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Medicina Prospectiva

El documento resume cómo la tecnología está reemplazando a los humanos en varias profesiones como la medicina, el derecho y el ejército. En la medicina, sistemas como Watson de IBM ya realizan diagnósticos más precisos que los médicos humanos. En el derecho, los robots están automatizando tareas legales simples. En el ejército, países como Corea del Sur están desarrollando soldados y armas robotizadas para reemplazar a los humanos en zonas de conflicto.
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Medicina Prospectiva

El documento resume cómo la tecnología está reemplazando a los humanos en varias profesiones como la medicina, el derecho y el ejército. En la medicina, sistemas como Watson de IBM ya realizan diagnósticos más precisos que los médicos humanos. En el derecho, los robots están automatizando tareas legales simples. En el ejército, países como Corea del Sur están desarrollando soldados y armas robotizadas para reemplazar a los humanos en zonas de conflicto.
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MEDICINA

Hasta los médicos tendrán que acostumbrarse a convivir con robots. Según el
multimillonario innovador tecnológico de Silicon Valley Vinod Khosla, la tecnología
reemplazará 80% del trabajo que hacen los médicos hoy en día, empezando por los
diagnósticos. En la actualidad, muchos diagnósticos en los mejores hospitales de
Estados Unidos ya los realiza la supercomputadora Watson de IBM, que puede analizar
muchísimos más datos que cualquier médico. Mientras que un médico hace sus
diagnósticos basado en su experiencia y conocimientos, Watson hace sus diagnósticos
en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center a partir de datos que puede recoger de la
historia clínica de 1.5 millones de pacientes y dos millones de páginas de artículos
académicos en revistas científicas.

¿Qué médico puede competir con eso? Watson puede comparar los síntomas, la
genética y la historia médica de cada paciente con las historias de éxito o de fracaso de
cientos de miles de casos semejantes y decidir de acuerdo con estadísticas sólidas qué
conviene hacer en cada caso. ¿En quién confiaremos más, en una computadora con
acceso a millones de casos clínicos o en un médico con una experiencia de unos pocos
miles de pacientes? Cuando nuestros nietos o algún antropólogo del futuro vean la serie
de televisión House —en la que el personaje central, Gregory House, es un doctor que
impone sus diagnósticos sobre los de sus colegas guiado por su experiencia o la
creencia de que funcionarán mejor— probablemente se pongan a pensar y digan: ¿así
funcionaba la medicina a principios del siglo XXI?

Como veremos en el capítulo dedicado a los médicos, los gurúes de la


tecnología médica coinciden en que la medicina va a dejar de ser una práctica basada en
la experiencia y el olfato profesional de los médicos y se convertirá en una ciencia
basada en datos aportados por máquinas inteligentes. En lugar de que los médicos nos
ausculten el pecho con un estetoscopio, cerrando los ojos para concentrarse mejor, y nos
midan la presión con una cinta de goma en el brazo, como se viene haciendo desde hace
mucho tiempo, se usarán cada vez más sensores digitales y otras tecnologías mucho más
precisas que ya están en el mercado. Y las operaciones, que en muchos casos ya se
realizan con robots, serán hechas por brazos robóticos, que tiemblan mucho menos que
los humanos.

ABOGADOS
Los robots están realizando cada vez más labores en las compañías de
abogados, y ofreciendo servicios legales fuera de ellas. La firma de abogados
estadounidense DLA Piper, una de las más grandes del mundo, con más de 4 000
abogados en 30 países, contrató en 2016 al programa de computación de la empresa de
inteligencia artificial Kira Systems para analizar contratos corporativos y proponer
correcciones, tareas que hasta entonces hacían los abogados jóvenes que recién
ingresaban en la firma. Simultáneamente, muchos bufetes de abogados estaban
empezando a utilizar plataformas de internet de servicios legales como LegalZoom y
Rocket Lawyer para recopilar datos, algo que empezó a desplazar a muchos asistentes
legales que antes realizaban esa tarea. Lo que, es más, las plataformas en línea como
LegalZoom y Rocket Lawyer ya están ofreciendo servicios al cliente, como escrituras,
contratos y hasta divorcios. En otras palabras, sus algoritmos le están pasando por
encima a los abogados y están ofreciendo servicios legales automatizados que resultan
mucho más baratos para los clientes. Así como los portales de internet reemplazaron a
muchos agentes de viajes, los portales legales están desplazando a muchos abogados
que hacían labores rutinarias, como contratos de alquileres y otras operaciones
relativamente simples.

JUECES

Hasta los jueces —una profesión de alto prestigio que exige habilidades que
normalmente no asociamos con las de las computadoras, como la capacidad de tomar
decisiones y el buen criterio— corren el riesgo de ser reemplazados por algoritmos
mucho más eficientes. Estos programas de computación, a diferencia de los juristas
humanos, no tienen prejuicios y pueden emitir veredictos mucho más imparciales, según
sus defensores. No es broma: un estudio del profesor Shai Danziger de la Universidad
Ben-Gurión de Israel, quien investigó los veredictos de ocho jueces israelíes durante 10
meses, descubrió que los jueces emiten fallos más generosos después de comer al
mediodía. Según el estudio, publicado en la revista Proceedings de la Academia
Nacional de Ciencias de Estados Unidos en 2011, los ocho jueces —que tenían a su
cargo aceptar o rechazar peticiones de reducción de sentencia y libertad condicional de
presos— aprobaban alrededor de dos tercios de las peticiones de los presidiarios al
comenzar la mañana. Pero con el correr de las horas, el número de peticiones que
aprobaban caía dramáticamente, hasta la hora del almuerzo. Y después del almuerzo, los
jueces emitían fallos mucho más generosos. Danziger y los coautores del estudio
concluyeron que el mal humor de los jueces aumentaba a medida que pasaban las horas
después del desayuno y que eso afectaba sus veredictos. Y especularon que esto se
podía deber a dos factores. El primero era el nivel de azúcar en la sangre, que disminuía
progresivamente durante el curso del día a medida que pasaban las horas desde la última
comida. El segundo factor clave podía ser, más que las horas transcurridas desde la
última comida, el número de casos que habían evaluado. Según esta última explicación,
la toma de decisiones es una tarea que agota la mente mucho más que las horas de
trabajo, y a medida que pasaban las horas y los jueces debían examinar más casos,
aumentaban su mal humor y sus veredictos negativos. Sea lo que fuere, los autores del
estudio concluyeron que los jueces israelíes no habían mostrado prejuicios raciales, o de
género, en sus decisiones y que la principal constante de sus veredictos había sido la
hora del día. En otras palabras, los jueces robóticos podrían ser mucho más imparciales
que los humanos.

SOLDADOS

En Corea del Sur vi un adelanto del mundo del que me hablaba Herr. Mientras
Estados Unidos ya viene usando drones —vehículos aéreos no tripulados— para
combatir a terroristas en Medio Oriente desde hace varios años y avanza cada vez más
en la robotización de sus fuerzas armadas, pocos países están desarrollando robots
humanoides con tanta prisa como Corea del Sur. Los surcoreanos tienen constantes
momentos de tensión con Corea del Norte y tienen planeado reemplazar a buena parte
de sus soldados por robots en la zona desmilitarizada en la frontera entre los dos países.
“Actualmente, nuestros soldados están en un búnker, permanentemente apuntando sus
rifles hacia el norte, pero muriéndose de frío”, me dijo Junku Yuh, el director de
robótica del prestigioso Instituto Tecnológico de Ciencia y Tecnología de Corea del Sur,
conocido por sus siglas en inglés KIST. “Pero muy pronto los reemplazaremos por
robots y los soldados los manejarán desde sus pantallas de televisión en un edificio
calefaccionado. Necesitaremos muchos menos soldados. Y si el enemigo nos ataca, va a
atacar a robots, no a soldados.” 20 La empresa de armamentos surcoreana DoDAAM ya
produjo una torre de ametralladora robótica llamada Super aEgis II, cuyos proyectiles
tienen un alcance de cuatro kilómetros y con un altavoz que se autodirige con total
precisión a cualquier potencial enemigo que divisa a la distancia. La torre robótica le da
un aviso de alerta al sospechoso proveniente del norte, y le dice: “Dé la vuelta o le
dispararemos”. 21 Y lo dice en plural, porque hay un humano supervisando la
ametralladora robótica desde un edificio, quien debe ingresar su contraseña
manualmente en una computadora y dar la orden de fuego antes de que la ametralladora
dispare. Sin embargo, según los fabricantes del arma, la intervención humana es una
medida para la tranquilidad del público, porque el robot puede cumplir perfectamente su
misión sin requerir la aprobación de un humano. Pero lo más interesante es que el robot,
que ya ha sido vendido a las fuerzas armadas de Dubái, Abu Dabi y Qatar, identifica al
potencial enemigo mediante cámaras y sensores que pueden discernir si un sospechoso
lleva explosivos bajo su vestimenta, algo que no puede hacer ningún humano. Otra
empresa surcoreana llamada Hankook Mirae presentó en público en 2017 a un
gigantesco soldado robot de cuatro metros de altura llamado Method-2, parecido a los
de las películas de ciencia ficción. Según la empresa, el enorme soldado robot puede
caminar en todo tipo de terrenos donde los soldados humanos no pueden internarse sin
protección, como en la zona desmilitarizada en la frontera con Corea del Norte. ¿No hay
peligro de que estos robots soldados sean hackeados o se equivoquen y maten a
inocentes?, les pregunté a varios ingenieros y fabricantes de robots en Corea del Sur. La
mayoría me respondió que existe el mismo peligro que con las máquinas operadas por
humanos. Y varios me citaron el caso del desastre aéreo de la compañía alemana
Germanwings en 2015, en que el copiloto Andreas Lubitz deliberadamente estrelló su
avión en los Alpes y causó la muerte de 150 pasajeros. ¿No se hubiera podido evitar esa
tragedia prohibiendo que los humanos puedan tomar decisiones por encima de las
computadoras?, me preguntaron.

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