La Inmaculada Concepción, conocida también como la Purísima Concepción, es un dogma de
la Iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del
pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo
Jesucristo, recogiendo de esta manera el sentir de dos mil años de tradición cristiana al
respecto.
No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que
sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció
virgen antes, durante y después del parto.
Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia católica contempla la
posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María
desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había
de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que
iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión
«llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y
recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de
Dios.
Esta solemnidad se celebra el día 25 de marzo, junto con la solemnidad de la Anunciación, ya
que según la fe católica son acontecimientos casi inmediatos, ya que en la Anunciación el
ángel arcángel Gabriel le revela a la Virgen María que dará a luz a un hijo por obra del
Espíritu Santo, y ella finalmente responde: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según
tu palabra”, en ese momento sucede la Encarnación, es por esto que la Iglesia celebra los dos
acontecimientos el mismo día ya que son casi simultáneos.
El origen de la veneración a la advocación de la Encarnación es muy antiguo ya que es unos
de los primeros dogmas de la Iglesia ya que va estrechamente ligado a la doble naturaleza
humana y divina de Jesucristo, por cuanto esto es declarado por los Padres de la Iglesia en el
Credo niceno-constantinopolitano promulgado en el año 381.
Asunción de María o Asunción de la Virgen es la creencia, de acuerdo a la tradición y
doctrina de la Iglesia católica1 y de la Iglesia ortodoxa, la iglesia ortodoxa oriental y algunas
denominaciones protestantes como los Anglicanos de que el cuerpo y alma de la Virgen
María, la madre de Jesucristo, fueron llevados al Cielo después de terminar sus días en la
Tierra. No debe confundirse con la Ascensión, que hace referencia al propio Jesucristo.2
Este traslado es llamado Assumptio Beatae Mariae VirginisNota 1 (Asunción de la
Bienaventurada Virgen María) por los católicos, cuya doctrina fue definida como dogma de
fe (verdad de la que no puede dudarse) por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950. La
Iglesia católica celebra esta fiesta en honor de María en Oriente desde el siglo VI y en Roma
desde el siglo VII. La festividad se celebra el 15 de agosto.