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HayQueMatar A Pasolini

Aniversario asesinato PP Pasolini por Jaier Rebollio para Caiman Cudernos de Cine España,Noviembre 2017

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Hay que matar a Pasolini

"La historia de Italia es mentira"


Leonardo Sciascia

Viniendo de Sicilia en la noche del 27 de octubre de 1962 una avioneta Morane-Saulnier MS.760, un aparato con
excelente calidad de vuelo y mecánica, estalla en el aire y cae en Bascape, Palermo. Enrico Mattei, presidente de la
ENI (Empresa Nacional de Hidrocarburos), muere con toda la tripulación. En la investigación se atribuyó el
accidente a un error del piloto.

El próximo 2 de noviembre, Día de los Muertos, se cumplen cuarenta años del asesinato de Pier Paolo Pasolini,
un crimen que él mismo vaticinó. Para muchos hoy -cuando el caso acaba de cerrarse por cuarta vez- es un
crimen político situado en el centro de las matanzas de la Italia de los sesenta y setenta, un crimen que
atraviesa la historia reciente del país explicándola.
La Italia moderna parece una película política italiana, un género con el que los italianos han sabido conectar
su propia Historia con el cine. Sorprende el arrojo de cineastas, periodistas y escritores italianos amenazados y
muertos como Pasolini, que no el de sus gobernantes y empresarios o el de tantos aliados de organizaciones
mafiosas, corruptos y asesinos de misa diaria. A Pasolini no le gustaba filmar lo que no amaba y por eso no lo
hizo con la actualidad, solo con la burguesía en Teorema. Pero a su muerte trabajaba en una monumental
novela protagonizada por un trasunto de Enrico Mattei, el mismo que estalló en el aire. Petróleo se titula; solo
publicada en 1992 y muy mal leída, fue su última e inacabada obra que solo el tiempo pondrá junto a las
grandes novelas del siglo, una investigación que debía tener más de dos mil páginas en forma de alegoría sobre
el poder y el sexo que, a la postre, le costó la vida al poeta y cineasta.

El 16 de septiembre de 1970 el periodista Mauro di Mauro es asesinado en Palermo con el método de la "lupara
bianca" (hacer desaparecer el cadáver), en ese momento investigaba la muerte de Mattei para la película de
Francesco Rosi Il Caso Mattei. Según el arrepentido mafioso Francesco Marino Mannoia se hizo desaparecer el
cuerpo de di Mauro disuelto en acido.

Pasolini amaba el Tercer Mundo. Mattei también a su manera, por eso hicieron estallar el avión en que volaba.
Había acusado el empresario democristiano a las grandes petrolíferas de beneficiarse de los altos precios del
crudo en vez de regular una competencia real; para combatirles impulsó desde el Estado la creación de la ENI.
Como Pasolini a la burguesía y al fascismo, se enfrentó Mattei, el corsario negro, a los grandes grupos
monopolistas realizando una apertura estatal anticapitalista y a la izquierda; hasta entonces las compañías
privadas norteamericanas, británicas y francesas ofrecían pírricos beneficios allá dónde iban, mientras que
Mattei admitió a países pobres como socios y ofreció un alto porcentaje asumiendo el Estado todo el riesgo,
además de dar tecnología y bolsas de estudios. Es por eso fácil comprender la identificación de Pasolini con
Mattei y su política, su identificación con el empresario corsario enfrentado a EEUU y a la Mafia.
Desde finales de los sesenta pensaba Pasolini en una película ensayo que iba a titular Apuntes sobre el tercer
mundo prolongando lo iniciado en Apuntes sobre un film de la India a otros países de América y Oriente. Es muy
importante la noción de apunte en la obra y en la vida de Pasolini, en su manera de escribir y rodar: pocas
tomas, fragmentación, pastiche y mezcla, urgencia e inacabamiento y, como Barthes decía y él repetía, sentido
suspendido. Antes de filmar el Tercer Mundo ya se había refugiado Pasolini en la India tras el primer rechazo
de Fellini a las pruebas de Acattone; y luego, durante toda su vida lo frecuentará cada vez más buscando allá,
Nepal, Etiopia o Yemen, lo que en Italia se había pervertido.
Será el "accidente" de Mattei la obsesión de Pasolini desde 1972 -año del estreno de Il caso Mattei de Rosi- en
que comienza la escritura de Petróleo, acaso tras ver el film protagonizado por Gian María Volenté.

A las seis y media de la mañana del 2 de noviembre de 1975, madrugada del domingo al lunes, en un descampado
entre chabolas de Villa dell'idroscalo en la localidad costera de Ostia, una mujer, Teresa Lollobridida, encuentra
el cadáver destrozado de un hombre. Poco después, Ninetto Davoli reconocía en la morgue de Roma el cuerpo de
su amigo el poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini.

"La muerte determina la vida", así lo sentía Pasolini, lo que no significa vivir para la muerte sino vivir para la
vida; escribió sobre ello en su famoso texto sobre el plano secuencia en dónde comparaba al montaje la muerte
y a la vida el plano. Creía que la vida adquiría sentido solo terminada, "antes de que ese momento haya llegado
su sentido está suspendido y permanece ambiguo".
Desde 1972 Pasolini se había refugiado, pero a la vez expuesto, en Oriente y en su torre medieval en la Chia de
aquella última foto suya desnudo, vulnerable y fuerte, tras el cristal y en la piedra, todo carne; se había
fortificado y expuesto Pasolini, enfrentado a todo desde la primera del Corriere della Sera con una serie de
incendiarios artículos como aquel, un año antes de ser asesinado, en el que afirma conocer los nombres de los
responsables de los atentados fascistas de 1969 en Milán, de los atentados de Brescia y Bolonia en 1974: “Sé
los nombres del grupo de poderosos que, con la ayuda de la CIA (y en segundo lugar de los coroneles griegos y
la mafia), urdieron primero (aunque fracasaron miserablemente) una cruzada anticomunista para atajar el 68.
Sé los nombres de quienes, entre misa y misa, dieron instrucciones y aseguraron la protección política a viejos
generales (para mantener en pie, por si acaso, la organización de un posible golpe de Estado), a jóvenes
neofascistas, o más bien neonazis". Pero a la vez, apartado de casi todos Pasolini, recogido en la investigación
de Petróleo, en su afición por la pintura recuperada, …y en la noche como un gato viejo.

La noche del crimen es detenido el menor Pino Pelosi, un chapero y ladrón que todavía hoy es el único condenado.
El 14 de febrero detienen a los hermanos Pino y Franco Borsellino acusados de asesinato, también menores de
edad, pero son puestos en libertad. El juicio acaba condenando a Pelosi a nueve años de prisión por "muerte en
colaboración de otros" pero éste fundamental particular luego será "desestimado". Veinte años después Marco
Tullio Giordana denunciará en Pasolini un delito italiano las hoy demostradas graves irregularidades en el
proceso y peritaje policial, en la acumulación y almacenamiento de pruebas y en la misma autopsia de Pasolini.

Pelosi era un ragazzi da vita, un golfo. Era y es romano, hoy un jardinero sinvergüenza que va cambiando sus
declaraciones según van muriendo los implicados en el crimen y va necesitando dinero, un ladrón y un
chapero en 1975. Es imposible leer la atroz autopsia del martirio de Pasolini y creer que este casi hombre
menudo propinara tal paliza y muerte al atlético poeta. Pasolini amó y filmó a estos chicos y lo que
representaban, pero cuando está por morir ya no. Un mes antes de su asesinato y tras ver Acattone por
televisión escribe Pasolini un texto tristísimo en el que dice que no encontraría hoy a su protagonista sino
pervertido por el poder consumista. En esos años de liberación y "falsa permisividad", el sexo en los jóvenes,
sin ideología ni cultura, es algo "triste, obsesivo".
En Roma, pobre como un perro, había descubierto Pasolini el subproletariado; Sergio Citti, su futuro ayudante
y guionista, será su diccionario romano, con él conoce el mundo primitivo y salvaje de los barrios pobres y
desheredados de la periferia, un mundo genuino en su vitalidad comparado con el mundo de la alta burguesía
económica ignorante e “ideológicamente pequeñoburguesa”, como la llamará en Teorema.
Pero en 1975 todo ha cambiando, los suburbios han devenido en campos de concentración edificados, y su
amor por Roma y el subproletariado se ha vuelto rechazo. Pelosi es hijo de esa Italia que odia Pasolini,
Acattone no lo era y por eso lo filmó como un Massacio, con película Ferrania de claroscuros violentos y grano,
con teleobjetivo 75 mm para fijar la inmovilidad del rostro y del gesto, deteniendo el tiempo, sacralizando las
cosas. No se debe confundir el amor de Pasolini por la realidad, su sensualidad, con el naturalismo ni con el
realismo; fue siempre para él un lenguaje vivo de la realidad el cine frente al Estilo de la literatura, y de ahí su
gusto por el montaje -aunque hizo planos secuencias admirables como los de Mamma Roma- y por la mezcla de
estilos y tonos, por la escritura magmática, que en Petróleo y en su multitud de planos lingüísticos quería que
contuviera hasta enlaces a cortometrajes.

El 20 de septiembre de 1994, el juez Vincenzo Calia, fiscal adjunto de Génova, reabre la investigación de la muerte
de Mattei treinta años después sobre la base de nuevos hechos que ponen sorprendentemente en relación, por
primera vez, el asesinato del presidente de la ENI con la desaparición y crimen del periodista Mauro di Mauro y
con el asesinato de PPP y la escritura del libro en el que trabaja, Petróleo.

Con veinticinco años de antelación Pasolini había llegado a las mismas conclusiones que el fiscal Calia. Había
concebido Pasolini Petróleo como una novela solo en apariencia novelesca en la que trama y personajes solo
importan como alegoría, como en su cine; es Petróleo una de esas novelas modernas para las que no hay
lectores y menos aún lectores burgueses, una novela que no busca identificación con los personajes ni la
afirmación narcisista del lector sino el conocimiento a través de temas existenciales; esto, y su carácter de
inacabamiento en el estilo -que rechaza- y en la edición -que es la de un libro "anotado"- y los diferentes
niveles del lenguaje despistaron a la crítica, cegada por el sexo, que no vio la pesquisa y denuncia del poder
oculto italiano.
Lo curioso es que fuera un valiente fiscal, y no un filólogo, quien por casualidad descubra la relación de
Petróleo y el asesinato de Mattei con otro libro que su mujer encuentra en un puesto de segunda mano: Questo
es Cefis, que los amigos de Mattei escribieron con seudónimo a su muerte, acaso como denuncia y advertencia a
los asesinos, un libro del que Pasolini localizó el único ejemplar existente, una fotocopia -ya que de él
"desaparecieron" incluso los dos ejemplares depositados en la Biblioteca Nacional- y del que "canibalizó"
partes enteras para Petróleo. Ligaba así Calia las tres muertes: la de Mattei en el aire, la del guionista di Mauro
en ácido, y la del poeta; ligando la política del empresario nacional con la poética de Petróleo y un famoso
capítulo supuestamente robado de la casa del poeta después de asesinado, capítulo en donde se daba luz sobre
la estructura de poder mafiosa culpable de el crimen que a tantos benefició, Mafia, Estado, grandes petroleras.
Capítulo que en todas las ediciones se lee en blanco con un revelador título: Luces sobre el ENI .
El 7 de mayo de 2005 en el programa Sombras sur gallio de RAI 3 Pelosi ofrece nuevas y sorprendentes
declaraciones: los hermanos Borsalino que fueron detenidos hace treinta años son los responsables del asesinato,
pero han muerto en prisión por otros delitos. Unas horas después de la emisión se impuso la exigencia de una
nueva investigación solicitada por intelectuales y políticos –entre ellos Walter Veltroni que presentó una
interpelación al Parlamento– y el caso se reabre y cierra, por tercera vez, cinco meses después. El 31 de mayo de
2010 Claudio Marinchola entrevista a Olimpo Mazzocchi en Il Mesaggero, obtiene el periodista un valioso
testimonio de un nuevo testigo del asesinato de Pasolini que, como tantos, vio y oyó gritar hasta la muerte aquella
noche a Pasolini. Días después Olimpo Mazzocchi muere en un accidente de coche que conduce… Pino Pelosi.

Sergio Citti, antes de morir en 2005, treinta años después del asesinato de su maestro, ofrece su versión de los
hechos de aquella noche del 1 al 2 de noviembre en el Hidroscalo de Ostia, una reconstrucción basada en su
última conversación con Pasolini y en una película filmada por él mismo en el lugar del crimen. Era Sergio el
más talentoso de los niños de la calle de Pasolini. Nunca abandonó su fidelidad al subproletariado romano en
el que siempre tomó partido por los desclasados y marginales, convencido como su maestro y amigo, de que el
cine es un instrumento de combate, agitación y resistencia; él será un gran desconocido director y, hoy, su
único heredero.
Tras la aparición de Pelosi en el programa de RAI 3, en dónde confesó que aquella noche no actuó solo y solo
"miró", Citti rompe el silencio que había guardado desde la muerte de su amigo y ofrece al Corriere della Sera,
una pista que puede ser decisiva: se trata del robo de unos rollos de negativo de Salò que sería parte del
hipotético móvil del crimen. En Agosto de aquel año varios rollos de la película que rodaba Pasolini -junto a
otros de Fellini y Damiani- fueron robados de los laboratorios en Cinecittà. Éstos fueron usados como soborno
por un hampón del juego y la prostitución, Sergio Placido. La nueva conjetura es que Pasolini se había citado
esa noche para tratar del rescate del negativo; un plan premeditado en el que el secuestro de la película,
además del anzuelo Pelosi, funcionó como una trampa.
Aportó también Citti una película en 8mm rodada por él en la escena del crimen en el Hidroscalo de Ostia
pocos días después -y hoy guardada en la Cinemateca de Bolonia-. En ella, con pericia policial analiza el
escenario y abre la posibilidad de existencia de un segundo automóvil. Esto ha sido luego confirmado por
nuevos testigos del crimen que, por miedo, han guardado silencio tantos años. También habló con un testigo,
Ennio Salvitti, un pescador que vio mudo el crimen desde el interior de su casa, como tantos habitantes del
Hidroscalo desde las suyas. Eran cuatro o cinco asesinos. Había dos coches y una moto. Pasolini gritaba. Cinco
años después, en 2010, con el caso reabierto una vez más -y solo cuando ya no podía hablar el fiel amigo-
Pelosi publica el libro Io so... come hanno ucciso Pasolini y da su "nueva" versión sin aclarar nada, aunque
corrobora que conocía a Pasolini hace tiempo y, también, el soborno del hampón con el negativo robado de
Salò; salvo que, dice Pelosi, el robo se hizo con la complicidad de Citti, necesitado de dinero por las deudas de
juego y prostitución pendientes con el hampón.
Tres meses después de su denuncia, justo el día que por tercera vez se cerraba el caso Pasolini, Sergio Citti
moría en una residencia en Ostia el 11 de octubre del 2005, al alba.

El día 2 de marzo de 2010 el senador Marcello Dell'Utri anuncia el hallazgo de un capítulo inédito de Petróleo, el
que presuntamente fue robado de casa de Pasolini días después de su muerte, y dijo que sería desvelado diez días
después durante la inauguración de la XXI Muestra del Libro Antiguo de Milán. Inmediatamente el anuncio
suscita una gran polémica para, a continuación, desmentirlo todo el senador bibliófilo acusado de colaboración
mafiosa y socio de Berlusconi en la fundación de Forza Italia.

La muerte de Pasolini fue la del último intelectual europeo, era alguien tan temido como amado y odiado, como
Mattei, por eso le callaron; pero era un hombre bueno y sabio, tímido, hablaba de usted hasta a los perros. A
menudo me pregunto cuando no sé que pensar de algo "¿Qué pensaría Pasolini?". Hoy debería estar de
actualidad Pasolini, por su honestidad y resistencia, su crítica al Estado y al mundo moderno, a la televisión, a
la escuela, su rechazo a toda forma de violencia, a la mentira, al poder manipulador; debería ser un modelo
para nosotros, ciudadanos y cineastas.
Había que matar a Pasolini porque sabía demasiado, pero también en sus últimos años abrazó Pasolini una
especie de suicidio litúrgico en vida, y como aquel sabio de Apunte para un film sobre la India, Pasolini se dejó
comer por el tigre hambriento, entregándose a la noche y al peligro, cada vez más hondos.

El 27 de marzo de 2009 el abogado Stefano Maccioni y la criminóloga Simona Rufini entregan en la procuraduría
romana la instancia para reabrir el caso en Pasolini en base a nuevas investigaciones y avances científicos y
policiales. Desde el 3 de mayo de 2010, y por cuarta vez se reabre y la policía científica trabaja incansable
durante cinco años hasta que en este mismo año 2015 el 2 de febrero la fiscalía solicita el archivo sin que los
análisis de los cinco ADN hallados puedan revelar nada.
*

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