0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 118 vistas39 páginasMesopotamia
historia antigua mesopotamia
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GEORGES ROUX
MESOPOTAMIA
Historia politica, econdmica y cultural
Prefacio de Jean Bottéro
Director de Estudios en la Ecole
Pratique des Hautes Etides (Asiriologia)
Traducido por
José Carlos Bermejo Barrera
AKALMaqueta: RAG
MOTIVO DE LA PORTADA
Cabeza cincelada en bronce de un rey de la dinastia
de Acad (hacia el 2334-2150), proviniente de Ni-
nive. Se trata probablemengé de Naran-Sin y no
de Sargén, como se ha sol decir.
Iraq Museum de Bagdad
(C) Hirmer Fotoarchiv.
«No esti permitida la reproducci6n toral o par-
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el permiso previo y por escrito de los ticulares
del Copyright.»
Titulo original
LA MESOPOTAMIE
Essai d'histoire politique,
économique et culturelle
© Editions du Seuil, 1985
de la edicion en lengua espafiola:
© Ediciones Akal, S. A., 1987
Los Berrocales del Jarama
Apdo. 400 - Torrején de Ardoz
Telfs.: 456 56 11 - 456 49 11
Madrid - Espaia
ISBN: 84-7600-174-6
Depésito legal: M. 32.392-1987
Impreso en GREFOL, S. A., Pol, II - La Fuensanta
Méstoles (Madrid)
Printed in SpainCAPITULO SEXTO
LOS DIOSES DE SUMER
_ No hay duda de que fue porque era el resultado de un largo pro-
ceso de maduracién in situ, porque era mesopotamia por Origen y por
esencia, por lo que la civilizaci6n sumeria sobrevivio a la desapari-
cién de Sumer en tanto que nacion, hacia el afio 2000, y fue adoptada
por todos los pueblos que, una y otra vez, han ido invadiendo, ocu-
pando y gobernando Mesopotamia. Al igual que toda empresa hu-
mana, evolucion6 con el compas del tiempo, pero también supo con-
servar sus rasgos bdsicos y especificos. Sea cual sea el Angulo bajo
el que se aborde la civilizacién asirio-babilonia que le sucedid, casi
siempre se llega a algun prototipo sumerio. 7
La religion constituye el ejemplo mas Ilamativo '. Desde comien-,
zos de la Historia la religion de los Semitas de Acad parece haberse
disuelto en la de sus vecinos de Sumer, probablemente porque fuese
infinitamente mas simple y estuviese mucho peor estructurada. De en-
tre los centenares de dioses y diosas que comprendian el panteén meso-
potdmico del tercer milenio, no pueden contarse mas de una docena
1 Entre las principales obras consagradas a la religion mesopotamia citaremos: E.
Dhorme: Les Religions de Babylonie et d’Assyrie, Paris, 1945; J. Bottéro: La Religion
Babylonienne, Paris, 1952; S. N. Kramer: Sumerian Mythology, New York, 1961, 2.*
ed. W. H. Romer: «The Religion of Ancient Mesopotamia», en J. Bleeker y G. Win-
dergen (Ed.) Historia Relgionum, 1, Leiden, 1969; R. Jestin: «La Religion Sumerien-
ne» y J. Nougayrol: «La religion baby-lonienne» en H. Charles Puech (Ed.) Histoire
des Religions 1, Paris, 1970; J. Van Dijk «Sumerische Religion» y J. Laesse: «Babylo-
nisches und Assyrisches Religion» en J. P, Asmussen y J. Laess¢ (Ed.): Handbuch der
Religionsgeschichte, 1, Gottingen, 1971; H. Ringgren: Religions of the Ancient Near
East, London, 1973, pp. 1/123; T. Jacobsen: The Treasures of the Darkness: A His-
tory of Mesopotamian Religion, London, 1976. Ver también los capitulos consagra-
dos a la religién en S. N. Kramer: The Sumerias, Chicago, 1963, pp. 112/228 y A.
L. Oppenheim: Ancient Mesopotamia, Chicago, 1964, pp. 143/170.
100de los que se pueda afirmar-que-son-de origen semitieo, y los mds
importantes de ellos (como el dios-sol y el dios-{una, por ejemplo) ya
t s equivalentes sumerios, lo que facilité el desarrollo de un
sincretismo que no haria mas que perpetuarse posteriormente. A co-
mienzos del segundo milenio, cuando otros semitas llegados del Oes-
te, los amorritas, se establezcan entre el Tigris y el Eufrates, su dios
epoénimo Amurru, continuara siendo un divinidad menor y sera a uno
de los pequefios dioses de Sumer ai que los Babilonios elevardn el rango
de dios nacional bajo el nombre de Marduk. Mas adelante, los dioses
arios introducidos por los conquistadores casitas no fueron objeto mas
que de un culto muy restringido y desaparecieron del nombre de los
monarcas de esta dinastia mucho antes de que desapareciese Ashur,
dios nacional de los asirios probablemente fuese, en sus origenes, un
dios local del Norte mesopotamico, el dios de la colina sobre la que
se elevaba la ciudad del mismo nombre’, pero se le dio por compa-
fiera a Ninlil, la diosa esposa del gran dios sumerio Enlil, y cuando
cantaban las alabanzas de Ashur, los escribas de Asurbanipal no en-
contraban titulo mas bello para él que el de «Enlil sin par entre los
dioses». Asi, los dioses de Sumer han sido adorados en Mesopotamia
durante tres milenios e incluso se ha llegado a decir, no sin alguna
exageracion, que la religion babilonia no ha existido jamas y que esta
parte del mundo no ha conocido mas religién que la sumeria‘*.
La idea que los sumerios se hacian de sus dioses, aunque haya si-
do medianamente modificada por el espiritu semita, ha ejercido en
todas las épocas una considerable influencia sobre la vida publica y
privada de los mesopotamios. Se manifiesta a través de centenares de
monumentos y obras de arte, y constituye la base de una notable lite-
ratura mitolégica, épica y sapiencial, de magnificas inspiraciones, de
las que dan testimonio los bellisimos himnos y las deliciosas plegarias
y toda una serie de practicas magicas que quizds hayan constituido
lo esencial de la religién popular, pero que fueron también comparti-
das por los reyes y los grandes de este mundo; y por ultimo y sobre
todo, esta en la propia base de las instituciones politicas. El hecho
de que la sociedad sumero-acadia haya cristalizado en torno a tem-
tuvo una serie de consecuencias profundas y duraderas. En la
prdctica, en primer lugar, y también en teoria, la tierra comunal, el
principado, la realeza y el imperio jamas cesaron de pertenecer a los
dioses locales, ciudadanos y luego nacionales, y desde los ensi y los
_lugal * del tercer milenio, cuyo territorio no abarcaba mas que unos
kilémetros cuadrados, hasta los poderosos reyes de Asiria que llega-
ron a reinar por un momento sobre las riberas del Nilo a los de la
2 J, Bottéro: «Les divinités semitiques anciennes en Mesopotamia», en S. Moscati
(Ed.): Le Antiche Divinitd Semitiche, Roma, 1958; J. J. M. Roberts: The Earliest Se-
mitic Pantheon; Baltimore/London, 1972.
3 W. G. Lambert: «The god Assur», Iraq, 45, 1983, pp. 82/86.
4 J. Van Dikjk, en S. S. Hartmann (Ed.), Syncretism, Stockholm, 1970, p. 179.
* Para el sentido de estas titulaturas véase el capitulo 8.
10!Caspiana, todos los soberanos mesopotamios se consideraron como
«vicarios» de estos dioses, nombrados, «llamados» por ellos, para ase-
gurar el orden y la prosperidad de su pueblo, impartir justicia, defen-
der o engrandecer su pais, pero también, y sobre todo, para hacer aque-
llo para lo que fue creada la humanidad: servir y complacer a los dio-
ses, velar para que sus templos fuesen construidos o restaurados, man-
tenidos y embellecidos, para que se les rindiese culto y para que se
celebrasen las ritos y las grandes fiestas estacionales o anuales*. La
historia de la antigua Mesopotamia esta tan intimamente unida a las
creencias de sus habitantes-que no podriamos abordarla sin esbozar
de un modo preliminar y de un modo sincrénico, justificado en este
dominio, los caracteres dominantes de esta religidn que tanto debe
a los sumerios.
EL PANTEON MESOPOTAMICO
Nuestro conocimiento de las ideas religiosas y morales de los su-
merios, acadios, babilonios y asirios se basa sobre numerosos textos
y diversas listas de dioses y ofrendas, mitos y epopeyas, rituales, him-
nos, plegarias, encantamientos, recopilaciones de proverbios y de pre-
ceptos, etc... —provinientes en gran parte de los archivos sacerdota-
les de Nippur, capital religiosa de Sumer, y de las bibliotecas sagra-
das y reales de Asur y Ninive *, Alrededor de doscientos textos de este
tipo-{pero que suman mas de tres mil lineas) fueron redactados en su-
merio y mas de novecientos en acadio, término bajo el cual se reine
en la actualidad a todos los dialectos semiticos de Mesopotamia, ya
se trate de la lengua de los acadios o de los dialectos babilonio y asi-
rio, que derivan de ella. Otros textos son bilingiies: sumerio y aca-
dio. Algunos de los textos babilonios y asirios son traducciones, o mas
bien adaptaciones de originales sumerios, mientras que los demas ca- -
recen de equivalente en la literatura sumeria conocida hasta ahora.
A excepcién de las listas de los dioses y de algunos mitos que se re-
montan al tercer milenio, todos estos documentos han sido impresos
en arcilla entre el 1900 y los ultimos siglos antes de la Era Cristiana.
La mayor parte de las obras sumerias, sobre todo las grandes narra-
ciones épicas y mitoldgicas, datan del comienzo del segundo milenio,
5 R. Labat: Le Caractere religieux de la royauté assyro-babylonienne, Paris, 193
H. Frankfort: Kingship and the Gods; Chicago, 1948 (Hay traduccién castellana:
yes y Dioses, Revista de Occidente, 1976).
§ Pueden verse reunidas excelentes traducciones de los textos sumerios y acadi
en: R. Labat, A. Caquot, M. Sznycer y M. Vieyra: Les religions dy Proche-Orient (ci-
tado Religions), Paris, 1970; J. B. hard: Ancient Near Eastern Texts Relating to
the Old Testament, Princenton, 1969, 3.* ed. (ANET (3)); A. Falkestein y W. von Do-
den: Sumerische und Akkadische Hymnen und Gebete, Stuttgart, 1953; S. N. Kramer:
L’Histoire commence & Sumer, Paris, 1975, 2.* ed. (HCS (2)). (Hay varias ediciones
en castellano, la mas reciente en Orbis, Barcelona, 1985); M. J. Seux: Hymnes et Prié-
res aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, Paris, 1976.
102-pero es muy probable que reproduzcan las tradiciones transmitidas
oralmente y cuyos origenes se pierden en la prehistoria.
La sistematizacion de los conceptos religiosos | y su expresién- bajo
la forma de familias divinas y mitos comenz6 sin duda en el curso
del cuarto milenio, durante la fase de urbanizacién de la baja Meso-
potamia, y fue obra de muchas escuelas de tedlogos, tal y como de-
muestra la diversidad de estas genealogias y narraciones mitoldgicas,
frecuentemente contradictorias. Es posible que se hubiese praducido
un acuerdo, mientras que cada ciudad de Sumer y Acad [Link]
propio «dios-patrén», elegido en el seno de un panteén comtn al con-
junto del pais’, pero no se trata mds que de una hipotesis. En todo
caso la sociedad divina, tal y como la conocemos por los textos, esta-
ba calcada de la sociedad humana, y el cielo, la tierra y los infiernos
se hallaban poblados por un considerable numero de dioses, a los que
un sincretismo interno fue reduciendo posteriormente, sin llegar a al-
canzar jamds el monoteismo. Al igual que los dioses griegos, estos dioses
mesopotamicos poseian la apariencia, las cualidades, las faltas y las
pasiones de los seres humanos, pero estaban dotados de una extraor-
dinaria fuerza y de unos poderes sobrenaturales y disfrutaban de la
inmortalidad. Ademas, emanaba de ellos, segtin se creia un «explen-
dor», un nimbo de luz que aterrorizaba al hombre, le infundia respe-
to y le inspiraba este indecible sentimiento de contacto con lo divino,
en el que reside la esencia de toda la religion *.
Es prdcticamente imposible establecer una clasificacién «racional»
de los dioses mesopotamios, porque nuestra ldgica no es la misma que
la de los antiguos y muchos de ellos cumplian funciones que nos pa-
recen muy divergentes, si no opuestas, siendo a la vez, por ejemplo,
divinidades tutelares de la vegetacion y de la guerra. Sin embargo, pue-
den entreverse una especie de estratos, por otra parte muy difusos,
seguin el rango que ocupasen los dioses en las listas redactadas en las
diversas épocas y segun la importancia del culto de que fuesen obje-
to. En el peldafio mas bajo de la escala habra que colocar sin duda
a los «espiritus» 0 «demonios», buenos y malos, asi como al «dios
personal», una especie de angel de la guarda asignado a cada indi’
duo, responsable de su bienestar y de sus éxitos y que desempefiaba
el papel de intermediario entre él y los dioses superiores °. Luego ven-
dria el grupo de los dioses de los instrumentos, pico, molde de ladrillo
y arado, por ejemplo, y de las profesiones (ceramistas, forjadores,
orfebres, etc...), seguido del grupo de los dioses de Ja naturaleza en
el sentido amplio del término (minerales, vegetales, animales domés-
7 W. G. Lambert: «[Link] development of the Mesopotamian pantheon»,
en H. Goedicke y J. J. M. Roberts (Ed.): Unity and Diversity, Baltimore and London,
1975, p. 192.
8°E. Cassin: La Splendeur divine, Paris, 1968.
9 H. Vorlinder, Mein Gott (AOAT, 23), Neukirchen. Vluyn, 1975. Este dios per-
sonal, que quizds haya sido ademés uno de los grandes dioses es representado frecuen-
temente sobre los cilindro-sellos de la época de la III Dinastia de Ur.
103\
ticos o salvajes, dioses de la fertilidad, de los partos, divinidades cu-
radoras, y dioses de fa tempestad, del viento y del fuego), quizas los
mas numerosos e importantes originariamente, porque personifica-
ban «el habito vital, el haz espiritual, las voluntades y los poderes in-
manentes en lo$ fenémenos naturales», concepto caracteristico de la
mentalidad primitiva "°. En el escalén siguiente situariamos a los dio-
ses de los infiernos (Ereshkigal, Nergal) a la par con los dioses esen-
cialmente guerreros, como Ninurta. Por encima de ellos a las divini-
dades astrales, sobre todo al dios-luna Nanna (6in en acadio) y al dios-
sol Utu (Shamash), uno de ellos fijando el tiempo (los meses lunares)
y conocedor de los destinos de cada uno, pero misterioso en muchos
sentidos, y el otro gran justiciero, porque desemascara al criminal,
al igual que disipa las tinieblas con su cegadora luz. Y por ultimo y
en la cumbre de la escala se situarfa la triada césmica que constituyen
An, Enlil y Enki. -
An (Anu en acadio) es el dios-cielo, el dios mas elevado tanto en
sentido propio como figurado. Su nombre se escribe con un signo en
forma de estrella que significa a la vez «cielo» (an) y «dios» (dingir
en sumerio, i/u(m) * en acadio). Soberano de todos los dioses, arbi-
tra sus disputas y sus decisiones no son apelables, pero se ocupa poco
de los asuntos de los hombres. Majestuoso y reverenciado, pero rele-
gado al firmamento, seguira siendo siempre un personaje lejano y por
lo tanto muy mal definido. El auténtico dios supremo de los sumerios
sera Enlil, el «sefior-aire», o «atmésfera», palabra que evoca la in-
mensidad, el movimiento y la fuerza de los vientos, pero también el
hdlito vital. Si An es el rey de los dioses, Enlil es el rey, no sdlo de
Sumer, sino de toda Mesopotamia y de toda la tierra, «el pastor de
las copiosas multitudes». Es é} quien elige a los soberanos y de! mis-
mo modo que las érdenes de un monarca garantizan la supervivencia
y la prosperidad de sus stibditos, es por la unica voluntad de Enlil que
el mundo (que ademas cred) contintia existiendo y subviniendo a las
necesidades de los hombres y en consecuencia de los dioses:
«Sin Enlil, el «Gran Monte»
Ninguna ciudad seria construida y ningtin establecimiento funda-
do;
Ningun establo seria construido y ninguna majada instalada.
Ningin rey seria alzado, ni naceria ningiin sumo-sacerdote.
Los rios
no haria que se desbordasen con sus aguas de crecidas.
Los peces del mar ,
no pondrian sus huevos en la junquera.
Las aves del cielo
no construirian sus nidos sobre la ancha tierra.
10 T, Jacobsen: The Treasures of Darkness, p. 20.
* En acadio los sustantivos terminaban primero en -um -im o -am, segin estuvie-
sen en nominativo, genitivo o acusativo. A partir de la segunda mitad del segundo mi-
lenio la m tiende a desparecer y las palabras terminan en -u, -i 0 -a.
104En el cielo
las nubes vagabundas no proporcionarian su humedad.
Las plantas y las hierbas, glorias de los campos
no podrian crecer.
En el campo y la pradera,
los ricos cereales no podrian florecer.
Los 4rboles plantados en el montafioso bosque
no podrian dar sus frutos» !’.
Mas sutil y mejor conocida es la personalidad del tercer miembro
de la triada, Enki'?. A pesar de las apariencias no es seguro que su
nombre signifique «sefior-tierra» (ki)», y los lingiiistas discuten tam-
bién el sentido preciso de su nombre acadio, Ea. Sin embargo es cier-
to que Enki/Ea es el sefior de las aguas dulces, de ahi su importancia
en Mesopotamia. Su caracteristica principal la constituye su inteligen-
cia, su «grandeza de ofdo», como entonces se decia, sin duda en re-
cuerdo del tiempo en el que todo el saber se transmitia oralmente. Tam-
‘ bién es el inventor y el protector de las técnicas, las ciencias y'las ar-
tes, asi como el patrén de los magos. Ademés detenta el me, que pa-
recen ser las palabras claves de los elementos de Ja civilizacién sume-
ria, tal y como fueron determinados por los dioses, pero que también
juegan un papel importante en la distribucién de los «destinos» ?.
Gracias a su incomparable inteligencia Enki va a poder aplicar las le-
yes promulgadas por Enlil. Un largo poema trepidante de vida nos
lo muestra poniendo al mundo en orden, extendiendo su bendicién
benéfica sobre los establos, los campos y las ciudades no sdlo de Su-
mer, sino también de Meluhha y Dilmun, y sobre los pastores néma-
das del desierto sirio, los [Link], convertido en toro y Ilenando el
Tigris con el «agua chispeante» de su semen, asignando a una docena
de dioses menores sus tareas especificas y finalmente confiando al dios-
sol Utu el «universo entero» **. Este maestro arquitecto, este gran in-
geniero que dijo de si mismo:
«Yo soy quien administra los cielos y \a tierra,
Yo soy la oreja y el cerebro de todos los paises»
es el dios mas prdéximo al hombre, y su mejor amigo. De él es de quien
vino la idea genial de crear a la humanidad para que se encargase del
trabajo de los dioses y él es quien, como veremos, la salvard del diluvio.
Este panteén masculino se duplica en un panteén femenino que
también comprende divinidades de todos los tipos; algunas son sim-
ples esposas, y otras tienen a su cargo funciones especificas, y a la
"1 Himno a Enlil: ANET (3), p. 575; HCS, pp. 111/114.
12 Acerca de este dios ver el exceleme estudio de J. Bottéro en el Dictionnaire des
mythologies (Flammarion), II, 1981, pp. 102/111.
13 Lista de los me en J. Bottéro: Op. cit. supra, p. 106; S. N. Kramer: The Sume-
rians, p. 116.
14 Mito de «Enki y el Orden del Mundo»: S. N. Kramer: Sumerian Mythology,
pp. 59/62; The Sumerians, pp. 172/183; HCS pp. 115/117.
105cabeza del cual truenan Ninhursag, la diosa madre (también llamada
Ninmah o Nintu)y la diosa Inanna (la Istar de los semitas), que, con
su amante preferido, Dumuzi, jugard un papel importante en la mi-
tologia sumeria.
Inanna, la «duefia del cielo» es la Mujer por excelencia: joven,
bella, tierna, sensual, coqueta, pero también pérfida, caprichosa y su-
jeta a violentas cdleras que hacen de esta diosa del amor una terrible
guerrera. Es bajo estos dos aspectos que mas tarde llegara a ser igual
a los mas grandes dioses de Babilonia y Asiria '°. Demuzi (el «hijo
legitimo») parece haber salido de la fusidn de muchos dioses prehis-
téricos, porque si bien es cierto que es ante todo el dios protector de
los ganados, también lo es que parece haber sido, en determinados
momentos, el dios de la vegetaci6n que muere y renace cada afio. Pe-
ro una creencia muy antigua pretend{a que la reproduccién del gana-
do y el florecimiento de las plantas y los frutos estarian asegurados,
cada afio nuevo, mediante un ritual en el que este dios, representado
por el rey, se uniria a Inanna, representada por una de sus sacerdoti-
sas. Magnificos poemas de amor, que unen el mas franco erotismo
a los més tiernos sentimientos tienen como tema este matrimonio
sagrado '*, mientras que la ceremonia, tal y como se desarrollaba so-
bre la tierra, nos es contada en los himnos reales, de los que el mas
explicito es el himno a Iddin-Dagan (1974-1954), tercer rey de la di-
nastia de Isin!’. En una habitacién especial del palacio se instalaba
un lecho de juncos perfumado y sobre él se colocaba una confortable
cubierta. La diosa se habia bafiado y habia expandido por el suelo
aceite perfumado de cedro. El rey avanza entonces:
«El rey se aproxima, con la cabeza alta, a su sagrado regazo
Se aproxima, con la cabeza alta al sagrado regazo de Innana
Amma-ushumgal-anna * se tumba junto a ella
Acaricia su sagrado regazo.
Cuando la Sefiora se tumba sobre el lecho,
en el sagrado regazo (del rey),
Cuando la pura Innana se tumba sobre el lecho
en su sagrado regazo,
Hace el amor con él sobre su lecho.
Y dice a Iddin-Dagan:
‘Verdaderamente tu eres mi bien amado’».
15 W. W. Hallo y J. Van Dijk: The exaltation of Inanna, New Haven/London,
1968 (ver ANET (3), pp. 579/582). Ver también los himnos y plegarias a Istar reunidos
por R. labat, Religions, pp. 227/257, y M. J. Seux: Hymes et Prieres, passim.
16'S, N. Kramer: The Sacred Marriage Rite, Bloomington, 1969; Le Mariage sa-
cré (tr. fr. J. Bottéro), Paris, 1983. Ver también: J. Renger, articulo «Heilige Hoch-
zeit», RLA, IV, pp. 251/259. Principales textos en ANET (3), pp. 637/645; S. N. Kra-
mer, HCS, pp. 156/167; T. Jacobsen: The Treasures of Darkness, pp. 25/47.
17D. Reisman: «lddin-Dagsn’s sacred marriage hymn», JCS, 25, 1973, pp.
185/202.
* Uno de los sobrenombres de Dumuzi.
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Must Zimrilim, rey de Mari, por la diosa Istar,
aqu fiosas del «vaso que mana» en el nivel
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107Una vez realizado el acto carnal, se permite la entrada del pueblo
cargado de ofrendas, al igual que de los musicos. Entonces se sirve
un banquete:
«Amma-ushumgal-anna extiende su mano para comer y beber,
El palacio esta en fiestas, el rey esta alegre.
EI pueblo pasa el dia en la abundancia».
Sin embargo, las relaciones entre Inanna y Dumuzi no eran siem-
pre tan tiernas y un célebre texto nos muestra a la diosa bajo una luz
mucho menos favorable. Se trata del mito «E/ descenso de Inanna
(o Istar) a los Infiernos», del que poseemos dos versiones, una sume-
ria y otra asiria!*. En la version sumeria, la mas pormenorizada, In-
nana desciende, efectivamente a lo que se Ilamaba «el pais sin retor-
no», despojandose de un vestido o de una joya en cada una de las
etapas, para arrancarle este dominio a su hermana Ereshkigal, la Per-
séfone sumeria. Derrotada, es ejecutada y luego resucitada con la ayu-
da de Enki, pero no se le autoriza a volver sobre la tierra mas que
si promete hallar un sustituto. Tras haber errado durante largo tiem-
po en busqueda de una victima potencial, elige por fin a su despreo-
cupado esposo. Capturado inmediatamente por los demonios, Dumuzi
desaparece y es llorado por su hermana Geshtinanna, diosa de la vid.
Por ultimo, conmovida por las lamentaciones de su esposo, Inanna
decide que Dumuzi pasard la mitad del afio bajo tierra y Geshtinanna
la otra mitad.
EI ritual del matrimonio sagrado, probablemente originario de
Uruk, pero practicado también en otras ciudades, no parece haber so-
brevivido a la caida de la dinastia de Isin (1794). Tras esta fecha, Du-
muzi, llamado Tammuz por los semitas, cae al rango de una divini-
dad secundaria, vagamente asociada a los Infiernos. Se hablara de él
como amante de Istar, pero mientras que ella brilla en el firmamento,
en tanto que planeta Venus, él por el contrario no es mas que la cons-
telacién de Orién. Un mes del verano lleva su nombre y continwa ade-
més Ilevandolo todavia en el mundo drabe. Pero he aqui que en los
ultimos siglos del primer milenio su culto renacera, aunque esta vez
en el oriente mediterraneo. Dios de la vegetacién, mas o menos asi-
milado a Osiris, se convertird en el adon, el «sefior», este Adonis cu-
ya desaparicién Iloran las masas populares en Jerusalén, en Biblos,
en Chipre, e incluso mds adelante en Roma. Segun una leyenda grie-
ga Perséfone y Afrodita se disputaban al bello jovenzuelo cuando Zeus
intervino y decidié que de ahi en adelante él compartirfa el afio con
las dos diosas '°. De este modo el viejo mito sumerio del descenso de
18 Version sumeria en ANET (3), pp. 52/57; ver S. N. Kramer: Sumerian Mytho-
logy, pp. 83/96; HCS pp. 156/167. Version asiria en ANET (3), pp. 106/109 y R. La-
bat: Religions, pp. 258/265. Acerca de las lamentaciones en el culto sumerio de Dumu-
i: T. Jacobsen: Op. cit., pp. 47/83.
9 R. Graves: The Greek Myths, Hardmondsworth, 1955, i, p. 70; H. Ringgren:
Religions of the Ancient Near East, p. 136.
108Inanna a los Infiernos no caera en el olvido. Por caminos que cono-
cemos muy mal alcanzé, como tantos otros mitos y leyendas mesopo-
tamicas, las costas del mar Egeo.
LEYENDAS DE LA CREACION
Los Mesopotamios eran incapaces de concebir el universo al mar-
gen de la imagen del mundo que contemplaban a su alrededor: un cielo
inmenso, una enorme Ilanura y mucha agua. Para ellos la tierra (ki)
era un disco plano que flotaba sobre el agua dulce (abzu, apsii), y que
estaba rodeado por un gran Océano cerrado por un anillo de monta-
fias. Todo el conjunto se hallaba contenido en una esfera, cuya mitad
superior formaba el cielo (an), sdlida béveda de broncineo color en
la que se movian los astros, y la mitad inferior, invisible y misteriosa,
el mundo subterraneo, los Infiernos (kur). A su vez esta esfera estaba
en suspensién en un «mar primordial», eterno e ilimitado.
A la gran pregunta en torno a los origenes del mundo y el hom-
bre, los mesopotamios fueron dando respuestas que iban variando se-
gun las tradiciones locales, las épocas y el publico al que iban dirigi-
das. Habia cosmogonias populares muy simplificadas como la que fi-
gura al comienzo de-un encantamiento contra el «gusano» responsable
de los dolores de muelas: Anu habia creado el cielo, el cielo habia crea-
do la tierra, y la tierra los rios, los rios los canales, los canales el loda-
zal, y el lodazal el gusano”’. Otra leyenda, mas seria, ya que forma
parte de un ritual, indica que Anu habia creado al cielo y Ea (Enki),
el apsii, su morada?'. Un tercera narracion, proviniente de Sippar y
de época muy tardia, muestra al dios Marduk construyendo una bal-
sa en la superficie de las aguas y recubriéndola de polvo para formar
la tierra, de la misma forma en la que los habitantes del Iraq actual
construyen las islas artificiales sobre las que construyen a veces su cho-
zas de cafias**. Sin embargo, la tradicién «oficial» mejor estableci-
da, la que habia prevalecido y se habia perpetuado bajo modos diver-
sos hasta la extincién de la civilizacién mesopotamica, e incluso mas
alla de ella, tiene, como de costumbre, origen sumerio.
A decir verdad, todavia no se ha encontrado ningun mito sumerio
relativo a la creacién del cosmos, pero reuniendo los datos dispersos
en muchos textos el eminente sumerdlogo S. N. Kramer consigui6 re-
construir el siguiente esquema”: el mar primordial, personificado
20 A. Heidel: The Babylonian Genesis, Chicago, 1954, 2.* ed. pp. 72/73; P. Ga-
relli: Sources Orientales: la naissance du monde, Paris, 1959, pp. 150/151; ANET (3),
pp. 100/101; R. Labat, Religions, p. 78.
21 Ritual de los sacerdotes kali: F. ThureauDangin: Rituels akkadiens, Paris, 1920,
pp. 44/47; ANET (3), p. 341; R. Labat, Religions, pp. 76/77.
22 A, Heidel: Babylonian Genesis, pp. 60/63; R. Labat: Religions, pp. 74/76.
33 §.N. Kramer: Sumerian Mythology, pp. 30/41, The Sumerians, pp. 112/113;
HCS pp. 101/103.
109Mustracion 8.*: Esquema de la representacién sumeria del mundo S. N. Kramer: La
historia comienza en Sumer.
por la diosa Nammu, dio nacimiento al cielo (An) y a la tierra (Ki),
estrechamente unidos en una «montajfia césmica». De la unién de An
y Ki nacieron los grandes dioses, los Annunaki, y sobre todo Enlil.
Enlil separé el cielo y la tierra, y luego se «llevé» a esta ultima, mien-
tras An se «llevaba» al cielo. Esta idea de que el mar es el elemento
primordial y de que el universo nacié de su separacién por parte de
un tercero, a partir del estallido de sus propios componentes —en cierto
modo a partir de un «big-bang»— fue adoptada por los babilonios
y los asirios y es la clave de la leyenda mas completa y mas detallada
de todas las que poseemos: la gran epopeya césmica, a la que se suele
dar como titulo (tal y como hacian los mesopotamios para designar
las obras literarias) las primeras palabras que abren la narracion enu-
ma elish: «Cuando en lo alto...»
Se trata de un largo poema en siete tablillas, probablemente re-
dactado en Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor I (1124-1103),
pero del que no poseemos mas que ejemplares que datan del primer
milenio**. E] papel principal esta representado por Marduk, pero en
una versién asiria el nombre de este dios fue reemplazado por el de
Ashur. Quizas Marduk también hubiese reemplazado a Enlil, el demiur-
go mas probable en otra version babilonia antigua todavia hipotética.
24 R. Labat: Le poeme babylonien de la Création, Paris, 1935; Religions, pp.
36/70, de donde hemos tomado nuestras citas; A. Heidel: Op. cit. ANET (3), pp. 60/72;
pp. 501/503; J. M. Seux en J. Briend (Ed.). La création du monde et del’hommne d’aprés
les textes du Proche-Orient, Paris, 1981, pp. 7/40; W. G. Lambert, articulo «Kosmo-
logie», RLA, VI, pp. 218/222. Ver también el comentario de J. Bottéro en el Annuai-
re, 1975, pp. 77/126.
110El autor del poema parece haberse inspirado en un espectaculo ti-
pico del sur mesopotdmico que todavia se puede contemplar en Ja ac-
tualidad, colocdndose al alba de un dia de verano sobre la costa ira-
qui del Golfo Pérsico, en la desembocadura del Chat el Arab. Una
espesa bruma oculta el horizonte, grandes charcos de agua dulce que
se filtran del suelo empapado se mezclan con las aguas del rio y el
mar. Playas de limo se extienden hasta el infinito, sdlo algunos giro-
nes son visibles instantaneamente. El mar, el rio, la tierra y el cielo
se confunden en un inmenso caos liquido. Y asi es como comienza
la narracién, en el momento en el que todavia nada habia sido nom-
brado —es decir «creado», porque para los mesopotamios no podia
existir nada que no tuviese un nombre y cuando el agua dulce (Apsii)
y el mar (Tiamat) todavia formaban un sdlo y unico elemento:
«enuma elish la nabii shamamu...
Cuando en lo alto el cielo no habia sido todavia nombrado,
Cuando en lo bajo la Tierra todavia no tenia nombre,
(Y) la engendradora Tiamat, que los dard a luz a todos,
Todos ellos mezclaban sus aguas en uno solo,
Cuando los pastos no estaban aglomerados ni eran visibles los ca-
nales,
Mientras no habian aparecido los dioses,
Y ninguno tenia un nombre ni estaba provisto de un destino,
Los dioses fueron creados de su seno...»
En el paisaje que acabamos de describir zonas de aluviones van
emergiendo poco a poco de la bruma a medida que el sol se levanta
y la disipa, luego aparece una linea nitida que separa a las aguas ma-
rinas de las terrestres. De este modo los primeros que emergen del caos
césmico, Lahmu y Lahamu, personifican el aluvion * y van seguidos
por Anshar y Kishar, que son los horizontes del cielo y la tierra. Ans-
har y Kishar se unen para engendrar a Anu, quien engendra a Ea. Lue-
go nacerdn otros dioses, pero no se nos dice nada de ellos, sino que
son turbulentos y ruidosos y «perturban el seno de Tiamat». Tiamat,
Apsi y su jugarteniente Mummu deciden destruirlos, pero Ea, amigo
de los dioses, al igual que lo es del hombre, hace fracasar el complot.
Lanza sobre Mummu una especie de pardlisis, duerme a Apsi, lo en-
cadena y se apodera de su corona, y luego lo mata. Se retira luego
a su morada, construida sobre los abismos del apsii, y, junto con su
esposa Damkina, engendra a un hijo, Marduk, dotado de notables
cualidades:
«Espléndida era su naturaleza, resplandeciente su rostro...
Inconcebiblemente maravillosas eran sus dimensiones,
ilmposibles de pensar, dificiles de imaginar!
Cuatro eran sus ojos y cuatro sus orejas.
28 T. Jacobsen: The Treasures of the Darkness, p. 256, n. 332.
1Cuando movia sus labios el fuego llameaba.
Su facultad de comprensién se habia multiplicado por cuatro,
Y sus ojos, del mismo modo, veian la totalidad de las cosas.
Exhaltado entre los dioses, superior era su talla,
Sus miembros eran gigantescos...»
Pero Tiamat siempre estard viva y continuara siendo libre. Loca
de furia por la muerte de Apsii, declara la guerra a los dioses. Crea
las serpientes gigantes «de agudos dientes, de inclementes mandibu-
las, con el cuerpo lleno de veneno en lugar de sangre...», los drago-
nes salvajes, los grandes leones, los perros espumeantes y los demo-
nios tempestad, y puso a uno de sus hijos, Kingu, a la cabeza de este
ejército de pesadilla. Informados por Ea de lo que se avencina, los
dioses estan aterrorizados. Anshar «se golpea el muslo y se muerde
el labio», y declara que es preciso derrotar a Tiamat. Ea, y luego Anu
se acercan al enemigo, pero retroceden espantados. Los demas dioses
se niegan a combatir, todos excepto Marduk, que, presionado por su
padre, acepta, pero con una condicién: que se retina la Corte en Con-
sejo, la divina asamblea, que le proclame su lider y le confie la labor
de «proclamar los destinos», que sus érdenes no sean modificadas ni
revocadas. Tras un festin, en el que «beben la cerveza dulce y amar-
ga», ligeramente alegres, «languidos y alegres», dan el cetro a Mar-
duk, el trono y la insignia de su realeza «sobre el conjunto del univer-
so».
Marduk elige sus armas: el arco, el rayo, la red, los vientos y los
huracanes. Se reviste de una «temible coraza», se toca de una corona
«que irradia el terror», y montado sobre su carro-tempestad, va a de-
safiar a Tiamat en combate singular. Arroja su red sobre ella, y como
abre la boca para gritar, precipita los vientos en sus entrafias, y luego
atraviesa su corazén con una flecha y le rompe el craneo con su ma-
za. Inmediatamente el ejército de monstruos se retira y su jefe Kingu
es capturado. Marduk parte entonces el cadaver de Tiamat «como un
pez seco», una de sus mitades tapizard el cielo y la otra sostendra la
tierra. Y he aqui como se cre6 el mundo tal y como se nos presenta.
Sobre la nueva béveda celeste, fijé el camino del sol, la luna y las es-
trellas. Sobre la cabeza y los pechos de Tiamat apiléd las montafias,
y de sus cuencas vacias hizo manar el Tigris y el Eufrates. De su «ba-
ba» hizo nacer la nieve y la Iluvia. Luego, tras asignar a cada dios
su labor y después de-amnistiar a los que se habian rebelado, decidiéd
«crear una bella obra» y confié su proyecto a Ea:
«Haré un haz de sangre, una osamenta.
iY alzaré un ser humano, cuyo nombre sera Hombre!
Quiero crear a este ser humano, a este hombre,
Para que, encargado del servicio de los dioses,
éstos puedan estar en paz.»
Por consejo de Ea, se trajo a Kingu atado, se le juzgé, se le reco-
112nocié culpable de haber fomentado la revuelta y se le corté la gargan-
ta:
«De su sangre Ea creé a la humanidad,
Le impuso el servicio de los dioses...»
Para recompensar a Marduk por sus hazaiias los dioses cogieron
el ladrillo y la paleta por ultima vez y construyeron su templo en Ba-
bilonia, el Esagil. Luego, reunidos de nuevo en un banquete, «pro-
clamaron sus cincuenta nombres», los cincuenta gloriosos epitetos que
serviran para nombrarlo.
EI final de este gran poema consistia pues, evidentemente, en can-
tar la gloria de Marduk y en justificar por su eleccién, su victoria y
sus actos de creador el lugar que ocupaba en la cuspide del pantedn.
Pero bajo este tema central se deslizan muchos conceptos que tras-
cienden la simple apologia. Asi es como la lucha de generaciones —
este fendmeno que creiamos nuevo— se halla ilustrada por esos dio-
ses jdvenes y turbulentos que alteran la tranquilidad de las viejas di-
vinidades, pero que seran dioses activos y benéficos. La creacién del
cosmos esta descrita, no como un acto gratuito y espontaneo de un
dios todopoderoso, sino como el resultado de un colosal combate, co-
mo la victoria del Orden sobre el Caos, del Bien sobre el Mal. Todo
el poéma se halla ademas impregnado por una gran violencia, que qui-
As sea un reflejo de la convulsa época en la que fue compuesto. Mien-
tras que la mayor parte de los mitos de la creacién nos muestran al
primer hombre nacido de una pareja divina o modelado en la arcilla
por un dios 0 una diosa”*, dos grandes narraciones babildnicas exi-
gen que intervenga en el proceso la sangre de un dios. No sabemos
quién era dios Wé, al que se degiiella en el mito de Atrahasis (del
que volveremos a hablar a propésito del diluvio), para que la diosa
Mami mezcle su sangre con la arcilla, pero en el enuma elish Kingu
es un dios malo, un rebelde, un criminal, y su sangre slo es utilizada
para dar vida al hombre, como si se quisiese indicar que éste ultimo
es ala vez divino y demoniaco, fuerte y débil. Como dicen los sabios
en un poema sumerio al que Ilamamos E/ hombre y su dios ninguna
madre ha traido al mundo a un hijo destinado a permanecer sin
pecado»?’.
26 En la tradicién sumeria la humanidad surge o bien «como las huerbas» de la
Tierra fecundada por el cielo (J. Van Dijk, Acta Orientalia, 28, 1964, pp. 23/24), 0
bien es modelada en arcilla por una diosa (mito de «Enki y Ninmah»: S. N. Kramer:
Sumerian Mythology, pp. 68/72; HCS, p. 126). Este ultimo método de creacién es el
nico conocido por la tradicién babilonia.
27 §.N. Kramer: «Man and his God», ANET (3), pp.. 589/591; The Sumerians,
pp. 125/129.
113LA VIDA, LA MUERTE Y EL DESTINO
Esta exhuberante y apasionante mitologia, que apenas hemos es-
bozado, no debe hacernos olvidar el elemento basico de la religion
mesopotamia: las relaciones entre el individuo y sus dioses y el im-
pacto de lo divino sobre la vida cotidiana. No hay ninguna duda de
que estas relaciones varian seguin se trate de reyes, de poderosos dig-
natarios, de sacerdotes o del comun de los mortales, pero seria ir de-
masiado lejos el sostener, como se ha hecho, que el pueblo bajo y me-
dio «vivia en un clima religioso muy tibio» y que no tenia contactos
con la divinidad mas que a través de la mediacién del clero, o como
espectador en las grandes fiestas *. Los nombres tedforos de los me-
sopotamicos —nombres como Ili-wedaku, «dios mio, estoy solo»,
Tremanni-ili «dios mio ten piedad de mi», Adallal-Sin «cantaré a Sin»,
y muchos otros— son frecuentemente auténticos lamentos espiritua-
les que expresan el desasosiego, la suiplica, el agradecimiento o la ale-
gria para con éstos, y la piedad de los padres o de quienes los
llevaban”*, Ademas existen muchas otras pruebas de esta devocién
popular, pruebas dispersas, de origen epigrafico y arqueolégico, y que
seria muy extenso desarrollar aqui. Ademas, es dificil concebir que
la aristocracia y la clase sacerdotal hubiesen detentado el monopolio
del pensamiento religioso, cuando la poblacién en su totalidad, en es-
tas épocas tan remotas, debia sentirse rodeada de fuerzas maléficas
o benéricas muy poderosas, que ejercian una profunda influencia so-
bre sus actividades y a las que seria preciso neutralizar, apaciguar o
llamar pidiendo auxilio. Sabemos que fuera de los templos habia pe-
quefias capillas en las ciudades dedicadas a esos dioses menores, pero
cercanos al pueblo menudo, por su propia naturaleza*°, y es sin du-
da hacia esos santuarios, a los que, llegado el caso, se dirigirian para
rezar, por ejemplo, a Gula, diosa del parto, o a Endursag, protector
de los viajeros y a colocar a sus pies una modesta ofrenda de harina
y datiles. Aunque ninguin texto lo diga expresamente, debemos pen-
sar que el campesino o el pastor mesopotamicos también debieron ha-
ber orado a Ashnan, dios de la tempestad, o a Shumugan, dios del
ganado, en el mismo lugar de su trabajo. ~No hemos visto al granje-
ro modelo sumerio pedir a Ninkilim que aleje de su campo a los ani-
males y a los pajaros?
A nivel general, la actitud de los mesopotamicos hacia sus dioses
recuerda a la de los sirvientes hacia sus buenos amos, mezcla de su-
misién y temor, pero también de respeto, admiracién y confianza. Si
la liturgia ordinaria de los dioses, el cumplimiento de multiples y com-
28 A. L. Oppenheim, Ancient Mesopotamia, pp. 176 y 182.
29 M. J. Seux: Hymnes et Priéres, pp. 13/14. Nomnres teéforos sumerios en H.
Limet: L’anthroponimie sumérienne dans les documents de la Troisiéme Dynastie de
Ur, Paris, 1968.
30 Sir Leonard Woolley y P.R.S. Moorey: Ur of the Chaldees, (3), London, 1982,
pp. 208/212.
114plejos rituales y la celebracién de las grandes fiestas estacionales, con-
tinuaban siendo patrimonio de los sacerdotes, también es cierto que
todo el mundo, desde el monarca hasta el mds humilde los subditos,
tenian el deber de obedecer a los dioses, de seguir escrupulosamente
sus prescripciones y de respetar las innumerables reglas y tabuies que
marcaban el compas de los dias. Transgredir esas. leyes no solo seria
una locura, sino también un pecado, y todo pecado, aunque sea invo-
luntario (como rozarse con un malhechor, sentarse sobre la silla de
una embrujada o tocar a una mujer con las manos sucias) podia ser
castigado con Ia ruina, la enfermedad o la muerte, castigos todos ellos
decretados 0 permitidos por los dioses irritados, y ejecutados por al-
guno de los multiples demonios ocultos en la sombra y siempre dis-
puestos a asaltar a su victima. Sin embargo seria un error reducir la
religion mesopotamica a un mero formalismo repetitivo y monéto-
no, cuando numerosas plegarias, escritas por los sacerdotes y recita-
das por ellos a peticién de quien tuviese necesidad de la ayuda divina,
dan testimonio de un auténtico fervor, e incluso, a veces de una emo-
cién sincera:
«Me dirijo hacia ti, dios mio, he venido ante tu presencia. Te
he buscado, dios mio, me he arrodillado a tus pies, acoge mi
suplica... *'».
0 todavia:
«Bienaventuradas estrellas de los cielos, bienaventuradas es-
trellas de la tierra.
Numerosas son las gentes del pueblo,
El oprimido y el opresor, el que carece de poder, el que carece de
poder.
Que cada dia os siguen sin cesar.
Porque sabéis hacer este gesto de bondad,
Os llamo y me dirijo hacia vosotras... ®».
Ofrendas, libaciones, sacrificios, alabanzas no eran todo lo que
los dioses exigian de los seres humanos. Sus favores se dirigian prefe-
rentemente a aquellos que Ilevasen una vida ejemplar, a quienes eran
buenos esposos, buenos padres, buenos hijos, buenos vecinos, bue-
nos ciudadanos, y que practicaban las virtudes que por aquel enton-
ces eran tan apreciadas como en la actualidad: benevolencia, compa-
sién, rectitud y sinceridad, justicia, respeto a las leyes y al orden esta-
blecido.«Cada dia rinde homenaje a tu dios», dice un padre a su hijo
(o un maestro a su discipulo) en los admirables Consejos
sapienciales*, pero también:
3! Oracién al «dios personal», M. J. Seux: Op. cit. pp. 205/206.
32 Oracién al «dios de la noche», ibid., p. 247.
33 W. G. Lambert: Babylonian Wisdom Literature, Oxford, 1960, pp. 96/107; R.
Labat, Religions, pp. 346/349.
115«A quien te ha hecho el mal, devuélvele el bien a cambio,
Sé justo para quien sea malo contigo...
No desprecies a los que sufren...
Haz gestos amables y rinde todos los dias servicio...
No calumnies, di siempre buenas palabras,
No tengas malas intenciones, no tengas mas que palabras de bon-
dad...»
En recompensa por su piedad y su buena conducta los dioses da-
ban a los hombres ayuda y proteccién: les aseguraban una posicién
social respetable, la prosperidad, hijos numerosos, buena salud, una
larga vida y todas esas cosas con las que muchos de nosotros nos con-
formariamos, y que los mesopotdmicos, gentes prdacticas, apreciaban
vivamente.
Su esperanza mds anhelada parece haber sido el poder alcanzar
una avanzada edad, pero los dioses ya habian fijado por anticipado
la fecha de su muerte, el momento en el que debian, como ellos de-
cian, «ir a su destino», y era preciso resignarse a esta muerte inlecta-
ble:
«S6lo los dioses viven para siempre bajo el sol.
En cuanto al hombre, sus dias estan contados.
Haga lo que haga no es mas que viento *».
{Qué ocurria después de la muerte? Millares de tumbas provistas
de un mobiliario funerario mas o menos rico dan testimonio de la exis-
tencia de una creencia universal en la otra vida, y el difunto, acompa-
fiado de los vasos y los objetos que le eran queridos, era regularmente
evocado, alimentado y refrescado por su familia. Enterrar a los muer-
tos y rendirles culto era un deber al que nadie podia sustraerse bajo
pena de que su espectro errase indefinidamente sobre la tierra, ator-
mentando a los vivos. Pero los pocos detalles que se pueden extraer
de una decena de textos acerca del tipo de «espiritu» de ios difuntos
son demasiado vagos y frecuentemente contradictorios 3°. «El pais sin
retorno», el Gran alld abajo, el arallu, era un inmenso espacio subte-
rraneo que a veces se situaba hacia Occidente y que contenia una gran
ciudad, rodeada por sus siete murallas. En el centro de esta «Gran
ciudad» se alzaba un palacio de lapislazuli, en cuyo trono se sentaban
Ereshkigal, hermana de Inanna/Istar y su esposo Nergal, dios de la
guerra y de las epidemias, rodeados por numerosas divinidades y por
un ejército de guardias. Para llegar a esta ciudad del difunto debia irse
desvistiendo, recorrer un temible desierto y luego, al igual que en el
Hades de los griegos, atravesar un rio sobre la barca de un «barquero
34 Gilgamesh, versién babilonia antigua, III, IV, 6-8: ANET (3), p. 79; R. Labat,
Religions, p. 164.
S Sobre este tema ver J. Bottéro: «La mythologie de la mort en Mésopotamie an-
cienne», en B. Alster (Ed.), Death in Mesopotamia, Copenhaguen, 1980, pp. 25/52.
116infernal». Una vez llegado a las puertas del recinto, sufria, al Pare-
cer, un juicio, o para ser mas exactos, era objeto de una decisién rela-
tiva a su admision en el mundo de los muertos al que se iba para siem-
pre, en compaiiia de los demas difuntos, a vivir una vida triste y mi-
serable. Un mundo verdaderamente triste, un mundo de silencio y som-
bras:
«Donde el polvo alimenta su hambre y su pan es Ja arcilla
Donde no ven la luz, y donde permanecen en las tinieblas,
Van vestidos, como las aves, con un traje de plumas.
Sobre la puerta y el cerrojo se extiende el polvo **».
S6lo los reyes, quizds, rodeados por numerosos tesoros, podian
comprar a los dioses de los infiernos una vida de ultratumba un poco
menos ligubre*’.
La muerte, es evidente, no era la unica preocupacién de los meso-
potdmicos. Como todos nosotros tenian su lote de enfermedades, re-
veses, y penas y 4 veces se preguntaban: ,cémo es posible que todo
esto ocurra si unos dioses tedricamente justos y benéficos gobiernan
el mundo? ,Cémo puede prevalecer el mal sobre el bien? Es cierto
que muchas de estas desgracias podian ser atribuidas a algun «peca-
do», aunque fuese involuntario, pero también solia ocurrir que el hom-
bre mas irreprochable fuese castigado sin motivo aparente y que los
dioses en consecuencia pareciesen actuar de un modo incomprensi-
ble. Un magnifico poema babilonio, titulado /udlul bél neméqi, «Quie-
ro alabar al sefior de la Sabiduria», y al que solemos llamar e/ Justo
sufriente** nos retrata en términos muy incisivos los sentimientos de
un hombre, antafio noble, rico y sano que bruscamente se encuentra
arruinado, despreciado por todos y ademas afligido por enfermeda-
des terribles y misteriosas. El dios Marduk termina por tener piedad
de él y le devuelve la salud y la felicidad, pero nuestro Job babilonio
atin tuvo tiempo de dudar de la sabiduria divina:
{Quién puede saber lo que quieren los dioses del cielo?
2Quién comprenderd lo que mascullan los dioses del infierno?
4Cémo pueden conocer los habitantes de la tierra los designios di-
vinos?
Uno de ellos, ayer floreciente, agoniza hoy
O, rapidamente entristecido, halla en un instante el entusiasmo
En un abrir y cerrar de ojos, canta un aire alegre,
36 Descenso de Istar a los Infiernos, lineas 8-11: ANET (3) p. 107; R. Labat, Reli-
gions, p. 259.
37 §. N. Kramer: «The Death of Ur-Namu and his descent to the Netherworld»,
JCS, 21, 1967, pp. 104/122.
38 W. G. Lamber Babylonian Wisdom Literature, pp. 21/56; ANET (3), pp.
igions, pp. 328/341. Acerca del problema del mal en Mesopo-
tamia ver el articulo de J. Bottéro en el Dicctionnaire des mythologies (Flammarion),
Il, Paris, 1981, pp. 56/64.
117Pasa un instante, jy he aqui que esta gimiendo como un plafiidero!
Esto es sobre lo que me pregunto sin ser capaz de comprender un
profundo sentido».
Privado de la esperanza de un Paraiso, destinado a un mas alla
siniestro, sometido a los caprichos de los dioses de impenetrables pro-
positos, corriendo en todo momento el peligro de cometer una falta
que pueda atraer la c6lera divina, y buscando por todos los medios
conocer el futuro y topandose muchasd veces ante funestos presa-
gios “, el mesopotamico todavia tenia otros motivos para preocupar-
se, no de caracter individual, sino colectivo: guerras, epidemias, sin
duda alguna, pero también los peligros inherentes a su medio ambiente.
La Naturaleza se halla en Mesopotamia sujeta a bruscos e impre-
visibles cambios de humor. Los inviernos, en el Norte, pueden ser de-
masiado frios 0 demasiado secos. Los himedos vientos del este, fa-
vorables a la vegetacion en el sur, pueden no llegar a soplar, o soplar
demasiado poco tiempo. Una tempestad violenta, una fuerte tempes-
tad de arena, una inundacién mayor de lo previsto pueden devastar
en algunas horas, sobre todo esta ultima, las cosechas y diezmar los
ganados. Ante estas manifestaciones de fuerzas, para él sobrenatura-
les, el iraqui de antafio se hallaba despistado e impotente. Presa de
la ansiedad, sentia que el orden de las cosas, tal y como habia sido
establecido por los dioses, estaba en peligro. Las decisiones divinas,
dictadas en el momento de la creacién, debian ser periddicamente rei-
teradas, sobre todo a comienzos de cada ajio, justo antes de este te-
rrible verano oriental, en el que la naturaleza parece marchitarse bajo
un sol implacable y en el que el futuro aparece Ileno de incertidum-
bre. Lo unico que podia hacer el hombre en ese momento critico era
provocar mediante actos magicos nuevas decisiones de los dioses, ha-
cer de modo que se comprometiesen a asegurar el renacimiento de la
vegetacion, la supervivencia del ganado y de la especie humana, la
permanencia de un medio natural favorable, la ausencia de catastro-
fes naturales, la prosperidad del pais y de sus habitantes. Tal era, sin
duda alguna, el sentido profundo del matrimonio sagrado, y mas tar-
de, del drama ritual que cada primavera se desarrollaba en muchas
ciudades, y sobre todo en Babilonia, y en el que todo, inclusive el rei-
no del soberano, era puesto en cuestién, y luego purificado y restau-
rado. Al fin de este akitu, o Festival del Afio Nuevo, cuya descrip-
2° Ludlul Bél Nemeqi, 1, lineas 36-42, 48, traduccion de J. Bottéro: «Le problé-
me du mal en Mésopotamie ancienne: Prologue a un étude du «Juste Souffrant», Re-
cherches et Documents du centre Thomas Moore, L' Arbreesle, 1977, p. 15.
4 Sobre el amplio tema de la adivinacién en Mesopotamia, que no podremos abor-
dar aqui ver los articulos de J. Nougayrol, A. Falkestein, G. Dossin, A. Finet, C. J.
Gadd, A. K. Grayson y A. L. Oppenheim en J. Nougayrol (Ed.): La Divination en
Mésopotamie ancienne et dans les regions voisines, Paris, 1968, asi como A. Caquot
y M. Leibovici: La Divination, Paris, 1968 y sobre todo J. Bottéro: «Symptémes, Sig-
nes, Ecriture» en R. Guidieri (Ed.): Divination et Rationalité, Paris, 1974, pp. 70/196
118cién podra verse mas adelante (ver capitulo 24) la asamblea de los dio-
ses reunidos en torno a Marduk «proclamaba los destinos», expre-
sidn que, en este contexto, transciende la propia suerte de los indivi-
duos y parece designar la naturaleza intima, la existencia y el devenir
de todas las cosas *!. Entonces el rey podia volver de nuevo a su pa-
lacio, el mercader a su tienda, el artesano a su taller, y el pastor con
su ganado y el campesino a su granja. Todos volvian a sentirse segu-
ros. Durante todo un afio los dioses de Sumer «volverian su benéfico
rostro» hacia Mesopotamia *,
41 A. L. Oppenheim: Ancient Mesopotamia, pp. 201/206.
42 Esta interpretacién de la fiesta del Afio Nuevo debe mucho a las ideas expresa-
das por T. Jacobsen y H. Frankfort en The Intellectual Adventure of Ancient Man,
Chicago, 1977, 2.* ed. (Hay traduccién castellana: EI Pensamiento Prefilosdfico, | y
I], Breviarios del Fondo de Cultura Econémica, México).
119CAPITULO SEPTIMO
EL TIEMPO DE LOS HEROES
Si bien es cierto que los sumerios no carecian de teorias acerca de
los origenes del cosmos y del hombre, también lo es que fueron des-
graciadamente mucho mas discretos al tratar sus propios origenes. En
esto no fueron los unicos, puesto que se han podido rastrear en las
literaturas de algunos pueblos alusiones a un habitat, si no primitivo,
si al menos anterior a su habitat clasico. Por no citar mas que el ejem-
plo mejor conocido y mas préximo a Sumer, los israelitas estableci-
dos en Canaan se acordaban de que su antepasado Abraham habia
salido de Ur, y situaban el Paraiso Terrenal, el Jardin del Edén (pala-
bra, por otra parte, derivada del sumerio edin «llanura», «campo»)
entre el Tigris y el Eufrates. Desgraciadamente los dos unicos textos
sumerios que nos hablan de una Edad de Oro o de un Paraiso Terre-
nal no nos dicen nada acerca de una supuesta patria ancestral. E] pri-
mero de ellos lo constituye un fragmento del poema épico Emmerkar
y el senor de Aratta, del que volveremos a hablar. En él se hace una
alusién a una lejana época en la que no existia todavia ningun animal
peligroso y en la que «todos los pueblos al unisono rendian homenaje
a Enlil en una sola lengua». Esta maravillosa unidad se acabé cuando
Enki, celoso de Enlil, suscité rivalidades que culminaron en la confu-
sién de lenguas, tema que volveremos a encontrar en el relato biblico
de la Torre de Babel’.
El segundo de estos textos es el comienzo de un mito que tiene por
escenario Dilmun (la isla de Bahrain y sus regiones vecinas) y como
protagonistas al dios Enki y a la diosa Ninhursag*. En resumen, se
ve a Enki volver fértil a Dilmun, haciendo brotar fuentes de agua dulce
y a Ninhursag crear a las divinidades curadoras, como Enshag, quien,
1S. N. Kramer: «The Babeel of tongues: a sumerian version», en W. W. Hallo
(ed) Essays in Memory of E. A. Speiser, New Haven, 1968, pp. 108/111.
2S. N. Kramer: «Enki and Ninhursag: a Paradise Myth», ANET (3), pp. 37/41.
Acerca de los puntos de contacto con el paraiso biblico ver: HCS, pp. 168/173.
120bajo la forma de Inzak, figura en las inscripciones halladas en Bah-
rain y cerca de Kuwait como dios titular de esta parte del Golfo Pérsi-
co.:Pero las primeras lineas del mito pintan a Dilmun como un pais
limpio, puro y «radiante», en el que se desconocen la vejez, la enfer-
medad y la muerte, como un pais en el que:
«El cuervo no grazna
El ave ittidu no lanza el grito del ave ittidu,
El ledn no mata,
El lobo no se apodera del cordero,
Desconocido es también el perro salvaje, devorador de cabritos.»
iQuiere ello decir que los sumerios eran originarios de este pais
de ensuefio, o que al menos habjan pasado por él? Nada esta menos
claro y el resto del mito no lo sugiere asi en modo alguno. Estariamos
més tentados a ver en este pais una referencia al Levante, tradicional
«pais de los vivos», por oposicion al-Poniente, «pais de los muertos»
combinado con una influencia teolégica de los sumarios sobre Dil-
mun, lugar con el que mantenjan florecientes relaciones comerciales
en la época en la que se redacté este texto.
A decir verdad los sumerios consideraban su propio pais como el
centro del mundo y se consideraban a si mismos como los descendientes
directos del primer ser humano. Utilizaban el mismo ideograma para
kalam, el «pais de (Sumer)» y uku «el pueblo de (Sumer)». Es signifi-
cativo que el otro ideograma para designar «pais», Kur represente y
designe la montafia y no fuese utilizado mas que para designar a los
paises extranjeros. Evidentemente se identificaban con los mas anti-
guos habitantes de la Baja Mesopotamia y no carece de interés el exa-
minar como se imaginaron su «prehistoria».
DE «ADAN» AL DILUVIO
Hemos visto cémo los sumerios, seguidos en ello por los babilo-
nios, creian por lo general que el primer hombre habja sido modela-
do en arcilla, al igual que en el Génesis, y se puede deducir del mito
de Enki y Ninmah? (ver pagina 127) y del poema de Atrahasis, en los
que muchos seres humanos de ambos sexos son creados de este mo-
do, que lo mismo ocurrié con la primera mujer. Pero hasta el mo-
mento la literatura sumeria no nos ofrece nada comparable al relato
biblico del Paraiso perdido y el unico documento mesopotamico que
tiene algunas analogias con éste es una leyenda babilonia compuesta,
al parecer, hacia mediados del segundo milenio: la leyenda de Adapa*.
3S. N. Kramer: Sumerian Mythology, pp. 68/72; The Sumerians, pp. 149/151;
HCS, pp. 126/127.
4 ANET (3), pp. 101/103; R. Labat, Religions, pp. 287/294; S. A. Picchioni, I!
Poemetto di Adapa, Budapest, 1981.
121Creado por Ea (Enki) como «modelo de los hombres» y conside-
rado como uno de los Siete Sabios, Adapa era sacerdote del templo
de Eridu, en el que su funcién consistia en proveer de alimento a su
creador y amo. Un dia, cuando pescaba en el mar, el viento del sur,
el shuttu, se desencadeno con una fuerza tal que su barca zozobr6
y él estuvo a punto de ahogarse. Enfurecido, profirié una maldicién,
cuyo efecto mds inmediato consistié en quebrar las alas del shuttu,
que desde entonces no volvié a soplar mas sobre su pais. Pero es que
se da el caso que este viento del sur (o mas exactamente del sureste)
es de una capital importancia para el Iraq meridional: calido y hime-
do, es el tinico que trae algunas Iluvias en invierno y que en verano
hacer madurar los datiles, principal cultivo de esta region °. Esta fue
la razon por la que, cuando el gran dios Anu se enteré de lo que ha-
bia hecho Adapa, fue presa de una enorme célera y le ordend que com-
pareciese ante él. Pero Ea acudié en ayuda de su servidor. Le explicd
que a su Ilegada al cielo, a la «puerta de Anu» se encontraria con los
dioses de la vegetacion, Dumuzi y Ningishzida, a los que su desconsi-
derado gesto habia «matado» indirectamente. Pero si revestia un tra-
je de luto y manifestaba su arrepentimiento, estas divinidades queda-
rian apaciguadas, le sonreirfan, e incluso testificarian a su favor. Anu
trataria entonces a Adapa, no como un criminal, sino como a su hués-
ped. De acuerdo con la costumbre oriental, le ofreceria alimentos, ves-
tidos y aceite para ungir su cuerpo. Sin embargo, afiadié Ea:
«Cuando te ofrezcan el pan de muerte no lo comas.
Cuando te ofrezcan el agua de muerte, no la bebas.
No desprecies el consejo que te he dado.
jRecuerda las palabras que te he dicho!».
Todo ocurrio tal y como Ea lo habia predicho y todavia mejor,
porque Anu, conmovido por el arrepentimiento de Adapa no le ofre-
cid los alimentos de la muerte, sino el «pan de la vida» y el «agua
de la vida». Pero, jhe aqui! que Adapa sigui6 al pie de la letra los
consejos de su amo y rechaz6 los regalos de Anu, que le habian con-
vertido en inmortal. El veredicto del gran dios no se hizo esperar:
«jLlevdoslo, y que se vuelva a la tierra!»
iEa se habia equivocado, a pesar de su proverbial sabiduria, o ha-
bia mentido deliberadamente a su servidor por una razén incompren-
sible? La historia no dice nada y es muy dificil pronunciarse a este
respecto. Sea como fuere, Adapa, por su ciega obediencia habia per-
dido el derecho de acceder a la inmortalidad, del mismo modo que
5 G. Roux: «Adapa, le vent et eau», RA, 55, 1961, pp. 13/33. Entre los comen-
tarios mas recientes sobre el mito citemos: P. Xella: «L’inganno di Ea nel mito di Ada-
pa», Oriens Antiquus, 13, 1973, pp. 257/266; G. Buccelatin: Adapa, Genesis and the
notion of faith», Ugarit Forschungen; 5, 1973, pp. 61/66.
122Adan lo perdié por su desobediencia. En ambos casos es el propio
hombre quien se condena a muerte.
Un texto mucho mas antiguo, uno de esos agones verbales con los
que disfrutaban los sumerios, opone a Ashnan, diosa del grano, a La-
har, diosa del ganado, o en otros términos al campesino y al pastor,
y es Ashnan quien gana‘. Pero incluso si, forzando mucho las co-
sas, se quisiese ver en Adapa a un Adan babilonio y en estas dos dio-
sas los equivalentes de Cain y Abel, el paraletismo biblico ya no po-
dria ir mas lejos. Ni los sumerios ni los babilonios cultivaron esa pa-
sién por. las genealogias que caracteriza a los semitas némadas, que
se halla en la tradicién arabe, y que se expresa en el Antiguo Testa-
mento en la interminable lista de descendientes de Adan y Eva. Ellos
consideraron su historia desde un punto de vista totalmente diferen-
te, Los dioses habian creado a los hombres para servirles, fijando in-
cluso los pormenores de este servicio, y «regulando perfectamente los
ritos». Pero [a humanidad no era mas que un inmenso ganado, una
multitid que precisaba de guias, de pastores, de reyes-sacerdotes ele-
gidos por ellos para aplicar las leyes divinas, y estos jefes eran los uni-
cos que contaban. En tiempos muy remotos por lo tanto, «la altiva
tiara y el trono de la realeza» habian descendido del cielo, y desde
entonces una serie de reyes guiaba los destinos de Sumer en nombre
de los dioses y para su mayor gloria. De este modo se justificaba ted-
ricamente una monarquia de derecho divino, que prevalecié en el Iraq
antiguo desde comienzos a finales de su historia.
Sin embargo algunos investigadores han expresado la opinién de
que el sistema politico de los sumerios debié haber sido en sus orige-
nes lo que ellos llaman una «democracia primitiva». La monarquia
no habria aparecido mas que relativamente tarde en el transcurso de
su protohistoria, cuando los jefes militares, antes elegidos por la asam-
blea de ciudadanos para breves periodos de crisis, se apoderaron del
poder y lo usurparon. Esta teoria, desarrollada por un brillante su-
mer6logo en dos trabajos notables’, se basa fundamentalmente en el
cardcter fuertemente antropomorfico de la religién mesopotamica (re-
cordemos la eleccién de Marduk para combatir a Tiamat) y de un modo
accesorio en la existencia de una supuesta «liga de Kengir (Sumer)»,
muy mal documentada, en el tercer milenio. Es muy posible, pero enor-
memente hipotética y no se basa en ningun documento explicito{ Es
cierto que en todas las épocas hubo en Mesopotamia asambleas loca-
les, y sobre todo «Consejos de ancianos», que desempefiaban un im-
portante papel en la administracion de cada aldea y ciudad}. Pero es-
tas asambleas (ukkin) parecen no haber desempefiado mas que un pa-
6 §. N. Kramer: Sumerian Mythology, pp. 12/73; The Sumerians, pp. 220/222;
HCS, pp. 127/129.
7'T. Jacobsen: «Primitive democracy in ancient Mesopotamia», JNES, 2, 1943,
pp. 159/172; «Earley Political development in Mesopotamia», ZA, 2, 1957, pp. 91/140,
retomado en W. L. Moran (Ed.). Towards the Image of Tammuz, Cambridge (Mass),
1970, pp. 132/156, pp. 366/396.
123pel consultivo, aunque a veces hayan manifestado una cierta oposi-
cidn hacia el poder real y sus representantes *. Apenas se puede ha-
blar de «democracia» en el sentido estricto del término. Ademas no
se puede encontrar en la literatura sumeria prueba alguna de que el
gobierno supremo haya sido ejercido alguna vez por instituciones co-
legiadas. Por mucho que nos remontemos en el pasado siempre en-
contraremos soberanos que portan diversos titulos, pero que tienen
siempre en comun el no responder mas que ante los dioses.
Por un afortunado azar, se da el caso de que poseemos una larga
lista de reyes que tedricamente habrian reinado sobre todo el pais de
Sumer desde los origenes de su monarquia hasta el siglo dieciocho antes
de nuestra era: se trata de la célebre Lista Real Sumeria, establecida
a partir de una quincena de tablillas diferentes, provinientes en su ma-
yor parte de Nippur®. A pesar de sus imperfecciones, este documen-
to es de un valor inestimable y nos sera muy util para pasar revista
a un determinado numero de leyendas que caracterizan lo que se ha
venido en llamar la Edad heroica de Sumer.
Segun la Lista Real Sumeria, la realeza «descendi6 del cielo» por
vez primera en la ciudad de Eridu, curiosa indicacién, si se tiene en
cuenta que las excavaciones de Eridu nos han dado las huellas mas
antiguas de un establecimiento presumerio (ubaidiense) en la Meso-
potamia meridional. Luego, tras la bagatela de unos 64.800 ajfios, du-
rante los cuales sdlo dos soberanos reinaron en Eridu, la realeza fue
transferida a Bad-tibira (tres reyes, uno de ellos llamado «Dumuzi el
Pastor» para unos 108.000 afios), de ahi paso sucesivamente a Larak
(un rey 28.800 afios), a Sippar (un rey 21.000 afios) y a Shuruppak
(uno o dos reyes, seguin las fuentes, 18.600 afios) '°. Estas cifras, cu-
yo fin es sin duda alguna el sefialar la gran antigiiedad de estos acon-
tecimientos, recuerdan, amplificandola todavia mas, la increible lon-
gevidad atribuida en la Biblia a Adan y a sus nueve primeros descen-
dientes. Y he aqui que nos remite todavia mas directamente a los pri-
meros capitulos del Génesis, porque al sumar la totalidad de los afios
del reinado de estos ocho o nueve reyes en estas cinco ciudades (241.200
afios) los redactores de la lista insertaron una insdlita mencién: amd-
uru ba-ur «el diluvio nivelé (todo)». Esta pequeiia frase nos obligara
a abrir ahora un paréntesis y a asomarnos sobre un tema fascinante
que ha hecho correr mucha tinta: el Diluvio Mesopotamico.
§ Sobre este tema ver tas comunicaciones a dos coloquios: La Voix de l'opposition
en Mésopotamie, Bruselas, 1973 y Les Pouvoirs locaux en Mésopotamie y dans les re-
gions adjacentes, Bruselas, 1980.
° The Sumerian King List, Chicago, 1939.
1 Bad-tibira ha sido identificado en Tell Medain (o Medinah), cerca de Tello (V.
E. Crawford, Iraq, 22, 1960, pp. 197/199). Larak quizds sea Tel el-Wilaya, en los alre-
dedores de Kut el-Imara (Sumer, 15, 1959, p. 51). Shurrupak es Tell Fara, alrededor
de 65 kms. al sureste de Diwaniyah, excavado por los alemanes en 1902-1903 (H. Hein-
rich y W. Andrae, Fara, Berlin, 1913) y por los americanos en 1931 (E. Schmidt, Mu-
seum Journal, 22, 1931, pp. 193/245). Para Sippar ver capitulo 12. nota 8. ‘
124EL -DILuvio MESOPOTAMICO
En 1872 un joven asiridlogo, George Smith, trabajaba en el Bri-
tish Museum, en donde reunia y colecionaba fragmentos de tablillas
provinientes de la biblioteca de Asurbanipal de Ninive, cuando un dia
cay en sus manos un texto que se parecia curiosamente al relato del
Diluvio que se puede leer en el Génesis ''. La tablilla que tenia entre
sus manos no era mds que un episodio de un largo poema épico, co-
nocido bajo el titulo de Epopeya de Gilgamesh y que mas adelante
resumiremos. E] héroe de esta epopeya, Gilgamesh, rey de Uruk par-
te en busca del secreto de la inmortalidad, cuando encuentra a un tal
Utanapishtim, unico hombre a quien los dioses concedieron la vida
eterna. Utanapishtim aparece como hijo de Ubar-tutu, el unico (0 pri-
mer) rey de Shuruppak mencionado en la Lista Real Sumeria. Pero,
he aqui, en resumen, lo que el inmortal le relevd con gran secreto.
En una época muy lejana, «cuando los dioses habitaban en Shu-
ruppak», decidieron exterminar a la humanidad, ahogandola en una
inmensa inundacién. Pero Ea tuvo piedad de él y, hablandole a tra-
vés de las paredes de su choza de cafias, le dio la orden de destruir
su casa y construir un gran barco y embarcar a «todas las especies
vivientes». Al dia siguiente toda la poblacidn local se puso manos a
la obra y pronto un enorme barco de siete puentes estaba listo para
acogerlos junto con sus riquezas, su familia, sus obreros, y asi como
alos ganados y animales salvajes. Cuando el tiempo se hizo «temible
por su aspecto» nuestro Noé babilonio entré en el arca y cerré la puer-
ta. Entonces:
«Con el primer resplandor del dia
Una nube negra se elevé por encima de! horizonte»
anunciando la més terrible tempestad de viento, lluvia, rayos y true-
nos que jamas haya conocido el hombre. Los diques se rompieron,
la tierra quedé sumida en las tinieblas, e incluso los propios dioses
se asustaron y se refugiaron en el cielo de Anu:
«Los dioses se agazaparon como los perros, puestos en cucli-
llas contra la muralla.
Istar gritaba como una mujer de parto...
4Cémo he podido hablar mal en la asamblea de los dioses,
Cuando soy yo misma quien ha engendrado a mi pueblo?
jCémo el desove de los peces Ilena el mar!
Durante seis dias y seis noches sopl6 el viento y la tempestad ba-
rrio la tierra. El séptimo dia se calmaron los elementos, Utanapish-
‘1 Gilgamesh, X1, 9/196. Sobre este tema en general ver A. Parrot: Déluge et Ar-
che de Noe, Neuchatel, 1953, y E. Sollberger: The Babylonian Legend of the Flood,
London, 1971, 3.* ed.; J. Bottéro: «Le plus vieux récil du Déluge», L’histoire, 31, 1981,
pp. 113/120.
125tim abrid un portillo y también llor6: toda la humanidad se habia con-
vertido en arcilla, y del paisaje, tan liso como un plato, unicamente
emergia el monte Nisir '*, en el que estaba depositada el arca. Dejd
pasar una semana y solté una paloma, que volvid, luego solté una
golondrina, que también volvid, y por ultimo solté un cuervo, que
encontré donde posarse y ya no volvié. Utanapishtim salié entonces
del arca, hizo una libacién en la cumbre de la montafia y quem6 co-
mo ofrendas cafias y maderas de cedro y mirto:
«Los dioses sintieron el olor,
Los dioses sintieron el dulce olor,
Se reunieron, como las moscas, en torno al sacrificante»
Si Istar se alegr6, Enlil, que habia decidido el diluvio, y cuyo plan
acababa de fracasar, se puso furioso y se quejé a Ea. Pero Ea defen-
did tan bien su causa y la de los hombres que Enlil se conmovid. En-
tré en el arca y bendijo a Utanapishtim y a su esposa, y dijo:
«Hasta ahora Utanapishtim no era mas que un hombre,
Pero de ahora en adelante, Utanapishtim y su mujer seran seme-
jantes a nosotros, los dioses.
Utanapishtim residira en la desembocadura de los rios».
Puede uno imaginarse la emocidn que suscité en Inglaterra la pu-
blicacion de esta tablilla, y después en el resto del mundo, porque las
semejanzas con el relato biblico son tan sorprendentes que puede darse-
por seguro que los redactores del Génesis debian conocer la narra-
cién mesopotamica. Ademas hay multiples indicaciones de que para
los asirios y los babilonios el diluvio fue un acontecimiento impor-
tante, que marcaba un hito en el alba de su historia 3. Era pues 16-
gico dirigirse a la arqueologia y preguntarle si existian huellas mate-
riales de un cataclismo de este género que hubiese afectado por lo me-
nos a parte de Mesopotamia y hubiese sido capaz de dejar una impre-
sién muy fuerte y duradera en el recuerdo de sus antiguos habitantes.
Hasta el momento los depésitos sedimentarios de origen fluvial
que puedan dar testimonio de una inundacion mas amplia y de larga
duracién no se han hallado mas que en tres yacimientos de Mesopo-
tamia: Ur, Kish y Shuruppak '*. La mitad de los catorce pozos de
sondeo excavados en Ur contenian depdsitos de este tipo. Los mas
importantes de ellos (de hasta 3,72 metros de espesor) eran también
2 Identificado por lo general con Pir Omar Gudrun, pico de los Zagros que cul-
mina a 2.612 metros sobre el valle del Zab inferior.
'3 Para las alusiones al diluvio en los diversos textos sumerios y acadios ver W.
G. Lambert y A. R. Millard: Atra-hasis, the Babylonian Story of the Flood, Oxford,
1969, pp. 25/28.
44 (A. Falkestein: «Zur Flutschicht in Ur», BaM, 3, 1964, pp. 52/64; C. J. Gadd:
«Noah’s Flood reconsidered», Jrag, 26, 1964, pp. 62/82. Los depésitos hallados en
Tello (Girsu) estén mucho peor documentados.
126los mas profundos y se insertaban en el estrato cultural de El Ubaid,
por lo que Sir Leonard Woolley, que dirigia las excavaciones de Ur,
siempre pretendid ver en ellos las huellas del gran Diluvio biblico. Los
restantes depdsitos, mas pequefios, se situaban hacia mediados del pe-
riodo Dindstico Arcaico, o sea hacia el 2800-2600. Y es también al
Dindastico Arcaico al que se remontan los tres depésitos descubiertos
en Kish. Por ultimo el de Shuruppak (Tell Fara) debe datarse a co-
mienzos de este periodo, o sea alrededor del 2900. La existencia de
estos niveles de aluviones plantea dificilisimos problemas de tipo geo-
fisico '5, pero no hay duda alguna de que lo que si demuestran es la
existencia de unas inundaciones de una extensién limitada. Es nota-
ble, por ejemplo, que no se haya encontrado ningun «diluvio» en otros,
yacimientos, sino sdlo en Eridu, situado tan sdlo a unos 12 kms. de
Ur, y que ha sido excavado hasta llegar al suelo virgen. Puede por
lo tanto afirmarse que lo que la arqueologia ha confirmado son las
huellas de la existencia de inundaciones locales, ocurridas en épocas
diferentes, pero no la realidad de un Diluvio que afectase a toda Me-
sopotamia. ¢Cdémo explicar entonces este mito y la importancia del
amaru sumerio (Abiibu, en acadio) en la tradici6n mesopotamia?
Desde el memorable descubrimiento de George Smith se han en-
contrado otros relatos mesopotamicos del diluvio '’. Asi es que exis--
te una versién sumeria, desgraciadamente muy mutilada, en la que
el héroe, que es Ziusudra, probablemente seria muy semejante a
Utanapishtim "’. En otra versién, redactada en acadio hacia el 1600,
el superviviente del Diluvio es llamado Atrahasis el «Supersabio», so-
brenombre que sin duda se aplica a Ziusudra/Utanapishtim **. Lar-
go y relativamente bien conservado, Atrahasis —cuyo titulo en babi-
lonio era inuma ila awilum «Cuando los dioses (eran como) el
hombre»...— es de una importancia capital, porque nos revela la ra-
z6n del Diluvio, de la que la Epopeya de Gilgamesh no nos dice ni
una palabra, y nos va a revelar una de las claves de este misterio.
La narracién comienza en el momento en el que los dioses estan
trabajando sobre la tierra y se quejan amargamente. Algunos incluso
se rebelan y se ponen en huelga, quemando sus herramientas. Es en-
tonces cuando Ea propone crear al hombre «para que haga el trabajo
duro de los dioses». La respuesta fue un «si» unanime. Se sacrifica
15 R. L. Raikes: «The Physical evidence for Noah’s Flood», /rag, 28, 1966, pp.
52/63.
16 A decir verdad, ya se conocia desde hacia mucho tiempo el relato transcrito al
griego por Beroso, sacerdote babilonio del siglo segundo antes de J.C., en sus Babylo-
niaca (W. G. Lambert y A. R. Millard: Atra-hasis, pp. 134/137), pero como de esa
obra no se poseen mas que fragmentos transmitidos por los autores greco-latinos tar-
dios, no se la consideraba como una «fuente» babilonia auténtica.
10 M. Civil: «The Sumerian Flood Story», en W. G. Lambert y A. R. Millard: Ath-
rahasis, pp. 138/145, Nétese que Ziusudra significa «vida de largos dias» y Utanapish-
tim, «Ha hallado la vida eterna». Se trata pues de sobrenomires, como Atrahasis.
48 Ademds del texto publicado por Lambert y Millard en Athrahasis pp. 42/130,
ver ANET (3) pp. 104/106; pp. 512/514 y R. Labat, Religions, pp. 26/36.
127a un determinado dios Wé (quizas el promotor de la insureccién) y
con arcilla mezclada con su sangre la diosa Mami (alias Nintu) mode-
la al primer hombre. Luego, otras divinidades generadoras fabrican
siete hombres y siete mujeres y miman un parto; pero, jhe aqui!:
«No habian pasado todavia doscientos afios
Cuando el pais se extendié y multiplicé su poblacién.
La tierra mugia como un toro...»
y este clamor (quizds de rebelién) no dejaba dormir a Enlil. Para re-
ducir al silencio a esta chillona calajia los dioses desencadenaron una
epidemia y luego una gran sequia, pero en vano: los seres humanos
no dejaban de multiplicarse, e incluso llegaron a estar a punto de de-
vorar a sus propios hijos. Los dioses decidieron entonces pegar mas
fuerte y provocaron el diluvio, no sabiendo que Ea habia advertido
a su amigo el Supersabio, que conseguiria salvarse.
La descripcidn del diluvio en el Atrahasis parece muy semejante
a la que hemos dado anteriormente, pero esta interrumpida por una
desgraciada rotura de la tablilla. Sin embargo es el final del poema
lo que debe atraer nuestra atencién, porque Ea aparece como un pre-
cursor de Malthus, preconizando la esterilidad, la mortalidad infantil
y el celibato para luchar contra la superpoblacién. En efecto, dice a
Mami/Nintu:
«Oh, diosa del nacimiento, creadora de los destinos...
Que haya entre las gentes mujeres estériles y mujeres fértiles,
Que haya entre las gentes un demonio pashittu,
Que arranque al bebé de las rodillas de su madre.
Establecidas las sacerdotisas ugbabtu, las sacerdotisas entu y las sa-
cerdotisas igisitu*
Serdn tabu, y de este modo se reducirdn los nacimientos».
De este modo el diluvio habria sido utilizado por los dioses como
el ultimo recurso para poner fin a una «explosi6n demografica» '°.
Se trataba de la «solucién final» mediante un medio que debia venir
a la mente de los mesopotamios Idgicamente cuando se ven los tem-
porales que en esta parte del mundo provocan una gran inundacion,
ya sea debida al desbordamiento de los rios o a unas Iluvias intensas.
4Por qué buscar entonces en el fondo de los tells un cataclismo muy
improbable, cuando la mera imaginacion basta para elevar a escala
planetaria un fendémeno natural impresionante y relativamente frecuen-
te? 9.
* Se trata de categorias de sacerdotisas de clausura, destinadas al celibato.
'9 Bsta idea, desarrollada por A. D. Kilmer: «The Mesopotamian Concpet of over
population and its solution reflected in mythology», Orientalis, 41, 1972, pp. 160/177
habfa ya sido evocado por J. Bottéro en Annuaire, 1967-1968, pp. 83/84. Se trata, quede
claro, de una superpoblacién en relacién con los recursos locales.
20 Las leyendas del diluvio, en la medida en que no han sido influenciadas por el
mito babilonio o el proselitismo cristiano, tal y como se las encuentra en otros paises,
128No obstante sigue existiendo el problema del Diluvio mencionado
en la Lista Real Sumeria, que es un fenémeno muy preciso, localiza-
do en el tiempo y considerado por los mesopotamicos como histéri-
co. {Por qué aparece en ella y qué significa? Es cierto que la palabra
«diluvio» puede tomarse en sentido figurado y aplicarse en este caso,
por ejemplo, a la masiva invasion de Sumer por parte de Jos semitas
acadios?!, pero lo que sabemos acerca de las relaciones entre sume-
rios y acadios hace muy improbable esta hipotesis. Por el contrario,
no deja de ser sorprendente la coincidencia de estos cuatro datos in-
contestables: (
1.° en la Lista el Diluvio marca el final de la supremacia de Shu-
ruppak sobre el conjunto de las ciudades-Estado sumerias;
2.° el héroe de las tres versiones conocidas del Diluvio mesopo-
: tamico es un rey o principe de Shuruppak;
3.° se ha hallado en Shuruppak (Tell Fara) huellas de una im-
portante inundacién de comienzos del periodo Dindstico Ar-
caico, y
4.° por ultimo Shuruppak en el tercer milenio era un gran cen-
tro cultural, como lo atestigua la coleccién de tablillas de Fa-
ra, bien conocida por los sumerdlogos.
No es pues irracional formular la hipétesis de que hubo una inun-
dacién catastréfica en Shuruppak, hacia el 2900, y que quizas coinci-
diese con una derrota militar que le hiciese perder su supremacia, y
que la conjuncién excepcional de estos dos desastres (atribuidos sin
duda alguna a la célera divina) fue registrada por los escribas locales
y sumada mas tarde, junto con la lista de Shuruppak, a la Lista Real
Sumeria.
Quizas incluso se pueda ir més lejos, siguiendo esta hipétesis. Por
poco que Shuruppak, muy extensa en esta época”, hubiese estado
superpoblada y hambrienta en el momento de esta catdstrofe, los sa-
cerdotes de esta ciudad tenian a mano todos los ingredientes para cons-
truir el prototipo de relato diddctico que podemos leer en el Atraha-
sis. El Diluvio-acontecimiento y el Diluvio-mito se unirian entonces.
Pero de entre ambos, es el mito quien, como su héroe, se convirtidé
en eterno. Transmitido a la tradicién hebrea, y luego a la judeo-
cristiana, sin duda no cesard jamas de apasionarnos y de excitar nuestra
curiosidad.
podrian explicarse de un modo analogo (Ver: G. Contenau: Le deluge Babylonien, Pa-
ris, 1952, 2.* ed., pp. 112/114 y E. Sollberger: Op. cit., p. 9.
21 W. W. Hallo y W. K. Simpson: The Ancient Near East. A Kistory, New York,
1971, p. 36.
22 Seguin un «survey» presentado por Mrs. H. Martin al XXIX Recontre assyrio-
logique internationale (Londres, 1982), Shuruppak habria alcanzado su maxima ex-
pansidn (alrededor de 100 hectdreas) durante el periodo Dindstico Arcaico (Iraq, 45,
1983, p. 24/31).
129DINASTIAS Y SUPERHOMBRES
«Tras el Diluvio (todo) quedo nivelado», dice la Lista Real Sume-
ria, «cuando la realeza descendié (de nuevo) del cielo, la realeza estu-
vo en Kish». Esta gran y venerable ciudad, situada a una docena de
kilémetros al este de Babilonia, se encuentra testimoniada en la ac-
tualidad por un grupo de tells de los que los principales son Uhaimir
e Ingharra. Se halla situada en el centro de la region en la que el Ti-
gris y el Eufrates fluyen muy préximos, en esa «bocana» mesopota-
mica, a medio camino entre el Norte y el Sur, en donde se han ido
elevando sucesivamente todas las grandes capitales del Iraq antiguo
y moderno Agade (sin duda), luego Babilonia, Dar-Kurigalzu, Se-
leucia, Ctesifonte y Bagdad. Los sumerios Ilamaban a esta region Uri
y los semitas Acad. Una breve excavacion francesa (1912), seguida
de once campaifias Ilevadas a cabo por una misién anglo-americana
(1923-1933) han sacado a la luz, en Kish, los vestigios de una ocupa-
cién muy larga, que va de la época de Ubaid hasta el siglo quinto de
nuestra era”.
El hecho de que la Lista Real comenzase en un principio por esta
Dinastia I de Kish indica la importancia que poseia a ojos de los me-
sopotamicos. La Lista le atribuye veintitres reyes y una duracién de
24.510 afios, 3 meses y dos dias y medio», lo que se podra reducir
racionalmente a ciento cincuenta o doscientos afios. Lo que hay de
notable en esta larga serie de monarcas, es que al menos doce de ellos
llevan nombres semiticos, como Kalbum «perro», Qalumum «corde-
To» 0 Zuqaqip «escorpién», que sin duda alguna se refieren a las cons-
telaciones. Los demas reyes, por el contrario, tienen nombres sume-
tios. Tenemos aqui pues el primer testimonio de la existencia, no sdlo
de una fuerte proporcién de semitas en esta regién que trescientos afios
mas tarde sera el coraz6n del imperio semitico de Acad, sino también
de la presencia de sumerios, igualmente numerosos, en esta misma re-
gién. Es pues esta «bocana», paso obligatorio que por aquel enton-
ces no cerraba ninguna barrera étnica, lo que debié franquear nece-
sariamente la civilizaci6n sumeria desde comienzos del tercer milenio,
sino antes, para propagarse a lo largo del Tigris y el Eufrates hasta
la Siria del Norte.
Hay muy buenas razones para creer que la I Dinastia de Kish es
histérica y sin duda debe ser situada entre el 2900 y el 2700. Sin em-
bargo, uno de sus feyes, «Etana el pastor, el que subié al cielo», ap:
rece en la lista como un personaje mitico, incluso aunque la mencién
que sigue «el que consolida el pais», evoque una obra politica mucho
mas verosimil. Por suerte hay en la literatura babilonia un bello «mi-
23 H. de Ge-nouillac: Premiéres Recherches archéologiques & Kich, Paris 1924/25,
2 vols., S. Langdon y L. C. Watelin: Excavations at Kish, Paris, 1924-1934, 3 vols.
Resumidos en AM I, pp. 250/255. Puesta al dia y sintesis de los resultados: P. R. S.
Moorey: Kish Excavations, 1922-1923, Oxford, 1978.
130to de Etana», que nos proporciona mas detalles acerca de esta miste-
Tiosa ascensién ™. ‘
EI mito comienza como una fabula. Una serpiente y un dguila vi>
vian como buenos vecinos sobre un mismo arbol, ayudandose mu-~
tuamente y compartiendo sus presas, hasta que un dia el aguila se pu-
so a devorar a los pequefiuelos de la serpiente. Esta se fue, llorando,
ante el dios-sol Shamash que le aconsej6 tender una trampa a la ma-
ligna ave. La serpiente se oculto entonces en el vientre de un buey muer-
to, y cuando el aguila se aproximaba hacia su bocado preferido, la
«grasa que cubre los intestinos», la capturé, la desplumé y la arrojé
en un agujero, en el que lentamente se iba muriendo de hambre y de
sed. Pero un cierto Etana, que no tenia hijos, fue a implorar a Sha-
mash que le ayudase a apoderarse de la «planta que hace engendrar»
y que no crece mas que en el cielo. Shamash, conmovido, le aconsejd
sacar al dguila de su agujero y utilizarla como vehiculo para subir al
firmamento. Etana siguid minuciosamente este consejo y de inmedia-
to, agarrado al pecho y a las plumas del aguila, se puso a volar por
los aires. Bajo sus ojos la tierra se iba reduciendo gradualmente de
dimensiones hasta parecer un jardin y el mar una cubeta, pero cuan-
do ya nada era visible, Etana, presa de panico, grité: «Amigo, no quie-
ro subir al cielo» y soltandose comenzé a caer, seguido del aguila,
que rapidamente lo cogié. La tablilla, por desgracia, esta rota justo
al llegar a este momento crucial, pero sin duda Etana acababa por
apoderarse de la planta magica, porque tuvo un hijo Ilamado Balih
que, segun la Lista Real le sucedié después de que éste hubiese reina-
do mil quinientos sesenta afios. Parece ser que la leccidn de este mito
(que recuerda a los de Ganimedes e Icaro) es que la realeza no puede
transmitirse de padres a hijos sin la ayuda de los dioses *5.
La Lista Real Sumeria da la impresién de que e\ primer rey de la
I Dinastia de Kish, Agga (o Akka) fue derrotado por el primer rey
de la I Dinastia de Uruk, pero ahora sabemos que ambas dinastias
se superponen y que Agga de hecho era contemporaneo del quinto
rey de Uruk, Gilgamesh. Debemos esta informacién a un breve poe-
ma sumerio en el que se ve a Agga enviar un ultimatum a Gilgamesh
exigiéndole que Uruk se sometiese a Kish. El ultimatum fue rechaza-
do y Uruk fue asediada, pero con la simple vision del poderoso Gi!
gamesh sobre los muros, el ejército de Kish se dio a la fuga. Por ul
mo los dos reyes se reconciliaron y fue reestablecida la paz”®. Si se
toma la lista al pie de la letra sera preciso admitir que Kish debio ha-
ber ejercido un dominio, aunque fuese meramente nominal, sobre el
“24 ANET (3), pp. 114/118 y R. Labat, Religions, pp. 294/305.
25 J. Bottéro, Annuaire, 1969-1970. Resulta de los fragmentos publicados por J.
V. Kirnier Wilson (Jraq, 31, 1969, pp. 8/17); JNES, 33, 1974, pp. 237/249) que Etana
habria sobrevivido, en efecto.
26 S. N, Kramer: ANET (3), pp. 44/47; The Sume-rians, pp. 186/190; HCS pp.
59/63; W. H. Romer, Das Sumerische Kurepos gilgamesh und Akka, Neukirchen-Vluyn,
1980,
131pais de Sumer (a excepcion de Uruk y quizds de otras ciudades), mu-
chos afios antes de que Uruk viniese a representar ese papel. Pero aun-
que su autoridad hubiese estado limitada, los cuatro primeros reyes
de Uruk I* no fueron por ello personajes menos notables. Del prime-
ro de ellos, Meskiangasher, la lista nos dice que era hijo del dios-sol
Utu y que «iba al mar y salia de él para escalar montafias». Al segun-
do de ellos, Enmerkar, se le atribuye la construccién de Uruk. El terce-
ro, Lugalbanda, es calificado de «divino», y el cuarto es un segundo
rey Dumuzi apodado el Pescador. Las hazafias de al menos dos de
estos héroes y semidioses se nos han vuelto familiares gracias a cua-
tro poemas épicos sumerios que formaban parte de un «ciclo de En-
merkar» y de un «ciclo de Lugalbanda»?’. Todos estos poemas po-
seen un tema en comin: las relaciones diplomaticas y comerciales, tan-
to hostiles como amistosas, entre Uruk y Aratta, pais lejano, separa-
do de Sumer por «siete montafias», y evidentemente situado en el
Iran”, Este pais de Aratta se hallaba gobernado por un rey-
sacerdote, rodeado de sus altos funcionarios (a los que los escribas
sumerios dieron, evidentemente, los titulos correspondientes a los de
su propio pais) y adoraba a una gran diosa (llamada por ellos Inan-
na) y aun dios pastor (llamado Dumuzi). Era rico en oro, plata y pie-
dras de todo tipo, pero pobre en grano, y todo gira en torno a las
dificultades que encontraban por aquel entonces los reyes de Uruk para
obtener estas riquezas y del chantaje que sobre ellos ejercian los sobe-
ranos de Aratta. Si estas narraciones legendarias tuviesen un fondo
de verdad —lo que es posible— nos ofrecerian un primer testimonio
de las relaciones, normalmente dificiles, que siempre mantuvieron los
mesopotamios con los pueblos de las montajias iranies, y sobre todo,
con la confederacién de reinos que normalmente se agrupa bajo el
nombre de Elam.
Llegamos asi al quinto rey de Uruk, Gilgamesh. De este persona~
je, cuyas hazajias nos recuerdan las de Ulises y Heracles, la Lista Real
Sumeria no nos proporciona mas que la filiacién, pero sabemos por
otras fuentes que fue uno de los héroes mesopotdmicos mas popula-
res. Asimilado a veces a Nergal, se le consideraba como un dios de
los infiernos y se le rendia culto”’. Se cree por lo general que figura,
* Modo practico de numerar las «dinastias» mesopotdmicas, que son series de re-
yes que aparentemente reinaron sucesivamente, pero no necesariamente familias rea-
les.
27'S, N. Kramer: Enmerkar and the Lord of Aratta: a Sumerian Epic Tale of Iraq
and Iran, Filadelfia, 1952; A. Berlin: Enmerkar and Ensuhkeshdanna: a Sumerian Na-
rrative Poem, Filadelfia, 1979; C. Wilcke: Das Lugalbanda Epos, Wiesbaden, 1969.
Ver también S. N, Kramer: The Sumerians, pp. 2969/275; HCS, pp. 248/250.
28 Se han propuesto diferentes Jocalizaciones: cerca del lago Urmiah (E. I. Gor-
don, Bi. Or., 17, 1960, p. 132); cerca de Kerman (Y. Madjizadeh, JNES, 35, 1976,
p. 107); en los alrededores de Shahr-i Sokhta, en Iran Occidental (J. F. Hansman, JNES,
37, 1978, pp. 331/336).
> W. G. Lambert en P. Garelli (Ed.): Gilgamesh et sa légende, Paris, 1960, pp.
39/52.
132bajo la forma de un hombre desnudo o vestido domando a animales
salvajes o triunfando sobre el gigante Huwawa, sobre numerosos mo-
numentos figurados, desde los cilindro-sellos arcaicos hasta los bajo~
relieves de los palacios asirios *. Al igual que Enmerkar y Lugalban- ~
da, Gilgamesh también poseia su «ciclo» sumerio de leyendas, de las
que cinco de ellas nos han Ilegado en un estado relativamente bue-
no*!, y son estas leyendas, amalgamadas sin duda alguna con otras
desconocidas, las que inspiraron al autor de un largo poema épico en
doce tablillas, redactado en acadio en la primera mitad del segundo
milenio, y posteriormente reelaborado muchas veces, y al que Ilama-
mos la Epopeya de Gilgamesh. Como esta epopeya, en opinién una-
nime, Constituye la mejor obra maestra de la literatura mesopotami-
ca, deberemos dar un breve resumen de ella, deseando que incite al
lector a remitirse a alguna de las excelentes traducciones existentes *.
LA «EPOPEYA DE GILGAMESH»
Hijo de la diosa Ninsun y del semidiéds Lugalbanda, Gilgamesh
era joven, bello, inteligente, y «también fuerte como un toro», pero
reinaba sobre Uruk como un tirano. Muchos jévenes debieron ser re-
clutados para construir la muralla que rodeaba [Link] —este gran
muro de 9,700 kilometros que rodea en la actualidad las ruinas de
Warka ®— y el ius primae noctis el «derecho sefiorial» que el rey ejer-
cia sobre las novias estaba muy mal visto por los habitantes de Uruk.
Se quejaron de todo ello ante el dios Anu, que en seguida ordené a
la diosa engendradora Aruru que crease a un hombre semejante a Gil-
gamesh» para que se enfrentasen y Uruk estuviese en paz». Aruru se
fue a la estepa y alli modelé con su arcilla a Enkidu, velludo y zafio
coloso muy semejante a un animal:
«No conocia ni a los humanos ni a ningun pais civilizado.
Va vestido como Shakkan*
Pace la hierba como las gacelas.
Abreva en los rios como los rebafios.
Como las bestias salvajes disfruta con el agua»
30 P, Amiet en Gilgamesh et sa légende, pp. 169/173; G. Offner, ibid, pp. 175/181.
3S, N. Kramer: ANET (3), pp. 44/51; The Sumerians, pp. 185/205; HCS, pp.
220/225, pp. 233/240. Bibliografia en Gilgamesh et sa légende, pp. 7/23.
32 En 1960 la Epopeya de Gilgamesh habia sido traducida a doce lenguas (Gilga-
mesh et sa légende, pp. 24/27) y esta cifra ha aumentado considerablemente desde en-
tonces. Entre las principales traducciones: G. Contenau: L’Epopée de Gilgamesh, Pa-
ris, 1939; A. Heidel: The Gilgamesh Epic and Old Testament Parallels, 1949, 2.* ed.;
R. Labat, Religions, pp. 145/226; A. Schott y W. von Soden: Das Gilgamesh Epos,
Stuttgart, 1970, 2. ed.; A. Speiser y A. K. Grayson: ANET (3), pp. 72/79; pp. 503/307;
F. Malbran-Labat, Gilgamesh, Paris, 1982. (Hay también una traduccién castellana
de F. Lara Peinado en la Editora Nacional, Madrid).
33 AM, I, p. 336. Los sondeos demostraron que este muro databa de! periodo Di-
ndstico Arcaico.
* Shakkan (o Shumugqan) era el dios de los ganados y de los animales salvajes; no
hay duda que Enkidu se vestia con las pieles de los animales.
133Pero un dia, un cazador percibié a lo lejos a Enkidu y compren-
dié entonces por qué sus trampas siempre eran destruidas y por qué
la caza se le escapaba sin cesar. Cont6 el asunto a Gilgamesh, que
decidié tender una trampa a este bruto. Envio a una prostituta a la
estepa con la misién de seducir a Enkidu y de convertirlo a la vida
civilizada. La muchacha no tuvo ninguna dificultad en el cumplimiento
de su mision. Tras haberse hecho el amor «seis dias y siete noches»,
Enkidu quiso volver a su manada, pero los animales se le escapaban
y, agotado, era incapaz de alcanzarlos. Entonces, tomandolo de la
mano le dijo:
«“Ven’’, te voy a llevar a Uruk-la Gran Plaza,
La del templo maravilloso, morada de Anu,
En la que mora Gilgamesh, perfecto por sus proezas,
Y tu, que eres como él,
Lo amards como a ti mismo»
Y henos aqui con Enkidu en Uruk, donde muy pronto se habitia
a bafiarse, a perfumarse, a adornarse de preciosos vestidos y a tomar
bebidas espirituosas. Pero cuando se entera de que Gilgamesh se apres-
ta a poseer a una joven casada, se levanta indignado y Io desafia. La
terrible Jucha cuerpo a cuerpo que se sigue culminara con una amis-
tad y un afecto reciprocos. Gilgamesh ha hallado un compafiero de
su propia talla y Enkidu un maestro. «Se abrazaron y trabaron amistad».
Deseando llevar a cabo proezas y de «hacerse un nombre» Gilga-
mesh convence a Enkidu de que lo acompaiie hasta el lejano pais de
los cedros, morada del temible gigante Huwawa, «cuya boca es el fuego
y cuyo aliento la muerte». Tras haber preparado sus armas y orado
a los dioses, parten nuestros dos amigos y en tres dias hacen un tra-
yecto de seis semanas, llegando a su destino:
«Permanecieron inméviles a la orilla del bosque.
Habia cedros por todas partes, miraron su altura...
Su sombra es agradable y esté impregnada de perfumes».
Habiendo buriado la vigilancia del guardian, penetraron en el do-
minio prohibido y cuando Gilgamesh abatia un arbol tras otro, llegd
Huwawa furioso. Hubiese acabado con nuestros héroes si Shamash
no hubiese acudido en su ayuda. Desat6 ocho vientos contra el gigan-
te, que paralizado, se dio por vencido y se sometié. Pero Gilgamesh-
Enkidu lo atravesaron con su espada, le cortaron la cabeza y se la lle-
varon triunfantes a Uruk.
Tras esta hazafia la propia Istar se enamoro de Gilgamesh y se le
ofrecid, pero él la desprecid. Recordando a la pérfida diosa la suerte
de sus numerosos amantes, desde Tammuz, al que condené a las la-
mentaciones, hasta el pastor que transformé en lobo o el jardinero
de su padre, al que transformé en rana, la vitupero e insultdé:
134«No eres mas que un brasero que se apaga con el frio
Una puerta que no detiene al viento ni al cierzo,
Un odre que pone chorreando al que lleva,
Una sandalia que muerde el pie de su propietario».
Mortalmente ofendida, Istar imploré a Anu que enviase al Toro
celestial a desolar Uruk y a matar a Gilgamesh. 1a bestia ya habia
matado a centenares de guerreros cuando Enkidu la cogié por los cuer-
nos, y luego por la cola, mientras Gilgamesh la atravesaba con su es-
pada «entre el cuello, los cuernos y la cerviz». Luego le arrancé el
corazon para ofrecerlo a Shamash y tiré su pierna a la cara de Istar.
Los dioses habian Ilegado al limite de su tolerancia. Decidieron
que uno de los dos héroes deberia morir. Enkidu cayé entonces gra-
vemente enfermo, y tras haber maldecido al cazador y a la prostituta
y sofiado con el «Pais sin retorno», expird, siendo llorado por su com-
pafiero siete dias y siete noches, «hasta que los gusanos le salieron
por la nariz».
La pé[Link] su amigo transtorné profundamente a Gilgamesh.
Por primera vez el despreocupado rey de Uruk habia visto el horrible
rostro de la muerte. ,Seria posible que también él llegase a desapare-
cer asi? {No seria posible escapar al destino de los hombres?
«Temeroso de la muerte, erré por el desierto.
Me obsesionaba lo que le habia ocurrido a mi amigo.
~Cémo callar, cémo guardar silencio
Mientras mi, amigo, al que tanto amaba, se ha convertido en arci-
lla?
También yo, como él, gme acostaré
Para no levantarme nunca jamas?»
Entonces se acuerda de Utanapishtim, el hombre que habia sobre-
vivido al Diluvio. Decidié hacerle una visita y arrancarle el secreto
de la inmortalidad. Hele aqui partiendo para un largo viaje que le lle-
vara, primero, ala sombria montafia del Sol poniente, guardada por
los peligrosos hombres-escorpiones. Por suerte su reputacion como
héroe y su ascendencia divina los impresionaron hasta tal punto que
lo dejaron pasar y admirar, a través de un largo tunel, un maravilloso
jardin, cuyos arboles eran de piedras preciosas. Luego se encuentra
con Siduri, «la tabernera que mora a la orilla del mar», y ésta le acon-
seja olvidar su dolor y disfrutar la vida:
«Asi pues, Gilgamesh, sacia tu vientre,
Dia y noche entrégate a la alegria,
Diviértete todos los dias...
Mira al nifio que te tiende su mano
Que tu amada se regocije en tu seno.
jHe aqui el destino del hombre!»
Sin embargo, como se lo exige, le indica el camino en el que podra
encontrar a Utanapishtim, en la otra ribera de un peligroso mar que
135solo Shamash puede atravesar, porque esta cruzado por «las aguas
de la muerte», Nuestro héroe no lo duda. Recluta a Urshanabi, anti-
guo piloto del arca, atraviesa el mar y por fin se encuentra con Uta-
napishtim, que le cuenta el relato del diluvio. ,Pero, podra hacer al-
go por Gilgamesh? Si, procurarle la planta de la vida, planta espino-
sa que crece en el fondo del mar y lo volvera eterno. Entonces Gilga-
mesh ata pesadas piedras a sus pies —tal y como hacian hace poco
los pescadores de perias del Golfo Pérsico— se sumerge y recoge la
planta. Pero he aqui que en el camino de vuelta a casa, cuando se
esta bafiando en un pozo, una serpiente sale de la tierra, se apodera
de ella y desaparece. Gilgamesh, «el que lo ha visto todo» (sha nagba
imuru, titulo acadio del poema) ya no sera nunca inmortal. Como le
habia dicho la tabernera:
XaLa vida que buscas no la encontraras.
Cuando los dioses crearon al hombre
Le dieron la muerte
Reservandose para si la vida».
Conclusién pesimista, que se suma a la de Utanapishtim:
?«4Construimos nuestras casas para siempre?
EI rio crece sin cesar para traernos sus aguas?
La libélula no sale de su crisdlida (4 ?)
Mas que para ver un instante la faz del Sol
Nada es permanente desde los dias de antafio.
Como se parecen el durmiente y el muerto.»
El héroe Gilgamesh es indudablemente una leyenda, un precioso
poema de amistad, valor y muerte que fue célebre en todo el Oriente
Antiguo * y todavia nos conmueve, gpero quién fue el Gilgamesh
sey? Durante mucho tiempo se creyé que no habia existido, pero co-
mo veremos es extremadamente probable que un soberano de este nom-
bre haya vivido en Uruk en la primera mitad del tercer milenio. A
lo largo de todo este capitulo hemos caminado a través de una bru-
mosa region, en la que se distinguen muy mal la ficcién de la reali-
dad. Henos aqui ahora en el mismo umbral de la Historia.
3 Ademds de en otros yacimientos del iraq (sobre todo Ninive), también se han
descubierto fragmentos de tablillas de la Epopeya de Gilgamesh en Palestina (Megid-
do) y en Turquia (Sultan Tepe, Boghazkéy). De este tltimo yacimiento provienen los
fragmentos de la traduccién hitita y hurrita.
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