmente afecta emocionalmente al individuo, es decir, puede ponerlo nervioso, ansioso,
etc. Pero toda persona que miente no quiere demostrar estos estados de ánimo, por lo que hará
lo imposible para reprimirlos y que no se adviertan desde el entorno. Pero el esfuerzo
consciente por reprimir emociones no siempre es sencillo, y por lo tanto, una forma de hallar
señales o indicios de que posiblemente no estemos ante una persona sincera es observar los
mensajes no verbales (postura, rostro, mirada, movimientos, gestos) que emite. Es claro que si
una persona “dice” que está feliz pero su rostro “transmite” la información contraria, haríamos
bien en creer que esa información no verbal es más sincera que la verbal. El ejemplo es básico,
pero es la esencia de la técnica que muchos investigadores han desarrollado como un método
para detectar mentiras. Con mayor especialización, quienes se especializan en este campo
pueden llegar a descubrir que, aun un rostro feliz, puede transmitir tristeza por medio de su
voz, o bien, con una actitud corporal que contradiga la felicidad que predica.
En efecto, el cuerpo tiene muchos canales por medio de los cuales informa al entorno su
estado emocional y es prácticamente imposible para los individuos controlar todos a la vez (De
Paulo, 1992). Por ello, los investigadores sostienen que, incluso quienes mienten
frecuentemente por profesión o hábito, pueden quedar al descubierto si se sabe prestar la
debida atención a los mensajes no verbales del cuerpo. Por ejemplo, si estos sujetos se
concentran mucho en controlar sus expresiones faciales y el contacto visual (para aumentar su
credibilidad), es probable que desatiendan los movimientos corporales y sus posturas, y si
atienden mucho a estos, es posible que olviden controlar su timbre de voz, y será allí donde se
descubrirá el engaño.
OM
Algunos indicadores no-verbales del engaño
Hemos dicho que el cuerpo transmite información al entorno para que los demás la
interpreten y obren en consecuencia. Si una persona está triste, su rostro, su voz y su cuerpo
transmitirán este estado emocional. Pero si una persona no está triste, e intenta hacerse pasar
por tal (un acusado que quiere dar la impresión de que está apenado por la muerte de la que se
.C
lo acusa), quizás, pueda imitar conscientemente algunas particularidades de un individuo
triste. Pero el vínculo de las emociones con su expresión corporal es tan compleja, que impide
que no se cometan errores, y se descuiden detalles que delaten el ardid. Asimismo, este proceso
interior conlleva un conflicto, pues ya sea para ocultar información o sentimientos, como para
DD
fingirlos, el cuerpo debe operar de un modo distinto a lo que lo hace cuando simplemente se
deja fluir por los sentimientos que lo embargan o relata hechos de los que ha sido testigo o
parte.
Ahora bien, existen indicadores específicos que delatan a una persona cuando padece un
conflicto interior (que puede ser el indicio de que no está siendo sincera), y los más accesibles
para la detección son los siguientes:
LA
Tal vez el más conocido sea la discrepancia entre canales. Se trata de un supuesto que se
presenta cuando la persona transmite un mensaje con los gestos faciales, pero lo contradice
con el cuerpo, con la mirada o con la voz. Por ejemplo, una persona que afirme estar relajada y
tranquila, pero que a la vez, esté con la mirada huidiza y las piernas en continuo movimiento.
Tales indicadores nos revelarían que la información es contradictoria y que, en realidad, está
FI
reparaciones de frases, es decir, casos en los que se comienza una frase, se interrumpe, y vuelve
a empezar.
Un tercer elemento lo ocupa el rostro, pues es una importante fuente de información.
Un investigador que hizo de la detección de mentiras su objeto de investigación fue Paul Ekman
(quien luego inspiró la serie televisiva “Lie-to-me”). Ekman sostiene que cuando hablamos o
escuchamos, los músculos de nuestro rostro hacen pequeños movimientos o microexpresiones
que son prácticamente incontrolables por el sujeto, y que revelan emociones subyacentes tales
como alegría, desprecio, odio, sorpresa, miedo, etc. La detección de estas microexpresiones es
difícil por la velocidad en que se producen, pero con la práctica, se aprenden a percibir, y con
ello, a descubrir los sentimientos, emociones y estados de ánimo de cualquier persona con la
que se interactúa.
Asimismo, cuando las personas están mintiendo o intentando disimular sus estados
internos, a veces presentan expresiones faciales exageradas, como poner caras de tristeza
exageradas, o reír mucho ante un mal chiste (habitualmente del jefe). También las reacciones
exageradas son indicadores de falta de sinceridad, tal como podría ocurrir si alguien se enoja
mucho por tener que responder algunas preguntas ante un interrogatorio; o da muchas
excusas para explicar por qué no hizo algo (no ayudar a alguien en peligro, por ejemplo, en un
caso de abandono de persona).
Finalmente, el contacto visual nos puede revelar un conflicto entre lo que se expresa y lo
que se siente o piensa. Una señal de este conflicto es que la mirada se torna esquiva y evita
cruzarse con los ojos de su interlocutor. Pero, cuidado, también deberemos tener precaución
ante un contacto visual sorprendentemente fijo, ya que esto revela que se está intentando fingir
sinceridad (Kleinke, 1986). Otro indicador de conflicto interior vinculado a los ojos es el
OM
aumento de la frecuencia de los parpadeos, como así también el dilatamiento de las pupilas.
Estas señales es importante tenerlas en cuenta puesto que al ser reflejos involuntarios, su
control es prácticamente imposible.
.C
Las investigaciones que analizaron concretamente el ámbito judicial dan cuenta acerca
de la actitud y comportamiento que suelen presentar los testigos o sospechosos cuando hacen
sus exposiciones y han determinado que quienes mientan presentan habitualmente estas
DD
características:
serán menos comunicativos o más retraídos que quienes digan la verdad (darán
respuestas más cortas, con menos detalles, etc.)
sus narraciones serán menos perfectas que las de quienes digan la verdad
LA
(menos fluidas)
se mostrarán menos positivos y agradables que quienes digan la verdad.
(parecerán menos amigables, sonreirán menos, etc.)
se mostrarán más tensos (parecerán más nerviosos, hablarán con voz más
aguda, jugarán con algún objeto, se les dilatarán las pupilas)
sus declaraciones presentarán menos imperfecciones naturales y menos
FI
de engaños, pues requieren mucha práctica en el intérprete, como así también, la seguridad de
que no hay otras variables que están afectando al comportamiento. Reconocer mentiras no es
una tarea sencilla, pues no hay signos que sean inexorablemente indicadores de engaño, sino
que los datos que obtendremos son meras presunciones, que si son acompañadas de otras
evidencias más contundentes, pueden ayudar a resolver casos judiciales, pero no sirven como
pruebas definitivas. En efecto, es lógico que una persona que está siendo interrogada esté
nerviosa, y que a pesar de ser inocente, trate de disimular que lo está. De allí la prudencia en la
aplicación de esta técnica.
Algo que también puede conducirnos a cometer errores en la interpretación de los
indicadores conductuales del engaño es lo que Ekman llama error de idiosincrasia. Es decir, las
personas difieren en su forma habitual de comportarse según su lugar de procedencia, clase
social, religión, etc. Para poner un ejemplo extremo, digamos que las personas que viven en las
montañas son más calladas y reservadas que las que viven en las ciudades, y en caso de ser
acusados, su parquedad no debe llevar a suponer culpabilidad. Por ello, al observar la conducta
de alguien para determinar si está mintiendo, debemos tener en cuenta su conducta en
situaciones similares. Personas poco comunicativas tenderán a hacer declaraciones cortas, o
bien, individuos tímidos apartarán la mirada, pero no por ello, debemos imputar a esta
conducta ser indicador de engaño si no se encuentran otros elementos que acompañen esta
presunción.
Para concluir debemos saber que las personas que no están habituadas a tener que
evaluar declaraciones de testigos o acusados (legos) tienen tendencia a creer lo que escuchan,
salvo que estén advertidos o que adviertan contradicciones claras. A esto se lo conoce como
sesgo de veracidad (truth bias). Pero lo que aquí nos importa es que las personas encargadas de
tomar declaraciones o hacer interrogatorios, poseen un sesgo contrario, llamado “sesgo de
OM
falsedad” que los lleva a considerar que las declaraciones son en su mayoría falsas (Meissner y
Kassin, 2002). Por lo tanto, es importante conocer estas tendencias en los investigadores
judiciales, para obrar con prudencia.
.C
Otra forma de distinguir mentiras de verdades fue elaborada, no ya a partir de los
mensajes que transmite el cuerpo, sino de las palabras que emplean los individuos para
DD
construir sus declaraciones. Pero para entender este modelo, antes debemos comprender muy
brevemente cómo se almacenan los recuerdos. Los investigadores Johnson y Raye (1981)
establecieron que los recuerdos que preservamos en nuestra memoria pueden provenir de dos
fuentes: una externa, basado en los procesos perceptivos del sujeto (lo que vio, escuchó, sintió
etc.), y otra interna, basado en su imaginación, razonamientos, pensamientos y/o imaginación.
Ahora bien, podemos recordar cosas que hemos visto y oído, como así también, cosas
LA
que hemos pensado o imaginado, y lo fundamental, diferenciar unas de otras (¿esto sucedió o
solo lo imaginé?). Lograr diferenciar adecuadamente estas dos cosas nos hace sanos
psicológicamente, ya que poder controlar la realidad diferenciando fantasía de realidad nos
permite no estar perdidos en este mundo.
Finalmente, los autores señalan que los recuerdos también pueden clasificarse según el
FI
tipo de información que almacenan. Esta puede estar relacionada con: atributos contextuales
(tiempo y lugar), atributos sensoriales (formas, colores, aromas, sonidos), atributos semánticos
(palabras, frases) y operaciones cognitivas (pensamientos, inferencias, deducciones). De allí
que cuando se intenta recordar algo, nuestra mente compone el recuerdo combinando esta
información ([Link]. a qué hora y en qué lugar pasó tal cosa, si hacía calor, que nos dijo tal
Partiendo del supuesto de que las mentiras pueden descubrirse prestando atención a
las palabras que emplean los sujetos para comunicarse, una investigación intentó desarrollar
un método que permitiera identificar las características de los correos electrónicos que ocultan
mentiras en su texto (Zhou, 2004).
La hipótesis de la que se partió es que existen características lingüísticas y de contenido
de los mensajes que al evaluarlas en conjunto, permiten identificar mensajes falsos o
OM
sospechosos de forma fiable.
Para ello analizaron diversos correos, determinando que quienes mienten mostrarán en
sus mensajes mayor cantidad de palabras, sus textos serán más expresivos, con mayor cantidad
de adjetivos y adverbios que de nombres y verbos. Tendrán más emociones positivas, y mayor
cantidad de abreviaturas. Asimismo, acudirán al empleo de referencias grupales, términos
generalizadores y darán escasas referencias de información espacio-temporal y perceptual.
.C
Sin perjuicio de que los investigadores han intentado realizar programas de
computadora que puedan rastrear estas características en los e-mail, lo cierto es que debería
tenerse en cuenta las peculiaridades del lenguaje de cada persona concreta, pues las personas
que suelen escribir habitualmente harán mails más extensos y de mayor complejidad, sin que
DD
por ello pueda afirmarse que esta característica por si sola convierta en fiable el correo.
Además, también debería tenerse presente la influencia de otras variables de las personas
como edad, el contexto donde escriben y el idioma, pues ello puede influir en el estilo de
escritura (Garrido y otros, 2006).
LA
FI
Capítulo 7
OM
Testimonio infantil
.C
Temas del capítulo
El niño como testigo: estereotipos y rupturas de estereotipos
DD
Capacidad cognitiva de los niños para manipular la verdad
Recaudos a tener en cuenta al entrevistar a un niño
LA
El testimonio infantil
Un segundo tema vinculado a la psicología del testimonio se relaciona con las
FI
declaraciones que hacen los niños en sede judicial, no tanto en su calidad de testigos, sino
fundamentalmente como víctimas de maltrato, abuso sexual, etc. En el análisis del testimonio
infantil existen dos perspectivas que pueden adoptarse. Una que afirma que los niños tienen
capacidad desde muy pequeños para dar testimonios creíbles, por las investigaciones se
centrarán en por estudiar la potencialidad y los límites de esta capacidad. La otra perspectiva
da por supuesta esta la capacidad, y se interesa por procurar que los peritajes no sean
rechazados por los tribunales, por lo que indaga sobre las prácticas que los peritos deben evitar
para no contaminar las declaraciones infantiles. Debido a que nuestros intereses se vinculan
íntimamente con los aspectos jurídicos de la psicología social nos focalizaremos en esta
segunda perspectiva, puesto que la primera interesa más a los psicopedagogos que trabajan
con el aprendizaje de los niños. Asimismo, debemos tener en claro que el estudio del testimonio
infantil no solo tiende a proteger la integridad psicofísica de las víctimas infantiles, sino
también, la de personas adultas que pudieran ser acusadas falsamente por niños que, merced a
entrevistas sesgadas o fantasías no detectadas, aporten testimonios incriminatorios hacia
individuos inocentes.
OM
tendencia, pues exigen que el niño demuestre su capacidad para distinguir entre la verdad y la
mentira para que su testimonio sea válido. De allí que sin que esto sea un estigma, se puede
considerar que en comparación con el adulto, el niño es un testigo de segunda categoría, es
decir, alguien sobre el que recaen dudas sobre su capacidad para testimoniar.
En cuanto al ciudadano medio y su concepción del niño como testigo, un experimento
indagó sobre esta tendencia a desconfiar de la calidad del testimonio infantil en comparación
.C
con el del adulto. Inicialmente se mostró a diversas personas fotografías. Estas eran retratos de
individuos tomados durante la infancia, la edad madura y la vejez. Mientras se les exhibían las
fotos al azar se les preguntaba ¿le parece que esta persona suele contar cosas que no son ciertas?
Los resultados arrojaron que quienes observaron el rostro de un niño, con independencia de si
DD
este era facialmente aniñado, intermedio o maduro, estimaron que esa persona contaba más
cosas falsas que quienes observaron una fotografía de la misma persona con más edad (Garrido
y otros, 2004), con lo cual quedaba en evidencia cierta tendencia social a desconfiar de los
niños en cuanto a sus dichos.
Las razones que se esgrimen para creer menos en el testimonio del niño son: su menor
capacidad de atención, su mayor dificultad para retener lo percibido, su mayor facilidad para
LA
ser sugestionado, su dificultad para distinguir realidad de fantasía, el incurrir en mayor número
de contradicciones, una narración menos coherente y una menor capacidad moral para juzgar
las consecuencias de afirmar algo falso bajo juramento. De allí que sea bastante común que las
estrategias que habitualmente utiliza la defensa para desacreditar el testimonio infantil sea
apelar a este imaginario popular sobre la cuestión, y argumentar que la tardanza en denunciar
FI
los hechos; la sugestión; la falta de memoria; la coacción; etc. son indicadores a tomar en cuenta
para ponderar la verosimilitud del relato.
De hecho, Juárez López (2006) en su estudio sobre “El menor como testigo” revela que
las diversas investigaciones que se hicieron sobre la concepción que tienen los actores jurídicos
sobre el testimonio infantil señalan que mientras que los profesionales intervinientes en los
procesos judiciales en su mayoría aceptan la capacidad del niño para declarar, los abogados
defensores en su mayoría no lo hacen. Asimismo, en cuanto a los jueces, estos se dividen entre
aquellos que creen que los niños son cognitivamente competentes y aquellos que no lo son. Los
primeros consideran al niño como sincero, mientras que los segundos, los consideran como un
ser fantasioso, sugestionable y propenso a engañar. Por lo tanto, será tarea del abogado
demostrar cómo ocurrieron los hechos, teniendo en cuenta los posibles sesgos de sus
juzgadores, tratando de desactivar los estereotipos que pesan sobre las declaraciones
testimoniales de los niños.
Rompiendo el estereotipo
Si bien el estereotipo sobre las declaraciones del niño nos revela que en un juicio, las
partes y los magistrados se inclinan por la tendencia a preferir la del adulto, lo cierto es que en
algunas circunstancias concretas, el testimonio infantil se convierte en algo más creíble aún
que el de los adultos. Se trata de casos donde los niños declaran como víctimas de abuso sexual.
Las variables que influyen en la convicción que pueden presentar estos relatos se vinculan con:
el factor honradez y el factor capacidad.
OM
Factor honradez: La gente supone que un niño conoce muy poco de las partes del
cuerpo, en especial los genitales, y de las cosas que hacen los adultos para obtener placer con
ellas. De allí que cuando relatan hechos que, por lo general, se supone que solo los adultos
conocen, se considera que el hecho ha sucedido y se incrementa el grado de verosimilitud del
testimonio del niño. Un experimento que lo demuestra, presenta a unos lectores unos hechos
basados en un caso real. El hecho se relata así: “Una niña, finalizado el día de clases espera a
que la vengan a buscar. Durante la espera, un profesor que ha permanecido en el colegio más
.C
de lo habitual la invita a entrar en su despacho y le pide que le practique sexo oral. En el
juzgado, la madre recuerda que al recogerla la encontró acongojada, y tras mucho preguntarle
qué le había pasado, una semana después, la niña le confiesa el abuso que había padecido. En
defensa del profesor, un administrativo refiere que su conducta siempre fue intachable. El
DD
acusado explica que ese día se quedó corrigiendo exámenes, y que yendo para su despacho
habló brevemente con la niña. La defensa argumentó que los hechos que relataba la niña eran
falsos y que se debían a una venganza de esta y a los efectos de la sugestión del interrogatorio
al que la sometiera su madre”.
Ahora bien, estos fueron los hechos. En el experimento se fue modificando la edad de la
LA
víctima para analizar cómo era interpretado el caso. A un grupo de lectores se les dijo que la
niña tenía 6 años, a otros 14 años y al tercero, que se trataba de una joven de 22 años. Los
lectores debían juzgar la credibilidad de la víctima y la culpabilidad del acusado. Los resultados
arrojaron que en cuanto a la edad, se halló que la culpabilidad y credibilidad se redujeron
progresivamente a mayor edad de la víctima. Las diferencias fueron abismales cuando se
compararon los extremos (6 y 22 años), y no tanto al compararlas con la edad de 14 años. En
FI
consecuencia, se advierte que una niña que acusa de abuso sexual a un adulto es más creíble
que una joven de 22 años (Bottoms y Goodman, 1994).
Factor capacidad: Este factor también rompe el estereotipo de niño testigo y se
presenta cuando el niño relata un hecho que vivió con seguridad y coherencia, lo quee destruye
un testimonio es verdadero o falso. De modo que sus pericias no pueden ser admitidas como
evidencia científica en casos criminales para condenar o absolver solo en base a ellas, sino que
deben complementarse con otros materiales probatorios. Sin perjuicio de ello, no debe
descartarse la inestimable utilidad que pueden presentar en la investigación policial para
orientar las actuaciones y recabar elementos de prueba contundentes que ayuden a confirmar
las manifestaciones del niño.
OM
Así como existe un preconcepto que lleva a no confiar en la declaración de un niño,
salvo que exista la presencia de los factores capacidad y honradez antes descriptos,
paradójicamente también existe la tendencia a sostener, como una verdad indiscutible, que “los
niños no mienten”.
Villanueva y Clemente (2000) se refieren a la capacidad infantil para engañar,
definiéndola como una manipulación de la conducta de los demás a través de la manipulación
.C
de la información con el objetivo de inducir una creencia falsa sobre la realidad. Esta conducta,
sin perjuicio de su connotación negativa en términos morales, es señalada por los autores como
una acción práctica de la vida real, una habilidad especial que poseen los humanos y que
contribuye a la supervivencia. De este modo, afirman que las capacidades indispensables para
DD
la elaboración de una mentira requiere: a) capacidad mental para darse cuenta de que puede
inventar creencias falsas en la mente de los demás; b) un control de sus actos mentales que le
permita ocultar información que sabe que es verdad al tiempo que expresa algo que es falso, es
decir, vencer la tendencia a proporcionar verdadera.
Ahora bien, advertimos así que la mentira es una práctica social más, por lo que resta
indagar si los niños tienen desarrollada esta capacidad, y a partir de qué edad la mente infantil
LA
la mesa que estaba a su espalda había un juguete sorpresa, pero que no podía mirar hasta que
él se lo enseñara. Luego, jugaba con el niño y, al terminar, le decía que tiene que marcharse y lo
dejaba solo en la habitación. Los niños son observados a través de un espejo unidireccional. El
experimentador retorna luego de que el niño ha mirado el juguete prohibido o han pasado 5
minutos. “¿Miraste?”, le pregunta al niño mirándolo a los ojos, y descubre que de los 33 niños,
solo 4 respetaron la consigna de “no mirar”, es decir el 12%. De los 29 niños que miraron, el
38% reconoció haber mirado, 38% mintió diciendo no haber mirado, y 24% no respondió
omitiendo dar respuesta. En conclusión, los niños saben mentir y lo hacen con bastante
tranquilidad, en tanto que los resultados también arrojaron una diferencia de género, según la
cual, los niños fueron más propensos a admitir la falta que las niñas, en efecto, el 73% de los
que negaron haber mirado, eran niñas (Lewis, Stanger y Sullivan, 1989).
En psicología jurídica, más allá de saber si los niños mienten o no, lo que más interesa
saber es si el niño es capaz de ocultar la verdad cuando un adulto se lo pide o cuando lo
amenaza, ya que es poco frecuente que un niño delinca y quiera ocultar su culpabilidad, y
mucho más común que sea víctima de abusos sexuales de adultos que les prohíben hablar del
tema. Baste señalar que según datos Unicef para América latina, aproximadamente un 20% de
las mujeres y entre un 5 y un 10% de los hombres sufrieron abusos sexuales durante su
infancia; en tanto que solo en el 50% de los casos las víctimas revelan el abuso, y únicamente el
15% lo denuncia ante las autoridades competentes. Las investigaciones sobre el tema primero
indagaron sobre el comportamiento del niño cuando una persona extraña le solicita que guarde
un secreto, y luego, debido a que los abusos sexuales son llevados a cabo en un 80% de los
casos por familiares cercanos o gente conocida del niño, esa persona sería alguien cercana.
Ahora bien, en el primer caso, el experimento se llevó a cabo en una sala de espera
donde se encuentra casualmente un niño con un adulto desconocido para él (miembro del
grupo de investigación). En ausencia de la secretaria, el adulto toma un jarrón de gran valor y
sin querer se le rompe. Antes de que vuelva la secretaria, esconde los pedazos rotos y le pide al
niño que guarde el secreto. Cuando la secretaria regresa, le pregunta al niño por el jarrón…
Ahora bien, en este escena se incorporan las variables a medir: a) la edad de los niños, de entre
3 a 5 años; b) estrategias del adulto para pedir que se guarde el secreto: ruego, soborno o
OM
amenaza; c) presencia o ausencia del adulto durante el interrogatorio. Luego de llevar cabo
todas las experiencias conforme las diversas variables reseñadas, los resultados arrojaron que
los niños más pequeños guardan menos el secreto y que la presencia del adulto durante el
interrogatorio es el efecto más importante para que el secreto se mantenga. Asimismo, se
determinó que las amenazas y el soborno tenían mayor influencia para que el niño guarde el
secreto, que la mera petición.
.C
Si bien este estudio nos habla sobre la influencia de la edad a la hora de guardar
secretos y la coacción como un factor de importancia, resulta importante en el ámbito judicial
saber la influencia que pueden tener, no ya los adultos desconocidos, sino los familiares o
allegados al niño.
DD
El experimento con un familiar se llevó a cabo con niños de 3 a 5 años y sus madres. El
experimentador comentaba previamente a la madre sobre el experimento y luego se reunía con
esta y el niño en un sitio donde había muchos juguetes. Allí, tras presentarse y charlar un poco,
les decía que podían jugar con cualquier juguete, menos con la Barbie que estaba en una
estantería. Luego se retiraba dejándolos solos. En ese momento, la madre incitaba al niño a
jugar con la muñeca y la tomaba de la estantería, pero justo se le rompía; trataba de arreglarla
LA
como podía y la escondía detrás de otro juguete pidiéndole al niño que “guarde el secreto”
porque la podían castigar si se enteran; y además, le promete que si no dice nada, le compraría
el juguete que más le guste. El experimento se repite con muchos pares de madres y niños de
distintas edades. En cada caso, luego se lleva a los niños a otra habitación donde un
entrevistador les hace las siguientes preguntas: a) ¿sabés dónde está la Barbie?; b) ¿le pasó
FI
algo?; c) ¿la rompió tu mamá? Las conclusiones arrojaron que los niños más pequeños
mantienen menos el secreto, quizás debido a su menor capacidad cognitiva para el manejo y la
administración de la información. Luego, en cuanto a la influencia de la madre para que no diga
nada, se concluyó que los niños mayores guardan el secreto en mayor medida. Luego, se
complementaron estos resultados con otro experimento donde se les consultó a los niños ¿qué
pasó con la muñeca?, ¿la rompiste vos?, ¿la rompió mamá?, ¿vino alguien y la rompió? Durante
la entrevista a veces la madre está presente y otras no, pero en cualquiera de las condiciones, el
niño no guarda el secreto de la madre cuando se le puede echar la culpa a él, de manera que los
investigadores concluyeron que cuando el niño percibe que existe posibilidad de ser culpado,
dice la verdad con mayor frecuencia. Cuando esta posibilidad se eliminó, los niños mintieron
con mayor frecuencia, manteniendo el secreto prometido a sus madres (Talwar, Lee, Bala y
Lindsay, 2004).
En definitiva, el dicho según el cual los locos, los borrachos y los niños siempre dicen la
verdad es tan solo un aforismo popular, que puede tener algún grado de razón, pero no es una
ley científica. Considerarlo así ha hecho que más de una denuncia infundada prosperase. En lo
que aquí respecta, ahora sabemos que los niños a partir de los 3 años ya cuentan con las
capacidades cognitivas necesarias para manejar la información, y por ende, ocultar o
tergiversar la verdad, sobre todo cuando un familiar adulto o un extraño le piden que guarde
un secreto, siempre y cuando no existan posibilidades de castigo para sí o sus seres queridos.
Asimismo, Villanueva y Clemente (2000) también comprobaron que la capacidad de engañar a
otros se ve favorecida en los niños que poseen mayor cociente intelectual general y verbal,
mayor autoconcepto de sí mismos, y quienes pertenecen al género femenino.
Finalmente, frente a toda declaración testimonial de un niño, Godoy-Cervera e Higueras
(2005) reseñan cinco hipótesis que pueden explicar por qué este podría pretender ocultar la
verdad, señalando que:
a) La declaración es válida, pero el niño ha remplazado la identidad del agresor por la de
una persona distinta. El supuesto se daría en un caso en que el niño haya sido abusado por un
docente y en su lugar coloque a otro individuo (la pareja de la madre, chofer de bus estudiantil,
OM
etc.)
b) La declaración es válida, pero el niño ha inventado información adicional que no es
verdadera. La incorporación de información adicional que no ocurrió puede provenir de
diversas fuentes —medios de comunicación, comentarios de otros compañeros, hermanos,
etc.— y agregarse al relato por diversas razones.
c) El niño ha sido presionado por una tercera persona para que formule una versión falsa
.C
de los hechos. Estos repudiables casos son aquellos en los cuales los adultos presionan directa
o sutilmente a los niños para que declaren hechos que no sucedieron, o lo hagan de un modo
distinto al acaecido para lograr beneficiarse en algún sentido (divorcios contradictorios,
discusiones por tenencias, etc.).
DD
d) Por intereses personales o para ayudar a terceras personas el niño ha presentado una
declaración falsa. Ya sea para ayudar o dañar al otro, el niño puede hacer falsas acusaciones
como un modo de proteger a seres queridos o vengarse de personas que los hayan herido en su
narcisismo.
e) A consecuencia de problemas psicológicos, el niño ha fantaseado o inventado su
LA
infantil
El uso de la autoridad
El uso del simbolismo de la autoridad en los interrogatorios con adultos puede dar
buenos resultados en algunos casos, pues puede imponer cierto temor a realizar falsos
testimonios. Sin embargo, no es aconsejable emplearla en el ámbito infantil, pues los resultados
que arroja su empleo son pobres, ya que los niños se asustan, se bloquean y dejan de declarar,
como así también, se inhiben o inventan historias. El niño atemorizado puede terminar
reconociendo hechos que no vivió porque alguien con autoridad se lo sugiere, por lo que
cuando desde una posición de autoridad se asusta al niño con preguntas, si bien puede ser que
se obtengan declaraciones, estas serán menos exactas y con más errores que cuando se
emplean otros métodos en los que el niño se siente cómodo y distendido (Tobey y Goodman,
1992).
Asimismo, cuando los niños son convocados a reconocer al autor de un delito en ruedas
de reconocimiento, suelen interpretar que allí está el culpable porque así se lo dice la policía
(que es “la” autoridad), y por lo tanto, utilizan mucho menos la respuesta “no sé” que los
adultos aunque se les recuerde que pueden responder así.
De manera que es necesario despojarse de toda autoridad real (tono de voz, amenazas,
miradas serias, etc.) y simbólica (uniforme, formalidades, etc.) en la entrevista forense con
niños —pero sin caer en el infantilismo—, para lograr que digan la verdad. En este sentido, se
OM
recomienda que en lugar de caer en los lugares comunes de preguntarle al niño si sabe
diferenciar entre la verdad y la mentira, lo que debe hacerse es hablar con este largamente
sobre las necesidades de ser sincero, pues se ha revelado que ello permite obtener
declaraciones más veraces, que el mero hecho de decirle al niño que esto es un juicio y que, por
lo tanto, no debe mentir (Huffman, 1999).
El estrés infantil
.C
Otro factor de importancia en toda declaración judicial es el estrés que la propia
situación provoca. Los niños enfrentan su acercamiento a los tribunales bajo un imaginario,
DD
generalmente tenebroso. En efecto, cuando se les preguntaba a los niños qué es un juzgado —
con el fin de conocer sus creencias sobre la Justicia—, respondían que era un lugar al que iban
las personas malas y, además, creían que serían ellos los que irían a la cárcel en el caso de no
decir toda la verdad (Diges y Alonso-Quecuty, 1995). Los autores señalan que los diversos
inductores de estrés de mayor influencia sobre el niño son los siguientes:
LA
De allí que cuando un niño deba testificar, un modo de no contribuir con el estrés
propio de la situación debería ser permitir el uso de videos para grabar el testimonio en un
ámbito confortable para el niño, sin público, pudiendo realizar pausas frecuentes, y sin tener
que mirar al acusado a la cara (cámara Gesell). Asimismo, antes de declarar en un juicio oral, el
niño deberá ser preparado para saber exactamente qué ocurrirá y qué se espera de él, y sobre
todo, disipar sus miedos y creencias erróneas sobre lo que significa ir a un tribunal.
Bajo este concepto encuadramos aquellos supuestos en los que el investigador, juez,
asistente social, etc. tiene una intuición sobre la existencia de un determinado acontecimiento
(por ejemplo, que un niño fue abusado sexualmente por la pareja de su madre) y amoldan la
entrevista, no para lograr encontrar objetivamente la verdad, sino para hallar el máximo de
declaraciones consistentes con su hipótesis. Si bien la experiencia de las personas que se
dedican a tomar las denuncias sobre abusos infantiles a veces ayuda a proteger a los niños y
encontrar rápidamente a los culpables, lo cierto es que también puede hacer que los niños
OM
terminen emitiendo declaraciones de hechos que realmente no ocurrieron, o relatándolas de
un modo distinto al sucedido. Más grave aún es que cuando los niños pretenden desdecirse de
lo que les han hecho decir o sugerido, siempre existirá un manto de sospecha sobre el niño, a
quien no se le creerá, o se considerará que actúa por culpa o porque quiere proteger al adulto.
En un estudio que se emprendió para demostrar la influencia de este sesgo en las
declaraciones infantiles, se pedía a un grupo de padres que vieran un video mientras sus hijos
verían el mismo film en una habitación contigua. Luego, se pidió a los padres que entrevistasen
.C
a sus hijos para determinar cuánto recordaban del video (pero, en realidad, los hijos habían
visto un video distinto). Las conclusiones permitieron advertir que muchos de los padres se las
ingeniaron para que sus hijos sostuvieran que “recordaban” haber visto cosas que habían
sucedido solamente en el video que ellos habían visto, es decir, lograron influenciar de tal modo
DD
a sus hijos que estos acabaron aceptando la realidad que les ayudaron a construir sus padres
(Ceci y Bruck, 1994).
Esto nos lleva a plantearnos si el entrevistador debe conocer o no los detalles del caso a
investigar, pues, al hacerlo, existe el riesgo de que lleve la declaración del niño hacia su
hipótesis, en lugar de entrevistarlo de un modo neutral para conocer los hechos tal como
LA
efectivamente habrían sucedido. Pero esta cuestión no está resuelta, pues, por un lado, el hecho
de que el entrevistador sepa sobre el caso puede ayudar a que efectúe preguntas que ayuden al
niño a recordar lo hechos, aunque también, como hemos visto, puede influenciar al niño a
asumir hechos que no sucedieron y hasta hacerlo que los crea realmente.
FI
El uso de muñecos
Debido a que los niños que son víctimas de abuso sexual, en algunos casos, no suelen
considerarlo como un hecho aberrante, sino como un juego, puede ocurrir que no consideren el
hecho como algo a denunciar y que exista un pacto de silencio entre víctima y abusador.
Asimismo, en casos donde sí hay acceso carnal, además de este pacto, puede sumarse amenazas
directas por parte del adulto para que el niño guarde el secreto sobre los hechos. Por todo ello,
cuando alguien de su entorno efectúa una denuncia y el niño es interrogado, puede resultar
inútil preguntarle si un adulto abusó de él, pues si está amenazado lo negará, o bien, si lo
consideraba un juego inocente no comprenderá la gravedad de la pregunta. De un modo u otro,
en todos estos casos es donde puede ser de utilidad hacer jugar al niño con muñecos y ver
cómo juega con ellos, en particular, prestando atención al discurso del niño para advertir las
palabras que emplea, como así también, sus comportamientos, en especial, si toca las zonas
genitales de los muñecos, si les pega, si los amenaza, etc. El principio en que se funda esta
técnica es que el niño reproduce en sus juegos lo que vive en su experiencia cotidiana, y por lo
tanto, son reveladores de su vida cotidiana, pública y privada.
Quienes emplean esta técnica afirman que el uso de muñecos ayuda al investigador y al
niño a romper el hielo y facilita la tarea del entrevistador para indicarle al niño, sutilmente,
sobre qué quiere que hable. Funcionan bien para saber cómo llama el niño a cada una de las
partes del cuerpo y para qué sirven; para demostrar lo que sucedió en lugar de manifestarlo
verbalmente; y como estímulo del recuerdo o como observación de lo que el niño hace o siente
frente a la muñeca anatómica desnuda.
Sin embargo, si bien parece clara la utilidad que reporta esta herramienta, lo cierto es
que la cientificidad de esta técnica no es un tema resuelto. En este sentido, algunas voces
señalan que si bien los muñecos anatómicos son elementos utilizados para lograr que los niños
que carecen de palabras o de coraje se expresen, no tienen valor científico al no ser un test
estandarizado, es decir, que no se puede distinguir fehacientemente a partir de esta prueba
OM
cuando un niño ha sido abusado o no, y por lo tanto solo aporta indicios, no pruebas
fehacientes o indubitables. También se critica que el uso de muñecos anatómicos puede
incurrir en los mismos sesgos que las preguntas conductoras en el interrogatorio, pues
imagínese la situación de examinar a un niño por supuestos abusos sexuales al que se le
presentan muñecos con genitales al aire libre ¿puede crearse mayor situación de estereotipos,
prejuicios, insinuaciones y sugerencias que la situación misma? Difícilmente no, y por ello se
.C
concluye que los muñecos anatómicos no deberían ser utilizados para entrevistas o niños
menores de 5 años (Bruck y Ceci, 2000).
Pero lo dicho no debe llevarnos a considerar que su uso está vedado, sino que teniendo
presente las limitaciones por edad y evitar crear situaciones poderosamente sugerentes,
DD
pueden presentar utilidad para brindar indicios de abuso que luego deberán ser ampliados con
otros medios probatorios.
niños pueden ocultar la verdad, ya sea voluntariamente o por amenazas de adultos, como así
también, construir recuerdos tergiversados a raíz de entrevistas mal conducidas. Es por ello
que en todos los casos surge la necesidad de contar con entrevistadores hábiles, pues será
gracias a ellos que se lograrán los mejores testimonios, estimulando el recuerdo y detectando
las fantasías. No en vano se ha dicho que la mejor defensa para la protección de los derechos
del niño —y de los adultos acusados— sea una buena entrevista, motivo por el cual
terminaremos este capítulo reseñando algunos de los recaudos clave que deberían tenerse al
entrevistar a un niño:
1) Tener en cuenta que los niños de menos de siete años pueden no responder
eficientemente al pedido del entrevistador de contar la historia de atrás hacia adelante o
hacerlo desde distintas perspectiva —tal como establece la técnica de la entrevista cognitiva—
por lo que, en estos casos, se recomienda omitir estas pautas, empleando solo preguntas
abiertas y otros estímulos de los recuerdos menos dificultosos que no afecten el rapport del
niño durante la entrevista.
2) No debe repetírsele insistentemente al niño preguntas que este ya contestó y que no se
adecuan a lo que el investigador desea escuchar, pues en tales supuestos estaremos en
presencia de sesgos del investigador (hipótesis única), quien ya se ha forjado una idea de qué le
ha pasado al niño y quien es el culpable, y pretende hacerle decir al niño lo que él juzga que ha
ocurrido.
3) Debe evitarse influir sobre el niño diciéndole cosas tales como “Nos contó tu mamá
que…” pues aunque ello sea cierto, podría hacer que el niño nos diga lo que su mamá interpreta
que ha ocurrido o lo que ella quiere que diga, y no lo que a él le ocurrió realmente. En este
sentido, nunca debe perderse de vista que lo que se persigue en la reconstrucción de los hechos
y no de las interpretaciones que hacen los terceros, sin perjuicio de que en algunos casos ellas
puedan ser de inestimable valor. Pero debe tenerse claro cómo y cuándo emplear la
información que aportan los adultos que rodean al niño.
OM
4) No debe introducirse información engañosa a la largo de la entrevista para que el niño
“pise el palito” o “sacarle de mentira a verdad”, pues puede sugestionarlo a creer que las cosas
ocurrieron tal como el entrevistador le sugiere en su estrategia. Además, este ardid puede
hacer que surjan más mentiras que verdades
5) No es recomendable invitar al niño a que use su imaginación, porque puede dar lugar a
especulaciones que no se correspondan con la realidad, sino con su mundo imaginario.
.C
6) Evitar el uso de premios y castigos, pues si bien los niños tienden a revelar los hechos
que prometieron no contar cuando un castigo puede caer sobre ellos, también es cierto que
pueden mentir para obtener los premios. Téngase en cuenta que para un niño que está
aburrido o incómodo en la entrevista, terminarla también es interpretada como un premio, por
DD
lo que no deberían plantearse cuestiones tales como “…me contestás esta pregunta y te podés
ir…”.
7) El hecho de que un niño sea entrevistado por adultos investidos de autoridad también
afecta el contenido de la declaración, pues inhibe la espontaneidad y suele crear ambientes
incómodos para los niños que procurarán abandonar cuanto antes respondiendo cualquier
LA
cosa con tal de que los dejen marcharse de un lugar tan incómodo.
8) Si bien el empleo de muñecos anatómicamente detallados puede ayudar a que los
niños sin capacidad de habla o tímidos expresen situaciones de abuso, lo cierto es que debe
tenerse en cuenta los límites de esta metodología, en referencia a la edad y los sesgos que
puede provocar hacer jugar a un niño con un muñeco desnudo. Vestirlo ya sería una forma de
FI
10) Finalmente, para cerrar la entrevista debe evitarse las finalizaciones de compromiso,
donde en apenas un minuto el niño pasa de la sala de entrevista a sus padres. En este sentido,
en una entrevista de una hora, debe contemplarse al menos un período de cinco a siete minutos
de descompresión de la charla, aludiendo a temas no esenciales, haciéndolo dibujar o
realizando algún juego que permitan al niño alcanzar un estado emocional equilibrado para
volver a sus tareas habituales.
No quisiéramos culminar este capítulo sobre psicología del testimonio infantil sin
señalar al existencia de una obra colectiva editada por UNICEF sobre “Buenas prácticas para el
abordaje de niños/as, adolescentes víctimas o testigos de abuso sexual y otros delitos” en la cual
se desarrollan muchos de los temas aquí vistos, procurando la protección de los derechos del
niño, su acceso a la justicia y la obtención de pruebas válidas para el proceso. La misma puede
ser consultada online en [Link].
Capítulo 8
OM
Actitudes
.C
Temas del capítulo
Surgimiento y mantenimiento de las actitudes
DD
Influencias de las actitudes en la forma de pensar, sentir y actuar
Resolución de las disonancias cognitivas que provocan
LA
I. Las actitudes
La mayoría de nuestros comportamientos en la vida cotidiana están basados en
nuestros valores, creencias, opiniones, etc. Por ejemplo, si tenemos inculcado el respeto hacia
FI
los ancianos, es probable que cuando suba una persona mayor al colectivo le demos
inmediatamente el asiento. Pero claro, si en nuestra sociedad rigieran valores que nos indique
que los ancianos no merecen ninguna deferencia especial, no nos levantaríamos, y ni siquiera
surgiría en nuestra mente la idea de cederles el asiento. En este sentido, éste y todo
comportamiento social, por lo general, se origina en nuestros valores y creencias sobre las
cosas y las personas de este mundo, y eso es lo que nos impulsa a actuar de una u otra manera.
Estos comportamientos y reacciones que solemos tener ante cualquier tema de la vida social
son manifestaciones de nuestras actitudes.
A las actitudes las definiremos como evaluaciones duraderas de diversos aspectos del
mundo social que se almacenan en nuestra memoria y guían nuestros pensamientos,
sentimientos y comportamientos. Pueden ser vistas como nuestras creencias u opiniones sobre
temas tan diversos como el aborto, la política, la moda, los ancianos, la magia negra, etc.
Para la Psicología Social la importancia de las actitudes radica en dos razones. La
primera es porque influyen en nuestro pensamiento y en nuestro estado de ánimo
(emociones), pues afectan la forma en que procesamos la información social que captamos o
recordamos. Por ejemplo, frente a un mismo hecho, tal como sería ver a un vagabundo
durmiendo en la calle, algunas personas pensarán que es un vago, otras que es una persona que
le ha ido mal en la vida, y otras que es un loco. Cada una interpretará la realidad de acuerdo a
una perspectiva que le es propio (o que comparte con miembros de su grupo). Tomemos otro
ejemplo: imaginemos a dos personas, una a favor de la pena de muerte y la otra en contra.
Ambas leen una noticia en el diario que afirma “No hay diferencia significativa en el índice de
delito entre países con o sin pena de muerte”. Ante la noticia, seguramente ambas la
interpretarán de forma diferente. Uno sostendrá que se confirma su idea sobre la inutilidad de
la pena capital, mientras que el otro, sostendrá que la pena de muerte no está pensada para
disuadir, sino, para eliminar a las personas peligrosas, de modo que en nada afecta a su
creencia esta información. Ambas personas perciben un mismo hecho (la investigación
publicada en el diario) pero sus actitudes hacia la cuestión hacen que cada uno tenga una
interpretación distinta, y la defenderá tanto racional como emocionalmente, no en vano
OM
algunas discusiones pueden terminar en una riña. Es que las actitudes definen nuestra
percepción y forma de estar en el mundo, por lo que son parte integrantes de nuestra
identidad, y las defenderemos como a nuestras cosas más preciadas, pues rechazarlas sería
rechazarnos a nosotros mismos, y cuando alguien opina contrariamente a ellas sentimos que
nos están atacando, y por ende, reaccionamos (salvo que contemos con una actitud pacifista
que eluda todo conflicto).
Habíamos dicho que las actitudes son importantes por dos razones; la primera es por su
.C
influencia en nuestra forma de pensar y actuar, y la segunda es porque influyen en el
comportamiento de las personas. En general, lo que la gente piensa sobre diversos temas (el
aborto, la política, la droga, la eutanasia, la familia, la religión, etc.) hará que actúe en
consecuencia, y por ello es que a la psicología social le ha interesado históricamente tanto
DD
estudiar las actitudes, pues permiten predecir el comportamiento humano. Por ejemplo, si un
individuo está a favor de la legalización de la marihuana, es probable que esta actitud se
convierta en acción y que participe en manifestaciones, escriba artículos o discuta
acaloradamente con individuos que tengan actitudes contrarias a las suyas. Del mismo modo, si
un juez se sabe que es conservador, es pronosticable que no esté a favor de valores modernos y
LA
Las actitudes no vienen en los genes, es decir, no son innatas, sino que se incorporan, se
mantienen y cambian durante toda la vida mediante el proceso de socialización. Inicialmente el
niño las adquirirá de su familia y la escuela, y no menos importante es la influencia de los
compañeros y los medios de comunicación, pues también enseñan (lo bueno y lo malo). Más
tarde en los diversos ámbitos en los que se desenvuelva (trabajo, universidad, partido político,
club, etc.) también irá adquiriendo otras actitudes de acuerdo a la interacción
Comenzando por el principio, digamos que en la incorporación de actitudes, la
influencia de los padres es muy poderosa ya que los niños creen sin cortapisas todo lo que éstos
les dicen, con lo cual, asumirán sin ningún tipo de crítica las actitudes de sus padres hacia el
mundo social. Por ejemplo, si a la madre no le gustan los animales, hay muchas probabilidades
de que al niño tampoco le gusten. Analizando con mayor detenimiento la influencia de los
padres en la formación de actitudes, diremos que lo hacen fundamentalmente de dos maneras.
En primer lugar, empleando premios y castigos, estimulando aquellos comportamientos o ideas
que consideran apropiados, e inhibiendo los contrarios a los valores que desean inculcar. Por
ejemplo, si el niño quiere tocar un perro y la madre le grita con voz nerviosa ¡vení para acá, o te
reviento! y luego le da alguna reprimenda, el niño asociará la imagen del perro con una
sensación de displacer, producto de los gritos de su madre, o eventualmente un chirlo. En
segundo lugar, los padres también influyen sobre el tipo de actitudes que sus hijos se pueden
formar sobre el mundo, controlando la información a la que éstos pueden acceder. Un padre
ultra religioso tal vez le prohíba a su hijo tener amigos que no sean de la misma congregación,
secta o colectividad, como un modo de controlar las creencias que intenta inculcarle.
Los compañeros del colegio suelen ser otros importantes agentes socializadores, a veces
más que maestros y padres, pues suministran a los niños nueva información y les presentan
formas diferentes de ver las cosas. Por ejemplo es típico el caso de los que ya saben que Papá
Noel no existe y se lo revelan a los que aún no lo saben, debido a que sus padres les ocultan esa
información. Otra forma de incorporar actitudes en el colegio se produce por el miedo a ser
rechazado. Este es un fenómeno muy común que todo niño/a ha vivido, y se vincula con que los
jóvenes aprenden a comportarse y pensar como el resto para no desentonar. Este mecanismo
OM
de adaptación no se agota en la infancia, sino que —como todos sabemos— dura toda la vida,
por lo que las actitudes de los otros van siendo asumidas como propias, y terminan integrando
nuestra personalidad, aunque es cierto que hacia algunas actitudes seremos reactivos por ser
incompatibles con las nuestras, como así también, que en algunos casos, seremos nosotros
quienes persuadamos o impongamos a otros actitudes, o los demás copien las nuestras.
La experiencia personal también influye en nuestras actitudes, debido a que las actitudes
.C
más duraderas y resistentes al cambio que tenemos son aquellas que surgieron a partir de
experiencias personales. El dicho “El que se quema con leche, ve la vaca y llora”, se refiere a esta
tendencia a incorporar actitudes hacia las personas/cosas por experiencias pasadas (malas o
buenas). La razón es que tendemos a confiar en el conocimiento de nuestra propia experiencia
DD
más que en la experiencia recopilada por otros, quizás por eso se dice que “nadie aprende en
cabeza ajena” y por eso, una vez que hemos tenido una buena o mala experiencia con algo o
alguien, nos cuesta bastante trabajo desactivar nuestra actitud. En el peor de los casos,
podemos caer en pensamientos o comportamientos prejuiciosos, es decir, actitudes hacia algo
o alguien que no admiten pruebas en contrario.
Además de la propia experiencia, la cultura en la que hemos crecido (entendida como el
LA
OM
Como pudimos ver hasta aquí, la socialización es entre otras cosas, el proceso por el cual
los individuos vamos incorporando actitudes (evaluaciones sobre el mundo social) y con ello
nos manejamos en el mundo, juzgando a las personas, las cosas y los sucesos, a partir de
nuestros puntos de vista. Si bien es cierto que durante la infancia la socialización tiene mayor
influencia en las actitudes que incorporamos, pues existe una gran cantidad de gente
interesada en que incorporemos las normas y los valores comunitarios (padres, maestros, etc.)
la asimilación de actitudes es algo que ocurre durante toda la vida. Siempre habrá un amigo,
.C
una película o un jefe que nos transmita su idea sobre cierta particularidad del mundo social, y
que aceptamos incorporarla a nuestra personalidad. Profundizando más en el análisis acerca
de cómo incorporamos actitudes, ya sea en la infancia o en la adultez, diremos que lo hacemos
por alguno de estos tres modos específicos: (a) condicionamiento (clásico, instrumental e
DD
subliminal), (b) modelado, (c) comparación, y (d) posición del cuerpo del otro.
Condicionamiento clásico: Como se recordará de lo visto en el capítulo I (en especial,
la fobia hacia los muñecos blancos que adquirió el pequeño Albert tras los experimentos de
Watson), lo que se conoce como condicionamiento es una forma de incorporar actitudes hacia
las cosas, situaciones o personas mediante la asociación de un estímulo con una reacción (E-R).
LA
Por ejemplo, si un niño pequeño saluda a un vagabundo que vive en la calle y recibe una
reprimenda de su madre porque ella desprecia a esta categoría social el niño irá aprendiendo a
reaccionar negativamente hacia estos individuos, es decir, irá adquiriendo una actitud hacia los
miembros de este grupo social. Estos individuos que eran estímulos neutros para el niño, pues
como dijimos nadie nace con actitudes, comenzarán a cobrar carácter negativo por asociación a
la sanción que impuso su madre, y por ello, en el futuro, cuando el niño deba interactuar con
FI
miembros de este grupo social reaccionará negativamente (se asustará, por ejemplo, los
considerará prescindibles, etc.).
Condicionamiento subliminal: En un experimento se solicitaba a diversas personas
separadas en dos grupos ver imágenes de un individuo realizando tareas rutinarias (yendo de
OM
adoptando actitudes que sean agradables a los superiores, y por ende recompensadas.
Modelado: Otra forma en que se adquieren las actitudes es a partir de un proceso que
opera incluso cuando no se desea transmitir actitudes específicas a los otros (padres a hijo,
docentes a alumnos, jefes a empleados, etc.). Este proceso es el modelado, y ocurre cuando se
aprenden nuevas formas de comportamiento, simplemente observando las acciones de los
demás, siguiendo su ejemplo. Muchos aprendizajes se incorporan de este modo; de hecho, los
.C
niños suelen ver y escuchar diversas cosas en su familia, que aunque no van dirigidas hacia
ellos, igualmente las incorporan. Así, una madre puede enseñar a su hijo que “no se debe
mentir”, pero toda la enseñanza se desvanecerá si luego suena el teléfono y le pide que lo
atienda y diga que no está (¡decí que no estoy!). De este modo, el niño incorporará por modelado
DD
una actitud favorable hacia las mentiras, que desplazará la enseñanza que se le intentó
incorporar por medio del discurso. Por lo general, predicar con el ejemplo, siempre tiene
mayor eficacia en la educación, que las lecciones teóricas.
Comparación social: Si bien la mayoría de las actitudes se forman a través de los
diversos mecanismos de aprendizaje que vimos precedentemente, el psicólogo León Festinger
señalaba que también se las puede incorporar por comparación. Es decir, es habitual que
LA
tratemos de comparar nuestras actitudes con las de los otros, para determinar si nuestra visión
de la realidad es correcta o no. En la medida en que nuestras opiniones coincidan con las de los
demás, las sentiremos correctas y ello reforzará nuestro sentimiento hacia ellas. Si no llega a
ser así, es posible que esta discrepancia con el entorno provoque cambios en nuestras
actitudes, puesto que por lo general, tendemos a que nuestras perspectivas se acerquen a las de
FI
los demás.
La comparación social también opera sobre la formación de nuevas actitudes. Es muy
probable que si escuchamos a gente que admiramos hablar bien sobre un determinado
producto o una persona, surja en nosotros una incipiente actitud favorable. Claro que lo mismo
ocurrirá si estas personas hablan mal sobre algún grupo social determinado, solo que en este
caso, nuestras actitudes hacia ese grupo se harán negativas. El punto es importante en
sociedades donde algunas personas significativas, tales como estrellas de rock, políticos,
conductores televisivos, tienen una fuerte influencia sobre las personas. En estos casos, se ha
demostrado que cuando emiten opiniones negativas sobre algún grupo social estigmatizado
(inmigrantes, diversas minorías tales como étnicas, sexuales, religiosas, etc.) logran influir en la
adopción de actitudes similares en las personas; incluso, aun cuando éstas no conozcan a
ningún miembro del grupo sobre el que recayó la opinión negativa (Shaver, 1993).
Las personas solemos incorporar actitudes y comportarnos en base a ellas, sin embargo,
de acuerdo a los principios básicos de la picología social, no podemos dejar de ponderar que el
entorno también puede influir en su expresión. En efecto, en el vínculo
actitud/comportamiento no todas las personas somos iguales, y por ello, desde el punto de
vista de las actitudes, los individuos se dividen en dos grandes grupos. Aquellos cuyos
comportamientos y opiniones son condicionados por el entorno, y aquellos a quienes nos les
importa el qué dirán. Es decir, algunas personas emplean sus actitudes como guías de sus
comportamientos y miran hacia su interior cuando intentan decidir cómo comportarse en una
situación dada; y otras, en cambio, centran su atención en el exterior, y ven lo que los otros
dicen o hacen, tratando de adaptarse y actuando de una manera que consideran que será
OM
evaluada favorablemente por los demás. A este fenómeno se lo conoce con el nombre de
autovigilancia, y señala que la intensidad del vínculo entre actitud y comportamiento parece
diferir entre las personas, según estén más o menos pendientes del entorno.
De este modo, una persona con baja autovigilancia actuará de acuerdo a sus actitudes
personales (hará y dirá lo que piensa/siente en todos los lugares en los que se encuentre), en
cambio, si su autovigilancia es alta, se adecuará al contexto, y es posible que para no
desentonar deba actuar de manera contraria a sus actitudes (De Bono y Snyder, 1995). El punto
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es importante para la psicología jurídica pues los testigos son individuos que al verse
influenciados por el entorno pueden querer satisfacer los deseos que perciben en su
interrogador y afirmar cosas que no ha visto u oído, tal como veremos en el capítulo sobre
DD
psicología del testimonio.
Finalmente, lo que interesa aquí es que si bien las actitudes son importantes fuentes de
predicción de la conducta, ya que por lo general las personas son consistentes entre su forma
de pensar y actuar, salvo aquellas con una muy alta autovigilancia sobre lo que hacen, lo cierto
es que a veces, las personas con una autovigilancia media —la mayoría de todos nosotros—
obran de manera contraria a lo que piensan. Esta traición a las actitudes no es gratuita en
LA
términos psicológicos, sino que suele provocar una sensación displacentera que logra sortearse
por diversas estrategias cognitivas automáticas de nuestra mente como veremos a
continuación.
En la vida cotidiana puede ocurrir que por diversas razones obremos de una manera no
coincidente con nuestras actitudes. Por ejemplo, no dar el asiento en el colectivo, no participar
en una manifestación por un tema que nos interesa, permitir que se cometa una injusticia ante
nuestras narices, etc. Pero esta forma de actuar inconsistente conlleva que nos embargue una
sensación de incomodidad con nosotros mismos por actuar en contra de nuestras creencias y
valores. A este fenómeno el psicólogo León Festinger lo bautizó como disonancia cognitiva,
definiéndolo como un estado de incomodidad con nosotros mismos al percibir inconsistencias
entre nuestras actitudes y nuestro comportamiento, o bien, entre dos o más actitudes en
colisión interna (Festinger, 1975). Tomemos un ejemplo: Imaginemos que somos
profundamente ateos y antireligiosos, pero accedemos a casarnos por Iglesia a pedido de
nuestra pareja. Si eso ocurre, es probable que surja en nosotros cierto malestar interior porque
sentimos que no somos coherentes con nosotros mismos, que obramos en contra de nuestros
valores y de nuestra propia forma de ser. Pero la mente no se queda en esta de incomodidad,
sino que genera mecanismos de adaptación. Festinger investigó cómo reaccionan las personas
frente a estas circunstancias, y determinó que para solucionar la disonancia solemos acudir a
alguna de estas tres estrategias:
Cambiar la actitud o el comportamiento, de modo que sean más coherentes el uno con
el otro. Por ejemplo, dejar de ser ateos y pasar a definirnos como no-practicante o agnósticos,
con lo cual, la distancia entre la actitud personal y el comportamiento se acortaría, y dejaría de
ser sentida como una traición tan grande a nuestros ideales o valores.
Adquirir nueva información que apoye nuestra actitud o nuestro comportamiento.
Tomemos otro ejemplo: las personas que fuman saben que fumar provoca cáncer, y sin
embargo, lo siguen haciendo. Ser consciente de esta información genera incomodidad en el
fumador, y por eso, es probable que busque pruebas que le permitan afirmar que no todos los
fumadores mueren de cáncer, o que hay que gente que lo contrae sin nunca haber fumado. Con
OM
ello, el fumador podrá sentirse en paz consigo mismo, a pesar de que tiene un comportamiento
que es perjudicial para su salud y de que su actitud fundamental es preservar su vida.