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Olvidos 13

Palabras para un tiempo de silencio, número homenaje de la revista Olvidos de Granada a la generación del 50 a partir de unos encuentros literarios celebrados en la ciudad con autores de dicha generación en el año 1984.
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Olvidos 13

Palabras para un tiempo de silencio, número homenaje de la revista Olvidos de Granada a la generación del 50 a partir de unos encuentros literarios celebrados en la ciudad con autores de dicha generación en el año 1984.
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PALABRAS PARA Un

TIEDlPO DE SILEnCIO
PALABRAS PARA UN
TIEMPO DE SILENCIO
EDITA: Área de Cultura de. la Excma. Diputación Provincial de Granada.
Presidente: Antonio Martín Olid. Gerente: Juan Manuel Azpitarte Alma-
gro. DIRECTOR: Maresca. CONSEJO EDITOR: Juan
Calatrava, Luis García Montero, Rafael Juárez, Ignacio
Mendi- \\J guchía, Juan Carlos Rodríguez, José Carlos
Ros a- Álvar? Salvador y Andrés Soria Olme-
do. RE- e\\ c,t&\\ DACCION: Pablo Alcázar, Rosario Alon-
so, Jesús ... Arias, Felipe Benítez Reyes, Antonio Cazor-
1a , C a r men Chacón, Juan Jesús García, Rafael Goicoe-
chea, Juan Mata, Antonio Muñoz Molina, Justo Navarro, Antonio Pa-
mies, Manuel Rodríguez, Paloma Ruiz Burgos y Guadalupe Ruiz. DISE-
ÑO: Equipo «Olvidos de Granada». MAQUETACIÓN: Rafael Gómez y
Luis Jarillo. CORRESPONDENCIA: OLVIDOS DE GRANADA,
Área de Cultura de la Excma. Diputación Provincial, Palacio de los Con-
des de Gabia, Plaza de los Girones, Granada. OLVIDOS DE GRANA-
DA no se identifica necesariamente con los artículos firmados que publica.

Depósito legal, GR 537/1984.


PALABRAS PARA Un
TIEDlPO DE SILEnCIO
LA POESII YLA ROUELA
DE LA &ERERACIOR DEL 50
8: INVITACIÓN e 10: CRÓNICA · '

sumario 25: ALBUM e 26: VICENTE SABI-


DO, Los relatos breves de Ignacio
Aldecoa e 29: PERE ROVIRA, E l poeta desaparecido: Alfonso
Costafreda y Gabriel Ferrater e 32: JO LABANY, Tiempo de si-
lencio en su contexto e 34: LUIS ANTONIO DE VILLENA, '
Una charla con Francisco Brines e 38: BENJAMÍN PRADO,
Jesús Fernández Santos: grandes h,istorias de pequeñas de-
rrotas e 41: JUAN CARLOS RODRIGUEZ, Los Caballeros
de Olmedo: Sánchez Ferlosio y García Hortelano (Notas 1
sobre el objetivismo español de los años 50-60) e 45: RO-
1
SARIO ALONSO: García Hortelano, con prisas • 50: LUIS
GARCÍA MONTERO: Jaime Gil de Biedma, el juego de
leer versos e 56 MANUEL BARES, Jaime Gil de Biedma;
palabras de familia e 57: DAMIÁN SALCEDO MEGA-
LES, A propósito del Contrato Social: apuntes sobre li-
teratura y reflexión en la obra de Juan Benet e 59: FER- ¡
N ANDO VALLS, Estela del fuego que se aleja: Vuelo sin ¡
retorno de Luis Goytisolo e 63: JORDI VILLARONGA,
Una tarde con José Agustín Goytisolo e 69: CAR-
MEN RIERA, Inteligencia y sensualidad en la poesía
J
de Carlos Barral e 74: ÁLVARO SALVADOR, Ángel
González o la poética del pudor e 79: LORENZO
AGUILARPÉREZ, Juan Marsé: Tener una historia y
contarla e 86: JESÚS GARCÍA GABALDÓN, En
torno a Makbara y Juan Goytisolo e 90: TERESA
ROSENVINGE, Fragmentos de Carmen Martín
Gaite e 91: CARMEN MARTÍN GAITE, Un
aviso: Ignacio Aldecoa ha muerto e 94:
ADOLFO GARCÍA ORTEGA, Algunas
consideraciones sobre la poesía de Clau-
dio Rodríguez e e 99: JOSÉ LUIS
GARCÍA MARTÍN, La poesía de
Carlos Sahagún e 102: JAVIER
CRESPO, La trayectoria de José
Ángel Valente e 104: ENRIQUE
MOLINA CAMPOS, Notas sobre
Fernando Quiñones e 108: JOSÉ
RAMÓN RIPOLL, La nave va. Una
charla con José Manuel Caballero Bonald e 113:
GRANADA, DICIEMBRE DE 1985 e 119: MA- 11
NUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN, La España de
. los años cincuenta e 125: JUAN GARCÍA HOR-
TELANO, El grupo poético de los cincuenta e
129: ÁNGEL GONZÁLEZ, CLAUDIO RODRÍ-
GUEZ, JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, FRAN-
CISCO BRINES, JOSÉ MANUEL CABALLERO
BONALD,CARLOSSAHAGúNyFERNANDO
QUIÑONES, Coloquio sobre poesía e 131:
CLAUDIO RODRÍGUEZ, Unas notas sobre
poesía e 133: CARLOS BARRAL, Poesía no
es comunicación e 137: JAIME GIL DE
BIEDMA, Función de la poesía y función de
la crítica, por T.S. Eliot e 141: JOSÉ ÁN-
GEL VALENTE, Tendencia y estilo e 146:
ANTONIO JIMÉNEZ MILLÁN, La poesía
de un tiempo e 147: LUIS GARCÍA
MONTERO, Del cincuenta en adelante
e 149: FANNY RUBIO, Un encuentro
necesario e 151: ANTONIO CHICHA-
RRO, De viejos y jóvenes poetas en la
España del medio siglo • 154: ISAAC
MONTERO, Las condiciones de la no-
vela en los años cincuenta e 159:
CARLOS CASTILLA DEL PINO,
Evocación de Luis Martín Santos e
163: ÁNGEL GONZÁLEZ, JUAN
GARCÍA HORTELANO, JUAN
MARSÉ, ARMANDO LÓPEZ SA-
LINAS, JOSÉ MANUEL CABA-
LLERO BONALD, FERNANDO
QUIÑONES e ISAAC MONTE-
RO, Coloquio sobre novela e
173: JUAN CARLOS RODRÍ-
GUEZ, JUSTO NAVARRO, JO-
SÉ ANTONIO PORTES, AN-
TONIO MUÑOZ MOLINA y
ANDRÉS SORIA OLMEDO:
Seminario sobre novela.
OLVIDOS puede al ficie que pide una determinada manera de entender la moderni-

lnuitacion
fin cumplir el com- dad. En nombre de, por ejemplo, el cosmopolitismo, la moderni-
promiso, contraído zación y el neo-individualismo, fácilmente se puede acabar en una
con sus lectores hace ignorancia de la propia historia que convierta al cosmopolitismo
ya siete mese s, de en papanatismo aldeano, a la modernización en encantamiento pa-
dedicar un número ra ignorantes o bobos, y al neo-individualismo en coartada con la
extraordinario a la obra de la conocida como 'generación litera- que deslizar otra vez las mismas aburridas cuitas personales o de
ria de los años cincuenta'. En este volumen se incluyen materia- gremio. Por esa vía se desliza, además, no sólo cierto gesto litera-
les diversos. De una parte, las conferencias, seminarios y colo- rio, sino también el sesgo de una actitud general ante lo público
quios celebrados en diciembre de 1985 en Granada en los En- que a nosotros nos parece, además de peligrosa, impropia de seres
cuentros que, organizados por esta revista bajo el titulo de Pala- presuntamente dotados de memoria e inteligencia. En 1986, año
bras para un tiempo de silencio, tuvieron lugar en el Palacio de de celebraciones -Lorca, la guerra civil- que hacen ftl.igrana
los Condes de Gabia, sede del Área de Cultura de la Excma. Di- con el pasado para poder hablar de él sin que él mismo hable, nos
putación Provincial, institución patrocinadora de dichos En- parece que hacer presente el testimonio de estas palabras de los
cuentros, así como de OLVIDOS. Por otra parte, hemos reuni- hijos de la postguerra puede tener cierta oportunidad.
do en este número extraordinario un conjunto de estudios sobre De lo dicho se desprende casi la segunda advertencia que que-
los distintos escritores de la generación; en algunos casos, se tra- remos hacer. Naturalmente, no hablamos aquí de toda la literatura
ta de entrevistas con ellos, y en otros de artículos que son apro- que se hacía en España en los años cincuenta ni de la obra de to-
ximaciones generales a su obra o a alguno de los momentos más dos los que en esos años o en los inmediatamente posteriores em-
significativos de ésta. Por último, la abundante información grá- pezaron a publicar. Al margen de lo discutible del término genera-
fica recoge fotografías, cartas, documentos, manuscritos, etc., ción, es indudable que existe un grupo dotado de las afinidades su-
que fueron exhibidos en la Exposición que tuvo lugar al mismo ficientes para diferenciarlo y singularizarlo en el panorama litera-
tiempo de los Encuentros. rio de esos años y que lo que
Son materiales generosa- puede aportarles tal singula-
mente cedidos por los pro- ridad remite, en términos ge-
pios escritores y nos com- nerales, a una actitud civil y
place poder ofrecer ahora a ética que en su momento Jos
nuestros lectores esa colec- situó con toda claridad a un
ción - tan llena de interés lado de la historia colectiva
como entrañable- que por de nuestro país. Por princi-
primera vez ha podido reu- pio, toda selección es discu-
nirse. tible; creemos, sin embargo,
No parece especialmen- que en este caso todos los
te necesario justifcar esta que están son y que estos
iniciativa de nuestra revista; que sí están son suficiente re-
queremos aprovechar esta ferencia de aquella posición
ocasión, sin embargo, para literaria sobre la que quere-
hacer alguna matización que mos llamar la atención.
evite malentendidos. Ante Más allá de esa comuni-
todo, no hay en nuestra in- dad de propósito general, se
tención ningún propósito de abre el camino de las distin-
rescate, sencillamente por- tas andaduras personales.
que de ningún o lvido ha y En su inmensa mayoría, lo
que rescatar los nombres de de este grupo son escritores
escritores que, por el valor cuya obra sigue haciéndose,
de su obra y por la fuerza de y ello con la misma atención
una credibilidad indiscuti- que antes -tensa, lúcida-,
ble, constituyen ya una de al momento en que se hace.
las señas de identidad más Por eso, invitamos a nues-
respetables de la memoria tros lectores a multiplicar su
cultural de nuestro país. Di- reflexión sobre los materia-
cho esto, sí queremos subra- les de este número de OLVI-
yar cómo, en nuestra opi- DOS: después de todo, na-
nión, los caprichosos movi- die que cree mirar sólo al pa-
mientos de las modas y ma- sado puede afirmar que lo
neras literarias pueden haber que tiene ante sí no es una
abonado entre nosotros una formaextraña - ensimisma-
cierta disposición maniquea da y turbia, pero quizás alec-
que estaría desechando y es- cio nadora- del presente,
tigmatizando como inútil por la misma razón que el
-o, simplemente, como out- futuro sólo conocerá lo que
lo que no reúne las dos o para él sea capaz de inventar
tres características de super- la memoria•
Fragmento de una

Crónica
fotografia del grupo
escolar de Claudio
Rodríguez, primero
de la izquierda de la HVeremos, durante unos instantes,
fila de abajo.
una fotografia que no existe. Está to-
mada en el patio de un colegio o quizá,
a media tarde, en un prado, en la pausa
de una gira campestre. De los diez ni-
ños que se han agrupado frente al obje-
tivo, el mayor tiene once años de edad y
el más joven apenas hace dos años que
ha nacido; tres de ellos han cumplido
los diez años dos, los ocho; otros dos,
los siete; y el noveno en orden cronoló-
gico, los cuatro.
Es probable que todos, excepto dos,
vistan pantalón corto, incluso el ma-
yorcito, pero también los más pequeños
(a quienes no p arece temerario suponer
aún analfabetos). Bastará considerar
las carencias de todo tipo que a estos
mocitos les están reservadas, para pro-
fetizar que pocos de ellos conseguirán
vestir bombachos, aquella prenda tan
ansiada, por su elegancia, en la época.
No será la única de las renuncias que
se les impondrán.
Por lo pronto y aunque lo ignoran,
se encuentran en el umbral de un paraí-
so. Habrán de pasar lustros, quizá sólo
tres años, para que descubran que vi-
vieron en el infierno. Y es que, a partir
del día en que esta foto fue tomada, a
los diez niños que en ella aparecen (con
el expectante anhelo que adoptan los
niños ante la cámara) les v.a a suceder
todo, para tres años más tarde, vivir sin
que les vuelva a suceder nada nuevo.
E n el verso, la f otografia está fe-
chada: 1936
Todos ellos, pues, se hicieron hom-
bres a lo largo de la interminable paz
que se abatió sobre su pais. "
(Juan G arcía Hortelano)
''Estábamos remotos 1 chupando caramelos, 1 con tantas
estampitas y retratos 1 y tanto ir y venir y tanta cólera, 1
tanta predicación y tantos, muertos 1 y tanta sorda infan-
cia irremediable". (José Angel V alente).
3

1.-Juan Marsé es el
primero de la izquierda.
2.-lgnacio Aldecoa
3.-Juan y José Agustín
Goytisolo ( 194 2)
1945 1953
JOSÉ MARÍA VALVERDE, Hombre de JAIME GIL DE BIEDMA, Según sen-
Dios; IGNACIO ALDECOA, Todavía tencia del tiempo; CLAUDIO RODRÍ-
la vida; ANA MARÍA MATUTE, Los GUEZ. Don de la ebriedad.
A be!: JOSÉ MARÍA VALVERDE, La
espera: IGNACIO ALDECOA,Libro de
las algas; ALF ONSO COSTAFREDA,

1952 N uestra elegfa; ÁNGEL CRESPO, Una


lengua emerge; RAFAEL SÁNCHEZ
FERLOSlO, Industrias y andanzas de
Aifanhuí; ALFONSO COSTAFREDA,
Antonio Rodríguez Moñino encarga la redacción de Re-
vista E spañola a Alfonso Sastre, Rafael Sánchez F erlosio e
Ignacio Aldecoa. En los tres primeros números, aparecidos
Ocho poemas; CARLOS BARRAI... Las en 1953, se publican relatos de Ignacio Aldecoa, Rafael Sán-
aguas reiteradas; JOSÉ MANUEL CA-
BALLERO BONALD, Las adivinacio-
chez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gai-
nes; ÁNG EL CRESPO, Quedan señales. te, Josefina Rodríguez y José María de Quinto, así como tra-
ducciones de Cesare Zavattini y Truman Capote.

REVIST A ESPAÑOLA
l:<ro1 0MO

ESPANOLA ........ _.,.. , l. t. •• • , . .. ..,._.......,_w"''""'"'-


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Tras la aparición del primer número


de R evista E spañola, Rafael Sánchez
2 Ferlosio, Alfonso Sastre, Josefina Rodrí-
guez y José María de Quinto viajan aSa-
lamanca, donde el sargento Ignacio Al-
decoa éumplía su servicio militar, para
proceder al bautismo simbólico de la re-
vista.

l. Mirando a la cámara
Rafael Sánchez Ferlo-
sio; en la mesa, Josefi-
na Aldecoa, José M.•
de Quinto y Alfonso
Sastre.
2. De arriba a abajo,
A. Tapies, Jaime
F errán, Alfonso
Costafreda y
Carlos Barra!.
3. El matrimonio
Aldecoa, con Alfonso
Sastre, bautizan
en vino el
número 1 de
Revista Española.
IGNACIO ALDECOA, El fulgor y la

1954
sangre; JOSÉ MANUEL CABALLERO
BONALD, Memorias de poco tiempo;
JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS, Los
bravos; JUAN GOYTISOLO, Juegos de
manos: JOSÉ MARIA VAL VERDE,
Versos del domingo.

REVISTA
ESP Ñ OL A
El pueblo
e...;_, t J tl .'-'z t J.
l,
'lt•/.i1+\....W.
.!..'-
(-'t,. t'M(.. f"V\..¡ t
donde se desarrolla
1 <\ kf \ ' f'-T A F.SPA " )l. A)); f 1t .Z U .... la acción de
• t.t .. ......... ,.,..., ..-: .
C ... ..¡ tHn.r-irJ :ú_ ' .L.(
..
'' ........ • :: l .l e .l•.t. 11 -\. \ ., \
Los bravos,
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Jesús Femández
Santos.
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""·::::"'!, h'L. .
1?\.;'-ttlt "' 4-t... ' 1' .>

En «el Mosquito» , tienda de vinos, fue rociada la


portada de este ejemplar (véase fotografía) con vino tin-
to puro de la tierra, entre animados festejos, ante la sor-
presa de los indígenas que pudieron presenciar la
ría de Artola en el magno partido de (ilegible), celebra-
do a continuación. Salamanca, a 5-Vll-1953. Testifican:
l. Aldecoa
Josefina Alfonso Sastre José Maria de Quinto
Rafael Sánchez
En el día de hoy, V-VII-MCMLIII, reunidos los
abajo firmantes en el local público denominado «café-
bar Toledano» sito en la carretera d e Madrid
(puente nuevo), junto al río Tormes, en cuyas aguas
acaba de ser bautizada, en sobria, pero solemne cere-
monia (véase fotografía) esta " REVISTA ESPAÑO-
LA": fue redactada la presence acta testifical, mientras
se celebra en esta ciudad de Salamanca el séptimo cen-
tenario de su Universidad y gobierna, con acierto,
bidad, acritud y melancolía (o desgana) a su tropa el
sargento y bachiller (pues, por razón de sus desordena-
dos apetitos y licenciosa juventud no llegó a doctorarse
si no es en vicios y malas artes) Aldecoa.
De lo cual dan testimonio:
Sargento Aldecoa Alfonso Sastre
Josefina Rafael Sánchez Ferlosio
José Maria de Quinto
1955 1957
IGNACIO ALDECOA. Gran sol; CAR-
LOS BARRAL. Metropolitano; JOSÉ
IGNACIO ALDECOA, Vlsperas del si-
MARÍA CASTELLET, La hora del lec-
lencio; JOSÉ MARíA CASTELLET,
tor; La cesta y el rlo;
Notas sobre la literatura española con-
JESUS FERNANDEZ SANTOS, En la
ÁNGEL_CRESPO, La pin-
hoguera; JUAN FERRATER, Teorla del
tura; JOSE AGUSTIN GOYTISOLO,
El Retomo; JUAN GOYTISOLO,Duelo poema; J UAN GOYTISOLO, Fiesta;
Circo; JESÚS LÓ PEZ PACHEC O,
en el p aralso; C ARME N MARTÍN
GAITE, E l Balneario; CARLOS SA- <:;entra/ eléctrica; FERNANDO QUI-
HAGÚN, Hombre naciente; JOSÉ ÁN- NONES, Ascanio o libro de las Flores.
GEL VALENTE, A modo de esperanza.

El 11 de enero de 1955, Carlos Barra1 empieza un cuaderno en


el que anota las incidencias de su tarea literaria. Este diario de tra-
1958 JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS, Ca-
beza Rapada; LUIS GOYTISOLO L as
bajo, que llega hasta 1965, tiene especial interés para conocer la re- o.fueras; JOSÉ AGUSTÍN GOITISO-
dacción de Metropolitano. LO, Salmos al viento; JUAN GOYTI-
SOLO, La resaca; CARMEN MARTÍN
._ t .. ....
.. ..... .....
..... \ , - - ... · ' \ .._
0: \...!,._
GAITE. Entre visillos; CLAUDIO RO-
' '""" •• :L. \.... .J .. . ' -
{Juo.\ '"-
..
t).

'-- \ ....- •
C...\ \,.t. - - \'\.-o. \....: .. , _ DRÍGUEZ, Conjuros; CARLOS SA-
t,_, ( 4- ..- ...t , .. . """' . o &A. .c. .:'-. - ' -·\- .,A. ._ HAGÚN, Profecfa del agua.
..........\e:. """ ._ ......._ 1 v.·a • a. k ....,.- ,
\- - .....,..._ ,_,.. .. , ........ - .,.
, d.-o. V.- t.- v.,..-...:.'-..'-
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LUIS 68YUS8L8·&l1
LAS AfUERAS m;:u ' !UiifM+iill

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Wf'+ *'i!SP*
- -
""""""'

El JARAMA

Aparece la revista Acento,


publicación importante en
su momento por reunir
las tendencias realistas
con la atención a la
vanguardia europea.

1958
IGNACIO ALDECOA, Con el viento
solano; JOSÉ MANUEL CABALLERO
BONALD, Anteo; ÁNGE L CRESPO
Todo está vivo; ÁNGEL GONZÁLEi
Áspero mundo; RAFAEL SÁNCHEZ L A S TRAD A
FERLOSIO, El Jarama; Congreso de es-
critores jóvenes en Madrid; Fundación de
la revista Papeles de Son Armadans.
1959
IGNACIO ALDECOA, El corazón y
otros frutos amargos; JOSÉ MANUEL
CABALLERO BONALD, Las horas Colliure, 22 de febrero: Homenaje a Antonio
muertas; ÁNGEL CRESPO. Junio Feliz; Machado en el veinte aniversario de su muerte. Esta
ANTONIO FERRES, La piqueta; JAI- fecha alcanzó un verdadero valor histórico, pasando
ME GIL DE BIEDMA, Compañeros de a convertirse en el emblema ético y estético del gru-
viaje; JUAN GOYTISOLO, Para vivir
aquf; ANA MAR.ÍA MATUTE, L os hi- po literario de los cincuenta.
jos muertos.

En Colliure: en la flia de
arriba, de izquierda a derecha,
Bias de Otero,
José A. Goytisolo, Ángel
González y José A. Valente;
en la fila de abajo,
Jaime Gil de Biedma, Alfonso
Costafreda, Carlos Barral y
José M. Caballero Bonald.

En estos mismos días de Colliure, Carlos Ba- que permitiera la convivencia de nuestras oscu-
rra! decide asumir, desde una plena conciencia ras poéticas de jóvenes ltricos formados en el
de sus implicaciones civiles y literarias, su traba- tardío simbolismo, con trastiendas psicologistas
jo como editor. En el capítulo de sus memorias y utillaje de tradición barroca, con el simple na-
titulado Osar poder, quedó el testimonio de turalismo, la poética de la avaricia de medios y
aquella reflexión: el descaro ideológico del grueso de los prosistas.
«El caso es que aquella noche comprendí Pero todo eso se apoyaría en las muchas horas
que estaba en mi mano la posibilidad de hacer de charla que habíamos dedicado todos al tema
respetar la poesta que precisamente los que está- de la littérature engagée y a la lectura critica e
bamos allt y unos pocos más intentábamos hacer interesada -quiero decir con intereses justifica-
y que sobre todo predicábamos como propuesta tivos- de Lukács, Brecht y de Gramsci. Era el
de reemplazo de la poesta oficializada por las momento de aplicar a las declaraciones progra-
antologtas de los últimos tiempos -que nos ig- máticas nuestra heterodoxia sartriana, la escue-
noraban- o las revistillas literarias -que nos la tan .fiel y críticamente asimilada de Les Temps
tenían por foraste ros- o la inercia de los profe- Modernes, sus contradicciones tan sutilmente
sores y de los bebedores de café con leche en discutidas. No en vano éramos la generación
la capital. poética de Juliette Greco.»
Había, eso sí, que destila r alrededor de ese
juego una filosofia elástica acerca del realismo Carlos Barral, Los años sin excusa.
En Colliure, entre
los fotografiados,
J. M. Caballero BonaJd,
Jaime Gil de Biedma,
José A. VaJente, C arlos
BarraJ y José M. Castellet.
Fotografia tomada por
Ángel González.
En la fotografía,
en Colliure,
Carlos Barral,
J. M. Caballero Bonald,
Jaime Gil de Biedma,
Ángel González y
Juan Ferrater.
En mayo de 1959, se celebran en Forrnentorunas 'Conversaciones
poéticas', en las que se gesta la celebración, el año siguiente y en el
mismo lugar, del ' Primer Coloquio Internacional sobre Novela', orga-
nizado por cuenta de Seix-Barral. Las ' Conversaciones' de 1959 están
aludidas en el poema 'Conversaciones poéticas', de Jaime Gil de Bied-
ma. En la fotografía de esta y la siguiente página, diversos momentos
del Coloquio sobre Novela, de 1960. En ellas puede verse, entre otros,
a Gil de Biedma, Barra!, Juan Goytisolo con Gabriel Ferraté, José M.
Castellet, Camilo J. Cela, Jaime Salinas, Octavio Paz, Hans Magnus
Enzensberger, Alberto Moravia e !talo Calvino.

El poema «Conversaciones poéticas», de J aime Gil de


Biedma, dedicado A Carlos Barra/, amante de la estatua
ca la reunión de Forrneñtor:

«Predominaba un sentimiento 1 de general jubilación. 1 Abra-


zos, 1 inesperadas preguntas de amistad 1 y la salutación 1 de
algún maestro 1 -borrosamente afin a su retrato 1 en la
logia de Gerardo Diego- 1 nos recibieron al entrar 1 (...) De
noche, la terraza estaba aún tibia 1 y era dulce dejarse junto al
mar, 1 con la luna y la música 1 difuminando los jardines, el Ho-
tel apagado 1 en donde los famosos ya dormían. 1 Quedábamos
los jóvenes. 1 No sé si la bebida 1 sola nos exaltó, puede que el
aire, 1 la suavidad de la naturaleza 1 que hacía más lejanas
nuestras voces, 1 menos reales, cuando rompimos a cantar. 1
Fue entonces ese instante de la noche 1 que se confunde casi
con la vida. 1 Alguien bajó a besar los labios de la estatua 1
blanca, dentro en el mar, mientras que vacilábamos 1 contra la
madrugada. Y yo pedí, 1 grité que por favor que no volviéramos
1 nunca, nunca jamás a casa».
ftOOCHE SE ·FALtAROU
LOS PHEIYIIOS"SESAIYIO"
MAHSE,. EN CUENTOS_, Y
ALVEAR, EN PINTURA,
RESDLTARON GANA-
Anoche fu eron fallados los concursos
«Sésamo>> correspon dientes a l primer tri-
m estre de 1959. ¡;resentaban 115 cucn toa
y 43 cuadros. El Jura.do ce cuentos, forma.
do por los escritores R.1 Vázquez Zamo-
ra, Ale jandro Núilez Alonso, Juan Antonio
Cabezas. C:m'Cdano, J osé Maria de
Quinto, Dámaso Santos y Juan Vega l•ico,
que a(lf;uo de s•.:cretario, otorgó el prímer
premio al cuen to «Nada para morir». de
Juan Marsé Carbó . QU<!dó finalista dl
cen tro d el mumlo». d e Antonio Pizá.
El Jurado d e p in t ura es taba integrado
por Sócrates Quintana. P a n e h o Cossío,
FrancL<;eo 'Arias. Pedro Bueno. Agustín Re-
dondcla, Juan Esplandí u , Alvaro Delgado,
Joaquín Rubio Ca.mln y J06é de Castro Ali-
enes . Gana ron los cuadros De Alvear, Lo--
za no y N e! el Instituido por c:Sésatno•. el
acct.'s it de Gallego r."l:orcll y la . modllllll
de l S . E . U ., respeclivarucntc
Las popular"S cuevas de t,ttu.
vieron. como s iempre. muy concurrid as de
público, y en el t ran.scurso de la oc na fue.
ron los r<'sultados de los vota..
cion cs. que resultaron muy a.n•mada.s h asta
el !lna.l.
FRANCISCO BRINES. Las brasas; JO- IGNACIO ALDECOA, Arqueologla;

1980 1981
SÉ MARÍA CASTELLET, Veinte años CARLOS BARRA!.. Diecinueve figuras
de poesia española; ÁNGEL CRESPO, de mi historia civil; JUAN BENET, Nun-
Antologia poética; GABRIEL FERRA- ca llegarás a nada; JOSÉ MANUEL
TÉ, Da nuces p ueris; JAIME G IL DE CABALLERO BONALD, El papel del
BIEDMA. Cántico: el mundo y /Q poesta coro; ÁNGEL CRESPO, Puerta clava-
de J orge Guillén; JUAN GOYTISOW, da; JUAN GARCÍA HQRTELANp.
Campos de Nijar; ARMANDO LÓPEZ Nuevas amistades; JOSE AGUSTIN
SALINAS. La mina; CARMEN MAR- GOYTISOLO, Claridad; ÁNGEL
TÍN GAITE. Las ataduras; FERNAN- GONZÁLEZ, Sin esperanza, con con-
DO QUIÑONES. Cinco historias del vi- vencimiento; JOSÉ AGUSTíN GOYTI-
no; JOSÉ ÁNGEL VALENTE. Poemas SOLO. Anos decisivos; JUAN GOYTI-
a Lázaro; JOSÉ MARÍA VALVERDE, SOLO, La isla; ALFONSO GROSSO,
La conquista de este mundo. La zafl.ia; JUAN MARSÉ, Ence"ados
con un solo juguete.

Escritura de constitución de
Literaturasa, editorial
___
__,_,_,,,.,,.- ___
.... ............ ..,..__
.......... . _
. -·- que publicará la colección

·'- -·-------__ __
.... -- .. -... _
JOSÉ MANUEL CABALLERO 80-

1962
.. ........
_____
- ...__,_ .._
tu•••" ... - - --.... ,.. _ _... ..,....- , • - Colliure de poesía. NALD, Dos dias de septiembre; ÁNGEL
.... ..--. .. -._. __ ...._ .
... Pese al buscado tono de CRESPO, Suma y sigue; GABRIEL FE-
__ .. ___ ....... _. _
.. ......., _ _.. _ _ _ _ . _ .. _ _ _
solemnidad juridica RRATÉ. Mefl.ia't una cama; JUAN FE-
______ .. _.... _
de sus firmantes, RRATER. La operación de leer; JUAN
.. - .. -
(José María Castellet, Carlos
--
... -....--
GARCÍA HORTELANO, Tormenta de

....--__
o) ... -
::;::- -
.. - . , - - · · - ·· -
-:- ... Barral, José Agustín Goytisolo,
--
________..,
-----·-.-
...
....................---·-
........, ..............- .._ ,..,
Jaime Salinas y Jaime Gil
de Biedma),
verano; ÁNGEL GONZÁLEZ, Grado
elemental; LUIS GOYTISOW, Con las
mismas palabras; J UAN GOYTISOW,
::-r .?::'.:.;:-: :.-1::.::.
..... -
al final olvidaron
___ ..._...- .....
La Chanca; Fin de fiesta; ARMANDO
-·---
...... _ _ _... ...... -...
_........ .._ .....,
,..,... ...
• fechar el documento . LóPEZ SALINAS, Ano tras ano; JUAN
MARSÉ, Esta cara de la luna; LUIS
MARTíN SANTOS. Tiempo de silencio.

____
.... .. - · _ _. . -
. _ ......... _·-·-·- .....-
• • ,. ... , ._ ...,_ _ ,..¡ ... . . - . . . . . " _ _ . .
I.Ul '"'*·"-..._ _ , __ • ___ ._ ,, ,... _...
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T01·menta
de
verano

. .-.¡_ . . . _. ___. ....


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¡_, ,

El premio Formentor, que


se otorgó por primera vez
____ --
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.. -..... .·-
..
el l de mayo de 1961 a la
_·. _,
presente n ovela TOR-
.......
......... - __________
.. _-·--
t•.n - . -. .. ... __ _,_ ___ ._ __
..........................
__ ... _ , _...._,_.... .. _......,_·-
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....... __
_. MENTA DE VERANO
- - -- -. . . lllouf _.._ _

'"J:j'"'::"..':
__ _

- - ...... ..
_

..
de Juan G arcía Hortelano, se fundó durante el Segundo Colo-
,..::::-.::.:::.·::.::".:·.:::-..-.:: =::;·_:.
. .............<:k . . . . . . _ _ ____ _ _
quio Internacional sobre N ovela, celebrado igualmente en
.,. .. s_................ ..... _ _ _ _
Formentor en mayo de 1960, por los editores: Einaud.i de Tu-
. - -*--- ··- ·. .--.. ----
,....:!:=;:::.·.:-=::.. .. __..... ___
:::
:.. - ;
.., _ , _ _,..... , rín G allimard de París, Grove Press de Nueva York, Roh-
__ ______......... __
_ _ _.. -.¡-_
......
..._.. .. .,_ _ _ _ -
woit de Hamburgo, Seix Barra! de Barcelona y W eidenfeld &
Nicolson de Londres. Se otorga a una novela inédita de un
. autor joven que no haya contraído con anterioridad compro-
misos editoriales internacionales.

Homenaje a Luis Cer-


nuda en la revista La ca-
ña gris. Supone una de
las primeras llamadas de
atención sobre la in-
fluencia decisiva del poe-
ta sevillano, cuya impor-
tancia real queda resti-
tuida desde entonces.

Homenaje en Madrid
a Albert Camus,
muerto este año.
Entre los
participantes,
Gonzalo
Torrente Ballester
e Ignacio Aldecoa.
JOSÉ MANUEL CABALLERO BO- J UAN BENET, Volverás a R egión;

1963 NALD, P/íegos de Cordel; JAIME GIL


DE BIEDMA. En favor de Venus; JUAN
GOYTISOLO, Pueblo en marcha; CAR-
MEN MARTÍN GAITE, Ritmo lento;
1967 JUAN GARCÍA HORTELANO, Gente
de Madrid; ÁNGEL GONZÁLEZ. Tra-
tado de Urbanismo; JUAN GOYTISO-
LO, Furgón de cola; JOSÉ ÁNGEL VA-
FERNANDO QUIÑONES, R etratos
LENTE, Siete representaciones.
violentos.
IGNACIO ALDECOA, Sanw de
acero y otras historias; GABRIEL FE-
RRATÉ, Les dones i els dies; JUAN FE-
RRATER, Dinámica de la poula; ÁN-

1968 GEL GONZÁLEZ. Palabra sobre pala-


bra; JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOJ-0,
Algo sucede; FERNANDO QUINO-
NES. Las crónicas de mar y tierra; JOSÉ
ÁNGEL VALENTE, Breve son.

JOSÉ MANUEL CABALLERO BO-


NALD, Vivir para con tarlo; JESÚS
FERNÁNDEZ SANTOS, El hombre de
los Santos; JAIME GIL DE BIEDMA,

1969 Poemas póstumos; ANA MARíA MA-


TUTE, La trampa; JOSÉ MARíA CAS-
TELLET, Lectura de Marcuse.
Muere Ignacio Aldecoa.

/1 CARLOS BARRAI.. Informe personal


sobre el alba y acerca de algunas auroras
particulares; JUAN BENET, Una medi-
tación; JUAN GOYTISOLO, Reivindi-
Natalie Sarraute, Jose Luis A ranguren y Juan Garc1a Hortelano en el
congreso Realismo y realidad (Madrid). 1970 cación del Conde Don Julián; ALFON-
SO GROS SO, Guarnición de silla; JUAN
MARSÉ, La oscura historia de la prima
Montse; CARMEN MARTíN GAITE,
El proceso de Macanaz. Histotja de un
enfrentamiento; LUIS MARTIN
TOS, Apólogos; FERNANDO QUINO;
ANGEL CRESPO, Carta desde un pozo;

198Q
NES. Las crónicas de Al Andalus; JOSE
FERNANDO QUIÑONES, En vida; ÁNGEL VALENTE, El inocente; Pre-
ANA MARíA MATUTE, L os soldados sentación para un monumento.
lloran de noche; IGNACIO ALDECOA,
Los p4jaros de Baden-Baden; Muere Luis
Martín Santos. 1971 JUAN BENET, Una tumba; FRANCIS-
CO BRINES, Aún no; JESÚS FER-
NÁNDEZ SANTOS. Libro de la memo-
ria de las cosas; JAIME GIL DE BIED-
MA. Colección particular; CLAUDIO
RODRíGUEZ, Poesía (1953-1966).

1965 CARLOS BARRAI.. Usuras; FRAN-


CISCO BRINES. El santo inocente; ÁN-
JUAN BENET, Un viaje de invierno;
Cinco narraciones y dos fábulas: JUAN
GEL CRESPO, No sé cómo decirlo; ÁN-
GEL GONZÁLEZ. Palabra sobre pala-
bra; JUAN MARSÉ, Últimas tardes con
1972 GARCÍA HORTELANO, El Gran mo-
mento de Mary Tribune; ÁNGEL GON-
ZÁ LEZ, Procedim ientos narrativos:
Teresa; JOSÉ MARíA CASTELLET, CARME N MARTÍN GAITE, Usos
Un cuarto de siglo de poesfa española. amorosos del dieciocho en España; JOSÉ
ÁNGEL VALENTE, Punto cero; Muere
Gabriel Ferraté.

1968 IGNACIO ALDECOA, Cuentos com-

CARLOS BARRAL. Figuración y fuga;


JUAN BENET, La inspiración y el esti-
1973 pletos; CARLOS BARRA l. Usuras y fi-
guraciones; JUAN BENET,_La otra ca!a
de Mazón; Sub rosa; JOSE AGUSTIN
GOYTISOLO, Bajo tolerancia; LUIS
lo; FRANCISCO BRINES. Palabras a
GOYTISOLO, Recuento; ALFONSO
la oscuridad; ALFONSO COSTAFRE-
DA. Compañera de hoy; GABRIEL FE- GROSSO, Florido Mayo; JUAN MAR-
SÉ, S i te dicen que ca f; FERNANDO
RRATÉ, Teorla deis cossos; JAIME GIL
DE BIEDMA. Moralidades; FERNAN - QUIÑONES, L as cf!)nicas americanas;
DO Q UIÑONES, [A_guerra, el mar y CARLOS SAHAGUN, Estar contigo:
otros excesos; JOSE ANGEL VALEN- JOSÉ ÁNGEL VALENTE, El fin de la
TE, L a memoria y los si}!nos.
Edad de Plata.
FRANCISCO BRINES, Ensayo de una JUAN BENET. Saúl ante Samuel; El ai-

1974 despedida; JOSÉ MANUEL CABA-


LLERO BONALD, Ága ta oj o de gato;
ALFONSO COSTAFREDA, Suicidios
re de un crimen; JAIME GIL DE BIE D-
MA, El p ie de la letra; ÁNGEL GON-
ZALEZ, Poemas; JOSÉ AGUST ÍN
y otras muertes; JAIME GIL DE BIED- GOYTISOLO, Palabras p ara J ulia ;
MA, Diario del artista seriamente erifer- JUAN GOYTISOLO, Makbara; FER-
mo; CARMEN MARTÍN GAITE, La NANDO QUIÑONES, Nos han dejado

1975 búsqueda de interfocutor y otras búsque--


das; RAFAEL SANCHEZ FERLOSIO,
Las semanas del jardin. Muere Alfonso
Costafreda.
solos; Las crónicas inglesas; JOSÉ ÁN-
GEL VA LENTE, Tres lecciones de ti-
nieblas.

JUAN BENET. Trece fábu las y media;

1978 CARLOS BARRA!.. A ños de penitencia;


JOSÉ MA N UEL CABALLERO BO-
NA LD, Luces y sombras del fla menco;
JUAN GARCIA HORTELANO, Apó-
Una tumba y otros relatos; JOSÉ MA-
NUEL CABALLERO BONALD, Toda
la noche oyeron pasar pájaros; JAIME
GIL DE BIEDMA, Antologfa p oética;
logos y milesios; JAIME GIL DE BIEO- LUIS GOYTISOLO, Teorla del conoci-
MA, La s p ersonas del verbo; JUAN miento; FERNANDO Q UIÑONES,

1977
GOYTISOLO, Juan sin tierra; JUAN Muro de las hetairas; JOSÉ ..\NG EL
MARSÉ, S eño res y s eñora s; LUIS VALENTE, Noventa y nueve poemas.
MARTÍN SANTOS, Tiempo de destruc-
ción.
JUAN BENET, En la p enumbra; La mo-
viola de Euripides; ÁNG EL CRESPO,
'· J UAN BENET, En ciernes; LUIS GOY- El aire es de los dioses; JESÚS FER-

1978 TISOLO, Los verdes de mayo hasta el


mar; Devoraciones; CARMEN MAR-
TÍN GAITE, A rachas; Fracmentos de
NÁNDEZ SANTOS, Jaque a la dama;
JUAN GARCÍA HORTELANO, Gra-
mática parda; JUAN MARSÉ, Un dla
interior; CLAUDIO RODRIGUEZ. El volveré; RAFAEL SÁNCHEZ FERLO-
vuelo de la celebración; JOSÉ ÁNGEL SIO, El huésp ed de las nieves; JOSÉ ÁN-
VALENT E, Treinta y siete fragmentos; GEL VALENTE, Mandarla.

1919 Interior con figu ras.

JUAN BENET, E n el estado; FRAN-


CARLOS BARRA!.. Penúltimos casti-
gos; JUAN BENET, Herrumbrosas Jan
CISCO BRIN ES, Insistencias en L uzbel; zas; JOSÉ MANUEL CABALLERO
JO SÉ MAN UE L CABA LLERO 80- BONALD, Selección natura l; JOSÉ

1980 NA LD, Descrédito del héroe; JUAN AGUSTÍN GOYfiSOLO, S obre las cir-
GARCÍA HORTELANO, E charse las cunstancias: CARMEN MARTÍN GAI-
pecas a la espa lda; ÁNGEL GONZÁ- TE, El cuento de nunca acabar; FE R-
LEZ. Muestra de algunos procedimientos NANDO QUIÑONES, L a canción del
narrativos y de las actitudes espirituales pirata; JOSÉ ÁNGEL VALENTE, L a
que habitualmente comportan; JO SÉ piedra y el centro.
AG USTÍN GOYTISOLO, Taller de aTL

1981 quitectura; Del tiempo y d el ol vido;


JUAN GOYfiSOLO, L ibertad, libertad,
libertad; JUAN MARSÉ, Confidencias
FRANCISCO BRINES. Selección pro-
pia; Poemas excluidos; E nsayo de una
de un chorizo. despedida; ÁNGEL CRESPO, Parnaso
confidencial; JOSÉ MA NUE L CABA-
LLERO BONALD, Laberinto de fo rtu-

1982 CARLOS BARRA!.. L os años sin excu-


sa; J!)AN BENET, Del pozo y del Nu-
ma; ANGEL CRESPO, Colección de cli-
na; JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO, Fi-
nal de un adiós; LUIS GOYTISOLO,
Estela del fuego que se aleja; JUAN
mas; JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS, MA RSÉ, Ronda del Guinardó; JOSÉ
Extramuros; JUAN GOYflSOLO, Disi- ÁNG EL VALENTE, Elfulgor.
- dencias; JUAN MARSÉ, L a muchacha

1983 de las bragas de oro; CARMEN MAR-


TÍN GAITE, El cuarto de atrás; FER-
NANDO QUINONES, El viejo país.
CARLOS BARRAI.. Catalunya a vol
d 'oce/; JUAN BENET, H errumbrosas
lanzas; JESÚ S FERNÁNDEZ SAN-
TOS, El griego; ÁNGEL GONZÁLEZ.
ÁNGEL CRESPO, Poemas necesa rios; Prosemas o menos; JUAN GOYfiSO-
I:O. Coto vedado; FERNANDO QUI-
1984 JUAN G ARCÍA HORTE LANO, Los
vaqueros en el pozo; Cuentos completos;
LUIS GOYTISOLO, La cólera de Aqui-
les; FERNANDO QUIÑONES, L as mil
NONES, Crónicas H ispanas.

noches de Hortensia R omero; JOSÉ ÁN-


GEL VALENTE, Material memoria.

1985
Los relatos breues de

drid, Seguir de pobres o La humilde vida de silencio llega a su punto álgido en el presente
Uicenle Sabido Sebastián Zafra.
Once relatos componen el libro -apare-
libro. A partir de ahora las preocupaciones de
Aldecoa se inclinarán cada vez más a la pro-
cido en 1959- El corazón y otros frutos blemática de la clase media y la alta burgue-
amargos. Se trata en este caso de un volumen sía, naciente en la vida española a partir del
acido en Vitoria en 1925 y muerto en Ma- unitario, ya que la práctica totalidad de los Plan de Estabilización.
n drid en 1969, Ignacio Aldecoa ha sido uná-
nimemente considerado por la crítica co-
cuentos que lo componen se refieren a los ofi-
cios ejercidos por las pobres gentes de Espa-
Excepto el relato inedito La vuelta al
mundo, el resto de los recopilados en el volu-

-
mo el renovador del cuento español en la pos- ña. Esta temática de los oficios -temática de men Arqueología habían visto la luz entre
guerra. Sus primeros cuentos aparecen en re- lo popular en suma-, incoada en Víspera del 1951 y 1955. Se trata en su mayor parte de
vistas y diarios de la epoca: La Hora, Juven-
tud, Correo Literario, etc. En 1955 salen al
mercado sus dos primeros volúmenes de na-
rraciones, Víspera del silencio y Espera de
tercera clase. Tras una estancia en Nortea-
merica publica otros tres volúmenes de cuen-
tos, El corazón y otros frutos amargos, Ca-
ballo de pica y Arqueología. En 1963 da a la
imprenta Pájaros y espantapájaros. Pasa
otra temporada en los Estados Unidos y en
1965 aparece su último volumen de cuentos,
Los pájaros de Baden-Baden. En 1969 un
ataque al corazón pone fin a su vida.
Eugenio de Nora, en La novela española
contemporánea denomina como «La nueva
oleada:- Entre el relato lírico y el testimonio
objetivo» a la hornada de escritores que, libe-
rados en gran parte de los prejuicios mentales
planteados a causa del reciente conflicto beli-
co, comienzan a publicar sus obras primerizas
entre 1948 y el final de la decada de los cin-
cuenta. Se pueden señalar como rasgos comu-
nes a esta generación de narradores -entre
los cuales se incluye Aldecoa- la orientación
realista que imprimen a sus obras, así como la
intención crítica que los anima, sustentada
más en una sensibilidad moral que en unos
principios de acción política.
En los aproximadamente 20 años de su
vida literaria, Aldecoa publicó cerca de 80
cuentos. Estos relatos, aparecidos normal-
mente en la prensa periódica, fueron agrupa-
dos por el autor en la serie de volúmenes, ya
citados, que aparecieron entre 1955 y 1965.
Víspera del silencio, el primero de ellos,
consta de cuatro narraciones largas y una bre-
ve. Decía A1decoa en unas declaraciones a
Destino en 1955: «Yo he visto y veo conti-
nuamente cómo es la pobre gente de España.
No adopto una actitud sentimental ni tenden-
ciosa. Lo que me mueve, sobre todo, es el
convencimiento de que hay una realidad
-cruda y tierna a la vez- que está casi ine-
dita en nuestra novela». Realismo testimonial
en Santa 0/aja de acero y El autobús de las
7. 40. Realismo irónico en El mercado y Vís-
pera del silencio. Realismo mágico en Los ve-
cinos del callejón de Andín. El libro nos re-
vela en su conjunto la extraordinaria madurez
del autor desde sus comienzos.
Forman parte de Espera de tercera clase
-1955- diez relatos en general breves. No
incluye Aldecoa ningún relato inedito en el
volumen. La temática se centra en las pobres
gentes de España de forma más acusada que
en Víspera del silencio. Oficios manuales, ba-
jos fondos, emigrantes del campo a la ciudad,
niños y viejos, son los protagonistas de las na-
rraciones. Incluye el libro algunas de las
obras maestras del autor como Chico de M a-
tras españolas de los sesenta. La técnica es-
perpéntica de los dos primeros relatos, la pe-
netración psicológica del tercero y el extraño
universo híbrido de opereta y guiñol del titu-
lado A ve del Paraíso hacen de esta obra algo
'l /IJIItu·io :;¡ltlerou
único e irrepetible. Visión totalizadora la de
Los pájaros de Baden-Baden al ofrecemos \ SOL
tras «el gigantesco y cosmopolita mundo que +---
se oculta tras los personajes, el paso de una
sociedad rural a una sociedad urbanizada, sin
que por ello desaparezca, sino que más bien
se agrave, el conflicto de ser hombre hoy», se-
gún palabras de Alicia Bleiberg.
Abulia, hastío, soledad y frustración cons-
tituyen los ejes cardinales de la existencia de
la alta burguesía en los relatos del yitoriano. temente característico para delimitar dos ti-
La pérdida de la voluntad por la falta de exi- pos bien diferenciados: el cuento de situación
gencia en la propia vida es ya patente en el y el de contracción. Si la acción se concentra
protagonista de La piel del verano ( 1961 ). El en un solo escenario y el tiempo narrativo
tedio más insufrible preside la vida de Elisa, coincide con el de lo narrado, tendremos un
la solterona de Los pájaros de Baden-Baden cuento de situación. Si, por el contrario, se
(1965), tedio que no alivian ni su absorbente trata de condensar en el breve espacio narrati-
trabajo, ni las proposiciones amorosas de los vo todo un largo período de tiempo, repleto de
maridos de sus amigas durante las vacaciones acontecimientos distanciados, nos hallaremos
estivales. ante un cuento de contracción. Ejemplos típi-
Veamos a continuación el tratamiento de cos de cuento de contracción son La humilde
la clase media en los relatos de Aldecoa. «En vida de Sebastián Zafra o El silbo de la le-
estos cuentos, en los que Aldecoa suele dar chuza. Ejemplos de cuento de situación: La
rienda suelta a su sentido del humor, se ridi- despedida o Hasta que llegan las doce.
culiza suavemente, sin estridencias, pero con Épica y lirismo son los dos recursos axia-
gran eficacia, a los que solamente se mueven les dialécticamente empleados por Aldecoa
por motivos mezquinos, ajenos a cuantos les en su producción cuentística. Pero íntima-
rodean ». Estas palabras de Alicia Bleiberg mente entrelazados, de modo que con fre-
definen con bastante exactitud los propósitos cuencia es imposible separarlos sin alterar el
de Aldecoa al tratar literariamente el mundo efecto artistico producido en el lector. Es con-
complejo de la clase media. Crítica certera, tinua la escapada lírica de este narrador-poe-
directa, pero nunca amarga ni estridente. El ta. No hay que olvidar que sus dos primeros
fino humor del vitoriano aflora de manera es- libros fueron de versos y que en ellos -a pe-
pecial en estas narraciones. Humor cordial e sar de los préstamos serviles del momento-
incluso travieso -se llega al esperpento- hay líneas nada desdeñables, exponentes de
que pone sobre el tapete la estupidez solapada la lucidez profunda de los poetas. En sus
de aquellos cuyos móviles vitales son el nego- cuentos, formas muy cercanas en su concep-
cio, la trapisonda, la murmuración o el cuida- ción inicial a las poéticas, en medio de una
do de las formas externas. descripción trivial del más puro objetivismo,
Pasemos a continuación a hablar de las puede surgir inesperadamente lo mágico, lo
clases populares en la obra cuentística de evocador.
nuestro escritor. Ignacio Aldecoa, excelente «Para mí el estilo es un anhelo o deseo de
conocedor de la vida española de su tiempo, precisión verbal; cuando no logro esa preci-
sabe trasladar a sus relatos la vida de los es- sión por medio del vocabulario, me atengo a
pañoles más modestos, observada con una lo poemático por medio de la metáfora, etc.».
minuciosidad y una visión en profundidad de Por este afán de precisión en el lenguaje,
difícil parangón en nuestras letras. Como es- Aldecoa no tiene reparo en echar mano de
cribió Ramón de Garciasol, «estos golfos, ba- cualquier término -popular hasta la jerga o
cuentos arqueológicos. Sus personajes suelen sureros, animalillos, jóvenes que no saben culto hasta el neologismo- siempre que una
ser extraños y se mueven en un mundo añejo -o no dan importancia a su heroísmo, a fuer- frase u oración determinada lo exiga. No es
y empolvado. Tal retablo de gente curiosa no za de hacerlo cotidiano- que todos los dias sencillo su lenguaje: la asombrosa capacidad
volverá a ser igualado hasta Pájaros y espan- se juegan la vida; estos soldados tímidos, mo- de creación; las particulares técnicas neolo-
tapájaros -1963- y constituye una original zas del partido y gentes dignas en su pequeñez gistas; la adjetivación con frecuencia insólita;
aportación del vitoriano a la literatura de fic- y esperanza, están tratados con significativo los regionalismos y los vocablos de germanía,
ción contemporánea. franciscanismo». todo pone a cada instante un punto de dificul-
Aparecido en 1961, Caballo de pica tie- Detengámonos a continuación en los as- tad en su lectura.
ne la particularidad de haberse escrito casi en pectos técnicos y formales de la narrativa bre- Aldecoa no tiene reparo en utilizar un tér-
su totalidad en menos de un año. Sólo dos de ve aldecoana. Mientras que en la novelística y mino culto o incluso cultísimo cuando la oca-
sus doce relatos habían sido publicados ante- cuentística tradicional el autor se coloca por sión lo requiere para reforzar el efecto expre-
riormente en revistas. El titulo del libro coin- encima de la acción relatada, constituyéndose sivo o irónico de una frase. Su exquisita prosa
cide -como es habitual en Aldecoa- con el en demiurgo de los acontecimientos y semi- está de tal manera sembrada de ellos que ape-
de uno de los cuentos, tal vez el más patético dios omnisciente de la realidad expuesta, la nas hay una página donde no puedan encon-
de toda su obra. Este patetismo aflora en casi narrativa moderna introduce al autor sea por trarse. Los cultismos están, además, mezcla-
todos Jos relatos del libro, cuyos personajes el método autobiográfico, sea por el oculta- dos con los neologismos, de modo que a veces
son comparables, por su paciencia ante la ad- miento parcial del autor detrás de sus perso- resulta difícil saber si un término es realmente
versidad, a los nobles y sumisos animales de najes. neológico o en realidad se trata de un cultis-
la pica. De cuando en cuando Aldecoa irrumpe mo rescatado del destierro del diccionario.
De volumen misceláneo sin embargo po- en los relatos escritos en tercera persona, ha- En conclusión, Aldecoa en sus cuentos
dríamos calificar Pájaros y espantapájaros ciéndose así visible tanto el narrador como nos ofrece una visión del paisaje y las gentes
( 196 3), libro donde se conjuntan la crítica es- el público. españoles, observados con una minuciosidad
perpéntica a la burguesía con el relato fantás- Un modo muy usual de introducirse en el y precisión de difícil parangón en las letras es-
tico o la descripción barojiana de Jos bajos relato es mediante las escapadas líricas inter- pañolas contemporáneas. Su inclusión en la
fondos. La obra, pues, carece de unidad y nos caladas entre las descripciones objetivas. generación del realismo social ha de hacerse
parece en ese sentido la menos conseguida Caemos entonces en la cuenta de que el escri- con extremadas cautelas, ya que en ningún
de Aldecoa. tor no expone una realidad fotográfica («el es- momento el escritor descuida la perfección
Cuatro extensos relatos componen Los pejo a la orilla del camino», que diría Sthen- formal y los valores poéticos de su prosa. Las
pájaros de Baden-Baden, último volumen. de dal), sino la impresión poética que un hecho o innovaciones temáticas y estructurales de su
narraciones publicado en vida por el vitoria- un objeto le sugieren. narrativa breve le hacen merecedor del título
no. Este libro constituye la obra cumbre del La importancia concedida en un cuento al de renovador del cuento literario de posgue-
autor y una de las piezas maestras de las le- transcurso del tiempo es un rasgo lo suficien- rra•
"El ooela desaparecido":
u

rere Roulra
1 papel de la poesía en la vida de alguien
Epuede ser muy diverso: desde el modesto
pasatiempo (pero solucionar el tedio pue-
de no tener nada de modesto), hasta el pom-
poso vehículo de conocimiento, por no hablar
de orientaciones más exaltadas, las opciones
son muchas. Se las suele identificar, aunque
en ello no faltan trampas, por el grado de iro-
nía, humor o distancia con que el protagonista
poético es manejado por su creador. A veces,
la proximidad es tal que el personaje difumi-
na, o mata, al autor. También hay casos en
que esta división apenas llega a darse, en que
alguien alcanza con tal fuerza a ser poeta que
apenas le restan posibilidades de ser otra co-
sa. Tal convencimiento es raro en una promo-
ción como la de los Barral, Biedma, Gonzá-
lez, Brines, Goytisolo, etc., más bien dada a
relativizar la imagen del poeta, e incluso a no
desaprovechar la oportunidad de negarla. De
todos estos escritores, fue Alfonso Costafreda
quien asumió con más inmediatez, con mayor
vocación, el oficio, y esto se percibe, por
ejemplo, en su dolorosamente directa manera
de rechazarlo. Al compararle con otras voces
de su promoción, lo que distingue a Alfonso
Costafreda, más aún que la escasez de conco-
mitancias expresivas, es su concepción exce-
siva del deber poético, pero en esta peculiari-
dad, que puede parecer un tanto anacrónica,
reside su singular actualidad: esa sacraliza-
ción de lo poético alude claramente al vacío
del hombre moderno, un vacío que Costafre-
da no aceptó ni pudo llenar - o encubrir-
con las peripecias de la vida común. Por eso,
en el lugar de la ironía, componente esencial
en la obra de sus compañeros, encontramos
en la de Costrafreda la negación y el sufri-
miento. Quiso con la poesía borrar el sinsenti-
do de la existencia y fracasó: su repudio final
de la vida poética - y de la vida- fue el reco-
-+
nacimiento de esa derrota, y una inequívoca y exigente: desde la voz plural de Nuestra Claro está que a Alfonso Costafreda le
prueba de autenticidad y de comprensión, por elegfa ( 1949), meritorio intento de salida de quedaban amigos, pero quizá ya no al Alfonso
tanto, del verdadero sine qua non del poeta la miseria y la abyección dominantes en la Costafreda protagonista de Suicidios y otras
moderno. España de los años cuarenta, hasta su muerte, muertes. Uno de los rasgos que caracterizan
El aislamiento literario que padeció Al- en 197 4, Costafreda sólo producirá dos li- la obra de madurez de nuestro poeta es que
fonso Costafreda no se debió sólo a su exilio bros, y no precisamente voluminosos, en los falta en ella el aire de conversación entre
ginebrino, sino que procedía también de su que el acorralamiento de la voz poética va compañeros, de presencia implícita de la
concepción de la poesía, de unos plantea- creciendo hasta ser una obsesión central, pa- amistad, que hallamos en tantos poemas del
mientos que casi exigían la soledad y en los ralela a la de la muerte, en la última de estas grupo. Los poetas con los que Costafreda se
que la maldición forzosa -estoy aludiendo a dos entregas: identifica aparecen en la sección tercera del
marginaciones como la de la antología de volumen, la que le da título: Hart Crane, Sil-
Castellet, por ejemplo- se sumaba a la mal- via Plath, Celan, Pavese ... Entre estos nom-
dición vocacional. Es posible que este aisla- ¿Hay acaso un lenguaje? Ponlo en duda. bres, sólo un personaje, El poeta desapareci-
miento fuera a la vez obstáculo y motor de que te juzguen, condenen, desconozcan. do, pertenece al círculo de sus amistades lite-
una producción cada vez más reconcentrada amigos no te quedan ni palabras. rarias. Se trata de Gabriel Ferrater, muerto
en San Cugat. cerca de Barcelona, en 1972.
Según Jaime Ferrán, cuatro de los poemas de
esta parte del libro surgieron motivados por la C(ltll('U O ·SIC....
la misma exigencia con que fue asumida y por
la ferocidad del vacío que la origina y que
descubre, acaba convirtiendo toda posible fe-
m
desaparición del escritor catalán, y añade: MEN JA'T licidad en tormento e insatisfacción. Cuando
U A CAM A
«Gustaba de decir -refiriéndose al suicidio Costafreda explicaba en términos literarios la
de Gabriel Ferrater- que había dado su vida desaparición de Ferrater, estaba, de hecho,
por la poesía y creo entender este epitafio en hablando de sí mismo, porque, como escribió
el sentido de que Gabriel había decidido qui- Gil de Biedma, «apostó toda su vida a una so-
tarse la vida cuando la poesía había dejado de la carta: ser poeta. Y... cuando descubrió, co-
acudir a su llamada» ( 1). La interpretación de mo a todos nos ha ocurrido, que nunca seria
Costafreda-Ferrán parece un tanto exagerada el poeta grande que había soñado, no quiso
al aplicarse a un hombre que se referia a su si- ser, ni aparentar, ninguna otra cosa» (3). To-
lencio literario en estos términos: «No tengo da la producción última de Alfonso Costafre-
nada más que decir, creo, aunque, claro está, da está llena de alusiones a esta batalla perdi-
1111:111\11 1 \ \ll) l u 1: 1
tenga cosas que decir sobre los hombres, las 8 da. El conflicto se formulaba ya en Compañe-
mujeres y la humanidad, que son eternos. Me P Oe M A S ra de hoy (1966):
refería a cosas directas, experimentales,
Límites del amor, palabras
mías ... » (2). En realidad, Ferrater se sentía
poco poeta, en la acepción convencional del insuficientemente valiosas
término. Pero lo que quizá plantea Costafre- en un desierto inacabable.
da, a través de Ferrater, es el tema de la voca- ,_ -" ..'' .. ... A la insuficiencia de la vida se superpone
ción poética, y, más exactamente, su inciden- la de la poesía, y para el autor de Suicidios y
cia en la vida personal, es decir, la dificil, en otras muertes no queda otra salida a la pureza
su caso, relación entre poesía y felicidad, uno deseada que la «del no ser, de nunca haber
de los más dramáticos interrogantes-de Suici- caído en ese reducto de imbecilidades, de ab-
dios y otras muertes. La cuestión aparece dicaciones, de renuncias y de obtusos encuen-
abiertamente en el ya mencionado texto El tros» ( 4). A este suicidio imposible alude el
poeta desaparecido. Leámoslo: titulo del libro: no es la muerte lo apetecido,
Dijiste, que inútil vocación sino la libertad del «otro lado de la existen-
la nuestra, fácil parecería cia». La muerte surge por hastio y orgullo, y
pensar en la mujer y poseerla, desde la esperanza de que el último gesto, vo-
charlar con los amigos, luntario, abra la puerta de un fugaz punto
pensar en la hermosura cotidiana de luz.
de la ciudad que amamos, en las calles La poesía de Gabriel Ferrater, como él
recorridas sin fin, redescubiertas siempre, mismo da a entender en la nota que cierra su
y en la noche del mar que apaciguara. primer libro, quiso ser una apuesta a favor de la
felicidad, pero una felicidad sin trampas, en la
Las horas dedicadas a la filología, que no tengan cabida las artimañas con que se
a ver con microscopio las palabras, suele desmoralizar la vida. La suya es una lu-
los números trazar, las matemáticas cidez de signo distinto a la de Costafreda: pa-
{severas.) ra éste se trata de llevar la vida al límite de
Decías: vivir en Calafell, en San Cugat... o tensión por él atribuido a la poesía; para Fe-
[en Copenhague,] rrater, la poesía consiste en la «descripción,
ver a Carlos, a Jaime o a Valverde. momento a momento, de la vida moral de un
Tanta lucidez, tanta pureza, hombre ordinario». Dos actitudes bastante
a nadie conociera; opuestas que produjeron obras muy diferen-
su oficio sin embargo fuera tes, pero que también pudieron dar lugar a
sorda maledicción, cómplices conversaciones como la que El
del hombre de los dioses o de nadie, poeta desaparecido reproduce. Porque ambos
el cuerpo exigente clamaba y reclamaba. poetas tenían algo necesario en común, que
Consciente y solitario. les convierte en paradigma de su grupo: para
dejaste al fin este absurdo destino. los dos la soledad era decencia y la poesía
ejercicio de dignidad y de autenticidad. Por
El texto presenta una confesión, quizá eso, incluso en contra de su opinión, fueron
real, de Ferrater sobre el deseo de vivir en origen, a una avidez que la insuficiencia de la poetas importantes, porque ninguno de los
paz, fuera del exceso destructor que minaba vida no puede satisfacer. Es posible que la dos quiso saber nada con los ridículos papeles
su existencia. El trasfondo de la confesión no inútil vocación fuese para Gabriel Ferrater, que hay que representar en nuestro tiempo
deja de recordarnos el tema de varias piezas más que la poesía, ese deseo de vivir que la para parecer poeta•
de Poemas póstumos, de Jaime Gil de Bied- edad no perdona (siempre había afirmado que
ma, Pfos deseos al empezar el año o Contra no toleraría llegar a los cincuenta años). En
J.G.B. , por ejemplo, o sea, la necesidad de Costafreda, en cambio, la inútil vocación se (1) FERRÁN, J., Alfonso Costtifreda. Madrid,
aceptarse, de aprender a convivir con uno inclinaba mucho más del lado de la fe en la Júcar, 1981, p. 85-86.
mismo cuando ya la vida obliga a ser otro. poesía; en ella veía, como muestra el poema, (2) «Gabriel Ferrater in memoriam», entrevista
Como escribe Carlos Barral al final de su se- la sorda maledicción que, aliada con el cuer- de Baltasar Porcel. Traducirnos del original cata-
lán.
gundo tomo de memorias, «terminada la ju- po exigente, puede conducir al final. De esta (3) G IL DE BIEDMA, J., «Después de la muer-
ventud se está a merced del miedo», y es este fe nace, como antes apuntaba, el doble recha- te de Alfonso Costafreda», en El pie de la letra,
miedo el que late en las palabras de alguien, zo que recorre Suicidios y otras muertes: re- Barcelona, Crítica, 1980, p. 238.
Ferrater, que quizá contaba demasiado con la chazo de una vida mezquina y vencida, y re- (4) A. ARTA UD, citado por Alfonso Costafreda
juventud. Miedo al exceso, pero también a su chazo de la vocación poética en tanto que, por en Suicidios y otras muertes, p. 43.
dica F ernando Morán en su libro Novela y se-
midesarrol/o, los novelistas de los 50 (desde
luego Cela es una excepción) creían que el
único obstáculo que se interponía entre el es-
critor y la realidad era la censura; para ellos,
el lenguaje daba un acceso directo a las cosas.
En su mayoria los novelistas de los años 50
eran miembros, o partidarios, del PCE; pero

''
en la práctica sus novelas desdicen sus premi-
sas marxistas al recaer en un fatalismo que,
en muchos aspectos, recuerda el determinismo
geográfico o racial de la generación del 98
(véase el epígrafe «Carácter es destino» de
Los bravos, de Jesús Fernández Santos). Es
curioso observar que, casi sin excepción, la
estructura de las novelas de los años 50 es cir-

en su contexto
cular y regresiva; también es notable la fre-
cuencia del tema de la infancia, como si ésta
fuera preferible al mundo responsaole- de las
personas mayores. Dionisio Ridruejo, que ha-
bía sido censor en los años 40, hizo notar que,
a pesar de su labor de denuncia, las novelas
del realismo social fueron aprobadas mayor-
mente por el censor, quien opinaba, con ra-
zón, que su fatalismo no conducía a la acción
política sino a la inercia.
Uno de los mayores aportes de Tiempo
de silencio es su denuncia del fatalismo y de
la inercia, así como de la regresión al mundo
infantil. El tema de la novela no es la repre-
sión ejercida contra unas víctimas indefensas,
sino la complicidad del individuo en la des-
trucción de sus posibilidades existenciales.
Casi todos los personajes de la novela recu-
rren al fatalismo, al declararse víctimas del
destino, para evitar la responsabilidad moral.
La sociedad madrileña descrita en la novela
prefiere delegar la responsabilidad a figuras
paternas y maternas, para poder regresar a
una dependencia infantil. La familia protec-
tora y oprimente de la pensión donde vive el
protagonista, constituye un reflejo microcós-
mico de la sociedad paternalista de la posgue-
rra. El análisis que hace Martín-Santos del
franquismo es notable en dos aspectos: prime-
ro, porque sugiere que los españoles son cóm-
plices del autoritarismo; y segundo, porque
sugiere que el autoritarismo no sólo es temido
por el individuo sino también deseado por él,
al librarle de la responsabilidad moral.
Hay que destacar que Martin-Santos fue
militante, no del PCE, sino del PSOE, en cu-
yas filas ingresó en 195 7. La preferencia por
la democracia social, que gozaba de poco
prestigio en la España de los 50, es coherente
con la insistencia en la responsabilidad del in-
dividuo. Martín-Santos censuró duramente
las novelas de los años 50 por subordinar al
individuo al medio ambiente. Aquí acusa la
evidente influencia de Sartre, su autor preferi-
do. Efectivamente, Sartre -cuyas obras te-
nían el prestigio de la clandestinidad en la E s-
. paña franquista- había ejercido una gran in-
fluencia sobre los novelistas de los 50, que le
identificaban con la militancia marxista. Mar-
tín-Santos demuestra una mayor perspicacia
al reconocer que Sartre siempre tuvo discre-
pancias con el marxismo por no reconocer és-
te el valor de la libertad individual. En sus es-
critos psiquiátricos, así como en Tiempo de
silencio, Martín-Santos se hace eco de Sartre
precisamente para insistir en la responsabili-
Jo Labanvl
Birkbeck College, Universidad de Londres
dad del individuo ante sus circunstancias.
También hay que destacar una segunda in-
fluencia; la de Erich Fromm, cuyo libro El
miedo a la libertad fue muy leído en la Espa-
n 1961 *, cuando aparece Tiempo de silen- ña franquista, a pesar de (¿a causa de?) haber
E cio, la novela española está en crisis. El
aislamiento cultural de la inmediata pos-
sido prohibido por la censura. En dicho libro,
Fromrn hace un psicoanálisis del nazismo a la
guerra había producido una novelística ana- luz del complejo de Edipo freudiano. Al igual
crónica e ingenua, dedicada a suplir las omi- que Sartre, Fromm sugiere que el individuo es
siones de una prensa censurada. Según lo in- responsable del autoritarismo, al delegar li-
bremente la responsabilidad a un poder exter-
no. Fromm analiza la mitología patriarcal y
* La mayoría de los críticos sitúan la novela en matriarcal nazista - que tuvo eco en la ideo-
1962; la fecha que aparece en el libro es 1961. logía nacionalista- para sugerir que el fascis-
-+
que dejar de pretender que no está tan mallo minar la voz del narrador, para que la verdad
que verdaderamente está muy mal, y apren- de los hechos se presentara directamente al
der a mirar cara a cara a un destino medio- lector, sin la intervención de un narrador par-
cre. Los noventayochistas -y su sucesor, Or- tidario y dogmático; pero el resultado fue una
tega- también habían sugerido que los espa- serie de novelas insulsas y sin trascendencia.
ñoles necesitaban la dictadura porque eran ra- El objetivismo pedía la participación del lec-
cialmente incapacitados para la democracia; tor, pero no le daba los medios para poder
Martín-Santos parodia esto con la sátira participar. También es cierto que la novela de
brillante de la conferencia de Ortega, y con los 50, al pretender ser una literatura de ma-
el uso de la metáfora del cáncer. Si los noven- sas, había empobrecido notablemente no sólo
tayochistas y sus sucesores creyeron que los el lenguaje literario, sino también la base con-
males de España eran congénitos, Tiempo de ceptual de la novela. Al optar por la ironía,
silencio demuestra que el cáncer que aflige al Tiempo de silencio no sólo requiere la partici-
país es el subdesarrollo, que puede -y de- pación activa del lector, sino que le ofrece una
be- cambiarse si los españoles se deciden a amplia gama de recursos retóricos que facili-
enfrentarse con el problema, en vez de refu- tan su participación. Tiempo de silencio rom-
mo explota el miedo del individuo a la insegu- giarse en el estoicismo. La novela opta por pe con la novelística anterior al reivindicar la
ridad que inevitablemente acompaña la liber- una secuencia temporal cronológica, para su- voz del narrador; pero evita el dogmatismo y
tad, para ofrecerse como padre redentor y brayar la necesidad del cambio histórico. la simplificación patemalista al enfrentar al
madre protectora. Según Fromm, el individuo lector con un texto irónico cuyo sentido ocul-
abdica voluntariamente su libertad, por prefe- O más bien: la secuencia cronológica
to tiene que ser descifrado por él. La trama de
rir la seguridad de la dependencia infantil. En adoptada por el narrador de la novela subvier-
la novela describe a unos personajes que dele-
términos psicoanalíticos, el individuo, al op- te el intento de los personajes de deshacer la
gan la responsabilidad a figuras autoritarias;
tar por el fascismo, se deja castrar por el pa- historia y volver a una dependencia infantil.
su lenguaje irónico obliga al lector a poner en
El retomo mítico a los orígenes se ironiza al
dre y busca la protección del vientre materno. tela de juicio la autoridad del texto, y a ejercer
El fascismo le hace feliz al defenderle de la contrastarse con la visión historicista del na-
su propia responsabilidad como lector. En su
angustia de la responsabilidad. El texto de rrador. Un notable hallazgo de Martín-Santos
importante trabajo psiquiátrico Libertad,
Tiempo de silencio está repleto de referencias es su uso de referencias míticas, que rescata
temporalidad y transferencia en el psicoaná-
a la castración y a la vuelta al vientre materno la novela española del anterior anacronismo
lisis existencial, Martín-Santos recomienda
(incesto); éstas coinciden con las referencias decimonónico y la pone a la altura de la van-
la ironía como un medio de alcanzar la catar-
al aborto, puesto que tanto el incesto como la guardia literaria europea y norteamericana.
sis: el analista debe ayudar al enfermo a adop-
aceptación de la castración, conducen a la Sin embargo, hay que destacar que el uso de
tar una posición irónica ante su vida, que, por
destrucción de las potencias del individuo. La referencias míticas en Tiempo de silencio es
un lado, le distancia críticamente y, por otro
novela no describe la lucha de clases; al con- irónico: Pedro, que antes de emprender su
lado, le involucra al reconocer su propia fali-
trario, la metáfora usada para describir la re- odisea a través del océano de Madrid se pone
bilidad. De la misma manera, el lector de
lación entre sociedad e individuo es la del sus calcetines de nailón, no es el héroe épico
Tiempo de silencio está invitado a contem-
abrazo del pulpo; el individuo ama la autori- sino un cobarde que delega la responsabilidad
plar a los personajes de la novela como un
a los demás. En cierta medida, Tiempo de si-
dad que le libra de la responsabilidad. Este ellos de los cuales está distanciado y un noso-
análisis del franquismo es más complejo y, lencio es la contrapartida del Ulises de Joyce;
tros que le incluye: al adoptar una posición
sobre todo, más incómodo que el análisis tra- si Joyce recurre a las referencias míticas para
irónica, el lector reconoce los defectos de los
dicional marxista que aparece en las novelas demostrar la necesidad de la tradición paterna
personajes y también reconoce que estos de-
de la década anterior. (representada en Bloom-Ulises), Martín-San-
fectos le atañen. Así el lector está obligado a
La búsqueda del redentor paterno y del tos las utiliza irónicamente para satirizar los
ejercer su propia responsabilidad, no sólo co-
vientre materno por parte de los personajes de intentos de sus personajes de subordinarse a
mo lector, sino también como ciudadano.
Tiempo de silencio, hace eco de los escritores figuras paternas y maternas.
Una ventaja de la ironía es que no descri-
de la generación del 98, cuyo fatalismo les lle- Este uso de la ironía es, quizá, el mayor be lo que la realidad es, sino lo que no es. Es-
vó a propugnar las soluciones dictatoriales y aporte de Tiempo de silencio a la novela es- te recurso no sólo sirve como defensa contra
la vuelta a las esencias primarias de la raza. pañola de posguerra. Es magistral la descrip- el censor (quien, sin embargo, censuró feroz-
La contribución de los escritores del 98 a la ción de las contradicciones internas de los mente la primera edición de Tiempo de silen-
ideología falangista ha sido ampliamente do- personajes, que los hacen desmentir con sus cio), sino que es altamente apropiado como
cumentada (y ferozmente satirizada en la Rei- actos la mayor parte de los principios que método para describir el subdesarrollo y la es-
vindicación del conde don Julián, de Juan enuncian. Esta riqueza interior de los perso- casez: o sea, lo que falta en la sociedad espa-
Goytisolo). En un discurso, Martín-Santos najes, incluso de personajes menores como ñola de los años del hambre, en que se sitúa
denunció la visión pesimista y mitificadora de Cartucho y Amador, contrasta fuertemente la novela. Las novelas del realismo social fue-
los escritores del 98; Tiempo de silencio tam- con la descripción externa y el psicologismo ron deficientes porque su descripción literal
bién constituye una denuncia del trasfondo elemental de las novelas de los 50. Por algo, de la explotación y la miseria fue insignifican-
noventayochista de la ideología franquista. La Martín-Santos fue uno de los psiquiatras más te en relación con la realidad del país. Al dar-
novela parodia el mito del carácter nacional brillantes de su generación. El uso de la ironía nos una descripción irónica falsamente embe-
propagado por los noventayochistas y el fran- también demuestra un entendimiento alta- llecida de la sociedad española, con sus alcá-
quismo, al hacer referencia sarcástica a los mente sofisticado de la relación ambigua que zares de la miseria (las chabolas) y sus noc-
valores espirituales y al estoicismo (lo que Me- existe entre las palabras y las cosas, ya que el turnales ritos órficos (los prostíbulos), Mar-
néndez Pida! denominó pobreza alegre) del lenguaje parece prometernos la realidad pero tín-Santos puede sugerir la existencia de una
pueblo español; por contraste, la novela nos sólo nos da un simulacro. Esta sofisticación degradación sin límites, que va más allá de las
muestra una sociedad materialmente degrada- lingüística Martín-Santos puede haberla ad- palabras. Tiempo de silencio demuestra que
da e inerte. El texto termina con las dos imá- . quirido a través de sus lecturas en francés, el lenguaje nos habla más a través de lo que
genes predilectas de los noventayochistas y alemán e inglés (María-Elena Bravo, en su li- no dice, que a través de lo que dice, no sólo
de la ideología nacionalista - la meseta caste- bro reciente Faulkner en España, demuestra porque el hombre lo usa para encubrir las ver-
llana y el monasterio del Escorial- para de- la influencia en Martín-Santos de la novela dades inaceptables, sino también porque el
mostrar la mala fe de Pedro, quien opta por el norteamericana), pero aquí también es decisi- poder de sugestión de las palabras siempre es
estoicismo para idealizar el fracaso. Tiempo va su dedicación a la psiquiatría y, posterior- más elocuente que su significado literal.
de silencio sugiere que los tienen mente, al psicoanálisis. Al igual que Freud, Y finalmente, al optar por la ironía, Mar-
Martín-Santos se muestra consciente de que tín-Santos rescata el sentido de humor espa-
las palabras sirven sobre todo para reprimir ñol. El fatalismo sombrío y depresivo de la
las verdades molestas que el hombre no quie- novelística de las décadas anteriores (con la
re reconocer: todo lenguaje es susceptible a la excepción, nuevamente, de Cela) hace olvi-
ironía, puesto que sirve para decir dos cosas dar la existencia en las letras españolas ante-
contradictorias al mismo tiempo. La ironía es riores a la Guerra Civil de una brillante tradi-
lo que permite a Martín-Santos romper con el ción humorística, cuyos máximos represen-
realismo ingenuo de la década anterior. Tam- tantes en el campo de la novela son Unamuno
bién le permite romper con el dogmatismo in- y Valle-lnclán (para no hablar de la tradición
herente a todo realismo ingenuo -y sobre to- satírica anterior de un Quevedo o de un Ga-
do al que tenga pretensiones de denuncia so- ya, cuyo cuadro Escena de brujas se comenta
cial, como las tenía la novela de los 50- al en Tiempo de silencio). Al romper con el rea-
pretender imponerle al lector una visión única lismo social Tiempo de silencio no sólo ínte-
e incontrovertible del mundo. Al optar a fina- gra la novela española en la vanguardia inter-
les de los 50 por el objetivismo, los escrito- nacional, sino que también redescubré las raí-
res de la década anterior terminaron por eli- ces olvidadas de la literatura española•
una charla con n
LUIS AniODIO de Uillena
o recuerdo cuando conocí de vista a Paco
Bn'nes -muy probablemente en 1972-
pero sí retengo que su obra me empezó a
llegar en 1971, con la publicación de Aún
no, y que en 1974 éramos ya muy buenos
amigos. Comienzo por aquí -constatando
años de amistad muy cercana, y en muchos
periodos casi diaria- para decir Jo insólito
que me resulta entrevistar a alguien a quien
creo conocer tan bien y con el que he charla-
do largamente tantísimas veces, preferente-
mente noches. De hecho me resulta práctica-
mente imposible entrevistar (si la entrevista
fuese un género canónico) a Francisco Bri-
nes. Cuando Olvidos de Granada me pidió
esta tarea, Paco y yo comentamos que bien
-+
podía inventarme la entrevista, con la seguri- dos, la de Cemuda está escrita en el idioma
dad de acertar en casi todo. Mi estupor -de en el que escribo.
otro lado- lo habla ya visto Brines al ser
entrevistado -años atrás- por otro amigo -Existe la idea -a mi saber falaz, malin-
íntimo suyo, José Hierro, a quien le ocurrió tencionada- de un movimiento cemudiano-
lo propio. He de decir, pues, que en la si- cavafiano actual, ¿crees tú que es cierto?
guiente entrevista me he limitado a sacar a Creo que se parte de una idea equivoca-
colación -como al desgaire- algunos de da, ya que la poesía de Cemuda es no sólo in-
los temas que considero básicos (pero sólo dependiente sino distinta de la de Cavafis. La
algunos) en la labor o el modo de hacer y mi- identificación está hecha perezosamente des-
rar brinescos, procurando, de cara al lector, de postulados extrapoéticos, ya que los dos
que las preguntas -sobrias- constituyeran escribieron sobre el amor desde experiencias
un recorrido... humanas semejantes, marginales a la socie-
dad. Al ser en esto pioneros, lo accesorio ha
Creo que la obra de Francisco Brines es
-hoy por hoy- una de las primordiales de parecido fundamental. Después de ellos tal
testimonio se ha multiplicado y hasta triviali-
su generación, y pienso que el conjunto de su
zado, y algunos de estos poetas lo han hecho
poesía se apoya en la biografia de un yo poe-
copiando miméticamente estrategias y expre-
mático, coincidente, pero no mero retrato, del
siones de ellos. Creo que se trata de una espe-
hombre que la escribe, y en un asumir la tra-
cie de sarampión más enfadoso que de graves
dición clásica - la parcela que le es propia-
consecuencias. Hay, sin embargo, algo que
buscando lo elegíaco y lo metafisico (quizá
acerca a ambos, y que para mí alcanza gran
lo conceptista también) con especial empeño.
importancia. Tanto Cemuda como Cavafis, y
Por eso comienzo preguntando a Paco por su
éste con más fuerza, escriben una poesía en la
sentido de la tradición, entendiendo a esta
que sus personas se nos muestran con tanto
como un ser vivo, creador y nuevo.
vigor que parece que los hemos conocido real-
- ¿Cuál es la tradición que reconoces como aquí mis preferencias van por Eliot, la mírada mente y en profundidad. No se trata sólo de la
tuya? que con más hondura ha desvelado nuestra aparición de sus personales visiones del mun-
El creador, o al menos yo me veo así, es época, y Rilke, por su grandeza. Para mí no do, cosa común a todos los buenos poetas, si-
sobre todo tradición; pero en la obra es muy hay intimidad más emocionante que la de Ca- no de sus propias personas; creemos conocer-
importante la propia experiencia humana, el vafis, y está también ese misterioso Pessoa, les mejor que a algunos amigos cercanos, y tal
qué se es, y la existencia de un cierto poder de que al tiempo que lo extraño me encama. No vez por eso llegan a importamos tanto. No es
invención nueva, aunque reconozco que si la quiero olvidarme de mi paisano Ausias sólo su poesía, sino ellos como protagonistas
hay en mí es más fatal y oscura que voluntaria. March, aunque tampoco me olvido de los mu- poemáticos. No es fácil encontrar esta nove-
La tradición es toda la literatura, incluso la no chos que callo. dad en la poesía anterior, y desde luego que
leída, y ese viento sopla en uno a su antojo, no en la española, aunque sí con evidencia en
pero hay unas ciertas afinidades con ciertos -Hablar de tradición presupone el tema de ciertos poetas griegos y latinos; basta como
autores que el propio temperamento las hace lo original ¿Qué es para ti la on"ginalidad muestra algunos nombres de la Antología Pa-
electivas. Me ha interesado siempre la poesía enpoesia? latina o nuestro querido Catulo. Esa lección,
que interroga el misterio del ser, o la que re- y estoy refiriéndome ahora a mi poesía, me ha
En poesía más que la originalidad me in- importado mucho, y creo que en algunos de
crea la emoción de la vida, en su belleza o en teresa la personalidad. Por ella se nos comu-
su perplejidad, y he preferido siempre una co- mis poemas puede percibirse. Una poesía
nica una visión del mundo que se nos aparece muy lograda desde esta perspectiva es la de
municación expresiva clara, pero de ninguna individualizada mediante un tono expresivo Jaime Gil de Biedma. Dos ediciones
manera obvia; de ahi la turbación que puede distinto y suficiente. Puede darse, desde este distintas de
alcanzar en mí una poesía que a la vez sea punto de vista, una honda poesía sin rupturas. -¿Qué tiene que ocurrir para que surja un Las brasas.
honda, compleja y clara. Hay poetas, sin embargo, en los que su perso- poema tuyo?
-¿Dentro de esta tradición que dices, qué nalidad está en función de una radical origina- El acto creador obedece en mí a impulsos
poetas te han interesado más en función de lidad, pero por ella misma no son mejores muy variados, pero hay determinadas situa- 1 \ ' t h'. \ ' \ ...
tu propia poesía? poetas que los otros. Y hablo de verdadera ciones que se repiten. Yo no puedo escribir
La riqueza de la poesía en castellano es originalidad, no de esos simulacros, cuando nunca desde la voluntad, sino desde la necesi-
tan grande que me pesa tener que responder no plagios, de que está llena la literatura y la dad. Y como cuando escribo no sólo experi-
con avaricia. El poeta más prodigioso para mí plástica del siglo XX. La llamada vanguardia mento placer sino también un cierto sufri-
es Quevedo, y si alguna vez ha existido un mi- lleva ya demasiado tiempo, salvo algunas ex- miento, no escribo nunca por escribir. Mu-
lagro poético es el de San Juan. Pero los fun- cepciones, hurtando liebre y dando gato. chos poemas surgen en situaciones en las que
damentos de nuestra lírica ya estaban en me encuentro como cargado de una energía
Manrique y Garcilaso. También hemos teni- - Dos poetas - entre muchos- pueden con- interior acumulada, y entonces necesito ex-
do la suerte de contar con una muy buena siderarse tus hermanos mayores. Tuyos y de presar, conformar, por medio de la palabra,
poesía en este siglo, y servirse de una tradi- otros varios en nuestra /frica. ¿Cuál ha sido esa oscura e informe masa de emoción. Esto """'cuco

ción reciente tan rica es partir, para los que más importante para tí, la poesia de Cavafis ocurre a veces en momentos de extremado
escribimos, con una ventaja impagable. Tam- o la de Cemuda? cansancio, a las cinco de la madrugada, des- L A:-, HR ASAS
bién aquí los fundamentos son muy podero- La de Cemuda, por dos evidentes razo- pués de un día y una noche especialmente in-
sos, Juan Ramón Jiménez y Antonio Macha- nes. La primera es que descubrí su poesía en tensas, pero la mayor parte de las veces esa
do. Y como hablo ahora desde mis afinidades edad aún temprana y formativa, de gran poro- acumulación de energía espiritual se produce
elijo también a Cemuda y a Borges. Me ha in- sidad espiritual, y aprendí en ella cosas que en la sucesión de días llenos de armonía y cal-
teresado siempre especialmente la poesía yo buscaba y que me eran necesarias. Si an- ma; la liberación escrita se hace entonces con
griega y latina, y Shakespeare. Creo que la tes, en la adolescencia, mi aprendizaje estéti- mayor facilidad y frecuencia. De ahí que una
poesía europea nunca había brillado en su co y sentimental lo hice con Juan Ramón, mí parte muy numerosa de mi obra esté escrita --·-
conjunto con tanto esplendor como en el siglo aprendizaje moral lo ejercité en Cemuda. La en los dos meses que todos los años paso en
XX, aún más que en la época romántica, y otra razón es que, siendo grandes poesías las Elca. Si viviera allí permanentemente creo
A la derecha,
con José Olivio Jiménez.
Abajo, Carlos Bousoño,
Brines, Fernando Quiñones,
J.M Caballero Bonald
y Félix Grande.
que mi obra sería cuantitativamente escan-
dalosa.
-¿Alguna vez -entrando en lo específico
del poema- te has planteado escribir algu-
no con un esquema previo, sea temático o
métrico?
Con previos esquemas métricos escribí en
mi época adolescente, cuando llevado por el
apasionado descubrimiento de la poesía escri-
bía con desmesura, y todavía sin mundo pro-
pio. Hice algunos sonetos, romances, cancio-
nes y, después de leer a Guillén, ensayé las
décimas; pero esta disposición, incluso en
aquella edad, duró muy poco tiempo. Lo que
sí escribo, y mucho, son poemas desde expe-
riencias vividas, pero el desarmllo poético se
cumple siempre en la escritura del poema, no
antes. A veces hay, aliado de la vida, revela-
ciones de profunda o intensa significación
existencial, no de distinta índole a la de una
revelación poética en su emoción, y trato en-
tonces de redescubrirla en el texto como si en
éste se diese virginal la experiencia.
-¿En qué medida cuenta la inspiración?, si
es que crees en tal fenómeno.
No sé bien lo que es la inspiración; es ésta ce y en el dolor, muy interiorizada. Al com- tigeneracional; lo formaban en Madrid Carlos
una palabra sacralizada. Sí sé lo que es esa probar que me había definitivamente abando- Bousoño, Pepe Hierro, José Olivio Jiménez,
necesidad de revelar una emoción oscura, y el nado, y esto coincidió con el final de mi pri- Claudio Rodríguez, Paco Nieva, Angélica
padecimiento de darle forma y conseguir así mera historia amorosa seria, escribí este libro Becker, Ricardo Defarges y el mismo Alei-
la experiencia placentera de un nuevo conoci- tan marcadamente elegíaco. Si no parece poe- xandre. Sin embargo, con el paso del tiempo,
miento. Todo buen poema es una sorpresa sía de la experiencia es porque ella está su- y visto con perspectiva el desarrollo de las
emocionante e inesperada, y no me importa plantada en su presente existencial inmediato. distintas obras, me siento parte de esa genera-
cómo lo ha logrado cada poeta, pero evidente- Tuve entonces la impresión de que la vida ya ción, naturalmente que con mayores afrnida-
mente yo al leerla la recibo como si se tratase estaba enteramente vivida, y que iba a impor- des con unos que con otros, pero creo que se
de una gracia. Es muy justo que se diga en ta- tar muy poco lo que vendría después, como si pueden subrayar algunas importantes caracte-
les casos que es obra inspirada. ¿Qué adjetivo ya diera todo igual. De ahí que intuitivamente rísticas comunes; esto no contradice que las
calificaría mejor a la poesía de San Juan o a la vistiera al protagonista poemático, que alen- respectivas obras puedan ser, como así suce-
música de Mozart? taba tan tenuamente y con un espíritu tan caí- de, muy personales y distintas.
do, de un cuerpo en consonancia, y por lo tan-
-He dicho alguna vez que considero Pala- -¿Crees pues que existen las generaciones?
to viejo. Aquel anciano del poema sólo sabía
bras a la oscuridad como tu libro-eje, y en
que la vida había sido triste y bella, que el Sí lo creo, aunque estimo que hay que en-
buena medida, mi favorito entre los tuyos.
mundo exterior continuaba siendo esplendo- tenderlas sin rigidez. Razonarlo nos llevaría
¿Lo consideras tú como e/ libro central en la
roso, pero que lo único que ya quedaba eran demasiado tiempo, pero considero que es in-
definición de tu voz?
las brasas. Una mirada sintética, no analítica, cluso fatal que existan. Las trayectorias per-
Digamos que es el libro en el que ya están de la vida. Digamos que la experiencia queda- sonales son a veces imprevisibles. Claudio
expuestas mis preocupaciones u obsesiones ba trascendida, en el libro, en su valor simbó- publicó un primer libro muy bello, marcada-
con el suficiente bulto para percibir que los li- lico. Perdida la adolescencia sólo quedaba la mente irracionalista y, sin embargo, en los
bros posteriores no harán sino desarrollar y muerte. Afortunadamente aquella impresión posteriores, a pesar de ese tono personalísimo
enriquecer el mundo allí mostrado. Desde el fue sólo una verdad momentánea. Figúrate que le caracteriza, se le ve con intereses co-
punto de vista expresivo es también el libro en que en el amor aún no había conocido la cara munes a los de otros miembros generaciona-
el que se reconoce con firmeza la voz que oculta de la luna. les. Valente, que en buena parte de su obra es
puede personalizarme.
uno de los más característicos poetas de ese
-Veo Las brasas como un libro extraño den- - ¿Crees -al hilo de todo esto- que la ex- tono generacional, ha derivado desde hace ya
tro de tu obra, pues parece ser la visión de un presión poesía de la experiencia es una defi- un tiempo a una poesía que le hace el más ale-
mundo cerrado que, sin embargo, se abrirá nición globalmente válida para tu poesía jado. Mas considerando el conjunto de sus
luego. No veo en él esa poesía de la experien- posterior, y cómo ves a tus compañeros de obras ninguno de los dos puede considerarse
cia que te caracterizará después... generación con respecto a ese término que excéntrico al grupo, y en mi consideración
tanto os atribuyen? son, sin duda, de los más valiosos. Las gene-
Efectivamente es un libro algo extraño en
mi obra, y es curioso que los poemas escritos Sí, es una expresión válida. Yo voy a la raciones son siempre un resultado histórico,
con anterioridad a él están mucho más cerca- poesía desde la vida, y si me interesa aquélla de ahí que antes señalase su fatalidad; pero
nos que estos a los de Palabras a la oscuri- es en función de ésta. La poesía es válida, y a cuando uno escribe un poema está entera-
dad. Los poemas del libro nacieron de una veces tan emocionante, porque nos sitúa en mente solo ante el papel; no hay detrás de él,
experiencia absolutamente común, pero que condiciones de hacer que nuestra vida sea ayudándole o estorbándole, ningún miembro
yo viví con mucha intensidad: la despedida de más intensa. Creo que en la poesía de mis generacional. Escribir es siempre un acto soli-
mi adolescencia, que en mi caso se arrastró compañeros se da, desde luego ·que en unos tario y personal, y esto, en definitiva, es lo
mucho más allá de sus límites cronológicos más que en otros, una poesía con esta carac- único que importa.
naturales. Fue una época muy plena, en el go- terización. Si hubo un poeta mayor general-
mente estimado por todos éste fue Cernuda, -Tu poesía se mueve sin rupturas. Con en-
Con Juan Gil-Albert. con quien tan exactamente concuerda la de- sanches y ahondamientos. ¿Qué novedades
nominación. Pero hay también poetas de la ves, desde tal perspectiva, en tu próximo li-
generación anterior, como Hierro, Bousoño, o bro, El otoño de las rosas?
de la posterior, como Juan Luis Panero o tú No creo que haya ninguna novedad radi-
mismo, a los que también les sirve. cal, yo al menos no la veo. Son poemas que
-¿En qué momento llegaste a sentirte parte desarrollan y enriquecen el mundo anterior, y
de la generación de los 50? Creo que no des- hay quizá pequeñas novedades. Se trata de un
de su inicio... libro bastante extenso, de sesenta y cinco
En Barcelona se formó un verdadero gru- poemas, y de alguna manera renovado. Con
po generacional, que pronto se ensanchó con respecto a Insistencias en Luzbel, en el que
poetas de fuera con la aparición de la colec- se recobra la sensorialidad, hay aquí una pre-
ción Colliure, pero yo no pertenecí nunca a él, sencia de ella todavía mayor. Creo que es el
ni sentí entonces que tuviera con ellos dema- libro mío más rico y variado, si se mira desde
siados intereses poéticos comunes. Mi grupo una perspectiva temática o se tiende a tonos
poético, en aquellos años, era amistoso y expresivos o registros anímicos. __.
Con Felicidad Blanc
y dos de los hijos de ésta
y Leopoldo Panero.

-¿Hay en esta sensorialidad recobrada algo


así como una mirada decadente, entendién-
dola como crepuscular? ¿Es eso lo que sugie-
re el título de/libro?
Hay una mirada crepuscular, como tú di-
ces, porque hay una cercanía de la muerte, no
sólo en su presencia concreta con respecto a
personas queridas, sino tiñendo melancólica-
mente la mirada que se dirige al mundo. To-
dos mis libros lo son de despedida, pero éste cwn: la poesía de estos llegados posterior- J. Gil de Biedma a F. Brines
lo es más aún, y con mayores razones. N o mente: Colinas, Siles y la tuya, entre otras, -'
obstante hay en él poemas que son quizá los han diversificado y enriquecido esa aún lla-
más sensualmente apasionados que yo he es- mada poesía novísima . La evolución habida
crito. El titulo sugiere, creo que con alguna ha sido tan marcada que un poeta como Juan
precisión, mi actual estadio vital. Estoy ya en Luis Panero, al que todos consideraban en-
la penúltima estación de la vida, y ello sea tonces muy lejano a la estética generacional,
quizá lo que origine una complacencia y frui- puede ser estimado ahora como uno de sus
ción mayores por contemplar y oler las rosas, componentes mejores y más legítimos. Y en
es decir, lo que ellas simbolizan de belleza sus antípodas, la poesía de Taléns, que ha
y caducidad. protagonizado la trayectoria más arriesgada y
difícil, ha llegado con muy buena fortuna al
- Cuando aparecieron los primeros novísi- puerto en su último libro Tabula rasa. Si
mos, a los que tú conociste enseguida, ¿com- atendemos a sus respectivos últimos libros se
partías la idea que muchos tenían de que verá que las dos son poesías distintas, pero no
aquel tipo de poesía veneciana era una espe- divergentes.
cie de delirio, o sentiste que era un cambio en
la poesía española? -Concluyamos el repaso. ¿Qué juicio te me-
Senti una mezcla de ambas cosas, y trata- rece la generación postnovísima? ¿En qué
ré de explicarme. Era evidente que se escribía medida esta poesía está vinculada al giro Barcelona, 21 de mayo 1964
que la poesía anterior efectuó hacia 1975? Querido Paco,
desde una estética muy distinta a la que impe- con bastante retraso, debido a que tengo el vicio de escri-
raba, pero no de tanta novedad como se creía, ¿Cómo ves tú la más nueva poesía?
bir mis cartas en la oficina y estos últimos tiempos me he encontrado con de-
si se miraba algo más allá en el tiempo, o se La generación más joven me tiene, y no masiado trabajo, vuelvo a coger el hilo de la propuesta que te hice en Ma-
dirigía la atención a lo que hacían otros poe- sólo a mí, confuso. Yo creo que esto se debe a drid: si te sería posible entregar un libro de versos para la colección Colliure,
tas hispánicos. Un ejemplo será suficiente; el que no hay una tendencia poética uniforme o y en qué plazo, más o menos.
mismo año en que aparecía Arde el mar se dominante; todo es ahora válido, e incluso lo Faltan aún dos títulos por salir de los 12 que se programa-
publicaba en Adonais Memorial de un testigo que podría ser considerado vanguardia es una ron al iniciar la colección - aparte, o mejor dicho, además del de Valente,
del cubano Gastón Baquero. Taurinamente posibilidad más de la tradición general asumi- que supongo ha de ponerse a la venta dentro de escasas semanas. Dado el
hablando uno salió a hombros por la puerta da. A muchos de estos poetas tampoco les im- régimen de «pequeña velocidad» a que progresan ahora las ediciones de la
grande y el otro rodeado de indíferencia y si- porta que las voces ajenas aparezcan en sus colección, creo que con que entregases tu libro dentro de un año, o año y me-
lencio. Creo que la experiencia lectora de am- obras claramente, sin demasiados afeites, con dio, bastaría - según recuerdo, me dijiste que tenías dos in the making, pero
bos libros seria tan aleccionadora ahora como el peligro de que tal voluntad se malinterpre- ninguno próximo a la conclusión.
lo fue para mí entonces. La antología de los te. No existe tampoco un premio que, por su Dime algo, y, si afirmativo, le pediré a Jaime Salinas, que
Nueve novísimos resultaba muy curiosa, in- prestigio y acierto, atraiga a los mejores, y es quien se encarga del asunto, que se ponga en contacto contigo. Mi direc-
cluso refrescante y divertida, pero si atende- nos informe así de los posibles nuevos valo- ción: Muntaner 520, Barcelona.
mos a la expectación pública que despertó, res; por si faltaba algo, la producción editorial Al contestar, te agradecería que me dieses las señas de
también resultó algo decepcionante. Aunque está afortunadamente repartida por toda la Jacobo M. en su desierto; supongo que en su situación actual le gustará reci-
esto último no importara demasiado, pues geografia española, pero sin que haya una co- bir cartas, y a mí me gustaría saber algo de él.
eran muy jóvenes la mayoría, y ya se mostra- lección de poesía joven, de alcance nacional, Sabes que me tienes a tu disposición. Un abrazo afectuo-
ban allí nombres y textos muy válidos. La jo- que nos ayude a fijar la mirada. Las antolo- so de tu compañero
ven generación se había presentado además, gías surgidas no han coincidido tampoco mu-
desde sus mismos inicios, con dos libros muy cho en los nombres elegidos si exceptuamos a
logrados e insólitamente maduros para la unos pocos que, por otro lado, no han sido
edad de sus autores: Arde el mar y Dibujo de siempre aceptados unánimemente por los lec-
la muerte. Esto supuso, desde luego, el inme- tores. Abundan los libros bien escritos, y hay
diato respeto, aunque muchas desmesuras de poetas por los que no es arriesgado apostar;
entonces procuraran también algunas chan- pero la confusión está ahí. Quizá esto tenga
zas, y esto entre sus mismos protagonistas. una contrapartida favorable: al tardar más de
En aquellos primeros años abundó eso que tú lo acostumbrado en establecerse la nómina
llamas el delirio, y que eran defectos juveni- generacional los más jóvenes o tardíos, que
les, y por ello no antipáticos: digamos que se tienen sólo uno o dos libros o todavía ninguno
paseaba alguna petulancia y pedantería. Todo publicado, no quedarán prematura e injusta-
ello se fue pronto depurando, y ahora las mente marginados. A la larga los poetas ver-
obras verdaderamente valiosas de Jos mejores daderos encuentran los lectores que merecen.
han abandonado aquellos excesos, los que los No creo que esta poesía esté vinculada al
padecieron, y han desarrollado sus virtudes. giro dado por la anterior; creo más bien que
Se esfumaron algunos de los primeros novísi- son exigencias del tiempo que todos vivimos
mos, y se fueron incorporando otros que han las que hacen que las distintas generaciones
hecho mucho más nutrida y valiosa la genera- evolucionen en un sentido determinado•
Grandes historias
de ueouenas derrotas

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-Oye, voy a titular la entrevista Gran-
des historias de pequeñas derrotas.
-Ah, pues es un acierto, ese titulo, por-
que es así, el hombre, con sus pequeñas de-
rrotas de casi todos los días y su gran de"o-
ta final, que es la muerte.
Ahora, al intentar transcribir esta entre-
vista, veo que se me ha metido todo el Café
Gijón en el pequeño grabador, qué bulla ar-
man. Están la pareja de señoras con sus ojos
como cabras color café con leche saltando de
Manuel Vicent a Francisco Umbral; un jo-
ven, poeta como su atuendo, boina incluida,
demuestra rotundamente, al fondo, que lla-
ma al camarero con un "si es usted tan ama-
ble, querido"; el hombre en la mesa de alfa-
do, abrumando repetidamente a sus conter-
tulios con la palabra ecléctico. .. En este cir-
co, Jesús Fernández Santos sería tan natural
como una moto Kawasaki en un cuadro de
Tiziano, y, sin embargo, ahí está, al otro la-
do de mi mesa.
-Yo vengo todos los días a esta hora,
¿sabes?

BENJAMÍN PRADO: Pero en tu novela La-


berintos haces un retrato bastante amargo de
ciertos ambientes, precisamente muy pareci-
dos a éste, donde van a reunirse intelectuaies
sin fama ni talento que, pobrecillos, no hay
quien los aguante.
JESÚS FERNÁNDEZ SANTOS: Es ver-
dad. La insatisfacción es algo terrible.
B.P.-Según lo que les sucede a los persona-
jes de Laberintos, un grupo de artistas más o
menos fracasados, en este mundo la relacio-
nes influyentes son tan importantes como la .
auténtica calidad.
J .1<. S.- Desgraciadamente, en algunos casos,
no sé si tanto, pero casi.
R.P.-Laberintos se considera el final de una
etapa creativa, dentro de tu obra.
J.F.S.-Es porque yo, entonces, atravesaba
unos momentos difíciles, unos tiempos de
economía doméstica desastrosos. Así que me
puse a hacer cine, cortometrajes, documenta-
les. No podía escribir, era imposible.
B.P.-Los protagonistas de tus obras son im-
potentes frente a lo que creen un destino que
les corresponde, van avanzando consciente-
mente hacia la propia derrota, la vida les ha
colocado en un puesto del cual no pueden mo-
verse. Vale como ejemplo este fragmento de
Cabeza rapada, primer cuento y titulo de un
libro de narraciones tuyo: Está muy mal. No
tiene dinero. No se puede poner bien porque
no tiene dinero. Está del pecho. Está tísico.
Si pidiera a la gente que pasa, no reuniría ni
·tres pesetas. Se tiene que morir. No conoce a
nadie. Se va a morir porque de eso se muere
todo el mundo. Aunque pasara el hombre
más caritativo del mundo, se moriría.
Los protagonistas de tus novelas conocen
el final, saben cómo acaba el libro, ¿a que
sí? -
ra, en su diario, da puntual detalle de toda la
campaña jde Rusia! Hasta allí llegó él, ima-
gínate.
B.P.-Pero esta novela es una película de
aventuras y, además con cierto eco de la pi-
caresca.
J.F.S .-Por supuesto. Sobre todo en la parte
inventada por mí. Lo demás está sacado de
diarios de gente que estuvo en Cabrera real-
mente. Yo intenté ser lo más imparcial posi-
Ub ble.
B.P.- Pero si Jesús Femández Santos hubie-
se estado allí, hubiese sido afrancesado, su-
pongo.
J.F.S.-Supones bien.
J.F.S.-En realidad, no se me había ocurrido. B.P.-Es curioso cómo los curas de tus nove-
Cabeza rapada, el protagonista de ese cuento las siempre acaban cometiendo los mismos vos de los planos, de los zapatos del viajante,
es bastante autobiográfico. Yo, entonces, es- pecados carnales que condenan para los de- por ejemplo.
taba tuberculoso, creía que me iba a morir. Y, más: le ocurre al de Cabrera y al de El Grie- B.P.- 0 de ese buho cuyo canto, en medio de
ya ves ... go, tu último trabajo. la noche, atraviesa el mismo momento de dos
B.P.-La Guerra Civil está presente en na- J.F.S.-EI deán de Cabrera fue un personaje vidas diferentes.
rraciones como El primo Rafael, y en mu- real, ¿eh? Yo conozco a un bisnieto suyo, ma- J.F.S.-Oié. Apúntate dos. ¿Qué quieres to-
chas de tus novelas: Los bravos, Los jinetes llorquín, que vive en Ginebra. mar?
del alba, Jaque a la dama. B.P.-Extramuros es la historia de amor de B.P.-Otro Dyc.
J.F.S.-Aparece de distinta forma. En Los dos monjas que falsifican un milagro para J.F.S.-Un whisky Dyc y un té, por favor.
bravos, de una manera inmediata; en Los ji- atraer dignidad a su convento, y, al final... CAMARERO: Al momento, don Jesús.
netes del alba, no sé si se nota, yo intentaba bueno, el final no lo cuento. B.P.-Hay, en Los bravos, muchos persona-
una especie de distanciamiento, de elabora- ¿Tú no crees mucho en milagros, verdad? jes simbólicos: el guarda rural, que significa el
ción que cambiase la estructurl!, literaria. J .F.S.- No. No, qué va. Yo había hecho mu- miedo. O el hermano falangista de Marta, en
B.P.-Pero, aquella guerra, está siempre vista cho documentales de Arte e Historia y cono- Jaque a la dama, toda una caricatura de épo-
como desde lejos; las situaciones dan la sen- cía muy bien el tema. Yo lo que hice, además, ca. O la protagonista de A on'/las de una vieja
sación de atravesar por encima de la Historia, fue un guión de cine, y, como nadie lo quería, dama.
no ·sé, como una mancha de aceite sobre el como los productores, que son muy brutos, J.F.S.__:Porque siempre intento cargar la fi-
agua; ocurren en un contexto con el que nun- decían, coño, es que aquí no pasa nada, me gura, dotarla de fondo. Los problemas indivi-
ca llegan a mezclarse del todo, ¿no? dije: bueno, ya que lo tengo ahi, me hago una .duales, no me interesan.
J.F.S.-Bueno, como telón de fondo, sí. A mi novela. Entonces me llamó Mario Lacruz, de R.P.- Colectivamente, las que aparecen en
no me interesa concretar demasiado, porque, Argos-Vergara, a ver si yo tenía escrito algo tus narraciones son gentes tristes, que viven
entonces, se pierde fascinación. Y, claro, ade- para iniciar una colección en su editorial. Se sin saber contra qué o contra quién rebelarse.
más es lo que decía Hemingway: «Una guerra la di y, la verdad, se entusiasmó, más que yo, J.F.S.-Porque vivían en la Edad Media. Na-
es algo que nadie se quiere perder». Plástica- desde luego, y me firmó un contrato por un di- cían, trabajaban y se morían. La Edad Media.
mente, la guerra está muy bien, si, hombre, no nero que yo, hasta entonces, no había percibi- B.P. - Marta, centro de Jaque a la dama,
me mires con esa cara, quiero decir cosas co- do jamás, y eso que no he parado de escribir atraviesa una época histórica más amplia:
mo Rojo y negro o La guerra y la paz, en- desde 5. 0 de Bachillerato. Total, que cuando preguerra española-guerra civil-guerra euro-
tiéndeme. me firmó el contrato ahí en el Restaurante pea-posguerra española. Cuando regresa, en-
B.P.-Los ambientes rurales dibujados en Los Mayte, me dije: Huy, madre, este tío, verás. cuentra, sobre todo, tedio.
bravos, Los jinetes del alba, Cabeza rapada, Y, un día, me levanté de la cama ¡y era famo- J.F.S.-Es que Marta soy yo. España cam-
son hostiles, cerrados, opresivos. so! Tiene gracia, sí señor, sí que la tiene. bió mucho después de la guerra; llegaron, por
J.F.S.-Están basados, casi todos ellos, en el B.P.-Hay en tu obra protagonistas abstrac- ejemplo, los cuartos de baño, es decir, cosas
que conocí en el pueblo de mis padres. Ceru- tos, siempre. En Extramuros es el calor. elementales, vamos. En cuanto al tedio, yo es
lleda, en la frontera astur-leonesa. Allí, un J.F.S.- iAh, y en Los bravos! Yo me encuen- que vivía asomado al balcón, viendo como los
.. tro mejor en lugares como esos. La ciudad no chicos se divertían abajo. Yo era de familia
. :· .• ::..'N:• :::·;.;;.; •. r·: cambio en el tiempo, una mala cosecha, son
........ ...... --·- -.......
....• .... .....
hecatombes difíciles de comprender para las
personas ajenas a todo ello.
me dice nada. Pero lo que es horrible son los burguesa, no podía bajar a la calle y tampoco
llamados escritores rurales, Pereda y esos . tenía amigos arriba, así que empecé a escri-
B.P.-Tu novela Cabrera, que trata el tema B.P.-Los bravos, entre otras, es la historia bir.
del ejército napoleónico derrotado en España de un médico enviado a provincias que va B.P.-En Los jinetes del alba , se trata de la
y deportado a esa isla mallorquina, a mi me descubriendo la idiosincrasia de un pueblo al Revolución de Asturias.
aiia:r.--·:,.
- .. .. ..···· .....
'"""'
1
...
. . . . .. . ... encanta, porque ...
J.F.S.-A mí también. Oye, es de las novelas
que, como todos sus habitantes, termina J.F.S.-Y mira de qué manera. Allí, en luga-
odiando y amando. El médico funciona como res como ese en donde ocurre la historia, los
.. -....... . ..........
• • .. . h

....................
···--·· ....... ............. hechos político-sociales, llegaban muy amor-
.... _··-·
-................ ................ ............. que he escrito con más gusto, por dos cosas: un ojo de cámara cinematográfica, ¿verdad?
'

. ,,.
'''"'""
primera por lo bonito que fue buscar en los ar- J.F.S.- Desde luego. Vas a terminar pregun- tiguados. Eso es lo que yo quería hacer ver,
chivos, rastrear la huella de los españoles por tándome por la influencia del cine en mi obra estaba ocurriendo en sus narices, pero ellos
Europa, todos aquellos hombres enrolados en y te diré que toda. El cine americano y el neo- no podían darse cuenta.
el ejército francés. Un soldado de Guadalaja- rrealista, es evidente. Acuérdate, en Los bra- B.P.-A muchos compañeros de tu genera-
ción literaria, la del 50, los conociste en la
Universidad.
J.F.S.-Sí, si. Nos llamaban los Godos: Al-
decoa, Ferlosio y Femández Santos, los Go-
dos.
B.P.- El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlo-
sio, tiene muchos puntos en común con Los
bravos.
A la derecha, J .F.S.- iY tanto! Yo un día se lo dije a Ra-
durante el rodaje fael: «Anda que en El Jarama sí que has chu-
de un documental. pado rueda de Los bravos», y él me dijo:
Abajo, con
«Hombre, jclaro!».
el matrimonio Aldecoa.
B.P.-Toda tu obra, hasta la última novela,
El Griego, en que los personajes cercanos al
pintor de Creta afincado en Toledo van na-
rrando su vida, tiene un tono similar, es
continuada.
J.F.S.- Eso es porque nunca he escrito por ir
a la moda. Sólo he hecho lo que me apetecía.
¿Qué tomas?
B.P.- Otro Dyc.
J.F.S.- Y un té, por favor.
CAMARERO: iAI momento, don Jesús!
Los caballeros de Olmedo:

ni ningún argumento novelístico en sentido

motas sobre el tradicional. Se trata, al parecer, de relatar lo


sucedido en un día festivo en que una serie de
personajes múltiples pertenecientes a las ca-
pas populares, a los diversos estratos de la pe-

obietluismo esuanol queña burguesía urbana y del proletariado


acuden a una zona del río Jarama a bañarse,
comer. .. y por la noche retoman a la ciudad.
Este es el argumento de El Jarama, si es que

de los anos 50·80)


así es posible resumirlo.
Quizá la clave del libro, que no vamos a
analizar exhaustivamente, radique en dos sig-
nos que el propio Ferlosio coloca al principio
de su novela:
-Una cita de un manual de geografia.
-El epígrafe con que comienza el texto,
en las Conversaciones de Formentor. Los que es una frase de Da Vinci parafraseando

Juan Carlos Rodrruuez cinco libros son: Nuevas amistades, Tormen-


ta de verano (propiamente objetivistas), Gen-
te.de Madrid (cuentos publicados a mediados
a Heráclito.
La cita de geografia es una larga descrip-
ción del río J arama, de las aguas que recibe,
de los 60, pero escritos mucho antes) El gran de su recorrido... Y esta cita queda cortada
os autores ejemplifican en España máxi- momento de Mary Tribune y Gramática por la mitad al principio de la novela para rea-

O mamente el triunfo del objetivismo: Rafael


Sánchez Ferlosio y Juan García Hortelano.
S. Ferlosio había escrito dos volúmenes y
Parda, la bella fábula sobre la chica que que-
ría ser Flaubert.
El problema de una novela como El Jara-
parecer en la última página del libro, donde fi-
gura como conclusión de la novela, diciéndo-
nos el trayecto del J arama, su desembocadu-
unos pocos cuentos sueltos. El primero de sus ma resultó desconcertante no sólo para la crí- ra, etc.
volúmenes narrativos es Alfanhuí (Destino), tica de su tiempo, sino para la posterior. De La cita de Leonardo se refiere al famoso
extraño relato que no llega a novela, más lar- hecho, los mejores trabajos sobre la novela rravra ptt heraclitiano, el viejo tópico de que
go que un cuento normal, a medias entre el española contemporánea (Corrales Egea, las aguas de un río nunca son las mismas en
cuento para niños y una prosa poética de tipo Gonzalo Sobejano, Sanz Villanueva, Eugenio cada momento, igual que las vidas humanas.
fantástico. Entre los cuentos destaca Dientes, de Nora, Ramón Buckley) coinciden en consi- Esta descripción geográfica del río no es
polvora, febrero, sobre una cacería de lobos. derar a El Jarama como una obra maestra, algo accidental dentro de la novela. Al con-
Son cuentos tradicionales y no suponen nin- insólita, tremendamente revolucionaria den- trario, la novela aparece como un paréntesis
gún tipo de innovación técnica. [Algunos es- tro del contexto literario de su época, pero entre el comienzo y el final de la descripción y
tán en la Antología de cuentistas españoles apenas nos dan una explicación del porqué de este paréntesis no es gratuito: la novela narra
contemporáneos, de García Pavón (Gredos) esta calificación de obra maestra de los proce- lo que en la descripción geográfica no se dice,
y en la Antología de na"ativa contemporá- dimientos narrativos, de la estructura interna o sea, el encuentro entre el río y los hombres,
nea (Taurus)]. Después de Alfanhuí no era de El Jarama. entre la naturaleza y la historia, con una con-
imaginable que fuera a escribir otra obra, la Es cierto que esta novela posee un meca- clusión doble:
que revolucionó todo el panorama de la litera- nismo un tanto enigmático, puesto que es apa- -Una vez bañados los hombres en el río,
tura española de los años 50: El Jarama. rentemente sencilla y sin embargo en la prác- desaparecen, pero el río sigue su marcha con-
García Hortelano ha escrito cinco libros tica resulta tremendamente compleja. E sta tinua, como siempre.
y algunos relatos sueltos. Es más consciente- novela, que ganó el Nada! del año 55, tiene - Segunda conclusión, que se nos revela
mente objetivista que F erlosio porque apare- una estructuración muy peculiar. Si hablára- en la cita de Leonardo, en la vida de los hom-
ce a final de Jos 50 y principios de los 60, mos de tema o argumento, nos llevaríamos bres hay una realidad permanente que los ha-
cuando el objetivismo, además de una prácti- una sorpresa: a lo largo de casi cuatrocientas ce similares a la realidad del río, aunque esta
ca, es una teoría que en España se concreta páginas Ferlosio no desarrolla ninguna trama realidad permanente sea el cambio, la trans-
--+
fonnación. El agua que tomarnos en los ríos,
dice Leonardo, no es la misma que ha pasado
ni la misma que pasará.
Entonces nos encontramos con una serie
de niveles muy significativos dentro de la no-
vela:
-Un primer nivel, que es la relación en-
tre el hombre y la naturaleza, entre el hombre
y el río, pero esta relación está muy concretada
en el texto: no son hombres cualquiera los que
van a bañarse al río, sino miembros de unos
estratos sociales muy específicos, muy popu-
lares, es decir, bajo el primer nivel de la rela-
ción entre la historia y la naturaleza nos en-
contramos con el hecho curioso de que los
hombres que van a bañarse, que representan a
la historia, no son dueños de su historia, sino
que son las capas más alienadas dentro de la
historia real del país en ese momento.
- Segundo nivel: la relación entre la his-
toria y la naturaleza se vuelve compleja en El
Jarama desde el momento en que esa rela-
ción no es establecida por Ferlosio en ténni-
nos abstractos, sino en ténninos muy direc-
tos: los que representan a la historia no po-
seen a su historia. Y este sentido de realidad
concreta es lo que nos explica igualmente el
hecho de que Ferlosio no hable de un rio en
abstracto, sino de un río concreto y real, y que
para hacerlo más concreto y más real, sea de-
finido en todos sus detalles por la descripción
de un manual geográfico.
-Tercer nivel: es evidente que lo mismo
que el río es definido objetivamente en todos
sus detalles por ese manual de geografía, Fer-
losio procurará descubrir objetivamente en to-
dos sus detalles a esas capas populares que
acuden a bañarse al río, sobre todo a partir de
su lenguaje y sus actitudes. Ferlosio en esto
practica indudablemente procedimientos ob-
jetivistas, pero ya vemos cómo su novela es
mucho más compleja de lo que resultan ser
los textos de la escuela del nouveau roman
francés: aunque con una base estructural aná-
loga. Si Robbe-Grillet utiliza el molde del me-
lodrama o la novela policiaca, F erlosio utili-
za, para distorsionarlo, el molde de la novela
de costumbres, toda la tradición descriptiva
del costumbrismo español.
-Cuarto nivel, que nos obliga a dar un
paso más allá; paso que relaciona de nuevo a
la novela con la realidad histórica del momen-
to español en que se escribe. Esa realidad his-
tórica -los años 50 del franquismo- se pre-
senta como la verdad misma del país, como el
espíritu mismo de la nación, sin posibilidad de
que jamás nada se cambie ni se transfonne.
F erlosio utiliza el río para decir lo contrario:
no hay verdad histórica que sea eterna e in-
mutable. La verdad histórica se estrella con-
tra la pennanencia, la realidad de la naturale-
za, que es la única verdad de fondo. Pero ade-
más esta realidad natural es todo lo contrario
de algo estático; muy al contrario, la realidad
natural se define por el cambio y la transfor-
mación continuos. Resulta grotesco pensar
que un régimen histórico pretenda no sólo ser
la verdad esencial de la vida, sino que además
pretenda que esa verdad sea inmutable y es-
tática. -
-Así podemos llegar a un quinto y últi-
mo nivel: El Jarama no plantea jamás estos
temas en abstracto; por el contrario, los plan-
tea a través de un minucioso despliegue de
COLECCIÓN
descripciones y diálogos totalmente cotidia-
nos, impregnados de realidad. Diríamos que á•coRA Y DELFI•
todos los planteamientos de Ferlosio se con-
VOLUMEN 121
densan en un solo eje-motor de la novela: no
hay historia ni naturaleza aparte de la reali-
dad concreta de cada detalle, de cada palabra,
de cada gesto, de cada movimiento del agua o ./
del árbol.
Entonces se puede entender mejor en qué
consiste el famoso, y tan mal explicado, obje-
tivismo de El Jarama. Decíamos que hay a
través de estos cinco niveles dos planteamien-
tos narrativos básicos: uno primero, que es la
relación entre la superficie y la profundidad,
por tomar términos que correspondan a esta
UFA!l IJMCH!l HilOIIO
gran metáfora del río en que consiste la nove-
la. En efecto, se enfrentan dos narraciones:
una superficial, la más visible, la más aparen- El.JARAMA
te, que es la narración de las actitudes y los
.l< •• ttcl Ferlosltl nació
diálogos de la gente que llega desde la ciudad en Roma d 4 de di(a•mbrt de
al río. Otra narración pasa por debajo de ésta, 1<·::;. E.u ·· !ntlns-
tna:; y ele t\ '' .
en profundidad, por decirlo así, y tiene dos nu líbrt• adrn,rablc cuy4 pro•:t es
elementos fundamentales: las descripciones de unil tma calidad ' tlon-
del río y del paso del tiempo, de las horas del dt brilla m1a m:l¡¡rca íantasía
Tamhi¡.n er> utu- .l ño,
día. Pero también descripción de los hombres varru bre•·(·•. pcrú no
del propio pueblo, que siempre están junto al había ;.1" rdado d género 110\' o:-
h•ticc• • n toda su ¡,rofundidad v
río y que curiosamente durante toda la novela a mplot.>l il:lsta escr ibir "El Jara-
permanecen en un sitio único, en una venta, 11\3 ... la ¡:r an novela que obtu1·o
P r:_mio - Eu¡rcnio ".
sin moverse de allí, mientras que los visitan- Este ubro de Sánchcz !o-
tes cambian continuamente de un lado a otro. ,.:r<'> ti primu iallo un:.nimc con-
Estos dos procedimientos superpuestos crolido 1 n lo, dua. ow• e<tc
ct :cur'U. ::;u di.. r• lai \'tz el
-el de la superficie y el de la profundidad- n101, efil'll.c , . tl;r, cto <Jut· ha pro--
se corresponden de hecho con el ritmo de la ''uci<l<> la nowl.t , oa•iola desde
h;.oce t cchoo ai"''· .. El Tarama"
historia y con el de la naturaleza, pues incluso t UOl 11• •\ tfa MÍJ!Íllal y r.odero;a
esos hombres del propio pueblo del río son une fPI)<lO e l r ta-
h·mo a uu _gran mcanto poético.
descritos como parte del mismo ámbito natu- E! lrt'l>r \1\c r• .. lmrnle c•c do-
ral. mmgo de \tr..no con Ir,. hombrr
\' m · <'U ¡un da
A estos dos procedimientos les corres-
ponden dos tratamientos distintos del cam-
bio, o sea, del tiempo. Es curioso que de nue-
vo nos encontremos en una novela objetivista
con la necesidad de enfrentarse cara a cara
con lo que había sido el gran problema del ,- Para Jesús, con el cariño
existencialismo: el problema del tiempo. p¡;f,/!01 de tantos días y tantas cosas en
Para Ferlosio existe un tiempo oculto, el las que convivimos, al tiempo
tiempo natural, el de la narración en profundi- d (M_¡' "' ;J o4 -1-v, de este libro;
dad, que es el que corresponde al paso de las ;;L-/ ""-r 7 f C>.M. t r::r. ; ,;.n ct r Rafael
horas o a la marcha del rio, mientras que hay Madrid 6-III-56
{ ,?f/J t
un tiempo de la superficie, el de los visitantes,
que corresponde al procedimiento narrativo
ct..(. de P1 /c. ¿;·_{,,.
que hemos llamado de la superficie: sus ba-
ños, su siesta, sus comidas, sus enfrentamien- !{ti/tUl
tos leves, los mínimos incidentes que surgen a
lo largo de la novela. Y finalmente los dos
/11 adu?(. 6: 111·.7(·
procedimientos narrativos se enfrentan: en el
momento del anochecer, en que está termi-
nando el asueto de los visitantes, el tiempo
profundo -el del río y de la naturaleza- im-
ponen su dominio, demuestran su fuerza so-
bre el tiempo histórico, sobre el de los hom-
bres, y entonces una joven se ahoga en el río.
Es el único incidente fuerte que existe en todo
el relato. Todo el tiempo de los hombres pare-
ce romperse en ese momento: es el momento
del desconcierto, de la impotencia, pero inme-

-
Dedicatoria de El Jarama
diatamente aparecen las fuerzas del orden a Jesús F emández Santos.
Francesc Catalá Roca
1936: Sánchez Ferlosio
y José Agustín Goytisolo
cazan patos
en el Delta del Ebro.

al contrario, son los hombres los que con esa pía, lo quebraba el objetivismo descriptivo.
muerte han sentido de nuevo el poder y la Había, pues, en su estructura una actitud de
fuerza de la naturaleza sobre su historia. Co- rompimiento ideológico perfectamente clara.
mo decíamos, el libro acaba con la descrip- Ahora bien, el asunto se complica, el proble-
ción geográfica del J arama, descripción im- ma se hace más denso desde el momento en
perturbable, como la propia marcha del río que esta ruptura frente al gusto tradicional se
¡ hacia su desembocadura. convierte a la vez en una critica social muy
cercana a los procedimientos de la novela lla-
RAh\ H )ANC IIE Z fE RL O SIO
11 mada realista. Dos textos básicos produce
Hortelano, uno a finales de los años 50 y otro
La aparición de G. Hortelano, al final de a principios de los 60: primero fue la novela
los años 50, significa sin duda un impacto titulada Nuevas amistades, texto objetivista
fundamental dentro de la novela española de hasta el extremo de que si se trata de evitar
la época, no sólo porque el objetivismo en él que el autor o los personajes sean algo así co-
es con mucha mayor claridad algo perfecta- mo sujetos omnicomprensivos, es decir, que
mente reflexionado, teorizado, sino además o el autor sepa de antemano lo que los persona-
sobre todo porque el objetivismo en G. Horte- jes van a hacer, lo que los personajes sienten o
lano representa una postura que no existía in- piensan en su interior, o del mismo modo, se
cluso en la novelística objetivista europea en trata de evitar que los personajes actúen como
aquellos años. Esta postura nueva es la fu- si supieran perfectamente lo que ocurre en el
sión, por decirlo así, de los procedimientos interior de los demás; si se trata, pues, en una
objetivistas con los de crítica social, propios palabra, de evitar toda narración no objetiva,
i\l)l 1\:\D.A.\ · de las novelas del realismo. Quiero decir que el planteamiento se lleva aquí hasta un extre-
ZAS DEALEA.\HUf Hortelano es una especie de puente entre los mo tal que siendo el eje fundamental de la no-
procedimientos del realismo crítico y los pro- vela un aborto, la palabra aborto no aparece
-una pareja de guardias para resta- cedimientos del objetivismo descriptivo, te- jamás en el texto: milagros indirectos de la
blecer la tranquilidad y el orden roto. Al final niendo muy claramente en cuenta una cosa: censura.
los visitantes regresan en bicicleta a Madrid y que incluso el objetivismo descriptivo ya era En realidad, Nuevas amistades incide en
el río arrastra en su corriente todas las basu- de por sí algo que rompía con todo un ámbito un tema que va a ser el tema básico de la lite-
ras que los visitantes habían dejado a su paso. estético, un ámbito de recepción ideológica, ratura española e incluso europea durante los
El río vuelve a quedar limpio, sigue marchan- que era el ámbito del gusto pequeñoburgués años 60, un tema que estallará de manera fác-
do y la presencia de los hombres, de la histo- por la novela costumbrista, por la literatura tica, real durante los famosos acontecimien-
ria, sobre él no deja ninguna huella, sino que, sentimentalista ... Todo esto, dijimos, lo rom- tos de mayo del 68 en Francia y otros paises
europeos. Este tema, que es el problema de
una serie de contradicciones secundarias, pe-
ro fundamentales en la actual etapa del capi-
talismo europeo; este tema, digo, abarca pro-
blemas tan básicos como el de la juventud, el
de la mujer, del placer, el tema de la margina-
ción... Pero sobre todo el eje central decisivo
de la época: el sexo, o mejor, el erotismo lar-
vado, pero que lo impregna todo. Obviamente
llamamos a estos temas contradicciones se-
cundarias no porque no sean fundamentales,
sino porque estos temas existen en tanto que a
la vez y sobre todo, existe una contradicción
principal, que es la contradicción de la lucha
de clases, de explotados-explotadores. Quie-
ro decir, si tomamos el problema de la juven-
tud o de la mujer hay que tomar primero en
cuenta que puesto que la juventud o la mujer
no son sino papeles sociales, en consecuencia
habrá que pensar qué tipo de sociedad existe,
cómo se articula hoy la relación entre las cla-
ses dominadas y las dominantes y por qué
precisamente el modelo de sociedad estable-
cido por estas clases dominantes otorga una
determinada función a la mujer, a la juventud,
a la familia, en definitiva, y por qué, sin em-
bargo, esto provoca una reacción de rebeldía,
una reacción de lucha tanto en los movimien-
tos feministas como en los movimientos juve-
niles o estudiantiles... Es lo que objetivamen-
te nos muestran las novelas de Hortelano y
sobre todo esta primera.
Si esto es así en todas las sociedades occi-
dentales, en la España de los años 60 e inclu-
so de finales de los 50 el tema cobra un senti-
do más agudo, pues tiene una doble cara: por
una parte no cabe duda de que la temática fe-
En el centro -+
de la fotografía, R.S.F.
En los extremos,
Javier Pradera
y José Agustín Goytisolo.
quier papelote impreso. De bir. Pero todas esas cosas
6ARCIA HORTELAftO, Rosario Alonso todas formas, procuro or-
ganizarme, soy consciente
que pienso a las siete de la
mañana, la verdad es que
de que no tengo tiempo pa- no me vienen a la mente
COn PRISA Juan García Hortelano
ra dilapidarlo con una cu-
riosidad malsana, de modo
los sábados y los domin-
gos. Me gustaría escribir
por las mañanas porque no
que elijo un poco, me gusta
nació en 1928 en Madrid, hacer pequeños planes, pe- puedo. Soy un escritor de
esa ciudad supuestamente queñas programaciones de cuatro o cinco horas como
velazqueña, fea ciudad en lectura muy subjetivas. Por mucho, y nunca suelo lle-
la que a partir de aquel ejemplo, dedicarme un año gar a eso. Cuando estoy
año habita con tenacidad a releer todo Henry James trabajando llevo una vida
cerril. Se confiesa muy so- o releer a Proust, a Galdós muy ascética, muy rígida,
ciable, dice sentirse cómo- o a Sha.kespeare ... Pero soy me enclaustro, reduzco al
do charlando con la gente, un lector muy ordenado y mínimo mi vida social por
tomando copas con los muy constante. temporadas, y esto me sue-
amigos... y parece domi- le durar unos cinco o seis
nar realmente las reglas Con respecto a su tra- meses; después estoy en tal
estado que necesito salir.

El
Odio el trabajo, odio la li-
teratura y por eso paso dos
o tres meses en que escribo
menos, sin sistema y luego
vuelvo otra vez. Son una
especie de ciclos que yo
mismo me voy marcando».
¿Es eso lo que hace que
sea un escritor algo lento?
- Es cierto, soy un es-
critor lento, al menos de no
mucha producción. Envi-
dio a los escritores feraces
y fértiles, y lo digo sin iro-
nía; por eso respeto mucho
a los periodistas y, sobre
todo, valoro su trabajo. Es-
cribo bastante despacio,
tampoco excesivamente,
aunque cada vez más. Re-
dacto a máquina siempre,
y luego esa primera versión
la someto a una corrección
a mano y vuelvo a hacer
otra versión, hasta hacer
después ya la versión defi-
nitiva: paso a limpio. Ten-
go una gran ventaja, y es
que soy muy buen
grafo, a máquina escribo
mucho mejor que a mano,
por supuesto; entonces to-
do ese tremendo trabajo
mecánico a mí no me asus-
ta. Nunca he dado a copiar
un texto mío, lo hago yo
mismo porque hasta en el
último minuto cambio algo.
Para mí, la literatura -me
da vergüenza decirlo así, pe-
ro...- es un trabajo mucho
más complicado y mucho
más sencillo. Es muy difi-
cil, una cuestión técnica de
tiempos verbales, de pro-
blemas sintácticos, de pro-
blemas léxicos; hay días en
que a uno le sale todo lo
que escribe con adversati-
vas y hay otros en que todo
sale en condicionales irrea-
les o yo que sé. Por otra
parte, a mi es verdad que
me viene la inspiración, pe-
ro siempre cuando estoy
tres horas en la máquina.
Quiero decir, que he re-
suelto el problema, más o
menos, y en ese sentido es
un trabajo muy burocráti-
co, de muchas horas. Así
es como yo lo veo, otros
escritores lo verán de otra
manera, y eso está bien.
Junto con Juan Marsé,
escribió guiones de cine de
los cuales ninguno de los
dos quieren hablar, eluden
la cuestión con cierto pu-
dor. Pero han quedado
guiños en sus novelas,
aquel chico Lionel, ¿qué
relación mantiene ahora
con el cine?
- Bueno, lo soporto más
del juego de esa vida pú- bajo de escritor, ¿es tan o menos. Voy al cine cuan-
blica que, por otra parte, ordenado? do me lleva mi hija, que
ironiza y descompone en tiene veinte años y de pron-
todas sus novelas. Sobre -Lo soy durante los me- to me arrastra a ver moder-
todo, le apasiona hablar ses de trabajo; a mí me nidades. Lo paso bien por-
de literatura. cuesta mucho distribuir mi que, por lo general, tiene
tiempo entre el ocio, el buen gusto y me conoce.
-Sigo manteniendo la cancaneo y el deber. Siem- Pero hoy no aguanto el ci-
misma actividad de voyeur pre digo que a mí lo que me ne del oeste, he visto mu-
y de lector que a los veinte gustaría es escribir por las cho.
años , pero llega un mo- mañanas, cuando Sabemos que le gusta
mento en el que te das cuen- que ir a trabajar al ministe- que le presenten actrices.
ta de que no puedes leer a rio, porque entonces se me
lo loco; yo siempre he leído ocurren cosas maravillosas - Sí, me gustan mucho
de todo y lo sigo haciendo, que no se 111e ocurren a las las cómicas, como yo las
una enorme cantidad de seis de la tarde, que es llamo, no solo porque sue-
periódicos, revistas, cual- cuando me pongo a escri- Pasa a pág. 47
minista, de. los movimientos juveniles o estu- la presión americana y por la presión de las
diantiles, comienza a surgir en esos años en ' propias universidades, introduciendo en el
España del mismo modo y por los mismos ámbito estudiantil a hombres con cierto pres-
motivos que en el resto de los países occiden- tigio de liberales dentro del Régimen, como
tales. Sólo que aquí este tipo de contradiccio- Ruiz Giménez, Laín Entralgo, A. Tovar, D .
nes se agudiza hasta el máximo, pues si la Ridruejo... Los acontecimientos del 56 y del
mujer o los jóvenes se rebelan contra el siste- 57 suponen el cierre de esta etapa liberaliza-
ma del capitalismo occidental, hay que tener dora, pero lo que nos importa a nosotros es
en cuenta que esta rebelión encuentra en cier- que si tomamos estos datos históricos como re-
to modo (para bien o para mal) unos cauces ferencia es solamente para situar el contexto
democráticos de expresión. En España, sin concreto en que una determinada literatura se
embargo, es evidente que el sistema capitalis- produce, pues en absoluto ello quiere decir
ta existente incluso niega esos cauces míni- que esa literatura dependa directamente de taJ
mos de expresión y de aglutinación de tales contexto histórico. Lo cierto es que la ruptura
movimientos rebeldes. El régimen franquista, con el sistema ideológico establecido sigue la-
la ideología pequeñoburguesa que lo sustenta, tiendo, sigue existiendo más allá de tal coyun-
impide desde luego cualquier tipo de expresión tura histórica o política. Y así G. Hortelano
o de organización públicas de tales movimien- recoge en su novela no sólo un tema tabú co-
tos. Hay que tener en cuenta todo esto para mo es el tema del aborto, sino que este tema,
situar históricamente el porqué las novelas esta anécdota le sirve como base para poder
objetivistas de G. Hortelano toman un aspec- desarrollar toda una serie de planteamientos
to de crítica histórica, precisamente una míni- estructurales en su texto, planteamientos de
ma visión de la realidad histórica española del base cuyo eje fundamental son las rebeliones
momento. No quiere decir esto en absoluto ideológicas de la juventud en general en Espa-
que la novela o la literatura española de esa ña, de los movimientos estudiantiles (por ejem-
época sean un reflejo directo de determinados plo: el tema de las pandillas) de la opresión de
acontecimientos históricos. No haremos nun- la mujer y todo esto siempre en relación con
ca una auténtica teoría literaria si no pensa- el eje fundamental del asunto, que es la rela-
mos que la literatura sólo se mueve directa- ción familiar de cada uno de los personajes, la
mente, sólo refleja directamente el nivel de la relación, por tanto, que indica objetivamente
ideología; por tanto, es absurdo pensar que que el problema de la quiebra ideológica pasa
una novela o una obra literaria en general va a sobre todo por el problema de la crisis de la
reflejar directamente el nivel político o el ni- familia, entendida no sólo en sentido tradicio-
vel económico de una sociedad. Este es el nal, sino sobre todo entendida como aparato
error de todo el sociologismo, de todo el con- básico del sistema establecido. Curioso: tam-
tenidismo; creer que la novela, su contenido, poco los personajes de Hortelano son perso-
refleja directamente niveles políticos o econó- najes en sentido estricto, puesto que nunca
micos. Esto es absolutamente falso, desde nos los muestra como portadores del sentido
luego. A la inversa, e.l error del formalismo o de su historia, sino como poseídos por una his-
del tecnicismo; puesto que la novela no refleja toria en cierto modo ajena y propia que los ha
contenidos políticos o económicos directa- producido así: como castrados sexualmente,
mente, ésto querría decir que la novela es un pero por ello mismo impregnados de erotismo
elemento lingüístico o sentimental abstracto, más o menos rugoso. Personajes producidos
por encima de la realidad. En ambos casos se por la historia y nunca poseedores de su histo-
Arriba: detrás de ignora que la literatura actúa, funciona en el ria. Nuevas amistades es así una crónica de
Rafael Alberti. García interior de una realidad objetiva, que se llama la destrucción, de la imposibilidad de solu-
Hortelano habla el nivel de la ideología. ción a ninguno de los problemas planteados,
con Carmen Balcells. Así debemos entender, en efecto, las refe- incluso en la anécdota del aborto se descubre
Abajo: las ediciones,
en distintos idiomas, rencias históricas que estamos haciendo res- que se trata de una falsa alarma, pero lo im-
de Tormenta de verano. pecto de las novelas de G . Hortelano. No es portante es que este tema drástico del aborto
que sus novelas reflejen una lucha política o ha servido de catalizador de una serie de pro-
sociológica en torno al aborto o a la mujer o a blemas ocultos, de frustraciones, de rebeldías,
los movimientos estudiantiles. Lo que sus no- de miserias, que no son en absoluto falsos, si-
velas hacen es plantear una serie de proble- no que son problemas que la novela simple-
mas ideológicos que están latiendo en la reali- mente apunta, describe sin solución, proble-
dad de su época y que luego se convertirán en mas que se prolongan mucho más allá del fin
problemas políticos y sociológicos... Pero a del texto. Creo que la posición de G. Hortela-
nosotros sólo nos debe interesar la realidad de no es máxima en este sentido. En la novela
esa estructura ideológica, de sus conflictos, de tradicional el problema se plantea a principios
sus líneas, de sus luchas, porque la historia li- del texto y se resuelve con la palabra fm. En
teraria no tiene otra realidad que la realidad última instancia toda esta novela tradicional,
de su ideología. Así podemos recordar que los la novela refugiada hoy en el folletín y en el
años 56 y 57 en España representan la prime- melodrama se basa en el engaño máximo que
ra aparición de los movimientos de contesta- consiste en plantear los problemas solamente
ción, a nivel estudiantil, en especial de la ju- en el interior del texto y sólo en él resolverlos.
ventud pequeñoburguesa que va a la Univer- Una novela de Corin Tellado plantea un pro-
sidad, acontecimientos que provocan históri- blema de una relación sentimental que no
camente una crisis en el interior del sistema marcha, pero al final el problema queda re-
franquista que en ese momento había iniciado suelto como en las viejas películas de Holly-
1 unos conatos de liberalización, sobre todo por wood con aquel inefable beso fmal. La nove-
Viene de pág. 45
len ser muy guapas, las có- prefiero en vivo. Con la
micas y los cómicos; el música mantengo unas re-
mundo del teatro, las per- laciones un poco conflicti-
sonas que fingen, el actor, vas. Confieso que oigo mu-
me fascinan mucho. Tengo cha música, aunque a ve-
muchas amigas cómicas a ces juego a ser un bárbaro,
las que quiero y con las a decir barbaridades sobre
que me llevo muy bien, y la música; pero es porque
yo creo que es porque ellas se trata de algo que a mí
perciben la admiración que me inquieta mucho, y pro-
tengo por su oficio. Pero he fundamente. Al mismo
dejado de tener el mito del tiempo, es una de las artes
cine. Hay cosas que sí per- más fáciles de ironizar,
sisten, que son los libros y porque es el arte que pro-
la pintura, yo no sé hacer duce más adeptos falsos.
la o con un canuto, pero Al se r técnicamente tan
complicada, exige conoci-
lística de García Hortelano rompe totalmente mientos y también un buen
oído, porque un oído malo,
con esta estructura hasta el extremo de que
aunque esté muy bien edu-
por eso resulta necesario que el problema cado, siempre será un mal
que parece central, el problema del aborto, re- oído. Pero en fin, la verdad
sulte falso, porque la novela no se concibe ya es que escucho mucha mú-
como la resolución de un problema interno a sica y ahora, a mis años,
una ideología, sin tocar la base de esa ideolo- me dedico con asiduidad
gía, sino que se concibe como un ataque di- la música romántica. Si me
recto a un inconsciente ideológico en bloque. lo hubieran dicho hace diez
Por tanto, esa infraestructura ideológica exis- años, no me lo hubiera
creído, lo cual quiere decir
te antes y después de la novela. Por tanto, lo
que no tengo un gusto for-
que a las novelas de G. Hortelano le interesa mado y que me agrada bar-
no es en absoluto resolver determinado pro- barizar sobre ella.
blema, sino señalar cómo esos problemas se- Lo ha demostrado so-
guirán existiendo siempre, mientras exista la bradamente en El gran
ideología de base que los provoca y que los momento de Mary Tribu-
sustenta. Lo veremos igualmente en su segun- ne, que ya desde el tamaño
do texto, Tormenta de Verano. Pero anote- parece un libro de exage-
mos antes el carácter de estructura circular de raciones.
Nuevas Amistades: en tomo al grupo o la - Efectivamente, sí, me
pandilla, sólo que ahora de adultos, se estruc- parece que la primera ver-
tura Tormenta de verano. sión tiene mil doscientos
Así, de la misma manera que El Jarama, folios, la segunda quedó re-
bajo su sentido directo o literal, bajo su deno- ducida a ochocientos y la
tación más inmediata, sin embargo acumula-
ba una serie de niveles y de significados muy
complejos a través de su estructura, incluido
Nuevas amistades:
el hecho de una referencia evidente a la Gue- arriba, durante el rodaje
rra Civil y a la guerra fría que siguió existien- de la película basada
do en España durante 40 años; del mismo en la novela;
modo ocurre en las novelas de G. Hortelano, abajo, primera y última
por lo menos en estas dos primeras: Nuevas páginas del manuscrito;
amistades y Tormenta de verano. en el centro, un fotograma
En efecto, la referencia que estos escrito- del film.
res objetivistas hacen a la guerra no es en ab-
soluto reducible a la Guerra Civil en concreto
y sus consecuencias posteriores. Por ejemplo,
la zona que F erlosio describe en su novela, la
zona del río Gascuña y del río Jarama, no es-
tá elegida gratuitamente, sino que tiene una
connotación simbólica muy clara, ya que en
esa zona se desarrolló una de las batallas más
sangrientas y más brutales de la Guerra Civil
del 36. Entonces es muy fácil establecer la
lectura literal diciendo algo así como que el
Edu3rdo G aldo
protagonista de esa batalla, en definitiva el
pueblo español, vuelve al mismo sitio de la . .. t.::.;si • . • tercera a unos setecientos.
batalla diez o quince años después, y, extraer Sobre la cuestión del alco-
• · ."'1· hol, pues no sé, las grandes
de ahí una parábola moralizante, algo así , .. ....... .
-.:. ""' .1r. "s'· cantidades las he visto be-
también como decir que aquella muerte es- .. - - - t. ·- ·""' .. - 4 • ..-:.,. ..........._t
ber y algunas de las mode-
u •• .,..... "' t... ""':' 1 l a . ;n- ... ..u. ...
pantosa del pueblo español sólo ha servido
para que este mismo pueblo siga explotado,
.,.,.,.u.- . •,
- ,............ ,....... -·"·
' '"'·· radas las he bebido yo .
Hay que tener en cuenta
alienado... tal como aparece en la narración que el que habla es un neu-
de Ferlosio. "'"'..:-A, "1 , . _ " ••.- . r ' •
rótico y exagera mucho. Es
un libro que está escrito en
ese tono hiperbólico, pero
111 .1 r"''' O o Oo o ' • .,. , . , . 4• "•"1 me cuidé mucho de señalar
las verdaderas cantidades
Evidentemente, una lectura de este tipo que se beben, que son can-
sería muy fácil de hacer y estaría suficiente- tidades muy apreciables,
mente justificada, tanto en el texto como posi- pero no cantidades exage-
radas. A mí no me gusta
blemente en la intención que llevó a Ferlosio hablar de mis novelas, de
a situar la acción de su novela exactamente en la que ya está escrita por-
esa zona y no en otra y a colocar a las capas que ya está escrita o por-
populares como protagonistas de esa misma que algunas ya las tengo
acción. Posiblemente algo de esto hay en la muy olvidadas; muchas ve-
estructura de las novelas objetivistas, y qué ces me preguntan sobre un
duda cabe de que también en el propio texto tema que no recuerdo en
podemos hallar elementos justificativos de· absoluto, porque cuando

-
una interpretación de este tipo. O sea, que los terminas un libro lo entie-
rras y ya estás pensando en
veo mucha pintura con la el siguie nte . Gramática
misma fruición y casi la Parda no, la tengo más re-
misma voracidad que cuan- ciente.
do tenía veinte años. En ·Leyendo el libro, da la
cambio con el cine no, y la impresión de que se divir-
televisión no la soporto na- tió mucho al escribirlo.
da, me fascina mucho de
entrada y puedo estar mi- - Sí, hice la primera
rándola una hora, pero sal- versión y traté de engañar-
go absolutamente enfermo, me a mí mismo. De pronto
irritado porque durante sentí que algo fallaba; me
una hora he estado fascina- decía que estaba bien, que
do irritándome contra mi eso lo yo, y du-
propia pasividad. Sin em- rante dos meses me estuve
bargo, hay una cosa que si- engañando hasta que un
go viendo porque me gusta día tuve el valor de decir
mucho, el fútbol, aunque lo Pasa a pág. 49
elementos de tal lectura podríamos resumirlos no puede haber una separación entre la causa
así: como si se tratase de la novela positivista, y el efecto por la sencilla razón de que la cau-
Juan García Hortelano aparecería aquí una relación causa-efecto sa sigue existiendo y no ha desaparecido, o
planteada en términos de contraste: el con- sea, porque la guerra no ha desaparecido, sino
Echarse las pecas traste entre lo que fue la matanza del pueblo que sigue existiendo de otra manera: de una
o a la espalda español en el Jarama en el 36 y lo que es, co- manera política, ideológica y económica.
mo efecto de esa guerra o de esa matanza, la El matiz es fundamental porque depende
-poesía- realidad del pueblo español en la misma zona de él el interpretar a nuestra novela objetivis-
de la batalla diez o quince años más tarde. El ta, bien como una simple estructura derivada
contraste así serviría para justificar la parábo- del positivismo, o bien, por el contrario, como
la moralizante, o sea, que la guerra no sólo ha un tipo de completamente nuevo,
sido mala, sino que también ha sido inútil. El con una objetividad mucho más profunda, un
pueblo español que luchó en el 36 sigue en los tipo de novela, en suma, que se encarga de
libros Hiperión años 50 tan explotado y tan alienado como en desvelar los auténticos mecanismos ocultos
los años 30. de la ideología dominante en la España de la
época. Así la técnica del contraste cobra un
Pero esta lectura es de hecho una injusti-
nuevo valor, aunque no deje de mostrar sus
cia cometida contra las novelas objetivistas.
insuficiencias: a) El contraste no es ya enton-
En realidad, el problema que plantean estas
ces un contraste entre el ayer y el hoy, sino un
novelas es mucho más complejo. Tanto Fer-
contraste entre el hoy y el hoy, o sea, una
losio, cuando alude indirectamente a la guerra
muestra de que frente a lo que dice la ideolo-
a través de esa zona de la batalla del J arama,
gía dominante, las diversas clases y grupos so-
como Hortelano cuando en su penúltima no-
ciales del país ni son unitarios entre sí, ni son
vela, El gran momento de Mary Tribune, unitarios respecto al sistema que domina. b)
alude al frente de Gandesa, de una manera
Inversión de nuevo de procedimientos tradi-
mucho más directa, es cierto que parecen ac-
cionales, ahora si, el melodrama: porque en
tuar sencillamente siguiendo ese esquema po-
este nuevo tipo de contraste la técnica narrati-
sitivista de la guerra como causa, la situación va objetivista no deja de poseer un cierto aire
actual como efecto y la comparación entre moralizante, romántico ... Es ésta la clave
ambas como un contraste condenatorio, un
normativa que estructura de arriba a abajo la
contraste moral, un contraste de inutilidades;
segunda novela de Hortelano, Tormenta de
la absurda y alienante situación actual sería la verano, donde se presenta una situación a la
manera más clara de condenar la absurda e vez global e individual: global, por lo que ha-
inútil guerra que provocó este efecto, esta si- ce a una burguesía veraneante; individual, por
tuación inútil y absurda que ahora se vive. lo que hace a diversos personajes y, en espe-
Repito que hay múltiples elementos en la cial, al protagonista, pertenecientes a esa co-
novela objetivista que justificarían esta lectu- lonia de verano. El problema de la novela se
ra. Pero pienso que el problema va más allá. condensa ya en el párrafo inicial del texto.
La clave, desde luego, de la novela objetivista Dice Hortelano: «Lo peor no fue que la chica
y sobre todo en Hortelano es la técnica narra- estuviera muerta, sino que apareciera desnu-
tiva del contraste: contraste entre la guerra y da en la playa». La contraposición moral, la
hoy; contraste entre los tipos de vida, los va- técnica del contraste está clara ya desde el
lores morales, entre las diversas clases socia- primer párrafo con una simbología total de lo
les en España. Pero la técnica del contraste es que va a ser el resto de la novela. Dos niveles
mucho más compleja de lo que parece y desde de contrastes si nos fijamos:
luego no se limita a la relación causa-efecto -Un primer nivel: la contraposición en-
(guerra-hoy), tal como podría parecer a pri- tre muerte y desnudez. Unos chicos encuen-
mera vista. La técnica narrativa del contraste tran a una chica muerta en la playa, pero para
es mucho más compleja por una razón muy la colonia de veraneantes burgueses el proble-
sencilla: porque lo que las novelas objetivistas ma no es que la chica estuviera muerta, sino
muestran en su propia estructura, en su propia que los chicos la vieran desnuda. Evidente-
objetividad (y fuera cual fuese la intención de mente, este primer nivel de contraposición
sus autores) es la auténtica realidad ideológi- muestra ese tufo moralizante al que aludía-
ca dominante en la España de estos últimos mos, o sea, presentar desde la primera línea
40 años: una realidad ideológica que casi ex- que los valores burgueses son hipócritas, alie-
clusivamente estas novelas han sabido poner nantes, crueles... incluso ante un hecho tan
al descubierto: en una palabra, una realidad claro como su contraposición frente a la pro-
ideológica basada determinantemente en el pia naturaleza, frente a la propia vida. A estos
hecho de que la guerra de clases no se había valores morales les tendría sin cuidado la pro-
acabado en absoluto, con el fmal de la guerra pia destrucción de la vida y sólo les importa-
caliente en el 39, sino que proseguía ahora de rían sus propias convicciones más o menos hi-
una manera fría, durante todos los años si- pócritas, esto es, la convención social de que
guientes, y el matiz es importante (y en toda los niños no deben ver a la mujer desnuda ...
teoría los matices son claves) porque el matiz Primer contraste que se desdobla inme-
consiste ni más ni menos en lo siguiente: en si diatamente en otro segundo nivel, que tiene a
pensamos la estructura de estas novelas den- la vez dos planos en la novela. Y es el siguien-
tro de la relación causa-efecto y por tanto te:
pensamos en una estructura positivista de la -Primero, la necesidad que el protago-
narración; o en sí pensamos, por el contrario, nista tiene de liberarse de todo este mundo
a estas novelas dentro de una relación donde moral y social que él juzga hipócrita y de al-
J.G.H. con Armando
López Salinas y Antonio
Ferres (primero y segundo
por la derecha).
Viene de pág. 47 sobre la propia moral, con
lo cual la moralidad es me-
no, está mal escrito . En-
nor, pero es cierto que hay
tonces decidí volver a es-
actitudes morales en esos
cribirlo, a reescribirlo, que
libros, aunque me c abree
es muy duro, como quemar
mucho. He de reconocer
un libro. Por supuesto, no
que quien opina así no va
lo quemé, y además apro-
tan descaminado. Me daría
veché muchas cosas de la
mucho miedo hacer libros
primera ve rsión, pero la es-
didácticos, es decir, a mí lo
tructura del libro es distin-
que más miedo me daría
ta. A pesar de este infierno,
sería parece rme a l Padre
aún así me divertí mucho,
Coloma. Pero, por ejem-
yo c reo que eso se nota
plo, en cuanto a lo del alco-
cuando el lector se divierte
hol es verdad que leyendo
también. Mira, una vez leí
Mary Tribune puede ocu-
rrir que al guna gente, yo
canzar un nivel de autenticidad. Es el proble-
ma de la alienación, que en ese momento está
creo que poca, odie el alco-
hol, jo pueda pasar todo lo
contrario, que le entre mu-
rJ_j
desarrollando Antonioni en sus películas, los cha sed!
sociólogos de Frankfurt (como Marcuse , ¿Qué está hacien do
Adorno, Horkheimer), y que están desarro- ahora?
llando igualmente muchos jóvenes teóricos de
la nueva izquierda que aparece a finales de - Ahora estoy esc ri-
los años 50 y principios de los 60 en contra de biendo una novela, la tengo
ya mu y avanzada y me
la sociedad de consumo y de lo que se llamó
acelero po rque ya estoy
la cosificación del hombre, o sea, su conver- pensando otra; he empeza-
sión en cosa o mercancía: un tema que desa- do a escribir cuentos, ensa-
rrollaron especialmente los críticos literarios, yos de laboratorio, como
sobre todo Goldmann, siguiendo las interpre- los de Apólogos y M ile-
taciones que Lukács había hecho del primer sios; soy de programación
capítulo de El Capital, donde se habla de la larga y de escritura lenta.
mercancía y de cómo el capitalismo convierte Hoy, du rante la comida,
a todo -también al hombre- en una mer- estábamos hablando preci-
same nte de eso, tendría-
cancía objeto de cambio.
mos que acelerar más, pero
Este tema, pues, de la alienación y de la es dificil cambiar. Además,
cosificación del sujeto es, pues, lo que se me resulta muy complica-
plantea en Tonnenta de Verano. Y así curio- do hablar de la novela si-
samente se reivindica de nuevo al personaje, guiente, porque si la supie-
al protagonista, no sólo como sujeto histórico se contar bie n probable-
al que se habría cosificado, sino que tal cosifi-
cación habría que eliminarla retomando a su
ser primigenio, y por lo tanto, narrativamente,
retornando desde el personaje destruido al
personaje casi stendhaliano. Así, retomar ese
.inesperado protagonista a través de un perso-
naje central que gesta la acción, que intenta
desalienarse y alcanzar su autenticidad rom-
piendo con toda la serie de valores sociales,
por ejemplo, abandonando la institución ma-
trimonial para buscar una relación más autén-
tica con otra mujer, y a través de sus relacio-
nes y sus amistades con determinados ele-
mentos de las capas populares.
El segundo apartado de este segundo ni-
vel de contraste se deriva lógicamente a partir
de aquí: frente a esta moral hipócrita y a estos
valores sociales falsos, propios de la burgue-
sía veraneante, estarían latentes siempre en el
texto los valores sociales de esas capas popu-
lares que serían, por el contrario, algo siem-
pre auténtico, real y no alienado.
Efectivamente puede existir, pues - de
nuevo- otra cierta lectura literal-falsa que
vea sólo una moralización fácil, un plantea- mente no la escribiría, ¿pa-
ra qué la iba a escribir?.
miento falseador de la realidad en esta técnica Formalmente, será un libro
del contraste propia de la novela objetivista y que tiene como historias
en especial de Hortelano. Pero está claro que independien tes, ti empos
la escritura magistral de Hortelano pasa siem- dis tintos, saltos tempora-
pre necesariamente por la ironía: sabe de so- les; cuen ta un poco una
bra que ni los burgueses son tan malos, ni los adolescencia y un juventud
proletarios son tan buenos, y en todo caso, el que ya no es tanto la mía,
problema de la ideología y de la lucha de cla- no es nada autobiográfico el
ses no es nunca un problema moral, sino de libro, o es menos autobio-
gráfico que otros. No tengo
intereses sociales objetivos que no tiene nada el tí tulo muy seguro, me
que ver con la alienación, con la cosificación... cuesta mucho, y me fastidia,
De cualquier modo, así se hizo la novela eso nos pasa a casi todos
objetivista española y su diferencia con la eu- los escritores, creo. Ahora
ropea es clave por este matiz de crítica social ·digo que lo terminaré en ju-
que el objetivismo español llevó siempre den- nio o en julio, en el verano,
tro, lo que nunca existía en el objetivismo eu- no sé, pienso que si. Sobre
ropeo, y por eso al terminar el análisis del ob- todo es un libro que ya está
hecho, por decirlo en la jer-
jetivismo español, este matiz de crítica social
ga, que ya se escribe solo,
nos permite enlazarlo con la otra gran co- - lo c ual es una ·manera
rriente narrativa que va a aparecer en la épo- absoluta mente infa ntil de
ca: el realismo. Pero ésta sí que es ya otra his- decirlo, porque ojalá un li-
toria - aunque sea la misma• bro se escribiese solo. Es-
Arriba, entre otros, pero que termine pronto de
una cosa de T homas Mann esc ribi rse, porque quiero
y de derecha a izquierda:
que decía que toda buena e mpezar otro que te ngo
J osé Maria Castellet,
novela para serlo, tenia muy visto también.
Mario Vargas Llosa,
que ser aburrida; yo pienso
Carlos Barral, Gabriel Este escritor media na-
radicalmente lo contrario.
Garcia Márquez y J .G.H. mente dotado para seme-
E n el centro, con Armando A sus novelas se les jante invento y aquejado
López Salinas y José achaca un cierto tinte de de una imaginación cróni-
M aria Castellet. Abajo, moralidad. ca ... reincidente en el culti-
en un coloquio con J orge - Es algo de lo que pre- vo de sus obsesiones y per-
Semprún y Ricardo Muñoz fiero no hablar porque en plejidades se levanta con
Suay (primero y segundo parte es verdad. Tengo una prisas porque había olvi-
por la izquierda). veta que podríamos llamar dado que tenía otra cita y
mora lis ta, cosa qu e me paga con el más absoluto
preocupa porque c reo no sigilo y discreción los ca-
serlo. Lo que si existe en fés y su ginebra con agua
mi s libros es mucha ironía tónica. Tiene p risa.
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El Juego de leer ·uersos
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Luis &arcra montero
desprecio a quien lo escribió». ¿Ocultar el ta-
lento? Es decir, sacarlo del andamiaje soco-
rrido y artificial de los versos para desplazar-
tomismo de la creatividad, la palabra sólo de-
be aspirar a convertirse en una vía de ínter- _
m
quiere expresar, por esencia, es anterior al ac-

lo, convertido en inteligencia, hasta la posi- pretación, en espejo de una realidad que ella
jemplo de pintor selvático, instintivamente ción personal del poeta que escribe y dirige la no crea, pero que sí puede reproducir. Los au-
E alejado de cualquier justificación teórica,
fue muy dificil sacar de Picasso algo más o
menos parecido a una definición de su labor en
escena. Una escena casi siempre urbana, por
lo demás, ya que es la gran ciudad, la Metró-
poli, el símbolo más alto de las relaciones his-
tores medievales glosaron la voluntad de Dios;
escrita con letras de oro por encima de ellos,
se limitaron a ocupar una posición ante su or-
el arte. Cuando un afortunado conseguía esas tóricas donde se aprieta este proceso. La luci- den. Los poetas románticos, convertidos en
palabras lapidarias, con propiedades eléctri- dez negativa de Las flores del mal culmina la dioses para ocultar el hueco dejado por la
cas, que se esperan de todos los genios, el re- tarea de resacralización encargada a la poe- muerte de Dios y, a la vez, para darle nombre
sultado no era excesivamente profundo y sía, pero también da paso, en un mismo tiem-. a su propia escisión, también se dedicaron a
parecía aconsejar los admirables silencios po, al desarraigo posterior del poeta con esta glosar, aunque en este caso reprodujeran un
creativos del pintor. Hay, sin embargo, una tarea. Ya era imposible caminar derecho sin paraíso encerrado en su propio corazón. La
declaración que, por su misma ambiciosa inge- descubrir esa mentira dormida bajo las sába- imagen de William Blake escribiendo versos
nuidad, debe ser tomada muy en serio, o al nas de la poesía, esa mentira que estaba a al dictado de una voz ajena o el juego automá-
menos así me lo parece, por todo lector de punto de convertirse en su verdad. tico de los surrealistas llevan el camino de la
poesía demasiado contemporánea. «El arte Las líneas siguientes tienen el propósito resacralización como tarea del arte, devol-
-dijo Picasso, explicando las aspiraciones de demostrar que Jaime Gil de Biedma es el viéndole a la poesía su manifiesta voluntad de
esenciales del cubismo- es una mentira que poeta español que mejor sintetiza este devenir glosa. Esto, utilizado en cuanto privilegio dé-
nos hace damos cuenta de la verdad». No se literario, caso singular en un país donde los senmascarador y mecanismo creativo, donde
trata de ningún descubrimiento: la paradoja es poetas son con mucha frecuencia arcaizantes la irracional ingenuidad pierde terreno ante la
antigua si no respetamos el contexto; si lo res- en sus estilos o anacrónicos en sus tonos. sabiduría y la existencia material de los poe-
petamos, Nietzsche había discurrido ya larga- Acostumbrados al cascabeleo amoroso y a la mas le sirve a Gil de Biedma para llegar al lí-
mente sobre el simulacro artístico. Además, rima natural del Tenorio, difícilmente podía- mite: el juego de leer y glosar se identifica
la desmesurada pretensión de los términos mos acomodarnos a los consejos desapasio- con el juego de hacer versos. A la hora de ha-
tampoco debe ser hoy muy atrayente, salvo nados de Ovidio. Gil de Biedma, tras algunos cerlos, el poeta no piensa exactamente sino
para ciertas vocaciones llamadas a la trascen- intentos conocidos (Unamuno, Machado, que recuerda con lucidez. Escribir poemas es
dencia. A pesar de todo, la frase de Picasso Cemuda), parece saldar por fin las cuentas de casi sinónimo de haberlos leído; la lectura se
merece un momento de atención por el orden los billetes pedantescos, exhibiendo en públi- revela como una experiencia más importante
estratégico y espacial con el que presenta es- co que no hace falta ponerse muy poético pa- que la experiencia de escribir, y no por lo que
tos términos ambiciosos; embriagadas en la ra escribir, leer o criticar poesía. Su obra es a uno le dicen sino por lo que a uno le hacen
solemnidad de su propia semántica, tamba- desesperadamente representativa porque lle- los textos, influyendo, provocando la forma-
leantes de pura abstracción, cada palabra va al extremo las dos caras de la moneda: nos ción de ese personaje literario que se va a
apoya su cabeza en el hombro de la otra para dice hasta qué punto la poesía es una labor de convertir en el protagonista ético y discursivo
sostenerse, y este apoyo accidental de dos ri- sacralización y nos ofrece la inteligencia co- de los poemas. Me refiero a esas lecturas que
dículos es lo único capaz de evitar la caída. mo alternativa desacralizadora. Quizás sea vuelven fuera de las horas de trabajo y que
La aparatosa soberbia de la frase queda feliz- posible comprobarlo. nos sujetan, igual que la vida, por su precisa
mente reducida a una constatación de humil- En las culturas sacralizadas todo discurso irregularidad. Nace así la única forma sagaz
dad decisiva, divulgando que la mentira del escrito es necesariamente una glosa, un ejer- de culturalismo, que por fortuna nos evita los
arte reside en que se presenta como verdad y cicio de lectura. Cuando la verdad que se museos abigarrados de lujosas imitaciones,
que, a partir de aquí, la verdad del arte consis- estatuas de yeso, países de enciclopedia, fríos
tirá en su autodescubrimiento como puro arti- mitos sin carne. Frente al espectáculo de la
ficio. Sólo la denuncia de su propia falsedad cultura personal, tan socorrido en poetas pos-
puede fundar un propósito nuevo para la poe- teriores, Gil de Biedma nos hace una invita-
sía. La fórmula verbal imperativa, el hos hace -+
utilizado por Picasso, tiene la virtud de qui-
tarle a la declaración un posible aire de conse-
jo que hubiera sido desfigurador; más que un
ideal, es la reflexión a posteriori sobre una ex- Lunes
periencia creativa particular. Pero después de todo, no sa-
Este juego dialéctico tuvo en seguida con- [bemos]
secuencia prácticas sobre los estilos. La dis- si las cosas no son mejor así,
tancia que provocó entre la propio poeta y su escasa a propósito -quizá,
obra, esa necesidad de no sentirse demasiado quizá tienen razón los días la-
anacrónico a la hora de escribir, de basarse
«en la dignidad de las palabras más corrien-
[borales].
tes», como dijo Coleridge en su Biografia li- Tu y yo en este lugar, en esta
teraria, trajo los versos a un desfiladero de [zona]
costosa prudencia. La historia de la poesía de luz a penas, entre la oficina
cambió el virtuosismo y la expresividad por la y la noche que viene, no sa-
lucidez; los poetas recibieron ese mismo con-
[bemos].
sejo que Ovidio ofreció en su Ars amandi a
los enamorados: «Ocultad el talento; que el O quizá, simplemente, estamos
rostro no descubra vuestra facundia y que en [fatigados].
vuestras tablillas no se lean nunca expresio- Manila, abril 1957 -
nes afectadas. ¿Quién sino un estúpido escri- Granada, Agosto 1983
birá a su tierna amiga en tono declamatorio?
Con frecuencia un billete pedantesco atrajo el
ción personal a la cultura como espectáculo, cedimiento más fácil y está generalizado en la aviso previo, versos enteros, conocidos o no,
lo cual no es cabalmente lo mismo. poesía por su similitud con las glosas litera- de otros poetas. Si Pablo Neruda había escri-
les. to: «Nosotros, los de entonces, ya no somos
2. Son muchas las fórmulas utilizadas b) El segundo procedimiento consiste en los mismos», desplazando el contexto, la E le-
por Jaime Gil de Biedma para convertir la citar directamente a otro poeta, más en el to- gía y recuerdo de la canción francesa acaba
poesía en una operación de lectura, herme- no de una conversación entre amigos que en así: «Nosotros, los de entonces, ya no somos
néutica dificil que establece los resultados de el de una prosa erudita. En De ahora en ade- los mismos, aunque a veces nos guste una
la madurez en la buena elección de una postu- lante escribe Gil de Biedma: «Cada mañana 1 canción». Mucho más discreto es el verso es-
ra ante las tradiciones y los otros. Entre estas trae, como dice Auden, verbos irregulares 1 cogido en Los placeres prohibidos de Cernu-
fórmulas, vamos a señalar ahora las más no- que es preciso aprender». El mismo modo de da: «Lágrimas por ser más que un hombre»;
tables; la decente parvedad de su obra permi- citar se repite en Trompe /'oeil: «La dulce va- en Noches del mes de junio, Gil de Biedma
te evitar las citas de los libros y las referencias guedad del sentimiento, 1 que decía Espron- escribe: «Cuántas veces 1 me saltaron las lá-
exactas, ya que el titdo de los poemas suele ceda». grimas, las lágrimas 1 por ser más que un
ser significativo por sí solo. e) Eludiendo los nombres propios, se hombre». La introducción de estos versos aje-
globaliza el oficio de poeta y se le concede a los nos cumple un papel más llamativo, amplian-
a) Una cita de autor clásico, colocada versos el carácter de una frase de uso común. do el mundo cultural de referencias en juego,
al inicio del poema, se utiliza después como E s el caso de Pandémíca y celeste; evocando cuando se trata de poemas escritos en otras
parte interior y apoyatura de éste. Barcelona concretamente una cita de John Donne, del lenguas. Utiliza así a Baudelaire en De senec-
ja no és bona, o mí paseo solitario en prima- poema The extasie («Loves mysteries in sou- tute: «Ni un arrepentimiento 1 que, por no ser
vera, Años triunfales y De senectute, por po- les doe grow, 1 But yet the body is his boo- antiguo, 1 -ah, Seigneur, donnez-moí la for-
ner tres ejemplos, son poemas donde citas de ke »), Gil de Biedma escribe: «Que sus miste- ce et le courage!- 1 invite de verdad a arre-
Rodrigo Caro, Rubén Darío y Góngora se rios, 1 como dijo el poeta, son del alma, 1pero pentirme 1 con algún resto de sinceridad».
anuncian al principio y aparecen posterior- un cuerpo es el libro en que se leen». Mallarmé aparece en Ampliación de estu-
mente en el corazón de los versos. Es el pro- d) A veces se incluyen en el poema, sin dios: «¿no era sencillamente la gratificación
furtiva 1 del burguesito en rebeldía 1 que ya
sueña con verse 1 te/ qu 'en Luí-méme enfin
1/étemíté le change?».
e) En otras ocasiones las citas no son
respetadas y se manipulan gradualmente, en-
mascarándolas dentro de los poemas. Las re-
ferencias aquí serían infinitas y deliciosas, pe-
ro bastará con algunos ejemplos. Bécquer:
«rumor de besos y batir de alas»; Gil de Bied-
ma: «rumor de pasos y batir de alas». Alberti:
«Yo nací -respetadme- con el cine»; Gil de
Biedma: «Yo nací (perdonadme) 1 en la edad
de la pérgola y el tenis». Mallarmé: «de la
langueur goutée a ce mal d'etre deux«; Gil de
Biedma: «La realidad -no demasiado her-
mosa- 1 con sus inconvenientes de ser dos».
Fray Luis de León: «de yedra y lauro eterno
coronado»; Gil de Biedma: «desnudos y rién-
donos, de yedra coronados». Y así hasta la
eternidad; la luz no usada del propio Fray .
Luis, uno de los conscientemente preferidos,
se convertirá en la luz usada que deja polvo
de mariposas entre las manos, y las citas de
Eliot (cansados hombres en pijama, noches
en hoteles de una noche), y las citas de ... El
desesperado y generoso «Sé más feliz que
yo» del padre Arolas, se transforma magis-
tralmente, si tenemos en cuenta la estructura
del poema Para Gustavo, en sus sesenta años,
en el fraternal egoísmo de «goza por muchos
años 1 sé feliz todavía».
j) Cerrando el círculo, Gil de Biedma se
cita a sí mismo y aprovecha su propio mate-
rial anterior, convirtiéndose en referente e in-
térprete. En un plano anecdótico podemos ver
como el inicio de Elegía y recuerdo de la can-
ción francesa estaba ya en el poema IV de
Las afueras; si preferimos el plano tonal y te-
mático, Contra Jaime Gil de Bíedma fue sin
duda anunciado en Loca.
Señalamos tan sólo algunos mecanismos
Arriba, Jaime Gil frecuentes para glosar la literatura anterior;
y Carlos Barra!; abajo, valdría aquí también referirse a la utilización
José Agustín Goytisolo .de estrofas clásicas, a la reelaboración en ro-
y José María Castellet. mance de un poema de Auden (At last the se-
---+
cret is out) o al homenaje que se hace en Al-
bada a Giraut de Bornelh. Algunos ejemplos
sólo porque no se trata de jugar a las adivi-
nanzas, buscando préstamos y espigando co-
mo perros perdigueros los campos. El prime-
ro en divertirse seria el propio Gil de Biedma,
viendo, junto a las citas descubiertas, las nu-
merosas piezas perdidas. Hay versos que es-
tán puestos para llamar la atención y versos
que necesitan guardar silencio. ¿y qué decir o
a qué apuntar? Los préstamos no residen sim-
plemente en un par de líneas recordadas; to-
nos, ritmos, maneras de cultivar el vocabula-
rio, encabalgamientos, terminaciones y sen-
tencias son heredados de antemano por cual-
quier letraherido. ¿Para qué limitar el juego
con precisiones no del todo reales o, al me-
nos, no del todo completas? Cuando Pandé-
mica y celeste cierra su primera estrofa con el
conocido juicio de Baudelaire, «hipócrita lec-
tor - mon semblable- mon frere!» , nos esta-
riamos quedando cortos al referirnos única-
mente al poema de Las flores del mal; tam-
bién está la sombra menos ruidosa de Eliot,
que utiliza el mismo verso, y no de manera
muy diferente, en El entierro de los muertos
de La tierra baldía ; o Cernuda, sosteniendo
el eco de Baudelaire en La glon"a del poeta ,
un conocido poema de 1n vocaciones: «Demo-
nio, hermano mío, mi semejante». Y es que la
poesía, hipócritas lectores, es un pañuelo,
igual que el mundo.
3. Gil de Biedma es un llamativo lector
de poesía mientras escribe; no lector de poe-
sía en cuanto categoria social (en el sentido
en que podriamos hablar de coleccionistas de
sellos o excursionistas dominicales), sino un
lector afortunadamente excesivo, es decir, al-
guien que pone en evidencia ese mecanismo
de glosa realizado en general de una manera Con Juan Marsé,
en La Nava de Asunción.
mucho más discreta. Es el resultado de una los límites del teatro; ahora se trata también un día antes del estreno. Por eso sabe estar
conciencia que conoce la sacralización, su dis- del único argumento de la obra. La lucidez se Contra Jaime Gil de Biedma y abrazarse tor-
curso de glosa, y que se desnuda para tomar encarna en la separación del yo personal y del pemente con él, vacilando de alcohol, cami-
distancia y desacralizar la palabra poética. La personaje que aparece en los poemas, distin- nando dudosos hasta el infierno de ellos mis-
lucidez se convierte necesariamente en el cau- to, equívoco, pero más por ser una persona mos.
ce y los poemas en el teatro de la inteligencia; poética que por constituir un engaño. La com- Este apoyo entre la verdad y la mentira,
el autoconocimiento, tener conciencia de la plicidad y la ironía son Jos lazos que exaltan simulacro fijado en el como si de El juego de
propia conciencia, es ahora el tema, el tono esta relación desdoblada, negativa, entre el yo hacer versos, provoca una de las caracteristi-
que nos cuenta cosas a la vez que describe un y su personaje. El verbo hecho tango, melo- cas más notables en los poemas de Gil de
argumento. Lo interesante ya no es la expre- drama, en las personas del verbo: el yo que ha- Biedma. Es costumbre de la mayoria de los
sión dinamitada, la certeza de un ángel caído, bla se convierte en tú o en él sobre la escena; autores españoles cuiáar mucho el final de sus
sino la peculiar relación de uno mismo con el poeta, director acostumbrado a gritar desde poemas, y, a veces, casi todos los versos van
uno mismo que se nos sirve en cada verso. su silla, no puede leerse a sí mismo, prefiere preparando, condensando, un posible estalli-
Esta intensidad de conocimiento, basada en corregirse, ver el teatro como si fuese siempre do final, una despedida solemne que deje en
una cultura formal y profunda, está en directa los labios su sabor por mucho tiempo. Quizás
contradicción con el carácter mítico y tradi- lo más interesante de Gil de Biedma sea la
humildad en estos mecanismos y la estrategia
cional de la poesía, conservada bajo unas cos-
tumbres demasiado rurales; ante las amena- JAIME GIL argumental de sus principios. Salvado el an-
zas de quedar desarraigado de la necesidad de DE BIEDMA helo de convertir la poesía en un asalto al lec-
tor, dictando versos como se grita un «manos
decir - como en realidad acaba sucediendo-
G il de Biedma pone en marcha un sistema arriba», el poema es cualquier cosa menos un
protector que intenta buscarle otro sentido a . acto espontáneo. Detrás de todas las sensa-
su tarea: el intelecto, la intensidad de la con- ciones hay una premeditación de crimen per-
ciencia en lugar del ánimo; escribir, desde la fecto, a largo plazo, porque aspiran a ser la
inteligencia, para inteligentes. renta de una lectura global y no el mensaje di-
Pero, así, el huésped secular de la poesía recto, momentáneo, del poeta; son conclusio-
es puesto en duda. Antes, para decirlo con pa- nes sacadas después de asistir al espectáculo
labras del propio Gil de Biedma, la relación completo, conclusiones que se levantan a tra-
entre el sujeto y su expresión marcaba sólo

MORALIDADES
vés de todo el poema, sostenidas por sí mis-

-
por
JAIME GIL DE BIEDMA


mas, sin necesitar finales rotundos. Los prin- simple conversación.
cipios, sin·embargo, como desencadenantes Pero en todo esto hay que remarcar un
de la historia narrada, deben estar perfecta- detalle implicito de cierta importancia: el poe-
mente vigilados para establecer el orden, el ma no está concebido como un lazo de comu-
tono de voz que se va a utilizar después. Gil nión entre dos sujetos (dos hombres sin
de Biedma suele abrir con afirmaciones ex- más), sino entre un autor y un lector, quiero
tensas que resumen desde el principio todo el decir, dos posiciones artificiales y premedita-
mundo del poema, sacado lentamente de los das en una cadena de relaciones poco espon-
primeros versos como la lana de un ovillo. Sin tánea de la que se tiene siempre absoluta con-
detalles concretos, que vendrán más tarde, el ciencia. La lengua de los corazones queda
lector se siente invitado a participar de una si- anublada y, como vínculo entre ambos, pierde
tuación que existe con anterioridad, fechada importancia la efusividad de la historia ofreci-
entre otros personajes. Me refiero a afirma- da; es la manera de ofrecer esa historia lo que
ciones de este tipo: «Fue esta mañana misma/ está en juego. Por ello, hasta donde se puede
en mitad de la calle»; «Predominaba un sen- llegar hoy en la observación de la literatura
timiento 1 de general jubilación»; «Indiscuti- contemporánea, parece que el camino del
blemente no es un mundo 1 para vivir en él»; progreso ha dejado en uno de sus márgenes a
«Los pinos son más viejos»; «Imagínate aho- la poesía experimental, prefiriendo, con una
ra que tú y yo 1 muy tarde ya en la noche 1 ha- vaga obstinación, la poesía experimeny¡da, el
blemos hombre a hombre finalmente». Todos modo de vivirla, la manera de hacerse uno
estos principios hacen de la ambigüedad su mismo poema en el poema.
sentido, insinuando que hay una serie de cir-
cunstancias, desconocidas para el lector, que ¿y qué lugar ocupa la experiencia en me-
deben tenerse en cuenta si se quiere llegar al dio de tales planteamientos? Gil de Biedma se
significado último de los versos. Que le sea acerca a ella como si hiciese también un ejer-
De izq. a dcha., devuelta la intriga a la poesía española es una cicio de lectura; me refiero, por un lado, a que
Ana María Matute, feliz consecuencia de cuanto llevarnos visto. en sus poemas cita sus experiencias del mis-
Ana María Moix, Gil Todo está preparado al detalle por el ojo cen- mo modo que unos versos de Mallarmé o de
de Biedma, chica tinela del director; el tono conversacional, sin N e ruda y, por otro, a que toma ante el recuer-
sin identificar,
depresiones ni vacíos, es el extremo justo que do de su vida esa postura de intérprete, de lec-

-
Carlos Barra!, Juan Marsé
e Yvonne Barra!. demuestra hasta qué punto no se trata de una tor que, como hemos visto, utiliza para es-
Jaime Gil de Biedma
Las personas del verbo

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A Juan, en nombre de la
peligrosa condición que
en ambos concurre: la de
(;JL DE BIEDMA cachondos sentimentales.
EL PIE DE LA LETRA
II'IIIAY081!11S-1979 Con un abrazo
Jaime

Dedicatoria manuscrita
de En favor de Venus
a Juan Marsé.

cribir. Los años pasan como las páginas de un «la enfermedad de pensar», donde los senti- simulacro para descubrirse como verdad. Las
libro, los hombres estudian la historia de sus mientos, en vez de intentar convertirse en ac- consecuencias de todo esto son unos cuantos
existencias en distintos ejemplares de un mis- tos, ascienden y se convierten en objeto de ra- poemas magistrales, ¿para qué más?, y una
mo manual y todos acaban haciendo guardia ciocinio o en orgullo intelectual. La imagine- poesía definitivamente desacralizadora.
en parecidas garitas. Los textos en prosa de ría de Gil de Biedma, el mundo de referencias Gil de Biedma dejó de escribir por su ex-
Jaime Gil de Biedma están llenos de giros y pequeños detalles sobre los que se detienen, ceso de ser inteligente. Ni siquiera Gil de
idiomáticos y pequeñas anécdotas biográficas en pausas bien estudiadas, sus poemas, nace Biedma podía seguir a la altura de Gil de
que podemos encontrar también en los poe- precisamente para dar significación abstracta
Biedma, una vez perdida la pasión de estar
mas. Se recuerda un portal romano, en vía del y general a un anecdotario cotidiano que pu-
haciéndose, inventándose como poeta, glo-
Babuino, con el mismo talante que se cita a diera parecer demasiado concreto. Al mismo sando la distancia con su propio personaje.
Cernuda; son anécdotas que refuerzan su pa- tiempo, los poemas sirven para resaltar lo que La lucidez es mala casa de huéspedes para la
pel de intérprete de la poesía o de la historia. de interiorización personal y dominación sen- poesía: en el piso de arriba suelen hacer ruido,
La función sociológica de la poesía social, timental tienen todas las historias. En resu-
los teléfonos no funcionan y las ventanas no
viaje de ida que llevó la historia a los conteni- men: si el simulacro se convirtió en verdad al cierran bien, dejando que la luz entre para
dos, se convierte aquí en una ampliación de descubrir que era simulacro, la verdad se hizo despertar al dormido. Descubierto el único
estudios. Lo importante no es que la experien- argumento de la obra, sólo queda repetirlo, y
cia condicione todo lo que se dice, sino que se Con Gil-Albert. esto no tiene mucho interés para el poeta. Pa-
oficie la poesía como medida de orden, como ra los lectores seguramente sí, quizás un re-
método de interpretación de una crónica exte- traso en el arte de ser maduro nos hubiera de-
rior y sentimental. La distancia provocada so- jado algunos otros poemas memorables que
bre los poemas por la lucidez es aquí un arma poder citar en las noches más imprevistas, si-
inevitable; por ejemplo, la guerra civil, vivida
guiendo el juego de la glosa. Pero Gil de Bied-
en cuanto experiencia personal, es cuidadosa- ma se precipitó al descubrir esa pareja inno-
mente separada de su significación como he- ble formada por la verdad y la mentira, con-
cho histórico. Los años felices de un niño de
trarios apoyados estratégicamente, cabezas
casi diez, otorgado a la libertad por unos acom- que necesitan el hombro enemigo para aban-
tecimientos accidentales, tienen poco que ver donarse, víctimas deliciosas de su ptopia em-
con la descripción posterior de un ambiente briaguez.
sórdido, unos sueños derrotados y un sistema
opaco de dominación. Paradigma de la signi- La glosa eterna y definitiva es la del lector
ficativa sustitución del ánimo por la inteligen- silencioso. Utilizando ese arte humilde con el
cia, llevada aquí a sus últimos extremos y ale- que hace las contraportadas de sus libros, re-
jada de cualquier humanismo, un hombre súmenes perfectos de un tono y un estilo, Gil
puede representar la historia de todos los de Biedma lo dice en la última edición de Las
hombres; el poeta, como protagonista de una personas del verbo (1982): «Quizá hubiera
fábula, puede contar la historia de todos los que decir algo más sobre eso, sobre el no es-
hombres que viven su propia historia. En me- cribir. Mucha gente me lo pregunta, yo me lo
dio de los himnos triunfales y las protestas li- pregunto. Y preguntarme por qué no escribo
mitadas, Gil de Biedma deja a un lado los inevitablemente desemboca en otra inquisi-
ideales para pisar el terreno más frrme y revo- ción mucho más azorante: ¿por qué escribí?
lucionario de la reflexión. En poesía analizar Al fin y al cabo, lo normal es leer». Y, genial-
significa esa operación que Coleridge llamó mente, nunca hizo otra cosa en sus poemas•
tranjera. En Inglaterra pasó algún tiempo de
su juventud el joven Jaime Gil, y allí se inició
en un vicio del que ya nunca se recuperaría, el
de la admiración por todo lo inglés. T.S. Eliot
y W.H. Auden son -él lo ha manifestado a
menudo- los poetas que más le han influido,
y la teoría expuesta en The Poetry of Expe-
rience, de Robert Langbaum, ha resultado

Palabras de familia fundamental en su obra. Todo el ensayo de


Langbaum sobre la poesía moderna a partir
del Romanticismo es un análisis de la postura
del autor ante su obra, de la cual, en buena
medida, pretende excluirse. Una de las técni-
cas más eficaces, según Langbaum, para in-
ción de ciudadano justo, solidario, inmerso en
manuel Bares su tiempo, choca con la inevitable nostalgia
por el mundo de la decadente burguesía, ya
tentar la objetividad es el monólogo dramáti-
co, nacido con el Romanticismo inglé s
(Wordsworth, Browning) y cultivado poste-
devenido en imposible mito. La «costumbre
riormente por los ya nombrados Auden o Eliot.

J
aime Gil de Biedma ya no escribe versos, de calor» , el refugio del bienestar, frente a las
lo deja bien claro en todas sus entrevistas. Gil de Biedma incorporará el monólogo dra-
convicciones de la persona, que tuvieron arrai-
No siente ya la necesidad de hacerlo. Pa- go después, siempre después de los hechos: mático a la tradición hispánica, donde ya ha-
rece ser que tendremos que conformarnos con Quien me conoce ahora bía tenido un ilustre precedente en Cernuda
Las personas del verbo, compendio de Com- dirá que mi experiencia -que lo tomó de la misma fuente.
pañeros de viaje (1959), Moralidades (1966) nada tiene que ver con mis ideas, El monólogo dramático viene a ser el dis-
y Poemas Póstumos ( 1968). Es cierto que y es verdad . Mis ideas de la guerra cambiaron curso de un personaje que resulta caracteriza-
también disponemos del Dian·o del artista se- después, mucho después do por lo que dice y, sobre todo, por cómo lo
n·amente enfermo y El pie de la letra, donde de que hubiera empezado la posguerra. dice. El carácter dramático le viene dado por
el autor, disfrazado de diarista y de critico li- (<< Intento formular mi experiencia de la guerra») la inclusión de distintas voces o sesgos tona-
terario respectivamente, utiliza «la poesía de Leer - y aprenderse- las teorias marxis- les. De esta manera se consigue evitar la uni-
otro para discurrir sobre la poesía que estaba tas en ediciones de lujo, cuando se es un poco dimensionalidad de la voz, que ya es comple-
yo haciendo» ( 1), pero no nos hagamos ilu- lúcido, acarrea problemas. Cuando la lucidez ja como la experiencia. Por otra parte, la dis-
siones. No hay poemas nuevos que valgan. es el principal atributo de la persona, adquiere tancia entre autor y personaje permite la in-
De este modo, nos encontramos en un dimensiones de obsesión. «Barcelonaja no es trospección psicológica y una mayor perspec-
campo perfectamente acotado, donde todo es- bona ... », «Infancia y confesiones» o «Amplia- tiva. <<Contra Jaime Gil de Biedma», «Am-
tá a mano y la mente no se pierde por los dis- ción de estudios» no son más que representa- pliación de estudios» o «Después de la muer-
gregados vericuetos de la evolución poética. ciones poéticas de esa obsesión, donde la voz te de Jaime Gil de Biedma» son ejemplos bri-
El conjunto de su poesía se caracteriza por del protagonista, a veces tomada por la nos- llantísimos de esta técnica, donde el personaje
una coherencia inusitada en nuestras letras. talgia o la autocompasión, acaba siempre por protagonista no es ajeno al autor (como hacía
Poeta tardío -publicó su primera obra a los juzgarse severamente. Un juicio hasta cierto Browning en My last Duchess), sino una es-
treinta años-, breve -ochenta y seis poe- punto malévolo, porque en el fondo exige una pecie de trasunto suyo donde siempre luchan
mas- y prematuramente finado - publicó su absolución: la del lector que, apiadado de una el «unigénito, hijo de Dios» -el poeta, respe-
última obra en 1968-, no hay cambios sus- conciencia torturada, cede y perdona. ¿Cómo table- y el «hijo de vecino, uno entre otros
tanciales en sus concepciones poéticas ni en no perdonar a quien dice: muchos» -el ciudadano (4).
la elaboración práctica. Las afueras, compo- a vosotros, pecadores Los críticos que se han ocupado de la
sición de juventud, no está tan alejada del res- como yo, que me avergüenzo poesía de Gil de Biedma han venido consoli-
to como se piensa. de los palos que no me han dado, dando la visión completamente esquemática
Toda su poesía, según explica en numero- señoritos de nacimiento de una obra dividida en poemas sociales y
sas ocasiones, no es más que el intento de in- por mala conciencia escritores poemas eróticos, o a lo sumo, añaden los poe-
ventarse una identidad. Inventada ya, y asu- de poesía social mas autocrlticos. Por encima de comparti-
mida, ¿qué sentido tiene seguir escribiendo? en un país donde las autojustificaciones han mentos estancos, la poesía de Jaime Gil de
La postura teórica de Gil de Biedma se sido siempre simples, unidimensionales? Biedma versa sobre la experiencia, ya sea
nos revela absolutamente coherente. No le Por supuesto, la distancia de estos poe- erótica, testimonial o literaria. «Un día de di-
engaña el espejismo de la sinceridad, ni el de mas con respecto a la poesia social es abru- funtos» no estará así muy lejos de «Pandémi-
la utilidad de la poesía -sustento de la poe- madora, porque la voz que habla en los versos ca y Celeste» o «Arte poética». Porque «lo
sía llamada social, que intentaba modificar el de Gil de Biedma no es falsa, impostada ante que importa explicar 1 es la vida», y ésta se
curso de la Historia. El mayor compromiso un auditorio, sino una voz cordial, que esta- compone de realidades bien distintas. Pero,
que un poeta puede contraer es con su obra. Y blece una relación de tú a tú con el lector. en cuanto que vividas, esas realidades ya no
a la de Jaime Gil ya no le caben más poemas. La desacralización del yo poético, en se caracterizan por su contenido particular
Se trataba de contar la vida de un personaje cuanto que se le despoja de su respetabilidad, -o, al menos, no es su rasgo distintivo-, si-
poético y de caracterizarlo psicológicamente de su excepcionalidad divina, es uno de los lo- no por su calidad de experiencia. En el re-
-aspecto éste poco usual en nuestra tradi- gros más importantes de la poesía del siglo cuerdo, la lectura de un libro -y las reflexio-
ción-, no de repetir hasta la saciedad el mis- XX. El protagonista poético de Las personas nes que pueda provocar-, el olor de un cuer-
mo poema. del verbo es uno más, consciente de sus lacras po estrechado y la exaltación solidaria en una
Riquísimas contradicciones son explora- -personales y sociales, privadas y públicas- , manifestación ya se componen de la misma
das en Las personas del verbo. El protagonis- perdido en el tráfago de la ciudad -la poesía materia. Y al traducirlos a poema, todos esos
ta -jse parece tanto a veces al autor!- está de Gil de Biedma es, como la de Baudelaire, recuerdos rendirán servidumbre a las pala-
escindido entre su pertenencia a la alta bur- animal urbano. El recurso del autor para lo- bras, esa «humilde cosa común» que habre-
guesía catalana y la conciencia culpable de grar la mayor objetividad posible en sus poe- mos de «tratar entre los dedos». «Palabras de
ese privilegio. ¿Cómo se puede escribir poesía mas, es decir, para desoír las tentadoras ofertas familia gastadas tibiamente» (5). Usar el úni-
social con estilográfica de oro? La firme vaca- del yo, es no hablar desde sí mismo, sino so- co artefacto de que se dispone, intentando
bre sí mismo. Para ello habrá que fabricar una modestamente que no se desboque, a sabien-
maquinaria teórica que facilite la labor: el das de que está viciado de otras manos, sucio
poema no será el reflejo de una compleja rea- de otras lenguas. Hacer lo que se pueda, bue-
lidad anímica, sino una representación de esa namente•
compleja realidad anímica (2) . En conse- ( 1) Jaime Gil de Biedma, <<Nota preliminar>>, El
cuencia, el poema no intentará contar una ex- pie de la letra , Ed. Critica, Barcelona, 1980, pág.
periencia real, sino el simulacro de una expe- 12.
riencia real ( 3). La cuestión de la sinceridad, (2) Jaime Gil de Biedma, << Prólogo» a <<Función
de esta manera, queda zanjada. Un poema de- de la poesía y función de la critica», en El pie de la
jará de ser verdad o mentira, puesto que no letra , pág. 27.
habrá de someterse al canon de lo real. Se re- (3) Alvaro Sa lvador, <<Para leer a Gil de Bied-
ma», inédito.
ducirá a un conjunto de materiales que, con- (4) Jaime Gil de Biedma, en <<Como en si mismo
venientemente dispuestos, deberán producir al fin », en El pie... , op. cit. pág. 333.
un efecto en el lector, base y objetivo del (5) Jaime Gil de Biedma, <<Arte poética», Las
poema. personas del verbo , Seix- Barral. Barcelona, 1982,
Toda esta maquinaria tiene patente ex- pág. 39.
A orooosno del contrato social:
oam1an Salcedo meaales
Literatura urelleHión en l. La literatura reflexiva de J. Benet

La obra de J. Benet representa uno de los


experimentos más interesantes de la historia
de nuestra literatura. Su característica más
llamativa consiste en ser una apuesta conti-
nua en contra de uno de los preceptos básicos
de la novelística decimonónica: la novela no
debe contener una reflexión prolongada a me-
nos que ésta se distienda a través de la acción.
M . Proust, T . Mann y W . Faulkner marcan el
punto de ruptura con esta tradición; pero J.
Benet ha realizado el esfuerzo más importan-
te que conozco para cumplir todo lo que pro-
metia aquella ruptura. En las novelas de Be-
net la reflexión es la protagonista.
La motivación por la que nuestro autor ha
'elegido este camino explica ciertos aspectos
de su concepción de la literatura. En varios
articulos Benet ha expuesto que si en el mo-
mento actual la ciencia pretende arrojar lo
inexplicable fuera de nuestro campo de per-
cepción, el deber del arte consiste en introdu-
cirlo de nuevo en dicho campo. Ello nos per-
mite comprender la peculiaridad de su estilo:
la reflexión misteriosa sobre el misterio. La
oscuridad - la ininteligibilidad, según otros-
de los escritos benetianos es el resultado ine-
vitable de situar el lugar propio de la obra de
arte en el lado oscuro de la naturaleza y la
historia humanas.
Los experimentos benetianos, sin embar-
go, no siempre acaban bien. A veces la refle-
xión no se deja transmutar en literatura (a ve-
ces el pensar es tan lúcido que es simplemente
pensar lógico). A veces la literatura no admite
el pensar y el arte de contar historias se rebela
contra una conceptualización literariamente
inapropiada. Pero, incluso cuando esos expe-
rimentos fracasan, en la medida en que están
bien establecidos en sus condiciones desplie-
gan una emoción estética: la belleza de una
lucha y una empresa imposible. Ahora bien,
en el éxito o en el fracaso, cada una de las pá-
ginas de Benet reclama nuestra sensibilidad
como lo reclama todo aquello que se encuen-
tra en las fronteras de lo que, sin existir, su-
cede.

11. El valor de la reflexión de J. Benet


A pesar del tono laudatorio de lo anterior,
no me siento autorizado para dilucidar la cues-
tión relativa al valor literario de la obra de Be-
net. En cambio me propongo abordar en lo
que sigue la cuestión -más picajosa, si cabe-
acerca del valor de la propia reflexión que
nuestro autor nos ofrece. Para establecer di-
cho juicio he escogido las opiniones conteni-

-
vista de la literatura, Benet puede destacar bastante.para destruirla y edificar, en susti-
como elemento primordial de su reflexión los tución de ella, una fábula del Yo. Puesto
procesos internos de una conciencia que es que, en realidad, lo importante no es que el in-
conducida por una inexorable necesidad des- dividuo acepte la Moral, sino que comprenda
de su estado natural a su estado social. Pero, que no puede dejar de someterse a un princi-
al reflexionar sobre la necesidad de ese paso pio de generalidad -sea la razón teocrática o
-sobre el sacrificio que conlleva-, la com- la contractual- que estructure las relaciones
prensión y valoración que nuestro autor ofre- individuales. En el momento critico se nos ha-·
ce del contrato es muy diferente de la que po- ce ver algo como esto: Es cierto, todo nuestro
demos encontrar en las obras de los teóricos sistema reposa sobre una fábula ¿y qué quie-
del mismo. Como veremos, el resultado de su res? ¿abrirle los ojos al ciudadano y demos-
reflexión es que tal forma de construir una so- trarle que la aceptación crasa de la realidad
ciedad requiere un sacrificio que, por injustifi- tal cual es no permite la menor esperanza?
cado e inútil, conserva lo esencial de cual- ¿que si el hombre se atiene a lo que es no
quier otra forma de legitimar la sociedad: la puede ni podrá trabajar por un propósito co-
sumisión del individuo a un principio abstrac- mún? ¿quieres eso? ¿te atreves tú a eso? La
das en Una meditación ( 1970) sobre uno de to al que no tiene acceso. Por consiguiente, conciencia que en este momento adquirimos
los asuntos de más alcance del pensamiento Benet no puede creer que el contrato social de que nuestra naturaleza nos arrastra a la
político actual: el contrato social. sea un artificio más ventajoso que cualquiera perdición -quizás la intuición de que el an-
de los que sustituye. helo de liberarnos nos llevaria a la muerte-
Ca historia de ·las sociedades humanas ha nos obliga al reconocimiento; amedrentados
llegado a un punto en el que ya no es posible firmamos el contrato que nos permitirá la
legitimar la conformación institucional de la tranquilidad -la comodidad- de lo repetible
sociedad como no sea a través de la apelación 111. El contrato social. y previsible. De este modo, la razón política
a un contrato. Con el término contrato no se consolida el poder -sea de donde sea que sa-
pretende nombrar la necesidad de un acto real Las teorías contractuales nacen con la que su legitimidad-, al crear un tipo de hom-
(ya ejecutado o por ejecutar) en el cual los in- época moderna y participan de su pretensión bre cuya esencia es el temor: «Volvemos
dividuos negociaran los principios básicos de general de abolir las teorías teocráticas me- siempre a lo mismo; es y será el miedo lo que
una cooperación justa. Por el contrario, lo que dievales. Para ello, argumentan que la única nos enseña lo que somos y lo que nos impide
el contrato resume son las condiciones de ra- fuente de legitimidad política es la voluntad ver lo que podemos sen>. Esta es la naturale-
cionalidad aptas para diseñar un esquema de individual; que no hay nada fuera ni por enci- za del sacrificio; lo que sacrificamos por mie-
convivencia que pudiera ser asumido por todo ma de los individuos en materia política; que do son las propias posibilidades de no ser
individuo racional. En consecuencia, las teo- ellos son los únicos capaces de inventar lo naturaleza temerosa, de ser de una manera
rías del contrato social centran sus objetivos que no está dado en la naturaleza: el artificio que no implique el sometimiento.
en determinar las características de una hipo- de la sociedad. Hacen, pues, a los individuos
tética situación contractual que permitiera a los depositarios del poder de construir, del po- Benet no solamente muestra la ingenui-
los individuos adquirir una identidad colecti- der de conceder poder, del poder de conducir dad de propósitos de las teorías contractuales,
va como expresión de una voluntad común. el curso de la historia. Como resultado la so- sino que en ello funda una acusación contra la
Ahora bien, en esa búsqueda las teorías ciedad es pensada sólo como un instrumento razón política en general. Aunque a través del
contractuales obvian el aspecto dramático de para garantizar la libre acción individual en la sometimiento y sacrificio se obtuviese un es-
la adquisición: el sacrificio. Al aceptar el con- persecución de sus fines; y el contrato es, a su quema de cooperación dentro del cual los in-
trato, las pasiones ceden su connatural afán vez, el instrumento para conseguir que esas dividuos pacíficamente pudieran perseguir
de prevalencia que les impide realizarse (ser) acciones sean armónicas y consientan el pro- sus intereses, ¿qué finalidad perseguiríamos
a cambio de una moderada realización en el greso de todos y cada uno de los miembros de con ello? Es decir, ¿para qué nos asociamos,
marco de la sociedad. Las pasiones pueden la sociedad. Esto es al menos lo que dice la si, como suelen repetir las teorías contractua-
ser, si aceptan reconvertirse en pasiones so- propaganda que las propias teorías del contra- les, no hay un instinto de sociabilidad? Si el
ciales (pasiones tranquilas, repetibles, previ- to hacen de sí mismas. Benet las califica de principio social es una fábula - por más ine-
sibles); y aceptan tal reconversión porque si ingenuas. vitable que sea-, ¿qué será cualquier fmali-
no lo hicieran ni siquiera llegarían a ser -por dad social que inventemos? Y si no hay una fi-
más que existieran-. Los teóricos parten de Su ingenuidad consiste en creer que han nalidad social, ¿está justificado el sacrificio?
la necesidad de tal reconversión como de un resuelto la cuestión relativa al poder. Piensan ¿En donde encontraremos el fundamento que
dato; la investigación contractual sobre el es- que el poder, al reabsorberse en la sociedad, nos permita reconocer como necesarios todos
tado de naturaleza establece las circunstan- desaparece como fuerza exterior de someti- los s ufrimientos que el vivir sometidos
cias por las que se ha de producir tal recon- miento; parecen pensar que si no se apela a - nuestra naturaleza temerosa- nos impone?
versión y, sobre todo, por las que es legítima una autoridad divina, la autoridad humana es ·
la configuración social alcanzada. Pero, la teo- más aceptable. Pero, (.hay alguna diferencia Como profesional de la filosofía política
ría no tiene tiene nada que decir sobre la signi- entre el poder teocráticamente legitimado y el encuentro algunos errores sustanciales en la
ficación -quizás demasiado existencial- de di- poder legitimado contractualmente? ¿No per- interpretación benetiana del contrato. Pero,
cha necesidad, puesto que su propio enfoque manece inalterable la esencia del poder, el so- su reflexión es literaria -no científica- y
le oculta ese aspecto dramático del contrato. metimiento del individuo a principios abstrac- creo que debe concedersele la legitimidad del
Por el contrario, la reflexión literaria des- tos? Los teóricos contractuales siempre se en- enfoque que ha escogido. Si lo hacemos así,
taca ese aspecto y se pregunta por el precio de cuentran con el mismo escollo: ¿por qué cada hallaremos en su obra algunas de las páginas
la reconversión pasional. Lo que yo quiero persona debe someterse a la autoridad esta- más sugerentes que pueden leerse actualmen-
destacar es que si Benet puede hacer del sa- tal? La respuesta suele ser de este tipo: por- te sobre el particular. Y ello - quiero subra-
crificio la pieza clave de su reflexión, es en ra- que cada persona juzga como beneficiosa yarlo finalmente- debemos agradecerlo a la
zón de que su pretensión no es teórica (cientí- la organización social en tanto que medio para riqueza de consideraciones que el propio enfo-
fica), sino literaria (narrativa). Lo que la cien- el fin que ha sido creada . De tal manera que literario permite a la reflexión. Yo no
cia toma como dato irrevocable sólo puede que todo depende de cómo cada persona quiero pronunciarme sobre si la literatura ha
aparecer cuestionado cuando la voluntad de valore el fundamento de su obediencia. Los salido beneficiada del experimento de Benet;
conocer cambia de objetivos: ¿qué nos intere- contractualistas suelen dedicar un amplio es- lo que sí puedo asegurar es que la reflexión ha
san las conductas generales o las conductas pacio a mostrar cómo el individuo por sus alcanzado una dimensión que tenia vedada
particulares de los hombres? Legítimamente, propios medios racionales - es decir, en tanto por el camino de la ciencia normal.
las teorías del contrato social están interesa- que conciencia objetiva- puede llegar a deci-
das en la racionalidad de la conciencia objeti- dir que es bueno reconocer la autoridad del Nota. Puede encontrarse una reflexión literaria so-
va - lo general que hay en cada individuo-. estado. Benet nos presenta, en cambio, el pro- bre el contrato social en las novelas de J. Le Carré,
Legítimamente también, la literatura está in- ceso por el cual el individuo se ve obligado a particularmente en la serie que tiene como persona-
valorar como beneficiosa su obediencia. je central a G. Smiley; mas esta reflexión se hace
teresada en la irracionalidad de la conciencia respetando el principio literario decimonónico que
subjetiva - lo particular irreconciliable con lo rechaza J . Benet.
general-. Por haber adoptado el punto de Consideremonos en la situación contrac-
tual. Supongamos que uno descree de la ra- Las opiniones de J. Benet sobre el contrato pue-
den hallarse en Una meditación, Seix-Barral,
zón teocrática; más aún, que opinamos que 1970, pp. 44-7, 192-5, 197, 216-19 y 231. Algu-
toda Moral (así, con mayúscula) es una su- nas de las ideas centrales de Benet sobre la literatu-
perchería. Pues bien, lo que a través del con- ra pueden encontrarse en el «Prólogo» a W . Faulk-
trato se nos hace ver es que eso carece de im- ner, Palmeras salvqjes, EDHASA, 1983 y en el
portancia; que si bien los principios de la artículo «Del pozo» en J. Benet, Del pozo y del
Moral reposan sobre una falacia, eso no es Numa, La Gaya Ciencia, 1978.

Con Juan García


Hortelano.
Fernando uaus
na pequeña pieza de un gran mosaico só-

U lo cobrará verdadero sentido para quien


contemple el mosaico entero, pues, lo infe-
rior puede desconocer a lo superior por ina-
barcable, de la misma manera que lo superior
a lo inferior por intrascendente. Y, con todo,
esa pequeña pieza de mosaico, ese libro, fruto
de un impulso ciego que nada tiene que ver
con palabras como inspiración o mensaje,
tenderá a constituirse en inútil réplica de
aquel gran libro cuya existencia desconoce».
Estas palabras sacadas del final de Estela del
fuego que se aleja muestran perfectamente el
proyecto narrativo de su autor. Un proyecto
ambiciosísimo, me atrevería a decir que el
más ambicioso de la novelística española de
este siglo, el intento de explicar el mundo, de
contarlo todo en un libro. Esta metáfora del
mundo, de la vida, como un libro en el que se
puede leer, la ha documentado perfectamente
E.R. Curtius ( 1). No olvidemos que toda la
obra de Luis Goytisolo la podemos entender
como una gran metáfora. Goethe, un escritor
·querido por Luis, había escrito: «Un libro vi-
vo es la naturaleza, dificil de leer, mas no ile-
gible».
Esta novela es el siguiente paso, la lógica
consecuencia de Antagonfa. Si ésta era una
obra sobre la creación, la nueva novela avan-
za un paso más y plantea la relación entre el W IS
GOfTlSOtD
creador y su obra, entre el creador y lo crea-
do, entre el sujeto y el objeto que acaba absor- Estela del fuego
biéndolo. De la misma manera que Aurelia- que se aleja
no, al final de Cien años de soledad, com-
prende que en los pergaminos de Melquiades
estaba escrito su destino, con cien años de an-
ticipación, y que en el momento de acabar de
descifrarlos Macondo sería arrasada por «la
cólera del huracán bíblico», ese «vuelo de ru-
tina que acaba en aventura espacial» que es
Estela del fuego que se aleja concluye afir-
mando que «tu vida es una historia escrita por
otro y, cuando las palabras se acaban es el fi-
nal». Viejo tema con ilustre parentela, quepo-
demos rastrear desde la cultura oriental hasta
Cervantes, Unamuno o Borges. Dice, por
ejemplo, el escritor argentino: «Yo tampoco
soy; yo soñé el mundo como tú soñaste tu

"Estela del Juego que se


obra, mi Shakespeare, y entre las formas de
mi sueño estabas tú, que como yo eres mu-
chos y nadie».
La novela narra fundamentalmente las in-
quietudes, las insatisfacciones, de dos perso-

aleía". uuelo sin retorno


najes A y B. En los seis primeros capítulos
conocemos a A , en el sexto éste decide la
«realización de un proyecto ( ... ) para perpe-
tuarse con él» (p. 107), cuyo protagonista se-
. rá B, «alguien que tanto podía ser su antítesis
como lo que tal vez hubiera deseado ser en la
vida» (p. 113), que se convertirá en la voz na-
rrativa de los capítulos VI-XI.

de
Pero vayamos por partes. ¿Por qué A o
B? Explica el narrador que «el recurso de sus-
tituir un nombre por una letra suele señalar la

-
voluntad de preservar el anon imato de alguien
1954: Los tres hermanos
Goytisolo, en la casa
paterna, con el ensayista
y filósofo uruguayo
Alberto del Campo.

que consecuentemente , no sólo existe real-


mente, sino que es persona conocida o cuan-
do menos allegada» (p. 202). Este problema
de identidad ya lo encontramos en el primer
capitulo titulado Adivina quién soy. Titulo
crucial para el sentido de una novela basada
en la insatisfacción de los personajes, en la
búsqueda de otro yo que les agrade más (re-
cordemos lo ya dicho respecto a B). Los títu- alcanzase el placer aunque fuese a costa de su impotentes o eyaculadores precoces. Más
los, además, siempre son significativos y, a propio placer, principio en que había sido aún: mientras los años tampoco pasan en vano
veces, enigmáticos en Luis Goytisolo. Recor- educado y al que siempre había procurado para el organismo del hombre, lo que ellos no
demos que Los verdes de mayo hasta el mar atenerse, por mucho que la nueva generación saben es que cada vez son más los chicos jóve-
procede de un sueño y el de la novela que pareciese plantearse las cosas de otra mane- nes que se sienten atraídos por la mujer madu-
ahora nos ocupa se justifica, según el autor, ra», p. 18). Curioso personaje esta Marie ra, en la que adivinan un sabia sensualidad
por la belleza del endecasílabo que forma. Claude que pasa de modelo publicitario a que por lo general no encuentran en las dema-
Aunque creo que no sólo por eso, pues pode- amante de uno de los fotógrafos más cotiza- siado insustanciales chicas de su edad. iY a
mos adelantar que los personajes están em- dos de París, a quien pone a parir, valga la ellos sí que les roncan los motores! » (p. 67 ).
barcados en un vuelo sin retorno, en un pauia- cruda expresión , acusándolo de crueldad Nada hay más sensible al tiempo que las
tino proceso de atrofia, de extinción, en una mental, y de quien quiere divorciarse, pues, relaciones familiares y de ellas trata este cuar-
estela de fuego. «a la corta o a la larga, también él hubiera to capitulo. La historia de su hermano Pisco,
El último capítulo titulado de la novela, el acabado plantándola>>, y que acaba ofrecién- ahora en un hospital psiquiátrico, que se dedi-
sexto, el postrer en que el protagonista es A, dose a A como secretaria o en su defecto como ca al cine, aunque «lo que realmente le suges-
comienza reflexionando: «¿Titulo como nom- chica de servicio, para volver fmalrnente, al tionaba era lo que todavía no había alcanza-
bre que designa, como escisión entre lo que el punto de partida, con el fctógrafo Gustavo do, lo que acaso estaba fuera de su alcance».
capitulo es y lo que el capítulo no es? ¿O aca- Sainz. La relación Pisco-Esteres una fotocopia, sin
so mera cesura en el continuo del relato, un que esta vez haya triángulo amoroso con A ,
relato cuyo propio desarrollo terminará por Capítulo de triunfadores el segundo. La de las que vimos entre Gustavo y Marie Clau-
asumir cualquier clase de subdivisión en un ti- burguesía catalana en Madrid. La visita a ca- de, con la conversación consiguiente en que
po de unidad superior, convirtiendo así las pa- sa de su antiguo e inseparable compañero de ella se sincera y dice que lo va a dejar, mien-
labras que debían singularizar cada capítulo colegio Mario Guitart. La aparición de Fer- tras A escucha callado. Pero Pisco también es
en un distintivo a la larga irrelevante? » (p. nando, gorila de su amigo y antiguo inspector la excusa, con la ayuda de los álbums de fotos
105). Se apela a la decisión del lector, a que de policía, aviva sus recuerdos de la clandesti- familiares, como en Señas de identidad, para
opte. En todos los relatos de Luis Goytisolo, nidad, su militancia y detención («la policía que aparezcan los recuerdos de infancia (¿no
sobre todo a partir de Antagonía, el lector española, el partido comunista, los servicios se- seria A una simplificación de Abecedario, co-
juega un papel activo, tiene que decidir, que cretos españoles, los servicios secretos ex- mo le llamaban de niño porque «se lo sabía
escoger, entrar en el juego de la narración, tranjeros; todos salieron ganando», p. 45). La todo»?, p. 180), la madre, «huella tanto más
que no es un juego. Esta lucha de contrarios, cursilería de Roser, la esposa de Mario, la hi- profunda cuanto que irrevocable, dada su
de opuestos (B es el negativo de A y lo que és- pocresía de éste .. . Título del capitulo: Esque- brusca y temprana desaparición del panora-
te hubiera querido ser), preside toda la novela leto del Reichstag (detalle). ma familiar» (p. 75), el padre, gerente de una
y prepara la escaramuza final entre autor y empresa constructora en suspensión de pa-
personaje. En Cadaqués. «Todos los hombres somos
gos ... , y las penosas relaciones, a lo que esto
iguales, todas las mujeres son iguales, y vice-
Pero, estábamos adivinando quién es A . le obliga, con el abogado Artigas, empeñado
versa», así comienza el tercer capítulo basado
Pues, un próspero constructor, casado con en explicarle su forma de entender la vida, su
en «el equívoco que encierra todo plantea-
Victoria, cuyo nombre quizá provenga de la casa, «clásico piso de la derecha del Ensan-
miento amoroso, la diferencia existente entre
abreviatura de Alex, como le llamaban en la che>>, y los tesoros que ésta encierra. Feroz
el significado que guarda para el hombre y el
clandestinidad, cuando todavía era estudjante, crítica -constante en toda la narración-
significado que guarda para la mujer, ambos
militante comunista detenido en CarabatÍéhel, contra la burguesía catalana, contra una de-
igualmente defraudados al término de la aven-
después de asistir a un congreso en Praga. terminada manera de entender el mundo, que
tura, ambos sin haber siquiera caído en la
Ahora un burgués acomodado que ha olvida- cuenta de la naturaleza de ese equívoco: dar ya vimos también en Antagonía. Esta rela-
do sus veleidades comunistas («nunca se ha- ción amor-odio con su propia clase social,
por sentado, al decir que dos personas se
bía sentido lo que se dice un comunista. Si ha- con su ciudad, Barcelona, que «cada vez que
aman, que una y otra se están refiriendo a lo
bía militado era más bien porque sus mejores mismo» (pp. 63-64) . Esto, ejemplificado en volvía encontraba más fea» (p. 23 ), e incluso
amigos se habían hecho del partido, por no las relaciones de A con Victoria, su mujer, barrio, «un barrio que se diría cada vez más
abandonarlos», p. 32), con afición a viajar en menudo y provinciano, más a la medida de lo
con Carmela Torres y Natalia. Todo un curso
avión o automóvil, a visitar al dentista, a ha- que la ciudad podía dar de sí» (p. 9).
sobre las posibilidades de las relaciones amo-
cer el amor ... rosas, sobre el dudoso valor de la.s palabras «Exhiba su billete, abono, pase, o docu-
El mundo familiar de A y sobre todo su amorosas, que acaba con el reconocimiento mento análogo antes de que se lo exijan. ¿En
viaje a París y su relación con Marie Claude y del fracaso, «cada día -afirma A de su mujer- qué demonios podía consistir ese documento
Gustavo Sainz, otro insatisfecho, un fotógrafo creía conocerla menos», y del mutuo desco- análogo?» (p. 92). Este recuerdo infantil del
que quería hacer cine, «hombre tétrico y adus- nocimiento de hombre y mujer: «Podía hacer- tren de Sarríá da titulo a todo este capítulo
to como el Duque de Alba pintado por Anto- les gracia la idea equivocada que los hombres quinto que trata de los veraneos infantiles y
nio Moro», ocupan el primer capitulo. O sea, suelen hacerse de las mujeres, pero, de creer juveniles en el Puerto de Pollensa, Caldetas o
españoles en París, la imagen del español en sus palabras, el hombre era una especie de ser en la finca de Perelada (lo que en Antagonía
París: izquierdista, hombre cumplidor en la primitivo capaz de apechugar con la primera era Vallfosca, la Noguera o Santa Cecilia:
cama («A se encontró haciendo el amor con mujer que se le pusiera por delante, indiscrimi- «posiblemente no había lugar en el mundo
Marie Claude en la penumbra del dormitorio. nadamente, a tiro hecho, como el perro que le- que A conociera mejor, la casa, los campos, el
Se sentía borracho y su principal problema vanta la pata sobre la primera piedra que olfa- paisaje, escenario habitual tanto de sus sue-
era el de que la erección lograse mantener la tea. Y, al mismo tiempo, les echaba en cara ños como de sus primeros recuerdos» , p.
consistencia y duración debidas, de que ella sus torpezas, sus fallos, con frecuencia medio 100). --+
El comienzo de este capítulo se esclarece
al cotejarlo con el siguiente. Si en uno ir al
dentista es como «encontrarse embarcado en
uno de esos vuelos intercontinentales», «de
hecho los factores ambientales no podían ser
más similares: el confortable sillón en posición
casi horizontal, la mejilla totalmente aneste-
siada y los ojos cerrados bajo el foco de luz, el
adormecedor zumbido de la fresa, la agrada-
ble presión de la teta de la enfermera contra el
brazo, mientras el pensamiento se libera, la
rutina cotidiana absorbida a la vez que la sali-
va por aquel succionador que ocasionalmente
realiza una sabia incursión en la base de la
lengua, un pensamiento que es casi un recuer-
do, un recuerdo que es casi un deseo, un de-
seo que es ya un destino final, descansar al
sol, los ojos entrecerrados, en una tranquila
playa del Pacífico sur, Tahiti, para ser exac-
tos» (p. 89). En el otro, «era realmente como
estar confortablemente instalado en el sillón
del dentista, al calor de los focos, con la man-
díbula adormecida y el oído arrullado por el
zumbido de la fresa y el ruido del succionador
de saliva que tan fácilmente podía dar lugar a
una perezosa pero difícilmente disimulable
erección» (p. 105- 106).
El adormecimiento que logra cuando vue-
la o cuando ocupa el sillón del dentista lo lle-
va a la reflexión que acabará provocando un
cambio de vida, una toma de conciencia, en
«la serena lucidez propia de la perspectiva ce-
nital, a nueve mil metros de altura, frente a
cualquier otra clase de perspectiva, siempre
más engañosa» (p. 107). A decide que es
«hora de relegar las notas a un segundo plano, ·
de dejarse de experimentos y trabajos prepa-
ratorios, y entrar de lleno en la realización de La noche de la fiesta
ser. Un individuo que tras dedicar casi veinte rehuir a Puig, al Jaumet de casa Amparo, al
un proyecto que acaso jamás iba a terminar y de Las afueras .
años al estudio de la ignominia en el mundo, Giró, al cabo Miranda o al bobo de Mario el
que, no obstante, quisiera terminar para per-
«dedicación que estaba en la raíz de mi hábito de Correos. Por no citar el bar de F errán, el
petuarse con él de modo semejante a como po-
de rehuir en lo posible el contacto con la gen- mejor situado del pueblo, que siempre espera
dría perpetuarse a través de un hijo clónico
te» (p. 119), se aparta de éste por sentirse aje- de B -como intelectual de relieve- alguna
[... ]Es decir: contribuir a un proceso de crea-
no, por sentir que la vida se le escurre entre frase ingeniosa o brillante. Aunque el espec-
ción permanente susceptible no ya de justifi-
los dedos, por sentirse acogotado, instalándo- táculo mayor del establecimiento, lo que qui-
car la vida de todos y cada uno de esos auto-
se en un pueblo de la costa con su perra zá justifica en el fondo su existencia, se pro-
res sucesivos, sino, asimismo, asumirlos a to-
Noisy, dándose cuenta -igual que antes hizo duce con la transmisión de los partidos de fút-
dos en uno sólo, a imagen y semejanza del au-
A- de que necesita imprimir un cambio de bol: «los viejos son arriconados por un públi-
tor por antonomasia » (p. 107, el subrayado
rumbo en su vida. co de jóvenes que siguen el encuentro como el
es nuestro: FV). Este es el proyecto que se
Ya hemos visto que B es una creación de desarrollo de un coito del que cada uno se
cumplirá a lo largo de la novela donde los au-
A y por tanto comparte mucho con él: pasa- siente protagonista: contraataque bien ligado,
tores sucesivos serán, B, V y donde empieza
das actividades políticas clandestinas, el pri- penetración profunda y igol! igol! jgol!, un gol
la respiración.
mer amor, un hermano demente ... y un (N)ue- como un orgasmo que hay que repetir cuantas
Así como se adormece en su asiento, así
vo (P)royecto: el N .P., que supone -y aquí el veces sea posible>>(p. 131 ). Y no hay que ol-
su visión global de la obra en proyecto, que
círculo se cierra- un cambio de vida, sobre vidar la playa ... El triunfo de B consiste en ser
incluye la historia y su narrador. Proyecto
todo, respecto al trato con la gente. B resuelve una persona conocida en todo el pueblo y a la
que cristalizó tras un encuentro con un anti-
acabar con la hipócrita cortesía , pues sus vez anónima, en estar y no estar, en que la
guo profesor de lengua española, un pobre
problemas derivan de su excesiva amabili- gente lo vea sólo cuando él lo desea, para esto
hombre, un don nadie. Encuentro similar al
dad, y toma como modelo al pem'to de las no hay nada como la «famosa capa de los
que tuvo posteriormente en el aeropuerto con
praderas. Convierte sus días en una sucesión cuentos de hadas» que le hace invisible a
un hombre derrotado al que no reconoció,
de hábitos que le sirven de burbuja protecto- voluntad.
mientras un paralítico con boina negra y gafas
ra, en una especie de liturgia que lo aisla de Temas que surgen a borbotones, yendo y
oscuras - futuro de A que volverá a aparecer
los demás. Aunque esto no deja de tener sus viniendo, afirmando y negándose, por «un pe-
fugazmente en un par de ocasiones- está a
inconvenientes, ya que esta repetición de mo- culiar proceso de asociación de ideas», lo que
punto de atropellarlo.
vimientos, estos hábitos, hacen que los demás el protagonista llama «las cuentas negras de
Probablemente de ese primer encuentro lo puedan tener controlado, así sus paseos a la lechera. U na idea trae otra, y ambas engen-
surgió también el protagonista B, que se con- lo largo de la costa incluyen siempre un sorteo dran una tercera que, combinada con las ante-
vierte en la voz narradora de los siguientes ca- constante de obstáculos, una toma constante riores, da lugar a otras que a su vez se combi-
pítulos. Pero, ¿quién es B? Ya lo dijimos, B es de precauciones: en dirección sur siempre es- nan entre sí, originando una proliferación de
la antítesis de A o lo que éste hubiera deseado tá el pelmazo de Rius, hacia el norte hay que ideas negras que se propagan en progresión
-
El plano de la Antagonía.

1
geométrica» (p. 173): el paso del tiempo (pp.
139, 149 y 170), las relaciones familiares (la

l
locura familiar, su matrimonio con Lola, «fas-
cinado por aquella imagen [... ] que representa
una diosa de vulva desdentada», p. 150), su
vigor sexual, la caída del cabello, las canas
(pp. 114, 151, 155, 169, 197 y 201), su aver-
sión por los espacios cerrados, rodeado de
gentes (p. 160), y otra vez la clandestinidad
(la policía «era el meollo de todo aquello don-
de estaba instalada la verdadera locura: una
estructura organizativa clandestina, tan per-
fecta como irrelevante, desarticulada por una
estructura policial no menos perfecta ni irrele-
t
vante en la medida en que su función consistía
en la inútil desarticulación de una estructura
inútil. Mi impresión era la de estar presen-
ciando la adaptación de una obra de teatro a
cargo de un grupo escolar. Es decir: una adap-
tación en la que lo que se simula no es una
presunta realidad, sino una representación
'teatral a cargo de profesionales, una minucio-
sa adaptación que sus jóvenes intérpretes muy
..
.. ...
probablemente terminarán por considerar dig-
na de profesionales. O, más sencillamente: un
grupo de niños que juegan a policías y ladro-
nes reproduciendo algunas situaciones de una
película que acaban de ver»).
El capítulo noveno lo podemos entender
como una disgresión de B, que nada tiene que
ver con el N.P., sino con el estado de ánimo
del protagonista después de tantos años dedi-
cados al estudio de la ignominia. Si en Anta- Luis Goytisolo), famoso escritor finlandés lle- «escribir un libro a través del cual le fuera po-
gonía la metáfora del cuadro ocupa un impor- gado al pueblo, las lineas maestras de su obra, sible llevar en la realidad el tipo de vida que
tante lugar, aquí el recuerdo de los maestros su centro argumental, similar -quizá porque su propia realidad le había negado. Un libro
flamencos, «la lucidez de las conexiones que lo es- al escrito de A. Material narrativo or- cuyo protagonista fuera el reverso de lo que
establecen entre comida, muerte, sexo, dine- ganizado en tomo a unos núcleos temáticos: era V». Esto nos suena. Se cierra el círculo.
ro, tormentos, procesos digestivos y excre- protagonistas, amigos, matrimonio, familia, El nuevo protagonista, Donde empieza la res-
mentales, animales monstruosos, vegetales infancia, actividades polítil.!as de su época de piración, comienza a su vez la narración de
aterradores» (p. 159), marca todo el capitulo, estudiante, aventuras amorosas ... su propio libro que protagonizará -en un ver-
y en cierto sentido toda la novela, y nos mues- Todos estos episodios aparentemente in- dadero vuelo sin retorno- Oscura narración
tra como en un mosaico una determinada ma- conexos y hasta irrelevantes nos van dando la de los Tiempos, poco envidiable negativo de
nera de vivir: el espectáculo de un restorán en imagen del personaje . Y siempre con una su creador.
domingo, familias enteras comiendo, la ima- constante sensación de hablar demasiado, Este juego en el que todo se contrapone y
gen obsesiva de mejillones y langostas (pp. porque aquí los personajes pocas veces con- se anula, en el que la vida para ser vivida tie-
159 y 173), «que salidos del marco del bode- versan, casi siempre uno hace de callado in- ne que ser escrita, concluye con la atrofia pro-
gón, arremeten contra el mundo exterior, an- terlocutor. Pero, se pregunta B, con lucidez, gresiva de Donde empieza la respiración , si-
tes devorando que siendo devorados», ese ve- «¿el desarrollo de ese libro no puede suponer milar a la que sufrió V, en una irreversible y
cino que por diversos procedimientos, físicos embarcarse en un vuelo sin retomo en la me- paulatina identificación. Con la consiguiente
y fisiológicos va expulsando todo lo que aca- dida en que la propia dinámica de la obra de- desazón de B que encuentra en el manuscrito
ba de engullir, aquel otro del cine -tan gordo sencadena una serie de fuerzas susceptibles de de V su propia obra: la escrita, las notas y lo
como el anterior- que apesta a carne asada o desviarle de lo que en un principio había cons- previsto, lo pensado. .
un tercero que te obliga a abandonar la sala tituido su objetivo?» (p. 185 ). Y con la misma Con la inesperada aparición del llamado
porque no deja de «toser en catalán, de estor- lucidez, y llegando a los límites, afirma B que V, sueño de A, concluye este viaje hacia el
nudar en catalán, de sonarse en catalán» ... su obra es «algo así como un vuelo de rutina Círculo Polar Ártico, viaje sin retorno que no
La vida y la muerte, las esperanzas del ser que acaba en aventura espacial» (p. 185). Re- sabemos donde nos llevará, si a' un accidente
humano no mayores que las de ese paralitico lación creador/obra que se completa con lo aéreo (p. 199) o a la eternidad.
y ciego que aparece y desaparece como una que calla B, la estructura logística del N .P., «Tu vida es una historia escrita por
estela de fuego que se aleja hacia no sabemos las condiciones idóneas para su trabajo crea- otro y, cuando las palabras se acaban,
donde. «Una vida que se esfuma, no ya como tivo. es el fmal».
un soplo, sino como un pedo blando y quedo, El desenlace avanza a pasos agigantados
corruptos por igual éste y aquella» (p. 165), y en las últimas páginas del capitulo X, cuando
unos personajes que se aferran a ella con la de manera imprevista aparece, y desaparece, NOTAS
l . L iteratura europea y Edad Media Latina, F.C.E.
misma insistencia con la que avanza su proce- un desconocido manuscrito, obra de V (¿la le- Méjico, 1976, pp. 423-489. Vid. También Andrés
so de atrofia, de disolución ... La vida hay que tra V o la cifra 5 en romanos? ¿no será el Sánchez Robayna, «Góngora y el texto del mun-
entenderla como Puig su negocio: «algo de lo quinto capítulo de nuestra novela?) y que lle- do», Tres estudios sobre Góngora, Llibres del
que hay que sacar el máximo rendimiento du- va por titulo el nombre de su perra Noisy. Mall, Barcelona, 1983, pp. 35-57 y Jaime Siles,
rante un periodo determinado» (p. 163 ). Afirmación y negación. «El libro como metáfora del mundo», El libro es-
B expone a Suil Yotgoilos (anagrama de Nuevo manuscrito con el que V pretendía pañol, núm. 324, Vl/ 1985.
una tarde con

Jornl Ulllaronua
ace tiempo adopté la costumbre de, una

H vez haber dejado a José Agustín, llegar a


mi casa raudamente para anotar todo aque-
llo sobre lo que habíamos hablado. A uno le
encantaría llevar permanentemente conecta-
do un aparato grabador cuando está con él
en su casa, entre trago y trago de agua (mien-
tras lee, relee, corrige, añade, compone, con-
sulta y estudia con minuciosidad cada uno de
los volúmenes por aparecer de la colección
bilingüe que dirige en la editorial Llibres del
Mall: Puedes estar seguro de que en este libro
no hay ni un fallo, y no lo hay) o tomando
unos quesos con vino blanco en el bar de aba-
jo; pero a José Agustín no le gusta demasiado
que le anden grabando: Tienes muchas más
posibilidades de equivocarte y no se deja,
o se deja con reparos. Hoy he conectado el
grabador toda la tarde, pero al aparato, por
generosa cortesía con el anfitrión, no le ha
dado la gana de registrar ni una puñetera
frase. Tú apunta, luego te acuerdas de todo, es
mejor.
Personalmente no conozco mejor con ver-
-

Granada, diciembre
de 1956. J.A.G . da por
terminada (y ganada)
una partida de ajedrez
con Jordi Villaronga
(con J.A.G., en la foto
de la derecha).
sador que este hombre. Enlaza un tema con rias y dominar luego toda la franja del litoral,
otro, cada palabra le sugiere un nuevo hori- hasta Valencia, llamó a ese territorio Hispa-
zonte, fotografia imágenes que recuerda en nía, cuya capital fue Tarraco. Años después,
ese instante; empieza con el Lobito Bueno y ulteriormente, el resto de la Península fue la
el anarquista Pirata Honrado, sigue con Ju- Hispania Ulterior cuya capital, fue Mérida
lia, El Retorno, Aranguren, Final de un (Emerita Augusta), que posteriormente se se-
adiós; viaja a Perú y se mete en sus cárceles gregó en dos: la emeritense y la bética.
(el Lungancho, el Frantón), acomete el tema (Acerca de los niños y los cuentos).
del referéndum, sorprendente surge Angola,
el MPLA, la bomba de cobalto, entristece Yo no tenía intención alguna de escribir
con Martin Santos, pasea por Madrid, va de los cuatro cuentos. Un día Juan Ballesta, el
una tertulia a otra, se desahoga en el cine ilustrador de los libros, me dijo: Fíjate qué
Barceló para abalanzarse después sobre la cuatro personajes tienes ahí para cuatro histo-
derecha y la izquierda; recuerda amigos, rias. Yo le respondí que no había escrito nada
Costafreda, Ferrater, Vinyoli; recorre y hacer sobre ellos, que simplemente los utilicé para
recorrer al que está con él un lucidísimo itine- decir que el mundo debiera de ser al revés.
rario lleno de sugerencias, aclara conceptos. Ballesta insistió: Pues cuenta quienes son el
Lanza ideas, catapulta nuevas sensaciones y, Lobito Bueno, el Príncipe Malo, la Bruja
poco a poco, del mismo modo que ha ido, Hermosa y el Pirata Honrado. Y puesto que
vuelve pausadamente al origen de la conver- ya tenía más o menos una idea de cada cual,
sación: Fraga, Felipe, Perón, el populismo, pues Julia solía preguntarme por ellos, me pu-
Norteamén·ca, Rossana, la anchoveta de El se a inventar sus historias, y así surgíeron, po-
Callao, Lima y la huida apresurada, Agos- co a poco, los cuentos.
tinho Neto, el marxismo, la elegía, Palabras Los niños siempre preguntan con tino,
para Julia que escribí cuando ella tenía ocho preguntan cosas que sospechan o conocen,
años y fue entonces cuando dije aquello de que pero quieren saber si se lo confirmas o por si,
el mundo debía ser al revés, Paco Ibañez, la al contrario, les engañas. Y esto lo notan en-
Bruja Hermosa y el Príncipe Malo. seguida. Por ejemplo, no hay que cambiar el
A continuación encontraréis lo que po- tono de voz al hablar con un níño, ni abusar
dría ser una conversación con José Agustin de los diminutivos, pues cuando ellos consta-
Goytisolo en una tarde barcelonesa. A partir tan que normalmente no te diriges así a otras
de aquí sólo habla él, ya que no he conside- ·personas, piensan que cuando estás con ellos
rado necesario reseñar las pocas preguntas les estás tomando el pelo. El niño sabe inme-
que le dirijo, pues son ampliamente deduci- diatamente que existe un mundo que le está
bles a través del contexto de sus respuestas, vedado: el mundo de los mayores, y le duele
ganando, de esta forma, un espacio que ocu- no poder penetrar· en ese mundo al que se
pará quien lo debe de ocupar. acerca una y otra vez para averiguar cosas, y
(Razón del idioma empleado. Método para en el que no solamente no averigua nada sino
la difusión y exportación de la literatura ca- que, además, es engañado.
talana. La Marca Hispánica). (Hablamos de Serrat, de su "niño deja ya de
Mi familia, por vía paterna, es vasco-cu- joder con la pelota", de Paco lbáñez; de
bana de origen, pero mis hermanos y yo naci- cuando el padre, el maestro, los amigos, "la
mos en Cataluña. En mi casa el idioma em- muchacha que amó", le decían: "no sirves
pleado usualmente era el castellano, y en cas- para nada'}.
l. Barcelona, 1933/34
con su hermana Marta. tellano escribimos los tres hermanos. Lo que No servir para nada es servir para todo,
. 2. Final del Campeonato ocurre es que yo me interesé luego, por mi pues lo contrario de no servir para nada es
de Cataluña de aficionados, cuenta, en aprender catalán cuando este idio- servir para notario, por ejemplo. Quiero decir
1946. (Bonanova,jugando ma estaba prohibido por la dictadura, y pronto que uno es mucho más libre no sirviendo para
en el campo del R.C.D. empecé a traducir a poetas y prosistas catala- nada que estando desde pequeño predestinado
Español de Barcelona). nes al castellano, idioma en el que pienso y en para ser algo o con la obcecada obsesión de
3. Barcelona 1965, mitin el que me sé expresar sin traducirme. Me gus- deber serlo.
con estudiantes. ta mucho la literatura catalana, y con mis ver-
4. Moscú 1970, Le dediqué Palabras para Julia a Paco
con Evtuchenko. siones bilingües en la colección Marca His- lbáñez que musicó algunos poemas, entre
5. Barcelona, 1985. pánica pienso que ayudo a su difusión. ellos el cuento Érase una vez un Lobito Bue-
, La mejor manera de dar a conocer la lite- no, pero conste que yo nunca he escrito un
ratura catalana es proporcionando a los estu- poema para una canción, entre otras cosas
diantes de otras nacionalidades del Estado es- porque no sé hacerlo. Paco estuvo hace ya
pañol y a los hispanistas de todo el mundo mucho tiempo en Barcelona. Ahora ha cons-
ediciones bilingües, tal como lo hicieron los truido una carpa portátil en cuyo interior ca-
portugueses y los brasileños en su día. Ésa es brán unas mil quinientas personas o así. Su
la intención de esta colección de poesía y si intención viene a ser la misma que la de Fede-
escogí tal nombre para ella es porque éste me rico García Lorca con La Barraca: ir de pue-
parece muy próximo a ambas lenguas. Poca blo en pueblo presentando y cantando cancio-
gente sabe, o no se acuerda ya, que la Marca nes, también canciones y poemas de gente del
Hispánica es establecida por Carlomagno en lugar en cuestión, haciendo que cada cual
5 el siglo VIII en Gerona. Por lo tanto, es Cata- cante o recite sus obras.
luña, precisamente, la que vuelve a emplear el (A través de los niños, los cuentos, los prime-
nombre de Hispania, pues ya Cneo Escipión, ros jardines, el rio y la hora del pan con cho-
el año 218 a.d.C., al desembarcar en Ampu- colate, aparece el tema de su infancia y con

-
2

él, la madre y la elegía). ta, porque él siempre sabe terminar las histo-
En las elegías no canto sólo a la muerte rias. Por eso la Bruja Hermosa desaparece al
como pueda pensarse. Yo, como algunos final de la narración. El niño termina la histo-
tas, canto a la vida aunque sea por puro con- ria como él se imagina, es decir, de la mejor
traste con la nada. Los materialistas no distin- manera. En el cuento sólo se narra que la bru-
guimos entre hombre y mundo. El Retorno ja se va porque es tan bella, tan buena y tan
está escrito en un tono resignado y cabreado a simpática que no la dejan vivir en paz en su
la vez, pero lo importante es que recreo la na- pueblo.
a la persona desaparecida, la hago un poco . No se ha de fomentar en el niño el ser, por
mmortal, alargando su recuerdo para que viva eJemplo, un pequeño principito subido en una
en el de los otros; en todos aquellos que nunca estrella, como el de Saint Exupery; eso es fo-
la conocieron, y hasta intento fotografiarla. mentarle un idealismo ñoño; es presentar un
En Final de un adiós escribí un poema lugar, un espacio y una acción en los que él no
que lo resume todo (José Agustín encuentra se va a encontrar nunca. No se puede pasar
El campo de arriba y lo lee). Probablemente de la crueldad a la idealización, ni caer en los
yo haya mitificado mi niñez. Mi madre fue tópicos. Dijo Mallarmé que el primer hom-
para mí, como dice Jaime Gil, un reino afor- bre que comparó los labios de una mujer con
tunado; un paraíso donde, sin ella, no me era una rosa era un poeta; el segundo, un imbécil.
posible ser absolutamente nada. Ese poema Una escoba es más caballo que un caba-
es la explicación de todos los cuentos· es el llo de cartón, pero no se puede pasar del caba-
inicio de lo que pudo ser. Ésta era mí la llo de cartón a la guerra de las galaxias. El ni-
libertad, una libertad que me fue violentamen- ño deja arrinconados rápidamente esos jugue- l. Barcelona 1960, con Salvatore Quasimodo.
tes, y en cambio no lo hace con una escoba: se 2. Con Nicanor Parra. Chile, 1972.
te arrebatada. 3. Roma, 1964, con Rafael Alberti.
monta en ella, corre, imagina galopes, vuelos;
una escoba en manos del niño puede conver- 4. Roma 1967, con P.P. Pasolini.
(Sobre la crueldad de algunos cuentos y re-
franes populares). tirse en cualquier cosa. Habría que recuperar
juegos más creativos, como éste o la taba o
En mis cuentos tuvo una importancia de-
las adivinanzas, por ejemplo.
cisiva mi madre. Ella me contaba los cuentos
al revés. Odio aquellos cuentos infantiles que (Las escuelas alternativas. Fuga sobre el sis-
fabulan, que idealizan y presentan al niño una tema).
situación que, por muy paradisíaca que sea, él
no entiende . . Las escuelas alternativas tienden a poten-
Además, estos suelen ser cuentos muy ciar la creatividad del niño, pero son elitistas.
crueles, cuentos casi de terror. Quiero decir No sé de ninguna en el extrarradio ... además
que al niño se le educa sobre la maldad de los todas ellas son privadas.
mayores. Cuentos como Blancanieves, Los Conozco los planteamientos de Summer-
Tres Cerditos, y tantos otros, son cuentos hill, Piaget, Freire ... lvan Ilich, el autor de La
bárbaros y alevosos; revestidos de azúcar. Escuela ha muerto, estuvo un mes en Barce-
Me ocurre algo parecido al leer el refrane- lona. Durante ese tiempo hablamos, en oca-
ro castellano. Siento cierto malestar al recor- siones, sobre este particular, y ambos veía-
dar algunos de esos refranes: «Fíate de la Vir- mos el colegio como un cuartel, como una
gen y no corras»; figúrate, si además eres cre- cárcel.
yente, la que te espera. Y eso de ser «un La escuela más bonita que jamás he visto
muerto de hambre», un miserable. Otros se encuentra, no sé si todavía, en Mozambi-
arrastran amenazas como «Arrieros somos y que. Se compone de un recinto al aire libre
en el camino nos encontraremos». Casi en to- cercado de cañas que así habían dispuesto pa-
dos hay un fondo de maldad y desconfianza ra que no entraran las gallinas de una coope-
tremenda: «Quien da pan a perro ajeno, pier- rativa lindante; de unos troncos sobre los que
de pan y pierde perro» ... Ya ve, por darle pan se sentaban los alumnos, una pizarra y nada
a un perro, ni pan, ni perro; un perro que no más. Era una escuela sin puertas, sin techo,
era mío y que yo no deseaba tener, sino apla- · sin ventanas, sin paredes; ahí no había nada
car su hambre. más que ganas de enseñar y aprender. Espero
De todos modos existe una buena litera- que todavía sea igual.
tura infantil, sería el caso, entre otros, de Ana Los que manejan el sistema capitalista se
Maria Matute, de Carmen Martín Gaite o de adaptan a todo. Si los matrimonios se divor-
Gloria Fuertes, por ejemplo. cian, mejor, porque así se venden dos pisos,
El contenido de muchos cuentos es gene- dos lavadoras, dos de todo. La familia ha pa-
ralmente un desastre. El niño es tratado como sado de ser una unidad de trabajo a ser una
un subnormal o como un hombre pequeñito y unidad de consumo.
tonto; y los niños no son ni una cosa ni la otra. (A propósito de las cárceles, un amigo perua-
. Ni hace falta que se les explique aquello que no le dice a José Agustín que ha sido reabier-
ya saben de sobra, ni se ha de tratar a los per- ta la cárcel de El Frontón para trasladar a
sonajes infantiles como hombrecillos idiotas. los senderistas residentes en la cárcel de Luri-
No hay nada más molesto que el moralis- gancho en Lima, después de enfrentarse con
mo, sea del signo que sea, en las historias. Se el ejército, lo que dio un saldo de ciento trein-
ha de explicar la fantástica realidad. Se le ha ta muertos).
de contar al niño que el lobo se vuelve malva- Recuerdo que cuando yo fui a ver El
do porque siempre andan puteándole. Eso se Frontón acompañado de un hombre muy
le ha de explicar, dejándole una historia abier- acholado (le pregunto si acholado quiere decir
-+
l. En Cienfuegos, 1969 con el negro Juan
Goytisolo, descendiente de uno de los esclavos
que liberó su bisabuelo Agustín Goytisolo
y Sizarzaburu. Este Juan Goytisolo era,
entonces, el Jefe del Comité de Defensa de la
Revolución.
2. Hans Magnus Enzensberger, Cuba 1969,
en el Batey del Lequeitio.
3. Angela, con maestros cubanos, 1978.
4. En el Sáhara, José Agustín Goytisolo
con el Frente Polisario, 1980.
5. Nicaragua, 1981.

aindiado, y José Agustín matiza: mejor sería también peor que la de aquí ...
decir un aindiaindiado) me la presentó como Yo viajé bastante, y sigo haciéndolo.
un oprobio, pues en aquella isla-prisión me- Ocurría que cuando iba a ciertos países ya co-
tían a los presos politicos. Hoy meten alli a nocía a sus novelistas y poetas; digo conocía
los senderistas. por haberlos leído, luego conocería a muchos
Los pescadores de El Callao, de la ancho- de ellos personalmente. Antes de llegar a Su-
veta, hablaban con tono legendario de alguien ramérica, ya había leído a Borges, Cortázar,
que una vez pudo escapar a nado de la cárcel Onetti, Neruda, Nicanor Parra, Nicolás Gui-
y llegar hasta la playa: unos cinco o siete qui- llén, y otros muchos, pero también había leído
lómetros de mar embravecido. a gente de mi edad: a Cisneros, César Calvo,
Sendero Luminoso posee mucha fuerza Pablo Armando Femández, Cardenal ... y una
en Perú. En la cárcel de Lurigancho no deja- vez allí descubrí a otros, en su tierra, pues en
ban entrar a ningún guardia a su pabellón, y, Europa no se conocían aún sus obras.
en el mismo interior, practicaban entrena- Yo no me he sentido extranjero en ningún
miento guerrillero, tanto armado como psico- país latinoamericano; en alguna casa sí, pero
lógico. Ha de ser un grupo muy fuerte y orga- no en casa de mis amigos que, claro está que
nizado para dejar Lima a oscuras mientras me han influenciado, pero más con sus con-
que en el cerro San Cosme se enciende una versaciones que con su obra escrita.
enorme hoguera en forma de hoz y martillo; y Lo que creo que influye más en un escri-
es que Sendero es popular entre los pobres. tor es su tenacidad, sus ganas de singularizar-
Es falsa esa etiquetación de su ideología; no .;"!, de no parecerse a otro. Escribir es un tra-
son propiamente maoístas. Explican al cam- bajo duro, apasionante, no exento de placer e
pesinado algo que ellos entienden inmediata- incluso de orgullo o vanidad.
mente; cosas como que no les alcanza para
comer, ni para vivir bajo un techo decente. (Sobre la generación poética del cincuenta).
No quiero ni pensar en lo que ocurriría en
el Perú si hubiera un golpe de estado militar, Sin entrar en la cuestión orteguiana del
aquello se convertiría en una verdadera carni- concepto de generaciones, con sus saltos de
quince en quince años, es lógico que, por la
cería. No sería como en otras partes; lo de
Chile, a su lado, parecería un juego de niños. edad y por las circunstancias históricas comu-
tvfprecen desprecio los políticos nortea- nes, a mis compañeros y a mí se nos pueda
mericanos que hacen y deshacen en Asia, llamar generación poética. Pero lo cierto es
África, y en Centro y Suraméríca lo que les que somos, y éramos, un grupo de amigos que
viene en gana. Utilizaron a Marcos y a Duva- devorabamos libros, nos los prestábamos, los
lier hasta que dejaron de necesitarlos. A Pino- comentábamos ... Ninguno de nosotros sabía
entonces que el otro escribía. Yo soy adicto,
chet todavía no le ha llegado la hora, pero tie-
ne los días contados. Estos dictadores no son casi drogadicto a la lectura. Hablábamos de
más que peleles. No hubieran sido nunca nada la Biblia, de los clásicos griegos y latinos, de
sin el apoyo continuo de Norteamérica. Re- Borges; pasando por Rousseau, Marx,
cuerda que Somoza fue un lugarteniente de Gramsci; qué se yo, la lista seria interminable.
Sandino, al que asesinó pagado por la Cía, o Conocí y traté en Barcelona, en los años
que Batista pasó de sargento a general en un cuarenta y a principio de los cincuenta a Car-
momento. los Barra!, a Jaime Gil de Biedma, a Alfonso
Es un error considerar a Suramérica co- Costafreda y al crítico José María Castellet,
mo un tercer mundo; ese error lo pagarán al- mucho antes de que ninguno de nosotros pu-
gún día muy caro los yanquis. blicara un libro, poema o articulo. Cuando lle-
A mucha gente de Estados Unidos no les gué a Madrid para cursar la carrera de Dere-
importa el mundo que dejarán a sus hijos, to- cho, en el 47-48, conocí a José Ángel Valen-
do lo más les ponen un dinero en Suiza, o les te, a José Manuel Caballero Bonald, a Clau-
regalan un caballo, pero les importa un pito el dio Rodríguez, a Ángel González, así sucesi-
vamente. Luego, los viajes de los catalanes a
mundo que ellos recibirán.
Madrid y del grupo madrileño a Barcelona,
(Viajes y amigos latinoamericanos. La tena- acabaron por unir a los componentes de am-
cidad del escritor). bos colectivos en un grupo de amigos. Y eso
Conocí a Cisneros, a César Calvo y aJa- es lo que seguimos siendo hoy, cada cual con
vier Herault en La Habana; este último fue su voz y con su estilo.
muerto por el ejército peruano. No veo demasiadas semejanzas formales
La última vez que fui a Perú en el año 78- entre nosotros. Todos rompimos con las for-
79, vía Ecuador, se produjo en Guayaquil mas llamadas clásicas, como el soneto, los
una matanza en un Ingenio Azucarero llama- tercetos encadenados, los rimados en conso-
do Aztra. Había una huelga, los obreros se nantes y otras más. Cada quien aprendió a
metieron en la sala de máquinas y vino el ejér- romper estas formas y expresarse, según el te-
cito a desalojarlos, entonces se produjo la ma- ma, a su manera, buscando una voz propia,
sacre. Cisneros y yo dijimos en público que reconocible: unos más recargada, más barro-
aquello era una ignominia, y nos obligaron a ca, como José Manuel Caballero Bonald,
partir apresuradamente de Ecuador, luego fui- otros más dura y directa, como Ángel Gonzá-
mos a Lima. En aquel viaje venía Julia con- lez, otros más escueta, desnuda o conceptual,
migo. como Vatente; otros con voz irónica o elegía-
.. .En Perú todo es extremado: La gente ca, como es mi caso .
mejor es mejor que la de aquí, pero la peor es En cuanto a la temática, versaba sobre
--+
ciertas circunstancias de la época que no esta- En Atocha conocí a Martín Santos y a
ban expresamente reflejadas en otros escrito- Amat, que fueron luego los responsables del
res de valía, como Bias de Otero o Gabriel PSOE en San Sebastián y en Vitoria. Amat
Celaya. Hay un tema algo difuso, pero pre- se suicidó echándose al mar cuando volvía a
sente en la mayoría de los poetas del 50:
nuestra poesía es urbana, ciudadana y civil;
Barcelona desde Mallorca. Martín Santos
murió en un accidente de automóvil. En fin,
SALMOS
aparecen calles, bares, plazas, cuartos de ho- no me gusta hablar de esas cosas. al viento
tel, habitaciones ... salvo en el caso de Claudio H HI Al t •>lTU<,ILI)

Rodriguez, en donde aparece siempre el tema Acostumbraba a no perderme ninguna


rural: campos, paisajes, pueblos. conferencia. En el 49, Ortega dio unas char-
Sigo tratando a todos mis amigos. Nos ve- las en l\ cine Barceló a las que asistí. Las en-
mos, obviamente, en Madrid y Barcelona, pe- tradas n.>ís baratas costaban cincuenta pese-
ro también me los encuentro en congresos o tas, mucho dinero para entonces. Esas confe-
en encuentros de escritores. Recuerdo los últi- rencias fueron un chasco, Martín Santos lo
mos: Madrid, Las Palmas, Tenerife, también explica en Tiempo de Silencio, cuya escena
Granada, claro... Otras veces coincidimos en ha pasado ahora, y fielmente -soy testigo
el extranjero: Caracas, México, La Habana ... porque estuve allí- al cine.
Todos seguimos siendo amigos, aunque algu-
no, como Valente, sea de más dificil acceso, (Agostinho Neto).
pues vive desde hace años fuera de España. Fue en Lisboa donde conocí a Neto, el
Yo le quiero y admiro mucho. fundador del MPLA. Acababa de salir de la
CLA lllU AD
prisión lisboeta de Caixas, luego pasó a Espa-
(Un encuentro con Rossana Rossanda). ña clandestinamente y de ahí fue a Francia.
Nosotros (se refiere a Jos amigos de Bar- Quería entrar en su país a cualquier precio.
celona) nos reuníamos en algunas ocasiones Al cabo de un tiempo me enteré por la prensa
en el Liceo Francés, pues era un lugar donde de las actividades que el MPLA estaba ejer- ·
no entraba la policía, y eso nos permitía ha- ciendo en Angola. Después de una larga lu-
blar cómodamente, sin sobresaltos. Un día ci- cha, el gobierno portugués decidió conceder
tamos allí a Rossana Rossanda, responsable la independencia a Angola y se comprometió
de cultura del PCI y miembro de su Comité a reconocer a la primera de las tres facciones
Central. Rossana era una bellísima mujer de que llegase a Luanda. Agostinho Neto dividió
la aristocracia italiana; lo es todavía, vital, in- su ejército en tres grupos: uno de ellos fue a
teligentísima, que vino a España para conocer detener a Holden Roberto, del FLNA, grupo
la realidad socio-política de cerca. Cuando que estaba apoyado por Zaíre, con Estados
llegó al Liceo Francés se encontró con un Unidos detrás, y que pretendía entrar por el
JOSE AGUSTJN GOVTISOI..O
poeta, Pierre Emmanuelle, recitando con mu- norte; otro grupo se encaminó a detener a Jo-
cha floritura y esas cosas, y se extrañó mucho nás Sarimbi en el sur, apoyado por Sudáfrica,
de que la hubiéramos citado allí. La acompa- que a su vez contaba también con el respaldo ALGO SUCEDE
ñamos por toda Cataluña, pero ni durante su del gobierno norteamericano; mientras él, con
estancia en Barcelona, ni en sus continuos un ejército compuesto por viejos, mujeres y
desplazamientos, pudo nunca conocer a nin- niños entraba en Luanda, proclamando la Re-
gún miembro directivo del PSUC. En su libro pública Popular de Angola. Eso sucedía en el
Un viaje inútil, comenta que Sacristán se año 1975. Entonces acudí a su toma de pose-
convirtió para ella en un mito; todo el mundo sión como Presidente de la nación. Recuerdo
le hablaba de él, pero nunca pudo ni siquie- que me quedé perplejo al llegar al Palacio
ra verlo. Presidencial. Allí podía entrar quien quisiera,
pues no estaba vigilado, y, por lo tanto, podía
(Madrid. Martín Santos y Amat).
sufrir cualquier atentado.
En Madrid existían dos importantes tertu-
lias políticas: La socialista, en Atocha y la co- A principios del 79, recibí una carta de EL BARDO COLICCION DE POISIA
munista en el café Pelayo. Yo iba de una a la Neto, que me invitaba, a mí y a mi familia, a

-
otra, pues me había declarado compañero de pasar una temporada en Luanda, y luego, con
viaje de ambos partidos. total frialdad e indiferencia, me pedía que le

l. Barcelona, 1983, con Julia


Goytisolo, su hija.
2. Julia Gay, madre
de los hermanos Goytisolo.
trajera el libro de sus poemas que la editorial por tanta sesión de bomba de cobalto. Murió digo, y así se va a titular mi próximo libro de
Laia iba a publicarle y que yo había traduci- poco después, en Moscú, de un cáncer de poemas, en el que estoy trabajando desde ha-
do: La lucha continúa, titulo extraído de su páncreas. ce mucho tiempo. La expresión rey mendigo
frase: «A vitoria e certa, a Juta continúa», Agostinho Neto no era un gran poeta, sí me da vueltas por la cabeza desde hace años,
porque le gustaría verlo publicado antes de un buen poeta que se convirtió en el portavoz e incluso aparece ya en un par de poemas an-
morir. Cuando llegué a Angola no me encon- de una causa justa. teriores. La idea me la dió un tuareg.
tré con aquel hombre alto y delgado que yo (El Rey Mendigo). El territorio tuareg iba desde la actual
recordaba, sino con una persona deformada El hombre, todo hombre, es un rey men- Mauritania y desde el Sáhara, hasta el Sudán
antes llamado anglo-egipcio. Este imperio,
fuertemente unido, poseía siete reinos, y por
tanto siete reyes. Hace muchos años, estos
hombres conocieron, y querían, a le Pere
Foucauld, que fue el que fundó la orden de los
padrecitos blancos, los misioneros del desier-
}OSI. AGUSTIN OOYTISOt.O
'f-- - • •1 to. F oucauld, que conocía perfectamente la
c-. ,.__ - formación y el funcionamiento del sistema de
EL RETORNO
\.....,.¿' ' gobierno tuareg, su idioma, e incluso su escri-
tura, (un sistema que se basa en la combina-
f L U:TO!tf\10
ción de tres signos: un punto, una raya y un
círculo), en conversaciones distendidas con
militares franceses, habló sobre estos temas,
ADONA tS
y eso más tarde propició que Francia dividie-
ra el imperio tuareg. Entonces los tuaregs, en-
terados del asunto, se vieron obligados a fusi-
lar a su amigo. Después de ejecutarlo le le-
vantaron un monumento en Tamanrasset.
Cuando te lo muestran dicen: «Aquí está
nuestro amigo, el gran traidor».
'
" Volviendo al principio, un día, en una
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conversación con un jefe tuareg, le dije que no
podía quejarse del gobierno argelino pues vi-
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vía muy bien; tenía varios jeeps, aparatos de
.0 .. . aire acondicionado, dinero; en fin, que vivía
r-'... . .. como un rey; y él me contestó que si, como un
¡,.,... J J"-
"' / r. -:r: rey, pero como un rey mendigo. Había perdi-
.: L H' .. ..,.(( - ...c ::-. do su libertad.
.1> 1 L Mi próximo libro trata de un mundo com-
plejo y múltiple; es de muy trabajosa confec-
/ "'it. ,, ción.

Una vez finalizada la entrevista, ya hacia la


puerta, José Agustín recupera uno de sus te-
Desde Barcelona, José Agustín mas favon'tos: la literatura catalana. Me re-
Goytisolo envía El retorno a Clau- gala un ejemplar de la edición bilingüe de
Las elegias de Bierville, de Caries Riba).
dia Rodríguez; con el primero esta- Carner fue el más grande poeta catalán de
· este siglo, su lectura fue decisiva para Vinyo-
ba Bias de Otero, que en el mismo li, con el que me unió una gran amistad. En
ejemplar del libro escribe a Claudio 1968 yo lo incluí en una Antologia de la Poe-
sía Catalana. En esa antologia figuraban dos
Rodríguez. poetas que entonces no eran todavía muy no-
torios: él y Gabriel Ferrater. Vinyoli conocía
a la perfección los clásicos griegos y latinos, y
Vine a Barcelona a una lectura en mayo y aquí me que- no sólo directamente sino a través de la colec-
ción catalana Bernat Metge, y más aún por la
dé, ahora he estado un mes en Alicante -buen mucha- madre de ésta, la colección Les be/les lettres
de la francesaAssociation Guillaume Budé, y
cho y poeta Carlos Sahagún!-, pasaré aquí el invierno, sobre todo, por la abuela alemana de ambas,
la Bemhard Tauchnitz, que él conocía y ma-
con salidas, ya sabéis mi afán de adentrar en la tierra y nejaba normalmente. Además, otra de sus
gentes de nuestra pobre y formidable patria -así que no fuentes era la poesía castellana de todos los
tiempos, que dominaba como pocos entre los
fui por ahí como pensaba, pero siempre (ilegible) y es- escritores catalanes - excepción hecha de
Salvador Espriu- y a la que alude en sus
tán conmigo. poemas, incluso incorporando en ellos frases
Bias. 24.8.56. y aún versos de poetas como Juan de la Cruz,
Quevedo ...

(Sentarse. Esperar a que a uno le echen)•


Inteligencia usensualidad en la ooesía
de

carmen llera
n
o creemos en absoluto exagerado afirmar
que la poesía de Carlos Barral es, entre la
del grupo de los cincuenta, la más deseo- '
nocida. Los siempre escasos aficionados a la
lírica suelen arrinconarla por dificil y los críti-
cos, lejos de contribuir con sus interpretacio-
nes a salvar los posibles obstáculos, tienden a
despacharla de un plumazo, aludiendo a su
hermetismo y singularidad o calificándola de
diferente, eso cuando no se extravían en pará-
frasis más o menos frenéticas, ensartadas de
dislates y ringorrangos, que inducen al posible de su historia y opta, a menudo, por el empleo «pálido, lechoso». Así, por ejemplo, en el ver-
lector de Barral a una huida sin retorno. de los étimos. De ahí que, con frecuencia, pa- so de «Torre en medio»: «Oh, sí. Conozco 1
Sin embargo, se da la paradoja de que Ba- ra entender los textos de Barral necesitemos los flancos del metal, el amarillo», ahora, ese
rral, poeta casi ignorado, es uno de los auto- hacer una larga excursión hasta los orígenes «amarillo» connota el semen a través del color.
res más conocidos del país, uno de los pocos del idioma, deteniéndonos en alguna etapa, Otras palabras como «gravosa»: «Enton-
capaces de superar con éxito una encuesta de como si admiráramos una bella panorámica, ces tomo en brazos 1 en ánimos, mi parte más
popularidad. Su destacada labor en la edito- porque de lo contrario, nos quedaremos sin gravosa» («Puente», Metropolitano) de gra-
rial Seix-Barral durante los años del franquis- comprender de la misa la mitad, ya que Barral vis/grave, «pesado» o «trámite», de tramens/
mo, el éxito de sus dos volúmenes de memo- añade, a los valores de uso de cada término, tramentis, «camino, senda»: «Nunca noche
rias y su vocación de personaje público que los que tuvieron en un momento determinado, ninguna 1 ni trámite se fueron tan despacio»
por fin ha podido desarrollar con la llegada de o en su origen, a los que superpone, además, («Torre en medio>>, Metropolitano) se em-
los socialistas al poder, han convertido a Ba- los valores connotativos que la palabra arras- plean en su sentido étimo, de lo contrario los
rral en persona famosa. Resulta curioso que tra consigo y los que resultan de su empleo en versos serían casi inteligibles. Los ejemplos
esta dicotomía entre lo oculto y lo manifiesto, el poema. podrían multiplicarse, añadamos sólo tres
entre el poeta casi privado y el hombre públi- Con el uso de los étimos, presentes ya en más, el uso de «adverbio». «Los adverbios de
co y, en especial, entre el personaje que se re- sus poemas más tempranos, como en Las temor» («Ciudad mental», Metropolitano)
presenta y el que se quiere a toda costa repre- aguas reiteradas ( 1952) y Metropolitano «sintaxis» («Las avenidas de Rubén/sintaxis
sentar, sea un elemento clave en la obra poéti- (1957), Barral sorprende y admira al lector a preciosa de sus barrios mercantiles»), «Par-
ca de Barral, que desborda sus libros de ver- quien puede, incluso, dar gato por liebre que de Montjuich», Usuras) y «esdrújula»,
sos y aparece también en sus memorias, y de -aunque eso es culpa del lector y no de Ba- «Las nubecillas de aire con esdrújula» ( «Mé-
manera especial en su novela Penúltimos cas- rral-. En efecto, a veces, el étimo se opone o todo del alba», lnfonne personal sobre el al-
tigos, donde la búsqueda de la identidad se modifica totalmente al sentido que el vocablo ba). Los tres términos obvian su significación
muestra a través de dos personajes distintos y tiene en la actualidad. Así, por ejemplo, el tí- actual ligada a la metalingüística y atienden al
complementarios, tal vez porque Barral, autor tulo con que bautiza una entrega (Usuras, étimo, lo que hace comprensible el verso. Así
literaturizado por excelencia (entre vida y li- cuatro poemas sobre la erosión y la usura del «adverbio» del latín adeverbum, equivale a
teratura, escogería siempre la literatura) sabe tiempo 1965) y luego su obra reunida Usu ras «lo que está junto a la palabra», lo que es ad-
que uno de los grandes temas de la lírica eu- y figu raciones (1979) (además de una sec- yacente, en consecuencia, al terror: «sinta-
ropea moderna, todavía no superados, es, pre- ción de ésta) no se refiere al significado actual xis», del griego syn, «con» y tasso, «dispo-
cisamente, el de la invención de una identi- («interés excesivo e ilegal cobrado por un ner» significa «construcción», así el verso in-
dad. préstamo») sino al de su étimo usus, «uso, serto en un poema que describe Barcelona
No resulta nada fácil tratar en unas breves empleo» y, en definitiva, «deterioro». Lo mis- - las «avenidas» de Rubén (Darío) implican
páginas de una obra poética tan densa como la mo ocurre con los colores, «verde», uno de el modernismo de Gaudí- se refiere a las
de Barral, con la intención proselitista, to- los más repetidos. en sus primeras obras y, de construcciones de los burgueses que posibili-
do sea dicho, de captar adeptos para uno de modo especial, en M etropolitano se utiliza en taron la arquitectura modernista, en cuanto a
los ejercicios lingüísticos de mayor rigor de la su sentido étimo, de viridis, «fuerte, viril, «esdrújula», el étimo proviene en este caso
poesía española de posguerra. En efecto, po- erecto.» Así se entiende el verso de «Timbre» del toscano: estrucciolare y quiere decir «des-
siblemente la lengua poética de Barral es una (Metropolitano):«¿Sabe alguien 1 de un verde lizar, resbalar», de manera que las nubes del
de las mejor construidas y cuidadas entre las hueso antiguo?». «Blanco,» cuya raíz de poema no llevan acento en la antepenúltima
de los poetas de los cincuenta. En favor de la blank alude a «brillo, fulgor, hostilidad»: sino que avanzan, deslizándose a causa del
precisión, de que los vocablos signifiquen con «Pero fue en un instante 1 real aquella orilla 1 aire. Si hemos escogido, entre otros muchos

-
exactitud lo que quieren decir, Barral rastrea blanca, diurna de ciudad» («Torre en me- ejemplos posibles, estos tres, ha sido porque
el camino de las palabras en diferentes épocas dio») y «amarillo», de aman"/lus, quiere decir orillan un significado que pertenece al mismo
tipo de vocabulario, el metalingüístico, y por- armas con pelicano», Usuras) Barra! se apro- mos castigos lo sea- puesto que el idioma
que provienen de tres lenguas distintas. , pia del sentido que en el español de América parece trabajado como el material que el pro-
Otras veces el significado étimo se super- (Argentina, Chile) tiene «extintos», «difun- pio creador selecciona desde la cantera de CA RLO I I.UIUL

pone al usual, favoreciendo la polisemia. Sin tos», «caducos» ya que en el castellano pe- origen.
duda Barra! ha bautizado su primer libro Me- ninsular, según María Moliner, no se aplica a Todos estos rasgos podrían inducirnos a
tropolitano contemplando esa posibilidad al personas. voz que ya utilizó Bias pensar que en la obra de Barral no sólo se im- LA$ AGUAS REITERADAS
recoger también el sentido primigenio, del de Otero, es también, según María Moliner, pone el poetafilologus sino que, además, esta-
griego, meter-polis, «ciudad madre», y el deformación popular de «armario>> («Inciden- mos ante una poesía eminentemente intelec-
usual de «ferrocarril subterráneo». Siempre te nútico>>, Informe personal sobre el alba). tual dominada, en exclusiva, por el ejercicio
que aparece la palabra «linde» bastante repe- En cambio, es parco en el empleo de bar- de la inteligencia, lo que es cierto, pero sólo
tida en Metropolitano palpar la linde amarga barismos, sólo tres en toda su obra: loggia, en parte, ya que la sensualidad es otro de los
del consuelo («Portillo automático»), «las bluejeans (y éste en el titulo de un poema) y rasgos característicos, una sensualidad que
lindes del corazón» («Mendigo al pie de un square, claro que, por el contrario, abundan permeabiliza el texto incluso en los poemas . .Uo ... U oUteh

cartel»), «cruza a ciegas la linde del consue- en su obra en prosa, incluso, en demasía. Co- más reflexivos. Las sensaciones visuales, las LU 'l . ,_ . 3

lo» («Ciudad mental») - presente en Informe mo también abundan en los libros de poemas táctiles y, en menor medida, las acústicas, ol-
personal sobre el alba- «las lindes transpa- las citas y titulo en inglés, francés, alemán, la- fativas y, excepcionalmente, las gustativas, a
rentes de su cabeza inmóvil» («Método del tín e italiano, rasgo de cosmopolitismo snob las que habría que añadir, por su abundancia,
alba») -y en los últimos poemas de «Figura- que comparte con otros poetas de su genera- las cinéticas, en especial en Metropolitano,
ción y fuga» , última parte de Usuras- «En ción, como Jaime Gil de Biedma. están presentes a lo largo de su obra. Incluso
las lindes del sueño y el rencor» («Algo como También utiliza gran número de tecnicis- algunos poemas como «Miro estallar las go-
otro alguien») - alude no sólo al «límite o a mos, en especial los que hacen referencia al tas sobre el vidrio>>, «Estancias sobre la con-
la frontera que se establece entre dos cosas» derecho, la heráldica, la escultura y, de mane- veniencia de pintar las vigas de azul» o «Pro-
sino también «al camino entre dos campos», ra más abundante aún, voces que proceden de sa para un fin de capítulo» se organizan casi
su significado étimo. Igual ocurre con «escar- la jerga marinera que él mismo califica, con· exclusivamente en torno a la percepción sen-
pados», adjetivo predilecto de Barra!, que no ironía, de exagerada. sorial, a través de la que se configura el
sólo quiere decir «lo que está trabajado a es- La obra de Barra! entronca con una con- poema.
carpa o implica una pendiente», sino también cepción barroca del empleo de la lengua y, A menudo es el adjetivo el elemento ora-
«escabroso» (del escarpare latino). Del mis- posiblemente, también de la existencia ya que cional encargado de acentuar la percepción
mo modo «sordo», «que aún no alcanzan los el autor no quiere renunciar a nada, a nada sensorial, de aportar el matiz, de manera que
sordos vegetales» («Clave del desvelado», que suponga un enriquecimiento lingüístico la adjetivación es abundantísima y caracterís-
Informe personal sobre el alba) añade el sig- del texto. tica del estilo de Barra!. En general, el adjeti-
nificado del «que no oye» y, por extensión «lo Quien esté dispuesto a seguir a Barra! por vo aparece postpuesto al sustantivo, aunque
inanimado», el del étimo, «opaco, violento». los vericuetos y entresijos que le brinda el también lo encontramos en posición ante-
O «intestino», «He llamado con voz del intes- castellano, apenas podrá comprender su obra. puesta, y tiene una función esencialmente
tino» («Habitación con baño», Informe per- Le ocurrirá algo parecido a lo que le pasa al valorativa. Las sensaciones visuales hacen re-
sonal sobre el alba) que apunta bien a dos lu- lector de Góngora que se acerca al Polifemo ferencia en primer lugar, al color, aunque a
ces: la usual referida a «vísceras» y la étima, sin saber humanidades. Barra!, como Góngo- menudo los colores (en el caso de «blanco»,
«interior», lo que dobla las posibilidades ra, poeta a quien admira y de quien aprende, «verde», «amarillo») tienen significado éti-
connotativas. puede resultar críptico si uno no conoce los mo. La captación del color varía de un libro a
Barra! tiende también a utilizar cultismos mecanismos que configuran su estilo. Sin em- otro aunque, en general, domina la alternan-
(«miríadas, intersticio, abisal, epactas, zizi- bargo, salvadas estas dificultades, todo son cia entre lo claro y luminoso - que no quiere
gias, impetrar, sincronía, cismático,» etc.) y iluminaciones. Claro está que, lo mismo que decir blanco- y lo oscuro y opaco -que
suele escoger siempre entre dos sinónimos el Góngora, Barra! se preocupa de sacarle parti- tampoco quiere decir siempre negro- . Lo
más culto tal vez porque así aparta su lengua do al material lingüístico que maneja, olvi- claro y luminoso, menos atundante, por otro
de la de uso y obliga al lector a manejar el dic- dándose absolutamente del lector, salvo en lado, que lo oscuro-opaco, connota la aventu-
cionario, posiblemente como revancha a su Diecinueve figuras de mi historia civil por ra, la libertad, los momentos de exaltación
método de trabajo, en el que los diccionarios obvias razones de moda social puesto que, erótica, mientras que lo oscuro-opaco se aso-
etimológicos se convierten en su perenne y igual que el cordobés, escribe para si y para cia a la opresión física y moral y a la decaden-
dulce compañia. Así prefiere «concilio» a un grupo de amigos -entre los que destaca cia del sujeto poético, en especial en «Figura-
«consejo», «locatario» a «arrendatario», Jaime Gil, casi siempre el primero en ser con- ción del tiempo», dentro de Usuras y figura-
«gravoso» a «pesado», «geranios cultos» a sultado sobre un nuevo poema- y, como el ciones, parte que recoge los últimos poemas
«geranios cultivados», «sintaxis», a «cons- autor de las Soledades, a buen seguro se hon- de Barral hasta 1979, escritos, a menudo, en
trucción». Tampoco desdeña los arcaísmos: ra en hacerse oscuro a los ignorantes y consi- momentos de crisis o enfermedad. La lumino-
emplea «enderredor» en vez de «alrededor», dera que no hay que dar piedras preciosas a sidad puede dársenos a través de la referencia a
«silva» en vez de «selva» y «entena» por los animales de cerda. Tal vez ese interés de «dorado», «tostado» que se aplica a las du-
«antena»; prefiere «por ventura» a «tal vez» Barra! por la experimentación lingüística po- nas, a la playa, «hoz de arena finísima», pa-
y «fine» a «termina o muere», ni le hace as- dría estar relacionado con su frustrada voca- raíso veraniego o al «rojo», «rojo vellón fla-
cos a los préstamos, a menudo procedentes ción escultórica - de ahí que su personaje ho- mante» («La dame a la licorne») que alude al
del catalán, como «bou», «terna!», «avante», mólogo, su «gemelo>> o «adel(os» de Penúlti- sexo de una muchacha, en uno de los pocos
«randa» o «fumante». poemas de la literatura castellana «serios»
También emplea palabras otorgándoles el que se inician con referencias genitales, eso
sentido que tienen en un lugar determinado, sí, perfectamente envueltas en una «fermosa
como «baldada» que en Aragón se utiliza con cobertura»:
la acepción de «trucar» o «descabalar» y no Oriente ensortijado
como el más usual, en el resto del castellano rojo vellón flamante, con que pausa
peninsular, de «privar» o «impedir a conse- de sol en hebras, nace entre dos ramas
cuencia de una enfermedad»; así «fábrica bal- aún nocturnas de azules indecisos
dada» toma el significado de «truncada». y crespa luz guardada.
Igualmente en «dioses extintos» («Plaza de El «oriente ensortijado» y su aposición

-
dad», al «vacío» habían nacido de la frecuen-
tación sartriana.
No es posible, a tenor del poco espacio
de que disponemos para este articulo, hacer
otra cosa que apuntar el interés de los colores
en la poesía de Barra! que, a menudo, funcio-
nan también de una manera distinta que en
otros autores. Así, por ejemplo, la aurora, te-
ma de todo un libro, ha perdido su caracterís-
tico color arrebolado -sólo una vez es califi-
cada de «rosada» pero sobre «el gris de un
gato»- y se nos describe con abundancia de
colores injuriosos, borrosos y frios (tiene «es-
pina amarillenta », «grises anillos», es de
«cuero venenoso opaco como uvas»), conno-
tadores de suciedad y sordidez. El alba para
Barra!, como antes para Manuel Machado, po-
siblemente influido por Baudelaire y Verlaíne,
«tiene las manos sucias» y acaba con la no-
che benefactora, la noche que, como la playa,
es un posible paraíso ya que implica el ocio,
la conversación con los amigos y las copas,
todo lo que destruye, con su llegada, la des-
considerada aurora cuando impone «el mise-
rable livor sobre las cosas» que la oscuridad
nocturna envolvía. Notemos como, en este
caso, la oscuridad de la noche «ambigua»,
«encubridora», es, precisamente por esto, po-
«rojo vellón flamante », no es otro que el rubio sitiva.
pubis de la muchacha, de un rubio intenso,
casi pelirrojo; las «dos ramas 1 aún nocturnas Tal vez el azul es el único color queman-
de azules indecisos» son Jos muslos que aún tiene sus connotaciones literarias sin variacio-
están medio cubiertos por el pantalón tejano, nes en la poesía de Barra!. La «flor azul» de
por eso son aún nocturnos y del color de la te- Novalis y las referencias de Víctor Hugo a
la de los b/ue-jeans, pero están a punto de que «el arte es azur» parecen estar presentes
emerger, desnudos, para que «el sol en he- en las referencias azules de Barra!. El color
bras» nazca felizmente en el bosque púbico. «azul>•, los tonos «azules», el «azul ingenuo»
Barra!, en este inicio tan brillante, reconvierte (aquí sustantivado) pueden aplicarse al paisa-
el tópico literario, de moda en la poesía del je (las montañas, el mar), a la cabellera de
Siglo de Oro, que consiste en la comparación una muchacha («la sombra azulada del cabe-
de los cabellos con el sol que, incluso en algu- llo»), al paso del tiempo ( «las horas azula-
nos casos, palidece ante «la crespa tempestad das») o un lugar que guarda «repliegues azu-
del oro undoso». Sin embargo, nunca el sol les». El azul domina en el poema «Estancias
había servido para aludir al pelo púbico de la sobre la conveniencia de pintar las vigas de
dama, como en el poema de Barra!. La des- azul».
cripción de la muchacha se centra en el sexo, Emparentado con «el azul» está «el vio-
aunque luego el poeta haga referencia a sus leta», Barra! lo emplea en diversas ocasiones,
hombros y rodillas, y al cabello «que te ciega para describir sintéticamente una puesta de
como una luz espesa». sol ( «los húmedos violetas») o para construir
una metáfora («las uñas violetas del hierro
La oscuridad está presente en el colegio casi frágil») con la que designa la herrumbre
de jesuitas a través del «negro» de las sotanas afilada de la ancora en el poema «Hombre en
«guardas de otra estatura 1 negros en vez de a la mar» (Diecinueve figuras de mi historia
Cario, Ba•ral
) 0\W( C\ _, • rayas» («Los PP y el verano») y en todo el civil). Junto al violeta está el violado («la vio-
c-Jtl{ .9.• panorama «opaco» de la posguerra resumido, lada rúbrica») o el violáceo («las crestas vio-
..,...,. tal vez, en el verso que cierra «Geografía o láceas»). Las referencias al «livor», la livi-
1t ()A ;o. \.s"' ':i t historia», «iQue oscura gente y qué encogi-
dos vamos! ». También es una constante en al-
dez, lo lívido que no hay que confundir con la
palidez, es otro adjetivo portador de color que
\.._ .._
'(' l [ "') ) gunos poemas de «Figuración del tiempo» só- Barra! utiliza. Para el poeta «lívido» forma
lo que aquí los adjetivos «viscoso», «blando», parte de la gama cromática entre el blanco y
que entran en la esfera de las sensaciones tác- el negro.
tiles, dominan. La «viscosidad», lo «fangoso» Las sensaciones táctiles son abundantes
y «turbio» aluden a connotaciones negativas aunque en proporción muy inferiores a las vi-
que se relacionan con la órbita de Jo oscuro. suales. Barra! se refiere al «tacto enfebreci-
La lectura juvenil de La náusea de Jean Paul do», la «piedra untuosa», la «inflamada espu-
Sartre y las referencias de Roquentin a lo ma», la «velluda madera» o la «velluda piel
«viscoso», lo «blando», etc. pueden haber in- de los geranios» que procuran sensaciones
tv\EfROPOUTA1 O fluido en Barra! a la hora de escribir estos agradables. En cambio los «afilados cantos»,

-
poemas, del mismo modo que, en Metropoli- el «vidrio fibroso», los «naipes untuosos», el
tano , las reiteradas referencias a la «oque- «roce furioso del sedal» están relacionados

CARLOS BARRAL
FIGURACION
Y FUGA
es, precisamente, olfativa, procede de «Molí-
nillos de viento»: «Y era dulce 1 respirar aquel
EJ
aire atravesado 1 como un collar de olores, y
hasta alegre 1 el ritmo del martillo en las
traviesas».
Aparte de estos poemas, todos ellos de
Diecinueve figuras de mi historia civil, los
que pertenecen a Figuración del tiempo, últi-
ma parte de Usuras y figuraciones, son los
que más alusiones contienen al olfato. Así en
«Miro estallar las gotas sobre el vidrio», junto
a todas las otras percepciones sensoriales es-
tán las olfativas: «Y huele la madera y hiede
el trapo 1 a sus fibras de muerto y todo cuece 1
y rezuman los jugos restañados«. Y en «Es-
tancias sobre la conveniencia de pintar las vi-
gas de azul» se nos advierte «El pensamiento
se mezcla 1 con olores y ruidos».
En cuanto a las sensaciones gustativas,
las menos usuales, se insiste en el término
«dulce», tal vez por la carga literaria que,
desde Garcilaso a Juan Ramón Jiménez, sin
olvidar la poesía de Jaime Gil, comporta la
palabra. «Dulce» sirve para calificar «un me-
canismo», «una ciudad» (Metropolitano), in-
con el aborrecimiento. En general el «calor» contrasta con la despectiva calificación de la cluso, paradójicamente, «el terror», «la im-
o la «humedad», asociadas a la caricia y 1 o la voz de los jesuitas, plasmada en una brillante perfección» o «una estrella» (Diecinueve fi-
relación sexual, son positivas y, frente a lo sinestesia: «sudor de voz». Sin embargo, a guras de mi historia civil).
«punzante», lo «incisivo», «lo pringoso», rela- de este hallazgo y de otro, bastante Antes hacíamos referencia a la importan-
cionados con el mundo de lo agresivo y lo sór- gongorino, por cierto, «una lenta serpiente de cia del adjetivo como portador de aspectos
dido, son negativas. voz se desenrrosca, se evapora 1 hacia los se- sensoriales. Por desgracia, no podemos dete-
Las sensaciones acústicas, aunque abun- nos del azul perpetuo» («Geografía o histo- nernos aquí en el estudio de la adjetivación
dantes en la obra poética de Barral, se pueden ria»), las demás referencias son poco nota- metagógica, fundamental en algunos de los li-
reducir a tres ámbitos: el de los «ruidos», el bles, sirve a Barral para describir, en el poe- bros de Barra) como Informe personal sobre
de los «sonidos», sin apenas referencias a la ma «Plaza de armas con pelícano», un lugar a el alba , («aurora legañosa», «luz inoportu-
música, y el de las «voces». En uno de los pri- través de los diferentes olores que lo impreg- na», «instante débil», «arena gangosa», «la
meros poemas de Metropolitano se define el nan. En Diecinueve figuras de mi historia ci- noche tiene carnosos miembros») («Contra el
timbre, a la manera de una greguería ramonia- vil el recuerdo de las sensaciones olfativas re- alma o los enemigos del alba»), sólo señalare-
na, como un «tallo con espinas». A partir de trotrae al sujeto poético hasta las primeras ex- mos que esa sensorialización de lo inanimado
este poema, todos los ruidos hostiles estarán periencias eróticas, «todo olía a nocturno ani- entronca la poesía de Barral con la tradición
caracterizados de manera semejante, insis- mal; yo mismo era su olor, yo mismo acaso del simbolismo francés y también con la poe-
tiendo en los aspectos puntiagudos, laceran- como su espuma» («Reino escondido»); «en- sía gongorina al emplear el epíteto como vehí-
tes, hirientes y afilados. Así, por ejemplo, en vueltas 1 en un olor cordial» («Baño de do- culo del tropo literario.
poemas muy posteriores a los de Metropoli- méstica») a la entrada al colegio «hedía 1 a También aparecen en Barra! adjetivos
tano , como «Evaporación del alcohol», el monda de naranja y a recreo» («Los PP y el metafóricos («muertes voluntarias», «victo-
ruido es «vibrante y afilado como espinas» o, verano») y a una visita a la editorial paterna rias bicolores», «cigarrillo clandestino», «vie-
como en «Clave del insomne» es «materia «quedaba un olor acre, 1 como a tinta, y un jos torcidos»). Igualmente encontramos una
cismática 1 tentacular erguida, como un tron- sabor de madera y hierro nobles» («Apellido serie de adjetivos que hacen posible la sines-
co». Los vegetales, que en la poesía de Barral industrial»). Creemos que una de las imáge- tesia, aunque en proporción menor, a la abun-
connotan aspectos casi siempre negativos e nes más brillantes de toda la poesía de Barral dantísima adjetivación metafórica, («timbre
inquietantes se asocian, a menudo, a los afilado», «sombra azucarada)), «aceite musi-
ruidos. tado)), «tos frotada))).
El «sonido del mar», incluso sus «gol- Desde Las aguas reiteradas (1952) pa-
pes», o a veces «sus ruidos», (nunca afilados, CARLOS BARRAL sando por Metropolitano (1957), Diecinueve
de ahí que sean acogidos favorablemente por LOS ANOS figuras de mi historia civil ( 1961 ), Usuras,
el sujeto poético, tanto si son «dulces como
un rumor» o vibrantes «como timbales»), tie-
SIN EXCUSA cuatro poemas sobre la erosión y la usura del
tiempo (1965), Figuraciónyjuga (1966),Jn-
MI \101{1 ·\\ 11
nen características positivas. En cambio los jorme personal sobre el alba ( 1970), hasta
«ruidos», que no provienen de la naturaleza llegar a la reunión de su obra completa en
se califican negativamente, basta anotar los Usuras y figuraciones (1973, 1978), a la que
que oímos en «La dame a la licorne»: «reseco cabe añadir la edición limitadísima Los
zumbido», «rumor trepitante de la excavado- poemas al nieto Malcom ( 1983), la poesía de
ra», «ruido de un motor inútilmente acelerado Carlos Barral se ha basado en la vigilante
1 golpea como un látigo» (... ) «crece como atención de la inteligencia y de una ávida y
una zarza». siempre dispuesta capacidad de percepción
Las referencias a las voces van, desde el sensorial. Fruto de ambas ha sido, por un la-
grito autoritario («Las Alarmas») al grito de do, el rigor y, por otro, la porosa textura que
espanto («Sangre en la ventana») , pasando el poema alcanza ante el siempre asombra-
por la alusión a «la tierna voz del padre» que do lector•

Carlos Barral
Penúltimos castigos
- ola ooética del pudor
t - - -
nuevo apunte poético, los intelectuales mar- Brecht.
Alvaro Salvador xistas europeos están sosteniendo una de las
polémicas más belicosas y decisivas del siglo
Pensamos que el momento descrito por
Castellet en su comunicación, es el lugar teó-
XX. Decisiva para el futuro del arte conside- rico concreto a partir del cual podría abordar-
... una persona que, como yo, in- rado desde una óptica revolucionaria. Nos re- se un estudio verdaderamente significativo de
tenta escribir poesía desde sus ex- ferimos a la tan cacareada polémica sobre el Jo que supone la irrupción de esa nueva prác-
periencias conservando un míni- realismo. Desde este debate van a ponerse en tica poética que exhiben escritores como Án-
mo de pudor. duda todos los presupuestos del llamado rea- gel González, a mitad de los años cincuenta.
(Ángel González, «Introducción» lismo social o realismo histórico que hasta
a Poemas, Ed. Cátedra, Madrid, ese momento había sido norte para la mayoría
1980). de intelectuales y escritores militantes de la Poesía sin esperanza
ortodoxia socialista (2).
En España, por razones obvias, la polé- Desde Áspero mundo (1956) hasta Pala-
La historia mica es más subterránea que aparente. Has- bra sobre Palabra ( 1965) se extiende Jo que
con convencimiento ta el punto de que no se manifiesta como polé- podríamos llamar la primera etapa, la etapa
mica entre intelectuales y artistas, más o me- de constitución en la poesía de Ángel Gonzá-
nos, comprometidos, sino más bien como lez. Etapa de constitución que se caracteriza
evolución lógica de las propuestas socialistas fundamentalmente por las vacilaciones pro-
bordar un recuento de lo que haya sido en arte y literatura. Así, teóricos como Alfon- pias de estos procesos, pero dentro de un pro-
AGonzález,
hasta hoy la trayectoria poética de Ángel
nos lleva (no sé si por cortesía
so Sastre o José María Castellet, plantean la
irrupción del pensamiento brechtiano, o del
yecto central, común a todos los libros del pe-
ríodo y firme en lo que respecta a sus propósi-
hacia el lector o por el carácter inexorable de realismo dialéctico en general de un modo in- tos más ambiciosos: ¿cómo lograr una voz
este Jugar común) a la necesidad de dedicar cruento, nunca como ruptura, e incluso man- personal a partir de una tradición literaria da-
algunos párrafos a lo que fuera su generación teniendo sus reservas frente a esta nueva pro- da y a través de unas condiciones históricas
poética. La verdad es que, vistos ya desde la puesta teórica ( 3). El caso de Castellet quizá muy determinadas?
perspectiva que dan dos ciclos generaciona- sea el más significativo, en la medida en que Así, en estos primeros libros de González
les, aquellos niños de la guerra ofrecen, aun- interviene de un modo más decidido en la or- los ejercicios de imitación, sobre todo de Juan
que sólo sea en algunos casos y estableciendo denación teórica de la poesía de posguerra Ramón Jiménez, de Machado, del neopopu-
las necesarias diferencias, los elementos y ca- con las dos ediciones de su conocida antolo- lismo heredado del 27, el sonetismo, la at-
racterísticas suficientes para poder agruparlos gía ( 4). En la ponencia titulada Cuatro notas mósfera rural (tan cara a la tradición poética
de algún modo. De cualquier manera este de- para un coloquio sobre realismo que Castellet española), etc., se mezclan con elementos vo-
bate es precisamente uno de los motivos que expuso en el seminario Realismo y Realiaud luntaristas tomados directamente de Jos her-
han reunido a protagonistas y público, duran- en la literatura contemporánea, celebrado en manos mayores como Celaya, Otero, etc., o
te varios días, y cuyos resultados se ofrecen Madrid en 1963, el crítico catalán, partiendo de grandes maestros como Alberti, Neruda o
en esta misma publicación. A ellos me remito. de las nociones lukacsianas de tipicidad y to- Vallejo. Pero, de cualquier modo, a medida
Hablemos, pues, del ambiente en un tono de- talidad, introduce con cierta vaselina una ci- . que la obra avanza va destilando de la poética
liberadamente general y señalemos las afini- ta de Brecht, entresecada del articulo Ampli- de aluvión que domina Jos dos primeros li-
dades cuando verdaderamente sean electivas. tud y variedad del estilo realista, sin advertir bros, una serie de recursos estilísticos y ele-
La distancia que pueda haber entre los (al parecer) que se trata de uno de Jos nume- mentos temáticos nuevos que, poco a poco, se
llamados escritores del 50 y sus hermanos rosos ataques de Brecht a la estética lukacsia- distancian de Jos orígenes dubitativos del poe-
mayores del realismo social, o entre Ángel na ( 5). De cualquier modo, lo interesante es ta.
González y Celaya u Otero, para ser más que esta cita, junto con otra todavía más sig- Áspero mundo, si exceptuamos la prime-
concretos, no es sólo una distancia cronológi- nificativa («Para juzgar las formas literarias ra parte del libro, es un descarado y hermosí-
ca, a pesar de la carga trágica que puedan te- es necesario interrogar la realidad y no la es- simo ejercicio de imitación en el que el poeta
ner ciertas fechas, sino también una distancia tética -ni aún la del realismo».), introducen demuestra sobradamente su capacidad para
ideológica. Distancia que se establece a tra- la última nota de Castellet, la dedicada al incorporarse a la mejor tradición lírica de la
vés de una lucha ideológica concreta, que no análisis de la poesía realista que se escribe en poesía castellana: «Voz que soledad 1 sonan-
sólo compete a la realidad intelectual españo- España en ese momento. En ella distingue do 1 por todo el ámbito asola, 1 de tan triste,
la si no que, durante la década de los cincuen- Castellet dos líneas: «un realismo épico inspi- de tan sola, 1todo lo que va tocando ... » No en
ta, origina un fuerte debate en los cenáculos rado por las luchas ideológicas y políticas de vano el libro se inscribe en el catálogo de
culturales de la Europa existencialista de pos- nuestros días y un realismo narrativo de tono Adonais. De cualquier modo, la primera par-
guerra. La mayoría de los críticos que anali- menor, cotidiano, de gran valor histórico y so- te del libro muestra un tono más acorde con
zan este período de la poesía española utili- cial y con mayores posibilidades estrictamen- Jos tiempos y, en realidad, contiene los únicos
zan, las más de las veces, argumentaciones te poéticas que el primero, demasiado ligado poemas directamente contemporáneos al tex-
banales para explicar el cambio de actitud a veces a los acontecimientos políticos de un to (8). En el primer poema (ya paradigmáti-
que significa, a mediados de los años cincuen- momento inestable, cuando no falsamente in- co) Para que yo me llame Ángel González...
ta, la irrupción de una nueva hornada de jóve- terpretado por el poeta» (6). Vemos, perfecta- vemos reunidas la tradición más inmediata y A NG E L (lO NZALI!Z

nes poetas que, sin abandonar totalmente el mente delimitadas, las dos líneas teóricas del la mediata: Guillén y Bias de Otero. Y desde
tono o la temática social, esgrimen una acti- realismo-poético aunque no se nombren con ahí hasta Todos ustedes parecen felices el to- '\SPI.:.RC'
tud distinta o, al menos, distanciada ( 1 ). Así, sus adjetivos conflictivos, así como las prefe- no existencial, angustiado, propio del vitalis- \ ((.Uif tHI t .. llii!O Ot

argumentos como el cansancio ante la mono- rencias del propio Castellet que más adelante mo pesimista de la poesía en lengua castella- /
tonía de los temas sociales, lafalta de altura justifica. Lo más revelador para nosotros de na del siglo XX, aparece como un elemento
poética, la reacción ante el dirigismo y, más este texto, es el hecho de que en él queda per- omnipresente: «Un hombre con un año para
recientemente, la miope lectura que se hace fectamente expuesto, y legitimado teórica- nada 1 delante de su hastio para todo... », «Pa-
de la querella comunicación versus conoci- mente, el paso desde una poesía hírnnica y ra vivir un año es necesario 1 morirse muchas
miento, etc, han ido tejiendo una versión re- circunstancial hasta otra narrativa y de tono veces mucho... », «Pero si tú me olvidas 1 que-
ductora de un problema, sin duda, más com- menor que tiene (o debe tener) muy en cuenta daré muerto ... », «Preferible es no ver. Meter
plejo. Sin embargo, en esos años durante los «el contenido épico y el carácter dialéctico de las manos 1 en un oscuro/ panorama... >> etc.
cuales comienza a surgir en nuestro país un la vida cotidiana» (7), tal y como señaló El término muerte es el dominante en esta pri-
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tes iniciales de su segundo libro Sin esperan- mo poética del pudor, pero que también
za, con convencimiento ( 1961 ): «y canto 1 to- puede considerarse como una de las primeras
do lo que perdí: por lo que muero» .. . «porque manifestaciones de lo que más tarde habrá de
ninguna patria 1 es ni será jamás la tuya» ... llamarse poética del 50.
«mi cuerpo marcha solo, equivocándose, 1 Todas las que hasta el momento habían
torciendo los designios que yo trazo» ... «ha- sido tímidas tentativas se entrelazan en Gra-
cia la sombra donde van las luces, 1 hacia el do elemental, constituyendo la mayor parte
silencio donde la voz muere?». No obstante, de su arquitectura y entrando en franco con-
el titulo mismo indica ya un cambio de actitud flicto con los planteamientos del social-realis-
( 10) y así los dos poemas últimos de la prime- mo. El poema Nada es lo mismo podría con-
ra sección señalarán el giro: «es preciso lle- siderarse como el síntoma más evidente de es-
gar, no 1 te detengas, 1 sigue buscando, mué- te cambio de actitud en la trayectoria perso-
vete, camina» ... «Entre tanto, 1 es verano nal del poeta, pero también, y quizá de un
otra vez, 1 y crece el trigo 1 en el que fue an- modo más claro que en el resto de sus compa-
cho campo de batalla». A partir de este mo- ñeros de grupo, como manifiesto, como lugar
mento, y en las cuatro secciones posteriores, en el que se señala la ruptura indicada por
el poeta se lanza a la búsqueda decidida de Castellet entre un realismo épico y un «realis-
esa palabra que le faltaba en su anterior ás- mo cotidiano de tono menor aunque de gran
pero mundo. Los procedimientos empleados . valor histórico y social»:
son muy diversos; en ocasiones vuelve, una La lágrima fue dicha.
vez más los ojos, hacia los grandes maestros
novecentistas aunque en la mayoría de los Olvidemos
poemas asuma de un modo muy consciente el el llanto
voluntarismo social de sus hermanos ma- y empecemos de nuevo,
yores. De cualquier modo, lo importante de con paciencia,
este texto es, por una parte, su resistencia a observando las cosas
ceder ante las tentaciones del profetismo so- hasta hallar la menuda diferencia
cial (que, en cierto modo, es una herencia de que las separa
cierta poesía escrita en el transcurso del pe- de su entidad de ayer
riodo bélico) porque para González está muy y que define
clara la primacía del testimonio histórico so- el transcurso del tiempo y su eficacia.
bre el personal ( 11 ): «Orador implacable y ¿A qué llorar por el caído
solitario: 1 no importa que tu palabra 1 caiga 1 fruto,
como una piedra sobre el agua 1 y se hunda». por el fracaso
O bien los versos que cierran el poemario: de ese deseo hondo,
«Un día como hoy nada es posible, 1 y si es compacto como un grano de simiente?
mi suerte lo que os preocupa 1 guardad silen-
cio y esperad 1 que llegue 1 un nuevo día, con No es bueno repetir lo que está dicho.
el alma en vilo» . Pero, por otra parte, la apor- Después de haber hablado,
tación más importante que este texto realiza de haber vertido lágrimas,
es la incorporación de distintos recursos para silencio y sonreíd:
la elaboración de esa palabra histórica, con
la particularidad de que esos recursos (pro- nada es lo mismo.
ducto todos de una voluntad distanciadora) Habrá palabras nuevas para la nueva
Con Bias de Otero. no sólo le preservan del mesianismo hímnico (historia]
de sus inmediatos predecesores si no que le y es preciso encontrarlas antes de que sea
van a ir facilitando el camino hacia la elabo- [tarde.]
mera parte y, en general en todo el poemario.
ANGEL GONZALEZ La vinculación con las viejas cuestiones ro- ración de una voz personal, de un perso- El poema parece traducir literalmente las re-
mánticas es innegable y así lo certifica el poe- naje poético . Estos recursos pueden resumir- flexiones que por aquellos años se hacía otro
PALABRA ma que cierra el libro, Ciudad, en el que el . se, fundamentalmente, en la introducción miembro importante del grupo, Jaime Gil de
SOBRE ámbito urbano es sólo testimonio de la sole- de la ironía y de algunos mecanismos de Biedma: «No negaré que hay aciertos aisla-
p dad, de la ausencia y el desamor. N o aparece construcción poética como el monólogo dos, pero la poesía que venimos haciendo
la explícita alabanza de aldea, pero su glorifi- dramático o el correlativo objetivo. Recursos - esa poesía humana, social, realista , o co-
cación queda implícita, sobre todo si recorda- que, a veces, coinciden en el mismo poema mo queráis llamarla- adolece de una inconsis-
mos los poemas inmediatamente anteriores, como en el caso de Discurso a los jóvenes, tencia que a la larga es imprescindible reme-
Bosque, Milagro de la luz .... Pájaros, Lluvia pieza que podemos elegir como símbolo de to- diar, si es que queremos ir con ella adelante»
sobre la nieve en primavera, etc., donde la do lo que venimos diciendo. Otro elemento ( 11 ). No es de extrañar esta coincidencia, ní
naturaleza es el lugar de la existencia del que se asoma tímidamente a estos poemas y tampoco es la única. Entre el Ángel González
amor. Como el mismo Ángel González ha se- que más tarde constituirá una de las caracte- que va de Grado Elemental hasta Tratado de
ñalado, este pesimismo dominante en buena rísticas típicas de la poesía de González, es la urbanismo ( 1967), ambos inclusive, y el Gil
parte de su primer libro no se corresponde sustitución paulatina del tono de llantina, que de Biedma de Compañeros de viaje (1959) y
exactamente con el esquema del social-realis- había dominado buena parte de los primeros Moralidades ( 1966) hay poemas incluso in-
mo de aquellos años (9). Podríamos decir que poemas, por otro tono mucho más sereno con tercambiables salvando, por supuesto, otras
va más allá, que se inscribe en un horizonte el que el poeta introduce la ironía no sólo en diferéncias. De cualquier modo, lo que nos
más general, en lo que nos atreveríamos a de- sus estados de pensamiento, sino fundamen- importa señalar es cómo en todos estos textos
finir como la sensación general de derrota del talmente en sus excesos sentimentales produ- se pone de manifiesto esa inflexión que trasla-
humanismo que embarga a todos los escrito- ciendo un distanciamiento cómplice en el lec- da un discurso poético nacido en el seno de
res de la Europa de posguerra. tor, una sensación de ternura, primera mani- una necesidad histórica urgente y alimentado
Este tono se mantendrá en los componen- festación de lo que aquí queremos definir co- en una tradición concreta, hasta un plantea-
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miento, un punto de partida que pretende ser pleados todos los recursos que, como hemos
renovador, rupturista incluso, pero dentro de visto, hasta ese momento ha ido incorporando
un orden, sin dejarse caer en las algaradas de a su poética: desde la sabia asimilación de la
los antiguos vanguardismos. De ahí su discre- tradición hasta los procedimientos más nove-
ción, presente hasta en Jos recursos y temáti- dosos como la ironía, el humor, el correlato
cas que utiliza. Desde el titulo, Grado Ele- objetivo, etc. No obstante, el valor del libro
mental, hasta las lecciones de cosas (que en está dado por su tono, que en cierto modo es
este caso pretenden no ser tan románticas co- el tono de un determinado grupo, generación
mo útiles), cuyas enseñanzas se aprovechan o movimiento. El proceso distanciador res-
para la elaboración de la palabra nueva que pecto a la posible trascendencia del discurso
sea capaz de ofrecer una representación fiable poético, la conciencia y asunción de que el
de la nueva historia. poeta sólo es tal en tanto que personaje, la
Esa nueva palabra debe ser de tono me- certeza de que la penetración critica en la rea-
nor, elemental, cotidiana. ¡y qué más elemen- lidad social sólo puede llevarse a cabo a tra-
tal que un discurso moral dirigido a animales, vés del camino de la cotidianeidad, mostrando
en el que los exempla están entresacados de las contradicciones y poniendo en entredicho,
los más pintorescos representantes de la fau- por tanto, desde dentro, tanto valores como
na humana! El camino está trazado. Que el costumbres o usos al parecer inamovibles,
siguiente titulo que González ofrece, Palabra dan al libro un tono coherente, cerrado, sin fi-
sobre palabra (1965), desemboque en el te- suras en el que la voz del personaje poético se
ma amoroso a partir de la interrogación sobre detiene, una vez más, sobre sus temas obsesi-
el funcionamiento de la palabra poética, es vos confiriéndoles la categoría de preocupa-
perfectamente lógico. Como hemos visto el ciones colectivas, de símbolos generales con
autor se enfrenta con los problemas que le los que el lector, de entonces y de ahora, esta-
plantea la construcción de un discurso que blece una inmediata complicidad: «Todo, en
pretende ser nuevo, diferente; acude a la tra- resumen, lo que ven los ojos 1 o escuchan, to-
dición y ésta le deja frente al vacío que había can, huelen, los sentidos, 1 es síntoma, sin du-
abierto la trayectoria iniciada por Juan Ra- da, 1 de la bondad, del orden, de la dicha 1 que
món Jiménez (el mismo proceso había dejado ha de albergar un mundo tan perfecto».
a Gil de Biedma frente a la esfinge del más A partir de este momento A. González
ilustre epígono juanramoniano ); pero esta pa- intentará desembarazarse de su personaje
labra nueva no pretende dirigirse hacia los poético ( 12)...Rasgo así mismo generacional:
misterios insondables de la esencialidad del Gil de Biedma lo mata y asiste a sus funerales,
ser, sino hacia su materialización cotidiana, Valente lo embarca en una misión imposible Arriba, con Buñuel.
hacia su condición de hijo de vecino. El punto Abajo, con Celaya y
(anotar el silencio), Barra! lo desliza hacia la La Pasionaria.
de confluencia más objetivamente general y glosa que supone la narración de sus hechos,
subjetivamente individual es, sin duda, el Goytisolo lo mima, lo pule, lo retoca, Bonald
amor, el erotismo, y hacia él, con un desarro- enmudece durante catorce años, etc., etc. , etc.
llo natural y fluido, se dirigen las preocupa- González en sus posteriores entregas (Breves
ciones del poeta. En este sentido, el poema acotaciones... ( 1969), Procedimientos narra-
Me basta así nos parece indudablemente el tivos (1972), Muestra corregida ... ( 1977),
más significativo, porque en él, tanto el narci- etc.) lo radicaliza, en un intento de que extre-
sismo vital como el solipsismo ideológico de mando sus rasgos los perfiles del mismo aca-
Juan Ramón (y consecuentemente de la tradi- ben por diluirse. Efectivamente la poesía es-
ción poética española moderna) quedan evi-
crita por González en este periodo parece dis-
denciados: « .. . quiero 1 aclarar que si yo fuese/
tanciarse ostensiblemente de su tono anterior
Dios, haría 1 lo posible por ser Ángel Gonzá- y aproximarse a posiciones antipoéticas y, en
lez 1 para quererte tal como te quiero». Ve- concreto, a un grupo de escritores hispanoa-
mos una vez más (y lo veremos siempre de mericanos, Parra, Cardenal, Dalton, Benedet-
aquí en adelante) cómo la ironía resuelve el ti, etc., que desde una tradición y unas condi-
conflicto entre el carácter trascendente (sa- ciones históricas específicas desembocan en
cralizador) del verbo poético y su servidum- una práctica poética que guarda indiscutibles
bre terrenal y cotidiana, pero lo más que el puntos de contacto con la poética del 50.
poema ofrece es su vocación de vida, su Veamos un ejemplo, Glosas a Heráclito, en-
apuesta por la vida, antes que por la poesía tresacado de Muestra...: « ...Nada es Jo mis-
o ... la palabra. mo, nada 1 permanece. 1 Menos 1 la Historia
Este cambio de actitud, que más que cam- y la morcilla de mi tierra: 1 se hacen las dos
bio es la consecuencia lógica del proceso que cierto desdén por algún sector de la crítica,
con sangre, se repiten». El mito heraclitiano
se iniciara en Grado Elemental, queda certifi- han acabado por aportar el eslabón final en
una vez más, pero ahora no sólo desprovisto
cado en el poema que cierra la primera sec- toda esa cadena de búsqueda necesaria que se
de solemnidad sino también de ironía, conver-
ción del siguiente libro Tratado de urbanis- abrió en el ya lejano 1956. Prosemas o menos
tido en agrio y duro sarcasmo. Quizá, como el
mo ( 1967), el titulado Preámbulo a un silen- (1985 ), última entrega de ·Ángel González
mismo González ha dicho ( 13), esta intensifi-
cio, cuyo final reza: « ... y sonrío y me callo confirma y cierra no sólo toda su trayectoria
cación del proceso de extrañamiento (de los
porque, en último extremo, 1 uno tiene con- literaria, sino que además justifica la radicali-
procedimientos narrativos) se deba a la nece- zación de procedimientos predominante en la
ciencia 1 de la inutilidad de todas las pala- sidad del poeta por recobrar la fe en la utili-
bras». Tratado de urbanismo es sin duda el última etapa de ésta. Si desde que Ángel Gon-
dad de la palabra.
libro de madurez de Ángel González, en el zález fue consciente de que estaba harto de
que, desde el punto de vista estructural, pode- Lo cierto es que, al fin y a la postre, estos Ángel González, su poesía se cargó no sólo de
mos ver resumidos y extraordinariamente em- procedimientos radicales recibidos no sin sino de sarcasmo, humor y juego, desde
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poránea en la que se enmarca: la poesía espa-
ñola del siglo XX. Porque concluye un proce-
so de superación de las clásicas cuestiones ro-
mánticas que González ya inició en Tratado
de urbanismo con la temática rural y cierra
ahora con la famosa dicotomía inmortalidad
del arte/vida perecedera, de la que se mofa,
burla y bufa, poniéndola en su lugar, no sin.
buenas dosis de ternura, autocomprensión y
miedo. Las cosas son así e irremediablemente
el poeta sobrevive a la persona, pero una sola
hora de vida de persona vale más que toda la
eternidad inmovil y gloriosa de poeta:
Con la mirada ávida de un perro de lanas
Angel González
el Poeta nos contempla, (1) Si hacemos excepción del trabajo de José Olivio
Jiménez, Diez años de poesia española. 1960-70,
Pros emas ilusionado,
desde las páginas amarillentas de la Ed. lnsula, Madrid, 1972 y los distintos trabajos
dedicados a este período por F anny Rubio.
{Eternidad]
o menos -su estación favorita.
(2) Vid. por ejemplo Francisco Posada, Lukács,
Brecht y la situación actual del realismo socialis-
ta, ed. Galerna, Buenos Aires, 1969.
Seguro de la gracia ( 3) Sastre, Alfonso, La Revolución y la crítica de la
irresistible de su breve aullido cultura, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1971 y Castellet,
-impreso para siempre J.M.•, Un cuarto de siglo de poesia española, Ed.
en la memon·a de las bibliotecas-, Seix-Barral, Barcelona, 1965.
(4) /bid.
con ojos zalameros y saltones (5) Hemos manejado el texto fotocopiado de la
nos sigue reclamando más azúcar. ponencia.
Su expresión lo delata: (6) /bid.
está moviendo el rabo. (7) !bid.
(8) Vid. González, A., «Introducción» a Poemas,
que Angel González ha sido consciente de que Ángel González no creó a Ángel Gonzá- Ed. Cátedra, Madrid, 1980.
seria sobrevivido por Ángel González su poe- lez para que le sobreviviera, sino para que le (9) !bid. p. 17.
sía se ha cargado con pólvora contra el perso- superviviera, para vivir con él una vida mejor ( lO)« ... en el que el término convencimiento debe
naje poético, contra la poesía misma. Esa es la y más intensa. Indudable lección de moderni- referirse a la Historia, y la desesperanza a mi histo-
historia de Prosemas o menos, la historia de dad para aquellos más jóvenes que, en cierto ria)). ! bid. p. 19.
una venganza contra una inmortalidad inútil momento, pretendieron ser el relevo de esta ( 11) Vid. «El ejemplo de Luis Ce muda)), en El pie
para la vida de Ángel González, lo verdadera- de la letra, Ed. Crítica, Barcelona, 1980, p. 73.
generación y que iniciaron su pretendidamen- ( 12) Vid. González, A. , «Introducción)) a Poemas,
mente importante de la historia ( 13). te ¡revolucionaria! andadura con dibujos de la op. cit. p. 22.
Este libro no sólo es extraordinariamente muerte, crónicas de la misma en lujosos ba- (13) Vid. Rovira, Pere, «Los prosemas de Ángel
importante desde su contexto concreto, es de- m'os californianos o juegos desesperados pa- González)), en lnsula , n.o 469, Madrid, Diciembre,
cir, desde el estilo al que hace referencia, sino ra aplazar el día y la hora fatídicas. Las lec- 1985, pp. 1 y 10. Uno de los más interesantes tra-
también en relación con la escritura contem- ciones de cosas ... • bajos sobre la poesía de Ángel González.
Lorenzo auullar Pérez
Hablo con Juan Marsé y a los cinco mi-
nutos de conversación literaria me viene a la
memoria una frase con la que Francisco Bri-
nes quiso definir su propia poesía: "de los
emocionados escombros de la vida surge la

Tener una historia motivación del poema". Porque la na"ativa


de J. Marsé nace también de los escombros;
de manera especial, sus obras últimas reflejan
las imágenes y las obsesiones que le rondan,
esa mitología personal de la infancia, el in-

ucontarla
tento de recuperar el paisaje urbano que sólo
existe en su historia cotidiana. El deseo frus-
trado de encontrarse con los lugares vividos,
un ajuste de cuentas con el paso del tiempo,
un intento pesimista de búsqueda del yo en
la esfera mitificada del recuerdo, eso es lo que
da lugar a una escritura lineal, irónica y sar-
cástica. Por ello, también, parece prudente
empezar desde el principio.

-Me gustarla saber cómo llegaste a la


literatura, cómo empiezas a trabajar. Estuve
leyendo la entrevista que te hizo Vázquez
Monta/bán en 1959.
- Es una de las primeras entrevistas que
hacía Manolo y una de las primeras que me
hacían a mí, por no decir la primera.

- Te la hizo cuando quedastefinalista del


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poemas. Pero eso aclara muy poco; la verdad un solo juguete, luego vino Esta cara de la
es que no hay ningún escritor que sea capaz Luna; ¿qué pasó con esta última?, porque
de contestar por qué diablos se dedica a esto y después hiciste una segunda edición y la
no a otra cosa. reelaboraste.
-Corregí un poco aspectos de estilo, por-
- La critica suele hablar de la genera- que es una novela que estaba muy mal escrita
ción del 50. ¿Tú crees en la Generación del y me limité a corregir cuestiones que estaban
50? sencillamente traducidas casi del catalán di-
-No, yo no creo. E sto son formas de tra- rectamente. Pero es una novela de la que yo
bajo de los entendidos, los críticos, los erudi- nunca estuve contento y nunca lo oculté.
tos, en fin, de las personas que se ocupan de Además, esa novela la escribí muy rápido,
la literatura. E s una forma de clasificar a un por razones económicas; yo estaba en París y
grupo por afinidades, aunque no temáticas, necesitaba dinero, y en realidad lo que entre-
porque n