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El Universo, Los Dioses, Los Hombres

El documento resume los principales mitos griegos sobre el origen del universo, los dioses y los humanos. Explica cómo surgieron el caos, la tierra y el amor como entidades primordiales, y cómo de ellos nacieron Urano y el mar. También describe la guerra entre los titanes y los olímpicos liderados por Zeus, el establecimiento del orden cósmico actual y la creación de los humanos por Prometeo y Pandora. Por último, resume brevemente algunos mitos como la guerra de Troya, los viajes de Ulises y la historia de

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El Universo, Los Dioses, Los Hombres

El documento resume los principales mitos griegos sobre el origen del universo, los dioses y los humanos. Explica cómo surgieron el caos, la tierra y el amor como entidades primordiales, y cómo de ellos nacieron Urano y el mar. También describe la guerra entre los titanes y los olímpicos liderados por Zeus, el establecimiento del orden cósmico actual y la creación de los humanos por Prometeo y Pandora. Por último, resume brevemente algunos mitos como la guerra de Troya, los viajes de Ulises y la historia de

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CONTROL DE LECTURA

EL UNIVERSO, LOS DIOSES, LOS HOMBRES


(JEAN-PIERRE VERNANT)

EL ORIGEN DEL UNIVERSO


Para poderse responder los griegos: ¿Qué había antes de que existiera el mundo tal como
lo conocemos?, contestaron su pregunta mediante relatos y unos mitos. Los cuales se
remontan al momento en que sólo existía el vacío (caos), abismo ciego, oscuro, ilimitado.
Después apareció la Tierra (Cea), esta surgió del propio seno del Caos. La Tierra constituye
la base de esa morada, llamada el cosmos, pero no es la única función que desempeña,
engendra y alimenta todas las cosas, salvo algunas.
Después del Caos y la Tierra, aparece, Eros (el viejo Amor). La Tierra pare en primer lugar
a Urano, el Cielo, en el que se incluyen todos los astros que lo pueblan. A continuación,
trajo al mundo a Ponto, es decir; el mar. La tierra los concibió sin unirse a NADIE.
De ese modo se construye el mundo a partir de tres entidades primordiales: Caos, Cea y
Eros y, a continuación, de dos entidades paridas por la Tierra: Urano y Ponto.
Urano no cesa de desarrollarse en el seno de Gea, este (Urano) no tiene más actividad
primordial que la sexual; cubrir a Gea incesantemente, todo lo que puede; no piensa en otra
cosa, es lo único que hace. La Tierra se encuentra entonces preñada de una serie de
criaturas que son, inicialmente, los seis Titanes y sus seis hermanas, las Titánides. Además
de estos, nacen dos tríos de seres monstruosos. El primero es el de los Cíclopes, el
segundo trío está formado por los llamados Hecatonquiros. Estas criaturas no han salido
del vientre de Gea, ya que Urano yace continuamente en el vientre de ella. La Tierra furiosa
por tener que aguantar a sus hijos en su seno, se dirige a ellos, especialmente a los Titanes,
y les dice: deben rebelarse contra su padre. Cronos, accede a ayudar a Gea y enfrentarse
a su padre. Cronos, que está en el vientre de su madre, donde Urano se aparea con ella,
agarra con la mano izquierda la parte viril de su padre, y, con la hoz la corta. De ese
miembro viril, cortado, van cayendo sobre la tierra gotas de sangre de las cuales nacen las
Erinias, los Gigantes y las Meliades. El miembro de Urano al mezclarse con el mar, nace
afrodita.
El caos engendró a dos criaturas: el Érebo (oscuridad) y Nix (día).

LA GUERRA DE LOS DIOSES, LA SOBERANÍA DE ZEUS


Será Cronos, el más joven de sus hijos de Gea y Urano, el que se convertirá en el rey de
los dioses y el mundo. Cronos ha liberado a los Titanes, son sus protegidos, en cambio a
sus hermanos los Cíclopes y los Hecatonquiros los encadena y los relega al mundo infernal.
Cronos, con una de sus hermanas (Rea), procrea otras criaturas, pero Cronos, desconfiado,
celoso y preocupado, mas, el temor de que alguno de sus hijos actúe como él lo hizo con
su padre, lo ha llevado a tragarse a cada uno de ellos cuando nace. Todos se encuentran
encerrados en su barriga, sin posibilidad de escapar. Rea decide salvar a uno de ellos; en
consecuencia, cuando nace el último, en vez de entregarlo a Cronos para que lo devore, le
ofrece una piedra envuelta en pañales y confía el bebé al cuidado de las náyades de Creta.
Ese niño, Zeus, crecerá y, tal como lo temiera Cronos, volverá luego a someterlo y rescatar
a sus hermanos.
Zeus le hace beber a Cronos un fármaco que lo obliga a regurgitar a los hijos que tiene
adentro. Sin embargo, aquello de someterlo será un asunto más complejo: habrá una guerra
primordial que enfrentará a los Titanes y a los Olímpicos, desde entonces, comandados por
Zeus. Zeus recibe de los Hecatónquiros –rescatados del Tártaro- un poder descomunal y,
de los Cíclopes, el rayo y una visión sin límites; además, Prometeo le ofrece la astucia y los
artificios necesarios para vencer en la lucha a través de la palabra y el engaño.
Al final gana Zeus y encerrará a Cronos en el subsuelo. Llegará a probar, incluso, en dos
oportunidades más su supremacía: primero, luchando contra la bestia Tifón (hija de Gea y
Tártaro) , luego, contra los gigantes, apelando a la ayuda de Hércules.
Cronos es la primera figura política de la mitología, toda vez que es el primero en considerar
la posibilidad de perder su poder y de actuar buscando erradicar este riesgo. Zeus replicará
esta condición, pero, en su caso, la estrategia para mantener el mando es hacerse elegir
como soberano y actuar con justicia frente a sus aliados.
Con la estabilidad producida por Zeus sobre todos los seres se inicia una nueva etapa de
la mitología, la llama la edad de oro, durante la cual los dioses y los hombres (varones,
pues aún no existían las mujeres) vivieron en perfecta armonía.

EL MUNDO DE LOS HUMANOS


Así como ya se encuentra conformado el Universo (cielo, tierra y subsuelo), es necesario
reconocer qué le corresponde a cada ser y dónde debe vivir. Para evitar suspicacias, Zeus
designa a Prometeo como el garante de esta división: él, que se halla en una posición
intermedia entre lo divino (hijo de un Titán y un humano).
Prometeo, siente una especial inclinación por los mortales, de manera que en la partición
que realizará buscará su beneficio. Lo primero que debe decidirse es el alimento; para
definir este aspecto, Prometeo sacrifica un toro, separa la carne de los huesos, envolviendo
estos en una capa de lardo blanco y apetitoso, y la carne con la piel del animal. Ambos
paquetes son puestos antes los ojos de Zeus para que escoja, y este se inclina por el que
contiene los huesos. Los hombres están felices porque les ha correspondido la carne y
podrán disfrutar de ella en lo sucesivo; en cambio, Zeus se muestra desencantado, como
si hubiese caído en el engaño de la apariencia. Sin embargo, nada de esto es cierto: Zeus
ha descubierto el ardid de Prometeo, incluso antes de tomar su decisión, pero ha actuado
así porque los huesos simbolizan lo que perdura después de la muerte y, en este sentido,
ha asegurado con su elección la eternidad de los dioses, mientras que los humanos estarán
condenados a la carne del animal muerto.
Zeus está poco dispuesto a pasar por alto la astucia de Prometeo, de manera que, como
venganza, castigará a los humanos quitándoles el fuego y las semillas de los que disponían
antes libremente. La respuesta de Prometeo será entonces más inteligente: haciéndose
pasar por viajero robará del Olimpo esos elementos, llevándolos en el bulbo de un hinojo y
los entregará como presentes a los humanos.
Este nuevo engaño despierta otra vez la cólera de Zeus y, prepara un contraataque.
Convoca a Hefesto, Afrodita y Atenea y les pide crear un ser semejante en belleza a las
diosas, adornarlo con joyas y ornamentos y dotarlo de un carisma envolvente. Una vez
elaborado, envía Zeus a la tierra a esta creación, llamada Pandora –la primera mujer-, no
sin antes asegurarse de que Hermes la haya dotado con una boca mentirosa, un corazón
de zorra y temperamento de ladrón. Epimeteo (hermano del propio Prometeo), sin
percatarse del engaño, se casará con ella y la fecundará, iniciando con ello la sexualidad y
la procreación de los humanos.
Así, pues, con Pandora se inicia para los hombres una explotación extenuante, pues
difícilmente podrán satisfacer el hambre de las mujeres y su sexualidad. Alejarse de ellas
es imposible después de ser raptados por su belleza y, además, ahora la única posibilidad
de prolongar la existencia humana es fecundándolas. Como si fuese poco, la curiosidad de
Pandora, inspirada por Zeus, la lleva a abrir también la caja que contiene los males –la
fatiga, la muerte, los accidentes- y estos se esparcirán por su efecto sobre el mundo dejando
sin esperanza a los hombres.
LA GUERRA DE TROYA
Recorre los principales hitos del conflicto troyano, desde el nacimiento de Aquiles hasta su
muerte en suelo troyano. Atento siempre a la indagación de las causas que desencadenan
los conflictos, Vernant remonta el origen del drama a tres montañas: Pelión, donde se llevan
a cabo las bodas de Tetis y Peleo; Ida, donde París se enfrenta con el dilema de elegir a la
diosa más bella; y Taigeto, donde Zeus y Leda engendran a Helena.
ULISES O LA AVENTURA HUMANA
Presenta una síntesis de todas las aventuras odiseicas, desde la victoria de los griegos en
Troya, hasta la noche de bodas recuperada de Ulises con Penélope, una vez consumada
la venganza de los pretendientes, dos pasajes merecen especial atención. El primero es el
encuentro entre Ulises y Nausícaa, el segundo pasaje destacable es el análisis de la
simbología del lecho matrimonial construido por Ulises, un buen ejemplo de la mirada sutil
con que Vernant penetra cada una de estas historias.
DIONISO EN TEBAS
Se refiere el origen y andanzas del dios. El relato se remonta a la historia de Cadmo y su
hermana Europa, concluye con la instauración del culto de Dioniso en Tebas. Como en los
casos anteriores, lo más provechoso es la reflexión final sobre la índole del dios: Dioniso -
concluye Vernant-, errante y vagabundo, próximo a los hombres y a la vez inaccesible y
misterioso, está escindido por dos pasiones opuestas: la de vagabundear y la de tener un
lugar propio.
EDIPO A DESTIEMPO
Se centra en una de las figuras más trágicas y emblemáticas de la literatura griega. Vernant
encuadra la historia de Edipo entre dos maldiciones: la primera, aquella que cayó sobre
Layo por haber perseguido de amores al joven Crisipo hasta que éste se suicidó, anunciaba
el aniquilamiento de la estirpe de los Labdácidas; la última, lanzada por el mismo Edipo
contra sus hijos, pronostica la pelea por el trono y la muerte mutua que éstos han de
ocasionarse. Sobresale en esta parte la interpelación del enigma propuesto por la Esfinge:
según Vernant, dicho enigma expresa el destino de los Labdácidas, y el monstruo de dos,
tres y cuatro pies es Edipo, que encarna el problema de la continuidad social, del paso de
las generaciones que nacen, reinan y mueren para ceder su lugar a la siguiente.
PERSEO, LA MUERTE, LA IMAGEN
Aborda la historia de Perseo, hijo de Zeus y Dánae, a quien el dios fecunda en forma de
lluvia de oro. Al héroe le corresponde traer la cabeza de Medusa; una vez conseguida, es
entregada en agradecimiento a la diosa Atenea, quien la convierte en pieza central de su
armamento para paralizar de terror a los enemigos que la miren. Y es que (medita Vernant)
en toda la aventura de Perseo la mirada cumple un papel fundamental; así ocurre cuando
se enfrenta con las Grayas, tres jóvenes monstruosas que comparten un solo ojo, y también
en su encuentro con las Gorgonas, a quienes no debe mirar para no quedar petrificado.

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