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Revista de Antropología Social

ISSN: 1131-558X
ras@[Link]
Universidad Complutense de Madrid
España

Cajade Frías, Sonia


Reseña de "Antropología urbana" de Josepa Cucó Giner
Revista de Antropología Social, vol. 15, 2006, pp. 467-473
Universidad Complutense de Madrid
Madrid, España

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Reseñas

Repensar la ciudad: una antropología urbana para el siglo


XXI

Sonia CAJADE FRÍAS


Universidad Complutense de Madrid
soniacajade@[Link]

CUCÓ GINER, Josepa. 2004. Antropología urbana. Barcelona: Ariel.

En esta obra J. Cucó aborda el estado de la cuestión en la antropología


urbana en continuidad tanto con los desarrollos anteriores dentro de esta
especialidad como con la evolución de la antropología general. Atiende al
modo en que los procesos de transformación actuales -globalización,
urbanización, migración, multiculturalismo, exclusión, etc.- han modificado la
fisonomía de la ciudad. Y plantea la necesidad desde la antropología urbana
de reconfigurar -y en muchos casos reinventar- en aspectos importantes su
objeto de estudio, así como la metodología y los marcos teóricos, a través de
los cuales investigar y construir una teoría comprensiva de las ciudades
actuales y de las relaciones sociales y el modo de vida que caracterizan a los
individuos y grupos que las habitan.
El libro se divide en dos partes: en la primera, que abarca los tres primeros
capítulos, la autora analiza la naturaleza y los últimos desarrollos de la
antropología urbana; en la segunda, que consta de cuatro capítulos, J. Cucó
se centra en la investigación de una temática específica dentro de la
antropología urbana: las estructuras de mediación y los movimientos sociales.
En el primer capítulo, titulado “La naturaleza de la antropología urbana”,
Cucó trata de definir la identidad de la disciplina a partir de la revisión de
cuatro tópicos sobre la antropología urbana, mostrando la insuficiencia de los
enfoques y métodos tradicionales para dar cuenta de las problemáticas que se
plantean en el estudio de las ciudades actuales. El primero de ellos se refiere
al reciente nacimiento de la antropología urbana -a finales de los años 60 y
principios de los 70; en España a mediados de los años 80-, sobre todo en
comparación con otras ciencias sociales como la sociología. El segundo
tópico alude a la tendencia del antropólogo urbano a adoptar un enfoque
“isla-gueto” -el “modelo insular” del que habla F. Cruces-, que privilegia el
estudio de grupos urbanos marginales -emigrantes, vagabundos, minorías

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étnicas, etc.- sobre el resto de los habitantes de la ciudad e


independientemente de éstos, a modo de “islas”, y que consiste en “aplicar a
las ciudades modernas las técnicas y procedimientos metodológicos usados en
la investigación de las comunidades preindustriales” (Cucó, 2004: 25). En
otros términos, se trataría de primar la antropología en la ciudad -la ciudad
como escenario del objeto de estudio- sobre la antropología de la ciudad -la
ciudad como objeto de estudio-. Sin embargo, según Cucó, “la dificultad de
separar una y otra es muy grande” (Opus cit.: 18) y, además, “tales sesgos ya
fueron superados hace por lo menos dos décadas” (Opus cit.: 19). Conforme
dice la autora, las dificultades para estudiar las sociedades contemporáneas
mediante las herramientas antropológicas tradicionales forzaron a la disciplina
a realizar cambios tanto a nivel teórico como metodológico, que se tradujeron
en una ampliación de los temas de estudio y en una mayor apertura y
flexibilidad metodológica adaptada a las necesidades del objeto de estudio. A
este respecto, la autora considera que “lo urbano, por su tamaño y
complejidad, parece necesitar de un enfoque triangular..., consistente en
combinar tres métodos distintos pero complementarios: los métodos
históricos, los métodos cuantitativos y el método etnográfico” (Opus cit.:
21). Cucó señala también la necesidad de hacer antropología urbana
articulando los niveles micro y macro, teniendo en cuenta además los
profundos procesos de transformación actuales -procesos de
multiculturalismo y de segregación, procesos de lo global y de lo local-. El
tercer estereotipo sobre la antropología urbana que analiza se refiere a “la
fuerte carencia de una teoría y una metodología antropológica sobre lo
urbano” y a su supuesta “incapacidad de generalización explicativa” (Opus
cit.: 15-16). Cucó considera que ambas valoraciones son erróneas y que, lejos
de repercutir exclusivamente en la antropología urbana, en realidad “reflejan
tendencias y sesgos que, con diferentes variantes, vienen distinguiendo a una
parte de la antropología desde hace décadas” (Opus cit.: 24). El primer sesgo
parte de la antropología británica, concretamente de su característica
“desconfianza, rechazo o miedo a la teoría, o más exactamente a hacer teoría”
(Opus cit.: 24), que terminó derivando en una “mitificación de la práctica
etnográfica” (Opus cit.: 25). El segundo sesgo procede del
deconstruccionismo postmoderno que, si bien condujo a necesarias revisiones
de la práctica antropológica, “lo hizo de tal manera que alentó su alejamiento
de la teoría acompañado de un volcarse en la etnografía y/o en la
interpretación” (Opus cit.: 24). Cucó apunta como conclusión “las dos
(graves) consecuencias que entre nosotros tuvo el debate postmoderno...: la

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retirada al particularismo etnográfico y el alejamiento (o incluso rechazo) de


la teoría” (Opus cit.: 22), y se declara “explícitamente cansada” de estas
críticas postmodernas (Opus cit.: 25):

En cualquier caso, me parece falaz hablar de oposición entre teoría y etnografía,


porque el conocimiento sobre algo construido desde una disciplina académica es
hacer teoría, no es reflejar la realidad. La descripción etnográfica es una
construcción teórica hecha a base de generalizaciones empíricas, de causas e
interpretaciones. No se trata de hacer etnografía (descripción) o teoría
(comparación), sino del nivel de las generalizaciones causales e interpretativas y
de su mayor o menor capacidad de dar cuenta de más o menos fenómenos. Las
cursivas son mías.

Finalmente, el cuarto tópico que analiza la autora se refiere a la dificultad


de acotar un campo específico para la antropología urbana, delimitando
unidades de análisis que sean compatibles con el enfoque holístico que ha sido
un distintivo de la antropología desde sus inicios.
Con el fin de afrontar los retos y problemas que apuntan los anteriores
estereotipos sobre la antropología urbana, Cucó destaca tres perspectivas
teórico-metodológicas que se dirigen a superar esas dificultades: el análisis de
redes, el análisis situacional y los enfoques denominados por Hannerz y
Sanjek “desde arriba” y “desde dentro”.
En el segundo capítulo, “Espacio, globalización y cultura”, Cucó aborda la
relación entre globalización, cultura, diversidad cultural y transformación del
espacio. Pone de relieve cómo el proceso de globalización y su repercusión
en las sociedades contemporáneas han provocado la necesidad de cuestionar
diversos paradigmas anteriores, vigentes desde los tiempos de la Escuela de
Chicago, así como de replantearse la validez de la aplicación de diversas
dicotomías al estudio de las ciudades multiculturales actuales, tales como las
establecidas entre lo rural/urbano o entre campo/ciudad (Redfield y Wirth).
Sin embargo, Cucó señala la continuidad existente entre la antropología
urbana actual y la antropología tradicional: “Viejos temas en odres nuevos, tal
es precisamente el caso de la cultura y la diversidad cultural que los
antropólogos vuelven a explorar aunque situados ahora en el marco de la
mundialización, las integraciones transnacionales, las grandes conurbaciones y
las megalópolis” (Opus cit.: 46).
Esta necesidad de pensar globalmente “ha espoleado a los antropólogos a
descartar el modelo de aproximación insular y a interesarse cada vez más por
las interconexiones y los contactos culturales” (Opus cit.: 46). Y se expresa

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en las nuevas conceptualizaciones utilizadas por diversos autores para dar


cuenta de la nueva situación de las ciudades en el marco de la globalización y
la multiculturalidad: la “etnografía móvil o multi-situada” (Marcus) que se
desenvuelve en múltiples lugares siguiendo a su objeto de estudio, que se
localiza en un tiempo-espacio difuso; la “cultura mestiza” (Hannerz) resultado
de los procesos de hibridación cultural, recombinación e innovación; y la
“ciudad vídeo-clip” (García Canclini), que se identifica con “la ciudad que
hace coexistir en ritmo acelerado un montaje efervescente de culturas de
distintas épocas” (Opus cit.: 56). Además están los conceptos de “localidades
fantasmagóricas” y “procesos de desanclaje” (Giddens), que tratan de
expresar las transformaciones que se han producido en las sociedades
contemporáneas en las categorías de tiempo y espacio como consecuencia del
surgimiento del “espacio vacío” o “separación del espacio del lugar”,
derivados del cálculo abstracto del tiempo y de la influencia que lo local
recibe desde lugares sociales muy alejados espacialmente. Por su parte, el
concepto de “espacio de flujos” (Castells) designa el modo en que se organiza
la “sociedad de la información” o “sociedad red”: los flujos son de diverso
tipo -capital, información, tecnología, símbolos, etc.- y constituyen la
expresión de los procesos determinantes de la vida económica, política y
simbólica. El concepto de los “no-lugares” designa para M. Augé el
paradigma espacial de la sobremodernidad, en contraposición con los
“lugares”, en los cuales se condensa un sentido que se ha ido depositando a lo
largo de la historia. Un “no-lugar” se define como “un espacio donde no
pueden leerse ni las identidades, ni las relaciones ni la historia” (Opus cit.: 69)
y en el que las relaciones se establecen de acuerdo con el principio de
“contractualidad solitaria”. Otros conceptos que desarrolla Augé son los de
“espacios de ficción” y “pompas de inmanencia”, equivalentes en ficción de
las cosmologías -un ejemplo paradigmático es Disneylandia-, y cuya
generalización en el espacio urbano y extensión en el espacio social dan lugar
a la “ciudad ficción” -“imágenes de imágenes de imágenes”-, en donde la
distinción entre lo que es real y la ficción se vuelve difusa. Al final del
capítulo, Cucó analiza los procesos de “desterritorialización” y
“reterritorialización” (Canclini), incidiendo además en el papel activo de los
agentes sociales dentro de esos fenómenos, así como en el carácter de
“vaivén dialéctico entre dos procesos aparentemente antagónicos pero
complementarios en el fondo, entre el desarraigo cultural de la
desterritorialización y la nueva identidad cultural surgida de la mezcla de
elementos diversos, característica de la territorialización” (Opus cit.: 78).

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En el capítulo tercero, “Los laboratorios de lo global”, la autora aborda el


tema urbano desde la consideración de las ciudades como laboratorios de lo
global. Partiendo de las metáforas utilizadas por Seta Low en Theorizing the
City, trata de analizar las múltiples facetas de la actual ciudad poliédrica,
concibiendo a ésta como una síntesis privilegiada de los amplios y diferentes
procesos que atraviesan todo el cuerpo social. Cucó señala tres aspectos que
considera esenciales para la comprensión de las ciudades contemporáneas
(Opus cit.: 91): 1) La desigualdad, la segregación y el conflicto social; 2) los
procesos de hibridación y mestizaje y 3) el carácter multidimensional o
multifacetado -la “ciudad poliédrica”-.
En el tercer apartado, referente al carácter multidimensional de la ciudad,
la autora analiza cinco imágenes o metáforas de la actual ciudad poliédrica,
cada una de las cuales enfatiza un aspecto diferente. Cucó toma las cuatro
primeras imágenes -la ciudad étnica, la ciudad dividida, la ciudad generizada
y la ciudad contestada- de la obra de Seta Low, añadiendo una quinta, la
ciudad ritual, en la que destaca la dimensión simbólica de la ciudad.
Otras tres nuevas imágenes expresan el impacto del factor económico en la
vida urbana: la ciudad desindustrializada, la ciudad global y la ciudad
informacional. Una clasificación más de la ciudad procede de los enfoques
centrados en la planificación y la arquitectura urbana: la ciudad modernista, la
ciudad postmoderna, la ciudad fortaleza, la ciudad de la memoria y la
middletown o ciudad de tamaño medio.
En la segunda parte del libro -capítulos 4 a 7-, Cucó analiza un campo
específico dentro de la antropología urbana, las estructuras de mediación y
los movimientos sociales, a través de un enfoque predominantemente
procesualista, en el que enfatiza el carácter procesual y cambiante de estos
fenómenos, así como sus aspectos sociales -redes sociales, interacciones y
relaciones sociales, agrupaciones y movilizaciones sociales, etc.-, a la vez que
trata de recuperar la dimensión activa y participante de los actores en los
amplios procesos sociales que se desarrollan dentro del marco de una
sociedad globalizada, postcapitalista y multicultural.
En los capítulos cuarto y quinto, la autora aborda el análisis de las
“estructuras de mediación”, que abarcan desde la sociedad civil y la
sociabilidad hasta las asociaciones voluntarias y las redes y grupos informales.
Cucó entiende el concepto de “sociabilidad” en sentido amplio, incluyendo
“los modos de interacción suprafamiliar y los agrupamientos que ocupan el
espacio intermedio entre el nivel de las instituciones altamente formalizadas y
el reducido ámbito de los grupos domésticos” (Opus cit.: 125-126). En

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cuanto a las asociaciones voluntarias, si bien su variedad es considerable, “en


la actualidad, prácticamente todos los aspectos de la vida social tienen una
vertiente asociativa, desde las actividades de tiempo libre hasta aquellas otras
de cariz político y económico” (Opus cit.: 132). De ahí, el enorme interés que
supone su investigación, al que se añade además otro factor, que concierne a
su potencial capacidad de socialización y de actuación contrahegemónica:
“Agentes por excelencia de la sociedad civil, las asociaciones voluntarias se
revelan también como una verdadera escuela de ciudadanos y como una
estructura de mediación entre estos y los centros de decisión del Estado”
(Opus cit.: 130), lo que pone de manifiesto el carácter activo atribuido por
Cucó a los actores dentro de los procesos sociales. Por su parte, las redes y
los grupos informales constituyen “un fluido, nutriente y en general poco
visible magma de agrupamientos y redes informales cuyas lógicas, actividades
y desarrollos impregnan al conjunto social, modelando sutil pero eficazmente
el devenir social” (Opus cit.: 132). En el capítulo quinto la autora reflexiona
sobre los nuevos protagonismos sociales que surgen en la década de los años
80 y que se consolidan a partir de los 90, entendiéndolos en términos de
“fenómenos emergentes y nuevas visibilidades sociales” (Opus cit.: 139): la
eclosión de las asociaciones voluntarias, el descubrimiento del Tercer Sector
-ONG, ONL-, la sociabilidad de las mujeres, el redescubrimiento de las
comunidades y las redes de proximidad.
En el capítulo sexto, la autora explora el tema de los movimientos sociales
a partir de su contexto de surgimiento en plena crisis de la modernidad, que
impondrá un perfil característico a estos fenómenos sociales. Según Cucó
(Opus cit.: 172):

Si los movimientos sociales pueden ser entendidos como expresión de las


contradicciones y el malestar que ha traído consigo la modernidad, la crisis de ésta
última conduce a ver a los movimientos sociales como encapsulando las
contradicciones inherentes de la sociedad, que ponen de manifiesto las
limitaciones económicas, políticas, sociales y morales de una cultura guiada por la
idea de progreso.

De hecho, como señala la autora: “los teóricos de los movimientos verán


en las formas de acción colectiva una respuesta a los excesos de la
modernidad y una alternativa a la racionalidad dominante” (Opus cit.: 172).
En el último capítulo del libro se tratan los principales enfoques teóricos
en el estudio de los movimientos sociales. Cucó distingue cuatro etapas
distintas en el desarrollo de las teorías sobre los movimientos sociales. En la

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primera etapa se centraron fundamentalmente en el estudio del movimiento


obrero, a través del enfoque del comportamiento colectivo y, posteriormente,
de los modelos de privación relativa y de elección racional. La segunda etapa
se inicia con las revueltas del 68 y en ella aparecen dos corrientes
diferenciadas: la teoría de la movilización de recursos, representada por los
norteamericanos, y el paradigma de los nuevos movimientos sociales, de
corte europeo. En la tercera etapa, a finales de los años 80, se produce una
aproximación entre las dos corrientes anteriores, surgiendo de ese encuentro
nuevas metodologías -procesos de enmarcamiento, estructura de oportunidad
política y redes-. La cuarta etapa tiene su comienzo en los últimos años y las
contribuciones se desarrollan en el contexto de la globalización y del debate
sobre la institucionalización/normalización.
Para finalizar, la obra de Josepa Cucó constituye, desde mi punto de vista,
una importante contribución al desarrollo de la antropología urbana como
especialidad específica dentro de la antropología. Se trata de una obra
sugerente, escrita con rigor, profundidad y gran claridad expositiva que
ofrece una visión panorámica tanto de la evolución como de la situación
actual de la disciplina, aportando una reflexión crítica sobre los distintos
problemas, debates y campos temáticos a los que se ha enfrentado la
antropología urbana desde sus inicios hasta la actualidad, así como sobre los
diferentes enfoques teóricos y metodologías que han estudiado el fenómeno
urbano desde una perspectiva propiamente antropológica. Este libro tiene
además la virtud de conectar la investigación antropológica sobre la ciudad
con los problemas y conflictos que caracterizan a las sociedades
contemporáneas, derivados en gran parte de los acelerados procesos de
globalización, multiculturalismo, urbanización, exclusión/integración, etc. en
los que se encuentran inmersas y que demandan una teoría explicativa desde
las ciencias sociales, demanda a la que, como muestra Cucó con esta obra, la
perspectiva antropológica puede realizar valiosas contribuciones.

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