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Evolución de la Geoestrategia Global

El documento explica el concepto de geoestrategia. Comienza definiendo sus raíces etimológicas, luego describe su evolución semántica a través de la historia desde su significado original militar en Grecia hasta su uso más amplio hoy en día en contextos políticos, económicos y culturales. Explica que la geoestrategia se refiere a las estrategias que formulan los gobiernos para su política exterior, integrando metas, líneas de acción y secuencia de acciones para lograr una posición sólida a pesar

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Evolución de la Geoestrategia Global

El documento explica el concepto de geoestrategia. Comienza definiendo sus raíces etimológicas, luego describe su evolución semántica a través de la historia desde su significado original militar en Grecia hasta su uso más amplio hoy en día en contextos políticos, económicos y culturales. Explica que la geoestrategia se refiere a las estrategias que formulan los gobiernos para su política exterior, integrando metas, líneas de acción y secuencia de acciones para lograr una posición sólida a pesar

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carga humanista.

Durante la Guerra Fría, la Geopolítica estadounidense exaltaba las bondades del


capitalismo y construía al mundo en términos de la confrontación Este-Oeste; Lacoste demostró que
la geografía se utilizaba como un arma para la guerra y destacó la importancia de retomar la
Geopolítica como un instrumento en contra de la opresión. En la actualidad se nos ofrece un espacio
“globalizado” donde pocos ganan y muchos pierden. Ha sido así una constante en la historia el
delineamiento de espacios que parecen no tener un arreglo posible pero han aparecido retadores a
dicho ordenamiento espacial dentro del propio campo de la Geopolítica. Corresponde entonces al
análisis geopolítico actual descubrir las falacias del paradigma dominante por medio de la
explicación histórico-política y económica del ordenamiento físico donde se asientan las relaciones
humanas tal como es y no como quieren que lo veamos.

B. GEOESTRATEGIA

Explicar el concepto de geoestrategia parece sencillo a primera vista si se recurre a la


etimología. La primera consideración a realizar sería la del significado del prefijo geo, que se
refiere a la descripción de la Tierra (suelo, agua y aire), es decir, a la explicación de las
características del espacio donde se construyen las relaciones sociales; en segundo lugar, nos
remitiríamos al concepto de estrategia, vocablo que la mayoría de las veces se relaciona con
cuestiones puramente bélicas. Sin embargo, definir un concepto no es tan fácil. La dinámica de la
historia alcanza los términos utilizados para tratar de explicar la realidad y éstos adquieren con el
tiempo connotaciones muy distintas a las del sentido original.
El término estrategia no sólo ha sido utilizado para referirse a cuestiones militares o
políticas sino que en los últimos años se ha usado también para explicar tendencias económicas
mundiales capitalistas. Ello supone una compleja evolución histórica que si bien enriquece el
significado del término, lo hace al precio de crear una profunda confusión en el sentido del mismo.
Por eso, para establecer con mayor claridad lo que se entenderá por geoestrategia en este trabajo y
para no limitarnos en nuestra explicación por culpa de un concepto estrechamente entendido,
veremos la evolución semántica del concepto ubicada en el propio desarrollo capitalista para que
pueda sopesarse la trascendencia de los nuevos significados militares, políticos, económicos y
culturales en el curso del desarrollo histórico.
El término estrategia proviene del griego strategia (στρατ − ηγια) que significa “dirección
del ejército” o “dirección de una expedición armada) ” (strat, dirección, conducción; egia, ejército);
así, el estratega (στρατ − ηγο) era el conductor del ejército. El significado de esta palabra en Grecia

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era exclusivamente militar. El término cae en desuso durante la Edad Media, por lo que llega al
habla culta del renacimiento con el significado básico griego.
La economía capitalista del siglo XVIII, el desarrollo de mejores caminos y más medios de
transporte y la intensa actividad bélica de las monarquías cambia el tinte estático de la estrategia por
otro más dinámico donde se acentúa la capacidad para desplazarse rápidamente. La misma
evolución de las ciencias sociales, ocurrida tras la aparición del empirismo y el racionalismo da
lugar a una nueva concepción de la guerra y la estrategia.
La revolución industrial y el nacimiento de las relaciones de producción capitalista ponen las
condiciones para que exista una nueva forma de guerra donde el todo social —economía, política y
cultura— se involucra en el destino de la misma. A ello obedece la noción de Clausewitz de “guerra
total” que integra lo militar en lo político como una totalización más vasta. Si bien es cierto que este
militar prusiano decía que “la estrategia es el uso de los combates para alcanzar el objetivo de la
guerra” (Clausewitz, 1999:66), y que para obtener la victoria habían de tenerse bien claros los
objetivos fundamentales en tiempos de guerra, no es menos verdadero que Clausewitz advertía que
se debían desarrollar estrategias de guerra que fueran también componentes de los objetivos más
generales de la nación con horizontes temporales que a su vez se extendieran más allá de su propia
guerra.:
“…la guerra es sólo una parte del intercambio político y, por lo tanto, en ninguna forma constituye una
cosa independiente en sí misma. (…) la guerra no es otra cosa que la continuación del intercambio
político con una combinación de otros medios. de acuerdo con esto, la guerra nunca puede separarse del
intercambio político y si, al considerar el asunto, esto sucede en alguna parte, se romperán en cierto
sentido todos los hilos de las diferentes relaciones y tendremos ante nosotros una cosa sin sentido, carente
de objetivo”. (Clausewitz, Op. Cit: 565-566)
En este sentido la aportación de Clausewitz es importante porque reconoce la guerra como
extensión de la política, no como algo extraordinario, como era considerada antes.
En los siglos XIX y XX el sentido de estrategia evoluciona pero se mantiene dentro de lo
militar. Se avanza de una teoría de la guerra, donde es muy importante la habilidad de los jefes que
pueden predecir en un mapa su desenlace, hacia otra donde resulta indispensable el cálculo racional
colectivo que prevé el giro de los factores geográficos, sociales, políticos, culturales y económicos
que condicionan el desenlace de la guerra. De este modo, “lo estratégico deja de estar ligado a la
voluntad y la habilidad psicológica de los conductores para convertirse en el reconocimiento de lo
objetivamente necesario y posible.” (Ceceña y Barreda, 1995:20)
A principios del siglo XX Lenin advierte que la unidad de lo político y lo militar ya no es
vista desde la perspectiva de la guerra sino como una teoría general del desarrollo capitalista y la
revolución proletaria. Así, fusiona la lucha política, económica y cultural con la militar para la toma
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del poder estatal. Además, agrega algo a la famosa frase de Karl von Clausewitz : la guerra es la
continuación de la política por medios violentos. (Clausewitz, 1969: 8). Gramsci profundiza en lo
estratégico y advierte cómo ha de ser la lucha proletaria no sólo en el terreno de lo político sino
también en los de la cultura y la ideología.
Durante la Guerra Fría un elemento nuevo aparece en la concepción de la guerra. Las armas
que se crean son capaces, como nunca lo fueron antes, de acabar con la humanidad y con toda
forma de vida en el planeta, cuestión que le plantea a la ciencia una disyuntiva: velar por la
supervivencia o resignarse a la desaparición. Este orden mundial, caracterizado por la tensión de la
carrera armamentista en la que se enfrascaron los Estados Unidos y la URSS, dio lugar a la
militarización de la economía, la política y la cultura. De esta forma, el término estrategia invade el
lenguaje de los estudiosos de las ciencias sociales. Así el concepto evoluciona y crece en diversos
contextos referenciales, lo que propicia cambios semánticos en el concepto, de lo militar hacia lo
político, lo económico, lo cultural.
La generalización del término estrategia lo llevó a extenderse más allá del ámbito estatal en
el que siempre fue concebido. Las estrategias son ahora elaboradas también por diversos grupos de
la sociedad, desde las empresas, pasando por las organizaciones no gubernamentales, hasta los
sindicatos, las instituciones religiosas, etc. Sin embargo la estrategia a la que este trabajo hace
alusión es la que formulan los gobiernos para su política exterior. Esto no significa que se considere
al Estado-Nación como el único agente importante en las relaciones internacionales ni como el
representante legítimo de las aspiraciones y deseos de los pueblos, pero la organización
internacional lo coloca como el ente capaz de desplegar una política hacia el exterior de la cual debe
asumir sus consecuencias ante los otros Estados-Nación.
De manera general, las estrategias gubernamentales se presentan como planes que integran
las principales metas y políticas de un grupo y que establecen la secuencia coherente de las acciones
a realizar. La estrategia ordena y asigna los recursos de un gobierno con el fin de lograr una
situación mejor a la actual y de anticipar los posibles cambios en el entorno y las acciones
imprevistas de los oponentes. (Minzberg, 1982:5). Un estrategia puede considerarse a priori como
una guía para la acción o como los resultados, a posteriori, de un comportamiento decisorio real. La
estrategia está así integrada por metas a alcanzarse, líneas de acción y secuencia de las acciones. La
esencia de la estrategia es construir una posición sólida para que se puedan lograr las metas a pesar
de lo imprevisible del comportamiento humano.
Como se puede observar, la evolución semántica es resultado de un doble proceso histórico
por el cual se expande en todo el planeta la organización productiva y comercial capitalista
“exigiendo un apuntalamiento militar del desarrollo del mercado mundial gestionado por las
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grandes potencias” (Ceceña y Barreda, Op. Cit: 21). Puesto que el capitalismo mundial avanza en
todos los campos del proceso económico, político y cultural, lo estratégico se convierte en todo lo
que concierne a situaciones de competencia o conflicto de fuerzas. Ocurren, pues, dos fenómenos
simultáneos: se militariza la expansión económica internacional y el proceso económico de
reproducción permea en todos los campos de la vida social. Sólo en función de este doble proceso
histórico se puede entender cómo la racionalidad militarista y con ella el problema de lo estratégico,
invaden las ciencias sociales contemporáneas.
De esta forma, siguiendo el razonamiento anterior en cuanto a que lo estratégico está
relacionado con circunstancias de conflicto, se puede establecer que en estas situaciones de tensión
están implicados de lleno sólo algunos de los Estados del orbe, los que luchan por la supremacía en
el campo internacional. Por tanto, cuando me refiera a estrategia en este trabajo, haré alusión al
cúmulo de estrategias que elaboran las grandes potencias para promover en el exterior los intereses
de los grupos de poder que las gobiernan ya sea que la confrontación sea patente (como en el caso
de las guerras) o ya sea que se trate de un conflicto velado (como en el caso de la búsqueda de la
supremacía económica). Este conjunto de estrategias planeadas más para la paz que para la guerra
se puede agrupar dentro de lo que los intelectuales del poder llaman Gran Estrategia.
Para los teóricos de las grandes potencias — de los que sobresalen el británico Liddell Hart
y el estadounidense Paul Kennedy más por la claridad con la exponen las intenciones militaristas de
sus Estados que por la novedad o brillantez de sus pensamientos— el enfrentamiento militar
después de la Segunda Guerra Mundial ya no se planea más en términos clausewitzianos: ahora las
condiciones son nuevas porque se ha trascendido la esfera militar y ahora la guerra se proyecta
hacia otros campos. Para Kennedy la estrategia incluye o integra aspectos políticos, económicos y
militares. Las estrategias sirven así tanto en tiempos de paz como de guerra. Entonces, Kennedy
opta por diferenciar entre la estrategia y la Gran Estrategia, donde la segunda tiene una connotación
más amplia.
Como para los militares de línea más dura la estrategia no deja lugar para la consideración
de las dimensiones no militares del conflicto, se ha propuesto el empleo del término Gran
Estrategia. La Gran Estrategia es una especie de “balance de prioridades” bien estudiado donde se
toma en cuenta la conveniencia de la guerra, sus costos y su posible desenlace. La adoptan las
grandes potencias para asegurar sus intereses de largo plazo en un contexto mundial complejo. La
Gran Estrategia integra los objetivos políticos, económicos y militares “tanto para los años de paz
como para los años de guerra”. (Kennedy, 1991: x). Así, según Edward Mead Earle, la estrategia es
el arte de controlar y utilizar los recursos de una nación —o coalición de naciones— incluyendo
sus fuerzas armadas, con el fin de que sus intereses vitales sean efectivamente promovidos y
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asegurados contra sus enemigos actuales, potenciales o meramente presumidos. Este alto tipo de
estrategia —llamada algunas veces Gran Estrategia— es una mediante la cual se integran las
políticas y los armamentos de una nación en tiempos donde estos últimos no son necesarios”
(Kennedy, Op. Cit: 2).
Liddell Hart afirma en su famoso libro Strategy que, “el objetivo de la guerra es obtener una
paz mejor… la paz que la nación desea. No hay que concentrarse en la victoria de la guerra, pues
esto puede llevar a una mala paz” (1991:326). De ello Kennedy concluye que la palabra victoria se
ha ensanchado, pues ahora no sólo significa ganar sino que el estado de paz sea mejor después de la
guerra que antes; asimismo infiere que el objetivo de la guerra está directamente relacionado con
los fines y los medios estatales y que hay que tomar en cuenta otros aspectos para considerarse
vencedor de una confrontación: la presión del poder financiero y presión diplomática, comercial y
ética, sobre todo.
Las aportaciones más importantes de Hart en cuanto al cambio de estrategia por Gran
Estrategia van en muchos sentidos: primero, en ver la gran estrategia como algo entero (o sea, que
toma en cuenta todos los aspectos) y como algo complejo y multilateral; segundo, en distinguir la
Gran Estrategia de la estricta estrategia operacional para ganar una batalla en particular o una
campaña.
Esta definición más amplia de la estrategia comprende mucho más de lo que pasa en el
campo de batalla. Toma en cuenta ciertos factores no cubiertos en la historia militar tradicional: la
importancia en el manejo de los recursos nacionales en orden de lograr un buen equilibrio entre
fines y medios: “en la era de las operaciones de guerra industriales y tecnológicas, el componente
económico de la gran estrategia ocupa un lugar no menos crítico” 1 (Kennedy, Op. Cit: 5). También
considera el rol vital de la diplomacia para mejorar la posición de un Estado y el asunto de la moral
nacional y la cultura política, el cual es de importancia no solamente en el campo de batalla sino
también en el estado de ánimo de la población para soportar los propósitos de la guerra o el costo
de las fuerzas militares en tiempos de paz. Entonces, el cuerpo de la Gran Estrategia descansará no
en las armas sino en la política , o sea, en la capacidad de los grupos en el poder para conjuntar los
elementos militares y no militares para la preservación y realce de su Estado para la satisfacción de
sus intereses en el largo plazo, ya sea que haya paz o guerra.
A lo ya mencionado sobre la Gran Estrategia, Pierre Celerier añade algo vital para el
entendimiento de la misma. Según este militar francés, uno de los objetivos más importantes de la

1
De esta consideración se desprende la ya famosa tesis de Kennedy expuesta en su libro The Rise and Fall of the Great
Powers, que afirma que el desarrollo de la tecnología militar de una potencia puede socavar las bases de su seguridad
económica. Por ello, la Gran Estrategia no puede dejar de lado el desarrollo del proceso productivo de una Gran
potencia.
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Gran Estrategia es crear situaciones tales que sean favorables para librar batallas que ayuden al
Estado en la consecución de sus fines. (Celerier, 1961: 65) Esto nos lleva a inferir que, además de
planear las acciones de promoción de los intereses estatales ya sea en la paz o en la guerra, las
grandes potencias deben tener la capacidad de crear conflictos que les sean convenientes en aras de
mantener su poderío.
Una vez aclarado lo que se entiende por estrategia, pasaremos al término geoestrategia. Este
concepto traducido del francés Géoestrategie, fue definido por Pierre Celerier como “soeur cadette
de la géopolitique” (hermana menor de la Geopolítica)(Op. Cit: 5), quien en su libro Geopolítica y
Geoestrategia aclara que el primero en nombrarla fue un general francés del siglo XVII de apellido
Vauban. De una forma muy simple define a la geoestrategia como el estudio de las relaciones entre
los problemas estratégicos y los factores geográficos, considerando, como todos los militares, lo
estratégico como lo militar.
Ante lo restringido del concepto, la renovación del interés en la geopolítica en Francia en los
setenta, retomó de forma amplia las consideraciones de la estrategia. La revista Hérodote hizo
múltiples análisis geoestratégicos de las regiones mundiales dentro de un modelo geopolítico más
amplio. Como se jactaban de que la nueva geopolítica era distinta a la anterior, la nueva incluía un
análisis de los problemas estratégicos pero desde una perspectiva pacifista, no militar, lo que
constituyó un avance significativo. Sin embargo, esas consideraciones pacifistas pasaban a un lado
de las intenciones intervencionistas de las grandes potencias.
Para los fines de este trabajo, se toma por Geoestrategia la parte de la geopolítica que al
estudiar un fenómeno de las relaciones internacionales hace especial énfasis en la relación de las
características físicas de la Tierra (factores geográficos)con las estrategias (o Grandes Estrategias)
desplegadas por las grandes potencias en la búsqueda de la supremacía mundial. Al igual que la
geopolítica, la geoestrategia ve en el espacio un referente importante para el análisis de lo histórico-
social. Asimismo, la geoestrategia como herramienta teórica es válida para estudiar fenómenos que
van más allá de los límites estatales pues está estrechamente ligada a las proyecciones de la política
exterior de los países inmersos en la lucha por el poder mundial.
De esta forma tendrá carácter de geoestratégico todo elemento de la geografía que sea vital
en el planteamiento de las estrategias de política exterior de un gobierno. Por ejemplo, los estrechos
del Bósforo y de los Dardanelos —líneas de comunicación importantes tanto para la paz o para la
guerra— o el petróleo son geoestratégicos porque son muy importantes para la consecución de
alguna línea estratégica inscrita dentro de lo económico, lo político y lo militar. Son pues
geoestratégicos tanto los factores geográficos más o menos estables como los istmos, los litorales,

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los estrechos, las islas, los mares, los ríos, los lagos. etc., como los recursos naturales que se puedan
obtener del medio natural.
El análisis de los procesos históricos desde el punto de vista geoestratégico no significa, sin
embargo, que se acepten sin crítica las enunciaciones de ciertos teóricos, entre ellos los del realismo
político, que afirman que el espacio mundial es un territorio que debe ser ganado a costa de lo que
sea. La geoestrategia sólo aborda una realidad: la de la apropiación de lo geoestratégico por parte de
las potencias para incrementar su poder en el plano internacional. Esta consideración, además, echa
abajo la tesis del paradigma dominante que afirma que los recursos naturales y el territorio han
perdido importancia para el análisis de lo internacional, pues el propio sentido común nos lleva a
pensar que la vida de las sociedades no puede existir si no hay un medio natural que les proporcione
los recursos básicos para su existencia y reproducción.
El medio natural se compone de diversos grupos de fenómenos que las ciencias geográficas
han ordenado del siguiente modo para facilitar su estudio:
a)relieve: montañas, valles, depresiones, llanuras,
b)minerales: productos de la evolución geológica
c)climas: rayos del sol, presiones y temperaturas, vientos y precipitaciones pluviales.
d)aguas del subsuelo que se mueven en los ríos y que forman lagos y mares.
e)suelo
f) mundo vegetal
g) animales terrestres o acuáticos. (Bassols Batalla, 1991: 21)
La conjunción de todos estos elementos dan lugar a los distintos ecosistemas, sistemas
espaciales de donde se extraen los recursos naturales necesarios para la vida en el planeta. Los
recursos naturales son aquellos variados medios de subsistencia de las personas que éstas obtienen
directamente de la naturaleza. Su principal valor reside en ser medios de subsistencia que se pueden
utilizar en forma directa ya sea para usarlos conservando el mismo carácter o para transformarlos.
(Bassols Batalla, Op. Cit: 18).
Según E. Field lo recursos naturales se pueden clasificar de la siguiente forma:
a)los orográficos, relacionados con la situación geográfica y los caracteres del clima
b)los hidrológicos, que incluyen los ríos, lagos, depósitos acuáticos y mares.
c)las tierras, o sea el terreno aprovechable para la agricultura, los bosques y los pastos
d)los combustibles de origen mineral como el carbón, el petróleo y el gas
e)recursos minerales metales y no metales (preciosos: oro, plata, platino; básicos: hierro, cobre; No
básicos: plomo, zinc; Uso comercial: mercurio; No metálicos: magnesio, flúor, azufre, fosfatos;
Construcción: yeso, mica, caliza)
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f) organismos animales
g) aire. (Bassols, 1995: 78)
El uso de estos recursos está íntimamente ligado a la organización económica y política de
las sociedades, las cuales en un momento dado de su evolución tienden a dar importancia a varios
de ellos. A lo largo de la historia, el capitalismo ha alentado un tipo de economía que derrocha los
recursos naturales y aprovecha la riqueza de los países pobres en provecho de los ricos. En la
actualidad, este modo de producción privilegia la obtención de ciertos recursos naturales debido, en
primer lugar, a su importancia dentro de la planeación económica de los Estados que lo promueven
y, en segundo lugar, por su cada vez más frecuente carencia. El estilo de vida propiciado por un
consumismo irracional y la capacidad humana para explotar los recursos han traído como corolario
directo un creciente agotamiento de los recursos más necesarios o asequibles, que se han vuelto
geoestratégicos .
Después de la tercera revolución tecnológica2 los recursos naturales estratégicos para la
producción capitalista se ubican en dos rubros centrales: la producción de tecnología de punta y el
mantenimiento de la industria actual y la reproducción de la fuerza de trabajo. (Ceceña y
Barreda,Op. Cit: 27)
Los recursos necesarios para el desarrollo de la tecnología de punta son necesarios por varios
motivos. Primero, porque este tipo de tecnología permite el desarrollo de las maquinarias, las
herramientas, los utensilios, etc., que son muy útiles en el proceso de producción; después, porque
su correcto uso en la innovación de técnicas y productos puede dar lugar a la obtención de plusvalor
extraordinario por las ventajas tecnológicas; tercero, porque pueden ser determinantes para las
modalidades del proceso de trabajo; cuarto, porque gracias a su aplicación en las diversas fases del
proceso productivo se pueden observar los límites de la técnica de un Estado y hasta su supremacía
militar. Los recursos naturales utilizados como elementos básicos para la reproducción del aparato
productivo son estratégicos porque se utilizan para el desarrollo de la misma industria de bienes de
tecnología de punta: son materias primas fundamentales para mantener y revolucionar la estructura
tecnológica.
Los recursos naturales geoestratégicos para la reproducción de la fuerza de trabajo poseen
esta característica porque son los alimentos básicos que permiten la existencia de la población. De

2
Como resultado de la evolución tecnológica y de la necesidad de las grandes potencias de encontrar nuevas
modalidades de producción que no implicaran gastos considerables de combustibles orgánicos, surge la denominada
tercera revolución tecnológica, caracterizada por sus avances en el campo de la microelectrónica. Con los
descubrimientos en esta materia, las computadoras y los equipos de telecomunicación sirven a los sistemas de
información que representan la infraestructura básica de producción, administración y distribución de las economías
avanzadas, lo que a su vez influye en los procesos de internacionalización de la economía mundial. Para ahondar en el

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unos años para acá, se han registrado cambios en los patrones alimenticios regionales auspiciados
por las transnacionales de la alimentación, las cuales, como en el caso de la DuPont, han llegado al
grado de patentar los productos ancestrales como el maíz. El predominio en el campo de los
alimentos es especialmente importante porque indica también el contenido material de la
producción de la población. La supremacía en el aspecto alimentario contempla un doble
privilegio.
Dentro de la producción de la tecnología de punta encontramos la microelectrónica, que
requiere una serie de metales que para las telecomunicaciones y la industria militar son
estratégicos. La microelectrónica permite además la confluencia del Estado y los capitales privados
como en las empresas Hughes Aircraft, Boeing, British Aerospace, Thomson, Mitsubishi Heavy
Industries, Ford Aerospace, RCA, etc. En esta rama se puede ver de forma muy clara cómo el
Estado y ciertas empresas, a partir del reconocimiento de las actividades esenciales para el control
global de la economía, comprometen la sociedad en su conjunto en el desarrollo de la tecnología
correspondiente.
Sin embargo, el mantenimiento de la supremacía mundial no sólo requiere el desarrollo de
actividades de frontera o vanguardia sino que tiene que garantizar la reproducción global de toda la
estructura productiva del capitalismo. Los elementos de esta reproducción material se basan en las
materias primas minerales y químicas y los energéticos. Dentro de los recursos naturales necesarios
encontramos que los minerales básicos conforman el esqueleto metálico del edificio productivo y
son la base de otro tipo de bienes necesarios para la producción Por eso son estratégicos. Según Ana
Esther Ceceña, en primer lugar encontramos el hierro y el carbón; luego el plomo, zinc, aluminio,
cobre, estaño, níquel, titanio, molibdeno, magnesio, tungsteno, cromo, manganeso, platino y
cobalto. (Ceceña, 1994:137)
Según varios especialistas en cuestiones económicas y militares, una de las maneras de
medir la solidez del desarrollo industrial de una nación consiste en evaluar la cantidad y calidad de
los recursos naturales básicos o energéticos que emplea, siendo los dos renglones fundamentales los
concernientes a los minerales metálicos y los químicos básicos de origen orgánico o inorgánico.
Entre los recursos naturales minerales básicos encontramos al hierro y al carbón (juntos hacen el
acero), que se utiliza en las industrias militar, aeroespacial, de telecomunicaciones y
microelectrónica y los diez minerales básicos: níquel, bauxita-alumunio, hierro, plomo, zinc, cobre,
estaño, molibdeno, magnesio, titanio. (Ceceña, Op. Cit.: 139). Dentro de los energéticos que dan
vida a la industria del capitalismo encontramos, además del petróleo y el carbón, las fuentes

tema, consúltese a Manuel Castells, “Alta Tecnología y la nueva división del trabajo” en Los desafíos de la
globalización: economía mundial y sociedades nacionales, p. 117.
39
alternativas como el agua y el aire. El petróleo es a la vez energético y materia prima esencial de la
química orgánica. De ahí su importancia, pues el estudio de este recurso natural de orden
estratégico resulta central en cualquier intento por explicar la actual etapa histórica.
No se puede hablar de recursos naturales geoestratégicos sin subrayar la importancia de la
autosuficiencia en este tipo de recursos como fundamento de superioridad económica y política.
Esta suficiencia no depende sólo de las reservas naturales sino del acaparamiento real de las
reservas mundiales. La suficiencia va implicar necesariamente una disputa geográfica que puede ser
procesada de muchas maneras; la militar, entre ellas, pues este tipo de fuerza garantiza el acceso a
los yacimientos; en otras ocasiones se promueven movimientos armados, golpes de Estado,
bloqueos económicos y hasta la presión de la deuda externa.
La vinculación entre los asuntos geográficos, económicos, políticos y estratégicos puede
resultar fuera de lo común pero lo realidad muestra que estos cuatro aspectos siempre han estado
relacionados; además, la vinculación entre los mercados y los recursos naturales ha estado implícita
tanto en la división internacional del trabajo como en la situación global de conflicto y de lucha de
clases.

C. GEOECONOMIA
El término geoeconomía ha sido utilizado desde hace varios años —sobre todo por los
estudiosos de la geopolítica clásica— para referirse a los recursos naturales que poseen un valor
considerable en el intercambio comercial internacional y para la industria nacional. La geoeconomía
era una especie de apéndice de la Geopolítica que se relacionaba de forma más directa con la
Geografía Económica que con la propia Geopolítica. Sin embargo, las transformaciones espaciales
mundiales y el desarrollo del capitalismo han dado lugar a la reconsideración del concepto como un
instrumento teórico útil para el análisis de los fenómenos actuales. Así, se puede decir que la
geoeconomía de antaño no poseía ni la importancia ni la connotación actuales.
El fin de la guerra fría —parámetro común pero obligatorio— forzó la redefinición de varios
conceptos, entre ellos el que ahora nos ocupa. Repentinamente, la internacionalización de las
relaciones de producción capitalistas se convirtió en el objeto de estudio de varios teóricos, sobre
todo estadounidenses, cuyos escritos se orientaron durante la guerra fría hacia temas de índole
militar o geopolítica. De esta forma, la Geoeconomía reaparece en el ámbito académico y se vuelve
popular a raíz de la publicación en 1990 del artículo “From Geopolitics to Geo-economics: Logic of
Conflict, Grammar and Commerce” de Edward Luttwak en la revista conservadora National
Interest.

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