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Gnoseologia Tomista

Este documento presenta un resumen del programa de un curso de Gnoseología dictado por el Pbro. Miguel Ángel Comandi. En las 3 oraciones siguientes se resume la información clave: El curso analiza los fundamentos, desarrollo histórico y corrientes del conocimiento humano desde una perspectiva filosófica y crítica. Se examinan temas como la verdad, la certeza, la duda y el error, y cómo diferentes filósofos y escuelas han abordado cuestiones como la posibilidad, origen y esencia
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Gnoseologia Tomista

Este documento presenta un resumen del programa de un curso de Gnoseología dictado por el Pbro. Miguel Ángel Comandi. En las 3 oraciones siguientes se resume la información clave: El curso analiza los fundamentos, desarrollo histórico y corrientes del conocimiento humano desde una perspectiva filosófica y crítica. Se examinan temas como la verdad, la certeza, la duda y el error, y cómo diferentes filósofos y escuelas han abordado cuestiones como la posibilidad, origen y esencia
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Seminario “San Miguel Arcángel”

5701 – El Volcán – San Luis


Tel. 02652 - 494020
República Argentina

GNOSEOLOGÍA

Profesor: Pbro. Miguel Ángel COMANDI


Curso: 3º de Filosofía
Horas: 2 hs. semanales – Semestral
Año: 2011

I. Introducción. 1. El problema crítico: 1.1. Desarrollo


histórico. 1.2. Noción. 1.3. División. 2. El lugar de la
gnoseología: 2.1. gnoseología y lógica. 2.2. gnoseología y
psicología. 2.3. gnoseología y metafísica.

II. Fenomenología del conocimiento. 1. El ser del


conocimiento. 2. intuición y discurso. 3. experiencia y
razón. 4. el conocimiento en general.

III. Análisis valorativo del conocimiento. 1. Aspecto


objetivo: 1.1. La verdad. 2. Aspecto subjetivo: 2.1. La
certeza. 2.2. La evidencia. 2.3. La duda. 2.4. La opinión.
2.5. La fe. 2.6. El error.

IV. Corrientes gnoseológicas. 1. Posibilidad del


conocimiento: 1.1. Dogmatismo. 1.2. Escepticismo. 1.3.
Subjetivismo. 1.4. Relativismo. 1.5. Pragmatismo. 2.
Origen del conocimiento: 2.1. Racionalismo. 2.2.
Empirismo. 2.3. Intelectualismo. 2.4. Apriorismo. 3.
Esencia del conocimiento: 3.1. Realismo. 3.2. Idealismo.
3.3. Fenomenalismo.

1
UNIDAD I
INTRODUCCIÓN

EL PROBLEMA CRÍTICO

Desarrollo histórico

Aunque en la antigüedad y la edad media no faltan tratados


sobre el conocimiento humano, no es hasta el siglo XIV que se
comienza a considerar la crítica del conocimiento como el inicio
y fundamento de la filosofía. La armonía de la síntesis tomista
no es reconocida en la profunda crisis del nominalismo
occamista que niega la capacidad humana para conocer las
esencias de las cosas. Occam propone un contingentismo
absoluto, en el que los entes pierden su estabilidad y
consistencia propia, quedando a merced de una omnipotencia
divida concebida como voluntad arbitraria que podría hacer
que conociéramos lo que no existe o que todo lo que parece
verdadero fuera en realidad falso. Así la filosofía y el
conocimiento humano se tornan problemáticos, especialmente
en las formulaciones de un inmanentismo antropocéntrico que
afirma la primacía del pensar sobre el ser y niega el alcance
trascendente del conocimiento humano. Para Occam sólo vale
el conocimiento directo e inmediato de los singulares; la
abstracción es fuente de error. Sólo se admitirán los objetos
directamente cognoscibles, ya por la intuición sensible del
empirismo, ya por la intuición intelectual del racionalismo que
postula un conocimiento directo de las esencias.

Con Descartes se invierte el sentido mismo de la metafísica: el


ser se resuelve en conciencia. El sujeto nunca transpasa
realmente el ámbito de las representaciones mentales. En esta
dirección el pensamiento moderno será sobre todo una filosofía
de la conciencia representativa. Según el “principio de
inmanencia” la mente humana no alcanza otro objeto que sus
propias ideas o representaciones. Resulta por lo tanto
dificultoso precisar que es lo que se conoce y si realmente se
conoce algo.

2
Kant formulará de la manera más perfecta las consecuencias de
estos planteamientos. Su empeño es precisamente constituir
una “filosofía crítica” que transforme y sustituya la antigua
“filosofía dogmática”. Para el realismo el fundamento del ser es
el pensar. Ahora se trata de invertir esta situación, llevando a
cabo una auténtica revolución filosófica. No es el pensamiento
humano el que gira en torno a las cosas, sino los objetos (las
cosas serán incognoscibles) los que giran teniendo al sujeto
cognoscente como eje. La filosofía kantiana es una crítica del
conocimiento que pretende ocupar el lugar de la metafísica y
constituírse en una nueva filosofía primera. El método filosófico
consistirá en reflexionar sobre las condiciones subjetivas del
conocimiento de los objetos, condiciones que constituyen la
estructura de dichos objetos. La clave de los problemas
filosóficos se encuentra en el autoconocimiento de la razón.

En el siglo XX, y en atención renovada a la filosofía de Santo


Tomás, no han faltado intentos de conciliar la metafísica
realista con el criticismo. Pero si se acepta un estricto
planteamiento crítico la realidad que se recupera no es más que
una realidad pensada, medida por nuestro conocimiento. La
metafísica realista ha de empezar por el ente real, previo al
conocimiento mismo, y aquello en lo cual todo conocimiento se
resuelve. Sólo con base en el conocimiento de la realidad el
hombre puede conocer el acto con el que conoce las cosas, es
decir, reflexionar. La realidad es la fuente de todos los
conocimientos y la medida de su verdad.

Noción

En sentido amplio la gnoseología comprende tanto las


investigaciones psicológicas sobre la producción y esencia del
conocimiento humano como las investigaciones críticas sobre
su validez. En sentido estricto es un estudio filosófico sobre la
validez objetiva del conocimiento humano. Se trata de una
consideración reflexiva sobre los actos de conocimiento, (punto
de partida de la gnoseología), en cuanto adecuados a la
realidad objetiva.

División

3
Como la gnoseología considera el conocimiento en tanto
verdadero, la primera parte del tratado corresponde a una
descripción de este objeto (el conocimiento en general), que
tiene puntos en común con la psicología. La segunda parte
analiza valorativamente el fenómeno cognoscitivo, ya en su
aspecto objetivo (la adecuación objetiva como fundamento, es
decir, la verdad) ya en su aspecto subjetivo (las diversas
situaciones en que la inteligencia se encuentra frente a la
verdad). La tercera parte es una consideración histórico
doctrinal sobre diversas posiciones y escuelas, de acuerdo a la
posibilidad, origen y esencia del conocimiento.

EL LUGAR DE LA GNOSEOLOGÍA

Gnoseología y lógica

Mientras que la lógica investiga los principios formales del


conocimiento, esto es, las formas y las leyes más generales del
pensamiento humano, la gnoseología se dirige a los supuestos
materiales más generales del conocimiento. Mientras la
primera prescinde de la referencia del pensamiento a los
objetos y considera aquél puramente en sí mismo, la segunda
fija su vista justamente en la significación objetiva del
pensamiento, en su referencia a los objetos. Mientras la lógica
pregunta por la corrección formal del pensamiento, por la
estructura que debe tener en sí mismo para ser correcto, la
gnoseología se pregunta por la verdad, es decir, por la
concordancia con el objeto. Por lo tanto puede definirse
también como gnoseología la teoría del pensamiento verdadero,
a diferencia de la lógica como teoría del pensamiento correcto.

Gnoseología y psicología

La psicología filosófica estudia el conocimiento en tanto


operación vital del hombre. No investiga ni la corrección formal
del pensamiento ni la relación sujeto objeto en tanto verdadera
(aunque no excluye cierta reflexión al respecto), sino el
conocimiento como proceso o actividad humana. La psicología

4
presupone, de alguna manera, la validez objetiva del
conocimiento.

Gnoseología y metafísica

La gnoseología debe ser considerada como una parte material


de la metafísica, junto con la ontología y la teodicea. Es la
teoría metafísica del conocimiento, es decir, un movimiento
reflexivo de la metafísica sobre si misma y sobre sus fuentes.
En sus sectores principales, la gnoseología no es otra cosa que
metafísica fundamental llevada a la esfera de la conciencia
refleja.

UNIDAD II
FENOMENOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO

1. El ser del conocimiento.

Es difícil dar una definición verdaderamente esencial y general


del conocimiento. La dificultad no consiste en superar la
dualidad del conocimiento sensible y del conocimiento
intelectual. La dificultad consiste más bien en superar la
oposición (suscitada por Descartes) entre el conocimiento del
mundo y la conciencia de sí. Pues la epistemología tomista está
manifiestamente centrada en el conocimiento del mundo. En
cambio la epistemología moderna, idealista, reduce todo el
conocimiento a la conciencia. Desde Kant, cualquier
conocimiento, empezando por la sensación, recibe el nombre de
“conciencia”.

Definición: “El conocimiento es una acto, espontáneo en cuanto


a su origen, inmanente en cuanto a su término, por el que en un
hombre se hace intencionalmente presente alguna región del
ser”.

a) Ante todo hay que afirmar que el conocimiento es una


especie de ser. Tenemos que precisar qué especie de ser es. El
conocimiento es un acto. Esto significa dos cosas: que no es un
movimiento y que no es una producción. Dicho en términos

5
positivos: es una contemplación inmóvil. Para el idealismo,
conocer es producir.

El conocimiento no implica ni temporalidad ni cambio. Sin duda


alguna hay movimiento cada vez que el hombre pasa de la
ignorancia al saber; de un conocimiento a otro. Pero el
conocimiento no se identifica con ese movimiento; es el acto al
que está ordenado el movimiento. No es “fieri”, sino “esse”. Es
el acto que está al término del cambio.

Por otra parte el conocimiento no es en absoluto actividad


física, construcción o fabricación. No hay duda de que existe en
el plano sensible una actividad productora de imágenes y en el
plano intelectual una actividad productora de conceptos. Pero
esta producción no es el conocimiento, sino el medio en el cual
conocemos. Además esa producción no se encuentra ni en la
sensación ni en la conciencia.

b) “Espontáneo en cuanto a su origen”. La espontaneidad del


acto es evidente, tanto en el conocimiento como en las otras
manifestaciones de la vida. Todas las excitaciones del mundo no
bastarían para engendrar una sensación o un pensamiento si el
sujeto no reaccionara de un modo estrictamente original. El
conocimiento no se explica solamente por las excitaciones u
objetos que se le presenta de fuera; el sujeto tiene que estar
capacitado para convertir esas cosas en objetos.

Pero la espontaneidad no es absoluta. No tendríamos sensación


si no hubiese cuerpos sensibles fuera de nosotros. No
tendríamos pensamientos si las cosas distintas de nosotros
carecieran de esencias inteligibles. Es decir que el
conocimiento es a la vez pasividad y actividad. Además se
aclara que la espontaneidad del conocimiento no tiene nada
que ver con la libertad que es el atributo de algunos actos de
voluntad. Las facultades de conocimiento, tomadas en sí
mismas, están estrictamente determinadas en su actividad. Los
sentidos tienen sus objetos propios y la inteligencia no puede
sino conocer las esencias en cuanto verdaderas e
inmaterialmente.

6
c) “Inmanente en cuanto a su término”. La inmanencia del
conocimiento es evidente. El conocimiento es un acto que
perfecciona al sujeto que lo ejerce, sin modificar en nada las
cosas conocidas. Inmanencia no significa conciencia. La
conciencia es el conocimiento de sí.. Cuando decimos que el
conocimiento es un acto inmanente, queremos decir que este
acto no tienen otro fin que su mismo ejercicio, y que
perfecciona al sujeto que lo ejerce.

d) “Por el que en un hombre se hace intencionalmente presente


alguna región del ser”. El término intencional tiene múltiples
sentidos. Retenemos el siguiente: el acto de conocimiento hace
presente a una facultad un ser en tanto que objeto. La
intencionalidad no es distinta del conocimiento mismo, la
relación sujeto-objeto.

En la relación, el papel del sujeto es objetivizar o fenomenalizar


el ser, mientras que el papel del objeto es especificar el acto.
Además esta relación no es de orden físico ni se asemeja a la
presencia de Dios en el alma a título de Creador. El
conocimiento es un tipo original de presencia. El conocimiento
es una presencia inmaterial, dicho de otro modo, la
inmaterialidad es una condición necesaria de la
intencionalidad. Pero toda presencia inmaterial no es un
conocimiento; se necesita además que se establezca la relación
específica sujeto-objeto. Por lo tanto deben darse:
inmaterialidad y relación sujeto-objeto para hablar de la
intencionalidad del conocimiento.

La noción de intencionalidad es valedera para toda especie de


conocimiento, no sólo para la sensación y el concepto, sino
también para la conciencia. En el caso de la conciencia, surge
una nueva relación en el seno del sujeto mismo: a su identidad
consigo mismo, que es una presencia ontológica, se superpone
una presencia intencional que consiste en que se aparece o se
toma como objeto.

Las cosas tienen su modo de ser, independientemente del sujeto


que las conozca y del acto de conocimiento. Llamamos a este
acto de ser ser natural. En cuanto por el conocimiento están en

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el sujeto cognoscente, sin su materia, sólo por su forma
adquieren un modo de ser denominado “esse intentionale”.

2. Intuición y Discurso

Después de haber intentado definir el conocimiento, debemos


estudiar los conocimientos. Se trata de anotar los tipos o los
modos principales del conocimiento. La primera división que se
presenta es la de la intuición y el discurso.

a) Discurso.

“Es el movimiento del espíritu que pasa de un conocimiento a


otro”. ([Link] I,58,3 ad 1). Hay que añadir que sólo hay discurso
si el segundo conocimiento se obtiene por medio del primero,
pues dos sensaciones sucesivas no constituyen un discurso, ni
dos ideas, ni dos juicios.

Hay un discurso de orden sensible, que consiste en “asociación


de las ideas”, es decir, para hablar más exactamente, en la
evocación de una imagen por una sensación o una imagen
antecedente. Hay también discurso en la abstracción: el paso
del fantasma al concepto. También en el juicio hay discurso
porque juzgar implica componer o dividir dos conceptos
distintos, en la medida en que añade algo al concepto, en la
medida en que implica análisis y síntesis. Por último hay
discurso en el razonamiento en que de un juicio pasamos a otro.

Señalamos que la deducción no constituye todo el


razonamiento, sino una de sus especies, que la inducción es
otra de ellas y la analogía la tercera.

b) Intuición

El término intuición está tomado de la visión. Se extiende a los


demás sentidos por analogía, y después a funciones distintas de
los sentidos. Para tener una idea precisa acerca de la intuición
debemos apartar ante todo el prejuicio cartesiano de que una
intuición debe ser clara y distinta, y por consiguiente
indubitable. Nada se opone a que una intuición sea obscura y

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confusa. Puedo tener podemos tener presente un objeto de
conocimiento sin haber determinado todavía “qué es”.

El carácter esencial de la intuición no es la claridad, sino más


bien la presencia (intencional) de un objeto a una facultad.
Confirmamos que la noción de intuición concierne primero a la
captación directa de un ser existente. Decimos que el tipo de
conocimiento intuitivo es la sensación. Lo propio, el privilegio
de la intuición sensible es alcanzar directa e inmediatamente a
los seres existentes. Como dice S. Tomás, ea quae videntur
habent esse distinctum extra videntem ([Link], I, 15,9), el objeto
de la intuición tiene un esse, un acto de existencia que lo pone
en sí fuera del sujeto que lo percibe.

En segundo lugar, el término de intuición puede designar la


captación refleja de un existente. Es lo que en lenguaje
moderno se llama la conciencia. Hay diversos niveles de
conciencia, pues la conciencia de sentir no es del mismo orden
que la conciencia de pensar, ni la conciencia de los actos
idéntica a la conciencia de su sujeto. En el cogito hay una
intuición intelectual cuyo objeto es la existencia del ego. S.
Tomás decía, siguiendo a S. Agustín, que ningún hombre puede
dudar o negar que existe pues percibe su existencia en el acto
de pensar, in eo quod cogitat aliquid, percipit se esse (Ver 10,
12 ad 7). Pero si esa intuición revela la existencia del sujeto
pensante, no revela nada de su naturaleza; para saber que es
espiritual, se necesita el razonamiento.

Puede extenderse la noción de intuición a la captación directa e


inmediata de un objeto concreto inexistente. Es una intuición
de orden sensible, puesto que el objeto es concreto, pero no es
ya lo que se llama intuición sensible, porque el objeto no existe.
Ese objeto es lo imaginario, representado en un fantasma. Esta
intuición no es refleja sino directa porque es el conocimiento de
un objeto imaginado. La misma observación vale para la
esencia abstracta que se hace presente a la inteligencia por un
concepto. La abstracción, tomada estrictamente como paso del
fantasma al concepto, es sin duda un discurso. Pero va a parar
a una intuición. Por el concepto, gracias a él, en él, se hace

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presente una esencia en la inteligencia, de modo que el acto de
ésta es simple contemplación, visión, intuición.

Por último, la noción de intuición se aplica no sólo a la


aprehensión de las esencias por la inteligencia, sino a la de
ciertas verdades. Sea cual fuere el discurso que prepara el
juicio, hay casos en que la verdad del juicio aparece
inmediatamente a la inteligencia: es lo que se llaman juicios per
se nota. “El todo es mayor que la parte”. Su objeto es la verdad
del juicio entero.

3) Experiencia y razón

El término “experiencia” puede tomarse en un sentido muy


amplio, como equivalente de intuición. Pero conviene reservar
el término de experiencia para la intuición de los seres
existentes. En este caso la experiencia tiene dos formas. Es
primeramente, la intuición sensible. Es después la conciencia.
Experiencia externa, experiencia interna, nada más clásico que
estas nociones.

Pero el término “experiencia” tiene un sentido más sintético,


que encontramos en Aristóteles y en S. Tomás, y que la filosofía
moderna olvida totalmente. La palabra latina es entonces
experimentum más bien que “experiencia”. Es la experiencia
que posee un hombre de experiencia.

Lo que constituye la experiencia de un hombre de experiencia


es ante todo la memoria, que registra y reproduce los diversos
datos de los sentidos. Pero los recuerdos, por numerosos que
sean, de las situaciones pasadas, no bastarían para constituir
una experiencia si no estuviesen “confrontados”. Entendemos
por ello que son comparados, sintetizados y resumidos de tal
manera que resulta de ellos en el espíritu un esquema aplicable
otros casos parecidos.

La experiencia no se eleva a lo universal, no deduce leyes; pero


se aproxima lo más posible a ello manteniéndose en el plano del
conocimiento sensible. Se aproxima hasta tal punto que
[Link]ás la llama a experimentales scientia. Nos da, en efecto,

10
una tal familiaridad con lo concreto (con los árboles, por ej, si
es leñador; con los corderos si es pastor, etc) que el riesgo de
error es mínimo cuando se juzga una situación nueva en
función de las anteriores.

Por último, el término experiencia puede designar la


experimentación que es la base de las ciencias naturales.
Entonces se trata no de tener experiencia, sino de hacer
experiencias. La experimentación es en cierto modo una
experiencia orientada, pues se ha establecido en función de una
idea o de una hipótesis que hay que verificar.

4) Sobre el conocimiento en general

Nos referimos a la distinción entre el sujeto cognoscente y el no


cognoscente. Los no-cognoscentes no tienen nada fuera de su
forma substancial; pero el cognoscente tiene una aptitud para
tener también la forma de otra cosa, para hacerse
intencionalmente o cognoscitivamente otras cosas.

El animal es capaz de recibir formalidades sensibles, por ej: la


vista es capaz de hacerse el color. El hombre es capaz de
recibir formalidades no sólo sensibles sino también inteligibles.
Por tanto está claro que la naturaleza de las cosas no-
cognoscentes es más coartada y limitada. Los seres capaces de
conocer tienen una apertura a lo real . Esta apertura es
manifiesta en el caso del alma que según Aristóteles es capaz
de hacerse todas las cosas.

El conocimiento consiste en una posesión vital e intencional del


objeto por parte del sujeto. Cuando investigamos su posibilidad
descubrimos que la inmaterialidad o la emergencia sobre la
materia da razón de que el conocimiento sea posible.

En primer lugar esto se verifica de parte del objeto. La realidad


o cosa conocida es percibida o captada por lo que tiene de
actual, ya que lo potencial es lo indeterminado y lo
indeterminado en cuanto tal no es objeto de conocimiento. Así
la cosa no es conocida por su materia (que es lo potencial) sino

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por aquello que emerge sobre la materia: la forma que tiene
razón de acto.

De parte del cognoscente también debemos poner la


inmaterialidad como condición de posibilidad del conocimiento.
Por su inmaterialidad el cognoscente puede recibir otras formas
sin dejar de ser lo que es. Ya que la materia en cuanto tal sólo
puede recibir una forma por vez.

Por inmaterialidad no entendemos una independencia total con


respecto a la materia, sino una eminencia con respecto a la
materia. El animal no es independiente de la materia y sin
embargo es capaz de conocer. Esto es indicio de que en el
animal hay una emergencia sobre la pura potencialidad de la
materia, ya que sin dejar de ser lo que es, puede hacerse
cognoscitivamente otras cosas (y la materia recibe una forma
por vez). Aquí también debemos aclarar algo: las realidades
materiales en cuanto tales pueden poseer otra forma pero de la
unión de la materia y de la forma resulta un tercero, una cosa
nueva. El cognoscente en cambio no se convierte en otro
cuando se hace cognoscitivamente el objeto conocido.

La objetividad del conocimiento (que conozcamos las cosas


como son, sin deformarlas) resulta de la inmaterialidad del
conocimiento; mientras que la materia al recibir la forma la
limita y la restringe, la forma de la cosa conocida está en el
sujeto cognoscente sin ser restringida ni alterada. El
conocimiento en cuanto tal es una perfección simplemente
dicha sin mezcla de potencialidad y por ello puede darse
formalmente en Dios.

UNIDAD III
ANÁLISIS VALORATIVO DEL CONOCIMIENTO

Aspecto objetivo

1. La verdad.

Definición:

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“adaequatio rei et intellectus” es la clásica definición en la
escuela tomista. Es decir la adecuación de la cosa y el
entendimiento.

La relación de adecuación.
La verdad es una relación entre la inteligencia y el ser. Reside
primero en la inteligencia en cuanto está conforme con el ser.
Sólo se aplica a las cosas secundariamente y por derivación, en
la medida en que tienen relación con la inteligencia, o más
precisamente, en la medida que tienen a la inteligencia como
principio.

En la escuela tomista, la verdad de la inteligencia recibe el


nombre de verdad lógica, la verdad de las cosas: verdad
ontológica. Tanto en un caso como en el otro, es una relación.

S. Tomás enseña que el conocimiento es un ser intencional,


distinto del ser natural que tienen el objeto y el sujeto. La
verdad del conocimiento no es, ni puede ser una conformidad
física; la adecuación de la inteligencia con la realidad exige la
diversidad natural de los dos términos.

No es necesario en modo alguno que un conocimiento sea


exhaustivo para ser verdadero. Por limitado o superficial que
sea, es verdadero si está conforme con la realidad. Por tanto, la
relación de adecuación que constituye la verdad es una
correspondencia entre la inteligencia y la realidad
representándose la inteligencia a su modo algún carácter que
está efectivamente en la cosa, que es una parte o bajo algún
aspecto.

Los términos de la relación


a) Res. Puede traducirse por “objeto”. S. Tomás define la verdad
utilizando “res” y no “objectum”. La primera expresa una
consistencia ontológica, es decir, una referencia a la existencia,
mientras que la segunda expresa solamente una relación con el
espíritu.

b) Intellectus. Hemos afirmado que la verdad reside en la


inteligencia, verum est in mente. Las cosas se encuentran entre

13
dos inteligencias: la inteligencia divina que mide y no es
medida. Aquí tenemos la verdad en sentido proprie et primo. Y
entre la inteligencia humana, especulativa y práctica, la cual es
causada y medida por la verdad de las cosas. En las cosas la
verdad está improprie et secundario; en la inteligencia humana
en sentido propie et secundario.
La tesis tomista es que la verdad reside formalmente en el
juicio. Mientras no se afirma nada, no hay peligro de
equivocarse, pero tampoco se está en posesión de la verdad. La
verdad o el error existe solamente a partir del momento en que
se afirma algo.

Existencia y caracteres de la verdad.


La existencia de la verdad es evidente. Veritas supra ens
fundatur. Unde sicut ens esse in communi est per se notum, ita
etiam veritatem esse (Ver 10,2 ad 3).

a) La verdad es una. Que la verdad sea una, no significa que


sólo haya un juicio verdadero sobre cada cosa. Como que la
cosa tiene diversos aspectos, son posibles muchos juicios, todos
igualmente verdaderos, que la toman como sujeto. Esto
significa que una verdad no puede contradecir otra, o lo que es
lo mismo, que dos juicios contradictorios no pueden ser a la vez
verdaderos.

b) La verdad es indivisible. Esto no significa que una verdad no


pueda analizarse o que un juicio verdadero no pueda dar origen
a otros juicios verdaderos. Significa solamente que no existen
grados en la verdad de un juicio. Existen grados en la verdad
tomada materialmente, es decir, en la extensión y en la
penetración del conocimiento. Pero no hay grados en la verdad
tomada formalmente porque, para un juicio dado, no hay
término medio entre la adecuación o la inadecuación con la
realidad.

c) La verdad es inmutable. Esto no significa evidentemente que


las cosas no puedan cambiar; y, si cambian, habrá nuevos
juicios verdaderos. Significa que la verdad, tomada
formalmente, no cambia. Si se trata de acontecimientos
contingentes que se desarrollan en el tiempo, un juicio que es

14
verdadero en un momento dado para un acontecimiento
determinado, es inmutablemente verdadero referido a este
momento para este acontecimiento. Y, si se trata de esencias
intemporales, la verdad del juicio también se halla sustraída a
la temporalidad.

Nada se opone, en particular, a que el espíritu progrese en el


conocimiento de la verdad, es decir, de la realidad. Pero es
absolutamente imposible que un mismo juicio pueda progresar
en cuanto a su verdad, porque la verdad no tiene grados.

Aspecto subjetivo

1. La certeza.

La certeza es el estado de la mente que se adhiere firmemente


y sin ningún temor a una verdad. Primariamente, la certeza es
algo subjetivo, un estado de la inteligencia en la que se juzga
firmemente, por remoción del temor de que sea verdadero lo
contrario de aquello a lo que se asiente.

Certeza y verdad
De lo dicho se sigue que la certeza no es lo mismo que la
verdad, aunque se trate de nociones estrechamente conectadas.
Mientras que la verdad es la conformidad del entendimiento
con la cosa, la certeza es un estado del espíritu que, en
condiciones normales, procede de hallarse en la verdad, de
saber. Por lo tanto, decimos que se da propiamente certeza
cuando el entendimiento se adhiere a una proposición
verdadera.

2. La evidencia.

La evidencia es la presencia de una realidad como inequívoca y


claramente dada: el hecho de que lo conocido se halle ante el
cognoscente en su misma realidad, de que esté presente la
realidad misma. La evidencia constituye el único fundamento
suficiente de la certeza (salvo, como veremos, en el caso de la
fe). Así como la verdad se basa en el ser de la cosa, la

15
conciencia de la posesión de la verdad se basa en la patencia
objetiva de la realidad.

Evidencia «quoad se» y evidencia «quoad nos»


Estas certezas, que inmediatamente proceden del objeto
conocido, se tienen de toda proposición en la que el predicado
está incluido en el sujeto y en muchos juicios de experiencia.
Estas proposiciones son por sí mismas evidentes (per se notae).
En efecto: se llama «evidente» a todo enunciado en el que, una
vez conocido el significado de los términos, se conoce el valor
de la proposición. Por ejemplo, sabido lo que significa «todo» y
«parte», inmediatamente se sabe que el todo es mayor que
cualquiera de sus partes. Pero conviene realizar al respecto una
importante distinción entre lo que es de suyo evidente (per se
notum quoad se) y lo que es además evidente para nosotros
(per se notum quoad nos).

La evidencia mediata
Hay casos en los que el asentimiento de la mente es requerido
por un objeto que no es conocido por sí mismo,
inmediatamente, sino por medio de otro (per aliud notum). Es lo
que sucede con las conclusiones de la ciencia . Acaece,
entonces, que la certeza de la inteligencia se produce en virtud
de que la conclusión se resuelve, por medio del razonamiento,
en unas premisas que ya son conocidas (porque son evidentes
por sí mismas o porque, a su vez, se han demostrado). Tal es el
caso de las conclusiones más lejanas de la metafísica, de los
teoremas matemáticos y de muchos conocimientos de las
ciencias de la naturaleza y del hombre. La evidencia de tales
proposiciones es objetiva, propia de la verdad misma que se
contempla. Pero no se trata de una evidencia per se e
inmediata, sino de una evidencia que se remite a otros
conocimientos, por lo cual debe considerarse como una
evidencia mediata.

3. La duda.

La duda es el estado en el que el intelecto fluctúa entre la


afirmación y la negación de una determinada proposición, sin
inclinarse más a un extremo de la alternativa que al otro. Se

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suele distinguir entre duda positiva y negativa. En esta última,
la mente no admite ninguna de las dos partes de la
contradicción por falta o defecto de motivos para hacerlo: no
hay razones concluyentes ni a favor ni en contra. En la duda
positiva, en cambio, las razones en favor de un extremo y el
otro parecen tener igual peso.

La duda supone una actualización mínima de nuestra mente por


la verdad. «Cuando dudamos no tomamos como verdadero lo
que es falso, ni estamos enteramente privados de toda noticia
sobre la verdad. Esta se halla presente a nuestro
entendimiento; mas no como verdad, pues en tal caso no
dudaríamos, sino como una de las partes de una oposición
contradictoria, con respecto a la cual todavía no sabemos a qué
atenernos».

En la duda hay una suspensión del juicio, que es conveniente


mantener cuando no existe la evidencia que el asunto en
cuestión requiere. Es distinta la actitud del que pregunta, pues
la interrogación manifiesta más bien que no se sabe.
Ligeramente distinta de la duda es la conjetura, que no es
todavía un juicio, sino sólo la tendencia a dar un juicio,
motivada por algún signo, todavía demasiado leve para
determinar el acto del entendimiento.

4. La opinión

A veces, el entendimiento se inclina más a una parte de la


contradicción que a la otra. Sin embargo, las razones que le
impulsan no determinan suficientemente al entendimiento para
que se pronuncie totalmente en tal sentido. De aquí que, en
semejante tesitura, la mente asiente a una de las partes, pero
recelando de si la verdadera será la opuesta. Tal es el estado
del que opina: el asentimiento a la verdad de una parte de la
contradicción, con temor de la verdad de la opuesta . En la
opinión, el entendimiento no asiente porque así lo recabe
ineluctablemente el objeto conocido, como en el caso de la
certeza. ¿Qué es, entonces, lo que mueve al intelecto para
pronunciarse en un sentido, en lugar de en el opuesto? Lo que

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le mueve es una elección de la voluntad que le inclina hacia una
parte más que hacia la otra.

Por lo tanto, pertenece a la esencia de la opinión el que el


asentimiento no sea firme. En cambio, la adhesión que se tiene
por ciencia es firme. De aquí que un mismo sujeto no pueda
tener de una misma cosa -y según el mismo aspecto- ciencia y
opinión simultáneamente. Pertenece a la razón de ciencia el
estimar que es imposible que lo que se sabe sea en realidad de
otra manera mientras que pertenece a la razón de opinión el
considerar que lo que se estima puede ser en realidad distinto.

Opinión y certeza
En la práctica, es importante discernir entre la opinión y la
certeza. Tan injustificado es tener lo cierto por opinable como lo
opinable por cierto. Se puede tomar lo cierto como opinable si
-por defecto de averiguación- no se conocen adecuadamente las
razones en las que de hecho se basa esa certeza. Pero también
una opinión puede ser muy vehemente y llegar a transformarse
injustificadamente en certeza -que será entonces meramente
subjetiva-sólo por la firme decisión de una voluntad poco
razonable. Tener criterio es, en buena parte, saber discernir las
distintas situaciones en las que -con fundamento en la realidad-
se encuentra la mente en cada momento. No se debe olvidar
que la voluntad interviene en favor de una opinión porque la
estima como verosímil y como un bien; si esto acontece sin
fundamento, confundimos nuestros deseos con la realidad de
las cosas, a la que -en último término-procede siempre
atenerse.

5. La fe.

La diferencia entre la fe y la opinión estriba en que, en el caso


de la fe -humana o sobrenatural-, la voluntad mueve al
entendimiento a asentir con certeza, sin miedo a que sea
verdad la opinión contraria, basándose en el testimonio y la
autoridad de otro.

Certeza de fe y certeza de evidencia

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En lafe no hay -como hay en la opinión- temor a equivocarse.
Por lo tanto, desde el punto de vista de su firmeza, la fe es un
tipo de certeza. La certeza, en efecto, puede ser certeza de
evidencia -fundada en la manifestación objetiva de la verdad- y
certeza defe -que se basa en la autoridad del testigo,
manifestada por la evidencia de su credibilidad. Considerando
la razón de conocimiento, la certeza de evidencia es siempre
más perfecta. Pero la certeza de fe -no obstante la oscuridad del
conocimiento- puede ser más perfecta en cuanto a la firmeza de
la adhesión.

6. El error.

Nesciencia, ignorancia y error


En primer lugar, es preciso distinguir entre nesciencia,
ignorancia y error. Llamamos nesciencia a la simple ausencia
de saber. La ignorancia, por su parte, añade un nuevo matiz a la
mera carencia de conocimiento: es la privación de un
conocimiento para el que se posee naturalmente aptitud.
Finalmente, el error consiste en afirmar lo falso como
verdadero. Por lo tanto, el error añade -respecto a la
ignorancia- un nuevo acto; se puede, en efecto, ser ignorante
sin formar ninguna sentencia acerca de lo ignoto y, en tal caso,
no se yerra; mientras que el error consiste en hacer un juicio
falso acerca de lo que se ignora.

UNIDAD IV
CORRIENTES GNOSEOLÓGICAS

Posibilidad del conocimiento

1. Dogmatismo.
Filosóficamente, es la doctrina según la cual las facultades
cognoscitivas humanas pueden, de manera espontánea y con
plena certeza, alcanzar la verdad. Gnoseológicamente, la firme
creencia en la capacidad de las facultades cognoscitivas para
captar fielmente el ser; de ahí la posibilidad, incluso podría
decirse, la facilidad de la razón humana para llegar a la
adquisición de la verdad, en cuanto ésta es una conformidad

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entre el pensamiento y la realidad. Esta certeza de verdad se
adquiere por la razón de modo espontáneo, como derivada de la
misma estructura y naturaleza de la facultad cognoscitiva; el
juego libre, natural y espontáneo de sus facultades
cognoscitivas lleva al hombre a la adquisición firme y segura de
la verdad. Psicológicamente, el dogmático, en virtud de esta
firme creencia en la capacidad adquisitiva de la verdad, tiende
a mantener sus tesis con todo rigorismo, estando, en
consecuencia, poco abierto al diálogo.

2. Escepticismo.
Filosóficamente significa una actitud de pensamiento, opuesta
al dogmatismo, por la cual, después de haber examinado todo,
se concluye en una abstención de juicio, bajo la cual subyace el
principio de la incapacidad del hombre para alcanzar la verdad.
El escepticismo adopta diversas formas en la historia de la
filosofía, de acuerdo con los condicionamientos históricos,
gnoseológicos, psicológicos y teóricos en general, que lo
rodean.

3. Subjetivismo.
Doctrina que afirma la dependencia funcional de los objetos y
de los juicios de valor respecto del sujeto cognoscente. El
subjetivismo es una dependencia funcional. En la relación
cognoscitiva sujeto-objeto, cabe acentuar el papel activo de uno
u otro; en el primero de los casos, nos encontramos ante el
subjetivismo; en el segundo, frente al objetivismo. Para el
subjetivista, la primacía en el conocimiento correspondería al
sujeto, y por ello puede decirse que el conocimiento depende,
de modo primordial, de él; en consecuencia, también el objeto,
por su menor capacidad activa en el conocimiento, queda
dependiente del sujeto. Mas esta dependencia se caracteriza
por su funcionalidad; es decir, que el conocimiento obtenido
depende, en su estructura y contenido, de la estructura y de los
contenidos del sujeto. El sujeto sería, dentro de la función, la
variable independiente; el conocimiento del objeto, la variable
dependiente; al variar la estructura de la primera, variará la de
la segunda.

4. Relativismo.

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Doctrina gnoseológica según la cual no puede darse ninguna
verdad absoluta, universal y necesaria, sino que la verdad hay
que concebirla en virtud de un conjunto de elementos
condicionantes que la harían particular y mutable. La verdad,
como propiedad del juicio, habría que considerarla como una
mera función, algo que dependería intrínsecamente en su
validez de una variable a la que estaría condicionada. La verdad
asume así un carácter relativo. Y en esto radica la diferencia
fundamental entre relativismo y escepticismo. Para este último,
la verdad absoluta existe, mas el hombre, por la deficiencia de
sus facultades cognoscitivas, se ve en la imposibilidad de
alcanzarla.

5. Pragmatismo.
Movimiento ideológico que subraya el carácter de agente
consciente que tiene el hombre dentro de su ambiente físico y
social. El pragmatismo tiene como idea general el que la verdad
no es algo especulativo ni abstracto, ni real en sí, sino
simplemente «útil».

Origen del conocimiento

1. Racionalismo.
Doctrina que sostiene que la racionalidad de todo lo real es
plena y exclusivamente abarcable por la razón humana, es
decir, se toma a la razón como única medida de la realidad. La
existencia real sería, en consecuencia, una actualidad de una
esencia ideal. Las afirmaciones racionalistas se oponen al
realismo metafísico y gnoseológico, que reconoce que las cosas
existen fuera e independientemente de la mente y que son las
cosas reales las que más bien miden a la razón. El racionalismo
puede ser de base empirista o idealista, según se estime que los
elementos racionales de la realidad están exclusivamente
presentes en la experiencia sensible o bien en las ideas
inteligibles.

2. Empirismo.
E. es la tendencia filosófica que: 1) subraya que todo
conocimiento humano comienza a través de los sentidos; 2) a
veces afirma que el conocimiento sensorial es el único tipo de

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conocimiento. La primera tesis no es exactamente igual que la
segunda. Todo el que sostiene la segunda, sostiene la primera,
pero no al contrario. Santo Tomás sostiene la primera, pero no
la segunda. Hume y Russell sostienen la primera y la segunda.

3. Intelectualismo.
En el problema referente al origen y validez de nuestro
conocimiento, el intelectualismo es una de las cuatro posiciones
que de modo fundamental, se han adoptado a lo largo del
pensar filosófico. Frente al empirismo (defensor de que todo
conocimiento válido ha de radicar en la experiencia sensible)
afirma la existencia y validez de un conocimiento superior al de
los sentidos, el conocimiento racional. Frente al racionalismo
(que afirma la exclusiva validez del conocimiento originado en
la razón, con plena independencia y separación del conocer
sensitivo) defiende la validez, dentro de su ámbito, del
conocimiento sensible y la radical conexión entre ambas formas
de conocer (nihil esi in iniellectu quod prius non fuerit in
sensu). Frente al apriorismo (mantenedor de que cualquier
conocimiento comienza en la experiencia sensible, pero no todo
el conocimiento, es decir, en su totalidad, se deriva de ella, ya
que dicha experiencia, en cuanto conjunto de impresiones
sensoriales, ha de ser informada por ciertas estructuras
mentales o formas a priori, de manera que se desemboca en
una concepción idealista del conocimiento) sostiene que el
conocer humano es realista, ya que, partiendo de los datos
sensibles, el entendimiento, en virtud de la abstracción,
formará las especie inteligibles en las que se capta la esencia
de las cosas materiales y singulares.

4. Apriorismo.
Desde el punto de vista gnoseológico el a priori viene ligado al
concepto de razón pura, independientemente de la experiencia,
y al hecho de ser una forma necesaria que hace posible el
conocimiento. El Apriorismo es la doctrina filosófica que
defiende que se puede adquirir conocimiento acerca del mundo
real sin recurrir para nada a algún tipo de experiencia. Según
esta corriente el conocimiento se deriva de principios innatos
autoevidentes absolutamente independientes de toda
experiencia.

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Esencia del conocimiento

1. Realismo.
En el ámbito del conocimiento, el realismo consiste en la
afirmación de una realidad que existe en sí y que no es, por
tanto, simple proyección del sujeto cognoscente. Aparte
diferencias de escuela, el realismo gnoseológico consiste en la
aceptación de la realidad trascendente a la conciencia, y, por
tanto, independiente de ella y anterior al momento
cognoscitivo, aun en el supuesto de que hubiera que justificarla
a partir de éste. Realidad trascendente a la conciencia y
además múltiple y cambiante.

2. Idealismo.
En filosofía, el término Idealismo designa las teorías que —en
oposición al materialismo— sostienen que la realidad
extramental no es cognoscible tal como es en sí misma, y que el
objeto del conocimiento está pre formado o construido por la
actividad cognoscitiva.

3. Fenomenalismo.
Es la teoría sobre el cual no conocemos las cosas como son en
si, sino como nos aparecen. Para el fenomenalismo hay cosas
reales pero no podemos conocer su esencia el fenomenalismo
coincide con el realismo en admitir cosas reales pero coincide
con el idealismo en limitar el conocimiento a la conciencia al
mundo de la apariencia.

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