Etimología de la palabra Edén[editar]
"Expulsión del Edén", de Miguel Ángel. Capilla Sixtina
La palabra Edén se acostumbra a emplear, en lenguaje coloquial, con el mismo significado
que el vocablo Paraíso. La Septuaginta tradujo la palabra hebrea correspondiente a “jardín”
(gan) mediante la palabra griega parádeisos, que a su vez viene del término persa ''pardês''
que significa huerto, parque o jardín. En cambio «Edén» es una palabra hebrea de origen
sumerio "edin" que significa "planicie", o "lugar plano más allá de las tierras cultivadas". El uso
de la palabra en el Génesis parece indicar más bien a una región geográfica, mientras que el
Paraíso se refiere al huerto "al este" en esa región.3 Sin embargo, después se le llama “el
jardín de Edén”,4 y en textos posteriores se le denomina “Edén, el jardín de Dios”5 y “el jardín
de Jehová”.6 A este hecho se debe la asociación de la palabra española “paraíso” con el jardín
de Edén.
Es descrito como un parque en que los árboles y las plantas de toda especie que embellecían
el paisaje proveían alimento en amplia variedad.7 También que Dios puso ante Adán “todos
los animales domésticos y... las criaturas voladoras de los cielos y... toda bestia salvaje del
campo”.8 Las aguas del río “que procedía de Edén” regaban el suelo de Edén.9 El hecho de
que el hombre estaba desnudo permite suponer un clima templado y agradable.10
Anteriormente se propuso una relación con el término sumerio "edin" que aparece en escritura
cuneiforme y significaría llanura no cultivada, pero ahora se prefiere su relación con una raíz
aramea que significa "bien regado, fructífero"11
Descripción e historia[editar]
La Biblia se indica que el huerto o jardín de Edén habría existido al oriente de la región
también llamada Edén, una región que se hallaría en el Oriente Próximo. Igualmente se dice
en el Génesis, “un río salía del Edén para regar el jardín, y desde allí se dividía, y se convertía
en cuatro cabezas, llamados: río Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el
río Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (río Tigris); que iría
al oriente de Asiria; y el río Éufrates. La situación de los dos primeros confundió durante
mucho tiempo a los estudiosos. Juris Zarins, de la Universidad del estado del Suroeste de
Missouri, cree que un río hoy llamado Karun, que nace en Irán y fluye hacia el Golfo Pérsico,
es el Gihón y que un lecho seco en el desierto de Arabia Saudí contuvo en su tiempo las
aguas del Pisón. Según este científico, el Edén se hallaba situado en la confluencia de los
cuatro ríos en la región del Golfo Pérsico[1]. Esta era un área que hace unos 32 000 años
gozó de un clima saludable, pero que en el 15 000 a.C. se volvió árida, obligando a emigrar a
los pastores y nómadas que allí vivían. Alrededor del 6000 - 5000 a.C. el clima cambió de
nuevo y las áridas extensiones del este y del nordeste de Arabia Saudí y el suroeste de Irán
florecieron de nuevo. Zarins propone que los nómadas volvieron de nuevo y a antiguos
agricultores, antepasados Obeid de los sumerios. Al hacerse sedentarios y sufrir el severo
ajuste que ello supuso, es de suponer que transmitieron la tradición de un paraíso perdido
milenios antes, donde era posible vivir de la tierra sin tener que cultivar la tierra.
Relación entre el Edén de la Biblia, el sumerio y
mesopotámico[editar]
Relieve asirio: Querubines custodiando el árbol de la vida.
Del mismo modo que sucede con la historia bíblica del Diluvio universal, y la historia
de Gilgamesh de la Mitología sumeria, se pueden encontrar puntos u origen en común, o
influencia de mitos anteriores en la historia bíblica de la creación del Hombre.
Así, en el Enûma Elish (poema babilónico que narra el origen del mundo), se menciona que el
mundo fue creado en 7 días, y que comenzó con un jardín; siendo el mundo creado
por Tiamat (una diosa babilónica con forma de serpiente gigante).
En el mitología sumeria, más específicamente en el Mito de Enki y Ninhursag, el dios
sumerio Enki cedió una costilla para crear a la diosa Ninti. Igualmente en la mitología sumeria,
en unas tablilla cuneiforme encontrada en Nippur se habla de una tierra pura y brillante que no
conocía la enfermedad ni la muerte. En este pacífico reino el rey de las aguas, Enki, hacía que
el agua dulce permitiera crecer un frondoso jardín. Aquí fue donde se menciona que el
dios Enki creó a los seres humanos y en un lugar donde el hombre podía vivir sin miedo a los
animales, un lugar sin terror; pero posteriormente Enki descubrió que los humanos tenían un
comportamiento inadecuado, y por ello los expulsó de este paraíso. Así en el poema de
Gilgamesh la diosa Aruru (Ninhursag) asistió a Enki en la creación de la especie humana: este
le ordenó a su madre Nammu, que formara al hombre de “la arcilla que está encima del
abismo”. (Igualmente en la mitología egipcia, el dios Khnum da forma al cuerpo de los seres
humanos a partir de barro en una torneta de alfarero).
En la historia de Gilgamesh, posteriormente además se describe cómo Gilgamesh busca el
secreto de la vida eterna, encontrando el fruto del árbol de la vida, el cual le es arrebatado por
la serpiente. Igualmente relacionado con el mito de la serpiente bíblica y los Árboles del
conocimiento del bien y el mal, y el de la vida, encontramos igualmente el mito sumerio de la
deidad Ningizzida, a quien se le conocía como el o la "Señor/a del árbol de la vida", y que era
descrita a veces como una serpiente con cabeza humana.
En los archivos de El-Amarna, como en la biblioteca de Asurbanipal, se encontraron
fragmentos del relato del primer hombre "Adapa", nombre fonéticamente similar
al Adán hebreo. Adapa habría arrancado las alas a un demonio del aire en un momento de
furia, por lo que Anu, el dios del cielo lo llamó al cielo a rendir cuentas. El dios Ea, padre de
Adapá, comprendiendo el peligro le advirtió que no comiera ni bebiera nada. Pero Anu se
apaciguó al verlo y le perdonó. Ordenó a sus servidores que le dieran del pan y el agua de la
vida eterna, pero Adapá, ya advertido, se negó a probarlos. Enfurecido Anu le expulsó, y así
Adapá, por un malentendido perdió la oportunidad de la inmortalidad.12
En el arte asirio y fenicio es muy recurrente la escena de los querubines o espíritus
protectores custodiando el árbol de la vida en la figura de la palmera datilera, tema que
también es descrito en la Biblia como adornando el templo de Salomón.