Título: El mito de occidente.
Autor: MsC. y Profesor Asistente: Onelio Olivera Blanco.
Departamento: Lenguas Extranjeras. ISP Rafael M. de Mendive.
E-Mail:
[email protected]Resumen.: El siguiente trabajo nos lleva a hacer algunas reflexiones sobre uno de los mitos
más antiguos de la humanidad: el mito de la superioridad cultural de lo que la historiografía
burguesa llama occidente en contraposición con el supuesto bajo nivel de desarrollo de lo
que esa misma concepción llama el oriente. Con ejemplos ilustrativos se demuestra la falacia
de esta concepción.
Abstract: This article makes some reflections on one of the humanity's older myths: the
myth of the cultural superiority, what the bourgeois historiography calls occident in
opposition with the supposed low level of development of what that same conception calls
the east. The fallacy of this conception is demonstrated with illustrative examples.
El término Occidente: algunas consideraciones.
Si tomamos el diccionario Grijalbo (página 1229) y buscamos la definición de occidente y
occidental encontramos lo siguiente:
Occidente: Punto cardinal del horizonte por donde se pone el sol. // Ant. Nombre dado al
conjunto de estados europeos unidos en la fe cristiana y opuesta al dominio turco. // Hoy,
identificador de las sociedades capitalistas herederas de tradiciones cristianas y protestantes.
Occidental: Relativo o perteneciente al occidente. // De cultura y sistema político propios de
occidente, por oposición a los países del este. // Se aplica al planeta que se pone con
posteridad al sol.
En Microsoft® Encarta® 2006 con un enfoque más politizado, encontramos lo siguiente:
occidente. (Del lat. occĭdens, -entis, part. act. de occidĕre, caer). m. Oeste (ǁ punto
cardinal). ORTOGR. Escr. con may. inicial. || 2. oeste (ǁ región situada en la parte oeste). ||
3. oeste (ǁ lugar situado al oeste de otro). || 4. Conjunto formado por los Estados Unidos y
diversos países que comparten básicamente un mismo sistema social, económico y cultural.
Como podemos apreciar son dos conceptos muy parecidos, con muchos puntos en común y
que están sustentados por una fantasía geográfica que ha impuesto divisiones imaginarias a
través de un doble eje oriente-occidente y norte-sur a través de los siglos. Debemos señalar
que desde el punto de vista geográfico este concepto es relativo. Lo que occidente, por
ejemplo, llama “Oriente Medio”, es desde una perspectiva China “Asia Occidental”.
En árabe la palabra para designar a occidente es Maghreb y se refiere a África del Norte, la
parte más occidental del mundo árabe en contraste con Mashreq, la parte oriental.
Además el término “occidente” es un término superpuesto a través de una larga historia de
uso ambiguo y de aceptación o imposición en la mayoría de los casos, por la cultura de los
países “desarrollados” que marginan y desprecian a las culturas que califican de “inferiores”
y menos desarrolladas.
Para Raymond Williams (1976), esta teoría se remonta a la división Oriente-Occidente del
imperio romano; la división Oriente-Occidente de la iglesia cristiana; la definición de
occidente como Judaico- cristiano y el Oriente como musulmán, hindú y budista y finalmente
a la división de posguerra en Europa entre el Occidente capitalista y el Oriente comunista. De
esta forma la política, como en muchos otros casos, ha determinado la geografía cultural del
mundo.
En el lenguaje contemporáneo Israel es visto como país occidental, mientras que Turquía
(paradójicamente con la mayoría de su territorio situado al occidente de Israel), Egipto,
Libia, y Marruecos son todos orientales.
Esta definición de occidente excluye a América Latina, lo cual es sorprendente, ya que la
mayoría de estos países, cualquiera que sea su herencia étnica, histórica o cultural están
geográficamente situados en el hemisferio occidental, muchos hablan un idioma europeo
como primera lengua, y viven en sociedades donde los patrones europeos son hegemónicos.
No es nuestra intención incluir a América Latina dentro del tan manejado concepto politizado
de occidente, sino llamar la atención sobre la arbitrariedad de las cartografías actuales de
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identidad para lugares como América Latina, lugar donde se encuentran territorios de
occidente y de oriente con un bagaje cultural africano, indígena, asiático y europeo.
El Eurocentrismo: sus influencias.
Aunque el discurso triunfalista eurocentrista no quiere demostrar el desarrollo de la historia
como una marcha hacia delante de factores diversos, entrelazados y yuxtapuestos entre si,
si debemos plantear que Europa misma es una síntesis de muchas culturas orientales y
occidentales donde la mezcla, la asimilación y transculturación de elementos identitarios han
jugado un papel significativo en la configuración de una mal llamada identidad endógena de
esa región.
La noción de una Europa pura se originó en la Grecia Clásica y es premisa de cruciales
exclusiones desde la antigüedad como la influencia africana y semita que le dio forma a la
Grecia Clásica hasta la cultura islámico-judaica que jugó tan trascendental papel en la
Europa de la llamada Era de la Ignorancia (Black Age), en la Edad Media y el Renacimiento.
Jon Pieterse (1992) plantea que todas las “celebradas” etapas de progreso europeo: Grecia,
Roma, Cristianismo, Renacimiento e Ilustración son momentos de mezcla cultural.
El arte occidental ha estado siempre en deuda y ha sido transformado por el arte no-
occidental como la influencia africana en la pintura modernista, el impacto de las formas
asiáticas en el teatro y el cine y la influencia de la danza africana en muchos coreógrafos
famosos. (Brenda Dixon.1991)
El occidente, desde esta perspectiva es en sí mismo una herencia cultural, una mélange de
culturas; ésta no solamente toma influencias no europeas, sino que está constituido por
ellas. (Jan Pieterse. 1992).
Una noción idealizada de occidente organiza el conocimiento en formas que favorezcan el
imaginario eurocentrista: la ciencia, la tecnología, el desarrollo político-social por ejemplo
son casi siempre vistas como occidentales.
Según esta actitud, se asume que toda la teoría es occidental, que movimientos como el
feminismo y el antiterrorismo donde quiera que aparezcan son occidentales, visión esta que
proyecta a occidente como la mente y el refinamiento y la otra parte del mundo como el
cuerpo y la materia prima.
Sin embargo hasta hace poco Europa fue ante todo una prestataria de avances científico-
técnicos: el Alfabeto, el Álgebra y la Astronomía todos provienen de países fuera del contexto
físico europeo.
Realmente para algunos historiadores el primer artículo de tecnología exportado hacia
Europa fue un reloj en 1338. (Cipolla. 1980). Hasta las calaveras utilizadas por Enrique el
Navegante (1394-1460), príncipe de Portugal, conocido como el patrocinador de la
navegación y la exploración, fueron modeladas siguiendo formas árabes.
Desde China y el Oriente europeo llegaron la imprenta, la pólvora, la brújula magnética, el
reloj mecánico y la cartografía quántica. (Needham.1969).
Pero, aparte de reconocer la existencia histórica de la ciencia y la tecnología no europeas
(ciencia antigua egipcia; agricultura africana; matemática Maya; y arquitectura, sistema de
riego y vulcanización Azteca) no debemos ignorar la interdependencia de estos mundos.
Mientras que el desarrollo tecnológico de los últimos siglos se ha centrado, indudablemente,
en Europa y Norteamérica, este desarrollo ha sido una empresa conjunta, donde el “Primer
Mundo” se lleva la mayoría de los créditos, facilitada por la explotación colonial antes y por el
robo de cerebros del “Tercer Mundo” ahora.
Si las Revoluciones Industriales de Europa fueron posibles por el control de los recursos de
las naciones colonizadas y la explotación de la fuerza esclava entonces en qué sentido es
significativo hablar de tecnología, industria y ciencia “occidental”.
El “occidente” y el resto del mundo no pueden, en suma, ser vistos como antagónicos,
porque en realidad los “dos mundos” se interpenetran en un espacio inestable de criollización
y sincretismo. En este sentido el mito del occidente y del oriente forman el verso y el
reverso del mismo signo colonial.
El hecho real es que virtualmente el mundo entero es actualmente una formación mixta.
Eurocentrismo y Occidente: teorías convergentes.
El discurso eurocentrista glorifica la historia de occidente mientras tratan con
condescendencia y hasta diabolizan a los no europeos. Los eurocentristas piensan de si en
términos de sus nobles logros- ciencia, progreso, humanismo- mientras que piensan en los
no europeos, desde su concepción socio-política y económica, en términos de sus
deficiencias, reales o imaginarias.
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J M Blunt llama al eurocentrismo “el modelo colonial del mundo” que como modo de
pensamiento refuerza tendencias intelectuales como:
¾ Proyecta una trayectoria histórica lineal que va desde la Grecia Clásica, vista como
“pura”, “occidental” y “democrática”, hasta la Roma imperial y de ahí hacia las
capitales metropolitanos de Europa y los Estados Unidos.
Le rinde homenaje a una larga secuencia de imperios: la Paz Romana, La Paz
Hispana, la Paz Británica, la Paz Americana etc.- En todos los casos Europa sola y
sin ayuda es vista como motor del progreso y el cambio histórico: Europa inventó la
sociedad de clases, el feudalismo, el capitalismo y la Revolución Industrial. Pero se
olvidan que también en su territorio y gracias a sus políticas de rapiña se
desarrollaron las dos guerras mundiales que tanto muertos trajeron a nuestro
mundo.
¾ El eurocentrismo le atribuye al “occidente” un progreso inherente hacia las
instituciones democráticas (Torquemada con la Inquisición, Mussolini y Hitler con el
fascismo y el nazismo, respectivamente, suelen ser vistos como aberraciones y
excepciones dentro de la historia europea)
¾ El eurocentrismo no tiene en cuenta las tradiciones democráticas no europeas
cuando niegan que estas existan y poder así ocultar el papel protagónico de
occidente en subvertir las democracias en otros sitios.
¾ El eurocentrismo minimiza las prácticas opresivas de occidente catalogándolas de
excepcionales y contingentes. El colonialismo, el tráfico de esclavos y el imperialismo
no son vistos como catalizadores fundamentales del poder desproporcionado de
occidente.
¾ El eurocentrismo se apropia de la producción material y cultural de los países no
europeos, especialmente de América Latina, África y Asia mientras niegan sus logros
en lo económico, social, político y cultural.
Nuestra crítica al eurocentrismo no está dirigida a los europeos como individuos, sino hacia
la relación de dominación históricamente opresiva de Europa con la otredad interna o
externa. Sin embargo, no estamos en condiciones de afirmar que Europa es la causa de todo
mal social en el mundo. Esta postura nos convertiría también en eurocentristas.
Virtualmente todos los países y regiones del mundo, y Europa no es la excepción, son
multiculturales. En Egipto, por ejemplo se funden influencias faraónicas, árabes,
musulmanas, judías, cristianas y mediterráneas. La India es alarmantemente plural en
lenguajes y religiones; México con su “raza cósmica” entrelaza a tres grandes constelaciones
de culturas. El multiculturalismo de Norteamérica no es de reciente data. América comenzó
como políglota y multicultural hablando miles de lenguas europeas, africanas y americanas
nativas.
La “vieja y culta” Europa con su Comunidad Europea y el euro no ha podido lograr el viejo
sueño hegemónico de enfrentarse al mundo y principalmente a los países en desarrollo
como un bloque monolítico en lo político y lo económico. Las diferencias, aunque quieran
esconderlas, son de dominio público. Un ejemplo reciente lo fue la invasión a Irak. Otro lo es
el consenso que quiere lograr Estados Unidos de la mayoría de los países europeos para su
premeditada invasión a Irán.
La lucha contra el terrorismo, burdo pretexto utilizado para la invasión, ya no convence a
nadie y los países europeos con grandes intereses en esa región del planeta, rica en
petróleo, están reacios a secundar a su socio en una aventura que les costaría demasiado.
Por lo tanto dentro de Europa se mueven fuerzas contradictorias, con diferentes niveles de
compromiso con la gran superpotencia y lograr una tácita aceptación de estas condiciones
por todos los países europeos será una empresa difícil de lograr.
Ya Europa no es la misma de hace 50 años. La afluencia migratoria desde diferentes partes
del mundo hacen de este continente uno de los más sobresalientes en entrecruzamientos
migracionales que han convergido hacia una fluida mezcla cultural, con elementos
identitarios de todas las partes del mundo.
Dentro de ese flujo las “mayorías” y las “minorías” pueden fácilmente cambiar sus lugares,
ya que las “minorías” internas son siempre fragmentos dispersos de lo que fueron antes
“mayorías” en otro lugar. Y estas “minorías” van ocupando cada día un lugar más
preponderante dentro del espectro político, cultural y económico del “viejo continente”
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BIBLIOGRAFIA.
Blunt, J. M. 1993. El modelo colonialista del mundo. Gilford Press. New York.
Cipolla, C. M. 1980. La sociedad europea y la economía antes de la Revolución
Industrial. Material Bibliográfico.
Dixon, Brenda. 1991. The Afrocentric Paradigm. Arts in Education Magazine.
Jan/Feb.
Galeano, Eduardo. 1979. Las venas abiertas de America Latina. Casa de las
Américas. Ciudad de La Habana. Cuba
Grijalbo. Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado Pág.: 1229.
Microsoft® Encarta® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation..
Pieterse, Jon. 1992. Deshandando a Occidente. Material Bibliográfico.
Shohat, Ella et al. 1994. Unthinking Eurocentrism. Routledge. London and New
York.
Williams, Raymond. 1976. Keywords: A Vocabulary of Culture and Society. New
York Oxford University Press.