JURISPRUDENCIA DE NOVACION EN EL CODIGO ARGENTINO
Según el código civil y comercial de la nación dirigido por Óscar J. Ameal nos dice
que la novación es una de las formas de extinción de las obligaciones, y en
comparación con el antiguo régimen del código de Vélez Sarsfield este
anteriormente usaba la palabra "transformación" pero el artículo 933 establece que
se trata de la extinción de una obligación por la creación de otra nueva destinada a
reemplazarla, esto quiere decir que la extinción de la obligación anterior y el
nacimiento de la nueva se producen de forma simultánea. Al mismo tiempo que se
extingue una se da vida a una nueva obligación.
Los requisitos para que se configure este instituto son la existencia de una
obligación primigenia, la creación de una nueva obligación y la voluntad de las
partes de realizar el acuerdo novatorio.
En el código de Vélez el animus novandi era un requisito esencial para que se
produzca la novación, esto es, la intención de sustituir una obligación anterior por
una nueva. la jurisprudencia sostuvo que un requisito esencial para que se produzca
la novación de una obligación por otra, es el animus novandi o sea la voluntad de
sustitución (art 812, Cod. Civil)
Entonces de no poder predicarse el cumplimiento de este requisito, la nueva
obligación contraída no causa la extinción del anterior, sino que subsiste de modo
paralelo; la novación implica una renuncia a la obligación originaria.
Un ejemplo, supóngase que Juan se obliga frente a Pedro por la entrega de un
automóvil y, con posterioridad, ambos celebran un nuevo acuerdo por el cual el
primero se compromete a pintarle la casa al segundo. En este caso, a menos que
las partes lo hayan establecido, no hay razón alguna para suponer que hubo una
novación. El propósito de extinguir la obligación anterior y dar luz a una nueva debe
ser indudable, correspondiéndole a quien lo invoca la carga de su prueba.
El ánimo de novar puede surgir de forma expresa, cuando las partes directa, positiva
e inequívocamente exteriorizan su intención de extinguir la obligación primitiva y
reemplazarla por una nueva. No obstante, también de modo tácito en caso de que
el ánimo de novar pueda inferirse con certidumbre de los hechos cumplidos. Por
ejemplo, la nueva obligación contraída podría resultar incompatible con la anterior.
Supóngase que Juan y Pedro celebran un contrato de alquiler por un departamento
con una mensualidad de s/1.000, y que luego suscriben un contrato de compraventa
respecto de la misma propiedad (imputando el precio de los alquileres devengados
a las cuotas para adquirir el inmueble).
Aun cuando en el segundo instrumento no se utilice expresamente el vocablo
"novación" que siempre es aconsejable para evitar incertidumbres, la
incompatibilidad entre ambas obligaciones es tal que no deja lugar a dudas respecto
de la extinción de la anterior.
Ello es así, en tanto resulta imposible que ambas subsistan o coexistan; la nueva
obligación priva definitivamente de causa a la anterior (ya que no se puede alquilar
y vender al mismo tiempo una propiedad).
La jurisprudencia también se ha pronunciado en este aspecto en idéntico sentido:
"la transformación o cambio, para que exista novación, de verdad sobre los
elementos o aspectos objetivos esenciales de la obligación y no afectar puntos
meramente accesorios que no alteran su existencia, como son los cambios que se
relacionen con el tiempo de cumplimiento de la obligación (abreviación de plazos,
prórrogas, facilidades de pago, etc.)
La norma contempla diversas modificaciones que puede sufrir la obligación que no
implican una novación.
2.1. La entrega de documentos suscriptos por el deudor en pago de la deuda:
La norma prevé expresamente el supuesto de entrega al acreedor de
documentos suscriptos por el deudor en pago de la deuda. En ese caso, no
presume que se haya querido sustituir una obligación por otra.
Al respecto, debe interpretarse que la documentación en pagarés u otros
documentos de crédito similares simplemente obedece al propósito de
facilitar el cobro de una deuda que, como tal, permanecerá idéntica.
2.2. Cualquier modificación accesoria de la obligación primitiva: Por otra
parte, una alteración accesoria de la obligación primigenia no constituye
novación. Se trata de modificaciones accidentales (muchas veces referidas
al tiempo, lugar o modo de cumplimiento) que no implican novación de la
obligación originaria, que continúa subsistiendo, pero modificada en esos
aspectos secundarios.
Enfocándonos en el art 940, el efecto natural de la novación es la extinción de la
obligación primigenia con todos sus accesorios que, como tales, no pueden correr
una suerte distinta.
La extinción de los accesorios tiene idéntico carácter definitivo que la extinción de
la obligación principal. Por lo tanto, subsistirán si, pese a la apariencia, no ha dejado
de existir la obligación primitiva. Esto ocurre, por ejemplo, con la invalidez o
inefectividad de la segunda obligación que sustituye a la primera.
Ahora bien, puede suceder que en la obligación primigenia existan garantías reales
(como una prenda o una hipoteca) o personales que el acreedor tenga interés en
preservar. La normativa permite que estas subsistan en la medida que se haga la
reserva respectiva, que debe surgir de manera inequívoca del acto.
Al respecto, no puede soslayarse que el art. 1597 del C C y C dispone claramente
que "la fianza se extingue por la novación de la obligación principal, aunque el
acreedor haga reserva de conservar sus derechos contra el fiador" (ver comentario
al respecto). En definitiva, se trata de una facultad del acreedor fundada en motivos
de orden práctico y que, en principio, no perjudica a otros acreedores quienes
tendrían que haber soportado la garantía.
La reserva debe ser contemporánea a la novación ya que una ulterior sería ineficaz
toda vez que los accesorios ya se habrían extinguido y no podrían revivir por la mera
voluntad unilateral del acreedor.
A su vez, la ley dispone que, una vez efectuada la reserva, las garantías pasan a la
nueva obligación solo si quien las constituyó participó en el acuerdo novatorio. En
este sentido, cabe distinguir dos supuestos diferentes: que haya sido el deudor o un
tercero quien garantizó la obligación primigenia.
La reserva del acreedor respecto de garantías provistas por el deudor El acreedor
puede realizar en el acuerdo novatorio una reserva respecto de una garantía
oportunamente ofrecida por el deudor en la obligación primigenia; por ejemplo, una
garantía hipotecaria sobre un bien de su propiedad.
Esta hipótesis parecería no ofrecer dificultades ya que el deudor originario, en
principio, participa del convenio. Por lo menos así ocurre en la novación por cambio
de objeto, de causa, de un elemento esencial, de acreedor e, incluso, de deudor por
delegación pasiva perfecta. Por lo tanto, la reserva efectuada por el acreedor será
válida si es aceptada por el deudor, sea de forma expresa o bien tácita al no
oponerse ni impugnarla.
No obstante, existe un supuesto particular en el que el deudor original no interviene
en el acuerdo novatorio: la expromisión. Una interpretación armónica de los arts.
803 y 804 CC llevaba a la conclusión de que, en este escenario, el acreedor podía
hacer una reserva de una garantía ofrecida por el deudor en la obligación originaria,
aun sin su conformidad. 140 En efecto, el art. 803 CC (que destacaba que la reserva
"no exige la intervención de la persona respecto de la cual es hecha") planteaba el
supuesto de que un tercero asumiera la deuda, el acreedor liberara al deudor
primitivo, y se mantuviera la garantía constituida por este.
En apoyo a estas ideas, se sostenía que con la expromisión el deudor quedaba
desobligado, que su liberación suponía un beneficio para su patrimonio y que no
sufría ningún daño si dicha ventaja resultaba aminorada por el mantenimiento de
los gravámenes.141 Al respecto, cabe señalar que tal interpretación no se erige
como posible con la redacción del CCyC, que dispone claramente, sin excepción
alguna, que resulta necesario que quien constituyó las garantías participe del
acuerdo novatorio.
Por lo tanto, aun en el supuesto de la expromisión —no regulada expresamente por
la nueva legislación—, será necesaria la intervención del deudor si el acreedor
pretende hacer reserva de una garantía por aquel constituida.
La reserva del acreedor respecto de garantías constituidas por terceros La reserva
efectuada por el acreedor será válida solo si los terceros que constituyeron
garantías personales o reales en la obligación primitiva prestan su conformidad en
el marco del acuerdo novatorio.
En primer lugar, cabe destacar que, en ausencia de una norma al respecto, la
reserva llevada a cabo sin la intervención de los terceros sería en principio
inoponible. Ello es así en tanto la novación provoca la extinción de la obligación
primigenia con sus accesorios y crea una absolutamente nueva.
Por otra parte, la disposición resulta lógica en tanto podría llegarse al absurdo de
que el tercero quede sujeto, sin su consentimiento, a un compromiso más oneroso
que el que previó (por ejemplo, ante una novación por cambio del objeto principal
contenido en la prestación).
Incluso, podría quedar sujeto, sin su aprobación, a un nuevo deudor cuya
honorabilidad y/o solvencia no tuvo la oportunidad de constatar.142 En definitiva,
una solución legal contraria legitimaría distintos tipos de fraude, desvirtuando el
sistema.
Ahora bien, aún con la venia de todos los intervinientes, la reserva no podría en
principio ir más allá del monto o del valor de la obligación sustituida. Ello, a fin de no
perjudicar a otros acreedores, que verían disminuida la garantía patrimonial que les
ofrecen los bienes del deudor.