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Historia y Mitología de los Duendes

Este documento habla sobre los duendes, criaturas mitológicas presentes en el folclore de muchas culturas. Explica que los duendes son seres sobrenaturales de tamaño pequeño, con aspecto humanoide. También describe las diferentes tradiciones sobre los duendes en regiones como Europa, España, América y Asia. Por último, analiza las teorías sobre el origen de los duendes y su representación en la literatura a través de la historia.

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Historia y Mitología de los Duendes

Este documento habla sobre los duendes, criaturas mitológicas presentes en el folclore de muchas culturas. Explica que los duendes son seres sobrenaturales de tamaño pequeño, con aspecto humanoide. También describe las diferentes tradiciones sobre los duendes en regiones como Europa, España, América y Asia. Por último, analiza las teorías sobre el origen de los duendes y su representación en la literatura a través de la historia.

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Duende
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Para otros usos de este término, véase Duende (desambiguación).
Duende Martinico en el grabado "Duendecillos" de los Caprichos de Francisco de
Goya.

Los duendes son criaturas mitológicas fantásticas de forma humanoide pero del
tamaño de un niño pequeño que están presentes en el folclore de muchas culturas. La
etimología de su nombre proviene de la expresión "duen de casa" o "dueño de casa",
por el carácter entrometido de los duendes al "apoderarse" de los hogares y
encantarlos,1 o bien del árabe "duar de la casa" ("que habita, habitante").2

En Castilla y León la palabra duende define a un tipo de ser sobrenatural de la


cultura popular equivalente al goblin de otros folclores europeos (del francés
normando gobelin, nombre originado en el de un fantasma que se decía asoló el
pueblo de Evreux en el siglo XII),3 de naturaleza maliciosa hacia los humanos.
Índice

1 Historia
2 Por región
2.1 Europa
2.2 España
2.2.1 Los duendes castellanos
2.2.2 Los duendes cántabros
2.2.3 Los duendes asturianos "apabardexu"
2.2.4 Las lamias
2.3 América
2.4 Asia
3 San Patricio
4 Literatura
5 Televisión y cine
6 Véase también
7 Referencias bibliográficas
7.1 Notas al pie
7.2 Bibliografía de España
7.3 Bibliografía de México
7.4 Bibliografía de Bolivia

Historia

Los duendes tal y como son conocidos, son criaturas mágicas, feéricas (relacionadas
en algún caso con las hadas) y no forman parte de la tradición cristiana, aunque
algunos demonólogos de los siglos XVI y XVII los consideraban un tipo de demonios
ya al menos desde la segunda mitad del siglo XV.4

Se los describe físicamente como no mayores a un metro, de aspecto humanoide,


orejas largas y en punta y de piel verdosa, se caracterizan por ser seres
elementales, cuidadores de la naturaleza y el bosque y por ser escurridizos. En una
definición amplia para la mitología de cualquier cultura, se le describe como de
aspecto humanoide y muy baja estatura, con algún tipo de poder o conocimiento
sobrenatural y provisto de un típico espíritu bromista o malicioso, por el cual se
le culpa de todo tipo de daños menores en el entorno doméstico o rural; siendo así,
entrarían en la categoría genérica del duende los gnomos, los trasgos, el tomte
sueco, el leprechaun irlandés o el poltergeist alemán.
Cubierta del libro La princesa y el duende, de George MacDonald.

Este tipo de supersticiones ligadas a los hogares fueron difundidas por todo el
Imperio romano, ya que su religión pagana afirmaba que había unos dioses menores,
los lares o genius loci, que habitaban una casa a la que estaban ligados con la
función de protegerla. A veces estaban asociados a la familia que construyó la casa
o que la habitó desde que fue construida, esto explicaría su frecuente relación con
los fuegos del altar familiar u hogar, los pucheros o las alacenas. A esto habría
que sumar una noción semejante por parte de los druidas, quizá todavía presente en
la creencia germánica en los Kobold. Pero esta tradición se presenta también en el
folklore de todas las naciones eslavas, donde son llamados domovik, e incluso en el
japonés, donde unas criaturas en todo semejantes se denominan zashiki-warashi. Por
lo demás, los djinn de los pueblos semíticos poseen características muy parecidas.
La superstición, por otra parte, podría tener una etiología bastante elemental: una
justificación maravillosa o imaginativa de los ruidos desconocidos que se producen
en las alacenas, sótanos o cuevas subterráneas cerradas de las casas, casi siempre
debidos a la presencia de pequeños roedores o depredadores en busca de alimento.

Es más, aparte de su origen supersticioso, la leyenda de la llamada "gente


pequeña", como los denominaba en su famoso manuscrito el párroco escocés Robert
Kirk,5 o "duendes", está tan arraigada en unos lugares concretos de Europa (islas
británicas) que algunos han llegado a teorizar la posible existencia de un pueblo
humano de pequeña estatura ya desaparecido en estas ubicaciones, lo que ha
convertido en más probable el descubrimiento reciente del hombre de Flores y el ya
conocido pueblo pigmeo en África.[cita requerida]

El primero en proponer esta explicación fue David MacRitchie (1861-1925), un


folclorista escocés, en su obra The Testimony of Tradition; este tipo de leyendas
(y muchas otras) se habrían fundado en la existencia histórica de un pueblo que
habitaría en cuevas o que sería subterráneo en las Islas Británicas, resto de
gentes antiquísimas de tecnología muy primitiva, quizás neolítica, quienes, ante la
llegada de pueblos más civilizados y mejor armados, se habrían ocultado en la
oscuridad. Esta teoría habría sido completada en The Witch-Cult in Western Europe
(1921) por la doctora Margaret Murray (1863-1963).

El alquimista y médico suizo Paracelso (1493-1541) escribió sobre numerosos tipos


de criaturas ni humanas ni divinas en su grimorio Philosophia Occulta (1570), a los
que llama genéricamente elementales y denominó gnomos (elemento tierra), ondinas
(elemento agua), silfos o sílfides (elemento aire) y salamandras (elemento fuego):

No pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como los
espíritus, no son espíritus, porque comen y beben como los hombres. El hombre tiene
un alma que los espíritus no necesitan. Los elementales no tienen alma y, sin
embargo, no son semejantes a los espíritus, éstos no mueren y aquéllos sí mueren.
Estos seres que mueren y no tienen alma ¿son, pues, animales? Son más que animales,
porque hablan y ríen. Son prudentes, ricos, sabios, pobres y locos igual que
nosotros. Son la imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios…
Estos seres no temen ni al agua ni al fuego. Están sujetos a las indisposiciones y
enfermedades humanas, mueren como las bestias y su carne se pudre como la carne
animal, y son virtuosos y viciosos, puros e impuros, mejores o peores.

Los duendes corresponderían a los gnomos y silfos y habitan mundos propios no muy
alejados del nuestro, aunque invisibles para nosotros porque nuestros sentidos son
poco sutiles y poco desarrollados y por tanto no aptos para observarlos. Sin
embargo todas esas criaturas, según Paracelso, tienen en común ser seres
interdimensionales y atemporales, viven en comunidades jerarquizadas, son
invisibles para los hombres, pero no para algunos animales y niños, son juguetones
y tramposos y enormemente interesados en algunos aspectos sexuales de los humanos,
a quienes a veces raptan cuando son niños; viven muchos más años que los hombres,
pero sin llegar a ser inmortales: 500 años o más, éticamente neutros, inteligentes,
y les aterroriza el hierro y el acero. Poseen tres grandes festividades: la del mes
de mayo, la del 24 de junio (solsticio de verano) y la del mes de noviembre.

Siguiendo la terminología de C. S. Lewis en su ensayo «The Discarded Image: An


Introduction to Medieval and Renaissance Literature» (1964), traducido al español
como «La imagen del mundo», cabría identificarlos con los longaevi o longevos,
espíritus que, cuando Lucifer se levantó contra Dios, no se pusieron de parte ni de
este ni de aquel. Dios habría suspendido su sentencia hasta el día del Juicio
Final, y mientras tanto estos seres circularían por el orbe infranatural, es decir,
por debajo de la órbita de la Luna, pues por encima estaría lo sobrenatural.
Algunos habrían caído a la Tierra y por eso habitarían en cuevas o subterráneos. No
son exactamente demonios ni ángeles: son los duendes, hadas, etc. de que se ha
hablado anteriormente, de ahí su ambigüedad moral. En otro ensayo, el poeta
Heinrich Heine llama a toda esta gente "dioses en el exilio", porque antiguamente
eran los diosecillos paganos menores que detentaban algunas funciones religiosas y
ahora han sido arrojados al margen, por lo que aparecen ridiculizados por la
tradición religiosa dominante. Su aspecto por ello ha sido desfigurado como risible
y sólo tienen importancia para los niños impresionables, gracias a los cuales, sin
embargo, perdura su recuerdo más o menos deturpado.

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